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1

LA IMPLEMENTACIÓN TERRITORIAL DE LOS ACUERDOS DE PAZ EN NARIÑO

FRENTE A LOS PRINCIPIOS DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

Por: Luis A. Pantoja C.

Mayo 2018.

Escuela Superior de Administración Pública – ESAP

Maestría en Administración Pública

Seminario de Trabajo de Grado I


2

“La construcción de la paz es un asunto de la sociedad en su conjunto que requiere de la participación de todos, sin distinción; El

respeto de los derechos humanos en todos los confines del territorio nacional es un fin del Estado que debe promoverse; El

desarrollo económico con justicia social y en armonía con el medio ambiente, es garantía de paz y progreso”

Extracto del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado

por el Gobierno de Juan Manuel Santos Calderón y la entonces Guerrilla de las FARC-EP, firmado el 26 de agosto de 2012.

Introducción

Con el inicio del proceso de paz, su firma, y el actual proceso de implementación, se ha puesto en

marcha una copiosa información sobre la paz en Colombia que, de todas maneras, en el actual

momento adolece de una oferta generosa de estudios y textos que desarrollen un enfoque territorial

regional y local. Por tanto, la intensión central de este ensayo trata de dar una aproximación, a

partir de la observación del paradigma de la gobernanza relacional en asuntos de paz, adoptado

por el gobierno colombiano, sus conceptos de resiliencia, innovación y sustentabilidad, desde un

enfoque crítico neomarxista, acerca de las realidades, roles y futuros posibles del posacuerdo en el

departamento de Nariño, comenzando con la valorización de las siguientes líneas. A) Nariño como

un caso de estudio, como un laboratorio en perspectiva luego de la firma de los acuerdos de paz,

que parte de un marco de realidades complejas que afectan los procesos de construcción de paz y

continuarán afectando los escenarios futuros, aún, después de la firma de los acuerdos de la

Habana, B) Explorar un acercamiento teórico e interpretativo, también partiendo de realidades,

sobre los nuevos roles y nuevos escenarios y procesos que deben impulsarse en prospectiva de

construcción de paz, y C) Posibles escenarios y propuestas para el posacuerdo partiendo de las

capacidades históricas y las experiencias de construcción de movimientos sociales de lucha y

alternativos.
3

Estás líneas parten de una realidad muy pronunciada mediáticamente, a través de las noticias, pero

poco profundizadas en sus elementos reales, sus contextos humanos, económicos, políticos y

geográficos.

Los estudios sobre conflicto y paz en Colombia, se han centrado prioritariamente en cuatro

enfoques:

Primero: La visiones historiográficas y etiológicas, que explican los posibles orígenes y causas

del mismo, estableciendo el marco histórico y político en que nace este conflicto, estableciendo

responsabilidades, describiendo y analizando las interrelaciones entre el Estado, 1os poderes y las

dinámicas sociales (Borja 2015) (Chambers 2013).

Segundo: Varios estudios abordan la clasificación de los tipos de conflicto, su carácter y

particularidad, debatiendo si es o no una guerra civil, o por el contrario, desde la visión adoptada,

a partir de los trágicos hechos del 11-S, cuya definición se aborda ligada al terrorismo, al cual,

según los sectores más retrógrados de la nación, hay que atacar con una política militarista y no

con estrategias sociales, discurso este que representa el más acabado neocolonialismo, contra

América Latina, apoyado en una estrategia mediática y tecnológica sin precedentes.

Tercero: Los que se centran en las posibilidades del posconflicto, 1a paz y la reconciliación,

ligados a la memoria histórica, a la reconstrucción del tejido social, con elementos preponderantes

de los enfoques psicosociales, comunitarios y estrechamente relacionados con las víctimas, la

reparación y la verdad.
4

Cuarto: Los estudios que generalmente, relacionan el conflicto con las actuales tendencias

económicas y políticas, la viabilidad o no del Estado y la sociedad colombiana, con una guerra

antigua frente a las perspectivas y el papel de Colombia en el contexto internacional actual. El

punto central de estos estudios es, principalmente el desarrollo, como puntal de la posibilidad de

la paz. Claro está, marcados estos estudios, con la discusión de ¿Qué tipo de desarrollo? y

¿Desarrollo para qué y para quienes?

La posibilidad de una nueva mirada del conflicto y de la perspectiva de paz, podría enmarcarse

desde lo local, desde el territorio, en la lógica de ir de lo particular a lo general, de los micro-

contextos territoriales al metarrelato nacional, una ruta que, de manera metafórica, siga rio adentro,

rio arriba, para fluir con la corriente hacia unas ideas y generalizaciones que guardan coherencia

con un enfoque de estudios sobre el papel histórico del Estado y las elites del poder en el

surgimiento del conflicto y posterior desarrollo de éste en los territorios.

Estado actual de la implementación de la Gobernanza que presenta la localidad y/o región

objeto de observación.

