Fallo
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1.2.2.- El también actor L. M. A., por su parte, critica el
rechazo parcial de su demanda en lo relativo al inmueble de la calle
Santo Tomé, razona que el juez de grado incurrió en un excesivo rigor
formal y solicita que se condene a su contraparte al pago de daños y
perjuicios.
1.2.3.- Finalmente los demandados formulan extensas críticas,
las que estrictamente se enmarcan en dos cuestiones diversas.
Impugnan por un lado el rechazo de la excepción de
prescripción opuesta, sostienen que G. conocía la existencia de la
playa de estacionamiento cuanto menos desde el año 1990, por lo que
la acción iniciada en su contra se encuentra largamente prescripta,
incluso aunque se aplicara el plazo decenal.
Por otro, en cuanto al fondo del asunto, refieren la existencia de
numerosos elementos aportados según los cuales consideran
demostrada la “relación de familia” existente a lo largo de los años
entre M. A. y M. A.. Sostienen que la misma se mantuvo de manera
ininterrumpida desde mediados de 1977, por lo que la relación que
aquél tuvo con la accionante no pasó de ser circunstancial y por un
tiempo muy limitado.
Cuestionan también la interpretación efectuada sobre la prueba
testimonial, tópico al que le dedican numerosas páginas, deteniéndose
especialmente en el valor de convicción que consideran corresponde
asignar a los diferentes deponentes.
Aducen que la actora no ha probado que desconocía la realidad
patrimonial de M. A., pues si efectivamente convivían (que admiten
solo como hipótesis) no podía desconocer que su "marido" pasó de
"florista" a "constructor" y de ahí, luego de dos años, a "garagista".
Por último, respecto a los inmuebles de las calles Magariños
Cervantes, Sánchez y Santo Tomé, dan por reproducidas aquí las
consideraciones desarrolladas sobre la playa de estacionamiento de
Marcelo T. de Alvear.
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17/5/2011; ídem, “Albarenque, H. c/ Navarro, Juan s/ Ds. y Ps.”,
Expte. N° 76.409/2.007, del 23/02/2010, entre otros).
Criticar es muy distinto a disentir, la crítica debe significar un
ataque directo y pertinente a la fundamentación, tratando de demostrar
los errores fácticos y jurídicos que ésta pudiere tener. En cambio
disentir es meramente exponer que no se está de acuerdo con la
sentencia.- Para abrir idóneamente la jurisdicción de alzada deben
ponerse en tela de juicio las partes del fallo que el apelante considera
equivocadas.-(Conf. .Highton-Arean, Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación, Tomo 5, pág.266/267).
Por tanto, no se cumple con las exigencias que impone la ley
ritual en su art. 265 cuando como en el caso de autos se ensayan
extensas discrepancias en torno al mérito de la prueba producida y a
las conclusiones del pronunciamiento en crisis, sin señalar ni
demostrar los errores en que se ha incurrido concreta y puntualmente
o las causas por las cuales el pronunciamiento se considera injusto o
contrario a derecho, y más aún en autos donde el sentenciante de
grado efectuó un meticuloso análisis y aplicó la normativa adecuada
para arribar a una decisión fundada.
2.3.-No obstante ello, y al solo fin de preservar el derecho de
defensa (art. 18 CN), formularé algunas precisiones relacionadas con
las alegaciones conducentes para decidir este conflicto (C.S.J.N.,
Fallos: 258:304; 262:222; 265:301; 272-225, entre otros) y recuerdo
que, como todas las pruebas no tienen el mismo peso, me apoyaré
solo en las que resulten apropiadas para resolver el caso (CSJN,
Fallos: 274:113; 280:3201; 144:611), las que produzcan mayor
convicción en concordancia con los demás elementos de mérito de la
causa.
En otras palabras, se considerarán los hechos que Aragoneses
Alonso llama "jurídicamente relevantes" (Proceso y Derecho
Procesal, Aguilar, Madrid, 1960, pág. 971, párrafo 1527), o
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4.1.- Párrafo aparte merece la enjundiosa tarea desplegada en
autos por el juez de la anterior instancia que se corona y materializa
en su sentencia apelada.
