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TRABAJO FINAL

FORMATO-RÚBRICA

PRIMERA PARTE. TEMA Y POSTURA


Tema específico
Las redes sociales y su contribución a la formación integral de los jóvenes en América Latina.

Pregunta
¿Contribuyen las redes sociales a la formación integral de los jóvenes en América Latina?.

Postura
Bajo mi punto de vista, considero que las redes sociales no contribuyen a la formación integral
de los jóvenes en América Latina.

SEGUNDA PARTE. ESQUEMA DE LOS ARGUMENTOS

Argumento - Estrategia por argumento pragmático:


Razón: El contenido popular de redes promueve comportamientos dañinos a la salud mental de
los jóvenes.

Respaldos:

● Existen tendencias que sexualizan a las adolescentes, afectando su autoestima si es que


no cumplen con ciertos estándares impuestos en el contenido compartido por los
influencers de moda.
● La romantización de los trastornos mentales, como la depresión y la ansiedad, está muy
presente y normalizada en el contenido popular de redes.
● Al no haber límites en el contenido que se comparte, se viralizan ciertas dietas o rutinas
de ejercicio que pueden llegar a causar estilos de vida radicales para los usuarios.

Argumento Contrario Mi Refutación

Razón contraria: Las redes sociales poseen Refutación de la razón contraria: Los
elementos que mejoran la calidad de vida de los elementos expuestos por la postura contraria
jóvenes. tendrán consecuencias dañinas para la integridad
de los jóvenes.

Respaldo 1: El movimiento de “body positivity”, Refutación del respaldo 1: A pesar de las buenas
iniciado en la red social Instagram, aboga por el intenciones del movimiento ‘body positivity’, este

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respeto y amor a los cuerpos que no siguen el refuerza la idea de que el valor de un individuo
estándar de belleza, influenciando a que los recae en la belleza de su cuerpo, y a su vez
usuarios jóvenes no se juzguen a sí mismos y glorifica trastornos alimenticios como la
sigan un estilo de vida sano. obesidad.

Respaldo 2: La “cancel culture” apoya la Refutación del respaldo 2: La ‘cancel culture’


denuncia de injusticias, como se evidencia en el limita la habilidad crítica de los adolescentes,
movimiento “#MeToo”, esto posiblemente ayude pues promueve la mentalidad de rebaño y el odio
a que los y las adolescentes se sientan capaces de colectivo que en ocasiones puede ser
manifestarse en contra de situaciones de abuso o injustificado.
discriminación, a su vez mejorando la ética y
moral colectiva.

Respaldo 3: Las redes sociales son espacios que Refutación del respaldo 3: Las relaciones
permiten socializar virtualmente de manera interpersonales establecidas a través de redes
global, lo que facilita la mejora de habilidades sociales son superficiales y efímeras,
sociales para los usuarios y beneficia su salud promoviendo vínculos inestables y actitudes
mental. individualistas y consumistas.

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Las redes sociales y su contribución a la formación integral de los jóvenes en América
Latina

Ariana Lucía Alfaro Puerta


Pontificia Universidad Católica del Perú
[email protected]

En las últimas décadas, las redes sociales se han convertido en parte esencial de la cultura de
internet, una cultura que se ve reflejada en diferentes aspectos de la sociedad moderna. La
juventud actual pertenece a la “generación Z”, una generación de nativos digitales que han podido
experimentar el origen y ascenso de las redes sociales en tiempo real. En Latinoamérica, el uso
de las redes sociales ha tenido un impacto considerable en el estilo de vida de los jóvenes; la
evolución tecnológica y cultural afecta a la construcción de identidad de los adolescentes, quienes
usan sus redes sociales para asumir perfiles distintos a la percepción que se tiene de ellos en la
presencialidad (Morduchowicz 2012: 12). El 70% de niños argentinos de 13 a 14 años posee un
celular, mientras que para los adolescentes de 15 a 17 la cifra aumenta a un 90%; asimismo, esta
última cifra se repite para la cantidad de adolescentes que son usuarios de una red social
(Morduchowicz 2013: 12). Es así que una de las principales cuestiones que surgen en relación a
las redes sociales es su contribución a la formación integral de los jóvenes en América Latina.

La polémica frente a la contribución de las redes sociales a la formación integral de los jóvenes
en América Latina presenta diversas perspectivas. Algunos sostienen que las redes sociales sí
contribuirían a la formación integral de los jóvenes, pues poseen elementos que mejoran su
calidad de vida. Por otro lado, otros consideramos que las redes sociales no contribuyen a la
formación de los jóvenes. Para argumentar esta postura, en el siguiente texto se fundamentará que
el contenido popular de redes promueve comportamientos dañinos a la salud mental de los
jóvenes; y, finalmente, que los elementos expuestos por la postura contraria tendrán
consecuencias dañinas para la integridad de los jóvenes.