Nariño es un Departamento que se encuentra ubicado en el sur colombiano y en especial relación

de interdependencia con el departamento del Putumayo, ligados histórica y geográficamente por

la amazonia y la frontera con el Ecuador, compartiendo capacidades y potencialidades, pero

también afectaciones por el conflicto y los impactos de las economías ilegales que acechan la

perspectiva del posacuerdo. Históricamente se podrían identificar varios factores preponderantes


5

que favorecen las condiciones de crisis humanitaria, de conflicto en Nariño y de dificultades para

una verdadera implementación de una “gobernanza de paz” para la región.

Nariño y Putumayo comparten 600 kilómetros de frontera en que limitan Colombia y Ecuador.

Ambos departamentos suman 2 millones 400 mil habitantes, de los cuales 1 millón 600 mil viven

en Nariño y 800 mil en Putumayo. Los dos departamentos están interconectados por el ecosistema

amazónico y hacen parte de todo el entramado que mezcla potenciales recursos naturales,

diversidad étnica, dinámicas comerciales legales, pero también toda la problemática de pobreza

extrema, guerra, violencia, narcotráfico y criminalidad.

“Colombia comparte fronteras terrestres y marítimas con 11 países, 13 departamentos y 77

municipios colombianos hacen parte de las mismas. Históricamente estas zonas han sido

permeables, frágiles y descuidadas desde una perspectiva política, económica y social, afectando

a una población de 3.9 millones de colombianos, de los que el 94,5% se concentran en las

fronteras con Venezuela y Ecuador (2.759.000 y 969.000 respectivamente)1”

Los departamentos están ubicados en una ubicación geoestratégica que les permite hacer parte del

megaproyecto multimodal denominado, Iniciativa para la Integración de Infraestructura Regional

Sudamericana IIRSA II, que busca interconectar el mar pacífico con el mar atlántico en una vía

terrestre y fluvial, entre el puerto de Tumaco - Puerto Asís - Belén Do Pará, pero que está teniendo

impactos negativos en las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas del Putumayo

1
PLAN FRONTERAS PARA LA PROSPERIDAD. Resumen Ejecutivo proyectos de inversión 2017.
6

y de Nariño, ya que el megaproyecto atraviesa plenamente todos los territorios de estas

comunidades.

Comparten los dos departamentos su relación institucional, social y económica, con las

exploraciones y explotaciones que vienen desarrollando Ecopetrol y otras empresas dedicadas al

extractivismo y a la minería. EI Oleoducto Transandino OTA nace en Orito Putumayo y finaliza

en Tumaco, después de atravesar un municipio en Putumayo y 11 municipios en Nariño.

Las condiciones de calidad de vida de ambos departamentos, es de bajos índices de NBI, una gran

falencia en infraestructura y una gran afectación de víctimas de la población civil por efectos del

conflicto armado, expresando un cuadro de crisis humanitaria profundo y degradante.

Cada departamento en la frontera tiene unos centros neurálgicos, en Nariño es Tumaco y en

Putumayo es Puerto Asís, ambas ciudades comparten su cercanía a la frontera con el Ecuador, son

la segunda ciudad más importante en sus departamentos y combinan múltiples factores

generadores de violencia y criminalidad. Puerto Asís representa casi el 30% de los casos totales

de homicidios en el 2016 en el Putumayo y Tumaco representa casi el 80% de los casos totales de

homicidios en Nariño en el mismo año. Esto es directamente proporcional a la dinámica de siembra

y problemática de coca, siendo Tumaco y Puerto Asís las dos ciudades con mayor siembra de coca

en la frontera en las áreas de sus respectivas jurisdicciones.

Los índices de homicidios de los departamentos y municipios, ligados a la frontera colombo-

ecuatoriana, tanto del Putumayo como de Nariño, muestran también, un indicador fuerte de
7

gravedad en materia de criminalidad y violencia en esta franja. Los datos obtenidos dan una

coincidencia casi exacta entre territorios de alta conflictividad, existencia de cultivos ilícitos,

pobreza extrema y estadísticas de homicidios y violencia.

2015 2016
DIMENSIÓN
TASA X 100 TASA X 100
TERRITORIAL CASOS CASOS
MIL MIL

COLOMBIA 24.681 51,20 25.438 52,18

NARIÑO 280 16,05 826 46,77

TUMACO 130 65,11 632 399,31

PUTUMAYO 116 33,60 1.478 496,25

PUERTO ASÍS 47 78,15 367 716,26

Fuente: Instituto Nacional de Medicina Legal, Cifras Estadísticas, Forensis 2.

Comparten, además, los dos departamentos, los primeros lugares de la tabla de departamentos con

existencia de hectáreas de coca sembradas, por poseer las mayores cantidades en sus territorios.

Suman entre los dos el 30% del total de coca sembrada en Colombia hasta el 31 de diciembre de

2016.

CULTIVOS DE % DEL TOTAL


DEPARTAMENTO MUNICIPIO
COCA (HA) 2016 NACIONAL 2016

2
Recuperado de [Link]
8

NARIÑO Tumaco 23.148 16

NORTE DE
Tibú 12.787 9
SANTANDER

PUTUMAYO Puerto Asís 7.453 5

CAUCA El Tambo 5.300 4

PUTUMAYO Valle del Guamuez 4.886 3

NORTE DE
Sardinata 3.847 3
SANTANDER

NORTE DE
El Tarra 3.683 3
SANTANDER

NARIÑO Barbacoas 3.359 2

PUTUMAYO San Miguel 3.128 2

PUTUMAYO Orito 2.988 2

TOTAL 70.579 48%

Fuente: Programa de Monitoreo de Cultivos ilícitos de UNODC. Monitoreo de Territorios Afectados por Cultivos

Ilícitos 2016. COLOMBIA Julio de 2017. Los diez municipios con la mayor cantidad de coca, 20163.

