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Relato Policial

El documento aborda la estructura y características del cuento policial, crónica policial y microrelato, enfatizando la importancia del enigma y la deducción en la resolución de crímenes. Se discuten ejemplos de personajes icónicos como Sherlock Holmes y se presenta un análisis del cuento 'El crimen perfecto' de Roberto Arlt, donde se revela un asesinato disfrazado de suicidio. A través de la narrativa, se exploran elementos esenciales como la trama y el misterio que deben resolverse.

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Relato Policial

El documento aborda la estructura y características del cuento policial, crónica policial y microrelato, enfatizando la importancia del enigma y la deducción en la resolución de crímenes. Se discuten ejemplos de personajes icónicos como Sherlock Holmes y se presenta un análisis del cuento 'El crimen perfecto' de Roberto Arlt, donde se revela un asesinato disfrazado de suicidio. A través de la narrativa, se exploran elementos esenciales como la trama y el misterio que deben resolverse.

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Contenido: Cuento policial. Descripción de personajes. Recursos para la construcción del enigma.

Microrelato. Crónica policial. Paratexto.


Propósito: Realizar anticipaciones y escritas. Reconocer la estructura del cuento policial, crónica
policial y microrelato.

MOMENTO I

Conversamos sobre películas policiales que hayan visto. ¿Qué personajes, qué situaciones, y
elementos hay en cada una? ¿Cuáles se repiten?
¿Alguna película presenta el personaje del detective como un ser caracterizado por su inteligencia?
¿Cuál de las películas, por el contrario, lo presenta como un ser corrupto?

Presento la siguiente información:


“EL POLICIAL DE ENIGMA”
Imaginemos la siguiente situación: se ha cometido un crimen y debemos averiguar quién es el
culpable. La única condición que nos imponen para que realicemos nuestra investigación es que no
podemos movernos. ¿Podríamos realizar una investigación solamente a partir de datos, sin
levantarnos de la silla? De ser así, ¿qué datos necesitaríamos?, ¿quién o qué nos ayudaría? ¿cómo
podríamos enfrentarnos a fuerzas asesinas si estamos inmóviles?
La literatura y la cinematografía ya imaginaron esta situación y la resolvieron de diferentes modos.
Por ejemplo, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares –dos de los narradores argentinos más
importantes- imaginaron un investigador apresado injustamente, al que llamaron don Isidro Parodi.
Este personaje, desde la cárcel, a pura deducción, resuelve los enigmas y asesinatos por los que le
consultan. En el libro “Seis problemas para don Isidro Parodi”, se cuentan las historias que
resuelve este detective.
Como vemos no todo lo relacionado con el tema de la violencia pasa precisamente por ella, también
hay un gran componente de inteligencia y deducción. De esto vamos a estudiar en lo que se llama el
“género policial” que al comienzo fueron narraciones (cuentos o novelas) despreciados, como
literatura “de kiosco”, y luego fueron tomados por importantes autores que prestigiaron el género.
El género policial es una creación de la literatura inglesa. Edgar Alan Poe, un escritor
norteamericano escribió el que se considera el primer cuento policial, “Los crímenes de la
Rue(calle) Morgue”. Este cuento se transformó en el modelo que después siguieron los otros textos
policiales: un detective aficionado, no un profesional, que, a pura deducción, sin violencia, usando
como única arma la lógica, descubre quién cometió un asesinato y por qué. Con este primer cuento
también aparece la idea de que el asesino sea el personaje menos esperado. Como podemos
apreciar, desde el comienzo el género policial se relaciona fundamentalmente con un enigma que
debe ser resuelto, es decir, se trata de un desafío a la inteligencia del lector”.

Distintos nombres (registran en la carpeta)


A pesar de que su creador es un norteamericano, los autores que escribieron este tipo de policial son
en su mayoría ingleses, razón por la cual se lo conoce como “policial inglés”. El género también ha
recibido otros nombres, que se corresponden con sus características: se lo ha llamado “policial de
enigma”, porque siempre parte de una cuestión que debe ser resuelta; “policial blanco”, porque el
investigador no usa más arma que su propia mente y su capacidad de deducción; “policial clásico”,
porque fue la primera forma que tuvo el género.

