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Historia

El documento analiza la historia de los sectores populares en Argentina, destacando la situación de los trabajadores nativos e inmigrantes y sus luchas por derechos laborales a través de sindicatos y partidos políticos. Se describe el impacto de la dictadura de Uriburu y la restauración oligárquica, así como el surgimiento del peronismo como un cambio significativo en la política argentina, buscando la inclusión de las mayorías en el poder. Además, se aborda la crisis económica de 1929 y sus consecuencias en la industrialización y la organización obrera en el país.

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Historia

El documento analiza la historia de los sectores populares en Argentina, destacando la situación de los trabajadores nativos e inmigrantes y sus luchas por derechos laborales a través de sindicatos y partidos políticos. Se describe el impacto de la dictadura de Uriburu y la restauración oligárquica, así como el surgimiento del peronismo como un cambio significativo en la política argentina, buscando la inclusión de las mayorías en el poder. Además, se aborda la crisis económica de 1929 y sus consecuencias en la industrialización y la organización obrera en el país.

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Los sectores populares: trabajadores nativos e inmigrantes.

La gran mayoría de los inmigrantes terminó, por tanto, viviendo hacienda en los famosos
conventillos de los barrios de La Boca y San Telmo en a ciudad de Buenos Aires y también en
Rosario, la otra ciudad que recibió a muchos de ellos los trabajadores no contaba con leyes que
protegieran su situación laboral; no tenían un salario mínimo, ni una jornada de trabajo
establecida por ley

Las primeras formas que ellos encontraron para defender sus derechos fueron las Asociaciones
de Socorros Mutuos, principalmente conformadas por varones y mujeres provenientes de un
mismo país.

Los anarquistas no creían en las reformas ni en la utilización del Estado como medio para
cambiar la realidad, ya que para ellos las instituciones del Estado garantizaban la reproducción
del sistema capitalista; entonces, el Estado era parte del problema.

Los socialistas también cuestionaban las desigualdades del sistema, pero, a diferencia del
anarquismo, planteaban que la lucha de los oprimidos no tenía que ir por la vía de la violencia y
la revolución

Los “sindicalistas” no creían en las reformas políticas ni en la revolución social. La lucha para
ellos debía limitarse al pedido de mejoras salariales y de condiciones laborales de los
trabajadores organizados en sindicatos. Eran los sindicatos los que negociarían con los patrones,
utilizando la huelga como forma de protesta.

La protesta llega a los sectores medios. La democratización del régimen

En 1891 se formó la Unión Cívica Radical (UCR) liderada por Leandro N. Alem y, desde 1896,
por su sobrino Hipólito Yrigoyen. El nuevo partido criticaba fuertemente las prácticas políticas
del Partido Autonomista Nacional. La UCR exigía la vigencia de la Constitución, elecciones
limpias y honestidad en la gestión pública.

En 1896, el médico y escritor Juan Bautista Justo fundó el Partido Socialista. Este partido
planteó una lucha parlamentaria contra el régimen oligárquico y reclamó, entre otras cuestiones,
el establecimiento de impuestos a la renta, la responsabilidad patronal frente a los accidentes de
trabajo, la jornada laboral de ocho horas y el reconocimiento de igual remuneración a igual
trabajo para varones y mujeres

En 1912, el presidente Roque Sáenz Peña impulsó la sanción de la Ley General de Elecciones
que establecía el voto secreto, individual y obligatorio para todos los ciudadanos varones
mayores de edad. En las elecciones presidenciales de 1916 ganó por primera vez un partido que
no era el Autonomista Nacional. Asumió entonces la presidencia el radical Hipólito Yrigoyen.

Unidad 3 Oligarquía – Yrigoyenismo: de los condicionamientos al golpe de Estado.


El gobierno de Yrigoyen trató de atender las necesidades de las clases medias rurales, así como
las de los trabajadores urbanos; democratizó la enseñanza en todos sus niveles, y delineó una
política exterior más independiente que la de los gobiernos que lo precedieron.

