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Introducción a Los cuentos morales de Eric Rohmer
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Tialo de be edicio orginal: Six Contes Maceo © Bains de Tene Pare 14 Trabuco onan Jed Maguete de te eoecién: ‘gene 9 Mie @ EDITORIAL ANAGRAMA Gieie le Gn, 44 Barcelona 17 Plated In Spaia ISBN 4. 339-1007-8 Depa Legal: B. 49817-1974 Gxkncas Dune, Zamora, 88, Barcelona-3 Les Coewles Morales Eric Rohmer. INTRODUCCION Por qué filmar una historia, cuando se puede escribie? ¢Por qué cceribicla, cuando 20 va a flmaela? Esta doble pregunta s6lo + superflua 4 primera vista, A mf se me planted con mucha pre- tlsign, La idea de estos Cuentor te me ocurié a usa edad en la que yo 0 sabia ain si sefa cineasta. Si los eonvert{ en films, es parque no conseguf escribirlos. Y ci bien, en cierto modo, es cierto que lor escribt —bsjo Ia misma forma en que se leerdo— fue tnicamente para poderls filmar. Ast pues, estos textos no estin ,ajbasta la vist, «goto ext? ——a no tor que exos ml. tnos sibueno dary hasta I vst» no formen parte, como en a Boulangir, dela forma, no del film sno del cucnto. igual eco- se con las fuser informativas que halln en el papel una expec. ssn inditets, y directa en la pantalla. Y asimiemo, en fi, con slgunas inprovscionespropiamentedichas euyo pintoresquismo, fislado de su context fllmco, hublese sorprendido: la conver. isn de sobremesa de Jos ingeniaros en Maud, las confidcncias de Vincent en Clare, “Aperte de este omisones,cabe obervar, auf o al, algunas diferencias entie el diflogo excita y el que lee acores djeron sfectivamente.Y ello se debe a que uilzando mis extrctos dete: thos, he corregido las faltasocssonales, 1s lapsos, los falls de ‘memoria. El eapeto con que pretendia que se traara el texto cru ms un exigencia de priacpio que de hecho. Era especial ‘ente presto que no se tactfcas en lo mis minino la verdad Ge la interpreta, y yo me considraba smplismente stsecho St mis scores, ya comprimidos en demasiados conés, podian, ‘cambio de ess esoresveniales,respirar mia sus anche. iry otto motivo que obliaba a dat a los Cuenior una spa sencia fandumentalmente iterate, En exte ico la ftertura —y ‘es mi principal excusa— forma menos parte de la forma que del fontenido. Mt intenién no. ers flmar nce scontecimntor en bruto, sino el relato que alguien hacia de ellos. La historia, la clec- cién de los bechos, su organizacin, Ia mancra de aprehenderlos formaben parte dl propio ergumento, no del tatumiento que oda dari. Una de las razon por les cuales estos Cuenfor se enominan emorsler> es que estén casi desprovistos de scones ‘ics: todo se dsarolla en Ia eabem del natrador. Conada por oto, a historia habrie sido diferente, o no habria existdo en ab folvio. Mie protagonists, un poco como Don Quijote, ee tuan 9 por personajes de novela, pero quizts la novela no existe. La pre- fencla del comentario en primera persona se debe menos a la nnecesided de tevelar unos. pensamientos fatimos, imposibles de ttaducir por la imagen o el dislogo, que de sicuar sin equfvocos cl punto de vists del protagonista, y converttlo en el objeto de tai propia intencién de autor y de cneasta. Fue, en efecto, bajo forma de relato apenas dislogado como redacté mis primetos esboros, y por un momento tuve In inten dn de introduc en el film un comentario continuo, de In prime ‘2. la dltima imagen, Poco a poco, pasé a boca de los personajes To que estaba destinado « la vor fuera de eampo. En Le Genou de Claire desapazece totalmente: su sustancia se incorpora en los diferentes relator que implica el didlogs. En lugar de ser comen- ado mientras se destrolla, el scontecimiento se comenta des pués por Jétme, narrador titular, ante Aurora, narmadora de Ihecho. En Maud, el film, el monélogo interior, qued6 redacido a clos frases, pero, pata mayor comodidad de lecture, aquf queda rees- tublecido tal como se presentaba en el guid, No es que revele nada sobre el personae que no hayamos visto en Ia pantalla: introduce fun nexo que Ia imagen no necesitaba, pero que, en la pégina {mpresa, parece de nuevo necestri. Permftaseme, pare concluir, ampliar un instante ol debate. La angustie de mis eels personajes en busca, de historia representa Ta del autor ante eu propia impotencia creadore, que el proce- iniento casi meeinice de invencién aqof utlizado —le varacién fe partir de un tema— s6lo oculta muy imperfectamente. Repre- fetta también, quits, a de todo el cine, que, a lo largo del tem- po, se ba revelado como tn monstruoso devorador de argumentos,, faqueando el repertorio del teatro, de Ia novela, de Ia ex6nica, fin poder ofrecer nada a cambio. En relacidn a ese inmenso Borin, lo que ha sacado de su fondo es muy poco, tanto en canti- ad como en calidad, Por poco que se shonde, se descubre que tno existen guiones originales: Jos que pretendan serio copian ‘nds o menos exactamente alguna obra dramétice o novelese, de Is que extracn Jo mir caso de sus situaciones y de su problemé tica, No existe una literatura cioematogrdfia, como existe en cam 10 tuna teatral, nada que se parezet « una obra, a una apitce», z de inspirar y sugerir mil puestas en escena posibles, de mo- lisarlas a eu servicio, Ea el film, la relacion de fuerzas esté in- vertida: Ia puesta en escena es reina, el texto servidor. Un texto Cdnematogrérico, en s{ no vale mada, y el mo no es una excepeisn faa regla. Slo tiene la apatiencia de la esrtura, 0, si se prefiere, Ie nostalgia. Se propone como modelo una retética narrativa con nds de un siglo de edad, y se mantiene complacidamente all, como fl prefiters el fantasma de la cosa lteraria a le préctice, Unici- mente en Ia pantalla Ia forma de estos relatos aleanza su plenitud, stunque sélo sea porque se entiquece con un punto de wista nuevo, ‘el de Ia cfimara que ya no coincide con el del narsador. Aqui falta tuna perspectiva, que un trabajo de redaccién habria podido dar mediante una destipeién més o menor coloreada, més o menos Hea, més © menos lirica de los personajes, de Ins acciones, de los decarsdos. Yo no he querido hacer ese trabajo: mis exactamente, no he podido, De haber podido y de haberlo conseguido, me Ihabuia Himitado a esta forma acabada y no habria sentido ningsin deseo de filmar mis Cuentor. Pues, como decta al principio, 2por ‘gué ter cineasa, si se puede ser novelista? u

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