0% encontró este documento útil (0 votos)
26 vistas382 páginas

Minerva Compressed

Minerva compressed uno dos tres grecia

Cargado por

climentjoan23
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
26 vistas382 páginas

Minerva Compressed

Minerva compressed uno dos tres grecia

Cargado por

climentjoan23
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

JAMES GOW

MINERVA
INTRODUCCION A L ESTUDIO
DE LOS A U TORES CLÁSICOS
GRIEGOS Y LATINOS

EMECE [DITORES / BUENOS AIRES


J A M E S G O W·
Naci6 en Londres el 25 de marzo de 1854. ..
Muri6 en Hampstead (Londres) el 16 de
febrero de 1913.

l
i
j
r,_
JAMES GOW

MINERVA
INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE
LOS AUTORES CLÁSICOS
GRIEGOS Y LATINOS

EMECÉ EDITORES, S.A.


BUENOS AIRES

:~i
Título de la obra en el original:
A COMPANION TO SCHOOL CLASSICS

Traducci6n del inglés por


AUGUSTO SALCEDO
NOTA PRELIMINAR

Los autores grecolatinos, Cimientos insustituíbles de


toda verdadera cultura en 'Occidente, precisan para
su comprension un- cúmulo ·de nociones previas, el
conocimiento, por sumario que sea, .del alma de los
hombres de 'aquellos tiempos, tal como la modelaron
sus creen'ciai, sus costumbres, sus instituciones, su
concepto de la vida y del mundo. Suministrar estas
noci01i•es al lector que no ha tenido una educación
humanística, poniéndole en condiciones de acercar-
se más íntimamente a aquellas· obras, entre las que
se cuentan algunas de las más grandeS que ha pro-
ducido el hombre y qwe en cierto modo son la fuente
originaria de la literatura y el pensamiento de las
épocas posteriores, es el objetivo cardinal del pre-
sente compendio, que; por su concisión , br-evedad,
más que un verdadero manual es un complemento
o introducción a las ediciones anotadas de los clá-
sicos, destinado a facilitar su lectura y entendimiento.
Resultado de los cursos que durante años venía
dictando el doctor Gow a sus discípulos, estos resú~
menes fueron publicados conservandoles la simplici-
dad familiar y la claridad sumaria. que sin duda cOns-
tituyen uno de sus mayores 'méritos. Como dice muy
atinadamente en las palabras preliminares de su tra-
ducción al francés Saloman Reinach (que, con anuen-
cia del autor, le puso el título de Minerva, que he-
mos. adoptado también en la presente tedición~ como
más sintético, expresivo y eufónico) , el libro del doc-
tor Gow es meritorio, no sólo por lo que el autor
10 NOTA PRELIMINAR
ha puesto en él, sino también por lo que ha tenido
el valor de omitir, ya que, en materia tan vasta
como la antigüedad griega y romana, no es posible
ser a la vez breve y completo. "Tratar de condensar
en trescientas páginas todo lo que le concierne seria
condenarse a uña aridez inatractiva, que, en vez de
cuadros, ofrecería tan sólo siluetas incoloras. El au-
tor, aleccionado por su experiencia, ha sabido es-
coger. Ha sacrificado valientemente muchos porme-
nores para poner de relieve aquéllos cuyo conoci-
miento es indispensable: nociones de paleografía y
de crítica de los' textos, prólogo para toda explicación
de autores antiguos; un resumen de las instituciones
políticas de Grecia y de Roma, prescindiendo de
cuanto atañe al Bajo Imperio; un capítulo acerca
del teatro, como introducción a la lectura de los
poetas trágicos y ·cómicos: tal es el contenido esen-
cial del libro." ~ste, pues, enseña cosas fundamenta-
les y elementaleS, indispensables para la comprensión
y el saboreo de los grandes autores clásicos. " Los' que
se coloquen en este . punto de vista práctico -con-
tinúa diciendo Reinach__:_ no lamentarán la falta de
otras informaciones más minuciosas sobre la vida pri-
vada de los antiguos,· el arte, la religión, cuestiones
sin duda del mayor interés, pero acerca de la.S cuales
pueden más fácilmente lograrse datos sueltos y que
no constituyen, como el _derecho político de los an-
tiguos, un cuerpo de doctrina, que es preciso conocer
en su conjunto para bien explica'rse los textos." Al
decir textos, se trata naturalmente de los que suelen
leerse en los e.Studios clásicos corrientes y por el pú- f
blico en general, esto es, de las obras maestras y no
de toda la literatura griega y latina, ya que no es
probable que ningún programa de aquéllos llegue
a incluir obras. como la Historia-Natural de Plinio o
el Banquete de los Sofistas de Ateneo.
- El libro del doctor Gow, sin embargo, no es pro- .r-
NOTA PRELIMINAR 11
vechoso solamente para los legos, sino también para
los enterados (menos enterados a veces de lo que ellos
suponen), y hombre tan docto como Reintich declara
"haber vuelto· a aprender mucho" traduciéndolo, ya
que "los eruditos de profeSión, exploradores miopes
de campos rttduCidos, necesitan grandemente repasar
alguna vez la cartilla de su ofiCio".
La documentación del autor, por otra parte, es
tan sólida y extensa como su experiencia docente, y
en el prólogo del original se consignan las fuentes
principizles de que se ha s.ervido: obras alemanas, •
inglesas y francesas de las diferentes especialidades
referentes a la materia, destinadas a la enseñanza
superior.

*
El Rev. James Gow nació en Londres el 25 de
marzo de 1854. Cursó los estudios de Letras en el
Trinity College de Cambridge, y poco después in-
gresó en el clero protestante. 'En 1876, fellow del ci-
tado Trinity College y del King's College de Lon-
dres. En 1885, Doctor en Letras por la universidad
de Cambridge. Su vida transcurre dedicada por entero
al estudio y la enseñanza, en la que logró altas dU.
tinciones. De 1885 a 1901, profesor en la High School
de Nottingham; de 1901 hasta pocos años antes de
, su muerte, director de Westminster School. De 1900
a 1902, presidente de la Headmasters' Association; y
de 1906 a 1908, y más tarde de 1911 a 1912, presi-
dente de la Headmasters' Conference. Murió en
Hampstead, Londres, el 16 de febrero de 1913.

ÜBRAS DEL REv. jAMES Gow:


A Short History of Greek Mathematics, 1884; A
Companion to School Classics, 1888; A Method of
Englisb, 1893; Odes and Epodes of Horace, 1896,
:12 NOTA PRELIMINAR
aparte de otras ·obras para la enseñanza académica
y de numerosos artículos para el Dictionary of An-
tiquities de Sir William ·Smith. · ·
La p~eiente obra, ·titulada en el original A Com-
panion to School Classics y publicada, como más
arriba se indica, en 1888, alcanzó inmediatamente
gran éxito, y püeile decirse que es clásica en su gé-
nero, habiendo sido traducida a ·varios idiomas y lo-
grado una vasta difusión. El famoso humanista ·e -
historiador Saloinon Reinach "la tradujo en ·1889 al
• francés, publicando ·en 1907 una nueva edici6n ·re-
visada y corregida con arreglo, nos dice, a "las úl-
timas conquistas de la cienciá, que son resultado de
los descubrimientos recientes de papiros griegos' en
Egipto", correcciones que, a nuestra vez1 hemos te-
nido en cuenta en esta edición.

'
SO:)ISV1:)
, SO.LX3.l SOl
1
J. EL ALFABETO GRIEGO

1. ÜRIGEN DEL ALFABETO GRIEGO. Conocemos por


inscripciones en mármol, en bronce, en ladrillo, etc.,
un número bastante crecido de alfabetos griegos, que
difieren entre sí por varias particularidades. El es-
tudio de esos diferentes alfabetos corresponde a la
ciencia de las inscripciones o epigrafía. Las letras
griegas mayúsculas que hoy empleamos son las del
alfabeto llamado jonio, que, adoptado oficialmente
en Atenas el año 403 a. de J. C., se generalizó muy
pronto en todo el mundo helénico.
Considerados en conjunto, los diferentes alfabetos
griegos se derivan del antiguo alfabeto semítico o
fenicio. Los nombres, las formas y el orden de las
letras copiólos Grecia de Fenicia, cuya civilización
era más antigua; hay que recordar, por otra parte,
que los fenicios tenían numerosas colonias en Grecia,
especialmente en las islas del mar Egeo.
· Las tradiciones griegas hacen participar a diferen-
tés personajes, tales como Palamedes, sobrino de Aga-
menón, y Simónides de Ceos, el célebre poeta, en la
formación del alfabeto griego. Afirman, no obstante,
de acuerdo con Heródoto 1, que dieciséis letras, es
decir, la mayor parte de las del alfabeto, fueron
introducidas por Cadmo, un fenicio que vino a esta-
blecerse en Beocia. El nombre C admo parece ser
idéntico al fenicio Kadmi, que significa "hombre del

1 Heródoto, V, 58, 59.


16 JAMES GOW
Oriente". Cadmo no sería de esta suerte sino la per-
sonificación o el antepasado mítico de inmigrantes
fenicios, a los que se llamaba Ka{l¡.ti¡'íoL.
El alfabeto fenicio se modificó en tierra .griega,
principalmente por la invención de las vocales. He-
ródoto dice haber visto en Tebas inscripciones escri-
tas en letras cadmeas, Kal\¡.ti¡ta YQÚ¡.t¡.ta·ra, y añade
que la mayor parte de ellas se parecían a las letras
jonias, cuando originariamente era el mismo alfabeto
fenicio el introducido en Grecia por Cadmo. ·
Los nombres de las letras griega5 a/..q¡a, ~i)-ra, et¿,
no significan nada en griego, pero sí, como veremos
más adelante, en las lenguas semíticas, tales como el
fenicio y el hebreo.
En cuanto al origen del alfabeto fenicio, hay que
buscarlo probablemente en la escritura egipcia lla-
mada hierática, forma abreviada o cursiva de los
jeroglíficos que usaban los sacerdotes. Se ha alega-
do, no obstante, en estos últimos tiempos la influen-
cia que jeroglíficos de una clase especial, usados por
un pueblo antiguo de la Siria, los heteos o hititas, de-
bieron ejercer sobre la escritura fenicia. Pero ésta es
cuestión todavía en estudio y por resolver.

2. FECHA DE LA INTRODUCCIÓN DE LA ESCRITURA


EN GRECIA. No puede determinarse con exactitud
la época en que los griegos conocieron la escritura.
Posible es que en un pasaje célebre de la llíada \
los oi¡¡.ta-ra l.vyeú o signos funestos, que Belerofonte
llevó, según dicen, al rey de Licia, sean una perí-
frasis poética que designa un mensaje escrito. Pero 1
en todo el resto de los poemas homéricos no se hace
ninguna al)l$ión más a la escritura. Por otra parte,
cuando se nos habla del registro de los vencedores

l. Ilíada, VI, 168.


LOS TEXTOS CLÁSICOS 17
en los juegos, que se llevaba en Olimpia, desde el año
776 antes de J. C., podemos pensar que esta lista
puede no haberse empezado a hacer sino mucho
más tarde.
Nuestros primeros informes precisos se remontan
solamente al siglo vn a. de J. C., época a que perte-

8.11!1J.EOJtAeONTo!t$tA~~'-N"tiN.\W'4~~~:1'G~toKt-o¡
N' ~VT ~H~ ~'1/ M'fi Q 1H N '*A.~ rt..~TI r. _-
E(l f\~ I>Nlll\tQ.. ~y.~~~IGS~I\1 YPE:h ~'VI~orrorAtl\o S ·1.i
t~' fl~/l.ot" J'OSoSO!ft E norA S• MTOAtrvnr' os ~E ~MlV "'
P ~tu.vt..u ~ J.ol"MMrart.. oJ:.Ams.r-~QoJovM~o
Fig. 1 -Inscripción de .A.bu-Simbul, en Nubia
(siglo vn a. J. C.) 1 .

necen algunas inscripciones que han llegado a nos-


otros, entre otras, la que mercenarios griegos graba-
ron en el coloso de Abu-Simbul en la Nubia (fig. 1).
En el siglo VI la escritura debía ser de uso general,
porque entonces escribieron el ge6grafo Scylax y los
cronistas Cadmo y Hecateo; entonces también Dra-
cón y Solón promulgaron sus leyes, que hubieron de
ser consignadas por escrito. Si se reflexiona, por otra
parte, que todos los alfabetos griegos concuerdan en el

1 Esta inscripción está grabada en Abu-Simbul (lpsam-


bul ) en las piernas de una estatua egipcia de tamaño colosal.
H e aquí la transcripción : Ba.oLJ..Éo ~ Utmo ~ i~ 'EJ..e<pav-
tivav '1' a~ ( ¡.&) adxou 1 1:aÜTU ÉyQa'l!la.v 1:oi. ollv '1' O.¡A¡Aa.TÍl(oL
1:oi: 9t:oxJ.. (É)o~ 1 E'nJ..eov... HJ..tov 11€ KéQXLoc; (?)xrn\meQi}ev
( t )~ o Jto'ta~o¡; 1 dvh¡. 'AJ..(l)oylroo(o)ou~ ll'f¡xe Ilo"Ca-
<JL¡A-.:Ó, Atyun"Ciou~ lle "A¡Aa<JL~ . 1 "EyQa<pe ll'á11e w AQxcov
• A!'o~6íxou xa.i rr É AE)(()~ Oullá¡lOU. - cHabiendo venido a
Elefantina el rey Psamético, he aqui lo que escribieron los
que venian con Psamético, hijo de Teocles. Fueron sobre
Kerkis tan lejos como el río lo permitió. Potasimto ( ?) man·
daba a los extranjeros ; Amasis a los egipcios. Arjon, hijo
de Amoibicos, y Pelecos, hijo de Udamos, escribieron nues-
~ tros nombres.:.
18 JAMES GOW
uso de las vocales, punto capital en que difieren del
alfabeto fenicio, habrá de admitirse que fué nece-
sario mucho tiempo para que se realizara esa trans-
formación. Así hemos de colocar en el siglo vni,
quizá aun en el IX, la introducción del alfabeto fe-
nicio en Grecia; precisamente entonces, según de-
muestran los descubrimientos arqueológicos, Fenicia
ejerció grande influjo sobre el arte griego naciente.

3. ALFABETo FENICio. El más antiguo ejemplar


conoci.do del alfabeto fenicio es la célebre estela
grabada poi" orden del rey Mesa, que era vasallo de
Acab, rey de Israel, y que liberado del yugo de este
monarca celebró su triunfo en esa inscripción (por
el año 895 a. de J. C .) . Esta estela, descubierta en
Siria por Clermont-Ganneau, figura actualmente en
el Museo del Louvre.
Las letras fenicias se parecen solamente muy poco
al hebreo cuadrado, alfabeto que no se usó sino desde
el siglo n a. de J. C. Los fenicios, como todos los
pueblos semíticos, escribían de derecha a izquierda;
los griegos hicieron lo propio en un principio; luego
escribieron alternando las llneas de derecha a iz-
quierda y de izquierda a derecha 1 ; por último, adop-
taron la escritura de izquierda a derecha, que ha pre-
valecido tanto en Grecia como en Italia.
El cuadro de la página siguiente da a conocer las
formas más antiguas de las letras fenicias, los nom-
bres que tienen en hebreo, su valor en esta lengua y
su valor primitivo en griego:

1 Sistema de escritura llamado ~OlJ<J'tQO<plJIIÓ'V, es decir:


volviendo sobre sus pasos, ,;omo los bueyes que aran. ~
OR!GENES DEL ALFABETO GRIEGO
.,., 1

FENICIO NOilBRR8 HI!BREOS


IIQUIVALJ:N •
CL\8 EN
HDIIJ:O
e¡r:l
~
VAWUS 1
PRIIli'l'IV08
RN GRIEGO 1

Equ1V8,le al
l. &- A.Ief (llwsr> eaplrltu ·~ A a.
ve &'riego,

2. ~ Bet (caaa) b, B ~
3. 1 Gullnel (ca-no) g suave, r y,
4. ~ jollet (Ptl6rla de ~)
5. i He (?)
d,
aspln.r.l6n
A a. 1

E
6. ., 1
.
Vau (!K'l1U'te de tletlda)
suave,
w, F,T
E, EL, 1'),

w,u. '
1

7. 1 ZS.yln (?) ~ griega, z t. aa.j


8. B Jet <•eto) uplracl6n eaplrltu
tuerte, IJ Aspero 1
9. 9 Tet (!) t f uerte, e t.
10. 'i Yod (revú tfl! la mGfttl) :y, 1 L, 1

11. Kaf (palma de la mano) k suave, K x. 1

12. "t. Lamed (~JVWIJ611 ) l, A J... 1

13. ""'! Wem (a,ua) m, M 1'·


14. ~ . N
Nun (pez)
"· v.
15. f Stmeg (?) s suave, ::: ;.
guturLl y de
16. o Hayln (ojo) especial pro·
nunclac16n,
o o, ou, (1)

17. 1 Pe (boca) p, II 1t,

~
18.
r- TsAde · (!) s fuerte;- M{?) a (?}
19. '¡> Qof k fuerte, QX
9 fuer
20. q Reolch (lado de la JcGbeea) p
"· (1.
21. w Schln (dOMite) sh, ~(?) a (?)
22 . . + Ta.u (cruz) t suave, T
1"¡ - -· · -
'"·
i
1
20 JAMES GOW
Este cuadro exige algunas aclaraciones. Las equi-
valencias hebraicas que figuran en la tercera colum-
na son todas consonantes, porque la escritura semí-
tica no indicaba las vocales 1 • Es como si escribiéra-
mos mrt en lugar de mérito o de muerte; sería en-
tonces preciso, para leer una página, conocer bien
no sólo las palabras, sino su significado, para re-
constituir mentalmente, según el sentido de la frase,
las palabras que la escritura sólo reproduciría, por
decirlo así, en esqueleto. Es una de las grandes di-
ficultades que se oponen al estudio de las lenguas
semíticas, y una de las razones de la superioridad
del griego sobre esas lenguas como instrumento de
civilización y de progreso.
Cuando los griegos, por verdadera intuición ge-
nial, concibieron la idea de representar las vocales,
tomaron los caracteres fenicios, 1, 5, 6, 10 y 16, y les
dieron los valores de a, e, u, t, o.
Como los fenicios tenían en su lengua algunos
sonidos que faltaban a los griegos, quedaron dispo-
nibles, por decirlo así, algunas letras fenicias, y se
aplicaron para designar sonidos griegos que no te-
nían los fenicios. Así, el número 9, tet, vino a ser
signo de la {} ; el número 15, samek, de la ; , al menos
en cierto número de alfabetos; los números 18 y 21,
tsáde y sin, dieron las dos formas primitivas de la ~.
a saber, M y ~ , que acabaron por confundirse en
una sola, ~.
Los nombres griegos de laEy lau,E'i't~Óve'Ó'Ij!LAóv,
datan de mucho más adelante, cuando los mismos
·sonidos eran también representados por los dipton-
gos aL y Ot;

l Los textos hebreos que se imprimen en la actualidad


llevan frecuentemente puntos-vocales debajo de las como-
nantes, pero es una costumbre de fecha relativamente re-
ciente.
LOS TEXTOS CLÁSICOS 21
4. ALFABETOS GRIEGOs. Acabamos de móstrar có-
mo los griegos se posesionaron de un alfabeto de 21
letras : A B r .:1 E F Z H e 1 K A M N E O 1I Q P 2: T.
Las numerosas variantes locales que este alfabeto
ofrece pueden agruparse en dos tipos fundamentales:
el de Oriente o jonio 1 , el de Occidente o calcídico 2 •
El alfabeto calcídico no tenía E, y daba a la A la
forma L.
En época muy remota, las letras T o V y «JJ se
añadieron a todos los alfabetos griegos, con los mis-
mos valores en cada uno. Pero, más tarde, los alfabe-
tos jonios adoptaron los signos X y '11, con los valo-
rt'.s j , ps (o f s), y los colocaron después de la «JJ,
mientras que los alfabetos calcídicos admitían X
con el sonido de x, antes de 41, y '11 , con el valor
de j, después de <D. El alfabeto jonio sufrió aún
otros cambios, debidos quizás a modificaciones habi-
das en el lenguaje hablado. Así los signos F (w) y
Q (k fuerte) cayeron en desuso; H, que designaba
en un principio la aspiración fuerte, vino a ser signo
de la E larga y abierta ( l'J), y se inventó el signo O,
modificación de la O , para distinguir el sonido de
la o larga y abierta del de la o breve y cerrada. Estos
diversos cambios parecen haberse efectuado antes del
año 500.
He aquí, en resumen, los dos alfabetos-tipo de que
se ha tratado:
Alfabeto jonio: A B r e
AE Z H I KA M N E
O TI P! T T 41 X 'l' O.
Alfabeto calcídico: A B r A E F Z H (= h) e
I K L M N O TI o1 P ~ T T X(= x) 41 'l' •(-. j). .

1 Este tipo domina en el Asia Menor, en Megara, en


Corinto, en Argos.
2 Domina en el Peloponeso (excepto Argos y Corinto ) y
r: en las colonias griegas de I talia y. de Sicilia.
22 JAMES GOW
El antiguo alfabeto ático, usado en Atenas antes del ~¡
año 403, difiere en algunos pormenores del alfa-
beto jonio. En vez de S, '11, se escribía en Atenas
Xl:, c)l:, y no se usaba la digamma F. H mar-
caba la aspiración áspera; E servía también para sig-
nificar e, Et \ TJ, lo mismo que O, a o, ov 2 , w.
El alfabeto jonio se introdujo poco a poco en
At.enas. En un fragmento del Teseo de Eurípides,
que Ateneo nos ha conservado, la letra H se con-
sidera como vocal y no como aspiración. En las ins-
cripciones áticas del siglo v se deja sentir también
el influjo del alfabeto jonio. Finalmente, el año 403,
en el arcontado de Euclides, el alfabeto jonio fué
oficialmente introducido en Atenas, y desde enton-
ces sirvió exclusivamente para escribir los documen-
tos públicos.

5. TRANSCRIPCIÓN DE LOS TEXTOS LITERARIOS.


Como los poemas de Homero y de Píndaro, para sólo
mencionar éstos, fueron escritos en un principio en
alfabetos que diferían del alfabeto jónico, se concibe
que al transcribirlos en la nueva forma hubieran de
producirse numerosas alteraciones. Así, F (digamma)
desapareció de los poemas homéricos, y este hecho,
dando lugar a numerosos hiatos, llevó a los editores
antiguos a modificar frecuentemente el texto, para
acabar con las incorrecciones aparentes que ya no
podían explicar.
Supongamos, por ejemplo, un verso (Ilíada. IX, 73)
que termina con las palabras: noÁÉotv ~E 1 aváooet~.
Al desaparecer la digamma, queda en el alfabeto

1 Cuando proviene del alargamiento de la E, como en


¡;[vcu (escrito ENAI; compárese con la·nv).
2 Cuando ou resulta del alargamiento de o, como en
~ouA.'ñ (escrito BOAH; compárese con el latín volo y la
forma homérica tlóA.nad. í
LO S T EX T O S e L Á S1eO S 23
jonio xoUow f>€ aváoou~. Pero entonces hay hiato,
y f>É debería eJidirse ante avá<JOEt~. ¿Qué hicieron
los editores de Homero en la época alejandrina? Adop-
taron una de las dos correcciones, JtOAÉEOOt f>' avCÍ<JOEl~
y :tOAÉOlV YUQ avcíaaEl~, que son evidentemente alte-
raciones del texto inspiradas por el deseo de hacer
desaparecer el hiato.

6. EscRITuRA CURSIVA. Durante mucho tiempo,


las letras griegas escritas, llamadas uncia/es 1, se ase-
mejaron a las mayúsculas o capitales de los textos la-
pidarios, con la diferencia de que las primeras afec-
taban a veces formas redondeadas: e por l:, €
por E, w por Q. La costumbre de escribir con rapidez,
en la práctica diaria, originó la escritura llamada cur-
siva, cuyos caracteres son análogos a nuestras minús-
culas. A partir del siglo IX a. de J. C., ya no se
usaron las letras unciales sino raras veces en los ma-
nuscritos, y la escritura cursiva en minúsculas vino a
ser la regla.
Los manuscritos en unciales presentan ya algunas
ligaduras; es decir, grupos de letras trazadas de un
solo rasgo de pluma, con ciertas abreviaturas con·
vencionales. Esas ligaduras son muy frecuentes en los
manuscritos en letra cursiva, y hasta fueron repro-
ducidas por los primeros impresores de textos grie-
gos. El estudio de esas uniones, que variaron con las
épocas y los sistemas caligráficos, permite determinar
muchas veces la fecha y la procedencia de un ma-
nuscrito.

1 Uncia/es litter«. Estas palabras sólo se encuentran en


un texto de San J erónimo, en que designaban simplemente
letras grandes (uncia). Se ha pensado que unciales era una
corrupción del texto, por iniciales, pero ha prevalecido aque·
,... lla designación.
JAMES GOW
7. AcENTOS, PUNTUACIÓN. El espíritu áspero se
indicaba con el signo E (mitad de la letra H ) ; la
costumbre parece originaria de la Magna Grecia, de
las ciudades de Heraclea y Tarento. Los gramáticos
de Alejandria se posesionaron de ese signo y del
opuesto, 'i, y de ahí el esplritu áspero y el espiritu
suave de nuestros textos.
La anotación de los acentos se atribuye a Aristófa-
nes de Bizancio, famoso gramático de Alejandria, que
vivía por el año 260 a. de J. C., y que pensaba facili-
tar con ellos la lectura de Homero. El acento grave
señalaba el sonido medio; el agudo el más alto, y el
circunflejo un sonido alternativamente más alto y
más grave. En un principio, cada sílaba llevaba su
acento: E>MbwQÓ~ ; pero pronto satisfizo la anotación
de uno en cada palabra, haciendo caso omiso de los
sonidos medios.
A Aristófanes de Bizancio se atribuye también la
invención de los puntos ( on Y!laí), pero se encuen-
tran ya signos de separación de las palabras en las
inscripciones griegas más antiguas.
Los manuscritos anteriores al siglo vn indican raras
veces los espf.ritus y los acentos. En general, los ante-
riores a esa fecha están escritos en caracteres unciales
continuos, sin que las palabras se hallen separadas
unas de otras, excepto donde termina un párrafo.
Todos los procedimientos que hoy se usan para fa-
cilitar la lectura permanecieron casi ignorados de los
antiguos.

8. SIGNOS DE NUMERACION. El USO de las letras


del alfabeto como signos de numeración, de 1 a 24,
se encuentra a veces, a partir del siglo IV ; los gramá-
ticos de Alejandria adoptaron este sistema cuando di-
yidieron la Ilíada y la Odisea en veinticuatro cantos.
Por el año 250 a. de J. C. se encuentran, primero -¡
LOS T EXT OS e L A S 1e O S 25
en las monedas de Alejandría y de Tiro, luego en do-
cumentos de todas clases, los signos numéricos to-
mados del alfabeto griego, tal como se consignan hoy
en las gramáticas y los diccionarios. Hay que notar
que el alfabeto que sirve para la numeración tiene
los signos F ( = 6) y Q ( = 90), que faltaban en
el alfabeto jonio, al mismo tiempo que las letras
jónicas X, '1', Q; es probable, por tanto, que ten-
gamos la obra de un sabio de Alejandría a quien era
familiar la historia de los antiguos alfabetos griegos.
Se añadió un nuevo signo, ;:>¡¡ (sampí = 900) al final
de la serie. Es, probablemente, como el nombre in-
dica, combinación de una l: (e) y de una rr.
En las inscripciones, en particular en las del Mrica
y el Peloponeso, se encuentran signos de numeración
.diferentes. Las cifras 1 a 4 se indican por líneas ver-
ticales, 1, n, m, mi; r (abreviatura de nÉvn:} signi-
fica 5; A (por bÉx.a) = 10; H (hExa•óv) = 100;
X ( xí1LOL} = =
1.000; M ( ,.I:ÚQLOL) 10.000. Para
significar 50 (diez veces cinco) se usa el s.igno P ,
para 500 el signo P (cien veces cinco) . Como en
nuestra numeración decimal, las cifras más altas se
colocan a la izquierda. Así MXXF'HHHF44111 re-
presenta el número 12873. Los historiadores y los
oradores de la época clásica se han servido de estos
signos, que los copistas han alterado, probablemente,
más de una vez, al transcribirlos, en el sistema más
reciente.
26 JAMES GOW

II. ALFABETO LATINO

9. ÜRIGEN DEL ALFABETO LATINO. Las inscripciones


más antiguas de los distintos pueblos de Italia contie-
nen varios alfabetos diferentes, aun cuando bastante
semejantes unos a otros, pareciendo derivarse todos
del alfabeto griego del tipo calcídico, el cual se exten-
dió por Italia merced al influjo de Cumas, antigua co-
lonia de Calcis, fundada por el año 800 a. de J. C.
He aquí las formas del alfabeto calcídico, tal como
se encuentran en las inscripciones griegas de Italia:

ABCDEF l:H fBIK" ~NOPQR~TVX<D'f

con los valores respectivos de


a ~ y ~ E F ~ h {h X A~ V O 1t q Q O 't U ; qJ X.
Si se exceptúa ~ ( ~) y las aspiradas, este alfabe-
to corresponde exactamente a lo que debió ser en un
principio el alfabeto latino. La séptima letra, ::1: , se
conservó probablemente en un principio para desig-
nar el sonido s entre vocales, pero cayó en desuso
cuando, por el fenómeno llamado rotacismo, el so-
nidos se cambió por r (por ejemplo: amase, que vino
a ser amare; arbosis, arboris, etc.) . En la época del
censor Apio Claudia Ckco (312 a. de J. C.) susti-
tuyóla una nueva letra, la G, que se había hecho ne-
cesaria porque la e había tomado el sonido de k.
La letra k, que de esta suerte resultaba inútil, subsis-
tió, sin embargo, durante varios siglos como inicial
de ciertos nombres propios, KALENDAE, KAESO,
etc., y la e conservó su valor primitivo de g en las
abreviaturas C., Cn., por Gaius, Gn eus. Las letras Y
y Z se añadieron al alfabeto romano después del
año lOO a. de J. C., época en que las palabras griegas
llegaron a ser de uso frecuente en la lengua latina, "i
LO S TE X T O S C L Á S 1 C O S 27
pero jamás se usaron en otras palabras que en las de
origen helénico.
Hay que recordar que el alfabeto latino no dis-
tinguía la i vocal de la i consonante (j), ni la u vocal
de la u consonante ( v) .

10. SIGNos DE NUMERACIÓN. Las aspiradas calcí-


dicas e' <D; '1', por no tener aplicación en la len-
gua latina, parecen haber sido utilizadas como signos
numéricos. El signo X es de origen incierto, quizá
etrusco; V= 5 es probablemente la mítad de X = 1O.
Se supone que el signo '1' vino a ser ~ y últimamen-
te L = 50, que CD designó la centena y e el millar.
Estos dos últimos signos fueron sustituídos por C y
M , letras iniciales de centum y de mille ; pero O ,
mitad del signo <D , quedó como equivalente de 500,
y los múltiplos de 1.000 recibieron las formas ~,
-$, etc.

11. MAvúscuLAs v MINÚSCULAS. Se hicieron va-


rias tentativas en diferentes épocas, principalmente
por el emperador Claudio, para añadir otras letras al
alfabeto romano, pero no dieron resultado alguno, y
la serie de las letras mayúsculas no ha variado en
conjunto desde el año 300 a. de J. C. hasta nuestros
días 1 •
La historia de la escritura corriente entre los roma-
nos es análoga a la que tiene entre los griegos. Había
dos maneras de escribir en letras mayúsculas : unas
veces, los caracteres, trazados con esmero, estaban se-
parados claramente unos de otros; otras estaban uni-
dos por ligaduras, y sus formas primitivas más o menos

1 Hemos mencionado ya la introducción de Jos signos


Y, Z, y las innovaciones modernas J, V, que, por otra parte,
no se admiten en la mayor parte de las ediciones eruditas.
28 JAMES GOW
alteradas. Esta última escritura es la que · se llama
mayúscula o capital cursiva.
La escritura capital cuidada (no cursiva) se subdi-
vide a su vez en dos tipos: la cuadrada y la rústica,
que difieren una de otra por la mayor o menor regu·
laridad en la forma de l~ letras. Tipo posterior' de
escritura· reposada, aunque también muy antiguo, es
el de la escritura uncial, en que ciertos caracteres se
prolongan por la parte superior e inferior de las Jí.
neas, y algunas letras (A, D, E, H, M, U) presentan,
por lo regular, formas redondeadas.
Esas variedades de la escritura capital siguieron
usándose durante mucho tiempo por los copistas de
libros; pero en el uso corriente se usaba una escri-
tura cursiva, cuyas muestras más antiguas conocidas
son las tablillas enceradas descubiertas en Pompeya
y las inscripciones o graffiti escritos al paso en las
paredes de aquella ciudád y en las catacumbas ro-
manas. Esta escritura cursiva, al desenvolverse, acabó
por originar un sistema de minúscula cursiva, que fué
madre de distintas variedades en los principales paí-
ses de Occidente; así se distinguió la cursiva lom-
barda en Italia, la merovingia en Francia, la visigoda
en España, etc.
Mientras que la cursiva romana se desarrollaba de
esta suerte, formábase otro género de escritura, mez.
da de formas unciales y cursivas trazadas con esmero,
que se usó muy pronto también por los copistas de
libros, y puede ser llamada semi-uncial romana. Ma-
nuscritos en semi-unciales fueron introducidos en Ir-
landa, y vinieron a ser el modelo de la escritura
llamada irlandesa, más tarde de la escritura anglo-
sajona.
En el siglo IX, en ocasión del pasajero renacimiento
que .distinguió la época de Carlomagno, las escrituras
LOS TEXTOS CLÁSICOS 29
nacionales tendieron a desaparecer 1 ante otro tipo,
la minúscula carolina; ésta, a su vez, no tardó en
dar lugar a variedades en los países de ·civilización
romana. Los impresores alemanes del siglo xv, al
adoptar los caracteres llamados góticos, y los impre-
sores italianos, con sus letras itálicas, no han hecho
más que reproducir las degeneraciones de la escritura
minúscula carolina, que dominaba en su época en
Alemania y en Italia. El estudio de los tan variados
estilos de la escritura, de su extensión geográfica y
cronológica, constituye el objeto de la ciencia llamada
Paleografía.
Las abreviaturas son bastante escasas en .los ma-
nuscritos latinos escritos en capitales, y las que se en-
cuentran no dan lugar a dificultades. Afectan, general-
mente, a la última sílaba de las palabras; así, se escri-
be Q. por que; B. por -bus, V por -um, Otras veces se
colocan en medio de las palabras: ANVS =
annus,
QNM = quoniam. En la escritura minúscula, las
abreviaturas son mucho más abundantes y dan lugar
con frecuencia a serias dificultades, porque la misma
forma se usa para designar varias sílabas diferentes;
así se ve e~a = enim, ~l =
nisi, ps = posset. Por
otra parte, se abrevian mucho en ocasiones palabras
bastante largas: ·ro = ratio, ca = causa, sp =
super. Antes de leer con facilidad un manuscrito en
minúsculas, hay que haberse familiarizado, mediante
larga práctica, con los USOlJ de los escribas.
Los manuscritos latinos más antiguos no están pun-
tuados, sino que solamente en ocasiones se dividen
más o menos regularmente en párrafos. Más tarde
se usaron puntos de distintas formas para señalar
las pausas, a la manera de la puntuación moderna,

_1 La escritura visigoda no de~aparece hasta el siglo xu;


la lombarda hasta el XIII.
CUADRO DE LOS PRINCIPALES ALFABETOS USA-
DOS EN LAS ANTIGUAS INSCRIPCIONES
2 a lJ s & 1
A¡ Al' A A?A AA AA A A
A AA f'FI
B&B ~ B B 8 B
i\.NTIGUAS FORMAS
SEMfTICAS '") 9
2
.,., 1 t-rr /'/\ N(í <( e
'4, .t:::.. ,é!>!::;.b,. D~ I>D~ D CJD
ALFABETO JONIO
(Asia Menor.) 39 1/EE [~ 1~E ~·~ 3E
3
·y y F [( J F ~ ~
ALFABETO JONIO
':I. .:I I I l! H G
(Atenas, antes de l:ll:lH 8 H BH 8H 8 (9 H
Euclides, 403 .@ 06:10 ED0 ®ee
a. de J. C.) o ·~·o fEDED 0
4 "''t. 11 1 11 1 I
ALFABJ!.TO CALCÍDICO
· -r 1< >t K
{Eubea y sus co- ~KK ~K ~K
lonias.) 'l t /'1'/\ \-l 1,1'1\ ~~ ~ L
""'\""/ 1".1"\M /""'/""' r 1~ M
5 ~ .MI"\ t' t" ~ N
ALFABETO GRECO- ~ 7 t't'NN I"'NN !"!WN
ETRUSCO

6
(Veyes)
~
~
* o
ll:I
o o oo
+X 01
oo o o
ALFABETO UMBRIO 1 p o p~
" ? 1r n 'lr M
rnn M
7 "'("
ALFABETO LATINO
.' ? ? ?9 9 Q
{tpoca imperial.)

Cuando se indi-
'"4 e¡ P~OP
,p
P'P •f' p p~
f p
[ ¿ 2_c[ S
aR
¿~
;~f
can varias formas de VV· H~
una misma letra, la
.. X
., l. ~~H lT 1- T
primera es general- T ..tT K).T y yVV
mente la más an-
tigua. La X del alfabeto
vrvr
VY VY ·~ X
calcídico (columna ..¡.a., nú- <D&cJl (l)__ill. (!)~
cp
mero 15) debería colocar- X-t'+ X+ -1-''t"t'
se más abajo, entre la T
y la «~>, lo mismo qu e en
't''r't' 'r
la columna 5•; véase pá- n.n. 8
gina 17.
LOS TEXTOS CLÁSICOS 31

III. Los LmRos Y LAS EDICIONES

12. FoRMAS DE LOS LIBRos. Los autores mencionan


libros griegos escritos en planchas delgadas de plomo
y en tiras de cuero 1 . Pero ciertamente eran sólo
excepción. En época anterior a Heródoto, y durante
varios siglos después de él, los libros fueron escritos
principalmente en las membranas del tallo de una
planta ciperácea análoga a los juncos: el papiro 2,
que crecía en Egipto y era objeto de importante trá-
fico.
De Homero y de Platón, durante las primeras edades,
El papiro del Nilo conservaba las obras.
DÉLJLLE

El papiro, preparado para escribir, se llamaba tam-


bién XÚQt'l];, charta, y el libro escrito en papiro sella-
maba ~t6J..(ov, liber.
La manera de hacer los libros parece haber sido
idéntica en Grecia y en el mundo romano. Se hume-
decían y prensaban juntas tiras de papiro, de manera
que formasen hojas ( plagula), de diferente tamaño y
calidad. Se escribía una columna ( oEÁt;, página),
generalmente en líneas trazadas con regla e inscriptas
en un rectángulo determinado de igual manera, gene-
ralmente por un solo lado de la hoja; luego las hojas
se pegaban con cola. En la época de Plinio, se com-
praba generalmente un rollo de hojas pegadas ya.
No es probable que obras tan voluminosas como las
de Tucídides u Homero hayan estado jamás reuni-
das en un solo rollo, que habría tenido 80 metros de
largo; pero poseemos papiros egipcios que tienen cerca

1 At<pitÉQa~ en Jonia (Heródoto, V, 58).


2 BL6lo·;, ná~tuQO~.
32 JAMES GOW
de 45 metros. Los rollos tan grandes .eran difíciles de
manejar, y esto hizo decir a Calímaco, poeta y bi- .
bliotecario alejandrino de por el año 260 a. de J. C.:
¡.t.Éya ~L61..(ov, !J.Éya xaxóv.
Cuando se había colocado en un rollo un número
suficiente de hojas escritas, se fijaba una varilla en la
última, y el volumen entero (volumen) era arrollado
en ella. El rollo tenía el aspecto de un cilindro, cuyas
dos bases ( frontes) se pintaban frecuentemente de
negro. Los puntos de la varilla se llamaban umbilici,
Ó!J.q>al..ol, e iban provistas muchas veces de boliches
( cornua). Un trozo de pergamino llamado (JíJJ.u6o;,
titulus, index, se ataba al rollo y consignaba el título
de la obra. Se mojaba todo en aceite de cedro y se
metía en un estuche de pergamino (membrana), de-
jando asomar solamente el trozo que contenía el
título.
El lector cogía el rollo en la mano derecha e iba
desplegándolo, sin dejar de leer, con la izquierda. La
misma mano le servía para arrollar de nuevo la parte
del libro ya leída; de donde las expresiones nvEHrtEtv,
evolvere, explicare, ad umbilicos pervenire, para sig-
nificar: "leer un libro, leer hasta el fin".
El olor especial y el aspecto de un rollo de papiro,
los indica Marcial en un epigrama que dirige a su
nuevo libro (111, 2):

Cedro nunc licet ambules perunctus


Et frontis gemino decens honore
Pictis luxurieris umbilicis;
Et te purpura delicata velet
Et coceo rubeat superbus index.

Poseemos gran número de papiros descubiertos en


ciudades egipcias y en Herculano. Son papiros grie-
gos de Egipt.o, la m~yor parte de reciente descubri-
miento, que nos han conservado, por entero o en par-
LOS TEXTOS CLÁSICOS 33
te, la , A~l]VIlÍülV rr oJ..mta (República de los Ate-
nienses), de Aristóteles, publicada en 1891 ; las Odas
de Baquílides (1897); los Mimos de Herondas
(1891 ); varios discursos de Hipérides (1847-1889);
fragmentos importantes de Alcman ( 1863}; de Esqui-
lo (1879); de Euripides (1879-1891); de Menandro
( 1906); de Safo ( 1898), etc. En otras hojas de pa-
piro se han descifrado textos ya conocidos, pero por
manuscritos de fecha posterior, de Demóstenes, de
Euripides, de Hesíodo, .de Homero, de Isócrates, de
Platón, de S6focles, de Tucldides, de Jenofonte. Los
papiros de Herculano son menos interesantes que los
de Egipto; les debemos, sin embargo, fragmentos fi-
losóficos de Epicuro y de Filodemo, un pequeño poe-
ma latino de Rabirio sobre la guerra de Actium, etc.
En general, escasean mucho más los textos latinos es-
critos en papiro que los textos griegos.
El pergamino ( pergamena), fabricado con pieles
de carnero, debe su nombre a la ciudad de P~rga­
mo, donde pasa por haber sido utilizado por vez
primera. Plinio refiere, según el testimonio de Varrón,
que los reyes de la dinastía de los Ptolomeos, celosos
de la naciente importancia de la biblioteca de Pér-
gamo, prohibieron la exportación del papiro, lo ~ que
obligó a los escribas de aquella ciudad a adoptar una
nueva: materia. La palabra TCEQYilf.lTJVtí, pergamena,
no se encuentra hasta el siglo m a. de J. C.; el nombre
más antiguo era (hq>3ÉQa, membrana, que sigriifica
simplemente piel.
El pergamino se usaba mucho para apuntar cuen-
tas y las escrituras corrientes; pero casi hasta la época
de Marcial, por el año 90 a. de J. C., no se empezó
a utilizar generalmente para la transcripción de obras
literarias. Los antiguos pronto se percataron de
que el papiro podía fácilmente destruirse, y por
esto, desde el siglo IV a. de J. C., fué progresiva-
mente ,abandonado por el pergamino. í.ste, gracias a

l
34 JAMES GOW
su · consistencia, tenía la ventaja, además, de poder
escribirse por los dos lados. Esta consideración ex-
plica quizá que, en vez de pegar las hojas de perga-
mino como las de papiro, se cosieran a la manera
de nuestros libros modernos, reuniendo hojas distin-

Fig. 2 -Escritorio portá- Fig. 4.- Tin-


til, tablillas y estilo. tero y calamus.

-
Fig. 3. - Caña preparada para es-
cribir.

tas con una costura al margen. El libro así formado


se llamó codex, nombre que había designado en un
principio el libro de forma análoga, compuesto de
tablillas de madera.
Estas tablillas ( aéi.To~. codex, codicillus) sirvieron,
tanto en Grecia como en Roma, para las necesidades
de la vida corriente: se las untaba de cera y encima
se trazaban los caracteres valiéndose de un instru-
mento puntiagudo ( yQaq>(~, stilus). Para escribir en
pergamino o en papiro se usaba tinta y una pluma
de junco o de caña ( xáAafLo~, calamus), de forma
análoga a nuestras plumas de ave. Las hojas se re-
gleteaban con ayuda de un pedazo de plomo pun-
tiagudo. La tinta para escribir en papiro se hacía
principalmente con negro de humo y goma, la de
pergamino con goma y agalla tintórea, que tiene algo
de hierro.
L O S T EXT O S e LÁ SI e O S 35
Cuando la tinta estaba fresca, se podía borrar con
agua y una esponja, que el copista tenía siempre a
mano; cuando estaba seca, era preciso utilizar el
raspador. Como escaseaba en la antigüedad, mucho
más que hoy el papel, la materia prima para escribir,
ocurría frecuentemente que se lavara y raspara un
pergamino escrito, para escribir encima otro texto. Los
pergaminos así tratados se llaman palimpsestos (:rtal..l¡L-
'l'TJCJT:ov, palimpsestum). Por desgracia, como esto se
hizo frecuentemente en los conventos de la Edad Me-
dia, hemos perdido gran cantidad de monumentos
preciosos de la literatura antigua. Con frecuencia, no
obstante, el lavado y el raspado no han sido muy
grandes, de suerte que han permanecido visibles las
huellas de lo escrito primeramente, y ha sido posible
en nuestros días leerlo mejor aun mediante la aplica-
ci6n de reactivos químicos. De esta suerte, se han
descifrado algunos de los textos clásicos que los frai-
les habían raspado para escribir encima obras ecle-
siásticas. Así, en 1816, el sabio alemán Niebuhr des-
cubrió en V erona un manuscrito en que se habían
superpuesto algunos tratados de San Jerónimo a la
Jnstituta de Gayo, célebre obra jurídica romana per-
dida hacía mucho tiempo. Sesenta páginas, es decir,
cerca de la cuarta parte del manuscrito, estaban es-
critas tres veces. De la misma manera, el mejor texto
que poseemos de Plauto ha sido descubierto en Milán
debajo de una copia del Antiguo Testamento, y una
de las mejores copias de parte de la primera década
de Tito Livio se lee en un manuscrito palimpsesto,
que tiene encima los M oTalia de Gregario Magno.
' Conviene añadir que en otros casos se han escrito
textos clásicos encima de otros eclesiásticos; así, la
biblioteca de Florencia posee un manuscrito de Só-
focles, escrito en 1298 encima de una copia en un-
ciales, de la versión griega de la Biblia llamada de
los Setenta.
36 JAMES GOW
Algunos manuscritos de esta época, griegos la ma-
yor parte, están escritos én papel, material inventado
en China e introducido en Europa por los árabes de
España. El papel de hilo se llama charla simple-
mente, y se ha llamado charla bombycina al que se
creía fabricado con algodón 1 .

13. PUBLICACIÓN DE LOs LIBRos. Sabemos por al-


¡unos pasajes de diferentes autores, entre otros por un
verso de Aristófanes 2 , que los libros eran bastante co-
munes en Grecia antes de acabar el ·siglo v. Jenofonte
nos dice también que ciertas personas, en la misma
época, coleccionaban libros con grandes gastos, y que
los libros eran ya objeto de exportación 3• No obstante,
estamos muy poco informados acerca de la venta de
los libros, sobre la manera corno pasaban de manos
del autor a las del librero, y sobre los procedimientos
que el librero-editor utilizaba para multiplicar las
copias. Probable es que en la mayor parte de los
casos los autores permitieran a sus amigos mandar co-
piar sus obras, y que la intervención de los libreros-
editores fuera todavía muy escasa.
En Roma, .desde la época de Cicerón, encontramos
un comercio de libros perfectamente organizado. El
autor vendía su libro a un editor, que unas veces le
pagaba un tanto por cada ejemplar que vendía (lo
cual parece haber ocurrido con Cicerón) ; otras, una
suma por toda la edición (que es lo que parece haber-
se hecho con Marcial) . Conocernos los nombres de
algunos de los editores romanos: Ático, en la época
de Cicerón; los Sosii, en la de Horacio; Trifón, en
tiempo de Quintiliano y de Marcial. Algunas edicio- '
1 Obsenraciones recientes han hecho saber que el supues·
to papel de algodón era de cáñamo o de hilo.
2 lhf3/..íov "'t • fxrov éxa<J""tO'> ¡.Lavtávn 'ta lle!;lá (Ranas, V,
1114}.
3 Jenofonte, Memorables, IV, 2, 1; Anábasis, VII, 5, 14.
LOS TEXTOS CLÁSICOS 37
nes de autores favoritos del público alcanzaban un
millar de ejemplares. Esa multiplicaci6n de las copias
induce a creer que el manuscrito del autor era dic-
tado al mismo tiempo a gran número de amanuenses.
Estos últimos (librarii) eran esclavos, muchas veces
nacidos en el extranjero, y que no conocían bien la
lengua latina, y estaban sujetos, por otra parte, a las
equivocaciones naturales en el que escribe al dictado.
Así, las copias puestas a la venta por los libreros
eran generalmente muy defectuosas. Cicerón, en carta
a su hermano Quinto\ se expresa de esta suerte:
De latinis vero (libris) quo vertam me nescio; ita
mendose et scribuntur et veneunt. Quejas semejantes
se leen en las obras de Estrabón, Marcial, Galiano y
Aulo Gelio. Ocurría que los mismos autores, en obse-
quio a sus amigos, revisaran las copias de sus obras
que los libreros ponían a la venta sin estar suficien-
tement¡; corregidas.
Los libreros (bibliopola) tenían en Roma muchas
tiendas, sobre todo en el barrio llamado Argiletum.
Anunciaban al público las obras que vendían por
medio de un cartel colgado en su puerta o clavado en
las columnas del pórtico bajo el cual estaba la tienda.
El precio de los volúmenes no era muy elevado. Así,
el ·p rimer libro de los Epigramas de Marcia! se ven-
día a cinco dineros (aproximadamente cinco pese-
tas); sus Xenia, solamente a 1 dinero; el desgra-
ciado de que habla Juvenal, que mora en un tabu-
co 2, posee, no obstante, una pequeña colección de
libros buenos. Por lo demás, los que no tenían re-
cursos para proporcionárselos, podían concurrir a las
bibliotecas públicas, establecidas en Roma en número
de veintinueve, entre la época de Augusto y la de
Adriano.

1 Epist. ad Quintum fratrem, 111, 5, 6.


;. 2 Juvenal, Sátiras, 111, 206, 207.
38 JAMES GOW
14. EDICIONES. Los antiguos tenían, como nos-
otros, escuelas en que la enseñanza se fundaba en li-
bros cuya excelencia había reconocido la opinión pú-
blica; en una palabra, en obras que habían llegado a
ser clásicas. El mismo Horado (Epist. I, x, 17) prevé
la época en que sus versos se aprenderán en las cla-
ses, y un pasaje de Juvenal (VII, 226) prueba clara-
mente que las poesías de Horado y de Virgilio se
introdujeron efectivamente muy pronto en la ense-
ñanza. La primera década de Tito Livio era también
libro escolar muy extendido. En Grecia, a más de
Homero, se estudiaron principalmente los trágicos en
las escuelas. Se enseñaron primero siete tragedias de
Esquilo, siete de Sófocles y nueve de Eurípides; pero,
más tarde, se conteniaron con leer obras de cada uno
de esos autores. De ~onde resultó que ciertos libros
se reproducían de continuo, mientras que otros, cu-
yos lectores eran escasos, se copiaban raras veces.
Por esto las obras de muchos autores antiguos se han
perdido por completo, y otras sólo en parte se han
conservado. Poseemos a veces numerosas copias de
una obra que ha llegado a ser clásica ya en la anti-
güedad, mientras que los demás escritos del mismo
autor han desaparecido o no están representados sino
por copias muy escasas. Se conocen los nombres de
cierto número de eruditos griegos y romanos que
publicaron, para uso de las escuelas, ediciones revi-
sadas de los textos clásicos.

15. CoMENTARios. Los cambios sobrevenidos en i


la lengua y las costumbres no tardaron en hacer di- ~

fícil, tanto para los escolares como para los mayores,


la lectura de los autores antiguos. De ahí la nece-
sidad de glosarios, de notas, de paráfrasis, que fueron
·t
obra de los gramáticos o comentaristas (yQa¡.t¡..tattxo¡,
litterati) .
Los poemas de Homero, libros escolares por exce-
j
LOS TEXTOS CLÁSICOS 39
Jencia, fueron Jos primeros en exigir su ayuda. El es-
tudio critico y el comentario de los textos homéricos
ocuparon a los ilustres gramáticos de Alejandría, Ze-
nódoto, Calimaco, Eratóstenes, Arist6fanes de Bizan-
cio, Aristarco de Samotracia (280-180 a. de J. C.).
Otros autores griegos y latinos fueron estudiados de
igual modo más tarde, y pocos hay que no hayan lle-
gado a nosotros con las notas de los antiguos comen-
taristas. Esas notas, llamadas ax6A.ta (escolios) se pu-
blicaron en un principio por separado; así hubo los
Comentarios de Simplicio sobre Aristóteles ; de Asco-
nio sobre los discursos de Cicerón; de Servio sobre
Virgilio; de Porfirio sobre Horacio; de Proclo sobre
Euclides. Pero, en general, las notas de los antiguos
comentaristas están transcriptas al margen de nues-
tros textos, o han sido copiadas por algún escoliasta
anónimo, que ha recopilado los trabajos de sus pre-
decesores y no menciona sino raras veces sus nombres.
Hay que añadir que muchos escolios son de fecha
posterior al manuscrito en que figuran, y que, con fre-
cuencia, son de diferentes manos.
Se llamaba yA.woaa a una palabra insólita o extraña,
y y1o.c.óoor¡¡.ta a la explicación de la misma, de donde
nuestras expresiones glosa y glosario. Las glosas, ge-
neralmente muy concisas, se escribían por cima de la
palabra que explicaban, o bien al lado, en el margen.
Ocurrió, por consiguiente, con bastante frecuencia,
que copistas posteriores confundieran las glosas con
el texto e introdujeran de esta suerte adiciones extra-
ñas que la critica moderna trata de desentrañar.

IV. HISTORIA DE LOS MANUSCRITOS CLÁSICOS

16. DECADENCIA DE LA ERUDICIÓN ROMANA. El


estudio de Homero había comenzado en Grecia en
- una época en que la poesía épica no era ya casi más
40 JAMES GOW
que un glorioso recuerdo. De igual modo, en Roma,
las obras maestras de la literatura latina fueron co-
mentadas sobre todo cuando la literatura estaba
ya en decadencia. A partir del siglo 1 de nuestra
era, Asconio y Probo empezaron a comentar, el uno

Fig. 5. -Biblioteca romana, Jll-


gún stna pintstra cristiana.

a Cicerón, el otro a los poetas de la época de Augus-


to. Más tarde, entre el año .300 y el 500, cuando esca-
sean mucho las obras originales de algún valor, se
encuentran en abundancia gramáticos y comentaristas,
tales como Donato, Servio y Prisciano.
Pero la misma erudición decayó muy pronto en
medio de la honda perturbación en que lanzaron al
Imperio de Occidente las invasiones de los bárbaros.
Desde el año 41 O, época del saqueo de Roma por los
LOS TEXTOS CLÁSICOS 41
visigodos de Alarico, hasta el reinado de Carlomagno
( 768-814), la Europa occidental se vió agitada por
tempestades casi continuas, en que estuvo a punto de
perecer el recuerdo mismo de la literatura latina.
Lo que sobrevivió de aquella literatura debe su
salvación a la Iglesia cristiana, único poder que quedó
en pie de aquel período de trastornos y de ruinas.
San Benito ( 480-543), viendo que la ociosidad era la
llaga de la vida monástica, fundó en el Monte Cas-
sino, cerca de Nápoles, una abadía modelo, en que era
de precepto el trabajo diario. La lectura y la escritura
eran recomendadas a los monjes benedictinos como
preservación de los malos pensamientos, y el trabajo
mecánico de copiar manuscritos era una de las ocu-
paciones corrientes. Esta práctica útil no fué prescrita
por el mismo San Benito; la gloria se atribuye, gene-
ralmente, a Casiodoro, que por el año 540 de J.
C. fundó monasterios en Calabria. Otras abadías,
como las de San Colombán, en Bobbio, cerca de Gé-
nova, y San Gall, en Suiza, adoptaron la milima
regla, pero se aplicó, principalmente, en los conven-
tos benedictinos. Las casas muy numerosas que esta
Orden poseía en la Europa occidental, incluso en la
Gran Bretaña e Irlanda, tenían un scriptorium o
cámara de los copistas, donde los monjes se ocupaban
en reproducir con esmero manuscritos latinos, en una
época en que ya casi no podían comprenderlos. En
aquellos scriptoria se desarrollaron las diversas varie-
dades de cursiva latina que hemos mencionado ante-
riormente (pág. 28) .

17. RENACIMIENTO DE LA ERUDICIÓN LATINA. Car-


lomagno (782-814), que sabía leer pero no escribir,
comprendió la necesidad de crear escuelas; pero hubo
de ir muy lejos para encontrar maestros. La Gran
Bretaña e Irlanda eran en aquella época las comarcas
en que la ciencia se había mantenido mejor en medio
42 JAMES GOW
de la barbarie general; Alcuino de York, por invita-
ción de Carlomagno, vino a ser su "ministro de Ins-
trucción pública". Bajo la dirección de Alcuino creóse
en Tours una escuela semejante a la de York; otras
fundaciones posteriores, en Lyon, Fulda, Corvey,
Reims, eran florecientes en el siglo IX. En ellas se en-
señaba el trivium y el quadrivium, es decir, en el len-
guaje del tiempo, la gramática, la lógica y la retórica,
de una parte; la música, la aritmética, la geometría
y la astronomía, de otra. Todos los estudios se enlaza-
ban íntimamente con la teología; así, la música se re-
ducía al canto de iglesia, y la astronomía al cálculo
de las Pascuas. Alcuino, ya viejo, se declaró contrario
a la lectura de los poetas, siendo esta aversión a la
ciencia profana muy general entonces, aun cuando
Raban, arzobispo de Maguncia (muerto el año 856),
permitió se aprendieran algunas nociones como com-
plemento de la instrucción religiosa.
No podemos exponer, ni siquiera resumir, en estas
líneas la historia de los cinco siglos que van del año
800 al 1300 de J. C., comprendiendo el desarrollo de
las escuelas y de las universidades, la vuelta a Euro-
pa de la ciencia griega por mediación de los árabes
de España y la formación de las literaturas naciona-
les de Occidente. Puede decirse, sin embargo, de una
manera general, que, durante aquel largo período, los
hombres atendieron con preferencia a las ciencias
· prácticamente útiles, como la medicina, el derecho,
la astronomía y las matemáticas, o a las controver-
sias entre los lógicos que servían para afinar las inte-
ligencias. Sólo cuando Dante (1265-1321), Petrarca
( 1304-1374) y Boccaccio ( 1313-1375) hubieron crea-
do una literatura italiana de primer orden, el estilo
literario ofreció de nuevo sumo interés. Los grandes
escritores mismos se dedicaron con pasión a predicar
el estudio de los antiguos maestros del estilo, y empezó-
se, con fervor verdadero, a buscar los clásicos olvida-
LO S T EXT O S e L Á SI eO S 43
dos. Entonces fueron descubiertos los tesoros manus-
critos encerrados en las bibliotecas monásticas y se
estudiaron con entusiasmo. Se encontraron muchísi-
mos en Monte Cassino y en Bobbio, de Italia; en San
Gall y en Einsiedeln, de Suiza; en Fulda y en Magun-
cia, de Alemania; en Glastombury, de Inglaterra ; en
Cluny, de Francia, y en muchos otros monasterios be-
nedictinos. Los sabios italianos, tales como Poggio
Bracciolini ( 1380-1459) y su amigo Niccoló Niccoli,
eran sin cesar enviados en comisión por los papas, y
dedicaban el tiempo a comprar, a mendigar, a tomar
prestados y hasta a robar todos los manuscritos que
podían hallar a mano. Casi todos los clásicos latinos
que poseemos fueron encontrados entre los años 1350
y 1450. Muchos muy antiguos que entonces se cono-
cían se han perdido o han sido destruídos más tarde;
pero se habían hecho tantas copias de ellos, que nin-
guno ha desaparecido por completo, a no ser la Vi-
dularia, de Plauto, y quizá el De Gloria, de Cicerón.

18. RENACIMIENTO DE LA ERUDICIÓN GRIEGA. Des-


de la división del Imperio Romano, el año 364, el
conocimiento del griego había decaído rápidamente
en Occidente. Corto número de sabios, tales como Ro-
gerio Bacon ( 1214-1292) , parecen haber sabido un
tanto dicha lengua; pero Petrarca, que tenía un
Homero y algunos tratados de Platón, era incapaz
de leerlos; y Boccaccio se lamentaba de que los hom-
bres instruídos de su época desconociesen hasta las
letras del alfabeto griego. En el Imperio de Oriente,
que subsistía aún, la literatura griega clásica era co-
nocida todavía y estudiada, y la lengua hablada se
parecía más al griego antiguo que los idiomas roman-
ces al latín. Varios italianos se tomaron el trabajo
de ir a Constantinopla para aprender el griego; en
1396, el bizantino Manuel Crisolaras empezó a en-
señar públicamente esta lengua, primero en Flo-
JAMES GOW
rencia, luego en París, y otras escuelas se establecie-
ron en Venecia, en Padua, en Roma y en otros lu-
gares. Desde entonces se cole.ccionaron en Italia los
manuscritos griegos con tanto ardor como los textos
latinos. El sabio siciliano Juan Aurispa ( 1370-1459)
trajo de Constantinopla, en un solo viaje, 238 ma-
nuscritos griegos, entre ellos el célebre M ediceano
(de la biblioteca de los Médicis), que contiene Esquilo,
Sófocles y Apolonio de Rodas. El cardenal Bessarión
( 1403-1472), griego de nacimiento, reunió mayor nú-
mero todavía y los dió a la biblioteca de San Marcos
de Venecia. Cuando Constantinopla fué tomada por
los turcos ( 1453), muchos sabios griegos se refugia-
ron en Italia, trayendo consigo preciosos manuscritos,
unos antiguos, otros copiados recientemente, que ha-
llaron fácilmente compradores. Aquel renacimiento
de la literatura griega, y el ardoroso interés con que
los italianos del siglo xv asistieron a la exhumación de
los autores clásicos, han sido descriptos de manera
notable por Villemain en su Lascaris, y por Jorge
Eliot en la novela titulada Romola.
La supremacía del Papa y el predominio de los ita-
lianos en el gobierno de la Iglesia daban gran publi-
cidad al movimiento intelectual ·de que Italia era en-
tonces teatro; pronto el Renacimiento hizo sentir sus
efectos en toda la Europa septentrional. La feliz in-
vención de la imprenta, por el año 1450, dió a este
Renacimiento el único medio de propaganda que le
faltaba, y las florecientes casas de los editores Aldo
Manucio (hijo y nieto, 1449-1597), en Venecia, de
Giunta, en Florencia, y otras en Suiza, en Alemania,
en Francia y en Flandes, pusieron muy pronto en ma-
nos de todos los estudiantes textos, comentarios, gra-
máticas y traducciones latinas de obras griegas, debi-
das a los sabios más competentes de Europa. Natu-
ralmente, las universidades más alejadas de Italia
siguieron el movimiento con cierta lentitud; así, el es-
L O S T EX T O S eLASI e O S 45
tudio del griego no se introdujo en Oxford y en Cam-
bridge sino por el año 1490. Entre los franceses esta-
ba implantado, por lo menos, treinta años antes, por-
que, por el de 1455, un italiano helenista, Gregorio
Tifemas, enseñaba gnego en la Universidad de París.
Su sucesor, Jorge Herm6nimo de Esparta, tuvo por
discípulos en París a tres hombres que llegaron a ser
ilustres en la ciencia: Reuchlin, propagador del griego
en Alemania; Budé, que debía desempeñar el mismo
papel en Francia, y el gran sabio holandés Erasmo.
Lo que antecede basta para .explicar algunos he-
chos importantes que los editores deben tener siempre
en cuenta: 19, la mayor parte de nuestros manuscri-
tos, en particular los de los autores griegos, figuran en
las bibliotecas italianas; 29, la inmensa mayoría de
nuestros manuscritos son del siglo xrv y del xv; 39,
muchos son copia de otros más antiguos, que subsisten
todavía o que han desaparecido; 49, muchos de nues-
tros antiguos manuscritos han sido escritos por mon-
jes que no conocían bien la lengua latina ; 59, las
primeras ediciones impresas ( editiones príncipes) de
varios autores tienen gran importancia para la crítica,
porque pueden derivar de manuscritos que han sido
destruídos o han desaparecido.

V. BIBLIOTECAS MODERNAS

l 19. PRINCIPALES COLECCIONES DE MANUSCRITOS.


Los manuscritos descubiertos durante los siglos XIV

• y xv siguieron a veces siendo propiedad de los mo-


nasterios qu·.:: hacía mucho tiempo los poseían; ' con
mayor frecuencia, no obstante, fueron vendidos o sus-
traídos y formaron colecciones privadas, que, a su
vez, se dispersaron en ventas o legados hechos a di-
ferentes universidades y bibliotecas públicas.

1
46 JAMES GOW
Las principales colecciones de manuscritos anti-
guos se hallan hoy en las ciudades siguientes:
19 ITALIA. En Florencia, la Bibliotheca Lauren-
tiana, adscrita a la iglesia de San Lorenzo. Esta
biblioteca, abierta en 1571, comprende principalmen-
te la biblioteca pública de San Marcos, fundada por
Cosme de Médicis ( 1444), y la particular de la
familia Médicis. Se aumentó subsiguientemente con
más de 600 manuscritos latinos procedentes de la
colección de Pedro Leopoldo. Los manuscritos que
posee se conocen con los nombres de Codices Flo-
rentini Laurentiani, Medicei, S. Marci, Leopoldini
Laurentiani.
En Roma, la Bibliotheca Vaticana, fundada por
el Papa Nicolás V (1447-1455) , acrecióse con nu-
merosas colecciones de manuscritos, por ejemplo: en
1600, con el legado de Fulvio Orsini; en 1623, con
el saqueo de la biblioteca palatina de Heidelberg
(3.560 manuscritos); en 1657, con la incorporación
de la biblioteca de Urbino. Los fondos del Vaticano
se llaman Codices V aticani (algunas veces Romani),
con las designaciones especiales de Ursiniani, Pala-
tini, Urbinates, etcétera.
En Milán, la biblioteca Ambrosiana (Codices Me-
diolanenses o Ambro.siani).
En Venecia, la biblioteca anexa a la iglesia de San
Marcos (Codices Veneti o Marciani o Veneti Mar-
ciani).
En Nápoles, la biblioteca Borbón (Borbonica). Los
manuscritos se llaman Codices Neapolitani o Bor-
bonici.
En Turín, la biblioteca de la Universidad (Codices
T aurinense.s).
En Verona, la biblioteca de la catedral (Codices
Veronenses) .
29 FRANCIA. La mayor parte de los manuscritos
importantes están hoy en la Biblioteca Nacional de
LOS TEXTOS CLÁSICOS 47
París, que, después de la revolución de 1789, se ha
aumentado con la expoliación de las bibliotecas mo-
násticas (Codices Sangermanenses, de Saint-Germain-
des-Prés; Codices Coisliniani, manuscritos de Coislin,
obispo de Metz 1, ingresados en 1731 en la biblioteca
de Saint-Getmain-des-Prés; Codices Bliaudifontani,
de Fontainebleau}. Hay hermosos manuscristos en la
biblioteca de la antigua Universidad de Montpellier
( Montepessulani) y en algunas otras ciudades pro-
vincianas. Los manuscritos de la biblioteca de Es-
trasburgo se llaman A.rgentoratenses.
3'1 SuiZA. Hay manuscritos llamados Bemenses,
en Berna; Turicenses, en Zurich; Sangallenses, en
San Gall; Basilienses, en Basilea; Einsidlenses, en Ein-
siedeln.
49 GRAN BRETAÑA. Manuscritos Britannici o Lon-
dinenses, en el Museo Británico, denominados tam-
bién H arleiani, T ownleiani, según los coleccionilltas
que los han legado al establecimiento. Oxford y
Cambridge poseen manuscritos llamados Oxonienses
o Cantabrigienses; los de la biblioteca legada a la
U Diversidad de Oxford por Bodley se denominan
Bodleiani.
5'1 HoLANDA v BÉLGICA. Manuscritos Leidenses,
en Leyden; Bruxellenses, en Bruselas.
6~ ALEMANIA. Manuscritos Palatini, en Heidel-
berg (Palatinado); Berolinenses, en Berlín; Lipsienses,
en Leipzig; Monacenses, en Munich; Guelferbytani,
en Wolfenbüttel.
Los manuscritos de Copenhague se llaman H au-
nienses; los de Viena, Vindobonenses; los de Moscú,
Mosquenses; los de San Petersburgo, Petropolitani.
Hay abundantes manuscritos en España, en particu-
lar en Madrid, e~ Toledo y en el monasterio de El
Escorial.
1 Coislin habia adquirido esos manuscritos del canciller
Séguier (Codices Seguierani).
48 JAMES GOW
En el Oriente griego hay varias ricas bibliotecas
de manuscritos, en particular en el monte Athos y
en la isla de Patmos.
Algunas bibliotecas son célebres por poseer un
solo manuscrito; tal la de Ravena, donde se encuen-
tra el mejor manuscrito de Aristófanes ( Ravennas).

VI. APARATO CRÍTICO

20. APARATO CRÍTICO DE LOS AUTÓRES ANTIGUOS.


El aparato crítico ( apparatus criticus) de un autor
es, propiamente hablando, la colección entera de
los manuscritos que nos han conservado sus obras.
La edici6n crítica de un texto se prepara mediante la
comparación o cotejo de los manuscritos 1 ; siempre
que aparece una duda, el editor debe fundar lo que
opina discutiendo los diversos textos. Por eso ha de
conocer, ante todo, la lista de los manuscritos en que
ha fundado su edición crítica. Esa lista se llama
apparatus criticus.
En las listas de esta clase, los manuscritos se de-
signan generalmente con el nombre de la biblioteca
en que se encuentran, seguido casi siempre de un
número o de una indicación complementaria que
permite hallarlos en el establecimiento de que forman
parte (signatura). Así se dirá: Parisinus 7900 a, Ber-
nensis 363, Laurentianus plutei (pluteus ~ estante)
xXXli, núm. 9. Para facilitar las referencias, el editor
designa generalmente cada manuscrito valiéndose de
una letra del alfabeto. Pero ocurre con demasiada
frecuencia que el aparato crítico de que dispone un
editor no es el mismo que tiene otro; o que dos edi-
1 Hay muchos manuscritos, aun de los mejores autores,
que jamás han sido cotejados. Son, en general, de ~poca
bastante moderna, y examinados rápidamente por los técni·
cos, se han considerado sin ningún valor para la critica.
LOS TEXTOS CLÁSICOS 49
tores, sirviéndose de los mismos manuscritos, los orde-
nan de manera diferente o les asignan letras distin-
tas. Así, un editor puede seguir el orden alfabético,
en tanto otro adopte la letra inicial del nombre con
que se conoce el manuscrito, por ejemplo: A para un
Ambrosianus (de Milán), V para un V enetus, P. para
un Parisinus. En este último caso, es muchas veces
dificilísimo seguir una discusi6n crítica, porque los
manuscritos pueden haber pertenecido sucesivamente
a distintas bibliotecas públicas o privadas y haber
recibido, consiguientemente, varias designaciones.
Las indicaciones siguientes, tomadas de los prólo-
gos de ediciones críticas, darán idea sumaria del
aparato crítico de que se dispone respecto a los
principales autores clásicos. Bueno es añadir que la
antigüedad y la importancia de los manuscritos son
puntos en que no están de acuerdo muchas veces los
fll6logos más expertos.

21. PoETAS GRIEGOS.


19 HoMERO. Hay muchos manuscritos ( 200 apro-
ximadamente) que contienen a la vez la llíada y la
Odisea, o uno solamente de estos poemas. La mayor
parte van acompañados de escolios de muy distinto
valor, interesantes en ocasiones, las más de las veces
pueriles y hasta ridículos. En conjunto, nuestros ma-
nuscritos representan un texto fijado antiguamente
o vulgar, que los eruditos de Alejandría sometieron a
una crítica más o menos acertada. Las observaciones
hechas con este motivo, hacia el año 189 a. de J. C.,
por Aristarco de Samotracia (véase anteriormente,
pág. 39) nos las han conservado Jos escoliastas pos-
teriores. Los manuscritos de Homero no son muy
antiguos, pero sí, en general, bastante exactos. La
prueba es que poseemos numerosos fragmentos de la
llíada escritos en papiro que se remontan al siglo I
a. de J. C., un manuscrito incompleto con figuras,
50 JAMES GOW
que data del siglo VI de nuestra era ( Ambrosianus)
y un palimpsesto del siglo VI o vn (existente en el
Museo Británico, texto siriaco) ; ahora bien, esas anti-
quísimas copias no difieren en ningún punto impor-
tante de nuestros manuscritos posteriores, únicos que
contienen el texto completo de los poemas homéricos.
Pocos manuscritos de Homero han sido cotejados con
detenimiento.
El mejor de los de la llíada es el V enetus A, mag-
nífica copia del siglo x ; el texto acusa en alto grado
el influjo de la crítica de Aristarco. Hay también
dos Laurentiani del siglo XI, y un T ownleianus (del
Museo Británico) del siglo XIII.
Respecto a la Odisea, los manuscritos son aún más
modernos que los de la· Ilíada, pero su exactitud no
es menos satisfactoria. Los mejores parecen ser un
Venetus del siglo XII, un. Townleianus del xrn y un
Ambrosianus del XIV. Los demás son generalmente
del siglo XIV y del xv.
2. ESQUILO. Hay pocos manuscritos, y todos, se-
gún el sabio alemán W. Dindorf, derivan del Lauren-
tianus o M ediceus, que contiene siete obras de Es-
quilo, siete de Sófocles y los Argonautas de Apolonio
de Rodas (véase anteriormente pág. 44) . Este ma-
nuscrito del siglo lX ha sufrido mucho, sobre todo
en el texto del Agamen6n y de las Coéforas. Va
acompañado de numerosos escolios, obra de varias
manos y copia de antiguos comentaristas. La parte
del Agamenón (versos 295-1.026), que se perdió en
el M ediceus, nos ha sido conservada en algunas co-
pias hechas de él en el siglo XIV, antes de que fuera
mutilado.
3. SóFOCLES. El mismo Laurentianus que contie-
ne a Esquilo empieza con las siete obras que se con-
servan de Sófocles, acompañadas de introducciones
y de escolios. El filólogo holandés Cobet ha soste-
nido que todos los manuscritos que poseemos de Só-
LOS TEXTOS CLÁSICOS 51
focles derivan del Laurentianus; por lo menos, es
verdad que es mucho mejor que todos ellos. Muy
pocos tienen las siete obras; puede citarse entre estos
últimos un Parisinus del siglo xm y un V etletus del
siglo XIV. Las copias de las tres tragedias, A yax, Elec-
tra y E di po Rey son mucho más comunes; pero, a
excepción de un V aticanus, que se cree ser del si-
glo XII, datan todas del XIV O del XV.
4. EUIÚPmEs. Hay gran número de manuscritos
de este autor, pero todos son de época bastante avan-
zada, y medianos. Ninguno contiene el total de las
obras que se conservan; en la mayor parte figuran
solamente H écuba, O restes y las Fenicias, tragedias
que se leían comúnmente en las escuelas bizantinas de
la decadencia. El Teatro escogido de Eurípides, que
era usual en las escuelas bizantinas de época ante-
rior, comprendía Hécuba, Orestes, las Fenicias, Medea,
Hip6lito, Alcestes, Andr6maca, Las Troyanas y R eso.
Esta colección nos ha llegado en dos ediciones; una
representada por un grupo de los manuscritos más
antiguos: V aticanus, H auniensis, Parisinus, dos M q.r-
ciani V ene ti, todas del siglo XII y del xm ; la otra, de-
bida a un mal gramático del siglo xm, está represen-
tada por manuscritos de este siglo y del XIV. El texto
de las otras diez obras se basa en la autoridad de
dos manuscritos solamente : el Palatinus del Vaticano
y el Florentinus 2 (plut. XXXII, núm. 2) 1, uno y
otro del siglo XJV. Estos dos manuscritos derivan de
un arquetipo que contenía las diecinueve obras, pero
tres de ellas, He lena, Hércules furioso y Electra, se
leen solamente en el Florentinus. Un palimpsesto con-
servado en París contiene una parte de Faet6n, escri-
ta en el siglo v o en el VI, y tapada con un pasaje de
la primera Epístola a los Corintios.
5. ARJsTÓFANES. Las principales fuentes para la
reconstitución del texto son el manuscrito de Ra-
1 Véase anteriormente, pág. 48.

1
52 JAMES GOW
vena, que data del siglo XI y contiene las once co-
medias que han llegado hasta nosotros, y el V ene tus
M arcianus, aproximadamente de la misma época, en
que faltan los Acarnienses, las T esmoforias, la Asam-
blea de las mujeres y Lisístrata. Estos manuscritos
derivan, a lo que se cree, de un mismo arquetipo;
pero el Venetus es muy inferior al Ravennas, en lo que
respecta al texto de Los Caballeros, en tanto es muy
preferible para Las Avispas. Los demás manuscritos
contienen diferentes obras, pero en la mayor parte
se encuentran solamente el Pluto, Las Nubes y Las
Ranas.
6. TEÓCRITO. Los manuscritos de Teócrito son
muy numerosos; hay varios en la Biblioteca Lauren-
ciana de Florencia, en el Vaticano y en París. Están
generalmente reunidos en un mismo volumen con
otros poetas; por ejemplo, Bión, Mosco o Píndaro.
Los más antiguos no son anteriores al siglo xm, y
todos son defectuosos. El más estudiado figura en la
Biblioteca Laurenciana, plut. xxxn, núm. 37; data del
siglo XIII o del XIV. El sabio alemán Fritzsche prefie-
re un Ambrosianus K en lo que se refiere a los 17
primeros idilios; un Ambrosíanus C y un Parisinus M
para el resto.

22. PRosiSTAS GRIEGOs.


l. HERÓDOTO. El sabio alemán Stein ha hecho
la lista de 46 manuscritos que contienen el total o
una parte de la historia de Heródoto. Cinco de ellos
superan a todos los demás por la antigüedad y la
exactitud del texto; pertenecen a dos grupos: el pri-
mero, representado por el Florentinus o M ediceus de
la Biblioteca Laurenciana, hermoso manuscrito del si-
glo x, por un Romanus del siglo XI y por otro Floren-
tinus de igual época. El otro grupo está representado
por un Parisinus de admirable ejecución, que corres-
ponde al siglo xm, y por otro Romanus del XIV, en
LOS T EX T O S e L AS 1e O S 53
que falta el libro V. El primer grupo pasa por ser el
mejor, porque, aun cuando estropeado en parte el
texto, no tiene sino escasas huellas de correcciones
debidas a revisión, mientras que los del segundo han
sido evidentemente muy corregidos y aumentados por
los gramáticos. El primer libro del Romanus, escrito
en el siglo XIV, ha sido notablemente alterado, sin
duda para acomodarle al uso de los escolares bizan-
tinos.
2. TuCÍDIDES. Se conocen por lo menos 50 ma-
nuscritos de Tucídides, y se han cotejado, en parte
siquiera, más de 40, lo que constituye una proporción
muy grande. Los editores están poco de acuerdo
acerca del valor relativo de esos textos. El manuscri-
to más antiguo es ciertamente el Laurentianus del si-
glo x, que Bekker estima grandemente, pero al cual
atribuye mucho menos valor otro editor alemán, Pop·
po, y el editor inglés Arnold. El Casellanus (de Cas-
sel), escrito en 1252, el Augustanus (en otro tiempo
en Augsburgo, hoy en Munich) y el Cantabrigiensis
(de Cambridge) se cuentan generalmente hoy entre
los manuscritos mejores, pero difieren las opiniones
acerca de la importancia del PaLztinus de Heidelberg
(siglo XI), de un Vaticanus, de algunos manuscritos
Parisini y de un ltalus, hoy perdido, que Bekker cotejó
en 1812 en Paris, donde estaba a consecuencia de las
conquistas de la Revolución. Probable es que, a ex-
cepción de los manuscritos antes citados, ninguno
sea anterior al siglo XIV.
3. jENOFONTE. Respecto a la Ciropedia, el editor
alemán Sauppe menciona 39 manuscritos; el mejor
sería el Parisinus 1635, escrito en 1447; pero hay al-
gunos más antiguos, en particular un Guelferbyta-
nus que se hace remontar hasta el siglo XI. El Altor-
finus· (hoy en Erlangen) representa un grupo distinto.
De la Anábasis se conocen 30 manuscritos, pero está
mal determinado su valor respectivo. El mejor sería el
54 JAMES GOW
Parisinus (núm. 1.640), escrito en 1320; se estima
también otro P arisinus (núm. 1.641), escrito con pos~
terioridad a 1453, un Vaticanus (núm. 987), y un
manuscrito de la biblioteca del Colegio de Eton en
Inglaterra.
Para las Helénicas, se conocen 21 manuscritos; los
mejores son el Parisinus (núm. 1.738), del siglo XIV,
y otro del mismo fondo (núm. 1.642), del xv. Los
manuscritos de las demás obras de Jenofonte están
escritos la mayor parte en papel, y son de época más
reciente; se encuentran principalmente en la Biblia~
teca Nacional de París.
4. LisiAs. Todos los manuscritos de Lisias que
poseemos parecen remontarse a un Palatinus (Hei-
delberg) escrito en el siglo XII.
5. PLATÓN. Respecto a la mitad de las obras de
Platón, el mejor manuscrito es el magnífico Codex
Clarkianus, traído de la isla de Patmos en 1801 por
Daniel Clark y conservado hoy en la Biblioteca Bod~
leiana de Oxford. Ha sido escrito en 896, y con-
tiene 24 diálogos, sin la República. La otra mitad de
las obras de Platón, incluso la República, está mejor
representada por el Parisinus A, del siglo XI. Los
demás manuscritos de este autor son muy inferiores
a los mencionados.
6. DEMÓSTENES. Los manuscritos de Demóstenes
no son abundantes, pero varios se remontan al siglo
XI, y la mayor parte contienen casi enteras, si no todas,
las obras que se conservan del gran orador. Los edi~
tores las dividen en tres grupos, cuyos principales re-
presentantes son: 19 Un excelente Parisinus del siglo
x o del XI, cuya denominación es S o l. 29 Un Mar-
cianus Venetus, denominado F, y otro Parisinus, co~
nocido por y, uno y otro del siglo XI. 39 Un Mo-
nacensis A, del siglo XI igualmente, en el que se
observan simplificaciones graciosas, hechas en los pa-
sajes difíciles por los gramáticos. Los editores no están
LOS TEXTOS CLÁSICOS 55

,. .. i:.... & .. ,. .. , ~ • .L.A.t.-~.


Jii11EI.......lliiiU OUt'"""' ra¡t»\'Ots" mel.fu"l'WVi w.J.L(~

"TiUllnl.p~"'roa"- ou~ WJ-ro~oi


~.nto~~((~va>cni.l..n
1'~ ..,, '..J .. - ~t.':. ....
ou \A{\~ ClftD'i \CJ'111J't"U)\• ~UJJ <U

.mcrfomñt• ?(llk~y,up 6u -.
~,L{"{Qlp ~q;trp\"aa.t u..ou¡.4á
f'ocr"TIUu~¡.tp."UlTl~~
~utrpÓf:LCUtT ~Ó¡u>p C(O.Up~
.. ,.~_ t'~.-1: .. ,~~f.-. ..A
0\S"t"UWl.-rllu"'tO~ 0\flOO't ~0}1 CD

üf~~~· o~~Oífcu
O~j-ll~~~ ~~PO\'~\'
~\}'cU"'llrol~trtí lWp~~t>q~k
~ . ~~~«..
, ~.,:
h.Ouop .... .Al.' /
,-.uuFUr-wunOCb06 ~.
·..,r
¡\o~[{l)l!~ ~~o~p~
'
~~ -cD'fOtru r-"" '1
~ .. !...:t~ .. '-~­
..,'1 p. OUu.a.JWQ
Pig. 6.- Facsímil del manuscrito de Dem6stenes, llama-
do S o }; 1. (Bibliottca Nacional, París.)

l. Este manuscrito, que perteneció anteriormente a En-


rique IV, está. escrito sobre vitela, en minúsculas del
siglo x. He aqui la transcripción del pasaje reproducido,
que pertenece a la oración contra Timócrates: Toíi ¡¡.ev
ó.y li>vo~, di dv~Qe·; ~txaa•at, >OÜ naQÓV"tO~ oM • áv au1:ov
o{¡¡.al Ttj.L<»CQÓ."tl'l'Y EWtErv w·~ ahLó~ ~anv dUo·~ n~ au•/il
nH¡v aü.o; ut.¡p· XQlJj.LÓ."tOOV '\'UQ oux of..tyrov U3tOCJ"trQÜ<11XL
tlouA.Ój.LEvo; 1:l¡v nóf..tv, naQa 1tÓ.v1:a; -.:ou; vó¡¡.ov.; vó~o~-ov
w
da{¡veyxEv olí-;' énvníllnov olín: 1\Lxcuov, dviiQE; lltxo:aTui,
56 JAMES GOW
enteramente de acuerdo acerca del valor de ~; pien-
san unos que reproduce el texto auténtico; otros, que
contiene una revisión debida a algún sabio gramá-
tico de la antigüedad.
7. LuciANO. Ningún manuscrito contiene las obras
completas de este autor. El mejor, designado por la
letra B, está en Viena; escrito por el año 912, sólo
contiene 30 pequeños tratados. Hay varios manuscri-
tos en el Vaticano, uno de los cuales, el núm. 90, es
del siglo XI, y contiene la obra completa, excepto nue-
ve pequeños tratados. Los demás manuscritos son de
fecha muy posterior; A (Gorlicensis) es del siglo XIV,
C (Parisinus), del XIn.

