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Fallo

La Cámara Civil de la Nación se reunió para resolver sobre los recursos de apelación en el caso 'Rabinovich c/ Consorcio de Propietarios de Avda. Gaona 2055', donde se cuestiona la sentencia que condenó al consorcio a indemnizar a los actores por daños en su departamento. Los actores alegan que el consorcio no completó las reparaciones necesarias tras daños por filtraciones, lo que llevó a la rescisión del contrato de locación. La Cámara analiza los agravios presentados por ambas partes y la aplicación de la ley en el tiempo, concluyendo que el recurso del consorcio es desierto por falta de argumentos adecuados.

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Fallo

La Cámara Civil de la Nación se reunió para resolver sobre los recursos de apelación en el caso 'Rabinovich c/ Consorcio de Propietarios de Avda. Gaona 2055', donde se cuestiona la sentencia que condenó al consorcio a indemnizar a los actores por daños en su departamento. Los actores alegan que el consorcio no completó las reparaciones necesarias tras daños por filtraciones, lo que llevó a la rescisión del contrato de locación. La Cámara analiza los agravios presentados por ambas partes y la aplicación de la ley en el tiempo, concluyendo que el recurso del consorcio es desierto por falta de argumentos adecuados.

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Poder Judicial de la Nación

CÁMARA CIVIL - SALA I

ACUERDO: En la Ciudad de Buenos Aires, Capital de la República


Argentina, a los trece días del mes de mayo de dos mil veinticinco,
reunidos los señores jueces de la Sala I de la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Civil para conocer en los recursos de apelación
interpuestos contra la sentencia dictada en los autos “RABINOVICH,
JORGE ABEL Y OTRO c/ CONS DE PROP AV GAONA 2055 s/DAÑOS
Y PERJUICIOS” - Expte. n° 26937/2021 - (juzg. 42), el tribunal
estableció la siguiente cuestión a resolver: ¿Se ajusta a derecho la sentencia
apelada?
Practicado el sorteo resultó que la votación debía hacerse en el
orden siguiente: Dra. Gabriela Iturbide, Dra. Paola Mariana Guisado y Dr.
Juan Pablo Rodríguez.

La Dra. Iturbide dijo:


I. SUMARIO
Contra la sentencia dictada el 2/10/2024, en la que el señor juez de
la instancia anterior, Dr. Eduardo Alejandro Maggiora, admitió la la
demanda promovida por Jorge Abel Rabinovich y Rosa Martha Rabinovich
contra el Consocio de Propietarios de Avda. Gaona 2055 de CABA,
condenando a este último a abonar a los actores, por las sumas que surjan
de la liquidación a practicarse en la etapa de ejecución y según las
proporciones indicadas en el considerando IV, con más los intereses
establecidos en el considerando III y las costas, por los daños ocasionados
en el departamento B del piso 4° del edificio de Gaona 2055 de CABA,
expresaron agravios oportunamente los actores y la demandada, los que
fueron replicados tanto por la actora como por el consorcio. También se
expresó el Sr. Fiscal de Cámara, razón por la cual las actuaciones se
encuentran en condiciones de dictar la sentencia definitiva.

II. ANTECEDENTES DEL CASO

Fecha de firma: 13/05/2025


Firmado por: EZEQUIEL SOBRINO REIG, SECRETARIO DE CÁMARA
Firmado por: PAOLA MARIANA GUISADO, JUEZA DE CÁMARA
Firmado por: JUAN PABLO RODRIGUEZ, JUEZ DE CÁMARA
Firmado por: GABRIELA ITURBIDE, JUEZA DE CÁMARA

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Según lo expuso la demandante en el escrito inicial, el 31/01/2019
celebraron con la Sra. Cinthia Carolina Thompson un contrato de locación
por 24 meses respecto de la Unidad Funcional 24, Piso 4°, Depto. “B” del
edificio referido, destinada a fines locativos y de renta. El inmueble —
afirman— fue entregado en perfecto estado de conservación.
A inicios de septiembre de 2019 la locataria les informó que, a raíz
de la rotura de caños de calefacción, el consorcio detectó pérdidas que
atravesaban varias unidades, incluida la de los actores. El personal del
consorcio ingresó, retiró la mesada y los muebles de cocina y practicó
tareas de plomería, gas y electricidad en cocina y lavadero. Aunque la
intervención duró dos días y se constató que la pérdida no provenía de
dicha unidad, la obra quedó inconclusa: la cocina permaneció sin
revestimientos ni mobiliario, la conexión eléctrica se mantuvo provisoria y
la puerta del lavadero se oxidó por la humedad, impidiendo su cierre.
Ante la paralización de los trabajos, los actores mantuvieron
reiterados contactos con la administración sin lograr ninguna solución. El
23/10/2019 remitieron correo electrónico intimando la finalización de las
reparaciones; la administradora respondió ese mismo día que las tareas
continuaban y que el consorcio soportaba un importante pasivo.
Con posterioridad, las partes intercambiaron cartas documento de
fechas 5/11/2019 y 13/11/2019, por lo que los propietarios reiteraron sus
reclamos y el consorcio informó que las obras dependían de las
resoluciones asamblearias y de la delicada situación económica que
atravesaba el edificio.
El 01/12/2019 la inquilina notificó la rescisión anticipada del
contrato por el retraso en las reparaciones y restituyó el inmueble el
01/01/2020, privando a los actores del ingreso locativo pactado.
El 21/01/2020 los actores cursaron nueva carta documento al
consorcio exigiendo la conclusión inmediata de la obra y la reparación de
los daños, la que fue respondida el 29/01/2020 solicitando el acceso a la
unidad. Sin embargo, según los actores, únicamente se cubrieron con

Fecha de firma: 13/05/2025


Firmado por: EZEQUIEL SOBRINO REIG, SECRETARIO DE CÁMARA
Firmado por: PAOLA MARIANA GUISADO, JUEZA DE CÁMARA
Firmado por: JUAN PABLO RODRIGUEZ, JUEZ DE CÁMARA
Firmado por: GABRIELA ITURBIDE, JUEZA DE CÁMARA

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cemento los caños verticales, quedando pendientes la reinstalación de


muebles y la normalización de instalaciones.
En definitiva, los actores atribuyen responsabilidad civil al
consorcio demandado por los perjuicios patrimoniales (pérdida de renta,
costos de recomposición) y extrapatrimoniales que dicen haber padecido a
consecuencia de la prolongada inactividad y falta de reparación integral.

