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2° Parcial Adultos

El documento aborda el concepto del síntoma en el psicoanálisis, destacando su función como un retorno de lo reprimido y su relación con el goce y el malestar. Se exploran las dinámicas de transferencia y contratransferencia en el análisis, así como las fases del psicoanálisis y la importancia de la palabra en el proceso terapéutico. Además, se discuten las resistencias del sujeto y la influencia del superyó en la angustia y la compulsión de repetición.

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2° Parcial Adultos

El documento aborda el concepto del síntoma en el psicoanálisis, destacando su función como un retorno de lo reprimido y su relación con el goce y el malestar. Se exploran las dinámicas de transferencia y contratransferencia en el análisis, así como las fases del psicoanálisis y la importancia de la palabra en el proceso terapéutico. Además, se discuten las resistencias del sujeto y la influencia del superyó en la angustia y la compulsión de repetición.

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SEGUNDO PARCIAL ADULTOS​


Teórico​
Beneficio primario y secundario del síntoma​

El síntoma posee un sentido oculto para el sujeto, es la puerta de entrada al análisis
porque es lo que se repite y hace pregunta (¿por qué me pasa esto?). Cuando la
pregunta se enlaza al analista aparece la transferencia, cuando es ubicado en el
lugar del sujeto supuesto saber.​
El síntoma es una formación del inconsciente, es el retorno de lo reprimido. Nos
sorprende. Habla del sujeto dividido, que no puede controlar lo que surge de forma
involuntaria. ​
Cuando hay fracaso de la represión aparece el síntoma como satisfacción
sustitutiva. (Surge del recorrido de la libido insatisfecha, por una negación del
exterior, la libido se introvierte cargando a las fantasías. Cuando algo de lo reprimido
falla, hay un retorno de esta libido insatisfecha. El síntoma es un sustituto de
aquello)​
¿Qué tiene de característico? En el síntoma se padece. Es una satisfacción
paradojal porque, en realidad, es una satisfacción que no tiene que ver con el
bienestar. Por eso la llamamos goce (goce→ tiene que ver con estar bien con el
malestar, estar cómodo con la incomodidad) ​
Esto es lo que Freud sitúa como beneficio primario del síntoma. Este goce que se
juega en la enfermedad. Este placer en el dolor. Refugio en la enfermedad. ​

Ganancia secundaria de la enfermedad: Es la ventaja que el sujeto saca de la
enfermedad, que se juega en la actualidad del sujeto. Se juega más desde el yo. La
enfermedad se vuelve útil para el paciente.​

El síntoma es un modo de cortar con el otro, hacer síntoma es que hay algo que no
está bien. Es un intento de cortar con lo que está pasando, pero nos quedamos a
mitad de camino, no terminamos de cortar porque nos enfermamos. ​

Seminario 1 Lacan ​

Resistencia: Lacan toma el texto “Dinámica de la transferencia” y “Psicoterapias de
la histeria”. Y va a tomar cómo el sujeto va hablando alrededor del núcleo patógeno.
y el analista va a intervenir de un modo radial intentando acercarse al NP. Y desde
ahí surge la resistencia.​
Cuando el análisis va acercándose al NP, la resistencia se va a valer de la
transferencia y se detienen las asociaciones. Pone al analista en el centro de la
cuestión. Todo el análisis va en vías de poder disolver la transferencia. El análisis
apunta a que este lugar caiga. La idea de todo análisis es acompañar al paciente en
todo un recorrido en q pueda duelar este lugar del Otro que es el lugar del analista​
Dependerá de la habilidad del analista para manejar la transferencia, cómo la sortee
para poder continuar con el análisis. ​

Contratransferencia: el lugar del analista. Tiene que ver con el ego del analista y
con la resistencia del analista. Intervención de ego a ego/ de yo a yo, que va en la
línea del imaginario. Es una intervención que no lleva a ningún lado. La
contratransferencia tiene que ver cuando el analista se pone en primera escena,
cuando deja el lugar de abstinencia. ​
Nunca dijimos que el analista no pueda experimentar sentimientos con lo que le trae
el paciente, pero debe ponerlos en su lugar. El analista tiene que poder correr sus
sentimientos o trabajarlos en su análisis. ​

¿Cuál es el lugar del analista?​

La función deseo del analista El deseo de los analistas

Lugar que ocupa el analista:​ Persona del analista


abstinencia​
Neutralidad​
Lugar de semblante de a como causa​
Pivot del análisis

En esta hiancia que queda en el centro puede producirse estas cuestiones


contratransferenciales porque cuando falla esta función deseo del analista hay
algo de la contratransferencia que se va a poner en juego. La función deseo del
analista, en donde queda corrida la persona del analista, es el pívot de la cura. Va
en sentido opuesto a la transferencia aunque al mismo tiempo la sostiene. La
sostiene para que en algún momento caiga



La palabra: Lacan dice que un análisis es una relación de tres: el analista- el
analizante- la palabra.​
La palabra es con lo que trabajamos, por eso la asociación libre. En la asociación
libre surgen las palabras vacías hasta que aparece la palabra plena. ​

La palabra que encierra cierta verdad, es la que queda reprimida (palabra de
revelación→palabras plenas→ de sentido), lo que aparece son retazos, otras
palabras que tienen que ver con lo reprimido pero que permiten la comunicación con
el otro. (palabras vacías/ palabras de mediación)​
Cuando uno está asociando libremente dice un montón de palabras vacías hasta
que en un punto aparece la palabra de revelación, no es una sin la otra. ​







Recordar, repetir, reelaborar (1914)​

3 Fases del psicoanálisis:​
1- Fase catarsis→ característica: la hipnosis​
Enfoque→ terapia focalizada hacia la formación de síntomas. Hacer consciente lo
inconsciente ​
2- Renuncia a la hipnosis. Deducir a partir de las ocurrencias libres del paciente. Se
mantiene el enfoque sobre las situaciones de formación de síntoma, se sigue
buscando.​
3- Renuncia a enfocar. Aparece la asociación libre y la atención flotante de parte del
analista. Ya no busca​

Misma meta: llenar las lagunas del recuerdo. En términos dinámicos: vencer las
resistencias de la represión​

Recuerdo y olvido​
En general, el analizado no recuerda nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo
actúa, lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo, sino como acción. Lo
repite, sin saber que lo hace. ​

Compulsión de repetición​
El analizado empieza la cura con una compulsión de repetición en la transferencia,
es su manera de recordar. La transferencia misma es sólo una pieza de repetición​
Mientras mayor sea la resistencia, mayor la repetición, es decir, más será sustituido
el recordar por el actuar. ​
Al comienzo, si la cura empieza con una transferencia suave, positiva, permite una
profundización en el recuerdo. Es cuando la transferencia se vuelve hostil o
hiperintensa que, se necesita de represión y el recordar deja lugar al actuar, a la
repetición.
En la transferencia se repite lo reprimido inconsciente. Cuando se instala la
transferencia, pasamos de una neurosis vulgar a una neurosis de transferencia,
cambia el objeto, pasa a ser el analista. La neurosis de transferencia nos permite
intervenir. El enfermo lo vivencia como algo real-objetivo y actual, en buena parte, el
trabajo terapéutico consiste en la reconducción al pasado. ​
El principal recurso para domeñar/dominar la compulsión de repetición del paciente,
y transformarla en un motivo para el recordar, reside/está en el manejo de la
transferencia.​
Nombrar la resistencia no produce su cese inmediato, es necesario darle tiempo al
analizado para reelaborarla. La reelaboración es la pieza de trabajo que produce el
máximo efecto alterador sobre el paciente y que distingue al tratamiento analítico de
todo influjo sugestivo. ​
(práctico A)​
Por el trabajo mismo del análisis se genera un proceso reelaborativo. Los síntomas
adquieren otro significado. Hay un cambio en la posición subjetiva gracias a la
transferencia. ​

Orden: repetir, reelaborar, recordar​
Repetir;​
-modalidad de trabajo por la que accedemos al inconsciente​
-Actuar en lugar de recordar​
-Repite porque aún no hay un saber (saber de lo reprimido)​
- Puesta en escena, en acto ( no patológico)​
- Dramatización de los conflictos​

Reelaborar:​
- Distingue el trabajo psicoanalítico de un proceso de sugestión​
- Permite el movimiento de una posición subjetiva​
- Produce el máximo efecto alterador. Ya no se posiciona de la misma manera frente
a las cosas que le pasan, frente a todas las áreas de su vida. ​

Recordar:​
-Mirarnos a nosotros mismos, a nuestra historia, historizada en el presente, que
podamos recordarla sin que sea una carga, sin que sea una herida abierta.​

Leer teórico 8- La resistencia del ello- La resistencia de lo traumático a
elaborar. Lo pulsional como forma de satisfacción enigmática al sujeto. ​
-Freud, S. (1925). Inhibición, síntoma y angustia. [Capitulo XI Addenda pp. 147-150].
Volumen XX. Buenos Aires: Amorrortu editores. ​
-Rabinovich, N. (1998). El Nombre del Padre. [El goce de la castración pp. 70 a 91]
Buenos Aires. Psicolibro Ediciones​

Teórico 9 Resistencia del súper yo. Sentimiento inconsciente de culpa.
Reacción terapéutica negativa Manifestaciones de la culpa en la clínica.
Reforzamiento del malestar del sujeto, y el aferrarse al padecer. ​


Conferencia 31: La descomposición de la personalidad psíquica (1924)​
→ No hay unidad​

El yo tiene una función crítica respecto al sujeto. En el yo interviene una operatoria
que tiene que ver con esto de criticarse, si se critica es porque se auto observa.​

¿De dónde proviene esta capacidad que el yo tiene de auto observarse y criticarse?
y criticarse en algunos casos con una severidad que rayana con lo cruel, es una
crítica que produce efectos, produce angustia. ​
Esa función crítica aparece en una tarea: la conciencia moral. Lo moral, qué está
bien y qué está mal. Pone al yo en un lugar de cierta ajenidad, pareciera ser lo
propio y lo ajeno a la vez. ​

Freud se pregunta si siempre habitó en nosotros esta conciencia moral? No, porque
en realidad en la infancia no aparece esta cuestión moral. Si esto es una adquisición
que se da con el tiempo, cuáles son las operaciones que favorecen a que esto tenga
lugar? Va a ubicar como tiempo fundante de esta instancia crítica del yo a aquello
que en algún momento fue externo al sujeto y ejerció el mismo poder → la crítica
externa. que en primer lugar viene de la figura de los padres, luego los educadores.​

El superyó empieza a caerse como idea, a armarse como idea en función de este
modelo de la autoridad parental. Aquello que antes se ejercía desde el afuera en
algún momento en la constitución subjetiva va a introyectarse y va a ejercerse
desde la interioridad del propio yo. ​
Lo que va a definir en este operatoria va a tener que ver con el resultante del
Complejo de Edipo, lo que queda como heredero. Como algo de esa instancia moral
que define lo que se puede y lo que no se puede se introyecta formando parte del
interior del yo. Esa introyección, que es una operatoria inconsciente, va a determinar
una diferenciación dentro del yo, el súper yo. ​

Ese interior del yo icc (superyó) produce efectos de angustia como producía efectos
de angustia el reto o la amenaza parental.​
Hoy es una angustia producida por la conciencia moral, cada uno es su propio juez. ​

¿Angustia frente a qué?​
Angustia realista→ producida por la amenaza concreta y real. Es una angustia
señal, que pone una serie de instrumentaciones( psíquicas, físicas, fisiológicas, etc)
para prepararnos frente a la posibilidad de un peligro inminente. ​
Angustia de la conciencia moral → que sirve para medirnos con el ideal del yo​
Angustia neurótica→ tiene que ver con la vivencia de un peligro existente, pero no
desde el exterior, existente en términos del interior mismo del aparato psíquico, que
el yo advierte, porque el yo es quien puede producirla y sentirla. ¿Por qué el yo
sentiría angustia que no siempre es producto de la conciencia moral ni de un peligro
exterior? (este es el punto nodal de Angustia y vida pulsional: la conferencia 32)​
Por las pulsiones. El peligro inminente, pulsante, es la emergencia de lo pulsional.
Esta angustia pulsional el yo la conoce y por eso generó el primer mecanismo que
constituye la existencia del yo en la neurosis→ la represión. El yo produjo represión
ahí donde​
El ello es esa instancia otra desconocida pero conocida a la vez, la conoce la
suficiente como para saber que ahí hay un peligro inminente, pero a la vez la
desconoce como para no saber bien por donde puede salir ese tiro. Entonces
siempre está reprimiendo, tratando de que no se pierda el lazo con la realidad.​