23. PoETAS LATINos.


1. PLAUTO. Uno de los manuscritos latinos más
antiguos que se conocen es el palimpsesto de Plauto,
conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, que
se denomina A. Fué escrito en el siglo IV o en el
v, y comprende cierto número de hojas sueltas en las
que un monje de Bobbio escribió una parte de la
Vulgata en el siglo VII u vm. Este manuscrito no
tiene la Aulularia, pero sí la mitad aproximadamente
del Trinummus, y parte de los M enechmos. No fué
descubierto hasta 1815. Otros cinco manuscritos, Vetus
(B en Roma), Decurtatus (es decir "abreviado", C,
en Heidelberg), VaticanU¡S' (D), Ambrosianus (E) y
Britannicus (J, en el Museo Británico), son todos del
siglo XI o del XII y proceden de una misma "edición"
de Plauto, que se debe a algún amigo gramático.
Contienen de 8 a 20 comedias. Otros manuscritos, que
corresponden al siglo xv, son la mayor parte copias
del denominado D.

il¡; ,;a tJ.EV á.i-..A.a l'íoa AvjLo.vehat xal xeiQov fxetv 'ta xol'Va
not'Í¡ou, ~ÚQw¡; st ytvljonctt, 'tCÍXct l)i¡ xaff ·Éxcto'tov dxoúov-
n¡; ejLOU jLctfhíoeoite, l!v 1)' OjLÉytO'tO'V fxro ?tctt 1tQOXUQÓ'tC1'tO'V
nQo¡; ÚjLÜ¡; etneiv oÜ?t dno('tQÉ'i!OtLctt, x.T.A.)
LOS TEXTOS CLASICOS 57
2. TERENCIO. Los manusGritos de Terencio son
muy numerosos; el más antiguo es el Bembinus, que
perteneció al famoso cardenal Bembo ( 1470-1547),
y se encuentra hoy en el Vaticano. Escrito en el siglo
v, está mutilado al principio, faltándole los versos 1
a 785 de la Adriana. Una edición antigua de Te-
rencio, debida a un gramático romano llamado Ca-
lliopius, es el origen de todos los restantes manuscritos.
3. CATULO. Los manuscritos de este autor con-
tienen generalmente algunas otras poesías, como las
de Tibulo, Persio y Ovidio. Son todos de época re-
ciente. Los críticos piensan que, excepto en lo que
se refiere a un poema, el 62, todos nuestros textos
de Catulo derivan de un manuscrito único, que, ha-
llado en Verona a principios del siglo XIV, ha des-
aparecido por completo más tarde. Los tres princi-
pales representantes de aquel original perdido son el
manuscrito de Persio llamado Germanensis ( G) , co-
piado de él en 1375, el de Oxford (O) y uno reciente-
• mente señalado en el Vaticano (R). Se cree que el
V eronenris puede haberse escrito por el año 900. El
poema 62 figura en un manuscrito de París (Thua-
neus, de la biblioteca de J. A. de Thou), que contiene
una antología latina y ha sido escrito por el año 900.
4. LUCRECIO. Los dos manuscritos más importan-
tes están en Leyden, y se designan con las letras A
y B. El primero es un infolio del siglo IX; el segundo,
del x, en 49 • Hay también dos fragmentos antiguos,
que proceden, según Lachmann, de un mismo ma-
nuscrito : uno en Copenhague y otro en Viena. Los
manuscritos de Leyden pertenecieron en otro tiempo
al gran sabio holandés Isaac Vossius ( 1618-1688).
Hay muchos más: el editor inglés Munro menciona
ocho en Florencia, seis en el Vaticano, siete en Ingla-
terra. Pero todos derivan de un manuscrito único que
el sabio italiano Poggio adquirió por el año 1414 en
alguna localidad de Alemania o de Suiza, y que ha
58 JAMES GOW
desaparecido más tarde. El manuscrito perdido debe
haber sido muy semejante al A de Leyden. El célebre
erudito alemán Lachmann ha probado que todos nues-
tros manuscritos, sin excepción, derivan de un ori-
ginal peidido, escrito en capitales alargadas, como el
Mediceus de Virgilio, en que las palabras no estaban
separadas, sino que se marcaban puntos al final de
las frases y dentro del verso. Este original perdido,
cuyos c~acteres han podido reconstituirse de manera
tan ingeniosa, estaba escrito a raz6n de 26 líneas por
página; es cierto que estaba desgarrado y mutilado en
muchos sitios.
5. VIRGILIO. Los manuscritos de Virgilio son muy
comunes y se han cotejado 150 por lo menos; algunos
de ellos figuran entre los más antiguos que se co-
nocen. Los mejores son el V aticanus 3.867 (siglo
xv o v); el Palatinus, que también figura en el Va-
ticano y es de la misma época, y el Mediceus o
Laurentianus, que lleva, a continuación de las liglo-
gas, la subscriptio de Apronianus Asterius, cónsul el •
año 494, que había hecho una edición de nuestro
poeta. Todos esos manuscritos tienen letra capital.
Hay también fragmentos importantes de fecha toda-
vía más antigua. Se les conoce con el nombre de
S chedce V aticance (serie de hojas con figuras) ;
Schedce rescriptce (palimpsestos) Sangallenses, y Sche-
dce rescriptce Veronenses. Después de estos documen-
tos, el mejor es el manuscrito Gudianus (de W olfen-
büttel), bonísima copia ejecutada en el siglo IX.
Auxilio inestimable para la reconstitución del texto
de Virgilio, tal como lo leían los· romano!i de los
primeros siglos, nos prestan las notas de los antiguos
comentaristas, el más importante de los cuales es
Servio, que vivía por el año 400 de J. C.
6. HoRACIO. Los manuscritos de Horado son muy
numerosos; hay varios en Inglaterra que ha utilizado
el sabio Bentley para su famosa edición horaciana,
LOS TEXTOS C L A S 1C O S 59
varios en Suiza, ~studiados por Orelli, muchos otros
en Francia y en Alemania, consultados por los edi-
tores alemanes Keller y Holder. Ninguno de ellos
parece ser más antiguo del siglo IX; pero hay varios
que se remontan a este siglo y al siguiente. El más
viejo es el Bernensis ( B), escrito en Irlanda, e in-
completo. El texto de varios de ellos se basa en una
• edición de Horacio hecha por Vettius Agorius Mavor-
tius, que fué cónsul en Roma el año 527. Otro ma-
nuscrito muy antiguo, y que contenía notables ense-
ñanzas, era un Blandinius (V, V etustissimus), que fué
visto y cotejado en parte por Cruquius en Blanken-
bergh, cerca de Gante, pero que, con otros manuscritos,
pereció en un incendio en 1566. El texto del Blan-
dinius está hoy representado principalmente por el
Gothanus (G), escrito en 1456.
7. ÜVIDIO. Los Fastos de Ovidio nos han sido
conservados en numerosos manuscritos, el más anti-
guo de los cuales, A. Petavianus (así denominado por
haber sido su dueño G. Petau por el año 1600), pasa
por corresponder al siglo vm. El manuscrito B, del
siglo IX, se llama Arundelianus; e, del IX o del x,
se llama Vossianus, y en 1697 estaba en Windsor. El
editor alemán Merkel ( 1841), buscó en vano esos
tres ejemplares, que conoció solamente por los cotejos
de N. Heinsius ( 1620-1681). D y E, en Munich, y S,
en Gottinga, pertenecen al siglo xn. El mejor manus-
crito de las Heroidas es el Puteanus, escrito en el
siglo IX o en el x, y que figura hoy en París; se le
considera como uno de los mejores manuscritos clási-
cos conocidos. Respecto a los Tristes y a las Meta-
morfosis, como respecto a los Fastos y a la Farsalia
de Lucano, la base de la crítica moderna es la
enorme colección de variantes formada por Heinsius,
que consultó ejemplares de gran número de biblio-
tecas. El más antiguo de los Tristes y de las Meta-
morfosis es el mismo Arundelianus que contiene los
60 JAMES GOW
Fastos. El mejor manuscrito que hoy se conoce es un
M arcianus, de Florencia, escrito a fines del siglo XI.
8. JuvENAL. El mejor manuscrito de Juvenal se
denomina Pithceanus, del nombre de un jurisconsulto
francés, Pedro Pithou, que lo poseía en el siglo xvi.
Está actualmente en Montpellier, y se remonta al
siglo IX. En 1899, M. Winstedt publicó 40 versos
inéditos de la Sátira V l, descubiertos por él en un
..
manuscrito lombardo del siglo XI, conservado en Ox-
ford y olvidado hasta entonces por los editores.

24. PRosiSTAS LATINOS.


l. CICERÓN. Las obras de Cicerón son tan nume-
rosas, y están dispersas por Europa en tantos manus-
critos, que es imposible resumir aquí lo que les con-
cierne. El manuscrito de las Cartas fué descubierto
por Petrarca hacia el año 1345. La única autoridad
respecto a las Cartas ad familiares es un manuscri-
to del siglo XI, de la biblioteca Mediceana de Floren-
cia. El manuscrito de las Cartas a Atico, que des-
cubrió Petrarca, está hoy perdido, pero la copia que
hizo el poeta italiano subsiste en la biblioteca Medi-
ceana. Es hoy nuestra principal fuente de informa-
ciones; pero ha habido en la época del Renacimiento
otros manuscritos de dichas cartas, que cotejaron Dio-
nisio Lambin y Gratander. Sólo la biblioteca de Flo-
rencia tiene 188 manuscritos de obras de Cicerón: 1
del siglo x, 3 del XI, 13 del xn, 9 del XIn, 29 del
XIV, 132 del xv y 1 del XVI. La antigua colección la-
tina (reunida antes de 1789) de la Biblioteca Na-
cional de París contiene 6 manuscritos de obras de
Cicerón que se remontan al siglo IX, 8 del x o del XI,
12 del xn, 26 del XIn, 35 del XIV, 138 del xv y 6 del
XVI. Puede juzgarse por estas cifras de la gran difi-
cultad que ofrecería un estudio completo de los ma-
nuscritos de las obras de Cicerón.
2. CÉsAR. Hay dos grupos de manuscritos del
LOS TEXTOS CLÁSICOS 61
Bellum Gallicum, a y ~; los del primero tienen todos
algunos huecos (por ejemplo, VIII, 52-54) que no
existen en los del segundo. El grupo a está represen-
tado sobre todo por A, manuscrito del siglo IX o
del x conservado en Amsterdam ; el Parisinus B, del
siglo IX y el Vaticanus R, del x. El grupo ~ está re-
presentado por el Parisinus T, del siglo XI, y el
V aticanus V, del Xli. El Bellum Civile no figura solo
en ningún manuscrito, sino que va unido al Bellum
Gallicum en algunos del grupo ~.
3. SALUSTIO. Hay bastantes manuscritos, figuran-
do en París los de más importancia. Los mis antiguos
son tres: Parisini, P y P', del siglo IX, y P" del siglo
XI. Estas copias y otras de fecha más reciente se
distinguen por ofrecer un gran vacío (]ugurtha, CIII,
2 a CXII, 3) . Este hueco, producto de la pérdida de
unas cuantas hojas del manuscrito arquetipo, se ha
llenado en los manuscritos del segundo grupo, copia-
dos más tarde, con ayuda de las páginas que faltaban
y que se encontraron a la sazón. Hay varios ejempla-
res de este grupo en Munich (m, m', m') y en
París (p, p'). Los de él y los del anterior · tienen un
hueco en el Jugurtha (XLIV, 5), porque las pala-
bras neque muniebantur ea nos son conocidas sola-
mente por copias de fecha muy posterior, como un
Leidensis y un Guelferbytanus, que son del siglo xv.
Dos manuscritos del siglo IX al x, uno del Vaticano y
otro de Berna, contienen colecciones de discursos y
cartas de Salustio, que reunió algún gramático.
4. TITo Llvlo. La primera década, tal como ha
llegado a nosotros, deriva esencialmente de las edi-
ciones que hicieron los dos Nicómacos, que eran ma-
gistrados en Roma el año 431, y cierto Victoriano,
que vivía en época un poco anterior. Varios manus-
critos, en otro tiempo consultados por los eruditos,
han desaparecido. Los más célebres de los que sub-
sisten son un M ediceus y un PariSinus, el uno del si-
62 JAMES GOW
glo XI y el otro del x. Fragmentos de los libros III
y VI se conservan en un viejo palimpsesto de Verona.
La segunda década se ha perdido. La tercera (con al-
gunos huecos) está representada principalmente por
un excelente manuscrito del siglo vn, existente en
París, llamado Puteanus (del nombre de Claudio Du-
puy, que lo poseía en el siglo XVI), y por un Mediceus
del siglo XI; antiguos editores se han servido de un
S pirensis, hoy día perdido. La cuarta década se ha
publicado según un ejemplar de Maguncia (M agun-
tinus), hoy día perdido, y un manuscrito de Bamberg
(siglo XI) • La quinta década se conserva, en parte, en
un manuscrito de Viena del siglo VI.
5. TÁciTO. Ha sido peor tratado por el tiempo
que ninguno de los grandes escritores clásicos. Res-
pecto a los seis primeros libros de los Anales, no
existe más que una sola fuente, el Codex Mediceus o
Laurentianus, descubierto en Westfalia a principios
del siglo XVI y ofrecido a León X (Juan de Médicis),
a cuya muerte ingresó en la biblioteca Mediceana.
Este manuscrito se escribió en el siglo IX. Los libros
VII-X de los Anales, V-XIV de las Historias, se han
perdido. Las demás partes que nos restan de dichas
obras tampoco se conocen más que por un manus-
crito único, Mediceus JI, que no parece anterior al
siglo XI. Respecto a la Germanía y al Diálogo de los
oradores, nuestros mejores manuscritos son un Leiden-
sisA (llamado también Perizonianus, del nombre del
erudito que lo poseía) y un Vaticanus B; uno y otro
son copia de un ejemplar anterior, hoy desaparecido,
que pasó a Italia en 1460. El Agrícola subsiste en dos
copias (r y a, una y otra en el Vaticano) hechas
según otro manuscrito perdido que fué llevado a Italia
por el año 1490. Muy recientemente ( 1897) se ha
descubierto un tercer manuscrito en la Biblioteca Ca-
pitular de Toledo.
LOS TEXTOS CLÁSICOS 63

VII. CRÍTICA DE LOS TEXTOS

25. ERRORES DE LOS MANUSCRITOS. De una ma-


nera general puede admitirse que c6dice es un libro
escrito en pergamino (generalmente en vitela) por
ambas caras, con márgenes que contienen notas con
frecuencia, a veces de diferente mano y posteriores
al texto mismo. Algunos manuscritos son del siglo v
al x, buen número del x al XII, la mayor parte del XIII
al xv. Los más antiguos están escritos en capitales o
en unciales, sin puntos ni separación de las palabras
y con algunas ligaduras; los de época más reciente
están escritos en minúsculas y con puntuación; pero
hay numerosas variedades de escritura, según la época
y la localidad en que el manuscrito fué copiado.
Cierto es que todas las obras clásicas se escribieron
primitivamente en capitales, y puede admitirse que
todos nuestros manuscritos, sea la que quiera la letra,
derivan en último término de arquetipos escritos en
unciales. Naturalmente, nuestros manuscritos de au-
tores clásicos son varios siglos posteriores a los autores
mismos, y jamás sabemos cuántas copias han sido eje-
cutadas entre el manuscrito original de un escritor y
el que nos ha conservado su obra. Estamos seguros,
sin embargo, de que en vida misma del autor han
circulado malas copias de sus escritos y que los errores
st: han multiplicado de tal suerte, con el tiempo, que
ha sido necesario acudir a los gramáticos de la anti-
güedad para revisar y publicar muchos textos.
No hay manuscrito que no contenga muchos erro·
res evidentes, versos cojos, palabras o frases que no
tienen sentido. Esos errores pueden muchas veces
corregirse comparando un manuscrito con otro; pero
ocurre también, con excesiva frecuencia, que ninguno
dé exactamente un pasaje, o también que contengan
64 JAMES GOW
versos bien medidos o frases inteligibles, pero que las
palabras no sean las mismas en unos y en otros. En
todas estas circunstancias, cuando los manuscritos se
contradicen o cuando concuerdan en reproducir un
error evidente, el saber del editor crítico debe interve-
nir. Al editor toca restablecer el texto de manera que
se aproxime todo lo posible a lo que el autor debió
escribir, sea decidiéndose por el testimonio de un
ejemplar, con exclusión de los otros, sea corrigiendo
los manuscritos por conjetura. Obrando así, el editor
se inspira, o está obligado a inspirarse, en ciertas re-
glas que vamos a resumir brevemente. Es preciso re-
cordar, por otra parte, que dadas las fechas y la
calidad de nuestros manuscritos, hay todavía cente-
nares de pasajes en que los editores tienen que re-
nunciar a descubrir el texto original con alguna
certeza. Todo lo que pueden hacer entonces es ofre-
cer conjeturas que, en general, son más o menos
plausibles, según el grado de verosimilitud de los
errores que suponen en los manuscritos.

26. ERRORES VOLUNTARIOS O FRAUDES. En gene-


ral, nuestros manuscritos griegos son menos falsos que
los latinos, porque los copistas bizantinos conocían me-
jor el griego antiguo que los monjes de la Edad Me-
dia el latín clásico. Por lo demás, no hay que exage-
rar el alcance de esta observación, porque, de otro
lado, los autores griegos clásicos, siendo más anti-
guos que los latinos, han podido sufrir en su texto va-
riaciones aún más considerables en el transcurso de los
siglos, variaciones que los gramáticos bizantinos ha-
brán agravado tratando de hacerles inteligibles. Esta
observación se aplica particularmente a los trágicos
griegos.
Los errores de un manuscrito pueden ser intencio-
nados o accidentales. Los primeros se deben a la
mala fe o a la poca ciencia de un copista que quiere
LOS TEXTOS CLÁSICOS 65
hacer pasar por legítimo lo que sabe no ha escrito el
autor, o que trata de dar un sentido cualquiera a un
pasaje alterado que no comprende. Así, en el canto II
de la Ilíada, los versos 553-555 y 558 pasan por
haber sido adicionados en la antigüedad para atribuir
a los atenienses la parte más principal en la guerra
de Troya. Pero es probable que escaseen en nuestros
manuscritos las alteraciones de este género. Nada
hubiera sido más fácil, en efecto, que añadir a la IV
Égloga de Virgilio unas cuantas líneas que aludieran
directamente al Mesías; ahora bien, ninguno de
nuestros manuscritos tiene huellas de una tentativa
de adición de esta clase.
Las correcciones intencionadas son particularmen-
te numerosas en el Nuevo Testamento, allí donde los
textos ofrecen divergencias de palabras en el mismo
relato. Así, en Mateo, XIX, 17, la versión exacta ·d f.!E
E(.>OlT~~ 3tE(.>LTOV áya-ao;:;; El~ iio·dv ó ayaaó~. ha sido
corregida como sigue en algunos manuscritos: tÍ f!E
J..iyw; ayaaóv; o\Jf)~Í~ aya-ao~ Ei f.!~ El~, de confor-
midad con el texto de Marcos, x, 18. De igual modo,
en Virgilio (Églogas, v, 37) algunos manuscritos di-
cen dominantur avente, por imitación de un verso de
las Ge6rgicas que termina así (1, 154) . Las más veces,
las correciones son de un pormenor gramatical (el
subjuntivo por el indicativo, el plural por el singu-
lar, etc.). Son entonces reflejo de las opiniones de
los gramáticos antiguos que estudiaban y comentaban
los textos. Otras veces, un copista poco experto, que
había leído mal un verso o le había visto alterado
en el original, modificaba el resto de la frase para
adaptar la sintaxis a su equivocación.

27. ERRoREs INEVITABLES 1 • Estos errores se ex-


plican por el mal estado (desgarraduras, manchas, et-

1 Es decir, que no se deben a descuido del copista.


66 JAMES GOW
cétera) del original que el copista tenía delante. Así,
el manuscrito de Esquilo de Wolfenbüttel (Guelferbi-
tanus), que fué copiado en el siglo xv del Lauren-
tianus, tiene las mismas faltas que éste. Todos los ma-
nuscritos de Comelio Nepote tienen el mismo hueco
en la biografía de Lisandro. A veces se han colocado
fuera de su sitio folios que se habían desencuadernado.
Así, el manuscrito B de Lucrecio, de Leyden, con-
tiene al final cuatro pasajes sueltos que en un prin-
cipio correspondían a los folios 16, 29, 39 y 115 del
arquetipo. El manuscrito A, de Leyden, ha sido co-
piado del mismo antes de que los folios estuvieran mal
colocados. En otras partes, el comienzo o el final de
cierto número de líneas han desaparecido en el ori-
ginal y faltan en las copias subsiguientes, a menos que
el copista no haya tratado de llenar el hueco por
conjetura. Posible es que la notable divergencia de
versiones de Horacio, Sátiras, 1, VI, 118, en que
todos los manuscritos, a excepción de dos, dicen ra-
biosi tempora signi, mientras que esos dos dicen cam-
pum lusumque trigonem, se deba a una mutilación
del arquetipo. Ocurre muchas veces que un copista, al
percatarse que ha saltado una línea, la añade al
final de la página o al margen, en cuanto se da
cuenta del olvido; entonces, los copistas posteriores, al
reproducir la copia del primero, transcriben las líneas
en mal orden. Ejemplo de una confusión de este gé-
nero aparece en Horacio (Epist., 1, xv, 38, al final),
en que las líneas 43 y 44 (o una de ellas), omitidas
en algunos manuscritos, se insertan después del verso
38 en varias copias y después del 39 en otras.

28. Los ERRORES ACCIDENTALES son mucho más


numerosos. No hay estudiante que no caiga en ellos;
son las equivocaciones naturales del que copia o es-
cribe al dictado. La mayor parte pueden colocarse en
los siguientes grupos :
LOS TE X T O S CLASICOS 67
19 SONIDos EQUIVOCADos. No es seguro que nues-
tros manuscritos ofrezcan errores debidos a la inad-
vertencia de copistas que escribieran al dictado, por-
que ningún testimonio prueba que se dictase a los
copistas el texto que habían de reproducir. Pero el
que copia no tiene siempre la vista fija en el original:
lee un trozo y se lo dicta a sí mismo, por así decirlo.
Si desconoce la ortografía, cometer;i faltas en este
sentido aun copiando; si se distrae, olvidará una pa-
labra o la escribirá cambiada. Es lo que ha ocurrido
a los copistas de la Edad Media. De donde, en nues-
tros manuscritos, muchas faltas debidas a la pronun-
ciaci6n vulgar, por ejemplo en griego, la confusi6n
de f], EL, L, de aL y de E, de ot y de v, de w y de o,
de ~ y de v en los diptongos 1; en latín, la confusi6n
de d!, {1!, b y v, de ci y de ti. Un manuscrito del Va-
ticano que contiene la primera Epístola a los Tesaloni-
censes dice (1, 3), 1.H\ua#.brro~ en vez de &lhaAd:rrtw~;
en las Actas (xxVII, 39) se encuentran las dos versiones
E~mcral •9 n:Aoi:ov y Excrii}crm '!O n:Aoiov. Los errores de
este género son abundantísimos, pero pocas veces son
graves, y se corrigen fácilmente.
2q LETRAS EQUIVOCADAS. En la escritura de letras
capitales, las letras A, 11, A, M y AA, C ( = l:), 8 y O
II y TI son muy semejantes y se confunden fácil-
mente. En los caracteres minúsculos latinos, las con-
fusiones se producen entre las letras y grupos de le-
tras, m, iu, ni, in, ut, lu o iec, lec, tec, etc. Las abrevia-
turas y las ligaduras son también origen frecuente de
errores. Ya los ha habido en la antigüedad. Así, Ate-
neo (p. 500 c.) dice que Dercílidas, a causa de su
malicia, era llamado CKTcf>OC (copa), error evi-
dente porCICTcf>OC(Sisifo). En Horado (Odas, 1,

1 Estas confusiones se deben a la pronunciación de los


griegos bizantinos que, como los actuales, decían m ilon
(!liíA.ov), politía (:toA.rrda), ánthropi («'ívitQO:tod , etc.
68 .JAMES GOW
IV, 8), algunos .manuscritos dicen VISIT officinas,
otros VRIT. En las Odas (11, VI, 19) muchos ma-
nuscritos dicen nimium en vez de minim u m; en los
Épodos (11, 1, 198), dicen unas veces nimio y otras
mimo.
39 CONFUSIONES DE PALABRAS SEMEJAN'!ES. Se
lee frecuentemente U1tÓVTWV por Wc<ÍV'tWV, <pÓVOU por
q¡66ou, fulmina _por flumina, urguere por arguere,
etc. Los errores de este género son sobre todo fre-
cuentes cuando concuerdan en el sentido de la frase
dos palabras análogas, pero una de ellas -la que
equivocadamente se ha hecho desaparecer del texto--
se usa menos. Así, en Horado (Odas, 1, xxvn, 13),
los manuscritos consignan unas veces voluntas, otras
voluptas; en las Odas (1, xv, 21) se lee excidium o
exitium; en la misma colección (111, XXIV, 4), mare
Apulicum, m. publicum, m. Punicum, m. Ponticum.
Fácil es explicar estos errores si se admite como vero-
símil; pero no como seguro, que se dictaban los
textos.
4 9 ·pALABRAS MAL DIVIDIDAS. Este error debía ser
especialmente frecuente cuando un copista escribía
con arreglo a un manuscrito en capitales o en un-
ciales en que no estaban separadas las palabras o las
frases. Los mismos antiguos estaban familiarizados con
esta causa de error; se cuenta un viejo chiste griego
que se refiere a uno que tenía dos hijos, León y Pan-
taleón, y que escribió en su testamento : txÉ'tW 'fa EtJa
ITANTAAEQN.¿ Quería que sus bienes fueran a pa-
rar a su hijo Pantaleóri, o bien a su otro hijo, León
('ta ÉtJa rrávra Aéwv)? Un ilustre latinista danés, Mad-
vig, ha hecho una bonita corrección admitiendo una
separación ficticia. En el texto de las Cartas de Sé-
neca (LXXXIX, 4) halló estas palabras: Philosophia
unde dicta sit, apparet; ipso enim nomine fatetur.
Quidam et sapientiam ita quidam finierunt, ut di-
cerent, etc. Es evidente que la segunda frase es ininte-
LOS T EXT O S e L Á S 1e O S 69
ligible a partir de quidam, a causa de repetirse esta
palabra. Madvig propone se diga: ipso enim nomine
fatetur QUID AMET. Sapientiam ita quidam finie-
runt, etc. La corrección es de toda evidencia y honra
mucho al que la propone. El error se complica a veces
por la omisión de una sílaba o una letra : así el ma-
nuscrito M ediceus de Tácito dice : qui e turbis en vez
de quieti urbis (Anales, XIV, 22).
541 TRASPOSICIÓN DE LETRAS Y DE PALABRAS. Es
también error frecuente y que da lugar a veces a ver-
daderos contrasentidos. Así, en Virgilio ( Geórgicas, n,
356) el mejor manuscrito terminaba el verso con las
palabras submoveret ipsa (verso cojo), porque ha de
decir sub vomere et ipsa. Algunas trasposiciones pa-
recen debidas a pedantería de los gramáticos antiguos,
empezaba con un trozo de exámetro: Facturusne
que aspiraban a corregir el estilo de los autores. Sa-
bemos por Quintiliano que la obra de Tito Livio
operce pretium sim. Ahora bien, los gramáticos re-
comendaban que no se introdujeran versos en la
prosa. Por esto sin duda todos nuestros manuscritos de
la primera década de Tito Livio dicen: facturusne
sim operce pretium.
69 ADICIONES U OMISIONES DE LETRAS O DE SÍLABAS.
Tales errores son a veces muy graves, porque los
copistas posteriores, al tropezar con una palabra inin-
teligible, la sustituyen con otra que no es del texto.
Una de las omisiones más frecuentes, llamada haplo-
grafía, consiste en escribir una sola vez lo que debe
escribirse dos, por ejemplo, dicit por didicit, Publius
por Publilius. El error inverso, llamado ditografía,
consiste en escribir dos veces lo que debe escribirse
una; así el escoliasta de una oda de Horacio ( I, XXVII,
19) escribe laboraborabas. El manuscrito Puteanus,
de Tito Livio (XXVII, XI, 11) ofrece una curiosa
tritografía: dedissent et jus liberum eosdem dedissent
70 JAMES GOW
et jus liberum eosdem dedissent et jus liberum eosdem
dedisse.
Hay también lo que puede llamarse error por anti·
cipaci6n 1 : por ejemplo, en Demóstenes (Fals. Leg.
20), el mejor manuscrito, el de la Biblioteca Nacional
(l), dice: 'AQLa-ro<pii)v xal. ó 'AQta-rólll]~to¡;, en vez
de K-rl]O'LqxOv xal. ó 'AQw-rÓIIlJ~tOt;.
79 OMISIONES DE MIEMBROS DE FRASES O DF. FRASES
ENTERAS. El copista, al mirar el original que copia·
ha, podía saltar palabras; esto ocurría con especial
frecuencia cuando dos palabras parecidas se encon·
traban bastante cerca una de otra en el original. En
los manuscritos de las O das de Horacio no es raro
que se omitan líneas enteras.
89 INTERCALACIONES. Se explican principalmente,
según ya hemos observado, por la introducción de
glosas marginales en el texto. Los antiguos recono·
cieron ya esta causa de error. Así el verso de la llíada
(VIII, 528): oü¡; 'KfíQEt; IJlOQÉouat 'K, -r. J... lo rechazaba
Zenódoto como una glosa de la palabra que precede,
XlJQEOOLIJlOQtl'l:Ollt;. Ejemplo muy notable de intercala·
ción de glosa se lee en un manuscrito de la segunda
Epístola a los Corintios (VIII, 4, 5), en las palabras:
<'>€ ~aa-ltat f]¡.tiit; h ltoAIAoit; T<i>v aV'tLyp(Íipoov o'Íh'oot;
Et(ll]l'UL xat ou "Ka-ltwt; ¡i¡l..lttaaf!EV, Las palabras f-v ltOA-
J.oi<; ••• EÍQl]taL, = "se dice así en muchas copias",
son naturalmente una glosa marginal. Muchas veces
también la glosa, introduciéndose en el texto, elimina
la palabra que explica; así en Esquilo (Persas, 958),
en vez del texto exacto: tQttov lli: -rov viív 'KOLQavoiívt'
EltÓ'\JOf!aL, varios manuscritos dicen 1:\JQavvoiívt' en vez
de xmeavouvt' lo que estropea el verso.
99 CONFUSIONES PRODUCIDAS POR NOMBRES PRO·
PIOS Y NOMBRES EXTRANJEROS. En Horado (Odas,

1 Un ejemplo de error por reminiscencia puede verse al


final del § 31 bis.
LOS TEXTOS CLÁSICOS 71
f, XVIII, 2), el nombre C atili se escribe en diferentes
manuscritos Cathili, Cathilli, Catthilli, Catilli, Cha~
tilli; en las O das ( III, XVI, 41) , Alyattei se escribe
malamente H alyathii, Aliathi, aliait thici, H alialyti,
etc. De la misma manera (Odas, I, XXVI, 5) un ma~
nuscrito dice Mithridatem por Tiridatem, nombre
menos conocido. En Cicerón ( ad Attic., I, 1, 5), las
palabras griegas 1]/..Lo'U avCÍ-&'t']~a, se escriben eliu
onaohma. No sorprenderá, pues, que el pasaje en
lengua púnica que figura en El Cartaginés de Plauto
(acto V) esté tan mal copiado en los manuscritos
que resulta ininteligible.

29. CÓMO SE PREPARA UNA EDICIÓN. El crítico


que se propone editar el texto de un autor antiguo
se supone que está habituado a leer los manuscritos,
que conoce las diversas letras, las épocas a que corres~
ponden, las ligaduras que los manuscritos contienen,
las letras semejantes que en ellos aparecen; final~
mente, las especies de errores a que cada variedad de
letra da lugar naturalm~nte . Una vez adquiridos es~
tos conocimientos preliminares, pasa al examen de
los manuscritos que tiene a su disposición y trata de
clasificarlos, para saber de antemano a cuál debe
dar la preferencia en el caso de que no concuerden
unos con otros.
El manuscrito más antiguo es con frecuencia tain~
bién el mejor, si bien la regla no es absoluta, porque
un manuscrito posterior puede ser copia de otro más
antiguo que se haya perdido. La ortografía de los
escritos tiene en este caso singular importancia. Sabe~
mos por las inscripciones lapidarias c6mo escribían
los griegos y los latinos en los diferentes siglos, y si
un manuscrito conserva la ortografía usual de la ép~
ca del autor, será natural deducir que forma parte de
una serie de buenas copias. Por ejemplo, el Lauren-
72 JAMES GOW
tianus de Esquilo y de Sófocles 1 contiene las forma~
{}v'6o;<ro, <Jcp~ro, ~tiv,y otras legítimas que aparecen en
las inscripciones áticas del siglo v. a. de J. C. Los ma-
nuscritos de Lucrecio que hay en Leyden están escri-
tos con la ortografía de la época de Roma republica-
na. Pero manuscritos antiguos y de buena ortografía
pueden estar mutilados, y puede también ocurrir
que un copista, muy cuidadoso de la ortografía, haya
atendido menos al sentido de lo que escribiera. Así
esos manuscritos, aun cuando sean en general exce-
lentes auxiliares para reconstituir el texto verdadero,
no son netesariamente la base mejor. Hay que tener
en cuenta del mismo modo las copias menos antiguas.
Supongamos que un editor tenga a la vista los seis
manuscritos siguientes:
A, del siglo IX, con escolios.
B, del siglo xu.
C, del siglo X.
D, del siglo x.
··• E, del siglo xr.
F, del siglo xm.
Al examinar A, nota que hay algunos pasajes que
no tienen sentido, y también que faltan algunos fo-
lios. Al examinar B, ve que los pasajes arrancados en
A faltan ~Q B. Deducirá que B es copia de A, y pres-
cindirá de B por inútiL El estudio de C le muestra
que contiene los pasajes que faltan en A, aun cuando
su ortografía sea más defectuosa. Nota también que
C contiene, a más de los errores suyos, algunos eviden-
tes que s~ ,observan también en A. Examinando más
atentamen,tF los errores de C, ve que fácilmente se ex-
plican .por¡ algunas particularidades de la escritura de
A, y examinando los pasajes en que A y C son uno y
otro inexactos, llega a la conclusión de que el copista
de C ha tratado de corregir los errores de A. Esto le
prueba que C fué copiado de A antes de ser mutilado
• ' • t.
1 Véas~· pág. 50.
LOS T EX T O S e L A S 1e O S 73
este manuscrito, y ya no se referirá en adelante a C,
excepto en los pasajes que falten en A.
El editor nota luego que en ocasiones el texto de
D es bueno allí donde A no lo era, y, recíprocamente ;
que A y D contienen a veces los mismos errores, y
que otras veces son éstos diferentes en los mismos
pasajes de ambos manuscritos. Examinando estos erro-
res, concibe la idea de que pueden provenir todos de
cierta variedad de escritura en uso en el siglo vn, y
de ello deduce que A (completado por C) y D deri-
van de un arquetipo perdido del siglo VII y represen-
tan un texto de aquella época.
E, aun cuando lleno de faltas, se ve que contiene el
texto exacto allí donde A y D presentan errores. F,
aun cuando malo y de época más moderna, presenta
algunos trozos enteramente distintos, que mejoran con
frecuencia de modo notable el texto en pasajes en que
A y D están de acuerdo. A algunos de esos trozos de
F se hace alusión manifiesta en los escolios de A, es-
critos en el siglo x. Luego F representa una edición
distinta del texto, que se remonta por lo menos al
siglo x. Continuando en el cotejo de A, D y F, podrá
quizá precisar más estas conclusiones, pero lo que
precede basta para dar idea de los estudios prelimi-
nares con cuya ayuda se determina la genealogía de
los manuscritos y su valor relativo.

30. CONJETURAS. Después del examen minucioso


de los manuscritos, restan pasajes que reconocida-
mente están mal copiados, unas veces porque su sen-
tido no es claro, otras porque los versos están mal
medidos, otras también porque el texto no concuerda
con lo que sabemos acerca de la gramática y el estilo
de un autor. El editor puede seguir entonces dos
caminos: dejar el texto como le encuentra, aun cuan-
do sepa que está alterado, o tratar de corregirle por
JAMES GOW
conjetura. Este último procedimiento se denomina
emendatio.
El editor que quiere hacer conjeturas debe conocer
los manuscritos en general y particularmente los que
tiene a la vista. Errores comunes en manuscritos en
unciales, no lo son en la escritura cursiva, y reCÍ·
procamente. Así M y AA se confunden frecuente-
mente; pero no ocurre lo mismo con ¡..¡. y M; por el
contrario, a y Q se confunden, perol: (C) y P no.
Como los mismos errores se repiten más de una vez
en los mismos manuscritos, por lo general, el editor
prudente tomará nota de ellos, y tratará de poner
en relación sus conjeturas con el carácter del manus-
crito que le ocupa. La conjetura, para ser buena, no
ha de restablecer solamente el sentido y la medida
( ó ambas cosas) conforme al estilo del autor, debe
dar también alguna explicación plausible acerca del
origen del error que se ha deslizado en los manus-
critos.

31. EJEMPLOS DE cRÍTICA CONJETURAL. Los erro-


res reconocidos de los manuscritos constituyen las
reglas de la crítica conjetural. Tal es el principio
de esta ciencia difícil en que han trabajado los más
ilustres humanistas desde hace cuatro siglos. Presen-
tamos algunos ejemplos de conjeturas felices que se
refieren a las diferentes clases de errores de que he-
mos tratado anteriormente.
19 CONFUSIONES DE soNIDos. En Plutarco (Pe-
lápidas, 23), los manuscritos dicen que los esparta-
nos, una vez rotas sus filas en la batalla, se agruparon
alrededor de los oficiales que tenían más cerca: Ó1to L
no'ts xat auv(aTllO'LV ó x(v()uvo~ xa'tal..a¡..¡.6ávot. Madvig
propone que se lea: ónm 1tOTE xa\ a\Jv oLO''tlO'LV ó x(v-
buvo¡;; xa-ral..a¡..¡.6ávot. Recordemos que los griegos bi-
zantinos pronunciaban synístisin . ( auvÍO'TllO'LV o o\Jv
otanatv).
L OS T EX T OS e LA S I e O S 75
29 CONFUSIONEs DE LETRAS. En V~leyo Patércu-
lo (11, XXIX, 2) , se dice de Pompeyo que era "po-
tentiae, qua: honoris causa ad eum deferretur, non ut
ab eo occuparetur, cupidissimus". Madvig propone
que se escriba VI (vi) en vez de VT, corrección
evidentemente inmejorable.
39 CONFUSIONES DE PALABRAS. En Eurípides (Me-
dea, 1.015), los manuscritos dicen: 8áeaet· XQaTei; l'Ot
au
xal JtQO; TÉ'XVú>V En (palabras del pedagogo a Me-
dea) , lo cual no tiene sentido ninguno. El sabio inglés
Porson ha propuesto que se lea xátet Tot xal cr-\J JtQÜ;
tÉxvrov E'tt, es decir, "volverás (serás traída) por tus
hijos".
49 PALABRAS MAL SEPARADÁS. En LuGrecio (11,
42), los manuscritos hablan de legiones: magnis sub-
sidiis Epicuri contabilitas, lo cual no tiene sentido. F.l
editor inglés Munro lee: et ecum (=equorum, es-
crito ecii) vi, apoyándose en el hecho de que las
letras T y P se confunden frecuentemente en estos
manuscritos (por ejem.: tariter por pariter, en la
línea siguiente) .
59 LETRAs o SÍLABAS TRASPUESTAS. En Séneca
(De C lem., 1, 12), el editor Haase leía sed mox (de
Sulla) consequemur quomodo, etc. Madvig ha corre-
gido muy bien consequemur por cum quaeremus.
69 HAPLOGRAFÍA (v. anteriormente p. 69). En He-
ródoto ( II, 25) los manuscritos dicen &J...euvi¡; Ti¡ e;
XWQl'); EO'Úar¡c; x.at avÉ!!ú>V 'ljlu:;:Q<i>v; Madvig corrige xa t
UVEU avÉ!!ú>V 'ljlu:;:gwv, lo cual restablece el sentido.
79 DITOGRAFÍA. Es evidentemente muy difícil co-
rregir los errores de esta naturaleza; se observa que la
palabra repetida sobra, pero no se sabe de ordinario
cómo sustituirla. Así, en Horacio (Odas, III, IV, 9,
10) los manuscritos dicen:
Me fabulosa: Volture in Apulo
Nutricis extra limen Apuliae, etc.
76 jAMES GOW
Se advierte inmediatamente que hay que suprimir
Apulo o Apulirz; pero es más difícil decir cuál de las
dos palabras debe conservarse. Keller lee AVIO por
APVLO; Bentley ha propuesto sedulae, otros villulae
o pergulae por Apuliae. Como algunos de los mejores
manuscritos dicen limina Puliae, quizás es éste el texto
exacto. Pullia sería el nombre de la nodriza del poeta.
89 PASAJES SALTADOS. En Tucídides (IV, 72), los
manuscritos dicen: ov
J!Év-rot Ev yf. -r<¡) lt«vtl. EQ'YCV ~f.-
6ako¡; ouMtf-QOl 'tfA.EVt'ÍUilV'tt~ WtE'X.QHh)O'UV. Hay
evidentemente un hueco después de ou~hf-QOt, por-
que, ¿qué han podida hacer las dos partidas antes
de separarse? Un filólogo inglés, Badham, ha hecho
acerca de .este texto una conjetura muy hermosa: ha
supuesto que el manuscrito en capitales decía origi-
nariamente:
EPnliBEBAIOCOT6E
TEPOirENOMENOIT IT EP
TEPOITEAETTI;ICANTEC, etc.

El copista habría saltado la segunda línea engañado


por el principio de la tercera, TEPOI, que es idén-
tico al de la línea omitida. Es preciso, por tanto, leer:
oü J!ÉVt'Ot Ev )'E T<i> nav-rl. EQY~ ~€6a(w¡; oUbé-tf.QOL yEvÓ-
JlEVOt \mÉQ'tf-QOt 'tf-ÁEV't'ÍU«vn~ ME'X.QÍ{hlanv. En Sé-
neca (De Tranq. anim., v., 5), los manuscritos dicen:
Curius Dentatus aiebat malle se esse mortuum quam
vivere. Madvig corrige: quam nequam vivere, correc-
ción que mejora el sentido y que explica admirable-
mente el error.
99 INTERCALACIONES Y GLOSAS. En principio no
hay que desechar como intercalaciones más que los
pasajes cuya introducción en el texto puede estar
perfectamente justificada, sin lo cual se expone uno
a suprimir arbitrariamente lo que no se entiende, es
decir, pasajes auténticos que los copistas han alte-
rado solamente. En general, es más fácil sospechar la
LOS TEXTO S e L Á S 1e O S 77
presencia de glosas que probarla; salvo que se trate
de un texto en verso, en que la interpolación al-
tera la medida. No obstante, en los manuscritos de
los prosistas, se han señalado intercalaciones eviden-
tes. Un ejemplo notable, citado por el ilustre filólogo
francés Carlos Thurot, está tomado de la Consolatio
ad Marciam, de Séneca (xm, 3), en que los manus-
critos dicen: Paulus circa illos nobilissimi triumphi
dies, quo vinctum ante currum egit Persen, inclyti
regis nomen, duos filios in adoptionem dedit. La vul-
garidad irzclyti regis nomen no es más que una glosa
marginal que se ha introducido en el texto y que
varios editores recientes han cometido la torpeza de
no suprimir.
109 NOMBRES PROPIOS. En Propercio (IV, VII, 22)
se halla el verso ininteligible:
Qua notat Argivum pana minantis aquae.
Un sabio editor inglés, M. R. Ellis, ha propuesto
que se lea:
Qua notat Argynni pcena Mimantis aquas.
porque Arginno, según la fábula, se ahogó cerca del
monte Mimas. ·
En las Controversias de Séneca ( Controv. II, 4, 12,
13) se habla de Porcio Latrón declamando delante de
César Augusto: Maecenas innuit patro fascinare cusa-
rem. Estas tres últimas palabras, que no tienen sentido
alguno, han sido admirablemente corregidas por Mad-
vig: M aecenas innuit Latroni festinare Caesarem (Me-
cenas hizo señas al orador de que el César tenía prisa) .
11 9 CASOS MÁS COMPLICADOS. Las enmiendas más
brillantes son las que se refieren a pasajes bastante
largos que han alterado toda una serie de errores.
Por ejemplo, en Séneca (De Provid., 4, § 4), los
mejores manuscritos dicen: laeti fluentem meiiori casu
sanguinem ostentant. El sabio alemán Studemund ha
78 JAMES GOW
corregido: laeti fluentem e lorica sua sanguinem os-
tentant, corrección que implica la hipótesis de una
separación ficticia, de una trasposición, de una di-
tografía, y, finalmente, de la omisión de una letra.
En Séneca (Episi. XIV, 14), el autor, después de
haber dicho que un sabio puede, en determinadas
circunstancias, ocuparse de los asuntos públicos,
añade: sed postea videbimus an sapientiora perdend.a
sit (texto de los manuscritos) ; Madvig ha corre-
gido: an sapienti opera r. p. 1 danda sit.

31 bl.S. ELECCIÓN ENTRE LAS CONJETURAS.-Ücu-


rre que un pasaje alterado ha sido corregido de dife-
rentes maneras, y que el editor tiene que escoger
entre las correcciones propuestas. En este caso habrá.
.de guiarse por la consideración de los errores a que
están más sujetos los que copian manuscritos. En
general, la versión más difícil debe ser preferida a la
más fácil, porque el copista debía inclinarse más a
simplüicar el texto que a añadir cosas que le oscu-
rezcan. Siempre que se pueda, hay que respetar las
letras que se encuentran en los manuscritos. Así,
algunos de Virgilio dicen (.tEn., IV, 34): Id r;inerem
aut amnes credis curare sepultos. En vez de amnes,
que es absurdo, el sentido exigiría poner manes o
animos, pero la primera versión es evidentemente la
mejor, porque es la más aproximada a amnes.
La crítica conjetural no trabaja solamente cuando
se trata de editar los autores griegos y latinos; halla
también numerosas aplicaciones en la revisión de
textos más recientes. Los de Dante y Shakespeare,
principalmente, le deben mucho. Se han hecho tam-
bién buenas correcciones de las poesías de Andrés
Chénier. Los primeros editores de este poeta habían
impreso así los cuatro versos siguientes:

1 Abreviatura de rei publicae.


L O S T EX T O S e L Á S 1e O S 79
Quand au mouton belant la sombre boucheric1
Ouvre ses cavernes de mort,
Pauvres chiens et moutons, toute la bergeri11
Ne s'informe plus de son sort.
Un ilustre helenista, Enrique W eil, reconoció que
el tercer verso estaba alterado, y que había que leer:
P4tres, chiens et moutons, toute la bergeríe . . ,
hipótesis que ha sido brillantemente confirmada
cuando Gabriel de Chénier reeditó dicho fragmento
según el manuscrito original.
Todas las ediciones del Tratado de la concupiscen-
cia de Bossuet consignan estas palabras: "On en
voit qui passent leur vie a
rendre agréables des
choses non seulement inutiles, mais encore dangereu-
ses, comme de chanter un amour feint ou agréable".
(Ed. Vives, t. vu, p. 449) . Me he percatado de que
ahí había una ditografía, de que la palabra agréable
se había repetido pór equivocación, y que era nece-
sario leer: "comme de chanter un amour feint ou
véritable".

VIII. FILÓLOGOS CÉLEBRES

32. LISTA ALFABÉTICA DE LOS FILÓLOGOS MÁS 00·


Nocmos. La lista siguiente contiene los nombres de
los más célebres filólogos y editores de textos hoy día
fallecidos, con la fecha de su nacimiento y de su
muerte, y la indicación del lugar en que principal-
mente han residido y enseñado. El estudiante necesita
conocer esos nombres, que se citan con frecuencia
en las notas de las buenas ediciones:
Ahrens, H. L., 1809-1881, GOttinga.
Badham, C., 1813-1884, Binningham
y Sidney (en Australia).
Ba::hrens, E., 1848-1888, Groninga.
Baiter, J. G., 1801-1877, Zurich.
80. JAMES GOW
Bekker, 1., 1785-1871, Berlín.
Bentley, R., 1662-1742, Cambridge.
Bergk, Th., 1812-1881, Halle y Bonn.
Blass, Fr., 1843-1907, Kiel y Halle.
Blomfield, C. J., 1 786-185 7, obispo de Londres.
Bo:ckh, A., 1785-1867, Berlín.
Boissonade, J.-F., 1774-1857, Par'ls.
Bonitz, H., 1814-1888, Berlín.
Brunck, P., 1729-1803, Estrasburgo.
Burmann, P., 1668-1741, Leyden.
Buttmann, P. K., 1764-1829, Berlín.
Casaubon, 1., 1559-1614, París y Londres.
Cobet, G., 1813-1889, Leyden.
Conington, J., 1825-1869, Oxford.
Cujadus (Jacques Cujas), 1522-1590, Bourges.
Dawes, R., 1708-1766, Newcastle.
Dindorf, K . W., 1802-1883, Leipzig, hermano de
Dindorf, L., 1805-1871, Leipzig.
Dobree, P. P., 1782-1825, Cambridge.
Déiderlein, J. L. C. W., 1791-1863, Erlangen.
Drakenborch, A., 1684-1748, Utrecht.
Dübner, F., 1802-1867, París.
Elmsley, P., 1773-1825, Oxford.
Erasmus, Desiderius, 1467-1536, Cambrigde, Basilea.
(síc. en esp.)
Ernesti, J. A., 1707-1781, Leipzig.
Fabricius, J. A., 1688-1736, Hamburgo.
Ficinus (Marsiglio), 1433-1503, Florencia.
Gaisford, 1., 1779-1855, Oxford.
Graevius, J. G., 1632-1703, Utrecht.
Gronovius, Jac., 1645-1716, Leyden, hijo de
Gronovius, J. F ., 1611-1671, Leyden.
Halm, K., 1809-1883, Munich.
Hase, K. ·B., 1780-1864, París.
Haupt, M., 1808-1874, Berlín.
Heinsius, D., 1580-1655, Leyden, padre de
Heinsius, N., 1628-1681; Estocolmo.
Henzen, A., 1816-1887, Roma.
Hermano, G., 1772-1848, Leipzig.
Hermano, K. F., 1804-1855, Gottinga.
Heyne, C. G., 1729-1812, Gottinga.
Jacobs, F. W., 1764-1847, Gotha.
Jahn, O., 1813-1869, Bonn.
Lachmann, K., 1793-1851, Berlín.
Lambinus, D., 1520-1572, París.
Larcher, P. H., 1726-1812, París.
LOS TEXTOS CLÁSICOS 81
Lehrs, K., 1802-1878, Konigsberg.
Lipsius, J., 1547-1606, Leyden.
Lobeck, C. A., 1781-1860, Konigsberg.
Madvig, J. N., 1804-1886, Copenhague.
Mai (Angelo), 1782-1854, Roma.
Markland, J., 1693-1776, Londres.
Meineke, A., 1790-1870, Berlín.
Mommsen, Th., 181 7-1903, Berlín.
Montfaucon, B. de, 1655-1741, París.
Müller, K. 0., 1797-1840, Gottinga.
Müller, L., 1836-1898, San Petersburgo.
Munro, H. A. J., 1819-1885, Cambridge.
Muret, M.-A., 1526-1585, Burdeos, París, Roma.
Musgrave, S., 1739-1780, Exeter.
Nauck, A., 1821-1892, San Petersburgo.
Niebuhr, B. G., 1776-1831, Berlín y Roma.
Oberlin, J.-J., 1735-1806, Estrasburgo.
Orelli, J. C., 1787-1849, Zürich.
Oudendorp, F., 1696-1761, Leyden.
Passeratius, J., 1534-1602, París.
Passow, F., 1786-1833, Breslau.
Peerlkamp, P., 1786-1865, Leyden.
Perizonius, J., 1652-1715, Leyden.
Pitha:us, P. ( Pithou), 1539-1596, París.
Politianus (Angelus), 1454-1494, Florencia.
Poppo, E. F., 1794-1866, Francfort-sobre el Oder.
Porson, R., 1759-1808, Cambridge y Londres.
Reifferscheid, A., 1835-1887, Bonn.
Reiske, J. J., 1716-1774, Leipzig.
Reuchlin, J., 1455-1522, Tübinga.
Ribbeck, O., 1827-1898, Leipzig.
Riemann, O., 1853-1891, París.
Ritschl, F. W., 1806-1876, Bonn y Leipzig.
Ruhnken, D., 1723-1798, Leyden.
Salmasius (Claude de Saumaise), 1588-1653, Leyden.
Scaliger, J. J., 1540-1609, Leyden, hijo de
Scaliger, J. C. (della Scala), 1484-1558, Agen.
Schleiermacher, F., 1768-1834, Berlín.
Schmidt, M., 1823-1888, Jena.
Schneidewin, F. W., 1810-1856, Gottinga.
Schremann, G. F., 1796-1879, Greifswald.
Schweighzuser, J., 1742-1838, Estrasburgo.
Stallbaum, J. G., 1793-1861, Leipzig.
Stephanus, H. (Henri-Estienne), 1528-1598, Génova.
hijo de
Stephanus, R. (Robert-Estienne), 1503-1559, París.
82 JAMES GOW
Studemund, W ., 1843-1889, Estrasburgo.
Thilo, G., 1831-1893, Heidelberg.
Thurot, C., 1823-1882, París.
Turnebus, A. (Turnebe), 1512-1565, París.
Valckenaer, L. C., 1715-1785, Leyden.
Vigerus, F . (Vigier), 1591-1647, Paris.
Vossius, G., 1577-1649, Leyden, padre de
Vossius, 1., 1618-1689, Windsor.
Weil, H., 1817-1909, Besan~;on y París.
Wolf, F. A., 1759-1824, Halle y Berlín.
Wyttenbach, D . A., 1746-1820, Leyden.
Zumpt, C. G., 1791-1849, Berlín.

IX. DIALECTOS Y PRONUNCIACIÓN

1• GRIEGO

33. DISTRIBUCIÓN DE LOS DIALECTOS GRIEGOS. La


lengua griega nos es conocida en varios de sus dia-
lectos, que se clasifican comúnmente bajo la denomi-
nación de eolio, dorio, jónico y ático. La mejor fuen-
te de información de los dialectos, para nosotros, son
las inscripciones; los monumentos literarios de los
dialectos dorio y eolio son poco abundantes, y han
llegado a nosotros bastante alterados.
En los idiomas modernos se ve comúnmente que
un dialecto, el de la capital y la corte, acaba por
lograr la supremacía y ser exclusivamente usado en la
buena literatura. No ocurrió lo mismo en Grecia. Las
obras de Homero, de Safo y ·de Heródoto no eran
menos estimadas en Atenas por el hecho de no estar
escritas en dialecto ático, y los poetas dramáticos de
Atenas no desdeñaban tampoco utilizar las for-
mas dialectales dóricas en la poesía de los coros. El
esplendor intelectual de Atenas dió al dialecto ático,
en el siglo Iv a. de J. C., temporal supremacía; pero
los alejandrinos del siglo siguiente se sirvieron ya
muy poco de él, y algunos, como Teócrito, volvieron
LOS T EX T O S C L A S 1C O S 83
a escribir en dorio y en eolio. Por consiguiente, se
necesita cierto conocimiento de los diferentes dialec-
tos para estudiar la literatura griega, en casi todas
las épocas de su historia.
19 El eolio es el dialecto de Alcea, de Safo, y, en
tres idilios solamente, de Teócrito. Se encuentran va-
rios eolismos en las palabras del beocio que aparece
en los Acarncnses de Aristófanes, y el mismo dialecto
ha dejado huellas importantes en Homero y en Pín-
daro. Dialectos eolios se hablaban en Eólida (Asia
Menor) , en Lesbos, en la Tesalia del Norte y en
Beocia.
29 El dorio es, en general, el idioma de Píni:laro y
de Teócrito. El megarense de los Acarnenses de
Aristófanes habla en dorio, y se encuentran muchas
palabras de este dialecto al final de Li.rístrata, otra
comedia de Aristófanes. Muchas formas dóricas se
ven en los coros de los trágicos, sobre todo en Esquilo.
El dorio es también usado en algunos libros del mate-
mático Arquímedes. Los dialectos de esta clase eran
hablados en Corinto, en Megara, en Argos, en La-
conia, en muchas colonias de Sicilia y de la Magna
Grecia (por ejemplo, en Siracusa, en Tarento), en
Bizancio, Corfú, Cirene, en Creta y en otros lu-
gares.
39 El jonio se hablaba en la mayor parte de las
ciudades griegas de la costa occidental del Asia Me-
nor y en la mayor parte de las islas del mar Egeo. Se
le divide comúnmente en viejo jonio o dialecto épico
. (usado por Homero y Hesíodo, y que ha tenido
grande influjo sobre Píndaro y los trágicos del Ática),
y en jonio nuevo (usado por Heródoto).
49 El ático, lenguaje de Atenas y del Ática, se con-
sidera generalmente como una rama de los dialectos
jonios. El idioma común o XOlV~ au:ü..Extoc; de la lite-
ratura griega posterior (Polibio, Apiano, etc.) se fun-
da en gran parte en el dialecto ático.

1
84 JAMES GOW
34. PRoNUNClACIÓN DEL GRIEGO. Los dialectos
griegos difieren entre sí en ciertos respectos: 19 , por
el vocabulario; 29, por las formas y las inflexiones
de las palabras; 39, por la pronunciación.
Las diferencias concernientes al vocabulario no nos
son conocidas sino por las inscripciones y por algu-
nas notas de los mismos autores antiguos. Así, Heró-
doto (VII, 197) nos enseña de pasada que los aqueos
llamaban Ai¡"i'tov a lo que los otros griegos denomi-
naban :n:Qu•avt: iov; Tucídides (IV, 40) .nos dice que
los espartanos llamaban a la flecha U'tQUX'toc;, y Ate~
neo que los epirotas llamaban a la copa At!Q'tÓc;. Datos
bastante numerosos de este género consignan los lexi-
cógrafos de la época romana.
Las diferencias concernientes a las formas y a la
pronunciación han de estudiarse paralelamente, por-
que la mayor parte de las variantes de pronunciación
(todas prácticamente, excepto el acento y la canti-
dad) se reflejan en la ortografía y equivalen, por
consiguiente, a diferencias de formas.
Se ha dicho anteriormente que el alfabeto en que
nos han sido transmitidas todas las obras de la lite~
ratura griega y la mayor parte de las inscripciones es
el jónico. Ahora bien; cada letra de este alfabeto y
sus diferentes combinaciones representaban sonidos
diversos. Pero la pronunciación que damos hoy a las
vocales griegas no es igual a la de los antiguos; de
donde resulta que exageramos frecuentemente las di~
ferencias entre los dialectos. Por ejemplo, el dorio
'to"Ú, el ático oú, el homérico t:iAi¡Aov3a y el ático Hi¡-
Au3a, estaban lejos de diferir entre sí tanto como en
nuestra pronunciación actual. Es necesario, por tan-
to, a fin de tener idea clara de las principales dife-
rencias entre los dialectos griegos, conocer ante todo
la pronunciación de uno de ellos, en particular la del
dialecto ático, que ha sido instrumento de la gran
difusión del alfabeto jonio.
LOS TEXTOS CLÁSICOS 85
La pronunciación de determinada época puede
reconstituirse por el testimonio de los gramáticos,
por el estudio de las onomatopeyas (palabras que
imitan sonidos naturales) , por el de las contracciones,
de las irregularidades de ortografía en las inscripcio-
nes, etc. La rima, que tanto sirve para determinar
la pronunciación del francés en el siglo XVI y en
el xvn, no fué conocida, como es sabido, en la poesía
griega.
Tomamos como tipo la pronunciación ática por
el año 370 a. de J. C., cuando el alfabeto jónico
estaba ya generalizado.
Prescindiendo de las consonantes a que correspon-
de la pronunciación usual, diremos solamente algunas
palabras acerca de las demás letras cuya pronuncia-
ción era distinta. La ~ parece haberse asemejado
más a sd que a ds ( dígase 'A~itvute por 'A~itvuo3E,
el dorio oue(o3EL por oue(1;et). Las aspiradas ~. <p, X
tenían sonidos dobles, cuya equivalencia no es posi-
ble consignar en caracteres latinos. La aspiración, que
suprinúmos generalmente tanto en las palabras como
al principio de ellas, se hacía oír distintamente.
·Por lo que concierne a las vocales, hay que obser-
var que E y 'Y), o y ro diferían no sólo por la canti-
dad, sino por la calidad, es decir, por la naturaleza
del sonido. H no era solamente una E larga, sino
una e muy abierta (e) ; así el balido del cordero se
transcribía ~ií, ~ij. De igual modo, entre o y ro no
había solamente la diferencia entre breve y larga,
sino la del sonido o en police y en pole.
La u, pronunciada en un principio como la u espa-
ñola, tomó poco a poco el sonido de la u francesa,
con tendencia cada vez más marcada a confundirse
con i. Los beocios pronunciaban la u como iou, de
donde escribieron -rwúxu (por l'VX'll). La misma pro-
nunciación de la u se encuentra en inglés (pure, pro-
núnciese piure) ; se ·la ha atribuído a los esfuerzos


86 JAMES GOW
hechos por los anglo-sajones para pronunciar la u
(= ü) de los galo-normandos.
Los diptongos griegos eran en un principio verda-
deros diptongos, en que se percibía distintamente
cada vocal; pero su valor fonético varió mucho según
las épocas, los lugares y hasta las clases de la pobla-
ción de un mismo país; de suerte que es hoy dificilí-
simo indicar con certeza cómo se pronunciaron en
una época dada. Al, primeramente pronunciada a,
como en ail, se abrevió poco a poco, y tendió a pro-
nunciarse E (como en el griego moderno) . El era
probablemente la vocal larga y cerrada correspon-
diente a la vocal breve E; este diptongo se pronuncia i
en griego moderno. 01 se pronunciaba má~ bien oe
que oi, y con el tiempo su sonido fué pareciéndose al
de u ( i en griego moderno) . YI era un diptongo como
en el francés nuire; AY ( av en griego moderno),
tenía el sonido del inglés ow ; así, el aullido del perro
se representaba mediante las sílabas au, av. EY y OY
eran diptongos en que el sonido de .la u no era el de
la u francesa, sino el de la española, primitivo de di-
cha letra 1 • Por consiguiente, el diptongo ou se pro-
nunciaba ou, en una sílaba, ocupando así el lugar
del sonido primitivo de la u (u) que tendía a ha-
cerse ü e i . Posible es que en el siglo v a. de J. C.,
ou haya sido la vocal larga y cerrada a que corres-
pondía la breve y abierta o antes de ser simplemente
el equivalente de u =u.
Los diptongos en que la primera vocal era larga,
como aL, 'TIL, roL tendían a prescindir de la segunda
vocal, de donde la omisión de la t (que se dice sus-
crita) en las inscripciones de la época romana.
Los griegos poseían probablemente un sonido vo-
1 BaJileus (~o.a,A.Eú¡;), toutous (ToÚ'fOlJ.'>). No hay que de·
cir que estas transcripciones en caracteres latinos no son
nunca sino ligeramente aproximadas.·
LO S TEXTO S CLAS ICOS 87
cal bastante vago, como el que se oye en inglés al
final de las palabras altar, father, author, y que
podía ser representado por diferentes vocales breves;
compárese el griego UVE!JO~ y el latín animus, el ático
()éxa-co;, y el arcadio ()éx.o'to¡;. A veces este sonido
parece ocupar el puesto de una nasal que ha deja-
do de pronunciarse; ejemplos: xa!_)EOx.Euál>a-cat por
J'CaQEOX.Evál>vl'at, haTÓv y el latín centum, etc.
El acento en griego era esencialmente musical, no
un acento de intensidad o de duración, como en las
lenguas modernas. La sílaba que tenía acento agudo
se pronunciaba en tono más alto que las demás de
la misma palabra. El acento circunflejo marcaba, en
una misma sílaba, la modulación de la voz que pasa
del agudo al grave. La sílaba que tenía acento grave
se pronunciaba en tono menos agudo que aquélla en
que cargaba el acento principal, pero no en tono
más grave que las sílabas no acentuadas. Así, algunos
escritores griegos dan al acento grave el nombre
de !JÉO'Jl ( J'CQO(J(~Ma), indicando de esta manera que
marcaba el sonido medio.

35. CARACTERES DISTINTIVOS DE LOS DIALECTOS.


El eolio presenta los caracteres siguientes :
1Q Repugnancia a los oxítonos. El eolio pronun-
cia y acentúa ?!.áA.o¡;, aóq¡o¡;, a'ÜTo¡;, I>'Úva'to;, ZEii¡;, en
vez de x.aA.ó;,oo~;,aV-có;,l>uvaTÓ;,ZEv¡; ;
29 Repugnancia frecuente al espíritu áspero inicial:
eolio e't'EQO¡;, ÚJ'CaAo¡;; ático Et'EQO;, <ÍJ'CaAó¡; ;
39 Sustituci6n frecuente de t por v: txEQ, i'\j)l)Ao;
( ÜXEQ, ÜljJ'JlAO¡;) ;
49 Uso frecuente de v por o; OVU!Ja, UX\J ( ovo¡.ta,
axó);
59 Uso frecuente de "l por u, como xijvo¡;, <pÉQ'JlV
( 'X.ELvo;, <pÉQEtV) ;
69 Preferencia de las labiales a las dentales; por
88 JAMES GOW
ejemplo rdovQt:~, rci¡.trct:, ~EAq>i:vE~, q>TjQ, en lugar de
'tÉO'OUQE~, rtÉVtE, ~EAq>LVE~, {}~Q.
El dorio se distingue por los caracteres siguientes:
1'~ Preferencia por los oxítonos, y, en general, por
la acentuaci6n de las últimas sílabas: TI OtEtl!áv, Otl'f-
W~, en lugar de TI ooe!.()c.ov, oü-tw~;
2'~ Conseruaci6n de la t (primitiva) en lugar de la
a entre dos vocales; por ejemplo: ·d,'h¡n por t(1'hJaL;
30 Preferencia de a() a t;, como ave(o()u por <1'\JQL-
tü;
49 Preferencia de x a t en ciertas desinencias pro-
nominales, como 6xa , IDJ.oxa por on, ullou ;
5'~ Repugnancia frecuente a la a final y media. El
laconio decía 'tLQ por -r\~ y Mwa por Moüau 1.
El eolio y el dorio tienen muchas particularidades
comunes, las más importantes de las cuales son:
1'~ La conservación de la a original en palabras en
que el ático prefiere Tj O € como ¡.tÚtT]Q, af..A.oxa;
29 La preferencia de OL a ou, allí donde estos dos
diptongos provienen de ov, como el eolio J..btotaa
(át. ÁLrtovou), toí~ ( át. toú~) , XQ\Jntotot (át. XQ'Úrttou-
ot) ;
39 La contracción de ao en a y de EÓ en ElJ; esta
última se encuentra también en el jonio reciente;
49 La pref-erencia por los verbos en f.U y por la pri-
mera persona del pural en- ¡.tE~ (T\xo)lE~, ático T\xo~Ev);
El jonie se reconoce generalmente por los caracte-
res que siguen:
19 La preferencia por las vocales largas y cerradas
en vez de las vocales breves; por ejemplo: novl.:ú~ ;
J.lO'ÜVO~, ?<.ELVÓ~, por rtOA'Ú~, JLÓVO~, XEVÓ~;
2'~ La sustitución de la vocal larga a por rt:
'tQTJX'Ú~, 1tQ'ÍO'OC.O, QT]tllta~;

1 Este carácter no corresponde más que al dorio áspero


de Laconia, de Tarento y de Cirene, y no al dorio dulci-
ficado de Corinto¡ de Megara y de las colonias de estas
ciudade.s.
LOS TEXTOS CLÁSICOS 89
39 La aversión de las formas contractas: hoLEE,
ex·n;aao.
El dialecto épico, que es un dialecto artificial y
no local, presenta gran número de particularidades
distintas, que no pueden resumirse brevemente. El
jonio reciente posee también algunas que le son pro-
pias, por ejemplo:
19 La preferencia de x a 1t en las raíces pronomi-
nales: xoio~, xóao~ ,olíxw, por Ttoio~, TtÓao~, oií:rtw;
29 El uso frecuente de w en lugar de ou y au como
-3illf1a por -3aii!la, ffiv por oúv;
39 Repugnancia general a las aspirada eTtoQiiv, b€-
XOf1CIL, en vez de E<pOQiiv, MxoflaL, y a veces la metá-
tesis de las aspiradas: ev-3aií-ra por ev-raü-3a; ;u-3óSv
por ;(L"tWV.
Hay otras muchas particularidades dialectales que
la imperfección de nuestros conocimientos no nos
permite calificar de tegulares, ni siquiera de frecuen-
tes. Todas ellas se deben a fenómenos de fonética,
cuyo estudio corresponde a la lingüística comparada.

2o LAT 1N.

36. PRoNuNCIACIÓN DEL LATÍN. En Italia, la su-


premacía política de Roma tuvo por consecuencia la
supremacía literaria del dialecto itálico que en ella se
hablaba (el latín, idioma del Lacio) . Los demás
dialectos de la península, el umbrío, el samnita y el
oseo, el volsco, el mársico, etc., no nos son conocidos
más que por inscripciones. Es inútil ocupamos de
ellos en este lugar, porque han dejado muy pocas
huellas en la literatura clásica de los romanos.
En lo que concierne a nuestra pronunciación del la-
tín, el gramático francés Bréal ha resumido como si-
gue los caracteres por los cuales se distingue de la pro-
nunciación de los antiguos romanos:
''La vocal u se pronunciaba igual a la u espa-
90 JAMES GOW
ñola, mientras que la y repreSentaba el sonido de
la u francesa. La g se pronunciaba generalmente
suave, como en el francés guerre, guirlande. Lo mis-
mo ocurriría con la e: cerasus se pronunciaba kerasus,
y Caesar se articulaba Kaisar. Había, no obstante,
un caso en que la e tomaba un sonido silbante, cuan-
do iba seguida de i, seguida a su vez de una vocal :
Lueius, patricius 1 .
La t seguida de i, seguida a su vez de vocal, ha-
bía adquirido igualmente sonido silbante: justitia,
ratio. De donde surgieron, a partir de cierta época,
frecuentes confusiones entre la e y la t en el caso ci-
tado. Hay que escribir con t las palabras otium, pre-
tium, nuntius, contio, indutiae, fetialis. Por otra parte,
hay que escribir con e las palabras dicio, condicio, tri-
bunieius. Esta confusión entre la e y la t, que se ha
mantenido hasta nuestros días, es causa de que se es-
criba en francés condition, y, de otro lado, négo-
ciant, précieux.
El acento latino era menos musical que el acento
griego y se aproximaba al de intensidad de las len-
guas modernas, como el inglés y el alemán.

1 Otros sabios creen que se pronunciaba Lukius, patrikius


en la época clásica.
VI:)3~~
3'.L"HVd v aNn!>3'S
X. CRONOLOGÍA GRIEGA

3 7. EL nfA. Es probable que los griegos, como


todos los pueblos primitivos, no distinguieran ·en u.n
principio más que el día y la noche. Con el tiempo y
la diversidad creciente de las ocupaciones de la vida
civil, se multiplicó el número de divisiones. Por dos
veces (Ilíada, XXI, lll; Odisea, vn, 288) Homero
indica las tres divisiones principales en el verso si-
guiente:
"Eaat:-rat li l]w~ li 3d/..r¡ l) ¡.¡.Éoov f¡¡.ta(l.
La segunda parte de la 3d/..f.J se denomina a vece!
Jto-rt ÉoJtÉ(IaV o ~ouAu-ró~, la hora en que se desuncen
!os bueyes. Homero conoce la palabra ~<JJtE(IO~, tarde;
pero no emplea el femenino ÉaJtÉQa. La expresión
a¡.tqnAÚxl'J vú~ designaba el crepúsculo. En general, el
día de veinticuatro horas comprendía seis divisiones:
tres para el día propiamente dicho ( JtQWt, ¡.tE<JE¡.t6(1 (a ,
bdA'l'J)Y tres para la noche (É<JJtÉQil,!J.É<Jr¡vú~,Ew~).
Se encuentran también designaciones bastante vagas,
como Ü(l{)(lo(; (el despertar), Jtt:Ql Jti..T¡{)ouaav ayoQáv( el
momento del día en que el ágora está llena de gente,
entre la mañana y el mediodía), JtE(It l..úxvwv dq¡á~,
JtEQl JtQ(i'>-rov ÜJtvov. En el campo, la noche se divi-
día en tres vigilias o q¡u/..axa (:
Sólo en la época de los sucesores de Alejandro, los
griegos hicieron empezar el día al salir el sol; antes,
le hacían empezar al ponerse dicho astro, al comen-
zar la noche.
94 JAMES GOW
Los antiguos dividieron el día natural y la noche
en doce horas, contadas desde la salida del sol, de
suerte que mediodía venía a coincidir con el princi-
pio de la hora séptima del día y medianoche con la
séptima hora de la noche. Esta división procede de
Oriente. Heródoto dice que los griegos recibieron de
los babilonios el JtÓAo~ y el yvw¡.u.ov, especie de relojes
solares que señalan las horas por la longitud de la
sombra que proyecta una varilla. El empleo de la pa-
labra dlQ«L en el sentido de horas, es posterior a
Platón y a Jenofonte. La duración de las horas varia-
ba según las estaciones, puesto que dependía de la
del día y la noche; los astrónomos únicamente con-
taban por horas iguales, costumbre universalmente
adoptada en nuestros días. En la época de Demóste-
nes, por el año 350 a. de J. C., se usaban relojes de
agua o clepsidras, midiéndose el tiempo en ellos por
la cantidad de agua que caía con regularidad de un
depósito. Esos relojes, naturalmente, servían tanto de
noche como de día, de donde su superioridad sobre
los cuadrantes solares.

38. EL MES. El mes griego era lunar y correspon-


día al intervalo entre dos lunas nuevas. Ese intervalo
es exactamente de 29 días, 12 horas, 44 minutos y
2,84 segundos; pero los griegos no le· determinaron
nunca con exacta precisión. Admitieron un mes lunar
de 29 días y medio, y tuvieron en cuenta la fracción
olvidada, dando 29 días a un mes y 30 al siguiente.
El primer día del mes se llamaba vo\l¡.tt]Vl<l, el último
fvTJ xa lvÉa (vieja y nueva luna). Los 30 días de un
mes completo ( ltA~QTJ~) se dividían en tres períodos
de a diez. Los días se indicaban por un número ordi-
nal seguido ·de ¡.tl']VO~ io'ta¡.tÉvou para la primera, de
¡.t'Y}vO~ ¡.t~aoiíV'to~ para la segunda y de ¡.t'Y}VO~ !p{t(vov-
'tO~ para la tercera década. En general, se contaban
hacia atrás los días de la tercera. El día 20 y 21 te-
GRECIA 95
nian también los nombres de ()ExCÍt'lJ :7tQOt'ÉQa y ()E-
Tenemos así las designaciones siguien-
xCÍn) 'ÚOt'ÉQa ;
tes de los días del mes :
1. VOU)l.l)VÍO:.
2 a 10. 6t:u'tÉQO:- 8exán1 ta'ta:)l.Évou.
11 a 19. hllexá't'l- evá·n¡ inL lléxa: ,
o JtQÓl'ttJ- hó.,;'l j.leaomo_~.
20. elxó.~, llexá 1:1JltQ01:ÉQO:.
21. 8exÓ.'tTJ q,iHvov,;o~ , 8exCÍ,;t¡ ÚO''tÉQO: •
22 a 29. tvó.n1 - lleu'tÉQU <p{Hvov'to~.
30. ~V'l xal VÉCl •
En los meses· incompletos (xoilot), de 29 días, se
omitía el ()Eut'ÉQa q¡-&tvovt'o~ .

39. EL AÑO. En Grecia, lo mismo que en Espa-


ña, el sol de mediodía está siempre !!Xactamente al
Sur. Pero la altura del sol en el horizonte a medio-
día varía en cada uno. A mediados del verano es
mayor, luego disminuye hasta mediados del invierno
y vuelve de nuevo a aumentar. Los días en que el sol
parece suspender su marcha ascendente o descenden-
te eran llamados por los griegos t'QO:n:al i¡/..(ou 1• En
el mes de marzo, cuando el sol sube, y en el de sep-
tiembre, cuando el sol baja, se colocan los dos equi-
noccios, épocas en que el día y la noche duran exac~
tamente lo mismo.
El año solar está comprendido, ya entre dos solsti-
cios, ya entre dos equinoccios; su duración es de 365
días y cuarto, con algunos minutos de diferencia. Los
griegos supusieron que era de 365 días.
En remota antigüedad, cuando el mes lunar se
contaba a razón de 30 días, se dividió el año en 12
meses, y esta división se ha conservado en todas
partes. Pero seis meses de 29 días y seis de 30 dan

1 La palabra latina es solstitium, pero se reservaba ge-


neralmente este nombre para el sobticio de estío; el de
invierno se denominaba bruma.
96 JAMES GOW
solamente 354. Adoptando este calendario, el 1'~ de
enero correspondería cada año 11 ellas antes, y al
cabo de 18 año3, aproximadamente, el mes de enero
correspondería al verano. Los griegos se dieron cuen-
ta de este inconveniente, y lo remediaron de dife-
rentes maneras. He aquí lo que hicieron los ate-
nienses.
Era regla fija en Atenas que los meses de 29 ellas
y los de 30 debían alternar. Esto daba 354 ellas al
año, de suerte que en 8 a:ños lunares, o 96 meses
lunares, el calendario había adelantado sobre la mar-
cha del sol cerca de 90 días. Como esos 90 días equi-
valen a tres meses completos de a 30, los atenienses
tomaron el partido de intercalar tres meses cada 8
años. No se hacía esto de una sola vez, sino que en un
ciclo de 8 años, llamado hvaE"tt¡Qt; u ox-raE-rlJQÍc; 1,
se intercalaba un mes suplementario ( EJ.l66AtJ..l O;) ,
el tercero, el quinto y el octavo año.
El cálculo del mes lunar de 29 días y medio no
era lo bastante exacto para imJ?Cdir una diferencia
creciente entre la vouJ.llJVÍa verdadera (la nueva luna)
y los días llamados VOVJ.llJVLat, es decir, los primeros
días de cada mes. Se remedió este inconveniente in-
tercalando tres días suplementarios cada 16 años;
adición que tuvo por efecto poner los meses en des-
acuerdo con el año solar. Así, no es posible decir con
.precisión que un mes ateniense corresponde a éste o
al otro de nuestro año. Podemos indicar tan sólo de
una manera general la época del año a que los meses
correspondían.
El año ático empezaba teóricamente en el solsticio
de estío, que corresponde al 21 de junio de nuestro
calendario. Los meses, que se denominaban según
antiguas fiestas, correspondían al siguiente orden :
1 Según se cuente o no el año en que empieza el ciclo.
GRECIA 97
1. 'Exa"tol'6 auóv (por Julio). 7. rai'T)At<Óv (Enero).
2. Me"t<X'YEI't'VL<Óv (Agosto). 8. 'Avitea'tT)QL<Óv (Febrero).
3. BoTJ3~0I'L<Óv (Septiembre). 9. 'E).a<p1J60AL<Óv (Marzo) .
4. IIuave,¡JL<Óv (Octubre). 10. Mouvul(t<Óv {Abril).
5. MaLI'<XX't·T)Qt<Óv (Novbre.). 11. eao'YlJALIÓv (Mayo) •
6. IIoon3e<Óv (Diciembre). 12. ~XL~q>OQLW'Y (Junio).

El mes que se añadía figuraba después de TI oau-


l)Ewv; y se llamaba TI oaElbEwv IIEÚt'EQOt;. Como la su-
cesión regular de los meses era sobre todo necesaria
para la celebración de las fiestas fijas, el cuidado del
calendario se confiaba a un funcionario religioso,
llamado lEQOJ.lVÍJ¡.twv (véase Aristófanes, Las Nubes,
615-626).
Casi todos los Estados griegos habían adoptado la
hvaE"Cl')Ql~ ateniense; pero los nombres de los meses
variaban según los 'países. En 432 a. de J. C., el as-
trónomo ateniense Meton, el que aparece en Las Aves
de Aristófanes, discurrió un ciclo de 19 años, con 7
meses intercalados. Variantes de este ciclo llegaron a
prevalecer en diferentes ciudades griegas, y una de
ellas fué adoptada en Atenas por el año 340 a. de J. C.

40. LA ERA. Los griegos utilizaron diferentes me-


dios para designar Jos años; en Atenas, el nombre del
arconte principal, titulado ep6nimo; en Esparta, el
del principal éforo; en Argos, el de la sacerdotisa
anual de Hera. Se indicaba también una fecha di-
ciendo que era tantos años posterior a un suceso me•
morable, por ejemplo, a la batalla de Maratón. Pero
pronto se comprendió la necesidad de un punto inicial
fijo, y por esto los escritores alejandrinos del siglo m
a. de J. C. adoptaron la costumbre del cómputo por
Olimpíadas: fecharon los años con relación a la pri-
mera en que había empezado a llevarse el registro de
los vencedores en los Juegos Olímpicos. Ese año ini-
cial se coloca en 776 a. de J. C. Como los Juegos Olím-
picos se celebraban cada cuatro años, una olimpíada
98 JAMES GOW
comprendía este espacio de tiempo, y el año 776 es
el primero de la primera Olimpíada ( 01. 1, 1) ; pero
como los Juegos Olímpicos se celebraban a fin de
julio, cualquier año anterior a J. C., según los cómpu-
tos modernos, formaba parte de dos años de una Olim-
píada. La fecha Olimpíada 75, 1, que es la de la
batalla de Salamina, significa que habían transcu-
rrido 74 Olimpíadas completas cuando ocurrió aquel
hecho, y que había comenzado el año 1q de la 75.
Ese año no se cuenta, puesto que no había termina-
do. Se tiene por consiguiente: 74 X 4 = 296, y
776 - 296 = 480, que es la fecha exacta de la
batalla de Salamina, porque se dió en otoño. Pero
los acontecimientos de la primavera siguiente, aun
cuando corresponden también a la Olimpíada 75, 1,
se colocan en el año 4 79 a. de J. C.
La siguiente regla sirve para convertir las Olim-
píadas en años anteriores a la era cristiana; se multi-
plican las Olimpíadas transcurridas por 4, se añaden
los años transcurridos complementarios, y el total se
resta de 776, si se trata de sucesos acaecidos en el
otoño o en el invierno; de 775, si de sucesos que tu-
vieron lugar en la primavera o en el verano.
El nacimiento de Jesucristo lleva la fecha de la
Olimpíada 194, 4. Este año equivale en parte al 1 a.
de J. C. y en parte al 1 de J. C., porque no hay
año O. Al año siguiente, Olimpíada 195, 1, corres-
ponde en parte al año 1 de J. C., y en parte al 2.
Una fecha como la Olimpíada 235, 3, se reducirá
como sigue a años después de J. C.: 234 X 4 = 936;
936 + 3 = 939; 939 - 776 = 163. Obsérvese que
aquí se añade el número total de los años que siguen
a las Olimpíadas, y que se restan 776. En el ejemplo
que hemos elegido, los sucesos del otoño y del invier-
no se colocan en el 163; pero los de la primavera y el
verano pertenecen al año 164 después de J. C.
GRECIA 99
41. FrnsTAS GRIEGAS. He aquí los nombres de
las más importantes:
19 FIESTAS NACIONALES O PANHELÉNICAS
a) Juegos Olímpicos, en Pisa en la F.lida, celebra-
dos cada cuatro años. Duraban cinco o seis días del
mes de julio;

Fig. 7.- Coronas obtenidas en las fiestas 1.

b) Juegos Píticos, en Crisa en la Fócida. Se cele-


braban cada cuatro años, el tercero de cada Olimpía-
da, en el mes de enero;
e) Juegos Nemeos, en Nemea en la Argólida. Te-
nían lugar cada dos años, el segundo y el cuarto de
la Olimpíada, alternativamente en verano y en in-
vierno;
d) Juegos lstmicos, en Corinto, en el istmo. Se
verificaban cada dos años, el primero y tercero de la
Olimpíada, alternando en primavera y en verano (pa-
ra que no correspondieran con los Juegos Olímpicos
o Píticos);
1 Estas coronas están esculpidas en un monumento des-

cubierto en el teatro de Dionisos en Atenas; fueron obteni-


das por un mismo personaje llamado Nicocles, en diferentes
fiestas (Píticas, Panateneas, Leneas), figurando estos nom-
bres grabados en el interior de cada UI}a de ellas.
En la corona de yedra que se destaca cm el centro, se lee,
a más deJ nombre Leneas (AHNAIA), la palabra MST-
PAMBOI,e indica precisamente que en el ditirambo la ob-
tuvo el vencedor, poeta o músico.
lOO JAMES GOW
29 FIESTAS ÁTICAS .
a) Panateneas, a fines de julio (Hecatombaeon).
Se celebraban todos los años, y, con solemnidad ma-
yor, cada cuatro (el tercero de la Olimpíada) ;
b) Eleusinas, fiestas consagradas principalmente
a Deméter. Se verificaban todos los años durante
nueve días, por el mes de septiembre (Boedromion) ;
e) Tesmoforias, fiestas consagradas a Deméter,
celebradas anualmente, durante cinco días, por el mes
de octubre ( Pianepsion) ;
d) A.paturias, fiestas de Atena y Hefaistos, cuatro
o cinco días cada año, en el mes de· octubre ( Pia-
nepsion);
e) Leneas, fiestas de Dionisos, en enero ( Ga-
melion);
f) Grandes dionisiacas, llamadas h Üan L (en la
ciudad), mes de marzo (Elafebolion);
g) Targelias, fiestas de Apolo, mes de junio (Tar-
gelion.
3q FIESTAS DORIAS.
l. Karnias ( Káevua) , la gran fiesta de los dorios,
nueve días en el mes de agosto;
2. Jacintias, en Esparta, tres días en el mes de julio.
En cada día del mes, se rendían particulares hono-
res a una o varias divinidades a que el día estaba
consagrado. Así, en Atenas, el primero y último día
de cada mes correspondían a Hécate, la diosa de la
luna; el 19 estaba también consagrado a Apolo y a
H ermes; el 29, el 139 y el 239 a Atena, etc.
Los tres anteúltimos días de cada mes eran consi-
derados nefastos ( UJtO<pQÚl)E; 'ÍJ!!ÉQOL). Se consagraban
a los muertos y a los dioses infernales.
GRECIA 101

XI. METROLOGÍA GRIEGA

42. MEDIDAS DE LONGITUD. Las medidas griegas


más importantes de esta clase están claramente indi-
cadas en el siguiente pasaje de Her6doto (II, 149, 4):
At f!Ev :n:uQaf!taE; Elol h.a-cov ÓQyutéwv, at ()' Éxa-cov
ÜQyutal Mxata( Ei<n <rrábLOv É~á:n:/.E{}Qov, É;anéaou
l!Ev tij~ OQyuti¡; f!ETQEOf.lÉVT); xal nrQani¡:x,Eo;' -céi>v no-
bwv ¡Akv t€"'tQCX1taAalO'"C<OV Mv"TWV, "'COÜ a€ ni¡x€o<; t~a1ta­
ACilO'"CO\J.
Las medidas de longitud de los griegos, como las
de la mayor parte de los pueblos, se basan en el
tamaño medio de las diferentes partes del cuer-
po humano ( MxmA.o;, el dedo; 1tOÚ~, el pie, etc).
He aquí las principales:

4 6CÍ)4'tUAOL 1 = 1 na>..aa,;'Í¡ •
3 na>..ao,;a( = 1 amta14i¡.
1 11• OltLfa14at = 1 noú~ '
1 1 /s ~toot~ = 1 1riíxu~.
4 mlJr.EL~
16 •! . O(.)YUUIL
= 1 OQ'VULCÍ.
= 1 1tAÉitQOV ~
6 ~~:>..ÉftQa = 1 c:nálhov .
Entre las demás medidas menos usadas pueden ci-
tarse el paso ( ~iífla , dos y medio :rtÓbE¡;;), el Mau/.oc;
(2 estadios) y el :n:aQaoáyyl);, medida itineraria persa
equivalente a 30 estadios. En general, cuando los
griegos tenían que expresar una longitud, escogías
una unidad de medida que les permitiera no usar frac-
ciones. Así, decían 3 :n:i¡:x,Et; en vez de 4 }'2 1tÓl>E<;
El pie era, por lo demás, la unidad más usada.
43. MEDIDAS DE SUPERFICIE. Los griegos calcula-
ban las superficies pequeñas por pies cuadrados, y

1 Se trata del ancho y no del largo del dedo.


102 JAMES GOW
las grandes por ;rci..É-ItQa cuadrados. El ;rc/..8-!tQOV era
un cuadrado de lOO pies de lado, es decir, de 10.000
pies cuadrados.

44. COMPARACIÓN CON LAS MEDIDAS USUALES;

cn:álhov 600 .nÓfiEc; 177m,40


nlÉitQov 100 » = 29m,57
OQYutÓ. = 6 » lm,774
Jñi:x.vc; = 1 •;. » Om,4436
noúc; = 1 noúc; Om,2957
omita¡.u'¡
na la Lc:J'ti)
= •¡, »
•;. » =
=
Om,2218
Om,074
fiáxn/..oc; •;1. » = Om,Ol85

45. MEDIDAS DE . CAPACIDAD. Los griegos, como


nosotros, tenían me4.idas diferentes para los líquiqos
(¡.tÉTQa 'ÚyQá) y para Íos s6lidos (¡.tÉ'tQa ;rwá). Las que
aquí damos, correspondientes al sistema ático, eran
un tercio aproximadamente más pequeñas que las
efe Egina, usadas en Esparta y en el Peloponeso en
general. Las medidas áticas estaban al cuidado de
magistraelos de nombre f.lETQOVÓf.lOL , y se conservaban·
moldes oficiales ( o'Ú¡.t6o:l.a) •de que se daban al públi-
co reproducciones contrastadas ( Ol]XÓlJ.laTa) •

1° Medidas áticas para líquidos, y equivalentes modernos:


)J.E't'QlJ't'lÍ e; O Ü.¡J.qJOQEÚ.c; = 144 'KO't'ÚAilL = 38 1, 88
:x,oüc; 12 'KO'tÚAilL 3 ' 24
Xo'tÚAr¡ = 4 o;ú6ncpa :::: o , 27
2• Medidas áticas para s6lidos, y equivalentes modernos:
)J.Élhwvoc; 192 'KO'tÚAilL = 51 1, 84
lxnú10 32 xo-cúlnt 8 , 64
¡cotvt; = 4 xo-cúln1 : : : :" 1 , 08
'KOTÚA1J = 1 xo'tÚA1J = o, ,27
En las dos series era el mismo el valor de la xo't'ÚÁl].
GRECIA 103
46. PEsos Y MONEDAS. Los pesos griegos de los
diferentes pueblos estaban en la siguiente relación:
1 ,;cH.av,;ov 60 )A.vai: (minas).
1 )A.Vd
1 bQ«X!4~
= 1006 06o1.oL
=
bQilX~AilÍ.

Pero los pesos variaron según las épocas y los lu-


gares. Así Atenas se sirvió de los de Egina hasta que

Fig. 8.- Doble dari~o persa 1 .

Solón introdujo el sistema euboico, en que se redu-


cían en más de la cuarta. parte.
Las principales monedas áticas, después de la época
de Solón (594 a. de J. C.), eran el óbolo, la dracma,
el didracma o estatera y el tetradracma. Todas estas
monedas eran de plata. El oro y el cobre se usa-
ron muy poco hasta la época de Alejandro Magno
(336 a. de J. C.) 2 . Se conocía, no obstante, en
Grecia, el darico, moneda de oro acuñada en Persia,
que pesaba exactamente dos dracmas áticas o un
estatera, y cuyo tamaño era aproximadamente el de
una moneda de. 20 francos ( fig. 8) .
El talento ático pesaba aproximadamente 25.920
gramos; la mina, 432; la dracma, 4,32, y el óbolo 0,72.
En cuanto al valor de la moneda ática con relación a

1 Oro. En d anverso, rey de Persia con tiara en la cabe-


za, armando el arco. El reverso no se ha interpretado. ~poca
de Darlo.
2 En la época de Fidias, la relación del valor del oro
con el de la plata era próximamente de 14 a 1, poco más
o menos como actualmente.
104 JAMES GOW

Pig. 9.-Monedas de oro de Alejandro M agno1.

la nuestra, es muy dificil de determinar. El talento


de plata, calculado por el peso, valdría hoy unas
5.890 pesetas; la mina, 97; la dracma 0,97, y el
óbolo, 0,16. El xahoií~, moneda de cobre, valía
un octavo de óbolo.

Fig. 10.- Calco qe Atenas 2,

1 Doble estatera, estatera, medio y cuarto estatera. En


el anverso, cabeza de Atena con casco. En el reverso, Vic-
toria con trofeo, y, alrededor, rayo, corona, maza, arco,
marca. AAE:SAN~POT solo y AAE:SAN~OT .BA:l:I-
AEO:l:.
2 Cobre. En el anverso, cabeza de Atena. En el reverso,
mochuelo y ánfora.
GRECIA 105
47. VALOR RELATIVO DEL DINERO. El valor del di-
nero moneda, como instrumento de compra, de-
pende de dos cosas : 19, de la cantidad de n~erario
que circule, porque las gentes lo entregan con menos
esfuerzo cuando lo poseen en abundancia; 2o, de la
afluencia de artículos en el mercado, porque se ven-
den tanto menos caros cuanto más abundan.
Aun cuando hubiera minas de plata en el Lauri6n,
en Ática, el metal abundaba mucho menos en Atenas
que entre nosotros. La cuantía del interés, es decir,
del préstamo, era muy grande ( 12 a 18 por lOO al
año) 1, y los jornales eran en cambio muy reducidos.
Así, en la época de Pericles, el artífice no parece ha-
ber ganado generalmente más que una dracma diaria;
!>e daban dos óbolos ( 30 céntimos) a los jueces, suma
que no debía parecer miserable entonces. Hay que
añadir que Jos precios de los artículos eran igual-
mente muy reducidos. En 390 a. de J. C., el medimno
de trigo (aproximadamente medio hectolitro) valía 3
dracmas ; y por la misma época, 16 dracmas, es decir,
menos de 15 pesetas, se consideraba precio muy ele-
vado de un camero. Cuando los cameros cuestan po-
co, ocurre lo mismo con la lana y con los trajes. En
suma, si los atenienses ganaban poco, gastaban tam-
bién poco, lo cual restablecía el equilibrio de su
presupuesto.