Muchas de estas iniciativas no lograron concretarse o bien alcanzaron una tímida realización,
por la oposición de los grupos tradicionales que mantenían importantes cuotas de poder y las
usaban para obstaculizar las políticas del gobierno.

Entre 1922 y 1928, el radicalismo continuó gobernando el país. Fueron los años de la
presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear, un discípulo de Yrigoyen que, en estos años, se
transformó en uno de sus más fervientes opositores.

En las elecciones de 1928 Hipólito Yrigoyen fue nuevamente presidente electo. El segundo
mandato de Yrigoyen se inició con un apoyo electoral masivo. Sin embargo, poco tiempo
después, el 6 de septiembre de 1930, su gobierno fue interrumpido por un golpe de Estado. En
ese día, sombrío para la joven democracia argentina, el general José Félix Uriburu tomó por la
fuerza el poder del Estado, derrocó a Yrigoyen e instaló una dictadura que devolvió el poder
político a los grupos tradicionales o dominantes.

Crisis de 1929 y cambio en las reglas del juego.

El Estado cambió, no sólo de manos, sino también de roles. Bajo la conducción de los sectores
dominantes, vueltos al gobierno luego del golpe de 1930, el Estado fue cambiando sus modos de
intervención. Estos y otros cambios que ocurrieron en la Argentina tienen diversas causas, pero
hay una, muy profunda, de la que derivaron importantes consecuencias. Se trata de la crisis
financiera que estalló en Nueva York, Estados Unidos en octubre de 1929.

La crisis de 1929 –como se la conoce– repercutió no sólo en todas las actividades de la


economía estadounidense, sembrando miedo, incertidumbre y desocupación, sino que tuvo
proyecciones mundiales.

La crisis obligó a rediseñar las economías de los distintos países y las relaciones económicas
internacionales.

Las crecientes tensiones internas e internacionales que derivaron de la crisis o que la crisis
intensificó, terminaron conduciendo a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

El primer golpe de Estado en la Argentina. La dictadura de Uriburu.

La dictadura encabezada por el general Uriburu inauguró técnicas que se continuarían en


dictaduras posteriores. Durante su gobierno, se intervinieron provincias, fábricas y
universidades; se iniciaron prácticas de tortura, persecución, censura y asesinato de opositores,
es decir, se avanzó contra las libertades y los derechos de la ciudadanía, mientras que se hacía
pública la fuerte adhesión de una parte de los golpistas a la fe católica, al orden y a las ideas de
corte fascista que triunfaban en Europa.

En la Argentina, en contradicción con los principios, la Corte Suprema, encargada de garantizar


el funcionamiento del orden democrático, avaló el golpe de Estado de 1930; le dio
“legitimidad”.
El gobierno de facto abre camino a la restauración oligárquica. La “década infame”

El gobierno de facto duró apenas poco más de un año. Una de las causas de su corta vida tuvo
que ver con las diferencias al interior de los grupos que lo apoyaron. Un sector nacionalista,
representado por una parte del ejército. proponía la construcción de un sistema corporativista,
similar al modelo italiano. Este grupo tenía ideas elitistas, antidemocráticas y anticomunistas.
Pretendía establecer un régimen autoritario a través de la reforma de la Constitución y de la
eliminación de los partidos políticos. Otro sector, el de los conservadores más tradicionales,
estaba liderado por el general Agustín P. Justo. Heredero de los conservadores de la generación
del 80, pretendía “salvar” la economía agroexportadora y restablecer la democracia, aunque
fuera de manera formal.

En las elecciones presidenciales de febrero de 1932, en las que el radicalismo se abstuvo de


participar, Justo se impuso. El llamado a elecciones no significaba un retorno al régimen
democrático sino a un régimen como el que había regido en la Argentina entre 1880 y 1916, es
decir a un régimen político conservador u oligárquico. Se trataba de un retorno al gobierno de
los sectores con mayor poder económico a través de los medios tradicionales: el fraude, la
corrupción y la represión.