Así como Freud dijo que el superyó es efecto del complejo de edipo, heredero de él,
el yo es una parte del ello, es la que se vio de frente con la realidad porque para
freud realidad es una cuarta instancia psíquica que oficia de ser aquello con lo que
el ello se la tuvo que ir viendo hasta formar el yo.​
Allí donde ello era, yo debe advenir. ​

En Más allá aparece algo que gobierna el aparato psíquico que no está regulado por
el principio carga descarga. Se le complica la carga y descarga porque en esto que
aparece repitiendose incesantemente y que nunca fue placentero ubica aquello más
primario, más original que incluso lo que tiene que ver con lo vital, y es la pulsión
de muerte. Si aparece la compulsión de repetición de algo que nunca estuvo regido
por el principio de placer, ¿por qué lo haríamos? ​
Lógica de Freud→ Si al principio todo es ello y el yo debe advenir con el contacto
con la realidad, y si las instancias críticas de la cultura se tienen que introyectar,
entonces con la pulsión no pasará algo similar? Es ahí donde Freud dice que somos
materia​

Lo inerte, lo mudo, lo callado, lo sin vida→ La pulsión de muerte→ es todavía más
originaria que la pulsión de vida, porque la pulsión de vida surge cuando aparece el
contacto con ese otro, apoyada en la pulsión de vida biológica (del alimento). De
esa materia inerte pasar a lo vital de la apoyatura de la propia biología, y de la
propia biología a ese plus libidinal que ofrece que la teta no es solo leche sino un
montón de otras cosas, ese sostén, esa mirada, esa voz. Eso engendra un factor
pulsionante y ese factor pulsionante va a exigir en la medida que hay mezcla de
pulsiones. Es decir, ni siquiera la autodestrucción en el ser humano se lleva a cabo
sin satisfacción pulsional. La satisfacción pulsional es esa fuerza pulsionante que
siempre está pugnando por salir, que da origen a que el yo genere una fuerza de
contrainvestidura para mantenerla a raya con la represión. Y como no alcanza hay
una parte de eso que se compulsa permanentemente y se repite de forma no ligada.
Esto es lo que aparece en el análisis como la compulsión de lo no ligada que va a
necesitar una esfuerzo de ligadura y de proceso secundario​

Ahora lo que le agrega es que además hay otra resistencia, que es la resistencia
directa a la mejoría y a la cura, la que vive como amenaza el mejorar, lo que soporta
como base la lógica de Freud los que delinquen por sentimiento de culpa y los que
fracasan al triunfar. Y en esa serie La reacción terapéutica negativa. → que
cuando la angustia es llevadera, se levantaron algunos síntomas, etc, en ese
momento se produce un profundo empeoramiento. El sujeto queda agarrado a la
enfermedad, entonces el análisis le presenta una amenaza, la amenaza de la cura,
porque en ese padecimiento hay satisfacción pulsional en juego, el superyó está
satisfecho, entonces se sostiene. ​
Todas estas cosas le hacen a Freud hacer un texto sobre los vasallajes del yo. El yo
tratando de vérselas con la angustia, la angustia neurótica, la angustia de la
conciencia moral, etc. Entonces clinicamente lo que tenemos que hacer es fortalecer
al yo para que pueda hacer este trabajo sin desintegrarse (porque es endeble), sin
generar una proliferación de síntomas tales que sean desadaptativos del mundo. y
que ese yo pueda entonces si esta mas relajada de todo este trabajo que hace
como sirviente de todas estas instancias a las que responde, lo que va a conseguir
tener es mayor capacidad de investidura, una mayor capacidad libidinal. Por eso
para Freud estar sano es poder trabajar y amar, y qué es trabajar y amar? Es libido​

La aparición de las resistencias lo van a llevar a pensar si todo es analizable,
¿Todas las resistencias se van a poder levantar? ¿Qué es lo que tenemos que
hacer como analistas?​
El mandato freudiano en el camino a la cura es hacer alianza con el yo para que
este yo vaya haciendo un trabajo en el cual pueda ir recuperando esa capacidad
libidinal de investidura que estaba todo el tiempo al servicio de estas instancias
psíquicas y de cómo maniobrar con la angustia. ​

En la reacción terapéutica negativa hay que rastrear esta deuda, esta culpa, porque
si la conceptualizamos como la resistencia del superyó, y la resistencia del superyó
como el heredero del complejo de edipo, esta instancia crítica, que marca el ideal
del yo como medida a alcanzar, cruel, severo. En ese punto va a ser la instancia
más dura porque responde a la instancia icc del superyó más crítica y más dura. ​

Rabinovich, N. (2014). La Letra y la verdad. [El superyó, un obstáculo en la
cura Pp. 53-63].​

Rabinovich dice: si el superyó nos produce todo esto, ¿un análisis nos puede curar
del superyó?​

2 respuestas:​

Respuesta freudiana: Freud va a decir que podemos aminorar su crueldad​
Respuesta lacaniana: Lacan dice que si nosotros en realidad lo que le ofrecemos al
paciente es crear una neurosis artificial (neurosis de transferencia) y que se instale
la transferencia es el trabajo de las primeras entrevistas para que empiece un
análisis. Así como trabajamos la instalación de la transferencia y eso permite el
análisis, el fin de análisis es la disolución de esa transferencia. Y la disolución de la
transferencia va a dar como resultado una caída de la figura del analista. Lacan lee
que en la transferencia el analista también de alguna manera entra en una serie
engordando al superyó (no es algo deseable pero sucede), en algún sentido esta
facultad de sujeto supuesto saber instala una orden de cierto ideal, y que justamente
el fin de análisis tiene que ver con la caída de ese sujeto supuesto saber. Ahora
bien, para Lacan esta caída deja una libido libre, en ese sentido no es que nos
curaríamos del superyó pero estaríamos atravesando algo que tiene que ver con la
castración del analista y del propio sujeto, del propio yo. Ese que cae es un sujeto
castrado, y yo que me analicé y que pude con algunas cosas y otras me voy con la
idea que nunca voy a poder, pero ahora me voy sabiendo que nunca voy a poder.
Un análisis permite pasar la prueba de la castración​

Teórico 10 Necesidad de castigo Masoquismo del yo. Paradoja del sufrimiento
como condición humana. La resistencia a la cura y a la mejoría. //PA Reacción
terapéutica negativa Resistencia del súper yo Sentimiento inconsciente de
culpa ​

Freud. El malestar en la cultura (1929) Cap 7 y 8​

Habla de la conformación del superyó para pensar la génesis de la culpa.​
En este texto Freud plantea que el ser humano no tiene moral innata, sino que
aparece de forma externa en las figuras parentales, como este otro que va
marcando lo que está bien y lo que está mal. Si este niño no cumple con lo que le
marcan aparece la angustia social, la angustia frente a la pérdida de amor , es el
temor de que si lo descubren puede quedar desvalido. Esta angustia social
antecede a la culpa, y es gracias a este temor que el niño obedece.​

En principio, el castigo por hacer algo mal viene del otro, de los padres. Una vez que
el superyó se constituye, ese castigo y ese miramiento se introyectan. Con este los
fenómenos de la conciencia moral se elevan a otro grado. Solo en este punto
corresponde hablar de conciencia moral y sentimiento de culpa. En este momento
desaparece la angustia frente a la posibilidad de ser descubierto y también el
distingo entre hacer el mal y querer hacerlo, es decir entre cometer el acto y solo
pensarlo, ya que nada se puede ocultar al super yo, ni siquiera los pensamientos. ​

El superyó se abate sádicamente sobre el yo, llevando a situaciones de mucha
perdida. No hay renuncia pulsional que alcance para el superyo, este va a pedir
cada vez más renuncias. La abstención virtuosa ya no es compensada con el amor,
hay una desdicha permanente. La desdicha que amenazaba desde afuera, es decir
la pérdida de amor y el castigo de parte de la autoridad externa, ahora se ha
convertido en una desdicha interior permanente, la tensión de la conciencia de
culpa. Cuanto más virtuoso es el individuo, el superyó se comporta con mayor
severidad.​
Es más, el superyó es llamado como “el monumento recordatorio de la endeblez
humana”,es aquello que nos permite recordar que siempre estamos en deuda con
un otro respecto a la endeblez con la que llegamos a este mundo, ya que la culpa
está relacionada a una deuda con ese otro, que nos hace dependientes, siempre
marcando qué le falta al otro que yo haga, marcando que podría haber hecho algo
más.​

¿De qué medios se vale la cultura para volver inofensiva la agresión del ser
humano? La cultura inhibe la agresión dirigida hacia afuera, es introyectada,
reenviada a su punto de partida. Es recogida por una parte del yo, que se
contrapone al resto como superyó, y entonces, como conciencia moral, ejerce
contra el yo la misma severidad agresiva que el yo hubiera ejercido en otros
individuos. Esta tensión entre el superyó severo y el yo sometido, llamada
conciencia de culpa, se exterioriza como necesidad de castigo. ​
Es decir, la cultura inhibe este gusto agresivo del individuo debilitandolo,
desarmandolo y vigilandolo mediante una instancia situada en su interior. ​


Freud, S. (1924). El problema económico del masoquismo. [Volumen XIX pp.
161-176]. Buenos Aires: Amorrortu editores.​

La compulsión de repetición regulada por el Más allá del principio de placer instaura
la pulsión de muerte como constitutiva del aparato. (El concepto que le permite la
instauración de la segunda tópica es la pulsión de muerte)​

Freud percibe una resistencia que tiene que ver con la asociación que se establece
entre el sadismo del superyó, estas figuras introyectadas que ejercen cruelmente
este mandato y que ponen al yo siempre angustiado en términos de compararse con
un ideal, sumado al masoquismo del yo. Tomando como masoquismo en la vertiente
del masoquismo originario en primera medida, y el masoquismo secundario como
aquella pulsión de destrucción que una vez exteriorizada retorna al interior del yo
como masoquismo secundario. (estructural en la neurosis. parte de la idea del
basamento que genera el masoquismo originario como punto de atracción para la
vuelta de la pulsión de destrucción otra vez al interior del yo en el masoquismo
secundario)​

“Desde el punto de vista económico la existencia de la aspiración masoquista en la
vida pulsional de los seres humanos puede con derecho calificarse de enigmática.
En efecto, el masoquismo es incomprensible si el principio de placer gobierna los
procesos anímicos, de modo tal, que su meta inmediata sea la evitación del
displacer y la ganancia de placer. Si el dolor y displacer pueden dejar de ser
advertencias para construirse ellos mismos en metas, el principio de placer queda
paralizado y el guardián de nuestra vida anímica, por así decir, narcotizado”
Encuentro de Freud con la pulsión de muerte, como cambia la teoría y como cambia
la clínica. Apunta a esto que rompe con su teoría hasta ese momento​

Freud dirá que por las características que presenta el sentimiento inconsciente de
culpa sería más acertado nombrarlo como necesidad de castigo (porque lo icc en tal
caso es el contenido que nos hace sentir culpables), es así que introduce el
concepto de masoquismo. La posición masoquista como propia de la neurosis​
El masoquismo nos aparece en tres figuras (de una misma cosa):​
Algo de esta figura del masoquismo erógeno, femenino y moral nos permite nombrar
algo de la constitución subjetiva, de la vida pulsional y de cómo esto aparece en la
clínica incluso al dia hoy​