1 El interés se calculaba comúnmente a tanto por mina


al mes. Así l nt 6QUXIJ.ñ significa 12 por 100 al año ; tn•
lvvEa 06oA.oi~. 18 por 100. El interés anual se indicaba
por la relación entre el interés y el capital: así TÓ?(o!; ént-
't'QI't'O.~ significa 33 Y2 por 100, 't'Óxo~ eq¡Ex't'O!; equivale a
16 i por 100, etc.
106 JAMES GOW

XII. HISTORIA DEL GOBIERNO ATENIENSE

48. ATENAs ANTES DE SoLÓN. Es imposible lo-


grar que se comprenda la Constitución ateniense de
la época de Tucídides, de Jenofonte, de Platón, de
Aristóteles y de los oradores clásicos (desde el año
440 al 340 aproximadamente), sin entrar en algunos
pormenores acerca de la organización anterior, de la
que tantos recuerdos había conservado. Desgraciada-
mente, nuestro conocimiento del estado más antiguo de
Atenas deriva sobre todo de escritores de la época
romana, como Plutarco (por el año 100 de J. C. ), y
de Pólux el lexicógrafo (por el año 200), cuyos datos
no son solamente breves y confusos, sino a veces con-
tradictorios. El descubrimiento de La República de
los Atenienses, de Aristóteles (p. 33), ha dejado sub-
sistentes muchas incertidumbres.
El Ática estaba dividida en un principio en peque-
ñas comunidades, habitando municipios independien-
tes, que Teseo subordinó a Atenas, a la que hizo de
esta manera capital de la región. Pero algunos de esos
municipios, como Eleusis, conservaron su indepen-
dencia comunal mucho tiempo después de dicha
época.
Los habitantes del Ática se dividían en un princi-
pio en cuatro tribus ( qrol..aL), llamadas yeJ..iov·w;,
atytXOQEL~' aeyabei:c; y O:rtAr¡'tEc;. Estos nombres se
encuentran también en otras ciudades jónicas, por
ejemplo, en Cízico, colonia de Mileto. Los antiguos
creían a esas cuatro tribus descendientes de los cuatro
hijos de Ión, el progenitor de la raza jónica, y que
habían recibido los nombres de éstos, pero parece
que esos nombres pueden explicarse sin recurrir a
la hipótesis de epónimos. AtytXOQEic; significa pro-
bablemente los pastores (guardadores de cabras,aH;.)
GRECIA 107
Los aQy«~f:i¡; serían los artesanos ( EQyov), los o3tl.ll·
n¡; los guerreros ( o3tl.ov) , y )os yEAÉOV'tE~ ]os nobles
o los brillantes ( yEAiro) • Esta última etimología es
muy discutible.
Cada tribu estaba dividida en 3 fratrias ( «pQ«TQL«d
y cada fratría en 30 familias ( yivl')) . Se nos dice
que había en total 12 fratrías y 360 familias; pero
las mismas fratrías y las mismas familias pueden
haber figurado en cada tribu, lo cual no haría en
total más que 3 fratrías y 90 familias. Conocemos
los nombres de 80 familias aproximadamente. Algunas
se designan por su progenitor común, como los
• Ah¡.tatrov(~at, los Bou-rábat; otras por una función
hereditaria, corno los K TtQUXE¡; (heraldos), Jos 4>QEW·
QÚXOt (que hacen los pozos) . Hay razones para
creer que había solamente tres fratrías, llamadas res-
pectivamente :Ev:n:a'tQL~aL, reroQyo( y Lll'Jf.ilOUQyo(,
es decir, nobles, labradores y artesanos. Cada tribu
tenía ciertamente eupátridas. Los miembros de la
misma yÉvo¡; , las yÉvll de la misma fratría y las
frátrías de la misma q¡uJ..T¡, estaban unidos por el
culto de un antepasado común. Por consiguiente,
había un q¡ul..o6aatuú¡; para cada q¡u/..T¡, un «pQ«tQL·
«QXO~ para cada fratría, un UQXWV para cada yÉvo¡;,
que ejercían función de sacerdotes en las ceremonias
del culto familiar. Los miembros de cada yÉvo¡; tenían
su lugar de asamblea, su necrópolis y a veces también
una propiedad territorial común.
Atenas estuvo en un principio gobernada por re-
yes (dinastías de los Teseidas, los Melántidas y los
Medóntidas) que, a partir del año 752 a. de J. C .,
no reinaron cada uno más que diez años. En 712,
privóse del trono a la familia de los Medóntidas, y se
hizo accesible a todos los eupátridas. El año 683 la
monarquía fué abolida y sus funciones se distribu-
yeron entre nueve magistrados, .que las desempeña-
ban durante un año solamente. Estos magistrados se
108 JAMES GOW
llamaron quizás en un principio JtQtrcávH~, pero su
nombre clásico, que ha prevalecido, es el de arcontes
( UQ;(OVt'E~) •
El arconte principal fué en un principio el aex;wv
~U<JLAEÚ~, al que incumbían las funciones sacerdo-
tales de la realeza.
Todos los arcontes comían y despachaban los
asuntos públicos en el :n:ev-ruvEiov (casa municipal).
Tenían por auxiliares a los xwAmtQÉt"ut o cortado-
res; en un principio, como su nombre indica, des-
cuartizaban las víctimas en los. sacrificios; más tarde
vinieron a ser los recaudadores de los impuestos.
Los arcontes parecen haber formado parte de un
consejo o senado de 60 miembros ( 15 de cada tribu ) .
Los 51 senadores que no eran arcontes se llamaban
t<pÉ-rat (es decir, t:n:l toi~ Et"Ut~, jefes de los compa-
ñeros, del clan) y formaban, bajo la presidencia del
~U<JtAEÚ~, un tribunal que juzgaba las causas por
homicidio.
Para el reparto de impuestos, cada tribu estaba di-
vidida en tres trittias ( 't'Qlt"t"ÚE~ ) , que son quizás
idénticas a las fratrías, y cada trittia en cuatro nau-
crariru ( vuvxeaQÍm)l, presidida cada una por un
:n:emavt~ -cmv vavxQáewv que recogía las contribu-
ciones y hacía las listas de soldados en cada naucraria.
La contabilidad de los :n:Qvl'civet~ parece haber sido
llevada por los xroJ..mtQÉl'at. ·
Todas las magistraturas estuvieron en un principio,
a lo que parece, reservadas a los eupátridas. Tan
sólo después de la época de Solón ( 585 a. de J. C.) , a
consecuencia de serias luchas entre los eupátridas,
los rewQyot y los t\r¡flto'UQYOL, se convino en elegir
entre los arcontes anuales tres rewQyoí y dos t\r¡flt-
O'UQYOÍ.
Estas luchas entre las clases, cuyo pormenor des-

1 Las trittias y las naucrarias son anteriores a Solón.


GRECIA 109
conocemos, tuvieron también por resultado la redac-
ción y la promulgación de las leyes. Hasta el arcon-
tado de Dracón ( 624), que dió a conocer una
recopilación de ellas, sólo eran transmitidas por tra-
dición oral en la fratría de los eupátridas, que parece
abusaron de este privilegio en provecho propio. Las
reformas introducidas por Solón prueban que había
entonces gran número de deudores insolventes que
habían venido a ser más o menos esclavos de sus
acreedores, los cuales eran, en gran parte al menos,
eupátridas.

49. REFORMAS DE SoLÓN. Solón, rujo de Exekes-


tides, eupátrida también, fué nombrado arconte el
año 594. Ya se había dado a conocer honrosamente
como soldado y como poeta. Su arcontado se señaló
por la famosa aEtaáx-lh;~a o "abolición de las deu-
das", medida excepcional por la que libró a los deu-
dores insolventes. Reforma tal no podía ser realizada
sin producir grandes pérdidas de dinero para algunos
ciudadanos; pero parece que Solón la ejecutó con
mucha prudencia. Parte de la reforma consistió en
una nueva acuñación de la moneda. La misma canti-
dad de plata que antes valía 73 dracmas, valió en lo
sucesivo 500. Quiere esto decir que Solón adoptó el
marco euboico en vez del de Egina (véase pág. 103).
Los deudores que tenían algunos recursos podían, de
esta suerte, liberarse, ganando el 27 por 100 del total
de sus deudas. No sabemos qué medidas se adopta-
ron en favor de los que nada poseían, y si sus deudas
fueron pura y simplemente perdonadas. En todo caso,
los acreedores ricos, contrariados de una parte por la
condonación de algunos créditos, hallaron, de otra,
compensación en el mayor valor del dinero que po-
seían. A consecuencia de esta aEtaáx{}sta, Solón fué
autorizado más tarde (por el año 570) a seguir en
sus reformas y a revisar toda la Constitución atenien-
110 JAMES GOW
se, así como el Código de las leyes de Dracón. Su
obra se modificó en lo sucesivo, pero jamás fué dero-
gada por completo. H e aquí las líneas principales:
19 Salón empezó por dividir a los ciudadanos en
cuatro clases: los :nt:v-raxootO!lÉbq.tvoL , los t:n:nEi~ , los
~Euyhat y los ~~'tE~. El objeto de esta división era
dar a los ciudadanos representación política en conso-
nancia con su fortuna. Compensaba, pues, hasta cierto
punto, el despojo de los ricos realizado por la oEtoá.x-
~t:ta.
Los :nt:v-raxoatOJ.1Éaqwot eran los que poseían una
renta anual equivalente, por lo menos, a 500 medim-
nos de trigo, a 500 metretas de aceite o de vino, o a
500 dracmas de plata. El capital imponible de esta
clase se estimaba en doce veces la renta anual.
Los t:n:nEi~ o caballeros poseían una renta anual
mínima de 300 medimnos o metretas o dracmas de
plata. Su capital se estimaba en diez veces la renta
anual.
Los tt:uyi-rat poseían una renta anual de 200 me-
dimnos o metretas o dracmas, y su capital se estimaba
en cinco veces la renta.
Los aijTE~ eran todos los ciudadanos cuya renta
era inferior a la de los ~Evyhcu.
Las diferencias anteriormente señaladas en la esti-
mación de la riqueza son quizás posteriores a Sol6n.
Tenían por objeto hacer pagar a los ricos una parte
proporcionalmente mayor en los impuestos. Era, como
se ve, un medio de establecer lo que nosotros llama-
mos impuesto progresivo sobre el capital. Los ~ij-rE~
quedaban exentos de todo impuesto.
29 Salón parece haber asignado funciones espe-
ciales a los distintos arcontes. El principal ( ó aexwv
simplemente, también llamado i:nwvu¡.to~, porque daba
su nombre al año) tuvo que juzgar todos los pleitos
de familia. El ~aotAE\Í~ era el gran sacerdote; presi-
día los icphat y el tribunal nuevamente establecido
GRECIA 111
del Areópago. El n:oAÉf!aQXO~ era jefe de las tropas
y juzgaba los pleitos entre ciudadanos y extranjeros.
Los demás arcontes, en número de seis, llamados
-3tGf!o-3É'ral, juzgaban en materia civil.
39 Los n:EV'taxoaLOf.lÉ~lf.lVOl eran los únicos elegibles
para el arcontado. Los tn:n:ei~ y los l;;euyhal podían
ser nombrados para los cargos inferiores. Los -3ij-rt~
estaban completamente excluídos de las funciones
públicas. Todos los ciudadanos tenían acceso a la
EXxATJ<J¡a o Asamblea del pueblo, que nombraba los
funcionarios del Estado, y a las que éstos rendían sus
cuentas. A este efecto, como también para juzgar
en apelación determinadas sentencias de los arcontes,
la asamblea entera, o una delegación nombrada por
ella, formaba la f)l.ta (a o tribunal de justicia 1 .
· 49 Solón no suprimió la antigua división en tri-
bus, fratrías y familias, pero la hizo servir para otro
objeto. Cada tribu nombraba 100 miembros del Se-
nado de los Cuatrocientos ( ~oul.f¡) ,que era como el
Consejo de Estado de los arcontes. Solón conservó
también, o aun quizás instituyó, la división de cada
tribu en tres trittias y doce naucrarias, cada una con
su presidente ( n:QÚtavL~) . El oficio del n:QÚtavt~ l'WV
vaux(HÍQrov era vigilar, en su distrito, el pago de los
impuestos y el cumplimiento de los deberes militares
de todo ciudadano. Los tn:n:ti~ servian en la caba-
llería ; los ~wyi'tal como hoplitas; los-3Tjl'E~ en calidad
de tropas ligeras y de marineros.
59 El tribunal del Areópago fué reformado por
Solón. Los nueve arcontes, al salir de su cargo, venían
a ser areopagitas, si habían dado satisfactoriamente
cuenta de su función. Este tribunal tenía que entender

1 El origen de la palabra es, quizá., ;¡).~o~, sol. El punto


de reunión sería un lugar soleado, de igual modo que la
l:x~á~, donde se reunian las asambleas de Esparta, era un
pórtico sombrío ( axu7.) •
112 JAMES GOW
en la moral pública en general, y, en particular, en
las causas por homicidio, por heridas intencionadas y
por incendio. Realmente, el Areópago terúa en sus
manos toda la jurisdicción criminal. Sus poderes fue-
ron por esto muy considerables, y su autoridad aumen-
tó todavía por la experiencia de los hombres políticos
que de él estaban llamados a formar parte.
6' Solón derogó todas las leyes draconianas, ex-
cepto las que concernían al homicidio, y las sustituyó
por otras leyes civiles y criminales de que fué autor.
Las más importantes estipulaban que nadie podía
poseer en Ática más de cierta extensión de tierras;
que ningún ciudadano podía reducir a otro a escla-
vitud por falta de pago de una deuda, y que todos,
al morir sin hiios legítimos, podían instituir heredero,
es decir, legar sus bienes a quien lo creyeran conve-
niente. Esta libertad de testar es contraria a la anti·
gua costumbre, según la cual los bienes del que
moría sin hijos pasaban por entero a su yÉvo~.
El Código de Sol6n fué inscrito en pilares de
madera cuadrangulares, llamados a~ovf~ ' que se con-
servaron en el Pritaneo. Copias en mármol de dichas
leyes, llamadas XÚQ6€~~, fueron expuestas en la Acró-
polis y más tarde transportadas al Agora (plaza
del mercado) .

50. REFORMAS DE CúsTENES. La Constitución de


Solón no fué modificada por Pisístrato ni por sus
hijos, que se contentaron con ocupar los principales
cargos y guardarse la vigésima parte de hls rentas
públicas.
Las primeras reformas importantes fueron reali-
zadas por Clístenes el año 510 a. de J. C. Dividió el
total de lm ··ciudadanos en 100 <H\).LOL (demos) o
Ayuntamientos, divisiones geográficas que se vieron
frecuentemente ser idénticas a los antiguos yÉvt¡ • Es-
tos 100 demos se subdividieron en diez tribus ( q¡ul.aO,
GRECIA 113
que no tenían ningún carácter local, de suerte que
miembros de la misma tribu podían habitar en
puntos muy diversos del Atica. Parece que Clís-
tenes dividió también los demos en fratrías; pero
estamos muy mal informados sobre el particular. Ele-
vó el número de las vavxQUQ(aL de 48 a 50, com-
prendiendo cada una dos demos, y el de los senadores
de 400 a 500, de manera que cada una de las diez
tribus tuvo 50, mientras que antes cada una de las
cuatro tenía 100. Cada grupo de 50 senadores (~ov­
AEv-ra Oconstituía una pritanía ( :n:Qvtavda), que pre-
sidía la hxll')oLa durante 35 6 36 días consecutivos.
La Ecclesia tuvo poderes legislativos. La Boulé se
constituyó en Consejo deliberativo, análogo a un
Consejo de Estado, para preparar los proyectos de
ley. La Ecclesia nombró directamente a los arcontes
desde el año 510 al 487; luego se restableció la elec-
ción a la suerte.
La nueva división del pueblo en diez tribus tuvo por
consecuencia una nueva organización militar. Se eli-
gieron desde entonces diez estrategas anuales, que, con
el :n:OMJ.lUQXO¡; , tomaban sucesivamente el mando del
ejército, no pudiendo conservarle cada uno más de
un día. Clístenes introdujo finalmente el ostracismo\
institución por la que un ciudadano, cuya presencia
en la República se consideraba peligrosa, podía, sin
otro motivo, ser desterrado por diez años, si así lo
votaba la Ecclesia. Finalmente, por la misma época,
se decidió no admitir en la H eliea (p. 111) sino a
ciudadanos mayores de treinta años, medida que
aumentó la competencia de esta Asamblea.

51. REFORMAS DE ARÍSTIDES. Por el año 479


antes de J. C., Arístides hizo elegibles para el arcon-
1 Asi llamado por los 6cn:oa)(a o pedazos de cacharros
rotos que serv!an como de papeletas de votación.
114 JAMES GOW
ta do a los Lmi:ei~. De· la misma época data la costum-
bre de elegir la mayor parte de los funcionarios
públicos a la suerte ( xAljQo¡;;) . No obstante, los cargos
que exigían conocimientos especiales, como el de estra-
tega, siguieron proveyéndose por elección (X.EtQOt'OVla).

52. REFORMAS DE PERICLES. Por el año 460 a. de


Jesucristo, Efialtes y Pericles introdujeron innovacio-
nes importantes. Los tevyi'tat vinieron a ser elegi-
bles para d arcontado. El Areópago y los arcontes
perdieron gran parte de sus poderes judiciales, que
fueron atribuídos a la Heliea. El n:oÁÉ¡.tUQ;(O<; dejó de
ser general en jefe del ejército. Al propio tiempo,
se introdujo la costumbre de retribuir a los ciudada-
nos por los deberes públicos que cumplían; todo
ateniense tuvo derecho a salario como juez, y pudo
también percibir indemnización por asistir a ciertas
fiestas públicas. EL espíritu democrático que animaba
estas reformas es evidente : las inspiraba el pensa-
miento de dar al mayor número posible de ciuda-
danos, sin distinción de riqueza, participación en el
gobierno del Estado.
Hay que añadir que Solón y Clístenes habían
conferido el derecho de ciudadanía a numerosos
extranjeros y libertos, pero que, desde la época de
Pericles, esas naturalizaciones se concedieron con más
dificultad. Verdad es que se crearon en lo sucesivo
muchos demos nuevos, pero pudo hacerlo necesario
el aumento normal de la población:
Tales son las fases principales de la evolución po-
lítica por la cual los antiguos poderes de los reyes
fueron transferidos al conjunto de los ciudadanos. La
constitución de Solón era en parte plutócrata, porque
reservaba los cargos públicos a la riqueza; y en parte
aristócrata, porque atribuía poderes ejecutivos y judi-
ciales a hombres de probada experiencia. El Poder
Legislativo fué primeramente atribuído al pueblo por
GRECIA 115
Clístenes; luego los cargos públicos se le hicieron
accesibles por Arístides, y, finalmente, el poder judi-
cial le fué concedido por Pericles. La Constitución de
Atenas vino a ser de esta suerte una democracia pura.

52 bis. RESUMEN DE LA CONSTITUCIÓN ATENIENSE


EN LA ÉPOCA CLÁSICA.
I. CIUDADANOS. Se dividían en diez tribus (q¡vAat),
cada tribu en tres trittias (-rQ~tt'Út:~) y por lo menos en
10 demos ( &ij!J.ot} ,cada demo en fratrías ( q>Qa't"Q(at) ;
y cada fratría en cierto número de familias ( yÉvt¡).
El ateniense era ci~dadano a la edad de diez y siete
años, al ser inscrito en el registro de su demo
{'At¡!;~aQXLXOV yQa~-t¡.ta-rEiov). Los ciudadanos estaban
sujetos al servicio militar desde los diez y siete a
los sesenta años; estaban sometidos a las liturgias
(AELtOUQylat) y, en tiempo de guerra, al impuesto sobre
el capital ( Eloq>oQ!Í) .
n. OFICIALES PÚBLICOS. a) Ejército y Marina.
Diez estrategas (o-r{latt¡yol), que tenían a sus órdenes
diez taxiarcas (,;a~laQXOL), que mandaban la infante-
ría; dos hipparcas ( mxa{lxot) al frente de la caba-
llería, y un trierarca (tQtT¡QaQX,O~) ,para cada nave;
b) Hacienda. Diez helenotamos (VJ..r¡votaf.L(a~),
Diez poletos (moAr¡ral). Diez practores (ltQ<ÍMOQE¡;;),
encargados de percibir los impuestos. Diez -ra¡.tla~
'ri;}v l€QOlV XQlJJA.!Ítwv -rijc;' A{}t¡va(a¡;;,guardianes del te-
soro sagrado de Atena. Diez &xo&ÉxtaL (llamados anti-
guamente xwAaxQÉtat) y varios -ca~-tlat, tesoreros paga-
dores y oficiales de contabilidad. Los Ellt¡vo-ca~-tlaL
desempeñaban también el cargo de tesoreros.
e) Justicia. Nueve arcontes, encargados en gene-
ral de la alta inspección de las causas. Ot xa-ra ~"Íf.LOU~
~hxao-rat,que desempeñaban unas veces funciones de
jueces de paz, otras de inspectores. El Areópago y
los efetas, tribunales que entendían en los casos de
116 JAMES GOW
homicida e incendio. Los heliastas .(i¡A.ta<rt-aí.), jueces
en causas comunes. El Senado y la Asamblea del
pueblo tenían ciertos poderes judiciales en las causas
políticas.
d) Policía. Diez a<JTtJVÓf!OL, diez flETQOVÓflOL, ot
Ev~sxa, etcétera.
m. ASAMBLEAS DELIBERATIVAS. La Ecclesia, com-
puesta de todos los ciudadanos, que se reunía por
lo menos cuatro veces en cada pritanía. La Boulé
(Senado) de los 500, que se reunía durante cierto
tiempo todos los días de labor para preparar pro-
yectos de ley. Los 50 Prítanos, comisión permanente
nombrada entre los miembros de la Boulé. El Areó-
pago, tribunal religioso. Los l.OOOvof.to{}ÉTat,que se
reunían de tiempo en tiempo para examinar pro-
yectos de ley.
De estas diversas Asambleas, la Ecclesia sola tenía
poder legislativo.

XIII. PoBLACIÓN DEL AncA

La población de Atenas y del Ática comprendía


esclavos, extranjeros domiciliados o m etecos (f!ÉTmxot)
y ciudadanos.

53. EscLAvos. Los esclavos (lloiíA.ot) eran muy nu-


merosos en Atenas. En un censo hecho el año 309
a. de J. C., se hallaron 400.000, cifra que. no es, sin
duda, superior a la de la época clásica. La mayor
parte de los esclavos eran lidios, frigios, tracios o
escitas; estos últimos venían de las costas del Ponto
Euxino. Costaban por término medio de una a diez
minas por cabeza ( 100 a 1.000 pesetas) ; pero los
había menos estimados, y otros, dotados de particu-
lares aptitudes, se vendían mucho más caros. Se les
GRECIA 117
empleaba en toda clase de trabajos y se les alqui-
laba por grupos para labrar los campos. Se les permi-
tía también ejercer industrias, con cuyos productos
pagaban a sus dueños una renta anual ( <iJtoqJOQ<Í).
Casi no había ciudadano en Atenas que no pose-
yera algunos esclavos. La familia de Esquines, com-
puesta de seis personas, era considerada pobre porque
no tenía más que siete. Sabemos por Plutarco que
Nicias alquilaba 1.000 esclavos, e Hipónico 600 para
la explotación de las minas de oro de Tracia. El
Estado poseía algunos esclavos públicos (alJ!!Ó<Ho~),
que servían principalmente de agentes de policía
( 't'O~Ótad y de escribientes ( YQU!!!!a't'Et¡;) .
Los esclavos de Atenas eran relativamente libres y
poseían algunos derechos, aun contra sus dueños. No
servían en el Ejército ni en la Marina, salvo en los
momentos de gran apuro, como en los de la batalla
de las Arginusas, el año 406. Su situación era prin-
cipalmente lamentable cuando habían de intervenir
en algún proceso, porque, generalmente, el testimonio
del esclavo no era admitido si previamente no se le
había sometido al tormento.
Podían los esclavos ser emancipados por sus due-
ños o, en casos excepcionales, por el Estado, que los
recompensaba por servicios prestados rescatándolos.
El esclavo liberto (aJtEAEmtEQo¡;)quedaba asimilado al
meteco.

54. METECOS. Los !!É't'OlXot o extranjeros domici-


liados formaban una parte numerosa e importante
de la población ateniense. El censo del año 309 a. de
J. C. cuenta 10.000, pero este número es, sin duda,
el de los. jefes de familia solamente, lo cual permite
calcular en 45.000 próximamente el total de los ex-
tranjeros domiciliados. La mayor parte dedicábanse
al comercio y a la industria. Estaban inscritos en un
registro especial, y cada adulto pagaba un impuesto
118 JAMES GOW
anual de 12 dracmas (JLE-ro(xtov). No estaban autori-
zados para poseer tierras en el Ática ni pl;lra tomar
parte en el gobierno, pero se reclamaban sus servi-
cios en la infantería o en la marina, su asistencia en
algunas grandes ceremonias religiosas y su participa-
ción en las AEt'tOVQy(m, de que se hablará más ade-
lante.
Cada meteco debía designar a un ciudadano como
su fiador o patrono (](QO,mÍ'tl];), sin lo cual podía su-
frir persecución judicial 1. Los deberes del ](Qoa-riÍ-rl];
nos son poco conocidos, y es probable que el meteco
mismo pudiera entablar una acción judicial.
En recompensa de servicios prestados al Estado,
el meteco era a veces nombrado isotele (tao-re/..'IÍ;), es
decir, asimilado a lQf ciudadanos en lo que concernía
a los impuestos, o •un ,heJ..lÍ;, título que le libraba
de las AEL'toueytaL, pero era dificilísimo que un meteco
llegase a ser ciudadano. Eran precisas para ello dos
votaciones favorables, conseguidas en dos distintas
reuniones de la Asamblea, en que 6.000 ciudadanos
por lo menos habían de estar presentes. Aun obte-
nidas estas votaciones (como ocurrió con Lisias), po-
dría quedar el · asunto sin resolver por una yeaq¡i)
Jtaeav6~wv (§ 67) y diferirlo para un tribunal, que
había de examinar los servicios atribuidos a la per-
sona recompensada. El meteco elevado al rango de
ciudadano no podía ser nombrado arconte. .
Los hijos procedentes de uniones entre metecos y
ciudadanos no poseían otros derechos que los de los
metecos; no obstante, muchos de esos semiciudada-
nos se hacían inscribir fraudulentamente en los regis-
tros públicos. Se les borraba de tiempo en tiempo, al
revisar las listas ciudadanas ( bta1jllÍ<pLat;) 2 •
l rQucpl) WtQOO'fUOÍOU. Véase § 73.
:z Se dice que aproximadamente 5.000 metecos fueron bo-
rrados de las listas por Pericles, entre 445 y 444.
En 346-5 se hizo otra revisión.
GRECIA 119
55. CIUDADANOS. Los ciudadanos atenienses po-
seían la calidad de tales, ya por el nacimiento, ya por
un favor extraordinario. Así, los de Platea que com-
batieron en Maratón el año 490 a. de J. C., y los
esclavos que pelearon en las Arginusas el año 406,
recibieron el derecho de ciudadanía, restringido, ei
verdad, como el que se concedía a los metecos
(véase el párrafo anterior) . Los ciudadanos creados
de esta suerte se llamaban ~hjf.lOJtOll}tOt ·,
Los ciudadanos propiamente dichos eran los hijos
de padres que poseían este derecho. El número de
ciudadanos atenienses alcanzaba, dícese, a 14.240 el
año 445-4 y a 21.000 en el censo del año 309 a. de
J. C. Tucídides (II, 13) atribuye a los atenienses un
ejército de 29.000 hoplitas al principio de la guerra
del Peloponeso ( 431 a. de J. C.) . En este número
hay que contar más de 3.000 metecos, pero hay que
añadir, por el contrario, los afjte¡; que servían en la
flota, de suerte que el número total de ciudadanos a
la sazón en armas puede quizá calcularse en 30.000
aproximadamente. La proporción de los adultos va-
rones con la cifra de población en la Europa meridio-
nal es alrededor de uno a cuatro, de suerte que puede
calcularse en 120.000 el número total de ciudadanos
atenienses, incluso mujeres y niños, durante el pe-
ríodo clásico.
El hijo de padres atenienses recibía su nombre a
los diez días de nacido. El primogénito llevaba gene-
ralmente el de su abuelo paterno; los otros, los de
otros miembros de la familia en las dos líneas ascen-
dentes.
En la fiesta de las Apaturias (mes de pianepsion
o de octubre), el niño era registrado en su fratría
1
(EYYQÚ<pEtv o daáyetv ett; -covt; <pQÚ'tEQat;) • Esta cere~

1 Se trata de las fratrías creadas por Clístene~, y no de


las antiguas fra trías.
120 JAMES GOW
monia tenía lugar el tercer día de la fiesta, que se Ha~
maba XOUQE<i'>tt~. Después del sacrificio de un cordero
( xo'ÚQUOv o !!Eiov) los cpQá't'EQEt; reunidos votaban
acerca de la admisión del niño, y si la votación era
favorable, el secretario le incluía en la lista. ~sta se
denominaba XOtVOV o q>Qa't'EQLXOV yQa¡.t!lal'ElOV y equi-
valía a nuestro Registro civil.
Los hijos varones debían ser presentados además
en su <;fí¡.to~ . Esta ceremonia tenía lugar el primer día
de hecatombeon (por julio), cuando el muchacho
había cumplido los diez y siete años 1 . Los l'lllfJÓ'ta t
habían de resolver acerca de su admisión. Admitido,
se le inscribía en el A'l'J~taQXU<.ov yQa!lf.tan:iov,lista de
los que tenían derecho a la l..fí~t~, es decir, a la he-
rencia legal y a la posesión. El adolescente que era
admitido en un demo. era mayor de edad. A partir
de aquel día era designado por su nombre, seguido
del de su padre y del de su demo, por ejemplo:
l1'l'Jf.l003Év'l'J¡;; .:\'l'J!l003Évou¡;; II atavtE"Út; 2 • Tenía dere-
cho a asistir a las reuniones de la ~XxAT]OÍa aun cuan-
do los deberes militares a que estaba sujeto le permi~
tieran raras veces tomar parte en ella antes de los
veinte años. A esta edad era inscrito en el registro
de la Asamblea, 1ttva~ ÉxXA'l'J<Hacrnxó;. No podía lle-
gar a ser senador ( ~ouAEu-rT¡¡¡;) o juez de la Heliea
( Í)Atacr-rT¡t;) antes de los treinta años cumplidos.
La pérdida de los derechos cívicos o de una parte
de ellos se llamaba cht!l(a . Ciertos honores podían ser
conferidos a ciudadanos, por ejemplo la a-rÉkta o
exención de las liturgias, la 1tQOEl>eía o derecho a un
puesto de honor en las fiestas, lacrÍ'tl]Ot~ h 1tQUTavEÍq>
o derecho de ser alimentado en el Pritaneo, la o'tÉ-
cpavo¡;; o corona de oro regalada por el Estado, etc.
1 Según otros, a los diez y ocho años.
:2 La ciudadana llevaba su nombre seguido del de su
padre y del de su marido y del del demo de uno de los dos :
~e~lle<JT~ICX"Ul XaQÍou 'Ayvouoíov.
G RE C 1 A 121
Cualquier persona podía adoptar un hijo ( {króc; )
que no fuera de su familia. En este caso, el niño era
admitido en la fratría y en el demo de su padre adop-
tivo. La adopción ( Ma~c; ) de un hijo por el indivi-
duo que no los tuviera propios se consideraba como
un deber para con los antepasados, cuyo culto se es-
taba moralmente obligado a perpetuar.

56. DIVISIÓN DE LOS CIUDADANOS. Se ha visto ya


que el ciudadano ateniense, es decir, el varón adulto,
único que poseía derechos políticos, era necesaria-
mente miembro de una fratría y de un demo. Per-
tenecía también a una tribu, porque cada demo for-
maba parte de una de éstas.
1. Tribus (qruAa O. La población del Atica fué di-
vidida por Clístenes en diez tribus, que tenían los si-
guientes nombres 1 : 'Eeexa,t~ , AlyYJt~, TI av()~ov{c;,
Aeovttc;, ~ Ax.a!Lavt~. OtvY)~. KexQontc;, • Inno-6wvt(c;,
Atavt(c;, • Avnox(c;. Estos nombres derivan de cier-
tos héroes áticos, Erecteo~ Egeo, etc., que eran llama-
dos tmóvv¡.tol o UQXY!Yita~ de las distintas tribus, y
a los que los q¡vA.i'tat tributaban culto.
Cada tribu poseía algunos bienes y celebraba una
reunión anual en Atenas para elegir sus magistrados
particulares y resolver los asuntos de interés común.
Los que cuidaban de la tribu y de sus bienes se lla-
maban É:n:t!LfAY)Tal t~c; qru).ijc; y eran ayudados por un
tesorero ( -raf,lta~) •
2q Demos {()~fAot) • Cada tribu estaba compues-
ta en un principio de diez parroquias aisladas o de-
mos. En la época de la reforma de Clístenes había
100 demos, pero el número de éstos aumentó consi-
derablemente con posterioridad. Los demos eran dis-
l El orden en que enumeramos las diez tribus estaba
1;;0nsagrado por la costumbre. Se encuentra así en todos los
documentos oficiales de Atenas.
122 JAMES GOW
tritos territoriales, como Acames, Maratón, Hálimo,
Mirrino; pero varios tenian nombres de antiguas fa-
milias, como Boutadre, Dredalidre. Diferían mucho en
cuanto a la cifra: de población: asi Acames, en la épo-
ca de la guerra del Peloponeso, dió 3.000 hoplitas,
mientras que en Mírrino 30 ciudadanos bastaban para
formar un quorum 1 en las resoluciones concernien-
tes a los asuntos del demo.
Cada demo poseía bienes raíces, que eran arrenda-
dos, y administraba sus intereses civiles y religiosos
(sostenimiento de los templos y de los caminos, policía
del demo, etc.). Todos los asuntos del demo eran ins-
peccionados por la ayoQá o asamblea de los ~ll~Ótm,
que elegía un inspector o demarca ( ~~~aQxo;-) , con
escribientes auxiliares.
· El demarca llevaba la lista de los ~l]~ÓTaL (la/..1];taQ-
XLxov na~~a"tELoV mencionada, pág. 120) y sus fun-
ciones lograban de este modo -v erdadera importancia
en el Estadó, porque la lista de los ~ll~ÓTaL era tam-
bién la de los ciudadanos. El demarca, como la mayor
parte de los restantes funcionarios públicos de Ate-
nas, ocupaba su cargo durante un año solamente, y
debia, al expirar este plazo, dar cuentas a un exami-
nador ( EÜih.lvo\;) y a los asesores de éste. Las perso-
nas que habitaban en un demo al cual no pertenecían
Se llamaban EYXEXTl'j~ÉVOl y pagaban un impuesto por
residencia ( eyxt"l)nxóv) .
Los magistrados de la tribu y del demo tenian
ciertos poderes disciplinarios con respecto a los que
desobedecían sus órdenes.
· 39 La fratría ( <p(latQta) era una subdivisión· del
demo, pero conocemos mal su organización.
49 T rittias ( TQLnÚE\;) . Cada tribu estaba dividi-

1 Se llama así, en términos parlamentarios, al número


de miembros que bastan para que una deliberación sea
válida.
GRECIA 123
da en tres trittias, aproximadamente iguales, que
comprendían varios demos pequeños, o bien uno o dos
demos importantes. Los nombres de trittias que co-
nocemos son casi todos idénticos a los de ciertos
demos (KEQ<Xf!Ei;, Amuábat, 'EA.euaívtot, IIatavteic;).
La trittia, dirigida por un trittiarca ("tQtnÚaQxo; ),
parece haber sido sobre todo una división militar de
la población. .
59 Es verosímil que la antigua división de las tri-
bus jonias ( atyuGOQEic; , yeAÉOV"tEc; , etc., véase página
106) subsistiera después de Clístenes; pero perdió
seguramente toda importancia política.
En resumen, todo ateniense pertenecía por necesi-
dad a una fratría, a un demo, a una trittia y a una
tribu. Cada una de estas comunidades tenía sus asun-
tos propios, que eran discutidos en público y que
exigían el nombramiento de magistrados y de fun-
cionarios, llevar registros y cuentas, levantar impues-
tos, fijar reglamentos y castigar a los contraventores.
El cuidado de estos intereses locales era una excelente
preparación para los deberes cívicos que todo ate-
niense estaba llamado a desempeñar. Lejos de sus-
traerse a estos deberes, los atenienses eran tan aficio-
nados a ellos, que a cumplirlos se consagraban muchas
veces por entero, dejando a sus esclavos el cuidado
de atender a sus intereses propios.

XIV. MAGISTRADOS ATENIENSES

57. GENERALIDADES ACERCA DE LOS MAGISTRADOS


ATENIENSES . Entendemos que magistrados eran to-
dos los oficiales públicos directamente responsables
ante la Ecclesia, con exclusión de los empleados y los
escribas (yQ<Xf.lf.l<XUic;), que parecen haber sido nom-
brados por los magistrados, y que a veces eran inamo-
vibles, como sucede en nuestra burocracia.
124 JAMES GOW
La mayor parte de las funciones públicas de Ate·
nas se confiaba a comisiones de diez ciudadanos,
aun cuando no siempre estuviera representada en
ellas cada una de las diez tribus, Esas comisiones
eran unas veces ordinarias, otras extraordinarias (por
ejemplo, para cuidar de la construcción de algún
templo). No nos ocupamos aquí más que de las
ordinarias.
Los magistrados ordinarios eran generalmente nom.
brados a la suerte; pero los que desempeñaban los
principales cargos militares y financieros, que exigían
conocimientos especiales, se designaban por sufragio
(X,El()O'tovla). Ningún magistrado podía ocupar más
de un puesto a la vez, ni conservarlo durante más
de un año. Era también regla que ninguno debía
ser nombrado el segundo año para el mismo cargo
que acababa de dejar; pero no se aplicaba a los es·
trategas, que podían, como ocurrió con Pericles y
Foción, ser designados varias veces seguidas, y lograr
de esta suerte gran autoridad en el Estado.
Todos los magistrado~ eran nombrados al final del
mes de muniquion (abril), y entraban en funciones
al principio de hecatombeon (julio).
Los arcontes celebraban una asamblea para los
&.Q)';atQE<JÍat,es decir, para el nombramiento de los
magistrados electivos. Para los demás echaban suer·
tes en el templo de Teseo ( E>r¡oEiov). Tablillas ( :rn-
vchua) que designaban los nombres de los candida-
tos, y habas ( x\Ía~oL) en igual número, se colocaban
en dos urnas. Se sacaba simultáneamente un nombre
y un haba; si esta última era blanca, quedaba elegido
el individuo cuyo nombre se hubiera sacado al mis·
mo tiempo de la urna.
Todos los magistrados, antes de entrar en funcio-
nes, habían de sufrir un examen moral o <'>oxtftaoía
ante un tribunal competente. Es probable que todos
los funcionarios designados por la suerte habían de
GRECIA 125
pasar también por la ~OXLfWo(a ante la Boulé. Se
analizaban los antecedentes del elegido, el modo como
había cumplido sus deberes cívicos. A veces se anu-
laba la elección {anEboxq.Láa3'1)). Todo magistrado
había de prestar también juramento de fidelidad al
Estado.
En el momento de salir del cargo, todos habían de
rendir cuentas a inspectores públicos ( eú3vvot). Antes
del año 403, parecen haber desempeñado esta comi-
sión los 30 J..oyta-ca( (oficiales de contabilidad); pero
en el siglo siguiente, se habla de diez /..oyta-ca(, diez
EÚ3vvm, con sus asesores ( náQE~Qod y diez aboga-
dos ( avvi¡yoQod .No se conocen bien los derechos res-
pectivos de estas Comisiones, pero es seguro que in-
formaban acerca de cada magistrado saliente a un
jurado de 501 miembros, que juzgaban el pleito en
última instancia.
Leyes severas prohibían a todo magistrado saliente
abandonar Atenas o enajenar sus bienes antes de
haber sido sometido a la eOOvva .
Algunos cargos estaban retribuídos, otros eran gra-
tuitos. Es un particular en que nuestros informes son
incompletos. Cada Comisión oficial tenía general-
mente una sala ( UQXEiov, 3ó1o¡;) reservada para sus
deliberaciones, y los miembros que la formaban co-
mían juntos. En ciertas Comisiones uno de los miem-
bros era de derecho presidente dura.Jlte el año (por
ejemplo, el arconte jefe). En otras, la presidencia
correspondía sucesivamente a cada miembro.
Todas las Comisiones podían castigar con multas
( E:n:t6o/..aí.} a los que infringían sus decisiones.
Los magistrados podían ser destituídos por vota-
ción de la Ecclesia, que recibía las quejas que contra
ellos se presentaban.
Muchos, en particular los tres primeros arcontes,
tenían aUxiliares o asesores {:n:áQEliQot) .
126 JAMES GOW
58. EsTRATEGAS. Los Ot(.Hltr¡yoi eran, en el siglo
IV a. de J. C., los más importantes de los magistrados
atenienses. En número de diez, se elegían por aclama-
ción, levantando la mano (:X:EtQOtovia), en la Asamblea
del pueblo. Había un estratega por tribu, pero el Ol'Q<l-
l'llYÓ~ designado no pertenecía siempre a la tribu que
representaba. Los estrategas eran indefinidamente re-
elegibles. Su deber consistía en proteger al Estado
contra las agresiones del interior y del exterior. A
este efecto, tenían la guarda de las fortificaciones, de
la marina, del material de guerra; procedían a la im-
posición de los tributos militares, a las levas de sol-
dados y marinos. Examinaban los litigios concernien-
tes a los asuntos de su competencia (por ejemplo, los
Mxat &vttMaew¡; o At:n:ota~tou). Negociaban y ratifi-
caban los tratados en nombre del Estado. Podían
también requerir a los prítanos para que convocaran
la Ecclesia.
Antes de empezar una campaña, la Ecclesia elegía
los estrategas que habían de dirigirla, y designaba
generalmente uno de ellos para el mando principal.
Los estrategas se repartían entre ellos las demás fun-
ciones de su competencia. En Atenas, cada estratega
era presidente de la Comisión durante un día; en
campaña, si había más de uno en el ejército, alterna-
ban durante un día en el mando en jefe.

59. ÜTROS FUNCIONARIOS MILITARES. A las órde-


nes de los estrategas había diez Ta~ÍaQXOL electos,
cada uno al frente de los hoplitas de su tribu; a los
Ta~ÍaQ:x;ot (coroneles) estaban subordinados l..o:x;ayoi
(capitanes) .
La caballería estaba mandada por dos 'trt:n:UQ:X:Ot
electos, subordinados a los estrategas, que mandaban
cada uno los escuadrones de cinco tribus. Tenían a
sus órdenes diez qrúl..aQXOL y los <'lexá()aQXL. o
GRECIA . 127
· 60. FuNCIONARios DE HAciENDA. Los diez VJ.lJvo.:
'tU!JLUL nombrados por la Ecclesia percibían las canti-
dades pagadas a Atenas por las ciudades tributaria!.
En un principio fueron los tesoreros de la primera
Liga ateniense; pero cuando el tesoro de la Liga pasó
de Delos a Atenas (454 a. de J. C .), vinieron a ser
exclusivamente funcionarios atenienses.
Los diez :rtroÁY]'tUL , designados a la suerte, firmaban
contratos con los arrendatarios públicos, daban en
arrendamiento las minas .y las demás propiedades
del Estado y procedían a la venta de los bienes con-
fiscados.
Los diez :rt(HÍX'tOQE~ percibían las multas ( lm6oJ..a[,
'tLJ.l"ÍI.Ul'ta) impuestas en beneficio del Estado.
El dinero así percibido era entregado en presencia
de la Boulé a los diez ci:rtollbt-rat designados a la
suerte, y depositado por ellos en el T esoro público.
Hasta el siglo v, y quizás durante todo él, los xwJ..a-
XQÉTaL desempeñaban el oficio que fué más tarde asig-
nado a los cinolllxiaL .
Desde el año 354 al 339, todo sobrante de ingresos
era devuelto al pueblo en forma de -3tro(>txóv (véa-
se § 76). En dicha época, el tesorero del th.eoricón, ó
E:rtho i}Ero(_)txóv, era el más imp9rtante de los funcio-
narios de orden financiero. Más tarde, conforme a 'una
ley de iniciativa de Demóstenes, el excedente de los
ingresos se entregó al -raf-1-Ía~ t"WV (,.(_)a-rtwnxwv. Por
la misma época, toda la administración financiera fué
simplificada y se colocó bajo la dirección de un fun-
cionario único, ó 6n:l 'tÜ 1\wtx{¡otL.
El T esoro público se conservaba en el omcri}ói\OIJO~,
o sala posterior del Partenón (templo de Atena en la
Acrópolis), bajo la vigilancia de los 'ta¡.tÍat 'tWV LE(.>WV
:X:QlJIJÚ'trov -rij~ • A1hjva(a~,cuya función especial consis-
tía en administrar los bienes de la diosa. Así también
128 JAMES GOW
los 't<ll!l<lL W>v állrov i}E&v guardaban las rentas de
los bienes pertenecientes a las otras divinidades.
Conocemos muy mal la manera cómo el dinero del
Tesoro pasaba a emplearse en los servicios públicos.
Parece que la Ecclesia consignaba en sus votaciones
ciertos fondos para las diferentes Comisiones ejecuti-
vas; que cada Comisión tenia su 't<l!!La~ o tesorero, y
que el 't«!!(a~ tomaba dinero del Tesoro conforme a
las instrucciones de la Comisión de que formaba par-
te, quizá también con el consentimiento previo de los
n:JtO~Éx'tat. Es seguro que los H.At)VO't<l!!L«L recibían a
veces dinero del Tesoro para el Ejército y la Marina,
y que en ocasiones no entregaban al Tesoro sino el
sobrante de lo que directamente habían percibido,
deducidas las sumas consiguientes a las diversas car-
gas militares.
Los xwAaxQÉ'tat , cuando sus funciones principales
fueron asignadas a los UJtO~ÉX't<lL, siguieron pagando
las comidas públicas y a los jueces.

61. ARCONTES. Los arcontes, designados 'por sor-


teo desde los tiempos de Solón (p. 113) , actua-
ban unas· veces colectivamente; otras, en el límite de
las especiales atribuciones asignadas a cada uno de
ellos. Las más importantes de sus funciones comunes
eran el cuidado de las elecciones o de los sorteos
para la designación de los magistrados del año si-
guiente. Las atribuciones especiales se repartían del
modo siguiente :
19 El liQXWV , llamado más tarde ~mÍ>VtJ!-10~, cuyo
nombre 1 se daba al año, cuidaba de los pleitos de
familia, por ejemplo, de los que concernían a las he-
rencias, y era el tutor oficial de las viudas y de los
huérfanos. Tenía también a su cargo las -3EWQl«t o em-
1 Se dice para fechar un suceso: el año del arcontado
de Dionisio; inl ~lovua(ou c'íoxov~o~ •
GRECIA 129
bajadas religiosas, y ciertas fiestas, en particular las
grandes Dionisíacas. Al principio del siglo v, parecen
haberse.encargado del calendario, labor que pasó más
tarde a un LE(>O!lVi)¡.tc.ov.
29 El ~aatÁE'Ú<; 1 era el ministro de la religión y
cuidaba de los procesos en que resultaban compro-
metidos los intereses religiosos. Presidía el tribunal
de los areopagitas y el de los E<pÉ'tat. Tenía a su cargo
ciertas fiestas, en particular las !1\lO'"tlÍ(>tll, las Ai)vata, y
la All).ln:ll~lJ<pO(>ta.Su mujer (porque debía ser casa-
do) desempeñaba también ciertas funciones religiosas.
39 El :rcoAÉ).lllQXO<;, que era en otro tiempo general
en jefe, pero que perdió esta dignidad a principios del
siglo v, cuidaba de los litigios relativos a los mete-
cos y de otros procesos en que figuraba como parte
un extranjero. Tenía algunos deberes religiosos es-
peciales, en particular la dirección de las ceremonias
fúnebres (E:rcmíq¡ta) celebradas en honor de los que
habían caído en el combate.
49 Los {)¡;a!lo{)É-rat eran los guardianes de las le-
yes. Las revisaban todos los años, incluyendo en el
Código las nuevas y haciendo desaparecer las que ha-
bían sido . derogadas. Entre sus cargos figuraban las
acciones intentadas por el Estado (en particular las
Etaayyúlat), por orden de la Boulé o de la Ecclesia;
la ~OXL!laa(a de los funcionarios de nueva elección ;
las ¡;\í{h¡vat de los generales, y ciertos procesos, por úl-
timo, como los yeaq¡alnaenvÓf.LC.OV. Estaban encarga-
dos de formar los diferentes jurados y pagaban a los
jueces las indemnizaciones previstas por la· ley.

62. ÜTROS FUNCIONARIOS CIVILES. Los Ünce ( OL


~v~Exa) tenían a su cargo las prisiones y la ejecución
de las sentencias capitales. Tramitaban también las

~ Se dice equivocadamente arconterrey, porque las pa-


labras líQxmv ~UO'LAEÚ~ no se encuentran en los textos.
130 JAMES GOW
causas criminales en que el culpable había sido sor-
prendido in flagranti (E:rt' all'tOqJ<.ÓQ<¡>) y conducido in-
mediatamente a su presencia (por &:rcaywyl¡). En al-
gunos de estos últimos casos hasta podían dictar
sentencia, al modo de nuestros jueces.
Los diez aO"l'UVÓf!OL, en número de cinco en Atenas y
cinco en el Pireo, cuidaban de las calles y de la poli-
cía; eran los guardianes de los pozos y se ocupaban
de la distribución del agua. Funciones análogas a las
suyas, pero limitadas a la vigilancia de los mercados,
incumbían a los die2 ayOQU.VÓ)lOL.
Había también numerosas Comisiones, como las de
los flE'tQOVÓflOt, que inspeccionaban las pesas y las me-
didas; los E:ltlflEA.'r]l'UL 't4i>v VEWQLWV o vigilantes de los
arsenales marítimos; los O"L'tOqrúAaxe~ y los E:ltlf!EA:r]l'UL
Efl:ltOQÍOtl, que inspeccionaban el comercio de granos;
los ~owvat, que compraban las víctimas para los sa-
crificios; los &&J..o&Él'Ut , que organizaban los concursos
de las Panateneas, etc. Se tratará más adelante de al-
gunos funcionarios judiciales especiales ( § 71) .

63. CoMISIONES EXTRAORDINARIAS. Se nombraban


comisarios extraordinarios para vigilar ciertos traba-
jos determinados. Tales eran loHHXOJtOtoÍ, loHUqJQ0-
1COLOÍ, los 'tQLl](.>01COLOÍ,los Ema·t~Íl'at twv ~l'JflOO" LWV EQ·
ywv,los a1Coa,;oJ..eT~, que velaban para que los envíos
se realizaran en el plazo prescrito; los ~l]'tr¡-.:aí, encar-
gados de hacer una averiguación particular (por
ejemplo, cuando el escándalo de la mutilación de los
Hermes).

XV. AsAMBLEAS DEUBERATIVAS

64. PonER LEGISLATIVO. Los funcionarios que aca-


ban de ser enumerados no tenían más que poder eje-
cutivo; es decir, que ejecutaban solamente los man-
GRECIA 131
datos que habían recibido. Estos mandatos eran
generalmente dados por la Boulé, de acuerdo con las
instrucciones que emanaban de la Ecclesia. Por ejem-
plo: la Ecclesia votaba una ley ('V~q>UJf.la) con motivo
de la importación de trigo, y la Boulé dictaba a los
E:7Uf.1EAt¡'tat Ef.1:7tOQÍOu las medidas necesarias para la
ejecución de la misma.
65. BouLÉ o SENADO. La Boulé era un Consejo
de 500 ciudadanos de más de treinta años, en núme-
ro de 50 por cada tribu, designados a la suerte ( &1to
xváf.1ou). Los elegidos eran sometidos a la ~oxq.taola,
examen moral que les hacía sufrir la Boulé en ejerci-
cio, y prestaban juramento de cumplir sus deberes
conforme a las leyes. Permanecían en funciones du-
rante un año. Es probable que no pudieran ser candi-
datos para el año siguiente, porque eran sometidos a
la dí-3uva y a la ~OXtflaa(a ante la Boulé en ejercicio,
y no es verosímil que la Constitución ateniense autori-
zara a un individuo para juzgar su propia conducta.
Se reunían todos los días no feriados, generalmente
en el~oul.€u't'fÍ(lLOv.Los senadores nombraban sus au-
xiliares y tenían un heraldo o xl;put El público po-
día asistir generalmente a sus sesiones; pero sepa-
rado por barreras ( l>p'Úq>ax'ta o xtyxJ..l~Et;) .
Para facilitar el despacho de los negocios, los se-
nadores de cada tribu formaban una Comisión, que
presidía la Asamblea ( bQutávtuE) , durante la déci-
ma parte del año (treinta y cinco o treinta y seis días,
alternativamente, en los años ordinarios; treinta y
ocho o treinta y nueve en los de trece meses) 1 • Este
espacio de tiempo se llamaba pritanía ( 1tQU'tavda) ,
y los miembros de la Comisión que presidía se lla-
maban prítanos (ltQU't'Úvttt;}. Los prítanos nombra-
ban a uno de los suyos secretario, y elegían a la suer-
te un presidente ( €n:tO't<Í'tr¡t;) , que permanecía en fun-
1 Véase pág. 113.
132 JAMES GOW
ciones solamente un día y una noche 1 • Los príta-
nos se reunían en una sala redonda llamada 8ó.A.o~
o ~xuí~ y allí comían juntos. Sus funciones consistían
en convocar la Boulé y preparar la orden del día
(:n:QOY(><Í¡.t¡.taTa). A ellos se llevaban los mensajes diri-
gidos a l~ Boulé, y ellos también abrían informacio-
n es cuando el Senado quería tener datos acerca de

Fig. 11.- Sello de plomo de la Boulé.

algún asunto. El prítano, durante sus funciones, pa-


rece haber tenido algunos poderes como juez de paz,
y el mando de los arqueros de la policía ( 'to;ó'tat) .
La Boulé preparaba proyectos de ley para la Eccle-
sia, y los acompañaba de su previo dictamen (:n:Qo-
(3o'ÚA.Eu¡.ta); se ocupaba también de asegurar la eje-
cución de las leyes que la Ecclesia le remitía en la
forma que el momento exigía. Disponía, finalmente,
de ciertos pod'.'!res judiciales. Se podía presentar a la
Boulé una EtcrayyEJ..ta, es decir, una acusación con-
tra un magistrado, que la Asamblea podía admitir,
castigando al culpable con multa de 500 dracmas. Si
el delito era muy grave, la Boulé enviaba al culpable
ante la Ecclesía u otro tribunal competente (véase
§ 75).

l Durante d siglo v, este E1tL(Jl:IÍ't'YJ; era también presi-


dente de la Ecclesia ; pero en el siglo IV designaba a la
suerte nueve nQÓEl)QoLde las otras tribus, y el buat:IÍT'YJ ~ Toov
1tQOÉliQrovera a su vez: elegido de la misma manera entre
las nueve nQÓE~~. El ~ltl.a'tÓ.T'YJ'~tenía la custodia del sello
público.
GRECIA 133
Los senadores, a partir de la época de Pericles,
percibieron cinco óbolos de indemnización por cada
una de sus reuniones {f:bea).
El secretario ( YQ«J!J!«n:'Ú¡;) de la Boulé era también
senador. Se nombraba por el tiempo de una pritanía.

66. EL AREÓPAGO. El tribunal del Areópago (~ t~


'Aeewu 1t<Íyou ~ou/..il) 1 parece haber tenido sobre
los funcionarios religiosos la misma autoridad que la
Boulé sobre los funcionarios civiles. Se componía aquel
tribunal de todos los ciudadanos atenienses que ha-
bían rendido sus cuentas; es decir, sufrido la E{Í{}uva,
después de haber ocupado uno de los nueve puestos
de arcontes. Sus principales atribuciones eran de or-
den religioso; ejercía también cierta inspección sobre
las costumbres públicas en general. El Areópago juz-
gaba en los casos de homicidio o incendio, y servía
frecuentemente de Comisión judicial para examinar
las causas de sacrilegio o de traición. Relativamente,
tratan poco de él los autores clásicos; pero este Cuer-
po no perdió jamás su influencia moral, y bajo la
dominación romana volvió a ser uno de los más im-
portantes instrumentos de gobierno.

67. EcCLESIA. El origen último de toda ley y de


toda autoridad en Atenas era la Ecclesia o Asamblea
del pueblo, a la cual, en principio, todos los bt¡J!Ó't«L
tenían obligación de asistir, aun cuando en realidad
se consideraba ya numerosa una reunión de 5.000
ciudadanos.
Las Asambleas eran unas veces ordinarias; otras,
extraordinarias ( o'Úy1<Ál')'tOt). Estas últimas se convoca-
1 El w AQELO~ Jtáyo~, en opinión de los antiguos, era así
llamado del dios Ares; pero quizás debe buscarse la verda-
dera etimología en el nombre de las divinidades vengado-
ras, las' AQaÍ, cuyas sentencias ejecutaba el Areópago. Este
tribunal existía antes de Dracón.
134 JAMES GOW
han a son de trompeta por orden de los prítanos.
Las primeras se convocaban por edicto (n~?ÓYQ<lflflU)
en que los prítanos indicaban la fecha y el lugar
de la reunión, así como el orden de los asuntos que
habían de ser tratados.
La primera asamblea de cada pritanía se llamaba
xue(a, y se ocupaba de asuntos especiales, en particu-
lar de la confirmación (huXEL(>O-r:ov(a) o de la acusaciór
de funcionarios públicos (Elcrayyd.(a) •
Se celebraban cuatro reuniones ordinarias por cada
pritanía (espacio de treinta y cinco o treinta y seis
días) ; pero no se reunían en días fijos.
El día que se había anunciado, por la mañana, el
pueblo se reunía de ordinario en el Pnix, anfiteatro
natural cuya posición probable se señala en nuestro
plano de Atenas. Antes de abrir la sesión, los que se
retrasaban quedaban aislados de el ágora por me-
dio de una cuerda teñida de ocre rojizo (O;(OLvtov ¡.tE-
¡.ttAno¡.tÉvov) y no se les permitía acercarse. Los seis
lexiarcas y sus treinta oficiales comprobaban los nom-
bres de los ciudadanos por medio de listas llamadas
At']Sl<lQ;(LXU y(>a¡.t~an:ia o n(vaxe; ExxATJO'LM't'LXOL,
Los arqueros (-r:o!;ó-r:m) mantenían el orden en la
asamblea; el heraldo ( x ~ QU!; } decía la oración y
daba lectura a los proyectos de ley.
La sesión comenzaba por lustraciones (rtE(>LO·na).
El heraldo imprecaba solemnemente a los traidores.
El presidente, no habiendo signos contrarios t, de-
claraba que los dioses eran favorables, y la Asamblea
pasaba a examinar la orden del día.
El heraldo empezaba por dar lectura de los rtQ06ou-
AEÚ¡.ta"ta, es decir, de los proyectos que habían sido ya
aprobados por la Boulé. Cada rtQ06o\ÍÁEu~a era some-

1 La sesión se levantaba inmediatamente cuando tenía


lugar algún fenómeno de mal augurio, como una tempestad
o un temblor de tierra (ll~o!J1')J4Íaq •
GRECIA 135
tido s la 1CQO;(ELQO'tov(a, voto preliminar por el que el
pueblo decidía si el proyecto había de ser inmediata-
mente adoptado o si había lugar a discusión. En el
segundo caso, el heraldo pregonaba: Tíc; &yoQt'ÚEtv
~ o'ÚAEtat, es decir, ¿quién desea hablar? Los oradores
se levantaban, y se les colocaba en cierto orden; en
tiempos antiguos hablaban primero los de más edad.
El orador se ponía una corona en la cabeza y subía
a la ~ij¡.ta, especie de tribuna con escalones. Acabada
la discusión, el presidente ordenaba votar (EltE;(ELQO-
'tÓVlJOEV) 1 y se terminaba generalmente el acto alzan-
do las manos (x;etQO'tovía); a veces se apelaba al escru-
tinio. Podían presentarse enmiendas al 1CQOgOVAEV¡.ta;
pero cuando los proyectos enteramente nuevos eran
presentados a la Ecclesia, habían de ser primero re-
mitidos a la Boulé para que esta asamblea hiciera el
estudio previo.
En el mes de hecatombeon, al principio de cada
año, todo el C6digo de las leyes era sometido a la
aprobación de la Asamblea. En esta reunión, cual-
quier ciudadano podía proponer la adición de una
ley nueva o la derogación de otra antigua. En uno y
otro caso, la proposición se enviaba a la Boulé, que
dirigía a la Ecclesia un informe acerca de la cues-
tión. Si la opinión de la Boulé era favorable, el pro-
yecto se sometía a una Comisión numerosa de vo¡.to{}É-
-rat (a veces compuesta de 1.000 ciudadanos) • que
procedían a nuevo estudio y a los que tocaba resol-
ver en definitiva. Los vo¡.to{}s'tat eran elegidos por la
Ecctesia entre los f):i.tUO''tat o jueces 2• Pero en tiem-
po ordinario, la competencia de la Eccles~a estaba

1 Podía negarse a poner el asunto a votación, como hizo


una vez Sócrates.
2 Si los arcontes iteO'Jl.oihh:o.t hallaban alguna ambigüe.
dad o contradicción en las leyes, sometían el caso a los
'YOJl.Oitlhat ,
136 JAMES GOW
limitada por el conjunto de las leyes exi~tentes. Si
acontecía adoptarse una resolución contraria a di-
chas leyes, el que había tenido la iniciativa podía
ser acusado por un ciudadano cualquiera ( yQaq¡~ :n:a-
QaVÓJ.lOOV) e incurrir por el hecho en fuerte multa. Así,
no podía efectuarse ninguna innovación radical si no
se empezaba por conseguir la derogación de la ley
antigua y la sustitución por otra nueva. Estas pre-
cauciones se inspiraban en el deseo de evítar cam-
bios demasiado bruscos o la adopción inmotivada de
leyes nuevas que contradijeran las existentes.
Las acusaciones contra las personas se llevaban
muchas veces ante la Ecclesia, ya por una :1tQ06o).fJ
(comúnmente en caso de sacrilegio), ya por una
da a yyEAla (en los casos de traición) . En una y otra
circunstancia, la cuestión debía ser previamente so-
metida a la Boulé, que dirigía un informe a la E ccle-
sia. Ésta podía entonces adoptar resolución definitiva
o remitir la causa a un jurado especial.
Se llamaba VÓflOt en:' OV~Qt a leyes concernientes a
un individuo determinado ; por ejemplo: el ostracis-
mo y las decisiones que confirmaban o restituían el
derecho de ciudadanía. Las leyes de esta clase se
votaban por escrutinio en asambleas especialmente
convocadas al efecto en el ágora, debiendo estar pre-
sentes 6.000 ciudadanos por lo menos.
Con posterioridad al año 403 a. de J. C., los ciuda-
danos que asistían a la Ecclesia tuvieron derecho a
una indemnización, cuya cuantía, fijada primeramen-
te en un óbolo, se elevó más tarde a tres ( t'QtW6oAo~,
el tri6bo.lo) . Recibían una ficha (O'Úfl60ÁOv), que po-
dían luego cambiar por dinero contante en el despa-
cho de los ,cn·a¡.to1ti-tat. Los que se retrasaban no tenían
derecho a participar de esta cantidad (f.lta{}o~ Exx/.r¡-
ataanxó~) •
Cuando una ley había sido aprobada por los
GRECIA
.
137
VO!.w3i-rat, pasaba a los 3EOfl03{rat,cuya misión con-
sistía en registrar una copia de la misma en los
archivos, y a veces en exponerla al público grabada
en una estela de mármol o de bronce. La decisión
que iba acompañada de efecto práctico e inmediato,
es decir, un decreto ('\jnÍq>La¡.ta} , se remitía general-
mente a la Boulé, que debía asegurar su ejecución.

XVI. EJÉRCITO y ARMADA DE ATENAS

68. RECLUTAMIENTO. Según hemos dicho ante-


riormente, los diez estrategas eran los jefes de todo el
ejército ateniense. Tenían a sus órdenes diez taxíar-
cas (1:a;tarn:ot) y diez locages (A.oxayoO para el man-
do de la infantería, dos hiparca.f (Üttca(rxod y diez
filare as ( qnÍAI:lQ;(Ot) para el de la caballería. Todos los
ciudadanos eran inscriptos a los dieciocho años en el
registro (l..l'J;taQ;(LXOv yQa¡.tllaniov) de su demo y esta-
ban sometidos al servicio militar, obligación que sub-
sistía hasta los sesenta años. Los jóvenes de menos de
veinte años (Eqn¡6oL),y los viejos de más de cincuenta,
no estaban obligados a servir fuera del Ática.
El taxiarca de cada tribu llevaba una lista ( xa1:ÚAO-
yot;) de los ciudadanos y metecos aptos para el servi-
cio. Los individuos de igual edad se colocaban jun-
tos, llevando el grupo el nombre del arconte epónimo
correspondiente. Los que pertenecían a las tres pri-
meras divisiones de Solón (tcEv1:axoato!1Él)L!J.VOt, l1CJtti~
y ~tuyhaL) debían figurar en calidad de hoplitas. S8
ejercitaban en el manejo de las armas desde los die-
ciocho a los veinte años. El armamento de los hopli-
tas consistía en la JtavoJtl..(a , o armadura completa,
comprendiendo el escudo ( oJtl..ov) , el casco, la coraza,
las grebas, la espada y la lanza o pica ( a<Jrdt;' xuv€1¡
o xQÚvo~, -D<ilQa;, xvr¡11i.l)t~, ;tcpo~, MQu} .
138 JAMES GOW
Los 3iín~ servían en las tropas ligeras ( \jJLAoO , a
veces en calidad de arqueros.
Los ciudadanos que tenían derecho a servir como .
hoplitas, pero a los cuales sus medios permitían man·
tener un caballo, servían en la caballería. En la épo·
ca de la guerra del Peloponeso había 1.000 caballeros

Fig. 12.- Caballerla ateniense, según un bajorrelieve del


siglo IV a. J. C.

(t:rt:rtd~) que eran revistados anualmente por la Bou-


lé y tratados con distinción en las ceremonias públi-
cas. Se mantenían además cien arqueros a caballo,
mercenarios (escitas la mayor parte), que se llama-
ban tmto'to;ó-rat.

69. SERVICIO Acnvo. Podía hacerse una expedi-


ción militar con el total de las fuerzas disponibles en
Atenas {:rtavO'tQan~) , o COJ:l un ejército formado espe-
cialmente para ella ( ~x xa-ral..óyou ) , Los alistamientos
GRECIA 139
de este género se hacían por ox:den de la Ecclesia,
que llamaba a las armas a la totalidad o a una p~rte
de los soldados de cierta edad.
Los soldados de cada tribu y de cada demo servían
juntos y formaban pequeños batallones distintos.
Todos los soldados tenían derecho a una paga dia-
ria ( lllo-l}óc;) , más cierta suma, para alimentarse ( ot-
Tl]QÉowv) . El hoplita recibía también indemnización
por su asistente, y el caballero por el caballo. El
coste diario de un soldado variaba de esta suerte de
cuatro óbolos a una dracma.
La disciplina dejaba que desear, aun cuandó las
faltas graves a los deberes militares se castigaban a
la vuelta de la campaña. Había para esto acusaciones
diversas, YQO.<pa.l aO'TQUTE(a.c; ' AUtOTO.~(ou, tlEtAia.c;, que
se cursaban bajo la dirección de los OTQ«n¡yoL. Los
acusados comparecían ante un jurado que formaban
sus compañeros de armas. En caso de condena perdían
parte de sus derechos ciudadanos y no podían asistir
más a la Ecclesia.

70. LA FLOTA. La flota ateniense, que compren-


día aproximadamente 400 trirremes (TlH~QElc;, nave de
tres filas de remos a cada banda), estaba mandada por
los OTQ«n¡yo(, por igual razón que el ejército de tie-
rra. Cada nave iba dirigida por un TQL~Qa.exoc;, que
tenía por auxiliares un xu6EQV~t'.tlc; o piloto; un
xEAEuot"l¡c; o contramaestre, que daba 6rdenes a los
remeros; un va.urn1yóc; o carpintero, etc.
El trierarca podía delegar el mando de su nave
en otro jefe, pero era el único responsable de la pres-
taci6n llamada trierarquía ( TQl lJQO.QX (a.), de que se
tratará más adelante. Estaba obligado a mantener un
año el casco de su navío, que el Estado le daba y
generalmente también las velas, remos y cuerdas. En
el siglo IV, el trierarca tenía que pagar también a los
oficiales subalternos de la nave que mandaba.
140 JAMES GOW
El resto de la tripulación comprendía aproximada-
me~lte diez ~m6átm u hoplitas (infantería de mari-
na); sesenta y dos-ltQavitm,que manejaban los remos
más largos en el banco superior; cincuenta y ocho
~uyitm, que remaban en el de en medio, y cincuenta
y cuatro -lta.Aa!!itm, que ocupaban el banco inferior
y cuyos remos eran los más cortos. Estos remeros
(vautaL o vau6átaL) se reclutaban entre los ciudada-
nos más pobres y los metecos, alistándose también a
este efecto mercenarios.
Los marinos, como los soldados de tierra, tenían
derecho a sueldo y a un fondo para mantenerse. Los
-ltQa\'lt"at,cuya tarea era más ruda, eran también los
mejor retribuídos. El sueldo variaba de tres óbolos
a una dracma al día. Las faltas de disciplina eran
castigadas con las mismas penas que en el ejército;
parecen, por lo demás, haber sido menos frecuentes
en la flota que en los campamentos.

XVII. PROCEDIMIENTO LEGAL EN ATENAS

.71. JurusorcciONES. Se ha visto anteriormente


que la mayor parte de los magistrados atenienses dis-
ponían de ciertos poderes para castigar a los que
infringían sus mandatos, y que muchos cuidaban
especialmente de ciertas acciones judiciales, civiles o
criminales. Este cuidado o dirección ( 'ÍJYE!!Ov(a ~hXIl(J­
tl] Q(o u) consistía en lo siguiente : el magistrado proce-
día a la instrucción del proceso, recibía de las partes
litigantes Jos documentos correspondientes y _presidía
luego el tribunal llamado a juzgar. Algunos repre-
sentantes judiciales de que va a tratarse desempeña-
ban solamente estas funciones.
Un centenar de ciudadanos de reputación intacha-
ble y de edad madura estaban revestidos del cargo
de árbitros públicos ( lhmtr¡taO. Probable es que todo
GRECIA 141
pleito civil hubiera de someterse a un arbitraje antes
de recurrir al tribunal.
En el siglo v, una Comisión de vavroMxmse ocu-
paba especialmente de los pleitos a que daba lugar
el comercio marítimo.
Procesos de poca cuantía, en que se trataba de una
cantidad menor de diez dracmas, eran sometidos a
treinta jueces de paz (cuarenta en el siglo IV) lla-
mados oí xa'ta ~h'u.&ou~ ~hxa<J"taL Parece que también
entendieron en la mayor parte de los procesos civiles;
pero cuando la suma objeto del litigio pasaba de
diez dracmas, el proceso se sometía siempre a un
jurado.

72. juRADOS. Los delitos más graves eran some-


tidos al Areópago y a los cincuenta y un éq¡É"tat
{véanse páginas 108 y 133), que se reunían en luga-
res distintos, según la naturaleza de los casos que
habían de juzgar 1.
Los areopagitas, que se reunían en el Areópago,
dictaban sentencia en los casos de homicidio volun-
tario, heridas graves y de incendio. Los efetas, cuan-
do se reunían én:l II allaMq>, juzgaban los casos de
homicidio involuntario y de incitación al asesinato.
Reunidos tn:l ~EAqJLvtq>, sentenciaban acerca de los
homicidios justificados; por ejemplo, en el caso de
legítima defensa. Reunidos en Freato, localidad del
Pireo, juzgaban a los que habían cometido asesinato
estando ya desterrados por homicidio justificable. Fi-
nalmente, reunidos EV II Qvt<lvE(q>, juzgaban los deli-
tos de asesinato en que el culpable era desconocido, y
los de muerte por accidente; por ejemplo, por la

1 Estos lugares de reunión parecen haber sido en un


principio inviolables; eran los asila, en que el criminal se
refugiaba para librarse de una justicia sumaria. Las fun-
ciones de los lq¡É"t(U estaban muy reducidas en d siglo IV
a. de J. C.
142 JAMES GOW
caida de un poste. La instrucción estaba a cargo del
~aotl..eú~ y exigía formalidades religiosas que los
e~r¡yr¡tat 'ttiív óotwv debían comunicar a los recurren-
tes. Estos E~1JY1Jta(, intépretes de las leyes sagradas,
eran en número de tres, probablemente efetas eupá-
tridas, que poseían tradiciones orales relativas a la
expiación del homicidio y a los ritos funerales. El
asesino no podía ser perseguido en justicia sino por
parientes próximos de la víctima; no existía en Ate-
nas el Ministerio fiscal.
La inmensa mayoría de las causas, tanto criminales
como civiles, eran enviadas a los 1V~.taotat, comisión
de jurados así llamada por su punto de reunión, la
e H/..ta(a, próxima a las oficinas de los 3E0!!03Ét(H
(página 111).
Cualquier ateniense mayor de treinta años podía
ser elegido para las funciones de T¡AtaoTÍj; o de ~Lxa­
OTÍ]~; pero se incluía solamente en estas Comisiones a
los que espontáneamente daban sus nombres al ar-
conte y expresaban el deseo de ejercer el cargo al
año siguiente. Juraban en corporación, al principio
del año de su cargo, ajustarse a las leyes y juzgar
con entera imparcialidad, según las pruebas recibi-
das. Se les dividía luego en diez grupos, distinguidos
por letras del alfabeto jonio, de la A a la K (la di-
gamma F no estaba en uso) ; cada T¡/..tao-rlj~ recibía
una tésera de bronce con su nombre y la letra de su
grupo.
Los jurados eran designados a la suerte por los
{}eo!Lo3État, que indicaban también el lugar donde
debían reunirse. La letra de sección de los jurados
afectos a cada tribunal, y una varita llamada O!plJXL-
axo~ , insignia de los jurados 1 , figuraban a la puerta
del tribunal. Variaba mucho el_ número de los ju-

1 Esta insignia es análoga a1 haJta y ,a la (estuca de los


romanos.
GRECIA 143
rados. Se sabe de algunos que tuvieron 201, 401,
501, 1.001, 1.501. 2.001 y 2.501 miembros 1• Se de-
signaban a veces jurados especiales para entender
en causas militares, mercantiles u otras que exigían
especial competencia. Desde los tiempos de Cleof6n
(por el año 420) los heliastas cobraron dos óbolos
diarios; esta indemnización se elevó más tarde a tres,
y a cuatro el año 390 a. de J. C. Los tribunales no
se reunían los días nefastos 2 o feriados y aquéllos en
que lo hacía la Asamblea del pueblo.

73. LAS CAUSAS. Las causas ( &y<i>vE~ o MxaL) que


habían de juzgar los i¡A.tao"taÍ pueden clasificarse en
varios respectos :
19 Causas privadas o públicasJ LI)Lol o l)r¡!lÓOlOL.
No podía entablar acción privada más que el perju-
dicado. La acción pública podía iniciarla cualquier
ciudadano; pero si al acusado se le condenaba, las
multas pasaban generalmente al Estado, y, por otra
parte, el acusador era castigado con multa de 1.000
dracmas de no obtener la quinta parte de los votos
de jurado en apoyo de su demanda 3 • La acción
pública (Mx.r¡ lhl!!Oota) recibía el nombre especial de
ye aq:n\. Por ejemplo : un esclavo emancipado, asimi·
lado al meteco, estaba obligado a adoptar a su anti-
guo dueño como ltQO<J"tÚ"tTJ~ (véase p. 118), Si no lo
hacía, su antiguo dueño podía entablar contra él una
Mx.r¡ altO<J"taO'tO'U. Pero el meteco libre que no tenía
:n:eoaTÚTTJ~, podía ser objeto de un yQaq¡i¡ <l:n:QOOTaoiov
por parte de un ciudadano cualquiera. Las acciones
1 El número total era siempre impar.
2 Es decir, los días que se consideraban funestos.
3 En ciertas causas civiles el ac\Uador que no había
obtenido el quinto de los sufragios era condenado a la
t motleJ.(a, es decir, a pagar un óbolo por cada dracma que
había reclamado injustamente al acusado.
144 JAMES GOW
llamadas Eloayye/..ta, a¡caywy~, c:páat~, son variantes
de las acciones públicas o yQac:paí.
29. Se distinguen también las Mxat xaTá nvo~ y las
<H:xat 1CQÓ~ ·nva.En las primeras, el demandante recia.
maba el castigo del culpable (por ejemplo, por ca-
lumnia, xaxl]yoQta~ bíxl]). En las segundas, solicitaba
del tribunal una declaración de sus derechos (por
ejemplo, a la posesión de una casa o de los bienes
cuya propiedad le había sido disputada) .
39, Los &yú)vE~ aTÍfll]TOL se distinguen de los &ywve~
TLfH]TOl. En los primeros, la multa y la indemnización
habían sido fijadas por la ley o por acuerdo entre las
partes, mientras que en los segundos el total de lo
que había de pagar el acusado lo determinaba el
tribunal.

74. PROCEDIMIENTO. Supongamos que el deman-


dante entablaba un proceso, cuyo examen correspon-
día a un arconte; el procedimiento era el mismo
cuando correspondía a otros magistrados. El deman-
dante, acompañado de dos testigos (xAl]TijQE~),citaba
al acusado (:rtQÓ<TxAl]<H¡;) para que compareciera en
un día determinado ante el arconte. Si el acusado no
se presentaba, el demandante ganaba el pleito ipso
facto ( Mx.l] EQl]JlO~). Si se presentaba, ambas partes
empezaban por pagar los gastos de justicia (1CQtrtavei:a,
en ciertos casos 1CilQÚcn-am~ o 1CUQaxaTa6o/..~), propor-
cionados al valor de los bienes en litigio. El deman-
dante indicaba con claridad (/..ij~L~)el objeto de su
demanda, y el arconte fijaba un día para oír la causa
(&víÍXQLOt¡;). En dicho acto, las partes afirmaban me-
diante juramento la buena fe de sus pretensiones
( avTw¡.tooíat) , y el demandado presentaba, si a ello
había lugar, una demanda contraria (&VTtYQac:pi¡).
Podía también presentar una excepción (1CilQUYQac:pi¡)
o provocar una cuestión previa (lhaflllQTUQ(a), en cu-
yos casos se reunía un jurado para resolver si con-
GRECIA 145
venía continuar el pleito. Si el demandado no pre~
sentaba excepción, o si no le era admitida, la causa
seguía su curso regular ( E-Mvlhxta). El arconte metía
todas las piezas de la causa en una caja sellada
(lxivo~),al propio tiempo que una copia de los tex~

Fig. 13.- Boletines de votación l.

tos de las leyes que a la misma se referian; fijaba


luego un día para la audiencia 2, de acuerdo con los
3E<1JL03Ét"(U, que habían de citar a los jurados.
La audiencia era presidida por el arconte que ha~
bía instruído el proceso. Después de realizado el sa~
crificio que señalaba el comienzo de los debates, se
cerraba la baranda que rodeaba el tribunal. El escri~
bano (yQa!lttatE'Ú~) daba lectura de las piezas redac~
1 Las inscripciones se leen 'ljJjj cpo~ 6T]¡¡.oo(u. En la primera
figura, el vástago que atraviesa la rodaja es macizo; en la
segunda, está hueco.
2 La demanda de aplazamiento se llamaba \m:ro¡4ootu .
146 JAMES GOW
tadas en el curso de la instrucción (aviÍxQL<Jt~). El de-
mandante y el acusado hablaban sucesivamente. Se
admitía a veces que auxiliares o abogados (ouv~yOQOL,
o\Ív11txot) tomasen luego la palabra en defensa de las
partes; pero la duración de los discursos estaba limita-
da por el número de clepsidras que el tribunal conce-
día. Cada parte tenía su tribuna propia ( ~ii!ln) •
Ocurría que el acusado iba acompañado de su mujer
y de sus hijos, miserablemente vestidos y derramando
lágrimas, para excitar la compasión de los jueces. Aca-
bados los discursos, los jurados pasaban a votar. Cada
uno recibía al efecto dos boletines en forma de roda-
jas de bronce (fig. 13) t, una maciza, que significaba
absoluci6n; otra agujereada por el centro para indi-
car condena. Los boletines eran depositados en dos
urnas; en una ( x'ÚQLO~ xnMoxo~) se metían las que
expresaban la opinión de los jueces, en otra ( axueo~
xnMoxo;) los boletines que no se habían utilizado :z.
El presidente del tribunal contaba los votos y dictaba
sentencia según ellós. Si se condenaba al acusado y
el dywv era "tL!llJTÓ~, se resolvía en seguida la cues-
tión de perjuicios, haciendo valer el demandante
una cifra (TÍ¡.tl]f.l<l), a la que el acusado oponía otra
( UV'tL'( L!l T] !1Cl)
3•

75. EJECUCIÓN DE LA SENTENCIA. En las causas


criminales, la ejecución de la sentencia se confiaba

l. En un principio se usaban guijarros blancos y negros ;


en tiempo de Arist6fanes se usaban conchas.
2 En tiempos mál! antiguos había solamente una tablilla
y dos urnas; en la primera se metían los votos favorables al
acusado, en la segunda los contrarios.
3 Cuando se trataba de fijar el importe de una multa o
la indemnización por daños y perjuicios, los jueces recibían
cada uno un mvá?tLO'V 'tL!lTJ'tL?tÓv, tablilla encerada en que
trazaban una línea larga o corta, según que adoptaran el
cálculo m& alto o el más bajo. (Arist6fanes. Avispas,
106, 167. )
GRECIA 147
a funcionarios públicos, a saber: los Once (oí EvaExa)
para la pena capital, los :n:QáKtOQE~ para las multas,
los :n:WA'I'}'ta( para las confiscaciones.
En las causas civiles, el demandante mismo debía
cobrar los daños y perjuicios que se le asignaban;
pero _el acusado recibía orden de pagarlos en deter-
minada fecha. Si no lo hacía, incurría en una Mxrt
i~o-ú)..yt~, medida de expulsión que exigía que el Es-
tado interviniera.
No había apelación {EqlEOt~); pero el que había sido
condenado estando ausente (lQ'ÍJJlYIV oq¡A.Eiv, entiéndase
MxTJv) o por falso testimonio, podía obtener la revi-
sión de la causa (&vnA.axEiv). Podía también ser con-
donada una sentencia, si los testigos resultaban pos-
teriormente convictos de perjurio, después de una
M~TJ 'IJ!Euao!la(rt"uQ(wv.

XVIII. HACIENDA EN ATENAS

76. GASTOS. Los gastos ordinarios de Atenas, en


tiempo de paz, comprendían el pago de los ~OtJAWtat
o senadores, de los ciudadanos que asistían a la E c-
clesia, de los jueces o btxaoTa( y de los funcionarios
de orden inferior. Hay que añadir el-ltEWQLXÓv, indem-
nización que permitía a los ciudadanos pobres tomar
parte en las fiestas públicas; cada ciudadano recibía
dos óbolos en los días feriados. Cuando Pericles in-
trodujo esta mala costumbre, no tenía en cuenta más
que las Dionisíacas y las Panateneas; pero más tarde
se extendió a todas las fiestas del año.
Se necesitaban otros gastos para las fiestas y los
sacrificios públicos, las embajadas y la construcción
de edificios y de templos. La Marina y el Ejército
demandaban también grandes sumas, aun en tiempo
de paz, y los gastos de este capítulo aumentaban en
proporciones enormes en tiempo de guerra. Los tres
148 JAMES GOW
primeros años de la del Peloponeso costaron 7.400
talentos, es decir, aproximadamente 45 millones de
francos oro. El presupuesto atendía también al soste~
nimiento de los huérfanos, a la distribución de trigo
a los pobres y a otros gastos variables.

77. INGREsos (:rtQóoollot). 19 Ingresos ordin'arios.


Durante la existencia de las dos Ligas atenienses
(454~412, 378~338) \ el origen principal de ingresos
fué en Atenas el tributo pagado por los miembros de
la Confederación que presidía. El de la primera Liga
ascendía a cerca de 1.250 talentos (aproximadamente
'1 millones de francos oro) en el año 425; el de la
segunda era mucho menos considerable.
Las rentas ordinarias percibidas en Ática en las
épocas de paz se dividían en dos partés : una fija, lla-
mada xata6oJ..aí; otra variable, llamada :rtQOOXaTa6/..i¡~
f!Uta, Las :xaTa6oJ..aí comprendían las rentas de las pro-
piedades del Estado, en particular de las minas de
plata del Laurión, y diferentes impuestos sobre el
comercio, como el :rtEvt'lJ:xooTi¡ o derecho del 2 por 100
sobre todas las mercaderías importadas o exportadas
por el Pireo; el bcrovtov o impuesto ad valorem sobre
las mercaderías vendidas; el llta:rt'Ú/..tov , d ereeho de
consumo sobre todo lo que venía al mercado. Hay
que añadir el ¡.tETOÍxtov, renta que pagaban los extran·
jeros domiciliados.
Todos estos ingresos estaban naturalmente some-
tidos a fluctuaciones de importancia; pero se les con-
sideraba, no obstante, fijos, porque estaban a cargo
de arrendatarios (TE/..wvat) que pagaban una suma

1 Estas fechas no son rigurosamente exactas: 454 a. de


J. C. señala el momento en que el tesoro de la primera
Liga fué transportado de DeJos a Atenas; la liga se había
formado después de la segunda guerra médica. La segunda
Liga, asimismo, había empezado a formarse ya en el año
395; pero no tuvo realmente importancia hasta el 378.
GRECIA 149
convenida al Estado y se reintegraban efectuando
por su propia cuenta el cobro de los impuestos.
Los:rcQOoxa-ra~li¡¡.ta'ta eran los gastos de justicia y
las multas judiciales que el Estado percibía directa-
mente.
29 Ingresos extraordinarios. Por la institución de
las AEL'tOU(lytm, que vamos a dar a conocer, el Estado
se libraba de numerosas obligaciones a expensas de
un corto número de ciudadanos ricos, y recibía tam-
bién con gran frecuencia importantes donativos, tm-
~ÓoEL~. En tiempo de guerra, cuando los gastos cre-
cían mucho, se establecía un impuesto especial lla-
mado EtocpOQÓ.. Era una especie de impuesto sobre el
capital, proporcionado a la división en clases que
estableció Solón; de suerte que los ciudadanos ricos
pagaban, según su fortuna, más que los pobres. De
378 a 377 a. de J. C., en el arcontado de Nausinico,
se introdujo un nuevo sistema. Desde entonces, los
ciudadanos se dividieron, respecto a la etocpoQá. , en
au¡.t¡.tOQL«L ordenadas por la riqueza. La lista de los
miembros de cada simmoría se confiaba al miembro
más rico de la misma, llamado ljyE¡.tÓ>v. La primera
simmoría comprendía los 300 ciudadanos más ricos.
El impuesto fué percibido primeramente por el E s-
tado; luego, a partir del año 362- 1 a. de J. C., los
300 ciudadanos hubieron de pagar por anticipado la
totalidad del impuesto (:rcQOELocpOQá.) y se encargaron
de recoger ellos mismos las contribuciones de las siro-
morías inferiores. Los estrategas fijaban la suma co-
rrespondiente a cada una de ellas.
39 L iturgias ( AEL'tOUQytat). Esta institución tenía
por objeto librar al Estado de ciertas obligaciones,
imponiéndoselas a los ciudadanos más ricos. La eti-
mología de la palabra es li¡'tto~ o AE'í-ro;, que significa
público, y EQyov, trabajo, funci6n.
He aquí la indicación de las principales liturgias:
1. La T(Jtl')Q«Q:X,L« o equipo de un trirreme (véase
150 JAMES GOW
pag¡na 139), impuesta en su origen a una sola per-
sona, luego, después del año 405, a dos, y por último,
desde el 356, a simmoria.s trierárquicas. Estas últimas
estaban formadas por los 1.200 ciudadanos más ricos,
divididos en 20 simmorías de 60 individuos cada una.
Cada simmoría podía estar obligada a equipar más
de un trirreme, y elegía los capitanes entre sus miem-
bros. Cuando dos trierarcas armaban un trirreme,
cada uno lo mandaba durante seis meses. Ningún ciu-
dadano podía estar encargado de la trierarquía más
de una vez en el espacio de dos años.
II. La XOQl)yÍa o encargo de formar el coro para
una representación dramática. Después de la guerra
del Peloponeso, se autorizó a dos ciudadanos de una
misma tribu para qu~ en común proveyeran a los
gastos de la coregía.
III. La yuJ.lVML<lQX(a o encargo de organizar cier-
tos juegos públicos, en particular las carreras de
antorchas (A<l!UtaalJq>OQÍa~) que se celebraban en las
Panateneas.
IV. La Éot'ÍaaL~ o encargo de organizar la comida
pública de una tribu.
· Cuando un ciudadano al que se había impuesto
una liturgia pensaba que otro era más rico que él y
podía, por consiguiente, soportar mejor la carga, po-
día intimarle a que aceptara la liturgia en su lugar, y
si se negaba, cambiar por el suyo su peculio. Este cam-
bio se llamaba avríaooL~. Cuando no surtía efecto
una intimación semejante, el ciudadano que se juz-
gaba perjudicado podía entablar proceso, a fin de
aclarar cuál de las dos partes, por razón de su
fortuna, debía resultar sometida a la liturgia.
GRECIA 151

XIX. INSTITUCIONES DE EsPARTA

78. PoBLACIÓN DE LAcoNIA. Es seguro que los do-


rios, qúe apenas menciona Homero, emigraron de
la Tesalia al Peloponeso más tarde que los demás
helenos, y que su emigración siguió dos caminos: uno,
pasando el golfo de Corinto por Naupactos ; otro, pa-
sando por el istmo de Corinto y la costa oriental de
la península. Los primeros invasores se establecieron
en Esparta, los siguientes en Argos, Corinto y Mega-
ra, pero los dos grupos de tribus dorias conservaron
siempre tradiciones que atestiguaban su origen co-
mún. En todas partes los dorios se abstenían de gue-
rrear durante el mes sagrado de KaQVE Ioc; (agosto),
en todas partes se dividían en tres tribus denomina-
das • Tlleic;1 ó.v~uivEc; y II á~q¡ul..ot. El hecho de deber
todos los dorios a la conquista el territorio en que se
habían establecido, contribuía también a dar a sus
instituciones ciertos caracteres comunes. Por doquie-
ra, efectivamente, en país dorio, se encuentra una
clase de esclavos, otra de hombres libres sin dere-
chos políticos, y una tercera, directora, de pura san-
gre doria. Estas tres clases, en Laconia, se denomi-
naban Elf..ronc;, fl EQÍOUtOL Y ~Jt!lQ'tUhat.
19 Los ilotas, E'íl..ronc;, llamados ruf.lv~GtOt en Ar-
gos, eran los descendientes de una población primi-
tiva, ya reducida a servidumbre por los aqueos, que
fueron a su vez sometidos por los espartanos. No
pertenecían a particulares, sino al Estado, y sólo el
Estado podía emanciparlos. No obstante, se les asig-
naba a dueños particulares, cuyas tierras cultivaban
pagando determinada renta anual. Se les utilizaba
en la guerra, generalmente en la infantería ligera, o
como remeros en la flota. Durante y después de la
guerra del Peloponeso, sirvieron alguna vez como ho-
152 JAMES GOW
plitas. Entonces eran libertados y tomaban el nombre
de vto8uJ.I.óÍ{)Et<;. Los ilotas eran muy mal tratados, y se
sospechaba, no sin motivo, que alimentaban odio irre-
conciliable contra Jos espartanos.
29 Los periecos o IlEQ(Ot?Wt, llamados • ÜQ"Eat'm en
Argos, quedaron libres después de la conquista doria.
Ocupaban cien distritos, en que se dedicaban al co-
mercio y a la industria, ocupaciones que estaban
prohibidas a los espartanos. Estaban vigilados por
los ÚQJ.I.O(Jt'Clt lacedemonios. Su principal obligación
era la de servir como hoplitas en el ejército. En Pla-
tea presentaron 5.000 hoplitas, tantos como los mis-
mos espartanos.
39 Los espartanos propiamente dichos habitaban
cinco cantones contiguos, cuya reunión se llamaba
Esparta. Estaban divididos en tres tribus, los ' TAA.Ei¡;,
los ~u,.uivE<; y los IIá,.upVAOL Cada tribu comprendía
nueve fratrías, y cada fratiia cierto número de w6uí.