III. LA SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA


Mi colega de la instancia anterior, tras encuadrar jurídicamente la
responsabilidad atribuida a las demandadas, analizó la prueba aportada a
las actuaciones, en particular, la prueba documental acompañada por la
actora (fotografías), el informe pericial elaborado por el perito arquitecto
designado de oficio, como así también sus sucesivas impugnaciones y las
respuestas a dichos cuestionamientos y la declaraciones testimoniales de
Cynthia Thompson y Jaureguiberry (encargado del edificio donde se
encuentra el departamento de los actores), y concluyó en que ha quedado
acreditado fehacientemente el daño alegado por los actores, derivado del
incumplimiento del consorcio de culminar las reparaciones de la unidad
funcional en un plazo razonable y de restituirla en condiciones de plena
habitabilidad.
En definitiva, el Dr. Maggiora condenó únicamente al consorcio a
abonar a los actores las sumas que surjan de la liquidación a practicarse en
la etapa de ejecución y según las proporciones indicadas en el
considerando IV, con más los intereses establecidos en el considerando III,
del pronunciamiento apelado.

IV. LOS AGRAVIOS


En su memorial de apelación, la actora cuestionó la fecha en la cual
el magistrado consideró que concluyeron las reparaciones, la cuantificación
del daño moral y la tasa de interés, requiriendo a su vez la actualización
monetaria de las sumas debidas.

Fecha de firma: 13/05/2025


Firmado por: EZEQUIEL SOBRINO REIG, SECRETARIO DE CÁMARA
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Firmado por: JUAN PABLO RODRIGUEZ, JUEZ DE CÁMARA
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Por su parte, el consorcio demandado cuestionó los gastos a los que
se aludió en el pronunciamiento apelado, así como también el lucro cesante
y la pérdida de chance.

V. APLICACIÓN DE LA LEY EN EL TIEMPO


Frente a la existencia de normas sucesivas en el tiempo, y dado que
los hechos que dieron origen a esta demanda se produjeron con
posterioridad a la entrada en vigencia del Código Civil y Comercial de la
Nación, la controversia debe ser juzgada de acuerdo a las normas y a los
principios de dicho ordenamiento (conf. art. 7 del CCCN y el criterio
uniforme en la materia de las Salas de esta Cámara).

VI. DESERCIÓN DEL RECURSO DEDUCIDO POR EL CONSORCIO


DEMANDADO
Reiteradamente he sostenido en mis votos que el contenido de la
expresión de agravios está determinado por el artículo 265 del Código
Procesal, que sintetiza brevemente la constante jurisprudencia de las
cámaras de apelaciones, al ordenar que deberá contener “una crítica
concreta y razonada de las partes del fallo que el apelante considere
equivocadas”, constituyendo esta directiva una carga jurídica que le
corresponde a quien apela.
En este sentido, resulta fundamental que, en todo recurso de
apelación, se encuentre presente esta “crítica concreta y razonada” como
modalidad de la argumentación que persigue demostrar los errores que
porta la sentencia en el ámbito fáctico o jurídico.
Esa carga se cumple mediante la indicación detallada de los errores,
omisiones y demás deficiencias que pudiera reprochar al pronunciamiento
recurrido el apelante, así como la refutación de las conclusiones de hecho y
de derecho en que fundó el juez su decisión (CNCiv., Sala B, 24/4/1995,
E.D. 167-488, citado en Código Procesal Civil y Comercial de la Nación.

Fecha de firma: 13/05/2025


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Firmado por: PAOLA MARIANA GUISADO, JUEZA DE CÁMARA
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Concordado con los códigos procesales. Análisis doctrinal y


jurisprudencial, Buenos Aires, Hammurabi, p. 241).
Ahora bien, de la simple lectura del memorial presentado por el
consorcio demandado se desprende con meridiana claridad que la
escueta presentación no satisface, siquiera mínimamente, los recaudos
impuestos por el citado art. 265 del Código Procesal Civil y Comercial
de la Nación porque la recurrente no brindó ningún argumento
razonable que me lleve a modificar lo decidido en forma muy fundada
por el Dr. Maggiora. Ello es así, porque el consorcio sólo reiteró su
postura inicial en relación a la improcedencia de los rubros reclamados
por los actores, pero no intentó siquiera explicar las razones por las
cuales consideró equivocado el razonamiento del señor juez de primera
instancia para decidir del modo en que lo hizo.
En cuanto a las costas, pidió que sean distribuidas entre ambas
partes, pero nuevamente omitió fundar adecuadamente su postura a
los fines de cumplir los recaudos a los que alude el ya citado art. 265
del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación.
Es por ello que propondré a mis estimados colegas declarar
desierto íntegramente el recurso interpuesto por el consorcio
demandado en los términos del art. 266 del ordenamiento procesal.

