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La espiritualidad constituye una dimensión esencial e inalienable del ser


humano, íntimamente vinculada a su bienestar integral. Este vínculo entre
espiritualidad y salud, como expone José Carlos Bermejo en su artículo
Espiritualidad y salud (2021), no solo humaniza la asistencia sanitaria, sino
que permite una atención centrada verdaderamente en la persona. La
inclusión de esta dimensión no se limita al ámbito religioso, sino que se
enmarca en una visión amplia de búsqueda de sentido, trascendencia,
conexión y plenitud.
Diversas investigaciones citadas en el texto han demostrado cómo las
prácticas espirituales pueden generar efectos positivos sobre la salud física
y mental, mediante mecanismos psiconeuroinmunológicos, contribuyendo a
la reducción del estrés, la depresión y a la promoción del bienestar. Casos
como el descenso de mortalidad en ciertas festividades religiosas
evidencian cómo las creencias impactan incluso en la vida biológica. La
espiritualidad, al brindar sentido, perdón, esperanza y amor, configura una
poderosa herramienta de afrontamiento ante la enfermedad, el sufrimiento
y la muerte.
Además, el concepto de “inteligencia espiritual” refuerza la necesidad de
desarrollar habilidades específicas en los profesionales sanitarios: capacidad
de trascendencia, manejo del sentido, del sufrimiento y acompañamiento en
procesos existenciales. Es decir, no basta con la buena voluntad: se requiere
formación estructurada para identificar síntomas y necesidades espirituales
—como el anhelo de sentido, perdón, reconciliación o trascendencia—, y
aplicar un cuidado verdaderamente holístico.
Finalmente, ignorar esta dimensión revela una grave inmadurez profesional
y una deshumanización del cuidado, al reducir al ser humano a su
dimensión biológica. Promover el bienestar espiritual no solo mejora la
calidad de vida del paciente, sino que fortalece el sistema de valores, la
conexión interpersonal y el compromiso ético del entorno asistencial. En
síntesis, la espiritualidad no debe ser un complemento opcional del cuidado,
sino un componente indispensable de toda praxis sanitaria humanizada.

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