Se trata de una pieza reveladora de un abordaje detenido del
caso (extremo que incluso reconocen los propios demandados
perdidosos), en la que se formula un agudo análisis del conflicto
jurídico existente entre los hijos del Sr. M. E. A. y quienes fueran
sus parejas y madres de aquéllos.
Por tanto en la sentencia en crisis ya se practicó un completo
encuadre jurídico del thema decidendum, y también se realizó un
sólido, pormenorizado y convincente estudio de la abundante prueba
producida; en tal sentido la prueba testimonial es objeto de un
minucioso análisis, y se explicita con elocuencia el valor de
convicción que se le asigna a cada una, y que la suscripta comparte y
suscribe lo ya resuelto a pesar del esfuerzo dialéctico desplegado por
los apelantes.
Todo lo apuntado, se impone reconocer, sin duda allana el
camino para dar respuesta fundada al interrogante disparador del
presente voto, pues efectivamente estoy persuadida que la sentencia
apelada resulta ajustada a derecho.
4.2.- Analizaré las probanzas producidas a la luz del “principio
de la sana crítica”, pues sirven para ilustrar al órgano jurisdiccional
acerca del significado de los hechos individuales que importan al
proceso, saber cuáles se han producido, qué consecuencias jurídicas
derivan de ellos y arribar así a la decisión final acerca de tales
fundamentos. Las reglas de la sana crítica son reglas del correcto
entendimiento humano: contingentes y variables con relación a la
experiencia del tiempo y del lugar; pero estables y permanentes en
cuanto a los principios lógicos en que debe apoyarse la sentencia
(Couture, Eduardo, JA 71-80 y ss.).Tales principios deben, además,
adecuarse con las circunstancias de hecho y del derecho del caso y
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material del objeto del proceso, su desarrollo y conclusión. No parece
dudoso que la carga procesal, en definitiva, aparejaría antes que una
facultad un imperativo, es más algo que se “debe” hacer que algo que
se “puede” hacer, desde que no se la establece para garantizar o
procurar sencillamente el ejercicio de un derecho, prerrogativa o
potestad procesal, sino el cumplimiento de una conducta fijada, cierto
que en interés de la propia parte gravada con ella, pero también de la
propia administración de justicia (Kielmanovich, ob. cit., págs.
107/109; esta Sala in re “Nasta, L. c/ GCBA s/ Ds. y Ps.”, Expte. N°
1.314/2.010, del 08/6/2.017; ídem, “Repun, Ernesto c/ Club Atlético
Sefaradi Argentino (C.A.S.A.) s/ Cobro de Honorarios Profesionales”,
Expte. N° 50.288/2.009, del 26/6/2012; ídem, “Blanco, Viviana c/
Ttes. Aut. Riachuelo s/ Cobro de Honorarios Profesionales”, Expte. n°
111.766/2003, del 24/9/2009, entre otros; ídem, [Link]. San
Isidro, Sala I, 11/3/2004, “Agras, Miriam c/ Asoc. Médica del Norte s/
Ds. y Ps.”, en “Revista de Derecho de Daños”, 2004 - 1, pág. 405).
4.3.- Coincido con lo resuelto en la sentencia atacada, lo que
significa entonces confirmar que los inmuebles de la calle Marcelo T.
de Alvear 1971/73/75/79/81 fueron adquiridos por M. E. A. por
interpósita persona, así como la nulidad decretada de las restantes
escrituras otorgadas por el escribano J. L. De A. , por resultar actos
nulos de nulidad absoluta al haber sido ilícitamente simulados.
En igual sentido, corresponde declarar que los inmuebles de la
calle Santo Tomé y Alejandro Magariños Cervantes (con sus unidades
complementarias), también fueron adquiridos por interpósita persona
por M. E. A. , y finalmente que el fondo de comercio que funciona
en la calle Marcelo T. de Alvear 1973 también fue de propiedad del
fallecido M. E. A. , con los alcances puntuales que en cada caso se
especifican de manera extensa y enjundiosa en la sentencia recurrida
(acápite VIII).
