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Personalidad

Mi personalidad es el resultado de una mezcla entre herencia genética y aprendizaje a lo largo de mi vida. Rasgos como la determinación y la sensibilidad emocional provienen de mis padres, mientras que mi entorno familiar y educativo ha moldeado mis comportamientos y valores. Además, mis experiencias sociales y culturales han influido en mi sociabilidad y en cómo me relaciono con los demás.

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Personalidad

Mi personalidad es el resultado de una mezcla entre herencia genética y aprendizaje a lo largo de mi vida. Rasgos como la determinación y la sensibilidad emocional provienen de mis padres, mientras que mi entorno familiar y educativo ha moldeado mis comportamientos y valores. Además, mis experiencias sociales y culturales han influido en mi sociabilidad y en cómo me relaciono con los demás.

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Reflexión sobre la formación de mi personalidad

Mi personalidad es el resultado de una mezcla entre lo que heredé y lo que aprendí. Hay
aspectos que, sin duda, reconozco como parte de mi herencia genética. Por ejemplo, tengo
un carácter fuerte y una determinación que identifico claramente como rasgos heredados de
mi madre. Ella siempre fue una mujer firme, de esas que no se rinden fácilmente, y aunque
yo no la imité conscientemente, siento que esa fuerza interior forma parte de mí desde
siempre. También tengo una sensibilidad emocional muy parecida a la de mi padre: puedo
percibir el estado de ánimo de las personas con solo verlas o escucharlas hablar. A veces
eso me agota, pero también me ha permitido ser empático y cuidadoso con los demás.

Por otro lado, sé que muchos de mis comportamientos y formas de relacionarme han sido
moldeados por mi entorno familiar y educativo. En casa se valoraba mucho el respeto, la
responsabilidad y el buen trato, y eso se refleja en cómo me conduzco con los demás.
Recuerdo que en la escuela siempre nos inculcaron la importancia del trabajo en equipo y la
solidaridad. Gracias a eso, aprendí a no actuar solo por interés personal, sino también
pensando en el bienestar del grupo. En más de una ocasión, he preferido ceder en una
discusión o ayudar a un compañero, incluso si eso significaba más esfuerzo para mí.

Mi entorno sociocultural también ha dejado huella en mi forma de ser. Mis amigos, por
ejemplo, me han enseñado a reírme más, a relajarme, a no tomarme todo tan en serio. Las
redes sociales, aunque a veces llenas de superficialidad, me han servido para conocer otras
formas de pensar, nuevas ideas y realidades distintas a la mía. Y vivir en mi país, con su
calor humano, su manera tan espontánea y directa de comunicarse, me ha enseñado a ser
sociable, expresivo y a no tener miedo de hablar con desconocidos.

Una vez, durante una actividad en la escuela, debíamos organizar un evento comunitario.
Yo me ofrecí como líder del grupo. Aunque me daba miedo, sentí que debía hacerlo. Al
final, gracias al apoyo de mis amigos y las enseñanzas previas sobre trabajo en equipo, todo
salió bien. Esa experiencia reforzó mi confianza y me demostró que mis decisiones y mi
carácter están profundamente influenciados por una mezcla de herencia, educación y
cultura.

En resumen, soy quien soy por una combinación de factores. No hay una sola causa, sino
un conjunto de hilos que, entrelazados, han tejido mi personalidad.

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