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STC18432 2016

La Corte Constitucional decidió sobre la impugnación de una sentencia que negó la ejecución de una orden de alimentos, argumentando que el juez no consideró adecuadamente el título ejecutivo y la presunción del salario mínimo. Se concluyó que el fallo impugnado vulneró derechos fundamentales del demandante al no seguir los procedimientos establecidos. La Corte ordenó revocar la decisión anterior y continuar con el trámite de la demanda de alimentos.

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STC18432 2016

La Corte Constitucional decidió sobre la impugnación de una sentencia que negó la ejecución de una orden de alimentos, argumentando que el juez no consideró adecuadamente el título ejecutivo y la presunción del salario mínimo. Se concluyó que el fallo impugnado vulneró derechos fundamentales del demandante al no seguir los procedimientos establecidos. La Corte ordenó revocar la decisión anterior y continuar con el trámite de la demanda de alimentos.

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MARGARITA CABELLO BLANCO

Magistrada ponente

STC18432-2016
Radicación n.° 17001-22-13-000-2016-00440-01
(Aprobado en sesión de catorce de diciembre de dos mil dieciséis)

Bogotá, D. C., quince (15) de diciembre de dos mil


dieciséis (2016).

Decídese la impugnación interpuesta contra la


sentencia de 22 de septiembre de 2016, mediante la cual
la Sala Civil-Familia del Tribunal Superior del Distrito
Judicial de Manizales concedió la tutela promovida por
Juan Camilo López Rendón frente al Juzgado Sexto de
Familia de esa urbe.

ANTECEDENTES

1.- El gestor, actualmente mayor de edad,


reclama la protección constitucional de sus derechos
fundamentales al debido proceso, igualdad y « acceso a la
administración de justicia», presuntamente vulnerados por el

despacho encartado en el juicio ejecutivo de alimentos


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que otrora a través de su madre le formuló a su


progenitor Jesús Humberto López Botero.

2.- Arguyó, como sustento de su reclamo, en


síntesis, lo siguiente:

2.1.- Con base en un «acta de conciliación» de 2010,


«en la cual se acordó [a su favor] una cuota por alimentos del 30%
de los ingresos del [alimentante] », el día 26 de enero de 2016

presentó el libelo que originó el sub lite, móvil por el cual


la célula judicial recriminada al efecto libró la orden de
apremio correspondiente.

2.2.- Agotados los trámites procedimentales de


rigor, entre los que surgió una no aceptada propuesta
conciliatoria por parte del juzgado entutelado relativa a
«rebaja[r] la cuota acordada […] al 25%», además de darse el
«desisti[miento] de los testimonios de la parte demandada »,
dictóse sentencia de 24 de agosto de 2016, en que el
operador judicial encartado resolvió no proseguir con la
ejecución.

Ello, acota, quebranta sus prerrogativas habida


cuenta que «[n]o obstante haberse presentado la liquidación en
forma correcta, mes a mes, año tras año con los valores
respectivos, el […] juez [querellado], manifiesta que no [se]
cumple[n] las condiciones de un título ejecutivo, por cuanto se
debió haber liquidado de acuerdo a lo que ganaba el demandado en

cada empleo», lo que es « algo imposible», máxime cuando el

artículo 155 del Decreto 2737 de 1989 establece que


«[c]uando no fuere posible acreditar el monto de los ingresos del
alimentante, el juez podrá establecerlo tomando en cuenta su

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patrimonio, posición social, costumbres y en general todos los


antecedentes y circunstancias que sirvan para evaluar su
capacidad económica. En todo caso se presumirá que devenga al

menos el salario mínimo legal », esto de un lado; y, de otro,

que «si las excepciones no fueron declaradas probadas », no


había «razón» para condenarlo «a pagar agencias en
derecho».

3.- Depreca, conforme a lo relatado, que « se


revoque en su totalidad todo lo actuado en la audiencia celebrada
el día 24 de agosto de 2016 [… y] declarar nula la condena [en

costas] por un valor de $ 689.000 »; anejo a ello, «ordenar […]


condenar al demandado al pago de las sumas adeudadas por
concepto de alimentos y que la demanda continúe con el tr[á]mite
normal, aplicando nuevamente el embargo del 20% que tenía el

demandado para el proceso ejecutivo».

4.- El presente asunto se admitió a trámite


mediante determinación de 9 de septiembre de 2016 (fol.
15, cdno. 1), y fue resuelto por providencia del día 22 del
mismo mes y año (fls. 28 a 36, idem).

LA RESPUESTA DE LOS ACCIONADOS

El juzgado encartado, en compendio, deprecó que


«se tengan en cuenta los argumentos esgrimidos en la sentencia
atacada y el carácter excepcional que tiene la tutela contra las

sentencias judiciales»; a más, adujo que « el accionante hoy


mayor de edad, cuenta con otro medio para hacer valer sus
derechos, como lo sería incoar de nuevo demanda ejecutiva de
alimentos, en el entendido que el titular que en su momento dictó
el fallo, se respaldó en una aparente deficiencia del título ejecutivo
aportado, decisión que en [ú]ltimas al parecer propende en

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amparar los intereses del ahora accionante, con la finalidad de que


persiga incumplimiento alimentario con base en los ingresos reales

[de] JESÚS HUMBERTO LÓPEZ y no con el salario mínimo» (fol. 27).

LA SENTENCIA IMPUGNADA

El tribunal a quo otorgó el amparo rogado y, en


consecuencia, tras «dejar sin efecto» el fallo de 24 de
agosto de 2016, ordenó que la célula judicial acusada
«emita nueva decisión».

Ello, en sinopsis, dado que « dentro del proceso ejecutivo


de alimentos por el [censor] promovido contra su progenitor […],
en sentencia del 24 de agosto del presente año, [el despacho
acusado] ordenó no seguir adelante con la ejecución […], bajo el
argumento de que no existía prueba que permitiera establecer el
monto adeudado dentro de dicho trámite, pese a que ante la
imposibilidad de establecer el salario devengado por el
alimentante, la liquidación de lo adeudado se efectuó con la
presunción del salario mínimo legal mensual vigente de cada año

durante el cual incumplió con el pago de la cuota alimentaria ».

Expuso, entonces, que «[l]a decisión atacada es la


sentencia adiada el 24 de agosto del presente año vista en medio
magnético […]. Y una vez revisada, se evidencia que […] adolece
de error fáctico que vulnera el derecho fundamental al debido
proceso del joven López Rendón, pues la misma no se ajusta a los
preceptos procedimentales establecidos en el artículo 430 del C. G.
P., que regula el proceso ejecutivo, específicamente lo referente a
la etapa procesal en que se deben discutir los requisitos formales

del título ejecutivo», amén que «debe tenerse muy presente que
dentro del [sub lite], al tenor de lo preceptuado en el artículo 152
del Decreto 2737 de 1989 aún vigente por no estar comprendido

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dentro de la derogatoria que hiciera […] la Ley 1564 de 2012, “no

se admitirá otra excepción que la de pago”».

