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LEYENDAS

El documento presenta varias leyendas chilenas, incluyendo historias sobre Llacolén, la flor de la Añañuca, Trentrenvilu y Cacaivilu, la leyenda de Calafate, y las tres Pascualas. Cada leyenda refleja elementos culturales y mitológicos de las comunidades indígenas de Chile, abordando temas como el amor, la traición y la naturaleza. Estas narraciones son parte de un taller de animación lectora para coordinadores de bibliotecas escolares en la Quinta Región de Chile.

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LEYENDAS

El documento presenta varias leyendas chilenas, incluyendo historias sobre Llacolén, la flor de la Añañuca, Trentrenvilu y Cacaivilu, la leyenda de Calafate, y las tres Pascualas. Cada leyenda refleja elementos culturales y mitológicos de las comunidades indígenas de Chile, abordando temas como el amor, la traición y la naturaleza. Estas narraciones son parte de un taller de animación lectora para coordinadores de bibliotecas escolares en la Quinta Región de Chile.

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LICEO JUANA ROSS DE EDWARDS COLEGIO

SALESIANO
VALPARAISO VALPARAÍSO

TERCER ENCUENTRO REGIONAL DE


COORDINADORES/ENCARGADOS CRA QUINTA REGIÓN
2010.
Sábado 19 de Junio de 2010

“Taller N°4: Animación Lectora”


Material de Apoyo: Leyendas Chilenas
(María Carolina Basualdo, Bibliotecóloga)

Llacolén
En un valle de lo que es ahora Concepción vivía un arrogante toqui (jefe de la tribu) llamado
Galvarino. Este toqui tenía una hija, bella entre las bellas y tan arrogante como su padre. El
nombre de Llacolén corría de boca en boca entre los belicosos mapuches. El toqui comprendió
que ya era hora de casarla. Galvarino inició las conversaciones del caso con el padre de Millantú,
joven guerrero, quien la amaba desde hace largo tiempo.

Pero Llacolén había heredado la soberbia de su padre. No le hacía feliz seguir las leyes
impuestas por su raza. Para acallas el fuego de su ira, solía ir a bañarse diariamente a cierta
laguna escondida en la espesura del bosque.

Por aquellos días la lucha entre mapuches y españoles eran sangrientas. Estos últimos, provistos
de caballos y mosquetes, llevaban la mejor parte. Sucedió que un capitán español, yendo a
reunirse con su tropa, vio a Llacolén junto a la laguna, y su belleza lo deslumbró. La india lo
contempló a su vez y lo encontró más gallardo, hermoso y arrogante que su prometido Millantú.

Fascinados, se enamoraron, y en los escasos intervaleos de tregua, mientras los mapuches


reponían de sus derrotas, siguieron viéndose junto a la laguna.

Rota de pronto la tregua, hubieron de separarse. En un feroz encuentro, los mapuches fueron
nuevamente derrotados y Galvarino cayó prisionero. Para escarmiento de los indios, el
gobernador ordenó que le cortaran las manos, dejándolo luego en libertad. Reunido con los
suyos, preparó un nuevo ataque al mando de Caupolicán. Fueron nuevamente vencidos y ambos
toquis fueron cruelmente ejecutados.

Llacolén veía llorar de ira a las mujeres, pero ella no lloraba, porque su amor por el capitan
español era más poderoso que el odio hacia los invasores. En su anhelo por verlo corrió sigilosa a
la laguna. Allí, en el silencio de la noche, escuchó el galopar de un caballo ¡Era su amado que
volvía para llevarla con él! Pero Millantú, buscándola desesperadamente, se internó en el bosque.
Al verla en los brazos del enemigo, corrió hacia el dando gritos de furia. Se trabaron en violenta
lid. Lanza y espada chocaron una y otra vez, hasta caer ambos sin vida sobre la hierba.
-¡Traidora!- alcanzó a gritar Millantú antes de morir.
fuera de sí, Llacolén se arrojó a la laguna que hoy lleva su nombre, mientras la luna reflejaba su
inmutable cara en las aguas mansas.

LICEO JUANA ROSS DE EDWARDS COLEGIO

SALESIANO
VALPARAISO VALPARAÍSO

TERCER ENCUENTRO REGIONAL DE


COORDINADORES/ENCARGADOS CRA QUINTA REGIÓN
2010.
Sábado 19 de Junio de 2010

“Taller N°4: Animación Lectora”


Material de Apoyo: Leyendas Chilenas
(María Carolina Basualdo, Bibliotecóloga)

La flor de la Añañuca

Monte Patria es la cuna de la flor regional: La Añañuca. En sus laderas floreció el copihue
nortino, y con ello una leyenda que ha inspirado a muchos poetas. De antaño, cuando el Monte
Grande de la tierra alta todavía se llamaba Monterrey, vivía en sus vecindades una hermosa joven
india llamada Añañuca.
Los mozos se hacían lenguas ponderando sus virtudes. Mas, ninguno había podido conquistarla,
y eso le daba nombradía. Cierto día llegó por los contornos un gallardo minero, que dijo buscar
derroteros auríferos por Campanario adentro, de donde venía ahora para reponer fuerzas y
acumular pertrechos.