VII. ANÁLISIS DEL MEMORIAL DE APELACIÓN PRESENTADO LOS

DEMANDANTES

Como punto de partida, corresponde encuadrar jurídicamente la


relación que existe entre el consorcio de propietarios demandado y los
actores, titulares de la unidad funcional mencionada en el considerando II,
como un vínculo de naturaleza contractual que hasta el 31 de julio de 2015
se hallaba regido por la ley 13.512 de propiedad horizontal (además del
reglamento de copropiedad y administración).
Por ende, en el régimen anterior, los daños que pudiera sufrir un
consorcista, tanto en relación a otro propietario, como al consorcio mismo,

Fecha de firma: 13/05/2025


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daban lugar a responsabilidad de fuente contractual. Es así que se
encontraba comprometida la responsabilidad del consorcio de propietarios
cuando se tratase de daños originados en partes comunes, pues de acuerdo
a lo dispuesto por los artículos 2, 3, 8 y concordantes de la ley 13.512, una
de las obligaciones primarias que surgían de esta relación jurídica era la
reparación y el mantenimiento por parte del consorcio de las partes
comunes, de modo que el incumplimiento de dicho deber hacía nacer en el
consorcio la obligación de resarcir los daños producidos en consecuencia
(esta Sala, “Torres María Susana c/ Cons. de Prop. Amenábar 3.116 y
otros s/daños y perjuicios derivados de la propiedad horizontal”, expte. n°
28.948/2008; ídem, “Lanfranchi Tizeira, Héctor Eduardo y otro c/
Consorcio de Propietarios Sánchez de Bustamante 2624/2628 s/ daños y
perjuicios”, expte. 9.807/2012; entre muchos otros).
En la actualidad, esta solución es mantenida, en lo sustancial, por el
Código Civil y Comercial aplicable al caso, por cuanto el art. 2067 de
dicho ordenamiento establece que el administrador (representante y
mandatario del consorcio) tiene los derechos y obligaciones impuestos
por la ley, entre los cuales se halla, en particular, el deber de atender a
la conservación de las cosas y partes comunes y a la seguridad de la
estructura del edificio y dar cumplimiento a todas las normas de
seguridad y verificaciones impuestas por las reglamentaciones locales
(inc. c).
En ese contexto, resulta civilmente responsable el consorcio por
los daños y perjuicios producidos al propietario de una unidad
funcional por filtraciones provenientes de una parte común del
edificio, como lo son necesariamente “las cañerías que conducen
fluidos o energía en toda su extensión, y los cableados, hasta su ingreso
en la unidad funcional” (art. 2041, inc. f del CCCN).
En la misma orientación se ha pronunciado calificada doctrina, la
cual comparto, en el sentido de que los consorcios de copropietarios
litigaban activa y pasivamente, y multiplicidad de sentencias los

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condenaban a cumplimentar diversas prestaciones. Ocurre que las acciones


en las que reiteradamente se veían involucrados los consorcios eran
aquellas en las cuales se reclamaban reparaciones a partes comunes que
afectaban a las unidades, muy especialmente las provenientes de
filtraciones y humedades. La responsabilidad en la mayoría de aquellos
casos era claramente contractual pues la relación que unía a las partes se
desprendía de las cláusulas insertas en el reglamento de copropiedad y
administración (Highton, Elena I., Propiedad Horizontal y
prehorizontalidad, Derechos reales, Vol. 4, Buenos Aires, Hammurabi,
2000, p. 549).
Si bien todas estas aclaraciones preliminares podrían parecer
innecesarias, (porque la responsabilidad imputada al consorcio en la
sentencia apelada no ha sido criticada en debida forma por este último),
entiendo que ello no es así, porque el marco jurídico expuesto
anteriormente demuestra que la legitimación pasiva para ser traído, como
parte demandada, al presente litigio, y la obligación de indemnizar al
damnificado por los perjuicios experimentados por las filtraciones en su
departamento originadas en una cañería (parte común) del edificio,
corresponde efectivamente —en principio y como regla general— al
consorcio.
Pues bien, una vez dilucidado el tema concerniente a la
responsabilidad del consorcio en este caso concreto, me detendré en la
fecha en que se concluyeron las reparaciones y su incidencia en la
condena.
Al respecto, cabe señalar que el magistrado de la anterior instancia
rechazó la pretensión de extender los períodos de expensas, impuestos y
lucro cesante hasta octubre de 2021, pues el perito designado de oficio
informó que las obras habrían sido concluidas en septiembre de 2021 (fs.
24/3/22) y esa fecha no fue oportunamente cuestionada por los actores.
En efecto, tal como lo sostuvo el perito arquitecto en su informe,
mediante la inspección practicada advirtió que los trabajos realizados en

Fecha de firma: 13/05/2025


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la Unidad Funcional de los actores fueron debidamente concluidos en
septiembre de 2021, tal como lo admitió oportunamente el Sr. Jorge Abel
Rabinovich.
Si bien, a requerimiento de este Tribunal, el administrador Sr.
Horacio Minniti no remitió la liquidación de expensas que corroborara
fehacientemente esa fecha, el examen in situ del profesional, respaldado
por las fotografías agregadas, permite constatar la ausencia de obras
pendientes.
Por lo demás, el cotejo entre las imágenes aportadas a la demanda y
las extraídas en la inspección del perito demuestra que las intervenciones
realizadas en cocina y lavadero abarcaron tareas de plomería (agua y gas),
electricidad, herrería, albañilería y colocación de revestimientos. En tal
sentido, se han cerrado las aberturas practicadas en los paramentos, se
repusieron los revestimientos cerámicos en paredes e interior del mueble
bajo mesada, y se reinstalaron tanto el mueble como la mesada de granito,
encontrándose ambas dependencias en perfecto estado de uso y
habitabilidad.
Por último, se puede constatar con las fotografías el interior del
mueble bajo mesada, con los cerámicos colocados en pared, por lo que no
existen dudas en cuanto a que los trabajos fueron ejecutados con la calidad
adecuada, sin complicaciones que pudieran afectar el normal uso de los
diversos ambientes del departamento de los actores.
Por todo lo expuesto, coincido en que la fecha que debe tomarse
como de finalización de las tareas es el 30/09/2021.
En lo que hace al agravio referido al daño moral el juez de la
instancia anterior considero adecuado otorgar a cada uno de los actores la
suma de $ 200.000 en los términos del art. 165 del Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación y 1741 del Código Civil y Comercial, ante la
ausencia de elementos probatorios que lo indujeran a fijar un importe
superior,