Precisó, al efecto, que el « juez de conocimiento del


proceso objeto de estudio […] determinó que no continuaba
adelante con la ejecución (min: [Link], C. D[.] Ejecutivo de
Alimentos), pues puso en tela de juicio los requisitos formales del
título ejecutivo al considerar que el mismo no era claro dada la
imposibilidad para determinar el monto adeudado por el ejecutado,
señalando que el [promotor] no aportó las pruebas suficientes para
poderlo establecer, como son los certificados donde se registre el
salario devengado por el ejecutado Humberto López, ya que en la
conciliación se pactó la cuota alimentaria en un 30% del salario
devengado por el alimentante, pero en ningún aparte se consignó
cuál era ese sueldo sobre el que se debía dicho porcentaje, sin que

fuera posible suponerlo», decisión que, continuó anotando,

«se avizora flagrantemente apartada de las normas


procedimentales rectoras del trámite ejecutivo consignadas en el
Estatuto Procesal Civil actualmente vigente, particularmente la
citada en líneas precedentes, en atención a que la misma es
precisa en señalar que los requisitos formales del título ejecutivo no
pueden ser estudiados de oficio por el juez luego de haberse
librado mandamiento de pago y cuando no se hubieren atacado por
vía de recurso de reposición impetrado por el demandado, y en el
caso objeto de análisis pese a que ese medio de impugnación fue
interpuesto […] no se le dio trámite por haber sido formulado
extemporáneamente […], lo que acarreó que contra dicho título no
se podía admitir ninguna controversia posterior y menos

desconocer la eficacia adquirida por el administrador de justicia ».

Asimismo, adujo que «frente al argumento esgrimido por


el titular del despacho accionado respecto a la supuesta falta de
prueba que determinara el salario del obligado a pagar alimentos,
ha de indicarse que, como bien lo precisó el accionante en su

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escrito de tutela, cuando no es posible determinar el salario


devengado por la persona que debe alimentos, debe aplicarse la
presunción de que devenga el salario mínimo legal mensual, como
lo prevé el artículo 155 del Decreto 2737 de 1989, que igualmente
conserva vigencia, […] norma reiterada en el artículo 129 de la Ley

1098 de 2006, también en pleno rigor aún».

Conforme a todo lo anterior, sostuvo a manera de


colofón que «el funcionario de conocimiento del proceso ejecutivo
por alimentos soslayó groseramente no solo lo preceptuado en el
inciso 2° del artículo 430 del Código General del Proceso al declarar
oficiosamente en la sentencia defectos formales del título ejecutivo
cuando ello no se discutió mediante recurso de reposición como lo
impone la normativa, sino que pasó por alto, en el curso de la
actuación, tener presente que la única excepción admisible dentro
de las ejecuciones de esa índole es la de pago, conforme lo
consigna el artículo 152 del Decreto 2737 de 1989. Aunado a lo
anterior, incurrió también en defecto sustantivo al desconocer lo
dispuesto en el artículo 155 del aludido decreto (Código del Menor)
que permite presumir que el alimentante u obligado devenga al
menos el salario mínimo legal cuando no es posible acreditar el

monto de sus ingresos» (fls. 28 a 36).

LA IMPUGNACIÓN

La formuló Jesús Humberto López Botero, quien


funge como ejecutado en el sub examine, señalando que
«el t[í]tulo ejecutivo no solo se compone del acuerdo al que
llegaron las partes, si no [sic] también de un complemento, el cual
indicaba cu[á]nto [él] ganaba en determinado momento para
calcular correctamente el valor adeudado y no establecerlo como
indicaba el [tutelista] sobre un salario mínimo, pues el día de
mañana se podría presentar una demanda nuevamente cobrando
los valores que realmente comprendía el descuento del 30% sobre

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la obligación y no sobre el salario mínimo, por lo cual se


presentaron las excepciones y que efectivamente en la demanda

sal[ió] victorioso al prosperar[l]e dicha excepción ».

Agregó que si bien «el artículo 152 del Código del Menor,
establece que en e[s]os procesos lo único que el demandado puede

hacer, es proponer la excepción de pago », lo cierto es que de

acuerdo al derecho pretoriano « en aras de procurar un mayor


equilibrio entre las partes, el demandado puede proponer otras
excepciones de mérito, y en este orden de ideas, podría alegar, a
manera de ejemplo, y sí este fuere el caso, excepciones de fondo
tales como: i) Prescripción, ii) Novación, iii) Compensación, iv)
Confusión, v) Remisión y vi) Transacción, que son algunas de las
formas de extinguir la obligación, de conformidad con lo
preceptuado en el artículo 1625 del Código Civil» (fls. 41 a 43).

CONSIDERACIONES

1.- La reiterada jurisprudencia ha sostenido, en línea


de principio, que este amparo no es la senda idónea para
censurar decisiones de índole judicial; sólo,
excepcionalmente, puede acudirse a esa herramienta, en
los casos en los que el funcionario adopte alguna
determinación «con ostensible desviación del sendero normado,
sin ecuanimidad y apoyado en el capricho o en la subjetividad, a tal

punto que estructure ‘vía de hecho’», y bajo los supuestos de

que el afectado concurra dentro de un término razonable


a formular la queja, y de que «no disponga de medios
ordinarios y efectivos para lograrlo» (ver entre otras, CSJ STC, 3

de mar. 2011, rad. 00329-00).

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El concepto de «vía de hecho» fue fruto de una


evolución pretoriana por parte de la Corte Constitucional,
en vista de la necesidad de que todo el ámbito jurídico
debe respetar los derechos fundamentales como base de
la noción de «Estado Social de Derecho» y la ordenación
contemplada en el artículo 4 de la Carta Política. Así hoy,
bajo la aceptación de la probabilidad que providencias
desconozcan prerrogativas esenciales, se admite por
salvedad la posibilidad de amparar esa afectación siempre
y cuando se cumplan los siguientes presupuestos: l.
Generales: «a) Que la cuestión que se discuta resulte de evidente
relevancia constitucional; b) Que se hayan agotado todos los
medios ordinarios y extraordinarios de defensa judicial al alcance
de la persona afectada, salvo que se trate de evitar la consumación
de un perjuicio iusfundamental irremediable; c) Que se cumpla el
requisito de la inmediatez; d) Cuando se trate de una irregularidad
procesal se indique que la misma tiene un efecto decisivo o
determinante en la decisión que se impugna y que afecta los
derechos fundamentales de la parte actora; e) Que la parte actora
identifique de manera razonable tanto los hechos que generaron la
vulneración como los derechos vulnerados y que hubiere alegado
tal vulneración en el proceso judicial siempre que esto hubiere sido

posible y f) Que no se trate de sentencia de tutela» y, 2.

