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Muerte Diego

El documento explora la muerte, sepultura, duelo y viudez desde perspectivas antropológicas, sociológicas y teológicas, destacando la muerte como un proceso social y cultural. Se analizan los rituales funerarios y el duelo como procesos psicológicos, así como la viudez como un estado que requiere ajustes psicosociales. Además, se discuten las variaciones culturales en las prácticas funerarias y el significado de la muerte en diferentes sociedades.
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Muerte Diego

El documento explora la muerte, sepultura, duelo y viudez desde perspectivas antropológicas, sociológicas y teológicas, destacando la muerte como un proceso social y cultural. Se analizan los rituales funerarios y el duelo como procesos psicológicos, así como la viudez como un estado que requiere ajustes psicosociales. Además, se discuten las variaciones culturales en las prácticas funerarias y el significado de la muerte en diferentes sociedades.
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Muerte, sepultura, duelo y viudez.

Temas para el desarrollo del trabajo de confirmación.


Traer aspectos antropológicos, y sociológicos
Aspectos bíblicos – teológicos.
Aspectos pastorales
Propuesta contextual:
1. descripción de un caso y su contexto
2. propuesta de abordaje
3. acción pastoral (liturgia, reflexión, aconsejamiento, visita, etc.)
4. rol de la congregación / comunidad
Introducción:

Aspectos antropológicos
Muerte:
La muerte es la experiencia de un límite, un misterio último, que tras la
dimensión de finitud impuesta al ser, busca la necesidad de sentido, el anhelo de la
perpetuación, el deseo de reencontrarse con la naturaleza o reconciliarse con lo sagrado.
Frente al límite de la vida nuestra conciencia se apercibe de las cualidades que la
trascienden, y que están más allá de la relatividad de sus empresas, sus vínculos
sociales, y su propio conocimiento del mundo y de sí mismo.
La muerte como final no como tránsito, sino como final absoluto e irrevocable
surgió por primera vez con la forma de existencia que hemos denominado "una vida
propia".
La muerte es natural, cotidiana, aleatoria y universal. Natural, a pesar de serlo,
el ser humano la sigue viendo como una agresión o accidente que nos toma
desprevenidos. Cotidiana, puesto que todos los días se mueren personas a nuestro
alrededor y sin embargo siempre nos parece lejana y que son otros los que mueren y no
nosotros o nuestros seres queridos. Aleatoria, pues sigue siendo impredecible e
indeterminable, por lo que la certeza de que todos vamos a morir se suma y enfrenta a la
incertidumbre de cuándo, imprevisible. Universal, pues todo lo que vive, todo lo que es,
está destinado a perecer o a desaparecer, pero también es única, ya que ninguna persona
puede ocupar el lugar de otra cuando le llegue el momento de su muerte.
Resumen: La muerte se concibe como un proceso social y cultural, no solo como
un evento biológico. Implica las creencias, rituales, y significados que una sociedad le
atribuye al deceso, así como las prácticas y relaciones que se establecen alrededor de la
pérdida.
Causas de la muerte: La causa de muerte puede ser natural (envejecimiento,
enfermedad, depredación, desastre natural) o inducida (suicidio, homicidio, eutanasia,
accidente, pena de muerte, desastre medioambiental, etc).

Sepultura, ceremonias funerales:


ceremonias que marcan el tránsito entre la vida y la muerte. A lo largo de los
siglos, los diferentes ritos funerarios han permitido simbolizar la continuación de la vida
tras el fallecimiento, el descanso del alma de la persona fallecida o la canalización del
dolor de sus seres queridos.
Todas las culturas han creado sus propios ritos funerarios con el fin de dar
sentido al fallecimiento de un ser querido. Y ahí radica principalmente la importancia
de los ritos funerarios: en servir como homenaje o reconocimiento social a una persona
fallecida
Los rituales funerarios se conciben como prácticas socio-culturales específicas
de la especie humana, relativas a la muerte de alguien y a las actividades funerarias que
de ella se derivan tales como velorios, rezos, entierros, cremaciones, momificaciones,
edificación de monumentos y sacrificios humanos entre otros y sea cual sea la opción
funeraria que se practique, están caracterizados por un elaborado código simbólico
sobre la base del cual se construye la realidad social.
La sepultura es aquel espacio/lugar en el que se entierra a una persona. Este
acto también se denomina por dar sepultura.
No obstante, existen diferentes tipos de enterramientos, pues dependiendo si
dispone de un monumento, se guardan los restos del fallecido en un lugar específico de
la misma familia o bien se da sepultura de forma individual, tiene un nombre u otro.
Se suelen agrupar en cementerios y la ubicación de cada cuerpo está señalada
por una lápida.
Existen varios tipos de sepulturas: panteón, nicho funerario, mausoleo,
tumbas familiares, etc.
 Nicho: un nicho es una cavidad en el muro o pared, donde se colocan los restos
del difunto. Allí se introduce el féretro o el recipiente de las cenizas.
 Panteón: el Panteón es un tipo de monumento funerario que aloja los restos
mortales de varias personas. Normalmente está ubicado en un cementerio y
suelen ser de una familia o de un grupo de personas que así lo dispuso en vida.
 Mausoleo: un mausoleo es un sepulcro o monumento funerario suntuoso que se
construye con el fin de mantener y honrar los restos de algún individuo, grupo
familiar o grupo de personas relacionadas entre sí. Una de las particularidades de
este tipo de sepulcros es el gran espacio interior y el objetivo es proteger y
mantener en buen estado los restos del difunto para su descanso eterno. El
mausoleo puede ser construido como una edificación independiente de otras o
bien puede ser integrado en una iglesia o construcción de mayores dimensiones.
 Tumba: la tumba es una edificación o pequeña cámara destinada a depositar a
los difuntos. Puede estar parcial o totalmente bajo tierra en un cementerio o
dentro de una iglesia o en su cripta. Las tumbas individuales suelen estar
selladas, mientras que las familiares o para grupos tienen puertas para acceder a
ellas.
 Columbario: son los nichos destinados a contener las urnas cinerarias. La
palabra columbarium significa palomar y de su similitud con los palomares
proviene este término.
 Cenotafio: Un cenotafio es un monumento funerario que no contiene el cadáver
del personaje a quién se dedica