79. GoBIERNO DE EsPARTA. La Constitución de


Esparta y las leyes rigurosas que gQbemaban la socie-
dad espartana eran atribuídas por los antiguos a un
legislador llamado Licurgo. Varios historiadores mo-
dernos consideran a Licurgo personaje legendario;
pero es discusión que no cuadra en este lugar. Lo se-
guro es que había un Código antiguo de leyes esparta-
nas, consistente en {lijt'QClt o sentencias, que, en opi-
nión común, habían sido dictadas, o al menos apro-
badas, por el oráculo de Delfos. Estas leyes no se con-
sideraban absolutamente invariables y fueron modifi-
cadas en ocasiones; pero en la época clásica la antigua
Constitución espartana no experimentó más que muy
ligeramente las tendencias reformadoras tan pujantes
en Atenas y en otras repúblicas.
19 Los reyes. Al frente del Gobierno estaban co-
locados dos reyes: uno de la familia de los Ágidas, el
otro de la de los Euripóntidas. La monarquía era he-
GRECIA 153
reditaria en estas dos familias y en línea masculina,
pero con la curiosa salvedad de que sólo podían su-
ceder los lújos nacidos después del advenimiento de
su padre al trono. Los dos reyes, que parecen haber
poseído poderes enteramente iguales, como los cónsu-
les romanos, eran originariamente sacerdotes, jueces
y generales en el ejército. Las atribuciones sacerdota-
les les fueron siempre conservadas ; pero, en la época
de Heródoto, sus poderes judiciales estaban limitados
al derecho fanúliar; por ejemplo, a los litigios nacidos
de herencias. T enían además a su cargo los caminos.
Su autoridad militar experimentó también algunas
restricciones. A partir del año 506 a. de J. C., sólo un
rey pudo tomar el mando del ejército, y, en la época
de las guerras médicas, ese rey-general estaba someti-
do a la vigilancia de los éforos, magistrados que ab-
sorbieron poco a poco todo lo concerniente a las re-
laciones extranjeras.
29 Los éforos, E<pOQOL, es decir, "los vigilantes", pa-
recen haber sido instituídos en un principio para man-
tener la disciplina espartana entre los ciudadanos ;
pero las disensiones continuas entre lc:is dos reyes
aumentaron rápidamente su importancia. Eran en nú-
mero de cinco, y elegidos por el pueblo. Sus funciones
duraban un año; el éforo principal daba nombre al
mismo. Eran los verdaderos dueños de Esparta y a
ellos se dirigían los embajadores de los países extran-
jeros. Dos acompañaban al rey a campaña, con la
misión de vigilar sus acciones, mientras que los otros
tres, en Esparta, eran constantemente tenidos al co-
rriente de los sucesos militares por medio de misivas
secretas llamadas ox'U'tÚAaL 1• Alistaban las tropas,

1 Los a"u"tá>.at eran bastones a los que se arrollaban


cintas, en que iban escritos los mensajes secretos. Luego
las cintas se enviaban al destinatario, y el contenido no
podía leerse sino arrollándolas nuevamente en otros a"u'tÚAaL
del mismo grueso.
154 JAMES GOW
levantaban los impuestos, tomaban las medidas nece-
sarias para mantener en obediencia a los ilotas y a los
periecos, expulsaban en caso necesario a los extranje-
ros y juzgaban en todos los asuntos de orden público,
en todos los litigios privados, a excepción de los que
se reservaban a la competencia sacerdotal de los reyes.
39 La yEQOtl<JÍa o Senado, Consejo permanente des.
tinado a ilustrar a los reyes en un principio, luego a
los éforos, era una comisión compuesta de 28 espar-
tanos de más de sesenta años. Los reyes formaban
también parte de la yEQO\l<JÍa. Todos los senadores
eran de familia noble. Los elegía el pueblo, al que
se leía una lista de candidatos y aclamaba a los que
le parecían mejor. Era función característica de la
yEQO\l<JÍa aconsejar a los reyes y a los éforos, y prepa-
rar leyes que habían de someterse a la aprobación del
pueblo. En el siglo VI a. de J. C., los reyes Teopompo
y Polidoro obtuvieron de Delfos una nueva Q'IÍt'Qa au-
torizando a los reyes y a la y EQOtl<JÍa para no ejecutar
las resoluciones del pueblo que les parecieran peli-
grosas al bien del Estado.
49 La altÉAAa o Asamblea del pueblo comprendía
a todos los espartanos de más de treinta años, y se
convocaba en Esparta una vez al mes bajo la presi-
dencia de los éforos. Los reyes, los éforos y los miem-
bros de la gerousia eran los únicos que podían tomar
la palabra. El pueblo votaba sin discutir los asuntos
que le eran sometidos, y, según hemos visto, sus re-
soluciones no siempre eran respetadas.

80. DISCIPLINA MILITAR DE LOS ESPARTANOS. Com-


parados con los ilotas y con los periecos, los esparta-
nos eran en tan reducido número que se consideraban
como una guarnición en país conquistado y confor-
maban su existencia a los deberes militares que esta
situación les imponía. El niño que nacía deforme era
condenado a morir. Los muchachos empezaban su
GRECIA 1.55
aprendizaje guerrero a los siete años. A los veinte
eran incorporados al ejército. A la misma edad, tOdo
espartano estaba obligado a afiliarse a uno de los
grupos organizados militarmente que hacían a diario
una comid~ en común bajo las tiendas. Estas comi-
das corporativas se llamaban dvl) QEia o q>tMna. Cada
grupo se componía aproximadamente de 15 indivi-
duos, que llenaban por elección las vacantes que pu-
dieran ocurrir. Reglamentos, mal observados, en ver-
dad, condenaban el lujo, la opulencia y todas las
muestras de desigualdad. Los espartanos se llamaban
ÓJ!OLOL es decir, pares o iguales.
A guisa de moneda los espartanos usaron durante
largo tiempo lingotes de hierro, lo que hacía imposi-
ble las relaciones comerciales con el extranjero. Este
sistema no se abandonó formalmente hasta el año
320 a. de J. C.; pero mucho antes de dicha época el
dinero había empezado a circular entre los periecos.
Hacía también mucho tiempo que los reyes y los éfo-
ros habían empezado a comprar bienes fuera de Es-
parta y a adquirir hábitos de lujo que las leyes no po-
dían refrenar.

81. SERVICIO EN CAMPAÑA. Los espartanos estaban


obligados a servir como hoplitas en el ejército activo
desde los veinte hasta los sesenta años. En el siglo v,
el ejército se dividía en 12 AÓ)(Ot, mandados cada uno
_por un Aoxayó~. Cada Aóxo~ tenía un efectivo nomi-
nal de 500 hombres, y comprendía cuatro mvn¡xo-
aT'ÚE~ y 16 Ev<Of.lOTlat. En la misma época, los xoU-
!lllQ)(Ot parecen haber sido los ayudantes de los reyes.
Pero, después de la guerra del Peloponeso, se había
reducido tanto el número de los espartanos, que hubo
de procederse a la reorganización del ejército. Se di-
vidió desde entonces en seis J!ÓQ<Ú, mandadas cada
una por un :n:OAf!lllQXO~. La importancia numérica de
las J!ÓQill variaba mucho, pero contenían gran pro:-
156 JAMES GOW
porción de periecos. Cada ~ÓQa se dividía, como an-
teriormente, en nEvt1]XO<Ttútc;. Los guardias del rey se
llamaban tnnEi:c;, es decir, caballeros, aun cuando en
general parece que sirvieron a pie. A partir del año
424 a. de J. C., hubo un cuerpo de caballería de 400
caballos, cuyo número se elevó más tarde a 600, y
que se dividió entonces en 10 flÓ{HU . La caballería
estaba colocada bajo el mando de unlnoAÉfJ.ClQXOc;.

82. MARINA ESPARTANA. Los espartanos tenían ya


naves en Salanúna, el año 480 a. de J. C.; pero jamás
fueron muy aficionados a la guerra marítima. Sus na-
víos eran casi exclusivamente equipados por periecos
e ilotas. La flota espartana estaba mandada por un
va'ÚaQxoc;, designado en un principio por el rey, luego
por los éforos. ~stos no acompañaban a la flota; pe-
ro se hacían representar por uno o varios O'Úfl6oul.ot,
encargados de vigilar al alnúrante, al que núraban
siempre con envidia. ~ste era nombrado solamente
por un año y no podía ser reelegido. No obstante,
esta última regla se suspendió en favor de Lisandro,
el vencedor de Egos-Pótamos.

XX. CoLONIAs, PRÓXENos, ANFICTIONES

83. FUNDACIÓN DE UNA COLONIA. La presión de


enemigos exteriores, el exceso de población, las dis-
cordias intestinas, finalmente, el espíritu emprendedor
y otras causas que constantemente intervienen, ins-
piraron muy pronto a los griegos la idea de enviar
colonias a países remotos. Estas colonias, según ha
observado Cicerón, se establecieron casi siempre a
orillas del mar. Los colonos se reclutaban de diversas
maneras. A veces enúgraba todo un partido; otras,
el Estado lanzaba una proclama invitando a todos los
que deseasen emigrar; en ocasiones, también la suer-
GRECIA 157
te designaba un miembro de cada familia, al cual se
obligaba a expatriarse; a veces, en fin, como ocurrió
con Thurii el año 443 a. de J. C., varias ciudades aso-
ciaban sus emigrantes. Ante todo, se consultaba al
oráculo de Delfos acerca del emplazamiento de la fu-
tura colonia. Luego se elegía un otxtat'~c;, al cual se
conferían plenos poderes para fijar los límites y la
constitución de la colonia. ~ste, al llegar al sitio ele-
gido, designaba yt:wvÓ!!OL, que procedían a la división
del suelo. Parte se reservaba para los dioses, el resto
se distribuía por partes iguales entre los emigrantes.
El obuat'~c; promulgaba las leyes de la nueva ciu-
dad, y a su muerte se le tributaba culto como héroe
local.

84. RELACIONES DE LAS COLONIAS CON LA METRÓ-


POLI. Los colonos llevaban consigo, al abandonar la
madre patria, fuego de su hogar principal (1t(Hlt'avt:tov)
con el que encendían el nuevo hogar. Conservaban el
culto de las divinidades de la metrópoli. Con fre-
cuencia tributaban honores especiales a Apolo, el ÚQ-
XllYÉn¡c;, cuyo oráculo había inspirado la emigración,
y adoptaban algunos de los dioses del país donde aca-
baban de establecerse. La Constitución polí~a de
una colonia se copiaba en conjunto de la de la metró-
poli. De ahí que existieran entre ambas ciudades sen-
timientos de simpatía y como de cariño familiar. La
colonia enviaba representantes y ofrendas a las fies-
tas de la metrópoli, y elegía entre los ciudadanos de
ésta el otxta't'~~ de cualquier nueva colonia que llega-
ra a fundar a su vez. Los colonos acudían en auxilio
de la metrópoli en las circunstancias adversas, y es-
peraban también ser socorridos por ella. Colonias y
metrópoli trataban por todos los medios de resolver,
sin recurrir a las armas, las diferencias que surgían
entre ellas. Disputas como la que estalló entre Corfú
158 JAMES GOW
y Corinto eran raras, y la opinión pública las aprecia-
ba con severidad.

85. CLERUQUÍAs. Las UlJQO'U;(tUL atenienses dife-


rían de las colonias en cuanto los emigrantes seguían
siendo ciudadanos de Atenas y no gozaban de inde-
pendencia completa. Se enviaron cleruquías en los
siglos VI y v a determinadas islas del mar Egeo y a
lJL costa de Tracia; unas veces para ocupar un país
conquistado; otras, para tener a raya a ciertos miem-
bros recalcitrantes de la Liga ateniense; otras, final-
mente, para disminuir el nú'mero de pobres y aumen-
tar el de ciudadanos de las tres primeras clases que
habían de figurar en el ejército como hoplitas (véase
pág. 137). Se obtenían tierras unas veces por con-
quista, otras por una especie de contrato. Se rebaja-
ba el tributo de una isla, a condición de que admitie-
ra otras tantas cleruquías. Una vez señalado el sitio,
se dividía en tres partes : una para los dioses, otra
para los atenienses que la arrendaban, y la tercera
para los colonos. tstos seguían siendo ciudadanos de
Atenas, quedaban sometidos a los impuestos y al ser-
vicio militar y figuraban en los registros de los demos
como si habitaran en el Ática. Enviaban también re-
presentantes a las grandes Dionisíacas y a las Pana-
teneas. Las cleruquías tenían um Ecclesia y otras
instituciones copiadas de las de Atenas. No obstante,
su autonomía no era completa. Ciertos asuntos judi-
ciales se reservaban a los tribunales de la metrópoli,
y estaban al cuidado de un En:LflEA:r¡ri¡¡; ateniense, re-
vestido de atribuciones bastante amplias.

85 bl•. PRÓXENOS. Recibían este nombre indivi-


duos que ejercían funciones análogas a las de nues-
tros cónsules. Los próxenos eran nombrados por un
Estado extranjero en otro que mantenía con el prime-
ro relaciones políticas o comerciales continuadas. El
GRECIA 159
deber del próxeno era atender debidamente las nece-
sidades de los embajadores, negociantes y demás
ciudadanos del Estado de que era el amigo oficial. A
cambio de estos servicios se le daba el título de
EÜE QyÉt'l'}; (bienhechor), y diferentes privilegios. En
Atenas era admitido ante la Boulé y la Ecclesia, ocu-
paba sitio de preferencia en los espectáculos y esta-
ba autorizado para poseer bienes raíces. El cargo de
próxeno era generalmente hereditario. Quedaba sus-
penso de momento cuando el Estado que le había
dado poderes estaba en guerra con aquél de que el
próxeno era ciudadano.

85 ter. ANFICTIONÍAs. La memoria de ciertas con-


federaciones muy antiguas sobrevivía en las fiestas
religiosas celebradas en común por algunos Estados,
que se llamaban &f.l<¡lll(t'LOVE; (más tarde &f.!q:¡t'X."t''ÚovE;)
es decir, vecinos. Así había en Calauria, cerca de Tre-
zene, una fiesta anfictiónica en que tomaban parte,
en particular, los habitantes de los puertos del golfo
Sarónico. Otra había en Onquestos, en Beocia; una
tercera en Delos. Pero la mayor y más célebre de las
anfictionías era la que se reunía en las Terrnópilas y
en Delfos. Las tribus que en ella estaban representa-
das eran en número de doce, a saber: los tesalios, los
perrhebos y los dólopes, los magnetos, los aqueos de
la Ftiótida, los malios, los eteos, los enianos, los lo-
crios, los focenses ( sustituídos el año 345 a. de J. C.
por Filipo de Macedonia) , los beocios, los dorios y
los jonios. La anfictionía celebraba sus reuniones en
el otoño y en la primavera de cada año, tanto en las
Terrnópilas (junto al templo de Deméter en Antela)
como en Delfos (junto al templo de Apolo) ; pero el
nombre de 1C'UAa(a, que recibían igualmente las reu-
nione~ de primavera y otoño, parece probar que en
un principio las Terrnópilas eran el únic-o lugar de
reunión de la anfictionía. Su conexión con el santua-
160 JAMES GOW
rio de Delfos no aparece antes del 590, época de la
primera Guerra Satlta, emprendida con el concurso
de Atenas contra los habitantes de Cirra, que vejaban
a los peregrinos procedentes de Sicilia e Italia. Los
anfictiones lograron destruir la ciudad y reducir a
esclavitud a los habitantes. Desde dicha época fué ob-

Fig. 14.- Mon.e da de plata de los


anfictiones 1.

jeto principal de la anfictionía la intendencia del tem-


plo de Delfos, así como la celebración de los Juegos
Píticos.
Cada tribu disponía de dos sufragios, confiados a
dos hieromnémones (LEQO¡..tV{¡JlOVE;). Los sufragios de
los dorios estaban repartidos entre los de la Dóride y
los del Peloponeso; los de los jonios, entre los ate-
nienses y los eubeos. Con parte de los hieromnémones
elegidos por un año, cada tribu enviaba además pi-
lagoras ( 11:\JAayóQaL), en número de tres por Atenas,
que parecen haber sido elegidos para cada Asamblea.
Sostenían los intereses de las ciudades que represen-
taban, pero no parecen haber tenido derecho a votar.
Cada tribu juraba no destruir las otras ciudades an-
fictiónicas ni interceptar las aguas potables en tiem-

1 En el anverso, cabeza de Deméter. En el reverso, el


omphal6s de Delfos, sobre el que está sentado Apolo
con un ramo de laurel, y delante un trípode. Se lee:
AM~IKTIO(N')N).
ATTICA
~
:!.~ .'\~ ~co

Fi¡. 15.-Mapa del Atica. Planos d• la A.cr6polís


y de A. tenas.
Fig. 16.- Planos de Roma y del Foro romano.
GRECIA 163
po de paz ni en tiempo de guerra. No obstante, la
anfictioníá no se mezcló gran cosa en asuntos políti-
cos antes de mediar el siglo JV, y aún entonces no
mostró otra cosa que su impotencia. Al llamar a Fili-
po para que la auxiliara contra los focenses (346)
preparó la esclavitud de Grecia.
VWO'M
XXI. CRONOLOGÍA ROMANA

86. EL DÍA. El día romano empezaba a media no-


che y se dividía generalmente en dos partes: antes de
mediodía (la mañana) y después del mediodía (ante
meridiem, post meridiem). Hasta mediados del si-
glo m a . de J. C., el medio del día, es decir, la hora
de mediodía, era anunciada a los cónsules por un al-
guacil ( accensus) en el momento en que observaba al
sol en un lugar determinado al sur del Foro. Los cua-
drantes solares (solaría) fueron introducidos en Roma
por el año 290 a. de J. C. Poco tiempo después, los
relojes de agua o clepsidras fueron llevados de Grecia
y su uso se generalizó pronto. Aquellos instrumentos
permitieron dividir la parte clara y la parte oscura del
día en doce horas cada una, variando la duración
de las horas en las distintas épocas del año. M e dio-
día siguió siendo siempre el fin de la sexta y el prin-
cipio de la séptima hora.

87. EL MES . El mes latino, mensis, era lunar en·


un principio, constando alternativamente de 29 y de
30 días. La luna llena correspondía sucesivamente al
día 14 y al 15; pero como los romanos tenían supers-
ticiosa aversión a los números pares \ admitíase que
la luna llena coincidía alternativamente con el 13 y
con el 15. Una y otra de esas fechas de cada mes se
llamaba Idus (la misma raíz que el verbo dividere);
1 Numero deus impare gaudet (Virgilio).
168 JAMES GOW
el octavo día antes de la luna llena era el día del pri-
mer cuarto y se llamaba Nonae. El primer día del
mes se llamaba Kalendae 1 • Estas especiales desig-
naciones de ciertos días del mes subsistieron después
de que los meses romanos hubieron dejado de ser
lunares, y siguieron usándose en el lenguaje corriente
para fijar las fechas. Conocidos son los versos mne-
mónicos:
S ex Maius Nonas 2, October, Julius et Mars,
Quattuor at 1'eliqui; dabit Idus quilibet octo.
Así en marzo, mayo, julio y octubre, las Nonas
eran el día 7; los Idus correspondían al 15 ( 15 =
6 + + 8 el día de las Calendas) ; en todos los demás
meses los Idus eran el 13 ( 13 = 4 + +
8 el día de
las Calen das) y las Nonas el 5 ( 4 +1) .
Los romanos contaban las fechas hacia atrás, to-
mando como punto de partida las Nonas, los Idus y
las Calendas; comprendían en el cálculo el día inicial
y el de término. Así, por ejemplo, en el mes de marzo:
El 1° de marzo se llamaba Kalendae Martiae.
2 , , a. d. VI Nonas Martias 3 .
" 3 " , , a. d. V
" 4 " " , a. d. IV ," "
" 5 " " a. d. III ",
" f, ," " ," ", pridie Nonas" Martias.
," 7 ," , Nonae Martille.
"
1 Calare (llamar, anunciar) ha seguido usándose en
ciertas locuciones romanas, tales corno calare nonas, plebem,
comitia. El lugar en que el pontífice anunciaba las nonas
se llamaba ca/abra curia, y el día en que hacía esta pro-
clamaci6n, calendae.
2 Stx Maius .Nonas habtt, significa que el mes de mayo
tenía seis días designados por las Nonas (desde el 2•, a.
d. VI Nonas Martias; el 7°, Nonae Martiae); al primer día
del mes se decia de las Calendas.
3 Ante diem sextum Nonas Martias, equivalente a sextum
diem 2, 3, 4, 5, 6, 7 ante Nonas Martias (el 7 del mes).
ROMA 169
El 8 de mano se llamaba a. d. VIII Idus Mart. 1.
., 15 ,. ,, , , Idus Martiae.
, 16 , ,, , ,, a. d. XVII Kalendas Apriles.
, 31 ,, ., , ,, pridie K al. A pril.

Los nombres de los meses eran los mismos de que


nos servimos todavía, salvo que el mes de julio se
llamó Quintilis· hasta el año 44 a. de J. C., en que
tomó el de ]ulius en honor de Julio César; de igual
modo el mes de agosto, así llamado en honor del
emperador Augusto, se llamó Sextilis hasta el año 8
a. de J. C.

88. EL AÑo. El año normal, en la época republi-


cana, tenía solamente 355 días. Estaban repartidos
entre los doce meses, de suerte que marzo, mayo,
julio y octubre tenían cada uno 31 días ; febrero 28,
y los demás meses 29. Como el año romano se ade-
lantaba de esta suerte más de once días con respecto
al año solar, se añadía cada dos años un mes suple-
torio de 22 y de 23 días alternativamente. Así, los
años constaban sucesivamente de 355, 377, 355 y 378
día5. Los días adicionados venían después del 23 de
febrero (fiesta de las T erminalia) , y los cinco días
restantes del mismo mes se consideraban pertenecer
al mes adicional, que así constaba alternativamente
de 27 y de 28 días 2 •
El año solar cuenta aproximadamente 365 días y
cuarto. Ahora bien; bs cuatro años romanos de 355,
377, 355 y 378 días sumaban en total 1465, lo cual
da 366 días y cuarto por año, es decir, un día entero
de más. Para enmendar este error los años se agru-

l. Ante diem octavum Idus Martias, equivalente a diem


octavum (8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15 ) ante idus Martias
(el 15 del mes).
2 En el año intercalar, el 14 de febrero se decía a. d. XI
Kal. intercalares, el 23 pridíe Kal. intercal., el 28 Non.
intercalares.
170 JAMES GOW
paron en series de 24; en los 16 primeros, la interca-
lación se hacía regularmente, mientras que en los 8
últimos sólo se intercalaban 66 días en lugar de 90.
La guarda del calendario estaba confiada a los
pontífices, que anunciaban en las Nonas de febrero
si el año era o no intercalar, y cuántos días habían de
ser adicionados. Así el que estuviera ausente de Roma
podía no saber cómo designar los últimos días del
mes de febrero 1 .
El calendario Juliano, que ha continuado en uso
entre los modernos 2, fué introducido por Julio César
el año 45 a. de J. C. Durante los ocho años que pre-
cedieron a esta fecha, las intercalaciones habían sido
omitidas, quizá de intento, y el calendario republica-
no se hallaba en extremada confusión. César añadió
al año 46 dos meses intercalares, que sumaban 67
días, entre noviembre y diciembre, y comenzó en los
años siguientes a aplicar el nuevo calendario; al prin-
cipio los pontífices cometieron un error incluyendo el
año bisiesto cada tres, engañados por la expresión quar-
to quoque anno; pero el olvido se corrigió por Augus-
to el año 4 a. de J. C., y desde esta época el calenda-
rio Juliano ha seguido siendo, con una alteración po-
co impoqante, el de todos los pueblos europeos 3 •

~ Cicerón, ad Att, vr, 1, 1 y nota anterior.


2 En el calendario Juliano se llama bisiesto a un año de
cada cuatro, porque el 24 de febrero (a . d. VI Kal. Mart.)
se contaba dos veces. El dia intercalar se denominaba bis
VI Kal. M art.
3 El año Juliano de 365 dí;u y cuarto tiene de más
11 minutos y 12 segundos. En 1582 el error acumulado era
de diez días. El Papa Gregorio XIII mandó entonces que
el 5 de octubre se denominara 15 aquel año, y que en ade-
lante se omitieran tres año5 bisiestos en cada período de
400 años. El primer año de cada siglo, si su milésima no es
divisible por 400 años, no es bisiesto. El calendario Grego-
riano no se adoptó en Inglaterra hasta 1752 y hubo que
suprimir entonces 11 días. Rusia y Grecia, que han conser-
vado el calendario Juliano, están hoy atrasadas doce días.
ROMA 171
En un principio el año romano comenzaba en el
mes de marzo; pero a partir del año 153 a. de J. C.,
los cónsules entraron en funciones en el mes de ene-
ro, y como los años llevaban su nombre, pronto se
adoptó la costumbre de considerar enero como .el
primer mes. El año sacerdotal continuó a partir del
primero de marzo.

89. LA ERA. Se designaban generalmente los años


con el nombre de los cónsules, pero podía también
indicarse el intervalo que había entre un año y un
acontecimiento memorable, por ejemplo, anno cente-
simo post exactos reges (la expulsión data del año 510
a. de J. C.) . Los escritores romanos de la decadencia
emplean la Era de la fundación de Roma. Según el
sistema de Varrón, que prevaleció, Roma había sido
fundada el año 753 a. de J. C. Luego, cuando se en-
cuentra la indicación de una fecha, anno u.rbis condi-
tae (A. V. C.), es necesario, para reducirla al cómpu-
to moderno, restar la cifra dada de 754 si se trata de
una fecha a. de J. C.; se resta, por el contrario, 753
de la cifra dada si la fecha es posterior a la Era
cristiana.
La Era cristiana empieza con el nacimiento de Cris-
to, tal como ha sido determinado por Dionisio el
Exiguo, que vivía en Roma en la primera mitad del
siglo VI. Su cálculo es equivocado, y la verdadera fe-
cha del nacimiento de Cristo es el año que conside-
ramos 49 antes de la Era cristiana.

90. DÍAs FERIADOS. El calendario romano, según


hemos dicho anteriormente, estaba bajo la guarda de
los pontífices, que anunciaban el día de las Calendas
de cada mes los diferentes acontecimientos religiosos
que habían de tener lugar en el Inismo. Los días se
dividían en fasti o profesti y en nefasti, distinción ele-
gantemente resuinida en estos versos de Ovidio:
172 JAMES GOW
llle nefastus erit per quem tria verba silentur,
Fastus erit per quem lege lioebit agi.
Es decir, días nefastos eran aquellos en que el pretor no
podía pronunciar (fari) las tres palabras solemnes del
juicio: do, dico, addico (véase más adelante,§ 191) 1 .
Los días no feriados ( dies fasti o profesti) no eran
todos fasti con el mismo título. Se llamaba comitiales
a aquéllos en que podían celebrarse los comicios; in-
tercisi, a los que eran feriados por la mañana y por
la tarde y fastos en el intervalo; fissi (días divididos),
aquéllos en que s6lo la mañana era feriada.
Ciertos días no eran solamente nefastos, sino fu-
nestos ( religiosi, atri, vitiosi) ; tales eran los días re-
servados para el culto de los muertos (Feralia, Le-
muralia), los aniversarios de los grandes desastres,
por ejemplo, el de la batalla del Alía ( Alliensis cia-
d es, 18 de julio), y el día último de cada año.
Los días de mercado ( nundinae), cada ocho, eran
objetó de diversas supersticiones.
Entre las fiestas o Feriae, que se celebraban en los
días festi, algunas eran fijas ( statae) y correspondían
a fechas regulares. Otras, que cada año caían en fe-
cha variable, habían de ser anunciadas de antemano
(indictivae). Las Feriae Latinae se contaban entre las
fiestas movibles. Había cada año cuarenta y cinco
días reservados para fiestas fijas (feriae statae ).
He aquí las fiestas más frecuentemente mencio-
nadas:
15 de febrero ....... . Lup~rcalia.
17 " , QuiTinalia.
23 " " T ~rminalia.
21 , abril . . ..•. .... Palília o Parilia.
17 , diciembre .•••• Saturnalia.

1 Los antiguos pensaban equivocadamente que fastu s viene


de fari. Fastus viene de fas como justus de jus. Fasti di~s
son los días autorizados por el derecho religioso; n~fasti, los
no autorizados.
ROMA 173
Las pi'ÍJlcipales celebraciones de juegos públicos
tenían lugar en las fechas siguientes:
4-10 abril, Megalensia (bajo el patronato de
los ediles curules) .
6-13 julio, Ludi .Apollinares (pretores urbanos).
4-19 septiembre, Ludi Romani (cónsules).
4-18 noviembre, Ludí Plebeii (ediles de la plebe) .
En general, la organización y el cuidado de los
juegos correspondían en tiempos de la República a
los ediles, y en los del Imperio a los pretores.

XXII. PESOS y MEDIDAS


91. UNIDAD DE MEDIDA, La mayor parte de los pe-
SOS y medidas entre los romanos se dividían en frac-
ciones que en un principio eran partes del as o uni-
dad de peso.
He aquí el cuadro de los
pesos romanos:
As Unciae

As . .... . . . . .. . 1 12
Deunx . • • • • • • • u¡,_. 11
Dextatu . • . . . • • "lo 10
Dodrans . ... . • . •¡, 9
Bu . . .. . • . . . . • •¡. 8
Septunx • • .. . . • •¡,_. 7
Semis ....•••• , ' / • 6
Quincunx • . • . • •¡,. 5
Triens • .. .. • • . '/ a 4
Quadrans . . . • • 1 / , 3
Sextans • • • .. • • 1/ o 2
Uncia . ... . . . . • 1/ a 1
Sescuncia . • ... . 1 / 8 P /s
1
Semuncia . ... • • ' f .,. / 0
Sicilicus .. .. . • . ' / .. '1•
Fig. 17.- As en lingo- Sextula .. • ... .. 1 / . . 1
/e
te (un tercio del na- Scripulum • • • • • '! s ' / ..
tural) 1
1 El cuño es en la figura un trípode. En otros ases se ve
un buey, un carnero, etc.

1
174 JAMES GOW
92. PEsos. La onza romana equivalía aproxima-
damente a 27 gramos, y el as o libra a 327, es decir,
algo menos de un tercio de kilogramo.
93. MoNEDAS. La moneda romana más antigua

Fig. 18.- As libralis romano vaciado


(tamaño natural) 1.

consistía en lingotes de cobre (a es), cuyo peso era

Fig. 19. -Denarios 2.

Cabeza de Jano bifronte (hacia el año 430 a. de J. C.).


;J.
2 Cabeza de la diosa Roma, con casco alado; Dioscuros;
leyenda, ROMA.
RO M A 175
estimado, sobre poco más o menos, en una libra ( as
libralis). Como esta estimación era sólo aproximada,
había que pesar la moneda de cobre al recibirla, de
donde el nombre de aes grave o "cobre al peso", en
oposición a la moneda contrastada, que se llamaba

@:4 -
:\
.

Fig. 20.- Sestercio l.

aes signatum. En general, el as no pesaba más que


diez onzas, en lugar de doce, que equivalen a una
libra. El motivo de esta diferencia considerable se
desconoce.
El año 269 a. de J. C., los romanos acuñaron mo-
nedas de plata a imitación de las VÓtJ.OL ( nummi)

Fig. 2 l . - Aureus de César 2.

de Sicilia y de la Magna Grecia; las piezas principales


de la nueva moneda romana fueron el sestertius, que
valía dos ases y medio ( fig. 20), y el denarius, que va-
lía diez ases. El as de cobre quedó entonces reducido
a cuatro onzas de peso, y, por consiguiente, el sestercio
vino a ser el equivalente del antiguo as de diez onzas.
El sestercio pesaba un scr,ipulum de plata. El dinero
1 Cabeza de la diosa Roma; los Dioscuros; leyenda, Roma.
2 Caesar dictator iterum. Simpulum, hacha de sacrificio;
ánfora, lituus.
176 JAMES GOW
equivalía a la dracma ática, y tenía aproximadamente
el tamaño de una moneda de peseta.
En aquella época la plata valía aproximadamente
240 veces su peso en cobre; pero como la cantidad
de plata aumentó más rápidamente que la de cobre,

Fig. 22.- .Aureus de .Augusto.

el valor de este .último metal creció en m'uy grandes


proporciones. De donde resultó un gran desorden en
la circulación monetaria y una disminución rápida
en el peso de los ases acuñados. Finalmente, el año
217 a. de J. C., el peso de los de cobre quedó reducido
a una onza. El dinero dejó de valer diez ases y
subió a diez y seis, y cuatro ases por sestercio. El
sestercio de entonces equivalía aproximadamente a
veinticinco céntimos de peseta. Durante los últimos
años de la República, se suspendió por completo la
acuñación del cobre.
El año 49 a. de J. C., César introdujo una mone-
da de oro, el aureus, que tenía aproximadamente el
peso de una libra esterlina inglesa; entonces se acuñó
en cobre el sestercio. He aquí las principales monedas
de la época imperial:
Aureus (oro) 1 :::: 100 sestercios = 26,85 pesetas
Denarius (plata)
Sestertius (cobre)
= 4 sestercios
2 dupondii
=
=
1,07 pesetas
0,26 pesetas
.As (cobre) = ~ de sestercio = 0,06 pesetas

1 El valor relativo del oro y de la plata estuvo sometido


desde la antigüedad a fluctuaciones considerables. Hoy, en
Francia, el metal oro de una moneda de 20 francos vale
ROMA 177
El sestercio fué siempre en Roma la unidad mo-
netaria ( nummus). El uso frecuente de la ·expresión
milia sestertium tuvo por consecuencia el que se
considerara sestertium como neutro singular en vez
de genitivo plural, dando a la palabra la significación
de "un millar de sestercios". A consecuencia del
aumento de la riqueza pública, 100.000 sestercios
llegaron a ser una suma bastante común. Entonces,
para abreviar la expresión de cantidades ·de esta
naturaleza, se convino en que sestertíum, acompaña-
do de un adverbio numeral, significaría cien mil
sestercios. Así, decies sestertium =1 millón de ses-
tercios. La sigla para 2 Y2 era liS, es decir, 1 1+ +
S ( emis). Esta sigla, atravesada por una línea hori-
zontal ( HS) es la abreviatura usada para sestertius
y sestertium. Para distinguir las acepciones de esta
última palabra, se añaden generalmente líneas hori-
zontales a los signos numéricos que siguen a HS. Así,
HS X = decem milia sestertium y HS¡XJ = decies
sestertium.

94. MEDIDAS DE LONGITUD. Como las de los grie-


gos, las medidas de longitud romanas se basan en
las dimensiones del cuerpo humano. El pie, pes, era
igual a cuatro palmos y a 16 dedos ( digiti). Pero
estas subdivisiones no las empleaban casi más que
los geómetras. En la vida corriente el pes se dividía,
como el as, en 12 unciae.
Los múltiplos del pie tenían los siguientes nombres:
Palmipu = 1 pie + 1 palmo.
Cubitus (codo) 1 pie Y2
Gradus (paso) 2 pies JI:¡

mucho más que d metal plata de 20 monedas de un franco ;


el valor de la moneda de un franco es legal más que comer-
cial. De igual modo, en Roma, se. admitía que el aureus
valía 25 dineros, no obstante ser el valor del oro intrínseca-
mente superior.
178 JAMES GOW
Passus (doble paso)
Pertica (pértica)
=
=
5 pies.
10 pies.
A etus = 120 pies.
En los caminos se colocaban guardacantones a la
distancia de 1000 pasos dobles (una milla) . Las distan-
cias en el mar se calculaban por estadios, a razón de
ocho estadios por milla.
95. MEDIDAS DE SUPERFICIE. El pie longitudinal
se llamaba pes porrectus; el pie cuadrado, pes cons-
tratus o quadratus. Medir una superficie, es decir,
calcularla en pies cuadrados, se decía pedare, y la
superficie así medida se llamaba pedatura o podismus.
El cuadrado de la pertica (diez pies) se llamaba
scripulum. El iugerum equivalía a dos actus cuadra-
dos, es decir, a una superficie .de 240 pies de largo
y 120 de ancho. El jugert~¡m se dividía en fraccio-
nes, lo mismo que el pie y el as; la más pequeña
('/""' del jugerum) era el scripulum.

96. EQUIVALENCIAS MODERNAs. Es seguro que los


romanos conservaban marcos de sus pesas y medidas
en el templo de Juno Moneta, en el Capitolio; pero
los del pie romano que han llegado a nosotros están
lejos de tener el mismo largo. Medidas tomadas en
monumentos cuya altura nos dan a conocer los anti-
guos, como la columna Trajana en Roma, han per-
mitido fijar en 0,2957 m. la longitud del pie romano
en la época clásica. Ese pie, idéntico al pie griego,
no se empleó sino con posterioridad al año 269 a. de
J. C., época en que los romanos empezaron a fami-
liarizarse, en Sicilia, con los elementos de la ciencia
helénica. Anteriormente se utilizaba el pie itálico,
que era un poco más corto que el pie griego.
Un
Un
pie (pes) ·· · ~ ··· ·
paso doble ( passus)
=
=
0,2957
1,479
m.
m.
Mil pasos o una milla 1.478,50 m.
Un ju.gerum . . . . . . . . . = 25,182 áreas.
ROMA 179
97. MEDIDAS DE CAPACIDAD. Los romanos, como
nosotros, derivaban en sus medidas la unidad de
capacidad de la de longitud. El amphora o quadrantal
era equivalente a un pie cúbico. No obstante, como
el quadrantal de vino común pesaba exactamente
un talento ático, los romanos tomaron el partido de
determinar las medidas de capacidad más pequeñas
no por las dimensiones, sino por el peso del líquido
contenido. Así 1 amphora = 2 urnae = 8 congii = 48
sextarii. El sextarius se subdividió como el as, corres-
pondiendo a la uncia la pequeña medida llamada
cyathus.
· Las medidas para sólidos se derivaban del sexta-
rius. El modius valía 16 sextarii, tercera parte del
amphora.
Lo que sabemos acerca de los valores modernos
del pie y de la libra romana, así como del talento
ático, nos permite · afirmar que el amphora contenía
aproximadamente 26 litros. Por tanto:
1 cyathus···· ·· ··-··· ···· - 0,045 litros.
1 sextarius
...······
.....···
....····
...·-
0,54
1 congius - 3,25 "
1 modius {para sólidos) .. = 8,75 ,"
1 amphora o quadrantal •• = 26 ,
97 bt•. CuANTÍA DEL INTERÉS. Hasta el año 80
a. de J. C. aproximadamente, época de Sila, se desig-
naba el interés por la fracción del capital que repre-
sentaba el interés anual. Así se decía fenus uncia-
rium \ semunciarium, ex triente, ex besse, etc. Pero
para los usureros el año no tenía más que diez meses,
en lugar de doce, y así el fenus unciarium no era 8 Ys
por 100, sino 10 por 100 para un año completo de doce
meses. Después de Sila, el interés legal se determinó a
razón de centesima por mes, es decir, 12 por 100 al
1 Uncia, es decir, /u de as. El fenus unciarium equival-
1

dría, pues, a 8 1 / . por 100.


180 JAMES GOW
año. El interés inferior a 12 por 100 se designaba como
fracción de la centesima mensual. Así usurae deunces,
por ejemplo, equivale a n¡a ó 1j1oo al mes; es decir,
11 por 100 al año; usurae trientes, a 4 por 100; usu-
rae unciae, a 1 por 100. Aun cuando fuese contrario
a la ley, se exigía con frecuencia un interés superior,
por ejemplo, binae centesimae, 24 por 100.

XXIII. HISTORIA DEL GOBIERNO ROMANO

98. CoMPLEJIDAD DE Los HECHOS. La Constitu-


ción romana no puede describirse tan brevemente
como la de Atenas, por varias razones que conviene
indicar. En primer término, Atenas era una ciudad
pequeña, capital de un país reducido, mientras que
los romanos llegaron a ser dueños de un inmenso
imperio y hubieron de modificar consiguientemente
sus instituciones primitivas. En segundo lugar, la
Constitución ateniense fué reorganizada por dos esta-
distas cuyas ideas eran clarísimas, Solón y Clístenes,
mientras que la Constitución romana jamás fué re-
visada por completo. Los cambios que sufrió en el
transcurso de los siglÓS fueron resultado de una
larga serie de medidas suscitadas por los aconteci-
mientos interiores y exteriores. En tercer lugar, la
literatura ateniense corresponde sobre todo a la época
en que la Constitución de Atenas permaneció inva-
riable, mientras que los años más brillantes de la
literatura romana (70 a. de J. C.-100 de J. C.) ,
comprenden un período de perturbaciones y de cam-
bios profundos; la Roma de Cicerón no es la de
Tito Livio, ni la de Horacio, Tácito o Juvenal.
Por tanto, si se quisiera exponer completamente la
Constitución romana y las abundantes modificaciones
que ha sufrido, habría que contar toda la historia
exterior e interior de Roma, cuyas vicisitudes han
ROMA 181
influído constantemente en el régimen político. De-
bemos contentamos aquí con bosquejar las causas
principales que produjeron esas modificaciones, sin
insistir en pormenores históricos que se suponen ya
conocidos de los estudiantes y que hallarán expuestos
en otros lugares.

99. RoMA EN TIEMPO DE LOS REYES. El populus


romanus, cuando aparece en la Historia, comprende
los patricios, divididos en gentes, y los plebeyos. El
populus, en conjunto, estaba gobernado por un rey,
que le debía su autoridad, y que era a la vez el juez,
el general en jefe y el gran sacerdote de la comuni-
dad. El rey elegía entre los patricios un Senatus,
una Asamblea de 300 ancianos, que constituían su
Consejo permanente, pero que no estaban revestidos
de ningún poder administrativo ni legislativo. La ley
era esencialmente un conjunto de costumbres ( mos
majorum), colocado bajo la protección del rey, único
que tenía el derecho de consultar a los dioses por
medio de los auspicia (observación del vuelo de las
aves) . El rey tenía un corto número de auxiliares,
tales como el tribunus celerum 1 o comandante de la
caballería, y los quaestores parricidii, que entendían
en las causas por asesinato. Las gentes patricias es-
taban probablemente agrupadas en curias ( curiae),
cuya asamblea, comitia curiata, estaba llamada a
confirmar con su voto la elección del rey.

100. REFORMAS DE SERVIO Tuuo. El único cam-


bio hecho en la Constitución primitiva en tiempo de
los reyes es el que se atribuye a Servio Tulio. Divi-
dió el pueblo en cuatro tribus locales. Todo hombre
útil, patricio o plebeyo, hubo de servir en el. ejército,
con rango proporcionado a su fortuna. Así nacieron
1· Había, quizá, varios tribuni celerum.
182 JAMES GOW
los comitia centuriata, asambleas en que el pueblo
votaba por centurias, es decir, por grupos compues-
tos nominalmente de 100 hombres. Los plebeyos y los
patricios estaban comprendidos en las mismas centu-
rias 1 • En realidad, no sabemos nada de esos comitia
hasta después de la expulsión de los reyes, en que
procedieron a la elección de los primeros cónsules.

101. REFORMAS OBTENIDAS POR LOS PATRICIOS.


La conducta de Tarquina el Soberbio irritó a los
patricios, que le expulsaron; desde el año 509 a. de
J. C. ya no hubo reyes en Roma. Las funciones sa-
cerdotales del rey fueron confiadas a sacerdotes (pon-
tifex maximus y rex sacrificulus); sus funciones ju-
diciales y militares transferidas a dos magistrados
llamados cónsules o pretores, ¡:ada uno de los cuales
podía, si lo juzgaba necesario, suspender los acuerdos
de su colega. El Senado, no obstante, se reservó el
derecho de hacer designar, en circunstancias graves,
un dictador único, que ejercía todas las funciones
de rey, salvo las sacerdotales. Los mismos cónsules
elegían dos cuestores ( quaestores), que eran sus se-
cretarios de hacienda.
Los dos cónsules eran patricios, como lo había sido
el rey; pero no permanecían más que un año en el
cargo, y, por consiguiente, aun cuando lo hubieran
querido, no podían disminuir los privilegios de su
clase para favorecer a la plebe. Desde esta época
empezó una lucha, que duró dos siglos, entre los
patricios y los plebeyos.

102. REFORMAS OBTENIDAS POR LA PLEBE. Al prin-


cipio, la plebe se sublevó solamente contra la cruel

1 No obstante, las centurias de las clases m ás r icas vota.


ban las primeras y tenían ellas solas 98 sufragios, mientras
que todas las demás juntas sólo tenían 95.
ROMA 183
aplicación que de la ley hacían los cónsules patricios.
La le x V aleria ( 509 a. de J. C. ) había reconocido a
cualquier ciudadano condenado a pena capital el
derecho de apelar contra los cónsules (pero no con-
tra los dictadores) a los comitia centuriata; pero este
derecho no existía más que en el interior de la ciudad,
y los poderes exorbitantes de los cónsules podían
hacerle ilusorio. El año 494 a. de J. C., después de la
retirada de la plebe al Monte Sacro, se crearon
funcionarios plebeyos, los tribuni plebis, que podían
interponerse allí donde un plebeyo reclamaba su
auxilio y que adquirieron gradualmente un derecho
de oposición o veto más extenso. Los tribunos em-
pezaron muy pronto a convocar reuniones de la
plebe sola, que en ellas era invitada a votar por
tribus; de suerte que los ricos no tenían en estas
asambleas el predominio que les estaba asegurado
en los comicios por centurias. Así nacieron los comitia
tributa, reconocidos por las leyes V aleriae H oratiae
el año 449, como asambleas constitucionales y auto-
rizadas para hacer leyes (plebiscita), por lo menos
con la sanción del Senado. Justamente antes de esta
fecha, en 451, se había concedido a instancias de la
plebe el nombramiento de los decenviros, encarga-
dos de redactar y promulgar el famoso Código de
las Doce Tablas.
Habiendo obtenido de esta suerte algún conoci-
miento de la ley vigente y alguna intervención en sus
aplicaciones, la plebe empezó a reclamar para sí par-
ticipación en el gobiemo.
La cuestura le era accesible desde el año 421; pero
los patricios se negaban obstinadamente a que en-
trara en el consulado. Primeramente, en 444, el Sena-
do resolvió que se eligieran, en lugar de los cónsules,
tribunos militares con poder consular, análogos a los
estrategas atenienses. Se estipuló que los plebeyos po-
dían ser nombrados tribunos militares; pero se las
JAMES GOW
compusieron los patricios para apartarlos de esta ma-
gistratura hasta el año 400. Mientras que el Consu-
lado quedaba así en suspenso, el Senado empezó a
reducir sus poderes mediante la creación ( 443 ) de los
nuevos magistrados patricios, los censores, que toma-
ron para sí uno de los atributos más importantes de
los cónsules, el de hacer el censo de los ciudadanos,
estimar su fortuna y aplicarles la obligación del servi-
cio militar. De esta suerte se desvió por algún tiempo
la tendencia de los plebeyos al consulado; pero, el
año 367, las leyes Licinias restablecieron definitiva-
mente aquella magistratura, y quedó convenido que,
en lo sucesivo, uno de los cónsules por lo menos sería
plebeyo. Los patricios, perseverando en su táctica, qui-
taron a los cónsules sus poderes judiciales y los trans-
firieron al pretor ( 366 a. de J. C.) . El año siguiente
( 365), crearon también ediles curules, magistrados
patricios que según su intención habían de anular la
autoridad de los ediles plebeyos, que ayudaban a los
tribunos de la plebe. Pero la fuerza de la opinión po-
a
pular había llegado ser demasiado grande y los pa-
tricios acabaron por resignarse al nuevo estado de
cosas que se imponía.

103. PROGREsos DE LA PLEBE. El cuadro siguiente


indica las principales magistraturas a que pudieron
llegar sucesivamente los plebeyos :
Magistraturas. Fecha de la creaci&n Acusibles a la plebe
a. de J. C. a. de J. C.
Consulado 509 367
Dictadura ( ?) 356
Censura 443 351
Pretura 366 337
Edilidad curul 365 364
Cuestura 509 421

El tribunado de la plebe y la edilidad plebeya,


ROMA 185
---
creados el año 494, estuvieron desde un principio ex-
, clusivamente reservados a los plebeyos.
En suma, el resultado de aquella lucha fué que los
plebeyos tuvieron magistrados propios y acceso a to-
das las restantes magistraturas. Además, se estipuló
expresamente que uno de los cónsules y uno de los
censores serían siempre plebeyos 1 .
Añadamos que por la lex Canuleia (445), la
plebe obtuvo el jus connubii, o derecho de matrímo-
~o con los patricios. Los hijos seguían la condición
del padre. Antes de esta ley, los hijos procedentes de
matrimonios mixtos eran siempre plebeyos. Final-
mente, el año 300 a. de J. C ., por la lex O gulnia, los
plebeyos fueron admitidos en los colegios sagrados
de los pontífices y dé los augures.
Los triunfos de la plebe, al abrirle las magistratu-
ras, le dieron también acceso al Senado. Los senado-
res, primeramente elegidos por el Rey, lo fueron más
tarde por los cónsules. El año 351, la lex Ovinia trans-
firió esta elección a los censores, pero estipulando
que habían de escoger entre los ciudadanos que antes
hubieran ejercido una magistratura.
Restaba afirmar la autoridad legislativa de los
comicios tributos, en que la influencia de la plebe era
predominante. Hasta el año 339 a. de J. C., los plebis-
citos, que en un principio sólo obligaron a la plebe,
no adquirían fuerza de ley sino después de la apro-
bación del Senado. En ese año, una lex Publilia cuyas
disposiciones precisas no son conocidas, parece haber
atenuado algo esa reserva. Por último, el año 287,
la lex Hortensia hizo que los plebiscitos tuvieran
fuerza de ley al ser aprobados por todo el pueblo
romano.
1 La edad requerida para ser revestido de los diferentes
cargos, y el orden en que podían ser ocupados, se fijaron
df'finitivamente en el 180 por la lex Villia annalis.
186 JAMES GOW
104, RES ULTADOS DE LA CONQUISTA . DE ITALIA.
Mientras que Roma estaba comprometida en estas
luchas internas, sostenía también en el exterior una
serie de guerras venturosas, a consecuencia de las
cuales su territorio obtenía rápidos aumentos. Muchas
ciudades sabinas y latinas habían obtenido el derecho
de ciudadanía romana; numerosas colonias de vete-
ranos habían sido establecidas para tener sujetos a los
pueblos turbulentos. Desde el año 270 a. de J. C.,
Roma era dueña de toda Italia al sur del río JEsis 1 .
La extensión del derecho de ciudadanía y el aumento
del poderío romano exigían que los principios de la
Constitución fueran ampliados.
El número de tribus, que era en un principio de
cuatro, se elevó el año 241 a 35, cifra que ya no se
aumentó más. Se fijaron los derechos y los deberes
de las ciudades italianas que no habían recibido el
derecho de ciudadanía. El año 267 a, de J. C. se
nombraron cuatro nuevos cuestores, llamados quaes-
tores classici, en parte para mandar la flota, pero so-
bre tódo para cuidar del reparto de impuestos en Ita-
lia. El año 246 a. de J. C., un segundo pretor, el
praetor peregrinus, se estableció para juzgar los plei-
tos entre extranjeros, y entre ciudadanos y extranje-
ros. Además, la necesidad de mantener a la vez varios
ejércitos en campaña y de asegurar la permanencia
en el mando de los generales triunfantes, había hecho
introducir, desde el año 327 a. de J. C., la costumbre
de prorrogar los poderes de los cónsules más allá del
año de su cargo, dándoles el título de procónsul (pro
consule). El procónsul era nombrado por un espacio
de tiempo fij ado de antemano, o simplemente hasta
su vuelta a Roma.
1 Esta frontera fué llevada al Rubic6n el año 59 a. de J. C.
ROMA 187
105. RESULTADOS DE L AS DEMÁS CONQUISTAS DE
RoMA. La primera guerra Púnica, comenzada el 264
antes de J. C., fué el punto de partida de una nueva
serie de conquistas fuera de Italia. La adquisición de
Sicilia y de Cerdeña, el año 238, tuvo por conse-
cuencia el nombramiento de dos nuevos pretores en-
cargados del gobierno de aquellas provincias ( 227 an-
tes de J. C.) . Otros dos pretores fueron nombrados el
año 197 para gobernar las dos provincias de España.
Durante la terrible crisis que atravesó el poderío ro-
mano en la segunda guerra Púnica, se adoptó la cos-
tumbre de conferir mandos militares a procónsules y
a propretores que no habían sido aún cónsules ni
pretores (por ejemplo, Escipión, el año 211). Esta
novedad, cuyos malos resultados no se hicieron sentir
en un principio, tuvo en lo sucesivo graves conse-
cuencias, porque la Constitución romana tenía expre-
samente por objeto impedir que nadie se hiciera in-
dispensable en el Estado, y las excepciones hechas
en favor de soldados de fortuna y populares prepa-
raron la ruina de la libertad.

106. FORMACIÓN DE UN EJÉRCITO P ERMANENTE.


Durante el siglo n a. de J. C., cuando el imperio ro-
mano se extendía por todas las orillas del Mediterrá-
neo, el peso de los asuntos públicos fué demasiado
grande para el pueblo, que los confió cada vez más
al Senado. O cupado éste en las conquistas de Roma,
olvidó los asuntos interiores, y capitalistas sin escrú-
pulos aprovecharon las circunstancias para oprimir
y despojar a los pobres. Entonces, como en otro tiem-
po, los oprimidos formaban parte de la plebe; pero
ahora tenía ésta a su disposición el arma poderosa
de los plebiscitos y empezó a usarla sin medida des-
de la época de los Gracos. El año 104 a. de J. C., el
pueblo, asustado por el avance de los cimbros,. nom-
bró a Cayo Mario cónsul y le sostuvo en el cargo,
188 JAMES GOW
a despecho de la . ley y del Senado, durante cinco
años consecutivos. Fué el primer presagio de la ruina
próxima de la República. El ejército no había sido
hasta entonces más que una milicia de ciudadanos,
pero Mario hizo del estado militar un oficio, reclutan-
do el ejército en todas las clases y absteniéndose de
licenciarle al final de cada campaña. Desde entonces,
la fidelidad al general en jefe empezó a sustituir a la
fidelidad debida al Estado.

107. GuERRA CML. El año 88 a. de J. C., siendo


Sila cónsul y jefe del ejército, el tribuno Publio Sul-
picio persuadió al pueblo de que nombrase procón-
sul a Mario y le encargara de dirigir la guerra contra
Mitridates. Sila se negó a ceder el puesto y empezó
la guerra civil, que terminó el año 82 a. de J. C.,
con la dictadura de este general.

108. REFORMAS DE SILA. En .los dos años siguien-


tes, Sila hizo varias reformas en la Constitución, en-
caminadas a aumentar la autoridad del Senado. En
la época de la guerra social ( 90-89) , el derecho de
ciudadanía había sido extendido a toda Italia. Sila
dejó subsistente aquel estado de cosas. Los equites o
caballeros (clase de ciudadanos ricos que tenían el
derecho de servir en la caballería) habían recibido
en tiempo de Cayo Graco ( 122) varios privilegios
importantes, en particular el de formar parte de los
jurados. Sila quitó este derecho a los caballeros y lo
restituyó a los senadores solos. Privó también a los
tribunos del derecho de convocar los comicios sin
la autorización del Senado y aseguró así a esta asam-
blea toda la iniciativa en el orden legislativo.
El Senado mismo fué profundamente modificado.
Se duplicó el número de senadores y se quitó a los
censores el derecho de hacer la lista de los mismos.
En adelante los cuestores, al expirar el año de su
ROMA 189
cargo, venían a ser senadores vitalicios, y como el
número de los que se elegían anualmente para aquel
cargo se elevó a 20, hubo por este hecho número
suficiente para cubrir las vacantes que iban produ-
ciéndose 1 .
Las relaciones entre el Senado y el Poder ejecutivo
se modificaron en detrimento de éste. Sila determinó
que nadie podía ser cónsul sin haber sido pretor, ni
pretor sin haber sido cuestor; que habían de trans-
currir dos años, por lo menos, entre la elección de un
ciudadano para un cargo y su elección para otro car-
go superior; que nadie podía ser elegido de nuevo
para el mismo cargo sino después de diez años de
intervalo. Resolvió, además, que cada cónsul y cada
pretor, durante el año de su cargo debía ejercer, a
título exclusivo, funciones civiles en Italia; luego, por
autorización del Senado, podría ser enviado, pero por
un año solamente, en calidad de procónsul o de pro-
pretor militar, a una de las diez provincias (Sicilia,
Cerdeña, las dos Españas, Macedonia, Asia, África,
Narbona, Cilicia y Galia Cisalpina). Ningún ciuda-
dano que hubiera sido tribuno podía resultar elegido
para otro cargo.
Sila reformó también la Administración de justicia,
elevando a ocho el número de los pretores e institu-
yendo numerosos tribunales especiales ( quaestiones),
en que jurados compuestos de senadores juzgaban
sin apelación los delitos correspondientes a cada uno
de ellos 2 •

109. NuEVA GUERRA CIVIL. Gran parte de la legis-


lación de Sila fué derogada el año 70, durante el con-

1 Los cónsules y los pretores formaban ya parte del Se-


nado, por cuanto habían sido antes cuestores.
2 Así había una tribunal para las concusiones ( quaestio
repetundarum), otro para los casos de asesinato y de enve-
nenamiento (quaestio de sicariis et veneficis), etc.
190 JAMES . GOW
sulado de Pompeyo y de Craso. Los tribunos, los cen-
sores y los caballeros recobraron sus antiguos privi-
legios. Se vió de nuevo, como en tiempo de Mario,
conferir por vía de plebiscito a un general popular
poderes contrarios a la Constitución. El año 67 antes
de J. C., la lex Gabinia nombró a Pompeyo procónsul
por tres años, y le revistió del mando militar en el ·
Mediterráneo y en todas sus costas, hasta la distancia
de 50 millas tierra adentro. El año 66 a. de J. C., la
lex M anilia hizo a Pompeyo gobernador de Bitinia,
del Ponto y de Cilicia. Durante la ausencia de Pom-
peyo en Oriente, el Senado se vió expuesto a nume-
rosos ataques, en que Julio César empezó a desempe-
ñar importante papel. El año 59 a. de J. C., César
era cónsul. En el momento de recibir una provincia
en calidad de procónsul, hizo aprobar una ley que le
atribuía la Galia por cinco años, mando militar aná-
logo al que Pompeyo había ejercido en Asia, y no me-
nos contrario a la Constitución. Este mando fué pro-
rrogado más tarde por cinco años más, lo que permitió
a César conquistar la Galia y formar un ejército que
habría podido difícilmente licenciar, aun cuando hu-
biera querido. Atemorizado el Senado, volvió los ojos
a Pompeyo, y la guerra civil se hizo de nuevo inevi-
table. Se sabe cual fué el resultado: la victoria de
Farsalia puso a Roma y al mundo entero en manos
de César.

110. PoDERES DE CÉsAR. César, que debía el po-


der a su ejército, no podía conservarle sino por él.
Tomó el título significativo de imperator, hasta en-
tonces reservado al general en campaña, y que aún
no había sido tolerado dentro de los muros de Roma.
Además, era dictador de por vida y revestido a per-
petuidad de la censura (praefectura morum) . Fué
cónsul durante la mayor parte de su gobierno, y, aun
cuando no era tribuno, estaba revestido del poder
ROMA 191
1
tribunicio, que le hacía inviolable • Erá, desde ha-
cía mucho tiempo, pontifex maximus, jefe de los co..
legios religiosos. Todas estas dignidades le fueron
conferidas en las formas previstas por la Constitu-
ción, pero, por el hecho de estar reunidas en una sola
pel'5ona, se halló en posesión del conjunto de las pre-
rrogativas que habían tenido en otro tiempo los reyes,
y a más con un magnífico ejército como los reyes no
lo habían tenido jamás. Con semejante jefe, cual-
quier Constitución no era más que un espejuelo. La
voluntad del dueño lo hacía todo. ·

111. PoDEREs DE AuousTo. Después del asesina-


to de César ( 44 a. de J. C.) , la antigua Copstitución
fué restablecida. Por lo demás, nunca ·había sido de-
rogada. Pero después de la batalla de Actium (31),
Octavio se encontró en la misma situación que su tío
después de Farsalia, y se atribuyó los mismos pode-
res. Como la dictadura, tal como la ejerció César,
había sido suprimida por una ley de Antonio, Octavio
no se hizo nombrar dictador, pero tomó, en calidad
de heredero de César, el título o praenomen de impe-
rator ( 40 a. de J. C.), y recibió el de Augustus el
año 27. En la misma fecha, el Senado le concedió
por diez años el proconsulare imperium, extendiéndo-
se a Roma y a todo el Imperio, con el derecho de
mandar los ejércitos, de declarar y de dirigir la gue-
rra, como también con la autoridad exclusiva en cier-
tas provincias que él designó y que se llamaron des-
de entonces imperiales, para distinguirlas de las sena-
toriales, cuyo gobierno dejó al Senado. Había recibido
la dignidad tribunicia de por vida el año 30 a. de
J. C.; el 23 la hizo anual, y en adelante le fué confe~
rida todos los años. A más de que le hacía inviolable,
1 Como César era patricio de origen, la ley no le per-
mitía ser tribuno de la plebe.
192 JAMES GOW
esa dignidad le aseguraba el derecho de inteiVenir
en los· actos de todas las demás magistraturas y en
las resoluciones del mismo Senado; le daba la inicia-
tiva en materia legislativa, el derecho de intercesión
en favor de unos y de contención contra otros. En
cuanto vacó el cargo, fué nombrado gran pontífi-
ce ( 12 a. de J. C.). Finalmente, era jefe de gran nú-
mero de funcionarios de todas categorías, que le con-
sultaban sobre cuestiones legales, y a ·Jos que respon-
día con cartas (rescripta, epistolae), que por emanar
de él tenían prácticamente fuerza de ley.
En teoría, la Constitución de Roma era republi-
cana aún, con Augusto como princeps y jefe del
Poder ejecutivo. Se siguieron eligiendo los cónsules,
los pretores, los tribunos, conforme a los antiguos
usos; pero como estos magistrados permanecían so-
lamente un año en los cargos, mientras que Augusto
estaba revestido del poder de por vida, no eran en
realidad más que fantasmas de que la autoridad im-
perial no tenía que temer nada.

112. PoDER DE. LOS EMPERADORES. Desde la épo-


ca de Augusto, la historia constitucional de Roma
significa la centr~lización progresiva cie todos los po-
deres en manos del emperador. La Constitución repu-
blicana no sobrevivió más que en dos puntos. En
primer lugar, el trono jamás fué declarado heredita-
rio. Todo lo que un emperador podía hacer era de-
signar su heredero y sucesor, poniéndole e.n disposición
de obtener el Imperio por la fuerza, caso de hacerse
necesario. En segundo lugar, cada emperador era
saludado imperator, luego revestido por el Senado y
por el pueblo del imperium y de las demás prerroga-
tivas anejas. Así se mantuvo siempre, en apariencia
al menos, el principio de la elección de los empera-
dores por el pueblo.
ROMA 193

XXIV. RoMA EN TIEMPo DE LOS REYES

113. EsPÍRITU CONSERVADOR DE LOS ROMANOS. El


resumen que antecede ha hecho ver que la Consti-
tución romana se desarrolló progresivamente, sin mo-
dificaciones súbitas y violentas. El poder de los reyes
no pasó de pronto al pueblo, como tampoco el poder
del pueblo fué bruscamente confiscado por los empe-
radores. La constitución de un período no difiere en-
teramente de la del período que le ha precedido. Por
este motivo hay que insistir en la constitución más
antigua de Roma con tanto detenimiento como en las
que siguieron. Encierra efectivamente gérmenes que,
desarrollándose siempre de una manera desigual, to-
dos han dado sus frutos, y ninguno ha permanecido
infecundo.

114. EL PUEBLO EN LA ÉPOCA DE LOS REYES 1 . Las


tres tribus de los Rhamnes, establecidas en el monte
Palatino; los Ticios, en el Quirinal; y los Luceres, en
el Celio, se reunieron para formar una sola comuni-
dad, cuyo centro religioso y la ciudadela estaban so-
bre otra colina, el Capitolio, y cuyo conjunto llevaba
el nombre de Quirites. No sabemos justamente cómo
se efectuó esta reunión, ni cuál era la nacionalidad
de origen de las tres tribus que formaron el pueblo
romano.
Esas tres tribus estaban divididas cada una en diez
parroquias o curiae, cada una con su lugar de reunión

1 Los datos principales para la historia primitiva de Roma


están en la 'Pro~tntxi¡ doxatoAoyÍá de Dionisia de Halicar·
naso, escrita hacia el año 20 a. de J. C ., y en la primera
década de Tito Livio, escrita por la misma época. Estos d os
testimonios están muchas veces en desacuerdo, y, aun cuan-
do no lo estén, no siempre parecen dignos de fe.
194 JAMES GOW
y su centro religioso, llamado curia. Cada curia com-
prendía cierto número de gentes, y cada gens cierto
número de familias. La gens o clan se componía de
personas que eran o se creían descendientes de un
mismo antepasado varón. La familia se componía de
personas que se enlazaban con un antepasado varón
menos antiguo que el de la gens, pero descendiente a
su vez de éste. Los descendientes de un antepasado
común se decían cognati. Se llamaban agnati cuando
descendían uno y otro por línea masculina. Se llama-
ba affines a los que estaban unidos por alianzas ma-
trimoniales. Cada curia, cada gens, cada familia tenía
deberes religiosos tradicionales (sacra), que cumplía
con su divinidad tutelar y los manes de los ante-
pasados.
La palabra familia tenía también el significado res-
tringido que tiene entre nosotros, como un grupo
de personas que descienden de un antepasado va-
rón que todavía vive: el paterfamilias, el jefe de la
familia. A su muerte, cada uno de sus hijos venía a
ser a su vez paterfamilias y jefe de sus propios des-
cendientes.
El nombre completo de un ciudadano romano
comprendia un praenomen, un nomen gentilicium,
que designaba la gens a que pertenecía, y el nombre
de su padre; por ejemplo: Cneus Cornelius Cn(aei)
F(ilius) . En época posterior, se añadió a estos nom- .
bres un cognomen o varios cognomina hereditarios 1 .
El populus Romanus Quirites (o Quiritium) com-
prendía patricios y plebeyos.
Los patrici parecen haber sido los descendientes de

1 Los cognomina, aun cuando algunos parecen muy anti-


guos, se encuentran raras veces mencionados antes del si-
glo m a. de J. C., época en que empezaron a distinguir las
familias patricias o que pretendían serlo. Los plebeyos no
los adoptaron sino con posterioridad. Las mujeres no tenían
cognomen y raras veces llevaban praenomen.
ROMA 195
las antiguas gentes, que, en virtud de una costumbre
difícil de definir, formaban solas el consejo de los pa-
tres y se reservaban todos los honores en la comu-
nidad 1 .
Una parte de la plebs estaba formada por -clientes,
que eran probablemente libertos. Les unían obliga-
ciones hereditarias recíprocas a un patronus patricio,
cuyo nomen gentilicium llevaban. El origen del resto
de la plebe es muy discutido; se piensa general-
mente que en gran parte se componía de antiguos
clientes, que habían llegado a la independencia por
extinción de las familias de sus patronos. Se alega en
apoyo de esta opinión que casi todos los nombres
gentilicios patricios se encuentran efectivamente en
las familias plebeyas.
Todo ciudadano, patricio o plebeyo, tenía el de-
recho de propiedad legal, jus commercii 2 • Pero los
patricios y los plebeyos sólo podían casarse en su
clase; el hijo procedente de unión mixta era plebeyo.
La asamblea de las curias se llamaba comitia curiata,
y hay algún motivo para dudar de que en un prin-
cipio los plebeyos pudiesen tomar parte en las vo-
taciones.

115. EL REY. La comunidad entera estaba gober-


nada por un rey, que elegía un Senado de ciento,
más tarde de trescientos patres (diez por cada curia),
especie de Cuerpo consultivo que le ayudaba con sus
consejos.
La monarquía no era hereditaria ni electiva. El
1 Tarquino el Viejo creó, dícese, algunos clanes nuevos,
gentes minores, elegidos entre las gtmtes patricias de las
comunidades latinas anexionadas al Estado romano.
2 Sólo los ciudadanos podían recobrar legalmente una pro-
piedad de que hubieran sido privados. El que no era ciuda-
dano podía poseer bienes, pero el rey no le ayudaba a
recobrarlos si le eran quitados.
196 JAMES GOW
rey se suponía designado por los dioses, cuya elec-
ción, no obstante, se limitaba a reducidísimo número
de personas. Al morir el rey, se elegía a la suerte un
interrex entre los patres 1 . El interrex tomaba enton-
ces los auspicios, es decir, observaba el vuelo de las
aves en una región limitada del cielo (templum). De-
ducía de esta observación que los dioses eran favo-
rables a tal o cual candidato 2 • Luego reunía los co-
mitia curiata y anunciaba ( renuntiabat) el nombre
del candidato elegido. l!ste era entonces designado
rey ( creatus) por los comicios, y confirmado en esta
dignidad por el Senado. El nuevo rey consultaba a su
vez los auspicios para recibir la aprobación de los
dioses. Si la obtenía, convocaba de nuevo a la asam-
blea y era finalmente revestido del poder de vida y
muerte por una lex curiata de imperio. Inmediata-
mente de elegido el rey, cesaban las funciones del in-
terino, y en adelante sólo él tenía el derecho de con-
sultar a los dioses tomando los auspicios.
El rey, sometido a la influencia del Senado, consi-
derable sin estar estrictamente definida, era a la vez
juez, general y sacerdote del pueblo.
Como juez, estaba asistido por los quaestores pa-
rricidii para las causas de homicidio, y por los duo-
t~iri pcrduellionis en las causas de traición.
Como general, tenía a su mando el tribunus cele-
rum, comandante de la caballería, y cuando estaba
ausente de la ciudad, un praefectus urbi.
Como sacerdote, tenía por auxiliares a los augures
o intérpretes del vuelo de las aves, a los fetiales o

1 Probablemente los senadores solos, y no todos los pa-


tresfamilias.
2 Recuérdese la historia de la disputa entre Rómulo y
Remo. El interyex y el rey tenían el derecho de observación
(spectio). Los signos por ellos observados eran interpretados
por los augures.
ROMA 197
heraldos y a los pontífices, que entre otros cuidados
tenía1;1 la guarda del calendario y de las leyes 1•

116. FuNciONES DEL SENADO. El Senado era esen-


cialmente guardián de la costumbre, mos majorum, e
intérprete, cerca. del rey, de la opinión pública. Por
esto los senadores ratificaban el voto del pueblo, a
más del que aseguraba la elección del rey.

117. FuNCIONEs DE LOS COMICIOS CURIADOS. Con-


firmaban, según hemos visto, la elección del rey;
quizás tenían el derecho de decidir por votación la
paz o la guerra. En ciertos casos, como el del tercer
Horacio, constituían un tribunal supremo ante el cual
podía apelarse de una sentencia real. Parece, sin em-
bargo, que sus poderes no eran considerables. No ha-
bía en Roma leyes propiamente dichas, sino solamen-
te costumbres y resoluciones reales, que, sancionadas
por los dioses, eran invocadas como precedentes en
los casos semejantes 2 • Toda resolución del pueblo
se llamaba lex (por ejemplo, lex de bello indicendo,
para significar una declaración de guerra) , pero el
pueblo no era consultado para fijar lo que nosotros
llamamos leyes, es decir, prescripciones de orden ge-
neral concernientes a los intereses privados o públicos.
Los Comicios curiados eran convocados el día de
las calendas de cada mes, para oír al pontífice pro-
1 La etimología de los nombres fetiales y pontífices es
oscura. Siendo los fetiales los mensajeros que anunciaban la
paz o la guerra, los antiguos ponían su nombre en relación
con foedus, etimología enteramente inadmisible. Pontífices
significa "los que construyen los puentes o los caminos",
funciones que les obligaban a hacerse propicios a las divinida-
des en cuyos dominios se construían los caminos o los puentes.
2 Tal ocurre todavía en Inglaterra, donde no hay otro
código que la larga serie de sentencias, dictadas en diferen-
tes épocas, que se alegan ante los tribunales a título de pre-
cedentes.
198 JAMES GOW
clamar el calendario del mismo. Se les convocaba
también dos veces al año para ratificar testamentos
o para otras resoluciones de orden religioso. La
asamblea reunida a este efecto se llamaba comitia
calata.

118. COMICIOS CENTURIADOS. El ejército más an-


tiguo de Roma parece haber consistido en una legión
de 3.000 infantes y 300 jinetes, cuya tercera parte
proporcionaba cada tribu. Se atribuye a Servio Tulio
un cambio de estas disposiciones. Dividió el pueblo
todo en cuatro tribus territoriales, cada una de las
cuales ocupaba un dominio limitado consistente en
vici urbanos y en pagi rústicos 1 . La situación de las
propiedades se fijaba dentro de cada tribu en época
determinada, por la operación llamada "censo". To-
dos los propietarios e hijos de propietarios territo-
riales ( adsidui, locupletes) se dividían en cinco clases.
La primera comprendía aquéllos cuya fortuna se cal-
culaba en 100.000 ases o más (según Tito Livio) ; los
más ricos servían en la caballería como equites. Los
demás ciudadanos de esta clase, y los de las cuatro
clases siguientes, servían en la infantería con diversos
equipos. Cada clase estaba dividida en centurias, pero
es probable que la palabra no designara con exactitud
la compañía de cien individuos. Los ciudadanos esta-
ban sujetos al servicio militar desde los diez y siete a
los sesenta años. De los diez y siete a los cuarenta y
seis, servían en el ejército activo ( centuriae junio-
rum); de los cuarenta y seis a los sesenta, en el ejército
sedentario ( centuriae seniorum), cuyo fin principal era
guarnecer las plazas (véase § 141 ) .
. El ejército de las centurias, así compuesto de pa-
1 Los pagi parecen haberse transformado muy pronto en
t~ibus ~usticae,
que eran en número de 17 el año 494 a. de
J. C. El número total de las tribus se elev6 d efinitivamente
a 35 el año 241 antes de J. C.
ROMA 199
tricios y plebeyos, adquirió pronto autoridad políti-
ca, y, con el nombre de comitia centuriata, se apropió
todas las funciones importantes de los comitia curiata.
Los comicios centuriados eligieron los primeros cón-
sules y decidieron desde entonces de la paz o la gue-
rra. Los comicios curiados no se convocaron ya más
que para conferir el imperium y para desempeñar las
funciones religiosas de los comitia calata. Como los
comicios centuriados no eran otra cosa que el ejérci-
to, no podían reunirse en el interior de la ciudad, es
decir, en el espacio limitado por el pomerium. Era éste
una zona libre que seguía el trazado de la muralla
de la ciudad. Ningún ejército, ningún embajador ex-
tranjero, ninguna divinidad extranjera, podía pasar
sin especial permiso el pomerium (post moeros=post
muros). El pomerium fué sucesivamente ampliado
por Servio Tulio, Sila, Claudio, Nerón y Vespasiano.

XV. LA REPÚBLICA ROMANA

A. LOS MAGISTRADOS

119. CLASIFICACIÓN DE LAS MAGISTRATURAS. En


el momento de la expulsión de los reyes y de la abo-
lición de la Monarquía (51 O a. de J. C.), las funcio-
nes sacerdotales del rey fueron conferidas al rex sa-
crorum y al pontifex maximus. Todos sus demás po-
deres militares, judiciales y admirústrativos se dieron
a los c6nsules, electivos como lo había sido el rey,
pero que no permanecían en el cargo más que un año.
Como cada cónsul tenía la misma autoridad que su
colega, compensaba su influencia en caso necesario y
paralizaba sus iniciativas. No obstante, en las crisis
peligrosas1 el Senado tuvo el derecho de hacer desig-
nar un dictador único, que ejercía, pero durante seis
meses solamente, autorid~d casi de rey. La guarda
200 JAMES GOW
del Tesoro público fué pronto confiada por los cón-
sules a dos cuestores. La rebelión del pueblo en el
Monte Sacro dió lugar a la institución de los tri-
bunos de la plebe y los ediles. Como la plebe in-
sistía en reclamar el acceso al Consulado, los patricios
desmembraron la autoridad de los cónsules creando
nuevas magistraturas. Así se instituyeron la censura y
la pretura, formadas a expensas de la autoridad con-
sular. Se nombraron ediles curules, para que con ellos
pudieran tener los patricios magistrados correspon-
dientes a los ediles plebeyos. Finalmente, .las exigen-
cias de la guerra hlcieron que se prolongasen el
consulado y la pretura con las denominaciones de
proconsulado y propretura (véase pág. 187).
Los principales magistrados de la República pue-
den dividirse, en varios respectos, del siguiente modo ;

I. (A) Ordinarios: cónsul, censor, pretor, tribu-


no? edil, cuestor.
(B) Extraordinarios: dictador (con un ma-
gíster equitum).
II. (A) Con imperium : censor, pretor, dictador,
magíster equitum.
(B) Sin imperium: cónsul? tribuno, edil,
cuestor.
111. (A) Mayores: cónsul, censor, pretor, dictador?
magíster equitum.
(B) Menores: tribuno, edil, cuestor.
IV. (A) Curules: cónsul, censor, pretor, edil cu-
rul, dictador, magíster equitum.
(B) No curules: tribuno, edil plebeyo, cuestor.

Esta lista exige algunas explicaciones complemen-


tarias.
Se llamaba imperium a la autoridad ejecutiva en
materia militar, civil y judicial. Era la señal más alta
de la potestas (véase§ 130), que en otro tiempo per-
ROMA 201
tenecía a los reyes y había pasado a los cónsules y
a los pretores. En el interior de la ciudad, el imperium
estaba limitado de diversas maneras, entre otras por
el derecho de apelación. Fuera, se ejercía sin restric-
ciones, y así la palabra ímperium vino a designar

Fig. 23. - Silla curul.

frecuentemente los poderes absolutos de un general


en campaña o de un gobernador de provincias, en
oposición al imperium restringido que ejercían los
magistrados dentro de la ciudad.
La distinción entre los magistrados mayores y me-
nores es de orden religioso. Tenían los primeros los
auspicia majora, incluso el derecho de consultar los
auspicios en cualquier parte que quisieran. Los segun-
dos no podían tomarlos más que en el interior de
Roma. Así, los majora auspicia caracterizaban el im-
perium, pero los censores los tenían sin estar revesti-
dos de éste. Quizás por esto esos magistrados llevaban
el registro militar y tenían, por consiguiente, el deber
de convocar al pueblo a una asamblea análoga al
ejército, la cual podía reunirse solamente fuera de
202 JAMES GOW
la ciudad, al amparo de los auspicia majora. Hay que
notar también que, entre los magistrados ordinarios,
los que tenían el imperium o los auspicia majora eran
nombrados por los comicios centuriados; los otros, por
los comicios tributos. El dictador y el magíster equi-
tum no eran nombrados por los comicios.
Los magistrados curules se sentaban en una sella
curulis, sillón incrustado de marfil que representaba
quizás el currus o carro real primitivo. Los magistra-
dos no curules se sentaban en un simple subsellium.
No hemos hecho todavía mención de los X viri legi-
bus scribendis ( decenviros), que no permanecieron
en funciones más que dos años ( 451-449 a. de J. C .) ,
ni de los tribuni militares consulari potestate (tribu-
nos militare3 con autoridad consular), que fueron
nombrados a intervalos entre 444 a 367 a. de J. C.,
en el lugar de los cónsules; ni del interrex ( interrey),
que era designado en ocasiones para presidir las elec-
ciones consulares cuando los cónsules salientes esta-
ban impedidos de hacerlo. El interrey era un senador
patricio nombrado por el Senado por cinco días. El
interregno duraba generalmente de diez a quince
días y era ejercido sucesivamente por dos o tres ínter-
reyes sucesivos. Hubo interregnos en los años 82, 55,
53 y 52 a. de J. C.

120. Los cÓNSULES se llamaron primitivamente


praetores, es decir, jefes militares, y judices, es decir,
jueces. El nombre de consules, que es probablemente
tan antiguo como la magistratura misma, prevaleció
a título exclusivo después de la legislación de los
decenviros. Hasta el año 367 a. de J. C., los cónsules
fueron todos patricios (véase pág. 183-4). Eran elegi-
dos algunos meses antes del año de su cargo por los
comicios centuriados, convocados a este efecto por
los cónsules en ejercicio, o a falta de ellos por un dic-
tador o un interrey. Cuando un cónsul moría o abdi-
ROMA 203
caba en el ejercicio de sus funciones, su colega con-
vocaba los comicios para elegir un cónsul sustituto
( consul suffectus), que permanecía en el cargo hasta
terminar el año.
Los cónsules eran revestidos del imperium por los
comicios curiados poco después de su entrada en
funciones ( 19 de enero) , pero no podían .tomar el
mando del ejército sino después de haber celebrado,
en día fijado por ellos, las Feriae Latinae. La institu-
ción de la censura, de la pretura y de la edilidad
privó a los cónsules de buen número de sus atribu-
ciones urbanas primitivas. A partir del año 146 a.
de J. C., cesaron cada vez más de mandar los ejér-
citos, y posteriormente al 81 a. de J. C. (legislación
de Sila), no conocemos más que dos ejemplos de
cónsules que hayan ejercido mando militar en el ex-
tranjero. Por otra parte, el aumento del territorio
romano valió a los cónsules nuevas atribuciones que
realzaron la dignidad de su cargo. Cuando se trataba
de asuntos extranjeros, ellos eran los que convocaban
el Senado y presidían sus deliberaciones. Siguieron
siendo también, mientras duró la República, los ma-
gistrados por excelencia, con el poder de anular cual-
quier otra autoridad, excepto la de los tribunos, y a
veces fueron encargados (por el senatusconsultum
ultimum) de tomar en sus manos la administración
entera del Estado. Convocaban y presidían las F eriae
Latinae, las principales elecciones, y en ocasiones, por
orden del Senado, ejercían las funciones de los cen-
sores al expirar los poderes de éstos.
Cuando los dos cónsules acompañaban al mismo
ejército, cada uno mandaba la mitad de las tropas
y ejercía el mando supremo un día. Cuando los dos
cónsules estaban en Roma, alternaban por meses en
la superioridad sobre su colega; el emblema de esta
superioridad era los haces (fasces).
204 JAMES GOW
121. LA PRETURA fué separada del Consulado el
año 366 a. de J. C. Los comicios centuriados, presi-
didos por un cónsul, nombraban a los pretores, y
los comicios curiados les conferían el imperium ( com-
prendiendo el imperium militare). El pretor tenía la
jurisdicción civil en Roma, es decir, que regulaba el
procedimiento e interpretaba la ley. Muchas veces no
juzgaba él mismo, sino que remitía las causas a jura-
dos que designaba, con instrucciones acerca de la ley
que convenía aplicar 1 • En un principio, sólo hubo
un pretor. El año 242 a. de J. C., se designó un se-
gundo para cuidar de los litigios entre extranjeros.
El nuevo pretor se llamaba pretor peregrino ( praetor
peregrin us); el antiguo tomó el nombre de pretor
urbano ( praetor urbanus ). La adquisición de nuevas
provincias obligó a nombrar otros : hubo cuatro a
partir del año 22 7 a. de J. C. ; seis, desde el 197;
ocho, desde el 81, y otros más en tiempos sucesivos.
Antes de Sila, la suerte designaba entre los pre-
tores los que debían ir a las provincias (a veces para
ejercer en ellas mando militar), y los que debían per-
manecer en Roma. Sila reformó el procedimiento legal
estableciendo cierto número de tribunales permanen-
tes ( q¡taestiones perpetuae), presididos cada uno por
un pretor. Desde dicha época, los pretores pasaban
el año entero de su mando en Roma, y no iban a
las provincias hasta el año siguiente, en calidad de
propretores; pero la suerte designaba como en otro

1 Los cónsules tuvieron en un principio funciones judi-


ciales, pero una serie de leyes, empezando por la lex V aleria
de provocatione (509), di6 el derecho de apelar de ellos
a ·los comicios centuriados en las causas criminales que im-
plicaban castigo corporal (la muerte, las varas, el destierro).
Los cónsules, y luego los pretores, dejaron muy pronto de
ocuparse de estas causas y las llevaron directamente a los
comicios. No obstante, Sila confió las causas criminales a
las quaestiones perpetuae, que instituyó bajo la inspección
de los pretores.
ROMA 205
tiempo la quaestio que había de presidir cada pretor
y la provincia de que había de encargarse cada pro-
pretor.
Los pretores, al entrar en funciones, publicaban un
edicto llamado album 1, en que fijaban los principios
de derecho en que entendían inspirar sus resolu-
ciones. Este edicto, que estaba en vigor durante el
año entero, se llamaba edictum perpetuum. Ningún
pretor estaba obligado a adoptar el edicto del que le
había precedido, pero se hizo costumbre mantener las
disposiciones esenciales del mismo, y de esta suerte
adquirieron carácter permanente mejoras de la ley
sin que la legislación fuera reformada.
Fuera de Roma, en algunas ciudades aliadas o súb-
ditas que tenían el derecho de ciudadanía sin sufra-
gio, el pretor estaba representado por los praefecti
jure dicundo, que recorrían el país para administrar
justicia.