Erógeno (masoquismo primario): Es el placer en el dolor. Está en la base del
masoquismo femenino y moral. Tiene un basamento orgánico, fisiológico. En los
primeros cuidados del otro hay algo que excede, por lo que deviene traumático.
Pero esto que podría ser un defecto, eso excesivo, es libidinizado por el organismo,
para que no lo destruya. Por lo tanto, ese displacer se transforma en placer. Como
resultado, van quedando zonas erógenas fijadas que, en el fondo, funcionan como
formas de lazo con el otro. En esa posición de objeto hay un lazo con el otro. ​
Este planteo permite pensar cómo el dolor puede ser fuente de placer y cómo el yo
se defiende de una cantidad que podría ser destructiva, mitigandola a través de la
libido. ​


Femenino: lo enlaza con la pasividad. La posición pasiva frente a un otro en una
configuración que ya aparece en la neurosis en un terreno universal, en el terreno
de la fantasía. Esos hechos concretos, ser golpeado, lastimado, etc probablemente
no generen satisfacción en la vida real sin embargo son el contenido universal en la
neurosis en la fantasía. Freud descubre en esta posición pasiva de sometimiento,
que es la posición del sujeto respecto a un otro, al otro que nos sostiene, que nos
acoge en la vida, el otro como función humana. Esta posición pasiva ya despegada
de lo femenino, es constitutiva como basamento de la fantasía en la neurosis.
Posición del yo masoquista frente al superyó. ​

Moral: Para Freud es el más importante porque lo vemos expresado en lo
conductual, en esta expresión trastornada de la reacción terapéutica negativa. El yo
se comporta como si se creyera merecedor de castigo, es un yo masoquista frente a
un superyo sádico. Esta culpa se infiere por las conductas del sujeto, que se
comporta como si pidiera un castigo. El yo está en posición masoquista por la culpa
que siente por sus deseos edípicos, por lo que aparece este sometimiento a ser
castigado. En este sentimiento culposo se encubre un lazo erotizado con los padres.​
La salida del Complejo de Edipo tiene que ver con su desexualización. La
conciencia moral y la moral misma nacieron por la superación, la desexualización,
del Complejo de Edipo; mediante el masoquismo moral, la moral es resexualizada,
el Complejo de Edipo es reanimado, se abre la vía para una regresión de la moral al
Complejo de Edipo. Es un sufrimiento erotizado, se obtiene satisfacción sexual en
las prohibiciones. ​

necesidad de castigo→ ¿Por parte de quién y por qué?​
Necesidad de castigo ejercida por un poder parental. En este punto aparece el
sepultamiento del complejo de edipo, el cual es esa función que genera el
sepultamiento y la introyección de estas figuras con determinados contenidos
inconciliables para el yo, deseo incestuoso y parricida, que entonces ya no va a
requerir un afuera que nos limite moralmente sino que eso formara parte de nuestro
interior, su nucleo icc, el super yo. Lo que constituye el superyó es el monumento
recordatorio a la endeblez humano, es aquello que nos permite recordar que
siempre estamos en deuda con un otro respecto a la endeblez con la que llegamos
a este mundo, ese otro que nos tuve que nutrir, bañar de lenguaje, etc, nos pone en
una posición de deuda. La deuda tiene que ver con algo del orden de lo cultural. En
ese sentido la introyección del edipo genera que en el super yo la pulsión aparezca
mezclada. La moral es una forma de resexualizar el edipo, ¿por qué? porque de lo
que el yo sabe es de ese contenido que está en el interior que favoreció el trabajo
de contrainvestidura de la represión y que forma parte de esos deseos incestuosos
y parricidas que nombran un modelo de función que es la búsqueda permanente de
satisfacción, enlazada a esta culpa. No se puede satisfacer esto, pero eso está , eso
pulsa permanentemente en un montón de otras configuraciones de la vida cotidiana​

Pregunta clínica ¿Cuál es el costo que tiene para un sujeto el poder sostener el lazo
con la cultura, el lazo con el otro, no vivir angustiado, pisoteado por la distancia que
tiene el yo respecto a su ideal?​
La distancia que miden al yo con el ideal no se inscribe igual en todas las personas,
tiene que ver con las identificaciones. ​

Esta resistencia que a diferencia de otras, cobra dos fuerzas asociadas:​
Sadismo del superyó, que busca someter al yo permanentemente y angustiarlo
midiendolo con ese ideal inalcanzable y;​
Masoquismo del yo que se somete, se deja castigar y tiene esta culpa respecto a su
propio existir, en términos de estos deseos incestuosos y parricidas desfigurados en
cualquier otra cosa de la vida cotidiana. ​

Página 175. Freud vuelve a unificar esto y se nos pierde ese furor clasificatorio. “La
condición de inconsciente del masoquismo moral nos pone sobre una pista
interesante. Podríamos traducir la expresión “sentimiento de culpa” por “necesidad
de ser castigado por un poder parental”. Ahora bien, sabemos que el deseo de ser
golpeado por el padre, tan frecuente en fantasías, está muy relacionado con otro
deseo, el de entrar con él en una vinculación sexual pasiva (femenina), y no es más
que la desfiguración regresiva de este último. Si referimos este esclarecimiento al
contenido del masoquismo moral, se nos vuelve evidente su secreto sentido. La
conciencia moral y la moral misma nacieron por la superación, la desexualización,
del Complejo de Edipo; mediante el masoquismo moral, la moral es resexualizada,
el Complejo de Edipo es reanimado, se abre la vía para una regresión de la moral al
Complejo de Edipo.” ​

pag 176 último párrafo “Así, el masoquismo moral pasa a ser el testimonio
clásico de la existencia de la mezcla de pulsiones. Su peligrosidad se debe a
que desciende de la pulsión de muerte, corresponde a aquel sector de ella que
se ha sustraído a su vuelta hacia afuera como pulsión de destrucción. Pero
como, por otra parte, tiene el valor psiquico de un componente erótico, ni aun
la autodestrucción de la persona puede producirse sin satisfacción libidinosa” ​

El problema económico del masoquismo → no se renuncia fácilmente al
masoquismo moral porque está en juego la satisfacción pulsional. El dolor y el
displacer se convierten ellos mismos en metas, este es el problema, que algo opera
desde un más allá del principio de placer, algo gozoso. Esto es un problema para el
aparato porque es destructivo. Nos excede esa resistencia que se expresa en la
clínica como la reacción terapéutica negativa que es la forma más extrema y
patológica de esta necesidad de castigo, es la resistencia a la misma cura. ​


Caso Elsa. ​
Cómo aparece la reacción terapéutica negativa en la clínica.​

Elsa estaba muy bien, en términos de recuperada la libido en el yo, tiene capacidad
para los proyectos, está bien en su trabajo, está mejor económicamente, con el
marido, etc.​
En esa mejoraría un día llega al análisis muy angustiada “ me doy cuenta que no
tendría que estar así, debería estar bien, pero sin embargo me sigue pasando”​
“Evidentemente el análisis no me sirvió para nada, estoy igual que siempre, es más,
estoy peor”​
Marcelo escucha en su relato el par opositivo “estar bien-estar mal”, y la invita a
asociar sobre esto. Recuerda un dicho de su abuela que decía cuando alguien
estaba contento por algo: “Quién ríe el viernes el domingo llora” ​
La historia de su abuela, apta para sostener este refrán, es la de pasar de una
condición económica muy favorable a la pobreza absoluta. ​
Inculcado desde la abuela hacia la madre de Elsa, como algo inevitable de un
camino por el que ha pasado, en épocas de esplendor y luego de miseria, de
bien-estar y mal-estar. Lógico pero representante de la abuela, historia de aquella y
no necesariamente de Elsa. ​
Le vuelve a pedir asociaciones y recuerda algo sobre su madre. “Cuando era chica
mi mamá me hacía recitar una poesía horrible, yo tenía 8 años. Me la hacia repetir,
la disfrutabamos las dos pero yo no la entendía:​

Mi vida es un erial, ​
flor que toco se deshoja;​
que en mi camino fatal​
alguien va sembrando el mal​
para que yo lo recoja​

Allí queda expresado que hay una deuda con esta abuela y madre sufriente.
Pertenecer al linaje de mujeres de su familia, es que haya algo que cueste, que no
sea fácil la vida, que ahí donde se pudo llegar a estar bien, como lo han logrado su
madre y su abuela, lo que va a sobrevenir es el estar mal. “No me voy a diferenciar
de eso, sería casi una traición a mi linaje” ​

Cuando el sentimiento inconsciente de culpa es prestado, es más fácil de poder
desarticular en términos de la diferenciación en esa identificación del sujeto y la
posibilidad de un cambio en la posición subjetiva. ​

Cuando el sentimiento inconsciente de culpa es prestado, cuando se presenta como
un resto de un vínculo amoroso resignado, es más fácil la posibilidad de un cambio
en la posición subjetiva​

Someterse a este masoquismo secundario, a esta vuelta a una posición pasiva,
culposa y sometida, sólo es posible en la medida de que hay un “imancito” siempre,
al interior del superyó, que es el masoquismo originario, ese resto de pulsión de
muerte que nunca fue exteriorizado al mundo como pulsión de destrucción y que
siempre va a estar ahí en un punto de enmarcación para que la pasemos lo
suficientemente mal.​

PRÁCTICO A​

Más allá del principio de placer ​
Resistencia del ello. Diferencias entre la compulsión repetitiva de lo reprimido
inconsciente y la compulsión repetitiva del ello​

2da tópica del aparato: superyo - ello - yo​

3° dualidad pulsional​
Antes: 1° pulsiones sexuales vs pulsiones de autoconservación​
2° pulsiones sexuales vs pulsiones del yo​
3° pulsión de vida vs pulsión de muerte​

Pulsión de vida→ intenta que aparezca un motor, un enriquecimiento a la vida​
Pulsión de muerte→ no le encuentra el sentido a la vida, es pérdida para el aparato
y ganancia para lo destructivo​

Modo de repetición automática, opera por automatón y no necesariamente hace
lazo con el analista, aparece más bien por fuera de la transferencia. Hay algo que
queda más allá del vínculo con el otro.​


Freud descubre que no todo puede ser recordado y que no alcanza con hacer
consciente lo inconsciente. Hay cosas que nunca van a dejar huella ni recuerdo, son
características que forman parte de una construcción primaria del psiquismo, no
vamos a tener noticia de eso. Hay algo de lo no inscripto que busca inscripción, hay
un intento de ligadura por el que el displacer se sostiene​


Eso es lo que le llama la atención a Freud, que el sujeto repita y le aparezca un
displacer consciente que ni siquiera devenga de un placer inconsciente, que ni
siquiera se haya disfrutado de manera placentera en algún momento. Empieza a
notar algunos referentes clínicos donde ve que aparece algo que no responde a la
lógica del principio de placer.​

-Sueños traumáticos: Freud observa pacientes combatientes de guerra que tienen
sueños donde constantemente sueñan un acontecimiento traumático que
presenciaron y se despiertan con renovado terror. Le llama la atención esto porque
hasta el momento el sueño era cumplimiento de deseo. Aca vemos como en el
sueño traumático esto no sucede, sino que se repite constantemente una vivencia
sumamente displacentera, por lo tanto, ve un más allá del principio de placer. ​
Freud aquí hace una diferenciación entre la angustia, el miedo y el terror.​
Dice que la angustia tiene que ver con un estado de expectativa ante el peligro,
donde le sirve a la persona a prepararse ante este eventual peligro y
consecuentemente responder de manera adecuada.​
Habla del miedo, como el peligro que se dirige necesariamente ante un objeto
concreto, tiene que ver con la presencia exclusiva de ese objeto.​
Y habla del terror, que tiene que ver con un factor sorpresa, en donde este factor
sorpresa genera que la persona no esté preparada ante este peligro que aparece de
forma inminente.​

-El juego del fort-da: el juego de un niño de un año y medio que lo practica
constantemente. El nene tiene un piolín atado a un carretel, desde su cuna, lanza el
carretel por fuera acompañado de un “oh (fort) (se fue)” y luego tira del piolin hacia
la cuna y hace aparecer el carretel diciendo “ahh (da) (acá está)” Freud dice que
está representando la partida de la madre, esto imparte un hecho traumático para el
niño, que lo repite con este juego . Para Freud el juego completo respondería al
principio de placer, porque incluiría la aparición de la madre. Pero el niño no repite el
juego completo, el niño siempre repite la parte del fort, repitiendo la vivencia que
para él es displacentera, por lo que responde al más allá del principio de placer. ​