Verse y enamorarse fue una sola cosa. Añañuca supo que había encontrado al hombre soñado y
éste, a su vez, sintió que un brote sedentario lo mantendría a su lado. Así fue como se casaron e
iniciaron una vida grata y feliz, que tornó más radiante y hermosa a la muchacha, al paso que su
esposo trocó la barreta por azada y amplió los sembradíos de un campito logrado en una sombra
patronal del medio.

Pero, una noche en sueños, el mozo tuvo una visión: la huella clara de una veta por vallecito; un
reventón de oro. La tan buscada veta estaba a su alcance. Sin decirlo a nadie, adoptó la decisión
de subir a la montaña y verificar aquello. Por este motivo, días después dejó su tibio lecho y, sin
más aviso, rumbeó por el Ponio arriba, como alucinado.

Ese mismo día, la cordillera desató uno de sus más fieros temporales. Todo se cubrió de nieve.
Del minero nadie supo dar noticias y, pese a que los baqueanos recorrieron los portezuelos de
abrigo, jamás nadie pudo dar con él. La moza lo esperó y lo esperó con una tristeza que fue
aumentando y consumiéndola a ojos vista. Todos los vecinos supieron, entendieron y respetaron
su dolor. Éste fue tan grande que, a los pocos meses, le causó la muerte. Ésta le vino en un día de
lluvia suave y persistente, que se mantuvo hasta la hora en que la llevaron cerro arriba, hasta la
colina, para depositar su cuerpo en una fosa nueva abierta en la explanada. Allí quedó. A la
mañana siguiente, al abrir el sol, una noticia corrió como reguero de pólvora: en torno a la
sepultura, y por toda la planicie, había brotado una gran cantidad de flores semejantes al copihue,
pero de un tono más suave y armonioso.
Eran flores que nunca antes nadie había visto por el lugar. Los serranos la ponderaron como la
flor de la Añañuca, y así la conocemos hasta el día de hoy, naciendo a comienzos de cada
primavera, después que la lluvia benefactora ha caído sobre el Norte Chico chileno.

LICEO JUANA ROSS DE EDWARDS COLEGIO

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COORDINADORES/ENCARGADOS CRA QUINTA REGIÓN
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Sábado 19 de Junio de 2010

“Taller N°4: Animación Lectora”


Material de Apoyo: Leyendas Chilenas
(María Carolina Basualdo, Bibliotecóloga)

Trentrenvilu y Cacaivilu
Hace mucho tiempo, en la época de los Pillanes, los hijos de los más poderosos (Peripillán y
Antu) fueron convertidos en serpientes en castigo. Es así como Caicai (hijo de Peripillán) fue
convertido en una serpiente marina, mientras que Trentren fue convertido en una serpiente de
tierra.

Cacaivilu era enemiga de la vida terrestre, además, el "desagradecido hombre" no le rendía


tributo por lo que les brindaba, mientras que si agradecían al hijo de Antu. No era de extrañar,
Trentrenvilu era un ser bondadoso, que protegía a los hombres y a la vida en general.

La ira de Caicaivilu aumentó con el tiempo, junto a sus celos y en un deseo de castigar a los
hombres, agitó su inmensa cola sobre las aguas formando olas gigantes con el propósito de
incorporar la tierra de los hombres dentro de sus dominios.

Trentren vio esto y empezó a elevar el nivel de la tierra, formando cerros en donde los hombres
pudieran refugiarse para no perecer ahogados. Transformó a quienes se estaban a punto de
ahogar en aves y a los que caían a las aguas en peces y animales marinos.

No bastó, Cacaivilu, elevó aún más el nivel del mar de tal forma que los valles quedaron
sumergidos y los cerros se transformaron en islas (archipiélago de Chiloé). Así que Trentren
ordenó a los cerros elevarse más aún formando una columna de montañas (Cordillera de los
Andes) para que pudieran protegerse.

