Guía Informativa: Los Filósofos Presocráticos y su Arjé
La presente guía está dirigida a los estudiantes de grado undécimo y tiene como objetivo explorar el
pensamiento de los filósofos presocráticos, quienes marcaron el inicio de la filosofía occidental. Cada uno de
estos pensadores propuso un principio fundamental o 'arjé' para explicar el origen de todas las cosas. A
continuación, se expone una descripción detallada de sus teorías, sustentadas con citas y referencias
teóricas.
Tales de Mileto
Arjé: El agua
Tales de Mileto (c. 624 a.C. – c. 546 a.C.) es reconocido como el primer filósofo de la tradición occidental.
Propuso que el principio fundamental o arjé de todas las cosas es el agua. Según Tales, todas las cosas
provienen del agua y a ella retornan. Esta afirmación puede estar influenciada por su observación de que el
agua es esencial para la vida y que está presente en diversas formas en la naturaleza.
Además de su interés por la naturaleza, Tales también fue matemático y astrónomo. Su filosofía natural
intentó explicar el mundo sin recurrir a los mitos. Esto representó una ruptura con la cosmovisión mitológica y
una transición hacia el pensamiento racional. Aristóteles, en su obra 'Metafísica', menciona que Tales eligió el
agua como principio porque 'todo está lleno de dioses' (Aristóteles, Metafísica, I, 3, 983b6).
El pensamiento de Tales se considera una forma temprana de monismo, es decir, la creencia de que una sola
sustancia compone la realidad. Su enfoque empírico y racional influyó profundamente en los pensadores
posteriores y dio inicio a la filosofía como disciplina crítica y sistemática.
Anaximandro
Arjé: El ápeiron (lo indefinido)
Anaximandro (c. 610 a.C. – c. 546 a.C.), discípulo de Tales, propuso como arjé el ápeiron, un principio
indefinido e ilimitado. A diferencia de su maestro, Anaximandro consideró que el principio de todas las cosas
no podía ser un elemento físico determinado como el agua, sino algo que no tuviera características
específicas: el ápeiron.
El ápeiron es eterno, inmortal e indestructible, y de él surgen todas las cosas que existen. Anaximandro
sostiene que los opuestos (como frío y calor, seco y húmedo) se generan y se disuelven en este principio.
Según Simplicio, comentador de Aristóteles, Anaximandro decía que 'el ápeiron no tiene principio, ya que de
otro modo no sería ápeiron'.
Esta concepción abstracta del principio del cosmos representa un avance en la capacidad de pensar lo que
está más allá de lo sensible. Su pensamiento sugiere una primera forma de metafísica, donde la realidad tiene
una dimensión que no se reduce a lo tangible. Anaximandro también aportó ideas sobre la evolución de los
seres vivos y la forma de la Tierra.
Anaxímenes
Arjé: El aire
Anaxímenes (c. 586 a.C. – c. 526 a.C.) fue discípulo de Anaximandro y retomó la búsqueda de un arjé
concreto, proponiendo que el aire era el principio de todas las cosas. Según él, el aire se transforma mediante
procesos de rarefacción y condensación. Por ejemplo, al condensarse se convierte en viento, agua y tierra; y
al enrarecerse se convierte en fuego.
Anaxímenes mantenía que el alma humana, al estar compuesta de aire, también daba vida al cuerpo, y por
tanto, el aire tenía propiedades vitales. En palabras atribuidas por el comentarista Hipólito, 'así como nuestra
alma, que es aire, nos sostiene, también el aliento y el aire envuelven el mundo entero'.
El pensamiento de Anaxímenes es importante porque introduce una explicación mecánica de los cambios
naturales, basada en la observación y sin apelar a lo divino. Su filosofía materialista y racional forma parte de
la evolución hacia explicaciones científicas del cosmos.
Heráclito de Éfeso
Arjé: El fuego
Heráclito (c. 535 a.C. – c. 475 a.C.) es conocido por su visión dinámica del universo, en la que todo está en
constante cambio. Su arjé es el fuego, símbolo de transformación continua. Heráclito consideraba que el
cambio es la única constante en el universo: “No se puede entrar dos veces en el mismo río” (fragmento DK
22 B12).
El fuego, para Heráclito, no solo representa una sustancia material sino también un principio activo de
transformación. Él veía el mundo como un flujo perpetuo gobernado por el logos, una especie de razón o ley
universal. Según el fragmento DK 22 B50: “No escuchando a mí sino al logos, es sabio reconocer que todas
las cosas son una”
Su pensamiento influyó en la metafísica posterior al mostrar que la realidad no es estática, sino que cambia
constantemente. En contraposición a Parménides, Heráclito sostuvo que el devenir no es ilusorio, sino la
esencia misma del ser. Su filosofía ha sido interpretada como un antecedente del pensamiento dialéctico.
