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Rivas Carolina

El cuento narra una reunión familiar tensa en la que se discute la preocupación por la Merceditas, una mujer que supuestamente tiene visiones y se eleva del suelo. A medida que la familia se enfrenta a la situación, se revelan dinámicas de poder y creencias, mientras la protagonista observa y reflexiona sobre la locura y la fe de sus parientes. La historia culmina en un momento de confusión y fe, donde la familia se une en oración, dejando entrever la complejidad de las relaciones familiares y las creencias en lo sobrenatural.
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Rivas Carolina

El cuento narra una reunión familiar tensa en la que se discute la preocupación por la Merceditas, una mujer que supuestamente tiene visiones y se eleva del suelo. A medida que la familia se enfrenta a la situación, se revelan dinámicas de poder y creencias, mientras la protagonista observa y reflexiona sobre la locura y la fe de sus parientes. La historia culmina en un momento de confusión y fe, donde la familia se une en oración, dejando entrever la complejidad de las relaciones familiares y las creencias en lo sobrenatural.
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Rivas Carolina

A tres pasos
Cuento
pues nos dais vestido nuevo,
Rey celestial,
librad de la mala gente
este sayal.

Teresa de Ávila

..... ..... Cónclave en el salón a las seis de la tarde. La familia se desgrana desde los
rincones de la casa y redondamente va tomando su lugar entre los muebles de madera
negra. Mamamú en el sillón de respaldo recto que era del abuelo, los tíos Germán y
Gastón apoyados cerca del samovar, mis tías las gemelas se sientan en el Tú y yo
tapizado de seda verde de la China. Un poco lejos quizá, pero de manera estratégica me
siento sobre el taburete de palo de rosa. Mi tío el tonto asoma desde atrás de la cortina y
me hace muecas con el bigote angosto que se ha dejado crecer a lo Chaplin. Alguien dice
que cerremos las ventanas porque está refrescando, pero Mamamú hace un gesto con la
mano izquierda, la del anillo de brillantes grandes y dice que por ningún motivo porque
nos vamos a asfixiar igual. Mi tío Germán confirma que ha descolgado el teléfono como
ella pidió y que las puertas que separan las dependencias de servicio con el resto de la
casa están cerradas. Mamamú lo mira con agradecimiento y cuenta por el aire para
confirmar que no falte nadie. En ese momento mi madre entra rápido arreglándose el pelo
suelto y con un movimiento que casi es una venia ocupa el sillón, justo detrás mío.
.......... Mi abuela no la mira. Yo estiro la mano y toco el pie de mi mamá haciéndole
cosquillas y ella me da una patadita y me susurra al oído que la corte, que no llame la
atención. Mamamú está a punto de hablar.
.......... "Queridos míos", dice y parece que la palabra queridos está subrayada porque la
pronuncia despacio y muy seria, "como ustedes se habrán dado cuenta, esto está
pasando de castaño oscuro", y agrega: "tenemos que tomar una decisión sobre el
asunto".
.......... Silencio. Veo como mi familia se mira entre sí y luego bajan la vista. Como nadie
dice nada, decido preguntar por qué están todos tan preocupados, pero mi mamá me
agarra del cuello y me acerca a sus piernas. Nadie se da cuenta porque es justo cuando
mis tías las gemelas se ponen pálidas al mismo tiempo y se persignan, se abrazan,
gimotean, se separan y se vuelven a persignar. Mi tío Gastón va a intervenir, pero mi tío el
tonto está tirando de la cortina y cruza las piernas muy rápido como cuando quiere ir al
baño. Mi tío Gastón lo mira furioso y le grita: "Sosiégate idiota, que estamos por resolver
de una vez por todas esta historia. Disculpe usted, madre", añade y mientras se apreta
más todavía el nudo de la corbata le informa: "La Mercedes ya está de nuevo ahí".

1
.......... Yo quiero opinar que no entiendo tanta preocupación. Que la Menche está rezando
tanto estos últimos días a nadie le había interesado antes. Será tal vez el asunto del palto,
pero cualquiera puede ver lo que quiera en sus ratos libres. Yo le pregunté una vez qué
era lo que veía y ella me dijo que conversaba con los ángeles y que ellos eran iguales a
mí y que mandaban saludos a todos los que se portaban bien sobre esta tierra. Pero no
puedo opinar porque mamá me vuelve a agarrar del cuello como presintiendo todo lo que
pienso y me arrincona más todavía entre sus rodillas. "Hemos considerado llamar a las
fuerzas policiales pero queremos consultarlo antes con usted", continúa mi tío Gastón. "La
situación, tal como usted dice, ya ha pasado a mayores y el rumor ha llegado casi hasta la
capital. ¡Imagínense por un momento lo que esto puede provocar, mi Dios!". El tío dice
esta última frase como si estuviera en un escenario, mueve los brazos y la corbata se le
tuerce para siempre. "¡Ustedes son las responsables de todo esto!", dice mirando
fijamente a mis tías las gemelas, "¡beatas y lengüilargas!". Leonor y Luisita se abrazan en
el Tú y yo y ahora lloran desconsoladas cabeza contra cabeza. Desde afuera llega la brisa
de la tarde cargada de jazmines y avemarías lejanos. Alguien toca en una armónica Con
flores a María y casi se podría decir que la melodía es tarareada por la familia toda en un
susurro. Interrumpe el momento mi tío Gaspar -que es muy tímido- y que después de
toser dos veces dice: "Madre, si usted me permite dar mi opinión, el problema es que es
verdad. Yo la he visto elevarse casi una cuarta del suelo. Ayer no más, cuando con Luisita
la mirábamos rezar en el jardín, ella..."
.......... "Cállate imbécil", le dice mi abuela y golpea con el bastón contra el suelo. "El que
seas ingeniero de Lovaina no te autoriza a repetir por ningún motivo semejante herejía.
Ninguno de ustedes ha visto nada anormal en esta casa jamás. Acá nadie ha volado salvo
cuando yo necesito algo. Somos una familia como cualquiera y el caso de la Mercedes es
cosa de alucinaciones de ustedes, pobres de espíritu, pobres hijos míos. ¡Saquen esa
criatura por favor!" dice, como dándose recién cuenta de que estoy aquí, y mira a mi
mamá que está dándole vueltas y vueltas a su pañuelo de encaje mientras me apreta con
las rodillas. "¡ Lo que pensará esta inocente de las miserias de sus parientes! ¡Qué salga
inmediatamente del salón!", continúa ahora mirando fijo a mi mamá que se ha levantado y
me tira del brazo, pero sin que duela.
.......... "María Jesús, ¡cómo puedes permitir que la niña escuche estas cosas!", reprocha
mi abuela indignada y no alcanzo a escuchar más porque salimos por el pasillo a
perdernos de los gritos, mi mamá vestida de celeste y yo de blanco, corriendo hasta llegar
al jardín donde están los otros.
.......... "Recemos nosotras también", propone mi mamá y nos acercamos hasta la glorieta
donde está la Merceditas arrodillada, con los ojos fijos en el palto desde hace una hora.
Yo no sé cómo hace para no cansarse de tanto estar quieta, pero mi mamá me dice que
es porque ha trabajado tanto la pobre durante su vida que ya no siente y le creo. "Rece
mejor, y no pregunte más mijita", me pide y se hunde en un "avemaría purísima sin
pecado concebida" del que me cuelgo obediente. Pero me aburro. Al poco rato me deslizo
entre los jazmines hasta quedar justo debajo de la ventana abierta donde se escucha
clarísimo de lo que siguen hablando. Veo como la mitad izquierda de mi tío el tonto está
del lado de adentro de la cortina, es decir, para el lado en que yo lo veo, y se mueve
mucho. Yo creo que está por hacerse encima y nadie se da cuenta ni lo ayuda. Mi tío
Gaspar dice que en el pueblo están organizado una romería para el domingo y que el
párroco no recibe a nadie desde hace una semana. Hablan dee scribir una carta al
arzobispado, mi tío Gastón nombra al cardenal, pero me pirdo la frase porque mi abuela
los hace callar a todos con otro grito que me aturde y corro a sumarme al tercer misterio
gozoso que ya ha empezado. Mientras hago como que rezo, pienso que mis tías deben