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Ahora bien, aun cuando es cierto que no se ha producido prueba en


relación con este punto, no caben dudas acerca de las molestias,
incomodidades y trastornos en su vida cotidiana que han padecido los
actores, y por ello, para definir la suerte de los agravios, comenzaré por
recordar que el daño moral, como toda institución jurídica, no es
susceptible de una definición única e inamovible. Sin embargo, una vez
celebradas las II Jornadas Sanjuaninas de Derecho Civil, en el año 1984, se
ha impuesto en nuestro medio la noción de daño moral brindada por Zavala
de González, Pizarro, Chiappero de Bas, Sandoval y Junyent de Sandoval,
que mantiene vigencia hasta nuestros días y comparto plenamente: según
los mencionados juristas, el daño moral consiste en “la minoración en la
subjetividad de la persona humana, derivada de la lesión a un interés no
patrimonial (individual o colectivo). O, con mayor precisión, una
modificación disvaliosa del espíritu, en el desenvolvimiento de su
capacidad de entender, querer o sentir, consecuencia de una lesión a un
interés no patrimonial, que habrá de traducirse en un modo de estar
diferente de aquel al que se hallaba antes del hecho, como consecuencia
de éste y anímicamente perjudicial”.
Esa idea atiende a las consecuencias que produce la acción
antijurídica, y pondera al daño extrapatrimonial o moral por lo que es, en
términos positivos, asignándole un contenido propio y específico, no por
mera contraposición con el daño material, y da cuenta de que el detrimento
se traduce en una modificación disvaliosa del espíritu, expresión que
destaca que la persona humana es cuerpo y espíritu, lo cual es comprensivo
de múltiples aspectos de su personalidad que son dignos de protección.
Ya no es motivo de discusión doctrinaria que la indemnización del
daño moral posee un carácter eminentemente resarcitorio. Se trata de un
criterio que se condice con la finalidad y fundamento del actual Derecho de
Daños, dado que centra su óptica en la víctima que padece injustamente el
perjuicio espiritual y determina que éste sea reparado ya que el
damnificado no debe soportarlo como si fuera un designio divino (conf. el

Fecha de firma: 13/05/2025


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voto del Dr. Calvo Costa en la causa “H., J. O. c/ S., J y otro s/daños y
perjuicios”, CNCiv., Sala A, 16/5/2022).
A su vez, el daño moral supera lo meramente afectivo, los
sentimientos, y proyecta también sus efectos hacia otras zonas de la
personalidad que merecen debida protección: la capacidad de entender y la
de querer, de suerte que la mera ausencia de sensibilidad o de comprensión
del dolor no excluyen la posibilidad de existencia de daño moral. Aun
cuando no exista consciencia del agravio, el disvalor subjetivo puede
configurarse. El sufrimiento no es, entonces, un requisito indispensable
para que haya daño moral, aunque sí una de sus posibles manifestaciones
más frecuentes. Con ello se supera el estrecho molde del llamado pretium
doloris, que presupone necesariamente aptitud de la víctima para sentir el
perjuicio. Por lo tanto, la pérdida de los sentimientos o de la posibilidad de
experimentarlos, y más aún, de la aptitud de encontrarse en una situación
anímica deseable, es daño moral (Pizarro, Ramón D., “El concepto de
daño en el Código Civil y Comercial”, Revista Responsabilidad Civil y
Seguros, Buenos Aires, La Ley, 2017-X, p. 13 y ss).
Ahora bien, se ha aceptado que la determinación de la existencia
del daño extrapatrimonial (esto es, su valoración) transita por senderos más
flexibles que los del daño patrimonial, lo que se deriva de su particular
naturaleza, claramente diferente a la de aquél y no sólo por las
presunciones hominis, sino también por la regla res ipsa loquitur ("las
cosas hablan por sí mismas", consagrada expresamente en el art. 1744 in
fine del CCCN).
Ocurre que por las reglas de la experiencia es más o menos sencillo
concluir en que ciertos padecimientos y afecciones naturalmente se derivan
de determinados hechos acreditados (Ossola, Federico A., “El daño
resarcible y la cuantificación judicial del daño moral. Dificultades y
propuestas”, RCyS 2017-XI-13).
A su vez, en lo relativo a la cuantificación del daño moral, el
Máximo Tribunal ha resuelto que puede acudirse al dinero y a otros bienes

Fecha de firma: 13/05/2025


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materiales como medio para obtener satisfacciones y contentamientos que


mitiguen el perjuicio extrapatrimonial o moral sufrido. En otras palabras,
se trata de compensar, en la medida posible, un daño consumado a través
de dinero, que funciona como un medio de obtener goces y distracciones
para restablecer el equilibrio en los bienes extrapatrimoniales.
Es cierto que el dinero no cumple una función valorativa exacta,
pues el dolor no puede medirse o tasarse, sino que se trata solamente de dar
algunos medios de satisfacción, lo cual no es igual a la equivalencia.
Empero, la dificultad en calcular los dolores no impide apreciarlos en su
intensidad y grado, por lo que cabe sostener que es posible justipreciar la
satisfacción que procede para resarcir dentro de lo humanamente posible,
las angustias, inquietudes, miedos, padecimientos y tristeza propios de la
situación vivida (CSJN, “Baeza, Silvia Ofelia c/. Buenos Aires, Provincia
de y otros s/ daños y perjuicios”, 12/4/2011).
El artículo 1741, última parte, del Código Civil y Comercial de la
Nación, ha captado esa realidad, al establecer que el monto de la
indemnización por el daño extrapatrimonial “debe fijarse ponderando las
satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden procurar las
sumas reconocidas”.
Al interpretar esa disposición, comparto plenamente la posición que
ha expresado el jurista cordobés Ramón Daniel Pizarro: “el patrimonio
actúa, de tal modo, como instrumento de recepción del valor
económico que deriva de la indemnización del daño moral. Ese contenido
económico se incorpora al patrimonio (…) con el propósito de alcanzar la
finalidad perseguida: dar satisfacción al damnificado por la única vía
posible, la económica” (Pizarro, Ramón D., “El derecho a la reparación
del daño moral y su relación con el patrimonio”, Rubinzal Culzoni online,
cita RC D 585/2021).
En esa línea de ideas, coincido con la postura que admite que los
magistrados pueden emplear, además de las satisfacciones sustitutivas o
compensatorias, otros criterios complementarios a la hora de la fijación de