122. LACENSURA fué instituida el año 443 a. de


J. C., en realidad para disminuir la autoridad consu-
lar, en apariencia para libertar a los cónsules de la
obligación trabajosa de informarse de la vida privada
de cada ciudadano.
Los dos censores eran elegidos a la vez por los
comicios centuriados. aproximadamente cada cinco
años. No obstante, sólo permanecían en funciones du-
rante diez y ocho meses, a cuyo término abdicaban.
Sus principales deberes eran: 19, calcular la riquez~ de
los ciudadanos y hacer los registros de las tribus, de las
clases y de las centurias; 2q, hacer la lista de los
senadores; 39, administrar la hacienda del Estado.
Las dos primeras partes de la labor de los cen-

1 Este nombre procedia, ya de que el edicto se consig-


naba en una tablilla blanca, ya de que se escribía con letras
blancas en una tablilla negra.
206 JAMES GOW
sores les daban ocasión para censurar a los ciudada-
nos cuya vida privada lo merecía. Convocaban una
asamblea en el Campo de Marte, y allí, asistidos de
sus escribanos, exigían a cada ciudadano, después
de haberle hecho prestar juramento, una declaración
acerca del total de sus bienes, número de sus hijos,
etcétera 1 . Se ocupaban luego de repartir a los ciu-
dadanos entre las diferentes clases, y podían, por un
s~mple cambio en el registro, pasar a un ciudadano
de una clase a otra o hasta privarle del derecho de
votar (véase § 147) . La nota o señal de ignominia,
unida por los censores a nombres inscritos en su
registro, no se mantenía más que los cinco años
(lustrum) en que el registro era válido.
Los censores se ocupaban también de los contratos
relativos al arrendamiento de las contribuciones y a la
ejecución de las obras públicas. Arrendaban las pri-
meras al mejor postor (maximis pretiis}; las obras pú-
blicas, por ejemplo la construcción de una alcanta-
rilla o de un templo, se adjudicaban al menor postor
(infimis pretiis) . En la ejecución de estos contratos los
censores tenían cierta competencia judicial; podían
resolver las diferencias entre los contribuyentes y los
arrendatarios de los impuestos ( publicani) y debían
cuidar de que las obras públicas estuvieran bien ejecu-
tadas. Esta jurisdicción, después de abdicar los cen-
sores, pasaba durante el resto del lustrum a los cón-
sules, a las cuestores, a los ediles o a los magistrados
que el Senado designaba al efecto.
En los últimos años de la República, la censura
perdió casi todo su prestigio. Después de la época de
Cayo Mario, el ejército se reclutó por alistamiento
voluntario y no ya por conscripción. Los ciudadanos
dejaron de pagar impuestos directos, y cuando el
1 Con ocasión de esta ceremonia, el dueño podía eman-
cipar al esclavo, logra ndo de los censores que le inscribieran
en la lista de los ciudadanos. Era la manumissio censu.
ROMA 207
dere<;ho de ciudadanía fué extendido a toda Italia,
la inscripción de los ciudadanos en los registros y su
distrjbución entre las clases perdió naturalmente toda
su importancia. Las reformas de Sila aseguraron el
reclutamiento de los senadores, sin dejar que en este
punto tuviera la censura ninguna iniciativa. El dere-
cho de notar de infamia a los ciudadanos fué supri-
mido por Clodio el año 58 a . de J. C., y aun cuando
fuera restablecido el 52 (lex Caecilia), la situaci6n
interior de Roma era entonces tal, que la nota cen-
soria no podía ya tener influencia. Finalmente, las
funciones de los censores quedaron absorbidas en el
poder imperial.
123. Los TRIBUNOS DE LA PLEBE no eran, propia-
mente hablando, magistrados. Tenían derechos, pero
no deberes, a no ser el de presidir ciertas elecciones.
Su acción la determinaban las circunstancias y estaba
reducida a los límites de la ciudad. La pet-sona de
los tribunos era inviolable ( sacrosancti), es decir, que
cualquiera que les pusiese la mano encima v~ía a
ser sacer, sacrílego, y cualquiera podía matarle im-
punemente. Su poder principal, desarrollo de su jus
auxilii primitivo o derecho de libertad a los prisione-
ros, era la in.tercessio, es decir, el derecho de oponer
su ueto a lo que proyectaran hacer todos los demás
magistrados, o hasta uno de sus colegas. Este dere-
cho, completado por la inviolabilidad personal, les
aseguraba autoridad casi ilimitada sobre la persona
de todos los ciudadanos. Solamente otro tribuno o un
dictador podían impedir que un tribuno detuviera la
marcha de los asuntos públicos, a excepción, sin em-
bargo, del censo y de las demás funciones censoria-
les, a las que su poder no se extendía.
Los tribunos eran elegidos por los comicios tribu-
tos\ asamblea de que formaban parte los patri-
1 En un principio fueron nombrados por los concilia ple-
208 JAMES GOW
cios, pero en que su influencia, según ya hemos visto
(p. 183), era muy escasa. En un principio (494 a. de
J. C.), hubo dos o cinco tribunos; más tarde su nú-
mero se elevó a diez (457 a. de J. C.) . Todos los
tribunos eran necesariamente plebeyos. ·
Sila, el año 82, disminuyó mucho el poder y la dig-
nidad de los tribunos; pero Pompeyo, el año 70, les
devolvió todos sus antiguos privilegios. Después de
dicha época, abusaron con tanta frecuencia del veto
que fueron generalmente censurados. Para inutili-
zarlos, César se revistió de la tribunicia potestas.

124. Los EDILES eran plebeyos o curules. Los pri-


meros no eran en un principio más que los auxiliares
de los tribunos y los guardianes de los plebiscitos;
pero los patricios, para separarles de los tribunos, les
atribuyeron ciertas funciones especiales. El año 366
a. de J. C., dos ediles curules patricios fueron nom-
brados para presidir los juegos públicos 1 ; pero, más
tarde, los ediles curules fueron elegidos alternativa-
mente entre los plebeyos y los patricios. Cuando
aquéllos fueron admitidos a esta magistratura, las
funciones de los ediles plebeyos y de los ediles curules
vinieron a ser casi idénticas.

125. Tonos Los EDILES eran nombrados por los


comicios tributos. Sus deberes principales consistían
en cuidar de la policía de la ciudad, de los mercados,
de las distribuciones de trigo, de las calles y monu-
mentos públicos, de organizar los socorros contra el
fuego. Los ediles plebeyos tenían a su cargo los Ludi

bis curiata; luego, a partir del año 471 a. de J. C., por los
concilia plebis tributa, de que estaban excluídos los patricios.
1 No era más que un pretexto. En realidad, los patricios
querían poder tratar con la plebe por mediación de otros
magistrados que los tribunos y que pertenecieran a la clase
patricia.
ROMA 209
plebeii y los Cereales; los curules se ocupaban de los
Ludi Romani, de las Floralia y de las M egalensia;
ejercían también jurisdicción restringida en los liti-
gios relativos a las vías públicas y a la policía de los
mercados.
El año 44 a . de J. C., Julio César nombró dos nue-
vos ediles, encargados especialmente del cuidado de

Fig. 24.- Silla .de edil curul. en una moneda


de P. Furio CraJsipes.

los Ludí Cereales y de la distribución de trigo a los


ciudadanos pobres ( annona).

126. Los CuESTOREs eran en un principio (509 a.


de J. C.) los secretarios de los cónsules, y eran nom·
brados por ellos. Estaban encargados de preparar las
pruebas de las acusaciones públicas y de llevar las
cuentas del Tesoro. Después del año 447 a. de J. C.,
vinieron a ser magistrados elegidos pór los comicios
tributos, pero sus atribuciones conti~uaron las mismas.
Por el año 240 a. de J. C. sus funtiones judiciales
pasaron a los tribunos, y su competencia fué en ade-
lante exclusivamente financiera. No hubo en un prin-
cipio más que dos cuestores, pero, a partir del año
421 a. de J. C., su número se elevó a cuatro, dos de
los cuales residían en Roma ( quaestores urbani) y dos
iban con los generales a campaña ( quaestores milita-
res). El año 267 a. de J . C., creáronse otros cuatro
cuestores ( quaestores classici) para alistar las tripula-
ciones de la flota y administrar la hacienda de Italia,
210 JAMES GOW
que acababa de ser sometida. El número de los cues-
tores aumentó con el de le.s provincias, hasta que
Sila, el año 82 a. de J. C., le elevó a 20. César tuvo
40 cuestores, pero en tiempo del Imperio su número
se redujo al que había fijado Sila.
Los cuestores urbanos hacían en grande lo que los
demás hacían en menor escala. Tenían a su cargo el
Tesoro público ( aerarium Saturni) y percibían todo
el dinero debido al Estado en forma de tasas, tribu-
tos, multas, indemnizaciones de guerra, etc. Luego
distribuían este dinero en las oficinas de pagadores
especiales, por ejemplo: quaestores militares para la
soldada de las tropas; censores y ediles para las obras
públicas.

127. LA DICTADURA. El dictador y su maestre de la


caballería eran uno y otro magistrados extraordinarios ;
el segundo era nombrado por el primero. Aun cuando
el dictador pudiera elegir su maestre de la caballería
no podía destituirle, y la duración de sus funciones
era la misma. El dictador era generalmente nombrado
por uno de los cónsules y por consejo del Senado 1 .
Sus funciones, que no duraban más que seis meses,
le aseguraban el mando absoluto del ejército y la
autoridad necesaria para reducir a los facciosos ·a la
obediencia. A veces se nombraban dictadores para el
cumplimiento de ciertos actos religiosos, por ejemplo,
para "meter un clavo" en la pared del templo de
Minerva en el Capitolio ( dictator claui figendi causa),
1 El año 217 a. de J. C., el único cónsul superviviente no
estaba en Roma. Quinto Flavio Máximo fué elegido dicta-
dor por los comitia tributa, reunidos bajo la presidencia de
un pretor. Tito Livio (XXIII, 31) le califica de prodictator,
es decir, de magistrado revestido de los poderes dictatoria-
les pero que no era propiamente hablando dictador. Su
maestre de la caballería, Marco Minucio Rufo, recibió tam-
bién con posterioridad poderes dictatoriales. Hubo, pues, en
esta época, por una excepción única, dos dictadores a la vez.
ROMA 211
ceremonia que tenía por objeto señalar el princ1p1o
de un año nuevo después de alguna calamidad pú-
blica. No hubo dictadura en Roma entre el año 202
y el 82 a. de J. C. En esta fecha Sila la renovó en
provecho suyo, con autoridad todavía mayor. Fué
nombrado dictador por un interrey; César lo fué por
un pretor. Antonio, el año 44 a. de J. C., hizo aprobar
una ley por la que era imposible en lo futuro una
dictadura como la de Sila o la de César; pero no es
exacto que suprimiera la antigua dictadura, que casi
sólo por el nombre se parecía a la de Sila.

128. PaocÓNSULES, PROPRETORES, etc. Los pro-


magistrados eran sustitutos que actuaban pro magis-
tratibus, pero únicamente fuera de Roma. Inmedia-
tamente que penetraban en la ciudad, volvían a ser
simples ciudadanos. Así los promagistrados estaban
siempre revestidos de funciones militares. El tribuno
o el censor, por ejemplo, no tenía poder alguno fuera
de Roma y no podía, en consecuencia, tener sustituto
fuera ; pero los cónsules, los pretores, los cuestores,
tenían deberes militares . que se ejercían solamente
fuera de la ciudad, y que, en caso necesario, podían
ser confiados a procónsules, propretores y procues-
tores 1•
El promagistrado no podía celebrar el triunfo, por-
que perdía su imperium en el momento mismo que
penetraba en Roma 2•

1 Los nombres latinos son: proconsule, propraetore, pro-


quaestore ( ipdeclinables ) ; pero se encuentra algunas veces
proconsul (e·n griego dv1hín:a-c~) 1 y la expresión a proprae-
toribus en Cicerón ( Div., 11, 36, 76), indica que propraetor
era declinable.
2 Esta regla está expresamente contenida en Tito Livio,
XXVIII, 38 y XXXI, 20, pero fu~ violada en favor del
primer procónsul, Publilio (Tito Livio, VIII, 26 ), y lo fué
con bastante frecuencia todavía posteriormente.
212 JAMES GOW
El primer promagistrado fué Quinto Publilio Plúlo
( 327 a. de J. C.) , que, después de haber sido cónsul
durante un año, conservó el mando del ejército otro
año en calidad de proc6nsul, por una prolongación
( prorrogatio) de su imperium. Toda promagistratura
era en general conferida por un año solamente, pri-
mero por un decreto del Senado y el voto del pueblo,
más tarde solamente por decisión del Senado. Pero las
calamidades de la segunda guerra púnica dieron lugar
a muchas irregularidades en este respecto, y, desde
dicha época hasta la de Sila, hubo tres maneras de
nombrar promagistrados:
19 Por la prorrogatio de los poderes de un ma-
gistrado;
29 Por la colación de los poderes de una magis-
tratura superior a un magistrado saliente 1 ;
39 Por la colación del imperium a un ciudadano
que no estaba revestido de ninguna magistratura 2 •
Por la constitución de Sita, el año 82 a. de J. C.,
los dos cónsules y los ocho pretores, después de un
año de su cargo en Roma, venían a ser, casi de dere-
cho 3 , procónsules y propretores en las provincias por
otro año. Esta regla, no obstante, fué violada por
plebiscitos logrados en favor de Pompeyo y de César
y completamente derogada el año 52 por una ley
que presentó Pompeyo. Después de esta época, los
promagistrados se elegían de nuevo a voluntad del
Senado, hasta que el Imperio restableció reglas fijas
en este punto. Las funciones del promagistrado en las
1 Por ejemplo, el a ño 215 a. de J. C., Marco Marcelo,
que había sido pretor, fué nombrado proc6nsul.
2 Por ejemplo, el año 211 a. de J. C., Publio Escipi6n
fué nombrado procónsul en España cuando tenía veintiséis
años, y el año 76, Pompeyo fué nombrado cónsul a los trein-
ta y uno.
3 El Senado no estaba obliga do a decretar la prorrogatio,
pero raras veces se negaba a hacerlp.
ROMA 213
provincias. eran mucho más amplias que las del ma-
gistrado correspondiente en Roma. Era en realidad lo
que el magistrado urbano no era más que de derecho :
jefe efectivo del Ejército, administrador de la justicia
y de la hacienda.

129. MAGISTRADOS INFERIORES. Fuera de los que


acabamos de enumerar, había muchos de orden infe-
rior ( vígintisexviri), nombrados por el pueblo para
diversas funciones, por ejemplo : los decemviri liti-
bus judicandis, abogados plebeyos que servían de con-
sejeros a los tribunos; los praefecti Capuam Cumas,
cuatro jueces que representaban al pretor en la Cam-
pania; los tresviri capitales, inspectores de prisiones;
los tresviri monetales o aere argento auro flando fe-
riundo (AAAFF. en epigrafía) ; los quatuorviri viis
in urbe purgandis y los duoviri viis extra urbem pur-
gandis, funcionarios encargados de los caminos. Todos
estos magistrados, cuya competencia era limitada, se
elegían por los comicios tributos.

B. LAS MAGISTRATURAS EN GENERAL

130. PoDERES E INSIGNIAS. Los magistrados ordi-


narios eran elegidos por un año (excepto los cen-
sores, que permanecían diez y ocho meses en funcio-
nes) . No tenían sueldo ni podían ser destituídos du-
rante el año de su cargo. Los cónsules y los pretores
solamente estaban revestidos del imperium y tenían
por consiguiente los haces (fasces), que eran la insig-
nia del mismo. Los haces eran manojos de varas que
los lictores (lictores) llevaban delante de estos magis-
trados. El cónsul tenía doce lictores; el pretor tenía
dos en Roma y seis fuera de la ciudad. Los haces
recordaban la . facultad de infligir castigos corpo-
rales. En un principio figuraba en los haces un hacha,
simbolizando el derecho de condenar a pena capital,
214 JAMES GOW
pero esta costumbre fué abolida en Roma, a partir
del año 509, por la lex Valeria de provocatione (véase
pág. 183).
Todos los magistrados tenían la potestas, es decir,
la autoridad necesaria para el ejercicio de sus fun-
ciones. La potestas variaba naturalmente con las dife-
rentes magistraturas, pero comprendía siempre el jus
edicendi o derecho de dictar bandos, la coercitio o
jus multae dictionis, derecho de imponer multas a los
delincuentes, y el derecho de consultar al pueblo me-
diante los comicios. Los cónsules y los pretores podían
hacer votar a los comicios centuriados ( cum populo
agebant); los tribunos y los ediles plebeyos se dirigían
a los comicios tributos (cum plebe agebant). Todos
estos magistrados podían también convocar el Senado,
pero este derecho no correspondía a los ediles ni a los
cuestores. tstos, como otros magistrados de orden
inferior, podían solamente celebrar una reunión (con-
tia) para pronunciar en ella discursos.
Los cónsules, pretores, censores y ediles llevaban
la toga praetexta, con franja de púrpura en los días
ordinarios; en las fiestas públicas aparecían con toga
de púrpura. Se sentaban en siUa curul (véase pági-
na 201). Los demás magistrados no tenían insignias:
los cuestores, porque eran en un principio delegados
de los cónsules; los tribunos y los ediles plebeyos
porque menos eran magistrados que representantes
especiales de la plebe.

131. COMPETENCIAS ENTRE MAGISTRADOS. El prin-


cipio que predomina en la Constitución de la Repú-
blica romana es el de la colegiabilidad. Los magis-
trados electos formaban generalmente un colegio de
varios miembros, cada uno de los cuales tenía el
mismo poder que su colega (par potestas) para que
pudieran equilibrarse en caso necesario. Si esta inter-
cessio de colega a colega hubiera constituído la regla,
R. OMA 215
nunca hubieran podido marchar los negocios; para
evitar que así ocurriera, los magistrados se repartían
sus atribuciones ( provinciae), ya a la suerte, ya con-
fiando al Senado esta distribución. Pero cada magis-
trado conservaba siempre el derecho de oponer su
veto a los actos de su colega, y un magistrado supe-
rior, en virtud de la major potestas, podia suspender
las iniciativas de otro inferior. En este respecto, el
dictador era superior a todos los demás; los tribunos
lo eran a todos los magistrados, salvo al dictador 1 ;
el cónsul era superior al censor o al pretor, etc. 2 •
El veto podía ejercerse de diversas maneras. Por la
intercessio un magistrado anulaba, en cuanto era po-
sible, una medida ya adoptada (por ejemplo, cuando
los tribunos hacían salir a un ciudadano de la pri-
sión). Por la prohibitio, uri magistrado impedía que
otro inferior aplicara una resolución tomada por él.
El magistrado inferior podía a su vez impedir que
un superior reuniera los comicios recurriendo a la
obnuntiatio, es decir, anunciando que los auspicios
eran desfavorables, o a la spectio~ es decir, anunciando
que quería observar el cielo (servare de caelo). Este
último recurso vino a ser muy común en los últimos
años de la República, y dió origen a los mayores
abusos.

132. CANDIDATURAS. Todo romano era inscrito


por los censores en una centuria, en el censo que
seguía al momento de cumplir los diez y siete años.
Desde entonces era elector, pero no llegaba a ser
elegible (salvo las derogaciones excepcionales autori-

1 Los tribunos podían hacerse mutuamente la oposición


(véase Tito Livio, ll, 43, 3; 44, 3, 4); pero ocurría con más
frecuencia que obraran de concierto para presentar colecti-
vamente el veto (pro collegio, Tito Livio, IV, 26, 9).
2 No se conocen exactamente los grados inferiores de esta
jerarquía.
216 JAMES GOW
zadas por leyes) sino después de haber servido diez
años en el ejército.
El orden según el cual podían ejercerse las ma-
gistraturas fué fijado el año 180 a. de J. C. por la lex
Villia annalis. El ciudadano estaba obligado a seguir
la carrera de los honores ( cursus honorum), pasando
sucesivamente por las cuesturas, la edilidad curul, la
pretura y el consulado. Se exigían dos años de inter-
valo entre · dos magistraturas consecutivas. Así, un
ciudadano podía ser cuestor a los veintiocho años;
edil, a los treinta y uno; pretor, a los treinta y cuatro,
y cónsul, -a los treinta y siete 1 • Sita volvió a poner
este orden en vigor, después de una época de turbu-
lencias en que había dejado de observarse, pero hizo
que la . edad para la cuestura se fijase en los treinta
años, y puso como minimum los cuarenta para la
pretura. De esta manera no se podía ser cónsul antes
de los cuarenta y tres años.
En el año 342, dos plebiscitos establecieron las re-
glas siguientes: 19, ne quis eumdem magistratum
intra decem annos caperet; 211, ne duos magistratus
uno anno gereret. La primera ley fué muchas veces
violada; pero el año 265 a. de J. C., fué decretado
que no se podía ser dos veces censor; la misma prohi-
bición se extendió por el año 151 al consulado, hasta
que Sila volvió a poner en vigor la antigua costum-
bre. La segunda ley no se aplicaba a la censura ni a
las magistraturas extraordinarias, de suerte que un
ciudadano podía ser en el mismo año cónsul y censor,
o dictador y cónsul.
El tribunado y la edilidad no se contaban en el
1 La edilidad no era obligatoria, pero como este cargo
suponía la celebración de los juegos públicos, daba frecuen-
temente a los que le ejercian gran popularidad que les faci-
litaba la obtención de la pretura. Se podía, pues, en rigor,
ser pretor a los treinta y un años y cónsul a los treinta y
cuatro.
ROMA 217
cursus honorum, y un ciudadano podía, después de
haber ejercido estas funciones, pasar sin intervalo a
otra magistratura; pero Sil a decretó que todo ciuda-
dano que había sido tribuno venia a ser, ipso facto,
inelegible.
Deformidades físicas que pasaban por ser de mal
augurio y la infamia resultante de ciertas sentencias,
constituían casos de indignidad y hacían inelegible
para todas las magistraturas.

133. ELECCIONES. El candidato 1 anunciaba su in-


tención de solicitar una magistratura por una pro-
fessio hecha en el Foro, generalmente el mismo día
en que se anunciaba la elección, es decir, tres nun-
dinae (diez y siete días por lo menos) antes de la
votación.
El período electoral lo utilizaba el candidato para
buscarse votos ( ambitus).
El Senado fijaba la fecha de las elecciones. Se cele-
braban habitualmente alrededor de un mes antes de
que vacasen las magistraturas y se verificaban según
el orden jerárquico de éstas. Así, se empezaba por
nombrar los cónsules, luego se designaban los pre-
tores, etc.
Los cónsules, los pretores y los censores eran ele-
gidos por los comicios centuriados, presididos por un
cónsul (a veces por un dictador o por un interrey) .
Los ediles curules, los cuestores y los magistrados
inferiores eran elegidos por los comicios tributos, bajo
la presidencia de un cónsul o del ·pretor urbano.
Los tribunos y los ediles plebeyos eran elegidos
por los comicios tributos, bajo la presidencia de un
tribuno.
El magistrado presidente recogía los nombres de

1 Así llamado porque durante su candidatura llevaba toga


blanca, toga candida.
218 JAMES GOW
los candidatos y los proponía a los cormc1os; pero
podía también, sin incurrir en castigo, negarse a decir
el nombre de alguno.
El presidente anunciaba también (renuntiabat) los
nombres de los candidatos elegidos, pero también
entonces podía, sin ·ser castigado, negarse a publicar
el de alguno y anular de esta suerte la elección,
de la cual era una ·consagración esencial la renun-
tiatio 1 .
Los candidatos elegidos y renuntiati pasaban el
resto del año preparándose para el cargo, redactando
sus edictos, etc. Desde el año 153 a. de J. C., entra-
ban en funciones el 1"' de enero siguiente a la fecha
de su elección, y en los cinco primeros días de ejer-
cicio debían prestar juramento (jurare in leges) ante
los cuestores. Los cónsules y los pretores recibían su
imperium por una lex curiata, promulgada hacia el
19 de marzo del mismo año.
Al finalizar el año, los magistrados deponían sus
funciones por una abdicatio, consistente en procla-
mar ante el pueblo y jurar que no habían transgre-
dido las leyes. Durante el año de su cargo, los ma-
gistrados eran absolutamente inamovibles.

134. REsPONSABILIDAD DE LOS MAGISTRADos. Aun


cuando, en virtud de la Constitución, un magistrado
en el ejercicio de su cargo podía ser procesado por
mala conducta, el poder que tenían los magistrados
de anular recíprocamente sus iniciativas tuvo por
consecuencia en la práctica que los magistrados en
ejercicio no pudieran ser llevados a los Tribunales.
Por donde se explican las leyes que prohibían las re-
elecciones. El magistrado, al salir del cargo, volvía a
1 La Yenuntiatio era necesaria para la trasmisión de los
auspicia, porque cada magistrado tenía, teóricamente, el de-
recho de nombrar su sucesor, como de nombrar sus emplea-
dos y auxiliares.
ROMA 219
ser simple ciudadano y podfa ser procesado por dife~
rentes motivos, entre otros de repetundis, es decir,
por distraer fondos en el ejercicio de sus funciones.

C. FUNCIONARIOS RELIGIOSOS

135. CoLEGios SACERDOTALES. A más de los ritos


y los cultos propios de cada familia, de cada gens, de
cada curia, de cada tribu, los romanos reconocían
gran número de diosas y dioses cuyo culto intere~
saba al Estado entero. Las ceremonias necesarias se
confiaban en muchos casos a sodalicia o cofradías,
las más célebres de las cuales fueron las de los Lu~
perci, Salii y Fratres aruales. Esas cofradías elegían
los miembros que de ellas habían de formar parte.
Pero el culto de todas las divinidades que no te~
nían colegios especiales, estaba a cargo de los pon-
tífices.
El Colegio de los pontífices fué, dícese, fundado
por Numa. En la época de la Monarquía, lo presidie-
ron los reyes en persona, como lo hicieron más tarde
los emperadores. Expulsados los reyes, sus funciones
religiosas fueron distribuidas entre dos sacerdotes,
el pontifex maximus y el rex sacrorum o sacrificulus.
Este último, aun cuando considerado a veces como
el gran sacerdote por excelencia, no ofrecía en reali~
dad más que una parte de los sacrificios en que el
rey había oficiado anteriormente, en particular los
que se celebraban el primer día de cada mes. El
pontifex maximus era en realidad el jefe y el guar-
dián de la religión del Estado.
El gran pontífice habitaba el antiguo palacio real
llamado Regia. Nombraba al rex sacrorum y otros
quince flamines 1 mediante consulta de los auspicios,
1 El flamen era un sacerdote afecto al servicio de una di-
vinidad particular. La palabra significa el que está inspirado
o el que sopla el fuego. Los antiguos la derivaban equivoca-
220 JAMES GOW
según antigua costumbre. Escogía y vigilaba a las
vestales. De él dependían también los matrimonios
religiosos ( confarreatio ), y otras ceremonias impor-
tantes concernientes a la vez a los intereses de las
familias y a los del Estado. Ayudado de sus colegas \
tenía la guarda del calendario y anunciaba, el pri-
mer día de cada mes, las fiestas que habían de cele-
brarse en el mismo. Las funciones del gran pontífice
eran vitalicias.
Hubo en un principio nueve pontífices, cifra que
se elevó a quince después de la época de Sila, a diez
y seis después de la de César ( 46 a. de J. C.) . En un
principio elegían a sus colegas por cooptatio y nom-
braban el gran pontífice; pero después 'que la lex
O gulnia ( 300 a. de J. C .) hubo abierto el Colegio
pontificio a los plebeyos, el pueblo 2 obtuvo gradual-
mente el derecho de designar los pontífices que debían
ser cooptados por sus colegas, como la reina de In-
glaterra da al Capítulo de una catedral permiso para
elegir obispo a tal o cual persona que ella misma ha
designado. En estas condiciones, la cooptatio del
colegio era una simple confirmación.·
El Colegio de los augures (en número de 15 des-
pués de Sila y de 16 desde los tiempos de César)
tenía la guarda hereditaria de las reglas concernientes
a los auspicios. Se ha visto ya cuál era la importancia

darnente de filum, nombre del bonete que llevaban los flá-


mines. Los tres principales erari el fl. Dialis ( de Júpiter ), fl.
Martialis y fl. Quirinalis. La mujer del fl. Dialis, llamada
flaminica, tenía algunos deberes religiosos, como la del ar-
conte-rey ateniense.
1 Los demás pontífices ejerdan también funciones de sa-
cerdotes siempre que no h ubiera otro sacerdote especialmente
designado, o que el sacerdote especial no pudiera cumplirlas.
2 No el pueblo entero, sino una especie de comicio sa-
cerdotal formado por las diez y siete primeras tribus, desig-
nadas por la suerte entre las treinta y cinco, en una reunión
de los &omitía tributa.
ROMA 221
de los aus'picios en el funcionamiento de las institu-
ciones políticas de Roma. No hay que confundirlos,
como se hace muchas veces, con los presagios, omina,
tales como las tempestades, que los dioses enviaban
espontáneamente para advertir a los hombres. Los

Fig. 25.- Pollos sagrados en su


jaula.

ausptcws eran respuestas formales, afirmativas o ne-


gativas, a preguntas dirigidas a los dioses, según fór-
mulas regulares y por personas calificadas para ello.
El hombre calificado para interrogar a los dioses se
decía "tener los auspicios" ( habere auspicia), y el he-
cho de que los patricios solos gozaran este privilegio
fué origen. de grandes disputas entre ellos y la plebe.
Acabóse por llegar a una transacción: mientras que
los patricios conservaban sus privata auspicia, to-
dos los magistrados, indistintamente, habían de tener
los publica auspicia. Para estos últimos, el punto de
observación o templum era el auguraculum del Capi-
222 JAMES GOW
tolio; se podía también, con autorización de los aus-
picios tomados en el Capitolio, transportar el obser-
vatorio a los Rastra (en el Foro) o al huerto de Es-
cipión (Campo de Marte ). Los generales, antes de
salir a campaña, tomaban los auspicios en el Capito-
lio, y si se daban cuenta de que no se habían cum-
plido todas las reglas, debían volver a Roma para
tomarlos de nuevo (repetere auspicia). El inconve-
niente de esta regla severa hizo imaginar los auspicia
ex tripudiis, deducidos de la observación de los pollos
sagrados que el general llevaba consigo. La celebra-
ción de las asambleas, la investidura de los magis-
trados y las resoluciones de los jefes de ejército en
tiempo de guerra, se subordinaban igualmente a la
consulta previa de los auspicios.
Los feciales (fetiales) eran los guardianes de los
ritos exigidos para la declaración de la guerra o el
restablecimiento de la paz.
Los quindecem viri sacris faciundis, encargados en
un principio por Tarquino de la custodia de los libros
sibilinos, cuidaban del culto de las divinidades ex-
tranjeras, tales como Cibeles, Isis, etc.

135 b ts. RESUMEN DE LA CoNSTITUCIÓN ROMANA


P OR EL AÑO 70 A. DE J. C.
J. DERECHO DE CIUDADANÍA. Todos los habitantes
libres de Italia eran en dicha época ciudadanos ro-
manos. Los ciudadanos estaban repartidos en 35
tribus, cada tribu en 5 clases, cada clase en 2 cen-
turias. El ciudadano era matriculado en una tribu,
una clase y una centuria por los censores, cuyos re-
gistros probaban sus derechos cívicos. Podía votar
(en Roma solamente) con su tribu en los comicios tri-
butos en el Foro, y con su centuria en los comicios
centuriados en el Campo de Marte. Estaba sometido,
teóricamente, al servicio militar entre los diez y siete
ROMA 223
y los sesenta años; pero en la época en que esta~
mos, esta obligación había dejado de ser efectiva.
No pagaba tampoco impuestos directos, porque las
rentas de los dominios públicos y los impuestos de
las provincias bastaban entonces para todos los gas~
tos del Estado.
JI. MAGISTRADOS Y SACERDOTES:
(a) Fuera de Roma: los procónsules y los pro pre-
tores con sus cuestores militares;
(b) En Roma: }9 Para la dirección general de los
asuntos públicos, los dos cónsules;
29 Para la justicia, los ocho pretores;
39 Para la hacienda, los dos censores y los dos
cuestores urbanos;
4 9 Para la policla, los cuatro ediles;
59 Para la religión, los pontifices, el rex sacrorum,
los flamines nombrados por el gran pontífice, el Cole-
gio de los augures, etc., y difert,ntes colegios llama-
dos sodalicia.
IIJ. ASAMBLEAS DELIBERATIVAS :
(a) El Senado, compuesto de 600 miembros apro-
ximadamente, entendía en todos los asuntos concer-
nientes a la política exterior, la hacienda y la re-
ligión;
(b) Los Comitia centuriata, a los que incumbía la
elección de los cónsules, de los pretores y de los
censores;
(e) Los C omitía tributa, que nombraban los tri-
bunos, los ediles, los cuestores, los magistrados infe-
riores y votaban los plebiscíta.
Recordemos que, según el Código de las Doce Ta-
blas, los plebiscitos fueron el principal origen de la
legislación; los senatusconsulta tenían fuerza de ley
si eran aceptados por el magistrado que los solicitara,
y si otro magistrado no les oponía el veto; los edictos
224 JAMES GOW
de los magistrados estaban en vigor durante un año
solamente.
IV. JURISDICCIONES:
(a) En lo criminal. Las quaestiones perpetu~; pre-
sididas por seis de los ocho pretores;
(b) en lo civil. El praetor urbanus, que enten-
día en los litigios entre ciudadanos; el praetor pere~
grinus, entre extranjeros, o ciudadanos y extranjeros;
los censores, que resolvían las causas que interesaban
al-Tesoro público ; los ediles, que juzgaban los asuntos
concernientes a los mercados.
Recordemos que las cuestiones de hecho eran ge-
neralmente remitidas por los pretores a un judex o
a un reducido jurado de recuperatores, o bien al tri-
bunal de los centumviri, que oían a los testigos y
pronunciaban su veredicto (pero no dictaban senten-
cia). El año 70 a. de J. C., los judices eran elegidos
entre los senadores, los caballeros y los tribuni aerarii,
pero esta organización era reciente (véase § 187) .

D. ASAMBLEAS DELIBERANTES

EL SENADO
136. INFLUENCIA DEL SENADO. El Senado siguió
siendo en tiempo de la República lo que había sido
en la época de los reyes, un consejo permanente de
personas experimentadas, a las que se convocaba
de tiempo en tiempo para dar su opinión acerca de
cuestiones difkiles concernientes a la política, las
leyes y la religión. Las opiniones que emitía no te-
nían valor legal, pero se concibe fácilmente que no
las oirían indiferentemente magistrados que sólo un
año permanecían en el cargo y cuya inexperiencia
tenía gran necesidad de consejos. Siempre que Roma
atraviesa una crisis, el Senado aparece en primer tér-
mino y presta el apoyo de su autoridad moral al Po-
ROMA 225
der ejecutivo. La influencia de aquella asamblea, de-
bida en primer témúno a su permanencia, aumentó
por los éxitos de su política, y ése es el motivo de que
al Senado se atribuya la formación y la conservación
del Estado romano, cuando teóricamente no poseía
ninguna autoridad efectiva.

137. CoMPOSICIÓN DEL SENADO. Los senadores te-


nían el nombre de patres conscripti. Los lústoriadores
romanos piensan que era una forma abreviada de
patres y conscripti, siendo estos últimos los plebeyos
admitidos en el Senado el año 509 a. de J. C. Es
posible, no obstante, que los senadores hayan sido
llamados así para distinguirlos de los patres que no
eran miembros del Senado. Elegidos en un principio
por los reyes, los senadores lo fueron más tarde por
los cónsules; el cargo parece haber sido siempre vita-
licio. El año 351 a. de J. C., la lex Ovinia transfirió
de los cónsules a Jos censores el derecho de nombrar
los miembros del Senado; los censores recibieron orden
de nombrar en primer témúno a los que habían sido
magistrados, y de no elegir a simples ciudadanos sino
cuando no hubiera número suficiente de ex magistra-
dos para cubrir las vacantes. De esta suerte, muy po-
cas personas podían entrar en el Senado, a menos
de haber sido anteriormente objeto del favor del
pueblo; la misma reforma tuvo por resultado que
parte de los senadores fueran en adelante plebeyos.
Los censores revisaban la lista senatorial cada cinco
años, y podían, de común acuerdo, borrar los nom-
bres de los que se habían hecho indignos. Pero los
censores no permanecían en el cargo más que diez y
ocho meses, y, mientras la censura estaba vacante,
se elegían todos los años magistrados que tenían dere-
cho a sentarse en el Senado y convocarlo. Se intro-
dujo, en consecuencia, la costumbre de ¡}ermitirles
sentarse y hablar en el Senado (sententiam dicere)
226 JAMES GOW
hasta el próximo censo, época en la que eran formal-
mente incluídos en las listas. Las reformas de Sila
impidieron la entrada en el Senado a todos los que
no habían ejercido magistratura, y crearon al propio
tiempo magistrados bastantes para poder ocupar to-
das las vacantes. Así vino a anularse el papel de los
censores en la designación del Senado, y, cuando se
restableció la censura, se limitó a borrar los nombres
indignos (véase p. 206). Finalmente, Julio César,
cuyo ejemplo siguieron los emperadores, nombró los
senadores a montones y sin obedecer a más ley que a
su capricho.
El número de senadores fué nominalmente de 300
hasta la época de Sila, que le elevó a 600; César
tuvo un Senado de 900 miembros. De 1.000 que eran
en la época del triunvirato, quedaron reducidos a 600
en la del Imperio.
Según las funciones que habían ejercido, los sena-
dores eran llamados consulares, praetorii, etc. Los que
habían ejercido magistraturas curules llevaban el mu-
lleus (sandalia de púrpura) y la toga praetexta. Los
demás llevaban la tunica laticlavia (con anchas fran-
jas rojas) y el zapato llamado calceus senatorius. Se
les llamaba pedarii porque, dícese, podían votar (pe-
dibus ire), pero no tomar la palabra. El presidente
del Senado era el magistrado que le convocaba; no
debe confundirse con el princeps senatus, que era en
un principio el senador más antiguo de los que ha-
bían desempeñado las funciones censoriales 1 .

138. ÜRDEN DE LOS DEBATES. Todo magistrado


superior, a excepción de los cuestores y de los ediles,
podía convocar y presidir el Senado. Designaba de
1 Esta regla no se mantuvo después de la segunda guerra
púnica. Posible es que en un principio el princeps senatus
haya sido el primero que tomara la palabra en las discu-
siones.
ROMA :i!27
antemano el lugar de reunión, que no era fijo No 1.
obstante, el Senado no debía votar más que en un
templum, es decir, en un templo o en cualquier otro
lugar consagrado por los auspicios 2 •
El Senado se reunía por la mañana (después de
consultar los auspicios), y el presidente exponía la
cuestión acerca de la cual tenía que consultar a la
asamblea ( ad senatum referebat). Podía pedir vota-
ción inmediata o abrir la discusión (singulorum sen-
tentias exquirere). En este último caso, concedía su-
cesivamente la palabra a los que querían exponer
su opinión (sententiam dicere). La votación se hacía
por discessio, es decir, los partidarios de opiniones
distintas se dividían en dos grupos, de donde la ex-
presión pedibus ire in sententiam alicujus, es decir,
alinearse en una opinión. Todos los senadores presen-
tes, a excepción de los magistrados, estaban obliga-
dos a votar 3 • La votación tenía casi siempre lugar
el mismo día del debate, pero a veces había oradores
que hacían obstrucción, y cuyos discursos intermina-
bles ocupaban la sesión entera ( diem dicendo consu-
mebant).
Cuando el Senado había tomado una resolución
con arreglo a las formas y sin haber intercesión, se

1 El Senado se reunía generalmente en la curia H os tilia,


pero lo hacía en el templo de Júpiter Capitolino el 1• de
enero de cada afio y cuando tenía intención de declarar la
guerra.
2 Cualquier emplazamiento podía ser transformado en
templum si había un augur presente para tomar los auspi-
cios y declararlo inauguratum.
<1 No parece que haya habido reglamento referente al
quorum. En algunos casos especificados, el Senado no podía
votar si no había cierto número de senadores presentes; pero
en general la misma asamblea decidía si se consideraba bas-
tante numerosa para resolver. La prueba de que general-
mente faltaban muchos senadores es que Cicerón llama fre-
quens senatus a una reunión de 415 senadores.
228 JAMES GOW
llamaba senatusconsultum; pero cuando no era regu-
lar o un magistrado oponía su v-eto \ era solamente
una senatus auctoritas.
Los diarios de las sesiones del Senado, redactados
por escribanos y firmados por una comisión de sena-
dores, eran remitidos a los cuestores, que los conser-
vaban en el Tesoro ( aerarium) . A partir del año 59
a. de J. C., según órdenes dadas por César, los dis-
cursos pronunciados en el Senado los copiaban es-
tenógrafos (notarii), que publicaron extractos de los
. 2
mismos .

139. PoDERES DEL SENADO. Hay que repetir en


este punto que el Senado no fué desde su origen, y
no siguió siendo en lo sucesivo, más que un Consejo
legalmente constituído. No tenía poderes definidos,
pero su autoridad no era discutida en muchas mate-
rias y equivalía prácticamente a un poder formal. Así
el Senado tenía intervención muy importante en la
legislación, las elecciones, los ritos religiosos, la ha-
cienda, la administración de las provincias y los asun-
tos exteriores. Vamos a examinar estas diferentes es-
feras en que se dejaba sentir la autoridad del Senado.
(a) LEGISLACIÓN. En un principio, cuando la le-
gislación estaba todavía en germen, las resoluciones
de los comicios centuriados eran necesariamente en-
viadas al Senado para que las revisara y ratificara .
Hasta el año 339 a . de J. C., las proposiciones adop-
tadas por los comicios eran sometidas a los patres para
recibir su auctoritas; pero, en dicho año, la lex Pu-

~ La re~olución del Senado era una instrucción d ada al


magistrado que le había convocado y consultado. Cual-
quier magistrado capaz de oponer su veto al magistrado
consultante, podía igualmente oponerse al senatusconsultum.
2 Estas acta senatus eran distintas del diario oficial,
acta populi o acta diurna, igualmente instituído por César.
ROMA 229
1
blilia Philonís determinó que la patrum auctoritas
había de ser concedida previamente. Probable es que
los plebiscitos o decisiones de los comicios tributos
fueran de igual modo en un principio sometidos al
Senado, pero es cierto que después del año 287 a. de
J. C. (lex Hortensia), dichos plebiscitos quedaron
completamente alejados de la esfera de acción sena-
torial. Siempre, no obstante, el Senado hubo de re-
solver los puntos dudosos en la letra de las leyes, y
un senatusconsultum, aprobado por el magistrado
que le había pedido, y sin que otro magistrado supe-
rior se opusiera a él, era considerado equivalente a
una ley.
(b) ELECCIONES. La influencia del Senado en
las elecciones pasó por fases análogas. En un princi-
pio, hubo de revisar las listas de los candidatos elegi-
dos por los comicios centuriados; más tarde, revisó
la lista de los candidatos que había de ser sometida
a los comicios, pero no tomaba parte alguna en la
elección de los magistrados plebeyos en los comicios
tributos. Siempre, no obstante, el Senado fijaba la
fecha de las elecciones, concedía ciertas dispensas (de
edad, por ejemplo) a los candidatos que le parecían
ser dignos de ellas, y nombraba los promagistrados en
la forma que se ha dicho anteriormente (p. 211 ). El
Senado era también el único que tenía derecho a de-
clarar la necesidad de nombrar un dictador. Podía
también, por el . senatusconsultum ultimum_, suspen-
der las leyes ordinarias y encargar a los cónsules de
proveer, mediante medidas extraordinarias, a la sal-

1 Esta ley concernía también a los plebiscitos ( véase


p. 185). Más tarde se convino en que los magistrados, antes
de presentar un proyecto a la Asamblea, habían de pedir la
senatus auctoritas, que era enteramente distinta de la patrum
auctorit11s.
230 JAMES GOW
vac10n de la República, ne quid. detrimenti res pu-
blica caperet 1 .
(e) RITOS RELIGIOSOS. N o siendo magistrados los
sacerdotes de Roma, no podían hacer ejecutar sus de-
cisiones sino recurriendo a los magistrados, los cuales
se autorizaban para esto con un senatusconsultum.
De esta suerte, el Senado vino a ser como director
del culto público, sobre todo en lo que concernía a la
admisión de nuevas divinidades y a las ceremonias re-
ligiosas, por ejemplo, en el asunto de los Bacchanalia.
( d) HACIENDA. Hemos dicho ya que los censo-
res, durante el período de su cargo, eran los principa-
les funcionarios hacendistas, pero que no había cen-
sores en Roma durante tres años y medio de cada cin-
co (véase 205). Durante este lapso de tiempo, sus
funciones incumbían generalmente a los cónsules. En
todo momento había dinero que percibir o que pagar,
en ejecución de reglamentos o de contratos que. en
nada concernían a los magistrados del año corriente,
fueran censores o cónsules. Siendo el Senado perma-
nente, era la única autoridad que continuamente en-
tendía de los asuntos públicos, y por tal razón era
regularmente consultado por los censores y los cónsu-
les en todas las cuestiones de reparto de impuestos y
de gastos 2 . El Senado cuidaba también de la moneda.
(e) LAS PROVINCIAS. Sólo el Senado estaba al
corriente de la administración de las provincias desde

1 Este recurso no se utilizó sino durante el último siglo


de la República, cuando la institución de la dictadura ha-
bía caído en desuso.
2 No quedaba el pueblo excluído por la Constitución de
la administración financiera. Así, el año 195 a. de J. C., apro-
bó una lex Parcia que limitaba los gastos personales de los
gobernadores de provincias; el año 60 a. de J. C., abolió
todos los portoria (derechos de aduanas en Italia) y los
restableció más tarde; el 59 redujo en un tercio la suma que
habían de pagar los arrendatarios de impuestos en Asia, etc.
ROMA 231
su establecimiento. Como tenía el nombramiento de
los procónsules y de los propretores, ejercía superior
inspección sobre su conducta poütica y sus procedi-
mientos de gobierno.
(f} ASUNTOS EXTERIORES. La influencia eviden-
te ejercida por el Senado en las provincias, le daba
gran importancia a los ojos de los Estados extranje-
ros. Al Senado se dirigían las embajadas y las recla-
maciones; él sólo decidía de la paz y de la guerra,
aun cuando constitucionalmente este derecho perte-
neciera a los comicios.
1
Los COMICIOS

140. MANERA DE coNTAR Los s uFRAGios. El Es-


tado romano era esencialmente una agrupación, no
de individuos, sino de asociaciones constituídas. Así,
en el sufragio popular en Roma, no vencía la mayo-
ría de los votantes, sino la de las corporaciones; es
decir, curias, centurias, tribus. Cada ciudadano vo-
taba solamente pata determinar el voto de la co~
ración a que pertenecía; la mayoría dentro de la mis-
ma, en favor de ésta o de la otra medida, determina-
ba el voto corporativo. Por ejemplo: si se votaba por
tribus, cada tribu disponía de un sufragio, que era
determinado por los sufragios individuales de los
miembros de la tribu, pero los votos de 18 tribus cua-
1 He aqu¡ algunas expresiones del vocabulario especial
usado en estas asambleas: rogare legem, proponer una ley
a los comicios; derogare legi, desechar parte de una ley;
abrogare legem , desechar íntegramente una ley; obrogare
legi, proponer una modificación a una ley; subrogare le-
gi, proponer una adici6n a una ley (subrogare, con el nom-
bre de un magistrado en acusativo, quiere decir proponer
o elegir un mstituto) . Una rogatio es, propiamente ha-
blando, un proyecto de ley; jubere legem (o rogationem),
votar una ley (hablando del pueblo); antiquare legem, re-
chazar una ley; ferre legem, conseguir que una ley se apruebe
(hablando del que la presenta).
232 JAMES GOW
lesquiera, superaban siempre a los de otras 17, aun
cuando estas últimas contaran con número mucho
más considerable de votantes.

141. COMICIOS. El pueblo se dividió en un prin-


cipio en curiae o parroquias; luego (a partir de Ser-
vio Tulio), en centuriae, según la fortuna de los ciu-
dadanos, y en tribus, con arreglo a su domicilio. Po-
día el ciudadano, en diferentes ocasiones, ser llamado
a votar como miembro de diferentes grupos, como en
Francia se vota en el Ayuntamiento para las eleccio-
nes municipales y en la circunscripción para las de
diputados. Así los romanos tenían diferentes asam-
bleas populares para objetos distintos, en particular
los comitia curiata, centuriata y tributa 1 .
(a) Los comitia curiata, reunidos en un principio
para conferir el imperium al rey y para decidir la paz
o la guerra, eran una asamblea patricia que en la
época republicana se reunía solamente para conferir
aquel poder a los cónsules y a los pretores. Estos
comicios perdieron muy pronto toda importancia po-
lítica.
(b) Los comitia centuriata eran una asamblea a
que se convocaba al pueblo, según la división en clas-
ses y en centuriae instituida por Servio Tulio. Difie-
ren mucho los historiadores en punto al pormenor de
esta división. Proponemos el siguiente cuadro, sin
entrar en el examen de las dificultades a que da
lugar 2 :
1 Se llamaba comitia a una asamblea convocada para
votar, que tenía lugar siempre bajo auspicios favorables
tomados el mismo día por la mañana. La asamblea que se
reunía solamente para oír un discurso, se llamaba contio;
de donde procede que se dé este nombre (escrito a veces
mal, concio) a todo discurso dirigido al pueblo.
2 Los fabr i y los cornicines, es decir, los trabajado~ y
los trompeteros, no estaban en realidad en el censo que
les correspondía. Sus servicios eran absolutamente indis-
ROMA 233
CLASE CENSO EN ASES ~ENTUIUAS

1 100.000 { Etuites 18
Pedites 80
2 75.000 Pedites et fabr i 22
3 50.000 Pedites 20
4 25.000 Pedites et cornicines 22
5 11.000 Pedites 30
6 Proletarii. Pedites 1

Las centurias asignadas a cada clase estaban divi-


didas, casi igualmente, en centurias de seniores y de
juniores.
Es evidente que cuando las centurias vinieron a in-
tezvenir en la vida política de Roma, la palabra cen-
turia dej6 de significar exactamente 100 hombres.
Algunas deben haber sido mucho más numerosas,
otras mucho menos 1 • Se obsezvará que, en el voto
por centurias, la clase más rica disponía ella sola
de 98 sufragios contra 95 atribuidos a todas las
demás juntas.
Durante largo tiempo este estado de cosas, tan
contrario a la igualdad de derechos, fué soportado
por el pueblo; pero hacia el año 250 a. de J. C., al-
guna ley que desconocemos reform6 los comicios
centuriados. Muy poco es lo que sabemos con rela-
ci6n a esta reforma. He aquí los puntos principales
que parecen determinados. Cada una de las 35 tribus
fué dividida en cinco clases ; cada clase en dos cen-
turias: una de juniores y otra de seniores. A estas
350 centurias se añadieron otras 18 de equites y
pensables en el ejército, y así tenían importancia como
división política. Tito Livio coloca los /abri en-la primera
clase, los cornicines y los proletaríi en la quinta. La división
que presentamos nosotros se fund a en el testimonio de Dio-
nisio de Halicamaso.
1 El año 241 a. de J. C. el censo arrojó un total de
-260.000 ciudadanos divididos en 373 centurias, lo -que daba,
por término medio, 700 hombres por centuria.
234 JAMES GOW
cinco de fabri, cornicines y proletarii. Todas las
centurias de la primera clase votaban las primeras,
y la suerte designaba la que debía hacerlo antes que
las demás (praerogativa). Las centurias de la segunda
clase votaban en seguida, luego las de la tercera, etc.
Siendo teóricamente los comitia centuriata el ejér-
cito reunido (se llamaba a veces a esta asamblea
exercitus), no podían ser convocados más que por
un magistrado revestido del imperium (dictador,
cónsul, pretor) , y no debían reunirse en el interior
de Roma. Se reunían, comúnmente, en el Campo
de Marte. Para facilitar el recuento de votos, el
Campo se dividía con barreras en saepta o recintos,
uno por €ada centuria. Los ciudadanos, primero re-
cluidos en estos recintos, salían uno a uno por un
paso estrecho (pons) 1 . En un principio, decían el
voto, y los que contaban ( rogatores) iban marcando
con puntos (puncta) en una tablilla. Por el año 120
a. de J. C., se dieron a los ciudadanos papeletas de
votación 2 , que al pasar iban dejando en un cesto.
Luego se contaban las papeletas, durando bastante
el escrutinio ( diribitio) . No obstante, las operaciones
de los comicios no debían durar más de un día.
(e) Los eomitía tributa eran el desenvolvimiento
de los comitia plebis, en un principio reunidos por
los tribunos. Estos magistrados comenzaron muy pron-
to a consultar la opinión de la plebe, invitándola a
votar por tribus. Los patricios, que no habían sido

1 Los saepta (también llamados ouilia) eran colocados


a los lados del Campo de Marte; se dejaba libre en medio
un gran espacio.
2 Estas papeletas de votación, en los comicios legislativos,
llevaban las letras VR (u ti rogas, es decir, si) y A
( antiquo)' es decir, no, el mantenimiento de lo que existe;
en los comicios judiciales tenían las letras A (absoluo) y C
( condemno). Cuando se trataba de elecciones, es probable
que contuvieran solamente los nombres de los candidatos.
ROMA 235
convocados en un principio, se percataron de que
la asamblea de la plebe presentaba la gran ventaja
de poder reunirse en el interior de la ciudad, y se
resolvieron a tomar parte en ella. A partir del año
449 a. de J. C., los comicios tributos fueron convo-
cados por los cónsules y los pretores tanto como por
los tribunos, y reconocidos como una asamblea cons-
titucional; no obstante, la misma asamblea se llamó
comitia tributa cuando la presidían magistrados pa-
tricios o curules, y concilium plebis cuando era pre-
sidida por magistrados plebeyos. Los comicios tributos
se reunían a veces en el Campo de Marte, pero más
frecuentemente en el Foro, que se dividía en saepta
por medio de cuerdas tendidas. El magistrado pre-
sidente se mantenía en los Rostra y desde allí dirigía
las operaciones 1•

1 Una ojeada dirigida al plano inserto en la p. 162,


mostrará que el Forum Romanum o Magnum (así llamado
para distinguirle del Forum Julium, Forum Augustum y
otros fora edificados al Norte del primero por los empe-
radores) era un espacio abierto que coiTía, de NO. a
SE., entre el Capitolio y el Palatino. Tenia más o menos
200 metros de largo por 55 de ancho cerca del Capitolio;
cerca del Palatino, su anchura no era más que de 30
metros aproximadamente. El Comitium era un pequeño espa-
cio situado en el ángulo NO. del Foro. La curia Hostilia,
el antiguo lugar de reunión del Senado, y la Graecostasis,
sala de espera para los embajadores que hablan de ser
recibidos por el Senado, hacían frente al Comitium. En
el ángulo form ado por el Comitium y el Forum se encontra-
ban los Rostra, gran tribuna adornada con proas de navíos
(rostra) apresados en el año 338 a. de J. C. El orador, de
pie sobre los Rostra, podía dominar a la vez el Forum y el
Comitium. La antigua curia fu~ quemada el año 52 a. de
J. C. por los sediciosos del partido de Clodio ; restaurada
inmediatamente después, fué completamente demolida por
César, que comenzó a levantar una nueva, la curia Julia,
acabada por el emperador Augusto. Esta curia (hoy día
una iglesia), avanzaba mucho más que la antigua hacia el
Forum y cubria una parte del antiguo Comitium. Por tal
raz6n se trasladaron los Rostra ( 42 a. de J. C.) y se re-
236 JAMES GOW
La suerte designaba las tribus en que debían votar
los ciudadanos que no estaban todavía inscritos en
los registros 1 y la tribu que debía votar la primera.
Después de esto, se recogían los sufragios exacta-
mente igual que en los comicios centuriados.

142. FUNCIONES DE LOS COMICIOS.


(a) Los comicios centuriados elegían los cónsules,
los pretores, los censores, y, durante largo tiempo, re-
solvieron la paz o la guerra. Esto último, que origi-
nariamente había sido atributo de los comicios curia-
dos, pasó más tarde a la incumbencia del Senado. La
Constitución reconocía a los comicios centuriados
poderes legislativos (a reserva de la aprobación del
Senado, véase p. 228); pero, comparados con los
comicios tributos, hacían tan poco uso de ellos qtte
esta última asamblea vino a ser con el tiempo origen
principal de la legislación romana.
(b) Los comicios tributos nombraban los tribunos,
los cuestores, los ediles y los magistrados inferio-
res 2 • Votaban también plebiscitos, que (después del
año 287 a. de J. C., véase p. 229) tuvieron fuerza

edificaron en el ángulo O. del Forum, por bajo d el Capi-


tolio. Otros Rostra se construyeron hacia la misma fecha
en la extremidad opuesta, frente a las nuevas aedes Divi
]ulii, terminadas el año 29 a. de J. C. El Forum estaba
rodeado de tiendas, una mitad de las cuales fueron que-
madas y restauradas el año 210 a. de J. C. (tabernae novae ).
Las tiendas fueron cubiertas por galerías (maenian a) por
Cayo Maenio (338 a. de J. C.); colocados en esas galerías,
los espectadores podían presenciar el espectáculo de la
vida pública en el Foro.
1 Por ejemplo, los ciudadanos que habían llegado a la
edad de votar después del último censo y los latinos resi-
dentes en Roma que habían logrado el derecho de ciu-
dadanía.
2 Elegían a veces magistrados extraordinarios, por ejem-
plo, el prodictador Fabio el año 217 a. d e J. C. Sila les
permitió nombrar los nuevos senadores instituídos por él.
ROMA 237
de ley sin necesidad de la sanción del Senado. La
mayor parte de las leyes romanas que conocemos
son plebiscitos.
(e) Los poderes judiciales de los comicios estaban
limitados a las causas criminales. L a lex V aleria de
provocatione, el año 509 a. de J. C. (confirmada
por la lex V aleria H oratia el año 449 y por una
tercera lex Valeria el 300), determinó que cualquier
ciudadano condenado por los cónsules a muerte, a
las varas o a destierro, podia apelar de la sentencia
a los comicios centuriados. Desde dicha época, los
c_ónsules no se cuidaron ya de juzgar los casos que
suponían otra clase de penas, y para evitar la apela-
ción encargaban directamente de ~llos a los co-
micios1.
No gozaban en principio los comicios tributos de
ningún poder judicial, pero los tribunos podían acu-
sar ante la plebe, pretendiendo que el acusado había
violado la lex sacrata ( 494 a. de J. C.), el contrato
solemne entre la plebe y los patricios. De esta manera,
Coriolano fué acusado ante la plebe el año 491, y el
Senado ratificó la sentencia condenatoria de que fué
objeto. Viendo el peligro y el inconveniente de seme-
jantes determinaciones, que eran contrarias a la Cons-
titución, los cónsules convocaron con frecuencia los
comicios centuriados para que los tribunos pudieran
hacer una acusación de pena capital; pero los proce-
sos ante los comicios tributos siguieron siendo fre-
cuentes 2, aun cuando jamás pudieran tener por
sanción la pena de muerte.
1 Los tribunos podían oponerse a la convocatoria de los
comicios para este efecto. En un caso (el año 458 a. de J.
C.), hubo que nombrar un dictador especial para impedir su
veto. El dictador podía impedir siempre que el condenado
apelara al pueblo. Lo mismo ocurría con el senatusconsultum
ultimum, medida que suspendía todas las leyes.
2 La lex Aternia Tarpeia ( 454 a. de J. C.) dió a todo
magistrado derecho a imponer sin_ apelación una multa
238 JAMES GOW
Los com1c1os eran un tribunal tan numeroso y de
tan difícil manejo que delegaban muchas veces sus
poderes, en los casos difíciles, en una quaestio extra-
ordinaria, que juzgaba sin apelación. La evidente
ventaja de este procedimiento hizo concebir la idea
de extender su aplícación. El año 149 a. de J. C. la
lex Calpurnia estableció un Tribunal permanente,
quaestio ordinaria, para juzgar a los gobernadores de
provincia acusados de prevaricación ( quaestio repe-
tundae pecuniae) . Otras cuestiones permanentes fue-
ron muy pronto establecidas (de sicariis et veneficis,
ambitus, majestatis, falsi, peculatu,s, de vi), en particu-
lar por las reformas de Síla, y así el poder judicial del
pueblo resultó en parte suprimido (véase § 193).

143. CoMicios SACERDOTALEs. Hemos dicho ( pá-


gina 220) que los colegios de sacerdotes recluta-
ban ellos mismos sus individuos por cooptatio, pero
que el pueblo acabó por reivindicar el derecho de
designar los sacerdotes que debían ser cooptados. Esta
designación tenía lugar en comicios especiales, en
que se reunían 17 tribus nombradas a la suerte y
presididas por un cónsul.

144. CoMICios CALADOS. Eran asambleas patricias


(véase pág. 198) convocadas por el gran pontífice
para oír la lectura del calendario mensual, para rati-
ficar testamentos, para asistir a la consagración de
los sacerdotes y a la ceremonia de la detestatio sacro-
rum, por la que un individuo renunciaba a su familia
o al deber de celebrar ciertos ritos hereditarios que le
incumbían.
que no pasara de cierta cantidad, y hasta parece haber
reconocido al castigado, si se le imponía multa más fuerte,
el derecho de apelar a los comicios tributos. De e~ta suerte
podían los tribunos, excediendo de la multa máxima, obH-
gar al defensor a apelar a la plebe, con la certeza de que
no obtendría el perdón.
ROMA 239

E. CLASES DE CIUDADANOS

145. CIVES OPTIMO JURE. Aun cuando el Go-


bierno de Roma era republicano, los ciudadanos no
gozaban todos de igual consideración.
Los privilegios de la ciudadanía romana en toda
su plenitud, ·que tenían solamente los cives optimo
jure, comprendían los siguientes derechos (jura) :
(a) PUBLICA JURA :
l. Jus suffragii, derecho de votar.
2. Jus honorum, derecho de ser elegible para un
cargo.
3. Jus provocationis, derecho de apelar al pueblo
en las causas criminales.
(b) PRIVATA JURA:
l. Jus commercii, derecho de propiedad legal.
2. Jus connubii, derecho de contraer matrimonio
legal.
Estos privilegios no pertenecían al principio más
que a los patricios, y no fueron obtenidos por la
plebe sino en virtud de una serie de leyes. La
clasificación de Servio le concedía el suffragium;
la lex V aleria del año 509 le dió el jus provo-
cationis; la lex Canuleía del año 445, autorizó el
conubium entre patricios y plebeyos. Finalmente,
los plebeyos lograron el jus honorum en el curso de
la larga lucha que acabó el año 300 con la lex
Ogulnia.
El derecho de ciudadanía total podía adquirirse
simplemente por nacimiento, o por gracia posterior
debida a una ley o a un magistrado revestido de
imperium 1 •
1 Los magistrados con imperium s6lo raras veces confe-
rían el derecho de ciudadanía sin consultar al pueblo. El
latino que había ejercido magistratura en su ciudad natal
y luego se había establecido en Roma, era incluído por los
censores sin otra formalidad legal en las listas de ciudadanos.
240 JAMES GOW
El que por su origen era ciudadano se inscribía en
el registro de su tribu a los diez y siete años cumpli-
dos, y gozaba desde entonces de todos sus derechos
cívicos.
Ningún ciudadano podía votar sin estar presente
en los comicios.

146. LIBERTINf. No todos los individuos cuyos


nombres se inscribían en los registros de una tribu o
de una centuria eran cives optimo jure. Los esclavos
emancipados (liberti) eran inscritos, votaban y tenían
el derecho de propiedad, pero no gozaban del jus
honorum; sus hijos (libertini) no lo tenían tampoco,
si no de derecho, de hecho al menos 1 .

147. Los CIVES SINE SUFFRAGIO eran los ciudada-


nos de ciertas poblaciones italianas a las que Roma
concedió una franquicia especial (por ejemplo Caere,
en 353 a. de J. C.) . En la lista de los censores se
incluían en un principio entre los aerarii, que no
pertenecían a ninguna tribu y pagaban solamente
impuestos. Pero, a partir del año 90 a. de J. C.,
cuando toda Italia hubo recibido el derecho de ciu-
dadanía, los nombres de cives sine suffragio, Caerites,
aerarii, fueron aplicados, en sentido despectivo, a los
ciudadanos que habían perdido el derecho de votar,

1 El esclavo era considerado como cosll, Si era emanci-


pado (mllnumissus) por su dueño según una de las tres
formas usuales, es decir, por testtlmento, por d censo (censu,
página 206, nota), y por un proceso ficticio ante el pretor
· (vindicta}, venía a ser ciudadano, y los censores le incluían
en una tribu y en una centuria. Pertenecía desde dicho
momento a la clase de los libertini, pero se le Uamaba
libertus de su antiguo dueño, que venia a ser su patronus.
Adoptaba en general el prenombr• y el nombre de su pa-
trono, añadiendo su nombre servil como cognomen (por
ejemplo, P. 1'erentius A/tJr). Durante todo el resto de su
vida, debía ciertos servicios al patrono y a su familia.
ROMA 241
ya incurriendo en infamia, castigo de ciertos crímenes,
ya por ignominia o censura aplicada por los censo-
res 1 • La infamia duraba toda la vida; la ignominia
un lustro, o sea cinco años.

148. CAPITis DEMINUTIO. Cada ciudadano, desde


el punto de vista del Estado, era un caput o una
unidad política; la pérdida del derecho de ciudadanía
se llamaba en consecuencia capitis deminutio. Había
varios grados en ella. La capitis deminutio maxima
tocaba a los prisioneros de guerra, que eran vendidos
como esclavos en el extranjero, y también, en deter-
minadas circunstancias, a los que habían intentado
escapar al servicio militar. La capitis deminutio minor
castigaba al ciudadano que se había desterrado vo-
luntariamente por escapar a una condena. Implicaba
la primera pena, con la pérdida de la libertad, la de
todos los demás derechos; la segunda sólo privaba
del jus suffragii y del jus honorum.

149. Los EQuiTES no eran solamente los ciuda-


danos que servían en la caballería con caballo dado
por el Estado ( equo publico), sino todos los que
reunían el censo requerido para servir en dicha
arma 2 • Constituyendo la clase más rica, los caballe-
ros lograron gran autoridad y se atribuyeron ciertas
distinciones especiales, como el usar el anillo de oro
y la túnica con dos estrechas franjas 'de púrpura
( angusticlavia). Pero la Constitución no les reconoció
1 Los censores podían degradar a un ciudadano reba-
jándole a una clase inferior, sin reducirle por esto a la
situación de aerarius.
2 No se sabe a · qué cifra se elevaría el census equester
antes de que Augusto le fijara en 400.000 sestercios. Los
equites eran los ciudadanos más ricos de la primera clase,
a la que no podía pertenecerse sino teniendo una fortuna
de 100.000 ases por lo menos.
242 JAMES GOW
ningún privilegio hasta que una ley de Cayo Graco,
del año 122 a. de J. C., les dió derecho exclusivo de
constituir los jurados. Esta ley fué más tarde dero-
gada por Sila, pero se restableció percialmente el
año 70 antes de J. C. (véase § 187). El 67 a. de J. C.,
la lex Roscia confirió a los caballeros el derecho de
colocarse en los catorce primeros bancos del teatro,
inmediatamente detrás de la orquesta, donde se sen-
taban los senadores.

150. NoBILES. Desde muy antiguo, los magistra-


dos que habían desempeñado cargos curules tuvieron
derecho a ciertas distinciones especiales. La más im-
portante era el privilegio de colocar en la sala princi-
pal de su casa ( atrium), y hacer figurar en los funera-
les de los miembros de su familia, las imágenes de
cera de sus antepasados (imagines). El jus imaginum
llegó a ser hereditario, y las personas que lo gozaban
se llamaron nobiles. El individuo, como Cicerón, que
se había hecho él nobilis y no tenía imágenes de
antepasados que exhibir, era llamado homo novus.
Estando el Senado compuesto casi exclusivamente de
ex magistrados, comprendía un número grandísimo
de nobiles. Todos los senadores eran, por otra parte,
considerados nobiles, cualquiera que fuese la magis-
tratura que hubieran ejercido. Así, el senatorius ordo
era, prácticamente, igual al nobilium ordo. Augusto
fijó el censo senatorial en un millón de sestercios, e
hizo hereditaria la dignidad, a condición de que los
que la recibían por herencia tuvieran la fortuna co-
rrespondiente.

151. NúMERO DE Los CIUDADANOS. En el censo


del año 241 a. de J. C., contáronse 260.000 ciuda-
danos en edad de sostener las armas (de diez y siete
<1 sesenta años). El del 70 a. de J. C. dió 450.000.
Posible es que no se contaran en aquella época más
ROMA 243
que los ciudadanos que había en Roma. El censo de
28 a. de J. C., que se extendió a toda Italia, dió,
dícese, 4.063.000, cifra que implicaría para toda Ita-
lia, en aquella época, una población aproximada de
18 millones de habitantes. Difícil es admitir que no
sea muy superior a la verdadera.

F. GOBIERNO DE ITALIA Y DE LAS PROVINCIAS

152. M UNICJPIOS Y CIUDADES CONFEDERADAS. En


los primeros tiempos, cuando los romanos se apode-
raban de una ciudad vecina la destruían y transpor-
taban sus moradores a Roma. Más tarde, dejaron
subsistir las ciudades conquistadas y les permitieron
conservar su independencia con condiciones diversas.
El foedus Cassianum, concertado en 493 a. de J. C.
entre Roma y las ciudades del Latium, estableció que
el latino podía hacerse ciudadano romano viniendo
a establecerse en Roma. Después de la guerra latina
(338 a. de J. C.), los vencidos dejaron de ser tra-
tados tan benignamente. El latino no pudo ya hacerse
ciudadano romano sino después de haber desempe-
ñado una magistratura en su ciudad natal. Cierto
número de ciudades italianas recibieron la civitas
entera o la civitas sine suffragio 1 • Esas ciudades fue-
ron llamadas municipia, en calidad de sometidas a las
munia, es decir, a las cargas del servicio militar y a
los tributos que pesaban sobre los ciudadanos roma-
nos. Otras ciudades conservaron su independencia
bajo el régimen de un tratado (foedus) especial 2 ,

~ El Municipio más antiguo fué Tusculum (381 a. de


J. C. ) y no Caere (353 a . de J. C.), aun cuando este último
se considerue cómo modelo de los creados con pos-
terioridad.
2 Por ejemplo, Tivoli y Preneste. El convenio podía ser
favorable (foedus aequum ) o desfavorable ( iniquum ) a la
ciudad. A veces se consignaba en él el pago de un tributo
anual (stipendium) .
244 JAMES GOW
y vinieron a ser civitates foederatae sin derecho de
ciudadanía. A partir de 338 a. de J. C., época en
que se redujeron sus derechos, los miembros de la
antigua liga latina fueron llamados nomen Latinum;
los demás italianos eran llamados socii ltalici.
Ante la ley, todo el que no era ciudadano era
extranjero ( peregrinus). Los peregrini súbditos de
Roma, por ejemplo, los sicilianos o los españoles, que
no pertenecían a una civitas foederata, eran gene-
ralmente llamados socii; pero, en realidad, vivían
bajo un régimen arbitrario.

153. CoLONIAS. Para mantener en la obediencia


a los pueblos de Italia, los romanos establecieron
entre ellos numerosas colonias. Algunas, como Ostia,
se componían en todo o en parte de ciudadanos roma-
nos que conservaban sus derechos de tales. Las 13 tri-
bus nuevas, creadas entre 387 y 241 a. de J. C., com-
prendían muchas colonias semejantes, que se llama-
ron coloniae Romanae. En otras, los colonos recibían
el estatuto y los derechos de latinos, llamándose
coloniae Latinae. Las primeras estaban prácticamente
asimiladas a los Municipios; las segundas, a las ciu-
dades federadas.

154. GoBIERNO LOCAL. En Italia, los Municipios


y las ciudades federadas, aun cuando sometidas al ser-
vicio militar exigido por Roma, administraban por sí
mismos sus asuntos propios 1. La forma de su go-

1 En algunas ciudades, la administración y la justicia se


quitaba a las autoridades locales y se confiaba a praefecti
jure di~;undo delegados por el pretor. Los praefacti Capuam
Cumas eran magistrados del núsmo género, pero electivos.
Pueden mencionarse en este lugar los fora de ciudadanos
romanos, establecidos sobre todo a lo largo de los principa-
les caminos (por ejemplo, Forum Appii) y los conciliabula,
pecqueñas cabeceras de establecimientos agrícolas.
ROMA 245
bierno la deternúnaba el Senado de Roma y variaba
según ' las tradiciones y las exigencias de cada locali-
dad. Así algunas, como Lanuvium, tenían un dictador
anual; otraS tenían cónsules o pretores, como Tuscu-
lum y Beneventum. A partir del año 89 a. de J. C.,
cuando las Jeyes Julia (90 a. de J. C.) y Plautia
Papiria (89) hubieron concedido el derecho de ciu-
dadaiúa a toda Italia 1, la distinción entre los muni-
cipios y las ciudades federadas desapareció; pero las
diferentes formas de gobierno local sobrevivieron. El
año 45 a. de J. C., por la lex Julia Municipalis. Julio
César reformó todas las instituciones de aquellas ciu-
dades obedeciendo a un plan uniforme, asimilándolas
mucho a las de Roma. Cada M4nicipio tuvo en ade-
lante un Senado, comicios y dos o cuatro magistrados
análogos a Jos pretores.
Aun cuando, después de la guerra Social, la distin-
ción entre romanos y latinos hubo realmente desapa-
recido, se siguió, no obstante, confiriendo el antiguo
jus Latii 2 , es decir, los privilegios que en otros tiem-
pos se concedían a los latinos, a pueblos y a ciudades
de fuera de Italia. El derecho completo de ciudadanía
no fué concedido a todos los habitantes del Imperio

1 Se extendía Italia en esta época desde el estrecho


de Mesina hasta los nos IEsis y Macra. El derecho de
ciudadanía parece haberse concedido a las ciudades cispa-
danas el año 89, y a las de la Traspadana el 49 a. de J. C.;
pero la frontera septentrional de Italia, transportada al
Rubicón el 59 a. de J. C., no avanzó hasta los Alpes
sino el 42.
2 Había un jus Latii majus y un jus Latii minus, pero es
difícil distinguirlos. Por la lex junia Norbana del 19 de
J. C., ciertos esclavos libertos venían a ser Latini Juniani.
Todo lo que concierne a los derechos inferiores al de ciu-
dadanía completa es demasiado oscuro para ser tratado en
este lugar.
246 JAMES GOW
romano sino en el reinado de Caracalla (211-217
después de J. C.).

155. PRoVINCIAS. La palabra provincia significa-


ba primitivamente la "~fera de acción" de un magis-
trado en posesión del imperium. Cuando los magis-
trados empezaron a ejercer sus funciones fuera de
Italia, la palabra provincia vino a designar el dis-
trito en que se ejercía el imperium del magistrado.
Cada provincia era regida por un estatuto particular
( lex provinciae)~ generalmente redactado por el ge-
neral que la había conquistado, con ayuda de 10 lega-
dos que el Senado designaba. Aquel estatuto deter-
minaba los límites de la provincia, la subdividía en
distritos y marcaba los privilegias y deberes de cada
uno. Para todos los asuntos que no había regulado
el estatuto, la provincia quedaba sometida al gober-
nador, que alistaba tropas y percibía el impuesto
(vectigal o stipendium)~ y cuyo edicto era el Código
legal de la provincia en tanto duraba su mando. En
tiempo de la República, la costumbre era confiar a
un procónsul las provincias en que era necesario
mantener ejército, y a un propretor las completa-
mente pacificadas. Cada gobernador, al partir de
Roma, llevaba consigo un cuestor en calidad de secre-
tario para los asuntos financieros, cierto número de
legados que el Senado nombraba para · que le sir-
vieran de auxi~iares, escribanos y empleados diver-
sos ; finalmente, un estado mayor de amigos suyos
( cohors) . El Senado le daba el dinero, las tropas y los
de.rpás recursos ( ornatio provinciae) necesarios para
el ejercicio y el brillo de sus funciones. En el camino,
cuando iba a su provincia, era mantenido a expensas
de las ciudades que atravesaba.
La lista siguiente consigna los nombres de las pro-
vincias organizadas en tiempo de la República:
ROMA 247
a. de J.C. a. de J . C.
1 Slcllia .. .. .. .. .. .. .. .. Ml t Galla Narbonense • 120
2 Cerdel!a y Córeega • . 231 10 .. Clsalpina . .. . 81 ( ? )
S Espa1la citerior . . ..... } u B!Un.la .... ...... .. . 71
187 74
' ,. ulterior ... .. . . atea .. .... ... .
12 { Cl.ren
5 DJ.yricum (Dalmacla). 167 a .S Creta ............. . 87
8 1\olacedonla y Acaya • . 148 Clllcla • . . ... ..... •• 84
1 Afrlca . • . • . . . . • . . . • 1te 13 { Chipre .. ......... •• 58
1 Asta •. • ••• •..• . •• . . •• • lSS 14 Siria . .. ........ ... . 84

XXVI. EL IMPERIO

156. EL TRIUNVIRATO. Los años que transcurrie-


ron entre la muerte de César ( 44 a. de J. C.) y el
comienzo del Imperio con Augusto (27 a. de J. C.),
fueron una épóca de grandes perturbaciones en el
Estado, pero la forma republicana de la Constitución
se mantuvo siempre y se siguió eligiendo cónsules
todos los años. El verdadero poder estaba en manos
de Antonio, Lépido y Octavio, que fueron nombrados,
según las formas constitucionales, tresviri consulari
potestate rei publicae constituendae ( 43 a. de J. C.) .
Con este título se repartieron los ejércitos y las pro-
vincias. Al principio, prescindieron de Italia en
este reparto, pero los ataques de Sexto Pompeyo exi-
gieron la presencia de uno de los triunviros, y Octavio
volvió a Italia. El triunvirato, creado primeramente
por cinco años, fué renovado en 37 a. de J. C. por
cinco años más; pero Antonio y Octavio (Lépido
dimiti6 en 36 a. de J. C.) no tuvieron para nada en
cuenta la ley que fijaba la duración de sus poderes.
La derrota de Antonio en Actium, el 31 a . de J. C.,
dejó toda la autoridad a Octavio, que desde entonces
1 Cilicilt fué conquistada por vez primera el año 103
a. de J. C., pero la recuperó Mitridates. Fu~ varias veces
reorganizada esta provincia, y no siempre estuvo unida
a Chipre. ·
248 JAMES GOW
abandonó el título de triunviro y se contentó con el
de cónsu1 1 •

157. AuousTo, EMPERADOR. Octavio no volvió a


Roma hasta el año 26 a. de J. C. El praenomen de
imperator, que había tomado desde el 40 a. de J. C.,
como heredero de César, le había sido atribuído for-
malmente; el Senado había decretado que llevaría
siempre túnica de púrpura y corona de laurel, insig-
nias de general triunfador. Poco después de su vuelta
( 28-27 a. de J. C.), recibió el imperium proconsular 2
y el cognomen de Augustus. En 23 a. de J. C. dimitió
el consulado y conservó, como atributo principal, el
poder tribunicio, que le había sido conferido de por
vida en 36 a. de J. C . En 19 a. de J. C. recibió a
perpetuidad las insignias que propiamente correspon-
dían a los cónsules 3 • El 12 a. de J. C., a la muerte
de Lépido, fué nombrado gran Pontífice y recibió,
el 2 a. de J. C., el título de pater patriae. A más de
estas dignidades, se le confirieron también, en dife-
rentes épocas, probablemente por decretos del Sena-
do, varios derechos y privilegios especiales, como los
de concertar tratados y hacer el censo. Esta acumula-
ción de poderes en manos de una sola persona no
tenía absolutamente nada de inconstitucional, y Roma
siguió siendo teóricamente una república en que una
personalidad ocupaba el primer lugar ( princeps),
sin ser, no obstante, jefe supremo y dueño absoluto
como en las monarquías del Oriente.
1 Augusto había sido nombrado cónsul el año 31 y fué
reelegido anualm~nte hasta el 23 a. de J. C.
2 Este impeTium fué primeramente conferido a Augusto
por diez años, luego renovado sucesivamente por cinco y
diez. En 27 6 en 23 a. de J. C. fué autorizado para con-
servarlo en los limites del pom eTium, grave de~gación de
una costumbre muy antigua.
3 Augusto fué dos veces más cónsul en {o sucesivo, el
año 5 y el 2 a. de J. C.
ROMA 249
La v~dadera supremacía de Augusto se apoyaba
sobre todo (independientemente .de su autoridad reli-
giosa como gran pontífice) en la posesión del impe.
rium proconsular y del poder tribunicio. El im-
perium proconsular, que le había sido concedido pri-
meramente cuando era cónsul, hacía de él dueño de
los ejércitos y de las flotas romanas y gobernador de
la mitad de las provincias. A partir del año 23 a. de
J. C., cuando su imperium se extendió a Roma mis-
ma, le dió todas las prerrogativas de cónsul sin el
consulado, por ejemplo, la superioridad sobre todos
los gobernadores provinciales, y otros derechos aún,
como el de introducir un ejército en Roma. De igual
modo, el poder tribunicio le confería los privilegios
de los tribunos sin las restricciones que los disminuían.
No tenía colegas, y su veto se ejercía aun fuera del
pomerium. Su persona era inviolable, podía presen-
tar leyes, convocar el Senado e intervenir en todos los
asuntos públicos. Verdad es el que el poder tribu-
nicio y el ím perium se confundían en muchos res-
pectos en sus resultados, pero era ventajoso disimular
el poder militar para poner en primer término el
civil, y de hecho Augusto contó los años de su reinado
por los de sus poderes tribunicios.

158. Los SUCESOREs DE AuousTo fueron en un


principio saludados imperatores, unas veces por el
Senado, otras veces por el ejército. Más tarde reci-
bieron de una vez sus poderes imperiales del Senado,
cuyo decreto era confirmado por una ley de la asam-
blea popular, conocida con el nombre de lex de im-
perio. Jamás se declaró esta institución completa-
mente hereditaria. El emperador reinante elegía un
heredero de sus bienes particulares, le adoptaba por
hijo y le hacía revestir del imperium y de la tribunicia
potestas, que le hacían superior a todo el que no fuese
su padre adoptivo. Todos los emperadores tomaron el
250 JAMES GOW
nombre de César. El emperador difunto recibía gene-
ralmente del Senado el honor de la consecratio, que
le colocaba en el rango de los dioses ( divus) y le
hacía objeto de un culto especial que, juntamente
con el de Roma, contribuyó mucho a cimentar la
unidad del Imperio romano.

159. LAS ANTIGUAS MAGISTRATURAS fueron todas


mantenidas bajo el Imperio, a excepción de la cen-
sura. En la época de Augusto, los comicios siguieron
haciendo las elecciones, pero Tiberio transfirió sus
atribuciones al Senado. Este cambio era en suma poco
importante, porque los candidatos eran casi todos
designados por el emperador. Los poderes de los
magistrados se redujeron naturalmente. Los cuestores
perdieron la inspección del Tesoro y vinieron a ser
simples secretarios financieros de los emperadores,
de los cónsules y de los procónsules. Los tribunos
conservaron el veto, pero raras veces tuvieron oca-
sión de ejercitar su derecho; los ediles dejaron de pre-
sidir los juegos públicos y las distribuciones de trigo,
para no conservar más que la policía de las calles ;
los pretores no pudieron ya juzgar sin apelación; los
cónsules perdieron algunas de sus atribuciones admi-
nistrativas, pero recibieron poderes judiciales más
amplios. En particular, fueron jueces de apelación en
las causas civiles de Italia y de las provincias sena-
toriales, y en unión del Senado hubieron de juzgar
muchas causas criminales, sobre todo las de traición
y prevaricación en las provincias. Perdieron tam-
bién gran parte de su autoridad, porque se eligieron
anualmente varios pares de cónsules. Todos los ma-
gistrados se elegían en el orden senatorial, cuyo censo
fijó Augusto en un millón de sestercios ( decies IHSD.
160. EL SENADO siguió siendo elegido entre los
magistrados salientes; es decir, entre los que antes
ROMA 251
había elegido el emperador; pero éste, en Virtud de
su poder censoria!, pudo también hacer entrar niiem-
bros nuevos ( adlecti) a los que asignaba rangos, como
praetoñi o consulares, a su capricho. El emperador
votaba en el Senado, pero le presidía raras veces. El
Senado perdió, naturalmente, la dirección financiera
y de l3; política exterior, pero se le encargó la mo-
neda de cobre y la administración de la mitad de las
provincias. Se le dejaron también algunas facultades
legislativas y se le dieron algunas nuevas funciones.
Desde el año 14 eligió los magistrados. Vino a iuzgar
en apelación en algunos pleitos civiles, y fué tribunal
para algunas causas criminales, en particular en los
casos de traición ( majestas) y en los delitos cometidos
por los miembros de su clase. Sus decretos y resolu-
ciones.~ran siempre sometidos a la sanción del empe-
rador. El Senado-consulto, cuya iniciativa no corres-
pondía al emperador, sino a un magistrado, podía
incurrir en la oposición de otro magistrado superior,
como en la época republicana.

161. Los coMICIOs. Los comicios centuriados,


cuando Tiberio concedió al Senado el cuidado de las
elecciones, no se reunieron ya más que para oír la
· renuntiatio de los magistrados electos. Durante el
siglo I, los comicios tributos fueron reunidos algunas
veces para votar leyes. Hasta época mucho más re-
ciente, confirieron el poder tribunicio y otras prerro-
gativas a los emperadores de nuevo nombramiento.

162. FUNCIONARIOS IMPERIALES. Augusto, como


Alejandro Magno, reunió muy pronto a su alrededor
una corte de amigos personales, entre otros Agripa y
Mecenas, a los que consultaba los asuntos de Estado.
Un consejo análogo, llamado consilium principis, fué
conservado por los emperadores siguientes. No dis-
ponía naturalmente de ningún poder, pero su existen-
252 · JAMES GOW
cia misma tendía a reducir la influencia y la importan~
cia del Senado. El Emperador contaba asimismo con
numerosos subordinados que elegía y pagaba él, y
en los que delegaba sus funciones, cada vez más difí~
ciles de sobrellevar. Los principales entre estos fun-
cionarios eran los siguientes:
Los PREFECTOS DEL PRETORIO, en nÚmero de. dos
al ·principio, de tres más tarde, eran los jefes de la
guardia pretoriana ( praetoríum), cuerpo de soldados
escogidos que custodiaban al Emperador 1 . Augusto
no quiso establecer de manera pennanente la guardia
pretoriana en Roma. Tiberio, no tratando de disimu-
lar ya, construy6 para ella un cuartel dentro de la
ciudad. Los prefectos del pretorio eran en número de
dos, porque uno solo habría podido lograr demasia-
do poder. Estos oficiales, sin cesar en contacto con
el Emperador~ erán· más confidentes de éste que los
restantes funcionarios, y así lograron pronto grandes
atribuciones. En un principio se contentaron con asu-
mir el mando de todas las tropas de 1talia; pero, en
el siglo n, los emperadores fueron acostumbrándose a
confiarles las atribuciones judiciales, y acabaron, final-
mente, por juzgar en última instancia los pleitos más
importantes del Imperio. Durante los . dos primeros
siglos, los prefectos del pretorio fueron siempre ele-
gidos en el orden ecuestre, circunstancia que les ha-
cía menos importantes, pero en apariencia más que
en realidad.

163. PREFECTO DE LA CIUDAD. Los reyes de Roma,


cuando no estaban .e n la ciudad, confiaban los asun-

1 El pTaetorium era, propiamente hablando, el cuartel


del general en campaña. El nombre se aplicó luego a la
guardia personal que, desde la época de Escipí6n el Afri-
cano, escoltaba a los generales en la guerra. En tiempo
de la República, esa escolta no formaba un cuerpo per-
manente, aun cuando percibiera una paga especial.
ROMA 253
tos urbanos a un praefectus urbi. Augusto hizo lo
mismo durante sus ausencias del 27 al 24 y del 16
al 13 antes de J. C. La prolongada ausencia de
Tiberio (27 a 37 de nuestra Era) hizo del prefecto
de la ciudad un magistrado permanente. Se le elegía
en el orden senatorial y era una especie de prefecto
de policía, especialmente encargado de reprimir las
turbulencias. En tiempo de los últimos emperadores,
fué juez de apelación en causas civiles, en un radio
de 200 millas alrededor de Roma. Las restantes ape~
laciones se dirigían al prefecto del pretorio.

164. PREFECTO DE LA ANNONA. La turbulencia de


los pobres en Roma hizo necesario adoptar medidas
extraordinarias para asegurar un precio moderado en
los artículos de primera necesidad. Desde los tiempos
más antiguos venían verificándose distribuciones de
trigo en beneficio de los ciudadanos pobres, pero
Cayo Graco, el año 124 a. de J. C., introdujo la cos·
tumbre de vender todos los meses a los ciudadanos
trigo a un precio fijo e inferior al que tenía en el
mercado. Más tarde, no satisfizo la venta a precio
bajo, sino que se distribuyeron gratuitamente gran~
des cantidades de cereales, y César nombró ediles
especiales, llamados cereales, para cuidar de estas
distribuciones. El Imperio, deseoso de contentar al
populacho, perseveró en los mismos errores, que
acrecían la holganza y el desamor al trabajo. Des~
pués de haber hecho un ensayo con curatores frumenti
anuales, Augusto acabó por nombrar un praefectus
annonae cuya función especial era la de velar por
el aprovisionamiento de granos. Poco a poco este
magistrado vino a cuidar de los mercados y de todas
las industrias relacionadas con la alimentación. Parte
de la guarnición de Roma se puso a sus órdenes para
asegurar la ejecución de sus mandatos. El prefecto
de la annona pertenecía al orden ecuestre.
254 JAM ES GO W
165. PREFECTO DE LAS VIGILIAS (Praefectus VtgJ-
lum). Era en un principio jefe de la brigada de bom-
beros; más tarde, cuidó de la policía entera de Roma
por las noches.

166. CuRATORES. A más de estos oficiales supe-


riores, Augusto creó numerosas comisiones o curate-
las; los curatores viarum, encargados del sostenimiento
de las carreteras; los curatores aquarum, que. tenían
a su cargo los acueductos; los c. operum tuendorum,
protectores de las obras públicas; los c. riparum,
afectos a la guarda de los muelles del Tíber y de las
alcantarillas.

166 bis. EMPLEADOS. Los múltiples cargos del em-


perador exigían la ayuda de todo un ejército de em-
pleados ( scribae). Estaban divididos en varias repar-
ticiones, las principales de ellas con los siguientes
nombres: 19, Ab epistulis, oficina encargada de recibir
las memorias de los gobernadores de provincia y re-
dactar las respuestas ; 29, A libellis, encargada de exa-
minar las peticiones, de informar acerca de las mis-
mas, de remitir a los interesados la respuesta del em-
perador ( subscriptio); 39 A cognitionibus, encargada
de redactar para el emperador informes acerca de las
causas que había de juzgar en suprema instancia.

167. LAS PROVINCIAS. El año 27 a. de J. C.,


cuando Augusto recibió el imperium proconsular de
todas las posesiones de Roma, dividió las provincias
entre el Senado y él, reservándose aquéllas en que
era necesaria la presencia de un ejército de ocupa-
ción. Llamóse a estas provincias imperiales, en opo-
sición a las senatoriales.
Eran senatoriales Sicilia, el África, el Asia, la Galia
Narbonense (sudeste de Francia), Macedonia, A caya,
ROMA 255
Creta y la Cirenaica, Bitinia, Cerdeña, la Bética (Sur
de España).
Eran imperiales la Lusitania (.Portugal) \ la Es-
paña citerior (Norte de España), la Iliria, las tres
Galias 2 , Siria, Cilicia, Chipre, el Egipto y todas
las provincias de posterior organización, por ejemplo,
la Galacia.
El emperador ejercía autoridad suprema aun en
las provincias senatoriales, y percibía parte del tri-
buto pagado por éstas, pero permitiendo al Senado
gobernarlas como en tiempo de la República. El
Senado nombraba por un año los antiguos cónsules
y los pretores encargados de representarle en ellas.
Todos los gobernadores eran llamados procónsules;
pero se convino que sólo el Asia y el África se darían
a ex cónsules que tuvieran derecho a 12 fasces, mien-
tras que las otras provincias se concedían a antiguos
pretores que tenían seis fasces solamente.
En virtud de la lex Pompeia, aprobada el 52 a. de
J. C., los magistrados no podían ser enviados a pro-
vincias sino pasados cinco años del desempeño de
su cargo.
Las provincias imperiales eran regidas por funcio-
narios nombrados por el emperador y que de él reci-
bían un sueldo fijo. Los delegados imperiales, llama-
dos legati Augusti 3, eran unos del orden consular,
otros del pretoriano, y a diferencia de los procónsu-

1 Augusto dividi6 la España ulterior en dos partes, Bé-


tica y Lusitania.
2 Las tres Galliae comprendlan la A.quitania, la Lugdu-
nense y la Bélgica.
3 Para distinguirlos de los legati que acompañaban a los
gobernadores de las provincias senatoriales. su· título com-
pleto era legati Augusti pro praetore viri consulares (o viri'
praetorii, según su rango). Los gobernadores de las pro-
vincias imperiales se llamaban propretores, y los de las sena-
toriales procónsules. El Egipto se regía por Uft régimen
especial y estaba gobernado por un praefectus.
256 JAMES GOW
les, que no tenían más que poderes civiles, estaban
revestidos a la vez de autoridad civil y militar. Algu-
nos distritos, que aún no se habían anexionado for-
malmente, y algunas partes turbulentas de detenni-
nadas provincias (por ejemplo: la Judea, en la pro-
vincia de Siria) erán mantenidas en la obediencia
por medio de los pmcuratores, nombrados por el em-
perador o por el legado de la provincia. Su título
completo· era el de procuratores pro legato 1, y sus
poderes casi tan amplios como los del legado.
En los últimos tiempos del Imperio, el emperador
asumió el gobierno de todas las provincias.
Para faCilitar este mismo gobierno, Augusto insti-
tuyó correos que recorrían los caminos principales,
semejantes a los ayy«QOL que Ciro había creado en
Persia. Pero jamás estuvo el correo romano, como el
nuestro, al servicio de los particulares. Era más bien
algo análogo a los correos de gabinete en tiempos
modernos.