Corrupción, fraude y represión.

La utilización sistemática del fraude, pese a la existencia de la Ley Sáenz Peña, ya no se


ocultaba. De hecho, se justificaba y se sostenía sobre la idea de que la clase dirigente tenía la
obligación de salvar a la patria del peligro comunista, de la ineficacia del yrigoyenismo y de la
incapacidad de la democracia para sostener al país en tiempos de crisis.

El período es testigo de uno de los fraudes económico-políticos más importantes que ha sufrido
nuestro país, el pacto Roca-Runciman (1933), por el cual la Argentina accedía a un intercambio
comercial en materia de carnes con Gran Bretaña que garantizaba enormes beneficios en
materia arancelaria e impositiva a la nación imperialista. El pacto implicó también la concesión
de una serie de negocios en áreas estratégicas de la economía argentina que reforzaba la
dependencia. La Argentina pasaba así a convertirse formalmente en una suerte de neocolonia
inglesa; para muchos, era considerada como el sexto dominio británico.

En 1937 asumió la presidencia Roberto M. Ortiz, nuevamente a través del fraude electoral. Su
vicepresidente, Ramón Castillo, representaba a los sectores conservadores tradicionales. Si bien
Ortiz había llegado al poder gracias a la utilización del fraude, buscaba dar legitimidad al
gobierno y terminar con tal práctica. Pero en 1940, Ortiz enfermó y asumió la presidencia
Castillo quien permaneció en el cargo hasta 1943, año en que fue depuesto por un nuevo golpe
de Estado.

La segunda guerra mundial y el nacionalismo argentino.

En 1939 se desató la Segunda Guerra Mundial, en la que se enfrentaron los países nucleados en
el Eje con otro grupo de naciones, conocido como el de los Aliados. El “Eje” estaba liderado
por la Alemania Nazi, por Italia, bajo el mando de Mussolini, y por Japón. Por otra parte,
Francia, la Unión Soviética e Inglaterra encabezaban al grupo de “los Aliados”.
Los conservadores nacionalistas tenían representantes en el gobierno, en el ejército, en el
empresariado y contaban con el apoyo de algunos escritores como Leopoldo Lugones y Carlos
Ibarguren. Sostenían que debía implementarse un sistema dividido en dos clases: los que
producen (léase “trabajan”) y los que dirigen. Este sistema se alejaba de la democracia,
considerada como un sistema inútil dado que –según esta perspectiva– quienes están destinados
a “producir” no pueden “dirigir”. En este sistema ideal, el ejército tendría el poder de controlar
y la Iglesia, el de conducir espiritualmente a la Nación. El orden sustentado por estas dos
instituciones garantizaría la paz y la eliminación del peligro comunista, de los conflictos entre
clases sociales y las luchas obreras y populares.

Hacia mediados de la década de 1930, nacía otro tipo de nacionalismo. Algunos seguidores del
depuesto presidente Yrigoyen formaron un grupo denominado Fuerza de Orientación Radical de
la Joven Argentina (FORJA).

En relación con la participación argentina en la guerra mundial, los forjistas defendían la


neutralidad. Había que mantener, según ellos, a la Argentina al margen de un enfrentamiento
que no le concernía.

Crisis económicas. Migraciones internas e industrializados

La crisis del capitalismo desatada en Estados Unidos en 1929 se diseminó a nivel internacional
por los lazos de dependencia que imponía la división internacional del trabajo. Sus efectos no
tardaron en llegar entonces a nuestra economía, traduciéndose en caída de las actividades y
recesión. Pero la crisis económico-social no se detuvo con el retorno de la oligarquía al
gobierno. La caída de la demanda externa de productos exportables se combinó con una
disminución de sus precios, el aumento de los precios de las importaciones y el cese de
inversiones y préstamos externos. Los gobiernos argentinos, el de Uriburu primero y luego el de
Justo, se enfrentaron una situación compleja, en la que faltaban las divisas para importar y en la
que, además, se debía pagar la cuantiosa deuda externa de la Argentina sin poder recurrir a
nuevos préstamos.