Fecha de firma: 13/05/2025


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su cuantía atendiendo a las particularidades del caso en concreto: por
ejemplo, cuando el daño moral es consecuencia de una situación
irreversible para el damnificado, tal como ocurre en aquellos supuestos en
los cuales la víctima queda imposibilitada de procurarse placeres
compensatorios o sustitutivos, como el caso de quien queda en estado
vegetativo sin posibilidad de poder experimentar satisfacción o placer
alguno (Barrientos Zamorano, Marcelo, “El resarcimiento por daño moral
en España y Europa”, en El resarcimiento del daño moral en España y
Europa, Ed. Ratio Legis, Salamanca, 2007, ps.59 a 61).
En definitiva, al aplicar todos esos principios a este caso
concreto, y considerando todos los padecimientos que a los actores les
provocó no sólo la actitud reticente del consorcio, sino también la
finalización abrupta del contrato de locación oportunamente
celebrado en relación a su unidad justamente a raíz del obrar del
demandado, propondré a mis colegas admitir las quejas de los
accionantes y elevar a $ 400.000 la suma para resarcir el daño moral
de cada uno de ellos –según valores vigentes a la fecha de la sentencia
apelada-, lo que así propongo al Acuerdo de Sala (art. 1741 del Código
Civil y Comercial y art. 165 del Código Procesal).

VIII. INTERESES
En la sentencia apelada se dispuso el cálculo de intereses, para
el daño moral, por tratarse de una suma actual, a la tasa de interés del
8% anual desde el 23/10/2019, fecha en que comenzaron los reclamos
de los actores al consorcio, y hasta la sentencia. A partir de la allí y
hasta el efectivo pago, el señor juez de primera instancia dispuso
aplicar la tasa activa del Banco de la Nación Argentina.
Para los rubros lucro cesante y pérdida de chance, los intereses
correrían a la tasa activa del Banco Nación desde que cada alquiler
mensual debió ser percibido por los actores y hasta que se practique la
liquidación en la etapa de ejecución. A su vez, a la suma resultante, el

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magistrado ordenó deducir el importe de $22.800 (que consiste en la


indemnización abonada por la locataria a los actores cuando fue
rescindido el contrato de locación), al que debería aplicarse el mismo
interés desde la fecha de su percepción por los actores (10/01/2020) y
hasta la de la liquidación en la etapa de ejecución. El saldo continuaría
devengando intereses a la tasa activa, hasta el efectivo pago.
Por último, para los gastos de expensas, tasas, contribuciones y
servicios abonados por los actores, por el lapso que comprende desde el
01/01/2020 y hasta el 30/09/2021, se debería aplicar la tasa activa
cartera general (BNA) desde el pago de cada gasto hasta la liquidación
que se practique en la etapa de ejecución.
Los actores solicitaron que se declare la inconstitucionalidad de los
arts. 7 y 10 de la ley de convertibilidad 23.928, o en su defecto, que se los
declare inaplicables a este caso, y que se ordene la aplicación del índice de
variación de los precios al consumidor o bien se disponga para mantener el
equilibrio de la moneda, más intereses resarcitorios.
Pues bien, para dilucidar la cuestión propuesta a la Sala en torno a
los intereses, considero oportuno recordar que, si bien la indemnización en
los procesos por daños y perjuicios constituye una típica obligación de
valor en los términos del art. 772 del Código Civil y Comercial, al
momento de su cuantificación en la sentencia, pasa a convertirse en una
obligación de dar sumas de dinero que devengará intereses por la mora del
deudor acaecida al momento en que produjo el hecho ilícito.
La tasa de interés (en este caso moratoria) tiende de algún modo a
compensar la posible pérdida del valor adquisitivo de la moneda desde la
mora y hasta el efectivo pago de la indemnización.
Ahora bien, sin entrar en el análisis de lo acontecido en la economía
de nuestro país desde la sanción del Código Civil hasta la de la ley 23.928
a fines de marzo de 1991 porque ello excede con creces el objetivo de mi
análisis, lo que estimo importante señalar es que la citada ley prohibió toda
cláusula de ajuste o repotenciación de deudas en base a índices u otras

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herramientas (ver arts. 7 y 10), lo que implicó vedar todo intento orientado
a indexar obligaciones dinerarias. Se reinstalaba de ese modo un sistema
netamente nominalista como el que había consagrado Vélez en el Código
derogado. Es cierto que esta ley fue derogada en el 2001, pero se
mantuvieron en vigencia inexplicablemente hasta el presente los citados
arts. 7 y 10.
Sin embargo, la realidad demuestra que la adecuación de aquellas
deudas podría alcanzarse por una vía distinta, indirecta, a través de la
aplicación de tasas de interés que, de hecho, contemplan la posible pérdida
futura del poder adquisitivo de la moneda. La tasa de interés se comporta
entonces como un mecanismo indirecto de reconocimiento de la posible
depreciación monetaria futura (Pizarro-Vallespinos, Tratado de
Obligaciones, Tomo 1, Rubinzal-Culzoni, Santa Fe, 2017, p. 501).
¿Cuál es la razón en que se funda la necesidad de ponderar lo
ocurrido en materia de depreciación del valor de la moneda para fijar la
tasa de interés moratoria al momento de dictar sentencia? A mi modo de
ver, esa necesidad se sustenta en el principio de la reparación plena o
integral que se erige como una de las grandes columnas sobre las que se
asienta el sistema de la responsabilidad civil, a punto tal que nuestra Corte
Suprema de Justicia lo ha elevado al plano de derecho constitucional, con
todo lo que ello implica (Pizarro, Ramón D., “El derecho a la reparación
integral desde la perspectiva constitucional”, Diario La Ley del 23 de
agosto de 2017, p. 6 y ss.).
El nuevo Código Civil y Comercial lo ha contemplado
expresamente: “La reparación del daño debe ser plena. Consiste en la
restitución de la situación del damnificado al estado anterior al hecho
dañoso, sea por el pago en dinero o en especie” (art. 1740).
En definitiva, la primacía de la constitución y de los tratados
internacionales que consagran el principio de reparación integral del daño
por sobre normas internas (y en concreto, como se verá, sobre normativa

