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El Arrepentimiento

El arrepentimiento, según la Biblia, es un cambio profundo de actitud y comportamiento hacia el pecado y Dios, que implica reconocimiento de la culpabilidad, dolor genuino, y un cambio de mente y corazón. Es un mandato divino que conlleva frutos visibles, como la confesión sincera, el abandono del pecado y una vida de obediencia. El arrepentimiento verdadero, guiado por el Espíritu Santo, resulta en perdón, restauración y vida eterna.
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El Arrepentimiento

El arrepentimiento, según la Biblia, es un cambio profundo de actitud y comportamiento hacia el pecado y Dios, que implica reconocimiento de la culpabilidad, dolor genuino, y un cambio de mente y corazón. Es un mandato divino que conlleva frutos visibles, como la confesión sincera, el abandono del pecado y una vida de obediencia. El arrepentimiento verdadero, guiado por el Espíritu Santo, resulta en perdón, restauración y vida eterna.
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EL ARREPENTIMIENTO

TEXTO: Hch 26:20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y
por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo
obras dignas de arrepentimiento.

INTRUDUCCIÓN
La palabra arrepentimiento viene de la palabra griega ‘metanoia’, que significa cambio de vida
basado en un cambio completo de actitud y de pensamiento en lo relativo al pecado y la rectitud.
cambio de comportamiento.
El Señor Jesús y Juan el bautista empezaron sus sermones diciendo: “Arrepentíos”
“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: ARREPENTÍOS, (la palabra es verbo, tiempo
presente, voz activa, modo imperativo, segunda persona, número plural. Según el análisis
morfológico) porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4: 17).
“En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: arrepentíos,
porque el Reino de los Cielos se ha acercado”. (Mateo 3: 1-2).
En el primer gran sermón del apóstol Pedro en Pentecostés ante la pregunta de los judíos: ¿Qué
haremos? Pedro les dijo:
“Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los
pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”. (Hechos 2: 37-38).
El apóstol Pablo afirma:
“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los
hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30)
El arrepentimiento bíblico verdadero es mucho más que un simple remordimiento o tristeza por las
consecuencias del pecado. Es una transformación profunda del corazón, la mente y la voluntad, que
implica reconocer la gravedad del pecado como una ofensa directa contra Dios, y responder con un
cambio radical de actitud y dirección en la vida
I. Reconocimiento del pecado y de la bancarrota espiritual: El arrepentimiento
comienza con una conciencia clara de la propia culpabilidad, pecaminosidad e insuficiencia
delante de Dios (Salmo 51:4-10).
Sal 51:4 Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas
reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio. Sal 51:5 He aquí, en maldad he sido
formado, Y en pecado me concibió mi madre. Sal 51:6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y
en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Sal 51:7 Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve. Sal 51:8 Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los
huesos que has abatido. Sal 51:9 Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.
Sal 51:10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

II. Dolor y humildad ante Dios: No se trata solo de sentir tristeza, sino de experimentar un
quebrantamiento genuino y humillación ante Dios, como el publicano que clamaba: (Lucas
18:13). Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se
golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.
III. Cambio de mente, corazón y voluntad: El arrepentimiento implica un cambio de
pensamiento respecto al pecado y a Dios, un rechazo del pecado y una disposición a dar la
espalda a la antigua manera de vivir.

IV. Confianza en la misericordia de Dios: El arrepentimiento bíblico se aferra a la


misericordia de Dios revelada en Jesucristo y busca el perdón y la restauración a través de
Él (Sal 51:1). Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la
multitud de tus piedades borra mis rebeliones. (Sal 130:4) Pero en ti hay perdón, Para
que seas reverenciado.
V. Frutos visibles y persistentes: El verdadero arrepentimiento produce frutos, es decir,
evidencia externa de una transformación interna: abandono del pecado, restitución cuando
sea posible, y una vida de obediencia a Dios (Hechos 3:19). Así que, arrepentíos y
convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del
Señor tiempos de refrigerio, Lucas 19:8-9 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor:
He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno,
se lo devuelvo cuadruplicado. Luc 19:9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta
casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.
VI. Mandato y Consecuencias
La Biblia enseña que el arrepentimiento no es opcional, sino un mandato de Dios para todos: “Dios
manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Negarse a
arrepentirse lleva a la condenación, mientras que el arrepentimiento genuino conduce al perdón, la
restauración y la vida eterna (Lucas 13:3; 1 Juan 1:9).
VII. Frutos del arrepentimiento
El arrepentimiento verdadero se reconoce por sus frutos:
a) Confesión sincera del pecado a Dios,
b) Abandono del pecado y búsqueda activa de una vida santa.
c) Restitución y reconciliación con otros, en la medida de lo posible
(como hizo Zaqueo en Lucas 19).
d) Una vida marcada por la obediencia y la sumisión al señorío de Cristo.
CONCLUSIÓN
El arrepentimiento genuino es una obra profunda del Espíritu Santo en el corazón humano, que
lleva a la persona a odiar el pecado, volverse a Dios, confiar en su gracia, y vivir una vida
transformada para su gloria.

“La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no
hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte.” (2 Corintios 7:10)

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