2
estar acongojadísimas de no participar de ste rosario frente al palto donde los ángeles se
le aparecen a la Merceditas todas las tardes. Pienso también que todo esto es muy
complicado porque antes porque antes hasta la virgen también se le aparecía y no
pasaba nada. Yo la vi muchas veces arrodillada rezando con el rosario de pétalos de rosa
que le trajo Mamamú esa vez que fue a Roma, siempre en el mismo lugar, el peldaño de
mármol donde empieza la glorieta. Pero ella después se lo guardaba en el bolsillo y
seguía haciendo sus cosas y no se hablaba más. Yo sé que fue mi tío el tonto el que se
puso nervioso cuando una tarde la estaba buscando para que lo ayudara con el cierre del
pantalón que siempre se le atasca y entró a la pieza de mi tía Leonor donde la Merceditas
estaba hacindo la cama. Parece que ella volaba un poco porque las sábanas son muy
anchas y daba unos saltos extraños mientras cantaba con esa voz de pianola vieja que
tiene. En un instante la cama estaba tendida y mi tío se quedó mirándola tan asustado
que se subió solo el cierre y salió corriendo. Cuando le conté a mi mamá lo que me había
contado mi tío, ella se rió mucho y me dijo que era cierto que la Merceditas volaba y que
ella la había visto muchas veces cuando era chica como yo. Me explicó que ella nos
quería tanto que a veces, de puro amor y por apurarse con tanto trabajo que tenía, Dios le
daba una ayudita.
.......... Pero mi mamá no debe acordarse de esas cosas porque está rezando con los ojos
muy cerrados y ni siquiera ha ordenado el vestido que se le está poniendo verde con el
pasto. Me pongo cerca de ella y trato también de rezar para no escuchar los gritos de
Mamamú que ya me están asustando, pero no me puedo concentrar y me acerco
despacio a la Menche, como le digo yo, que está tiesa con el rosario entre los dedos, los
ojos abiertos y tan ida que no se da cuenta de que estoy al lado de ella. Al otro lado de la
reja, hay varias personas rezando también. Hay una señora que he visto en misa muchas
veces y están las Salazar, todas juntas ordenadas de mayor a menor las tres con esos
sombreros horribles. Yo no tengo permiso para jugar con ellas porque Mamamú dice que
son el producto de una relación perniciosa, pero las miro porque son todas como iguales y
rezan también con los ojos en blanco y seguro que no saben que son perniciosas o lo que
sea que signifique esa palabra. En total alcanzo a contar dieciocho personas del otro lado
de la reja, todas de rodillas mirando hacia el palto, todas esperando el momento en que la
Menche se eleve una cuarta del suelo -afirman- y converse con la virgen -a solas-. Pero
ella sigue, reza que te reza, como si nada y todos nos quedamos quietos, como
esperando a que alguien vea algo y lo grite para avisar. Cuando llegamos al último
misterio y empieza a refrescar, Amamú se asoma por la ventana y grita: "¡Mercedes!". Es
como si hubiera aparecido Dios padre porque todo el mundo lanza un alarido tremendo y
la Menche se mira el reloj pulsera. Es como si solo la viera a ella y no existiéramos
ninguno de los presentes porque le contesta al tiro: "Perdone usté misiá Romelia, se me
fue la hora acá en la oración. Al tiro le sirvo su té", y se levanta tan rápido que el delantal
queda abandonado, solo sobre la piedra blanca, mientras corre torpemente para
desaparecer por la puerta de servicio. Mamamú se queda en la ventana mirando con esos
ojos que pone cuando está furiosa, a toda la gente que está todavía al otro lado de la reja.
Creo que también los está contando como yo porque los mira a cada uno y después mira
hacia el palto, mueve la cabeza de un lado para el otro y alcanzo a ver que se persigna.
.......... Poco a poco la gente se levanta y comienzan a caminar hacia el pueblo entre
murmullos y salves cada vez más lejanos. Unos pocos quedan rezagados y miran el palto
como despidiéndose hasta mañana. Mamamú ha cerrado la ventana y la cortina también.
Me imagino que la Menche ya le ha llevado su bandeja con el té y los scones.
.......... Cuando estamos por entrar mi mamá y yo, la puerta principal se abre y salen en
silencio mis tías las gemelas y mi tío el tonto. Un poco más atrás se asoma el tío Gaspar

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tosiendo lo más despacio que puede. En fila india se acercan a nosotras y nos arrastran
de nuevo hasta el peldaño. Todos nos quedamos quietos haciéndole caso a mi tía Luisita
que está con el dedo sobre la boca susurando "shhiitt, no digan nada". Mi mamá me
abraza fuerte y después se arrodila de nuevo. Mi tío Gaspar toma de la mano a la tía
Luisita, mi tia Leonor saca su rosario de ojos de tigre y empezamos de nuevo. Mi tío el
tonto se ha quedado a un costado y mira fijo el delantal blanco de la Menche que sigue en
el suelo. Sinque nadie pueda evitarlo, se lanza y lo toma entre las manos y lo besa
muchas veces. El murmullo de nuestra oración crece y eleva un "salve reina y madre de
misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra...". Yo me acerco hasta mi tío que está a
solo tres pasos, haciéndose pipí por fin, y trato de sujetarlo de la chaqueta porque está a
punto de elevarse, pero no alcanzo. Ya ha puesto los ojos en blanco, se ríe igual que
Chaplín, da un salto enorme y se eleva, mucho más alto que un cuarta, envuelto en el
delantal a perderse por la gracia y fe de la Menche para siempre.