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5.3.- La accionante manifestó haber tomado conocimiento de
los actos realizados por M. A. a partir de su fallecimiento, y que
recién desde tal momento (27/3/2.005) llevó a cabo una investigación
que derivó en el inicio de este proceso.
Respecto a los demandados, en primer lugar observo que en las
alegaciones que practican como fundamento de este cuestionamiento
recorren exactamente la misma vía argumental que también utilizan
para atacar lo resuelto sobre el fondo del sub examine, en lo
neurálgico, que O. G. tenía conocimiento que la playa de
estacionamiento era de propiedad del Sr. M. A. , por lo menos desde
el año 1990, por lo que concluyen que la acción se encuentra
largamente prescripta.
Aducen que “… cuanto menos, la prescripción debió empezar a
correr cuando la actora supo que L. M. A. G. -su hijo- trabajaba en
la playa de estacionamiento de su padre, su ex esposo. Y ello ocurrió
en 1999 cuando cumplió 18 años. El principio iura novit curia impone
esta solución. En el actual estado del proceso esta parte entiende que
G. tuvo conocimiento de la compra de la playa por M. como
interpósita persona de su marido, en 1982!!! Así surge del "convenio
de mediación" (sic).
No coincido con tal apreciación de los hechos.
5.4.- En efecto, en el fraude ejecutado por M. A. en perjuicio
de los derechos gananciales de su consorte, resulta de aplicación el
plazo de prescripción decenal previsto por el art. 4023 del Código
Civil toda vez que la acción iniciada contra los excepcionantes se basó
en la comprobada “interposición real de personas”, así como el art.
4030 para los sucesivos actos otorgados atacados por “simulación”,
todo lo cual ya he señalado más arriba al precisar el carácter o
naturaleza de la acción promovida (cfr. acápite N° 3).
Por tanto, en cualquier caso, se tome el plazo decenal de
prescripción para la acción de mandato oculto o el plazo bienal de
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La señalada inferencia que formulan los quejosos no resiste el
menor análisis, y en ella precisamente centran los demandados sus
expectativas en derredor de esta queja, pues no se condice en absoluto
con el resultado de la prueba producida.
En efecto, así G. M. A. , hermana de M. A. , fue terminante al
declarar que su hermano era “…muy manipulador, de envolver a las
personas quizás para sacar algún rédito, salir de prestanombre, era
muy seductor en su forma de ser, pero si uno necesitaba una ayuda el
también te ayudaba…”, y en cuanto a O. M. G. sostuvo que “…era
una chica muy quedada, muy sumisa, nunca decía nada, muy sufrida
también, porque todo se lo comía, en vez de decir algo se lo tragaba
de alguna manera, una persona muy engañada…no sabe cómo
aguanto todo, ya que ellos se preguntaban entre los hermanos cómo
era que esta mujer aguantaba todo, lo hablaban con su mamá…O. era
impecable, planchaba como de tintorería, mi hermano M. se iba
impecable. Ella siempre trabajaba, limpiaba, cuidaba a su hijo. Era
como una sirvienta…” (fs. 777/782 del expediente N° 84.413/2006).
Requerida que fuera para dar cuenta acerca del conocimiento
que tenía O. G. de los negocios de su esposo, contestó que “…no
tenía conocimiento de nada, era sumisa, quedada, hasta tenía miedo de
viajar en colectivo, en tren, el le decía que firmara esto y ella firmaba.
Era una tonta. Ella no sabía nada de la playa, ni de quién era, nada…”.
En cuanto a la relación de M. con sus amigos y familiares, la
testigo dijo que “…con los amigos era bueno, pero siempre era de
envolver a los hermanos, de manipular, de pedir, de juntar a la familia
pero siempre era de buscar un beneficio propio, si encontraba, si veía,
o de poner a alguien de prestanombre, o a nombre de la otra persona,
él era así. Él no tenía nada a nombre de él, creo que solo puso a
nombre de él el último auto que tuvo, la Vitara…”.