Especiales: «a) Defecto orgánico; b) Defecto procedimental


absoluto; c) Defecto fáctico; d) Defecto material o sustantivo; e)
Error inducido; f) Decisión sin motivación; g) Desconocimiento del

precedente y h) Violación directa de la constitución » (C-


590/2005, reiterada, entre otras, en SU-913/2009 y T-
125/2012).

2.- Observada la censura planteada, resulta evidente


que el reclamante, al estimar que se obró con desprecio

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de la legalidad, enfila su inconformismo contra la


sentencia de 24 de agosto de 2016, emitida por el
despacho acusado dentro del sub judice, por
supuestamente incurrir en causal específica de
procedibilidad por defectos fáctico y material.

3.- Obran como acreditaciones que dan cuenta de


las actuaciones atañederas con el preciso motivo de
reclamación, las siguientes:

3.1.- Acta de conciliación aprobada por el juzgado


querellado de 28 de mayo de 2010, presentada como
soporte del pretenso recaudo, en donde se acordó que
«[a] partir del mes de junio del año 2010, […] Jesús Humberto
López Botero pagará como cuota alimentaria con destino al [en ese
entonces] menor Juan Camilo López Rendón el equivalente al 30%
de sus ingresos dentro de los cuales se incluyen los siguientes
rubros: salario, primas legales y extralegales, vacaciones,
bonificaciones, indemnizaciones, arreglos con la empresa,
cesantías. Dineros que cancelara dentro de los primeros cinco días
de cada mes a partir del mes de junio del año 2010, a través de

consignación que hará en la cuenta de depósitos judiciales […] ».

Aparte, en ella se consignó que el alimentante « dentro de


los cinco días siguientes al presente acuerdo, acreditará ante e[s]e
despacho una certificación completa de sus ingresos y beneficios
laborales para que acá mismo se pueda llevar el control del pago

de su cuota alimentaria» (fls. 3 a 5, cdno. 1).

3.2.- Documento levantado de la audiencia pública


adelantada dentro del sub examine el 24 de agosto de
2016, en la que se resolvió: « PRIMERO: NO SEGUIR ADELANTE

con la ejecución en este proceso ejecutivo donde es ejecutante […]


JUAN CAMILO LÓPEZ RENDÓN y ejecutado JESÚS HUMBERTO LÓPEZ BOTERO

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p[o]r los motivos expuestos. SEGUNDO: ORDENAR levantamiento de


la medida de embargo practicadas en este proceso. TERCERO:

ENTREGAR al ejecutante los dineros allegados al proceso por expresa


autorización del demandado. CUARTO: CONDENAR en costas al
ejecutante y a favor del ejecutado, las cuales serán tasadas por la
Secretaría del despacho en la oportunidad legal, las agencias en
derecho se tasan desde ahora en $[Link]. QUINTO: Ordenar el
desglose de los anexos presentados con la demanda. SEXTO:

ARCHIVAR el proceso previa anotación en el libro radicador del


despacho y en el sistema siglo XXI. SÉPTIMO: Por su
pronunciamiento oral las anteriores decisiones quedan notificadas

en ESTRADOS» (negrilla original; fls. 6 a 8, idem).

3.3.- Disco compacto contentivo de la audiencia


en que se dictó la sentencia cuestionada de 24 de agosto
de 2016.

Allí, el juzgado cuestionado, entre otras


reflexiones manifestó que el extremo ejecutante solicitó
que se librara orden de apremio por concepto de « cuotas
alimentarias» adeudadas desde agosto de 2010 hasta el

2016, las cuales ascienden a $12’386.116,oo M/Cte.,


sumas que fueron «tasadas en salarios mínimos».

De seguido puso de presente, tras leer el tenor


del acta de conciliación base del cobro, que el ejecutado,
aparte de haber interpuesto extemporáneamente recurso
de reposición contra el mandamiento de pago, al que por
tanto no se le dio trámite, formuló las excepciones
perentorias denominadas «cobro de lo no debido», «pago
parcial», «fraude procesal» y «falta de legitimación en la causa

por activa».

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Relievó que, entre otras, obran como pruebas el


registro civil de nacimiento del tutelista, la escritura
pública de cesación de efectos civiles del matrimonio
católico otrora habido entre los padres del gestor, así
como un «informe general» expedido por el FOSYGA que
da cuenta de que el ejecutado tuvo trabajo en varias
épocas, unas como «cotizante» y otras como «beneficiario»,
aparte de los interrogatorios de parte recaudados.

Referente a las excepciones de mérito adujo que


la legitimación en la causa por activa está dada, en razón
que a la época de presentación de la demanda el quejoso
era «menor» de edad y por ende su madre estaba
autorizada para incoar el libelo genitor, máxime que el
peticionario al haber asumido su propia representación
«también lo legitima para ello»; expresó de inmediato que no
ve fraude procesal ninguno, por lo que se trata de una
defensa «que no vale la pena»; el «pago parcial» de la
obligación no tiene sustento probatorio.

Relativamente al «cobro de lo no debido» puso de


presente que, conforme al artículo 422 del Código General
del Proceso, es ejecutable toda obligación clara, expresa y
exigible que se yerga como plena prueba en contra del
deudor, de lo cual surge que como en el acta de
conciliación de 2010, que sirve de título ejecutivo para
sustentar el cobro, quedó establecido que el alimentante
debía pagar el 30% de los ítems allí precisados y que si no
obraba lo anterior le incumbía entonces al ejecutante
demandar por tal porcentaje, acreditando dicha obligación
y aparte de ello determinar « cuáles fueron esos rubros que él

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devengó efectivamente y la verdad es que en este expediente no

aparece prueba» de lo que el ejecutado « ganó» desde

agosto de 2010 hasta «el momento», esto es, que «no hay
una cifra numérica que […] permita con claridad, efectividad,
expresividad, deducir cuál es el 30% […] y no es porque uno lo
calcule arbitrariamente, no, […] la parte demandante lo calculó
sobre la base del salario mínimo legal y sobre el salario mínimo

legal nunca se habló en la diligencia de conciliación » de 2010,

aconteciendo que la proporción fijada lo era « sobre los


ingresos reales» del alimentante, por lo cual « la conciliación
implicaba que era cuando él trabajara dependiente en una

empresa», involucrando lo propio que « la parte demandante


como título ejecutivo debió haber acreditado no solamente el acta
de conciliación que en su momento se hizo sino los valores

efectivamente devengados» por el ejecutado «durante este

tiempo para poder sacar el valor de lo realmente debido »,

acaeciendo que «si la audiencia de conciliación estuvo bien o


mal hecha sin prever el futuro incumplimiento es otra cosa, pero

eso fue lo que se hizo en el año 2010».