Se ven ciertas semejanzas en estas dos referencias, hay una vivencia traumática:
en una la guerra y en otra la partida de la madre, y hay repetición de algo
displacentero de forma consecutiva en ambas situaciones. ​

-Compulsión de repetición en la transferencia (relacionado con el texto Recordar,
Repetir, Reelaborar →En este texto Freud decía que cuando el sujeto llega a la
terapia no recuerda nada de lo que ha reprimido y por lo tanto, debido a la
transferencia, suele actuar lo inconsciente. Pero es una repetición de algo que en
algún momento le generó placer y que mediante la repetición le genera placer para
el aparato inconsciente, pero para el aparato consciente resulta displacentero. Por lo
que pertenece al principio de placer)​
En la compulsión de repetición de transferencia tambien hay casos en que los
pacientes repiten algo que nunca fue vivido de manera placentera y por lo tanto
nunca pudo haber sido reprimido. Se repite también algo que siempre fue
displacentero. En este caso hablamos de algo que responde al más allá del principio
de placer.​

Con respecto al trauma:​
(((Las personas cuando viven un suceso traumático hay grandes volúmenes de
estímulos que ingresan al organismo, es importante el factor sorpresa, y se
comportan adentro como una energía móvil dentro del sujeto, lo que tiene que hacer
el aparato es convertir la energía móvil en energía ligada, es decir elaborar el
trauma. El aparato psíquico suspende el principio de placer hasta poder elaborar el
trauma. Lo hace repitiendo la situación traumática, la persona lo vive de forma
displacentera )))​
Freud reconoce 2 estímulos, así como existen estímulos exteriores, a medida que el
organismo se fue desarrollando fueron apareciendo los interiores llamados
pulsiones, que al no tener inscripción devienen traumáticas. Estos últimos se los
trata como si vinieran del exterior, y este es el inicio del mecanismo proyectivo. Lo
traumático tiene que ver con aquellos estímulos, externos e internos, que perforan la
corteza antiestimulo. ​
En el trauma tiene que haber necesariamente el terror, y por lo tanto el factor
sorpresa. Ya que la corteza antiestimulo tiene como último recurso la angustia, que
permite poder prepararse para el peligro para responder.​
Una vez que estos estímulos excitan al aparato, esta energía fluye en el aparato de
forma móvil, se moviliza en el cuerpo. Así queda postergado, abolido el principio de
placer, y entonces el objetivo del aparato es que esa energía móvil, traumática se
transforme en energía ligada y que posibilite así la tramitación y elaboración del
trauma. En la medida en que no pueda ligarlo el aparato constantemente repetirá la
situación y repetirá el displacer para poder elaborar el trauma y poder ligarlo​


El otro concepto que anuda al de trauma es la pulsión de muerte→ busca la
repetición de ese estado anterior que los seres vivos han tenido que renunciar sin
quererlo por los influjos de los estímulos exteriores, y que simplemente le han
permitido prolongar un poco más su vida, pero no cambian la meta. El estado
anterior era el estado inanimado, mortífero, que se tuvo que renunciar por un tiempo
pero que en definitiva es la meta final de la vida. Por eso tiende a las conductas
autodestructivas.​

En el caso de la compulsión de repetición en transferencia vemos un paciente que
constantemente tiene conductas autodestructivas, todas sus relaciones amorosas o
sociales terminan en fracaso, se autoboicotea. Siempre repite prácticas
displacenteras autodestructivas (al servicio de satisfacer la pulsión de muerte)​

Ambos elementos, trauma y pulsión de muerte, tienden a que los sujetos
repitan situaciones que son sumamente displacenteras. ​

Así como plantea la pulsión de muerte, plantea su antagónica, la pulsión de vida.
Las pulsiones de vida son pulsiones libidinosas o sexuales que buscan todo lo
contrario, la síntesis, la unión. Se encargan de investir el mundo, de motorizarlo. ​
Tanto la pulsión de muerte como la pulsión de vida conviven y están presentes en
todos los organismos, pero en esta convivencia lo hacen en diversas proporciones.​

Hay una forma en que la pulsión de muerte puede ponerse al servicio a la pulsión de
vida, dirigiendo esa pulsión hacia el mundo exterior​

Freud afirma entonces, que la repetición más allá del principio del placer tiene que
ver con aquello que no fue procesado y por lo tanto no pudo ser ligado por el
aparato psíquico. Para lograr manejar esta compulsión es necesario que se permita
que el paciente despliegue ciertos actos, por lo que el modo correcto de intervención
será la construcción. Es construcción cuando se le presenta al paciente una pieza
de su prehistoria olvidada, apuntando a poder ofrecer una ensambladura a lo que no
alcanzó el nivel de representación (ya que no hay material reprimido icc, sino
aspectos que quedaron desligados del aparato psiquico.) De este modo, el aparato
procura ligar esa energía libre invasiva a representaciones para poder tramitarlas y
realizar posteriormente una elaboración.​
Esta compulsión de repeticion es la resistencia del Ello, instancia separada del Yo
y reservorio de las pulsiones, de aquello pulsional inconsciente que al no ser
reprimido le impone al aparato psíquico un trabajo particular​

El yo y el ello​
Reacción terapéutica negativa Resistencia del súper yo Sentimiento
inconsciente de culpa​

1° tópica→ aparato psíquico: Icc-prcc cc​

Instauración de la segunda tópica: ello -yo -superyo. Están interconectadas ​
El concepto que le permite la instauración de esta segunda tópica es la pulsión de
muerte→ tendencia a repetir el estado inanimado anterior que se ha tenido que
abandonar sin quererlo.​

Dentro del yo hay un grado superior que es eso a lo que llama el super yo.​
El super yo tiene un doble origen:​
-El primero tiene que ver con la identificación primaria→ es una ligazón afectiva que
se da de forma temprana, inmediata, no mediada hacia un objeto de amor,
generalmente suele ser el padre de la prehistoria del complejo de edipo. Es esta la
que permite que uno se vea inmerso al complejo de edipo​
- Tiene que ver con una identificación secundaria. Define al superyó como el
heredero del complejo de Edipo. Cuando la ley paterna se impone y aparece el
complejo de castración. Hay una id 2°, reforzada por la id 1° donde los niños
introyectan las figuras parentales. Todos los valores, la severidad que ellos nos
transmitieron se introyectan al yo ​

((La superación del Edipo se logra porque las figuras parentales son introyectadas
en el Yo, una vez que el vínculo con ellas se desexualiza; es decir, cuando se
resigna lo erótico y lo agresivo de ellas tras una renuncia pulsional. Esta
desexualización conlleva a una desmezcla pulsional, que consiste en la separación
del componente erótico del tanático. Esto sucede porque el componente erótico no
tiene más fuerza para ligar toda la destrucción que encuentra por lo que el Superyó
se carga con esa agresión liberada y se convierte en el reservorio y puro cultivo de
la Pulsion de Muerte. De esta carga de pulsión de muerte, el Superyó adquiere su
sadismo y crueldad. Aunque no solo de ahí, también adquiere la pulsión de muerte
como consecuencia de la cultura: para vivir en sociedad, se limita la agresión hacia
afuera y esta vuelve al Yo para ser recogida por el Superyó)))​

En este doble origen ya se observa la paradoja del superyó. Porque en el primer
origen hay un empuje al ingreso al complejo de edipo, hay una tendencia a la
transgresión. Y en el segundo origen, tenemos todo lo contrario, tiene que ver con la
inscripción de la ley, de una valoración donde el niño tiene que darse cuenta que
algunas cosas no pueden ser. Apunta por un lado a la transgresión y por otro, a la
prohibición. ​

El antecedente del superyo es el ideal del yo. En este texto los utiliza como
sinónimos, sin embargo hay una diferencia significativa. ​
El ideal del yo remite a la inscripción de las leyes, pero el superyó no es sólo esto,
por más que se inscriba una ley con el segundo origen, siempre queda un resto del
primer origen que tiende a la transgresión. Entonces el superyó también tiende a
transgredir las leyes, además de pretender que se cumplan, de aca la paradoja. No
hay que entenderlo como algo moral ni ético, sino como algo hipermoral e hiper
ético. Porque si el superyó solo tendiera a la inscripción de las leyes y proteger y
resguardar la integridad del sujeto cuando uno cumpliera con esas leyes el superyó
se apaciguaría, sin embargo no es así. Cuando uno responde a las exigencias del
superyó, se vuelve más tormentoso, pretende que uno sea más riguroso, que la
satisfacción sea aún mayor. En este sentido, lo fundamental es que el superyó
responde a los intereses del ello, vela y representa los intereses del ello,
principalmente, de la pulsión de muerte, que es una parte del ello. ​

El yo no existe desde el inicio, es una construcción donde tiene que aparecer un
nuevo acto psíquico para construir el cuerpo y el yo. El yo ocupa el lugar del objeto
perdido, de los que no están más, los padres. Se va haciendo propietario de lo que
adquirimos de nuestros padres: expectativas, maneras de pensar la vida, etc. ​
El ello si está desde el inicio, como las pulsiones que nacen apuntaladas a las
pulsiones biológicas de autoconservación. El yo está en la superficie que se
relaciona con la realidad, con el exterior. El ello es la sede de las pulsiones, entre
ellas la pulsión de muerte. ​
El superyó tiene una íntima relación con el ello, el superyó es la pulsión de muerte
dirigida contra el yo. El ello es amoral, no hay ninguna ley en el ello. El yo es moral.
El superyó es hipermoral.​

Yo como vasallo: es siervo y esclavo de tres elementos, es dominado, controlado
por los tormentos del superyó, las exigencias pulsionales que parten del ello y por
los principios culturales que recibe de la realidad. ​

En el capítulo 5 Freud plantea 5 hechos clínicos en relación a cómo se
manifiesta la culpa ​


1) Reacción terapéutica negativa. Cuando se encamina hacia la cura el paciente
inmediatamente empeora, tiene un retroceso cuando no debería ser así. Freud lo
atribuye a la influencia del superyó y del ello, donde hay una necesidad de castigo,
la persona se siente culpable, se siente merecedora de castigo, por lo que no quiere
salir de ese lugar. ​

En su experiencia como analista, Freud llega a la conclusión de que hay personas
que se comportan de forma extrañísima en el trabajo analítico, dado que reaccionan
de manera trastornada sobre los progresos de la cura. Es así, que en las personas
en que no prevalece la voluntad de curación, sino la necesidad de estar enfermas,
se presenta la llamada Reacción Terapéutica Negativa. Este fenómeno paradójico
es la resistencia del Superyó y se trata de que allí donde un sujeto debería mejorar,
empeora. No es cualquier empeoramiento, es precisamente cuando se esperaba
una mejoría. Se manifiesta en el análisis con el retorno de los síntomas y con la
intención de abandonar el tratamiento. Esta manifestación clínica se convierte en el
obstáculo más poderoso para la cura pues implica un peligro en la continuidad del
tratamiento, siendo una de las resistencias más difíciles de abordar porque toca las
identificaciones primarias. Freud subraya que lo negativo no recae sobre el analista,
sino que lo negativo es en el avance del tratamiento hacia la cura. Es así, que
encuentra como fundamento teórico de la Reacción Terapéutica Negativa un
sentimiento inconsciente de culpa que se origina por la crueldad del Superyó, ya
que este encuentra satisfacción en la enfermedad y no quiere renunciar al castigo
del padecimiento. Define la culpa como una tensión entre lo que el Yo aspira y los
reclamos severos que el Superyó le imparte.​
Una explicación posible de por qué la culpa devendría inconsciente podría ser que
el Superyó, al hundir sus raíces en el Ello, sabe más que el Yo de los deseos
incestuosos y parricidas. Para Freud no hay culpa antes de la instauración del
Superyó, hay miedo de perder el amor de los padres. Además, el sentimiento de
culpa es mudo para el paciente, ya que este no se siente culpable, sino que se
siente enfermo. Sólo se exterioriza en una resistencia a la curación.