Estas aproximaciones a las condiciones de los fenómenos de conflictos y violencias, la persistencia

de diversos grupos armados, de dinámicas de las economías legales e ilegales, permitiría afirmar,

que aunque, cada departamento tiene sus particularidades y sus procesos específicos, es necesario

estudiarlos en un contexto subregional de dependencia el uno del otro, ya que precisamente es la

3
Recuperado de [Link]
9

frontera colombo-ecuatoriana, la línea o franja que actúa como articuladora de los dos

departamentos, de sus habitantes, sus economías y sus territorios.

Mapa de Desafíos para la Implementación de la “Gobernanza Territorial” en Nariño.

Existen diferentes factores que favorecen la existencia de economías ilegales en Nariño y la

frontera colombo-ecuatoriana. Las estructuras de todos los grupos armados, que persisten luego

del acuerdo de paz, tienen presencia en la mayoría de los municipios del departamento de Nariño,

y la frontera con el Ecuador está relacionada con cuatro de las trece subregiones en que se divide

política y administrativamente el Departamento, siendo estas las subregiones de Exprovincia de

Obando, Pie de Monte Costero, Telembí y Pacífico, cada una con un centro de referencia

geográfica y económica como son las ciudades de lpiales, Cumbal, Ricaurte, Barbacoas y Tumaco

respectivamente, todas, en relación directa con la frontera y sus dinámicas económicas legales e

ilegales.

Así mismo, las organizaciones armadas ilegales hacen presencia en el corredor fronterizo que

integran estas cuatro subregiones y cinco ciudades, mostrando de hecho una coincidencia e

interrelación entre el mapa de presencia de estructuras ilegales, el mapa geográfico, el mapa de

pobreza y el mapa de crisis humanitaria, como factores determinantes del desarrollo y auge de las

economías ilegales en el corredor fronterizo, factores que podrían enunciarse de la siguiente forma:
10

 Socioeconómicos: Los procesos estructurales de pobreza, desgobernabilidad y

subdesarrollo general, la colocan como una frontera débil y adecuada a los intereses de las

estructuras ilegales de todo tipo, nacional, local e internacional.

 Geográficos: Su ubicación en unas coordenadas geoestratégicas claves de la geografía no

solo colombiana, sino, latinoamericana, caracterizada por una biodiversidad natural,

determinada por ser Amazonía, Pacífico, Andes y frontera internacional, le da a esta

frontera un rol de confluencia de rutas, nacionales e internacionales de fácil flujo de estas

economías ilegales.

 Histórico Políticos: Una frontera atravesada por los procesos políticos, económicos y de

políticas de seguridad nacionales de ambos países, en la que al final, al parecer, ha sido

Ecuador después de las grandes enseñanzas negativas que dejo a ambos lados la

implementación del Plan Colombia y el Plan Patriota, el que ha logrado avanzar en una

descentralización administrativa y en la inversión para el desarrollo del lado provincial del

Carchi, Esmeralda y sucumbíos, generando un desarrollo desigual que incide en las

dinámicas y soportes de las economías tanto legales como ilegales, que hoy se expresan en

estos territorios.

 Militares y de Seguridad: Este factor sin duda está estrechamente ligado a las dinámicas

políticas institucionales nacionales de ambos estados, dando como resultado una frontera

altamente militarizada, pero contradictoriamente con grandes vacíos de cobertura


11

geográfica y de debilidad en las políticas tanto nacionales como binacionales en materia de

seguridad.

Según lo anterior, Nariño cumple con todas las condiciones necesarias para el establecimiento y

desarrollo de una guerra que no nace aquí pero que sí encuentra en nuestro territorio los factores

favorables que la hicieron desarrollar y llegar hasta el punto más profundo de toda su historia, en

pobreza y miseria, una compleja y difícil geografía, unas políticas públicas nacionales y

departamentales herradas, y una militarización creciente como respuesta doblemente herrada a

toda esta crisis.

Los factores geográficos y las ventajas comparativas de ser frontera, Amazonía, Andes y Pacífico,

que en medio de la guerra han sido utilizadas para profundizar la crisis social y humanitaria, en el

actual contexto de posacuerdos, pueden servir así mismo, de activadores de la construcción de una

nueva vida, de una nueva forma de actuar del Estado en los territorios y un desarrollo endógeno,

al mismo tiempo interrelacionado con los factores externos que configuran el nuevo momento

político de perspectiva de paz a partir de la implementación efectiva de los acuerdos alcanzados

en la Habana.

Posibles Escenarios Futuros para la Implementación de la “Gobernanza de Paz” en Nariño.