Escenario para el crimen


“Algo espantoso puede suceder en un museo de paleontología durante los carnavales, en un negocio
de artículos ortopédicos en Nochebuena, etc. Hay sitios que, en determinados momentos, parecen no
pertenecer a la realidad y allí un hombre podría engañarse y cometer infamias y perversidades,
convencido de que disfruta de la misma impunidad que la vigilia promete a los sueños más atroces.”
(Marco Denevi)

MOMENTO II - Policial Blanco

Comento sobre algunos famosos investigadores del policial blanco. Sherlock Holmes de Sir Arthur
Conana Doyle; Mrs. Marple y Hércules Poirot de Agatha Christie; el Padre Brown de Gilbert
Chesterton.

Leen “El crimen perfecto” de Roberto Arlt

EL CRIMEN PERFECTO - ROBERTO ARLT


La coartada de los tres hermanos de la suicida fue verificada. Ellos no habían mentido. El mayor, Juan,
permaneció desde las cinco de la tarde hasta las doce de la noche (la señora Stevens se suicidó entre las
siete y las diez de la noche) detenido en una comisaría por su participación imprudente en una accidente de
tránsito. El segundo hermano, Esteban, se encontraba en el pueblo de Lister des de las seis de la tarde de
aquel día hasta las nueve del siguiente, y, en cuanto al tercero, el doctor Pablo, no se había apartado ni un
momento del laboratorio de análisis de leche de la Erpa Cía., donde estaba adjunto a la sección de
dosificación de mantecas en las cremas. Lo más curioso del caso es que aquel día los tres hermanos
almorzaron con la suicida para festejar su cumpleaños y ella, a su vez, en ningún momento dejó de traslucir
su intención funesta. Comieron todos alegremente; luego, a las dos de la tarde, los hombres se retiraron.
Sus declaraciones coincidían en un todo con las de la antigua doméstica que servía hacía muchos años a la
señora Stevens. Esta mujer, que dormía afuera del departamento, a las siete de la tarde se retiró a su casa.
La última orden que recibió de la señora Stevens fue que le enviara con el portero un diario de la tarde. La
criada se marchó; a las siete y diez el portero le entregó a la señora Stevens el diario pedido y el proceso de
acción que esta siguió antes de matarse se presume lógicamente así: la propietaria revisó las adiciones en las
libretas donde llevaba anotadas las entradas y salidas de su contabilidad doméstica, porque las libre tas se
encontraban sobre la mesa del comedor con algunos gastos del día subrayados; luego se sir vio un vaso de
agua con whisky, y en esta mezcla arrojó aproximadamente medio gramo de cianuro de potasio. A
continuación se puso a leer el diario, bebió el veneno, y al sentirse morir trató de ponerse de pie y cayó
sobre la alfombra. El periódico fue hallado entre sus dedos tremendamente contraídos. Tal era la primera
hipótesis que se desprendía del conjunto de cosas ordenadas pacíficamente en el interior del departamento
pero, como se puede apreciar, este proceso de suicidio está cargado de absurdos psicológicos. Ninguno de
los funcionarios que intervinimos en la investigación podíamos aceptar congruentemente que la señora
Stevens se hubiese suicidado. Sin embargo, únicamente la señora Stevens podía haber echado el cianuro en
el vaso. El whisky no contenía veneno. El agua que se agregó al whisky también era pura. Podía pre sumirse
que el veneno había sido depositado en el fondo o las paredes de la copa, pero el vaso utilizado por la
suicida había sido retirado de un anaquel donde se hallaba una docena de vasos del mismo estilo; de manera
que el presunto asesino no podía saber si la señora Stevens iba a utilizar este o aquél. La oficina policial de
química nos informó que ninguno de los vasos contenía veneno adherido a sus paredes. El asunto no era
fácil. Las primeras pruebas, pruebas mecánicas como las llamaba yo, nos inclinaban a aceptar que la viuda se
había quitado la vida por su propia mano, pero la evidencia de que ella estaba distraída leyendo un periódico
cuando la sorprendió la muerte transformaba en disparatada la prueba mecánica del suicidio. Tal era la
situación técnica del caso cuando yo fui designado por mis superiores para continuar ocupándome de él. En
cuanto a los informes de nuestro gabinete de análisis, no cabían dudas. Únicamente en el vaso, donde la
señora Stevens había bebido, se encontraba veneno. El agua y el whisky de las botellas eran completamente
inofensivos. Por otra parte, la declaración del portero era terminante; nadie había visitado a la señora
Stevens después de que él le alcanzó el periódico; de manera que si yo, después de algunas investigaciones
superficiales, hubiera cerrado el sumario informando de un suicidio comprobado, mis superiores no
hubiesen podido objetar palabra. Sin embargo, para mí cerrar el sumario significaba confesarme fracasado.
La señora Stevens había sido asesinada y había un indicio que lo comprobaba: ¿dónde se hallaba el envase
que con tenía el veneno antes de que ella lo arrojara en su bebida? Por más que nosotros revisáramos el
departamento, no nos fue posible descubrir la caja, el sobre o el frasco que contuvo el tóxico. Aquel in - di
cio resultaba extraordinariamente sugestivo. Además había otro: los hermanos de la muerta eran tres
bribones. Los tres, en menos de diez años, habían despilfarrado los bienes que heredaron de sus padres.
Actualmente sus medios de vida no eran del todo satisfactorios. Juan trabajaba como ayudante de un
procurador especializado en divorcios. Su conducta resultó más de una vez sospechosa y lindante con la