2) Neurosis obsesiva: El sentimiento de culpa del neurótico obsesivo es
consciente, y no es justificable ante el yo, busca todas las maneras para no dar
cuenta que esa culpa está presente. Es un yo sumamente preservado. El análisis
muestra como fundamento del sentimiento de culpa a impulsos reprimidos, de los
cuales el superyó sabe más que el yo. El yo no acepta esas tendencias sino que se
revuelve contra ellas con formaciones reactivas y medidas precautorias​

3) Melancolía: el sentimiento de culpa del melancólico es consciente, se cree
merecedor de los castigos. El yo no esta preservado, sino que está en riesgo, en
riesgo de la muerte del yo, es decir, el suicidio, o de la manía. ​

4) Histeria: el sentimiento de culpa es inconsciente, las causas también, porque
aparece un fuerte mecanismo de la represión​

5) Actos delincuenciales: sentimiento de culpa inconsciente, que antecede al acto,
no es la consecuencia sino la causa. Es como si se sintiera un alivio al poder
enlazar ese sentimiento inconsciente de culpa con algo real y actual​

En todos estos casos el superyó da pruebas de su independencia del yo consciente
y de sus íntimos vínculos con el ello inconsciente ​

PRÁCTICO B​

Intervenciones y maniobras clínicas en las psicosis Las características de un
tratamiento posible. Posición y lugar del analista.​

Fernández. ​
En la estructura psicótica la metáfora paterna no operó, es decir que el significante
de la falta no fue inscripto en el inconsciente del sujeto, que queda asi a merced de
un Otro que lo goza en posición de objeto. La psicosis tiene una organización labil
que, cuando no puede sostenerse, se desencadena, sea porque no puede abarcar
con su lógica algún elemento disruptivo o porque no tiene con qué nombrar aquel
lugar al que está llamado. El psicótico hará su intento de restituir aquello que lo
vuelva a anudar, aquello que lo “estabilice”, con los recursos que posea.​
La estabilización estaría sostenida con un patrón que podría estar representado
por uno de los NP: síntoma, Edipo o realidad psíquica. Este anudamiento funciona
en la neurosis. Cuando este patrón falta no hay ordenador ni organizador del
discurso ni del cuerpo. El cuerpo se hace trozos y la cadena significante pierde el
hilo, el decir no hace lazo. El psicótico intenta su primera restitución y si tiene
recursos delira, siendo este su primer intento de estabilizarse, intento que lleva en sí
mismo su propio fracaso. No alcanza ni puede sustituir la operación que marque la
castración en el Otro y le permita un alojamiento posible.​

Hay estructuras psicóticas sin desencadenar en las que “algo” ha logrado esta
estabilización, esto llevó a Lacan a plantear la prepsicosis y a desaconsejar poner
a las personas sospechosas de psicosis en el dispositivo analtico tradicional, por
riesgo de desencadenarlos irreversiblemente. Plantea a la prepsicosis como el
momento anterior al desencadenamiento de una psicosis, como el estado estable
gracias a una compensación imaginaria del Edipo ausente. “Algo” funciona como
organizador y les permite a estas personas circular y establecer algún remedo de
lazo social. Entendemos estabilización como la posibilidad del sujeto de encontrar
recursos para no enloquecer, para jugar con lo mismo que posee sin
desencadenarse, para lo cual es necesario que opere algún tope que mantenga el
goce encauzado. La suplencia (sinthome) produce la estabilización pero no toda
estabilización implica una suplencia, sino un primer acotamiento y reorganización
del goce supuesto al Otro. ​
Las suplencias son mucho menos comunes, pueden ser sublimaciones donde a
través de su acción la persona pueda producir un objeto que tenga reconocimiento
social, que pueda producir un lazo social.​

Tipos de estabilizaciones que acotan el goce del Otro, que establecen una
separación entre el sujeto psicótico y el Otro.​
-Las que operan dando consistencia al sujeto de forma tal que nunca se
desencadena. Es el recurso exitoso de la propia estructura.​

-Las “espontáneas” del proceso psicótico, en las que el psicótico se apacigua y
mantiene su delirio celosamente guardado. Recurso exitoso de la propia estructura,
aunque generalmente son un entreacto entre brote y brote.​

-Las propias del efecto de la intervención del tratamiento psi por via de la palabra y
del acto operando en la sutura entre imaginario y real. Efecto de la transferencia,
implica aparición y/o agregado de algo nuevo que antes no estaba u ocupaba un
lugar insignificante en la vida del sujeto.​

Cada intervención está atravesada por una hipótesis de estructura, de tiempo y de
posición del analista. Implica varias puntuaciones previas:​
- Discriminar de qué psicótico se trata. Ubicar la falla del desanudamiento de la
estructura, desde donde pensar la intervención posible.​
-Situar en qué momento de la evolución de esa psicosis operamos: antes, despues
o durante el desencadenamiento​
-Determinar en qué momento de la transferencia nos situamos. Cualquier
intervención debe esperar el momento en que para que el paciente podamos tener
alguna función. ​

Tipos de intervenciones;​
-Las que apuntan al tejido de lo imaginario y prestan representaciones​
- Las que se dirigen a situar el adentro-afuera, diferenciandolos como construcción
de una intimidad. ​
-Las que operan como separación del Otro y que tienen como función la de servir
como negación ante el Otro. Implican imponer un no ante el delirio y las voces del
sujeto.​

Debemos trabajar con el delirio. En si mismos los delirios son trabajos: trabajos de
significación, de dar sentido a lo que irrumpe desquiciando al sujeto. Trabajos para
salir de la perplejidad que produce la irrupción del Otro. ​
Es importante encontrarle al delirio una función distinta al de la pura muerte que
asoma en sus conclusiones. Quizás la estabilización del delirio para el que lo
sostiene sea circular con él por otros caminos. O tenerlo a raya y poder trabajar
desde el anudamiento que éste le permite, desplegando su talento.​

Intervenir sobre el delirio: ​
-Aquellas que sitúan una imposibilidad para que puedan ver un punto de
inconsistencia​
-Que produzcan algún lazo social a través del delirio, ej escribir poesía​



Fernández. Diagnosticar la psicosis.​
Hay una falta en el orden del significante → el inconsciente no sólo queda excluido,
no asumido para el sujeto, sino que aparece en lo real. ​

En la psicosis allí donde el significante al que el sujeto apela no responde, viene al
lugar el automatismo mental de palabras impuestas​

Delirio→ es equivalente del fantasma en la neurosis, el psicótico ama al delirio como
a sí mismo​

Intervenciones en psicosis​
Elida Fernandez​

Lugar que ocupa el analista: El otro barrado (a), no ocupa el lugar de saber. Se
ubica como semejante. Lugar de testigo vs lugar del oráculo (del saber). Aloja el
testigo del paciente​

Soler- intervenciones​
Un modo de intervención del analista es responder con un silencio de abstención (
distinto a la abstinencia utilizada para la neurosis) cada vez que el psicótico nos
trata de invocar como los que tenemos el saber sobre lo real, como el Otro
primordial. Esto coloca al analista en una posición de testigo, es decir, alguien al que
se supone no saber, no gozar, y presentar por lo tanto un vacío en el que el sujeto
pueda colocar su testimonio​

-Un segundo tipo de intervención es la orientación del goce. Una orientación
limitativa, que intenta hacer de prótesis a la prohibición faltante, que intenta
introducirla. En el ejemplo del texto, consistió en decir no, en poner un obstáculo
cuando la sujeto parecía cautivada por la tentación de dejarse estrangular por el
hombre que manifiestamente lo pretendía. Otra orientación positiva, puede ser por
ejemplo incitarla a sostener su proyecto artístico, mediante el empleo de la
sugestión, que pueda servirle como lazo social​


Para Aulanger el psicótico va a ubicar al analista en:​
- El lugar de lo ya conocido​
- El lugar de objeto omnipotente​
- El lugar de perseguidor​

Relacionado a padres que no se podían cuestionar en la infancia del psicótico.
Aquellos que saben todo sobre el deseo, la ley, el bien, el mal, aquellos sin falta.​

El analista va a intentar ubicarse en:​
- El lugar de lo no experimentado todavía, va a intentar ofrecer algo diferente en la
transferencia. ​
- El lugar de escucha invistiente, que invista el discurso delirante, que empiece a
tener sentido por ser escuchado, que aquellos delirios que no tenían destinatario
encuentren destinatario en el analista. Es el encuentro con una función recuperada
de él mismo, su función de escuchante de su propio discurso. El encuentro con el
analista puede proporcionar una escucha que separe lo que piensa el sujeto de lo
que lo fuerzan a pensar, separar al sujeto del Otro gozador. Esta prueba de
investimento por el escuchante es esencial para que el sujeto pueda tener una
sospecha sobre la existencia de una relación que pudiera no ser la repetición
idéntica de la ya vivida, pero aclara la autora, no hay que hacerse demasiadas
ilusiones, pero nuestro aporte de investimento es necesaria para que la relación se
preserve.​

Intervenciones en Situaciones Clínicas diversas: Ataque de Pánico La
presencia de la angustia en la clínica. La influencia de la época en las
manifestaciones sintomáticas.​
Belucci, G. (2017). Ataque de pánico: ¿categoría diferencial o nombre de la época?
Manuscrito no publicado. Ficha de la cátedra.​

El ataque pánico coincide en su caracterización clínica con el ataque de angustia
presentado por Freud. ​
En el momento de la angustia, experimentamos el cuerpo como presencia. De
hecho, en el texto de 1895 Freud relevó una serie de manifestaciones corporales
como parte de la fenomenología de la angustia: alteraciones respiratorias, tales
como agitación o disnea, alteraciones cardíacas, como palpitaciones, alteraciones
gastrointestinales, como diarrea, pérdida del apetito o apetito voraz, oleadas de
calor y sudoración, temblores y parestesias, sensaciones corporales extrañas que
pueden llegar a la desrealización: en su punto extremo, la angustia lleva a
experimentar el cuerpo propio como un cuerpo extraño. ​
Estas manifestaciones, según la lectura de Freud, podían presentarse en conjunto y
aparecer súbitamente como ataque de angustia, o bien cada una de ellas podía
constituir, aisladamente, un equivalente del ataque de angustia​
Se trataría de una angustia masiva, no parcializada, que implica un exceso
económico y reconduce al desamparo inaugural del Otro. Acompañado de
perturbaciones que hacen parecer que hay una falla orgánica pero no. Además de
esta afectación del cuerpo, en el momento de la angustia —en particular cuando se
manifiesta como ataque— se constata una suspensión de las coordenadas de
tiempo y espacio. Así, el tiempo se halla reducido a un presente continuo («todo el
tiempo está pasando») o bien a la temporalidad de la inminencia («algo malo está
por pasar y no sé qué». El espacio, por su parte, pierde las coordenadas que nos
orientan y nos permiten diferenciar entre lugares seguros y lugares peligrosos. En
los momentos más álgidos, todo el espacio puede devenir sede de la amenaza​

En la neurosis de angustia , planteada por Freud, hay una libido que genera una
acumulación tóxica por no haber una descarga adecuada. Esto hace que quede una
angustia flotante sin poder asociarse a una representación. Sobre esta característica
pensamos los ataques de pánico, que no son propios de ninguna estructura, sino
que pueden irrumpir en cualquier persona. ​

Bellucci menciona que en el interior del propio campo del psicoanálisis se pueden
retomar distintas miradas respecto al ataque de pánico:​

1- La muerte, el duelo imposible: insiste en los relatos clínicos que en el apogeo del
episodio, la persona que lo padece pensó estar muriendo, por ejemplo: padeciendo
un infarto. Además de experimentar una inminencia de la propia muerte, en las
historias de estos pacientes aparecen frecuentemente muertes de personas
cercanas que, podía deducirse, no habían sido simbolizadas. Por lo tanto se
presentaban en el plano de la muerte real, como experiencia en el propio cuerpo. Es
decir, el trabajo de duelo quedó impedido. Esta lectura diferencia a la angustia,
como más ligada a la sexualidad, del pánico, más ligado a la muerte, muerte que no
pudo ser simbolizada, por lo que está ligada al plano de lo real.​
Las condiciones que impidieron en su momento ese trabajo de duelo pueden haber
sido circunstanciales, pero también pueden deberse a particularidades estructurales
de las que importa dar cuenta en los análisis. Asimismo, es importante favorecer en
el dispositivo analítico a que pueda recorrer el camino del duelo. ​