Duelo:
El duelo es el proceso psicológico que se produce tras una pérdida, una ausencia,
una muerte o un abandono. Es diferente para cada persona. Se pueden sufrir diferentes
síntomas emocionales y físicos como: ansiedad, miedo, culpa, confusión, negación,
depresión, tristeza, shock emocional.
El duelo se trata de una herida y, por tanto, requiere de un tiempo para su
cicatrización.
En el duelo no tan solo encontramos pérdidas relacionadas con la muerte o
fallecimiento de amigos o familiares, sino que también podemos hablar de relaciones
que han finalizado, o cualquier otra situación donde hayamos perdido algo a lo que
nosotros hayamos establecido un valor.
Los elementos más importantes del duelo son la pérdida y el apego con el
mismo, por tanto, la intensidad del proceso de duelo dependerá del valor que le demos
al objeto perdido. El duelo comprende factores psicológicos, físicos y sociales, no hay
un momento concreto en el que se determina que finaliza el duelo, pero sí que sería
necesario completar una serie de fases hasta alcanzar la recuperación emocional, que se
exponen más adelante
Negación:
“No puede ser verdad”, “cómo ha podido ser”, “no es justo” Son frases que
todos reconocemos haber utilizado alguna vez. La incredulidad es la primera reacción
ante un golpe de la vida. La negación es un escalón inevitable que hay que atravesar y
del que finalmente hay que salir para digerir la pérdida. Negar es una manera de decirle
a la realidad que espere, que todavía no estamos preparados. El impacto de la noticia es
tan fuerte que dejamos de escuchar, de entender, de pensar. Puede suceder que en un
primer momento el bloqueo sea tan grande que no podamos ni sentir. La negación tiene
el sentido de darnos una tregua. Hay quien niega la pérdida pero también hay quien
aceptando precipitadamente la crudeza de la realidad lo que en realidad trata es de
negar el dolor.
Enfado:
Lo primero que debemos de hacer con la rabia es reconocerla y aceptarla para
poder sacarla fuera. La rabia tiene una razón de ser. Es pedir ayuda, nos impulsa a tomar
otros caminos, cuando estamos en el fondo del agujero nos hace tomar impulso para
salir a flote. Es un arma para la supervivencia. Toda la rabia que se queda dentro,
que intentemos negar o esconder nos acabará machacando.
Negociación:
Es el momento en que fantaseamos con la idea de revertir la situación, se puede
llegar a pactar con quien haga falta hasta incluso con Dios prometiendo lo que sea
necesario. Se buscan formas de hacer que lo inevitable no sea posible. Pero esta
etapa es breve porque estar pensando todo el día en soluciones es realmente agotador.
Miedo o depresión:
La persona siente tristeza, incertidumbre ante el futuro, vacío y un profundo
dolor. La persona se siente agotada y cualquier tarea se vuelve complicada. “La vida es
una mierda”, “no seré feliz nunca”, “no encontraré a nadie igual” o “ya no volverá “ es
lo que suele repetirse cuando la persona se está enfrentando a su dolor. Pero a pesar de
que pueda pensar que esto no acabará nunca y que va a durar para siempre, la realidad
es que solo desde este punto podrá volver a reconstruirse.
Aceptación:
Es el último paso del duelo. Nunca es fácil aceptar que lo que se perdió se
perdió y no hay vuelta atrás. Tenemos la alternativa de no aceptar pero una vez
llegados aquí nos damos cuenta de que si no lo hacemos el precio a pagar es muy
alto. Llegar a este punto requiere de un gran trabajo. Se trata de aceptar que las piedras
que vamos encontrando en la vida también forman parte del camino.
Sentirse “uno más” es una manera de devolver el duelo a su lugar y trabajarlo como un
aspecto más de la vida, de ese proceso en que reconocemos que también la pérdida
forma parte de la vida, de la misma forma que perdemos juventud, relaciones, lugares,
seres queridos
¿Cuáles son los síntomas del duelo?
 Tristeza, y pensamientos recurrentes acerca de la pérdida
 Falta de concentración.
 Atención extrema o anulación de recuerdos.
 Problemas para aceptar la pérdida.
 Distanciamiento social.
 Resentimiento por la pérdida
 Incapacidad para realizar actividades lúdicas.
Tipos de duelos
Existen distintos tipos de duelo según la afectación que cause la pérdida en la
persona:
 Duelo anticipado: consiste un proceso vivido por el paciente y familia, de
forma previa a una pérdida real. Este tipo de duelos lo podemos encontrar ante
situaciones terminales o pacientes diagnosticados con enfermedades avanzadas.
 Duelo sin resolver: cuando la persona se encuentra inmersa en el proceso de
duelo, sobre todo en la fase de ira.
 Duelo ausente: consiste en un tipo de duelo donde parece que nada haya
sucedido. Es un duelo, sin embargo, pendiente de trabajar para acabar aceptando
la realidad tal y como es.
 Duelo crónico, patológico o complicado: consiste en un duelo que continua en
intensidad más allá de cierto período de tiempo, y se encuentra en un grado
significativamente perjudicial para la vida de la persona.
 Duelo retardado o pospuesto: consiste en un duelo que se caracteriza por tener
una reacción insuficiente en el momento de la pérdida, y que se puede
reexperimentar los síntomas del duelo en el futuro.
 Duelo desautorizado o silente: es aquel que nosotros mismo, el entorno o la
misma sociedad nos niega o nos obliga a que no se exprese en la forma en que
nosotros lo necesitamos.

