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Fallo

La Cámara Civil de la Nación se reunió para decidir sobre la apelación de varias sentencias relacionadas con acciones de simulación, cumplimiento de contrato y sucesiones. Las partes impugnaron aspectos de la sentencia, incluyendo la tasa de réditos y el rechazo de la excepción de prescripción, mientras que el tribunal destacó la necesidad de argumentar errores específicos en la sentencia apelada. Finalmente, se concluyó que la sentencia apelada es justa y ajustada a derecho, tras un análisis detallado de la prueba presentada.

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Fallo

La Cámara Civil de la Nación se reunió para decidir sobre la apelación de varias sentencias relacionadas con acciones de simulación, cumplimiento de contrato y sucesiones. Las partes impugnaron aspectos de la sentencia, incluyendo la tasa de réditos y el rechazo de la excepción de prescripción, mientras que el tribunal destacó la necesidad de argumentar errores específicos en la sentencia apelada. Finalmente, se concluyó que la sentencia apelada es justa y ajustada a derecho, tras un análisis detallado de la prueba presentada.

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Poder Judicial de la Nación

CAMARA CIVIL - SALA J

EXPTE. N° 84.413/2006, “G. , O. M. c/ A. , M. G. s/ Simulación”,


Expediente N° 20.002/2007 “A. , L. M. c/ A. , M. G. y otros s/
Cumplimiento de contrato”, y EXPTE. N° 25.656/2008, “A. , L. M.
c/ A. , M. G. y otros s/ Sucesiones: acciones relacionadas”. Juzgado
Nacional en lo Civil N° 3

Buenos Aires, a los 29 días del mes de Julio de 2020,


reunidas las Señoras Juezas de la Sala “J” de la Excma. Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Civil, a fin de pronunciarse en los
autos caratulados “G. , O. M. c/ A. , M. G. s/ Simulación”, “A. , L.
M. c/ A. , M. G. y otros s/ Cumplimiento de contrato”, y “A. , L.
M. c/ A. , M. G. y otros s/ Sucesiones: acciones relacionadas”, el
Tribunal estableció la siguiente cuestión a resolver:

¿Es justa a derecho la sentencia apelada?


Practicado el sorteo resultó que la votación debía realizarse en
el siguiente orden: señoras juezas de Cámara doctoras: Beatriz A.
Verón, Gabriela Scolarici.

A la cuestión propuesta la Dra. Beatriz A. Verón dijo:

1.1.- Contra la sentencia definitiva de primera instancia apelan


las partes, presentaciones que han merecido algunas pertinentes
respuestas.
Sintetizaré las quejas formuladas para allanar el camino de su
posterior tratamiento y decisión consecuente.
1.2.1.- O. G. impugna los réditos fijados sobre el capital de
condena, requiere se fije la tasa activa desde el hecho hasta la fecha de
vigencia del Código Civil y Comercial, y el doble de la tasa activa
desde allí en adelante.

Fecha de firma: 29/07/2020


Firmado por: GRACIELA MONICA MORGAN, SECRETARIO DE CAMARA
Firmado por: BEATRIZ ALICIA VERON, JUEZ DE CAMARA
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1.2.2.- El también actor L. M. A., por su parte, critica el
rechazo parcial de su demanda en lo relativo al inmueble de la calle
Santo Tomé, razona que el juez de grado incurrió en un excesivo rigor
formal y solicita que se condene a su contraparte al pago de daños y
perjuicios.
1.2.3.- Finalmente los demandados formulan extensas críticas,
las que estrictamente se enmarcan en dos cuestiones diversas.
Impugnan por un lado el rechazo de la excepción de
prescripción opuesta, sostienen que G. conocía la existencia de la
playa de estacionamiento cuanto menos desde el año 1990, por lo que
la acción iniciada en su contra se encuentra largamente prescripta,
incluso aunque se aplicara el plazo decenal.
Por otro, en cuanto al fondo del asunto, refieren la existencia de
numerosos elementos aportados según los cuales consideran
demostrada la “relación de familia” existente a lo largo de los años
entre M. A. y M. A.. Sostienen que la misma se mantuvo de manera
ininterrumpida desde mediados de 1977, por lo que la relación que
aquél tuvo con la accionante no pasó de ser circunstancial y por un
tiempo muy limitado.
Cuestionan también la interpretación efectuada sobre la prueba
testimonial, tópico al que le dedican numerosas páginas, deteniéndose
especialmente en el valor de convicción que consideran corresponde
asignar a los diferentes deponentes.
Aducen que la actora no ha probado que desconocía la realidad
patrimonial de M. A., pues si efectivamente convivían (que admiten
solo como hipótesis) no podía desconocer que su "marido" pasó de
"florista" a "constructor" y de ahí, luego de dos años, a "garagista".
Por último, respecto a los inmuebles de las calles Magariños
Cervantes, Sánchez y Santo Tomé, dan por reproducidas aquí las
consideraciones desarrolladas sobre la playa de estacionamiento de
Marcelo T. de Alvear.

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1.2.4.- Cabe señalar que ha sido en el marco de las Acordadas


13/20, 14/20, 16/20 y 25/20 que se dictó el llamamiento de autos,
providencia que se encuentra firme, quedando de esta manera los
presentes en estado de dictar sentencia.