Las serpientes empezaron a luchar entre ellas hasta que quedaron agotadas, ganando Trentren al
conseguir que la tierra no desapareciera bajo las aguas, pero sin lograr que se retiraran del todo,
formando así la actual geografía de Chile.
Fuente: [Link]
[Link]
LICEO JUANA ROSS DE EDWARDS COLEGIO

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COORDINADORES/ENCARGADOS CRA QUINTA REGIÓN
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Material de Apoyo: Leyendas Chilenas
(María Carolina Basualdo, Bibliotecóloga)

La leyenda de Calafate
En lo que ahora es Magallanes y mucho tiempo antes de que aquellas tierras fueran colonizadas,
vivían allí dos grupos de aborígenes: los tehuelches y los onas. Al parecer, y de acuerdo con lo
que dice la leyenda, los onas eran muy mirados en menos por los tehuelches, y si así no hubiera
sido, nada hubiese sucedido.
Resulta que el jefe del aikén tehuelche tenía una hija bellísima, la cual era su orgullo y alegría.
Esta jovencita llamábase Calafate y tenía unos maravillosos ojos dorados. Para mal de sus
pecados sintiéndose en todo superiores a los onas, era costumbre tehuelche que, al cumplir la
mayoría de edad, algún joven ona fuese consagrado por el brujo del pueblo.

El joven ona que llegó al aiken para serlo resultó ser tan guapo y tan garrido que Calafate, con
solo verlo, se enamoró locamente de el y él de ella. Este gran amor echó raíces en ambos:
decidieron huir, sabiendo que sus dos tribus no aceptarían su unión. En un lugar lejano ambos
levantaron su choza: pero alguien supo de los planes y sin perder un segundo le comunicó al jefe
y padre de Calafate.
De acuerdo con su tradición, la vida del joven ona era sagrada en las presentes circunstancias;
por lo tanto el jefe intentó convencer por otros medios a Calafate de apartarse del ona y olvidar a
su bien amado. ¡Todo fue en vano! ¿Cómo su hija, siempre siempre dócil y respetuosa de su
padre y de las leyes de su tribu, ahora se mostraba tan rebelde e indómita?
Convencido de que aquéllo era obra del Gualiche, la deidad maligna, hizo venir a la bruja de su
tribu y le ordenó que impidiera la huida de los enamorados, hechizando a Calafate, pero que sus
maravillosos ojos dorados siguieran mirando su aikén, fuese cual fuese el hechizo.

Ni corta ni perezoza, la bruja la transformó en un arbusto que, cada primavera, se cubre de flores
doradas, las que parecían contemplar el paraje donde conoció a su amado. El joven ona la buscó
en vano por toda la región, hasta morir de pena.
La bruja, al darse cuenta del daño que había causado, hizo que esas flores, al caer, se convirtieran
en un dulce fruto de color púrpura. Y ese fruto es el corazón de la hermosa tehuelche.

(Leyenda Tehuelche, Chile)

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(María Carolina Basualdo, Bibliotecóloga)

Las tres Pascualas


Las tres pascualas vivían en la naciente ciudad de Concepción, allá por el siglo XIX. Las tres
eran hermanas. Ellas, siendo jóvenes, lindas y lavanderas, solían ir diariamente a lavar la ropa en
una laguna cercana. Allí, entre lavado y lavado, cantaban canciones de amor. Y al caer la tarde,
le pedían a la laguna que, por favor, les trajera el verdadero amor de sus vidas.
Un día vieron llegar por la orilla opuesta a un gallardo joven que, al verlas, se acercó hacia ellas
y les ofreció tertulia. Compartieron con el joven su comida y este las acompañó hasta que el sol
se puso. Las encontró muy lindas y malvadamente se propuso hacerlas suyas.

Por otro lado, las tres Pascualas regresaron a su casa en silencio, arrobadas y cada una de ellas
convencida de que el hermoso joven había venido por ella ¡solo por ella!
Por su lado, el joven regresó día a día a la laguna, dispuesto a rendirlas, una por una, a su pérfido
deseo.

Llegaba por la mañana, ayudaba a la Pascuala menor a llevar la ropa a su cabaña, y en el


trayecto, le declaraba su ardiente amor. Cuando la Pascuala mayor partía al pueblo a comprar las
provisiones, enamoraba a la de al medio. Y cuando la menor preparaba la comida, juraba amor
eterno a la mayor.

Así, las tres Pascualas se enamoraron locamente. Como cada una se sentía la elegida, no se
atrevían a mirarse de frente, temerosas de despertar sus celos. Ya no cantaban: solo suspiros
llenaban el atardecer. La laguna ya no era verde y clara, si no turbia y revuelta como sus pobres
almas, que le habían dado todo a su bien amado.

Y, entonces, el dichoso bien amado, habiendo logrado su propósito, ya no acudió a la cita.


Esperaron en vano, hora tras hora, día tras día. Por fin, se miraron cara a cara y sus propios ojos
revelaron su triste secreto.