En primer lugar, evidenciamos que las redes sociales no contribuyen a la formación integral de
los jóvenes, porque el contenido popular de estas promueve comportamientos dañinos a la salud
mental de los jóvenes. Esto es resultado de las tendencias y el contenido que se populariza, la
romantización de elementos que perjudican a los y las adolescentes, y la falta de límites y control
en las plataformas virtuales.

Por una parte, existen tendencias que sexualizan a las adolescentes, las que afectan su autoestima
si es que no cumplen con ciertos estándares impuestos en el contenido compartido por los

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influencers de moda. La presencia de cuerpos idealizados no afecta directamente la percepción
que las adolescentes tienen de la belleza, sin embargo, el factor que define una influencia es la
popularidad que adquiere el contenido de cuerpos idealizados (Terreros 2019: 70). Un ejemplo
particular es demostrado en los videos virales de la aplicación TikTok; esta aplicación se basa en
compartir videos cortos con un audio (usualmente musical) de fondo, muchas tendencias que
surgen en esta app se basan en imitar bailes con canciones populares, el problema recae en que
los bailes suelen ser sugerentes y atienden a las características de cuerpos presentados como
deseables, con canciones que glorifican ciertas características físicas. En Latinoamérica unas de
las tendencias más destacables fueron los bailes de las canciones “Yonaguni” y “Tití Me
Preguntó” del cantante Bad Bunny, dichos bailes hacían alusión a las letras que hablaban sobre el
cuerpo femenino (“Shorty, tiene' un culo bien grande”); la viralización de este contenido fue veloz
y llegó a usuarios menores de edad, incluyendo chicas que también participaron de esta tendencia
y se exponían a la sexualización inherente del baile y las vistas y comentarios de usuarios en la
plataforma. Es importante reiterar que es muy probable que la razón por la que las niñas y
adolescentes sigan esta tendencia no sea su afición a la música de Bad Bunny, sino la popularidad
y atención que reciben al publicar este tipo de contenido. Además, es fundamental notar que esto
afecta principalmente a las jóvenes que se identifican con el género femenino, pues las redes
sociales presentan espacios de riesgos definidos por el género que se tornan en áreas mediáticas
orientadas a la negociación y la sexualización (Tortajada, Araüna, y Martínez 2013: 180).

Por otra parte, la romantización de los trastornos mentales, como la depresión y la ansiedad, está
muy presente y normalizada en el contenido popular de redes. El activismo online de la salud
mental ha aumentado su popularidad en los últimos años pues los usuarios pueden compartir sus
experiencias y romper estigmas en cuanto a los trastornos mentales; a pesar de que esto sea algo
inofensivo en un inicio, la propagación de contenido que romantiza los trastornos mentales por
parte de personas que no están capacitadas en el área de salud mental ha tenido un impacto
considerable en los usuarios jóvenes. Hay bastantes ejemplos de contenido popular en países
cómo México o Argentina que trata de pintar a los individuos con enfermedades mentales como
“intensas en el amor”, “dramáticas y profundas”, “mártires incomprendidos”, etc. (Terapia
Psicológica 2020). Esto solo logra distorsionar la realidad que viven las personas diagnosticadas
con enfermedades mentales y reducir su identidad a una condición que padecen y los vuelve
“especiales”, cuando sin duda se trata de un asunto mucho más serio (Rola y Jinan 2018: 468). El
tipo de contenido dañino referente a la salud mental es más prominente en redes sociales como
TikTok e Instagram, este tiende a glorificar actitudes de personajes ficticios o aparentar una
versión exagerada y romantizada de un individuo con trastornos mentales. Un caso relevante a
este aspecto es la gran popularidad que alcanzaron los personajes de la serie Euphoria entre los
usuarios adolescentes, quienes compartían videos y fotos dónde mostraban a las figuras ficticias

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como modelos a seguir; Euphoria es una serie para adultos ambientada en una secundaria, sus
personajes sufren de diferentes trastornos mentales y suelen encontrarse en situaciones tóxicas y
dañinas, sin embargo, el aspecto cinematográfico de la serie ha causado que se romantice el estado
en el que viven estos personajes, según un representante de D.A.R.E. (Drug Abuse Resistance
Education), Euphoria normaliza la adicción a las drogas, la violencia, y otros comportamientos
destructivos (Greenfield 2022).