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emanada del Banco Central) conduce insoslayablemente a la referida


solución.
Una vez efectuada esta introducción, veremos cómo ha
evolucionado la jurisprudencia de nuestro fuero en materia de intereses
luego de dictada la ley 23.928, y su respectiva reglamentación.
El 2 de agosto de 1993, esta Cámara en pleno, en los autos
“Vázquez, Claudia Angélica c/ Bilbao, Walter y otros”, fijó como doctrina
legal obligatoria en los términos del art. 303 del CPCCN y con sujeción a
lo dispuesto en la ley 23.928, que los intereses moratorios deberían
liquidarse, en ausencia de convención o de leyes especiales, según la tasa
pasiva promedio que publica mensualmente el Banco Central de la
República Argentina de acuerdo a lo previsto por el art. 8° del decreto
529/91, modificado por el decreto 941/91, y comunicado BCRA n° 14290
del 5 de agosto de 1991.
La tasa de interés pasiva es la que una entidad financiera paga a los
ahorristas que efectúan en ella sus colocaciones, mientras que la activa es
la que cobra a los clientes que requieren de financiamiento a través de
operaciones de crédito de distinta naturaleza. La diferencia entre ambas
constituye el spread o ganancia (Pizarro-Vallespinos, op. cit., p. 503).
A su vez, en el fallo plenario “Alaniz, Ramona Evelia y otro c/
Transportes 123 SACI Interno 200 s/ Daños y perjuicios”, dictado el 11
de noviembre de 2003, se respondió por la afirmativa a la cuestión de si
correspondía mantener la doctrina establecida en el citado plenario
“Vázquez” a partir de la vigencia de la ley 25.561 (06/01/02) y normativa
concordante.
Ese nuevo fallo mantuvo vigencia hasta el 20 de abril de 2009,
fecha en que se dictó un nuevo plenario, en los autos caratulados
“Samudio de Martínez, Ladislaa c/ Transportes Doscientos Setenta SA s/
daños y perjuicios”, en el cual se decidió expresamente que correspondía
dejar sin efecto la doctrina fijada en los fallos plenarios “Vázquez” y
“Alaniz”, disponiendo la aplicación de la tasa activa cartera general

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(préstamos) nominal anual vencida a treinta días del Banco de la Nación
Argentina. Se dispuso también en ese fallo que la tasa de interés fijada
debería computarse desde el inicio de la mora hasta el cumplimiento de la
sentencia, salvo que su aplicación en el período transcurrido hasta el
dictado de la sentencia implicara una alteración del significado económico
del capital de condena que configure un enriquecimiento indebido.
El cambio de criterio obedeció a la consideración de que en una
economía donde la inflación es igual a cero cualquier tasa, aun la pasiva, es
una tasa positiva. Pero frente a la creciente desvalorización monetaria que
se advertía en aquel momento, la tasa pasiva no compensaba el daño que
implicaba al acreedor dejar de percibir su crédito en el tiempo oportuno, a
la par que provocaba un beneficio para el deudor moroso.
Ahora bien, es moneda corriente la afirmación según la cual la
mora (en la obligación de pagar la indemnización, se entiende) se produce
desde el momento en que se sufre cada perjuicio objeto de reparación. Por
lo demás, así lo estableció esta Cámara —aunque en materia de
responsabilidad extracontractual— en otro fallo plenario, “Gómez,
Esteban c/ Empresa Nacional de Transportes”, del 6/12/1958, y así
también lo dispone el art. 1748 del Código Civil y Comercial en cuanto
establece: “Curso de los intereses. El curso de los intereses comienza
desde que se produce cada perjuicio”.
A mi juicio, esos fundamentos no han perdido siquiera
mínimamente su vigencia, sino que por el contrario son plenamente
aplicables en la actualidad. Si bien es cierto que en doctrina se ha
propiciado hace ya bastante tiempo la aplicación de la tasa pasiva
(Martorell, Los intereses bancarios en nuestro derecho positivo, ED-134-
949), como así también lo sostuvo en alguna oportunidad la CSJN (in re
YPF c/ Provincia de Corrientes de fecha 3 de marzo de 1992), no
comparto la idea de que el acreedor sólo tiene derecho a obtener el interés
que un banco le habría pagado a través de la colocación del dinero en
depósito a plazo fijo, pues tal idea reposa en una valoración alejada de la

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concepción dinámica del patrimonio. El dinero se destina preferentemente


a actividad productiva. En suma: para los supuestos de mora, en ausencia
de previsión convencional o legal, debe aplicarse como regla la tasa activa
que perciben los bancos oficiales, y dicha tasa puede ser graduada y
morigerada por el tribunal de acuerdo a las circunstancias especiales del
caso concreto (Pizarro-Vallespinos, op. cit. p. 523; en idéntico sentido, ver
Corte Just. Mendoza, in re "Amaya, Osfaldo D. v. Boglioli, Mario” del
12/9/2005 en LL Gran Cuyo, octubre de 2005, 911, TySS2005, 747-
IMP2005-B, 2809).
No puede ignorarse que, desde la entrada en vigencia del Código
Civil y Comercial en el año 2015, las tasas de interés pasivas promedio
publicadas por el BCRA han sido consistentemente más bajas que los
niveles de inflación. En ciertos momentos, la tasa pasiva promedio ha sido
hasta diez veces menor que la inflación anual. Este fenómeno, conocido
como hipermovilidad, ha sido objeto de críticas debido a las frecuentes
intervenciones del BCRA y la falta de estabilidad. En escenarios como
éste, la diferencia entre la tasa de interés aplicada y la inflación puede
generar una significativa pérdida de poder adquisitivo para el acreedor
(Sequeira, Marcos, Nuevo Comunicado del BCRA sobre tasas de intereses
moratorios, el Dial, DC34E1).
En igual sentido, el maestro Trigo Represas sostenía, con relación a
la facultad judicial consagrada por el art. 10 del decreto 941/1991, que la
tasa de interés a aplicar debería ser la “activa”, porque es la que aplica la
jurisprudencia en general —de acuerdo con la legislación mercantil y con
la práctica del comercio, donde se estiman según los intereses de plaza o
corrientes— y, además, porque es la más lógica y razonable, “dado que
será a dicha tasa a la que deberá recurrir y pagar el acreedor, si por no
haber contado con su dinero en tiempo propio, por el retardo en el
cumplimiento del deudor, debe a su turno recurrir a tomar un préstamo
bancario” (ver Trigo Represas en Alterini, Jorge (dir) y Alterini, Ignacio
(coord..), “Código Civil y Comercial Comentado- Tratado Exegético”, La