2.1.-De modo liminar señalo que el vigente Código Civil y


Comercial de la Nación aprobado por ley 26.994 contempla de
manera expresa lo tocante a la “temporalidad” de la ley.
Se impone interpretar coherentemente lo dispuesto por su art. 7°
sobre la base de la irretroactividad de la ley respecto de las situaciones
jurídicas ya constituidas, y el principio de efecto inmediato de la
nueva ley sobre las situaciones que acontezcan, o relaciones jurídicas
que se creen con posterioridad a su vigencia, así como a las
consecuencias de las relaciones y situaciones jurídicas existentes.
2.2.- En lo que concierne a los agravios de los recurrentes, cabe
traer a la memoria lo sostenido por Podetti -con su proverbial
agudeza- al señalar que no puede menos de exigirse a quien intenta
que se revise un fallo, que diga porqué esa decisión judicial no lo
conforma, poniendo de manifiesto lo que considera errores de hecho o
de derecho, omisiones, defectos, vicios o excesos.
Sólo si se procede de tal manera se cumple con los deberes de
colaboración y de respeto a la justicia y al adversario, facilitando al
Tribunal de Alzada el examen de la sentencia sometida a recurso y al
adversario su contestación, así como también limita el ámbito de su
reclamo (aut. cit., Tratado de los Recursos, Ed. Ediar, pág. 164; ver
esta Sala in re “Dasa, Juan Marcelo c/ Cascardo, Edgardo Jorge y
otros. s/ Daños y Perjuicios”, Expte. N° 63.793/2.010, del
XX/2012; ídem, “López; Cecilia y otro c/ Oliva, Walter y otro s/ Ds. y
Ps.”, Expte. N° 111.968/2.000, del 20/12/2011; ídem, “Rosas, Héctor
O. c/ Tte. Aut. Plaza S.A. s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 16.947/2.008, del

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17/5/2011; ídem, “Albarenque, H. c/ Navarro, Juan s/ Ds. y Ps.”,
Expte. N° 76.409/2.007, del 23/02/2010, entre otros).
Criticar es muy distinto a disentir, la crítica debe significar un
ataque directo y pertinente a la fundamentación, tratando de demostrar
los errores fácticos y jurídicos que ésta pudiere tener. En cambio
disentir es meramente exponer que no se está de acuerdo con la
sentencia.- Para abrir idóneamente la jurisdicción de alzada deben
ponerse en tela de juicio las partes del fallo que el apelante considera
equivocadas.-(Conf. .Highton-Arean, Código Procesal Civil y
Comercial de la Nación, Tomo 5, pág.266/267).
Por tanto, no se cumple con las exigencias que impone la ley
ritual en su art. 265 cuando como en el caso de autos se ensayan
extensas discrepancias en torno al mérito de la prueba producida y a
las conclusiones del pronunciamiento en crisis, sin señalar ni
demostrar los errores en que se ha incurrido concreta y puntualmente
o las causas por las cuales el pronunciamiento se considera injusto o
contrario a derecho, y más aún en autos donde el sentenciante de
grado efectuó un meticuloso análisis y aplicó la normativa adecuada
para arribar a una decisión fundada.
2.3.-No obstante ello, y al solo fin de preservar el derecho de
defensa (art. 18 CN), formularé algunas precisiones relacionadas con
las alegaciones conducentes para decidir este conflicto (C.S.J.N.,
Fallos: 258:304; 262:222; 265:301; 272-225, entre otros) y recuerdo
que, como todas las pruebas no tienen el mismo peso, me apoyaré
solo en las que resulten apropiadas para resolver el caso (CSJN,
Fallos: 274:113; 280:3201; 144:611), las que produzcan mayor
convicción en concordancia con los demás elementos de mérito de la
causa.
En otras palabras, se considerarán los hechos que Aragoneses
Alonso llama "jurídicamente relevantes" (Proceso y Derecho
Procesal, Aguilar, Madrid, 1960, pág. 971, párrafo 1527), o

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"singularmente trascendentes" como los denomina Calamandrei (“La


génesis lógica de la sentencia civil", en Estudios sobre el proceso
civil, págs. 369 y ss.).

3.1.- En el expediente N° 84.413/2006, la Sra. O. G. dedujo


tres acciones: 1) una tendiente a que se declare que M. E. A. utilizó
un mandatario oculto para adquirir los inmuebles de la calle Marcelo
T. de Alvear 1971/73/75/79/81 (escritura N° 341 del 17/06/1982) por
haber tenido lugar una “interposición real de personas”; 2) otra con el
objeto de que se declaren nulas por “simulación” absoluta e ilícita
sucesivas compraventas (N° 655 del 30/11/1983, N° 251 del
30/05/1985, N° 1095 del 29/12/2000, y N° 839 del 27/09/2001); 3) y
una última que pretende la liquidación de los referidos inmuebles para
obtener un crédito equivalente al 50% de su valor y de la explotación
del fondo de comercio de la playa de estacionamiento habilitada, más
los frutos devengados a partir de la disolución de la sociedad conyugal
con sus intereses.
3.2.- En el expediente N° 25.656/2008, L. M. A. requiere que
se declare que el fondo de comercio de la playa de estacionamiento de
la calle Marcelo T. de Alvear 1973, planta baja, en realidad perteneció
a su padre M. A. , por lo que consecuentemente solicita que sea
integrado al acervo sucesorio.
3.3.- Finalmente en el expediente N° 20.002/2007, también L.
M. A. pretende que se declare que los inmuebles ubicados en Santo
Tomé 4066/68/70 y Alejandro Magariños Cervantes 1894, ambos de
esta Ciudad Autónoma y que se encuentran inscriptos a nombre de M.
G. A. , en rigor forman parte del acervo sucesorio de su padre M.
A. , pues también habría utilizado para estos actos la interposición real
de personas. Solicita que la demandada transfiera los dominios para
disponer de su cuota parte en la sucesión.