Por último, al no haber límites en el contenido que se comparte, se viralizan dietas, rutinas de
ejercicio, u otras acciones que pueden llegar a causar estilos de vida radicales para los usuarios.
El testimonio de Josefa, una joven chilena, presentado por Palma es esencial para entender este
concepto: “(...) mis fotos no reflejan lo que siento… estoy súper mal, lloro todos los días, me
arranco la piel, y al día siguiente subía una foto donde me veía preciosa, divina” (2021: 65). Las
pocas restricciones que tienen las redes sociales como Twitter, Instagram, y TikTok han logrado
que contenido perjudicial sea fácil de encontrar para los usuarios; dietas creadas por influencers
no capacitados en nutrición, los retos para demostrar que eres productivo, entre otras tendencias,
ponen cierta presión en aquellos usuarios que no las siguen o “cumplen”. Esto afecta directamente
la salud mental de los jóvenes, quienes se verán frustrados y cohibidos al no poder lograr los
objetivos que propone el influencer (visto cómo el sujeto ideal, alguien a imitar). Añadiendo a
esto, no podemos dejar de lado la salud física de los jóvenes, pues la dependencia que pueden
llegar a tener los usuarios con el contenido dañino es un riesgo que los puede llevar a desarrollar
trastornos alimenticios u otros problemas de salud. Una área a resaltar en referencia a este aspecto
sería el movimiento “#Proana” en la red social Twitter, el cual sirve de espacio para compartir
información y “tips” relacionados a la anorexia, la mayoría de usuarios que participan en este
espacio son jóvenes y menores de edad a partir de los 14 años (Emery 2018). Varios de los tweets
que comparten son para validar e incentivar su trastorno alimenticio y promover actividades
radicales que afectan su salud, por ejemplo, el “Calorie April”, que se refiere una restricción de
ingesta de calorías durante el mes de Abril (Arseniev-Koehler 2016).

Es esencial reconocer la diversidad de perspectivas sobre el tema. Por ello, veo relevante analizar
la postura contraria, la cual defiende la contribución de las redes sociales a la formación integral
de los jóvenes. Esta postura expone que las redes sociales poseen elementos que mejoran la
calidad de vida de los jóvenes. Principalmente, sus partidarios identifican al movimiento de “body
positivity”, iniciado en la red social Instagram, el cual aboga por el respeto y amor a los cuerpos
que no siguen el estándar de belleza, influenciando a que los usuarios jóvenes no se juzguen a sí
mismos y sigan un estilo de vida sano. Otro de los sustentos recae en la “cancel culture”, que
apoya la denuncia de injusticias, como se evidencia en el movimiento “#MeToo”; esto
posiblemente ayude a que los y las adolescentes se sientan capaces de manifestarse en contra de

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situaciones de abuso o discriminación, a su vez mejorando la ética y moral colectiva. En adición
a esto, las redes sociales son espacios que permiten socializar virtualmente de manera global, lo
que facilita la mejora de habilidades sociales para los usuarios y beneficia su salud mental.

Sin embargo, la postura expuesta anteriormente no cubre puntos importantes dentro de sus propios
argumentos y carece de una visión panorámica sobre el tema. Asimismo, los elementos expuestos
por la postura contraria tendrán consecuencias dañinas para la integridad de los jóvenes. En primer
lugar, a pesar de las buenas intenciones del movimiento ‘body positivity’, este refuerza la idea de
que el valor de un individuo recae en la belleza de su cuerpo, y a su vez glorifica trastornos
alimenticios como la obesidad. El movimiento está orientado a mejorar la percepción que se tiene
de la imágen corporal, dejando de lado el valor que se le otorga a la funcionalidad del cuerpo
humano (West 2022). Para los partidarios del movimiento, una autopercepción positiva de tu
cuerpo significa un estilo de vida sano; no promueven actividades que, científicamente, mejoran
tu estilo de vida (por ejemplo, hacer ejercicio y seguir una dieta saludable), sino la celebración de
tu cuerpo tal como es. Según distintos estudios sobre el contenido subido en Instagram bajo la
categoría de “body positivity”, las imágenes suelen estar centradas en la apariencia física y la
objetificación de los cuerpos, lo que contribuye a los conceptos de belleza, atracción y
sexualización que el movimiento pretende cuestionar (Vendemia et al. 2021: 138). De tal forma,
el “body positivity” cae en un argumento hipócrita, pues no trata de derrumbar los estándares de
belleza que critica, sino busca la manera de encajar en ellos. Al mismo tiempo, el movimiento
falla en reconocer cuestiones relacionadas a la salud, como el sobrepeso y la obesidad, y se
justifica con el discurso de desestigmatización. El impacto del “body positivity” llegó hasta las
estrategias de marketing de las tiendas de ropa, reemplazando la palabra “plus size” por el término
más amigable “curvy”, distorsionando la percepción de las tallas y causando que consumidores a
nivel mundial no tomen acción con el objetivo de mantener un peso saludable (Muttarak 2018:
1125). Así, el sobrepeso se vuelve común y, al ser percibido como algo familiar, no es visto como
un factor dañino a la salud (Robinson y Christiansen 2014: 1381). Por todo lo mencionado, se
disputa el argumento de la postura contraria, el cual asegura que el movimiento de “body
positivity” influenciará a que los jóvenes no se juzguen a sí mismos y sigan un estilo de vida sano,
puesto que no busca erradicar los estándares de belleza en su totalidad y normaliza estados de
salud dañinos como el sobrepeso.