presunción de un chantaje. Esteban era corredor de seguros y había asegurado a su hermana en una gruesa
suma a su favor; en cuanto a Pablo, trabajaba de veterinario, pero estaba descalificado por la Justicia e
inhabilitado para ejercer su profesión, convicto de haber dopado caballos. Para no morirse de hambre
ingresó en la industria lechera y se ocupaba de los análisis. Tales eran los hermanos de la señora Stevens. En
cuanto a esta, había enviudado tres veces. El día del «suicidio» cumplió 68 años; pero era una mujer
extraordinariamente conservada, gruesa, robusta, enérgica, con el cabello totalmente renegrido. Podía
aspirar a casarse una cuarta vez y manejaba su casa alegremente y con puño duro. Aficionada a los placeres
de la mesa, su despensa es taba provista de vinos y comestibles, y no cabe duda de que sin aquel
«accidente» la viuda hubiera vivido cien años. Su poner que una mujer de ese carácter era capaz de
suicidarse, es desconocer la naturaleza humana. Su muerte beneficiaba a cada uno de los tres hermanos con
doscientos treinta mil pesos. La criada de la muerta era una mujer casi estúpida y utilizada por aquélla en las
labores groseras de la casa. Ahora estaba prácticamente aterrorizada al verse engranada en un
procedimiento judicial. El cadáver fue descubierto por el portero y la sirvienta a las siete de la mañana, hora
en que esta, no pudiendo abrir la puerta porque las hojas estaban aseguradas por dentro con cadenas de
acero, llamó en su auxilio al encargado de la casa. A las once de la mañana, como creo haber dicho
anteriormente, estaban en nuestro poder los informes del laboratorio de análisis, a las tres de la tarde
abandonaba yo la habitación donde quedaba detenida la sirvienta, con una idea brincando en mi
imaginación: ¿y si alguien había entrado en el departamento de la viuda rompiendo un vidrio de la ventana y
colocando otro después que volcó el veneno en el vaso? Era una fantasía de novela policial, pero convenía
verificar la hipótesis. Salí decepcionado del departamento. Mi con - je tura era absolutamente disparatada:
la masilla solidificada no revelaba mudanza alguna. Eché a caminar sin prisa. El «suicidio» de la señora
Stevens me preocupaba (diré una enormidad) no policialmente, sino deportivamente. Yo estaba en
presencia de un asesino sagacísimo, posiblemente uno de los tres hermanos que había utilizado un recurso
simple y complicado, pero imposible de presumir en la nitidez de aquel vacío. Absorbido en mis cavilaciones,
entré en un café, y tan identificado estaba en mis conjeturas, que yo, que nunca bebo bebidas alcohólicas,
automáticamente pedí un whisky. ¿Cuánto tiempo permaneció el whisky servido frente a mis ojos? No lo sé;
pero de pronto mis ojos vieron el vaso de whisky, la garrafa de agua y un plato con trozos de hielo. Atónito
que dé mirando el conjunto aquel. De pronto una idea alumbró mi curiosidad, llamé al camarero, le pagué la
bebida que no había tomado, subí apresuradamente a un automóvil y me dirigí a la casa de la sirvienta. Una
hipótesis daba grandes saltos en mi cerebro. Entré en la habitación donde estaba detenida, me senté frente
a ella y le dije: —Míreme bien y fíjese en lo que me va a contestar: la señora Stevens, ¿tomaba el whisky con
hielo o sin hielo? —Con hielo, señor.
—¿Dónde compraba el hielo? —No lo compraba, señor. En casa había una heladera pequeña que lo
fabricaba en pancitos —y la criada casi iluminada prosiguió, a pesar de su estupidez—. Ahora que me
acuerdo, la heladera, hasta ayer, que vino el señor Pablo, estaba descompuesta. Él se encargó de arreglarla
en un momento. Una hora después nos encontrábamos en el departamento de la suicida con el químico de
nuestra oficina de análisis, el técnico retiró el agua que se encontraba en el depósito congelador de la he
ladera y varios pancitos de hielo. El químico inició la operación destinada a revelar la presencia del tóxico, y
a los pocos minutos pudo manifestar nos: —El agua está envenenada y los panes de es - te hielo están
fabricados con agua envenenada. Nos miramos jubilosamente. El misterio estaba desentrañado. Ahora era
un juego reconstruir el crimen. El doctor Pablo, al reparar el fusible de la heladera (defecto que localizó el
técnico) arrojó en el depósito congelador una cantidad de cianuro disuelto. Después, ignorante de lo que
aguardaba, la señora Stevens preparó un whisky; del depósito retiró un pancito de hielo (lo cual explicaba
que el plato con hielo disuelto se encontrara sobre la mesa), el cual, al desleírse en el alcohol, lo envenenó
poderosamente debido a su alta concentración. Sin imaginarse que la muerte la aguar daba en su vicio, la
señora Stevens se puso a leer el periódico, hasta que juzgando el whisky suficientemente enfriado, bebió un
sorbo. Los efectos no se hicieron esperar. No quedaba sino ir en busca del veterinario. Inútilmente lo
aguardamos en su casa. Ignoraban dónde se encontraba. Del laboratorio donde trabajaba nos informaron
que llegaría a las diez de la noche. A las once, yo, mi superior y el juez nos presentamos en el laboratorio de
la Erpa. El doctor Pablo, en cuanto nos vio comparecer en grupo, levantó el brazo como si quisiera
anatemizar nuestras investigaciones, abrió la boca y se des plo - mó inerte junto a la mesa de mármol. Había
muerto de un síncope. En su armario se encontraba un frasco de veneno. Fue el asesino más ingenioso que
conocí.