Carolina Rivas nació en Chile en 1961. Durante su adolescencia residio en Buenos Aires.
Por varios años formó parte del taller de Pía Barros. Sus cuentos han sido incluidos en las
siguientes antologías: Salidas de madre, Relatos y rescas, Voces de Eros, Antología del
cuento chileno contemporáneo y Hielo y otros cuentos (Alfaguara, 1999). Además,
algunos de sus textos han aparecido en revistas argentinas y holandesas. En 1990,
publicó el libro de cuentos Para amarte mejor. En 1995 ganó el concurso José Donoso
con el cuento Segundas partes. Desde 1989, dirige el taller literario La Maga y a partir de
1999 también imparte talleres en la penitenciaría de Santiago. Ha sido jurado en
numerosos concursos literarios. Su segundo conjunto de cuentos se titula Dama en el
jardin (Alfaguara, 2001)
Dr. Marco Antonio de la Parra nació en Chile en 1952. En 1976 se tituló como médico
cirujano. Se especializó en psiquiatría de adultos en la Universidad de Chile. Ejerce como
psicoterapeuta de adultos. Es profesor del ICHPA (Instituto Chileno de Psicoterapia
Analítica) y miembro de número de la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de
Chile. Escritor y dramaturgo, ha actuado y dirigido algunas de sus piezas como amateur y
como profesional. Además, fue crítico de televisión entre 1994 y 1998 y agregado cultural
de la Embajada de Chile en España desde 1991 a 1993

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I
Los amores de ellas

Para amarte mejor I

... "Esta soberana indecencia de no amar", leo torpemente en voz alta. "Estoy haciendo y
deshaciendo nudos, he pasado toda la tarde en esto; las paredes se aprietan con la
ausencia paulatina de la luz". ¿Qué será paulatina?, me pregunto. De cada diez palabras
hay tres que no entiendo y levanto los ojos para preguntarte, pero vos no tenís idea
tampoco, porque desde hace una página q' estay durmiendo y yo hago como que no
atino, porque es con la voz mía que suena a mentira, con esas cosas raras que digo, que
te vay yendo al sueño, muerto de lata ahí, al otro lado de la pieza.

... Pero voy a seguir Pedro. Porque vos fuiste el que me dijo que aprendiera a leer, que
siquiera uno de los dos había de salir más avispáo, que las cosas andan difíciles, que por
eso hay que saber leer y escribir, me dijiste bien serio y me asusté tanto al verte tan
afligió, que inventé tiempo para ir a la escuela en las tardes, aquí estoy, Pedro, leyéndote,
cansada hasta esta hora, aunque estís ahi, lejitos, ni mirándome siquiera y yo con el
esfuerzo, y esta página que es tan difícil. ¿Qué será paulatina?

... "Abres los ojos y me llevas al fondo de la cama, apretándome fuerte hasta donde el
amor no se escribe con letras".

... (Qué hacer ahora Pedro, ahora que he ido aprendiendo el valor de las vocales, la
fuerza de los acentos, ahora que voy separando tu lenguaje elemental del mío enviciado
de conceptos. Para qué me pediste que progresara, que avanzara en alejarme poco a
poco de ti, que como siempre, escuchas semidormido mis lecturas en voz alta,
aparentando entender todo lo que digo, sonriendo a veces, cuando te pregunto si captaste
la intención del verso).

... Y tú me abrazas, haces que deje el libro, Pedro inconsecuente... vos Pedro me lo
pediste y ahora te enojai... No, no quiero que me toques, ahora no, te digo, no veís que
estoy estudiando, p' aprender que la vida no es así tan fácil negro. No veís que quiero
estar sola, que esa manía tuya me hace mal, muy mal, que me cuestan tus olores
después de saber que hay gente que huele distinto, a jazmín por ejemplo (jazmín se
escribe así...) y que esta pieza tampoco me cabe, no entendís que estoy llorando, porque
pasan los días y paulatinamente me voy yendo derecho a saber como se escriben otras
palabras, lejos, muy lejos Pedro, como un punto aparte.

5
Para amarte mejor II

(puertas adentro)

... Se me ocurre que hoy Ud. me está mirando distinto, y no es que esté hilando fino, pero
sus ojos están más pequeños que de costumbre. Sus dos navajitas de ojos me duelen y
quisiera esconderme, como pillada en falta, debajo de la mesa o atravesar la ventana si
pudiera.

... Detrás de sus anteojos brilla algo que no estaba ayer, ni hace un mes cuando llegué, es
como una forma nueva de lenta disección, un color diferente de mirar. Yo trato de hacer lo
mío como si nada, tengo cosas pendientes como recoger todo esto del suelo o poner la
mesa por ejemplo, aunque preferiría que Ud. se alejara para poder trabajar tranquila que
se me hace tarde, ¿no se da cuenta?

... Pero es inútil pensar en eso, Ud. está apernado a la alfombra, comiéndome con los
ojos.

... Hablamos de cualquier cosa y las horas pasan y a mí no me cunde nada. Estoy tan
torpe y tensa... ¿no le habrán dicho a Ud. que es mala educación mirar tanto rato a
alguien? Yo no soy nadie para llamarle la atención, pero me tiene tan nerviosa que
apenas si alcanzo a hilar una frase y me topo con su cara a medio sonreír. Entonces se
me enredan las palabras en el cuello abotonado. Me quedo callada, como tonta.

... Ahora Ud. se ríe. Tiene entre los dedos una hoja de papel, la sacude en el aire y se ríe
leyendo "me llevas hasta el fondo de la cama, donde el amor no se escribe con letras"...
Su voz es fuerte... Y a mí se me resbala la copa de las manos. Quisiera romperme en
esos mismos pedacitos y desmenuzarme sobre la alfombra como brillantina.

... Ud. sigue leyendo que ya no me gusta respirar al Pedro y se me acerca hasta mí
susurrándome el final de mi hoja, papel maldito que quisiera arrugar hasta deshacerlo
entre los dedos. Pero el cuerpo suyo está tan cerca, nada más que el aire y Ud, con olor a
agua tibia, a jazmín, o la flor que sea. Me empieza a abrazar despacio, leyéndome entre
líneas.