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4.1.- Párrafo aparte merece la enjundiosa tarea desplegada en
autos por el juez de la anterior instancia que se corona y materializa
en su sentencia apelada.
Se trata de una pieza reveladora de un abordaje detenido del
caso (extremo que incluso reconocen los propios demandados
perdidosos), en la que se formula un agudo análisis del conflicto
jurídico existente entre los hijos del Sr. M. E. A. y quienes fueran
sus parejas y madres de aquéllos.
Por tanto en la sentencia en crisis ya se practicó un completo
encuadre jurídico del thema decidendum, y también se realizó un
sólido, pormenorizado y convincente estudio de la abundante prueba
producida; en tal sentido la prueba testimonial es objeto de un
minucioso análisis, y se explicita con elocuencia el valor de
convicción que se le asigna a cada una, y que la suscripta comparte y
suscribe lo ya resuelto a pesar del esfuerzo dialéctico desplegado por
los apelantes.
Todo lo apuntado, se impone reconocer, sin duda allana el
camino para dar respuesta fundada al interrogante disparador del
presente voto, pues efectivamente estoy persuadida que la sentencia
apelada resulta ajustada a derecho.
4.2.- Analizaré las probanzas producidas a la luz del “principio
de la sana crítica”, pues sirven para ilustrar al órgano jurisdiccional
acerca del significado de los hechos individuales que importan al
proceso, saber cuáles se han producido, qué consecuencias jurídicas
derivan de ellos y arribar así a la decisión final acerca de tales
fundamentos. Las reglas de la sana crítica son reglas del correcto
entendimiento humano: contingentes y variables con relación a la
experiencia del tiempo y del lugar; pero estables y permanentes en
cuanto a los principios lógicos en que debe apoyarse la sentencia
(Couture, Eduardo, JA 71-80 y ss.).Tales principios deben, además,
adecuarse con las circunstancias de hecho y del derecho del caso y

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con las máximas de la experiencia que, al decir de Kisch, es el


conocimiento que tiene el juez de la vida y de las personas (aut. cit.,
Elementos de Derecho Procesal Civil, trad. de L. Prieto Castro, 1° ed.,
Madrid, pág. 189).
Prueba es tanto la demostración de la existencia de un hecho
ignorado o no afirmado como la confirmación de un hecho
previamente afirmado, y la prueba apunta a la reconstrucción histórica
o lógica (indiciaria) de hechos sucedidos en el pasado y que pueden
subsistir en el presente, a través de leyes que gobiernan dicho proceso
y delimitan el campo de la búsqueda, sus tiempos y los medios para
conducirla, siendo también doctrina de este Tribunal que aún cuando
los hechos pueden preexistir con abstracción del proceso, en la
medida en que de aquéllos se pretenda extraer consecuencias jurídicas
e interesen a la litis, es menester que se los pruebe, de forma que
adquieran vida propia, se exterioricen y existan judicialmente para el
juez, las partes y el proceso, en razón que para el método judicial un
hecho afirmado, no admitido y no probado, es un hecho que no existe
(esta Sala in re “Lozano, Juan Pablo c/ Cuesta, Rafael s/ Ds. y Ps.”,
Expte. N° 17.059/2.012, del 15/02/2.019; ídem, “Jauregui, Héctor
Omar c/ HSBC La Buenos Aires Seguros S.A. ART s/ Ds. y Ps.”,
“Expte. N° 62.498/2.004, del 11/12/2012; ídem, “Villaverde, Araceli
c/ GCBA s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 49.762/99, del 05/8/2.010; ídem,
“Glustron, G. c/ Moreno, Jorge s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 14.864/2.003,
del 27/9/2.010, entre otros; Kielmanovich, Jorge L., Teoría de la
prueba y medios probatorios, Rubinzal Culzoni, 2001, págs. 20/21).
Recuerdo que por lo demás en el proceso civil dispositivo se
sirve y opera, en términos generales y con relación a las partes
procesales que intervienen en el mismo, un imperativo en base a la
idea de la carga procesal, vale decir, de un imperativo que se
estructura a partir del propio interés de aquéllos a cuya iniciativa el
legislador confía entonces la apertura de la instancia, la confirmación

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material del objeto del proceso, su desarrollo y conclusión. No parece
dudoso que la carga procesal, en definitiva, aparejaría antes que una
facultad un imperativo, es más algo que se “debe” hacer que algo que
se “puede” hacer, desde que no se la establece para garantizar o
procurar sencillamente el ejercicio de un derecho, prerrogativa o
potestad procesal, sino el cumplimiento de una conducta fijada, cierto
que en interés de la propia parte gravada con ella, pero también de la
propia administración de justicia (Kielmanovich, ob. cit., págs.
107/109; esta Sala in re “Nasta, L. c/ GCBA s/ Ds. y Ps.”, Expte. N°
1.314/2.010, del 08/6/2.017; ídem, “Repun, Ernesto c/ Club Atlético
Sefaradi Argentino (C.A.S.A.) s/ Cobro de Honorarios Profesionales”,
Expte. N° 50.288/2.009, del 26/6/2012; ídem, “Blanco, Viviana c/
Ttes. Aut. Riachuelo s/ Cobro de Honorarios Profesionales”, Expte. n°
111.766/2003, del 24/9/2009, entre otros; ídem, [Link]. San
Isidro, Sala I, 11/3/2004, “Agras, Miriam c/ Asoc. Médica del Norte s/
Ds. y Ps.”, en “Revista de Derecho de Daños”, 2004 - 1, pág. 405).
4.3.- Coincido con lo resuelto en la sentencia atacada, lo que
significa entonces confirmar que los inmuebles de la calle Marcelo T.
de Alvear 1971/73/75/79/81 fueron adquiridos por M. E. A. por
interpósita persona, así como la nulidad decretada de las restantes
escrituras otorgadas por el escribano J. L. De A. , por resultar actos
nulos de nulidad absoluta al haber sido ilícitamente simulados.
En igual sentido, corresponde declarar que los inmuebles de la
calle Santo Tomé y Alejandro Magariños Cervantes (con sus unidades
complementarias), también fueron adquiridos por interpósita persona
por M. E. A. , y finalmente que el fondo de comercio que funciona
en la calle Marcelo T. de Alvear 1973 también fue de propiedad del
fallecido M. E. A. , con los alcances puntuales que en cada caso se
especifican de manera extensa y enjundiosa en la sentencia recurrida
(acápite VIII).