Analizamos un elemento esencial: la trama


Vamos a detenernos en uno de los elementos esenciales de un buen policial blanco: el enigma

1) Selecciona de los tres enunciados que siguen, el que te parezca que resume mejor el misterio que
debe resolverse en el cuento leído:

___ Tres hermanos quieren cobrar la herencia de su hermana. Ella aparece muerta. Hay que
descubrir cuál de ellos la asesinó.

___ Una mujer viuda y rica, que tiene tres hermanos, muere mientras lee el diario tranquilamente en
su casa. Las cerraduras no han sido rotas y no falta nada en la casa. En apariencia, se trata de un
suicidio.

___Una mujer se suicida envenenándose. En apariencia, no tenía ningún problema. Hay que
averiguar por qué se mató.

2) Después de seleccionar la opción que les parezca más adecuada, amplíen el resumen:

Primera oración + porque……………………………………………………………………………….

Segunda oración + por lo tanto ………………………………………………………………………...

Tercera oración + pero………………………………………………………………………………….

3) Ahora que tenemos en claro qué pasó en el cuento, ordenen los hechos ocurridos
cronológicamente, es decir, siguiendo el orden en el que ocurrieron, y no en el orden que aparecen
contados.

Analizamos trama, investigador, narrador

Una vez que analizamos el enigma que hay que resolver, volvamos a uno de los personajes centrales:
el detective

Dice el texto: “El ‘suicidio’ de la señora Stevens me preocupaba (diré una enormidad) no
policialmente, sino deportivamente”.