Desde la actual Vicepresidencia, a la cual se le ha encomendado la responsabilidad política de la

implementación de los acuerdos de paz, se viene insistiendo mucho sobre la implementación de

éstos a través de la puesta en marcha de un modelo de paz territorial, al respecto, Ariel Ávila,
12

investigador de la Fundación Paz y Reconciliación, sostuvo; “Óscar Naranjo entendió que la

ciudadanía necesita sentir y tener al Estado cerca. Obviamente los retos territoriales del

posconflicto son inmensos, pero se han comenzado a construir los cimientos necesarios de un

diálogo entre el Gobierno central, los entes territoriales y las comunidades más afectadas por el

conflicto. Antes, ante cualquier protesta social, se acusaba a los manifestantes de guerrilleros o

terroristas, ahora el gobierno cambió la línea y prefiere el diálogo y la concertación, lo cual se

convierte en un avance impresionante para mejorar la democracia. Lo hecho por el Ministro

Rivera y el Vicepresidente en los diálogos con las comunidades hace algunas semanas mejora la

democracia colombiana y muestra que el diálogo es mejor que la represión”, afirmaciones que

podrían servir a la luz de nuestras realidades territoriales nariñenses.

En dicha línea de argumentación, se podría decir que un muy posible escenario en los próximos

15 años a tomar como ejemplo, es una experiencia concreta ya impulsada por el gobierno nacional

y sectores especialmente empresariales y agroindustriales. El modelo implementado en la región

de los Montes de María. Éste es visto por el gobierno central como un modelo "viable" y pertinente

para aplicar en las regiones. No obstante, las visiones que han expresado los campesinos de a pie,

los desplazados y las víctimas, indican que este no es un modelo a seguir y que para Nariño mucho

menos es posible su concreción.

Las características del modelo Montes de María, ha conllevado a una expropiación "legal" de la

tierra a los propietarios ancestrales, un encarecimiento de la misma y una reconversión del

campesino (antes de la intervención, dueño de su tierra) en un "exitoso" asalariado que mantiene

un ingreso "justo", sin mencionar aun, los lazos que los beneficiarios empresariales de este modelo
13

han continuado en unas nuevas dinámicas con el paramilitarismo en la región. ¿Resultado final?

Mayor concentración de la tierra, consolidación del monocultivo que agrede las vocaciones

productivas del territorio y una venta miserable de la mano de obra en la región, que sin duda a

mediano y largo plazo, terminará llevándonos a la misma situación anterior, miseria, exclusión y

pobreza.

El modelo de macro proyectos, donde el eje central es la inversión capitalista, no es un buen

augurio para un proceso de posacuerdo en las regiones y territorios, ya que como lo han sostenido

Bauman y Bordoni: “Los gobiernos han buscado nuevas alianzas en la economía y en ellas han

encontrado lo que han considerado un instrumento infalible para continuar ejerciendo su poder.

Los mercados, lugares virtuales – (…) desprovistos de territorialidad, impersonales e invisibles –

, se han convertido ahora en el arma suprema de un poder supranacional que ya no necesita del

Estado para funcionar.4”

En los Montes de María, si bien es cierto que las organizaciones y procesos sociales, han logrado

posicionarse como un proceso de verdad y memoria histórica, siguen resistiendo y luchando por

no permitir, que se consolide la visión inversionista y agroindustrial que convierte al pequeño

propietario en asalariado del sistema agroexportador especialmente en el campo de los

biocombustibles. Las regiones no necesitan que les lleven y vendan modelos. Solo es necesario

abrir los espacios de construcción social y dejar que éstos sean los que realmente rijan en los

territorios y en Nariño especialmente esto es posible por sus ricas experiencias en procesos

sociales, asociativos y de gobiernos territoriales indígenas y afrodescendientes.

4
Bauman, Z. y Bordoni, C. (2016): Estado de Crisis.
14

En Nariño no es posible la aplicación del modelo agroexportador, principalmente por que el

minifundio no es solo un tema de distribución más equitativa de la tierra y de producción para la

auto sostenibilidad, sino, que esto ha llevado a la creación de una cultura de la asociatividad, donde

la idea de un gran empresario, sucumbe ante la posibilidad de miles de pequeños empresarios que

actúan territorialmente y en una visión de beneficios compartidos. En una visión general de

proceso minifundista, ligado a las grandes luchas sociales y reivindicativas, lo que se ha generado

en Nariño es una visión de modelo alternativo y propio del desarrollo fundamentado en la prioridad

de conservación de una soberanía alimentaria sostenida históricamente. Esta visión Nariñense

entra en conflicto con modelos externos como el de los Montes de María, ya que este último, lo

que haría es exacerbar los conflictos sociales de nuestro departamento, sería retroceder en el

proceso de economías solidarias y asociativas de pequeños propietarios y daría paso sin duda a

nueva era de violencias.