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5.1.- Por razones de método, corresponde abordar en primer


lugar el estudio de la crítica formulada sobre la prescripción alegada.
5.2.- En torno a este instituto diré sintéticamente (atento a que
no resulta objeto de cuestionamiento) que su fundamento radica en el
“orden social” toda vez que apunta a asegurar y a consolidar la
estabilidad de las relaciones jurídicas, siendo profundas las raíces de
esta aporía que bebe de las aguas de la filosofía del derecho en las que
se enmarca la tensión entre justicia y seguridad jurídica (esta Sala, mi
voto in re “Salazar, Carlos Oscar y otro c/ Fernández, M. Cristina y
otros s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 108.159/2.007, del 06/11/2.018, entre
otros).
Como sostienen Pizarro y Vallespinos, tanto el orden como la
paz social requieren que los derechos sean ejercitados dentro de un
lapso razonable fijado por la ley. Con ello se evita que determinadas
situaciones de hecho pueden ser revisadas al cabo de un determinado
tiempo, lo cual da certeza a los derechos y aclara la situación de los
patrimonios, que se ven descargados en su pasivo de las obligaciones
prescriptas, y para alcanzar esa finalidad vital en una sociedad
moderna el ordenamiento jurídico a veces sacrifica el derecho del
acreedor, beneficiando al deudor, pero es lo que imponen el orden y la
paz social ante las indudables ventajas que presenta liquidar el pasado
y evitar litigios sobre los contratos o hechos cuyos títulos se han
perdido y cuyo recuerdo se ha borrado (auts. cits., Instituciones de
Derecho Privado. Obligaciones, Hammurabi, 1999, t. 3, pág. 658).
Por lo demás y a mayor abundamiento, recuerdo que según
inveterada doctrina jurisprudencial de la CSJN, en caso de duda debe
estarse por la subsistencia del derecho (cfr. entre muchos otros, 30-03-
64, ED 9-887; ídem, 4-5-95, JA 1995-III-504, ídem, 12-11-96, LL
1997-B-504, SCBA, 8-4-97, DJBA 153-4459), aplicación del
principio de conservación de los actos y negocios jurídico que tiene
jerarquía de principio general del derecho.

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5.3.- La accionante manifestó haber tomado conocimiento de
los actos realizados por M. A. a partir de su fallecimiento, y que
recién desde tal momento (27/3/2.005) llevó a cabo una investigación
que derivó en el inicio de este proceso.
Respecto a los demandados, en primer lugar observo que en las
alegaciones que practican como fundamento de este cuestionamiento
recorren exactamente la misma vía argumental que también utilizan
para atacar lo resuelto sobre el fondo del sub examine, en lo
neurálgico, que O. G. tenía conocimiento que la playa de
estacionamiento era de propiedad del Sr. M. A. , por lo menos desde
el año 1990, por lo que concluyen que la acción se encuentra
largamente prescripta.
Aducen que “… cuanto menos, la prescripción debió empezar a
correr cuando la actora supo que L. M. A. G. -su hijo- trabajaba en
la playa de estacionamiento de su padre, su ex esposo. Y ello ocurrió
en 1999 cuando cumplió 18 años. El principio iura novit curia impone
esta solución. En el actual estado del proceso esta parte entiende que
G. tuvo conocimiento de la compra de la playa por M. como
interpósita persona de su marido, en 1982!!! Así surge del "convenio
de mediación" (sic).
No coincido con tal apreciación de los hechos.
5.4.- En efecto, en el fraude ejecutado por M. A. en perjuicio
de los derechos gananciales de su consorte, resulta de aplicación el
plazo de prescripción decenal previsto por el art. 4023 del Código
Civil toda vez que la acción iniciada contra los excepcionantes se basó
en la comprobada “interposición real de personas”, así como el art.
4030 para los sucesivos actos otorgados atacados por “simulación”,
todo lo cual ya he señalado más arriba al precisar el carácter o
naturaleza de la acción promovida (cfr. acápite N° 3).
Por tanto, en cualquier caso, se tome el plazo decenal de
prescripción para la acción de mandato oculto o el plazo bienal de

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prescripción para la acción de simulación, en ningún caso llegó a


cumplirse, por lo que la queja debe rechazarse.
Como bien ha razonado el juez de grado, aun cuando se trate de
una serie de actos fraudulentos celebrados por un cónyuge en
perjuicio del otro, para desenmascararlos se calificó a la compraventa
de los inmuebles de la calle Marcelo T. de Alvear del 17/06/1982
(escritura N° 341) como una interposición real de persona, y no como
una simulación ante la ausencia de plazo específico, y rige entonces el
genérico decenal del art. 4023 del Código Civil según el cual “Toda
acción personal por deuda exigible se prescribe por diez años, salvo
disposición especial. Igual plazo regirá para interponer la acción de
nulidad, trátese de actos nulos o anulables, si no estuviere previsto un
plazo menor”,
Para terceras personas ajenas al acto impugnado, según el art.
4030 del mismo cuerpo legal, “La acción de nulidad de los actos
jurídicos, por violencia, intimidación, dolo, error, o falsa causa, se
prescribe por dos años, desde que la violencia o intimidación hubiese
cesado, y desde que el error, el dolo, o falsa causa fuese conocida.
Prescribe a los dos años la acción para dejar sin efecto entre las partes
un acto simulado, sea la simulación absoluta o relativa. El plazo se
computará desde que el aparente titular del derecho hubiere intentado
desconocer la simulación”, plazo que comienza a correr desde que el
interesado ha tenido conocimiento del acto aparente.
5.5.- Abundante prueba da cuenta que efectivamente la
accionante estaba completamente al margen de las actividades
empresarias de su marido, me refiero al tenor o naturaleza de su
carácter, y desde luego que el hecho que su hijo L. M. A. trabajara
desde el año 1990 en la playa de estacionamiento administrada por su
padre, no significa en absoluto que G. supiera por ese solo hecho que
su marido era titular dominial del inmueble en el que la actividad se
explotaba.

