EL YO Y EL ELLO
CAP I
- Características de la conciencia (pág. 15)
Consciencia como cualidad de lo psíquico que puede añadirse a otras cualidades
o faltar donde ‘ser consciente’ es una expresión puramente descriptiva que invoca
la percepción más inmediata y segura.
Lo característico es que el estado de la consciencia pase con rapidez donde
representación ahora consciente no lo es más en el momento que sigue pero
puede volver a serlo bajo ciertas condiciones producidas con facilidad (estuvo
latente y ha sido inconsciente = latente susceptible de consciencia).
- Características del yo (pág. 18, 19)
El yo es una representación de organización coherente de los procesos anímicos
en una persona del cual depende la consciencia que gobierna los accesos a la
motilidad = descarga de las excitaciones en el mundo exterior (aquella instancia
anímica que ejerce un control sobre todos los procesos parciales y que aplica la
censura onírica).
De este yo parten también las represiones de las cuales ciertas aspiraciones
anímicas deben excluirse de la consciencia y de las otras modalidades de
vigencia y de quehacer = tarea de cancelar las resistencias que el yo exterioriza a
ocuparse de lo reprimido.
El yo es también inconsciente comportándose como lo reprimido exteriorizando
efectos intensos sin devenir a su vez consciente necesitando un trabajo particular
para hacerlo consciente.
- ¿Por qué lo inc. no coincide con lo reprimido?
(Último párrafo pág. 19 y pág. 20).
Lo inconsciente no coincide con lo reprimido: todo lo reprimido es inconsciente
pero no todo lo inconsciente es reprimido pudiendo ser una parte del yo también
inconsciente no siendo latente en el sentido de lo preconsciente porque si así
fuera no podría ser activado sin devenir consciente dando dando lugar a un tercer
inconsciente no reprimido.
CAP II
- Características de la conciencia (pág. 21)
La consciencia es la superficie del aparato anímico como primer sistema espacial
(en el sentido de la función y en el de la disección anatómica) contando desde el
mundo exterior y tomándola como punto de partida.
Todas las percepciones que vienen de afuera (percepciones sensoriales) y de
adentro (sentimientos y sensaciones) son conscientes y solo puede devenir
consciente lo que ya una vez fue percepción consciente y lo que intenta
trasponerse como percepción exterior desde adentro por medio de las huellas
mnémicas.
- Características del yo (pág. 25).
El yo es la esencia que parte del sistema perceptivo siendo primero
preconsciente, no envuelve al ello solo en la extensión en que el sistema
perceptivo forma su superficie (no envuelve por completo al ello) y confluye hacia
abajo con él (no está separado tajantemente del ello); la percepción en el yo
cumple el papel que en el ello corresponde a la pulsión.
El yo es una esencia – cuerpo: cuerpo propio y su superficie son el sitio del que
pueden partir simultáneamente percepciones internas y externas = visto como
objeto otro pero proporcionando dos clases de sensaciones al tacto (una de la
cuales puede ser de percepción interna); el yo es él mismo y la proyección de una
superficie.
El yo es la parte del ello alterada por la influencia directa del mundo exterior con
mediación del preconsciente que se empeña en hacer valer sobre el ello el influjo
del mundo exterior como sus propósitos propios (reemplazar el principio de
placer por el principio de realidad) y es representante de la razón y la prudencia
por oposición al ello que contiene las pasiones.
Lo reprimido solo es segregado tajantemente del yo por las resistencias de
represión pero puede comunicar con el yo a través del ello.
Importancia funcional del yo: asignación del gobierno sobre los accesos de la
motilidad (el yo suele trasponer en acción la voluntad del ello como si fuera la
suya propia).
- Características del ello (pág. 25).
El ello es aquello psíquico en que el yo se continúa comportándose como
inconsciente = individuo considerado un ello psíquico, no conocido e
inconsciente sobre el cual se asienta el yo como si fuera su núcleo (rige el
principio de placer).
Lo reprimido confluye con el ello siendo una parte de él.
CAP V
- ¿De dónde deriva el superyó y a qué debe su particular posición respecto del
yo?
El superyó deriva de las primeras identificaciones del yo que toman el relevo de
investiduras del ello resignadas = identificaciones que se comportan como una
instancia dentro del yo contraponiéndose a este como superyó.
El superyó debe su posición particular dentro del yo o respecto de él a un factor
que se aprecia desde el lado de la identificación inicial (ocurrida cuando el yo era
todavía endeble) y desde el lado de ser el heredero del complejo de Edipo
(conserva su carácter de origen proveniente del complejo paterno como la
facultad de contraponerse al yo y dominarlo).
- ¿Qué quiere decir que el superyó conserva, a lo largo de la vida, su carácter
de origen?