Un modelo real y justo de paz territorial para Nariño, debe estar basado en lo que el territorio y

sus procesos sociales y políticos han construido. El modelo propuesto, para construir paz en las

regiones y territorios debe partir de un concepto abierto, alternativo y autónomo del desarrollo,

donde las comunidades participan y deciden la distribución y uso del territorio, fortalecen sus

propias vocaciones productivas y culturales y generan procesos y experiencias de cogobiemos

locales y subregionales que permitan una nueva relación Estado-Sociedad. En este terreno, el

discurso institucional gubernamental y las campañas mediáticas, demuestran incoherencia y falta

de voluntad para asumir la construcción de la paz en un ambiente democrático y de justicia social.


15

¿Cómo hacer para llevar el estado actual que presenta la región a un escenario deseado?

1. Paz como procesos dinámicos e identitarios.

Después de ver y analizar el complejo contexto nariñense y las duras realidades que se colocan al

frente, ¿Qué puede significar la paz para un departamento como Nariño? La búsqueda de ésta,

desde una concepción histórica, debe surgir de la condición del ser nariñense, de una idiosincrasia,

de un modo de ser y pensar, de unas circunstancias y condiciones históricas concretas, región que

es a la vez periferia, frontera, mar pacífico, Andes y Amazonía, con una historia de resistencias y

movilizaciones, de organizaciones y procesos sociales y políticos radicales y pacíficos.

La paz para los nariñenses, surge y se desarrolla desde una base impregnada de interculturalidad

étnica, que caracteriza el desarrollo humano de los sujetos que habitan el Departamento,

construyen y se relacionan directamente en el territorio y que configuran un tejido social único,

una forma particular de ver el mundo, marcado ancestralmente por la búsqueda siempre del Sumak

Kawsai (buen vivir en Quechua) y Suma Qamaña (en Aymara) y su relación directa y dinámica

con el interés colectivo, con la minga social y cultural, con una idea integradora de la comunidad

y el territorio.

Aunque es claro ya en la comunidad académica occidental, que Platón y Sócrates son los

fundadores del concepto de justicia social, en este ensayo el concepto del buen vivir, se asume

como la versión ancestral del concepto de justicia social, desde una construcción sociolingüística

propia de los pueblos que habitaron y habitan del Rio Bravo hacia el sur. La construcción de paz

empieza desde allí, desde la recuperación del lenguaje como territorio y se expresa en la dinámica
16

concreta de lo social, político y económico, en el intento de recuperar el sentido de nuestra propia

imagen oral, del sentido de nuestras propias lenguas. En este ensayo, se utiliza el concepto del

buen vivir, porque el leguaje es también arte y parte de la construcción de paz.

Si se parte del análisis, que la guerra ha afectado profundamente esta condición social y cultural y

la conciencia colectiva del ser nariñense y la idea del buen vivir, si se está de acuerdo en que el

conflicto ha trastocado los cimientos del arraigo al territorio, si identificamos que la confrontación

armada ha golpeado el tejido social comunitario y ha hecho casi desparecer la minga de acción y

saberes, entonces, construir la paz, nos sitúa en la necesidad prospectiva de la vinculación colectiva

al proyecto de reconstrucción de vida en las condiciones y la cultura del ser nariñense. Así, la paz

para los y las nariñenses, es la recuperación de la condición del buen vivir, idea integradora de una

gobernabilidad democrática y popular, del respeto por el territorio, de sus haberes y saberes.

Solo así tendría sentido y significado la paz para los nariñenses: la sencilla idea de que la paz es

recuperar ese buen vivir para todos, tiene su asiento conceptual en muchas de las ricas experiencias

de la lucha y resistencia de los pueblos y las sociedades latinoamericanas, una de las más recientes,

la boliviana, la cual, comienza a alimentar las visiones de la reconstrucción de quienes aún no

damos el salto a una paz con justicia social.

“Los pueblos indígenas de América Latina, después de más de 500 años de desprecio y

destrucción material y cultural, han conocido en los últimos años una renovación de su conciencia

colectiva. Dentro de este proceso, han querido recuperar su memoria, “recuperar la vivencia de

nuestros pueblos”, como lo dice David Choquehuanca, Ministro de Relaciones Exteriores de


17

Bolivia (Eduardo Gudynas, 2011, 1). Se trata de reconstruir el sentido de la vida y la ética que

ordenaban la existencia de las comunidades y no de pronunciar un discurso puramente romántico

(David Cortez y Heike Wagner, 2011.6).

Tal vez, la idea de aventurarse a ensayar una visión territorial del conflicto y del posacuerdo, esté

basada en la intensión de no caer en lo puramente romántico y discusivo, en no repetir los meta

discursos que teorizan y que aportan, en gran parte a idealizar, homogenizar y construir mitos y

visiones que desconocen las realidades concretas de los territorios donde la guerra se desarrolla en

el día a día, en las casas, fincas, caminos y veredas, donde viven y andan la gente del común.

Es la región y lo local con los problemas del territorio, con las interrelaciones sociales, con sus

dinámicas económicas, con sus particularidades culturales y las formas concretas que ha asumido

la guerra en estos contextos y dinámicas, lo que permite darle una base real y concreta a toda

estrategia de posacuerdos y reconciliación. En este sentido tienen razón quienes han afirmado que

el conflicto y el dialogo tienen un carácter nacional y que el posacuerdo y la construcción de la

paz real, tiene un carácter local y regional. Esta premisa sin embargo, debe dejar de ser discurso

para tomar cuerpo en procesos reales de construcción y trabajo en los territorios con las

comunidades, con sus organizaciones e instituciones y gobiernos propios y en especial en las

ruralidades en Nariño que han sido profundamente golpeadas por la guerra.