XXVII. EJÉRCITO ROMANO

EL EJÉRCITO EN TIEMPO DE LA REPÚBLICA

168. LA LEGIÓN . Un ejército de ciudadanos ro-


manos comprendía una o varias legiones, divididas
cada una en 30 compañías (manipuli) 2 • La infante-
ría de la legión, que contaba 3.000 hombres al prin-
cipio de la época real, · se elevó a 4.200 después de
Servio Tulio, a 5.000 durante una parte de la segunda
guerra púnica, y a 6.000 desde la época de Mario.

1 Para distinguirlos de los procuradores ordinarios, que


eran oficiales de hacienda.
2 Asi llamados por el haz de paja que les servía de
bandera.
ROMA 257
A ·cada legión estaba afecto un cuerpo de 300 ca-
ballos (justus equitatus), divididos en 10 escuadro-
nes o turmae.
El ejército entero estaba mandado por un general
con imperium; es decir, por un cónsul, un pretor, un
propretor, un procónsul, un dictador o un maestre de
la caballería. Una leva anual ordinaria (justus exerci-
tus) comprendía cuatro legiones, dos para cada eón,.
sul. La infantería de cada legión estaba mandada por
sieis tribunos militares (tribuni militum) que ejercían
sucesivamente el mando, ya durante un mes, ya du-
rante un día. Cada manipulo estaba mandado por dos
centuriones, uno de los cuales, llamadp prior, era su-
perior al otro, llamado posterior. Los turmae de la
caballería se dividían en decuriae, mandados por un
decurio, que tenía a sus órdenes un .optio. El pri-
mer decurio mandaba todo el contingente de caba-
llería.
Las cuatro legiones reclutadas anualmente exigían,
a razón de seis por legión, 24 tribunos militares. Es-
tos oficiales fueron en un principio nombrados por
los cónsules; pero la plebe, en 362, obtuvo la desig-
nación de seis y acabó, en 207, por lograr el derecho
de elegirlos todos. Cuando se formaban más de cua-
tro legiones, el general nombraba los tribunos de las
complementarias. Los tribunos electos ( comitiati) no
permanecían en funciones sino durante un año; los
que elegía el general conservaban su cargo todo el
tiempo que duraba el mando dH mismo. Como el
nombramiento se había hecho conforme a una ley de
cierto Rutilio Rufo, se les llamaba rufuli. Los tribunos
militares se elegían siempre en las clases superiores,
y su grado en el ejército les hada entrar en el orden
ecuestre:

169. SoLDADOS CIUDADANos. Sabido es que Servio


Tulio obligó a todos los ciudadanos romanos, cuya
258 JAMES GOW
riqueza excedía de cierta suma, a servir en el ejército
con rango proporcionado a aquélla. Los más ricos
servían en la caballería, con caballos propor<;ionados
por el Estado ( equo publico); los de la primera clase,
que no eran suficientemente ricos para ser caballeros,
servían en la infantería con armadura completa 1 ;
las cuatro clases inferiores iban reduciéndose en equi-
po. Los soldados habían de proporcionarse el arma-
mento. Por esto, los ciudadanos más pobres no esta-
ban generalmente obligados a servir; pero en circuns-
tancias graves, cuando había que echar mano de
todo el mundo, los más pobres recibían del Estado
su equipo.
Desde los diez y siete a los cuarenta y seis años, los
soldados servían generalmente en las centuriae junio-
res, y de los ·cuarenta y seis a los sesenta, en las
centuriae seniores,· pero el ciudadano que había he-
cho varias campañas podía pasar a estas últimas antes
de haber llegado a la edad reglamentaria. Los senio-
res, como los muy jóvenes, se reservaban de ordinario
para el servicio de guarnición, menos cansador que el
de campaña.
Se modificó de manera importante este sistema por
Camilo. Primeramente, en 406 a. de J. C., todos los
soldados recibieron una paga ( stipendium); en segun-
do lugar, en 403 a. de J. C., se instituyó una nueva
caballería reclutada con independencia del censo. La
soldada permitió a 'los ciudadanos pobres servir en
el ejército, y se añadió desde entonces una sexta
clase, cuyo censo, en un principio fijado en 4.000
ases, fué reducido a 375 (census e.xtremus). Sólo los
ciudadanos casi absolutamente pobres (ca pite censi)

'1 A saber: el casco (galea), la cota de malla (lorica),


las grebas ( ocreae), el escudo de metal {clipeus) y la
lanza (hasta) .
ROMA 259
se libraron del servicio; pero a partir del 311 a. de
J. C., se les utilizó en la flota con los aliados italianos.
Mario abolió definitivamente las distinciones fun-
dadas en la riqueza, y abrió las legiones para todos
los ciudadanos que querían militar en ellas. La exten-
sión del derecho de ciudadanía a Italia entera, el 89
a. de J. C., proporcionó un número tan grande de
gentes sin recursos que deseaban hacerse soldados,
que las clases altas y medias dejaron de ser llamadas
a las banderas, aun cuando teóricamente siguieran
sujetas al servicio.

170. ALISTAMIENTos ( delectus o dileetus). El Se-


nado tenía a su cargo fijar el número de soldados que
debían alistarse. Los cónsules, los pretores a veces,
promulgaban entonces un edicto convocando la Asam-
blea del pueblo. Parece que en un principio los ciu-
dadanos se reunían armados en el Campo de Marte,
fuera de la ciudad, y que los magistrados que los ha-
bían convocado procedían entonces a elegir los que
habían de entrar en servicio. Pero en la época de Po-
libio, por el año 150 a. de J. C ., los ciudadanos se
reunían sin armas en el Capitolio, ocupando cada
tribu el lugar que le estaba reservado.
Supongamos que había que formar cuatro legio-
nes. Eran necesarios 24 tribunos militares, que los
cónsules empezaban por distribuir entre las cuatro
legiones que había que formar. Luego designaban a
la suerte una tribu, y de ella escogían cierto número
de hombres, por grupos de cuatro, que..,os tribunos
distribuían inmediatament~ en las cuatro legiones.
Después se volvía a designar otra tribu, y lo mismo
se hacía hasta haber completado el contingente de
las cuatro legiones.
Los cónsules juzgaban allí mismo las demandas de
exención, presentadas ora por enfermos ( causarii),
260 JAMES GOW
ora por ciudadanos que hubieran ya servido largo
tiempo ( emeriti). Dictaban también penas contra
los desertores.
Los cónsules tomaban el juramento militar (sacra-
mentum) a los tribunos, que daban lectura del mismo
en cada legión, y tomaban juramento a cada uno de
los soldados, formalidad que servía todo el tiempo
del mando del general ante quien había sido prestada.
Después de la época de Mario, los soldados hacían
el enganche por veinte años, y prestaban juramento
por todo ese tiempo.
Mucho tiempo antes de Mario, hubo veteranos que
amaban la milicia y se alistaban voluntarios en las
legiones (nomina dabant) sin asistir a la ceremonia
del reclutamiento en el Capitolio. Esos soldados vie-
jos, llamados evocati, eran objeto de particular esti-
mación y constituían uno de los principales elementos
de los ejércitos romanos.

171. ALIADOS ( socii). Los cives sine suffragio y


los habitantes de las "ciudades federadas estaban obli-
gados a servir en el ejército (si poseían el censo nece-
sario), por igual razón que los ciudadanos romanos.
La mayor parte de las ciudades italianas proporcio-
naban contingentes, cuyo número era fijado por los
edictos de los generales romanos. Estos contingentes
los reclutaban y pagaban las autoridades locales, por-
que Roma mantenía solamente los soldados cuando
estaban en campaña. En la época de Polibio, los alia-
dos formaban la mitad de la infantería y las tres
cuartas partes de la caballería.
Los auxiliares (auxilia) eran mercenarios recluta-
dos fuera de Italia, tal como los honderos de las
islas Baleares y los jinetes númidas.
ROMA 261

EL EJÉRCITO EN CAMPAÑA

172. LA LEGIÓN Y LOS ALIADOS EN CAMPAÑA.


(a) LA LEGIÓN. No se indica claramente en los tex-
tos que poseemos la formación del ejército en la
época de los reyes. Los autores le comparan a la
falange macedónica, que era un batallón uniforme;

< D o

Fig. 26.- M odelos de pilum.

pero nos dicen al propio tiempo que las diferentes


clases de soldados tenían armas distintas. Es una con-
tradicción evidente que nos bastará señalar.
Después de la época de Camilo, y probablemente
a consecuencia de las reformas por él introducidas, la
legión se ordenó en tres líneas, cada una de las cuales
comprendía cierto número de soldados distintos. Los
jóvenes (hastati) se colocaban delante; los hombres
ya formados (príncipes), detrás de los hastati, y los
de más edad (triarii o pilani), en tercer lugar. Estos
nombres debieron tomarse de alguna organización
anterior, porque en la legión posterior a Camilo los
hastati no llevan hasta, los príncipes no se colocan
delante y los pilani no usan pilum. Por el contrario,
los hastati o príncipes (también llamados antepilani )
llevaban pila (jabalina), mientras que los-triarii usa-
ban hastae (lanzas) . El gladius español (espada cor-
ta) no se introdujo en el armamento de las legiones
hasta después de la segunda guerra púnica.
Cada línea comprendía 10 manípulos mandados
por dos centuriones (prior y posterior) ; pero los ma-
nípulos de los triarii no equivalían, por el número de
262 JAMES GOW
soldados, sino a la mitad de los de las otras dos líneas 1 .
Se dejaban espacios vacíos entre los manípulos
para dar paso a los velites, soldados de infantería
ligera que lanzaban jabalinas y se retiraban inmedia~
tamente. Se cree que los manípulos estaban dispues~

Fig. 27.- Soldado romano con el pilum en la diestra.

tos en forma de tresbolillo : ·: , de suerte que las


aberturas que quedaban al frente eran cubiertas por
los manípulos que venían detrás. La caballería se divi~
día también en 10 turmae de 30 hombres cada una,
1 Una centuria comprendía, generalmente, 60 hombres.
U na legión comprendía de ordinario más de 300 jinetes:
1 Hasta ti, 10 manípulos de 120 h. • . . . . . . . . . . . 1. 200
2 Principes, lO manípulos de 120 h. . . . . . . . . . . . . 1.200
3 Triarii, 10 manípulos de 60 h. . . . . . . . . . . . . . . . . 600
4 V elites, a razón de 40 por manípulo . . . . . . . . . 1 . 200

4.~
ROMA 263
dispuestas de igual forma en tres líneas. Los jinetes
llevaban espada y lanza larga.
La legión no tenía un estandarte para toda ella.
Cada manípulo tenía un signum y cada turma un
vexillum.
(b) ALIADOs. Los contingentes de los aliados for-
maban las alas ( alae) de las legiones. En un princi-
pio formaron legiones distintas; pero a partir del año
338 a. de J. C., cada contingente formó una cohorte
mandada por un praefectus especial, y todas las co-
hortes de un ala, consideradas como una legión. úni-
ca, eran mandadas por tres oficiales romanos nom-
brados por los cónsules y llamados praefecti socium.
Es probable que cada cohorte estuviera subdividida
en manípulos y en centurias.
La caballería de los socii estaba agrupada en tur-
mae de 60 hombres. Cada turma, que se suponía re-
presentar una ciudad aliada, tenía su estandarte.
Toda la caballería aliada estaba bajo el mando de un
praefectus romano, pero los oficiales inferiores (de-
curiones) eran de los mismos aliados.

173. EL EJÉRCITO DE MARio. Como en el ejército


de Mario estaban suprimidas las distinciones de edad
y de censo, el orden de batalla hubo de modificarse
en consecuencia. Las filas de los hastati, príncipes, et-
cétera, y los grupos de manípulos y centurias subsis-
tieron; pero la legión en conjunto se dividió en 10 co-
hortes, mandadas cada una por el primero en el
grado de sus seis centuriones 1 . La legión entera reci-
bió de Mario un estandarte, que era un águila de
1 El centurión comenzaba su carrera en calidad de poste-
rior en el décimo manípulo de hastati y servía sucesiva-
mente en los 10 manípulos, primero como posterior, luego
como prior. Entraba entonces en la sección siguiente, la de
los príncipes, y llegaba de esta suerte, después de haber
pasado por todos los manípulos, a ser primipilus, es decir,
centuria prior en el primer manípulo de los triarii.
264 JAMES GOW
plata ( aquila), y desde la época de César tuvo tin
número especial. Desde entonces cada legión, como
los regimientos modernos, conservó su identidad y em-
pezó a tener historia propia.

Fig. 28.- Vista general de un campamento romano.

La caballería, después de la guerra Social ( 89 an-


tes deJ. C.), dejó de reclutarse en Italia y se compuso
enteramente de mercenarios extranjeros, organizados,
como anteriormente, en alae.

174. EL CAMPAMENTO. El ejército romano acam-


paba todas las noches en un sitio designado por los
auspicios y cuidadosamente delimitado por geóme-
tras (agrimensores o gromatici así llamados por su
groma, instrumento que servía para trazar ángulos
rectos). Se dibujaba un gran cuadrado que se defen-
día por medio de un foso, una trinchera y una empa-
lizada, disponiendo una puerta de entrada a cada
lado. El cuadrado se dividía luego por caminos para-
ROMA 265
lelos en una serie de espacios rectangulares ( strigae~
scamna}, cada uno de los cuales se destinaba a una
parte distinta del ejército. El cuartel general ( prae-
torium) se situaba en el punto de unión de los prin-
cipales caminos transversales que se dirigían a las
cuatro puertas (núm. 5 de la figura) . De éstas, la
porta praetoria era la más próxima al enemigo;
la porta decumana, en el lado opuesto, era la más
alejada. Las laterales se llamaban porta principalis
dextra y p. p. sinistra. La distancia de una a otra
puerta era aproximadamente de 700 metros; pero los
pormenores de la disposición del campamento, que
variaron por lo_ demás según las épocas; están envuel-
tos en cierta oscuridad.
Se colocaban puestos avanzados ( stationes) delante
de las puertas, custodes en cada una y centinelas (ex-
cubz'a~) a lo largo de la empalizada. La guardia noc-
turna la hacían vigiles, que se relevaban cuatro veces.
La consigna de la noche ( signum) se escribía en ta-
blillas (tesserae) y la comunicaban a la gente cuatro
tesserarii, oficiales de grado inferior a los centuriones.

175. SuELDO DE LAS TROPAS. El stipendium, ins-


tituido el año 406 a. de J. C., se pagaba anualmente
y se elevaba, en la época de Polibio, a dos óbolos
diarios para el infante (aproximadamente 25 cénti-
mos) . Los centuriones_ cobraban el doble y los caballe-
ros el triple de esta suma. No sabemos cuál era el suel-
do de los grados superiores, pero es seguro que los tri-
bunos no cobraban nada. Los gastos de equipo y ali-
mentación se deducían de la paga.
La mayor parte del botín logrado en la guerra se
distribuía en el ejército, recibiendo cada oficial y sol-
dado una parte proporcionada a su sueldo. Los gas-
tos principales de la campaña se cubrían con el tribu-
tum o impuesto de guerra.
266 JAMES GOW
, · 176. RECOMPENSAS Y CASTIGOS. Los soldados que
se distinguían podían ·obtener condecoraciones, tal
como medallas ( phalerae), brazaletes ( armillae), co-
llares (torques), etc. Los oficiales y los generales ob-
tenían coronas de diferentes clases. En tiempo de la

Fig. 29.- Centurión del ejlrcito de


V aro, con sUJ condecoracionu mi-
litares.

República no se concedieron pensiones a los vete-


ranos, pero, a partir de la época de Mario, obtuvie-
ron concesiones de tierras en las colonias militares,
como la concedida a un soldado en el terreno que
poseía Virgilio cerca de Mantua.
El triunfo era la recompensa más magnífica que
Roma pudiera conceder a un general vencedor. Era
necesario, para obtenerle, satisfacer diferentes condi-
ciones:
(a) Debía el general haber sido dictador, cónsul
o pretor, porque sólo estos magistrados podían con-
servar el imperium en el interior de Roma;
(b) Debía haber dirigido personalmente la batalla
ROMA 267
ganada por sus tropas, haberla irúciado y haber to-
mado él mismo los auspicios;
(e) La batalla debía haber sido decisiva y haber
puesto fin a la campaña;
( d) Los enemigos debían de haber sido extranje-
ros\ y 5.000 de ellos por lo menos haber muerto.
Si se cumplían estas condiciones y el Senado de-
cretaba el triunfo, el general quedaba autorizado para
introducir su ejército en Roma y subir solemnemente
al Capitolio.
Los generales que no obtenían un gran triunfo eran
autorizados en ocasiones para celebrar una ceremonia
menos importante en el monte Albano; otros recibían
los honores de la ovaci6n o el agradecimiento público
( supplicatio ).
Los castigos, tales como la degradación, las varas
o la pena capital, se imponían por los tribuni militum
y los praefecti socium, bajo su única responsabilidad.

EL EJÉRCITO EN TIEMPOS DEL IMPERIO

177. REcLUTAMIENTO. Teóricamente, el Imperio


conservó la antigua ordenanza de que las legiones
romanas debían componerse de soldados romanos.
Pero los emperadores, cuya autoridad se apoyaba en-
teramente en el ejército, estaban naturalmente poco
dispuestos a no tener más que soldados italianos, que
podían llegar a ser temibles para ellos. En consecuen-
cia, se concedió el derecho de ciudadanía a todo sol-
dado que se alistase en una legión, y las provincias
dieron principalmente los reclutas. No obstante, la
guardia pretoriana y la urbana siguieron reclutándo-
se en parte entre los italianos, que formaron de esta

1 Así no podían, en Roma, obtener recompensas los


generales por victorias conseguidas en guerras civiles.
268 JAMES GOW
suerte · cierto número de cohortes de ciudadanos ro-
manos (cohortes cívium romanorum), reducidos cuer~
pos distintos de las legiones. A más de las legiones, se
alistaron también auxiliares (auxilia), tanto infantes
como jinetes, reclutados exclusivamente en las pro~
vincias imperiales. La duración del servicio fué en
adelante de veinticinco años para los auxilia, y siguió
siendo de veinte para los legionarios. La obligación
del servicio militar no se suprimió de derecho, pero
desapareció casi completamente en realidad. Fué una
de las causas de la caída del Imperio romano en el
siglo v.

178. LAs LEGIONES. Después de la batalla de


Actium, Augusto se halló dueño de varios ejércitos.
Resolvió conservar a las legiones los números de or~
den que tenían a la sazón, pero acompañándolos de
un epíteto distintivo; hubo así Legio III Augusta, Le~
gio 11I Cyrenaica, Legio 11I Gallica, Legio VI Vic~
trix, Legio VI Ferrata, etc. Esta costumbre persistió
aún después de la creación de nuevas legiones, de
suerte que hubo, a más de la Legio 1 Germanica,
formada por Augusto, una Legio I Adjutrix, una
Legio I Italica, una Legio I Minervia, una Legio I
~arthica, etcétera.
Las legiones XVII a XIX, destruídas al mando de
Varo por los gennan?S el año 9, no se reconstituye~
ron jamás. Lo mismo ocurrió con la Legio IX His~
pana, deshecha por los bretones el año 120.
Augusto devolvió a la legión su contingente de ca~
ballería, que se había-suprimido después de la guerra
Social. A ejemplo de César, nombró en cada legión
un legatus Augusti del orden senatorial, colocado por
su autoridad entre el general y los tribunos militares.
Como las legiones se estacionaban con frecuencia
bastantes años en los mismos distritos, fueron pro-
vistas de cuarteles o campamentos permanentes (e as-
ROMA 269
1,
tra stativa) mandados cada uno por un oficial per-
manente, praefectus castrorum.
Un campamento romano admirablemente conser-
vado, el de la Legio III Augusta, se ve todavía en
Lambese, en la provincia de Constantina.

179. GuARDIA PRETORIANA. Esta guardia ( praeto-


rium), organizada por Augusto el año 2 a. de J. C.,
se dividió en un principio en varios cuerpos. Dos co-
hortes acampaban cerca de Roma y otras seis estaban
distribuídas en las diferentes residencias imperiales
de Italia. Tiberio reunió las nueve cohortes en Roma,
donde se alojaron en un cuartel especial.
Cada cohorte comprendía 1.000 hombres, tanto in-
fantes como jinetes, divididos en centurias y manda-
dos por centuriones. Se reclutaban exclusivamente
entre los italianos y gozaban de numerosos privilegios,
a más de los que les aseguraba el favor imperiál.
Percibían 720 dineros al año (aproximadamente 750
pesetas), mientras que los soldados de las legiones
sólo cobraban 225 2 y no servían más que diez y
seis años, haciéndolo durante veinte los legionarios.
Hemos dicho ya que los pretorianos estaban a las ór-
denes de dos praefecti praetorio.

180. LAS COHORTES URBANAS (cohortes urbanae)


eran en un principio en número de tres, compren-
diendo cada una 1.000 hombres, sin caballería. Lo
mismo que la guardia pretoriana, se reclutaban exclu-
sivamente entre los italianos y estaban acuarteladas
en Roma. Recibían también soldada mayor (300 di-
neros al año), y daban con frecuencia soldados para
la guardia pretoriana.
1 Los cuarteles de verano ( aestiva) y los de invierno
(hiberna), eran unos y otros permanentes (stativa).
2 El sueldo del ejúcito fué sucesivamente aumentado en
grandes proporciones- por César y por Augusto.
270 JAMES GOW
Las cohortes urbanas llevaban los números X, XI
y XII, a continuación. de las nueve cohortes de preto-
rianos. Se creó más tarde la número XIII (al parecer
por Tiberio), acuartelada en Lyon. Más tarde se es-
tablecieron otras dos cohortes en Ostia y en Puteoli
(Puzol).

181. LAS COHORTES DE LAS VIGILIAS (cohortes vi-


gi[um}, en número de siete, eran milicias de orden
inferior, reclutadas entre los esclavos públicos y los
libertos. Comprendían también 1.000 hombres cada
una y estaban repartidas en cuerpos de guardia (ex-
cubitoria), en las catorce regiones de la ciudad y en
los barrios exteriores creados por Augusto. Las fun-
ciones de las cohortes eran las propias de nuestros
bombet"os y municipales. Combatían los incendios con
bombas (siphones), custodiaban los baños públicos y
las prisiones, etc. Su comandante era el prefecto de
las vigilias ( praefectus vigilum), que tenía a sus órde·
nes a varios tribunos.

XXVIII. LA MARINA ROMANA

182. BARcos DE GUERRA. Los romanos, aun cuan-


do hubieran practicado muy pronto el comercio ma-
rítimo, no tuvieron flota de guerra sino después de la
sumisión de los latinos, el año 338 a. de J. C., y ja-
más confiaron mucho en su poderío naval. En el curso
de su larga lucha con Cartago, se perfeccionaron, no
obstante, en la técmta naval y en el arte de con.struir
navíos. Después de las guerras púnicas se habla poco
de la flota (a no ser en el momento en que Pompeyo
combatía a los piratas cilicios), hasta que Augusto,
después de sus luchas con Sexto Pompeyo y Antonio,
creó escuadras regulares para vigilar el Mediterráneo
y los ríos de las fronteras. Una de ellas se estacionó
ROMA 271
en Miseno; otra en Ravena ; una tercera (por algún
tiempo), en Forum Julii (Frejus), otras en el Rhin,
el Danubio, y más tarde, en el Ponto Euxino (Mar
Negro), en el canal de la Mancha, en Alejandría y
en otros puntos.
Estas escuadras comprendían barcos de combate
(naves longae) y transportes (n. onerariae). Los pri-
meros eran sobre todo trirremes (de tres bancos) ; pe-
ro algunos, llamados liburnae, eran birremes ligeros
que servían de avisos.

183. TRIPULACIONES. El servicio de la Armada


no era tan considerado como el de las· legiones. No se
alistaban a este efecto más que los ciudadanos más
pobres y los libertos. Los remeros (remiges) , los ma-
rineros ( nautae) y los soldados de marina (pro pugna-
tares o classiarii), se reclutaban casi exclusivamente
en Italia, y se llamaban, consiguientemente, socii na-
vales. Por igual razón, los cuestores de la flota ( quaes-
tores classici) , nombrados en 267 a. de J. C. para
atender al alistamiento de las tripulaciones, residían
en ciudades italianas (Ostia, Cales, Ariminum). En
tiempo del Imperio, la marina se reclutó principal-
mente en las provincias imperiales que tenían muchas
costas. Duraba el enganche veintiséis años, y los en-
ganchados recibían el derecho de ciudadanía romana.
Los almirantes se llamaban praefecti classibus.

1
XXIX. LEGISLACIÓN 'ROMANA

184. ~POCA DE LOS REYES. En tanto no hubo


leyes escritas, los reyes, aconsejados por los dioses,

1 No es posible tratar de resumir en este punto las ma-


terias que se enseñan en las Facultades de Derecho. Nos
contentamos con ofrecer algunas indicaciones propias para
aclarar la lectura de los autores clásicos.
272 JAMES GOW
cuya voluntad les revelaban los auspicios, e ilustra-
dos asimismo por el Senado, eran jueces en todas las
causas. No obstante, la falta de un Código no daba
gran lugar a la arbitrariedad. Las costumbres y la opi-
nión sustituían a las leyes escritas. El Senado o Con-
sejo de ancianos era su depositario o intérprete, y
ejercía con tal motivo influencia considerable sobre
el rey. !ste podía delegar sus poderes judiciales en el
prefecto de la ciudad, cuando estaba ausente de Ro-
ma, y también en un juez (judex}, elegido por él
entre los senadores. En las causas que interesaban a
la seguridad del Estado, tenía por auxiliares a los
quaestores parricidii y los duoviri perduellionis; pero
parece que estos magistrados eran solamente jueces de
instrucción. En sentencias de pena capital, se podía
apelar al pueblo. Como el Senado se componía en
un principio de cien miembros solamente, es posible
que una antigua jurisdit:ción senatorial sobreviviera
en el tribunal de los centumviri (véase § 187) .

!POCA DE LA REPÚBLICA

185. FuENTES DE LA LEGISLACIÓN. Los cónsules


heredaron el poder real, pero no lo conservaron en
su integridad sino durante corto número de años. La
plebe, que no estaba representada en el Senado y
hasta ignoraba el derecho consuetudinario, reclamó
muy pronto una legislación escrita. El derecho con-
suetudinario fué entonces codificado y publicado en
las Doce Tablas, Código que sucesivamente se amplió
y modificó de divetsas maneras. Las fuentes de la
legislación romana en tiempo de la República son
las siguientes:
19 Las Doce Tablas, promulgadas el año 450 a. de
J. C., eran un código dividido en doce capítulos, en
que estaban reunidos, en forma bastante confusa, los
principios generales del Derecho, disposiciones lega-
ROMA 273
les de caráCter particular, y las reglas de procedi-
miento. A pesar de sus defectos, este Código siguió
siendo hasta el fin del Imperio el fundamento univer-
salmente respetado de las nociones sobre lo justo y
lo in justo, sobre el bien y el mal.
2<~ Los senado-consultos, cuando un magistrado
competente no les oponía el veto, tenían en la prác;.
tica fuerza de ley (véase § 138).
3° Las decisiones de los comicios centuriados eran
leyes propiamente dichas (leges).
4 9 Los plebiscitos o decisiones de los comicios tri~
bu tos tenían fuerza de ley (véase § 139) .
5<~ Los edictos de los magistrados (véase § 130),
que los promulgaban en el momento de entrar en fun-
ciones, eran ley por un año en todas las materias de
su competencia 1 . Entiéndase bien: el edicto de un
magistrado era independiente del de otro, y los tri-
bunos, o cualquier magistrado que tuviera el veto,
podían defender a un ciudadano contra el uso opre"
sivo de dicho edicto. Así los que se promulgaban
anualmente no introdujeron innovaciones violentas,
que habrían provocado protestas y conflictos ; pero la
opinión pública apoyaba a los magistrados cuando
aportaban a la ley o al procedimiento ligeras modifi-
caciones cuya utilidad se reconocía.

186. JuRISDICCIONES. El derecho de juzgar en


las diferentes causas pertenecía en parte al pueblo,
en parte a los magistrados. Cada uno de éstos (en
virtud de la lex Aternia Tarpeia, de 454 a. de J. C.,
y de otras leyes análogas) tenía el derecho de hacerse
1 Parece que todos los magistrados, excepto los pretores,
podían modificar de tiempo en tiempo sus edictos por de-·
cretos especiales (ed. repentina) . El edicto del pretor
urbano (quizá también el del pretor peregrino) era per-
petuo, es decir, que no podía modificane mientras duraban
los poderes del pretor.
274 JAMES GOW
obedecer imponiendo multas que no debían exceder
de 3.020 ases 1• Este derecho confería a cada magis-
trado jurisdicción restringida en lo criminal ; pero las
jurisdicciones más importantes estaban distribuídas
como sigue:
1~' El Senado no tenía, propiamente hablando, ju-
risdicción especial, pero servía de consejero a los ma-
gistrados que tenían derecho a juzgar; y en virtud del
senatusconsultum ultimum podía, en época de turbu-
lencias, suspender todas las leyes y jurisdicciones exis-
tentes y conferir poderes dictatoriales a los cónsules.
Ejemplo notable de este derecho lo dan los aconte-
cimientos del año 63 a. de J. C., clllUll:lo Cicerón
sofocó la conspiración de Catilina.
2~' Los comicios, tanto centuriados como tributos,
tenían jurisdicción en todos los procesos criminales
importantes, hasta el último siglo de la República,
época en que las cuestiones perpetuas fueron estable-
cidas (véase p. 238) .
3~' Los censores juzgaban todos los pleitos concer-
nientes a la propiedad en que el Estado estaba directa
o indirectamente interesado, por ejemplo, los referen-
tes a impuestos, obras públicas, delimitación de pro-
piedades, etc. En ciertos casos, los censores mismos
dictaban sentencia (por cognitio) ; en otros, nombra-
ban un jurado de recuperatores para examinar los
hechos.
4~' Los cónsules (fuera de los casos en que el se-
natusconsultum ultimum ampliaba desmesuradamente
sus atribuciones) no tenían jurisdicción propia 2 , pero
ejercían de ordinario la de los censores cuando no los
había en ejercicio; es decir, durante tres años y me-
dio de cada cinco.

l.Primitivamente, treinta bueyes y dos carneros.


2 Es probable que los c6nsules juzgasen a los que no eran
ciudadanos y estaban acusados de crlmenes castigados con
pena capital o de palos.
ROMA 275
5 Los ediles curules juzgaban los litigios comer-
9

ciales a que daban lugar las transacciones de los mer-


cados.
69 Los cuestores, como guardianes del Tesoro pú-
blico, tenían jurisdicción sobre los deudores del Es-
tado (por ejemplo, sobre los arrendatarios de impues-
tos o publicanos que no habían cumplido las cláusu-
las de su contrato).
79 El gran pontífice juzgaba los delitos de orden
religioso, por ejemplo, la violación de sepulturas.
89 El pretor peregrino, o más exactamente, el pre-
tor que juzgaba las cuestiones tmtre ciudadanos y pe-
regrinos ( qui Ínter cives et pertgrinos jus dicit ), tenía
jurisdicción en todos los litigios entre extranjeros y
entre ciudadanos y extranjeros 1 • Sus funciones que-
daron determinadas el año 242 a. de J. C., y como no
había código aplicable a ellas, no pudieron inspirarse
en un comienzo más que en principios abstractos de
justicia. Estos principios, comprobados por larga ex-
periencia, se resumían en el edicto anual que promul-
gaban, y vinieron a ser el código del jus gentium,
fundamento del derecho internacional moderno 2 • El
pretor peregrino no juzgaba las cuestiones de hecho,
sino que las remitía a un judex o también a un jurado
de recuperatores, fonnado de tres, cinco u once miem-
1 Peregrini, es decir, los que no eran ciudadanos. Antes
de la guerra Social, casi todos los italianos eran peregrini.
Más tarde, se resetvó este nombre a los provinciales.
2 Según los jurisconsultos romanos, el jus civile es el
derecho de una nación especial. El jus gentium comprende
las reglas de justicia que la Naturaleza enseña a todas las
naciones, y Gayo la identifica con el jus naturale. Por con-
siguiente, el jus gentium no es el derecho internacional,
sino el fundamento común de la ley internacional y de la
ley civil. El edicto del pretor peregrino formulaba el jus
gentium, en el sentido de que establecía los principios de la
aquitas conforme lo sentía el pretor. El edicto del pretor
urbano setvía en parte para lo :mismo, y ambos, por con-
siguiente, eran idénticos en muchos puntos.

276 JAMES GOW
bros. Éstos infonnaban, por mayoría de votos, acerca
de la naturaleza de los hechos de la causa y juzgaban
en consecuencia, conforme a las instrucciones de los
pretores. Los recuperatores parecen haber sido un tri-
bunal mixto, compuesto de ciudadanos y de otros que
no lo eran; pero se dió el nombre posteriormente a
jurados designados por otros jueces.
99 El pretor urbano era el juez principal en Roma
y a él se llevaban todos los pleitos civiles 1 . Como
el pretor peregrino, no juzgaba sino raras veces él
mismo (por cognitio), sino que ordinariamente nom-
braba un judex o un jurado de recuperatores para
examinar los antecedentes de la causa. Ciertas cues-
tiones de hecho eran en virtud de la ley enviadas a
los centumviri o a los decemviri stlitibus judicandis.

187.. JuRADOS. Los judices y los recuperatores no


tenían jurisdicción propia, es decir, que no aplicaban
la ley, sino que dictaban veredicto concerniente a las
cuestiones de hecho. Hasta el año 122 a. de J. C., los
jueces fueron siempre senadores. En dicho año, la
lex Sempronia judiciaria, aplicada por Cayo Graco,
transfirió este privilegio a los caballeros. Después de
algunos ensayos infructuosos para variar la ley men-
cionada (leges Serviliae, en 106 y 104; lex Livia, en
el 91), una [ex Plautia ( 89) determinó que cada una
de las 35 tribus designaría 15 jueces. Sila, el año 82,
devolvió a los senadores el poder judicial, pero dió
entrada a 300 caballeros en el Senado. La lex Aurelia,

1 Los . pleitos civiles son sobre todo litigios nacidos de un


contrato o de perjuicio causado a otro. Contrato es un con-
venio privado que el Estado cree necesario respetar. Per-
juicio causado a otro es un acto delictivo (agresión, usur-
pación, difamación) que el Estado no considera como un
crimen, es decir, que no mira comD delito cometido para
con él mismo. En este sentido, civil se opone a criminal•

ROMA 277
el año 70 a. de J. C., instituyó tres decurias 1 de jue-
ces, una de senadores, otra de caballeros, una tercera
de tribuni aerarii, clase nueva en que entraban los
que poseían más de 300.000 sestercios y menos de
400.000. César, el año 46 a. de J. C., suprimió la
decuria de los tribuni aerarii.
Los centumviri eran un jurado de 105 miembros,
designados por la suerte ( ? ) a razón de tres por cada
tribu, y que se reunían en el Foro. Ante el tribunal se
plantaba una lanza (hasta), para designar que se
ocupaba exclusivamente de cuestiones relativas a la
propiedad; los jurisconsultos romanos, en efecto, de-
cían que el hasta o la festuca eran símbolo de la pro-
piedad, porque recordaba la conquista, el modo me-
jor y más antiguo de adquirir. Las causas remitidas
por el pretor a los centunviros eran por lo general
delicadas y exigían profundo estudio. Por eso logra-
ban reputación los abogados jóvenes informando ante
este tribunal.
Los decemviri stlitibus 2 judicandis eran elegidos
por los comicios tributos, y parecen haber constituido
en un principio un consejo jurídico destinado a ilus-
trar a los tribunos. Vinieron a ser posteriormente un
jurado al que se remitían las causas relativas a la li-
bertad de las personas. Augusto los reunió a los cen-
tunviros.
Los árbitros ( arbitri) eran jueces de jurisdicción li-
mitada. El pretor enviaba a un árbitro, no a un juez,
las causas en que no había que aplicar la ley con todo
rigor. El pretor le pedía que diera su opinión ex fide
bona o ut ínter bonos bene agitur, es decir, conforme
á la buena fe y a la justicia natural.
1 La palabra decuria, con frecuencia empleada, acab6
por designar un colegio cualquiera, sin tener en cuenta el
número de miembros que le componían.
. 2 StliJ, forma arcaica de lis.
278 JAMES GOW
El album judicum era una lista de personas que se
consideraban capaces de ser jueces o árbitros. La ha-
cía el pretor urbano al principio de un año de cargo
y se aplicaba durante el mismo. El pretor no desig-
naba al azar los jueces y árbitros, sino que debía con-
sultar a las partes sobre el particular. El demandante
tenía derecho a proponer un juez (ferre judicem); el
defensor, a recusado (e jerare).
Todas las funciones judiciales y arbitrales eran ab-
solutamente gratuitas.

188. JuRISDICCIÓN FUERA DE RoMA. En Italia la


jurisdicción variaba según las leyes de cada ciudad.
Algunas estaban sometidas a los praefecti jure dicun-
do, magistrados ambt~-lantes que representaban al
pretor urbano. En lcj Municipios, los magistrados
aplicaban las leyes locales, pero probablemente se
habían de someter, de una manera general, a los prin-
cipios formulados en los edictos del pretor. En las
provincias, el gobernador juzgaba con arreglo a la
. jurisdicción local y las disposiciones complementa-
rias de su propio edicto, el cual derivaba, engeneral,
de los edictos de los dos pretores residentes en Roma.

PROCEDIMIENTO CIVIL

189. tPOCA PRIMITIVA. En un principjo, en Ro-


ma, como en otras partes, las cuestiones tocantes a la
propiedad se resolvían por un combate. Más tarde,
las partes litigantes se contentaron con un simulacro
de combate y confiaron la solución al rey.
tste, al dictar sentencia, era guiado por la volun-
tad de los dioses, que le revelaban los auspicios. Los
dioses respondían solamente sí o no, y no siempre
podía consultárseles. Por consiguiente, el demandante
había de formular su demanda de suerte que exigiera
una respuesta afirmativa directa. Debía también ele.-
ROMA 279
gir un dies fastus. es decir, un día en que los dioses
pudieran hablar, para llevar su demanda ante el juez,
Los pontífices, que gozaban de la confianza de los
dioses, le ilustraban acerca del particular mediante
retribución. Lo mismo siguió ocurriendo durante los
primeros tiempos de la República, aun cuando las
funciones de . juez hubieran pasado entonces de los
reyes a los cónsules.
Las supersticiones concernientes a las demandas
simples y los días fastos persistieron aún después de
la promulgación del código de las Doce Tablas, y los
pontífices siguieron siendo los consejeros indispensa-
bles de los demandantes, hasta que un consejero áulico
de los pontífices, Cneo Flavio, dió a conocer el año 304
a. de J. C ..una serie completa de las fórmulas de
demandas, con un calendario de los días fastos y
nefastos. A partir de dicha época, el demandante
pudo ocuparse él mismo de los intereses de su causa.

190. LEGIS ACTIONES. Después de promulgadas


las Doce Tablas, la demanda presentada por el inte-
resado fué llamada legis actio, es decir, acción de la
ley contra el demandado. Podía presentarse la de-
manda en distintas formas, que se llamaban también
legis actiones. Conocemos los nombres de cinco de en-
tre ellas, pero su naturaleza precisa permanece bastan-
te oscura. La demanda se hacía: a) per sacramentum,
cuando ambas partes depositaban cierta suma pro-
porcional al valor del objeto del litigio, pásando el
depósito del que perdía al tesoro 1 ; b) per judicis
postulationem, cuando el demandante pedía al pretor
que designara un juez; e) per condictionem, determi-
nando día para la vista (ante el pretor) 2 ; d) per ma-
1 En tiempos más antiguos correspondía a los pontífices.
2 Según· el texto de Horacio (S dtiras, 1, rv, 76) , y otros
pasajes, parece que el demandante, en el momento de dete-
280 JAMES GOW
nus injectionem, poniendo mano sobre la persona del
acusado; e) per pignoris capionem, embargando sus
bienes.
De estas acciones, las tres primeras eran formas de
procedimiento, y las dos últimas simples vías de eje-
cución. Probable es que las tres primeras fueran ha-
bituales cuando el demandado consentía en compa-
recer, mientras que se recurría a las otras dos en caso
contrario 1• Parece menos cierto que las legis actio-
nes no fueran más que modos de instituir una acción,
y no tuvieran nada que ver con el proceso mismo. En
teoría, cualquier proceso era una apelación a los dio-
ses, que debían ser consultados en ciertas form~ so-
lemnes. Por consiguiente, cualquier error en la mar-
cha de una legis actio era funesta a la parte que le
cometía 2 • El primer deber del pretor era asegurar-
se de que la demanda se había hecho conforme a la
fórmula prescrita por la ley, y de que la actio se ha-
bía llevado regularmente. Si su investigación daba
resultado favorable, debía declarar empezada la cau-
sa, dare actionem. Pero, después de esto, la enviaba
generalmente a un juez, según el sistema de fórmulas
que pasamos a describir.

~er al demandado, requería a los asistentes para que le


sirvieran de testigos ( anttsta~i) de que la detención se efec-
tuaba según las reglas prescritas.
1 Quizás tambi~n las dos primeras se aplicaban cuando
no había valor definido en litigio, y las dos últimas cuan-
do se fijaba la cuantía de la deuda.
2 Las fonn!llidades de una acci6n per sacramentum se
describen en parte en el discurso de Cicerón pro Murena,
capítulo xn. La formalidad esencial consistía en que el ob-
jeto de litigio (o una parte de ~1) era presentado ante el
tribunal y reclamado, con palabras consagradas, por las
partes, cada una de las cuales tenía un hasta. Este proce-
dimiento era muy antiguo, y el más común en las actiones,
en opinión de Gayo. Se distingue de la sponsio o apuesta
entre las partes, que era un modo no solemne de· formular
una acción.
R.O M A 281

191. FÓRMULAs. En las legis actiones, el deman-


dante estaba obligado a seguir un procedimiento ri-
gurosamente determinado, y debía conformar todas
sus palabras al texto de las Doce Tablas. Por ejem-
plo, según nos enseña Gayo, no podía, sin exponerse
a perder la causa, reclamar vides allí donde el texto
de la ley decía árboles. Este rigor se suavizaba en la
práctica por el uso frecuente de las ficciones legales.
Se convenía en que árboles podía designar vides; en
que una mujer casada podía considerarse si era pre-
ciso como no estándolo; que el comprador de los bie-
nes de uno que había quebrado podía pasar por su
heredero, etc. Pero el aumento de transacciones en
Roma dió origen a muchas dificultades más serias,
que no habían sido previstas en absoluto en la época
en que las Doce Tablas fueron redactadas. Por ejem-
plo, si A vendía algo a B, consintiendo en que el pago
se verificara por partes ( pensio), ¿ quién era el posee-
dor después de satisfecho el primer plazo? N o había
ninguna disposición en las Doce Tablas que resolvie-
ra el problema, aun cuando el caso debió ser frecuen-
te. Entonces se recurría al edicto del pretor, que per-
mitía a la jurisprudencia conformarse con las nuevas
exigencias sociales. Este edicto contenía reglas que
eran extensión de los principios legales a nuevas cla-
ses de hechos, y que los jurisconsultos romanos decían
servir: Adjuvandi uel supplendi uel corrigendi juris
civilis propter utilitatem publicam.
El edicto del praetor peregrinus era más importante
todavía, porque contenía el conjunto legal a que se
conformaba el pretor, a falta absoluta de código que
regulase las relaciones legales del romano con el ex-
tranjero.
Parecería que en las causas fundadas no en las
Doce Tablas, sino en el edicto del pretor, éste <;laría
282 JAMES qow
habitualmente una fórmula de dirección general 1 al
juez, al árbitro o a los recuperatores a que remitía
la causa. Por una lex Aebutia, hacia el año 170 a. de
J. C., confirmada por dos leyes de César y de Augus-
to, el sistema formulario fué definitivamente sustituído
al de las acciones de la ley, excepto en ciertas clases
de causas, por ejemplo, cuando el asunto había de
ser juzgado por el tribunal de los centunviros. La ma-
nus injectio parece haber seguido en uso contra los
demandados que se negaban a comparecer, pero es
probable que se renunciara al antiguo formulismo que
la acompañaba.
El procedimiento formulario era con mucho el más
usual en la época de la literatura latina clásica. Com-
prendía dos partes: a) in jure; b) in judicio.
a) In jure. El demandante citaba al demandado
(vocabat in jus), y ambas partes hacían su convenio
(vadimonium), obligándose mediante el depósito de
una cantidad ( cautio, satisdatio) a comparecer ante
el pretor en determinado día fasto. El pretor, después
de haber oído a las partes, podía devolver la causa
(por no encontrar justificada la demanda) o conceder
una f6rmula. La fónnula comprendía de ordinario
tres partes: 19, la designación de un juez ( judicis da-
tío); 29, el relato de la exposición del demandante
(intentio); 3~', el poder concedido al juez para con-
denar o absolver ( condemnatio) 2•
Gayo cita la fórmula siguiente:
(Fulano) judex esto. Si paret Aulum Agerium apud
Numerium Negidium mensam argenteam deposuisse,
1 Como no había ley exactamente aplicable a esw cau-
sas, no podían citarse exactamente los términos en la de-
manda que el pretor enviaba al juez.
2 O bien, en lugar de la condemnatio, la última parte
de la fórmula era la adjudicatio; es decir, el poder dado al
juez de conceder a una de las partes lo que era objeto de
lidgio.
ROMA 283
eamque dolo malo Numerii Negidii Aulo Agerio red-
ditam non esse.-Quanti ea res erit, tantam pecuniam
judex Numerium Negidium Aulo Agerio condemnato.
Si non paret, absoluito.
Las palabras solemnes, por las que el pretor con-
cedía la fórmula, eran: do, dico, addico, es decir, do
judicium (concedo el juicio), die o jus (doy a conocer
la ley), addico litem (asigno a quien corresponde lo
que es objeto de litigio). Do, dico, addico eran las
tres palabras que el pretor no podía pronunciar los
días nefastos 1• Realmente no proclamaba a quien
correspondía lo que era objeto del pleito, pero daba
al juez las instrucciones necesarias para que lo hi-
ciera. No obstante, la palabra addico figuraba en la
fórmula como recuerdo de una época en que el pre-
tor mismo era juez.
La fórmula se pasaba al demandante, cada parte
designaba sus testigos ( litem contestan), y el proce-
dimiento ante el pretor quedaba así terminado.
b) In judicio. La misma causa se continuaba
ante el juez o los recuperatores, que recibían el jura-
mento y las declaraciones de los testigos. El deman-
dante podía en todo momento renunciar a la de-
fensa. La ejecución del juicio (sententia) se confiaba
a las partes. Si perdía el demandado, tenía treinta
días de plazo para pagar los daños y perjuicios a que
había sido condenado. Transcurrido este tiempo, si

1 El tYibunal, o lugar donde el rey y el pretor adminis-


traban justicia, estaba en un principio en el C omitium; pero
fué más tarde (por el año 250 a. de J. C.) trasladado al
Fon~m. Los tribunales de las quaestiones estaban también
en el Foro, probablemente al aire libre; pero a partir del
año 184 a. de J. C. se construyeron en el Foro Mayor
varias basílicas, compuestas de un cobertizo que sostenían
pilares, y allí celebraban frecuentemente sus audiencias los
tribunales. En la época imperial, se trasladaron a las basí-
licas de los Foros nuevos.
284 JAMES GOW
el pago no se realizaba, era (hasta el año 326 a. de
J. C.)atribuído en persona ( addictus) al demandante
en virtud de un nuevo juicio. Con posterioridad a
dicha fecha, el pretor concedía al demandante el
derecho de incautarse de los bienes de su contrario.

192. ABOGADOS. En el sistema de las legis actio-


nes el demandante no podía ser asistido por tercera
persona; pero, en el sistema formulario, estaba auto-
rizado para hacerse representar por un abogado (pro-
curator). En el proceso mismo podía dejar la de-
fensa de su causa a abogados de profesión ( advocati)
u oradores ( patroni, causidici). Cualquier ciudadano
podía ser patronus, pero la lex Cincia (204 a. de
J. C.) le obligaba a prestar sus servicios gratuita-
mente. Esta ley fué naturalmente eludida y el em-
perador Claudio fijó en 10.000 sestercios el maximum
de honorarios de un abogado. Las partes tenían la
costumbre de aconsejarse de jurisconsultos y de de-
jarse guiar por ellos en el procedimiento. Un juriscon-
sulto sabio, como Sulpicio, contemporáneo de Cicerón,
tenía mucha influencia. Sus opiniones se adoptaban
frecuentemente en el edicto del pretor, y en los casos
particulares este magistrado las tenía siempre muy
en cuenta. Los jurisconsultos podían hacer oficio de
abogados, pero no siempre se prestaban a ello. Algu-
nos se limitaban a evacuar consultas (responsa) o a
redactar contratos y testamentos.

PRocEDIMIENTo Cru:MINAL

193. ANTE LOS COMICios. En virtud de la lex Va-


lena de provocatione (509 a. de J. C.), el preso con-
denado a pena capital podía apelar de la sentencia
del cónsul a los comicios centuriados. Por la lex
A.ternia Tarpeia (454 a. de J. e:), el preso conde-
nado por el magistrado a multa mayor de 3.020 ases
ROMA 285
estaba autorizado para acudir en apelación a los
comicios tributos. Como estos casos eran muy fre-
cuentes, los comicios vinieron a ser las audiencias de
lo criminal por excelencia. Los comicios centuriados
se ocupaban de las causas por homicidio ( parrici-
dium) y traición ( perduellio). Los magistrados acu-
sadores ( capite anquirentes) eran entonces el cónsul
o sus delegados, los quaestores parricidii o los duoviri
perduellionis, o a veces, por orden de los cónsules, los
tribunos 1 . Ante la asamblea de las tribus, los magis-
trados acusadores (multa anquirentes) eran habitual-
mente los tribunos o los ediles. El procedimiento pa-
rece haber sido el mismo en las dos asambleas. El
magistrado que se hacía cargo de la causa, designaba
un día ( diem dicebat) para una reunión ( contio),
ante la que empezaban a oírse los alegatos. Esta contio
era citada tres veces (die prodicta). A la cuarta
contio ej magistrado dictaba ~entencia, y convocaba
los comicios a los diez y siete días después (tres nun-
dinae) para confirmarla. El magistrado hacía enton-
ces el resumen de la causa ante los comicios y pedía
que se procediera a votar. Si no recaía resolución en
el día citado, se absolvía al acusado. Podía, por otra
parte, antes de la votación definitiva, condenarse él
mismo a destierro 2 •

193 bh, CuESTIONES PERPETUAS. Como los comi-


cios constituían un tribunal demasiado numeroso y
poco adecuado para juzgar las causas complicada¡;,
delegaban a veces sus poderes en una quaestio extra-
ordinaria, bajo la dirección de un magistrado con
1 Los tribunos no podían convocar los comicios centu-
riados. Por el contrario, el gran pontífice o un .flamen
habían de pedir a un tribuno que convocara la asamblea
de las tribus para poder encausar a alguien.
2 V~ase Tito Livio, XXV, 3, 4 y XXVI, pasajes instruc-
tivos acerca del procedimiento criminal en Roma.
286 JAMES GOW
imperium. La primera de estas cuestiones fué nom~
brada el año 413 a. de J. C. para juzgar a los asesi~
nos de Marco Postumio Regillensis ; la última, el
43 a. de J. C., para juzgar a los que mataron a César.
Pero, en el intervalo, habían venido a ser tan fre~
cuentes ciertos crímenes que exigían una instrucción
minuciosa, que se había necesitado nombrar para
juzgarlos tribunales permanentes Hamados quaestiones
perpetuae. La primera fué la q. de repetundis, insti~
tuída el año 149 a. de J. C. Otras fueron creadas en
lo sucesivo, en particular por Sila. Su número total
no se conoce con exactitud, pero hubo por lo menos
ocho, a saber: de repetundis, de sicariis et veneficis,
de ambitu, de pecu!atu, de majestate, de falso~, M
vi, de sodaliciis 2 •
Como Sila fijó en ocho el número de los pretores,
y los urbanos y peregrinos estaban siempre ocupados
en causas civiles, los seis restantes no bastaban para
todas las quaestiones, y los puestos de presidente,
vacantes cuando no asistían, eran con frecuencia
ocupados por judices quaestionis. Eran, en general,
ex ediles que en el ejercicio de sus funciones habían
adquirido experiencia en la materia.
El procedimiento ordinario ante una quaestio era
como sigue. El acusador denunciaba al acusado
(nomen deferebat) ante el presidente de la quaestio
en cuya jurisdicción entraba el delito. El presidente,
después de haberse asegurado de que el que acusaba
era civis optimo jure, declaraba admitir la acusación
(nomen rei accipiebat). Si los acusadores eran varios,
se procedía a información ( divinatio) para designar
uno que figurara como principal, viniendo a ser los
otros sus auxiliares (subscriptores). El acusador debía
abstenerse de acusaciones falsas ( calumniae), no disi-

1 De los falsificadores.
2 De las asociaciones ilicitas.
ROMA 287
mular los cargos verdaderos ( praevaricatio) y no
abandonar el proceso antes de la sentencia (tergi-
versatio ). El presidente determinaba entonces el día
de la audiencia -diez por lo menos después de depo-
sitada la denuncia-. En tanto, el acusado permane-
cía unas veces arrestado, otras en libertad bajo fianza
( cautio).
El día de la audiencia se constituía el jurado, saca-
do a la suerte entre los judices en disponibilidad.
Acusador y acusado tenían derecho a recusar ( reji-
cere) cierto número de jurados, sin indicar los moti-
vos. Los jurados prestaban juramento y empezaba la
audiencia. Comúnmente no se admitía la declaración
de los esclavos sino cuando era arrancada en el tor-
mento, pero no siempre se aplicaba este cruel prin-
cipio. Si no se terminaba la vista el primer día, se
dejaba para el siguiente ( perendie, de donde compe-
rendinatio), y así sucesivamente, hasta que la acusa-
ción y la defensa hubieran agotado sus medios y
resumido sus argumentos ( altercatio). El presidente
invitaba entonces al jurado a votar. Cada jurado,
cuando la votación era nominal, daba uno de los tres
dictámenes siguientes : absolvo, condemno o non liquet
(el asunto no está claro) . Cuando se votaba en secreto,
cada jurado disponía de un boletín que por un lado
tenía la letra A ( absolvo) y por el otro C (con-
demno). Borraba una u otra letra antes de depositar
el boletín en la urna (sitella}. En un proceso repe-
tundarum (por concusión), si más de una tercera
parte de los jurados votaban non liquet, o deposi-
taban en la urna boletines en blanco, la causa se
dejaba para otro día ( ampliatio), pero comúnmente
esos votos no se contaban y la mayoría de los otros
votos resolvía el veredicto.
Cuando había empate, el acusado era absuelto.
Las sentencias de las quaestiones eran sin apelación.
288 JAMES GOW
193 ter. PENAS . Si el castigo impuesto por la ley
suponía el pago de daños y perjuicios (por ejemplo,
en el caso de agresión) , el jurado que había conde-
nado al preso se constituía de nuevo como tribunal
de recuperación, y procedía a determinar la cuantía
de la multa. Pero si el castigo implicaba multa paga-
dera al Estado o alguna pena corporal, los tre.rvíri
capitales se encargaban de ejecutar la sentencia.
La pena de muerte, la de varas y la de prisión
fueron durante largo tiempo casi desconocidas en
Roma, excepto cuando los delincuentes eran extran-
jeros, esclavos o soldados en activo servicio 1 . Las
penas ordinarias eran la multa (multa}, la pérdida
de los derechos ciudadanos (infamia) o el destierro.
El destierro sustituía comúnmente a la pena de
muerte, y muchas veces el culpable se cóndenaba a
él espontáneamente. Quedábale prohibido el usó del
agua y el fuego ( aquae et ignis interdictio) , y los
bienes que poseía en Roma eran confiscados.
Los aCtos judiciales de cualquier magistrado, lo
mismo que los administrativos, estaban sometidos al
veto. Otro magistrado superior en autoridad al juez
podía, pues, detener en cualquier momento el curso
de un proceso.

EN TIEMPO DEL IMPERIO

194. FUENTES DE LA LEGISLACIÓN. Se ha dicho


ya que la competencia legislativa de los comicios fué
prácticamente suprimida por los emperadores. El
Senado quedó en lo sucesivo encargado de la legis-
lación en materia privada (por ejemplo, de lo que
concernía a los contratos y los testamentos), y el
Las leyes Porciae, de .los años 198, 195 y 194 a. de
1
J. C., establecieron que ningún ciudadano pudiera ser eje-
cutado ni condenado a las varas. Al condenar a muerte a
Cetego y a los demás cómplices de Catilina, Cicerón co-
metió, pues, una ilegalidad.
ROMA 289
ediCto del pretor siguió siendo fuente de reformas
legales, en particular de las sancionadas de antemano
por la opinión de los jurisconsultos. Augusto creó una
clase de jurisconsultos oficiales, cuyas respuestas ( res-
ponsa prudentum) adquirieron fuerza de ley en caso
de unanimidad. Esta reforma se coloca por algunos
autores en la época de Adriano.
La fuente principal de la legislación siguió siendo,
no obstante, el emperador mismo, que daba a conocer
sus opiniones unas veces por edícta, como el pretor;
otras por mandata, instrucciones dirigidas a magis- •
trados; por rescripta, respuestas a los magistrados que
le consultaban; ya finalmente por decreta, resolu-
ciones tocantes a los puntos dudosos. Estas resolucio-
nes fueron codificadas de tiempo en tiempo por abo-
gados con el fin de facilitar su busca, pero la pri-
mera colección autorizada y oficial de este género
fué el Código Teodosiano (de Teodosio 11), dado a
conocer el ~o 438 1•
1 Salvio Juliano, en la época de Adriano, hahÍ¡¡. publi-
cado un resumen del derecho pretoriano con el titulo de
Edictum perpetuum. En tiempos de Antonino y Marco Aure-
lio, Gayo escribió sus Institutiones, descubiertas en parte por
Niebuhr en un palimpsesto de Verona (1816). En tiempo
de Septimio Severo florecieron los famosos jurisconsultos
Papiniano, Ulpiano y Pablo. El Código Teodosiano se pro-
mulgó el año 438 por Teodosio 11. Lo había redactado una
comisión cuyos trabajos duraron nueve años. Una recopila-
ción más completa que las anteriores, el Código ]ustiniano,
en 12 libros, apareció el año 529 y vino a ser ley del
Imperio. Otra edición, única que conocemos, )a publicó
Triboniano el año 539. El Digesto o Pandectas se hizo entre
la primera y la segunda edición del Código. Apareció el
año 533 con el titulo de Digesta sive Pandectae juris. Es
una recopilación en 50 libros de las obras de Jos mejores
jurisconsultos. Las lnstitutas, publicadas el año 533, son
una obra elemental destinada a servir de base para la ense-
ñanza del Derecho. Se llama Novelas o Auténticas a la reco-
pilación de las constituciones promulgadas por Justiniano
después de su Código. Muchas veces están en contradicción
con el Código y con el Digesto.
290 JAMES GOW
195. JuRISDICCIONES. La jurisdicción criminal de
los comicios había pasado prácticamente, desde la
época republicana, a las cuestiones perpetuas. Éstas,
lo mismo que las restantes instituciones judiciales, se
conservaron durante largo tiempo con modificaciones
poco importantes. Augusto aumentó el jurado de los
centunviros y los fusionó con los decemviri stlitibus
judicandis. Añadió también una nueva- decuria de
jueces compuesta de ducenarii, ciudadanos que po-
seían 200.000 sestercios. Las más importantes de las
• reformas imperiales en la administración de justicia
consisten en el rápido curso de las apelaciones y en la
tendencia creciente a prescindir por completo de
jueces por la institución de instancias abreviadas
( cognitiones), en las que el magistrado, en vez de
nombrar .un juez, dictaba él mismo sentencia. Estos
dos cambios se deben a la intervención constante de
los emperadores en los trabajos ~e los tribunales ordi-
narios. Una vez que el emperador se hubo constituido
en juez supremo, las apelaciones llegaron a ser tan
frecuentes que se hizo necesario delegarlas, y cuando
esta clase de juicios abundan mucho, los jueces de
los tribunales inferiores no hallan motivo para poner
mucho cuidado en sus resoluciones.
Las apelaciones en los pleitos civiles eran delega-
das por los emperadores en diversas personas. Las
decisiones de los magistrados urbanos se enviaban
generalmente al praetor urbanus, las de los magistra-
dos provinciales a comisarios del orden consular
(viri consulares). Finalmente, cierto número de ape-
laciones (no sabemos exactamente cuáles) pasaban a
examen del Senado. Parece que no hubo apelación al
emperador mismo, pero siempre podía. anular las
sentencias de sus mandatarios y pedir la causa que
quería juzgar personalmente. En época posterior, las
apelaciones en las causas italianas pasaban al pre-
ROMA 291
fecto de la ciudad, la.S de las causas provinciales al
prefecto del Pretorio.
En materia criminal tuvo el Senado nueva juris-
dicción sobre los miembros del orden senatorial, y
como sus sentendas tenían fuerza de ley (salvo in-
tercesión del príncipe), la pena capital volvió a ser
aplicable y se aplicó con gran frecuencia. Las cues-
tiones perpetuas siguieron funcionando. Se apelaba al
emperador tanto de las sentencias de estos tribunales
como de las de los gobernádores provinciales. Poco
a poco, no obstante, la importancia creciente de la
policía imperial puso toda la jurisdicción criminal en
manos de los oficiales imperiales. Las quaestiones
no podían funcionar sino cuando pre1entaba una acu-
sación formal un ciudadano; per() la policía, dis-
poniendo de medios excepcionales de información,
descubría a los delincuentes y los entregaba a los
delegados del emperador.
El procedimiento siguió siendo, en tiempo del Im-
perio, lo que había sido bajo la República, tanto que
se sostuvieron los mismos tribunales.

XXX. HACIENDA ROMANA

196. GASTOS. Es evidente que en tiempo de la


República, cuando todas las funciones superiores del
Estado eran gratui~ los gastos ordinarios no po-
dían ser muy comi~bles. El total del presupuesto
de gastos comprendía los siguientes capítulos:
19 CULTO PÚBLICO; sacrificios, procesiones, etc., or-
denados por el Senado, bajo la inspección de los
pontífices.
29 OBRAS PÚBLICAS; construcción de caminos, acue-
ductos, etc., ordenadas por el Senado y encomenda-
das a los censores.
39 E J ÉRClTO (desde el año 406 a. de J. C.) ; gastos
292 JAMES GOW
ordenados· por el Senado, con intervención de los ge-
nerales y de los cuestores. En la época de Polibio,
según hemos dicho, cada infante romano percibia
anualmente 1.200 ases o 120 dineros. César elevó este
sueldo a 225 dineros, Domiciano a 300. Los centu-
riones percibían el doble y los caballeros el triple.
Había también sueldo especial para la guardia del
general y para algunos otros cuerpos. Los soldados
romanos debían proveer por sí mismos a su alimen-
tación; pero los italianos y los mercenarios eran ali-
mentados a expensas del Estado. Había también que
comprar carros y máquinas, que pagar a los conduc-
tores y maquinistas que exigía su servicio. En tiempo
de Augusto se calcula que una legión de 6.000 hom-
bres costaba al Estado alrededor de 1.600.000 dine-
ros, o sea más de 1.500.000 pesetas al año, y que los
gastos totales del ejército se elevaban a más de 50 mi-
llones. Hay que añadir aún los gastos de la flota, las
fortalezas, diversas pensiones y recompensas, etc.
49 PAGO DE LOS FUNCIONARIOS SUBALTERNOS, em-
pleados, escribanos, etc., ordenado por el Senado a
inspiración de los diferentes magistrados.
59 SOCORROS PÚBLICOS A LOS POBRES, ordenados
por el Senado y encomendados a los ediles. T . Graco
introdujo la costumbre de vender anualmente a todos
los ciudadanos pobres una cantidad fija de trigo a
precio reducido. Estas larguezas acabaron por costar
cerca de 25 millones al año, hasta que César redujo
de 300.000 a 150.000 el número de los que tenían
derecho a ellas. Elevado de nuevo por Augusto a
200.000, no parece haber sido modificado desde en-
tonces.
69 EL GOBIERNO DE LAS PROVINCIAS Y EL EQUIPO DE
LOS GOBERNADORES PROVINCIALES, llamado ornatio
prouinciae: gastos autorizados por el Senado.
7CJ En tiempos del imperio hubo nuevos gastos por
el sostenimiento de la corte imperial y de las nume-
ROMA 293
rosísimas oficinas colocadas bajo la inmediata direc-
ción del emperador.

197. INGREsos. No conocemos la cifra total de


las rentas del Estado romano en ninguna época de
su historia. Las fuentes de ingresos eran las siguientes:
1'l EL PRODUCTO DE LOS BIENES PÚBLICOS EN ITALIA.
Cuando los romanos se apoderaban de una ciudad,
tomaban para sí una parte del territorio de la misma,
que unas Yeces se cedía a particulares ( datum, assig-
natum), otras quedaba en poder del Estado. En este
último caso, el territorio confiscado se ponía a dispo-
sición de cultivadores o de ganaderos que habían de
satisfacer cierta renta. Más tarde se hizo el arrenda-
miento por cierto número de años y a un preCio con-
venido 1 .
El Estado poseía también y arrendaba minas, pes-
querías y montes.
2Q TRmUTOS DE LAS PROVINCÍAS. Se consideraba
de pertenencia de Roma toda la provincia, la cual
tomaba una parte del territorio y permitía a los habi-
tantes conserv.ar el resto, a condición de pagarle ya
el diezmo de los productos en especie (de cuma), ya
una cantidad fijada de una vez para siempre (stipen-
dium, vectigal certum). El primer sistema fué adop-
tado en Sicilia y en Asia, el segundo en todas las
demás · provincias, incluso, en tiempo del Imperio,
en las citadas. A más del diezmo, el Senado podía
también de tiempo en tiempo imponer a las provin-
cias la obligación de proporcionar ciertos artículos a
precio fijo. El tributo se percibía por lo general, no
individualmente sino por distritos, que se obligaban
a fijar una cantidad que ellos mismos se distribuían.

1 El ager publicus de Italia fué gradualmente distribuido


entre colonos, en particular veteranos. Las últimas· parcelas
disponibles se enajenaron de esta suerte en tiempo de César.
294 JAMES GOW
En tiempo del Imperio, cuando llegó a ser necesario
obtener todo el dinero posible, la cuantía de lo que
cada distrito había de satisfacer fué rigurosamente
proporcionada a la riqueza de los habitantes, y por
ello Augusto instituyó el censo general del Imperio
de que se hace mención en el Evangelio de San Lu-
cas (11, I).
Tan sólo el sobrante de los vectigalia provinciales,
después de satisfechos los gastos de la provincia, pa-
saba al Tesoro romano.
39 IMPUESTOS INDIRECTOS ORDINARIOS, tales como
los derechos de puertos, aduanas, mercados, etc. T o-
dos recibían el nombre general de portoria.
49 MONOPOLIOS. A partir del año 508 a. de J. C.,
el Estado se reservó el monopolio de la venta de la
sal. Más tarde tuvo también el del cinabrio (mini um),
y del bálsamo.
El Estado obtenía también importante beneficio de
la acuñación de la moneda, del producto de las mul-
tas, confiscaciones, sacramenta, etc. {véase § 190).
59 LOS IMPUESTOS DIRECTOS ORDINARIOS fueron casi
todos instituidos por Augusto. Consisti~n sobre todo
en el 1 por 100 de las ventas en pública¡: subasta
( centesima rerum venalium), en el 4 por lOO· (quinta
et vicesima) de la venta de esclavos, en el 5 por 100
(vicesima) sobre las emancipaciones 1 y en el 5 por
100 de las sucesiones ( hereditates).
69 IMPUESTOS DIRECTOS EXTRAORDINARIOS. En tiem-
po de la República era la regla que ningún ciuda-
dano podía pagar directamente por sus bienes, pero
la regla quedaba en suspenso cuando había guerra, y
se establecía entonces un tributo. Consistía en un tanto
por ciento (según las necesidades del momento) sobre
la riqueza de los ciudadanos, tal como se consignaba
en las listas de los censores. Parece que el tributo era,

1 Impuesto muy antiguo establecido en el 357 a. de J. C.


ROMA 295
teóricamente, un empréstito forzoso contraído por
el Estado y que había de reembolsarse. Sabemos que
efectivamente así se hizo, en ocasiones, en total o
en parte, con cargo al botín hecho al enemigo:
Jamás se impuso tributo después del año 167 a. de
J. C., época en que las rentas de las provincias bas•
taron para proveer a los gastos militares.

198. ADMINISTRACIÓN FINANCIERA. Hemos dicho


que el Senado había re~ibido del pueblo el derecho
de fiscalización casi absoluta en lo relativo a la Ha-
cienda pública. :e1 fijaba la cuantía de los tributos y
cuidaba del pago.
En tiempo de la República no había más que un
tesoro, el aerarium Saturni, depositado en el templo
de Saturno y de Ops, bajo la custodia de los pretores
urbanos.
Había dos maneras de percibir los impuestos. Los
que producían una cantidad fija al año, como el tri-
butum o stipendium de las provincias, los cobraba
directamente el Estado, por medio de sus funciona-
rios de Hacienda y de los magistrados locales. Los
que, como los portoria, producían cantidades varia-
bles según la situación del comercio, eran arrendados
a publicanos, constituídos frecuentemente en socieda-
des por acciones, que, pagando una suma determi-
nada de antemano, se ocupaban luego de ingresar
los tributos con el apoyo de la autoridad. En los con-
tratos de este género, el Estado estaba representado
por los censores, y la sociedad de arrendatarios ( pu-
blicani) por un contratista (manceps). Los publica-
nos pertenecían todos a la clase de los caballeros,
porque como los senadores fijaban los impuestos,
no podían estar directamente interesados en su per-
cepción.

199. EN TIEMPO DEL IMPERIO hubo dos tesoros: el


296 JAMES GOW
aerarium del Senado y el fiscus del emperador. El
aerarium percibía las rentas de las provincias sena-
toriales (véase pág. 254) ; pero los emperadores pu-
sieron muchas veces mano en ellas. Augusto, el año 6,
añadió al fiscus un aerarium militare especial, que
recibió como principio una dotación de 176 millones
de sestercios, tomados del aerarium, y que se alimentó
en lo sucesivo con el producto anual de los impues-
tos sobre las ventas y las sucesiones. Las rentas de
algunos otros impuestos se atribuyeron por otros em-
peradores a objetos especiales, tales como la construc-
ción y reparación de caminos.
El fisco servía para sostener al emperador y sus
funcionarios, el ejército, la marina y los correos. Pri-
mero alimentado por el sobrante de las rentas de las
provincias imperiales, aumentó más tarde a expensas
del aerarium. Administraba este tesoro un contador
(a rationibus), que en el siglo u vino a ser funciona-
rio importantísimo. Como tenía por objeto proveer a
los gastos del Estado, el fisco era, teóricamente, dis-
tinto del patrimonio del emperador ( patrimonium
Caesaris), pero esta distinción fué pocas veces tenida
en cuenta, y los emperadores adoptaron la costumbre
de echar mano del fisco para todos sus gastos perso-
nales de cualquier clase.
En los primeros tiempos del Imperio, los impues-
tos siguieron siendo percibidos en parte por los arren-
datarios y en parte por los funcionarios del Estado,
pero poco a poco los emperadores, como se apro-
piaban cada vez más las rentas del Estado, se atri-
buyeron también el derecho de nombrar en todas las
provincias, tanto senatoriales como imperiales, pro-
curatores Augusti, que cuidaban del cobro de los
diferentes impuestos. Cuando esos procuratores se
establecieron en todas partes, quedó suprimido el
arrendamiento de impuestos, siendo éstos en adelante
directamente percibidos por los emperadores.
0}J.LV3.L 13
a~'HVd V .L'HVfiD
XXXI. TEATRO GRIEGO

200. ÜRÍGENES DEL TEATRO GRIEGO. Es evidente


que el drama griego nació de los cantos y de las
danzas rústicas que acompañaban al _culto de Dioni-
sos, el dios de la viña, y que sus primeros desenvolvi-
mientos se deben a las ciudades dorias, en particular
a Corinto y Megara. Pero la historia primitiva del
teatro sigue siéndonos bastante oscura, como lo era ya
para los griegos mismos en la época de Aristóteles
(340 a. de J. C.).
El culto de Dionisos, aun cuando extranjero de ori-
gen, era muy antiguo en Grecia. Los cantos y danzas
que le acompañaban parecen estar determinados en
parte por la tradición, en parte ser improvisados. Sin
duda un individuo improvisaba una canción, en tanto
los demás cantaban a coro un estribillo tradicional,
acompañándose de groseras danzas. Arquíloco (por
el año 700 a. de J. C.) se vanagloriaba de brillar en
la improvisación de esos ditirambos.
Arión de Corinto (por el año 600 a. de J. C.) es
el primero que enseña a un coro a danzar en círculo
alrededor de un ara y a cantar una oda ditirámbica
especialmente escrita para el momeato 1. Este coro
parece haber estado compuesto de 50 individuos dis-
frazados de sátiros, que los griegos llaMaban -tQáyoL
(machos cabríos, capripedes satyri, escribe Horacio),

1 Por esto el coro ditirámbico se llama xúx).~o:~ XOQÓ~ y la


orquesta del teatro griego era circular.
300 JAMES GOW
de donde el nombre de 'tQayqxHa, dado al ditirambo
regular y a la tragedia que de él había de nacer más
tarde.
Parece también que el jefe del coro se encargaba
entonces de ejecutar el solo, y que en las pausas del
ditirambo se subía a la mesa ( EAEÓt;, {h,)!ÉAt¡) donde
se ofrecían los sacrificios y cantaba una composici6n
en versos trocaicos refiriendo una aventura de Dioni-
sos. Como las fábulas concernientes a este dios eran
en parte trágicas y en parte c6micas, los cantos del
ditirambo participaban de este doble carácter. El di-
tirambo improvisado, introducido primeramente en
la ciudad doria de Corinto, es el antecesor de la tra-
gedia ática, cuyas partes líricas conservan siempre,
en cierta medida, las particularidades del dialecto
dorio.
En tanto que las fiestas celebradas en las ciudades
adquirian de esta suerte carácter artístico, las de las
aldeas ( x<011m) seguían siendo tan rústicas como en
el pasado. Pullas a los asistentes, imitaciones cómicas
de hombres y de animales constituían el fondo de
aquellos diálogos improvisados 1 .

201. TRAGEDIA. Se atribuye a Tespis, nacido en


el demo ático de Icaria, la transformación del diti-
rambo en drama~- Introdujo primeramente un actor
.1 Los plaustra o carros encima de los que, en opinión de
Horado (Ars poet., 276), Tespis habría representado trage-
dias c::n un principio, correspondían a las fiestas rústicas en
que los aldeanos dirigían pullaJ desde lo alto de sus chirriones
tq¡ ' ó.~ó.l;l]~ íí6Q\~ov.Hay que notar que la historia resumida
del drama que:: hace Horacio en su Art11 poética está llena
de inexactitudes, aun cuando parece tomada de fuente
griega.
2 He aquí las fechas más importantes con relación a la
historia de la tragedia antigua: Arión, nacido por el año 630
a. de J. C.; Tespis, nacido por el 580 ; Querilo, florecía
desde el 523 al 499; Frínico, del 511 al 4 76 ; Prátinas, rival
EL TEATRO . 301
que conversaba con el director del coro, y que, cam-
biando de traje y de ·máscara, representaba sucesiva-
mente varios personajes. Muy pronto dejó de limi-
tarse el asunto del drama a las aventuras de Dionisos,
y el coro no se compuso ya de sátiros. Las representa-
ciones dramáticas hicieron rápidos progresos. En Ate-
nas, a partir del año 500 a. de J. C., se construyó una
tribuna de madera para los espectadores, y los auto-
res dramáticos se disputaron los premios. Esquilo in-
trodujo un segundo actor, Sófocles un tercero, y uno
u otro de ambos poetas (los testimonios no están de
acuerdo acerca del particular) imaginó decoraciones
pintadas que aumentaban la ilusión .1 . '

202. TRILOGÍAS. En la época de T espis, y mucho


tiempo después de él, parece que el carácter de las
tragedias no fué necesariamente melancólico. Unas
veces eran tristes y otras alegres, como la "t'Qaycpala
ditirámbica primitiva. Cuando se instituyeron los con-
cursos dramáticos, se reconoció sin duda que era di-
fícil comparar )os méritos de autores rivales, uno de
los cuales presentaba una obra seria y otro una obra
cómica 2 • Quizás también se pensó que el antiguo coro
satírico no debía quedar absolutamente en desuso 3 •

de Querilo y de Esquilo, en el 500; Esquilo, 526-456; Sófo-


cles ; 495-405; Euripides, 480-406; Frínico pasa por ser el
que introdujo en escena personajes femeninos (pero los acto-
res fueron siempre varones). No se sabe cómo ni por quién
se sustituyó en el diálogo el metro yámbico al trocaico.
1 Esquilo aprovechó las mejoras debidas a Sófocles. En
Las Suplicantes, Los Persas y el Prometeo, no hay más que
dos actores, pero La Oresttada ( 458 a. de J. C.) exige tres.
2 Así Prátinas, dícese, había hecho representar 50 obra~,
de ellas 32 satíricas, es decir, muy probablemente cómicas.
l3 Plutarco y otros escritores posteriores refieren que el
pueblo se quejaba de que las tragedias no tuvieran nada de
común con Dionisos, oúllev nQ(>e; 1:ov ÓLÓVuaov •
302 JAMES GOW
Sea lo que quiera, los poetas adoptaron la costumbre 1
de presentar cada uno cuatro obras (una tetralogía),
formando las tres primeras una trilogía; es decir, una
historia trágica en tres partes, mientras que la cuarta
era un drama satírico, obra cómica con coro de sá-
tiros. Así el Agamenón~ las Coéforas y las Euménides,
de Esquilo, formaban una trilogía trágica, seguida del
Proteo, drama satírico 2 • Parece también que la insti-
tución de las tetralogías rompió la unidad del antiguo
coro trágico de 50 bailarines, y que cuatro coros, com-
puestos cada uno de 12 coreutas, sirvieron en adelante
para las cuatro obras.
En un principio· las trilogías clásicas se referían,
como en la Orestíada de Esquilo, a diferentes episo-
dios de la misma fábula. Más tarde comprendieron
generalmente tres tragedias cuyos asuntos eran ente-
ramente distintos 3 • Esta innovación se atribuye ge-
neralmente a Sófocles, pero sin suficiente autoridad,
fundándose sobre todo en ~1 testimonio de Suidas,
lexicógrafo bizantino del siglo xx, según el cual Só-
focles habría sido el primer concursante al premio de
la tragedia con un ~QafA.a 1tQOc; ~Q<ifA.a y no con una
tetralogía.
Estas palabras oscuras de Suidas exigen otra ex-

1. Se ha atribuído esta innovación a Esquilo, pero proba.


blemente sin razón.
2 La trilogía de Esquilo es la única que ha llegado a nos-
otros. El Clclope, de Eurípides, es la única pieza satírica
que nos queda. Conocemos los títulos de varias tetralo-
gías que nos han sido conservadas en las cortas únotion;
que varios gramáticos ponen al frente de las obras del tea-
tro griego. Esas \m:otiaeL~ tienen por principal origen una
lista ddhllao~aAÍaL,o catálogo de obras representadas, que
Aristóteles había recopilado auxiliándose de los archivos ofi-
ciales de Atenas. Este catálogo de Aristóteles se ha perdido.
3 Por ejemplo, la lfigenia en Áulide, el Alcme6n en Co-
rinto (perdida) y las Bacantes, de Eurípides, formaban una
trilogía.
EL TEATRO 303
plicación. Sófocles no produjo más que una tragedia
a la vez, y habría cesado, en su época, la representa-
ción de tetralogías en los concursos dramáticos. Efec-
tivamente, las tragedias eran cada vez más largas y
debía hacerse difícil la representación . sucesiva de
cuatro obras. El Edipo en Colona, de Sófocles, tiene
1.780 versos, mientras que los Persas, de Esquilo,
sólo 1.070. H ay que observar también que a Só-
focles no se atribuye trilogía alguna 1, y que elevó
de 12 a 15 el número de los coreutas de la tra-
gedia. Por otra parte, es seguro que muchos poe-
tas escribieron hasta el siglo IV. tetralogías. Se ha emi-
tido la opinión de que solamente la obra mejor de di-
éhas tetralogías era la representada en el teatro de
Atenas, y que ella únicamente disputaba el premio.
Esta opinión explicaría la importancia preponderante
de ciertas obras, como la Medea, de Eurípides, que al
principio formaba parte de una trilogía, pero la con-
tradicen algunos otros testimonios. Así sabemos que
el año 341 a. de J. C. se representaron en Atenas dos
obras de una trilogía. La cuestión debe, pues, consi-
derarse como no resuelta.

203. DRAMA sATÍRico. · La historia del drama sa-


tírico se enlaza con la de la tragedia y origina las
mismas dificultades. Es seguro que este género de
obras no tardó en entrar en decadencia, porque el
año 438 Eurípides hizo representar el Alcestes, especie
de tragicomedia, en vez de un drama satírico, como
cuarta obra de una tetralogía 2 •

1 Debió, no obstante, haber escrito algunas en su juven-


tud, porque se le atribuyen dramas satíricos que no han
llegado a nosotros.
2 Hay motivo para creer que la obra satirica, aun cuan-
do mencionada en último lugar en las tetralogías, se repre-
sentaba antes de las tragedias.
304 JAMES GOW
204. CoMEDIA. ·La historia primitiva de la come-
dia es muy oscura, tanto que Aristóteles no sabía más
de ella que nosotros. t.l refirió el nombre comedia no
a la palabra x<i>f!o¡;;, regocijo, sino a x<Óf1TJ, aldea.
Susarión de Megara, por el año 580 a. de J. C., pa-
rece haber organizado en una especie de farsa con
coros, en que los lazzi ocupaban lugar preponderante,
ciertos episodios de las fiestas rústicas que se celebra-
ban en honor de Dionisos. Más tarde empezaron a
representarse, entre los dorios de Sicilia, escenas bur-
lescas tomadas de la mitología, y Epicanno de Cos
(por él año 4 70 a. de J. C.) , que vivió en Megara y en
Siracusa, adquirió gran reputación con obras de este
género. En Atenas, la comedia aparece de pronto con
carácter a la vez político y satírico. Gratino ( 448 a. de
J. C. ), Crates, Eúpolis y Aristófanes (nacido por el
año 448) fueron los principales autores de la comedia
antigua, cuyo distintivo es la crítica muy libre que en
ella se hace de los asuntos públicós y en contra de
los estadistas de renombre. Al término de la supre-
macía ateniense la licencia de la comedia fué restrin-
gida por varias leyes, y desde entonces los poetas có-
micos limitaron sus ataques a )as costumbres, a las
modas y a las ideas filosóficas de actualidad. Así, la
Asamblea de las mujeres, de Aristófanes, es una sáti-
ra contra los abogados de los "derechos de la mujer",
quizás particularmente contra Platón. El papel del
coro era muy limitado en la comedia, y así en el
Pluto se contenta con tomar parte en el diálogo. últi-
mamente se suprimió el coro en la comedia. La co-
media m edia (390..320 a. de J. C.) no fué ya más
que una caricatura de las costumbres del tiempo, sin
coros, y condujo a la comedia nueva (320-250) de
Menandro o/ de Dífilo, comedia de carácter a que
pertenecen las obras de Plauto y de Terencio.
EL TEATRO 305
205. CoMPOSICIÓN DE LA TRAGEDIA. La tragedia
griega comprende de ordinario las siguientes partes:
l. TI Qó.f.oyo~ , o acto primero, antes de la entrada
del coro 1.
2. TI <ÍQObo~, composición lírica cantada por el CO-
ro a su entrada en el teatro.
3. • E~euJÓblOv ~Qw-rov, o acto segundo 11•
4. ~t'<Í(H¡.t.ov ~Q<irrov, o canto primero ejecutado por
el coro sin moverse (en oposición a la ~áQobo~, que
ejecutaba trasladándose) .
5. • E~Etoóbwv btÍit'EQOV, o acto III.
6. ~t'<ÍOL!lOV bevn(.lov, o segundo canto del coro.
7. • E~ELoóbLov TQttov, o acto IV.
8.l:-ráot11ov 't'Q(-rov, o tercer canto del coro.
9. ,E~obo~, o acto V.
En otros términos, una tragedia griega comprendía
generalmente cinco actos, separados por cuatro can-
tos del coro. El primer acto se llamaba comúnmente
n{>ÓAoyo¡; el último f:~obo¡;; los otros E:rtetoóbta. El pri-
mer cantd del coro se llamaba :rcáQoboc;, los otros, o-rá-
Ot!la. Podía haber partes corales o líricas en un epi-
sodio, por ejemplo, lamentaciones ( XO!l!lOt), en que
tomaban parte los actores y los coros, y cantos ejecu- '
· tados en escena ( a~o oxlJviic;) por un actor, pero estos
trozos líricos no pertenecen a los ot'<ÍOL!la • El otá-
OL!lOV se caracteriza porque de él se excluyen los ver-
sos anapésticos y trocaicos.
Muchas obras dramáticas griegas no encajan exac-
tamente en estas divisiones. Así los Persas y las Su-

1 Eurípides comienza muchas veces una obra con el re-


lato de los sucesos que preparan la acci6n. Este relato se
llama tambi~n l"!QÓ1oyo~.
2 ' Enetaólhovsignifica "lo que sigue a la entrada (efO"o6o~)
del coro". La palabra se aplicó primeramente al relato
inserto en la pausa del ditirambo, pero se usó más tarde
para designar las partes de la obra que se desarrollaban
entre los cantos del coro.
306 JAMES GOW
plicantes de Esquilo empiezan por la :TtÚQo()oc; , y el
primer acto 'de ·estas tragedias no puede casi califi-
carse de :TtQÓAoyoc;. La párodos, en la Electra de Só-
focles, no es un canto ejecutado por el coro solo, sino
un XOfl!lÓc; en el que· toma parte Electra. En Ayax
y en Alcestes, el coro abandona el teatro en medio
de la obra y vuelve a aparecer con un btt:n<ÍQo()oc;
en follila de XOf.L!lÓc;. Estas diferencias son, sin embar-
go, poco importantes.
...
206. PARÁBAsis. La comedia obedece al mismo
plan constructivo que la tragedia, pero como en ella
el coro estágeneralmente enlazado de modo íntimo a
la acción, los o"t<ÍCJL¡.Let son más cortos que en la trage-
dia. Después del prólogo y la :Tt<ÍQoboc;, la ·división
más marcada de la obra tiene lugar en el momento en
que los actores abandonan momentáneamente la es-
cena. Entonces se incluía la parábasis, así llamada
porque el coro daba la vuelta y avanzaba en dirección
a los espectadores. La parábasis completa compren-
día las siguientes divisiones:
l .. Ko¡.L¡.tánov , corto adiós a los actores :
2. TI etQá6aCJtc;, alusión a los asuntos públicos o de
interés general, escrita casi siempre en anapestos y
terminando por el
3. TI viyoc; ó ¡.tetXQÓV, pasaje en dímetros anapésticos,
que había de ser recitado· muy rápidamente. Hasta
entonces. había conservado el uso de la palabra el co-
rifeo o director del coro. Ahora el coro se divide, y la
mitad de los coreutas empiezan a cantar una·
4. l:TQOqní u oda religiosa. Luego el corifeo, guian-
do la mitad del coro, recita el
5. 'E:nLQQTJ!lll, en tono festivo y versos trocaicos.
La segunda mitad del coro entona entonces .la
6. • A V'ttCJTQO<pÍ), oda análoga a la CJTQ o<pT¡. Por úl-
timo, venía la
EL TEATRO 307
7. 'AvtEXLQQ'l'}¡.ta, análoga a la€n:(QQ'l'}f.A.«,recitada
por el director de la segunda mitad del coro. Las pa-
ribasis de los Acarnenses, de los Caballeros, de las
Nubes, de las Avispas y de las Aves están completas.
La de la Paz no tiene En:tQQ'IÍf..l«Ta; hi de las Ranas no
comprende sino las partes 4 a 7, y la de las Fiestas de
Ceres (Thesmophoriazousae) es también muy corta.
Las otras tres obras que nos quedan de Aristófanes
carecen en absoluto de paribasis.