2-El campo narcisista: Amalia Baumgart propone que el factor central del ataque de
pánico reside en una particular rigidez en la relación entre el yo y el ideal del yo, que
lo deja capturado en una relación unilateral al ideal. ​
Cuando por algún motivo esa relación al ideal se ve amenazada, es la propia
existencia del yo la que resulta en peligro. En los casos que Amanda B. examina, el
elemento común es la fuerte adhesión a ciertos ideales familiares y/o sociales como
el éxito académico, el mantenimiento de cierto status o ciertas tradiciones, que
cuando por alguna razón es cuestionada o no puede sostenerse, confronta al yo con
la caída de la referencia que le daba sostén., sin contar con otros puntos de apoyo.​

3-Nombre del padre: relacionada con la época, y con ciertas condiciones subjetivas,
hay algunas situaciones clínicas en las que pueden leerse los ataques de pánico
como la introducción de un límite ahí donde hasta entonces había un exceso. En
una época signada por el declive del padre, podría pensarse que en ciertas
circunstancias, el ataque de pánico funcionaría como una suerte de “Nombre del
Padre supletorio”​


Intervenciones en Situaciones Clínicas diversas: Bordes de la Neurosis
Fundamentos, características y tratamiento de los casos llamados bordes.
Garro, C. (2015). Qué es una urgencia en Psicoanálisis. [De la urgencia a la
emergencia de un sujeto. Una Lectura psicoanalítica. pp. 13-25] Letra Viva. ​


Clínica de borde:​
Neurosis en el borde, perturbaciones/farras en tiempos de composición del
psiquismo. ​
Se escucha en los pacientes que no tuvieron suficiente atención, a raíz de esas
situaciones abusivas, de abandono, etc. A raíz de eso, en la clínica aparece la
compulsión a la repetición. ​

-Caracteristicas mas de lo escindido que de lo reprimido​
-Descargas en el cuerpo​
-Sujetos que acarrean mucho sufrimiento en relación a sentirse inconsistentes a
nivel del yo. Con mucho vacío, con desborde de angustia. Como si hubieran sido
privados del espejo que les devuelva la mirada.​
-Impulsividad: neurosis más ligadas a los aspectos de lo escindido, de lo que no
pudo ser simbolizado. ​

El analista debe posicionarse desde un lugar de sostén. Muchas veces les ofrece
prestarles sus pensamientos para que puedan pensarse. ​

-Henrich, H. (1993). Bordes de la neurosis​

Cuando el Sujeto no puede disponer de los recursos que el Significante ofrece - en
especial del síntoma - su presentación podrá ser mediante el acting-out, las
impulsiones, enfermedades psicosomáticas, a-dicciones.​
Estos sujetos no llegan al análisis representados por su síntoma y articulando una
pregunta en relación a él. Es más, en muchos casos, ni siquiera se quejan de algún
síntoma. En su lugar aparecen diferentes presentaciones, que pueden ir desde la
enfermedad psicosomática hasta la alucinación, desde el delirio hasta el
alcoholismo, desde la anorexia hasta el acting-out, pasaje al acto o impulsión.​
No ubicamos al borderline entre neurosis y psicosis, en un lugar indefinido, sino en
el borde real de la neurosis. Habría en estos pacientes una llamativa ausencia de lo
que conocemos como "formaciones del inconsciente". ​
Estos pacientes presentan, principalmente, tres particularidades: dificultades en la
transferencia, trauma infantil no reprimido, acting-out (actuaciones, adicciones e
impulsiones que no son las formaciones del icc) ​

1. Dificultades en la transferencia: Hay sujetos en los que la transferencia no termina
de instaurarse, cosa que se manifiesta de diferentes maneras: puede ser que el
paciente nunca tenga nada para contar, que falte seguido, que abandone fácilmente
sus análisis, que no entienda las interpretaciones. que se conmueva por una
interpretación pero a la sesión siguiente reniegue de lo que dijo, etc. Esto hace que
el analista se pregunte, entre otras cosas, si hay una demanda de análisis.​
Para asociar libremente y decir todo lo que se le ocurra, debe haber un sujeto que
crea que hablando podrá resolver algo de su padecimiento, un sujeto que esté
estructuralmente dispuesto para suponer un Sujeto a su saber icc, que tenga una
mínima confianza en que puede haber un Otro que escuche lo que tiene para decir.
En cambio, los sujetos border no pueden comenzar a hablar, a asociar libremente, a
producir formaciones del inconsciente, incluyendo síntomas, en transferencia en un
análisis. No hay sujeto supuesto saber, por lo tanto no hay demanda de análisis. ​

2. Trauma infantil no reprimido: muchos de estos pacientes tienen una particular
relación con algún trauma de la infancia, el cual no está reprimido y tiene actualidad
para el sujeto. Por ejemplo violaciones, agresiones, abandonos, accidentes, etc.​
El trauma no cayó bajo represión y debe ser recuperado para curar el síntoma como
en la neurosis. El recuerdo persiste como traumático, queda sin modificarse ni
tramitarse, como si no hubiera pasado el tiempo​
.NO HAY ELABORACIÓN SIMBÓLICA PARA REPRIMIRLO. EL TRAUMA NO SE
PUEDE ELABORAR SIMBÓLICAMENTE DEBIDO A LA FALLA DE
SIGNIFICANTES EN LAS CADENAS​

3. Acting-out: la prevalencia del acting-out, de la impulsión casi como forma de vida.​
Lacan define al acting-out como una mostración, como una llamada de atención que
se realiza al analista, allí donde ha fallado en su función. Una indirecta. Es un guiño
que le hace el analizante al analista, insinuándole que su interpretación no fue
buena. ​
Lacan refiere el término de acting-out, por lo general a una respuesta que se
produce en análisis. Aún en aquellos casos en que el acting-out se produce antes
de la entrada en análisis, Lacan lo refiere al análisis, en tanto el acting-out puede
desembocar en una entrada en análisis. El acting-out podría tener entonces dos
salidas posibles, ya sea un pasaje al acto en que la escena mostrada se desgarra y
el sujeto se arroja fuera de la misma, o bien una entrada en lo simbólico del análisis.
El analista, en presencia de un acting-out, está advertido de que es una respuesta a
una intervención fallida de su parte, y deberá ver cómo reconducir el discurso al
plano de las formaciones del inconsciente, al terreno de lo simbólico. ​
Sin embargo, Lacan dice explícitamente que también puede pensarse el acting-out
fuera del análisis, en cuyo caso, quien ha fallado en su función no sería el analista,
sino un Otro instituyente​

- Ulanosky, P. (2009). Fronteras, bordes, límites.​


Ulanosky denomina a los sujetos “fronterizos, borders, límites”, a aquellos que
acarrean un enorme sufrimiento por sentirse inconsistentes, con poco valor, con
dudas acerca de su propia existencia e identidad. Se los denomina de este modo
dando cuenta tanto de su organización psíquica como de las fronteras de la
analizabilidad con las que el analista se topa y hasta las cuales ellos acceden. ​
Desde su infancia han sido privados de un espejo, de una mirada y de un discurso
que les devolviera una imagen cohesiva y deseada de sí mismos con la cual
identificarse, reconocerse y quererse; como correlato se han visto en la necesidad
de sobrevivir y para ello han convocado a sus objetos, entre ellos al analista,
anhelando hallar una prótesis de sí mismos, incondicionalidad, sostén, y un aparato
para pensarse. La sensación de vacío, las depresiones, los desbordes afectivos, las
impulsiones, la intolerancia, no los definen sino que están enraizados en las fallas
primarias de su constitución psíquica. La dependencia a un objeto es vivida por ellos
como una herida contra su integridad narcisista. ​
Muchas veces dejan el análisis porque prefieren abandonar antes de sentirse
abandonados. ​
Lo que sostiene en principió el tratamiento de estos pacientes es la presencia del
terapeuta-objeto como forma de crear una nueva modalidad vincular, que permita
lograr una mayor confianza en el otro y en sí mismo. El analista presta o regala,
representaciones-contenido al mismo tiempo que ofrece un lugar-continente donde
albergarlas. ​
Los vínculos interpersonales son inestables porque están al servicio de paliar
necesidades, y no de satisfacer deseos. Son objetos de la necesidad, el objeto debe
calmar, sostener, y ser incondicional. Esto mismo se espera del analista. Son
pacientes que provocan y manipulan porque permanentemente están atentos a los
vaivenes y a las reacciones del objeto. ​
La realidad los excede, los desorganiza y les provoca intensas angustias, no sólo
por la dificultad que encuentran para simbolizar las grandes magnitudes de estimulo,
que les provoca un efecto traumático, sino que esto conlleva, muchas veces, el no
poder responsabilizarse de sus propias acciones y las consecuencias de ellas. ​
Son personas que sufren de excesos, tanto del orden interno personal como de la
realidad exterior. La manera que encuentran de tramitarlos es por medio de
descargas en el cuerpo (amenazas o intentos de suicidio, conductas autolesivas:
cortarse, rasguñarse quemarse, golpearse) como actuaciones en el afuera y con los
otros. Aca se encuentra gran parte de su peligrosidad. Los fines de estas
impulsiones pueden ser diversos: aliviar estados afectivos que resultan intolerables,
castigarse, expresar enojo o rabia, sentir dolor.​

Intervenciones en Pacientes Borderline ​
Ulanosky, propone con este tipo de pacientes, cuando se presentan separaciones
largas como vacaciones, fines de semana largos o crisis de angustia, que puedan
llamar si lo necesitan. Esto es algo que se puede proponer con cualquier paciente;
sin embargo, en estos pacientes borderline es mucho más probable que lo
necesiten. Muchas veces ni siquiera llaman; con saber que hay otro que puede
escucharlo, se tranquilizan y eso es suficiente. También sugiere que es importante
tener en cuenta cómo se interviene ya que los sujetos pueden vivir una intervención
como una orden, o una sugerencia casi como algo a lo cual están impelidos a
responder. Hay que ser muy cautos respecto a cómo se aseveran ciertas
cuestiones, dado que son muy proclives a darle valor de certeza a lo que el analista
les dice. ​
Muchas de las intervenciones tienen que ver con el Yo auxiliar que es el analista
para el paciente al inicio del tratamiento; es el analista el que habla, les construye
una trama desde la cual pueden situar algo de lo que cuenta el sujeto sobre lo que
podría estar pasándole. Aportan palabras, aportan representaciones, que permiten
constituir un yo desde un lugar más armado. ​
El dispositivo analítico basado en la asociación libre y la atención flotante no
funciona en estos casos, al menos en los comienzos del tratamiento. Las
intervenciones del analista están más orientadas al Yo que aparece debilitado, por lo
que el trabajo del analista apunta a crear representaciones con las cuales el Yo
pueda ir adquiriendo consistencia y que pueda identificarse. Apunta a crear una
historia para ese yo, de forma conjunta. Lo que está en juego son heridas
narcisistas de difícil cicatrización o traumas que mantienen intacto sus efectos, o
representaciones que no fueron inscriptas y el trabajo terapéutico más que analítico,
en el sentido de deconstruir y develar y reformular un discurso, es el de ir
construyendo una relación objetal “posible” diferente, un cambio en la organización
psíquica, a través y por el vínculo.​


Práctico 10 Intervenciones en la clínica Diferencia entre interpretación y
construcción. ​

Freud, S. (1915-16). Conferencias de introducción al psicoanálisis. [Parte
IIConferencia 6: Premisas y técnica de la interpretación. Volumen XV. pp.
91-102]. Buenos Aires: Amorrortu editores. ​
Freud, S. (1937). Construcciones en el análisis. [Volumen XXIII. pp. 255-270].
Buenos Aires: Amorrortu editores. ​

Práctico 11 Interpretación La interpretación como herramienta central. Usos y
alcances.​

Freud, S. (1915-1916). Conferencias de introducción al psicoanálisis. [Parte II.
Conferencia 7: Contenido manifiesto y pensamientos oníricos latentes.
Volumen XV pp.103-114]. Buenos Aires: Amorrortu editores. ​