Viudez
La viudez es el estado civil que adquiere un hombre o una mujer tras el
fallecimiento de su cónyuge. Se considera viuda a la mujer cuyo cónyuge ha fallecido, y
viudo a la mujer cuyo cónyuge ha fallecido. Es útil distinguir entre viudez y duelo.
Para llegar al estado de viudez, es porque es la pérdida por fallecimiento del
cónyuge constituye el estado denominado viudez e implica un cambio que requiere
realizar un ajuste psicosocial y familiar para asumir la pérdida. El significado que se le
atribuye a la viudez depende de condiciones socio-culturales, económicas y personales
tales como la edad, género, cantidad de años vividos con la pareja, etapa de la vida en la
que se experimenta la viudez entre otros. Los objetivos del estudio se centraron en
investigar las circunstancias de la viudez, consecuencias, la red social de apoyo,
participación social y formación de nuevas parejas.
Aspectos sociológicos
Muerte
La muerte para la sociedad, es el cese de la vida biológica, es el fin de todo
aquellos que debemos ser. Que quiere decir eso, que la muerte es el último capítulo de
cada individuo, la última parte del proceso que tiene que ver con nacer, crecer,
reproducir o ser productivo, luego morir. Es como el proceso culminante donde
volvemos a la naturaleza.
En la sociedad actual la muerte ya no se interpreta, como en las sociedades
tradicionales, como un proceso de renovación de las generaciones, sino como el final de
la vida individual, de ese sujeto único e indivisible creado por el pensamiento científico
moderno.

Sepultura
La sepultura, desde un punto de vista social, es un acto cultural y ritual que
refleja la forma en que una sociedad enfrenta la muerte y honra a los difuntos. Implica
no solo el entierro o inhumación de un cadáver, sino también la creación de un espacio
significativo que permite recordar, conmemorar y expresar el duelo.
En resumen: La sepultura, desde un punto de vista social, va más allá del simple
acto de enterrar un cadáver. Es un ritual social que refleja la cultura, las creencias y las
prácticas funerarias de una sociedad, y que permite a los vivos conmemorar la vida de
los difuntos y expresar el duelo.
Algunas culturas la consideran una transición a otra vida, mientras que otras ven
la muerte como un final. Los ritos pueden incluir cremación, entierro, o incluso
prácticas más inusuales como el desecamiento o el entierro de los cuerpos en tumbas
familiares.
Musulmanes
Al morir un musulmán, sus familiares (hombres en el caso de fallecer un
hombre, mujeres en el caso de fallecer una mujer) lavan el cuerpo del difunto, lo
guardan en una mortaja y procuran enterrarlo 24 horas después de su fallecimiento, o
tres días después a más tardar. En este aspecto sus ritos se asemejan a las religiones
judeocristianas. Sin embargo, el islam prohíbe tajantemente la cremación de los
cuerpos o su embalsamiento, y las manifestaciones exageradas de dolor por parte de
los seres queridos
Judíos
Las prácticas funerarias judías son muy similares a las cristianas. Aunque la
mayoría de los judíos son enterrados con una mortaja sencilla, algunas ramas
reformistas del judaísmo aceptan la cremación de los cuerpos o la vestimenta de los
mismos con ropajes más ostentosos que la simpleza de la mortaja. Pero aquí viene un
dato curioso: en la mayoría de los funerales y enterramientos judíos, las flores no
están bien vistas. Su religión procura que los entierros sean humildes y sencillos.
Budistas
A ojos de los budistas, la muerte no es el final. Se considera el inicio de una
nueva etapa en el ciclo de la existencia, el inicio de otra vida que se dará una y otra vez
hasta que el espíritu del difunto alcance el Nirvana (el estado de liberación del
sufrimiento y del ciclo de renacimientos). Por tanto el rito funerario budista se considera
un rito de paso. Se cubre con un sudario el cuerpo del difunto durante tres días y no se le
toca, mientras los amigos y familiares oran a Buda, antes de colocar el cuerpo en su
ataúd. Pero antes de la incineración se suceden las visitas de amigos y familiares,
remarcándose el factor social del rito funerario budista (una escena que representa con
habilidad el filme Gran Torino), y, después de orar por el difunto durante días y después
de que todos sus seres queridos se hayan despedido del mismo, se procede a la
cremación del cuerpo o su enterramiento. Ambos métodos son aceptados.

Una semana después se celebra una nueva ceremonia por el difunto y una
última, como despedida final, a los 49 días de su entierro o cremación.
Hinduistas
Los ritos funerarios hinduistas están estrechamente ligados a los budistas, ya que
ambos creen en la reencarnación y en el Nirvana. Sin embargo no aceptan la
inhumación como hacen otras religiones, ya que consideran el cuerpo físico como un
obstáculo para el alma que debe proseguir su camino. La cremación es el único rito
funerario aceptado por el hinduismo, de la misma manera que los musulmanes solo
aceptan el enterramiento. Y aquí merece la pena hacer un paréntesis. Tomando como
referencia la nefasta relación entre Pakistán (de mayoría musulmana) y la India (de
mayoría hinduista), resulta interesante comprobar las diferencias abismales entre ambas
religiones: una es politeísta y la otra monoteísta, una obliga a la cremación y la otra a la
inhumación, una cree en la reencarnación y otra en el Yanna
Animistas africanos
A ojos del animista, la muerte supone la transición del ser humano desde el
plano físico al plano espiritual. El difunto abandona su cuerpo cuando le viene en
gana para pulular entre dos mundos, y cuando se cansa regresa al cuerpo y
recobra sus fuerzas dondequiera que esté enterrado, antes de volver a pasear (de una
forma parecida a los paseos del alma en la religión del Antiguo Egipto). En numerosas
tribus del continente, los cuerpos de aquellos que fueron malvados en vida se llevan a
los bosques para que las fieras se alimenten de ellos, así el espíritu nunca podrá
descansar y no podrá hacer mal a nadie. Por otro lado aquellos que fueron buenos se
entierran bajo las casas de sus familiares, para que sus espíritus cuiden y protejan a los
descendientes desde el plano espiritual. Pero luego encontraríamos a las tribus toraya
que entierran a sus difuntos en agujeros hechos en las laderas de las montañas, o nos
encontraríamos con tribus congoleñas que sacrifican animales durante los ritos
funerarios.