1) A partir de esta frase, indicar verdadero o falso y justificar la elección:

___ El detective afirma esto porque practica un deporte en sus ratos de ocio.
___El detective afirma esto porque considera que resolver el caso es un desafío que le propone el
asesino.

___La palabra ‘suicidio’ va entre comillas porque el detective no cree que el personaje haya muerto
de esta manera.

___ La palabra ‘suicidio’ va entre comillas porque es muy importante determinar el modo en el que
muer el personaje.

2) A partir de la misma frase seleccionar la afirmación que parezca más correcta y fundamentar la
elección:

___El narrador habla en primera persona porque de este modo el lector sólo sabe lo que sabe el
detective y el enigma recién se resuelve al final del cuento.

___El narrador es omnisciente para que el lector tenga una visión panorámica de todos los
personajes.

___El narrador habla en primera persona protagonista para resaltar que el detective es más
importante que el asesino.

Un juego de lógica
Leeremos un texto que expone a este género como un juego de lógica. Su autor es un escritor y
periodista argentino Rodolfo Walsh, creó al detective Daniel Hernández, un intelectual en apariencia
inofensivo al que los otros personajes ven como “un libro y un par de anteojos”.
(La actividad será leer, dibujar y tratar de resolver el enigma antes de llegar al final. Sólo les entrego
hasta el punto 10 y analizamos las hipótesis que tengan del asesinato. Luego les entrego el final y
pueden corroborar si descubrieron al asesino o no)

Tres portugueses bajo un paraguas (sin contar el muerto). Rodolfo Walsh.


1
El primero portugués era alto y flaco.
El segundo portugués era bajo y gordo.
El tercer portugués era mediano.
El cuarto portugués estaba muerto.

2
-¿Quién fue?- preguntó el comisario Jiménez.
-Yo no - dijo el primer portugués.
-Yo tampoco - dijo el segundo portugués.
-Yo menos - dijo el tercer portugués. (...)

3
Daniel Hernández puso los cuatro sombreros sobre el escritorio.
El sombrero del primer portugués estaba mojado adelante.
El sombrero del segundo portugués estaba seco en el medio.
El sombrero del tercer portugués estaba mojado adelante.
El sombrero del cuarto portugués estaba todo mojado.

4
-¿Qué hacían en esa esquina? - preguntó el comisario Jiménez.
-Esperábamos un taxi - dijo el primer portugués.
-Llovía muchísimo - dijo el segundo portugués.
-¡Cómo llovía! - dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués dormía la muerte dentro de su grueso sobretodo.

5
-¿Quién vio lo que pasó? - preguntó Daniel Hernández.
-Yo miraba hacia el norte - dijo el primer portugués.
-Yo miraba hacia el este - dijo el segundo portugués.
-Yo miraba hacia el sur - dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués estaba muerto. Murió mirando hacia el oeste.

6
-¿Quién tenía el paraguas? - preguntó el comisario Jiménez.
-Yo tampoco - dijo el primer portugués.
- Yo soy bajo y gordo - dijo el segundo portugués.
-El paraguas era chico - dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués no dijo nada. Tenía una bala en la nuca.

7
-¿Quién oyó el tiro? - preguntó Daniel Hernández.
-Yo soy corto de vista - dijo el primer portugués.
-La noche era oscura - dijo el segundo portugués.
-Tronaba y tronaba - dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués estaba borracho de muerte.

8
-¿Cuándo vieron al muerto? - preguntó el comisario Jiménez.
-Cuando acabó de llover - dijo el primer portugués.
-Cuando acabó de tronar - dijo el segundo portugués.
-Cuando acabó de morir - dijo el tercer portugués.
Cuando acabó de morir

9
-¿Qué hicieron entonces? - preguntó Daniel Hernández.
-Yo me saqué el sombrero - dijo el primer portugués.
-Yo me descubrí - dijo el segundo portugués.
-Mis homenajes al muerto - dijo el tercer portugués.
Los cuatro sombreros sobre la mesa.

10
-Entonces, ¿qué hicieron? - preguntó el comisario Jiménez.
-Uno maldijo la suerte - dijo el primer portugués.
-Uno cerró el paraguas - dijo el segundo portugués.
-Uno nos trajo corriendo - dijo el tercer portugués.
El muerto estaba muerto.