Así las cosas, predicó, que era menester


demostrar la existencia de un «título complejo» conforme
así lo estableció la Corte Constitucional en sentencia T-
996 de 2012, y dado que tal no se arrimó completamente
lo propio depara que, dado que no hay lugar a efectuar
«elucubraciones, suposiciones o racionamientos lógico jurídicas »
para predicar la existencia del título ejecutivo, es que por
el ejecutado no se asumió la carga de la prueba ya que no
demostró «con los certificados laborales correspondientes el valor
exacto de la obligación» contraída por el alimentante, sin que

se puedan «suponer unos ingresos» (pieza procesal número


9, idem).

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4.- La Corte confirmará la sentencia impugnada,


por las razones que a continuación se exponen, tocantes
con que la célula judicial recriminada sí incurrió en
anomalía pero solamente en cuanto a que
inadecuadamente determinó la falta de integración del
«título ejecutivo complejo» presentado para el recaudo.

Empero, ello no se pregona en lo relativo a la


oficiosa revisión de la documental a que alude el precepto
422 del Código General del Proceso, o a haber procedido
al examen de las excepciones de fondo propuestas por el
ejecutado.

4.1.- Los funcionarios judiciales han de vigilar que al


interior de las actuaciones procesales perennemente se
denote que los diversos litigios, teleológicamente, lo que
buscan es dar prevalencia al derecho sustancial que en
cada caso se disputa (artículos 228 de la Constitución
Política y 11 del Código General del Proceso); por
supuesto, ello comporta que a los juzgadores, como
directores del proceso, legalmente les asiste toda una
serie de potestades, aun oficiosas, para que las
actuaciones que emprendan atiendan la anotada
finalidad, mismas que corresponde observarlas desde la
panorámica propia de la estructura que constituye el
sistema jurídico, mas no desde la óptica restricta derivada
de interpretar y aplicar cada aparte del articulado de
manera aislada.

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Entre ellas, y en lo que atañe con el control que


oficiosamente ha de realizarse sobre el título ejecutivo
que se presenta ante la jurisdicción en pro de soportar los
diferentes recaudos, ha de predicarse que si bien el
precepto 430 del Código General del Proceso estipula, en
uno de sus segmentos, en concreto en su inciso segundo,
que «[l]os requisitos formales del título ejecutivo sólo podrán
discutirse mediante recurso de reposición contra el mandamiento
ejecutivo. No se admitirá ninguna controversia sobre los requisitos
del título que no haya sido planteada por medio de dicho recurso.
En consecuencia, los defectos formales del título ejecutivo no
podrán reconocerse o declararse por el juez en la sentencia o en el

auto que ordene seguir adelante la ejecución, según fuere el caso »,

lo cierto es que ese fragmento también debe armonizarse


con otros que obran en esa misma regla, así como
también con otras normas que hacen parte del entramado
legal, verbigracia, con los cánones 4º, 11, 42-2º y 430
inciso 1º ejusdem, amén del mandato constitucional
enantes aludido.

Por ende, mal puede olvidarse que así como el


legislador estipuló lo ut supra preceptuado, asimismo en
la última de las citadas regulaciones, puntualmente en su
inciso primero, determinó que «[p]resentada la demanda
acompañada de documento que preste mérito ejecutivo, el juez
librará mandamiento ordenando al demandado que cumpla la
obligación en la forma pedida, si fuere procedente, o en la que

aquel considere legal» (se relieva).

De ese modo las cosas, todo juzgador, no cabe duda,


está habilitado para volver a estudiar, incluso ex officio y

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sin límite en cuanto atañe con ese preciso tópico, el título


que se presenta como soporte del recaudo, pues tal
proceder ha de adelantarlo tanto al analizar, por vía de
impugnación, la orden de apremio impartida cuando la
misma es de ese modo rebatida, como también a la hora
de emitir el fallo con que finiquite lo atañedero con ese
escrutinio judicial, en tanto que ese es el primer aspecto
relativamente al cual se ha de pronunciar la jurisdicción,
ya sea a través del juez a quo, ora por el ad quem.

Y es que, como la jurisprudencia de esta Sala lo


pregonó en plurales oportunidades relativamente a lo al
efecto demarcado por el Código de Procedimiento Civil, lo
cual ahora también hace en punto de las reglas del
Código General del Proceso, para así reiterar ello de cara
al nuevo ordenamiento civil adjetivo, ese proceder es del
todo garantista de los derechos sustanciales de las partes
trabadas en contienda, por lo que no meramente se erige
como una potestad de los jueces, sino más bien se
convierte en un «deber» para que se logre «la igualdad real
de las partes» (artículos 4º y 42-2º del Código General del

Proceso) y «la efectividad de los derechos reconocidos por la ley


sustancial» (artículo 11º ibidem).

Ese entendido hace arribar a la convicción de que el


fallador mal puede ser un convidado de piedra del litigio,
sino que, en cambio, antes que otra cosa, tiene que
erigirse dentro del juicio en un defensor del bien superior
de la impartición de justicia material. Por tanto, así la cita
jurisprudencial que a continuación se transcribe haya sido
proferida bajo el derogado Código de Procedimiento Civil,

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la misma cobra plena vitalidad para predicar que del


mismo modo, bajo la vigencia del Código General del
Proceso:

[T]odo juzgador, sin hesitación alguna, […] sí está habilitado


para estudiar, aun oficiosamente, el título que se presenta
como soporte del pretenso recaudo ejecutivo, pues tal
proceder ha de adelantarlo tanto al analizar, por vía de
impugnación, la orden de apremio dictada cuando la misma
es rebatida, y ello indistintamente del preciso transfondo del
reproche que haya sido efectuado e incluso en los eventos en
que las connotaciones jurídicas de aquel no fueron
cuestionadas, como también a la hora de emitir el fallo de
fondo con que finiquite lo atañedero con ese escrutinio
judicial, en tanto que tal es el primer tópico relativamente al
cual se ha de pronunciar a fin de depurar el litigio de
cualesquiera irregularidad sin que por ende se pueda
pregonar extralimitación o desafuero en sus funciones,
máxime cuando el proceso perennemente ha de darle
prevalencia al derecho sustancial (artículo 228 Superior)

(denótase).