Muertas de pena, fuéronse internando calladas en las aguas, estas se agitaron formando un
remolino. Un temblor sacudió su fondo. La aguas se desbordaron, y al volver a su cauce, este
tomó la forma de la luna en cuarto menguante.
Según cuentan los lugareños,desde entonces ciertas noches suelen verse las tres Pascualas, luego
de luna llena, lavando y lavando en la laguna que lleva su nombre. Creen que sus aguas no son
buenas y evitan su cercanía.

(leyenda chilena)

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(María Carolina Basualdo, Bibliotecóloga)
El Copihue

Hace muchos años, en los bosque del sur vivía una hermosa niña llamada Rayén.
Ella amaba a Maitú, el guerrero más valiente de su tribu. Habían sido prometidos
en matrimonio por sus padres cuando eran niños. Un día de primavera, Maitú
partió con los hombres del pueblo, a luchar en una batalla a orillas del río Toltén.

Rayén estaba muy triste. Como era habitual, cada vez que Maitú se ausentaba,
Rayén subía al Pino más alto del bosque. Desde allí, podía observar el polvo que
levantaban los guerreros en el combate, y cuando regresaban, salía a su encuentro.
Pero esa mañana no vio nada y su marido no volvió.

Rayén llora de pena en el bosque derramando muchas lágrimas que se convirtieron


en flores de sangre. Colgando de los árboles altos y pequeños, se tiraron a los pies
de la niña, diciéndole que con su pena les dio la vida y ellas le darían alegría. Es
así, que la hermosa Rayén se tendió y una alfombra roja salió volando por los
cielos. Era la india que iba al encuentro de Maitú.
Desde entonces florecen los copihues, recordando el dolor de la mapuche y el valor
del guerrero que lucha hasta morir.

(leyenda Chilena)
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Material de Apoyo: Leyendas Chilenas
(María Carolina Basualdo, Bibliotecóloga)

Creación de Chile
En el principio, Dios creó las maravillas del
mundo. Sin embargo, cuando terminó se dio
cuenta que había muchos trozos sueltos. Tenía
partes de ríos y valles, de glaciares y desiertos,
de montañas y bosques y praderas y colinas. En
vez de dejar que estas maravillas se perdieran,
Dios las dispuso todas en el lugar más remoto
de la tierra. Así es como se creó Chile.
LICEO JUANA ROSS DE EDWARDS COLEGIO

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Material de Apoyo: Leyendas Chilenas
(María Carolina Basualdo, Bibliotecóloga)

El Caleuche

a) Es un buque que navega y vaga por los mares de Chiloé y los canales del sur. Está tripulado
por brujos poderosos, y en las noches oscuras va profusamente iluminado. Tiene alumbrado y
velamen color rojo, por andar tripulado por brujos. Por lo general, en sus navegaciones no cesa a
bordo la música. Se oculta en medio de una densa neblina que él mismo produce. Jamás navega a
la luz del día.

Si casualmente alguna persona que no sea bruja se acerca, éste se transforma en un simple
madero flotante; y si el individuo intenta apoderarse del madero, éste retrocede. Otras veces se
convierte en una roca o en otro objeto cualquiera y se hace invisible. Sus tripulantes se
convierten en lobos marinos o en aves acuáticas. Se asegura que los tripulantes tienen una sola
pierna para andar y que la otra está doblada por la espalda, por lo tanto andan a saltos y a
brincos. Todos son idiotas y desmemoriados para asegurar el secreto de lo que ocurre a bordo.

Al Caleuche no hay que mirarlo, porque los tripulantes castigan al que lo mira volviéndoles la
boca torcida, la cabeza hacia la espalda o matándoles de repente, por arte de brujería. El que
quiera mirar al buque y no sufrir el castigo de la torcedura, debe procurar que los tripulantes no
se den cuenta de su audacia.

Este buque navega cerca de la costa y cuando se apodera de una persona, la lleva a visitar
ciudades del fondo del mar y le descubre inmensos tesoros, invitándola a participar en ellos con
la sola condición de no divulgar lo que ha visto. Si no lo hiciera así, los tripulantes del Caleuche
lo matarían en la primera ocasión que volvieran a encontrarse con él.

Todos los que mueren ahogados son recogidos por el Caleuche, que tiene la facultad de hacer la
navegación submarina y aparecer en el momento preciso donde se le necesita para recoger a los
náufragos y guardarlos en su seno, que les sirve de eterna mansión. Cuando el Caleuche necesita
reparar su casco o sus máquinas, escoge de preferencia los barrancos y acantilados, y allí, en las
altas horas de la noche, procede al trabajo.

Versión de Oreste Plath

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