“Las políticas neoliberales ha derivado en América Latina, una modificación profunda de las

estructuras territoriales, sobre todo en lo rural, al transformase las forma de tenencia de la tierra,

lo que ha generado una diferenciación en los roles que desempeñan los actores sociales, que dado

las nuevas dinámicas involucra tanto urbanos como rurales, en el desarrollo de los territorios
18

rurales; esto conlleva por un lado, a un proceso de des-configuración de grupos de campesinos

agricultores, que no se insertan en la economía mercantil; y por otro, está el desarrollo de

mecanismos de sobrevivencia y estrategias de adaptación que llevan a cabo otro grupo de actores

locales y a través de los cuales pueden integrarse en los distintos escenarios de competitividad,

ocasionando cambios en los patrones socioculturales y en los modos de vida de campesinos y

citadinos5”

Recuperar el sentido de una ruta del buen vivir, toma forma cuando el territorio, sus colectividades

y su cultura, empiecen a tener cauce en una nueva dinámica de relaciones políticas sociales,

económicas y administrativas caracterizadas por la horizontalidad, la descentralización

autonómica de los territorios y regiones. Son las regiones y las localidades, las llamadas a servir

de escenario real de la reconciliación, de la reconstrucción social, política y económica de las

interrelaciones humanas y culturales, como estrategia de reversión del modelo neoliberal.

Los acuerdos ya se firmaron, pero lo más importante es que la paz se desarrolle de manera real y

se sostenga de manera real, en la soberanía popular, en las experiencias de poder popular y de

gobiernos territoriales comunitarios, que se dan y existen en las regiones y las localidades.

Los discursos, propuestas y visiones esgrimidas hoy por los importantes procesos de organización

y movilización campesina, indígena y afrodescendientes que están produciendo a la vez profundas

elaboraciones, así como las políticas públicas que desde los gobiernos y las institucionalidades

nacionales, departamentales y locales, deben aterrizar sus elaboraciones en los contextos

5
Ruralidades emergentes y dinámicas territoriales nuevas percepciones y medios de VIDA, Sandra Bibiana Vargas,
Rev. Eleuthera. Vol. 3, enero - diciembre 2009.
19

regionales y locales, como lo plantea Luis F. Aguilar, “los discursos, propuestas y visiones

esgrimidas hoy por los importantes procesos de organización y movilización campesina, indígena

y afrodescendientes que están produciendo a la vez profundas elaboraciones, así como las

políticas públicas que desde los gobiernos y las institucionalidades nacionales, departamentales

y locales, deben aterrizar sus elaboraciones en los contextos regionales y locales, la elaboración

de la pp en el contexto de nueva gobernanza obliga a intensificar y profundizar la exigente tarea

intelectual de generar conceptos e hipótesis que sustenten y validen las acciones de la PP decidida,

la exigente tarea política de promover los vínculos (de facto o requeridos) de cooperación y la

disposición a acuerdos voluntarios entre los actores gubernamentales y los sociales, y entre los

mismos actores sociales, cuyos atributos de ciudadanía tienen grados diversos de desarrollo y,

con frecuencia, son precarios y cuestionables.6”

2. Roles territoriales de los excombatientes en el posacuerdo.

El proceso de paz que se desarrolló en la Habana aportó de todas maneras avances importantes en

variados temas. Pero es necesario poner estos importantes avances y decisiones a la luz de las

expectativas e incertidumbres que se vienen expresando en los territorios locales que han vivido

con mayor intensidad los impactos del conflicto.

La incertidumbre más preocupante es el proceso de copamiento militar y control territorial que

están desarrollando estructuras paramilitares atadas al narcotráfico que también vienen nutriéndose

de las disidencias, y en no pocos casos aún en connivencia con algunos miembros de la fuerza

6
Aguilar, Luis F., (2012). Política pública: una mirada al presente y al futuro.
20

pública, aprovechando la dejación de armas y el vacío en el control territorial dejado por las

antiguas FARC. En zonas de Nariño, Norte de Santander, Santander y Antioquía, zonas como

Magdalena Medio, sufren hoy una involución en materia de respeto de los DDHH por la

recomposición y restructuración paramilitar que hostiga y persigue a los líderes sociales, a los

defensores de DDHH y a los y las trabajadores de paz. Nariño no escapa al repoblamiento

paramilitar en la medida en que se avanza a la paz.

Además de los puntos del acuerdo concernientes a la “Política de desarrollo agrario integral”, “Fin

del conflicto”, “Solución al problema de las drogas ilícitas” y “Víctimas y verdad”, que fueron

desarrollados profundamente y que se convirtieron en el eje central del dialogo, y son los más

importantes para la sociedad colombiana, no deja de inquietar la suerte de miles de excombatientes,

cuestión que se trató en el punto de “Participación política”.