Es el monumento recordatorio de la endeblez y dependencia en que el yo se
encontró en el pasado y mantiene su imperio aún sobre el yo maduro (el yo se
somete al imperativo categórico de su superyó).
- Nombre una de las diferencias que tiene el superyó con el yo.
El superyó mantiene duradera afinidad con el ello y puede subrogarlo frente al yo
estando más distanciado de la consciencia que el yo: descender de las primeras
investiduras de objeto del ello y del complejo de Edipo lo pone en relación con las
adquisiciones filogenéticas del ello convirtiéndolo en reencarnación de anteriores
formaciones yoicas que dejaron su sedimentos en el ello.
- ¿Qué es la reacción terapéutica negativa? Desarrolle (pág. 50 y 51).
La reacción terapéutica negativa refiere al trabajo analítico en el cual las personas
no soportan elogio o reconocimiento alguno reaccionando de manera trastornada
frente a los progresos de la cura siendo toda solución parcial un refuerzo
momentáneo de su padecer empeorando en el tratamiento en vez de mejorar
(algo se opone a ellas en la curación siendo temida como peligro y no
prevaleciendo la voluntad de curación).
Se trata de un factor moral de un sentimiento de culpa que halla su satisfacción
en la enfermedad y no quiere renunciar al castigo del padecer, siendo, este
sentimiento de culpa, mudo para el enfermo y considerándose como tal y no
como culpable y donde solo se exterioriza en una resistencia a la curación.
- Diferencie: sentimiento de culpa normal y sentimiento de culpa
hiperintenso.
El sentimiento de culpa normal y consciente no ofrece dificultades a la
interpretación descansando en la tensión entre el yo y el ideal del yo como una
expresión de una condena del yo por su instancia crítica.
El sentimiento de culpa hiperintenso es también consciente y notorio de manera
hiperintensa por las personas que la padecen.
- ¿Qué define la gravedad de una neurosis?
La gravedad de la neurosis se la define cuando el ideal del yo muestra en las
afecciones una particular severidad y se abate sobre el yo con furia cruel.
- Diferencie: neurosis obsesiva, melancolía e histeria (pág. 52).
Neurosis obsesiva: sentimiento de culpa hiperexpreso que no puede justificarse
ante el yo en donde el yo del enfermo se resuelve contra la imputación de
culpabilidad y demanda al médico le ratifique su desautorización de esos
sentimientos de culpa = el análisis muestra que el superyó está influido por
procesos de que el yo no se ha percatado y pueden descubrirse los impulsos
reprimidos que son el fundamento del sentimiento de culpa (el superyó ha sabido
más que el yo acerca del ello inconsciente); se trata de mociones repelentes que
permanecen por fuera del yo.
- Melancolía: superyó arrastró hacia sí a la consciencia pero el yo se confiesa
culpable y se somete al castigo siendo acogido el objeto a quién se dirige la cólera
del superyó en el yo por identificación.
- Histeria: el yo histérico se defiende de la percepción penosa con que lo
amenaza la crítica de su superyó mediante represión debiéndose al yo que el
sentimiento de culpa permanezca inconsciente.
- Delincuentes y sentimiento de culpa inconsciente (pág. 53).
Un incremento de sentimiento de culpa inconsciente puede convertir al ser
humano en delincuente pudiendo pesquisarse un fuerte sentimiento de culpa que
existía antes del hecho como si se hubiera sentido un alivio al poder enlazar ese
sentimiento inconsciente de culpa con algo real y actual.
- Melancolía y superyó hiperintenso: ¿qué gobierna ahora el superyó? ¿Qué
sucede con la manía? (pág. 53 y 54).
Lo que ahora gobierna en el yo es como un cultivo puro de la pulsión de muerte
que logra empujar al yo a la muerte cuando no consiguió defenderse mediante el
vuelco a la manía.
El superyó hiperintenso que arrastró hacía sí la consciencia se abate con furia
inmisericorde sobre el yo como si se hubiera apoderado de todo el sadismo
disponible en el individuo (componente destructivo se ha depositado en el
superyó y se ha vuelto hacia el yo).
- Vuelva a diferenciar neurosis obsesiva y melancolía (pág. 54).
En la neurosis obsesiva, por oposición a lo que sucede en la melancolía, el
neurótico obsesivo nunca llega a darse muerte considerándose inmune al peligro
de suicidio siendo la conservación del objeto lo que garantiza la seguridad del yo y
dándose una regresión a la organización pregenital que hace posible que los
impulsos de amor se traspongan en impulsos de agresión hacia el objeto siendo
liberada la pulsión de destrucción y queriendo aniquilar al objeto.
- ¿Cómo pueden tratarse las peligrosas pulsiones de muerte? (pág. 54).