Igual de contundente ha sido la declaración de otra hermana de
M. A., I. A. , obrante a fs. 893/96 del expediente n° 84.813/2006.
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respecto de la titularidad de la playa de estacionamiento del inmueble
de Marcelo T. de Alvear, contestó que sabía que M. tenía la playa
pero que pensaba que la tenía alquilada, que “…no tenía mucho
conocimiento y tampoco preguntaba. Como estaba a nombre de H.
M., el fondo de comercio a nombre de A., pensaba que todo era así.
Aparte era una persona que nunca preguntaba nada, era muy sumisa,
muy tímida, no se tocaban esos temas con ella…”.
En la misma línea se encuentra lo declarado por D. A. De A. ,
pareja de G. A. (hermana de M. ), pues preguntado acerca de qué
conocimiento tenía O. G. respecto los negocios de M. A., relató que
“…no tenía ningún tipo de conocimiento respecto las actividades de
M. A. . Era una mujer que no se metía en nada, ingenua… pensaba
que la playa de M. T. de Alvear 1973 estaba alquilada, lo cual sabe ya
que casi todas las playas de estacionamiento que M. tenía las
alquilaba, las tenía alquiladas. Aparte ese tema…se solía hablar en los
almuerzos que él (M. ) tenía en la casa del testigo y mantenía todo en
total confidencia…” (cfr. fs. 977 de los autos sobre “simulación”).
5.6.- La prueba, en suma, resulta por demás abundante y
contundente, y las quejas formuladas en su derredor no conmueven en
absoluto lo decidido ajustadamente a derecho.
En consecuencia, toda vez que el fallecimiento de M. E. A.
tuvo lugar el día 27/03/2005 y que la mediación data del 20/04/2006,
en ningún caso puede considerarse que la acción se encontraba
prescripta, por lo que en definitiva esta queja habrá de rechazarse.
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privativa del magistrado. Cuando se trata de probar un hecho por
prueba de testigos, las declaraciones tienen que ser categóricas,
amplias, sinceras, con razón de sus dichos y convincentes a tal punto
que no dejen duda alguna en el ánimo del juez (Falcón, E. M.,
Comentario al Código Procesal Civil y Comercial de la Nación..., T.,
I, Abeledo Perrot. pag. 745).
6.3.- Los apelantes también sostuvieron que “Ninguno de los
testigos señaló que M. E. A. engañó -o pretendió engañar- a O. M.
G. con relación a la playa de estacionamiento de Marcelo T. de
Alvear 1971 o a los inmuebles de Magariños Cervantes o Sánchez.
Faltó acreditar el dolo específico alegado como fundamento de la
acción. No se cumplimentan los "requisitos del acto simulado…”
(sic).
Precisamente todo lo contrario es lo que surge de sendos
testimonios, tal como diera cuenta en extenso anteriormente (y
profundizaré en el siguiente sub acápite), me refiero a las sucesivas
declaraciones formuladas en autos en tanto han sido contundentes al
dar cuenta acerca del engaño del que fue víctima la actora por parte de
su marido a lo largo de los años, al esconder este la verdadera
naturaleza en torno al carácter con el que desarrollaba sus diferentes
actividades comerciales.
Asimismo en este aspecto se destaca un elemento central que
incorporan los quejosos para afectar (diezmar) la credibilidad de las
declaraciones efectuadas por familiares del Sr. M. A., las que sin
duda alguna resultan rotundamente contrarias a los intereses que
defienden los demandados.
Me refiero a que según estos, la principal actividad laboral de
M. A. fue la producción agrícola, la que desarrollaba juntamente con
sus hermanos, contando para ello con importante capital invertido.