¿Cómo se puede “blindar” o proteger el proceso de paz en la perspectiva de aplicación de los

acuerdos de la Habana? No ayuda mucho la posición del gobierno nacional y de sectores de la

fuerza pública, que creen aún que el proceso de paz solo era para la desmovilización y entrega de

la insurgencia. Presos de esta visión militarista del proceso, se dejó a un lado la posibilidad de la

constitución de una policía rural o gendarmería para el posacuerdo, donde la participación de la

insurgencia se viera clara y precisada. La constitución de una policía rural era claramente una

opción viable. Uno de los aspectos concretos de un proceso de paz es la necesidad de la transición

de un ejército de hombres y mujeres considerados "mano de obra calificada para la guerra" y, que

no puede quedar flotante a la oferta de nuevas estructuras ilegales, paramilitares o incluso del

narcotráfico. Esta fuerza con la experiencia de la guerra debería asumir otro rol, el de la seguridad
21

de las comunidades que antes fueron afectadas por su accionar. ¿Es esto posible? Creo que sí. Más

aún, cuando el Estado ha demostrado su incapacidad para llegar hasta estos territorios y generar la

seguridad y la tranquilidad que requieren las comunidades.

Estos nuevos roles de los excombatientes y de las comunidades, deben afianzarse en la

concertación con las comunidades en la construcción de líneas de inversión y desarrollo y también

como ejecutores de los recursos para la paz sin mediaciones de grandes ONGs y organismos de

Cooperación y una gran variedad de intermediarios, dejando de ver a las comunidades y sus

organizaciones como incapaces para direccionar sus propios destinos. Las organizaciones sociales

y las autoridades ancestrales del territorio en el caso étnico, las acciones comunales y las

asociaciones en el caso de los campesinos, en este nuevo escenario de paz, debieran ser asumidas

en un nuevo rol, partiendo del reconocimiento de sus capacidades para cogobemar y ejecutar

políticas. Por otra parte, las concepciones sobre el posacuerdo deben salirse de los marcos

estrictamente militares y de seguridad y ubicarse en la visión de roles políticos, comunitarios y

sociales que deben jugar los excombatientes junto a las comunidades en una perspectiva de

posacuerdo. Es decir, el problema no es la búsqueda de una reintegración artificiosa y débil de los

excombatientes a la vida civil, sino, de partir aceptando que existe una real compenetración de

éstos con las comunidades, lo cual permitirá que comunidades y excombatientes asuman

territorialmente la reconciliación en el marco de unas necesidades de desarrollo.

Se debería pensar entonces en la suerte que están corriendo y que correrán estos excombatientes,

campesinos, afros, indígenas y mestizos cuya decisión de integrar en su momento las FARC,

obedeció precisamente a las condiciones de pobreza y abandono por parte del Estado, y que
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precisamente por dicha razón tomaron conciencia de su papel en la transformación de esas mismas

condiciones.

Las preguntas esenciales al respecto son: ¿A dónde están trasladándose? ¿A qué se están

dedicando? ¿Qué papel juegan en la reconstrucción de sus territorios devastados por la guerra?,

¿Tendrán algún papel en una eventual redistribución de tierras? ¿En la reparación integral de las

víctimas?, ¿Se encuentran aportando en la erradicación y sustitución de los cultivos de usos ilícito?

Estas preguntas nos ponen en un escenario de posacuerdo, más allá de la mera participación

electoral en lo que se refiere a las FARC-EP, de la intensión simple de conformar un partido y de

un simple método asistencialista para cada combatiente, y de que esa sea la reintegración a la

sociedad civil. Dichas preguntas indagan por el papel fundamental de los excombatientes en una

nueva etapa del país, la etapa de la reconstrucción social, económica, cultural y política de los

territorios afectados por el conflicto.

Si la implementación de los acuerdos es realmente efectiva y va en serio y apunta sinceramente a

generar nuevas condiciones de desarrollo de los territorios, sin duda debe contar con este

contingente de hombres y mujeres, que son campesinos que conocen el oficio de sacarles frutos a

la tierra, que conocen el comportamiento de la fauna y la flora donde han habitado por años,

conocen los ríos, las lagunas, las montañas, y conocen a la gente, así como pueden ser líderes

naturales de sus procesos.


23

En el caso de Nariño, es más claro que las FARC-EP son una guerrilla profundamente rural, ligada

a los territorios donde hacen presencia, no solo por el poder que les brindaron las armas, como a

todo ejército regular o irregular, sino, por las diferentes dinámicas que en la practica terminaron

desarrollando, allí donde no había llegado nunca el Estado, lo que los hace parte integrante de los

territorios. Así las cosas, por lo menos en Nariño, no es adecuado hablar de reintegración de modo

singular como se asumieron otro tipo de procesos de desmovilización, como en el caso del M-19

o de las mismas AUC. Si las FARC-EP vivieron y siguen siendo parte del territorio, no se necesita

una reintegración, sino más bien una nueva política de Estado con nuevos roles para todos los

actores comunitarios, sociales y políticos, con la creación de nuevos mecanismos propios de

convivencia, reconciliación y el reconocimiento de una nueva fuerza social y política con presencia

en los territorios.