Las pulsiones de muerte son tratadas de diversas maneras: se las torna
inofensivas por mezcla con componentes eróticos, se desvían hacia afuera como
agresión, y, en buena parte, prosiguen su trabajo interior sin ser obstaculizadas.
- Vincule la moral con las tres instancias psíquicas (pág. 54).
El ello es totalmente amoral, el yo se empeña por ser moral y el superyó puede ser
hiper moral y volverse tan cruel como puede serlo únicamente el ello.
- ¿Qué sucede cuando el sujeto limita su agresión hacia el exterior? (pág. 55).
Mientras más se sujete la agresión, más aumentará la inclinación de su ideal a
agredir a su yo dándose como un desplazamiento o descernimiento hacia el yo
propio y donde la moral normal toma el carácter de dura restricción o prohibición
cruel.
- ¿Por qué el superyó podría castigar al yo? (pág. 55)
En la neurosis obsesiva y en la melancolía, el yo sufriría de parte del superyó el
castigo por medio de la agresión entreverada con la líbido.
El ello es amoral, el yo es moral y el superyó puede ser hiper moral teniendo
más relación con el ello que con el yo = del superyó hay cuestiones conscientes
y otras inconscientes.
Superyó: se encuentra por encima del yo que replica/espeja a los padres
introduciendo objetos más grandiosos del complejo de Edipo que son sublimados
a partir del complejo de castración (posee una cara simbólica como heredero del
complejo de Edipo).
Ello: pulsión de muerte se traspasa al superyó que lo transmite al yo = algo de
la pulsión de muerte de origen del ello se traslada al superyó y la traspone sobre
el yo; refiere a lo inconsciente reprimido pero también a lo no reprimido (algo
reprimido – pulsión de vida + lo no reprimido – pulsión de muerte).
Yo en su potencia:
- Ejerce importantes funciones tendiendo a cumplir los deseos del ello =
consciencia como una de las funciones del yo (iluminar algo fugaz que
no esté reprimido).
- Corriente con el proceso secundario como una organización
coherente con función de síntesis, gobernando también la función de
motilidad y del cual parten las represiones.
- Superficie que recibe percepciones de externas e internas:
importancia de la percepción para el yo del cuerpo = la percepción es al
yo como las pulsiones son al ello).
- Formado luego del ello e intenta reemplazar el principio de placer por
el principio de realidad.
- Monarca constitucional: el yo piensa que anda solo pero es necesaria la
presencia de un ello que lo maneje (yo en endeblez) = el que decide todo
es el ello.
- Se encuentra entre tres vasallajes – esclavo del mundo exterior, ello y
superyó queriendo conciliar/mediar y abarcar a todos ellos.
Sentimiento de culpa:
- Normal: tensión entre el yo y el superyó consciente no ofreciendo
dificultades de interpretación.
- Inconsciente: yo hiper exigente o sentimiento hiperintenso que tiene que
ver con lo que uno siente a partir de una necesidad de castigo para que
se considere un sentimiento inconsciente.
Culpa precede en algunos casos = acción realizada para recibir castigo, y, a partir
de ahí, sentir una especie de alivio (delincuentes o infieles); perversos no tienen
sentimiento de culpa.
Neurosis obsesiva: pulsión de muerte está sobre la persona mediante una hiper
exigencia racional que es depositada en el objeto (una parte de la pulsión de
muerte queda en el interior pero otra parte se dirige al exterior conservando al
objeto = sujeto a salvo de la muerte); siente sentimiento de culpa procurando
sacársela mediante el análisis.
Melancolía: superyó con severidad extrema con el yo abatiéndose con una furia
inmisericorde (ninguna misericordia) y arrastrando al yo, muchas veces, hacia la
muerte = superyó se apoderó de todo el sadismo (relación sadomasoquista =
superyó intenso y superyó hiper exigente es superyó sádico en posición
masoquista); se siente culpable regocijándose en esa culpa.
Manía como extremo de la melancolía: en la melancolía, el superyó dice ser y se
siente un desastre o fracaso, y, en el maniaco, dice ser y se siente un éxito (manía
como defensa patológica de la melancolía y como salida del yo hiper
exigente); superyó no tiene función en la manía achatándose = omnipotencia del
yo donde el superyó se puso a la par del yo.
Reacción terapéutica negativa: se da en el obsesivo (atracción al padecimiento)
como también en el melancólico (empeora a medida que el analista le comenta
que está mejorando).
Masoquismo:
- Masoquismo femenino: búsqueda de castigo por parte de la pareja
(objeto de amor).
- Masoquismo erógeno primario (constitutivo en cuanto a mezcla de
pulsiones) y secundario (masoquismo femenino y moral).
- Masoquista moral: superyó hiper exigente presenta reacción
terapéutica negativa no buscando que lo maltrate alguien que él quiere,
sino, cualquier persona.