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La señalada inferencia que formulan los quejosos no resiste el
menor análisis, y en ella precisamente centran los demandados sus
expectativas en derredor de esta queja, pues no se condice en absoluto
con el resultado de la prueba producida.
En efecto, así G. M. A. , hermana de M. A. , fue terminante al
declarar que su hermano era “…muy manipulador, de envolver a las
personas quizás para sacar algún rédito, salir de prestanombre, era
muy seductor en su forma de ser, pero si uno necesitaba una ayuda el
también te ayudaba…”, y en cuanto a O. M. G. sostuvo que “…era
una chica muy quedada, muy sumisa, nunca decía nada, muy sufrida
también, porque todo se lo comía, en vez de decir algo se lo tragaba
de alguna manera, una persona muy engañada…no sabe cómo
aguanto todo, ya que ellos se preguntaban entre los hermanos cómo
era que esta mujer aguantaba todo, lo hablaban con su mamá…O. era
impecable, planchaba como de tintorería, mi hermano M. se iba
impecable. Ella siempre trabajaba, limpiaba, cuidaba a su hijo. Era
como una sirvienta…” (fs. 777/782 del expediente N° 84.413/2006).
Requerida que fuera para dar cuenta acerca del conocimiento
que tenía O. G. de los negocios de su esposo, contestó que “…no
tenía conocimiento de nada, era sumisa, quedada, hasta tenía miedo de
viajar en colectivo, en tren, el le decía que firmara esto y ella firmaba.
Era una tonta. Ella no sabía nada de la playa, ni de quién era, nada…”.
En cuanto a la relación de M. con sus amigos y familiares, la
testigo dijo que “…con los amigos era bueno, pero siempre era de
envolver a los hermanos, de manipular, de pedir, de juntar a la familia
pero siempre era de buscar un beneficio propio, si encontraba, si veía,
o de poner a alguien de prestanombre, o a nombre de la otra persona,
él era así. Él no tenía nada a nombre de él, creo que solo puso a
nombre de él el último auto que tuvo, la Vitara…”.
Igual de contundente ha sido la declaración de otra hermana de
M. A., I. A. , obrante a fs. 893/96 del expediente n° 84.813/2006.

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Inquirida acerca de la relación afectiva existente entre M. y O. ,


refirió que tenían una relación común “…con la diferencia que como
O. era sumisa, tímida, confiaba mucho en él, este se aprovechaba y la
engañaba. Eso lo sabíamos la familia, y ella también a veces se
enteraba de cosas, pero lo perdonaba, y la relación después
continuaba…”.
En lo concerniente a las actividades económicas que
desarrollaba su hermano, dio cuenta que “…en ese momento tenía la
playa de estacionamiento de Marcelo T. de Alvear y tenía una
actividad con las flores…. ella iba mucho con M. y con su esposo a la
playa de estacionamiento de Marcelo T. de Alvear, dice que esa playa
cuando recién la compraron…estaba a nombre de su esposo, H. M.,
como prestanombre…”.
Relató además que el fondo de comercio de la playa de
estacionamiento de Marcelo T. de Alvear estaba a nombre de su
sobrino, C. A. A., pero que era explotado por M. A., quien era
realmente el dueño y lo tenía a C. A. como prestanombre.
Dio cuenta también que a partir de mayo de 2002, es decir,
desde el accidente de su hermano, M. G. A. se encargó de la
explotación de la playa de estacionamiento de Marcelo T. de Alvear,
lo que se enteró por gente y por C. , quien le ofreció a A. ayuda
cuando M. tuvo el accidente, pero ella le dijo que no, que ella se
encargaba de todo, y en cuanto a la codemandada A. , declaró que “…
en vida…siempre la vio como ama de casa, con los hijos en la casa.
Después del accidente, ella empezó a trabajar en la playa…”.
Agregó que M. siempre ponía los bienes que compraba a
nombre de terceros, uno de ellos H. M., otro C. A. A. y que O. “…
nunca sabía nada, nunca le preguntaba nada a él, una persona
desinteresada. Él nos comentaba a nosotros, la familia lo que hacía y
deshacía, pero a la esposa no…”, y más adelante, cuando se le
preguntó específicamente acerca del conocimiento que tenía O.