11
- Usted lo mató - dijo Daniel Hernández.
-¿Yo, señor? - preguntó el primer portugués.
-No, señor - dijo Daniel Hernández.
-¿Yo, señor? - preguntó el segundo portugués.
-Sí, señor - dijo Daniel Hernández.
12
- Uno mató, uno murió, los otros dos no vieron nada - dijo Daniel Hernández.
- Uno miraba al norte, otro al este, otro al sur, el muerto al oeste. Habían convenido en vigilar cada uno una
bocacalle distinta, para tener más posibilidades de descubrir un taxímetro en una noche tormentosa.

"El paraguas era chico y ustedes eran cuatro. Mientras esperaban, la lluvia les mojó la parte delantera del
sombrero.”
"El que miraba al norte y el que miraba al sur no tenían que darse vuelta para matar al que miraba al oeste.
Les bastaba mover el brazo izquierdo o derecho a un costado. El que miraba al este, en cambio, tenía que
darse vuelta del todo, porque estaba de espaldas a la víctima. Pero al darse vuelta se le mojó la parte de
atrás del sombrero. Su sombrero está seco en el medio; es decir, mojado adelante y atrás. Los otros dos
sombreros se mojaron solamente adelante, porque cuando sus dueños se dieron vuelta para mirar el
cadáver, había dejado de llover. Y el sombrero del muerto se mojó por completo por el pavimento húmedo.”
"El asesino utilizó un arma de muy reducido calibre, un matagatos de esos con que juegan los chicos o que
llevan algunas mujeres en sus carteras. La detonación se confundió con los truenos (esta noche hubo
tormenta eléctrica particularmente intensa). Pero el segundo portugués tuvo que localizar en la oscuridad el
único punto realmente vulnerable a un arma tan pequeña: la nuca de su víctima, entre el grueso sobretodo y
el engañoso sombrero. En esos pocos segundos, el fuerte chaparrón le empapó la parte posterior del
sombrero. El suyo es el único que presenta esa particularidad. Por lo tanto es el culpable."

El primero portugués se fue a su casa.


Al segundo no lo dejaron.
El tercero se llevó el paraguas.
El cuarto portugués estaba muerto.
Muerto.

MOMENTO III –Policial Negro

“Además del policial blanco existe otro tipo de policial conocido como “policial negro” o “policial
norteamericano”. Parte de un crimen como en el policial blanco, pero la estructura y las
intenciones son distintas. No intenta plantear un enigma. En muchos casos, sabemos quién es el
asesino, y nuestra función como lectores es simplemente ser espectadores del mundo en el que se
desarrolla el crimen.
Este tipo de policial se caracteriza fundamentalmente por los ambientes en los que suceden los
relatos: organizaciones mafiosas, barrios marginales, criminales a sueldo, callejones oscuros. El
descubrimiento del asesinato no se realiza por deducción, sino por métodos violentos: golpes,
torturas, chantajes. El detective suele ser lo que los norteamericanos llaman un “loser”, un
fracasado, que trabaja como investigador privado por no saber hacer otra cosa. Muchas veces el
crimen queda impune, es decir sin castigo.

Leen el cuento “Los amigos” Julio Cortázar en Final del juego.

“Los amigos”