Duelo
El cristianismo protestante y el duelo
En el cristianismo protestante, la esperanza de la resurrección se centra en la
esperanza. Esta creencia en la vida eterna ayuda a los fieles a sobrellevar el dolor y a
encontrar consuelo en la promesa de un reencuentro en el más allá. El período de duelo
suele incluir un funeral y un período de duelo, durante el cual se anima a los dolientes a
expresar su dolor y buscar consuelo en su fe y su comunidad.
El cristianismo católico y el duelo
En el catolicismo, el duelo se considera una respuesta natural a la pérdida, y se
fomenta la expresión del dolor. Los católicos creen en el purgatorio, un estado de
purificación para las almas de los difuntos antes de entrar al cielo. Durante el período de
duelo, se ofrecen oraciones por los difuntos, con la creencia de que estas pueden
ayudarles en su camino a través del purgatorio. La misa funeral y los ritos de sepelio
son fundamentales en el proceso de duelo católico.
El duelo en el Islam
El período de luto en el Islam es de tres días, pero las viudas observan un
período de luto prolongado de cuatro meses y diez días. Durante este tiempo, se anima a
los dolientes a expresar su dolor, pero también a aceptar la pérdida como la voluntad de
Alá. Los ritos funerarios incluyen un servicio sencillo conocido como Janazah, seguido
del entierro.
El duelo en el budismo
El período de duelo en el budismo varía según las diferentes culturas y
tradiciones. A menudo implica meditación, cantos y la realización de méritos por el
difunto. Se anima a los dolientes a reflexionar sobre la naturaleza de la vida y la muerte,
y a buscar consuelo en las enseñanzas del Buda.
El duelo en el hinduismo
El período de duelo en el hinduismo dura trece días, durante los cuales la familia
realiza diversos rituales para ayudar al alma del difunto a transitar hacia su siguiente
vida. Se anima a los dolientes a expresar su dolor abiertamente, pero también se les
recuerda la naturaleza efímera de la vida
El duelo en las culturas indígenas
Las culturas indígenas de todo el mundo tienen tradiciones y rituales únicos para
afrontar el duelo. Estas prácticas suelen implicar una profunda conexión con la
naturaleza, los ancestros y el mundo espiritual. El duelo no solo se reconoce, sino que
también se comparte en la comunidad, creando un sistema de apoyo colectivo para
quienes están de luto.
Si bien las prácticas específicas varían considerablemente entre las distintas
culturas indígenas, los elementos comunes suelen incluir la narración de cuentos, las
danzas rituales y el duelo comunitario. Estas prácticas sirven para honrar a los difuntos,
brindar consuelo a los dolientes y restablecer el equilibrio en la comunidad.
Conclusión
Comprender el duelo en diferentes religiones y culturas proporciona valiosas
perspectivas sobre la experiencia humana universal de la pérdida. Si bien las
expresiones de duelo pueden variar, las emociones subyacentes son notablemente
similares. Al explorar estas diversas perspectivas, podemos comprender mejor el duelo
y encontrar puntos en común en nuestra experiencia humana compartida