Por supuesto, tal deber, valga apuntarlo,


parejamente es predicable «en tratándose de sentencias de
segundo grado en las que el recurso vertical no gravita sobre dicho
tema, [sin que] se pueda predicar afrenta alguna al principio de la
no reformatio in pejus por causa de dicho emprendimiento, ello
porque para que la mentada irregularidad se estructure es
menester, entre otras cosas, que “la enmienda no obedezca a una
necesidad impuesta por razones de carácter lógico o jurídico
atinentes a la consistencia misma del pronunciamiento
jurisdiccional” (CSJ SC, 9 ago. 1995, rad. 5093), cual es lo opuesto a
lo que sucede en tales análisis, en virtud a que sería del todo
desatinado esperar un pronunciamiento “de fondo” en un litigio
ejecutivo en que el título no está plenamente configurado, ya que,

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por sustracción de materia, ese proceder devendría inane ». Claro,

esta Corporación señaló al respecto, en CSJ STC, 9 feb.

2012, rad. 2011-02157-01, que «[f]rente a alegada vía de


hecho del ad-quem por analizar previamente las formalidades que
debía contener el referido título valor, sin que se hubiese propuesto
como “excepción” por el demandado dentro del litigio en mención,
cabe recordar que la jurisprudencia de la Sala ha reiterado que “el
juzgador de segunda instancia puede en el fallo volver a examinar
el título ejecutivo adosado, a efectos de corroborar la idoneidad del
mismo para servir de báculo de la ejecución por ser la obligación en
él contenida clara, expresa y exigible, independientemente de que
la misma no haya sido objeto de discusión dentro del recurso de
alzada formulado contra la decisión de primera instancia, pudiendo
aún revocar la orden de pago primigenia, sin que ello implique

extralimitación de su competencia» (sublineado original).

En conclusión, la hermenéutica que ha de dársele al


canon 430 del Código General del Proceso no excluye la
«potestad-deber» que tienen los operadores judiciales de
revisar «de oficio» el «título ejecutivo» a la hora de dictar
sentencia, ya sea esta de única, primera o segunda
instancia (ello es predicable, en línea de generalísimo
principio, respecto de todos los procesos ejecutivos y no
meramente de los de alimentos de que aquí se viene
tratando en particular), dado que, como se precisó en CSJ
STC, 8 nov. 2012, rad. 2012-02414-00, « en los procesos
ejecutivos es deber del juez revisar los términos interlocutorios del
mandamiento de pago, en orden a verificar que a pesar de haberse
proferido, realmente se estructura el título ejecutivo (…) Sobre esta
temática, la Sala ha indicado que “la orden de impulsar la
ejecución, objeto de las sentencias que se profieran en los procesos
ejecutivos, implica el previo y necesario análisis de las condiciones

17
17001-22-13-000-2016-00440-01

que le dan eficacia al título ejecutivo, sin que en tal caso se


encuentre el fallador limitado por el mandamiento de pago

proferido al comienzo de la actuación procesal” […]» (se resaltó).

De modo que la revisión del título ejecutivo por parte


del juez, para que tal se ajuste al canon 422 del Código
General del Proceso, debe ser preliminar al emitirse la
orden de apremio y también en la sentencia que, con
posterioridad, decida sobre la litis, inclusive de forma
oficiosa.

Y es que, valga precisarlo, el legislador lo que


contempló en el inciso segundo del artículo 430 del
Código General del Proceso fue que la parte ejecutada no
podía promover defensa respecto del título ejecutivo sino
por la vía de la reposición contra el mandamiento de
pago, cerrándole a esta puertas a cualquier intento
ulterior de que ello se ventile a través de excepciones de
fondo, en aras de propender por la economía procesal,
entendido tal que lejos está de erigirse en la prohibición
que incorrectamente vislumbró el tribunal constitucional a
quo, de que el juzgador natural no podía, motu proprio y
con base en las facultades de dirección del proceso de
que está dotado, volver a revisar, según le atañe, aquel a
la hora de dictar el fallo de instancia; otro entendido de
ese precepto sería colegir inadmisiblemente que el
creador de la ley lo que adoptó fue la ilógica regla de que
de haberse dado el caso de librarse orden de apremio con
alguna incorrección, ello no podía ser enmendado en
manera alguna, razonamiento que es atentatorio de la
primacía del derecho sustancial sobre las ritualidades que

18
17001-22-13-000-2016-00440-01

es postulado constitucional y que, por ende, no encuentra


ubicación en la estructura del ordenamiento jurídico al
efecto constituido.

4.2.- Concerniente con la posibilidad de, en juicios


ejecutivos de alimentos, poder plantear el ejecutado
excepciones perentorias diversas a la de «pago», y el
correlativo deber del juzgador de decidir de fondo sobre
todas ellas, cumple relevar que esta Corporación, en CSJ
STC10699-2015, 12 ago. 2015, rad. 2015-00137-01,
grosso modo, sostuvo:

[E]l querellante propuso las excepciones de “(…) prescripción


de las obligaciones dinerarias, caducidad de la acción
ejecutiva, pago parcial, cobro de lo no debido, temeridad,
mala fe y enriquecimiento sin causa (…)”; empero, en el
memorado auto el despacho admitió solamente la de pago y
excluyó las demás, al tenor de lo estatuido en el canon 152
del Decreto 2737 de 1989, el cual reza “(…) [l]a demanda
ejecutiva de alimentos (…) se adelantará sobre el mismo
expediente, en cuaderno separado, por el trámite ejecutivo
de mínima cuantía, en el cual no se admitirá otra excepción
que la de pago (…)”. Así las cosas, se concederá la
salvaguarda, pues aceptar tal interpretación constituye una
restricción injustificada del derecho a la defensa de aquél.

[…] Esta Sala ha variado la interpretación dada al citado texto


normativo. En primer momento señaló que de la lectura del
mismo se deducía su aplicabilidad solamente cuando se
ejecutaban obligaciones alimentarias originadas en sentencia
judicial, excluyendo de la regla expresamente a los títulos
contenidos en otro tipo de documentos, como por ejemplo,
una conciliación. En otro pronunciamiento, si bien se calificó
como razonables los argumentos de un juzgador que aplicó a

19
17001-22-13-000-2016-00440-01

rajatabla la limitación de aceptar exclusivamente el medio


exceptivo de pago, en ese fallo se dejó claro que era plausible
“(…) una interpretación menos rigurosa sobre lo que en
materia de excepciones cabe admitir en este tipo de asuntos
(…)”.

En el presente evento, en aras de salvaguardar los derechos


del extremo pasivo en este tipo de juicios, se admitirá que en
todos los casos, sin importar el origen del documento pábulo
del cobro judicial, es válido proponer excepciones de mérito
diferentes a las de pago, efectuando una interpretación
amplia del precepto 509 del Código de Procedimiento Civil,
como pasa a explicarse.