Milanese, M. (2019) Intervenciones en el Análisis. Manuscrito no publicado​

Práctico 13 Fin de análisis. Alcances y límites de un análisis. La castración
como eje constitutivo. ​

Freud, S. (1937). Análisis terminable e interminable. [Volumen XXIII. pp.211-
254]. Buenos Aires: Amorrortu editores. ​

El fin de análisis es hacia dónde estamos pensando el análisis. Este final, de algún
modo, uno lo tiene en la cabeza desde la primera entrevista, y las intervenciones
van dirigidas hacia allí. ​
Sin embargo, no siempre se llega con el paciente, ya que puede interrumpir el
análisis y esto no es lo mismo que llegar al fin de análisis. ​

Para Freud el fin del análisis tiene que ver con una función práctica. Era el momento
en el que el analista y el paciente dejaban de verse, tenía que ver con que el
analista consideraba que si ya se había hecho consciente lo inconsciente, ya se
habían superado inhibiciones, síntomas y angustias, ya no se podía llegar a más
con el paciente. ​

Hay tres temas centrales, de acuerdo a cómo estos temas se dieran iba a permitir
llegar a una buena terminación del análisis:​

- Factor traumático: Freud, al hablar de las series complementarias menciona que la
base de todo trastorno/ neurosis es mixta, tiene su parte hereditaria y su parte
accidental/ traumática (lo que le ocurre). En base a esto, sostiene que hay mejor
pronóstico de llegar al fin de análisis cuando hablamos de un factor traumático,
cuando se trata de algo adquirido, algo accidental.​

-La intensidad pulsional: Freud se pregunta: ¿podrá el yo vérselas con la pulsión?,
¿podrá resolver el problema que la pulsión le provoca? Sostiene que no puede
resolver del todo la cuestión con la pulsión. El yo va a domeñar/domesticar la
cuestión de la pulsión, logrando que sea admitida en su totalidad dentro de la
armonía del yo y que no siga más su propio camino hacia la satisfacción, pero el
desenlace depende de la intensidad pulsional. A mayor intensidad pulsional, mayor
neurosis. El yo va a poder tramitar un conflicto pulsional sólo dentro de una
determinada intensidad de la pulsión, dentro de una determinada relación entre
robustez/fortaleza de la pulsión y robustez/fortaleza del yo. Si esta última se relaja,
por enfermedad, agotamiento, etc.,-todas, las pulsiones domeñadas con éxito hasta
entonces volverán a presentar de nuevo sus títulos y pueden aspirar a sus
satisfacciones sustitutivas por caminos anormales (Se llega a refuerzos pulsionales
en virtud de nuevos traumas, frustraciones impuestas, influjos colaterales recíprocos
de las pulsiones). El análisis tiene el propósito de hacer que el yo madurado y
fortalecido emprenda una revisión de las antiguas represiones y así, sustituir las
represiones permeables por unos dominios confiables y acordes al yo, pero
frecuentemente esta trasmudación sólo se consigue parcialmente. El factor
cuantitativo de la intensidad pulsional que se había contrapuesto en su momento a
los empeños defensivos del yo, por el que se tuvo que recurrir al trabajo analitico,
ahora es él mismo que pone un límite a la eficacia del trabajo analitico. Debido a
una intensidad pulsional hipertrófica, el yo madurado por el análisis fracasa
nuevamente como lo hizo antes el yo desvalido. Es decir, que el gobierno sobre lo
pulsional mejora, pero sigue incompleto, porque la trasmudación del mecanismo de
defensa fue imperfecta. El resultado final depende siempre de la proporción relativa
entre las fuerzas de las instancias en recíproca lucha.​


-Las alteraciones del yo: Freud plantea al yo como un vasallo, que debe responder a
las exigencias del mundo exterior, del superyó y del ello. Cuando el yo no puede
con esto se angustia. Aparece la angustia real cuando se trata de las exigencias del
mundo exterior, la angustia moral cuando se trata del superyó, y la angustia
neurótica cuando se trata de las exigencias pulsionales del ello. ​
Cuando el yo se angustia recurre a los mecanismos de defensa para poder
arreglárselas con estas vicisitudes, para poder evitar el peligro, la angustia, el
displacer. Estos mecanismos son: represión, proyección y negación, pero estos
encarnan un peligro para el yo, el yo paga un costo muy alto por utilizarlos. El gasto
dinámico que se requiere para solventarlos, así como las limitaciones del yo que con
regularidad conllevan, demuestran ser un problema para la economía psíquica.
Además, estos mecanismos no son resignados luego de socorrer al yo en los
momentos difíciles de su desarrollo, sino que los seleccionados se que fijan en el
interior del yo, devienen unos modos regulares de reacción del carácter, que se
repiten durante toda la vida al momento que retorna una situación similar a la
originaria. Es decir, el yo fortalecido del adulto se sigue defendiendo de unos
peligros que ya no existen en la realidad objetiva, y a fin de justificar su
aferramiento, rebusca aquellas situaciones de la realidad que puedan servir como
sustitutos aproximados del peligro originario. De esta manera, ganando cada vez
más terreno y mediante un debilitamiento permanente del yo, una alteración del yo,
favorecen el estallido de la neurosis.​
El analizado repite estos modos de reacción durante el trabajo analítico, los
mecanismos de defensa frente a antiguos peligros retornan en la cura como
resistencias al restablecimiento. Es decir, la curación misma es tratada por el yo
como un peligro. Durante el trabajo con las resistencias el yo se sale del pacto, de la
regla analítica fundamental, son resistencias no sólo contra el hacer consciente los
contenidos del ello, sino también contra el análisis en general, y por lo tanto, contra
la curación.​
Entonces,uno de los puntos para pensar el fin de análisis es pensar cuán alterado
está el yo y cuán dispuesto está a abandonar estos mecanismos de defensa. El
desenlace de una cura análitica depende de la intensidad y la profundidad de
arraigo de estas resistencias de la alteración del yo. Es esencial el factor
cuantitativo, ya que el análisis sólo puede costear unos volúmenes determinados y
limitados de energías, que han de medirse con las fuerzas hostiles.​


¿Podemos prevenir un conflicto que no está presente? No, el psicoanálisis no es
preventivo. No se puede hacer psicoanálisis con un conflicto que hoy no está
presente​
¿Cómo hacemos para actualizar un conflicto? Mediante la neurosis de transferencia
podemos actualizar los conflictos, esto posibilita la intervención. ​
La transferencia es importante porque a través de ella se actualizan los conflictos,
porque se juegan los conflictos en la figura del analista, y porque además el
analista, justamente porque el paciente está en transferencia, puede intervenir, su
palabra tiene otro peso. (COMPLETAR)​

Cap VII. Freud comienza haciendo una mención a Ferenczii. Ferenczii sostiene que
en el análisis también hay que tener en cuenta al analista, ya que es uno de los
factores que influyen sobre la cura analítica y pueden dificultarla al igual que las
resistencias. ​
Sostiene que el psicoanálisis, junto al educar y al gobernar, es una de las tres
profesiones imposibles, en las que anticipadamente puede darse por cierta la
insuficiencia del [Link] todo va a ser posible, siempre va a quedar un resto
sin trabajar. No puede pedirse que el futuro analista sea un hombre perfecto antes
de comenzar con el análisis. Deberá adquirir las aptitudes para su profesión a través
del análisis propio, con él deberá empezar su preparación para su futura profesión,
corroborará/experimentará la existencia de lo inconsciente, experimentará la
emergencia de lo reprimido y la técnica de la actividad analitica, la regla
fundamental. Además, todo analista debe hacerse nuevamente objeto de análisis
periódicamente, cada cinco años. Esto significa que el análisis propio también se
convierte de una tarea terminable en una tarea interminable. Sin embargo, Freud
aclara que no está sosteniendo que el análisis es un trabajo sin conclusión, sino que
cree que la terminación de un análisis es un asunto práctico. No se busca llegar a
normalidad esquemática, ni se pretende que el analizado no registre pasiones ni
pueda desarrollar conflictos internos, sino que el análisis debe crear las condiciones
psicológicas más favorables para las funciones del yo, con esto ya está tramitada su
tarea.​

Cap VIII. Freud se va a encontrar con un tope. Va a plantear dos problemas: uno en
la mujer y otro en el varón. En la mujer el tope que encuentra es que va a continuar
la envidia al pene. En el varón va a aparecer la revuelta contra su actitud pasiva
hacia otro hombre. Cuando hablamos de posición pasiva hablamos de castración. ​
El problema en ambos, este tope en la neurosis, es una repulsa a la castración. Lo
que aparece en la neurosis es que los neuróticos no quieren saber nada de la
castración En la mujer, la envidia al pene es suponer que hay un otro que tiene algo
que yo no tengo y espero que me lo de. En el varón, la protesta masculina frente a
la posición pasiva tiene que ver con que la actitud pasiva presupone la castración,
por lo que es enérgicamente reprimida. En definitiva, en ambos hablamos de la
repulsa a la castración.​
Para Freud, por lo tanto, no hay un fin del análisis porque se encuentra con este
tope llamado roca de base o roca viva de la castración. Ferenczi sostiene que todo
paciente varón debe obtener el sentimiento de equidad en relación con el médico
como un símbolo de que ha vencido la castración, equidad en el sentido de ser
pares, ni vos tenes, ni yo tampoco. Y toda paciente mujer si se ha de considerar a
su neurosis como totalmente vencida debe haberse librado de su complejo de
masculinidad y emocionalmente ha de aceptar sin resentimiento las consecuencias
de su papel femenino. Lo femenino tiene que ver con la castración, no con el
género. En realidad, ambos deben haber elaborado este complejo a lo largo del
análisis. ​
Freud le contesta que según su experiencia, piensa que al pedir esto pedía
demasiado. Solo podemos consolarnos con la certidumbre de que hemos dado a la
persona analizada todos los alientos necesarios para reexaminar y modificar su
actitud hacia él, hacia su complejo. Es decir, Freud dice que es imposible. Para él no
hay fin del análisis porque se encuentra con este tope, No hay una aceptación del
que el otro no lo tiene y yo tampoco, sino que sigo esperando que el otro me de,
por eso tampoco pudo pensar disolución de la transferencia, porque pensar la
disolución de la transferencia es pensar que el analista no lo tiene, que el analista
no sabe, ambas cosas van de la mano. ( La transferencia es el lugar del sujeto
supuesto saber, caer de ese lugar es suponer que el analista tampoco tiene el saber
ni esto que le suponía)​

Por su parte, Lacan plantea en relación al fin de análisis que ahí donde Freud
encuentra un tope él encuentra la solución. Se trata de asumir de un modo subjetivo
la castración, poder pensar que no hay un Otro sino que es algo que el sujeto arma.
Habla de atravesar el fantasma, poder de algún modo dejar de pelearse con la
castración y asumir que hay algo que no está y nunca estuvo estructuralmente. La
neurosis es una enfermedad que intenta tapar la falta, la angustia de la castración, y
la tapa mal porque el sujeto se enferma de neurosis​

Distintos autores para poder pensar de un modo parecido a Lacan: Soler(finales de
análisis)​
El final de análisis: hay un sentido práctico del fin del análisis que tiene que ver con
la caída de la transferencia, pero además hay un sentido clínico que tiene que ver
con que sujeto había al principio y que sujeto había al final, al principio teníamos un
sujeto dividido, porque siempre estamos divididos, atravesados por el inconsciente,
sólo que somos menos conscientes de eso. Al final también hay un sujeto dividido
pero que tiene un beneficio en el saber, un beneficio terapéutico porque
seguramente los síntomas cederán o serán más tolerables, no se curan pero quizás
yo pueda hacer con mis sintomas de otro modo, ya no me impiden ni me dejan
paralizados sino que sé que hacer con eso. Hay una mutación, un cambio que no
hace desaparecer la separación subjetiva. En el análisis tratamos la separación del
sujeto. ​



Teórico 13 Fin de análisis Lo que el analista y el paciente esperan del recorrido
y experiencia de un análisis. ​

Korman, V. (1996). El oficio de analista. [Consideraciones sobre el final de
análisis. pp. 245- 284]. Buenos Aires: Paidós. ​