En segundo lugar, he de refutar el argumento contrapuesto, ya que la ‘cancel culture’ limita la


habilidad crítica de los adolescentes, pues promueve la mentalidad de rebaño y el odio colectivo
que en ocasiones puede ser injustificado. Podemos definir la cultura de la cancelación como una
forma de ostracismo a un sujeto que ha cometido un acto ofensivo o dañino (Dubin 2022). El
principal sustento a favor de este acto es que empodera a los usuarios, quienes están en la libertad

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de elegir si seguir apoyando o “cancelar” a un personaje mediático, y de esta manera habrá
equidad en las plataformas populares (Wiltz 2020). Empero, la “cancel culture” suscita el
entretenimiento a través de mensajes de odio, contrario a la toma de responsabilidad que predican.
Según la psicoterapeuta Shirani M. Pathak, se crea una dinámica de “todos versus uno”, lo que
fomenta la humillación pública mas no ayuda a la persona “cancelada” a entender el porqué debe
responsabilizarse (citada en Dubin 2022). El psicólogo John G. Cottone afirma que en casos
dónde las víctimas de la cancelación son acusadas falsamente, es muy común ver repercusiones
como ansiedad, depresión, y tendencias suicidas (citado en Dubin 2022). Esto ocurre pues la
cultura de la cancelación no permite un desenvolvimiento justo en cuanto a las acusaciones y
defensas; Amanda Koontz explica que al condensar problemas sociales extensos y complicados
en un video de 1 minuto en Tiktok o una foto en Instagram, se crea un discurso de “todo o nada”,
el sujeto cancelado es visto como totalmente inocente o culpable (citada en Dudenhoefer 2020).
Por otra parte, no es posible negar que el movimiento “#MeToo” significó una importante mejora
en la percepción que se tiene de las víctimas de acoso y abuso sexual, ofreciéndoles legitimidad
y apoyo; no obstante, no se libra de los problemas que trae inherentemente la cultura de
cancelación. El concepto de “creerle a la víctima primero” puede desencadenar consecuencias
fatales para la persona acusada; las redes sociales permiten la difusión de acusaciones sin pruebas,
lo que facilita ataques al acusado/a, en especial si son una celebridad o personaje mediático.

Finalmente, aunque se argumente que las redes sociales contribuyen a la mejora de las habilidades
sociales y salud mental de los usuarios, las relaciones interpersonales establecidas a través de
redes sociales son superficiales y efímeras, promoviendo vínculos inestables y actitudes
individualistas y consumistas. El actual contexto bajo el que funcionan las redes sociales es
capitalista y modernista, se buscan interacciones veloces y un alcance amplio en cuanto al
contenido que uno comparte. Zygmunt Bauman, refiriéndose al amor y relaciones en plataformas
virtuales, sostiene que la globalización y el consumismo han convertido al amor en un valor
intercambiable (citado en Bonavitta 2015: 202). Esto mismo aplica para las amistades hechas a
través de redes sociales. Es común ver a usuarios que esconden su identidad, ya sea bajo
anonimato o la creación de una falsa identidad, para así presentarse de una manera agradable a
los demás usuarios en la red y aspirar a recibir respuestas y ganar contactos (Cáceres et al. 2009:
219). En este sentido, las relaciones socioafectivas entabladas en redes sociales carecen de valores
y humanidad, y por ende no beneficiarán a los jóvenes.

En síntesis, el contenido popular de redes sociales promueve comportamientos dañinos para la


salud mental de los jóvenes. Esto ocurre pues existen tendencias que afectan la autoestima de las
adolescentes, se romantizan los trastornos mentales en el contenido popular de redes, y no hay un
límite para el contenido radical que se viraliza. Además, los elementos expuestos a favor de la

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postura contraria tendrán consecuencias negativas para la integridad de los jóvenes. Evidenciamos
esto en la hipocresía dentro del movimiento “body positivity”, la limitación que impone la “cancel
culture”, y las relaciones interpersonales frágiles y efímeras originadas a través de redes sociales.
Por todo ello, las redes sociales no contribuyen a la formación integral de los jóvenes en América
Latina. De todas formas, es necesario construir un ambiente virtual seguro y sano para nuestra
generación y las próximas generaciones a nivel global, ya que el fuerte impacto de las redes
sociales en la vida cotidiana de los jóvenes es irrefutable, y debemos aprovechar estas plataformas
de manera positiva.

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