... Hay un calor fuerte que sube desde el suelo, más del que puedo resistir. Ud. me dice
que entiende lo que siento, ¡qué va a saber!, si es mentira. Me estoy deshaciendo aquí,
entre sus manos, estas manos dentro de mi ropa, sin ninguna preparación. Ud. me lleva al
piso, que igual fuera el cielo mismo que me imaginé desde siempre, murmurando mis

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frases, mis primeros experimentos de lenguaje... Pero me dice que no hable, que prefiere
leerme, porque mi voz es demasiado ronca para tanta palabra. Y yo, me dejo caer dentro
suyo, me olvido de todo y soy consecuente con el calor que me llena los huesos
elevándome para desarmarle la cara, besando su cara hasta aprendérmelo entero,
llorando un poco también. Pero Ud. no me escucha, se queda como lejos sonriendo, me
lastima una y otra vez con su risa, declamando mis palabras, desacreditando el origen de
cada una de ella, frente a mí, más desnuda que nunca en este delantal abierto, mucho
más sola que cuando no sabía escribir ni ponerle nombre a estas cosas.

AMORES QUE MATAN


(cuento)
..... -Uno siempre regresa al lugar del crimen-, murmura Beatriz.
..... Alejandra, a pocos metros, trata de enfocar un punto preciso, el detalle de una aldaba
antigua en la puerta de una casa azul. Dentro de pocos minutos se irá el sol y todavía le
quedan fotos por hacer.
..... -Uno siempre regresa...-, repite Beatriz, esta vez sin terminar de pronunciar la frase.
..... -Será otro de sus lapsus de ensoñación-, piensa Alejandra. -Pero se le pasará pronto,
es inofensiva.
..... Beatriz mastica a menudo frases que nadie entiende, pierde la mirada entre las cosas,
se toca la nariz casi con desesperación -dice que es alergia- o toma algo entre las manos,
una flor, una hoja, una ramita que huele como si fuera ciega, y las manosea hasta
deshacerlas.
..... -Pero se le pasa pronto, es inofensiva-, suele decir Alejandra a sus amigos en su
defensa, cuando la mirada un tanto inquieta de ellos la preocupa.
..... -Para ser jueves el puerto está lindo y el día espléndido, -comenta Beatriz, mirando
ahora el ancho de la bahía.
..... -¿Jueves?, -pregunta Alejandra-, qué tiene que ver con que sea jueves. ¿Por qué?-,
insiste mientras cambia el rollo.
..... -Es un día horrible. No me levantaría nunca los jueves. Los eliminaría, si pudiera, por
decreto-, y comienza a rascarse furiosamente la nariz.
..... -Estás muy loca, estás loca de remate..., -murmura Alejandra y con una sonrisa
enfoca el detalle de un curioso candado de bronce.
..... Alejandra se apoya contra la baranda y adapta el lente a la fugitiva luz. Ella siempre
sueña con absorber, succionar el sentido de las cosas, de los rostros, volverlos diferentes
desde su mirada. Ese soberbio anhelo omnividente de los fotógrafos.
..... El viento le levanta el pelo en una larga bóveda dorada. Ondea unos instantes en el
aire para tocar la cara de Beatriz.
..... -¿Traicionaste alguna vez?
..... La pregunta sorprende a Alejandra. Respira hondo, traga saliva y no responde. Saca
el dedo del obturador.

7
..... -O, puesto de otra manera, ¿has soñado que matas algo o a alguien?
..... La rubia gira y queda casi de frente a Beatriz. Instintivamente busca, escondida detrás
del lente, los ojos oscuros, extraños, de su amiga y enfoca.
..... -Alguna vez. Quién no..., -responde inquieta mientras espera el punto de vista preciso
para atrapar esa extraña belleza de Beatriz que suele confundirla. -Pero sin resultados
relevantes, añade. ¿Por qué la pregunta?
..... -Nada especial. ¡Odio los jueves!, -repite Beatriz saliendo sin aviso de cuadro.
..... -¿A quién? ¿Qué mataste?, -pregunta Alejandra ahora con aparente curiosidad.
Contra su voluntad, presintiendo el riesgo, comienza a entusiasmarse y mueve la cámara
instintivamente para encontrar la fotografía que aún no logra hacer.
..... -Ya te dije. Nada, es solo una pregunta.
..... Un grupo de gaviotas pasa rasante por sobre las rocas. Alejandra l sigue. Apreta una y
otra vez... 6, 7, 8 veces el obturador.
..... Beatriz tiene el pelo oscuro y los ojos tristes. De nuevo en el objetivo, Beatriz lleva
como fondo un día de sol y esto parece molestarla. Esa luz que surge de lo más oscuro,
esa luz que ella tiene y que recién ahora Alejandra logra definir, entender. Esa errática
inteligencia, esas frases que parecieran no saber a donde van. Esa Beatriz que comienza
a acomodarse descaradamente entre sus cejas.
..... -Hace un año, exactamente aquí, en este mirador, cometí el crimen.
..... Beatriz sonríe. Lo repite, esta vez, lenta y perfectamente entendible.
..... El reloj Turri de Valparaíso marca las seis.
..... -Todo hombre mata lo que ama. Los valientes con una espada, los cobardes con un
beso-, susurra como si cantara.
..... Alejandra, confundida, trata de leer la intensidad de la luz en su cámara.
..... -No me gustan las baladas de cárceles y los príncipes infelices... Uno siempre
regresa, cuando ya no queda nada. Ni pedestal, ni golondrina... Ni delitos o juicios
pendientes. Es como si jamás hubiese ocurido nada y las cosas no son más que una
pesadilla. Aquí, contra este muro, hace un año, Felipe me besó. ¿Me besó? ¿Te acuerdas
de Felipe?, -pregunta Beatriz y mordizquea aplicada su dedo índice.
..... Mientras revisa sin motivo el lente, Alejandra reconstruye en su memoria el rostro. El
pelo canoso y revuelto, sus ojos grises, siempre cautelosos y astutos.
..... -¿Felipe? No muy bien-, miente con propiedad. Aprovecha de despejarse un mechón
de pelo que le tapa el lente.
..... -Contra esa pared, -dice Beatriz y señala un rincón-. Allí ocurrió. No recuerdo su
expresión, ¿me besó? No pude verlo, la luz de un viejo farol no me dejaba ver. ¿Cerraría
él los ojos? ¿Qué crees tú, Alejandra? Era muy tarde y yo tenía tanto frío... No recuerdo
siquiera si me tocó. Felipe abrió los brazos y senti su indolencia, la frialdad completa, esa
típica manera de no estar que suele tener para todo.
..... Beatriz se frota la nariz. -Y pensar Alejandra, que la gente dice que fue una puñalada
que le di a Horacio. La manera que tienen las personas de explicarse las cosas. ¿No?