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respecto de la titularidad de la playa de estacionamiento del inmueble
de Marcelo T. de Alvear, contestó que sabía que M. tenía la playa
pero que pensaba que la tenía alquilada, que “…no tenía mucho
conocimiento y tampoco preguntaba. Como estaba a nombre de H.
M., el fondo de comercio a nombre de A., pensaba que todo era así.
Aparte era una persona que nunca preguntaba nada, era muy sumisa,
muy tímida, no se tocaban esos temas con ella…”.
En la misma línea se encuentra lo declarado por D. A. De A. ,
pareja de G. A. (hermana de M. ), pues preguntado acerca de qué
conocimiento tenía O. G. respecto los negocios de M. A., relató que
“…no tenía ningún tipo de conocimiento respecto las actividades de
M. A. . Era una mujer que no se metía en nada, ingenua… pensaba
que la playa de M. T. de Alvear 1973 estaba alquilada, lo cual sabe ya
que casi todas las playas de estacionamiento que M. tenía las
alquilaba, las tenía alquiladas. Aparte ese tema…se solía hablar en los
almuerzos que él (M. ) tenía en la casa del testigo y mantenía todo en
total confidencia…” (cfr. fs. 977 de los autos sobre “simulación”).
5.6.- La prueba, en suma, resulta por demás abundante y
contundente, y las quejas formuladas en su derredor no conmueven en
absoluto lo decidido ajustadamente a derecho.
En consecuencia, toda vez que el fallecimiento de M. E. A.
tuvo lugar el día 27/03/2005 y que la mediación data del 20/04/2006,
en ningún caso puede considerarse que la acción se encontraba
prescripta, por lo que en definitiva esta queja habrá de rechazarse.

6.1.- En torno a la cuestión estrictamente de fondo, por lo


pronto y como ya diera cuenta, resulta confluyente en su aspecto
sustantivo con las alegaciones enmarcadas en la anterior queja y que
mereciera el tratamiento ya conferido, lo que orienta la solución que
anticipara en orden a la confirmación del fallo en crisis.

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6.2.- En efecto, para arribar a dicha solución observo que en su


escrito de agravios los accionados cuestionan la interpretación
efectuada por el juez de grado sobre la abundante prueba producida y
el valor o peso que le asignara, la que descalifican por diversas
razones. Así por ejemplo, se detiene especialmente a cuestionar lo
declarado por G. M. A. (a su decir, la “hermana favorita” de M. ),
A. E. G., J. L. De A., I. A., A. De A., H. L. M., G. A., C. A. A.,
siendo que he recurrido a algunas de ellas para resolver la cuestión
anterior.
Respecto a la credibilidad de este medio probatorio diré que de
manera reiterada he sostenido que los testimonios deben ser valorados
en relación al plexo probatorio comprendido en su totalidad, de
acuerdo a la vinculación y concordancia existente entre las diversas
pruebas, valoración que está sujeta al prudente arbitrio judicial según
las circunstancias o motivos que corroboren o disminuyan la fuerza de
su contenido (art. 386 del rito), de tal suerte que deben ser apreciados
en función de diversos elementos, tales como las condiciones
individuales y genéricas del deponente, seguridad del conocimiento
que manifiesta, coherencia del relato, razones de la convicción que
relata y la confianza que inspira (esta Sala, “Sánchez Morales, Sandra
c/ Ttes. Aut. Plaza y otro s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 71.254/2.012, del
11/8/2.019; ídem, “González, Petrona c/ Mancera, Segundo s/ Ds. y
Ps.”, Expte. N° 82.214/2.009, del 08/5/2019; ídem, Expte. n°
89.101/2011, “Protti, Oscar Mario c/ Consorcio de la Avenida Acoyte
1236 y otros s/ Ds. y Ps.”, del 03/12/2018; CNCiv, Sala “D”, “Kim
SunJoo c/ Aguas y Saneamientos Argentinos S.A. s/ Ds. y Ps.”,
Expte. Nº 66.779/2007, del 06/12/2010, entre muchos otros).
En el terreno de la apreciación de la prueba y en especial de la
prueba testimonial, el juzgador puede inclinarse por lo que le merece
mayor fe en concordancia con los demás elementos de mérito que
puedan obrar en el expediente, siendo ello, en definitiva, una facultad

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privativa del magistrado. Cuando se trata de probar un hecho por
prueba de testigos, las declaraciones tienen que ser categóricas,
amplias, sinceras, con razón de sus dichos y convincentes a tal punto
que no dejen duda alguna en el ánimo del juez (Falcón, E. M.,
Comentario al Código Procesal Civil y Comercial de la Nación..., T.,
I, Abeledo Perrot. pag. 745).
6.3.- Los apelantes también sostuvieron que “Ninguno de los
testigos señaló que M. E. A. engañó -o pretendió engañar- a O. M.
G. con relación a la playa de estacionamiento de Marcelo T. de
Alvear 1971 o a los inmuebles de Magariños Cervantes o Sánchez.
Faltó acreditar el dolo específico alegado como fundamento de la
acción. No se cumplimentan los "requisitos del acto simulado…”
(sic).
Precisamente todo lo contrario es lo que surge de sendos
testimonios, tal como diera cuenta en extenso anteriormente (y
profundizaré en el siguiente sub acápite), me refiero a las sucesivas
declaraciones formuladas en autos en tanto han sido contundentes al
dar cuenta acerca del engaño del que fue víctima la actora por parte de
su marido a lo largo de los años, al esconder este la verdadera
naturaleza en torno al carácter con el que desarrollaba sus diferentes
actividades comerciales.
Asimismo en este aspecto se destaca un elemento central que
incorporan los quejosos para afectar (diezmar) la credibilidad de las
declaraciones efectuadas por familiares del Sr. M. A., las que sin
duda alguna resultan rotundamente contrarias a los intereses que
defienden los demandados.
Me refiero a que según estos, la principal actividad laboral de
M. A. fue la producción agrícola, la que desarrollaba juntamente con
sus hermanos, contando para ello con importante capital invertido.
Razonan que nada de esto forma parte del objeto de este proceso, y
que todo quedó en manos de la familia, lo que a su criterio resulta