En ese juego todo tenía que andar rápido. Cuando el Número Uno decidió que había que liquidar a Romero y
que el Número Tres se encargaría del trabajo, Beltrán recibió la información pocos minutos más tarde.
Tranquilo pero sin perder un instante, salió del café de Corrientes y Libertad y se metió en un taxi. Mientras
se bañaba en su departamento, escuchando el noticioso, se acordó de que había visto por última vez a
Romero en San Isidro, un día de mala suerte en las carreras. En ese entonces Romero era un tal Romero, y él
un tal Beltrán; buenos amigos antes de que la vida los metiera por caminos tan distintos. Sonrió casi sin
ganas, pensando en la cara que pondría Romero al encontrárselo de nuevo, pero la cara de Romero no tenía
ninguna importancia y en cambio había que pensar despacio en la cuestión del café y del auto. Era curioso
que al Número Uno se le hubiera ocurrido hacer matar a Romero en el café de Cochabamba y Piedras, y a
esa hora; quizá, si había que creer en ciertas informaciones, el Número Uno ya estaba un poco viejo. De
todos modos la torpeza de la orden le daba una ventaja: podía sacar el auto del garaje, estacionarlo con el
motor en marcha por el lado de Cochabamba, y quedarse esperando a que Romero llegara como siempre a
encontrarse con los amigos a eso de las siete de la tarde. Si todo salía bien evitaría que Romero entrase en el
café, y al mismo tiempo que los del café vieran o sospecharan su intervención. Era cosa de suerte y de
cálculo, un simple gesto (que Romero no dejaría de ver, porque era un lince), y saber meterse en el tráfico y
pegar la vuelta a toda máquina. Si los dos hacían las cosas como era debido –y Beltrán estaba tan seguro de
Romero como de él mismo– todo quedaría despachado en un momento. Volvió a sonreír pensando en la
cara del Número Uno cuando más tarde, bastante más tarde, lo llamara desde algún teléfono público para
informarle de lo sucedido. Vistiéndose despacio, acabó el atado de cigarrillos y se miró un momento al
espejo. Después sacó otro atado del cajón, y antes de apagar las luces comprobó que todo estaba en orden.
Los gallegos del garaje le tenían el Ford como una seda. Bajó por Chacabuco, despacio, y a las siete menos
diez se estacionó a unos metros de la puerta del café, después de dar dos vueltas a la manzana esperando
que un camión de reparto le dejara el sitio. Desde donde estaba era imposible que los del café lo vieran. De
cuando en cuando apretaba un poco el acelerador para mantener el motor caliente; no quería fumar, pero
sentía la boca seca y le daba rabia. A las siete menos cinco vio venir a Romero por la vereda de enfrente; lo
reconoció en seguida por el chambergo gris y el saco cruzado. Con una ojeada a la vitrina del café, calculó lo
que tardaría en cruzar la calle y llegar hasta ahí. Pero a Romero no podía pasarle nada a tanta distancia del
café, era preferible dejarlo que cruzara la calle y subiera a la vereda. Exactamente en ese momento, Beltrán
puso el coche en marcha y sacó el brazo por la ventanilla. Tal como había previsto, Romero lo vio y se detuvo
sorprendido. La primera bala le dio entre los ojos, después Beltrán tiró al montón que se derrumbaba. El
Ford salió en diagonal, adelantándose limpio a un tranvía, y dio la vuelta por Tacuarí. Manejando sin apuro,
el Número Tres pensó que la última visión de Romero había sido la de un tal Beltrán, un amigo del
hipódromo en otros tiempos.
Los trama, personajes, narrador
1.¿En qué personaje pone el foco el narrador? Señala con un color
a) Romero
b) Número Uno
c) Número Dos
d) Beltrán
[Link]ún los detalles que ofrece el relato, ¿cómo describirías a Beltrán?

a) Pesimista
b) Calculador
c) Amistoso.
d) Curioso
[Link]ún las informaciones que ofrece el relato, ¿cómo describirías a Romero?

a) Rutinario
b) Nervioso.
c) Curioso
d) Traidor

[Link] narrador es

a) Habla en primera persona


b) El narrador es omnisciente
c) Habla en tercera persona
5.¿A qué se refiere el narrador con “juego” en la primera frase del relato?
………………………………………………………………………………..

6.¿Con cuál de estas temáticas podés vincular el cuento leído?


a) La ambición
b) La traición
c) La frustración
d) La maldición

[Link] personaje del cuento afirma: “quizá, si había que creer en ciertas informaciones, el Número Uno
ya estaba un poco viejo”. ¿Con qué está relacionada dicha información?
a) Con que el Número Uno propone
b) Con que el Número Uno propone
c) Con que el Número Uno propone
d) Con que el Número Uno propone un lugar para ir en auto.

8.¿Cuál de los siguientes hechos garantiza el éxito de la misión que tiene que realizar Beltrán?
a) Que Romero era un tal Romero y él un tal Beltrán.
b) Que había visto por última vez a Romero un día de mala suerte.
c) Que Romero llegara como siempre a encontrarse con los amigos.
d) Que Romero no dejaría de ver, porque era un lince.