8
Creo que después de besarnos bajamos hasta la playa. Pudimos incluso haber hecho el
amor, pero parece que yo debo haber preferido volver a dormir al hotel. En esos días yo
todavía era la novia de Horacio, pero estábamos de vacaciones. Alejandra tú sabes.
¿Nunca leíste algo de esto en los diarios?, -dice con profunda ironía. -Horacio jura que
hasta las piedras lo supieron y yo, yo casi no lo recuerdo, es tan distinto el parámetro
masculino... ¿No crees? Cuando una mujer besa, cuando el hombre besa... En fin, no sé
cuánto he pagado hasta hoy por eso -y continúa-, es extraño que no lo hayas sabido.
..... Lentamente Beatriz se deja resbalar contra la pared y se encoge en el suelo.
..... La cámara descansa sobre el pecho de una Alejandra desconcertada. No sabe a
dónde quiere llegar Beatriz con toda esa palabrería. Incluso el esfuerzo de volver a alzar
el lente es demasiado para ella.
..... -¿Quieres hablar de eso?-, pregunta Alejandra improvisando un ataque de coraje.
..... -Tal vez, - dice Beatriz levantando la voz. Su nariz pequeña busca en el aire algo,
quizás inspiración.
..... -Hay demasiadas cosas y no sé hasta qué punto las tengo confundidas. Quizás, como
todo, depende tanto de quién y del cómo se cuente la historia... El correcto punto de vista.
¿No es cierto, Alejandra? Tú ya sabes el lugar. Yo podría contarte el cómo. Tal vez
entonces podrías imaginar y hasta sentir lo que me pasaba en esos días...
..... Beatriz se pone ahora, lentamente, de pie. -Puedo hablarte muchas horas de Horacio,
que es el problema, y creo que no resolveriamos nada. Ya está todo hecho. Alguien,
ciertamente clavó un cuchillo esa noche y tantas otras, alguien que anda por las calles,
impune. ¿Cuánto costará una mentira, Alejandra?
..... -Otra pregunta de esas y te juro que te dejo aquí, - responde la rubia con sequedad.
..... -¿Qué estaría haciendo aquella noche Horacio? ¿Lo sabes, Alejandra?, -insiste-.
Podría hablarte tanto, pero no sé...
..... -Dicho así, una mentira puede costarle a alguien la vida-, advierte Alejandra mientras
guarda la cámara en el estuche. -Creo que la llegada de la noche te pone mal, diría que te
agudiza la obsesión... ¿Vamos ya?
..... -Empieza a caminar cerro abajo. Siente los pasos de Beatriz unos escalones más
atrás, casi con miedo de que se lance en una carrera loca y ruede por las escaleras. Se
siente responsable. Ha asistido de cerca a su lento proceso de deterioro, a su pérdida
abrupta de peso. Sabe que la debilidad la obligó a encerrarse en un largo abrigo negro.
Que es receptora de cuanta bacteria existe en el aire. Que ha perdido la capacidad de
concentración en el trabajo. Ha sido testigo del paulatino opacamiento de sus ojos y de la
aparición de las canas. -¿Qué sostiene a Beatriz?-, se pregunta Alejandra metiendo sus
manos en los bolsillos.
..... -Estoy cuidando un cadáver, -piensa mientras bajan las largas escalinatas. -Esta
manía mía de siempre sacar a los ciegos a mear. Pude haber venido sola. Pobre tipa,
pero ya está-, se contesta entrando al primer café que le parece decente como para
encontrar un baño limpio.
..... Unos momentos más tarde, ya refrescada, Alejandra encuentra a Beatriz sentada
contra una ventana. En silencio observa como mueve dos tazas de café y una copa de
vino tinto sobre la mesa. Beatriz busca la posición perfecta con dedicación casi científica

9
en el mantel a cuadros. Alejandra escucha la sirena de algún barco y mira instintivamente
hacia el mar, hacia el gran útero que siempre le parece el puerto. Por la Avenida Brasil
pasan los trolley de la tarde, los ómnibuses Verde Mar.
..... -El baño era sucio, como todos los del puerto -le dice y se sienta frente a ella. Pero la
frase da lo mismo. Beatriz continúa tratando de encontrar la exactitud imposible de las
tres piezas sobre el tablero. Decide romper la ceremonia y arrastra su taza para tomar el
café.
..... -Si A miente a B -dice Beatriz- y B miente a C, luego C miente a A... teoría de
conjuntos, te lo enseñan en la primaria, con circulitos, que uno ingenuamente llena de
colores para tratar de entender lo elemental: Que siempre nos mienten. No he pasado un
solo día sin recordar el peso exacto de mi crimen, -si como tal existió-, de las mentiras de
Horacio, de mis ridículos amores por él y del horrible asesinato de lo nuestro, según
declara. Lo más probable es que no haya sido en absoluto importante para nadie... en fin.
¿Qué es un beso furtivo al fin y al cabo? Pero yo parece que me convencí, y ese es el
problema. Si dicen que maté algo, o a alguien, debí tirar el cuchillo al agua, sin huellas,
estilo Polanski, eso sí.
..... -¿Dónde habrá estado esa noche Horacio? ¿Lo sabré alguna vez, Alejandra?
..... -¡Que sé yo dónde estaba Horacio! Tú sabes que no es santo de mi devoción. ¡Basta!
Sabes que te hace mal seguir insistiendo con el tema. Tú sabes mejor que nadie que
pudo haber estado con cualquiera... no creas que yo manejo más datos que tú...
..... -Tengo que sacármelo de los huesos -dice Beatriz alzando el rostro. Llora. Apreta las
manos y por un instante, Alejandra puede sentir sus deseos de romper la ventana de un
golpe.
..... -Los puertos son todos iguales, con olor a podrido y malos recuerdos -dice Beatriz
mirando por la ventana. Alguna vez vinimos juntos y me confesó que me quería. Creo que
jamás se perdonó esa declaración. Quizás no sabía que se podía querer tanto y tuvo
miedo.
..... Pasaron muchos meses hasta que pude concluir que el amor sirve para casi todo.
Cuando ya había aprendido la lección fue como siempre, demasiado tarde. Lo siento
Alejandra, no quiero aburrirte con este cuento aburrido de la mujer a destiempo en los
brazos del hombre perfecto. Estoy en la etapa de recuperación según mi sicólogo y me
hace bien hablar de estas cosas. Dice que la verdad, al transformarse en palabras, deja
de hacer tanto daño y debe ser cierto. Además, ¿no me era infiel casi todos los días?
Gracias por escucharme.
..... Crece el silencio. Recién cuando Alejandra nota que en las mesas comienzan a
consumir alcohol en vez de café vuelve la vista hacia la bahía enorme que empieza a
convertirse en un joyero de luces. Sobre el rostro de Beatriz se puede casi enumerar la
prolija secuencia del crepúsculo iluminándole la piel. En una reacción automática estira la
mano hasta el bolso donde guarda la cámara. Ahí está la foto que no ha logrado hacer.
Beatriz y la ventana, Beatriz con la cara húmeda y la tarde que la agrede. Pero ya no hay
luz suficiente.
..... -No, -dice Alejandra despacio-. Gracias a ti por contarme...
..... -Contarte la nada amiga. Ya te dije, es parte de la terapia. Tú siempre estuviste cerca
nuestro. ¿Qué estará haciendo Horacio ahora mismo? Es tan absurdo saber lo que hace