Subregiones como el Sanquianga, el Pacifico Sur, el Telembí, Abades, Pie de Monte, Cordillera y

parte de la frontera con Ecuador, tendrían que acordar una convivencia y darle paso a un proceso

comunitario y social de procesamiento del dolor de la guerra más allá del marco jurídico de la

justicia transicional acordada entre el Estado y la FARC-EP. Una nueva estrategia de presencia del

Estado en los territorios donde históricamente se ha desarrollado la guerra tendrá que contar con

los excombatientes, tendrá que vincularlos como agentes del desarrollo local y tendrá el Estado

que reconocer sus liderazgos y su capacidad para aportar a un posconflicto sostenible en paz y con

dignidad.

3. Posacuerdos, tierra, territorios y propiedad en Nariño.


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Si bien, desde una perspectiva etiológica nacional, es cierto el hecho de que el principal motor del

conflicto social y político en Colombia ha sido la disputa por el acceso y uso de la tierra, esta

afirmación, siendo válida en el escenario nacional, no corresponde, no se adapta y no explica el

conflicto en la realidad nariñense. Son insuficientes al momento de caracterizar y proyectar una

idea prospectiva y programática para un posacuerdo.

Esta idea general del problema de la tierra que no aterriza en la particularidad de lo regional y

local, es un gran vacío, ya que existen pocos, o casi ningún estudio actual sobre la tenencia y

distribución de tierras en Nariño y sus municipios. Esto, sin duda representa un problema en un

determinado método de investigación a utilizar, ya que incide en la esencia de las respuestas a los

problemas que se deban afrontar en un escenario de posconflicto. Es claro entonces, que al

equivocar la caracterización y el diagnostico, se equivoca ineludiblemente el abordaje y la

intervención del problema y más aún, la solución y la alternativa.

Los grades conflictos sociales, originalmente nacidos en el seno de la historia nariñense, son de

otro tipo, por ejemplo, las luchas cívicas de los años 70 y 80 en Náriño, estuvieron centradas en la

infraestructura de vías y electricidad. Incluso, las luchas y la participación hoy de las

organizaciones y sectores campesinos no tienen como punto central, la disputa por la tierra, sino

la aplicación de modelos integrales y soberanos de sustitución de cultivos de uso ilícito, apoyo en

créditos y subvenciones a la pequeña producción campesina y la terminación o cancelación de los

TLC como amenazas a la débil y precaria economía local agraria.


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¿Por qué no sale a relucir un punto central de la disputa de la tierra en el conflicto social y político

en Nariño? Sencillamente porque, el tema de la propiedad no es el problema central de los

campesinos nariñenses.

“Otra potencialidad de Nariño para un desarrollo alterativo, la constituye el hecho de existir una

relativa democratización de la propiedad de la tierra: 268.096 campesinos, el 75% del total de

propietarios poseen 172.000.000 hectáreas, los resguardos indígenas son titulares de 467.000

hectáreas y las comunidades afrodescendientes de 1.0000.000 de hectáreas. Es decir, la pequeña

propiedad rural y la propiedad comunitaria, en su conjunto, representan el 84% del total de

hectáreas de la superficie rural del Departamento.7”

Al intentar un acercamiento a un método para abordar el conflicto, la construcción de la paz y el

posconflicto, con un enfoque regional y local, es necesario plantear que hay necesidad de echar

mano de una teoría que dé cuenta de ello, que se construye con la combinación adecuada del

pensamiento universal, nacional y regional. Hasta aquí solo hemos mencionado los vacíos de una

visión, especialmente ligada a las elaboraciones alternativas y las propuestas de construcción de

paz desde el movimiento social, popular y de izquierda. Pero las políticas públicas institucionales

y gubernamentales elaboradas desde el centro, también adolecen de una perspectiva local y

regional, que a veces pareciera que están diseñadas con visiones y objetivos totalmente opuestos a

los intereses, las particularidades y las necesidades de las comunidades y los ciudadanos que viven

en las periferias.

7
Plan de Desarrollo Departamental Adelante Nariño 2008-2011.
26

La forma minifundista que tomó históricamente la propiedad de la tierra en Nariño, se configura

como un activo fundamental en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo con

características sociales. La dirección podría ser, y que apunta la solución del problema de la tierra

en Nariño y con ella, el entronque con la lucha social y política nacional, es primero un proceso

de concientización y formación de un nuevo sujeto político y segundo, a un fuerte proceso de

organización, asociatividad y cooperación que favorece la unidad real de los procesos sociales,

campesinos, indígenas y afros, que de todas maneras se encuentran dispersos en los territorios.
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Lista de Referencias

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Avila, Ariel, (2017). Conflicto, Paz y Posconflicto, Fundación Paz & Reconciliación URL

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Houtart, François, (2011). El concepto de sumak kawsai (buen vivir) y su correspondencia con el

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Instituto Nacional de Medicina Legal, Cifras Estadísticas, Forensis URL

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Vargas, Bibiana, (2009). Ruralidades emergentes y dinámicas territoriales nuevas percepciones

y medios de VIDA, Sandra Bibiana Vargas, Rev. Eleuthera. Vol. 3.

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