Tratándose de alimentos, el Código Civil instituye una


diferenciación entre aquellos pendientes de ser reclamados y
los ya causados, pues los primeros hacen parte del derecho a
recibir alimentos, y “(…) no puede[n] transmitirse por causa
de muerte, ni venderse o cederse de modo alguno, ni
renunciarse (…)” (art. 424), mientras que los segundos, al ser
“(…) pensiones alimenticias atrasadas, podrán renunciarse o
compensarse; y el derecho de demandarlas, transmitirse por
causa de muerte, venderse y cederse; sin perjuicio de la
prescripción que competa al deudor (…)” (art. 426).

De esta manera, al fijarse por el legislador la facultad de


disponer de los alimentos causados, es menester para el Juez
determinar si dentro de las excepciones propuestas por el
ejecutado ha concurrido alguna circunstancia de las
enunciadas en la norma transcrita, por ejemplo, venta,
compensación o renuncia de los mismos.

[…] Ahora, si cuando la obligación está contenida en una


providencia judicial, se admiten las excepciones de “(…)
pago, compensación, confusión, novación, remisión,
prescripción o transacción, siempre que se basen en hechos

20
17001-22-13-000-2016-00440-01

posteriores a la respectiva providencia (…)” (inciso 6º del art.


335 del Código de Procedimiento Civil), mucha más libertad
de defensa tendrá el convocado a juicio cuando exhibe una
obligación clara, expresa y exigible consignada en un
documento o fuente diversa, como la aportada en la actual
conciliación.

Tampoco puede desconocerse la facultad para el extremo


pasivo de proponer el incidente respectivo, cuando estime
que el documento pábulo del cobro adolece de falsedad
ideológica o material.

[…] Por lo tanto, no le era posible al Juzgado querellado llegar


a la decisión reprochada, pues le correspondía actuar
conforme a las señaladas reglas 509 y 510 ibídem y los
demás preceptos aplicables al caso, pues tal actividad, se
itera, evidencia una lesión al debido proceso.

El Juez tiene el deber de estudiar las particularidades del caso


en concreto, y justificar con argumentación debidamente
sustentada el acogimiento o no de los medios exceptivos
propuestos, observando igualmente las normas 411 y
subsiguientes del Código Civil, reguladoras de los alimentos.

[…] Lo antelado no supone desconocer el interés superior de


los menores estatuido en el canon 44 de la Constitución
Política de 1991, por cuanto, tal disposición bajo ninguna
hermenéutica quiere significar que en pro suyo se sacrifiquen
otras prerrogativas supralegales.

De cualquier forma, concierne al despacho tutelado, evacuar


el trámite de las excepciones promovidas por el accionante y,
al momento de decidir de fondo el asunto, tener en cuenta la
situación de especial protección constitucional que le asiste al

menor […]. (se remarcó).

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17001-22-13-000-2016-00440-01

A su vez, en CSJ STC12922-2015, 24 sep. 2015, rad.


2015-00482-01, la Corte adujo, en la línea que viene
tratándose, que aparte de la excepción de « cumplimiento de
la obligación», también es del caso el estudio de otras

defensas en la sentencia que decide sobre la ejecución


por alimentos:

[S]i bien el numeral 5° del artículo 448 del Estatuto de Ritos


Civiles, modificado por el numeral 1° de la regla 252 del
Decreto 2282 de 1989, solo permite alegar contra la
acreencia ejecutiva por alimentos el “cumplimiento de la
obligación”, lo cierto es que dicha disposición jurídica fue
expedida en vigencia de la Constitución de 1886, por ende,
emerge la imperiosa necesidad de interpretarla conforme al
contenido del precepto supralegal al debido proceso estatuido
en el canon 29 de la Carta Política de 1991. Asimismo, refulge
el deber de analizarla en concordancia con las disposiciones
509 y 510 ejusdem, porque existen eventualidades en las
cuales, un caso en particular amerita, por parte del
funcionario judicial, el estudio de las causas extintivas de las
obligaciones diferentes a las de pago.

Cercenar una posibilidad amplia de defensa equivaldría a


instituir una especie de responsabilidad objetiva, autorizando
el proveimiento de condenas sin fórmula de juicio, en
detrimento de la potestad de los sujetos procesales para
controvertir las pretensiones de la contraparte,
desnaturalizándose la garantía iusfundamental al debido
proceso, cuyo núcleo esencial se compone, entre otras, por el
derecho a emplear medios legítimos e idóneos para ser oído y
vencido en juicio o para obtener decisiones favorables

(véase).

22
17001-22-13-000-2016-00440-01

De ese modo las cosas, dimana que también bajo las


pautas del Código General del Proceso, al armonizarse los
preceptos 152 del Decreto 2737 de 1989 (el cual no fue
derogado por la Ley 1564 de 2012, según se ve en el
literal c) de su canon 626), con los artículos 397, 442 y
443 del Código General del Proceso, es menester que los
jueces se pronuncien de fondo en torno a aquellas
excepciones perentorias diversas a la de «pago» o
«cumplimiento de la obligación», que por tanto pueden ser
formuladas por los ejecutados, a fin de permitir a estos
«una posibilidad amplia de defensa».

4.3.- De cara a lo anteriormente expuesto, itérase,


surge que el juez acusado, contrario sensu a lo predicado
por el tribunal constitucional a quo, no incurrió en
anomalía por haber «revisado oficiosamente el título ejecutivo »
base de recaudo en el juicio ejecutivo de alimentos sub
judice, ni tampoco por haberse pronunciado en punto de
las «excepciones de mérito diversas a la de pago » propuesta, ya
que tales procederes son del todo admisibles de cara a las
pautas regulatorias a que se contrae el Código General
del Proceso en armonía con el sistema normativo patrio,
sobre todo con el de rango constitucional.