Viudez
En algunas culturas, la viudez se considera un periodo de luto, con prácticas
como el uso de ropa oscura y la abstinencia de ciertos alimentos. En otras, las viudas
pueden ser marginadas, incluso sufrir violencia o ritos degradantes. La viudez también
puede tener implicaciones económicas y sociales, afectando el acceso a recursos y la
posición social de la persona.
 India:
En algunas comunidades hindúes, las viudas son consideradas impuras y pueden
ser excluidas de las actividades sociales, según un estudio de SCIRP.
 Nigeria:
En algunas culturas nigerianas, la viudez puede implicar una purificación ritual o
la exclusión de ciertos alimentos y actividades.
En otras culturas, la viudez se vive con mayor apoyo y respeto:
 China:
En algunos pueblos chinos, las viudas pueden ser honradas y respetadas,
especialmente en las comunidades rurales.
 Occidente:
En las culturas occidentales, la viudez es generalmente vista como una etapa de
duelo y adaptación, con apoyo familiar y social.
En general, la viudez puede implicar:
 Duelo y pérdida:
La pérdida del cónyuge es un proceso doloroso que puede requerir apoyo
emocional y psicológico.
 Cambios en la vida social:
La viudez puede afectar la vida social, las relaciones familiares y las redes
sociales.
 Retos económicos:
En algunas culturas, las viudas pueden enfrentar dificultades económicas al
perder la fuente de ingresos de su marido.
 Cambios en la identidad:
La viudez puede generar cambios en la identidad, la percepción de sí mismo y la
forma en que se relaciona con el mundo.
Aspectos bíblicos – teológicos.
Muerte
Cuando hablamos de la muerte, lo cual genera miedo, enojos, entre otro
sentimiento en la sociedad. Los cristianos ven a la muerte, como el fin del principio,
dejando este mundo de dolor, para llegar a la vida gloriosa en el cielo, por medio de
Cristo.
La consecuencia de la muerte temporal, es el pecado, toda muerte que ocurre en
el hombre trae el pecado por medio de Adán, luego por medio de la muerte, pero ahora
del cordero, nuestro Señor Jesús, tenemos vida.
Aprender a morir cada día nos ayuda a no considerar la muerte final como un enemigo
al que tememos. Según Peter Bellamy ese tipo de vida a través de la experiencia de la
muerte es el modelo verdadero de la realidad, la clave de la existencia que
encontramos en la muerte y la resurrección de Cristo.
La muerte temporal, o corporal, no es la completa aniquilación del hombre (el
resulismo; el ateísmo), sino el cese de la vida natural, cese que ocurre cuando el alma y
el cuerpo se separan (Baier). El pasaje Mat. 10;28 comprueba que la muerte temporal no
es la aniquilación del alma; y el pasaje Juan 5: 28-29 comprueba que la muerte temporal
no es la aniquilación del cuerpo, pues en este pasaje el Señor nos dice que los cadáveres,
aunque se han vuelto polvo, esperan en los sepulcros el día de la resurrección.
la muerte temporal consiste en el acto de separar el alma del cuerpo. Esto lo
exponen Luc. [Link] "Necio, esta noche vuelven a pedirte tu alma"; y Mat. 27:50 (Juan
19:30), donde se nos describe la muerte del Señor como el "entregar el espíritu".
Quenstedt nos llama la atención sobre el hecho de que la muerte de los creyentes
se describe en la Escritura mediante "nombres dulces", tales como el "ser unidos a su
pueblo", Gén. 25:8,17; una "despedida en paz", Luc. 2:29; el "ser quitado de delante del
mal que viene" (V.M.), Isa. 57:1; un "sueño", Mat. 9:24; 1 Tes. 4: 13; etc. "La muerte se
ha convertido en la entrada a la vida eterna".
Por otro lado, la muerte de los impíos se describe en las Escrituras mediante
nombres que de por sí evidencian el carácter amargo y terrible de tal muerte: "irse a su
lugar", Hech. 1:25; "quitarle Jehová la vida", Gén. 38: 7.
La causa de la muerte temporal. No hemos de buscar la causa de la muerte
temporal en el hecho de que ya en un principio el hombre fue creado mortal o al menos
propenso a la muerte, Gén. 2:17, o que la materia de que está hecho el hombre es de por
sí perecedera.
Antes bien, la causa de la muerte temporal es el hecho de que el hombre cayó en
el pecado, Gén. 2:17, 3:17 y sig.; Rom. 5:12; 6:23. Lutero: "La muerte no puede quitar
el pecado, porque ella misma es maldición y por ende el castigo eterno de la ira de
Dios".
Todas las calamidades, como epidemias, tempestades, hambres, inundaciones,
guerras, etc., (Rom. 8:35—36). son "causas que conducen" a la muerte porque son
medios que directamente ocasionan la destrucción de la vida. Pero son causas que
conducen a la muerte sólo porque el pecado, su causa principal y primaria, "entró en el
mundo". Rom. 5:12 y sig.
¿Quiénes deben morir? Si se pregunta por qué también los que creen en Cristo
tienen que morir, la Escritura replica: a) que también ellos son pecadores según la carne
de modo que también en el caso de ellos la muerte es la paga del pecado. Rom. 6:23;
7:24; pero b) que en el caso de los creyentes no se debe asociar la muerte con la
manifestación de la ira de Dios o con el "aguijón de la muerte", 1 Cor. 15:55—57, de
manera que para los creyentes la muerte no es un terror, sino un sueño bienaventurado,
Luc. 23:43; Filip. 1:23.

Sepultura
En el A.T.
Qebar (‫)ֶק ֶֶבר‬, «tumba; sepulcro». Qeber aparece 67 veces y, la primera vez que
aparece (Gén. 23:4), el término se refiere a una tumba o sepultura. En Jer. 5:16, el
vocablo tiene el significado de «sepulcro» y, en Sal. 88:11, qeber se refiere al
«sepulcro» en el sentido del infierno. En Jueces 8:32, el vocablo significa un «sepulcro
familiar»; Jer. 26:23 usa el término indicando «lugar de sepultura» y más
concretamente, una fosa abierta.
Por lo general, este verbo representa el acto de colocar un cadáver en una
sepultura o tumba. Este es el significado la primera vez que encontramos qabar: «Y tú
vendrás a tus padres en paz y serás sepultado en buena vejez» (Gén. 15:15). Un entierro
digno era señal de bondad especial y de bendición divina. Como tal, era la obligación de
los sobrevivientes responsables. Abraham compró la cueva de Macpela para enterrar a
sus muertos. David agradeció a los hombres de Jabes de Galaad por la forma atrevida en
que rescataron los cuerpos de Saúl y de Jonatán (1 Sam. 31:11-13), y por
proporcionarles una digna «sepultura». Les dijo: «Benditos seáis vosotros de Jehová,
que habéis hecho esta misericordia con vuestro señor, con Saúl, dándole sepultura» (2
Sam. 2:5). Más tarde, David tomó los huesos de Saúl y de Jonatán y los sepultó en la
tumba de la familia (2 Sam. 21:14); aquí el verbo significa tanto «enterrar» como
«volver a enterrar». Una sepultura digna no era una simple consideración, sino una
necesidad. Para que la tierra se mantuviera pura delante de Dios, los cuerpos tenían que
sepultarse antes del anochecer.
No ser enterrado era señal de desaprobación divina sobre los sobrevivientes y la
nación. Ahías el profeta dijo a Jeroboam: «Todo Israel hará duelo por él [el hijo de
Jeroboam] y le sepultará; pues este es el único de los de Jeroboam que será sepultado,
porque de la casa de Jeroboam solo en él se ha hallado algo bueno delante de Jehová
Dios de Israel» (1 Reyes 14:13 RVA); y el resto de la familia sería comida por los perros
y las aves de rapiña (v. 11; cf. Jer. 8:2). Jeremías profetizó que Joacim «será enterrado
con un entierro de asno, arrastrado y echado más allá de las puertas de Jerusalén» (Jer.
22:19 RVA).
Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, nos proveen valiosa información
acerca de las practicas funerarios de los hebreos.
La Biblia, da especial énfasis en no dejar a ningún cadáver sin sepultura
(Ezequiel 39: 12; Salmo 79; Deuteronomio 21: 23). El cuerpo muerto pronto volverá a
ser polvo, y debe reintegrarse sin falta a él.
En Génesis 23: 3-20, se cita el episodio cuando Abraham compra una cueva en
Macpelá, para que sirva de panteón familiar. Allí, casi todos los patriarcas enterraron a
sus muertos. Jacob y José no recibieron entierro inmediato, sino que fueron
embalsamados en Egipto, pero esto fue una excepción, la razón de esta diferencia se
debía a su deseo póstumo, de ser trasladados a la tumba familiar.
El tratamiento del cuerpo
Tras la muerte de una persona se le cerraban los ojos y se lo besaba (Génesis 46:
4; 50: 1). El cuerpo se lavaba y luego se le ponía ungüentos aromáticos y aceites. Acto
seguido se lo vendaba ligeramente y se le colocaban entre las telas diversas especies,
como aloe o mirra. Esto se hacía en señal de homenaje, similar al derramamiento de
aceite que se les daba a los personajes ilustres.