[Link]é el final del relato e indicá con qué otra frase del cuento se relaciona:
a) “Había visto por última vez a Romero (…) un día de mala suerte en las carreras” .
b) “De todos modos la torpeza de la orden le daba una ventaja” .
c) “Pensando en la cara del Número Uno cuando (…) lo llamara desde algún teléfono” .
d) “Había que pensar despacio en la cuestión del café y del auto” . .........

[Link] en cuenta el vínculo entre los dos personajes y la misión que cumple Beltrán, ¿por qué
el cuento se llama “Los amigos”? Proponé dos respuestas distintas.

Un cuento brevísimo o “microrelato”


Leer:

Sin Fin, José Emiliano Pachecho

Un hombre se forma tras una larga cola. Desesperado, comienza por eliminar al que está antes
que él, y sigue con todos los de la fila. Hasta que otro hombre se detiene a su espalda…

Explica por qué podría considerarse este relato un policial negro.

MOMENTO IV - EL LECTOR

“El lector de novelas y cuentos policiales es un lector desconfiado. Un lector que le presta atención
a todos los detalles, porque sabe la importancia de cada uno. Un lector que acepta el desafío
intelectual que le propone el autor para descubrir quién es el asesino.
Jorge Luis Borges (escritor argentino) dice que la ficción policial existe porque hay un lector que
sospecha de todo, que lee sin creer en nada de lo que le dicen. El da el siguiente ejemplo:
Así comienza Don Quijote de la Mancha:

“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, no hace mucho tiempo vivía un
hidalgo…”
El lector policial tendría las siguientes sospechas:
“Por ejemplo si lee: En un lugar de la Mancha…¿Tal vez no sucedió en la Mancha?
Luego:…de cuyo nombre no quiero acordarme…¿Por qué no quiso acordarse?, sin dudas era
culpable.
Luego:…no hace mucho tiempo…posiblemente lo que suceda no será tan aterrador como el futuro.

Trabajamos en forma oral. Se presentan los inicios de cuentos de algunos autores clásicos de la
literatura policial. Tendremos que sospechar y desconfiar de lo que se dice. Todos expresaran al
menos una duda en forma oral.

a) “¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman
ustedes que estoy loco?” (El corazón delator, Edgar Alan Poe)
b) “Estábamos tomando el desayuno una mañana mi mujer y yo, cuando la doncella me
entregó un telegrama. Era de Sherlock Holmes y decía lo siguiente…” (El misterio del Valle
de Boscombe, Arthur Conan Doyle)
c) “Haciendo el llamador, la señorita Politt lo dejó caer sobre la puerta de la casita. Luego de
un breve intervalo llamó de nuevo. El paquete que llevaba bajo el brazo le resbaló un tanto
al hacerlo, y tuvo que volver a colocarlo en su sitio.” (El crimen de la cinta métrica, Agatha
Christie)

Actividad

1. Armando un investigador
Armar un personaje que nos sirva de investigador para un policial blanco. Tiene que ser un
personaje que tenga dificultades o carencias en sus características físicas y alguna fortaleza en
relación con sus habilidades mentales: por ejemplo, puede tener la capacidad de sacar cálculos
matemáticos rápidamente.
Para organizar el armado del personaje, llena el cuadro:

Nombre Edad Sexo Capacidades que Capacidades que


le faltan posee

A partir del cuadro, completar la siguiente oración con cinco adjetivos que resuman las capacidades
del personaje que se está creando:

El personaje en el que estoy pensando, característico del policial blanco, es……………..,


…………, ………………., …………………..y ………………………

2. Armar un enigma
Arma un enigma que tenga como base un asesinato. Piensa en un crimen, en posibles coartadas de
los personajes implicados, en pistas reales o falsas y enuméralas.
3. Escriban un breve relato policial negro o blanco

MOMENTO V – Crónica

Conversamos sobre la estructura de la noticia y comparamos con algunas crónicas. Observamos las
similitudes y diferencias.
Actividad para la casa, tienes que ver una película policial. Resumir la trama. Cuando vengas a clase
nos contarás la trama sin decir quién es el asesino. También tendrás que caracterizar a los personajes
y justificar si es policial blanco o policial negro, o combina los géneros. Finalmente darás una
valoración positiva o negativa que sirva de consejo para verla o no.

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