4.4.- Ahora bien, lo que sí quebrantó en este


particular y preciso asunto los intereses del tutelista
quien, valga ponerlo de presente, era menor cuando se
presentó la demanda que originó el sub examine en que
se pretende el recaudo de múltiples cuotas periódicas de
alimentos, siendo que las más de ellas fueron causadas
cuando aquel todavía no era mayor de edad, fue el hecho

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17001-22-13-000-2016-00440-01

de que el despacho enjuiciado, en lugar de dar primacía a


las prevalentes prerrogativas de este, consagradas
primeramente por el canon 44 Superior, entre las cuales
se imponía la de aplicar la presunción a que se contrae el
artículo 155 del Decreto 2737 de 1989 (Código del
Menor), en concordancia con el canon 129 de la Ley 1098
de 2006 (Código de la Infancia y la Adolescencia), en
cambio optó por cerrarle las puertas al recaudo de la
obligación alimentaria con que aquel cuenta para su
sostenimiento en pro de lograr la satisfacción integral de
sus derechos fundamentales, pudiendo remover el
juzgador accionado la aparente dificultad que vislumbró
en torno al monto sobre el cual había de establecerse el
porcentaje del 30% acordado en la conciliación celebrada
ante ese mismo juzgado el día 28 de mayo de 2010, lo
que se solventaba aplicando la presunción establecida en
los aludidos preceptos, atinentes a que « [c]uando no fuere
posible acreditar el monto de los ingresos del alimentante, el Juez
podrá establecerlo tomando en cuenta su patrimonio, posición
social, costumbres y en general todos los antecedentes y
circunstancias que sirvan para evaluar su capacidad económica. En
todo caso se presumirá que devenga al menos el salario mínimo

legal» (se resaltó).

Y es que, además, en el sub examine según así se


deriva del tenor literal del acta de conciliación que el
petente presentó como título ejecutivo, el alimentante
estaba comprometido, «dentro de los cinco días siguientes [a la
suscripción del mentado] acuerdo, [a] acreditar[…] ante e[s]e
despacho una certificación completa de sus ingresos y beneficios
laborales para que acá mismo se pueda llevar el control del pago

24
17001-22-13-000-2016-00440-01

de su cuota alimentaria», carga tal que el obligado inobservó,

de donde se desprende que compendiadas las


particularidades del puntual asunto ello mal podía derivar
en que, aparte de evidenciarse dicha desatención, de
paso con lo propio quedara desestructurada la manera
como pudiera cobrar ejecutividad la pretensa obligación,
lo cual no era del caso dejar pasar en los términos en que
se desarrolló la peculiar actuación que aquí se censura.

4.4.1.- Así las cosas, los apuntados imperativos


constitucionales y legales fueron desatendidos por la
autoridad judicial querellada, por cuanto no garantizó al
entonces menor, a favor de quien se inició el litigio
ejecutivo de alimentos sub judice, la prevalencia de sus
derechos, según correspondía.

Claro, no podía soslayarse que, como lo pregonó esta


Corporación en CSJ STC12750-2016, 9 sep. 2016, rad.
2016-00373-01, «[d]entro de ese conjunto de garantías
superiores de los niños, niñas y adolescentes se halla la
alimentación equilibrada, de la cual ha sostenido la Corte en
relación con sus destinatarios que “debe implicar la eliminación de
cuanto obstáculo trate de impedirles el goce efectivo”, más cuando
“prevé el artículo 134 de la ley 1098 de 2006 que los créditos por
alimentos a favor de los niños, las niñas y los adolescentes gozan

de prelación sobre todos los demás”» (resaltado original).

Por ende, en el fallo ut supra, que se sigue citando,


igualmente se asentó que « el legislador para proteger tal
prerrogativa, ha creado procedimientos especiales, como son los
juicios de fijación de cuota alimentaria, ejecución y revisión de los
mismos, los cuales, deben guiarse por el principio constitucional

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17001-22-13-000-2016-00440-01

mencionado, desarrollado en la Ley 1098 de 2006, que hace

referencia al interés superior de los menores », y ello «en aras de


rodear a los infantes de garantías y beneficios que los protejan en
su proceso de formación y desarrollo hacia la adultez, dentro del
cual los recursos para el sostenimiento de los menores juegan un

papel primordial» (se realzó).

4.4.2.- En un asunto que guarda simetría con el aquí


auscultado, la Sala, en CSJ STC15785-2016, 2 nov. 2016,
rad. 2016-00526-01, sostuvo lo que a continuación pasa a
exponerse:

La motivación esgrimida por el juzgado para negar el


mandamiento de pago se concreta en que el documento
aportado a manera de título ejecutivo, no cumple las
exigencias legales para tenerse como tal, por cuanto no
indica a qué clase de salario sobre el que recaía el descuento
del 25% fijado como cuota alimentaria provisional, desatiende
las características que debe contener según lo previsto en el
artículo 422 del Código General del Proceso, dado que no
contiene «obligaciones expresas, claras y exigibles» que
respecto del ejecutado «constituyan plena prueba contra él».

Aunque en verdad la referida resolución del 11 de septiembre


de 2012, la Defensora de Familia del ICBF omitió precisar el
rubro sobre el cual aplicaría el porcentaje señalado como
alimentos, y de la lectura que se hace al acta no se vislumbra
si el obligado percibía un salario distinto del mínimo legal,
esas evidentes deficiencias no son suficiente para cerrarle la
puerta de acceso a la administración de justicia a un incapaz,
más aún cuando lo que se pretende al accionar es atender
sus básicas necesidades.

[…] Esta Sala ha venido sosteniendo que cuando se está ante


un proceso judicial en el que se involucran los derechos

26
17001-22-13-000-2016-00440-01

superiores de los niños, el juez debe ser más acucioso al


realizar el abordaje de cualquiera de los temas que puedan
llegar a afectarlos, en tanto el reconocimiento de sus
intereses debe verse desde un contexto más amplio.

Así, se tienen como principios básicos que orientan la


Doctrina de la Protección Integral a los niños, niñas y
adolescentes, consolidada a partir de la Convención sobre
Derechos del Niño, (i) la igualdad y no discriminación; (ii) el
interés superior de las y los niños; (iii) la efectividad y
prioridad absoluta; y (iv) la participación solidaria.

La Constitución Política de 1991, por su parte, en su artículo


44, señala dentro de los derechos fundamentales de los
niños, el de tener una familia y no ser separada de ella, y
finaliza el articulado precisando que «Los derechos de los
niños prevalecen sobre los derechos de los demás».
Frente a ello, lo dice la misma disposición superior, «la
familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de asistir
y proteger al niño para garantizar su desarrollo armónico e
integral y el ejercicio pleno de sus derechos. Cualquier
persona puede exigir de la autoridad competente su
cumplimiento y la sanción de los infractores».

[…] Acorde con los postulados internacionales, el legislador


de 1989, a través del Decreto 2737, estatuido como Código
del Menor, previno a las personas y las entidades, tanto
públicas como privadas para que al desarrollar programas y al
momento de asumir responsabilidades en asuntos de
menores, tomarán en cuenta sobre toda otra consideración, el
interés superior de éstos, lo cual fue armonizado con la Carta
de 1991, y posteriormente con el Código de la Infancia y
Adolescencia - Ley 1098 de 2006, que en su artículo 8º
contempla que «se entiende por interés superior del niño,
niña y adolescente, el imperativo que obliga a todas las
personas a garantizar la satisfacción integral y simultánea de

27
17001-22-13-000-2016-00440-01

todos sus Derechos Humanos, que son universales,


prevalentes e interdependientes».