Duelo
Las maneras más comunes de mostrar el duelo en la época bíblica incluían el
llanto (Salmo 6:6) y los gritos (Génesis 50:10; Rut 1:9). Además, golpearse el pecho
(Lucas 18:13), inclinar la cabeza (Lamentaciones 2:10) y ayunar (2 Samuel 3:35)
formaban parte del proceso de duelo. A veces, los que estaban de duelo se echaban
ceniza, polvo o tierra encima (2 Samuel 1:2; Josué 7:6) y se rasgaban la ropa (Génesis
37:29; 2 Crónicas 34:27). El duelo era un momento en que se quitaban las joyas y otros
adornos (Éxodo 33:4), caminaban descalzos (2 Samuel 15:30) y probablemente usaban
una prenda áspera de pelo de cabra llamada tela de saco (Génesis 37:34; Jonás 3:6, 8).
Dios limitó la forma en que los judíos expresaban el duelo para que no copiaran
el paganismo de otros pueblos. La Ley prohibía a los israelitas que se cortaran la piel, se
tatuaran o se raparan la cabeza o la barba (Levítico 19:28; Deuteronomio 14:1).
También hubo ocasiones en las que el Señor ordenó a Su pueblo que no se
lamentara en absoluto, porque Sus acciones tenían un propósito superior al que debían
seguir sin mirar atrás (Jeremías 16:5; 22:10; Ezequiel 24:15-17). Aarón y sus hijos
Itamar y Eleazar no podían mostrar ninguna señal de duelo por la muerte de Nadab y
Abiú, con pena de muerte (Levítico 10:6). El juicio de Dios sobre Nadab y Abiú era
justo, y Aarón, Itamar y Eleazar no debían dar a entender, con sus acciones, que no
pensaban lo mismo.
Cuando un ser querido cristiano muere, nos lamentamos, pero no nos
lamentamos como el mundo por la sencilla razón de que tenemos una esperanza eterna
que el mundo no tiene. Primera de Tesalonicenses 4:13-18 nos recuerda que la muerte
no es el fin para aquellos que están en Cristo y que nuestro duelo es temporal. El duelo
no es agradable, pero forma parte de la vida. Los que conocen a Jesús esperan el día en
que "Dios secará todas sus lágrimas" (Apocalipsis 7:17; cf. 21:4; Isaías 35:10).

Viudez
Dios nos manda a proteger y cuidar de los huérfanos y las viudas (Salmo 82:3).
Dios nos ordena que cuidemos a los huérfanos y a las viudas. Cuando entregó la
Ley a Moisés y a los israelitas, les dio instrucciones de cómo tratar a los huérfanos y a
las viudas entre ellos, y les prometió duras consecuencias si no cumplían con su
responsabilidad (véase Éxodo 22:22-23). En el Nuevo Testamento, Santiago dice que
atender las necesidades de los huérfanos y las viudas forma parte de la religión "pura y
sin mácula" (Santiago 1:27). Cuidar de los más necesitados no es algo opcional para los
creyentes.
Pablo da más detalles sobre cómo cuidar a las viudas (1 Timoteo 5:1-16). En
primer lugar, Pablo enfatiza que la familia de la viuda debe cuidar de ella, en vez de
dejarlo todo en manos de la iglesia. "Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan
estos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres;
porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios" (1 Timoteo 5:4). Pablo indica que,
para que una viuda sea mantenida por la iglesia local, debe tener más de 60 años y haber
sido fiel a su esposo y llevado una vida piadosa. Y no puede tener ningún familiar que la
cuide (1 Timoteo 5:9-10).
Aspectos pastorales
Sepultura
La mayoría de los funerales cristianos están dirigidos por un pastor e incluyen
lecturas de la Biblia, oraciones, canciones e himnos.
Un funeral cristiano tradicional se suele celebrar en una funeraria o una iglesia.
Después de ello, un cortejo funeral al cementerio, a pie si el cementerio está muy cerca
o en automóvil si está a una distancia en automóvil, lleva a los dolientes a un breve
servicio junto a la tumba. En el cementerio, el pastor habla y dirige a familiares y
amigos en oración.
El rito de sepultura está diseñado para usarse en el lugar previamente establecido
para el entierro. Cuando éste sucede en un cementerio público, se usar una colecta
designada para bendecir la tumba. El rito de sepultura también es apropiado para
disponer de un cuerpo en altamar. En caso de cremación, las cenizas deben ser
enterradas o depositadas en un cementerio. Entre los cristianos no se recomienda la
práctica de desparramar las cenizas del difunto.
Si las circunstancias requieren que el entierro tenga lugar con posterioridad
considerable al servicio funeral, el rito de sepultura puede incluir un sermón después de
la lectura de las Escrituras. También se puede confesar el Credo Apostólico. Cuando sea
posible una procesión al lugar del entierro, ella debe formarse como en el servicio
funeral, encabezada por la cruz. Por lo menos, el pastor va delante del ataúd y de los
deudos hasta el lugar del entierro. El pastor puede permanecer al lado del ataúd o del
sepulcro hasta que todos los deudos hayan partido, como señal de la eterna presencia de
Cristo con los difuntos. En caso de que el difunto haya sido miembro de las fuerzas
armadas, los honores militares se llevarán a cabo después del rito de sepultura.
Si se usa arena o tierra durante el rito, ésta nunca se echa directamente sobre la
bandera nacional. Debe descubrirse la cabecera del ataúd para su aplicación y después la
bandera se vuelve a acomodar.
 En la procesión se puede cantar himnos, o también los siguientes salmos.
Pág. 139.
 Se Canta el Nuc Dimittis. Pág. 140.
 Se leen algunos pasajes.
 Se hace una oración. Pág. 143
 Se pueden leer otros pasajes.
 Se puede hacer el credo.
 Se encomienda el cuerpo. Pág. 146
 Se ora el Padre Nuestro. Pág. 146.
 Se puede cantar un himno apropiado. Pág. 147
 Se hace la bendición. Pág. 147.