207. NÚMERO DE ACTORES 1 • Hemos dicho ya


que las primeras obras de Esquilo están escritas para
dos actores y las últimas para tres (p. 301). No pa-
rece que hubo por lo general mis de tres actores.
No obstante, el Edipo en Colona ·hacía necesarios
cuatro, a menos que el papel de Teseo fuera des-
empeñado por los tres primeros sucesivamente. Tam-
bién en la comedia era regular el número de tres
actores, pero se necesitaba con frecuencia un cuarto
para un papel secundario. Así, en las Aves, Pistete-
ro, Heracles, Poseidón y el Tribalo salen todos a es-
cena y hablan a la vez. Asimismo, en las Ranas,
Jantias, Dionisos, la huéspeda y su criada Plátana.
En Ayax, Alcestes y Andrómaca se necesita absoluta-
mente un actor que haga el papel de niño, a máa de
los tres adultos que con él salen a escena.
Los actores se llaman generalmente \moxQl'ta( (res-
ponsores). Los tres principales ,que figuraban en una
obra se llamaban XQWl'aywv~aTÍ)~, ()EUTEQaywvLa-ri); ,
'tQLtúyO>vL<J't'IÍ~ . Todos eran varones. El protagonista
asumía el papel más importante ; el deutúagonista,
el segundo, generalmente de mujer. El tritagonista
desempeñaba varios papeles, y ocurría también que

1 Los actores son los personajes que toman parte en el


diálogo. A má.5 de los actores,-habia un número indetermi-
nado de personajes · mudos, XOOfi'cl ltQÓarona •

....;;;;
308 JAMES GOW
los dos primeros actores tuvieran que encargarse de
un papel secundario a más del que desempeñaban.

208. NÚMERO DE COREUTAs. El coro de las pri-


meras tragedias de Esquilo tenía 12 coreutas. Sófocles
elevó el número a 15, y Esquilo tuvo probablemente
coro de 15 individuos en la Orestíada. En la comedia
figuraban 24 coreutas. Estas cifrás comprenden el di-
rector del coro, XOQU<p<XLO!ó, pero no el avAl}"tlÍ~ o flau-
tista, que acompañaba los cantos.

209. FIESTAS DE DJONISOS EN ATENAS. Los ate-


nienses celebraban cuatro fiestas dionisíacas al año, a
saber:
l. Las Dionisíacas rústicas (xat' ayQO'Ú~) ' en el
mes de Poseideón (diciembre) .
2. Las Aljvata. en Gamelión (enero) .
3. Las • A v{}E(ft'TjQta , en Antesterión (febrero) .
4. Las AwV'Ú<Jta J.LEyál..a o tv aout, en Elafebolión
(marzo).
Había representaciones dramáticas en tres de di-
chas fiestas, las Dionisíacas rústicas, las Leneas y
las grandes Dionisíacas.
Las Dionisíacas rústicas fueron las primeras insti-
tuídas. No se celebraban en Atenas, sino en los de-
mos, y después de instituídas fiestas más solemnes,
no se representaron en ellas más que obras que ya
habían gozado de este honor en la misma Atenas.
Las Leneas fueron instituídas en la época de Pi-
sístrato. A estas fiestas concurrieron Frínico, Querilo,
Prátinas y Esquilo. Cuando se instituyeron las gran-
des Dionisíacas (poco tiempo después de las guerras
Médicas), la nueva fiesta se reservó para las trage-
dias, y en las Leneas se representaron comedias.
Durante el gobierno de Pericles, en fecha que no
conocemos con exactitud, ta comedia fué admitida en
las grandes Dionisíacas ·Y la tragedia en las Leneas.
EL TEATRO 309

Desde entonces las representaciones dramáticas en


ambas fiestas vinieron a ser semejantes; pero como
las Leneas eran fiestas más tranquilas, mientras que
la solemnidad de las grandes Dionisiacas atraía mul-
titud de extranjeros, los concursos que tenían lu-
gar en estas últimas eran más brillantes, al menos
para la tragedia. Por su mismo carácter, la comedia
ateniense se dirigía sobre todo a un auditorio local,
mientras que la tragedia, que trataba asuntos de or-
den general, interesaba a todos los habitantes del
mundo helénico. Los A.carnenses, los Caballeros, las
A.uispas y las Ranas, de Aristófanes, se representaron
en las Leneas. Las demás comedias que nos que-
dan parecen haberse representado en las grandes Dio-
nisiacas.
Hasta el año 350 a. de J. C., aproximadamente, no
se representaron más que obras nuevas en las Leneas
y en las grandes Dionisiacas. Desde dicha época se
repitió generalmente una obra antigua célebre, aná-
loga a las clásicas que entre nosotros son de reper-
torio.
Copias esmeradas de las obras de los grandes poe-
tas dramáticos griegos eran conservadas en los archi-
vos del Estado, y estaba prohibido a los actores in-
troducir cambios en ellas, aun cuando no parece ha-
ber sido observado rigurosamente el precepto.

210. CoNCURsos DRAMÁTicos. Tanto en las Le-


neas· como en las grandes Dionisiacas, se concedía
un premio a los poetas trágicos, otro a los coregos,
que sostenían el coro, y un tercero a los protagonistas.
El primer arconte presidía las grandes Dionisiacas y
el arconte-rey las Leneas. Los autores dramáticos
les ofrecían sus obras para la fiesta venidera, y parece
seguro que en el siglo v a. de J. C. no se admitían
por lo general al concurso más que tres poetas cómi-
cos y tres trágicos. Se cree que las fiestas duraban

·¡
1
310 JAMES GOW
tres días, pero no se sabe cómo se distribuía la re-
presentación de los dramas en este tiempo. Es seguro
que se empezaba por las comedias 1 .

211. PRELIMINARES DE UNA REPRESENTACIÓN. Si


el arconte admitía un poeta a concurso, le concedía
un COTO ( J.OQOV a1Mvm ). o más exactamente, asignaba
por sorteo a cada poeta un corego y tres actores 2 , a·
cada corego un maestro de coro ( J.OQO()l()áoxaAO~ ) y·
un flautista. Los maestros de coro~ los actores y los
flautistas eran artistas de profesión. Los coregos eran·
ciudadanos ricos, nombrados uno por cada tribu para
subvenir a los gastos de las representaciones dramá-
ticas (véase § 77) .
Los poetas y los actores eran retribuídos por el Es-
tado. El deber del corego consistía en reclutar el coro,
cuidar de que fuera suficientemente enseñado, pro-
porcionarle trajes y máscaras y pagarle los ensayos y
representaciones. El corego pagaba al maestro de coro
(que era muchas veces el poeta mismo) y al flautista.
Probable es que hubiera también de reclutar y pagar
a los personajes mudos, a los que cantaban dentro

1 Si las fiestas duraban cuatro días, como piensan algu-


nos eruditos, no es difícil combinar un programa de represen-
taciones, a condición de omitir el d rama satírico. Primer
día,· tres comedias ; segundo día, tres tragedias ; tercero y
cuarto día, tres tragedias. Quizás hay que explicar d e esta
suerte al testimonio ya citado de Suidas (p. 302), según el
cual Sófocles habría introducido la comparación de !lQñlloa
nQo~ liQñlloa .En vez de una trilogía entera, Sófocles dió la
idea de representar cada día una obra de cada trilogía. De
este sistema debía resultar que se interrumpiera la continui-
dad de las trilogías y que se favoreciera la composición de
aquéllas en que eran distintos los asuntos de las tres tra-
gedias.
2 Hay alguna duda con respecto a los actores, porque
se dice que Sófocles tenía preferencias por algunos y escri-
bía papeles a ellos destinados, lo cual hace suponer que el
poeta podía elegirlos.
EL TEA'I\RO 311.
(como eri las Ranas, de Aristófari~s), y, en caso nece-
sario, al cuarto actor. La costumbr-e exigía también
que diera un banquete a los actores Yeunidos.
El arredantario del teatro (8Eat'QOOVl']t;, 8Eat'QOJtc'Ó-
Al'Jt; o aQXLTÉX:CúJV) daba los trajes para los actores,
decoraciones y demás accesorios.
Todos estos preparativos se hacían, naturalmente,
bajo la dirección del poeta, que se encargaba también,
por lo ~:meral, si no de instruir al coro, al menos de
dirigir los ensayos de los actores ( at~Ú<JXELV) •
Así, para los griegos, producir una obra era sinóni-
mo de enseñarla, y se llamaba fltaa<Jxal.ia a una lista
de representaciones dramáticas. Los antiguos poetas
dramáticos tenían papel en sus propias obras. Sófo-
cles representó dos veces, pero le faltó la voz para
seguir haciéndolo. Eurípides no se presentó jamás en
escena, como tampoco Aristófanes, aun cuando, equi-
vocadamente, se haya dicho que desempeñó el papel
de Cleón en los Caballeros.
Antes de comenzar la representación, la compañía
desfilaba ante el público (nQoaywv). La estatua de Dio·
nisos era sacada del templo y colocada en el teatro.
Por último, el arconte designaba a la suerte, entre
personas nombradas par la Boulé y los coregos, diez
jueces, a razón de uno por tribu. Éstos prestaban ju-
ramento de no conceder el premio sino teniendo en
cuenta los méritos de los concursantes. Poseemos al-
gimas inscripciones áticas en que se enumeran poetas
vencedores, coregos, protagonistas, etc. Quizás ate-
niéndose a documentos de esta índole, redactó Aristó-
teles la lista de las didascalías de que hemos habla-
do. El premio concedido al corego era, comúnmente,
un trípode o una tablilla \ que dedicaba a Dioni-
sos con una inscripción recordando el triunfo obteni,do.

1 Quizá el trípode sólo se daba a los vencedores c::n los


concursos líricos.
312 JAMES GOW
Un heraldo, en el teatro, proclamaba el nombre
del poeta, después de lo cual la representación empe-
zaba muy de mañana y duraba el día entero.

212. TEATRO. Nuestro conocimiento del teatro


griego se funda, principalmente, en las obras que nos
han llegado, en ciertas pinturas de vasos que se re-
montan al siglo m y al siglo IV a. de J. C., en gran
número de ruinas de teatros antiguos, que tienen hue-
llas de modificaciones sufridas en la época romana,
finalmente en los testimonios de Vitrubio ( 180 de
nuestra Era) y de varios escoliastas o gramáticos. Los
pormenores de la disposición material del teatro grie-
go no dejan de ·ser muy poco claros para nosotros.
Comprendía tres partes principales : 19, el {}Éa'tQOV
propiamente dicho, donde se sentaban los especta-
dores; 29, la ÓQXTJ!J'tQa, donde evolucionaba el coro;
39, el /..oyeiov, donde estaban los actores.
El {}Éa'tQOV se componía de cierto número de gra-
das dispuestas en semicirculo y adosadas a la pen-
diente de una colina. El hemiciclo estaba dividido en
secciones por medio de escaleras que irradiaban de
abajo a arriba, y también por anchos pasos entre las
filas de gradas. .
La fila más baja del {}éatQOV rodeaba la Ót>XTJO''tQa,
tribuna levantada que ocupaba más de la mitad del
circulito interior. Las gradas y la orquesta estaban a
cielo descubierto, sin ninguna clase de techumbre.
El A.oyeiov estaba frente a la orquesta. En las rui-
nas de teatrm que nos quedan, es una plataforma de
piedra de 12 pies de altura aproximadamente, abier-
ta en dirección al teatro, pero cerrada por los otros
tres lados por edificaciones en que lo que se veía
estaba decorado artísticamente. Como el fondo or-
dinario de las obras dramáticas griegas representaba
un palacio, se veía casi siempre en segundo término
EL TEATRO 313

Fig. 30.- Plano del teatro de Dionisos, en Atenas


(estado actual).

un edificio de tres pisos, con tres o cinco puertas


que daban a la escena. Las construcciones anexas a
la misma comprendían numerosas habitaciones. De-
314. JAM~S GOW
bajo había salas abovedadas. Se cree que ia escena
estaba protegida por ligera techumbre.
Los grabados 30 y 31 dan idea bastante exacta de
un teatro griego de tipo común. No obstante, en la
época en que se representaron las obras griegas. que

Fig. 31. ~ Plano del teatro de E pidauro (restaurado) l.

poseemos, es probable que el teatro de Dionisos, en


Atenas, no tuviera escenario de piedra. Se cuenta que
en una representación dada el año 500 a. de J. C., y
en que Esquilo era uno de los concursantes, se de~
rrumbó una galería de madera y resultaron heridos
algunos espectadores. Entonces se decidió hacer el
teatro de piedra para evitar la repetición de desgra-
cias semejantes. Se iniciaron trabajos al efecto en la
ladera sudeste de la Acrópolis, pero la obra no se
terminó hasta el año 330 a. de J. C., en tiempo del

1 a a a ... Escaleras. c. Asiento del sacerdote de Baco,


b b b... Descansillo. 1 d d d... Las tres puertas.
EL TEATRO 315
orador Licurgo. En la época de Sófocles, a lo que.
hoy se cree, los asientos altos estaban sencillamente
labrados en la roca; los inferiores eran bancos de
madera; la orquesta constituía un círculo completo
con pavimento de mármol, y el escenario, con los
cuartos destinados al servicio de los actores, era de
madera.
Se ha calculado que podían tener sitio 27.500 per-
sonas en el teatro de Atenas 1 . Platón dice (Banque-
te, pág. 175 E) que 30.000 penonas oyeron la trage-
dia de Agatón. Había teatros mayores todavía; por
ejemplo, el de í.feso, que se dice podía contener más
de 50.000 espectadores.

213. PORMENORES DEL TEATRO. En algunos, el


público entraba por la parte superior. En Atenas pa-
rece que todos los espectadores entraban por los pa-
sillos ( ltCÍQoboL) próximos al escenario y cruzaban la
orquesta para llegar a las escaleras que conducían
a los diferentes puestos. Asientos especiales ( -3Qóvot,
Mat, l'ÓltOt) , en particular los de primera fila ( ltQOE-
bQ L<i), se reservaban a ciertos magistrados y a penonas
a quienes se quería distinguir. En varios asientos her-
mosos de mármol hallados en las ruinas del teatro de
Atenas, se leen los nombres de los personajes oficiales
que debían ocuparlos. Esos asientos, lo mismo que
las inscripciones que ostentan, son posteriores a la
época clásica.

214. PORMENORES DE LA ORQUESTA. Tenemos


por desgracia muy pocos datos respecto al particular,
y las excavaciones recientes verificadas en los teatros
de Atenas y de Epidauro han modificado muchas
ideas admitidas hasta el presente. Es seguro que en

1 Esa cifra se pone en duda hoy. Se habla de 15.000


espectadores salamente.
316 JAMES GOW
muchas obras, en particular en las comedias, el coro se
mezclaba sin dificultad a los actores. Así, en las Eu-
ménides entra en la escena. En el Edipo en Colona
trata de impedir que Creón rapte a las muchachas.
En los Acamenses (V, 563), la mitad del coro quiere
subir a la escena para pegar a Diceópolis. Pero los
escenarios de piedra que hoy subsisten, y que se creen
· copiados de los antiguos de madera, están diez o doce
pies más altos que la orquesta, y los más antiguos no
tienen huella alguna de escalera por delante. Si así
estaba dispuesta la escena en la época clásica, hay
que admitir que el coro evolucionaba sobre una plata-
forma o suelo artificial, que se juntaba con el esce-
nario y estaba un poco más bajo que él. Esta plata-
forma no cubría toda la orquesta, sino que dejaba
del lado de los espectadores un espacio vacío al nivel
del suelo natural. Ese espacio, al menos en época
posterior, se llamaba xov(a~Qa. Por allí pasaban quizás
los que llegaban tarde, y que de esta suerte podían
llegar a sus sitios sin estorbar la representación. Pro-
bable es que la plataforma de laoexf¡a~Qase llamara
-6-uf,liAf) , pero este nombre designa quizás también y
más antiguamente el altar de Dionisos, que citaba
colocado sobre la plataforma o en algún lugar de la
orquesta. En verdad, la palabra -fruf,léArt es entera-
mente oscura para nosotros, y los testimonios antiguos
a ella referentes no son fáciles de conciliar.
Por regla general, el coro entraba en el teatro por
una de las miQo~cH, que servía también para los es-
pectadores, y debía subir a la plataforma por una es-
calera. En algunas obras (Coéforas, H ércules furioso,
Acamenses) en que el coro se oculta a los actores,
parece que descendía de la plataforma a la xóv(a~ea.
Varios críticos piensan también que las parábasis de
las comedias se recitaban en este último punto.
Según algunos arquitectos contemporáneos, que
han explorado cuidadosamente las ruinas de los tea-
EL TEATRO 317
tros griegos, los escenarios de mánnol que subsisten
pertenecen todos a la época romana, en que se utili-
zaban muy poco los coros. Según ellos, los griegos no
habrían cometido la falta de elevar un escenario para
que otro (el tablado artificial sobre la orquesta) vinie-
ra a ser necesario para las evoluciones del coro. Aña-
den que Licurgo no hizo escenario en el teatro de Dio-
rusos en Atenas; que varios teatros, en Orope y en
otros lugares, ofrecen una pared adornada, detrás de
la orquesta, que servía seguramente de muro de fon-
do; y que los textos mismos, ei:J. la época clásica, pa-
recen probar que coros y actores se encontraban al
mismo nivel en la orquesta. Según los mismos auto-
res, la -lhl!J.ÉAl] era un altar en el centro de la orques-
ta, y los brodequines trágicos se habrían inventado
para que los actores sobresalieran del coro.

215. PoRMENOREs DEL ESCENARIO 1.. Era mucho


más reducido el de un teatro griego que el de los
teatros modernos. En el gran teatro que subsiste en
Epidauro, el escenario no tiene de fondo más de ocho
pies.
Hubiera o no escenario en la época clásica, es cier-
to al menos que las principales decoraciones se apo-
yaban en alguna construcción finne, fuera de piedra,
fuera de· madera. La altura de esa construcción pare-
ce haber igualado al menos a una casa de dos pisos
y haber terminado por la parte superior con una ba-
laustrada que simulaba una azotea Uhan:y(a). Por la
parte inferior tenía tres puertas al menos. Las decora-
ciones se colocaban delante de esta construcción, de-
jando libres las puertas que exigía el argumento. En
las tragedias, la escena tenía lugar generalmente ante

1 El escenario,Aoyei:ov, se llamaba también i»tQí6tt~, fliíJA.tt,


n:Qocrxi¡vtOv y oxr¡vT¡. Este nombre se aplica también a las
decoraciones. ·
318 JAMES GOW
un palacio o un templo 1, para lo cual bastaba una
sola puerta; pero en la comedia, donde figuraban fre-
cuentemente dos o tres casas contiguas, cada una de-
bía tener una salida particular 2 • Lo mismo ocurría
sin duda en las tragedias· cuando la escena se coloca-
ba en un campamento, en medio de tiendas que de-
bían tener cada una su puerta (por ej., en la Hé-
cuba y quizá en el Ayax de Sófocles) . Algunos argu-
mentos no exigían ninguna puerta. Así el desierto ro-
coso en el Prometeo, la orilla del mar en la segunda
parte del Ayax, el bosque sagrado en el Edipo en
Colona.
En los casos que acabamos de mencionar, los acto-
res entraban en escena por dos aberturas laterales, y
no por el fondo. En lo que concierne a las entradas
laterales, se admitía en Atenas que 1~ pel'Sonas que
se suponían venir de la ciudad o del puerto entraban
por la derecha del espectador, mientras que las que
llegaban del campo entraban por la izquierda. Lo mis-
mo se había convenido respecto a las n:áQoboL de la
orquesta. Se piensa que esta regla provenía de la si-
tuación en que estaba el teatro de Díonisos en Atenas
(véase el plano de la pág. 313).
Las entradas laterales tenían dos decoraciones: una
representaba una ciudad y la otra el campo. Estaban

1 Un palacio en Esquilo, Pers., Agam., Coéf.; S6focles,


Antig., Edipo Rey, Electra, Las Traquinias; Euripides,
Alcestes, Medea, Hip6lito, Las Bacantes, Las Fenicias,
Elena, Orestes. Un templo en Las Euménides de Esquilo,
el 16n y la lfigenia en Taúride de Eurípides. La escena
tiene lugar cerca de un palacio y junto a un templo en
Andr6maca, Las Suplicantes y Los Heráclidas de Eurípides.
2 En Los Acarnenses y en La Asamblea de las mujeres
hay tres casas; en Las Ranas, la ztavlloxEÚ'tQL« parece tener
una taberna pr6xima a la casa de Hades. Se dice que
cuando el fondo era un palacio, la .puerta ·del centro daba
paso al protagonista y las otras dos al resto de los actores,
pero no puede admitirse que esto fuera "r egla constante.
EL TEATRO 319
colocadas sobre ·grandes vigas de madera, cada una
de las cuales tenía tres decoraciones; de suerte que,
dándoles vuelta, se podía cambiar la escena a volun-
tad. Esas vigas se llamaban 1tEQL<l'K'tOt , es decir, deco-
raciones movibles. No se sabe justamente dónde es-
taban las entradas laterales ni en qué punto exacto
estaban colocadas las ltEQl<lX'tOl. El único autor que
nos informa sobre el particular es Pólux; pero su tes-
timonio, que corresponde por lo demás a la época
romana, carece a la vez de precisión y de claridad.
El fondo de la escena variaba a veces en el curso
de una obra; por ejemplo, en el Ayax, una parte de
cuya acción ocurre en el campamento y otra a orillas
del mar. Ignoramos cómo se efectuaban los cambios
dé escena. Nada indica la existencia de algo análogo
al telón moderno para ocultar de momento la escena
a la vista de los espectadores. A veces el cambio de
lugar podia indicarse suficientemente haciendo girar
las :rtEQtaKtót .'Así, en las Euménides, la misma decora-
ción que representaba un templo podía servir a la vez
para Delfo5 y para Atenas, pues el giro de las 1tEQla-
'K'tOl indicaba el cambio de lugar. De igual modo, en
Las Ranas, la misma decoración que representaba
una casa podía convenir para las moradas de Hera-
cles y de Hades, y las :rtEQLaKtOt indicaban que la
escena se transportaba de la tierra a los infiernos.

216. PREPARACIÓN DE LA ESCENA Y M.A QUINARJA.


No era muy ·realista la representación de un drama
griego. No se proponían los griegos, como ocurre en-
tre nosotros, producir la ilusión, y se concedía mucho
a la inteligencia de los espectadores. Se les suponía
conocedores de todo lo convenido respecto a las en-
tradas por la derecha y por la izquierda; que seguían
los cambios de escena que a veces sólo se indicaban
muy ligeramente, y que se im:aginaban fenómenos ta-
les como la noche, las tempestades, los temblores de
320 JAMES GOW
tierra, etc., cuya ilusión era imposible producir en
pleno día, al aire libre y con los recursos muy insu-
ficientes de que los tramoyistas de los teatros griegos
podían disponer. No obstante, había algunas maqui-
narias que, si no producían la ilusión, servían al me-
nos para facilitar la inteligencia de la obra.
(a) La hwúúr¡f.la, pequeña escena movible sobre
ruedas, por medio de la cual se hacía salir al teatro a
personajes situados dentro de una casa. Así Clitem-
nestra no mataba a Agamenón y a Casandra en esce-
na, sino que, después del asesinato, sus cuerpos eran
sacados fuera del palacio eri la fx)(:ÚxAflf.la. Así tam-
bién Ayax, aun cuando se le suponía degollando
corderos en el interior de su tienda, era llevado a la
vista del público; y en los Acarnenses, Eurípides, de-
masiado ocupado para acudir a la puerta de su casa,
llegaba de una manera burlesca en la hxvxA.r¡f.la.
La misma maquinaria parece que se llamó en oca-
siones l;roa't(la; pero algunos críticos piensan que las
dos palabras designan solamente aparatos análogos.
(b) Los fantasmas (por ejemplo, en Los Persas,
donde aparece la sombra de Darlo) surgían de debajo
del escenario, ya por una escalera oculta no se sabe
dónde ( xaQCÓVELOL xA.l¡.t<ixE¡;), ya por una trampa mo-
vible ( avan:[Ea¡.ta ).Lo relativo a estas apariciones es
tanto más oscuro cuanto que se pone en duda hoy
hasta que existiera escenario en la época clásica
(véase página 316-7).
(e) Persona ies que se suponían subir al cielo o
volar (como Medea en la tragedia de su nombre, o
Trigeo en La Paz), eran levantados sobre una plata-
forma ( alc.ó(lr¡¡.ta) que se ponía en movimiento me-
diante una cuerda y una polea colocadas en el techo
en el fondo del escenario. El mismo aparato pennitía
hacer descender del cielo las divinidades que apare-
cían súbitamente en escena (así Iris, Poseidón, etc.,
en Las Aves) .
EL TEATRO 321

( d) El ~óÁoytiov parece haber sido una platafor-


ma pequeña y movible, que se hacía salir cuando se
quería del techo del escenario, y encima de la cual
un dios podía de pie recitar una tirada de versos.
El nombre máquina (J.l'I'}Xavf¡) se aplicaba igualmen-
te a la alWQ'I'}J.l« y al ~tol..oytiov, de donde la expre-

.LJ'
Fig. 32.- Actor trágico con máscara y coturnos (figurita
de marfil).

sión Deus ex machina para significar la intervención


repentina de un dios.
(e) El xtQ«Wooxon:E iov era probablemente una
combinación de espejos, con ayudá de los cuales se
proyectaban destellos que imitaban los relámpagos.
(f) El ~QOvttiov era un barril lleno·:de piedras que
se hacía rodar encima de una lámina metálica para
producir un ruido que imitara al del trueno.

216 bl•. MANERA DE DECIR Los ACTORES. Al decir


( lhan·IMvat) los versos de una obra, se observaban las
reglas siguientes: Los yámbicos senarios eran recita-
322 JAMES GOW
dos; los tettámetros trocaicos y yámbicos· y otras
clases E~ Ó¡.to(mv, es decir, uniformes, eran salmodia~
dos a la _m anera de· un recitado( 1táQáXaTaAoy~), con
acompañamiento de la flauta; las partes líricas se
cantábar¡ con arreglo a una melodía determinada.
Corno los actores llevaban máscara eran imposibles
los cambios de expresión del rostro; pero tanto más
importantes eran los movimientos, y a ello alude con
frecuencia el diálogo (véase, por ejemplo, Electra,
610). La actitud de los actores era generalmente algo
fría y convencional. Parece, no obstante, que Eurípi~
des les dió mayor naturalidad y soltura.

217. EvoLUCIONES DEL coRO. H emos dicho ya


(p. 308) que el coro de la tragedia comprendía 12
coreutas; este número fué elevado a 15 por Sófocles.
El coro de la comedia tenía 24, incluso el director
del coro o xopu<paio~ .
El coro dramático se colocaba formando un cuadro,
y no, corno en el ditirambo primitivo, en círculo. En-
traba generalmente en el teatro por la derecha del es-
pectador (del lado de la ciudad) .y marchaba o corría
hacia la orquesta, unas Vt;!Ces xa-ra oTotxou~ y otras
xa-ra ~uyá. La formación xu-ra oTotxouc; comprendía
tres línea~ de cinco coreutas cada una en la tragedia,
o cuatro líneas de a· seis en la comedia. En la forma-
ción xa-ra tuyá había cinco filas de tres coreutas o
seis de cuatro. Según la primera, el corifeo era el
tercero de la fila· más próxima a los espectadores; el
segundo y el cuarto cantor eran los :n:aQao-rá-ral o di~
rectores de medios coros. El trazado adjunto explica
la manera de estar colocados:
ESPECTADORES

o-rotxouc;
l
4 3 +
+++ + + + +
+ + + +
2
-
EL T E A T RO 323
El aiJJ..,l-rl¡¡;; iba al frente, tocando el auAó¡;; (doble
flauta). El coro, durante su marcha o desde su
llegada a la 3u¡.tÉA.ll, cantaba la Jtct()obo¡;;.
No se sabe qué posición adoptaba ·el coro al lle-
gar a la 3uf1ÉA'l, y se desconocen también los movi-
mientos que acompañaban a las distintas partes del
, • ( ' • ' Sto ' , Sto ') 1
estas~mon <J"t()O!pat, avno-reoq¡at, ¡.tE<J<{>uoL o EltQluOL •
Los mesados y los epodos los cantaba el coro de pie.

Fig. 33.- Coturnos de la tragedia.

La estrofa y la antistrofa correspondientes se canta-


ban con un mismo aire y en una misma danza, a no
ser que la estrofa se danzara de izquierda a derecha
y la antistrofa de derecha a izquierda. El canto alegre
(por ejemplo: Ayax, versos 693 y siguientes) iba
acompañado de una danza movida, Ú1tÓQX'lf1U. Duran-
te la representación de la obra, el coro daba frente a
la escena y volvía la espalda a los espectadores.
El corifeo solo recitaba los versos yámbicos, así
como los anapestos de la párodos y del éxodos, pero
no es cierto que cantase sólo los xo¡.t¡.tol y otros pasa-
jes líricos continuamente enlazados con el diálogo. El
aiil..r¡-rÍJ¡;; se mantenía en la 3u¡.t0.l] con el coro y di-
rigía la párodos !y el éxodos.

1 El epodo y el mesodo no figuran necesariamente en el


estásimon.
324 JAMES GOW
218. TRAJE DE LOS ACTORES. Los actores trágicos
llevaban calzado con mucha suela, y grandes pelucas.
Los trajes que usaban, por lo amplios, les hacían pa-
recer de grandes proporciones. El calzado (e J.L6Ó:t1J~,
OKQL6a~) pareció ser a los romanos tan característico

Fig. 34. -Escena de Las Ranas, de


.ÁrÍJtófanes, según un vaso pintado.

de la tragedia, que su nombre ~t6{}oQvo~ (coturno) 1


vino a designar la tragedia misma. La peluca, o por
lo menos una mata de pelo postizo, iba pegada a la
máscara.
Los reyes y las reinas de la tragedia llevaban tú-
nica con mangas ( xmóv) que les llegaba a los pies.
Iba adornada con franjas de colores muy vivos en
los personajes dichosos; los fugitivos y los desgra-
ciados las usaban grises, verdes o azules; los perso-
najes enlutados iban vestidos de negro. Las mujeres
usaban a veces cola ( <nÍQfJa). Eurípides hizo apa-
recer a algunos de sus personajes con el Xt t' c.ó v
desgarrado, pero se le censura esta innovación como
poco aceptable. Sobre el Xlt'C.Óv se usaba una prenda
semejante a un chal 2, que parece haber sido gene-
ralmente de color muy vivo.
l Recibió este nombre en ~poca posterior.
2 Los nombres t¡.¡.ó.nov, xla¡.¡.ú~, ;ua'tí~, xi.aví~ desig- .
EL TEATRO 325
Los dioses y las diosas se distinguían por sus
insignias: la égida, el caduceo, el tridente, etc. Los
adivinos, como Tiresias, llevaban un manto de lana
( ayQT]VÓV) encima del ;(ll'CÓV, Los cazadores llevaban
un chal de púrpura arrollado en el brazo izquierdo.

Fig. 35.- Escena cómica, según un vaso pintado.

Los actores trágicos; a los que dificultaba la marcha


el calzado alto, se apoyaban con frecuencia en un
bastón.
Los coreutas de la tragedia no usaban coturnos,
y no es seguro que llevaran máscara. Su ;(LTCÓv era
más corto que el de los actores; su t!!!Íttov era un
chal cuadrado u oblongo, colocado sobre los hom·
bros. El color y la calidad de estas vestiduras se
relacionaba con la condición de los personajes que
se suponía formaban el coro.
El traje de la antigua comedia era más parecido
al usual, pero el pecho y el vientre de los actores
iba abultado de un modo grotesco con almohadones.
Algunos no usaban más que una túnica flotante o
<JOlf..LÚnov, que hacía que -pareciesen casi desnudos;

naban variantes de una misma prenda, que hoy nos es casi


imposible distinguir.
326 JAMES GOW
otros llevaban encima del <J(o~táttov un xmbv corto,
unas veces de una sola manga y dejando el hombro
derecho al descubierto ( e~ro~tú;) 'otras de dos mangas
( &¡.t<pt~táoxa"Ao;). El xQoxrotó; usado por Dionisos en
Las Ranas era una túnica. Sobre la túnica se

Fig. 36. -Actor c6mico.

llevaba a veces un 1~tánov o aguna otra prenda a


manera de chal, que podía ser una piel de cabra
(otovea) o una capa burda (TQL6<.ÓvtOv). Los esclavos
llevaban a veces una chaqueta de cuero ( ol'toJ..á;) y
pantalones muy anchos · ( &va!;ue(~E;). El calzado no
pesaba mucho, porque habría estorbado a los actores
en las danzas y los movimientos violentos que eje-
cutaban, pero sabemos mal cuál era su forma. Los
antiguos le llamaban simplemente 'Ú l't o~ f¡ !l d 'tl:t y
E¡.t6á~E~. Variedad más elegante de calzado mascu-
lino eran los . Aaxrovtxa(; otra, que usaban las mu-
jeres, los IIEQ<Jtxa(. Los últimos parecen ser idén-
EL TEATRO 327
ticos a los xói'tóQVOL que Dionisos calza en Las Ranas 1•
Todos esos calzados parecen haber sido pantuflas
bajas, como las que . los romanos llamaban socci,
y creían caracterizar la comedia.
Los coreutas de la comedia iban vestidos de dis-

Fig. · 37. -Máscaras trágicas.

tinta manera según la composición del · coro. Las Aves


de Aristófanes llevaban máscara y alas de pájaro;
las Avispas, aguijones; las Nubes, grandes t!lána
flotantes. Los actores de la comedia nueva iban ves-
tidos como en la vida corriente, sin los · grotescos
accesorios que se usaban en la época de Aristófanes.
Las máscaras (1tQÓcrúl1tá) constituían una parte im-
portante del equipo de los actores.
Representaban ciertos tipos expresivos, de suerte
que si un personaje pasaba de pronto de la dicha a
la desgracia, de la alegría a la tristeza, había de
cambiar de máscara durante la representación. Eran
generalmente de tela; a veces, y en tiempo . más
antiguo, de corteza de árbol. La abertura de la boca
era siempre enorme y dispuesta, al parecer, de modo
l El ~6foQ"VO~ paree~ haberse distinguido ~n un principio
por la punta cuadrada, que permitía usarle indistintamente
para ambos pies, _ La~ sandalias grandes y las p1,1ntas levan-
tadas no fueron, en un principio al menos, ·pOrmenores
esenciales.
328 JAMES GOW
que aumentase la voz. La máscara trágica tenía la
frente muy alta ( oyxo~) y pegada a ella una gran
peluca. La máscara cómica, aun cuando general-
mente provista de peluca o de una corona, no tenía
oyxo~ y no exageraba la estatura del actor.

Fig. 38. - Fig. 39.- Ficha o tésera que


Máscara có- daba derecho a una entrada
mica. para el teatro 1.

Se ve que sólo los actores trágicos aumentaban su


estatura valiéndose de diferentes artificios. No es,
como se ha dicho, que la visualidad del teatro exi-
giera esto que tan extraño nos parece. Es más
probable que los griegos sintiesen la necesidad de
atribuir talla heroica a aquéllos que en la tragedia
representaban a los dioses y los héroes.

219. EL PÚBLICO, compuesto de ciudadanos, de


extranjeros, de mujeres, de metecos y de niños (pero
con exclusión de los esclavos), era admitido en el tea-

2 Las téseras de este género son generalmente de marfil


o de hueso. La que figura en esta página, procedente de la
Italia meridional, tiene una cifra romana y otra griega que
se corresponden. El· nombre de Esquilo en genitivo, Ataxúkou,
indica que la ttsera servía para una división del teatro en
que había una estatua del poeta.
EL TEATRO 329
tro previa la presentación de fichas, que el 1tEaTQC.ÓVTJ¡;
o empresario vendía a la entrada. El precio del asien-
to era de dos óbolos ( aproxirnadamene treinta cén-
timos ) para todo el día. Nada autoriza a creer que
los sitios mejores se pagaran más caros que los demás.
La rrQoEb(.lta, o derecho de ocupar los primeros pues-
tos, se concedía como un honor público a los estrate-
gas, a los sacerdotes, a los embajadores, a los bienhe-
chores del Estado, a los huérfanos de ciudadanos
muertos en la guerra, etc. El sacerdote de Dionisos
ocupaba el puesto principal en la primera fila. Los
ciudadanos pobres recibían del Estado, de los fondos
llamados del theoricon (véase § 76), el dinero nece-
sario para asistir a las representaciones dramáticas.
El orden era mantenido por guardias armados de
varas ( Qa61loüxoL) • El pueblo manifestaba su satis-
facción aplaudiendo ( xQontv) y su descontento sil-
bando ( CJ\!Qt"t"'t'EIV) . Cuando el corego era generoso,
distribuía a los espectadores higos, golosinas u otros
pequeños ob~uios.

XXXII. TEATRO ROMANO

220. EL TEATRO. La forma del teatro romano era


en suma idéntica a la del teatro griego 1 . No obstan-
te, la disposición material de ambos difería en bastan-
tes pormenores. En primer lugar, el teatro romano
estaba raras veces adosado a una colina, y las filas
de asientos eran obra de albañilería. En segundo
término, como no había coro, la orquesta compren-
día asientos reservados para los magistrados y los

1 El amphitheatrum o doble teatro era una edificación


oval o circular, reservada para las luchas de los gladiadores,
las cacerías o las naumaquias. El más célebre es el Coliseo
de Roma, construido por Vespasiano.
330 JAM.ES GOW
senadores. Sabido es que a partir del año 68 a. de
J. C., la lex Roscia concedió a los caballeros las
catorce filas que seguían a las de los senadores. En
tercer lugar, el escenario tenía inás fondo que en
los teatros griegos, mayor número de actores apare-

Fig. 40. - Personajes de atelanas.

cían a la vez y podía ~ultarse de momento al


público mediante un telón ( aulaea, siparium), que
en vez . de oajarse como en nuestros teatros, se le-
vantaba (de abajo arriba). Finalmente, el teatro
romano estaba generalmente resguardado de la in-
temperie p<;>r un gran velum.
Lo que antecede no se aplica m ás que a cierto
número de teatros de piedra, el más antiguo de los
cuales fué construído el año 61 a. de J. C . por
Pompeyo, en los prata Flaminia, vecinos del . Campo
de Marte. Las obras de Plauto y de Terencio se
representaron en escenarios de madera provisionales
(pulpita).
EL TEATRO 331
221. HISTORIA DEL TEATRO ROMANO. En Italia,
cuyos moradores se han distinguido siempre por su
aptitud para la mímica, habría podido nacer indu·
dablemente una especie de teatro, y aun desarrollarse
independientemente del influjo de los modelos grie·
gos. Es cierto que antes de que la literatura helénica
fuera generalmente conocida en Italia, se hacían en
este país representaciones cómicas análogas a aqué-
llas de que procedió la comedia griega. Esas repre·
sentaciones se llamaban fabulae F'f!scenninae (¿de
Fescennium, en la Etr:uria?), saturae (mezclas), mimi
y Atellanae (de Atella, en la Campania). Todas
eran improvisacion~s en que dominaba el elemento
cómico grosero. Las hacían aficionados y no actores
de profesión. Los primeros de este género fueron
etruscos. Tito Livio 1 dice que la palabra histrio
derivaba del etrusco hister, equivalente al latín lu-
dio, "comediante". Los mimos y las atelanas se per-
feccionaron pqco a poco y se les dió forma lite-
raria en la época de Sila y de Cicerón (D. Laberius,
106-43 a. de J. C.); pero la música y la danza se
adaptaban mejor a los gustos de los romanos. En
tiempos del Imperio, la pantomima, especie de baile
más o menos complicado, actuó casi sola en los tea·
tros, con perjuicio de todos los demás géneros.
El drama helénico fué introducido en Roma por
un esclavo griego llamado Livio Andrónico, de Ta-
rento (por el año 240 a. de J. C.). Nevio (por el
235), Pacuvio (nacido el 219), Ennio (239-169)
fueron sus sucesores inmediatos. Estos escritores tra-
dujeron del griego al latín tragedias y comedias.
Plauto (254-184), Cecilio (219~166) , Terencio (185-
159) , Titinio y •Afranio (después de Terencio) com-
pusieron únicamente comeqias.
Había dos clases de tragedias: una puramente

1 Tito Livio, vn, 2.


332 JAMES GOW
griega (la palliata); otra, llamada praetexta o prae·
textata, cuyo argumento estaba tomado de la historia
romana y en que los actores llevaban la toga pre·
texta. Había asimismo dos clases de comedias : la
palliata, cuya acción tenía lugar en Grecia, llevando

· c¡uo
J~~O.J)(VMTl %:"tri'\' E'~('
.,_'1)'\ m6 'pe)"' Lt'l'\ l\.ll'h.

Fig. 41. -Actor recitando el pr6logo del Phormio, de


Terencio 1,

los actores el pallíum ( lf!Únov) , y la togata, en que


los actores, vistiendo la toga, representaban un asun·
to italiano. Las togatae se dividían a ~u vez en
trabeatae o comedias relativas a las costumbres de
las altas clases sociales, y tabernariae, de costumbres
populares 2 • Nevio, Ennio, Pacuvio y Atio (nacido
1 Copiado de un manuscrito an~iguo.
2 Se distinguían también las rhinthonicae, farsas relativas
a leyendas mitológicas, introducidas en Roma por Rhinthon,
de Tarento. Quizás el Amphitruo, de Plauto, pertenece a
esta clase de obras.
EL TEATRO 333
el año 170 a. de J. C.) escribieron praetextae; Afra-
nio (por el año 110 a. de J. C.) se distinguió en
las togatae. Las únicas obras que nos quedan de
este período, el más floreciente de la historia del
teatro romano, son las comedias de Plauto y de Te-
rencio, todas palliatae, griegas por el asunto y por
el lugar en que se supone verificarse la acción 1 . No
hay que decir que en el pormenor de las costumbres
se obsetva frecuentemente el sabor del terruño ro-
mano.

222. PALLIATAE. Las obras de Plauto y de Te-


rencio están todas tomadas de la comedia nueva
ática, en particular de Filemón y de Menandro, que
casi no conocemos más que por las imitaciones lati-
nas. Algunas de esas obras, como el Heautontimo-
rumenos, son simples traducciones, pero otras son
adaptaciones más libres, o mezclas (fabulae contami-
natae), como el Eunuchus, de Terencio, que es la
reducción de dos obras de Menandro, el Evvoiíxo~
y el Kó/.ct!; •
Las obras dramáticas romanas han sido general-
mente divididas en cinco actos por los antiguos edi-
tores, pero esta división, que no conoció la comedia
ática, fué también desconocida por Plauto y T e-
rencio. La norma de los cinco actos ha sido adoptada
en Grecia en la época alejandrina, y en Roma sola-
mente en tiempo de Varrón. Sabido es el rigor con
que Horacio la formula en su Arte poética, de que
la ha copiado el teatro moderno.
Al contrario de los dramas griegos, los romanos no

1 Las tragedias de Séneca son imitaciones del griego,


con coros, y probablemente jamás fueron representadas, sino
recitadas por el autor en presencia de un auditorio escogido.
Las tragedias del amigo de Horacio y de Virgilio, Asinio
Polión, fueron quizá representadas, pero ·casi nada sabemos
respecto al particular.
334 JAMES GOW
pueden, en general, ser representados por tres actores
solamente. Diez de las comedias de Plauto exigen
cinco, y dos de las de Terencio seis por lo menos.
La comedia: palliata · empieza, comúnmente, con
un prólogo que contiene el argumento resumido, y,
a veces (como la :7taQá6a<H~ de la comedia antigua
ática) , ·una súplica del autor al auditorio. El drama
romano, cómico o trágico, no tenía coros, a ejemplo
de la comedia nueva ática, pero como no debía
prescindirse de la música, los papeles de los actores
se dividían en diuerbia y en cantica, es decir, en
diálogos hablados y en monólogos cantados (a veces
también diálogos cantados) 1 . En las comedias de
Plauto y de Terencio, los diverbia están, en su
mayor parte, compuestos en trímetros yámbicos, los
cantica en otros metros (trocaicos, créticos, báquicos,
etc.) . Un flautista acompañaba los cantica (véase
fig. 42).

223. REPRESEÑTACJÓN DE UNA COMEDIA. Los acto-


res en Roma eran muy menospreciados, y se reclu~
taban casi exclusivamente entre los esclavos y los
libertos. Verdad es que en la época de Cicerón el
actor trágico Esopo y el actor cómico Roscio eran
muy considerados y admitidos en la mejor sociedad,
pero se trata de excepciones rarísimas que motivan
talentos excepcionales. En tiempos de Plauto y de
T erencio los actores formaban compañías (greges),
con un director ( dominus gregis), que era también
un esclavo o liberto, y que escribía frecuentemente,
como lo hicieron Plauto y Terencio (más tarde
Shakespeare y Moliere), las obras que su compañía
representaba.

1 Tito Livio ( vn, 21) dice que Livio Andr6nico, que era
actor en sus propias obras, no cantaba los cantica que le
corresponcllan, sino que hacía los cantasé un esclavo, con·
tentándose con accionar él del mOdo correspondiente.
EL TEATRO 335
La representación de las obras teatrales formaba
parte de las diversiones que el Estado brindaba
gratuitamente al populacho romano, juntamente con
los combates de gladiadores, las luchas de animales
feroces y otras exhibiciones groseras. No se represen-

Fig. 42. -Escena de comedia romana l.

taba más que una obra cada día y la función duraba


desde mediodía hasta las catorce o catorce y treinta
aproximadamente.
La mayor parte de las obras dramáticas romanas
que nos quedan han sido representadas por primera
vez en las Megalensia, a principio del mes de abril, o
en los Ludi Romani, en setiembre, bajo la presiden-
cia de los ediles curules encargados de estos juegos.
Las máscaras, que en tiempos muy antiguos se

1 Un flautista acompañaba el recitado de los actores.


336 JAMES GOW
usaban en las Atelanas, no fueron adoptadas en las
palliatae sino con posterioridad a Terencio.
Pagaban al autor y a los actores, pero muy mal,
los magistrados que presidían las fiestas. Parece que
cuando una obra era silbada, el autor no percibía
estipendio alguno. No había concursos dramáticos
como en Atenas, o por lo menos, si los hubo, jamás
tuvieron la importancia que alcanzaron en Grecia.
De una manera general, puede decirse que el arte
dramático se encontraba en Roma en malas condi-
ciones y estaba condenado a una pronta decadencia, a
causa de la competencia que le hacían, en un pueblo
desprovisto de educaci6n literaria, otros espectáculos
que, como los del circo, estaban más de acuerdo con
sus aficiones groseras.
íNDICE DE PALABRAS GRIEGAS

"Ayy«(/ot, 256. U'V"tlcJ'tQOq>Í), 306 323.


dyooá (de un demo), 122. dvn"tÍJ.lfHt«, 146.
úyoóáv ('JtEQL ni.tiitouaav), dnw¡4oaía, 144.
93. a!;wv, 112.
d yooavó¡.¡.o¡;, 130. dnaywyi¡, 130, 144.
dyQ'IJvÓV1 325. CÍJtEi.f:ÚitEQO<;, 117 .
ayc.óv, 143; a"tÍI'TI"tOI:, 144; ci.néHa, 154.
· n¡.¡.r¡"tÓ<;, 144, 146; tllw.;, dnolléx"tl}ii;, 115, 127, 128.
143; llfiiLÓ<no~,' 143. áJtOOOXIIJ.Úf;w, 125.
rA~cH«~ (t«f'Lil~ "tWv teQrov dnoa'tnaíou ll(xt¡, 143.
XQ111.1.Ú'tcev Tij ¡;) ,' 127. aJtOcJ'tOAei¡;, 139. .
•AfiJva!;e, 85. MOq>OQÚ, 117.
dtloiti"tat, 130. MO<PQcíllt~ f)¡.uloat; 100.
Alav1:í,, 121. dxQOa'taaíou yQaq>i¡ , 118,
Atyr¡t.;; 121. 143. . .
CllytXOQei;, 106, 123. 'AQaí, 133 n. l.
altÓQlJI-'0.. 320, 321. doyallei.;, 106.
r AxajL<lV'tt~, 121. "AQEto<; núyo<;, 133 n. l.
líxvQo' xalllaxo,, 14.6. ÚQJt011"ttÍ~. 152.
'Akx!J.ato)'Víllat, 107 . 0.Qx.atQeaía, 124.
c'í!J.n;a (eq>' áJAá;'IJ.; ú~Qt!;ov), dQxeiov, 125.
300 n. l. Ú.QX'IYÉ'tt¡<;; 121, J57.
ÚJA.q>txtíove~, 159. UQX.t'tÉX"twv, SU.
njLq>tJA.IÍO'X,ai.o~ X,t'ttÓV, 326. ÜQJ(.wv, 107, 108, 110, 128;
ÚIJ.q>OQEÚI:, 102. fnc.óvul'o~. 128; lioxwv "toü
dváxQtcJl,, 144, 146. yévou;~. 107; líQxwv ~aat­
dvn!;uoílle,, 326. · i.eúc;, 108, 129 n . l.
d vaníea¡¡a; 320. áaní<;, 137.
dviiQei«, 155. áa"tQanía<; q>Q«<PtÍ, 139.
ÚveHttEIV, 32. aa"tU'VÓJtOI:, 116, 130,
'Av*ea't'ÍQta, 308. · Ó'tÉAEta, 120 . .
'Avtea'tTJOtÚlv, 97, 308. án1.:rt~:, 118.
dv-cenÍQQ'II'«, 307. Ó'tl!J.Ía, 120.
UV"ttYQ«QJ'Í, 144~ auh.e"ttÍ<;, 308, 323 .
dvdllom,, 126, 150. alih.ó.;, 323.
dvni.ayx.ávw, 147. · aÜ"toq>!ÍlQq> (ln' ), 130.
, A'V"tiOl(.Í;, 121. áq>á<; (neol J...úxvwv), 93.
338 lNDICE DE PALABRAS GRIEGAS
13aatAEÚ~, en Atenas, 108, llexCÍTfl fiQOTéQa, ÚOTÉQa, 95.
110, 129, 142. IIÉATO~. 34.
l31í!Ul (medida), 101. ~d.q:¡ívwv, 141.
l31íJ4«, 135,146; (de teatro), lleudQa, toT«fJ.Évou, cp~ívov-
317 n. 1. TO¡;, 95.
lhl3)..(ov, 31, 32. lltUTEQil'f(l)VL(JT'lÍ~, 307,
¡3(~)..o~, 31, n. 2. 1\'lÍfJ.<XQ)'.O<;, 122.
BollllQOJ4UÍlv, 97. ~"I'}¡LIOUQyo{, 107.
l}ouAtUT'IÍQLOV, 131 . ll"I'}J.LOTIOl"I'}TOL, 119.
f3ouAEUT'IÍ ~ , 113, 120, 185. fl1jJ.LO<;, 112, 120 ,121.
13ou)..i), 22 n. 2, 111, 133. 1\"I'}¡LÓT"I'}<;, 120, 122, 133.
13ouA.uTÓ~, 93. flt<XlTflT'lÍ<;, 140.
~0\JOTQOq>'ljl\óV, 18 n. l. 6taJ4<XQTuQ(a, 144.
BouTállat, 107. IILwtÚALOV, 148.
IJoiÍlvl]<;, 130. 6t<XTL~Évat, 321.
f3QOVTEtOV0 321. 6(auAo<;, 101 .
flt<X\I''lÍq:>IOL<; 0 118 •
raJll]ALIÍlv, 97. 6t6aoxaA.ía, 302 n. 2, 311.
yeA.éovn<;, 123. lltlláaxetv, ~11.
yÉvor;, 107, 112, 115. lltXIlOTUÍ (ol Xttl"U ll'lÍJL0\1<;),
yec;>ouoía, 154. 115, 141.
'fEO>VÓJl.O~, 157. 6txaoT'lÍ <;, 142, 147.
rE!llQ'(OÍ, 107, 108. tllxf], lllía, llf]Jl.OOÍa, xaTÓ.
yA.roooa, 39. l"WO<;, :n:QÓ<; -nva, aJtoOT«·
y AIÍIOaTJIL<l, 39. OlOIJ, XUX"I'}'fOQta<;, 143,144;
'fVOOJl.OOV, 94. !;oúA."Il<;; 147; lQflJ40<;,l44,
'fQUIJ.JAUTttov ).. l]~LUQXL~Óv, 147; 'ljiEufiOJlUQTIJQLOOV 147,
115, 120, 122; q:>QanQt~óv, lltOLX'lÍOEL (O f.n:l "Ji\ ) , 127,
120. ~tovúata J.'Eyá)..a Uv dant) ,
'fQUJ.I.JA«TeÚ<;, 117, 123, 133, 308.
145. Ó.LOVÚOI<l X.O.T Ó.yQOÚ~, 308.
0

YQ«!l!lllTLXOl, 38. 6.1óvuoov (oMf:v nQo~ TÓv),


'(Qacp1¡, 143, 144; dTCQOOTU· 301 n. a.
OlOU, 118 n. 1,143; QOTQU· llLOOflJ.Lta, 134 n . l .
nía;, 139; lluA.ía<;, 139; lltony(a, 317.
AL1tOTa;íou, 13fl; naQavó- lltq:¡ltÉQat, 31 n. 1, 33.
Jl.OOV, 118, 129, 136 . fiOXIJ.L«OÍa, 125, 129, 131.
YQ«q:>t<;, 34. 1\oii)..o~, 116; floiiAOIII"I'}J.'ÓOIOt,
'YIJ!L vaot<XQX (a, 150. 117.
ruJl.V'lÍOLOL, 151. liQÚ¡lQ TCQO<; IIQÜJ.LQ, 302, 310
n. l.
~ ( = 10), 25. IIQaxJ.L'lÍ, 103, 105 n. 1 •
1\áXTUAO¡;, 101. IIQÚq;QXTOV, 131.
lleíA."I'}, 93. ~IJIJ.ÚVE~, 151,
lluA.(a~ yQaq¡1¡, 139.
lle~állaQxo~. 126.
INDICE DE PALABRAS GRIEGAS 339
éyyQCÍqmv el; ,;ou; q¡Qán- ÉJ.I.ItOQ(ou, 130; 'tCiiv veoo-
Qa;, 119. QÍoov, 130.
hxex't'l]!l-Évot, 122. ÉltiJ.I.EATJ'fiJ¡; xi.'T]Qouxía;,158.
tyX.'tf)'ttKÓV, 122, t ntnCÍQollo;, 306.
l6Qa, 133. EnÍQQTJJ.I.O:, 306 .
et=e, 22. Elti(J'tá-rat ,;mv llf)¡.~.oaírov EQ-
dxá;, 95. yoov, 130.
Etl.o.ne~. 151. EltLO''tcl't'lj;, 131 j 'tOO'V ltQOIÍ-
etaayyel.ía, 129, 132, 134, IlQoov, 132 n. l.
136, 144. ent-rá~pta, 129.
etaáynv Et; ,;ou~ q¡QánQa;, inÍ'tQtTo;;, 105 n. l.
119. ÉntXELQO'tovéoo, 135.
elo-ofio;, 305 n. 2. El'tll(EtQO'fOVÍU, 134.
eiaq¡oQá, 149. Énooflel.íu, 143 n. 3,
'Exa,;o!l-flauóv, 97. Énq¡lló;;, 323.
éxxi.'T]aía, 111,113,120; C1ÍJy- EltOOVtOV, 148.
xlT¡,;o;, 133; xuQÍa, 134; ÉnÓJvu¡.~.o; Tíllol;,l21; ií11xoov,
EKXA'T]ataa,;txb; níva;,120, 110, 128.
134; llotcrltó~. 136. 'E11exih¡t;, 121.
EXXÚXA1JJ.I.Cl, 320. EQr¡J.I.o; llíxf), 144.
Éxnú~, 102. ÉO'ItÉQCl, 93.
'EI.aq¡f)flol.tów, 97. ÉO"tÍO.O't;;, 150.
Ueó;, 300. eúeQyÉ-rr¡;, 159.
'EJ..euaívwt, 123. eútulltxía, 145.
'E/./.T¡VO'tUJ.I.ÍUt, 115, 127, 128. eüituva, 125, 129, 131, 133.
EJ.I.flálle~, 326. t:Üihlvo;;, 122, 125.
t¡.~.M,;TJ;, 324. Eún;o.-rQíl3at 107.
e¡.~.flóhJ.I.Q;, 96. eq¡exTo;, 105 n. l.
t J.l.ltOQ Íou EltLJ.I.EA'TJ'tO:Í, 130. EqJE(Jt;, 14 7.
tvcX't'T] enl lléxa, 95. ÉIJlÉn¡;, lOS, 110, 129, 141.
lvllexa (ot), 116, 129, 147, Eq¡T¡flot, 137.
ev'l] x.at véa, 95. EqJOQOL, 153.
EVVUI!'t'I]QÍ;, 96, 97. Él(ivo;, 145,
tvoo¡.~.o,;ía, 155. loo;, 93.
éf;t¡y'l],;al ,;ii.iv óaíoov, 142.
l!;ollo;, 305. ~euyi:,;at,
110, 137.
É!;oúi.r¡; llíxr¡, 147. ~'TJ't'll't'Í;,
13Q •.
ef;ro¡.~.í;, 326. ~uyá (xa-rd), 322.
e!;wawa, 320. ~uyh'l];, 140.
Énetaólltov, 305.
tni IIQUXJ.I.ií, tn' evveu bflo- H (=h), 21.
AOL~, 105. H (=r¡), 21, 22.
f;nflá,;at, 140. H (= 100), 25.
É;ttflol.,¡, 125, 127. "Í]"(EJ.LO'VÍCl fitXUO"t'ljQÍOu, 140.
Én[lloot;, 149. "ÍJYEJ.I.OOV O'UJ.I.J.I.OQÍa¡;, 149.
EltLJAÚ'IJ'tUl "ti}; ¡puMi;, 121; T¡J..taía, 111, 142.

l
340 lNDIGE DE PALABRAS GRIEGAS
1ÍA~QO't1Í~. 116, 120, 135, xa"taAóyou, 138.
142. KexQo.n:Í;, 121.
T¡kíou 'tQonaí, 95. XEAE\JO'tTÍ<;, 139.
KeQallTi<;, 123. ,
itaka1-1.Í't11~. 140. XEQ(liJVOO'XOltEÍOV, 321.
6a.QYlJAUÍw, 97. K'ÍJQuxe,.-, 107.
itÉat, 315. xTjQL!;, 131, 134.
'frÉU'fQOV, 312. x( yxA.t~, 131.
itea'tQOltC.ÓA11;, . 311. . xA.i¡Qo;, 114.
tea'tQC.ÓVlJ<;, 311, 829. XAlJQOU)tÍ«, 1.58.
itEOkoyeiov, 321. XAfl't'ÍJQ; 144.
téot;, 121. xkí~-~.axe~ (JtnQ<ÍlVEtOL), 320.
itEOJ,lOfÉ'tl]~, 111, 129, 142, XVlJJ.lille;, 137.
145 . xÓ-frOQVO<;, 324, 327.
itetó; ( nai;), 121. xoil.oc; J.l.TÍV, 95.
iteroQ íat, 128. xotvi¡ llták.e x•u~ . 83.
fteroQtxóv, 127,147; o tnl ,;o XOLVOV YQUJ.l.ILU'tEÍOV, 120.
ite OOQLXÓV, 127. )101-l.Jl.Ó.'tiOV, 306.
e,oeiov, 124. XOJA.JA.Ó,.-, 306, 323 ,
itTjn~, 110, 119. XOVÍG'tQU, 316.
eóko~. 125, 132'. xoQuq¡aio;, 308, 322.
itQaVÍ'tTI~, 140 . xO't\ÍAlJ, 102.
fQÓVOt, 315 . XOUQEW'tl<;, 129.
itv~-~.éklJ, 300, 316, 317, 323. XOÚQELOV, 129.
itc.óQa!;, 137. XQIÍvoc;, 137.
XQOXOJ'tÓ<;, 326,
lEQOIW'ÍJJ.'OlV, 97, 129, 160, XQO'tEÍV, 329,
lJ,liÍ'tLOV, 325, 326, 327. x{raJA.O<;, d~to xuá¡.¿ou, 124,
lrtaQxo~. 115, 126, 137. 131.
l:ruteic;, 110, 114, 13'(, 138 xuiJEQVTÍ~'l'>, 139.
156 . . X)ÍXAIO' JtOQÓ<;, ~ n. 1.
• ItcltOitiOV"fí<;, 12). . XUVÉlJ, 137 ,
lJtJto'fOSÓ'tfl¡;;, 138. XÚQ¡let,.-, 112 .
laonki¡;, 118. xuQÍa ÉxÚl]ola, 1~ .
lG'fQJ,lÉVOU Jl.EVÓ~, 94. ltÚQwc; xaMaxoc;. 146 .
xolkaltQÉ'tlJ<;, 108, 115, 127,
xaMaxo~ xvQw;, O:xuQo;, 128.
146. xC.Ó¡.t1J, 304 .
Kac'l¡.n'¡ia YQIÍILI-I.«"ta, 16. x<i>¡.wc;, 300, 304 . .
XQXlJYOQÍU<; lJÍxl], 144. ltOO!pU 1tQÓaro:ta, 397 n. l.
xáko.,...o;, 34.
Ká.QVELU, 100. Aaxtó.llat, 123. ,
KaQveio~, 151. Aaxrovtxaí (calzadO,$) , 326 . ·
xa,;a{3o1..aí, 148 . J..o.~ac'll]q¡oQ(~ ¡ 29, ~50.
xa"tákoyo;. (de los ciudada- AEtltO'ta!;íou o A.~o•asíou
nos), 137; G"t:.Qan~a ex yQaq¡_i¡, .139. .
lNDICE DE PALABRAS GRIEGAS 341
AEt'to~. 149. vEolia~~orolir¡~, 152.
AEt'touoy(a, 115, 118, 149. VEOOQtoov (EJttfl.EAr¡'tal ,;óiv),
Awvd~:, 121. 130,
Ai]vaux, 99 n. 1, 129, 308. VOfA.oihín¡~, 116, 135.
AYJ~taQ')(txov ypa¡.¡.fl.(Xntov, VÓfl.OL (monedas), 175.
120, 122, 134, 137. vófl.OL tn' dvlioí, 136.
).i¡~t<;,
120, 144. vou¡.¡.Y]v(a, 94, 96.
Aoyetov, 312, 317, n. l.
Aoyuni]¡;, 125. ;ícpo¡;, 173.
Aoxavck, 126, 137, 15~. ;uu,;(¡;, 324.
Aóx;o~, 155. ·
).uyoa oi¡¡J.a'ta, 16. o, 21.
).úxvoov dq¡ó.~ (neot), 93. o~o).ó¡;, 103,
líyxo¡;, 328.
M (= 10 .000), 25. obctCJ't'Í] ¡;, 157.
M at!o'UX't'IJQL<ÍlV' 97 . OlvY]t¡;, 121.
J.tUXQÓV, 306. óxoí~a¡;, 317 n. 1, 324.
¡.tÉiitfl.VO<;, 102. OX'tUE'tY]QÍ¡;, 96.
¡.tEÍOV, 120. OJ.&OLOL, 155.
¡.tÉO'YJ vú;, 93. ÓJ.&oíoov, (s~), 322.
fl.Éor¡ l'tpoo(¡lliía, 87. oJ.&cpo.Aó~, 32.
fl.EO'YJJ.t~Qía, 93. o~ú~acpov, 102.
fl.EO'OV'V'tO~ ¡LEVÓ<;, 94. 01tiO'itóliOJ.&OI;, 127,
¡.tEO(¡llió<;, 323, ÍÍnAr¡n¡;, 106.
ME'tUYEL'tVLOOV, 97. ón).ov, 107, 137 .
fA.ETOÍXLOV, 118,. 148, ÓQyutó., 101.
¡.tÉ'tOLXOI, 116; 117, iío-Doo,;, 93.
¡.tÉ'tQU ~r¡QÚ., llj'Qll, 102, 'ÜQVEÓ.'taL, 152,
¡.tE'tQ'IJ'tlJ~ 1 102. OQX'IÍO''tQU, 312, 316.
¡.tE'tQOVÓJ.t011 102, 116, 130. ou = o, 22 n. l.
¡.t'Í]v, 94.
J.tY]')(UVTJ, 321. ITmavtEÚ¡;, 123.
fl.LO'{}O~ ÉXÚl]O'LUCJTLXÓ¡;, 136, naAao,;i¡, 101, 102,
~uai}ó¡; (de las tropas), 139. mxlÍJ.t'li'lJO''tov, 35.
J.&Vii, 103. rranabtcp (1\Jtt). 141.
J.&ÓQa, 155 156. [l Ó.J.&IpUAOt, 151.
Mouvu')(trov, 97. n avbwví;;, 121.
f.IUO'tlÍQtU, 129. .l'ICI.V01CAlU1 137,
l'tUVCJTQCI.'ttÓ., 13f!t,
vaúapxo~;, 156. l'tÓ.ItuQo¡;, .31 n. 2.
vau~Ó.'tm, 140. naQÓ.~aot,;, 306.
'VCI.UX(lCI.QtCI., 108, 113 . l'tUQCI.j'QCI.!p͡, 144,
VCI.ÚXQCI.Q01; 1 108, 111. l'tCI.QUXU"C·U~OA l¡, 144.
VUUJtl]yÓ¡;, 139 . naQUXCI.'tUAoyl¡, 322 .
vaii,;m, 140. JtUQUVÓJ.&OO'I' j'Qacpi], 118, 136.
vau'tobíxm, 141. na.oaoó.yyY]¡;, 101.
342 lNDICE DE PALABRAS GRIEGAS
7t<lQil<J'tCÍ'fUL1322. nQo. ÍQa llexá-rr¡, 95.
lt4lQCÍ<J't(lCJl;,144. JtQO)(.ELQOl:"OV(a, 134.
ncíoe6Qo~, 125. ltQU"CClVt(a, 131.
ncíQo6o~ (oda coral), 305, nou;avda, 144.
306 323. IIQu"Cave¡ov, 108, 157;
ncíoo6o~ (entrada del tea· a( "CT]OL~ E'V rr
Q\J"CUVeÍcp,
tro) , 315, 316. 318. 120; E<pÉ'faL [v 11 QU>avd(j),
:tEV'tlll«JCJlO!lé6LJl.VOl1 110,137. 141.
ltEV't'ljXOCJ't~, 148 • 1tQU'tUVEIÍELV, 181.
JtEV"CT¡XOCJ"C'Ú~, 155. 7tQIÍ'fUVl~, 108, 111, 131; "CWV
Jtt:Q"(<lJl.T¡VÍ), SS. VUUXQÓ.QOOV, 108, 111.
n EQ t i..úxvrov á.cpcí~, n e Q t nQrot, 93.
ltAÍ)~O\I<J<lV ayoQÓ.V, :rteQt :rtQCO'fU"(OOVL<J>Í)~, 307 •
:rtQiihov {ínvov, 93. II U(lVE'IjJLCÓV. 97.
ltEQlaX'tOL1 319. nui..ayÓQru, 160.
:rtEQtOLXOL, 152 • nui..a(a, 159.
3tEQtCJ'fL(l, 134 . nroi..r¡;Í)~;, 115, 127, 147.
fi EQOLX<ll ( cab:ados), 326.
Jtiixu~, 101 . Qajllloíixot., 329 .
:rtLVÓ.XLOV, 124, 146, S. Qíjl:"QU, 152, 154.
ntvaf; llxxi..r¡CJLfXCJ't LXÓ~, 120,
134 . CJElCJIÍ)(.~ElCl, 109 . .
ni..étoov. 101, 102. ae)..(c;, 31.
ni..r¡Qf); Jl.{¡v, 94, oi)xro11«, 102 .
nv¡yo;, 306 . CJtÍ!lU"C« AVYQÓ., 16.
JtOAíJA.«Qxo;, ateniense, 111, o(A.i..v~o~. 32.
113, 129; espartano, 155. maúoa, 326.
nóJ..o~, 94. mtr¡QéCJLOV, 139.
lloot:L6ecóv, 97. ahr¡al; EV rr
QVtave(cp, 120.
1t01Í;, 101. . CJL-cocpúi..axe;, 130.
ltQÓ.XTOlQ, 115, 127, 147. axr¡vtÍ, 305, 317 n. l.
nooaycóv, 311. ~XLÓ.~, 111 n . 1, 132.
no<$oi..i), 136. ~XLQO(j)OQIOOV, 97 •
:tQO(JO'ÚAEUJl.U, 132, 134. axv;cí)..r¡, 153.
ltQÓ"(QfXJl.Jl.<l, 132, 134. ~naQ'tuhaL, 151.
nQoelloía, 120, 315, 329. CJJU~UJl.Í), 101 .
nQ6elloo~, 132 n. l. onoAcíc;, 326.
:rtQOELCJfPOQÓ. 149. O"CIÍ6LOV1 101.
ltQÓAO"(O~, B05, 306. CJ;CÍCJLJ.LOV, 305, 306.
ltQOOXU"CU~AtÍ!l<lTU. 148, 149. O't Éq¡avo~, 120.
1tQOCJXÍ)VlOV 1 817 n. l. CJ'fL"iJLUÍ, 24.
:tQÓCJXAT¡CJL~, 144. a•oíxou; (xata), 322.
nQÓao6m, 148. CJ"CQUT'J"iÓJ-t~115, 126, 139.
1tQOCJ1:Ú"Cr¡;, 118, 143. CJ'fQocpi), ¡jUti, 323 .
nQóoron:ov, 327; xroq¡a nQóoro· aúyxi..IJ'tOI; bx)..r¡a(a, 133 .
na, 307. CJ'ÚJ.LofJoi..ov, 102, 136.
INDICE DE PALABRAS GRIEGAS 343
GÚ!l~OuAo;, 156. unw14ooÍa, 145 n . l.
IJU!l!'OQ(a., ·149.
cnívlh'llo;, 146.
ouvl¡yooo;, 125, 146. qlclOLc;, 144.
o~ohn~v. 329. qltL6(na, 155 .
aúo11a. 324. <ptÍvOV"toc; Jll)vóc;, 94.
Oqll)XÍoxo;, 142. <¡lQÓ."tEQEc;, 120; tyyQCÍ<jlEL'Y O
O)(OtVÍOV !1EJ.C.tA'tW!léVOV, 134. eloáyeLV ele; "tOUc; q>QCÍ'tE-
oxóA.ta, 39. Qac;, 119.
OWJ4ánov, 326. cpQateQIXÓv yQUf'J.4«Uiov,
120.
"tcíAav'tov, 103. qlQ«'tOÍa, en la antigua Ate-
'UlJ.C.Ía;, 115,128; "t«!lÍUt "tWV nas, 107, 122; de Clíste·
lEQWV XQl)JliÍ'tWY "tij~ nes; 115, 122.
'Aih}vaía;, 115, 127; 't«- (J)Oil'tQíaoxoc;, 107.
¡.¡.íat 'tOOY aA).(J)V tewv, 128; <¡lQEWQÚXoc;, 107.
"tij ¡; qlUI..ij;. 121; 'tWV OTQU- <puAaxf¡, 93.
'ti(J)'ti?IÜÍV, 127. cpúl.aoxoc;, 126, 137.
-cal;íaQ)(OI;, 115, 126, 137. 4pul.f¡, 107, 112, 121; tnt¡.¡.l)-
TUqlQ01tOU>Í, 130. Al)-cat "tf¡c; <puA;¡;, 121.
'tEt)(01tOtoÍ, 130. <pul.o~aotl.eúc;, 107.
nl.wvf¡c;, 148.
'tÍJ.I.'ll-1-«, 127, 146 . X, 21, 22, 25.
'tLJ.4'l't01; ciywv, 146. X ( = 1.000) . 25.
"tÓxoc;, lOó n. l. xaA.xoiic;, 104.
-co!;Ó't'l)S, 117, 132, 134. XÓ.O'tl)c;, 31.
't'QÓ.yot, 299. xaowvetot XAÍilaxec;, 320.
-coayq>IHa, 300. 301. xetQo-covía, 124, 126, 135.
l'Qt~wvwv, 326. )(L'tWV, 324, 325; t!;o)lÍc;,
'tO~'loaoxía, 139, 149 . ci.!l<ill.flCÍOXUAOc;, 326.
"tQLfÍQUQXOI;, 115, 139. xA.a1-1-úc;, 324 n. 2.
"tQLl)Qet;, 139. xl.avíc;, 324 n. 2 .
't'QLl)QOliOLOÍ, 130, xotvt!;, 102.
"tQL"tayw'Yl.O"'tÍ¡c;, 307. XOI!TIYÍa, 150.
"tQL"t"tlÍ«QXOS, 123, xooo1h6ó.O?IaA.oc;, 310.
1'QLnú;,·122. xooó;, 299; xúxA.wc; xooó¡;,
"tQUÍl~oA.oc;, 136. 299; xooov 6tMvat, 310.
't Q01tllt i¡Aí.ou, 95. xoüc;, 102.
lí '\IILAÓV, 20.
•·ynetc;, 151, 152 . '11' 21, 22, 27.
únvov (neQt nom'tov), 93. '\11Eu6o¡.&.UQ't'UQÍWV l\íxt¡, 147,
u.rcolH¡¡.¡.a"ta, 326. 'IJf¡<jliO!l«, 131, 137.
U:toftioELc;, 302 Q, 2. 'IJi¡<poc; lll)J.Loaía, 145 n. 2.
UltOXQL'tfÍc;, 307. '\IILA.o( (tropas), 138.
UltÓQX1JJ.4U, 323. 'IJtMv (l, 6), 20.
344 tNDICE DE PALABRAS GRIEGAS
Q, 21. F, 21, 22, 25, 142;
!ÍJ~~.152.
d>Qat, 94. O, 25, 26.
'!), 25. '
1NDICE DE PALABRAS LATINAS

A (absolvo), 234 n. 2, 287. Alliensis clades, 172.


A (antiquo), 234. alterca tío, 287.
A. V. C., 171. ambitus, 21 7 ; quaestio, 286.
.abdicatio, 218. amphitheatrum, 329 .
accensus, 16 7. amphora, 179.
Acta senatus, populi, diur- ampliatio, 287.
na, 228 n. 2. angusticlavia tunica, 241.
actio legis, 279, 280, 281; annona, 209.
dare actionem, 280. annonae praefectus, 253.
actus, 178. anquirere, 285.
addictus, 284. ante meridiem, 167.
adjudicatio, 282 n. 2. antepilani, 261.
Adjutrix legio, 268. antestari, 280 n.
adlecti, 251. Apollinares ludi, 173.
adsidui, 198. aquae et ignis interdictio,
advocati, 284. 288.
Aebutia lex, 282. aquarum curatores, 254.
Aedes divi Julii, 236. aquila, 264.
aedilis. Véase lndice de Ma- arbiter, 277.
terias. armillae, 266.
Aegypto (praefectus), 255 Arvales fratres, 219.
n. 3. as, 173, 174, 175, 176; as
aequitas, 275. Iibralis, 175.
aerarii tribuni, 224, 277. atellanae, 3 31.
aerarium militare, 296. Aternia Tarpeia lex, 237 n.
Aerarium Saturni, 210, 295. 2, 273, 284.
aerarius, 241 n. l. atri dies, 172.
aes, aes. grave, 174, 175. atrium, 242.
aes signatum, 175. auctoritas senatus, 228, 229.
aestiva, 269 n. -1. augur, 196; colegio de los
affines, 194. augures, 220.
ager publicus, 293 n. l. auguraculum, 221.
agnati, 194. Augusta legio, 268.
agrimensores, 264.. Augustus, 248 ; legati Au-
ala, 263, 264. gusti, 255, 268 ; procura-
album, 205; album judicum, ter Augusti, 296.
278. aulaea, 330.
346 INDICE DE PALABRAS LATINAS
Aurelia lex, 276. cautio, 282, 287.
aureus de César y de Au- celerum tribunus, 181, 196.
gusto, 175, 176. censi capite, 258.
auspicia, 181, 218 n. 1; censor. Véase el lndice d~
majora, minora, 201; pri- Mat~rias.
vata, 221 ; habere .._uspi- census, (censo) ; census de
cia, 221 ; publica, ex tri- las clases, 233; manumis-
pudiis, 221, 222; repetere sio ex censu, 206 n. 1,
auspicia, 222. 240; equester, 241 n. 2 ;
auxilia, 207, 260, 268. extremus 258; de los du-
cenarii, 290; de los tribu-
Bacchanalia, 230. ni aerarii, 224.
bes, 173; fenus ex besse, 179. centesima (cuantía del in-
bibliopo1ae, 37. terés ), 180.
binae centesimae, 180. centesima rerum venalium,
bissextus, 170 n. 2. 294.
bombycina, 36. centumviri, 224, 272, 276,
bruma, 95 n. l. 277.
centuria juniorum, seniorum,
e (letra)' 26. 198, 233, 258; número de
e (signo numérico), 27. ciudadanos en cada cen-
e (condemno), 234 n. 2, turia, 233.
287. centuriata comitia, 199, 223.
Caecilia lex, 207. Véase el lndic~ de M a-
caerites, 240. terias.
Caesaris patrimonium, 296. centurio, 257, 261, 263 n. 1;
calamus, 34. sueldo 292.
calata comitia, 198, 199. cereales, 253.
calceus senatorius, 226. Cereales aediles, 208, 209.
Calpurnia lex, 238. charta, 31, 36.
ca1umniae, 286. Cincia lex, 284.
cantica, 334. cives (clases de ) 239, 243 ;
Canuleja )ex, 185, 239. cives optimo jure, 239; si-
capio pígnoris, 280. ne suffragio, 240, 260; de-
capitales tresviri, 213, 288. beres militares, 258, 259;
capripedes satyri, 299. pobres, 292, exentos del
caput, 241 ; capitis demínu- pago de impuestos, 294.
tio maxima, minor, 241; civile jus, 275 n. 2.
capite censi, 258. civitas 243; civitas sine suf-
Cassianum foedus, 243. fragio, 243; civitates loe-
castra, 268, 269; aestiva, deratae, 244; extensión a
269 n. 1 ; hiberna, 269 n. 1 talia del derecho de ciu-
1; stativa, 269 ; praefec- dadanía, 245.
tus castrorum, 269. classiarii, 27 l.
causarii, 259. classici quaestores, 186, 209,
causidici, 284. 271.
lNDICE DE PALABRAS LATINAS 347
classis, 222, 232, 233; cua- conscripti patres, 225.
dro que indica la división consecratio, 250.
de las clases e:n los comi- consilium principis, 251.
cios centuriados, 233. constratus (pes) , 178.
classibus praefecti, 271. consul. Véase el lndice de
clavi figendi causa (dicta- Materias.
tor)., 210. consulares, 226, 251, 255 n.
clientes, 195. 3, 290.
clipeus, 258 n. l. consularis potestas. Véase
codex, 34, 62. cónsul.
codicillus, 34. contaminata, comoedia, 333.
coercitio, 214. contio, 214, 232 n. 1, 285.
cognati, 194. connubium, 185, 239.
cognitio, 254, 274, 276, 290. cooptatio, 220, 238.
cognomen, 194, 24-8, 240 cornicines, 233.
n. l. cornua, 32.
cohors (de los gobernadores cubitus, 1 77.
de provincias), 246. curatores frumenti, viarum,
cohortes civium Romanorum, aquarum, operum tuendo-
268. rum, riparum, 253, 254.
cohortes urbanae, 269. curia, 181, 193, 194, 232,
cohortes vigilum, 270. 235 n. l.
Colonia Romana, Latina, Curia Hostilia, 227 n. 1, 235
244. n. l.
comitia calata, centuriata, Curia Julia, 235 n. l.
curiata, tributa. V~ase ca- curiata (comitia ), 199, 223.
da una de estas palabras. Véase el lndice de Ma-
Además, véase lndice de terias.
Materias. curiata (lex) de imperio,
comitiales dies, 172. 196, 218.
comitiati, tribuni militum, cursus honorum, 216, 217.
257. curulis (sella), 202.
comitium, 234, 235, 283, custodes, 265.
n. l. cyathus, 179.
commercium, 239. cyrenaica, legio, 268.
comoedia, palliata, togata,
trabeata, tabernaria, prae- D (signo numérico), 27.
texta, 332, 333, 334; con- datio judicis, 282.
taminata, 333. decemviri legibus scribendis,
comperendinatio, 287. 202.
conciliabula, 244, n. l. decemviri stlitibus judican-
concilia plebis, 207, n. l. dis, 213, 276, 277, 290.
condemnatio, 282. decuma, 293.
condictionem (per), 279. decumana porta, 265.
confarreatio, 220. decuria, 257, 277.
congius, 179. decurio, 257, 263.
348 INDICE DE PALABRAS LATINAS
delectus, 259. equitatus, 251; justus; 251.
deminutio capitis, maxima, equites. Véase el lndice de
minor, 241. Mate~ias.
denarius, 175, 176. equus publicus, 241, 258.
detestatio sacrorum, 238. evocati, 260.
deunx, 173; usurae deun- evolvere, 32.
ces, 180. excubiae, 265.
Deus ex machina, 321. excubitoria, 270.
dextans, 173. exercitus, 234, 257.
dextra, p.o r t a principalis, explicare, 32.
265.
dialis, (flamen, flaminica) , Fabri, 232 n. 2.
220 n. fabulae, 331.
dictator. Véase el lndice de falsi, quaestio, 238, 286.
Mate~ias. familia, 194.
diem dicendo consumere, fari tria verba, 172.
227. - fasces, 203, 213, 255.
di es a tri, comitiales, fas ti, fasti dies, 171, 172, 279.
fissi, intercisi, nefasti, pro- fenus, 179.
festi, religiosi, vitiosi, 1 71, feralia, 172.
172; dies fas tus, 171, 172, feriae, 172; latinae, 203;
279; nefastus, 171, 172. statae, 172; indictivae,
digitus, 177. 172.
dilectus. Véase delectus. Ferrata legio, 268.
diribitio, 234. fescenninae, 33 l.
discessio, 227. !estuca, 277.
diverbia, 334. fetiales, 196, 222.
divinatio, 286. filum, 220 n.
divus, 250. fiscus, 296.
do, dico, addico, 172, 283. fissi dies, 172.
dodrans, 173. flamen, 219 ; etimología de
dominus gregis, 334. la palabra, 219 n. 1 ;
ducenarii, 290. flamen Dialis, Martialis,
duoviri perduellionis, 196, Quirinalis, 219, n. l.
272. Flaminia Prata, 330.
flaminica, 219 n. l.
Edicendi jus, 214. Floralia, 209.
edictum, 205, 289; de go- foederatae civitates, 244.
bernador provincial, 205; foedus Cassianum, 243; ae-
de emperador, 289. quum, iniquum, 243 n. 2.
edictum perpetuum, 205, formulae, 282; fórmula ci-
289 n. l. tada por Gayo, 282, 283.
editio princeps, 45. Fora, 235 n. 1, 244 n. l.
emeriti, 260. Forum, 283 n. 1 ; plano del
Epistulae Augusti, 192. Foro, en la p. 162; des-
equester census, 241 n. 2. cripción, 235 n. 1 ; Fo-
INDICE DE PALABRAS LATINAS 349
rum Romanum, Magnum, imperium. Véase el lndice
Julium, Augustum, 235 n. de Ma terias.
1; Julii, 271; Forum Ap- inaugitratum templum, 227
pií, 244 n. l . n. 2.
Fratres Arvales, 219. index, 32.
frequens senatus, 227 n . 3. lndictivae Feriae, 172.
frentes, 32. infamia, 241, 288.
f.rumenti curatores, 253. injectionem (legis actio per
manus), 279, 282. .
Gabinia !ex, 190. Institutiones de Gayo, 289.
Gajus, 26. intentio, 282.
galea, 258 n. l. intercalarius mensis; 96, 169.
Gatlica legio, 268. intercessio, 207, 215.
gens, 181, 19"4, 195, 219. in tercisi dies, 172.
gentes minores, ' 195 n. l. interdictio aquae e t ignis,
gentium jus, 275 n. 2. 288.
Germanica legio, 268. interrex, 196, 202.
glaaim, 261. Italia. Véase lndice de Ma-
Gnaeus, 26. terias.
gradus, 177. ltalica legio, 268.
graecostasis, 235 n. 1. italici socii, 244.
greges (de actores), 3 34;
dominus gregis, 334. J. 27.
gromatici, 264. judex, 202, 224, 272, 275,
HS., 177, 250. 276, 287; ferre, ejera,re
hasta, 258 n . 1, 261, 277; judicem, 278; judiéem re-
significación si m b ó li e a, jicere, 287; a1bum judi-
277. cum, 278; judicis datio,
hasta ti, 26 l. 282 ; legis actio per judi-
heredítates, 294; hiberna, cis postulationem, 279.
269 n. l. Judiciaria (!ex Sempronia),
Hispana legio, 268. 276.
liister, 331. judidurn, 283.
histrio, 331. jugerum, 178.
horno novus, 242. Julia {curia), 235 n. l.
hono~m cursus, 216; jus, Julia rnunicipalis lex, 245.
239, 240, 241. Julia Norbana lex, 245 n. 2.
Hortensia lex, 18.5; 229. juniani, 245 n. 2.
Hostilia curi¡¡., 227 n. 1. J uno Moneta, 178.
jurare in leges, 218.
Idus, 167. . jus connubii, 185, 239 ; jus
ignominia 241. edicendi, 214; jus multae
imagines, ·242; jus imagi- diction,is, 214 ; praefecti
num, 242. jure dicundo, 205, 244 n.
imperator, 190, 191, 192, 1, 278; jura publica, 239;
248, 249. · privata, 239; jus suffragii,
350 INDICE DE PALABRAS LATINAS
239; honorum, provoca- tibus.
tionis, commercii, 195, litterati, 38.
239, 240, 241; imaginum, lituus, 175.
242; Latii, 245; jus gen- Livia !ex, 276.
tium, 275; naturale, 275 locupletes, 198.
n. 2; jus civile, 27 5 n. 2; lorica, 258.
in jure, 282; vocare in Luceres, 193.
jus, 282; dico jus, 283. Ludí Apolinares, 173 ; Ro-
justus equitatus, 25 7; exer- maní, 173, 209, 335; Ple-
citus, 257. beji, 173, 208; Cereales,
208, 209.
Kaeso, 26. ludio, 331.
Kalendae, 26, 168. Lupercalia, 172.
Luperci, 219.
L (signo numérico), 27. lustrum, 206.
laticlavia, 226.
!atinae feriae, 172. M (signo -numérico)~27.
latinum nomen, 244; colo- maeniana, 236 n.
niae latinae, 244. magíster equitum, 200 ; sus
Latii (jus), 245. funciones, 210.
Latini Juniani, 245 n. 2. majestas, 25 1; majestatis
legati Augusti, 255 n. 3, quaestio, 238, 286.
268. manceps, 295.
legem ferre, rogare, etc., mandata, 289.
231 n. l. Manilia !ex, 190.
leges. Véase el lndice de manipulw, 256.
Materias. manumissio ex censu, 206
legio, 268; (legiones impe- n. 1, 240 n. 1; testamen-
riales), nombres de las to, 240 n. 1 ; vindicta,
mismas, 268; su sosteni- 240 n. 1; impuesto sobre
miento, 292. las emancipaciones, 294.
Lemuralia, 172. manumissus, 240 n. l .
leges (jurare in), 218; !ex manus injectionem (legis
sacrata, 237; provinciae, actio per) , 279, 282.
246; de imperio, 249; le- Martialis flamen, 220 n.
gis actio, 279. Véase el Megalensia, 173, 209, 335.
lndice de Materias. membrana, 32, 33.
liber, 31. mensis, 167.
liberti, libertini, 240. meridiem (ante, post), 167.
libra, 174. militurn tribuni, 257, 267.
libralis as, 174, 175. milia passuurn, 178.
librarii, 37. milia sestertium, 177.
libumae naves, 271. mimi, 331.
lictor, 213. Minervia legio, 268.
litem addico, 283; 1item miniurn, 294.
contestan, 283. Véase Stli- modius, 179.
INDICE DE PALABRAS LATINAS 351
morum praefectus, -190. palliata tragoedia, comoedia,
mos majorum, 181, 197. 332.
mulleus, 226. pallium, 332.
multa, 285, 288 ; multae palmipes, 177.
dictíonia jus, 214. palmus, 177.
munia, 243. parilia, 172.
munícipium, 243. parricidium, 285; quaestores
parricidii, 181, 196, 272,
Naturale jus, 275 n. 2. 285.
nautae, 271. Parthica legio, 268.
navales socii, 2 71. passus, 178 ; milia passuum,
naves longae, onerariae, li- 178.
bumae, 271. paterfamilias, 194.
nefaati dies, 171, 172, n. l. pater patriae, 248.
nobiles, 242. patres, 195, 196, 225; pa-
nomen, 194; nomina dare, tres (et) conscripti, 225.
260; nomen deferre, 286; patriae pater, 248. ·
nomen rei accipere, 286. patricii, 194.
nomen gentilicium, 194. patrimonium Caesaris, 296.
nomen latinum, 244. · patronus, 195.
non liquet, 287. patronus (abogado), 284.
Nonae, 168. peculatus ( quaestio), 238,
nota, 206, 207. 286.
notarii, 228. pedare, 178.
novus horno, 242. pedarii, 226.
nummua, 175, 177. pedatura, 178.
nundinae, 172, 217. pedibus ire, 226, 227.
pedítes (censo de los), 233.
Obnuntiatio, 215. pensio, 281.
ocreae, 258 n. 1. perduellionis duoviri, 196,
Ogulnia lex, 185, 220, 239. 285.
omina, 221. peregrinus, 244, 275 n. 1;
onerariae naves, 271. praetor, 186, 204, 224,
operum tuendorum (cura- 281.
tores), 254. perendie, 287.
Ops (templo de), 295. pergamena, 33.
optio, 257. perpetuae quaestiones, 204,
ordo senatoriua, nobilium, 224-.
242. perpetuum edictum, 205.
omare provinciam, 246. pertica, 178.
ovilia, 234 n. l. pes, 17 7, 178 ; pes J)orrec-
Ovinia lex, 185, 225. tus, quadratus, 178.
phalerae, 266.
Pagina, 31. pignoris capionem (legis ac-
pagus, 198. tio per), 280.
palimpsestum, 35. pilani, 2 61.
352 INDICE DE PALABRAS LATINAS
pilum, 261. praetorio, 252, 269; anno-
plagulae, 31. n.ae, 253; vigilum, 254,
plaustra, 300 n. l. 270; Aegypto, 255 n. 3;
Plautia !ex, 276. castrorum, 269 ; praefecti
Plautia Papiria lex, 245. jure dicundo, 205, 244 n.
Plebeji ludí, 173, 208. 1, 278; praefecti Capuam
plebejus aedílis. Véase el In- Cumas, 213, 244 n. 1 ;
dice de Materias. praefecti socium, 263, 267 ;
plebiscitum, 183, 223. classibus, 271. ·
plebs, 183, 195, 214, 234; praenomen, 191, 194, 248.
concilia plebis, 207 n. 1, praerogativa centuria, 234.
234; 235 ; apelación a la praetexta toga, 214, 226;
plebe; tribuni piebis, véa- tragoedia, comoedia, 332.
se el lndice de Materias. praetor. Véase el lndice de
pluteus, 48. Materias.
podismus, 178. praetoria · porta, 265.
Pomerium, 199, 248, n. 2. praetorii, 251.
Pompeja lex, 255. praetorium, 252, 265, 269 ·
pons (en las elecciones), praefecti praetorio, 252:
234. 269.
pontifex, 182; maximus, 182, praevaricati9, 287.
191, 219 ; etimología de Prata Flaminia, 330.
la palabra, 197; colegio praetiís maxi¡:nis, i nf i mis,
de los pontífices, véase el 206.
lndice de Matuias. primipilus, 263 n. 1.
Populus Romanus, 181, 194; princeps, 192, 248.
cum populo agere, 214; princeps. senatus, 2.26 n. l.
acta populi, 228 n. 2. príncipes, 45, 261.
Porciae leges, 230 n. 2, 288 privata iura, 239. ·
n. l. proconsule, 211 n. l. Véase
porrectus pes, 178. el lndice de Materias.
porta praetoria, decumana, procurator Augusti, 296.
principalis dextra, princi- procurator (abogado) , 284.
palis sinistra, 265. procuratores, 256; pro lega-
portoria, 230 n. 2, 294, 295. to, 256.
post exactos reges, 171. prodictator, 236 n. 2, 210
post meridiem, 167. n. l.
postulationem judic~ (legis professio, 21 7.
actio per) , 279. profesti dies, 172.
potestas, 214, 270; consula- prohibitio; 215.
ris, véase consul ; tribuni- proletarii, 234.
cia, 208, 249; par potes- propraetore, 211 n. l. V éa-
tas, 214; majar, 215. se d lndice de Materias.
praefectus roorum, 190; ur- prorogatio, 212. .
bi (época real), 196 ; urbi provincia, 215, 246 ; ornare
(época imperial ) , 253; provinciam, 246; senato-
lNDICE DE PALABRAS LATINAS 353
riales, 191, 254; imperia- quirinalis flamen, 220 n.
les, 191, 254. quirites, 194.
provinciae ( lex), 246. quorum, 122, 227 n. 3.
provocatio, jus provocationis,
239; 1ex de provocatione, Rationibus (scriba a), 296.
204 n. 1, 214, 237, 239, recuperatores, 224, 274, 275,
284. 276.
prudentes, 289. referre ad senatum, 227.
publicani, 206, 295. reges (post exactos), 171.
publilia philonis lex, 185, regia, 219.
228. regiones (urbis), 270.
publicus equus, 241, 258; religiosi ( dies), 172.
publica jura, 239; publica remiges, 2 71.
utilitas, 281; ager publi- renuntiare, 196, 218.
cus, 293 n. l. renuntiatio, 218, 251.
pulpitum, 330. renuntiatus, 218.
puncta, 234. repetundae pecuniae, 238;
quaestio de re pe tu n dis,
Quadrans, 173. 189 n. 2, 219, 286, 287.
quadrantal, 179. rescripta, 192, 289.
quadratus pes, 178. re~ponsa, 284, 289.
quadrivium, 42. respublica, ne quid detrimen-
quaestiones, 189, 238, 280, ti capiat, 230.
283 n. 1, 286, 287, 290, rex, 219; rex sacrificulus vel
291; quaestio extraordina- sacrorum, 182, 199, 219.
ria, 238, 285; ordinaria, Rhamnes, 193.
238; quaestiones de sica- rhinthonicae, 332 n. 2.
riis, de veneficis, ambitus, riparum (curatores), 254.
majestatis, falsi, peculatus, rogatio, 231 n. l.
de vi, 189 n. 2, 238, 286; rogatores, 234.
judices quaestionis, 286. Romani Ludí, 173, 209; Co-
quaestor. Véase el lndice de loniae Romanae, 244.
Materias. Roscia lex, 242, 330.
quaestores classici, 186, 209, rostra, 222, 235, 236 n.
271. rufuli, 25 7.
quaestores parricidii, 181,
196, 272. Sacer, 207.
quarto quoque anno, 170. sacra, 194; rex sacrorum,
quatuorviri viis in urbe pur- 199, 219; detesta tio sacro-
gandis, 213. mm, 238.
quincunx, 173. sacra m en tu m (legis actio
quindecimviri sacris faciun- per), 279.
dis, 222. sacramentum, 260.
quinta et viccsima, 294. sacrata lex, 237.
quintilis, 169. sacrificulus (re¡¡:), 182, 219.
quirinalia, 172. sacrosanctus, 207.
354 íNDICE DE PALABRAS LATINAS
saepta, 234. signum (bandera }, 263.
Salii, 219. signum (consigna}, 265.
satisdatio, 282. singulorum sententias exqui-
saturae, 331. rere, 227.
Saturnalia, 172. sinistra (porta principalis) ,
Satullni (acrarium), 210, 265.
295. siparium, 330.
satyri capripedes, 299. sipho, 270.
scamnum, 265. sitella, 287.
scribae, 254; ab epistulis, socii italici, 244, 260, 263 ;
254; a libellis, 254; a cog- praefecti socium, 263; so-
nitionibus, 254; a rationi- di navales, 271.
bus, 296. sodalicia, 219 ; quaestio de
scriptorium, 41. sodaliciis, 286.
scripulum, 173, 175, 178. solarium, 167.
sella curulis, 202. solstitium, 95 n. l.
semis, 173. spectio, 196 n. 2, 215.
S e m pro ni a judiciaria !ex, sponsio, 280 n. 2.
276. statae f eriae, 172.
semuncia, 173. stationes, 265.
semunciarium fenus, 179. stativa castra, 269.
senatorius ordo, 242. stilus, 34.
senatus, 181 ; princeps sena- stipe n di u m (sueldo ), 258,
tus, 226; ad senatum re- 265 ; (tributo), 243 n. 2,
ferre, 227; frequens, ~37 246, 293, 295.
n. 3; acta senatus, 228 n. stlili, 213, 276, 277.
2; auctoritas, 228. V~ase stlitibus judicandis decemvi-
el lndiee de Materias. ri, 213, 276, 277, 290.
senatus consultum, 223, 228, strigae, 265.
230, 274; ultimum, 203, subscriptio, 254. ·
229, 237 n. 1, 274. subscriptores, 286.
sententia, 283. subsellium, 202.
sentencias exquirere, 227. suffragium, 239; jus suffra-
septunx, 173. gii, 239; cives sine suffra-
Serviliae leges, 276. gio, 240, 243.
sescuncia, 173. supplicatio, 267.
sestertium, 177; mili a, 17 7; Tabernaria comoedia, 332.
decies sestertium, 177. templum, 221.
sestertius, 17 5, 176. templum (en el lenguaje au-
sextans, 173. gural ), 196, 227.
sextarius, 179. tergiversatio, 287.
sextilis, 169. Terminalia, 169, 172.
sextula, 173. tesserae, 265.
sicariis et veneficis ( quaes- tesserarii, 265.
tio de), 189, 238. testamento (manumissio ex),
sicilicus, 173.. 240 n. l.
INDICE DE PALABRAS LATINAS 355
Ticios, 193. dice de Materias; praefec-
titulus, 32. tus urbi, 253; regiones ur-
toga praetexta, 214, 226; bis, 270.
candida, 217 n. l. urna, 179.
togata comoedia, 332. usurae unciae, deunces, trien-
torques, 266. tes, 180.
trabeata comoedia, 332. uti rogas, 234 n. 2.
tragoedia palliata, praetexta, utilitas publica, 281.
praetextata, 332.
tresviri capitales, 213, 288. · V (letra), 27 n. l.
tresviri monetales, 213. V (signo numérico), 27.
triarii, 261. vadimonium, 282.
tribunal, 283. V aleria lex de provocatione,
tribuni aerarii, 224, 277. 204 n. 1, 214, 239, 284.
tribu ni militum, 25 7, 267; Valeriae Horatiae leges, 183,
comitiati, 257. 237.
tribunicia potestas, 208, 249. vectigal, 246, 293; vectical
tribunus celerum, 181, 196. certum, 293.
tribunus militum consulari velites, 262.
potestate, 202. velum, 330.
tribunus plebis. Véase el !n- veneficis (quaestio de), 189
dice de Materias. n. 2, 238, 286.
tribus, 183; 198 n. 1, 222, vexillum, 263.
232; tribus rusticae, 198 vi ( quaestio de), 2 38, 286.
n. l. viarum curatores, 254..
tributa comitia. Véase el vicesima, 294.
lndice de Materias. Victrix legio, 268.
tributum, 265. vicus, 198.
triens, 173 ; fenus ex triente, vigintisexviri, 213.
179; usurae trientes, 180. vigiles, 265.
tripudiis (auspicia ex), 222. vigilum praefectus, 254, 270 ;
triunviri consulari potestate cohortes, 270.
reipublicae constituendae, Villia annalis lex, 185 n. 1,
247. 216.
trivium, 42. vindicta (manumissio ex),
turma, 257. 240 n. l.
viri consulares, praetorii, 255
VR (uti rogas), 234 n. 2. n. 3. Véase Consulares.
umbilicus, 32. vitiosi dies, 172.
uncia, 173, 177. vacare in ius, 282.
unciae usurae, 180. volumen, 32.
unciarum fenus, 179. X (signo numérico), 27.
urbanae cohortes, 269.
urbanus praetor, 204, 224, Y, 26, 27 n. 1.
290; quaestor, 209.
urbs. Véase Roma en el ln- Z, 26, 27 n. t.
lNDICE DE MATERIAS

Abogados, en Atenas, 146; aldeas del Ática, 106.


en Roma, 284. Aldo Manucio, 44.
abreviaturas, en los manus- Alejandro Magno, monedas
critos griegos, 23; en los con su efigie, 104.
manuscritos latinos, 29. alejandrinos (gramáticos),
Abu-Simbul, 17 n. 1. 24, 39.
acento, en griego, 87; en la- alfabeto griego, 15-26; su
tín, 90; anotación de los origen fenicio, 15, 16, 18;
acentos, 24. nombres semíticos de las
actores, en Etruria, 331; en letras, 16, 19; fecha de
Roma, 334, 335 ; primer la introducción del alfa-
actor, 300, 307; segundo beto, 15-18 ; tipo jonio y
actor, 301, 307; tercero, tipo calcídico, 21, 22,
301, 307; cuarto, 307, 25, 26.
311 ; actores mudos, 307 alfabeto ático, 15, 22; calcí-
n. 1, 310; distribución de dico, 21, 26; jónico adop-
los papeles, 307; expre- tado en Atenas, 15, 21,
sión, 321; trajes, 324-327, 22 ; letras que sirven de
332; máscaras, 327, 335; cifras, 25.
coturnos, 323, 326; pelu- alfabeto latino, 26.
cas, 324, 328. alfabeto fenicio, hebraico, 15,
acueductos romanos, 254. 16, 18, 19, 20; origen
adiciones, en los manuscri- fenicio del alfabeto grie-
tos, 65 y siguientes, 7.6. go, 15, 16; cuadro del al-
adivinación. V~ase augures fabeto fenicio, con equiva-
y auspicios. lencia hebrea y griega, 19.
aduanas, de entrada y de sa- almirante ateniense, 139; es-
Lida, en Atenas, 148; en partano, 156; romano,
Italia, 230, 294. 271.
Aesís, río, 186. Ambrosianus, manuscrito de
Afranio, autor cómico, 331. Plauto, 56.
Ágidas, en Esparta; 152. anapestos, 306.
agosto (mes), 169. anfictionías, 159.
Águilas de las legiones, 264. anglosajona, (escritura), 28.
Alceo, su dialecto, 83. antepasados (culto de los ),
Alcuino, 42. en Roma, 194; imágenes
Alcman, 33. de cera, 242.
358 l ND1C E D E M AT E R 1 AS
antistrofa, 306, 323. Aristóteles, 33, 302 n. 2,
año griego, 95; designado 311.
por el nombre del arcon- armas de los hoplitas ate-
te en Atenas, 128 ; roma- nienses, 13 7; de los sol-
no, 169; bi5iesto, 170. dados romanos, 258 n. 1,
aparato critico, 48-63. 261-263.
Apaturias, 100, 119. as, 173; fracciones del as,
apelaciones, en Atenas, 111, 173, 174, 175.
14 7 ; en Roma, en la épo- asambleas en Atenas, 116,
ca de los Reyes, 197, 272; 130 y siguientes, 133; en
en la época de la Repú- Esp~rta, 154. Véase co-
blica, 284 ; bajo el Impe- miCIOS.

rio, 252, 290. Asconio, 39, 40.