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Ley, Buenos Aires, 2019, 3ra. Edición, T. IV, ps.243/244; Negri, Nicolás,”
Tasa de interés moratoria “judicial”. A propósito de la reciente
reglamentación del art. 768 inc. c del Código Civil y Comercial y su
herramienta digital de aplicación por el BCRA”, Diario La Ley
3/10/2024).
En sentido concordante, en las XXVI Jornadas Nacionales de
Derecho Civil, celebradas en La Plata en el año 2017, se concluyó en que
los intereses moratorios en las obligaciones dinerarias se rigen por la tasa
activa desde la constitución en mora hasta su efectivo pago, mientras que
en el caso de una obligación de valor que no haya sido cristalizada en una
deuda dineraria (por vía de las cuantificaciones en dinero que prevé el
artículo 772 del CCCN), debe aplicarse una tasa de interés puro.
De allí que, en caso de haberse fijado las indemnizaciones a valores
actuales, la aplicación de la tasa activa desde el día del acto ilícito
procuraría por dos vías diferentes la actualización del valor real de las
sumas adeudadas, lo que a su vez supondría la doble reparación de un
mismo perjuicio. Así lo ha entendido recientemente la Corte Suprema de
Justicia de la Nación en la causa “Barrientos c/Ocorso s/daños y
perjuicios”, con fecha 15 de octubre de 2024, al distinguir las obligaciones
de dinero de las de valor, e inclinarse por descalificar la tasa activa cuando
se trata de indemnizaciones cuantificadas y convertidas a valores actuales
al momento de la sentencia (ver especialmente los considerandos 6, 7 y 8
del fallo del Alto Tribunal).
Siguiendo esa línea de ideas, una vez fijada la indemnización a
"valores actuales” –o reales en los términos del art. 772 del Código Civil y
Comercial de la Nación-, no tiene sustento la aplicación de una tasa de
interés que contemple, entre otras variables, una compensación por
desvalorización de la moneda. La aplicación de este tipo de tasas sobre un
"valor actual" altera el significado económico del capital reconocido al
acreedor y provoca el enriquecimiento de una de las partes en detrimento
de la otra (consid. 6).

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Así las cosas, al disponer el cálculo del interés con la tasa activa
cartera general nominal anual vencida a treinta días del Banco de la Nación
Argentina desde el momento del daño, sobre las obligaciones cuyo monto
fue determinado a valores actuales, la sentencia puede arrojar un resultado
carente de proporción y de razonabilidad e importar un apartamiento
palmario de la realidad económica imperante al momento del dictado del
fallo (vid. consid. 7).
Ahora bien, no ignoro que el 17 de septiembre de 2024 el Banco
Central de la República Argentina difundió el comunicado titulado
“Nuevas herramientas para facilitar los cálculos con la Tasa de Interés
para uso de la Justicia”, que hace referencia al procedimiento para
calcular la tasa de interés en un período determinado mediante la
aplicación de la serie estadística de la Tasa de interés para uso de la
Justicia establecida por el Comunicado P 14290 vigente. La calculadora
permite a jueces y otros profesionales del ámbito legal conocer cuál es el
monto de intereses en un período y el monto total, que resulta de la suma
del monto ingresado y los intereses.
En mi opinión, se trata sólo de un comunicado referido a una
herramienta para el cálculo de intereses conforme pautas que, como ya
hemos visto, ya regían desde el año 1991 y no de una “reglamentación” en
los términos del art. 768 inc. c) del Código Civil y Comercial que
establezca una nueva tasa, y al respecto considero de singular relevancia
recordar que en las XXV Jornadas Nacionales de Derecho Civil,
celebradas en Bahía Blanca en el año 2015, se resolvió de manera
unánime que la fijación de una tasa de interés a fin de mantener incólume
el contenido de la prestación dineraria, si bien es una herramienta válida,
puede resultar insuficiente. A su vez, la mayoría de la doctrina entendió
en aquella oportunidad que la previsión del inc. c) del citado art. 768
del Código Civil y Comercial no implica la delegación al Banco Central
de la fijación de la tasa, sino que siempre será el juez el que la
determinará. En definitiva, la aplicación de la tasa de interés que

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corresponda quedará como tarea de los jueces (Viale Lescano,
Domingo, La deuda de intereses en el CCCN, Rubinzal-Culzoni; Santa Fe,
2019).
Como señala Federico Ossola en su artículo “La “reglamentación”
por el BCRA prevista en el art. 768 inc. “c” del Cód. Civil y Comercial”
(Rev. La Ley 3/10/2024), en aquella oportunidad la inmensa mayoría de la
doctrina señaló, con varios argumentos de tipo sistémico, que, sin perjuicio
de lo dispuesto en la citada norma, los jueces no tenían vedado fijar la tasa
de interés que consideraran ajustada al caso concreto, aunque de la lectura
de su artículo (que contiene abundantes citas de jurisprudencia y de
doctrina) se desprende que el autor considera de aplicación obligatoria para
los jueces la tasa pasiva a la que se refiere el comunicado del BCRA, salvo
casos especiales o excepcionales que requieran su apartamiento mediante
una debida argumentación.
Sin embargo, la posición de la mayoría de la doctrina en las
Jornadas del año 2017 coincidió con la ya reflejada en las XXV Jornadas
Nacionales de Derecho Civil, celebradas en Bahía Blanca en octubre de
2015. En ese encuentro, la mayoría de los integrantes de la Comisión de
Obligaciones propuso, entre otras conclusiones, la siguiente: “20.1- La
previsión del art. 768 inc. c) no implica la delegación al Banco Central
de la fijación de la tasa, sino que siempre será el juez el que la
determinará. Las tasas fijadas por las reglamentaciones del Banco
Central servirán como pauta que podrá ser utilizada por el juez en
esta tarea (Mayoría: Urruti, Bonino, Gonzalez Zavala, Churruarin,
Moia, Scotto Lavina, Rey, Márquez, Borda, Compiani, Azar, Bliss,
Viale)”.
Si bien esa conclusión no resulta unánime, lo cierto es que, más
allá de la disparidad de criterios, ha prevalecido la idea según la cual no se
delega en la autoridad monetaria la fijación de los intereses moratorios para
un caso concreto, sino que ante la falta de una tasa específicamente
prevista, quien juzga está facultado/a para seleccionarla entre todas