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Felipe, sus rutinas, el alcance de sus problemas o compromisos... tan fácil y casi ni lo
conozco... en cambio Horacio. ¿Qué crees tú que estará haciendo?
..... La pregunta cae al agua. Alejandra la mira hablar, Beatriz existe a pesar de todo.
Alejandra piensa en una niña atrapada en un horrible abrigo negro, demasiado grande
para dejarla asomar y se pregunta cuántas veces la ha aplastado sobre la cintura de
Horacio, cuántas veces se ha frotado contra ese cuerpo tratando de borrarla, de frente y
de perfil, cuánto ha gritado en su habitación que es una carita de nada, una chica
inconsistente... y él permanece en silencio, concentrado en no confundir los olores, los
temas, los rituales adquiridos en los largos años de oficio.
..... Beatriz sonríe y dice -la vida es tan rara Alejandra... solo me queda la idea de que
increíblemente puedo dormir tranquila ¿No crees que es un premio extraño? Vamos, se
está haciendo tarde.
..... Con frío llegan hasta el auto. Alejandra pone con cuidado el equipo y el bolso en el
asiento trasero.
..... Beatriz, se acomoda y enciende un cigarrillo. Abre la ventanilla y comenta -¿Sabes?,
alguna vez, en mis delirios llegué a pensar que todas mis amigas habían sido amantes de
Horacio, que en cada una de ellas estaba escondida una imagen, un detalle que conocían
y que yo recogía en conversaciones para torturarme sin pausa y luego recorría los
portales de sus casas buscando la evidencia... Frívolo, todos dicen que es un frívolo...
pero regresaba y me amaba, a su manera parece... Siempre regresó cuando estaba
cansado y necesitaba que yo lo dejara hablar hasta que se nos cerraban los ojos en la
madrugada. Es raro, lo único que tengo después de tanto tiempo son unas fotos que
alguién le sacó aquí en el puerto, ¿te das cuenta?-. Beatriz apaga el cigarrillo lentamente
e introduce las manos en los bolsilos. -Solo contigo, -dice entonces, -Alejandra, soy capaz
de hablar de esto... estás limpia, a él jamás le gustaron las rubias, jamás. Querida, has
trabajado toda la tarde, estás cansada y yo he hablado tanto... Si prefieres manejo yo....

MORIR DE MAÑANA
(cuento)

.......... Ella aparece un día, muerta de miedo sobre la vereda. El cuerpo endureciéndose a
cada minuto, el rostro transparente, casi celeste mirando todo lo que la sepulta. Ella murió
y el miedo se le escapa por la sien derecha ensuciando con una mancha oscura un par de
baldosas, y un mechón largo de pelo.
.......... Ella está mirando hacia arriba y nadie se acerca para cerrarle los párpados.
Columnas de piernas aceleradas desvían un par de metros el paso y miran en línea recta
hacia delante. No la ven deshaciendo sus huesos bajo el sol; tendrá que evaporarse o
dejar que el calor le funda el cuerpo estrecho contra el pavimento.
.......... En su mente, justo detrás de las cuencas, todos los que habitaban en ella están
quietos. Ahí, enorme, se extiende un telón, un espacio en blanco donde su último
pensamiento quedó suspendido... ahí espera a alguien que fue llamado por ella antes de
morir, uno al que quiso abrazar antes de apretar el gatillo, un par de ojos oscuros que no
la miran, (que se miran a sí mismos dentro de la retina de ella).

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.......... Antes de decir adiós, cerró los ojos y abrazó al hombre con dificultad, se estiró más
allá de sus fuerzas para alcanzarlo. Se mantuvo así unos instantes y sintió las manos de
él que la sostenían. Ella quiso decirle que iba a morir... imaginó la indolencia con que él
escucharía las tres palabras dichas casi en susurro.
.......... La mujer sumergida hasta el fondo de su inconciencia, alcanzó a sentir cómo el
cuerpo le latía y el ruido la llenó de placer.
... .. ... Muy despacio descendió desde su sueño y sonrió.
.......... Con cuidado, recogió la imagen fija en su piel para sepultarla luego en el lado triste
de sus ojos; se deshizo de él que seguía mirando hacia adelante.
.......... Disparó, y la bala pequeña fue atravesando sin obstáculo a lo ancho de su frente,
abriéndole paso a todos los otros que todavía vivían adentro de ella, dejándoles libre la
salida.
.......... El hombre que permanecía atrapado en la retina, trató en vano de escabullirse con
ellos, pero no pudo... una débil cortina de agua le impidió el paso.
.......... La mañana estaba abriéndose recién cuando ella terminó de morir. Lo hizo sin
ruido, sin llamar la atención. Un cadáver bello que estaba al paso; una escultura colocada
por error en el museo equivocado.
......... Así permanecieron muchas horas, hasta que una sombra se detuvo al lado del
único cuerpo muerto de tristeza sobre la vereda, y, sin ceremonia alguna, le bajó los
párpados.
ACTO DE PRESENCIA
(cuento)

.......... Se te acabó el impulso de respirar esa tarde, y caíste total y absoluto sobre la
alfombra, cerca de la cama.
.......... El ruido inquietó las cosas que llevabas en los bolsillos; la billetera se apretó en
dos y la fotografía de una mujer se recogió triste entre las tarjetas de visita. La agenda
quedó inútil, el calendario agonizó, y tu mano no se estiró lo suficiente para encender la
luz.
.......... Iban a pasar muchas horas antes de que alguien te encontrara y te recogieran en
vilo varios brazos para elevarte sobre una mesa rectangular y angosta, partir en dos el
centro del cuerpo, abrirte algo más que la camisa buscando la razón lógica para morirse
así, tan de golpe.
.......... Cuando tengan la ficha completa y te hayan zurcido la superficie plana y oscura, te
llevarán a un lugar muy tranquilo.
.......... Es ahí donde yo entro en esta historia, llorando para siempre frente a tus ojos
cerrados.
.......... Algunos pensarán que fui tu mujer y se apartarán para hacerme lugar. Como voy a
estar con sombrero, no van a tener nunca la certeza de reconocerme y especularán
nombres que no conozco.