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revelador del carácter interesado de lo declarado por estos deponentes,


y de allí que requieran no se les confiera valor probatorio.
Tampoco coincido con dicha aseveración, carente
completamente de respaldo probatorio, resultando de aplicación la
regla cardinal contenida en el art. 377 del rito.
Lo alegado importa una intrincada concatenación de hechos a
través de la cual los quejosos procuran basar la alegada parcialidad de
los numerosos testigos, la que no se advierte en absoluto. En torno a
estas decisivas declaraciones de familiares directos, llama la atención
de la suscripta que a pesar de la relevancia que le asignan, los
apelantes se limitan a denunciar ligeramente la existencia de una
“conveniencia común” sin acompañar (y mucho menos aportar)
elementos alguno para brindar sustento a la grave imputación que
practican.
6.4.- Los apelantes alegaron que “O. M. G. tuvo, en su
momento, el "documento" que la investía de un carácter que no
ejercitaba: el de esposa de M. E. A. . Ello se afirma en cuanto,
ninguna duda cabe a esta altura del proceso, que fue M. G. A. quien
detentó la posesión del estado de familia como consorte de M. E. A.
con quien convivió desde 1977, tuvo tres hijos, se casó tras su
divorcio y a quien acompañó hasta su fallecimiento tras su
desgraciado accidente, tornando operativa la clásica admonición de
permanecer unidos hasta que la muerte los separe” (sic).
Lo transcripto no surge de la prueba producida, sino lo
contrario, precisamente lo sostenido por la actora como fundamento
de su pretensión, y para ello cabe citar lo extensamente desarrollado
ut supra (acápite N° 5.5).
Específicamente en lo concerniente a la cuestionada titularidad
de los diferentes inmuebles, además de los relevantes y categóricos
testimonios ya referidos, contamos con otros como el realizado por H.
M., cuñado de M. A. (esposo de I.).

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Al ser interrogado acerca de las actividades económicas del
nombrado, sostuvo que: “…M. era dueño del predio de Marcelo T. de
Alvear 1975, donde funcionaba una playa de estacionamiento, el
fondo de comercio del mismo, y tres locales uno en planta alta y dos
en planta baja, locales que él alquilaba a terceras personas, todo lo
cual lo sé porque en virtud de mi actividad inmobiliaria me pidió que
en oportunidades distintas lo tasara y porque en esa época yo
trabajaba en la firma Gimenez Zapiola, distante a cuatro cuadras de
allí, donde me desempeñaba como gerente de ventas, y porque varias
veces a raíz de mi cercanía laboral dejé el coche en esa playa de
estacionamiento, y el no me cobraba. No quería que pagara
estacionamiento. Esta playa M. la tenía desde 1982, lo cual lo sé
porque me pidió que fuera prestanombre y me pidió que la pusiera a
mi nombre como persona física, y en el año 1984, 1985 pasó a
nombre de una tercer persona, creo llamada L., quien manifestó
haberla comprado para una S.A. llamada W. de la cual yo figuraba
primero como vicepresidente y posteriormente como presidente. Todo
esto lo sé por haber firmado papeles, obviamente. El fondo de
comercio de la playa de estacionamiento lo había puesto a nombre de
un sobrino de él, de nombre C. A. A. , hijo de L. , hermano de M. .
Respecto a las actividades, M. tenía además el negocio de cultivo,
transporte y distribución de gladiolos, cultivaba en la zona de Mar del
Plata. Además explotaba el fondo de comercio de varias playas de
estacionamiento anteriores a mil novecientos ochenta y dos, por el año
setenta y ocho aproximadamente, y que estaban ubicadas en la calle
Carabobo entre Avda. Rivadavia y Ramon Falcon, una de ellas, la otra
en Pichincha entre México y Chile, la tercera a la vuelta de esta, en
México 2200 entre Pichincha y Matheu, la cuarta en la calle Moreno
esquina Urquiza, y posteriormente una en la calle Ayacucho entre
Marcelo T. de Alvear y Avda. Santa Fe, a la vuelta de la de Marcelo
T. de Alvear. Yo se todo esto excepto la de Ayacucho, porque en el

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servicio militar adquirí la habilidad de ser letrista de carteles y él me


pedía que le confeccionara los carteles con los precios y las
modalidades de cada playa de estacionamiento. Además antes de
explotarlas, no estoy seguro que fueran de su propiedad, sí tengo
entendido por sus dichos que el tenía el fondo de comercio, me pedía
consejo acerca de su ubicación. Sé que él tuvo muy buen pasar
económico entre los años 1978/80 producto del comercio de flores, y
de la explotación de estas playas de estacionamiento, lo cual le
permitió comprar en 1982 Marcelo T. de Alvear 1973/75. El me
consultaba mucho a nivel inmobiliario…” (ver fs. 667/669 del Expte.
N° 20.002/2.007 sobre “cumplimiento de contrato”).
También cabe citar lo depuesto por G. A. , sobrina de M. E.
A., pues en coincidencia con las otras declaraciones, en lo pertinente
sostuvo que “…tenía la playa de estacionamiento desde el año 1982,
que usó como prestanombre a su por entonces cuñado H. M. ,
después compra una propiedad en la Calle Santo Tome en el año 1994
donde construye su casa particular, y después, más o menos al año
siguiente, compra unos locales en la calle Alejandro Magariños
Cervantes esquina Sánchez, donde hay cuatro locales. En todos los
casos el siempre usó prestanombres, esto lo sabe porque él, M. ,
hablaba de ello en la familia o en el trabajo. La propiedad de Marcelo
T. de Alvear tenía como prestanombre a H. M. a título personal,
como persona física, después crea una sociedad anónima de nombre
W. , por el año 1985, 86, más o menos, sociedad donde el
vicepresidente era M. y después paso a ser el presidente, y en el año
2000 lo nombran dentro del directorio como responsable a P..
Después pasa la propiedad a nombre de una empresa llamada R., que
se trataba de una sociedad uruguaya. Después, la casa de Santo Tome
y los locales de Alejandro Magariños Cervantes utiliza como
prestanombre a G. A. …” (fs. 671/672).