Duelo-Viudez

El ministerio a los deudos no termina en el funeral: los aniversarios, el


cumpleaños, y los días festivos pueden convertirse en tiempos especialmente difíciles y
penosos. El pastor usará éstas y otras ocasiones para consolar a los deudos. Para esto
proclamará la esperanza de la resurrección y la vida eterna en Cristo y animará a los
deudos a fortalecerse en la palabra de Cristo y en los sacramentos administrados en la
comunidad de fe.
La primera parte de este rito (con la familia y a la vista del cuerpo) se usa con la
familia inmediata, cuando el difunto se ve por primera vez después de muerto. La
segunda parte de este rito (durante la visita) se puede usar con los que se han reunido
para la visita o de manera privada con la familia antes de la visita pública. Concentrarse
en los elogios para el difunto no es la mejor tradición cristiana. Se puede leer el
obituario, en el que se enfatiza la promesa del evangelio de la salvación por la sola
gracia y a través de la fe en Cristo, nuestro Señor, y no en las buenas obras del difunto.
Cuando el rito se usa en el contexto de una reunión numerosa, los visitantes pueden
ofrecer palabras de condolencia cristiana y de acción de gracias a Dios por la vida del
difunto. Puede ser que los deudos también quieran agradecer las condolencias recibidas.
Para proveer un servicio continuo a los deudos después del funeral, vea Ministrando a
los deudos en página 271.
I. CUIDADO PASTORAL EN EL DUELO (Escrito de José)
La familia que despide a un ser querido sufre una amputación sicológica en mayor o
menor grado. Sufre dolores inexplicables y una herida profunda en el alma que necesita
tiempo para cerrarse. Generalmente los dolores se intensifican en los días posteriores al
sepelio, cuando quedan solos y caen en la plena realidad de lo que ha ocurrido.
Frente a un caso de muerte repentina e inesperada el dolor puede ser mayor, por
ejemplo, cuando alguien muere en un accidente. Es frecuente que se experimente un
shock emocional o enmudecimiento, un sentimiento de irrealidad, de estar viviendo una
pesadilla de la que se espera despertar y que no sea cierta. Depende de las
circunstancias, el dolor puede ser mayor por estar acompañado por sentimientos de
culpa, remordimiento, enojo, desesperación, vacío, depresión y pánico.
El duelo puede incluir intensos dolores de cabeza, profundos dolores desde la
garganta al estómago, sensación de frío, flojera en todo el cuerpo, pérdida de apetito,
miedos inexplicables y dificultad para dormir. Es que hay una herida profunda que
requiere de un proceso para sanar.
Ante todos estos síntomas descriptos puede haber quienes se sienten culpables por
tener esos sentimientos, y podrían dudar en su fe. Por eso, es muy importante la
asistencia pastoral en los días y semanas posteriores al funeral. El pastor debe ser
paciente, pues cada persona tiene sus propios tiempos para asumir una pérdida y llegar a
una aceptación gradual. Si observa que la persona no empieza a recuperarse después de
los tres meses o hasta el año, recomendará ayuda profesional, ya que se trata de un caso
patológico.
La pastoral debe enfatizar la necesidad de “sepultar sicológicamente” al fallecido, es
decir, reconocer plenamente que ha partido y no está más aquí, para que la persona
pueda invertir sus energías para seguir adelante, poniendo la pérdida que sufrió en un
contexto más amplio. Que pueda aprender de las pérdidas para luego alcanzar y ayudar
a otros que sufren experiencias similares.
Las pérdidas pueden ser oportunidad para crecer, como lo expresa el apóstol Pablo
en Ro 8:28. Del mismo escribe el apóstol Pedro: “… aunque ahora por un poco de
tiempo, si es necesario, tengan que ser afligidos en diversas pruebas, para que
sometida a prueba su fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se
prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando se manifieste
Jesucristo”.