Razonan que nada de esto forma parte del objeto de este proceso, y
que todo quedó en manos de la familia, lo que a su criterio resulta
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Al ser interrogado acerca de las actividades económicas del
nombrado, sostuvo que: “…M. era dueño del predio de Marcelo T. de
Alvear 1975, donde funcionaba una playa de estacionamiento, el
fondo de comercio del mismo, y tres locales uno en planta alta y dos
en planta baja, locales que él alquilaba a terceras personas, todo lo
cual lo sé porque en virtud de mi actividad inmobiliaria me pidió que
en oportunidades distintas lo tasara y porque en esa época yo
trabajaba en la firma Gimenez Zapiola, distante a cuatro cuadras de
allí, donde me desempeñaba como gerente de ventas, y porque varias
veces a raíz de mi cercanía laboral dejé el coche en esa playa de
estacionamiento, y el no me cobraba. No quería que pagara
estacionamiento. Esta playa M. la tenía desde 1982, lo cual lo sé
porque me pidió que fuera prestanombre y me pidió que la pusiera a
mi nombre como persona física, y en el año 1984, 1985 pasó a
nombre de una tercer persona, creo llamada L., quien manifestó
haberla comprado para una S.A. llamada W. de la cual yo figuraba
primero como vicepresidente y posteriormente como presidente. Todo
esto lo sé por haber firmado papeles, obviamente. El fondo de
comercio de la playa de estacionamiento lo había puesto a nombre de
un sobrino de él, de nombre C. A. A. , hijo de L. , hermano de M. .
Respecto a las actividades, M. tenía además el negocio de cultivo,
transporte y distribución de gladiolos, cultivaba en la zona de Mar del
Plata. Además explotaba el fondo de comercio de varias playas de
estacionamiento anteriores a mil novecientos ochenta y dos, por el año
setenta y ocho aproximadamente, y que estaban ubicadas en la calle
Carabobo entre Avda. Rivadavia y Ramon Falcon, una de ellas, la otra
en Pichincha entre México y Chile, la tercera a la vuelta de esta, en
México 2200 entre Pichincha y Matheu, la cuarta en la calle Moreno
esquina Urquiza, y posteriormente una en la calle Ayacucho entre
Marcelo T. de Alvear y Avda. Santa Fe, a la vuelta de la de Marcelo
T. de Alvear. Yo se todo esto excepto la de Ayacucho, porque en el
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Finalmente, a todo ello cabe agregar el tenor de lo declarado
por A. E. G., sobrina de la accionante, quien vivió en la casa ubicada
en la parte de atrás a su vivienda (ver fs. 774/776), y lo manifestado
por C. Adrián A. , sobrino de M. A. (primo de sus hijos) (fs. 735/38
del Expte. N° 20.002/2.007), pues corroboran los extremo que
confieren basamento a la admisibilidad de las acciones formuladas.
6.5.- En suma, el cúmulo probatorio da cuenta entonces
sobradamente acerca de los múltiples perjuicios sufridos por los
accionantes en virtud de los sucesivos actos realizados, tanto respecto
a los inmuebles ubicados en la calle Marcelo T. de Alvear como a los
existentes en las calles Alejandro Magariños Cervantes y Santo Tomé.
Por tal razón, en definitiva, en virtud de las circunstancias de
hecho relatadas y las razones de derecho desarrolladas, considero que
la confirmación de lo ya decidido en la instancia de grado es la
solución que se impone.
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Ostrovsky Villar, Tomás s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 36.880/2014, del
06/12/2018; ídem, “Carabajal, Claudio c/ Transporte Larrazabal s/ Ds.
y Ps.”, Expte. N° 56.117/2.015m, del 03/10/2018; ídem, “Zorrilla,
Alejandro c/ Moschettu, Néstor s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 39.558/2.013,
del 24/9/2018; ídem, “Vallejos M. , J. c/ Fontanet, Marcelo s/ Ds. y
Ps.”, Expte. N° 105.804/2.009, del 20/3/2.018; ídem, “Ruiz, Fernando
c/ Bellotto, L. s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 22.052/2.014, del 24/112.016,
entre muchos otros).
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