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Finalmente, a todo ello cabe agregar el tenor de lo declarado
por A. E. G., sobrina de la accionante, quien vivió en la casa ubicada
en la parte de atrás a su vivienda (ver fs. 774/776), y lo manifestado
por C. Adrián A. , sobrino de M. A. (primo de sus hijos) (fs. 735/38
del Expte. N° 20.002/2.007), pues corroboran los extremo que
confieren basamento a la admisibilidad de las acciones formuladas.
6.5.- En suma, el cúmulo probatorio da cuenta entonces
sobradamente acerca de los múltiples perjuicios sufridos por los
accionantes en virtud de los sucesivos actos realizados, tanto respecto
a los inmuebles ubicados en la calle Marcelo T. de Alvear como a los
existentes en las calles Alejandro Magariños Cervantes y Santo Tomé.
Por tal razón, en definitiva, en virtud de las circunstancias de
hecho relatadas y las razones de derecho desarrolladas, considero que
la confirmación de lo ya decidido en la instancia de grado es la
solución que se impone.

7.1.- A similar solución cabe arribar en torno a la queja que


ensaya L. M. A. en torno al rechazo parcial de su demanda sobre el
inmueble de la calle Santo Tomé.
7.2.- En efecto, aquí es menester recordar que en este caso el
actor solicitó que la demandada transfiriera el dominio en cuestión
para poder disponer del 25% que le corresponde en su carácter de
heredero de su padre.
En el fallo apelado se razonó con acierto que de no haber
mediado la comprobada “interposición de personas”, el inmueble
hubiese ingresado al patrimonio hereditario, mas al resolverse de la
manera apuntada no se incurrió en un excesivo rigor formal, sino que
se contemplaron diversas circunstancias confluyentes, entre las que se
destaca -desde ya- que el inmueble fue objeto de transmisión onerosa
a favor de un tercero, frustrando consecuentemente la pretensión en

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los términos intentados de conformidad con lo prescripto por el art.


163, inc. 6° del rito.
Lo resuelto, desde luego, sin perjuicio que el accionante
procure hacer valer sus derechos de la manera y ante quien considere
que corresponda.

8.1.- Por último, en torno a los réditos sobre el capital de


condena, es G. quien requiere que se fije la tasa activa desde el hecho
hasta la fecha de vigencia del Código Civil y Comercial, y el doble de
la tasa activa desde allí en adelante.
Aquí también propondré rechazar la queja formulada y
confirmar el temperamento adoptado en la sentencia recurrida.
8.2.- En efecto, considero que ya se ponderaron adecuadamente
los múltiples aspectos involucrados en el sub examine, la naturaleza
de los derechos en tensión en este conflicto, como también el hecho
que este ya lleva prácticamente catorce años de litigio.
Propongo confirmar que los intereses sobre las sumas de dinero
reconocidas a O. M. G. en el expediente N° 84.413/2006 se calculen
a la tasa del 8% desde la fecha de interposición de la demanda hasta la
sentencia recurrida, y desde dicho pronunciamiento en adelante a la
tasa activa fijada, mientras que respecto al crédito reconocido sobre
los alquileres devengados desde el 18/11/2006, los réditos se
computen a la tasa activa desde la fecha de devengamiento de cada
período locativo en adelante.
A diferencia de lo requerido por G. , al ponderar la situación
económica de los últimos años, es la tasa activa y con el específico
alcance indicado, la solución que mejor se adecua a las particulares
circunstancias del caso, cumplimentándose así la finalidad emergente
del principio cardinal del art. 1083 CC (art. 1740 CCyCom.) (esta
Sala in re “Garitonandia, Alberto c/ Flores, Miguel A. s/ Ds. y Ps.”,
Expte. N° 34.978/2.011, del 12/02/2019; ídem, “Cansino, Diego c/

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Ostrovsky Villar, Tomás s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 36.880/2014, del
06/12/2018; ídem, “Carabajal, Claudio c/ Transporte Larrazabal s/ Ds.
y Ps.”, Expte. N° 56.117/2.015m, del 03/10/2018; ídem, “Zorrilla,
Alejandro c/ Moschettu, Néstor s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 39.558/2.013,
del 24/9/2018; ídem, “Vallejos M. , J. c/ Fontanet, Marcelo s/ Ds. y
Ps.”, Expte. N° 105.804/2.009, del 20/3/2.018; ídem, “Ruiz, Fernando
c/ Bellotto, L. s/ Ds. y Ps.”, Expte. N° 22.052/2.014, del 24/112.016,
entre muchos otros).

9.- En suma, en virtud de todo lo expuesto, doy mi voto para:


a) Rechazar las quejas formuladas;
b) Imponer las costas de Alzada a cada uno de los perdidosos
(art. 68 de rito).
La Dra. Gabriela M. Scolarici adhiere al voto precedente.
Se deja constancia que la vocalía Nº 30 se encuentra vacante.
Con lo que terminó el acto, firmando las Sras. vocales conforme
a las Acordadas 12/20 y 31/20, que doy fe.

Buenos Aires, 29 de Julio de 2020.-


Y VISTOS:
Lo deliberado y conclusiones establecidas en el Acuerdo
precedentemente transcripto el Tribunal RESUELVE:
a) Rechazar las quejas formuladas;
b) Imponer las costas de Alzada a cada uno de los
perdidosos (art. 68 de rito).
c) Diferir la regulación de honorarios para su
oportunidad.

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Regístrese, notifíquese a las partes por Secretaría,


comuníquese a la Dirección de Comunicación Pública de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación (Acordada Nº 15/13 art. 4º) y,
oportunamente, devuélvase. Se deja constancia que la vocalía Nº 30 se
encuentra vacante.

Fecha de firma: 29/07/2020


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