Algunas recomendaciones que pueden ser de utilidad para personas en duelo:

 Leer sobre el tema del dolor y recuperación frente a la muerte de un ser


querido.
 Charlar con otros creyentes que pasaron por experiencias parecidas. Así se
comprueba que aquellos dolores y malestar no son enfermedades físicas en sí,
sino reacciones normales
 Expresar las emociones. Encarar el sufrimiento y las emociones de forma
sabia, no teniendo lástima de uno mismo, ni disfrutar que otros te tengan
lástima. No exagerar la nota para que te tengan lástima.
 No culparse ni buscar culpables, ya no se puede volver atrás.
 No perderse en una cadena interminable de “porqués”. Es mejor asumir que
Dios lo dispuso así y que no se puede volver atrás.
 Volver enseguida a las actividades habituales y estar enseguida de vuelta en la
casa en la que se convivió con el fallecido, es doloroso, pero es mejor
encararlo cuanto antes.

Algunas recomendaciones para el trato con los deudos:

 Ayudar en la recuperación interior: aceptando la realidad y aprendiendo a


apoyarse totalmente en el Señor (Sal 46:1-2).
 Poner la mano sobre el hombro (es más que muchas palabras).
 Para ayudar es necesario ir contra la tendencia natural de impedir los
sentimientos o no hablar de ellos. No: “hablemos de otra cosa para distraer”.
Lo contrario es necesario: alentar a hablar sobre ese ser querido, “cómo fue”,
“qué pasó”, circunstancia de su muerte. Recuerdos.
 Nunca dar la impresión que el que tiene verdadera fe no tiene por qué sufrir en
estos casos.
 Dirigir a los enlutados hacia Cristo para que los consuele.
 Enseñarlos a amar más a Dios que a la persona fallecida [no convertirla en
ídolo].
 Llevar Palabra y sacramento.
 Consuelo y esperanza: el ser querido que partió en Cristo está con el mismo
Dios que está con nosotros acá, y habrá reencuentro (esto es menos posible si
la persona fallecida no mostró evidencias de fe).
 Si el pastor los abandona o descuida, los deudos sienten que Dios los
abandona.
 Ser paciente cuando el dolido no está aún donde debe estar.
 Necesita tiempo. Orar por y con él.

Cuidado posterior al sepelio:


Es frecuente que, después de un buen acompañamiento durante el velatorio y
sepultura, los enlutados queden solos. El pastor no los contacta, y los hermanos de la
iglesia tampoco, quizá pensando: “No sé qué decirles” “¿No será que molesto?” Es
posible que haya quienes quieren que no los visiten, prefieren estar solos. Pero
generalmente necesitan un gesto, un oído que escuche o una palabra oportuna de
consuelo.
Los deudos necesitan ayuda para sanar la herida de su alma y para reconstruir la
vida sin el ser querido fallecido. Lo cual suele implicar cambios de hábitos, aprender
nuevas maneras de satisfacer las necesidades, tomar decisiones para sobrellevar los
problemas de la pérdida. Por ejemplo, una viuda que nunca manejó sus finanzas o viudo
que nunca cocinó, ambos necesitan encontrar alternativa para ello.
Es fundamental que el enlutado no se aísle en su dolor, que busque relacionarse con
otros y que aprenda a ir a reuniones sin él o ella. Es necesario que aprenda a asumir con
firmeza que el otro ya no va estar, lo cual no implica olvidar al fallecido, pero asumir la
realidad de la pérdida. Debe aprender a renunciar a los lazos emocionales que lo atan al
fallecido, digamos enterrarlo sicológicamente, aunque suene duro decirlo así.
Es indispensable distinguir entre lo que puede cambiarse y lo que no se puede. El
pastor puede ayudar a aceptar con resignación cristiana lo que no se puede cambiar y
enfrentar con coraje lo que sí se puede cambiar y alcanzar sabiduría para distinguir entre
ambas realidades. Recuerdo a viudas que continuaron idealizando al esposo fallecido
usando mecanismos de defensa para negarse a asumir que él ya no está, diciendo, por
ejemplo: “Él está, lo veo, lo escucho venir de su trabajo, escucho el ruido del portón
cuando entra, a veces hablo con él”. Quizá de este modo evite parte de la agonía de la
pérdida, pero impide que la herida comience a sanar. Hay que ayudarle a comprender
que la herida no puede sanar si se reprime los sentimientos y si uno no se dice la verdad.
También es frecuente que se usen falso argumentos para consolar, por ejemplo:
“Papá ahora es una estrella que nos ilumina y ayuda”, “El nene ahora es un angelito que
Dios necesitaba”. No es correcto basar la consolación en estas falsas premisas, pues no
tenemos promesas del Señor que los fallecidos se transforman en estrellas del cielo o en
ángeles, sino en redimidos en la presencia gloriosa del Señor, en espera del gran
reencuentro final.
En la pastoral al enlutado es importante estar atento a una posible aflicción
patológica. Por ejemplo, cuando observamos que el enlutado se aleja de todas las
actividades normales. Que tiene ausencia de llanto o llanto que no disminuye. Que sufre
depresión que no disminuye. Que tiene problemas sicosomáticos graves que no
disminuyen, sentimientos de muerte interior o de resentimiento por lo que pasó y que no
puede superar.
La herida del duelo debe ser sanada desde adentro, no puede ser forzada. Por eso,
generalmente es oportuno el acompañamiento pastoral. También en la congregación se
pueden buscar estrategias adecuadas para ayudar. Por ejemplo, invitar a viudos y viudas
que pasaron por experiencias dolorosas y se repusieron, para que ayuden. Juntar padres
que perdieron a sus hijos, etc.
En todo, la misericordia y amor de Dios en Cristo, nos quiere mover a extender una
mano solidaria para ayudar.
 Cuando están en el hospital. Pág. 110-120
 Después del entierro. Pág. 271-293

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