Haciendo precisión sobre el punto, el artículo 9º del Código de


la Infancia y la Adolescencia, señala que «En todo acto,
decisión o medida administrativa, judicial o de cualquier
naturaleza que deba adoptarse en relación con los niños, las
niñas y los adolescentes, prevalecerán los derechos de estos,
en especial si existe conflicto entre sus derechos
fundamentales con los de cualquier otra persona», y concluye
indicando que «En caso de conflicto entre dos o más
disposiciones legales, administrativas o disciplinarias, se
aplicará la norma más favorable al interés superior del niño,
niña o adolescente».

[…] En lo atinente a la fijación de alimentos, el canon 129 de


la normativa en comento, reproduciendo en parte el texto
legal que de manera especial trataba el tema, contempla que
el juez los fijará con base en la prueba de la solvencia
económica del alimentante, y que si no hay tal probanza
«podrá establecerlo tomando en cuenta su patrimonio,
posición social, costumbres y en general todos los
antecedentes y circunstancias que sirvan para evaluar su
capacidad económica. En todo caso se presumirá que
devenga al menos el salario mínimo legal».

Acerca de la mentada presunción legal superó el estudio de


constitucionalidad contenido en la sentencia C-055 de 2010,
cuando incorporada en similares términos en el inciso final
del artículo 155 del Código del Menor, sostuvo que con ella
«se persigue que la cuota alimentaria se fije, por lo menos,
con relación al salario mínimo legal», y que la misma
«protege a la parte más débil de la relación procesal -el
menor- de la carga de demostrar que quien se encuentra
legal y constitucionalmente obligado a sostenerlo y educarlo
devenga, al menos, el salario mínimo legal».

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17001-22-13-000-2016-00440-01

[…] En este orden, las deficiencias de la precitada acta


emitida por la autoridad administrativa sobre el señalamiento
de la cuota alimentaria provisional, ahora materia de
ejecución en razón al incumplimiento que se le endilga al
obligado a su progenitor quien está obligado a
proporcionarlos, debió entenderse en consideración a las
garantías superiores de los niños y adolescentes, entre cuyas
prerrogativas está la alimentación equilibrada, sin que se
admisible algún obstáculo que impida su goce efectivo,
habida cuenta la prelación de sus derechos con los de
cualquier otra persona.

Así, bajo las anteriores premisas, desechar la orden de pago


con el argumento de que no se constituye título ejecutivo el
acta en la cual la Defensora de Familia fija la cuota
alimentaria en «la suma equivalente al VEINTICINCO Y CINCO
(sic) POR CIENTO (25%)», pagadera directamente a la
tenedora del niño dentro de los cinco primeros días de cada
mes (fls. 10 a 14, cd. 1), no se concibe como una decisión
razonable.

Ciertamente, el juzgador de instancia debió tener como guía


para resolver el tema que lo inquietaba, cuál era el monto
sobre el que habría de tenerse como soporte para tasar la
cuota mensual, y para ello fácil resultaba apoyarse en el
estudio de las normas pertinentes de la Carta Política y de
orden legal que nos rige, que en consonancia con aquellas
supranacionales que hacen parte del bloque de
constitucionalidad, brindaban protección al menor de edad
por quien se actúa.

[…] De acuerdo a lo discurrido, la funcionaria encartada


incurrió en defecto material o sustantivo, pues en concreto,
desconoció que para garantizar el derecho de los alimentos
del niño, su deber era acudir a la presunción legal contenida

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en el inciso 1º del artículo 129 del Código de la Infancia y la


Adolescencia, de manera tal que pudiera establecer que la
obligación ejecutada refería al 25% del salario mínimo legal.

Advierte la Sala que pese a no haberse indicado y menos


probado una solvencia económica distinta del progenitor
demandado, si la interesada está cobrando alimentos a partir
de julio de 2014 y con pasmoso reconocimiento indica que
son del orden del 25% del salario mínimo legal, pues con
antelación a esa fecha se venían atendiendo por el
alimentante, surge una razón igualmente contundente para
no oponerse a la ejecución en tales términos, y es la derivada
del sentido común.

Obsérvese que si la cifra pretendida no correspondiera a esa


modalidad de salario, la más interesada en oponerse es la
ejecutante, pues por debajo del salario mínimo legal no se
fijaría la mesada, acotando que si por el contrario la
capacidad económica del obligado es superior, es también la
actora quien está llamada a proponer el aumento, pues se
recuerda que la fijación de este tipo de prestaciones, no hace
tránsito a cosa juzgada material. Es más, la inconformidad
sobre su pago, es materia de discusión al interior del proceso
pues precisamente en él se prevé la excepción del
cumplimiento de la obligación (artículo 397-5 del Código
General del Proceso).

[…] Conforme a los fundamentos que se acaban de explicar,


no es de recibo aducir que la demandante puede encontrar
solución efectiva a su caso siguiendo las posibilidades dadas
por el a-quo, pues obligarla a que acuda a la solicitud de
corrección del acto administrativo con vista en el artículo 45
de la ley 1437 de 2011, para que una vez precisado el rubro
sobre el cual se establecería la cuota pueda acceder a su
ejecución, constituye un trámite que además de dispendioso
e incierto en sus resultados, es abiertamente innecesario, que

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sólo contribuiría a hacer nugatorio el recaudo de lo debido y


por ende a vulnerar aún más los derechos e intereses
superiores del niño que requiere una adecuada atención de

sus necesidades alimentarias (negrilla original y


resaltado propio).

4.4.3.- Conforme a lo de marras, emerge que como


se dijo desde un principio, es procedente la concesión del
resguardo instado por el petente, pero exclusivamente
con base en el desarrollo argumentativo expuesto en el
presente numeral (4.4.) de las consideraciones.

Ello, con miras en el entendido aquí expuesto que,


como quedó dicho, comulga sólo en parte con el que
sustentó la providencia del tribunal a quo rebatida y, por
tanto, es que se rectifican doctrinalmente ciertos aspectos
de ella que igualmente -sin razón de ser- la sustentaron.

5.- Según lo precisamente discurrido, se impone la


ratificación del fallo impugnado.

DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley,
CONFIRMA la sentencia de fecha, contenido y procedencia
puntualizados en la motivación que antecede.

Comuníquese telegráficamente lo resuelto en esta


providencia a los interesados y oportunamente envíese el

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expediente a la Corte Constitucional para su eventual


revisión.

Notifíquese

ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO


(Presidente de Sala)

MARGARITA CABELLO BLANCO

AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO

LUIS ALONSO RICO PUERTA

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA

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