El grupo dominante estableció una serie de medidas. Por un lado, aumentó los impuestos
aduaneros y estableció un control sobre el uso de las divisas, para limitar las importaciones y
aumentar la recaudación del Estado.

El Estado, dirigido por los conservadores, también alentó un vasto plan de obras públicas que
derivó en la construcción de una extensísima red caminera que copió el diseño de la red
ferroviaria. Asimismo, creó el Banco Central de la República Argentina para fijar la cantidad de
dinero que podía circular, respaldar a los bancos privados en caso de crisis financiera y regular
el valor del peso.

Las dificultades para comprar productos industrializados en Europa y Estados Unidos crearon
una demanda que no podía ser satisfecha como hasta entonces por la vía de la importación. Esta
situación y la existencia de una gran oferta de mano de obra barata, hicieron que distintos
empresarios vieran en la industria el negocio más rentable para invertir sus capitales. Fue el
caso de algunos grandes terratenientes afectados por el descenso de sus exportaciones agrarias.
O el de muchos capitalistas extranjeros, sobre todo estadounidenses, que decidieron invertir en
la Argentina para disputarle el mercado a los productos ingleses.
La fuerza de trabajo para estas nuevas industrias fueron lagroexportadres urbanos y también los
peones rurales que, desocupados por la crisis del modelo agroexportador, migraban a las
ciudades cercanas y en especial a Buenos Aires, para conseguir empleo en las incipientes
industrias.

El proceso de industrialización, conocido como Industrialización por sustitución de


Importaciones (ISI), adquirió en estos años una notable fuerza. Ya hacia fines de la década de
1930, la industria producía más riqueza y ocupaba más cantidad de mano de obra que las
tradicionales actividades agrarias.

Las organizaciones obreras y los límites de la lucha.

En 1930 se había creado la Confederación General del Trabajo (CGT) pero a pesar de la unión
de los diferentes sectores obreros, los dos primeros años de la dictadura fueron difíciles.

Durante los años de la década infame, el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y el
cumplimiento de las leyes existentes parecían un sueño. En 1941, la llegada de Ramón Castillo
a la Presidencia de la Nación representó un retroceso: nuevamente se recortaron libertades
civiles, se declaró el estado de sitio y se inició una feroz persecución a los obreros, en particular
a los de ideas comunistas.

En 1943, la década infame llegaba a su fin con un nuevo golpe de Estado que destituyó al
presidente Ramón Castillo.

Unidad 4 Los años peronistas ¿QUÉ Entendemos POR democracia?


La democracia debe ser el poder del pueblo. Cuando sólo un sector reducido de la sociedad
tiene el poder del Estado entonces no hay democracia. La oligarquía liberal reivindicaba la
democracia, pero, en realidad, puso en marcha un modelo de Estado ajeno a los intereses de las
mayorías y contrario a la participación popular.

La irrupción del peronismo en el escenario argentino significó un quiebre en esta situación: Juan
Domingo Perón forjó una fuerte alianza con los trabajadores argentinos, convirtiéndose en el
dirigente político más importante del país durante el siglo XX. El peronismo como movimiento
marcó un antes y un después en la historia nacional por la profundidad de las transformaciones
económicas, políticas y sociales que generó.