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.......... Pediré ordenar tus cosas, abriré tus cajones, espiaré tus libretas, tan segura como
una madre y nadie podrá detenerme.
.......... Luego voy a caminar lenta en el cortejo, un poco más atrás de tus padres, que
apenas si se sostendrán ellos mismos de tanta pena que empujan.
.......... Sí, atrás y de frente me vas a sentir, paso a paso sobre el barro que estará
ensuciando mis zapatos. Tú, adentro, a salvo, limpio y brillante, hinchado de algodones
que te sujetan las orejas, y yo nerviosa, jugando una y otra vez con un alfiler en el bolsillo,
pinchándome los dedos en una obsesiva actitud de dolor.
.......... Tendrás ganas de levantarte. Voy a ver cómo se te aprietan las manos. Alguien, sé
que va a suceder, va a mirarme de reojo, algo inquieto, levantando las cejas. Es porque
voy a estar disimulando una sonrisa y lo va a notar. Pero accidentalmente voy a tropezar,
apoyándome en el primer hombre que encuentre, para que se trague su error. ¡Imaginarse
que no tengo nada que ver en este entierro!
.......... Tengo que asegurarme. Tomar todas las precauciones hasta verte desaparecer,
obtuso bajo la tierra, ojalá más profundo que lo normal, bien adentro para que nadie
escuche cómo te reías de mí, de mi cuerpo desarmado o cuando no abrías la puerta,
cuando no sólo era tu risa la que sonaba y eran dos, con el eco que me dolía hasta los
huesos. Yo, que presentía este final.
.......... Nunca me equivoco. Fue el corazón que no te resistió más, dijeron los médicos. Te
lo dije tantas veces, pero no escuchaste a una amante vieja, nadie nos escucha después.
.......... Pero ahora sé que me estás prestando atención. Luchas por salir a abrazarme.
Recién ahora te das cuenta de que te sigo siendo fiel.
.......... Todo ha terminado. La tarde empieza a refrescar y te cubren varios metros de tierra
húmeda.
.......... Aquí quedo yo y nadie más, a punto de desaparecer del cementerio y para
siempre. Una despedida a solas para desvanecerme un poco contigo, antes de que
alguien encuentre a la otra, la de la billetera, con un canal muy fino entre los ojos, delgado
como un alfiler, clavada sobre la almohada de su cama.
UN NEGRO CANARIO

Es interesante el oficio de araña de rincón. Por lo general tenemos el privilegio de notar


mejor las peculiaridades de los bebedores, tanto los congénitos como los de ocasión, que
suelen creer que ahogar las penas es una frase que debe aplicarse si no a diario, por
primera vez alguna vez.
..... Pero las penas nadan con un estilo envidiable. Es por eso que busco los rincones
apartados para estudiar en silencio los progresos de las mías.
..... Llego al bar por la tarde para esquivar, como tantos, el retorno inevitable al
departamento, un par de cuadras más hacia el Parque. Soy un bebedor educado, casi a la
antigua gracias a la buena escuela heredada de mi padre, que insistía en que jamás un
hombre decente debe llevar una mancha de alcohol en la camisa o la corbata. Sólo
cuando el calor es sofocante me permito desabrochar el primer botón para descansar el
cuello y así poder observar mejor a la concurrencia.

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.... Han pasado los años y pudiera decirse que soy parte del decorado general, un poco
oscuro y ajado también, pero digno, sin duda.
..... Participo de la manada ya sin cuestionarme, como alguna vez, la devoción por beber
que me naciera del desencanto absoluto de haber perdido algo, alguien, tontamente,
como sólo se pierden las cosas importantes.
..... Saludo con la cabeza al viejo Felipe Riera que se acerca a la mesa inmediatamente a
la izquierda de la entrada mientras pide media botella de vino. Unos minutos más tarde
llega su primo Hernán Santa María, el abogado, cargando varias carpetas llenas de
legajos que, pienso a veces, corren más riesgo entre estas paredes que en Tribunales.
..... Felipe es un tipo agradable. Alguna vez hemos conversado y me ha mostrado los
poemas que escribe, graciosos, sin duda, llenos de una frescura poco común en estos
días. Santa María, en cambio, no es santo de mi devoción particular. Algo rancio le afecta
la mirada cuando observa a contraluz su vaso de gin-tonic en una exploración autista que
ni la clarividencia de Aníbal, el mozo de los días de semana, ha sido capaz de dilucidar.
..... El resto, lo de siempre. Llegarán todos a ocupar sus lugares, unos antes que otros,
como cuando el cielo ya se ha llenado de estrellas y recién entonces nos damos cuenta
que es noche cerrada.
..... "Este lugar parece un museo", me ha comentado Aníbal alguna tarde cuando el
silencio todavía es un refugio tibio en esta esquina.
..... El barman repasa aplicado la barra con un paño húmedo levantando huellas de copas
y conversaciones que quedan pegoteadas sobre la madera: un brindis improvisado,
quizás alguna confesión o una ironía de la noche anterior. Es lo único que sobrevive del
frágil testimonio de cierto parroquiano romántico o del discurso de un despechado sin
remedio desapareciendo sin destino entre un manojo de hilachas.
..... Me viene a la memoria la figura gruesa de Azteca Muñoz cantando a voz en cuello
"Maravilloso corazón, maravillossso...", interrumpiendo cualquier diálogo posible,
interrumpiendo quizás a Sara, pero todavía no he hablado de ella.
..... Azteca, desfinado y melancólico por siempre ahogado en su vodka solo, insistiendo en
que la vida es una mala broma y otras banalidades por el estilo. "Maravilloso corazón,
maravillossso", me resuena a veces en el oído mientras camino las lentas cuadras de
regreso a casa.
..... "Yo creo que acá andan todos medios locos", me confidencia Aníbal llenándome la
copa con generosidad. "igual hay gente buena, un poco triste pero buena... Las cosas que
uno se entera", dice suspirando, con ojos conspiradores. "A veces hasta un golpe me he
llevado, por casualidad, claro. ¿Alcanzó a estar usted esa noche, no hará más de una
semana? ¿Supo lo de ...?"
..... Paladeo mi vino mientras me cuenta las intimidades de una historia que poco o nada
me interesa, pero que lo convierte en portador de un suceso que sé es boca de muchos,
pero que insisto, no me interesa.
..... "...y le prometo que lloraba, yo lo vi...", finaliza con la bandeja abrazada y la cadera
contra la mesa. Un soldado en posición de descanso, pienso. Pienso también que para
infidelidades y demases, me sobra con las mías.