Parménides de Elea
Arjé: El ser
Parménides (c. 515 a.C. – c. 450 a.C.) fue uno de los primeros filósofos en utilizar el razonamiento lógico
riguroso. Contrario a Heráclito, Parménides sostuvo que el cambio es una ilusión y que el verdadero ser es
único, eterno e inmutable. Esta postura fue desarrollada en su poema 'Sobre la naturaleza', donde distingue
entre el camino de la verdad y el camino de la opinión.
Para Parménides, el arjé es el ser, entendido como aquello que es y no puede no ser. Afirma: “El ser es, y el
no-ser no es” (fragmento DK 28 B2). Rechaza toda forma de multiplicidad y transformación como apariencia.
De ahí que, según él, nuestros sentidos nos engañan y solo el pensamiento racional puede conducirnos al
conocimiento verdadero.
Su influencia fue enorme en la historia de la filosofía, especialmente en Platón, quien retomó la distinción
entre el mundo sensible y el mundo inteligible. Parménides sentó las bases de la ontología y mostró que la
lógica puede contradecir la experiencia sensible.
Empédocles de Agrigento
Arjé: Los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua
Empédocles (c. 495 a.C. – c. 435 a.C.) intentó reconciliar las visiones de cambio y permanencia propuestas
por Heráclito y Parménides. Propuso que no hay un solo arjé, sino cuatro elementos fundamentales —tierra,
aire, fuego y agua— que se combinan y separan para formar todo lo que existe.
Estos elementos están en constante movimiento debido a dos fuerzas opuestas: el Amor (que une) y el Odio
(que separa). Según Empédocles, estas fuerzas explican el ciclo eterno de unión y separación de los
elementos. En palabras del fragmento DK 31 B17: “Por el odio se disgregan, por el amor se agrupan”
Esta teoría fue precursora del pensamiento pluralista y de la ciencia moderna, pues considera que la
diversidad de las cosas proviene de la combinación de elementos constantes. Además, tuvo influencia sobre
la teoría de los humores en la medicina y en la cosmología antigua.
Pitágoras de Samos
Arjé: El número
Pitágoras (c. 570 a.C. – c. 495 a.C.) fue un filósofo y matemático que fundó una escuela en Crotona donde se
cultivaba una forma de vida comunitaria, ascética y mística. Para los pitagóricos, el número era el principio de
todas las cosas. Consideraban que la realidad podía ser explicada a través de relaciones matemáticas.
El número, según los pitagóricos, no solo era una herramienta para contar, sino una esencia ontológica. Ellos
veían armonía y proporción en el cosmos, como lo muestra su descubrimiento de las relaciones numéricas en
la música. La famosa frase 'todo es número' resume su visión de un universo ordenado y comprensible
racionalmente.
Pitágoras también introdujo la idea de la transmigración de las almas (metempsicosis), una doctrina según la
cual el alma es inmortal y pasa por distintos cuerpos. Su pensamiento influyó profundamente en Platón y en el
desarrollo posterior de la filosofía griega, especialmente en la relación entre matemáticas y metafísica.
Anaxágoras de Clazómenas
Arjé: Las semillas (homeomerías) y el Nous (mente)
Anaxágoras (c. 500 a.C. – c. 428 a.C.) introdujo una visión compleja del cosmos en la que todas las cosas
están compuestas por pequeñas partículas o 'homeomerías'. Estas partículas contienen partes de todas las
cosas, pero en diferentes proporciones, lo que explica la variedad en el mundo.
Sin embargo, lo que organiza y pone en movimiento estas partículas es el Nous, o mente. Anaxágoras fue el
primero en postular una inteligencia cósmica como causa del orden. En sus palabras: “Todas las cosas
estaban juntas, luego vino la mente y las ordenó” (fragmento DK 59 B12).
Su pensamiento marca un punto de inflexión hacia explicaciones más sofisticadas del cosmos y fue una gran
influencia en Sócrates y Platón. Introducir el Nous como principio activo anticipa las teorías idealistas y
teológicas del pensamiento occidental.
Demócrito de Abdera
Arjé: Los átomos y el vacío
Demócrito (c. 460 a.C. – c. 370 a.C.), junto con su maestro Leucipo, fue el fundador del atomismo. Según su
teoría, la realidad está compuesta de átomos, partículas indivisibles e inmutables, que se mueven en el vacío.
Los átomos difieren solo en forma, posición y orden, y mediante sus combinaciones dan lugar a todos los
objetos. El vacío permite el movimiento de los átomos, lo cual contradice a Parménides, quien negaba la
existencia del no-ser. Demócrito afirmaba que “por convención el color, por convención lo dulce, por
convención lo amargo; en realidad, solo átomos y vacío” (DK 68 B125).
El atomismo de Demócrito es una de las primeras formas de materialismo filosófico. Su visión mecanicista del
mundo influyó en la ciencia moderna y fue retomada siglos después por pensadores como Galileo y Newton.
A pesar de su gran influencia, fue eclipsado por Platón y Aristóteles en la tradición filosófica clásica.