Korman comienza hablando sobre los periodos anteriores a la finalización del
análisis. Dice que una vez que se han trabajado algunos síntomas, que se han
puesto de relieve los guiones primordiales de las formaciones fantasmáticas, que se
ha puesto un tope a la compulsión repetitiva, que se ha trabajado al menos en parte
la problemática de la castración, suele pasar que algo ligado a la pulsión de vida
permita el rebrotamiento de Eros o la activación de la dimensión deseante. Esto
conlleva una serie de modificaciones subjetivas, entre ellas, una desaparición o
mutación de los síntomas iniciales, al menos de los que eran más perturbadores.
Como consecuencia, hay un cierto alivio del sufrimiento y una mejor relación
consigo mismo y con los demás. Acompañado de un ligero tinte hipomaníaco. ​
Ahora bien, Korman plantea que algunos pacientes, al llegar a este punto, piensan
que ya están bien y se van, pero no es este el momento del fin de análisis. ​


Plantea la metamorfosis de la neurosis de transferencia a una neurosis de temple
analítico, como un cambio que se produce en la forma de la neurosis gracias al
análisis, pero sin variación en la estructura neurótica.​
Va a tomar distintas cuestiones importantes de la estructura de un sujeto y va a
pensar que pasa a lo largo de un análisis:​

1-Síntomas: son la hendidura por la que entra la transferencia, es lo que permite
que se inicie el análisis. Es la puerta de entrada al análisis porque es lo que se
repite y hace pregunta (¿por qué me pasa esto?). Cuando la pregunta se enlaza al
analista aparece la transferencia, cuando es ubicado en el lugar del sujeto supuesto
saber.​
El analista opera sobre la neurosis de transferencia creada y tiende a la
desaparición o mutación de los síntomas, mediante la transformación de la dinámica
psíquica del sujeto. Es mediante este largo rodeo de la conmoción del sujeto que se
alcanza lo terapéutico, es decir la modificación favorable de los sufrimientos ligados
a los síntomas.​
Al final del análisis quizás no desaparezcan pero si se vuelven más tolerables. El
analizante puede vivir mejor al haber cambiado unos síntomas insufribles por otros
más tolerables. ​

2-Fantasma: El fantasma es una ficción, una respuesta lógica que el sujeto crea
para responder el enigma del deseo del Otro. El sujeto intenta responder a la
pregunta “¿qué soy para el deseo del Otro?”. La reiteración de sus escenificaciones
hace de los fantasmas un componente omnipresente en la psique.​
El trabajo sobre las múltiples y variadas manifestaciones del fantasma permite
construir el fantasma fundamental, es decir la fórmula condensada del contenido
argumental, básico del fantasma. Pero esto es una construcción que se produce en
el análisis, que puede quedar reducida a una frase, por ejemplo: “siento que todos
me quieren dañar" (En general el fantasma del neurótico tiene una veta
masoquista.) ​
No existe de esta manera en la mente del analizante, sino que habitan en ella sólo
las formas con las que se manifiesta, con las que se trabaja analiticamente. Una vez
construida la frase, sirve como patrón para compararla con las distintas formas en
las que el fantasma se presenta. Es importante resaltar tanto su fijeza como su
carácter variable, que el analizante pueda experimentar cómo los fantasmas
determinan su relación con la realidad, es decir, cómo la construcción que él hace
de la realidad está determinada por su condición de sujeto deseante, deseo cuyo
código es transportado por sus fantasmas. ​
Después de que el analizante descubra el argumento básico del fantasma, es
necesario que se produzca un cambio en la posición subjetiva en el fastasma para
que se generen las modificaciones psíquicas del analizante. Esto implica un acto, un
corte, un relajamiento de la fijeza del fastasma, como efecto del analisis. En otras
palabras, que el analizante pueda dejar de estar capturado, sometido a actuar por el
fantasma siempre de la misma manera. Cuando esto sucede, el paciente empieza a
percibir como síntomas aquello que antes no sentía como tales, ej” ¿cómo es que
antes toleraba tal cosa?” ​


3-Identificaciones: Desde una perspectiva estructurante son las que construyen al
sujeto, su personalidad, su aparato psíquico, por lo que no se trata de romperlas,
tampoco de hacerlas conscientes. Lo que se busca es una recomposición del
mosaico identificatorio, una reorganización de la trama identificatoria que se logra a
través del desprendimiento de los aspectos alienantes de algunas identificaciones y
del establecimiento de nuevas relaciones intrapsíquicas con los rasgos de los
objetos hechos propios. ​
Korman utiliza el neologismo siniestrar para sintetizar la tarea sobre las
identificaciones, haciendo referencia a hacer que lo propio, lo familiar y personal
empiece a devenir extraño, lograr que al analizante le produzco el suficiente horror
para poder desprenderse de estos rasgos y salir de lo endogámico. Se trata de
resignificar la historia personal, recomponer su batería identificatoria para armar otro
andamiaje simbólica que le de una consistencia distinta al sujeto ​

4-Ideal del yo y el tener proyectos: A medida que el análisis avanza, lo más
probable es que el sujeto se ocupe menos del análisis y de su neurosis, y que toda
su libido puesta allí vaya a armar proyectos, vaya a deseos, a cosas que uno quiere.​
Este es otro signo de que se va acercando el fin de análisis, lo importante no son los
proyectos en sí, sino su significación, el hecho de que se está elaborando
silenciosamente el duelo del fin de análisis. Lo esencial del duelo está en marcha:
retiro de las investiduras hacia el analista para dedicarla a otros objetos y
actividades. ​

5-Transformación de las instancias narcisistas en el registro de la castración:
La idealización se trata de un narcisismo proyectado, sostiene a un Otro
omnipotente, no castrado. Se sostiene a un Otro omnipotente para no asumir lo que
significa reconocerlo castrado, mientras exista un Otro así siempre va ahaber un
causante de sus males. Reconocerlo castrado implicaría aceptar la propia
castración, sería dejar de buscar culpables externos, que el victimismo se termine y
que se tengan que tomar las riendas de su propia vida. Este giro es uno de los
momentos duros del analisis , donde el analizante deja de culpar a sus padres, su
pareja o el destino por sus padeceres. No se trata de la destrucción de los ideales
sino del pasaje de ellos por el registro de la castración. ​
Dos aspectos polares ligados a las transformaciones del narcisismo suelen aparecer
al final del análisis: el humor y la muerte. Sólo cuando la sensación de injuria
narcisista se atenúa el sujeto puede reírse de sí mismo, disminuye la sensibilidad a
la burla. Respecto a la muerte, cambia la relación, se llega a la percepción de la
finitud de la vida, la aceptación​

6-La tarea respecto de las pulsiones. Sublimación: en los periodos de
terminación de un proceso analítico se producen un conjunto de fenómenos que
pueden considerarse como un aumento de la capacidad de sublimar, es decir, de
cambiar un fin que es originariamente sexual por otro no sexual, pero aparentado al
primero. ​

7-Superyó: Es la instancia donde se origina el sentimiento de culpa, el estar en
falta, los autocastigos y los autoreproches, requiere un gran trabajo analítico, ya que
es un lugar de cultivo de la pulsión de muerte y origen de un empuje hacia el
masoquismo primario. ​
El trabajo analítico tendrá efectos sobre esta instancia, las representaciones
imaginarias del superyó -estas figuras persecutorias, severas, cargadas de una gran
autoridad- van a ir adquiriendo unas caras más benévolas, más permisivas. Por
ejemplo se abre la dimensión de “eso que creía que pensaban mis padres no es tan
así. Pensé que se iban a oponer a tal cosa”. También se abre la posibilidad de
actuar sin la necesidad de aprobación o desaprobación del otro, de poder hacer y
autorizarnos a decidir sin preguntarle al otro si lo hago o no lo hago.​

8-La relación del sujeto con el tiempo: En los fines del análisis, el pasado
resignificado se aligera, pierde su carácter de pesada carga. Puede pasar de la
represión al olvido. Asimismo, la dimensión de futuro queda más abierta​


En el fin de análisis, en el pasaje de neurosis de transferencia a neurosis de temple
analitico se ha producido la "centrifugación de la transferencia" ,términos con los
que intento explicar el hecho de que el círculo de intereses y de investimientos
libidinales del analizante se ha ido alejando del analista, cosa que no quiere decir
borramiento de las huellas de este vínculo ni desaparición de la capacidad
transferente del sujeto. Esta modificación cuanti y cualitativa de la transferencia es
un elemento fundamental para la conformación del “temple analítico”.​

Rabinovich, N. (2014). La Letra y la verdad. [El superyó, un obstáculo en la
cura. pp. 53-63]. Buenos Aires. Editorial Letra Viva. ​
Se trata en un análisis de poder ir más allá de este padre interiorizado. ​
Lo que sucede es que el analista finalmente es desalojado de esa posición de
intérprete que le confiere estar en el lugar del garante de la verdad. Por eso cae el
analista, porque si ya no tengo ese Otro que me diga, también cae el lugar del
analista, porque ya no necesito el análisis, porque puedo solo. Es un
desprendimiento que se experimenta como un largo, a veces muy prolongado,
duelo. Su pérdida deja al descubierto el irremediable vacío en el lugar del Otro.
Aunque el sujeto supuesto saber no existió nunca, el neurótico experimentó desde
la temprana infancia su presencia intangible y constante, una presencia tal que lo
hizo sentirse mirado, amado, ordenado por alguien de quien espera reconocimiento
y protección. Quedar advertido de su inexistencia por medio del análisis promueve
un profundo sentimiento de soledad, que no es desolación, sino una soledad
conquistada. ​

Teórico 14 Fin de análisis Efectos de un análisis en la subjetividad y el
padecer. Sus alcances y sus límites ​

Nasio, J. D. (1992). El dolor de la histeria. [Apartado: El tratamiento
psicoanalítico de la histeria y el fin de análisis. pp. [Link] Aires:
Paidós. ​


Plantea que de lo que se trata el análisis es de llegar y acompañar al paciente a
atravesar la angustia de castración. Se trata de generar en el análisis este momento
de angustia de castración y acompañar al paciente a que pueda pasarlo. A partir de
este momento, luego del proceso de angustia el paciente se encuentra con la
pérdida. En realidad no hay algo que se perdió, es el encuentro una y otra vez con
ese objeto que nunca estuvo, sabiéndolo irremediablemente perdido. Tiene que ver
con esta ilusión del neurótico de ser el objeto maravilloso para el otro, y en realidad
nunca lo fue. Es caer de este lugar, encontrarse y reencontrarse con esta perdida
sabiendo que en realidad nunca estuvo.​
¿Qué viene luego de este atravesamiento? Un duelo, se duela por esta pérdida, por
este lugar. Se trata de una soledad conquistada. Es liberador, es no estar esperando
del otro, no estar enganchado al otro. Es una elección, una decisión. No hay un otro
que me diga, no hay garantías. ​

Práctico 13 Intervenciones en Situaciones Clínicas diversas: Pasaje al acto
Características del Pasaje al acto. Sus riesgos clínicos. Operaciones posibles.
Iunger, V. (1993). Clínica del pasaje al acto en la neurosis. [Reunión
Lacanoamericana De Psicoanálisis De Porto Alegre, Agosto de 1993, versión
escrita y corregida de la exposición realizada, bajo el mismo título. Publicada
en Atas Da Reunião Lacanoamericana De Psicanálise De Porto Alegre. Vol 2]. ​

"Pasar al acto" y "pasaje al acto" tienen algunos elementos estructurales en común,
de los cuales destacamos uno: se trata, en ambos casos, de la conclusión de una
escena. De una escena que alcanza su punto final. Sólo que en el pasar al acto
hay un efecto de sujeto, un efecto de máxima subjetividad. Hay un cambio de
posición subjetiva, por ej cuando gracias al pasaje por el análisis puede llevar
adelante lo que quería lograr. En el pasaje al acto hay, por el contrario, un efecto de
aniquilación del sujeto en un intento fracasado de hacer surgir su subjetividad.
Aniquilación que deja, a lo sumo, una marca de ese acto que fracasa, en el cual
converge la conmemoración de esa aniquilación y al mismo tiempo del intento de
subjetivación.

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