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aquellas que establece el BCRA y aplicará la que resulte más adecuada en


cada supuesto (Herrera, Marisa, De La Torre, Natalia, “Código Civil y
Comercial de la Nación, comentado y anotado con perspectiva de
género”, Tomo 6, Editores del Sur, pág. 236-237).
Con similar orientación, sostienen acertadamente Pizarro y
Vallespinos, que una lectura ligera de la norma podría llevar a la
equivocada conclusión de que es el BCRA quien tiene la potestad de fijar
la tasa de interés judicial aplicable para las deudas en mora, pero ello no es
así, porque esa tarea corresponde a los jueces dentro de un Estado de
Derecho (op. cit., p. 514).
Por último, no resulta a mi juicio un dato menor para corroborar la
postura que sostengo, el hecho de que en las recientes Jornadas
Nacionales de Derecho Civil celebradas en Pilar en el mes de septiembre
del año 2024, quienes participaron de la Comisión de Obligaciones
entendieron de manera unánime que debe derogarse el inciso “c” del art.
768 del CCCN y ser sustituido por el régimen del art. 622 del Código Civil,
y en subsidio, las tasas de interés moratorio deben ser fijadas por los
jueces.
Como conclusión, en virtud de todo lo que hasta aquí he dicho, y
dado que en el Anteproyecto del Código Civil y Comercial se sostuvo que
“se considera que hay supuestos de hecho muy diversos y es necesario
disponer de mayor flexibilidad a fin de adoptar la solución más justa para
el caso”, considerando que en este caso concreto los montos
resarcitorios han sido determinados según valores vigentes a distintas
fechas, coincido con el señor juez de la instancia anterior tanto en lo
que se refiere a las tasas de interés a aplicar como a su punto de
partida. Propongo entonces a mis estimados colegas rechazar las
quejas de los actores y mantener el temperamento adoptado en la
sentencia apelada, por no haber sido materia de agravios por los
actores la decisión de establecer en algunos casos como límite temporal

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para el cálculo de la tasa activa la liquidación que deberá practicar el
experto en la etapa de ejecución de la sentencia.
Por último, en lo concerniente al pedido de actualización monetaria
de las sumas de condena, entiendo que el examen del planteo resulta
abstracto, por dos razones: en primer lugar, porque para la cuantificación
de daños a valores actuales, resulta evidente que se ha tenido en cuenta la
evolución de la situación económica del país al fijar los respectivos
importes, lo que justifica la aplicación de una tasa pura hasta ese momento
y a partir de allí la tasa activa, y en segundo lugar, porque la aplicación de
la tasa activa en los restantes rubros desde las diversas fechas en que los
pagos debieron ser o fueron realizados, implica el reconocimiento de un
componente inflacionario según lo he explicado extensamente en este
considerando de mi voto. Así propongo declararlo a mis colegas.

IX. CONCLUSIÓN
Por todo lo expuesto, y oído el señor Fiscal de Cámara,
propongo al Acuerdo: 1) Declarar desierto el recurso de apelación
interpuesto por el consorcio demandado en los términos de los arts.
265 y 266 del Cód. Procesal Civil y Comercial de la Nación. 2) Elevar
la indemnización por daño moral a $400.000 para cada uno de los
actores. 3) Declarar abstracto el examen del planteo de
inconstitucionalidad de los arts. 7 y 10 de la ley de convertibilidad. 4)
Confirmar la sentencia apelada en todo lo demás que decidió y
constituyó motivo de agravios. 5) Las costas de Alzada deberán ser
soportadas por el consorcio demandado por haber resultado
sustancialmente vencido (arts. 68, primera parte y 69, Cód. Procesal).
ASI VOTO.
La Dra. Guisado y el Dr. Rodríguez votaron en igual sentido y por
análogas razones a las expresadas por la Dra. Iturbide.
Con lo que terminó el acto.

Fecha de firma: 13/05/2025


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EZEQUIEL J. SOBRINO REIG


SECRETARIO

Buenos Aires, 13 de mayo de 2025-


Por lo que resulta de la votación que instruye el acuerdo que
antecede, el tribunal RESUELVE: 1) Declarar desierto el recurso de
apelación interpuesto por el consorcio demandado en los términos de los
arts. 265 y 266 del Cód. Procesal Civil y Comercial de la Nación. 2) Elevar
la indemnización por daño moral a $400.000 para cada uno de los actores.
3) Declarar abstracto el examen del planteo de inconstitucionalidad de los
arts. 7 y 10 de la ley de convertibilidad. 4) Confirmar la sentencia apelada
en todo lo demás que decidió y constituyó motivo de agravios. 5) Imponer
las costas de Alzada al consorcio demandado.
Regístrese, notifíquese y devuélvase.
Se hace constar que la publicación de la presente sentencia se
encuentra sometida a lo dispuesto por el artículo 164, 2° párrafo del
Código Procesal y artículo 64 del Reglamento para la Justicia Nacional, sin
perjuicio de lo cual será remitida al Centro de Información Judicial a los
fines previstos por las acordadas 15/13 y 24/13 de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación.

PAOLA MARIANA GUISADO – JUAN PABLO RODRÍGUEZ – GABRIELA A. ITURBIDE


JUECES DE CÁMARA

Fecha de firma: 13/05/2025


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