Situación Social durante La década infame

Como ya señalamos a finales de la década de 1930, los trabajadores se encontraban en un


proceso de movilización social y lucha sobre todo en reclamos salariales y mejoramiento de las
condiciones de trabajo. La respuesta de la élite, fue la represión. Como consecuencia de la crisis
del modelo agroexportador y del proceso de industrialización. El número de los nativos crecía
notablemente en las filas obreras. El impacto de las migraciones para satisfacer las necesidades
de una nueva industria –que crecía rápidamente. en esa renovada población obrera, sólo el 15%
de los trabajadores se encontraba sindicalizado y con cierto amparo. Desprovistos de protección
legal, los “nuevos obreros” migrantes no contaban con los derechos básicos: jornadas extensas,
condiciones de seguridad e higiene insuficientes, malos salarios, ausencia de asistencia social y
médica. Esta situación fue denunciada y resistida por los partidos comunista y socialista. Es el
caso, por ejemplo, de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina): Las ideas
de estos nacionalistas nucleados en FORJA giraban en torno a la independencia económica, a la
necesidad de crear una sociedad más igualitaria y un Estado con un rol mayor de intervención
dentro de la sociedad. Así se lograría el desarrollo industrial y económico necesario para cortar
los lazos de dependencia con el capital extranjero.

EL fin de La década infame

El 4 de junio de 1943 distintos grupos dentro del ejército se pusieron de acuerdo para destituir, a
través de un nuevo golpe de Estado, al presidente Ramón Castillo. dentro de los militares que
dieron el golpe, sobresalió un grupo, conocido como GOU (sigla que probablemente signifique
Grupo de Oficiales Unidos), que quería evitar la continuidad de las políticas de los
conservadores, así como el ingreso de la Argentina en la Segunda Guerra Mundial. Estos
hombres querían cortar lazos de dependencia económica respecto de las potencias extranjeras a
partir de un fuerte desarrollo industrial nacional; crear empleo y mejorar la calidad de vida de
los sectores populares. En 1943 las pocas leyes laborales vigentes estaban muy lejos de
garantizar el bienestar del conjunto de la clase trabajadora. Las políticas de los conservadores
habían generado diferencias Aquellos que sí portaban derechos, como los maestros, los
bancarios, los trabajadores de la administración pública, eran una suerte de “élite” al interior de
la clase, mientras que la gran mayoría de los trabajadores carecía de derechos que los
protegieran de la explotación patronal, la pobreza y la enfermedad.

Uno de los integrantes del GOU, Juan Domingo Perón, se hizo cargo del Departamento
Nacional de Trabajo. El nuevo gobierno transformó al viejo Departamento en Secretaría de
Trabajo y Previsión Social y, bajo la dirección de Perón, cambió radicalmente de rol. Juan
Domingo Perón comenzó a construir un vínculo cada vez más fuerte con los trabajadores, que
fueron escuchados por primera vez y obtuvieron un lugar en el aparato del Estado. El entonces
coronel Perón creó tribunales laborales como ámbitos especiales para atender los problemas de
los trabajadores y donde patrones y obreros serían sujetos con similares derechos. Fomentó
la sindicalización y propició, asimismo la firma de convenios
colectivos de trabajo se promulgaron leyes sobre la base de viejos
proyectos y demandas, como la de seguros de jubilación para todos
los gremios, las vacaciones pagas y el reconocimiento del aguinaldo.
Se reglamentó también la jornada laboral de ocho horas. En octubre
de 1944, Perón sancionó el Estatuto del Peón Rural. El Estatuto se
inspiró en la idea de que la tierra no debía ser un bien de renta sino
un bien de trabajo y permitió la reglamentación del salario mínimo,
las vacaciones y la jubilación. Estos elementos contribuirían para dar
nuevo impulso al proceso de industrialización, ya que, si los
trabajadores obtenían buenos salarios y mejores condiciones de vida,
podrían consumir bienes y servicios y se activaría la producción
nacional. Para que esto sucediera, era necesario que las riquezas se
repartieran de manera justa. Ya en 1945, Perón se había convertido
en una figura problemática dentro de la junta de Gobierno: su política
para con los trabajadores había despertado la desconfianza y el
repudio de los empresarios, En ese contexto, el gobierno militar forzó
a Perón a renunciar y lo llevó preso a la isla Martín García.