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..... Sara debe ser la única que se resiste a naufragar entre estas paredes. Poco se sabe
de ella, además de su delgadez extrema y que canta con voz ronca. Alguna noche me ha
tocado asistir a su ceremonia y suelo acompañarla cuando cierran, para caminar hasta la
avenida donde toma un autobús solitario que transita todavía a esas horas de la
madrugada.
..... A veces gira el rostro al subir y creo ver una lágrima resbalándole del lado derecho al
izquierdo como una cicatriz de agua que le estropea el maquillaje. Tiene la piel
transparente y unas suaves ojeras como una acuarela de vino tinto. A veces me besa
rápido cerca de la boca. Otras, cuando su mano suelta la mía, tiemblo un poco.
..... Vive hacia el sur, es claro.
..... Pero ha sido sólo en ocasiones especiales. Por lo general no la encuentro y me dan
las doce conversando con algún joven escritor perdido en la pradera editorial o con el
buen amigo dibujante en la barra, siempre imaginando que debemos ser una agrupación
de gárgolas rescatadas por error de alguna cornisa. Si hay poca gente, prefiero quedarme
en mi mesa, la de la esquina derecha, tomando notas para algún artículo que tenga que
escribir. En fin, el vino siempre ha sido un buen analista del sistema.
..... Hacia el fondo del local la arquitectura se empeñó, quizás por un error del calculista,
en configurar un curioso dintel de madera de roble donde suelo enfocar los ojos buscando
de vez en cuando una palabra en fuga. Lo habitual es que sea el mínimo escenario donde
Sara improvisa cada tanto una canción.
..... Se acerca desde la puerta del fondo con los hombros descubiertos, interrumpiendo
por una fracción de minuto las conversaciones, mostrando una palidez soberana y larga
que encalla en un par de guantes negros trenzados en un nudo de dedos largos
atrapados en un micrófono antiguo.
..... Sara canta tangos y no confunde ni olvida una palabra jamás. Me sorprende su
capacidad de retener tanta memoria ajena. Es algo que le ocupa la garganta en frases no
dichas, en un dolor profundo que pareciera arrastrar desde hace siglos y que confieso me
conmueve, aunque sea incapaz de admitirlo frente a ellos.
..... Sé que no le piden que lo haga, ni siquiera le pagan por hacerlo. Es casi una obra de
caridad, arma de doble filo sin duda, pero imposible de evitar.
..... Si fuera creativo imaginaría que ella también perdió algo importante alguna vez y que
en cierta manera el local se ha hecho cargo del asunto, pero no lo soy, evidentemente, y
me sumo al coro de indolentes casi convencido de que no es mi problema.
..... Sara canta y eso duele.
..... A su alrededor, un enjambre de cables desconectados a propósito para no escucharla,
la acechan, casi un racimo de víboras lamiéndole el vestido. Lo hemos decidido así, para
proteger nuestro silencio a toda costa.
..... Dicen que fue Samuel, el mismo Samuel Roth, el de la bendita idea. Una noche
comentó que Sara le recordaba mucho a una novia inglesa que tuvo alguna vez, una de
aquellas que pudo ser la madre de sus hijos. "No quiero siquiera verla. Escucharla,
menos. ¿Están todos locos?", preguntó, enumerando a continuación una serie de
sentencias lapidarias acerca de los café-concert y la decadencia total del arte en este fin
de siglo. Para terminar, citó con propiedad una frase de rigor absoluto: "No hay caso con

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ustedes. Son una tropa de románticos inútiles". Sostuvo su whisky en alto y, con la
dignidad de un príncipe etíope, selló su condena.
..... Nadie se opuso, un poco por indiferencia o por no hacer del tema un conflicto personal
con Samuel. Fue así que Sara pasó casi sin darse cuenta a la categoría de "non grata".
..... Confundida por las voces, sonrió nerviosa detrás del micrófono y, con un resto de
patético decoro, siguió hasta terminar de cantar "Sur", con un registro que la Rinaldi le
hubiera pedido prestado.
..... Dicen que fue Roth, creo, o así me lo contaron. Yo no estaba esa noche ahí, pero ni
de eso estoy muy seguro y en rigor, no tiene ya la más mínima importancia.
..... Sara ha seguido cantando.
..... Cuando lo hace, sólo nos estremecemos un poco y bebemos apurados el resto de los
tragos que bajan por la garganta hasta hincharnos los vientres: enormes y azules globos
húmedos.
..... Me pregunto a veces si ella habrá provocado alguna confidencia sobre la barra o si
alguien, además de mí, piensa por su culpa con nostalgia en algo que ni siquiera adquiere
una forma definida en el recuerdo. Confirmo que a navajazos he borrado tanta cosa inútil
y la odio un poco por recordármelas.
..... Quizás alguna vez le preguntaré a Aníbal al respecto. Seguramente sabrá algo que
terminará por convertirla en un animal tan intrascendente como yo.
..... Insisto en mi aversión hacia ella, pero curiosamente se me pasa cuando la veo
recoger sus cosas, buscándome con los ojos en una complicidad torpe que sólo me llevan
la mano al bolsillo para pagar su cuenta y a tomarla del brazo mientras guardo mis
papeles.
..... Al salir, Felipe nos brinda un guiño, mientras Hernán nos saluda interrumpiendo la
científica contemplación de su vaso. Creo ver en sus expresiones una suerte de
agradecimiento por sacarla de ahí, un pacto tácito al que se suma Aníbal, que nos
sostiene gentilmente la puerta. Adentro permanecen Samuel y los otros, a buen resguardo
de nosotros, entibiándose el alma, bebiendo juntos hasta que el ruido de las sillas
acomodándose sobre las mesas les recuerde que también deben irse. Como siempre,
prefiero no sospechar siquiera lo que hablan.
..... La noche nos recoge con indolencia y caminamos en silencio hasta que la abandono
en el triste ómnibus del cual ya he hablado.
..... Bebo una última copa y pienso con temor que quizás Sara sea la única que late
todavía entre las mesas donde todos navegamos indiferentes. Alguna vez he considerado
la posibilidad remota de sacarla pronto de aquí, llevarla lejos, tal vez conmigo, no estoy
muy seguro por qué... y que no vuelva. Quizás porque algún día, pronto, lo sé, se va a dar
cuenta de que nadie la escucha, que nadie necesita nada, ni despertar ni recordar. Quizás
comprenda al fin, que no hay lugar posible aquí para canarios como ella y quién sabe si
no reflexione al fin y no regrese más. Será recién entonces cuando yo, definitivamente,
pueda empezar a olvidarla.

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