A polo (fiestas de), 1 00; di- A tena (fiestas en honor de),
vinidad tutelar de los co- 100.
lonos, 157. · Atenas (constitución de)
Aproniano Asterio, editor de 106 y siguientes; resume~
Virgilio, 58. de la constitución, 115,
árbitros, en Atenas, 140; en 116; magistrados, 123 y
Roma, 277. siguientes; población, 116
arconte-rey, 129 n. 1, 219 y sig.
n., 309. Athos (monte), 48.
arcontes, 108 y siguientes, Ática (dialecto de ), 82, 83;
114, 128; sus funciones, estado primitivo de Áti-
128, 129, 144, 145, 311. ca, 106; población, 116 ·
archivos, en Atenas, 129, fiestas, 100; teatro, 299y
137, 302 n. 2. siguientes; alfabeto, véase
alfabeto.
areópago ( tribunal del), 111,
augures, 196; plebeyos, 185 ;
114 ; $US poderes, 114, 115,
133, 141 ; reformado por colegio de los augures,
Pericles, 114; su presiden- 220.
te, 129; origen del nom- Augusto, triunviro, 24 7; sus
bre, 133 n. 1. poderes, 191, 248, 289;
Argonautas, ele Apolonio de rescripta, epistulae, 192 ·
Rodas, 50. título de Augustus, 191;
242 ; honores de q ue fué
Argos (los Dorios en), 151.
objeto, 169, 191, 247,
Ari6n, 229, 300 n. 2. 248; fija el censo ecues-
Aristarco de Samotracia 39 · tre, 241 n. 2; senatorial,
editor de Homero, 49. ' 242; nombra oficiales pa-
Aristides, sus reformas, 113. ra las obras públicas, 254;
Arist6fanes, 304, 311; sus arregla las distribuciones
principales manuscritos, de trigo, 253, 292 ; provin-
48, 51. cias imperiales, 255; or-
Aristófanes de Bizancio, 24, ganiza los correos, 256;
39. calendario, 170; monedas
t N D 1C E DE M A T E R 1A S 359
de oro, 176; nombres que Blandinianos, manuscritos de
dió a las legiones, 268; Horacio, 59.
cambios verificados en el Bobbio (convento de) , 41,
ejército, 268, 269; guar- 43.
dia pretoriana, 269; divi- Boccaccio, 42, 43.
sión de Roma en distritos, Bodleianos (m a n u,sc ritos),
270; escuadras, 2 70 y 271; 47.
censo mencionado por San boulé, senado ateniense, 127,
Lucas, 294; impuestos di- 131 y siguientes, 159; sus
rectos, 294; fisco, 296; te- poderes, 135, 136.
soro militar, 296. boletines de votación, en
Aulo Agerio, nombre ficticio Atenas, 146; en Roma,
del demandante en una 234, 287; tablillas de he-
fórmula legal, 282. liastas, 142.
Aurispa (Juan), 44. Bracciolini ( Poggio), 43.
auspicios, 220, 221 ; toma- British Museum (manuscri-
dos por el rey, 181, 196 tos del), 47.
n. 2; por el interrey, 196; Budé, 45.
antes de reunirse el sena-
do, 227. Véase auspicia, Caballería ateniense, 13 7,
en el lndice de Materias. 138; de Esparta, 156; ro-
Auténticas, 289 n. l. mana, 198, 257, 262, 263,
aves. Véase auspicia, en el 269.
lndiu de Palabras La- caballeros. V é as e
tinas. E quites.
cadmeanas (letras), 15, 16.
Bacanales, 230. Cadmo, 15, 16, 17.
Bacon (Rogerio), 43. Caere, 240, 243.
Báquicas (fiestas) . V é as e Calauria, anfictionía, 159.
Dionisos. calcídico (alfabeto) . Véase
Baquílides, 33. Alfabeto.
barcos de guerra, atenienses,
Calco (moneda), 104.
139; romanos, 270, 271.
Bembino, manuscrito de Te- calendario griego, 93-1 00,
rencio, 57. 129; r.omano, 167-173;
Benedictinos, 41, 43. gregoriano, 170 n. 3. Cneo
Benito (San), 41. Flavio da el calendario
Bessarión (cardenal), 44. de los días fastos y ne-
bibliotecas públicas en Ro- fastos, 279.
ma antigua, 37; aspecto calendas, 168, 169, 197.
de una biblioteca romana, Calímaco, 39.
40; de Alejandría y de Calliopius, editor de Teren-
Pérgamo, 33, 34 ; biblio- cio, 57.
tecas modernas, 45-48. Cambridge (estudio del grie-
Bión (manuscritos de), 52. go introducido en), 45.
bisiesto (año), 170. Camilo, 258, 261.
360 1N D 1C E DE M A T ER 1A S
campamento romano, 264, 206, 295; su jurisdicción
269. en materia fiscal, 206,
Campania, 213. 274; derecho de veto,
Campus Martius (Campo de 215 ; cambios introducidos
Marte). Véase el Indice por Sila, 188; candidatu-
de Palabras Latinas. ra, 215; elección, 217;
candidaturas en Roma, 215. censores plebeyos, 184,
caña para escribir, 34. 185; auspicia majora, 201;
capital (pena) en Atenas, duración limitada de sus
14 7; en Roma, 288. funciones, 206, 225, 230;
capitales (letras), 27. praefectura morum, 190;
Capitolio, 178, 193, 221, sus poderes absorbidos por
227 n. 1, 236 n., 259, 267. los emperadores, 207.
Capua, 244 n. l. censura de los ciudadanos
Carlo Magno, 28, 41 ; favo- indignos, 206, 241.
rece la instrucción, 42. centuriados. Véase comicios.
carolinas (minúsculas), 29. centurias de Servio Tulio,
carrera de las antorchas, en 182; listas de las centu-
Atenas, 150. rias, 222, 233; censo de
Casiodoro,. 41. las centurias, 198.
castigos. Véase penas. centuriones, 25 7, 263; paga
Catulo (manuscritos de), 57. de los centuriones, 265,
causas en Atenas, 143, 144; 292.
en Roma, 278 y siguientes. Cereales ludí, 208.
Cecilio, 3 31. César, (título de), 250.
censo, 184, 205; de las clases, César (Julio), principales
233; de los caballeros, manuscritos de sus obras,
241; de los senadores, 60, 61; modifica el calen-
242; de los tribuni aera- dario, 170; campaña de la
rii, 277 ; de la población Galia, 190 ; vencedor en
(en el 241 y en el 70 a. Fanalia, 190 ; toma el tí-
de J. C.), 242; mencio- tulo de Imperator, 190;
nado por San Lucas, 294. sus magistraturas, 190, 191,
censores, origen de la insti- 211, 212, 226 ; poder tri-
tución, 184, 200, 205; bunicio, 191, 208; nom-
funciones, 205, 206; ha- bra los ediles cereales,
cen las listas de los ciu- 209, 253; aumenta ei nú-
dadanos, 184, 205, 222, mero de los pontífices y
241, 294; nombran los de los augures, 220; nom-
senadores, 185, 206, 225; bra nuevos senadores, 226;
señalan los ciudadanos in- instituye las acta senatus
dignos, 206, 225, 241; ad- y las acta populi, 228; re-
ministran el tesoro, 206, forma la constitución de
223, 230; las obras públi- los municipios, 245; nom-
cas, 206, 274, 291; tienen bra senadores legados de
a su cargo los contratos, las legiones, 268; aumen-
1N D 1C E DE M A T E R 1A S 361
ta la paga del ejército, civil (jurisdicción) en Ro-
269 n. 2; suprime los tri· ma, 224, 273-284.
buni aerarii, 277; restrin· Cizico (tribus de), 106.
ge el número de los que clásicas (obras), en la anti-
tenían derecho a las dis- güedad, 38.
tribuciones, 292 ; comienza Claudia, emperador, 284;
la Curia Julia, 235 n. l. trata de aumentar el alfa-
Cicerón, sus principales ma- beto latino, 27.
nuscritos, 60; comentado Cleofonte, demagogo, 143.
por Asconio, 39; su De clepsidra, 94, 146, 167.
Gloria, 43, cleruquía, 158.
Cilicia, 247. clientes en Roma, 195.
ciudadanía, derecho de ciu- Clístenes, sus reformas, 112.
dadanía extendido a toda Clodio, 207, 235 n. l.
1talia, 245, 259; a todo Cluny (abadía de), 43.
el Imperio, 245, 246; for- cobre (inoneda de) en Gre-
mas incompletas, 240, 241. cia, 103; en Roma, 175.
ciudadanos atenienses, 119 Codex Theodosianus, 289.
y siguientes; sus derechos, cohorte, 263, 269.
120; número de ciudada- Coislin, 4 7.
nos, 119; listas de los ciu- colegios en Roma, 219 ; de
dadanos, 120; división de sacerdotes, 219, 223; de
los mismos, 121 y siguien- augures, 220, 223; de fe-
tes. ciales, 222.
ciudadanos romanos, 181 y Coliseo, en Roma, 329 n. l.
siguientes, 198, 205, 222; colonias griegas, 156; de
su número, 242; en tiem- soldados romanos, 186,
po de la Monarquía, 193; 244, 266.
en tiempo de la Repúbli- comedia, 300; origen, 300,
ca, 222, 239-243; cola- 304; antigua, 304; media,
ción de los derechos ciu- 304; nueva, 304, 333; en
dadanos, 239; derechos las Dionisíacas menores,
ciudadanos conferidos en 308; trajes de los actores,
tiempos del Imperio a los 324 y siguientes; coro, 322
legionarios y a los mari- y siguientes; máscaras,
nos, 267, 271; pérdida de 327; romana, 335; pallia-
los mismos, 241 ; elegibili- ta, togata, trabeata, ta-
dad para los cargos pú- bernaria, 332.
blicos, 216, 239; alista· comentarios, 38, 39.
miento, 215, 222, 233; comicios, 232-238, 251; d ías
exención de impuestos~ en que tenían lugar, 172;
223, 294; sometidos al derecho de convocarlos,
servicio militar, 257; exen- 214; privados de sus fun-
tos del mismo, 259, 260; ciones, 251.
colonias de ciudadanos, comicios calados, 198, 238.
244. comicios centuriados, ori-
362 t N D 1C E DE M AT E R I A S
gen, 182, 198, 232; dívi~ el Campo de Marte, 235;
siones, 198, 2 33; convo- votación, 235, 236; pode-
cados solamente por los res legislativos, 183," 185,
magistrados con impe- 223, 236, 273; fiscaliza-
rium, 201, 202, 234; vo- ción financiera, 230 n. 2;
tación, 234; no podían fiscalización judicial, 237,
reunirse en Roma, 199, 274, 285; elección de los
201, 234; se reunían en magistrados ~in imperium,
el Campo de Marte, 222, 202, 208, 213, 217, 223,
234; reforma de los co- 236, 277; nombran al- dic-
micios, 233; se les encarga tador Fabío, 21 O n. 1;
de las funciones de los co- nombran los senadores de
micios curiados, 199; nom- Sita, ·236·n. 2; pierden sus
bran al rey, y más tarde poderes con el Imperio,
a los cónsules, 199, 21 7, 251.
236; deciden la paz y comidas, en comunidad en
la guerra, 199 ; nombran Esparta, 155.
los magistrados con impe~ comisiones de diez, en Ate-
rium, 202, 217, 229, 236; nas, 124 y siguientes; co-
predominio de las clases siones extraordinarias, 130.
ricas, 233 j poderes legis- confiscación de bienes, en
lativos, 228, 229, 236, Atenas, 147; en Roma,
273; funciones judiciales, 288, 294.
supresión de los comicios, conjeturas acerca de los tex-
183, 236, 273, 284, 285; tos antiguos, 73 y siguien-
251. tes, 78.
comiCIOS curiados, origen, Cónsules romanos, origen,
181, 232; vo~ción, 234; · 182, 199; funciones, 199,
nombran al rey, 196, 197; 202, 237; patricios, 202;
deciden la paz y la· gue- plebeyos, 184; candidátu-
rra, 197; tribunal de ape- ras, 215; elecciones, 203,
lación en tiempo de los 217; duración de sus fun-
reyes, 197, 272; arreglan ciones, 117, 199, 218; al-
el calendario, 197, 238; ternativa en el mando,
ratifican los testamentos, 203; funciones judiciales
l 98, 238 ; dan el impe- primitivas, 182, 204, n. 1,
rium a los magistrados, 274 n. 1; supresión de las
203, 218, 232; sus funcio- mismas, 184, 200; bandos
nes usurpadas por los co- o jus edicendi, 214; cón-
micios centuriados, 199. sul suffectus, 203; dirigen
comicios sacerdotales, 220, los asuntos extranjeros,
238. 203; derecho de convocar
comicios tributos, su origen, el senado y los comicios,
183, 234; los patricios to- 214; imperium, 200, 213,
man parte en ellos, 235; 218, 232, 257; potestas,
se reúnen en el Foro o en 214; derecho de castigar,
1N D I C E D E MATE R I A S 363
213; funciones militares, hay en el drama roma-
257; nombramiento de Jos no, 334. · ·
senadores, 185, 225; pre- cronas, obtenidas en las fies-
sidencia de los Ludi Ro- tas, 99.
maní, 173; auspicia maja- correos, en el Imperio Ro-
ra, 201; triunfo, 26o; in- mano, 256.
signias, 201, 213, 214; lic- Corvey, abadía, 42.
tores, 213 ; trajes y otras coturno, 323, 324.
particularidades, 214, 226, Orates, autor cómico, 304.
242; autoridad sobre los Gratino, autor cómico, 304.
restantes magistrados, 203;
veto, 215, 228, 288; con- criminales (causas) , 141,
sulado temporalmente su- 284.
primido, 183, 184; los cón- Crisa (juegos Píticos en), 99.
sulen desempeñan las fun- drisoloras, 43. •
ciones de los censores, 206, Cristiana (Era), 171.
230, 274; nombramiento crítica de los textos, 63 y
del dictador, 210; pro- siguientes.
cónsules, 211 ; pérdida de cronología griega, 93-10 1 ;
las funciones administrati- romana, 167-173.
vas en tiempo del Impe- cuestiones, 285. Véase, ade-
rio, 250; son jueces en más, qucestianes en el In-
apelación, 250; otras fun- dice de Palabras Latinas.
ciones, 250; elección de cuestores, secretarios de los
varios pares de cónsules, cónsules, 182, 209; de los
250. pretores, 186; plebeyos,
consumos (derechos de), 184; funciones, 209, 21 O;
en A:tenas, 148. jurisdicción contra los deu-
copistas de manuscritos, 37, dores del Estado, 275; se
67. aumenta el número de
corego, 150, 309, 310, 311, cuestores, 189, 209; cues-
329. tores· urbanos, 209; cues-
corifeo, 308, 322. tóres militares, 209; cues-
Corinto, juegos lstmicos, 99; tores de la armada ( quaes-
tores classici), 209; quaes-
Dorios en Corinto y Cor-
tores parricidii, 272, 285;
fú, 151, 157; drama pri- pierden sus. poderes bajo
mitivo en Corinto, 299. el Imperio, 250.
coro, 299, 300, 322; origen, culto de los antepasados,
299; su antiguo carácter, 121.
299; modificaciones, 301, cunados (comicios) . Véase
322; cantos del coro en comicios.
dialecto dorio, 300; traje cursiva (escritura), en grie-
de los coreutas, 325; su- go, 23; en latín, 28.
presión del coro, 304, 334; curul (silla) , 201, 202, 214.
coro cómico, 304; no lo curules (ediles), véase ediles.
364 1N D 1C E DE M AT E R 1A S
Dante, 42. de César, 190, 211 ; dicta-
daños, y perjuicios, en Ate- dor en Lanuvium, 245.
nas, 146; en Roma, 283, didracma, 103.
288. Dífilo, autor cómico, 304.
darico, 103. digam~. 22, 25.
decadencia de la erudición Digesto, 289 n. l.
latina, 39. dinero, 174 y siguientes.
decenviros, 183, 202. · Dionisiacas, 100, 158, 308,
decoraciones, en los teatros, 309.
311, 318, 319. Dionisio el Exiguo, 171.
Delfos (oráculo de), 154, Dionisos (Baco) , culto de,
157, 159. 299; fiestas de Baco, 100,
Deliberantes (asambleas), en 129, 147, 158, 299, 308,
Atenas, 133 y siguientes; 309; estatua de Dionisos
en Esparta, 154; en Ro- en el teatro, 311; teatro
ma, véase comicios y se- de Dionisos en Atenas,
nado. 313; asiento del sacerdote
DeJos, anfictionía de, 159; de Dionisos, 329.
tesoro, 127, 148 n. l. diptongos griegos, 86.
demarca, 122. dirección de la escritura, 18.
demiurgos, 108. ditirámbicos (cantos y bai-
demos áticos, 112, 120, 121, les), 299 y siguientes.
y siguientes. Ditografía, 69, 75, 78, 79.
De mó s ten es (manuscritos Doce Tablas (leyes de las),
de), 33, 34; facsímil del 183, 223, 272, 279, 281.
manuscrito denominado 1:, dorias (fiestas ), 100.
55. dorio (dialecto), 82, 88.
destierro, 288. dorio (origen) del drama,
deuteragonista, 307. 299.
día, griego, 93; nefasto en Dorios. Véase Esparta.
dracma ático, 103 y siguien-
Grecia, 100; día, ep Ro- tes.
ma, 167 ; nefasto, 171. Dracón (código de ), 109-
dialectos griegos, 82-89. 112.
dictador. El senado lo pro- dramas. Véase teatro.
clama necesario, 182, 229; dramáticos (concursos), 301,
nombrado por un cónsul, 309, 311; jueces y pre-
210; poderes, 182, 199, mios, 311 ; en Roma, 336.
210, 234; su maestre de
cabaUerla, 200, 210; veto, Ecclesia, en Atenas, 113,
215,237 n. 1; los comicios 116, 125, 126, 127, 128,
tributos nombran dictador 129, 131, 132, 133, 135,
a Fabio, 210 n. 1, 236 n. .136, 158; poderes, 133-
2; dos dictadores a la vez, 137; de las colonias, 158.
210 n. 1; supresión de la edad del servicio militar, en
dictadura, 191, 211; dic- Atenas, 120; en Roma,
tadura de Sila, 188, 211 ; 215, 223; límites de edad
t ND1CE D E M AT ER 1AS "365
para este- servicio, 198, Eleusis, 106.
222, 258. embajadores, en E s p arta,
ediciones, en la antigüedad, 153; recibidos por los pró-
38, 71. xenos, 158; en Roma, 231.
edictos. Véase tdictum en emperadores romanos, 192,
el lndice de Palabras La- 248, y siguientes; colación
tinas. de p o d eres imperiales,
edil curul, origen, 180, 208 ; 249; apelaciones, 290;
preside los juegos, 173, consejo, 251; gastos de la
208; insignias, 214, 226; corte imperial, 291 ; for-
primer edil curul plebeyo, tuna privada, 296; fun-
184; edil plebeyo, 184, cionarios imperiales, 251
199, 208; funciones, 208; y siguientes.
juegos, 173, 208; ediles enero, prinier mes, 171.
elegidos por los comicios enmiendas, 135.
tributos, 208, 217, 236; Ennio, 331.
candidatura, 21 7; elección eolio (dialecto), 83, 88 ..
217; desempeña las fun- épico (dialecto), 83, 89.
ciones de los censores, 206; Epicanno de Cos, 304.
cereales, 208, 253 ; juris- Epidauro (teatro de ), 314,
dicción en los mercados, 317.
275; poderes restringidos epigrafía, 15.
en tiempos del Imperio, equites (censo de los ), 233,
250. 241; Sila disminuye sus
editio princeps, 45. privilegios, 188, 242; les
~feso (teatro de) , 315. son devueltos, 242, 276;
Efialtes, 114. sirven en la caballería,
éforos, en Esparta, 153, 154. 241; como jueces, 188,
eginético (sistema), 102, 224, 242, 276; privilegios,
103. 242.
Egipto (prefecto 11omano era, en Atenas, Esparta, etc.,
en), 255 n. 3. 97, 98; en Roma, 171;
Einsiedeln, 43, 4 7. Era Cristiana, 171.
ejecución de los juicios en Erasmo, 45.
Atenas, 146; en Roma, Eratóstenes, 39.
283. errores de los manuscritos,
ejército ateniense, 137 y si- 63-82.
guientes; espartano, 154 ; escenario del teatro, 312,
romano, 187, 256 y si- 317, 330.
guientes; imperial, 267 y esclavos, en Atenas, 116-117;
siguientes; gastos del ejér- públicos, 117 ; sometidos
cito romano, 265. al tormento, 117; en La-
elecciones en Atenas, 124; conia, 151 ; en Roma, 206
en Roma, 217, 229, 232, n. 1, 240 ; sirven como sol-
236. dados, 271; sometidos al
Eleusinas, 1OO. tonnento, 287; castigos,
366 1N D 1C E DE M AT E R1AS
288; impuesto solire la ma, dirigidos por el sena-
venta y la emancipación do, 231; en tiempo del
de los esclavos, 294. lmperio, 251.
escolios, escoliastas, 39. extranjeros en Atenas (im-
escribas. Véase copistas. puesto sobre los), 11 7,
escritura. Véase alfabeto. Fe- 118, 148. Véase J4é'tOL-
cha de la introducción xm, peregrini.
de la escritura en Gre-
cia, 16. Fabio Máximo, 210 n. 1, 236
escrutinio, en la Ecclesia, n. 2.
135 ; en los jurados ro- familias atenienses, 107; ro-
manos, 287.· manas, 194 ; culto fami-
España romana, 28, 36, ·42, liar, 194, 21.9; renuncia
47, 187, 212; n. 2, 247, a los ritos familiares, 238.
255. . fasces, 213.
Esparta, 151-156; disciplina federadas (ciudades), 243,
militar, 154. 244.
espíritu suave, y áspero, 24. .Fenicia, relaciones con Gre-
esponja, 35. cia, 15, 18, 20.
estadio, 101, 102; en Roma, ficciones legales, 281.
178. fiestas griega,, 96, 99, 100;
Estado (bienes .del), en Ate- áticas, 100, 129, 147 ; do-
nas, 127, 148 ; en Roma, rias, 100 ; romanas, véase
feriale.
291.
Filodemo, 33.
estandartes romanos, 263, filólogos célebres, 79-82.
264. físicos (defectos) constituyen
estatera, 103. impedimento para desem-
estenografía, en Roma, 228. peñar cargos públicos en
Estrasburgo (manuscrito de), Roma, 21 7 ; eximen del
47. servicio militar, 259; en
estrategas, en Atenas, 113, Esparta, 154.
126; elección, 113, 126; flámines, 219, 219 n . 1, 285,
funciones, 126, 137, 149. n. l.-
etruscos (actores) , 331. flautistas, 308, 31 O, 335 n. l.
Euclides (arconte), 22 . Flavio (Cn.), 279.
Euclides, matemático, 39. Floralia, 209.
eupátridas, 107, 109. Florencia (manuscritos de),
Eúpolis, autor cómico, 304. 46.
E urípides ( rnanuscri to de), flota ateniense, 139; espar-
33, 51 ; su influencia en tana, 156; romana, 270.
el desarrollo del teatro, Fontainebleau (manuscritos
311, 322. . de), 47.
Eurip6ntidas, 152. forma de los libros antiguos,
exención del eervicio en el 31.
ejército romano, 258, 259. fórmulas legales, 281-284.
extranjeroS (asuntos) en Ro- Foro. Véase lndice de Pala-
t N D I C E D E M AT E R I AS 367
bras Latinas, Forum. siguientes; romana, 230,
Forum Iulii, (Freius), 271, 2!H y siguientes.
235 n. l. Haplografia, 69, 75.
fratrías atenienses, 107, 122; Harmostes, 152.
espartanas, 152. hebreo cuadrado, _18.
Freato, 141. H~cate (fiestas de ), 100.
Frínico, autor trágico, 300 Heidelberg (manuscritos de ),
n. 2, 308. 46, 47.
fronteras de Italia, 186, 245 Heliea, 113, 114, 142.
n. ). heliastas, 142.
Fulda (manuscritos de), 42, heraldo, de la Boulé, 131 ;
43. de la Ecclesia, 134 ; en
funcionarios públicos en Ate- Roma, 197.
nas, 123-130; cómo se les Herculano. Véase Pompeya.
nombraba, 124; cómo se Hermes (fiestas de ), 100.
les destituía, 125; lista de Herm6nimo, 45.
funcionarios romanos, 200- Heródoto (manuscritos de),
224. 52; dialecto de Heródoto,
83.
G latina, 26. H erondas, 33.
gastos del Estado, en Atenas, Hesíodo, 33, 83.
127, 147; en Roma, 291. .Heteos, ó Hititas ( escñtura
Véase hacienda. . de los), 16. ·
Gayo (manuscritos de), 35_; . Hierática (escritura) , 16.
jurisconsulto romano, 289. hierro (lingotes de) , que ser-
generales. V~ase cónsul, im- vían de moneda en Es-
perator, estrategas. parta, 155.
gens romana, 181, 194. homéricOs (poemas) trans-
gerousía, en Esparta, 154. criptos en el alfabeto jo-
Giunta, impresor, 44. nio, 22.
gladiadores (combates de) , Hipérides, 33.
335. Homero, estudiado en las es-
Glastombury (manuscritos cuelas de lá antigüedad,
de), 43. 38 ; manuscritos de Ho-
glosario, 39. mero, 31, 33, 49; dialecto
glosas, 39, 70, 76 . . de Homero, 83.
gótica (escritura), 29.
homicidio, en Atenas, 108,
Gracos (los) , 188, 242, 253,
141; en Roma, 196, 285.
292. honores concedidos a los ciu-
graffiti latinos, 28.
G r ·e go r ia.no (Calendario), dadanos atenienses, 120 ;
170 n. 3. a soldados romanos, 266.
Guelferbytani (manuscritos), hoplitas atenienses, 137; nú-
47. mero de los hoplitas, 119 ;
Guerra Sagrada, 160. espartanos, 152, 155. ·
Horacio, autor clásico en Ro-
Hacienda de Atenas, 147 y ma, 38; principales ma-
368 t N D 1C E DE M A T ER 1AS
nuscritos, 58·; comeñtado mejantes a los caracteres
por Porfirio, 39. fenicios, 16, 19; indica-
Hortensias (leyes), 229. ción de las cifras por las
Hortus Scipionis, 222. letras iniciales, 24, 25.
huérfanos, en Atenas, 128, insignias de los magistrados,
148. 213, 214.
inspectores de pesos y medi-
Idus, 167. das en Atenas, 130.
imperiwn, 202, 203, 204, Instituta de Gayo, 35, 289
212, 234, 239, 257; con- n l.
ferido por los comicios cu- intercalares (meses y dias),
riados, 203, 204, 218; in- en Grecia, 96, 97 ; en Ro-
signias, 213 ; de los empe- ma, 169.
radores, 192, 248, 249; lex interés del dinero en Grecia,
d~t imperio, 196, 249; no 105 ; en Roma, 179.
lo conservan los proma- interrey, 196, 202, 211, 217.
gistrados dentro de Ro- Internacional (D er e e ho),
ma, 211. 275.
impiedad en Atenas, 133.
inviolabilidad de los magis-
imprenta (invención de la),
trados romanos, 207; de
44. Augusto, 249.
impuestos, base de imposi- Ión, antepasado mítico de
ción en Atenas, 108 y si-
las tribus atenienses, 106.
guientes, 117, 148; en Ate· Iota, suscrita, 86.
nas, 148 ; impuesto sobre
el capital en Atenas, 110, irlandesa (escritura), 28.
149 ; impuestos en Roma, lstmicos (juegos), 99.
198, 206; autoridad del Italia (conquista de) , 186,
senado, 230; inmunidad 21 O, 2 70; derecho de ciu-
de los ciudadanos romanos, dadanía extendido a Italia,
223; ciudades federadas, 240, 243, 259; extendi-
243; en Roma en tiempo do al Imperio, 245; ha-
del Imperio, 293-297. - cienda de Italia, 209, 210,
Arrendatarios de los im- 269, 291; población de
puestOs en Atenas, 127, Italia, 242; gobierno, 243-
148; en Roma, 206, 275, 247; fronteras, 245 n. 1;
295, 296 ; de Asia, 230 jurisdicciones, 278, 290. ·
n. 2 ; suprimidos, 296. Italianos, aliados, 244, 260,
incendios (p r ecau e iones 263; sirven en la flota,
adoptadas contra los) , 271; su soldada, 292.
208, 254, 270. itálica (escritura), 29.
. infantería romana, 198, 261. itálicos (dialectos), 89 .
Véase hoplitas.
inscripciones griegas en Ate- Jenofonte (manuscritos de) ,
nas, 16; del siglo VII a. 33, 53.
de J. C., 17; en letras se- jeroglificos, 16.
1N D 1 CE D E M A T E R 1A S 369
jonias (tribus), en Atenas, se, 147; al pueblo roma-
106, 123. no, 292. Véase trigo.
jonio (dialecto ), 83, 88. latín, (pronunciación del },
Judea (procurador de), 256. 89.
judiciales (oficiales ), en Ate- Latinae (Feriae ), 203.
nas, 115, 129, 141-147; latinos, se les concede el de·
en Esparta, 153. recho de ciudadanía ro-
Juno Moneta (templo de), mana, 243; colonias de la-
178. tinos, 244; sometidos al
Júpiter (flamen de), 220 n; servicio militar y a los im-
templo de Júpiter Capíto- puestos, 243.
lino, 22 7 n. l. Laurentianus (manuscritos)
jurado, en Atenas, 115, 141; de Esquilo y de Sófocles,
indemnización, 114, 143 ; 46, 50-51.
límite de edad, 120, 142 ; Laurión (minas de plata de),
en Roma, 224, 276, 277; 105, 148.
modificaciones introduci- lega.l . (procedimiento), en
das por Augusto, 290; ju- Atenas, 144-147; en Ro-
rados permanentes, 285; 'ma, reformas de Sila, 189,
votación, 287. 204; usos antiguos, 277,
juramento de los funciona- 278, 2 79; acciones civiles,
rios atenienses, 125; de los 224, 278-284; criminales,
soldados romanos, 260; de 224, 284-288; en tiempo
los magistrados salientes, d el Imperio, 288-291.
218; de los jurados, 142, legión, 256-270; nombres de
287. las legiones, 268; sosteni-
jurisconsultos, en Roma, 284, miento, 265, 291, 292,
289. 295.
jut'isdícción, en Roma, 273- Leneas, 99 n. 1, 100, 308,
276 ; suspensión de la ju- 309.
risdicción, 229, 238; fuera Lépido, 247, 248.
de Roma, 278. leva, en Atenas, 13 7; en Es-
Justiniano (código de), 289 parta, 155; en Roma, 25 7,
n. l. 259, 267.
Juvenal (manuscritos de), leyes (códigos de), en Ate-
60. nas, 129 ; ratificadas anual-
mente, 135; en Esparta,
K latina, 26.
Karnias (fiestas), 100. 152 ; en Roma, 289. Véa-
se Doce Tablas.
Laberio, 331. leyes romanas, 271-291 ;
Laconia, 151. Véase Esparta. fuentes de la legislación,
Lanuvium (dictador anual 272-278, 288.
en), 245. leyes Aebutia, 282; Aternia
lanza simbólica, en Roma, Tarpeia, 237 n. 2, 273,
142 n. 1, 277. 284; Aurelia, 276; Caed-
larguezas al pueblo atenien- lía, 207; Calpurnia, 238;
370 INDICE DE MATERIAS
Canuleia, 185, 239; Cin- milia, en Atenas, 128; en
cia, 284; curiata de im- Esparta, 153.
pe,.io, 196, 218; de bello liturgias, en Atenas, 149 y
indicendo, 197; de impe- siguientes.
rio, 249; Gabinia, 190; Livio Andr6nico, 331, 334
Hortensia, 229; Julia, 245; n. l.
Julia municipalis, 245; Ju- local (gobierno), 244-246.
nia Norbana, 245 n. 2; lombarda (escritura), 28.
Liciniae, 184; Livia, 276; Londres (manuscritos de ).
Manilia, 190; Ogulnia, V~ase British Museum.
185, 239; Ovinia, 185, Lucano (manuscritos de) ,
225; Papiria, 245; Plautia, 59. '
245, 276 ; Porciae, 288 n. Lucas (San ), 294.
1; provincialis, 246; Pu- Lúceres, 193.
blilia Philonis, 185, 229; Luciano (manuscrito.J de) ,
Roscia, 242; Sempronia, 56.
276; Serviliae, 276; Va- Lucrecio (manuscritos de J,
leria (300 a. de J. C.), 57, 66, 75.
183, 237; Valeria de pro- Ludí Apollinares, 173; Ro-
vocatione, 183, 237, 239, maní, 173, 209; Plebeii,
284; Valeria Horatia, 183, 173, 208, Cereales, 208.
237; Villia annalis, 185 V~ase juegos.
n. 1, 216. Lupercales (fiestas ) , 172.
libertos, en Atenas, 117 ; en Lyon, 42.
Esparta, 151, 152; en Ro-
ma, 206 n. 1, 24(); im- Maenius, 236.
puestos sobre las emanci- maestre de caballería, 200,
paciones, 294. 210, 257.
libreros-editores en la anti- magistrados atenienses, 123-
güedad, 36, 3 7. 130; espartanos, 153 ; ro-
libros, 31-39; su forma, 31 manos, 182-187, 199-219 ;
y siguientes; manera de fecha de la instituci6p de
leerlos, 32 ; publicaci6n, las diversas magistraturas
36; multiplicación, 3 7; romanas, 184; clasificación
precio, 37; ediciones, 37. de las mismas, 199-211 ;
Licinias (leyes), 184. promagistrados, 187, 200,
lictores, 213. 21 1; derecho de veto, 207,
Licurgo, legislador de Espar- 215, 228, 231 n. 1, 249,
ta, 152. 250, 251, 288; magistrados
Licurgo, orador ateniense, inferiores, 213, 236; can-
315. didatura, 2 15 ; poderes e
Jigas atenienses, 148, 158. insignias, 213, 214; dere-
ligeras (tropas), 11l, 262. cho de convocar los co-
Lingüística comparada, 89. micios, 214; competencia
Lisias, 54. entre magistrados, 214,
litigios concernientes a la fa- 215; elecciones, 217, 251;
l ND 1 CE DE MATERIA S 371
juramento prestado al de- Mediceanos {manuscritos),
jar el cargo, 218; respon- 46; Mediceano de Esquilo
sabilidad, 21 8 ; j urisdic- y de Sófocles, 50.
ci6n, 273-278; mayores y medidas de longitud, grie-
menores, 20 1 ; curules, gas, 101; romanas, 177; de
200; límites de edad, 216; capacidad, griegas, 102;
sucesión de las magistra- romanas, 179 ; de super-
turas, 216; inelegibilidad, ficie, griegas, 1O1 ; roma-
189, 216, 217; poderes nas, 178.
absorbidos por los empera- medimno, 110.
dores, 248, 250; sus elec- mediodía {sol a), 95.
ciones transferidas al Se- Mediterráneo (flota romana
nado. por Tiberio, 250. en el), 270.
Maguncia, 43. Medóntidas, 107.
manes, 194. Melfalensia (fiestas), 173,
manípulos, 261, 262 n. l. 209, 335.
manuscritos en letras capita- Megara (los Dorios en),
les, 23, 27, 63; en minús- 151; drama antiguo en
culas, 23, 28; deter,mina- Megara, 304.
ción de la fecha, 23, 29, Melántidas, 107.
63; en unciales, 23, 28, Menandro, autor cómico, 33,
63; mediceanos, 44 ; cote- 304, 333.
jo de los manuscritos, 48, mercados, impuestos en Ate-
63; designación de los ma- nas, 148; e~ Roma, 294;
nuscritos, 48, 49; compara- litigios concernientes a los
ción de los manuscritos, mercados, 130, 208, 275 ;
72; principales coleccio· días de mercado en Roma,
nes, 45-48; de los trágicos 172, 217.
griegos, .309 ; de los prin- mercenarios, en el ejército
cipales autores clásicos, 49- ateniense, 138; en la flo-
63. ta, 140 ; en el ejército ro-
marina ateniense, 137, 139, mano, 260; en la caballe-
150; espartana, 156 ; ro- ría, 264, 292.
mana, 270. merovingia (escritura ), 28.
Mario, 188, 260; modifica- meses griegos, 94, 95; áticos,
ciones que introdujo en el 97; intercalares, 96; roma-
ejército, 256, 259, 263, nos, 169; intercalares, 169.
266. metecos, 117, 118; emanci-
mano, primer mes romano, pación de los metecos, 118.
171. M et6n (ciclo de ), 97.
máscaras, 322, 327, 328, metrópolis y colonias, 157.
335. Milán (manuscritos de ), 46.
matrimonio entre patricios y militar (servicio), en Atenas,
plebeyos, 185, 195. 107, 126, 137; límites de
mayúsculas (letras), 23, 27. edad, 115, 120, 137; en
Mecenas, 251. Esparta, 155; en Roma,
rl INDICE DE MATERIAS
372
256 y siguientes, 263, 267; Nemeos (juegos), 99.
límites de edad, 198, 258; Nevio, 332.
impuesto a los ciudadanos Niccoló N iccolí, 43.
de las poblaciones federa- Nicómaco Flaviano y Nicó-
das, 243, 260. maco Déxter, 61.
militares (oficiales) en Ate- niños atenienses, 119, 120 ;
nas, 115, 126 ; en Roma, adopción, 121; niños de-
257, 259. formes en Esparta, 154.
milla romana, 178. nombres propios en Atenas,
mimos, 331. 119, 120; de ciudadanos
minas pertenecientes al Esta- romanos, 194; de mujeres
do en Atenas, 105, 117, romanas, 194 n. l.
127, 148 ; en Roma, 293. nombres propios desfigura-
ministerio fiscal, 142. dos por los copistas, 70,
minúsculas griegas, 23; lati- 71, 77.
nas, 28; carolinas, 29. nombres de números grie-
Moab (piedra de), 18. gos, 25; latinos, 27.
monedas griegas, 103-105; nonas, 168.
reacuñación, 109; esparta- Novelas, 289 n. l.
nas, 155; romanas, 174- nundinas, 172, 217.
177, 21 3, 230.
monólogos, en el teatro, 299, ó bolo, 103.
300, 334. obras públicas en Roma, 206,
monopolios, 294. 254.
Monte Cassino, 41. obstrucción en el Senado ro:
Monte Sacro, 183, 200. mano, 227.
Montpellier, 47. Octavio. Véase Augusto.
Mosco (manuscritos de), 52. Olimpíadas, 97, 98.
mudos (personajes) en el Olímpicos (lista de los ven-
teatro, 307 n. 1, 310. cedores en los juegos), 17,
muerte ( pena de), en Ate- 97 ; juegos Olímpicos, 98.
nas, 129, 147; en Roma, Onquestos (anfictionía de) ,
288. 159.
mujeres en Atenas, su nom- oro (monedas de ) en Gre-
bre, 120 n. 2 ; en Roma, cia, 103, 104; en Roma,
194 n. l. 176.
multas en Atenas, 127, 136, Orope (teatro de ), 317.
144, 147; infligidas por la orquesta, en el teatro, 299
Boulé, 132 ; judiciales, 143, n. 1, 312, 315, 316 ; en
147; en Roma, 210, 214. Roma, 329.
música en el teatro, 308, Orsini, sus manuscritos, 46.
310, 322, 323, 334. ostracismo, 113, 136.
ovación, 267.
Ná.poles (manuscritos ), 46. Ovidio, r-rincipales manus-
Nausinico (arconte), 149. critos, 59.
nefastos (días), 171, 279. Oxford (estudio del griego
lNDICE DE MATERIAS 373
en), 45; manuscritos de pesos griegos, 103 y siguien-
Oxford, 47. tes; inspectores de los pe-
. sos en Atenas, 136; roma-
Pablo, jurisconsulto, 289 n. 1. nos, 174.
Pacuvio, 331. Petrarca, 42, 43 ; descubre el
paga. Véase salario. manuscrito de las Cartas
Paleografía, 29. de Cicerón, 60.
palimpsestos, 35. pie griego, 101, 102; roma-
Panateneas, 100, 147, 150, no, 177.
158. Píndaro (manuscritos de),
Pandectas, 289. 52; dialecto de Píndaro,
papel, 36. 83.
Papiniano, 289. Pisa (juegos Olimpicos en ) ,
papiro, 31 y siguientes. 99.
parábasis, 306, 307. Pisístrato, 112.
Parilia o Palilia (fiestas), Píticos {juegos), 99.
172. plata amonedada en Grecia,
París (Biblioteca Nacional 103; en Roma, 175 ; minas
de), 46; estudio del grie- de plata del Laurión, 105,
go en París, 45. 148 ; moneda de Esparta,
Partenón (tesoro en el) , 12 7. 155 ; monedas. de plata
Patmos (manuscritos de), 48. romaQas, 1 75-177.
patricios, en Roma, 182, 194; Plateos en Maratón, 119.
reformas en provecho suyo, Platón (principales manus-
182; luchas con los plebe- critos de), 54. '
yos, 182 y siguientes; ma- Pauto, 331 y siguientes ; ma-
trimonio con los plebeyos, nuscritos palimpsestos de
185; asamblea patricia, Plauto, 35, 56; su Vidu-
195 ; toman parte en las laria, 43; principales ma-
asambleas de las tribus, nuscritos, 56.
235. plebe, plebeyos en Roma, 182
patronos romanos, 195, 240 y siguientes,. 195; retirada
n. l. Véase nQo<n:á•ll~· al Monte Sacro, 18 3, 200;
pelucas de los actores, 324, tribunos de la plebe, 183;
328. admitidos a las magistratu-
penas, en Atenas, 130; cor- ras, 184; matrimonio con
porales en Roma, 288; los pa tricios, 185 ; admiti-
aplicadas a los soldados dos a las funciones reli-
romanos, 267 ; otras penas, giosas, 185; sus derechos
213, 214, 241. cívicos, 239.
pensiones militares en Roma, plebiscitos, 183, 185, 187,
266, 292. 208, 212, 223, 236, 273.
pergamino, 33. plumas para escribir, 34.
Pérgamo (biblioteca de), 33. Pnix, en Atenas, 134.
Pericles, 124, 147. población del Ática, 116-
periecos, 151, 152, 156. 123; de Italia, 242.
374 INDICE DE MATERIAS
pobres (distribución de trigo rio, 290.
a los), en Atenas, 148; pretoriana (guardia), 252,
en Roma, 208, 250, 253, 269, 270; sueldo, 269.
292; inmunidad del servi- preparación de una edición,
cio militar,- 258. 71 y siguientes.
Poggio Bracciolini, 43. Prisciano, gramático, 40.
policía en Atenas, 116, 130; prisiones en Atenas, 129;
en Roma, 208, 223, 254; en Roma, 213.
jurisdicción criminal de los Pritaneo, 112.
funcionarios de la policía pritania, 113, 131, 133, 134.
en Roma, 291. prítanos, 116, 131, 132, 134.
pollos sagrados, 222. Probo, escoliasta, 40.
Pompeya y Herculano, 28, procedimiento en Atenas,
32. 140, 144 y siguientes; en
Pompeyo, sus reformas, 190, Roma, en los pleitos ci-
208; procónsul, 190, 212; viles, 278 y siguientes; en
teatro de Pompeyo, 330. las causas criminales, 284
pontífices romanos, 170, 2Í9, y siguientes.
279. procesos en Atenas, 140 y
Porfirio, escoliasta, 39. siguientes; en Roma, en
pozos en Atenas, 130. ~as causas civiles, 278 y
Prátinas, autor satírico, 300 siguientes; en las cauSM
n. 2; 301, n. 2. criminales, 284 y siguien-
prefecto de la ciudad, del tes.
Pretorio, 291. Vbse, ade- Proclo, escoliasta, 39.
más, Pnzfectus, en el !n- procónsules, 187, 211, 212,
dice de Palabras Latinas. 223; imperium restringido,
Preneste, 243 n. 2. 212; modificaciones in-
pretores, origen de la magis- troducidas por Sila, 189;
tratura, 182, 202, 204; proconsulado de Pompe-
plebeyos, 184; funciones, yo, 190; de César, 190;
204, 278, 280, 282; can- nombramientos irregula-
didatura, 216; elección, res, 190, 212.
217; imperium, 201, 213, procuestores, 211.
257; auspicia maiora, 201; prodictador, 210 n. 1, 236
pretor urbano, 204, 276, n. 2.
279, 290; peregrino, 186, prólogo, en el drama griego,
204, 275; número aumen- 305 ; en el drama romano,
tado, 204; edictos, 205, 334.
214, 281; derecho de con- promagistrados en Roma,
vocar el senado y los co- 187, 211, 212, 229.
micios, 214; veto, 215; in- pronunciación del griego,
signias, 202, 213, 214-; pre- 67, 84, 85.
siden los juegos, 173; vie- propiedad (derecho de ), en
nen a ser propretores, 204, Roma, 195, 239; proce-
212 ; en tiempo del Impe- sos relativos a ella, 2 77 ,.
l N D 1 CE D E MATE R 1 A S 375
278; impuesto de guerra Reyes, 193; división en
sobre la propiedad, 294; clases, 198; jurisdicción,
Véase elo<poQá.. 273, 284; abandono del
propiedades del Estado en poder judicial, 290.
Atenas, 148, 149; en Ro- puntuación de los manuscri-
ma, 293, 294. tos griegos, 24; latinos,
propretores, 187, 211, 257; 29.
imperium restringido, 211;
modo de nombrarlos, 212; Querilo, 300 n. 2, 308.
modificaciones introduci- Quirinalia ( j ucgos ), 172.
das por Sita, 189; nom- quirites, 194.
bramientos irregulares, quorum de la Ecclesia en
190, 212. Atenas, 112, 136; del Se-
protagonista, 307, 310. nado en Roma, 227.
provincias romanas, 189,
210, 246, 254; gobierno Raban, 42.
del Senado, 230, 254, Rabirio, 33.
255; lista de ·las provin- raspador, de copista, 35.
cias, 247, 254, 255; go- Ravennas (codex), 48.
bierno de las provincias reclutamiento. Véase ejérci-
en tiempo de la Repú- t o y flo ta.
blica, 246; poderes de reelección en los cargos, 124,
Augusto en las provincias, 216.
255 ; gastos concernientes reformas de Solón, 109-112;
al gobierno de las pro- de Cllstenes, 112-113; de
vincias, 292, 293; impe- Arístides, 113; de Pericles,
riales, 254, 255, 268, 271; 114; de Servio Tulio,
senatoriales, 191, 254, 255, 181; obtenidas por los
296; jurisdicciones en las patricios, 182 ; obtenidas
provincias, 278, 290; re- por los plebeyos, 182-186.
clamaciones procedentes de Véase César y Sila.
las mismas, 291 ; tributo, Regia, en Roma, 219.
293. registros de ciudadanos en
próxenos griegos, 158. Atenas, 119, 120; en Ro-
publicación de los libros an- ma, 205, 240.
tiguos, 36. Reims, 42.
publicanos. Véase impuestos religión romana, 219-222;
(arrendatarios de ). causas concernientes a la
públicas (obras), en Roma, misma, 275; gastos del
206, 210; en tiempo del culto, 291. Véase auspi-
Imperio, 254 ; litigios a cios, sacerdotes, etc.
ellas concernientes, 274; religiosos (funcionarios) , en
gastos, 291. Roma, 219-222.
Publilio Philo, 212,. 229. renacimiento de la erudición
pueblo romano.>. Véase plebs, latina, 41 ; de la erudición
populus. En tiempo de los griega, 43.
376 fNDICE DE MATERIAS
rendimiento ue cuentas, 125. sacerdotes en Roma (elec-
rentas públicas (recaudado- ción d e los), 220, 2 38;
res de · las), en Atenas, funciones judiciales, 279 ;
115, 127 ; origen, 127, funciones sacerdotales d e
148 y siguientes; en Ro- los sareontes en Atenas,
ma, 293. 129; de los reyes en Es-
responsabilidad de los magis- parta, 153 ; de los reyes
trados, 218. Véase tií~uva. en Roma, 196; colegios
Reuclin, 45. de sacerdotes en Roma,
revisión de las listas de los 21 9-222, 223.
ciudadanos, en Atenas, sacrilegio. Véase impiedad.
118 ; en Roma, 205, 206, Safo, 33, 82, 83.
241. salario d e los artesanos a te-
reyes, en Atenas, 107 ; en nienses, 105, 107; de los
Esparta, 152 ; en Roma, soldados atenienses, 139;
181, 193, 199, 278: sus de los marinos, 140; de
funciones, 195 ; poderes los soldados mmanos, 210,
judiciales, 271, 278. 265, 291; de los jueces
Rhamnes, 193. atenienses, 114, 143 ; de
Rhinthon, rhinthonicae fa- los ciudadanos que asis-
bulre, 332, n. l. tían a la E::clesia, 136; de
rollos, de papiro, 31, 32. los ciudadanos q ue asis-
Roma, colecciones de ma- tían a las fiestas, 147.
nuscritos de la época d e Salustío, sus principales ma-
Augusto, 37; colecciones nuscritos, 61.
actuales, 46-48. Salvio Juliano, 289, n. l.
Roma (fundación de ), 171 ; sampí, 25.
bosquejo de la historia del San Benito, 41.
Gobierno romano, 180- San Colombán, 41.
193; fuentes de la histo- San Gall, 41, 43.
ria primitiva, 193, n. l. ; satíricas (obras) , 30 l, 302,
límites de la ciudad, 199; 303; de Prátinas, 301 n. 2.
población, 242 ; guarni- sátiros, representados por el
ción, 252, 269, 270. coro, 299, SOL
Romana (derecho de ciuda- Saturnales, fiestas, 172.
danía) , extendido a toda Saturno ( tesoro del templo
Italia, 240, 245, 259. de ), 295.
Roscio, comediante, 334. scriptorium, ·H .
rotacismo, 26. secesión de la plebe roma-
Rubicón (río)., 245 n. 1, na, 183, 200.
186 n . 1. Seguier, 47.
rústica (escritura ), 28. semi-uncial romana, 28.
semítico (alfabeto). Véase
Sacerdot a l es (comicios ), alfabeto.
220, n. 2, 238. Véase sa- senado de los municipios ita-
cerdotes. lianos, 245.
INDICE DE MATERIAS 377
Senado romano en tiempo nores para Augusto, 248;
de los Reyes, 181, 197, nobleza, 242; orden sena-
272; en t!empo de la torial declarado heredita-
República, 182-186, 224- rio, 242; censo senatorial,
231; patres e o n se ri p ti, 242.
225; princeps sen a t u s, Senado atonien~e, Véase
226; presidente, 226; Boulé.
quorum, 227, n. 3; orden Senadores, elegidos por los
de los debates, 226 ; obs- reyes, después por los cón-
trucción, 227; senatuscon- sules, por los censores, 225.
s u l tu m, 223, 228, 229, senatoriales (provincias),
251 ; senatus auctoritas, 191, 254, 296.
228; admisión de los ple- sentencias (ej ecución de las)
beyos, 185, 225 ; número en Atenas, 146; en Roma,
de los senadores aumen- 283, 288; días para dic-
tado, 226; traje senato- tar sentencia en Roma,
rial, 226; nombra los pro- 172, 283.
magistrados, 212; el in- Servio, comentarista de Vir-
terrey, 196, 202 ; dirige gilio, 39.
las elecciones, 217, 229; Servio Tulio ( reformas de) ,
puede suspender la Cons- 181, 198, 232, 256.
titución y hacer nombrar sestercio, 175, 176, 177.
un di e tador, 210, 229, sibilinos (libros), 222.
274; nombra los magis- Sicilia, 175, 187, 247, 293,
trados en tiempo del Im- 304.
perio, 251 ; dirige las re- Sita, sus reformas, 188; fija
laciones exteriores, la ha- la cifra del interés legal,
cienda y la religión, 203, 179; su lucha con M ario,
223, 228, 229, 230, 231, 188; d ictador, 188, 211;
25 1, 291, 295; la acuña- quita sus privilegios a los
ción de la moneda de co- caballeros, 188, 242 ; mo-
bre, 251 ; participación del difica el cursus honorum,
Senado en la composición 2f6; aumenta el número
de los jurados, 276 ; el de pretores, 189 ; institu-
Senado y los plebiscitos, ye quaestiones 189, 285 ;
185 ; poderes legislativos, priva a los cónsules del
228, 251, 291; derecho de mando de los ejércitos,
paz y de guerra, 236; fija 203; disminuye la autori-
el número de soldados que dad de los tribunos, 189,
han de alistarse, 259; tri- 208; aumenta el número
bunal de apelación en la de cuestores, 210; aumen-
época imperial, 251 ; con- ta el número de pontífi-
cede el triunfo 261; pro- ces y de augures, 220.
vincias senatoriales, 254, silbidos, en el teatro, 329,
296; aerarium senatorial, 336.
296; decreta nuevos ho- simmorías, 149.
378 fNDICE DE MATERIAS
sitios en el teatro, 301, 312, tes; asientos, 301, 312,
315; precio de los asien- 315; sitios reservados, 315.
tos, 329; sitios reservados, teatro romano, 329 y si-
315, 329; entrada del pú- guientes; asientos de los
blico, 328. caballeros y de los sena-
Sófocles (principales manus- dores, 329.
critos de), 50; innovacio- Teócrito (manuscrito de ),
nes de Sófocles, 301, 302, 52; dialecto, 83.
308. Teodosiano (código), 289.
soldados, en Atenas, 119, theoric6n, 127, 147, 329.
126, 137 y siguientes; en T erencio, 331, 333, 334 ;
Roma. 256-270; sueldo, principalés manuscritos,
265, 269, 291; recompen- 57.
sas y castigos, 266-267. Terminalia (fiestas ), 169,
Solón, 109 y ~iguientes, 180. 172.
solsticio, 95 n. 1. Teseidas, 107.
sueldo. Véase salario. Teseo, 106; templo de Te-
suerte (elección a la), en seo, 124.
Atenas, 114, 124; 128 ; Tesmoforias (fiesta de las) ,
procedimiento, 124; em- 100.
pleado en Roma, 234, tesoro .público en Atenas,
236, 259, 287. 127, 148; en Roma, en
Susari6n, autor cómico, 304. el templo de Saturno, 295 ;
suspensión de las leyes en del Senado, 296; del e~­
Roma, 203, 229, 237 n. 1, perador, 296; tesoro mili-
274. tar, 296.
Tespis, 300.
Tablillas de los jueces. V~a­ testamentos (ratificación de
se boletines de votació11; los ), 198, 238.
tablillas de heliastas, 142; tetradracmas, 103.
tablillas para escribir, 31, tetralogía, 302, 303.
34. texto (preparación de un),
T ácito (manwcritos de) ,·62. 71 y siguientes.
talento ático, 103. textos (crítica de los), 63 y
tanto por ciento sobre los siguientes.
pdstamos, en Atenas, 105, Tiberio, 251, 252, 269.
110; en Roma, 179. Véa- Tibulo (manuscritos de), 57.
se interés. Ticios, 193.
Tar«elias (fiesta de las), tiempo (medida del ), 93 y
100. siguientes.
Taxiarcas, 126. Tifemas, 45.
teatro griego, 299 y sigui.en- tinta, 34, 35.
tes ; plano del teatro, 313, tintero, 34.
314; orquesta, 299 n. 1, Tito Livio (palimpsesto de ) ,
312, 315-317; escenario, 35 ; estudiado en las es-
312, 315, 317 y siguien- cuelas romanas, 38 ; prin-
t N D 1C E DE MATE R 1 A S 379
cipales manuscritos de, 61. gistros, 205; votaciones,
Tivoli, 243, n. 2. 236; elección de los jue-
toga pretexta, 214, 232; de ces, 277. Véase comicios.
púrpura, 214; blanca, 217. tributo percibido por Ate-
tortura, aplicada a los escla- nas, · 126, 148; por Ro-
vos, 117, 287. ma, 210, 223, 243, 246,
Toun (escuela de ), 42. 265, 293; modo de recau-
tragedia, 300; composición dado, 293.
de la misma, 30 1 y si- tributos (comicios). Véase
gukntes; t'n las grandes comicios.
Dionisiacas, 309 ; romana, trierarquía, en Atenas, 13!f,
331; pra1t1xta, palliata, 150.
332. . trigo distribuido a los po-
traición (crimen de), en bres en Atenas, 148; en
Atenas, 136 ; en Ro- Roma, 208, 250, 253, 292.
ma, 251. trilogías, 301, 302, 303.
traje de los actores, 324, 328. trirremes atenienses, 139,
Triboniano, jurisconsulto, 150 ; romanos, 271.
289, n. l. tritagonista, 301, 307.
tribunos de la plebe, origen, tritias, 122.
183, 200, 207; · elegidos triunvirato, 247.
por los comicios tributos, triunfo, en Roma, 211, 266,
207; funciones, 207; dere- 267.
cho de acusación, 237; Trivium, 42.
veto, 183, 207, 215, 237 trueno, imitado en el teatro,
n. 1, 249, 273, 288; dere- 321.
cho de convocar las tri- túnica de púrpura, 248.
bus, 183, 234; derechos Turín (manuscritos de ) , 46.
reducidos por Sita, 189, Tusculum, 243 n. 1, 245.
208; restitución de los an-
tiguos derechos, 190, 208;
poder tribunicio revestido Ulpiano, jurisconsulto, 289
por César, 190, 208; por n. l.
Augusto, 192, 248. unciales griegas, 23; latinas,
tribunos militares, 257, 259, 28 ; semi-unciales, 28.
265, 268; con poder con- urnas para depositar los su-
sular, 183, 202. fragios, 146.
tribus, en Atenas, 106, 111,
11~ 113, 121 y 122; en Varrón, 171.
Cízico, 106 ; en Esparta, Vaticano (m:muscritos del ),
151, 152. 46.
tribus romanas primitivas, Venecia (manuscritos de ),
181; de Servio Tulio, 193, 46.
198 ; asamblea· de las tri- Verona (manuscritos de) , 46.
bus, 183, 185, 234, 235; vestales, 2 20.
su número elevado a, veteranos, 260, 266.
xxxv, 186, 198 n. 1; re- veto de Jos tribunos, 183,
380 1N D I C E DE M AT ER 1AS
207, 237 n. 1, 249; de los en Esparta, 154; en Ro-
demás magistrados, 215, ma, en el Senado, 227 ; en
228, 251, 2 73 ; de Augus- los comicios, 234, 236; en
to, 249; oposición a reso- los jurados, 287.
luciones judiciales, 288.
Virgilio, estudiado en las es- Wolfenbüttel (manuscritos
cuelas romanas, 38; princi- de), 47.
pales manuscritos, 58 ; co-
mentado por Servio, 39. Yámbico (verso ), en la tra-
visigótica (escritura) , 28. gedia, 32 1, 322, 323, 334.
vocales (notación de 1as), York (escuela de) , 42.
16, 20.
votos (manera de significar- Zen6doto, 39.
los), en Atenas, 135, 146; Zurich (manuscritos de ), 47.
íNDICE DE GRABADOS

l. Inscripción griega de Abu-Simbul . . . . . . . . . . . . . . 17


2. Escritorio, tablillas y estilo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34
3. Caña preparada para escribir . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34
4. Tintero y calamus . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34
5. Biblioteca romana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40
6. Facsímil del manuscrito de Demóstenes, llamado
S o l: . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
7. C oronas obtenidas en las fiestas . . . . . . . . . . . . . . . . 99
8. Doble darico persa ..... ..... ....... .......... 103
9. Monedas de oro de Alejandro Magno . .......... 104
10. C alco de Atenas ... .. .... ............... . ... 104
11. Sello de plomo de la Bou!J . . . . . . • . . . . . . . . . . . 132
12. Caballería ateniense, según un bajorrelieve del si-
glo IV a. de J. C . ..... .... .............. ... .. 138
13. Boletines de votación . ... ·.......... ... . ...... 145
14. Moneda de ·plata de los anfictiones . .. . . . . ..... 160
15. Mapa del Atica. Planos de la Acrópolis y de Atenas 161
16. Planos de Roma y del Foro romano ........... 162
17. As en lingote ......... ..... ....... .......... 173
18. As libralis romano vaciado ............ .. ..•... 174
19. D enarius . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . 174
20. Sestercio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . i75
2 1. Aureus de César . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175
22. Aureus de Augusto ...... ... ...... ... .. ....... 176
23. Silla curul ..... ..... ......... .. .. .... ...... . 201
24. Silla de edil curu1 en una moneda . . . . . . . . . . . . . 209
25. Pollos sagrados en su jaula ...... ... .... . ... .. 221
26. Modelos de pilum ••..... .. . :-... .. .. .....•.. . 261
27. Soldado romano con el pilum en la d iestra ... ... 262
28. Vista general de un campamento romano ........ 264
29. Centurión del ejército de Varo con sus condeco-
raciones milita res . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 266
30. Plano del teatro de Dionisos, en Atenas (estado
actual ) .... ...... . .. . ........... ... .......... . 313
31. Plano del teatro de Epidauro (restaurado) ....... 314
32. Actor trágico con máscara y coturnos . . . . . . . . . . 321
33. Coturnos de la tragedia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 323
382 l N D1CE DE G R A BAD O S
34. Escena de las Ranas, de Aristófanes, según un vaso
pintado •................ ·• . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 324
35. Escena cómica, según un vaso pintado . . . . . . . . . . 325
r
1
36. Actor cómico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 326
37. Máscaras trágicas •. ........ .. ................ 327
38. Máscara cómica • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 328
39. Ficha o tésera q ue daba derecho a una entrada
para el teatro • . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 328
40. Personajes de atelanas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 330
41. Actot tecitando el prólogo del Phormio, de Te-
r.encio . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3 32
42. Escena de comedia romana ( palliata) . . . . • • . . . . 335
tNDICE

Nota preliminar , .... . ... , ... .... ... ..... , , ... , . , 9

PRIMERA PARTE- LOS TEXTOS CLÁSICOS

l. ALFABETO GRJEOQ

1. Origen del alfabeto griego ...... . . .. , .... .• . , . 15


2. Fecha. de la. introducción de la. escritura en Grecia.. 16
3. Alfabeto fenicio • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . • . . . . . . 18
4. Alfabetos griego! . , . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21
5. Transcripción de los textos literarios . . . . . . . . . . . . . 22
6. Escritura cursiva , • • • • . . . . • • . . . . • . . . . . . . . . . . . . 23
7. Acentos, puntuación ...... , ...... . ..... , . . . . . . . 24
8. Signos de numeración • • . . . . . . • . . • • . . . . . . . . . . . . 24

II. ALFABETO LATINO

9. Origen del alfabeto latino • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 26


10. Signos de numeración . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27
11. Mayúsculas y minúsculas • • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27

III. Los L IBROs v LAS EorciONRS

12. Formas de los libros . .. .. .. .. .. .. .. .. . .. .. . .. 31


13. Publicación de los libros . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36
14. Ediciones . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38
15. Comentarios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38

IV. HISTORIA DI!. LOS MANUoS<lftiTOS CLÁSICOS

16. Decadencia de la erudición romana . . . . . . . . . . . . 39


17. Renacimiento de la erudición latina . . . . . . . . . . . • 41
18. Renacimiento de la erudición griega . . . . . . . • . . . 43

l
384 INDICE

V. B IBLIOTECAS MoDERNAS

19. Principales colecciones de manuscritos 45

V I. APARATO CRÍTICO

20. Aparato crítico de los autores antiguos . . . . . . . . . . . 48


21. Poetas griegos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49
22. Prosistas griegos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 52
23. Poetas latinos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 56
24. Prosistas latinos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60

VII. CRÍTICA DE LO S TEXTOS

25.Errores de los manuscritos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63


26.Errores voluntarios o fraudes . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64
27.Errores inevitables . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65
28.Errores accidentales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 66
29. Cómo se prepara una edición . . . . . . . . . . . . . . . . . 71
30.Conjeturas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73
31. Ejemplos de critica conjetural . . . . . . . . . . . . . . . . . 74
31 bis. Elección entre las conjeturas . . . . . . . . . . . . . . . 78

VIII. FILÓLOGOS CÉLEBRES

32. Lista alfabética de los filólogos más conocidos. ... 79

IX. DIALECTOS y " PRO NUNCIACIÓN

33. Distribución de los dialectos griegos . . . . . . . . . . . . 82


34. Pronunciación del griego . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 84
35. Caracteres distintivos de los dialectos . . . . . . . . . . 87
36. Pronunciación del latín . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 89

SEGUNDA PARTE -GREC IA

X. CRONOLOGÍA GRIEG A

37. El día . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93
38. El mes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 94
39. El año . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
40. La era . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97
41. Fiestas griegas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99
INDICE 385

XI. METROLOGÍA GRIEGA

42. Medidas de longitud ......................... 101


43. Medidas de superficie . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
44. Comparación con las medidas usuales . . . . . . . . . . . 102
45. Medidas de capacidad ....................... 102
46. Pesos y monedas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103
47. Valor relativo del dinero ...................... 105

XII. HISTORIA DEL GoBrERNO ATENIENSE

48. Atenas antes de Sol6n . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 106


49. Reformas de Sol6n .......................... 109
50. Reformas de Clistenes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 112
51. Reformas de Arístides .. .. . .. . .. . .. . .. . . .. . .. . 113
52. Reformas de ·Pericles . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 114
52 bis. Resumen de la Constitución atenieme en la
época clásica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 115

XIII. PoBLACIÓN DEL ÁTICA

53. Esclavos •................................... 116


54. Metecos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117
55. Ciudadanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 119
56. División de los ciudadanos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 121

XIV. MAGISTRADOS ATENIENSES

57. Generalidades acerca de los magistrados atenienses 123


58. Estrategas ................................... 126
59. Otros funcionarios militares . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 126
60. Funcionarios de hacienda .... , ................ 127
61. Arcontes . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . 128
62. Otros funcionarios civiles . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 12 9
63. Comisiones extraordinarias ........... ." . . . . . . . . 130

XV. AsAMBLEAS DELIBE RATIVAS

64. Poder legislativo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 130


65. Boulé o Senado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . 13 1
66. El Areópago . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133
67. Ecclesia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 133
386 lNDICE

~
1
XVI. E¡ÉRCITO y ARMADA DE ATENAS

1
68. Reclutamiento • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . t37
69. Servicio activo •....................• . ......• 138
70. La flota • . • • . • • . • • • . • . . . . . . . • . . . • • • • • • . • . . . . 139

XVII. PROCEDIMIENTO LEGAL EN ATENAS

71. Jurisdicciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 140


72. Jurados ...•................................. 141
73. Las causas .................................. 143
74. Procedimiento ............................... 144
75. Ejecución de la sentencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 146

XVIII. HACIENDA EN ATENAS

76. Gastos ........................... -........... 147


77. Ingresos :. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • • . . . . . . . . . . . 148

XIX. INSTITUCIONES DE EsPARTA

78. Población de Laconia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 151


79. Gobierno de Esparta . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152
80. Disc~p~ina militar ~ los espartanos . . . . . . . . . . . . . 154
81. Servrcro en campana ................ , . . . . . . . . 155
82. Marina espartana •............. , . . . . . . . . . . . . . 156

XX. CoLoNIAs, PRÓXENOS, ANFICTIONES

83. Fundación de una col_onia , ................... 156


84. Relaciones de las colonias con la metrópoli ...... 157
85. Cleruquías • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • • • . . . . . 158
85 bis. Próxenos .....................•.......... 158
85 ter. Anfictionías ••••••• , • • • • • • • • • • • . • • • • • • • • • • 159

TERCERA PARTE- ROMA

XXI. CRoNoLoGÍA R o MANA

86. El d ía ••• • ••• • ••• •• • , •••••••••• • , • • • • • • • • • • 167


87. El mes , . . . , .. , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167
88. El año , •... . ...... . . .. ... .. .... . .. . . .. .... , 169
89. La era . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171
90. Días feriados . .. ... .. , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 171
INDICE 387

XXII. PEsos v MEDIDAS

91. Unidad de medida •.....•........•.••••••••.• 173


92. Pesos •. : • •••...•..........•.•.....•.•••.•••. 174
93. Monedas ....••.••.........................•• 174
94. Medidas de longitud • . . . . . . . . . . . • • . . . . . . . . . . . 177
95. Medidas de superficie • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 178
96. Equivalencias modernas • . . . . . • • . . • . . . . . . • . • • . . 178
97. Medidas de capacidad . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . 179
97 bis. Cuantía del interés ... :. . . . . . . . . . . . . . • . . • • 179

XXIII. HISTORIA DEL Go:ull!RNO RoMANO

98. Complejidad de los hechos • . . . . • • • • . • . . . . . . . . 180


99. Roma en tiempo de los Reyes ................. lill
100. Reformas de Servio Tulio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 181
101. Reformas obtenidas por los patricios . . . . . . . . . . 182
102. Reformas obtenidas por la plebe . . . . . . • • . • • . . 182
103. Progresos de la plebe . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 184
104. Resultados de la conquista de Italia . . . . . . . . . . 186
105. Resultados de las demás conquistas de Roma. . . . 187
106. Formación de un ejército permanente . . . . . . . . . 187
107. Guerra civil • . . . • • . .. . . . . . . . • • . • . . . . . . . . . . . . . 188
108. Reformas de Sila ........................... 188
109. Nueva guerra civil . . . . . . . . . . . • . . . . • . . . . . . . . . 189
110. Poderes de César ........................... 190
111. Poderes de Augusto ......................... 191
112. Poder de los emperadores .................... 192

XXIV. RoMA EN TIEMPO DE Los REYES

113. Espíritu conservador de los romanos • • • • • . . • • • 193


114. El pueblo en la época de los reyes . . . . . . . . . . . . 193
115. El rey ..............................•..... 195
116. Funciones del senado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 197
117. Funciones de los comicios curiados . . . . . . . . . . . 197
118. Comicios centuriados . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 198

XXV. LA REPÚ:ULICA RoMANA

A. Los Magistrados
119. Clasificación de las magistraturas •. . .•.. . .•.• . 199
388 INQICE
120. Los Cónsules ......... ... ...... . ......... .. 202
121. La pretura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . 204
122. La censura . . . . •. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205.
123. Los tribunos de la plebe ............. . ...... 207
124, 125. Los ediles ... .. ... . .. . ............... . . 208
126. Los cuestores ....... , . . .... , .. .... , .. .... .. 209
127. La dictadura . .. ....• ... .. .. ..... ..... ... . . 210
128. Procónsules y propretores, etc. . .... . ..... . ... 21 1
129. Magistrados inferiores .............. ..... ... . 213
B. L4J Magistraturas en general
130. Poderes e insignias .. .... .... .. ..... .. .. , .. . 213
131. Competencias entre los magistrados ... . . . . : . .. 214
132. Candidaturas ... .... . ...... . ........... .... . 215
133. Elecciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 217
134. Responsabilidad de los magistrados . . . . . . . . . . . . 218

C. Funcionarios Religiosos
135. Colegios sacerdotales ........ .'. . . . . . . . . . . . . . . 219
135 bis. Resumen de la constitución romana por el año
70 a . de J. C . .... ... ... .. ...... . . ..... .. ... .. 222

D. Asambleas Deliberantes
136. Influencia del Senado .... ... .... .. .... .... .. 224
137. Composición del Senado ..................... 225
138. Orden de los debates .................. .. .... 226
139. Poderes del Senado .... .. . .................. 228
140. Manera de contar los sufragios . . . . . . . . . . . . . . . 231
141. Comicios . .... ... . ... ... .... ... ... .... ... ... 232
142. Funciones · de los comicios ..... .... . •.. . . . : . . . 236
143. Comicios sacerdotales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 238
144. Comicios calados ....... , .... ..... ... . ..... ~ 238

E. Clases de Ciudadanos
145. Ciues optimo jure ... .... ... •.. •... .. ... . . .. 239
146. Libertini •. ...• •. •...• . •.. ..••. ..... .• . ..••. ·240
147. Cives sine suffragio .... .. .... . •. .•. .... . ....• 240
148. Capitis deminutio ......... .. ............ .... 241
149. Equites •• • .••• • . •......... . •.•.•. . ......... 241
150. Nobiles • . • . • . • . • . . . . . . . . . • • . . . • . . . . . . . . . • . • 242
151. Número de los ciudadanos .. . ...... ... .... ... 242
INDICE 389

F. Gobierno de Italia y de las Provincias


152. Municipios y ciudades confederadas ••......... 243
153. Colonias ...... , ........................... . 244
154. Gobierno local ............................ . 244
155. Provincias 246

XXVI. EL IMPERIO

156. El triunvirato • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 24 7
157. Augusto, emperador ......................... 248
158. Los sucesores de Augusto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 249
159. Las antiguas magistraturas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 250
160. El Senado ......••........ . ................ 250
161. Los comicios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 251
162. Funcionarios imperiales ...................... 251
163. Prefecto de la ciudad ....................... 252
164. Prefecto de la annona ........•.............. 253
165. Prefecto de las vigilias ........ ·. . . . . . . . . . . . . . . 254
166. Curatores ........................... ·. . . . . . . 254
166 bis. Empleados .............................. 254
167. Las provincias .............................. 254

XXVII. EJÉRCITO RoMANo


168. La legi6n .................................. 256
169. Soldados ciudadanos ........................ 257
170. Alistamientos •.................•. ~ . • • . . . . . . . 259
171. Aliados , •.... , ...........•.................. 260
172. La legión y los aliados en campaña .........•.. 261
173. El ejército de Mario ......•..............•.. 263
174. El campamento ............................• 264
175. Sueldo de las tropas .•••......•...........•.. 265
176. Recompensas y castigos • . . . • • . • • • • • . . . . . . . • . . 266
177. Reclutamiento ......................•.....•• 267
178. Las legiones . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . • . . . . . • . . . 268
179. Guardia pretoriana . . . • . .. . . • . .. . .. . . .. . . .. • 269
180. Cohortes urbanas •.......................... 269
181. Cohortes de las vigilias . • • . • . • . . . • . . . . . . . . . . . 2 70

XXVIII. LA MARIN A ROMANA

182. Barcos de guerra ... . .. . .. . . . .......... . .... 270


183. Tripulaciones .. . ... .. ................ . .... • . 271
390 INDICE

XXIX. LEGISLACIÓN ROMANA

184. tpoca de los Reyes .. .......... .. . . .. ...... . 271


185. Fuentes de la legislación en tiempo de la República 272
186. Jurisdicciones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . 273
187. Jurados .• . .. ... .• ..... . . . . .. ..... .. . . .... .. 276
188. Jurisdicción fuera de Roma ..... .. .... ... .. . . 278
189. Procedimiento civil en la época primitiva . . . . . . • 278
190. Lt~gis actiones •.....•.. . ..•.. ... •.. .... .... . 279
191. Fórmulas .... . .... .... .... . .... . .. ... •. ... . • 281
192. Abogados • • . . . . • . . • . • . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . 284
193. Procedimiento legal ante los comicios . ... .... . 284
193 bis. Cuestiones perpetuas . ........ . .... . ... .. . 285
193 ter. Penas •.. . ...... . ... . ...•........•...... 288
194. Fuentes de la legislación en tiempo del Imperio .• 288
195. Jurisdicciones .......... . .......... . • .. .. . ... 290

XXX. •ACIENDA RoMANA

196. Gastos • . . ............ .. ..... .. ..... .. .... .. 291


197. Ingresos .... .. ....................... ... ... 293
198. Administración financiera en tiempo de la Re-
pública . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . 295
199. Administración financiera en la época imperial. . 295

PARTE CUARTA-EL TEATRO

XXXI. TEATRO GRIEGO

200. Orígenes del teatro griego . . . • . . . . . . . . . . . . • . . 299


201. Tragedia .. .. ..... . . . .. . .. .. .. . ... .... ... ... 300
202. Trilogías .• •.. .. ...•.•.• . ... ..•. .•. •.. •.... , 30 1
203. Drama satírico . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 303
204. Comedia . . . • • . . . • . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 304
205. Composición de la tragedia . . . . . . . • . . . . . • . . . • 305
206. Parábasis • . . . • . . . . . . • • . . . . . • • . . . . . • . . . . . . . • 306
207. Número de actores ..• .. .... ... . . •.. , ......• 307
208. Número de coreutas , , . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 308
209. Fiestas de Dionisos en Atenas . . . . . . . . . . . . . . . . 308
210. Concursos dramáticos ... . ..... .. ....... . .... , 309
211. Preliminares de una represent.ación . ... . . . .. .. , 31 O
212. El teatro • •...... .... .•. ... ...... ... ... .... 312
213. Pormenores del teatro .. .... . . ... .. ..... ..• • 315
214. Pormenores de la orquesta . .. .. ..•.. . •• . .... 315
1 N D I C E 391
215. Pormenores del escenario ....•. .• ..... . .. .... 317
216. Preparación de la escena y maquinaria . .. . .. ; . 319
216 bis. Manera de decir de los actores . . . . . . • . . . 321
217. Evolución del coro ......................... 322
218. Traje de los actores ...................... . 324
219. El público ... .... .. .. ...................... 328

XXXII. TEATRO ROMANO

220. El teatro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 329


221. Historia del teatro romano ............... .. ..• 331
222. Pallíatae . . • . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 333
223. Representación de una comedía . . . . . . . . • . . . . . 334

lndi~e de palabra.r griegas ................... . .... 337


lndi~e de palabras latinas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 345
lndi~e de matuias . .... ; •..•. .. .. .•....•.....•..• 357
lndice de grabados ••...•...••. . ..•.•... . ..•..••• 3.81
ESTE LTBRO SE TERMI NÓ
DE IMPRIMIR EL DÍA 16 DE
SEPTIEMBRE DE 1946, EN
LOS TALLERES GRÁFICO S
DIDOT, S. R. L., CALLE
RoNDEAU 3068, B. AIRES.

IMPRESO EN LA ARGENTINA
Oueda hecho el depósito que previene la Ley núm. 11.723.
Copyright by EKECÉ EDITOREs, S. A. -Buenos Aires, 1946.

.........

También podría gustarte