EL Pueblo Ocupa La Plaza

Al conocerse la detención de Perón, los sindicatos afines comenzaron a movilizarse


desde todos los polos industriales de los partidos del Conurbano Bonaerense y la ciudad
de Buenos Aires. Miles de trabajadores marcharon sin ningún titubeo en pos de la
liberación del que ya comenzaban a considerar como su líder. Liberar a Perón
significaba cuidar los derechos obtenidos. Gracias a la fuerza política que tuvo la
movilización del pueblo trabajador, ese 17 de octubre Perón fue liberado. Se dirigió
entonces a la Plaza de mayo y, desde el Palacio de Gobierno, saludó a quienes había
logrado su liberación.

EL PESO dEL vOTO POPULaR: PERón PRESidEnTE (1946-1952 / 1952-1955)


Luego de la imponente manifestación obrera, los dirigentes sindicales cercanos a Perón
lo convocaron para que se presentase a las elecciones. Además del sostén de una gran
parte de los trabajadores, la fórmula liderada por Perón recibió el apoyo de otros grupos
e instituciones: un sector del Ejército, la Iglesia Católica, algunos sectores provenientes
del conservadurismo y los radicales yrigoyenistas nucleados en FORJA. El principal
contrincante era la llamada “Unión Democrática” (una coalición entre la UCR, el
Partido Socialista, el Partido Comunista y el Partido Demócrata Progresista) que
contaba con el especial apoyo del embajador de los Estados Unidos, Por primera vez
desde 1928, año en que Yrigoyen fuera elegido presidente, el pueblo eligió a sus
representantes de manera transparente y sin fraude.

El proyecto económico

Perón sabía que, para cumplir su principal objetivo –la independencia económica– el
Estado debía intervenir fuertemente en la economía, generando las condiciones
necesarias para que el capital nacional se volcara a la industria. Ese proceso debía
realizarse desde el Estado, mediante una intervención que buscara consolidar un nuevo
modelo de crecimiento económico asociado al mayor bienestar de la población, basado
en el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y libre de condicionamientos
extranjeros.

El Estado de bienestar

A diferencia del modelo liberal de Estado que había predominado en otras épocas de
nuestra historia, el peronismo proponía que la intervención del Estado en la economía
debía llegar al terreno social para asegurar el aumento de los ingresos de los
trabajadores y, con ello, la expansión de la producción industrial nacional destinada al
consumo interno.
El resultado de este principio fue la nacionalización de las empresas de servicios
públicos y del Banco Central de la República Argentina: se nacionalizaron los
ferrocarriles y se creó Aerolíneas Argentinas; se nacionalizó la empresa de telefonía; en
el sector energético, se creó Gas del Estado y se expandió Yacimientos Petrolíferos
Fiscales (YPF) (empresa creada por Hipólito Yrigoyen en 1922). ¿De dónde podía sacar
el Estado el capital para esas compras? ¿Podía el Estado peronista evitarlas, alentando la
producción interna de los bienes que necesitaba la industria? el gobierno peronista
modificó el destino de las ganancias provenientes de las exportaciones de los productos
agropecuarios, históricamente, la principal actividad económica el país. El IAPI fue
creado para regular la comercialización: el productor ya no podía exportar directamente,
tenía que venderle al IAPI su producción a precios nacionales; Con los excedentes
obtenidos en la comercialización, el Estado pudo efectivamente nacionalizar empresas,
dar créditos para la compra de maquinaria e insumos, fomentar a través de créditos la
instalación de fábricas nacionales y generar las condiciones para que los asalariados
puedan consumir.
industria liviana

Es el sector industrial dedicado a la producción de bienes de consumo, como


vestimenta, alimentos, electrodomésticos. Industria pesada Son las industrias que se
dedican por ejemplo a la producción de maquinaria y medios de transporte. Son también
industrias pesadas las encargadas de la extracción y elaboración de materias primas
como los metales, los hidrocarburos y la fabricación de la maquinaria necesaria para
dichas tareas.

El Estado planificador. El Primer Plan Quinquenal

Durante su primera presidencia (1946-1952), Perón propuso un plan económico lanzado


en 1947, el Primer Plan Quinquenal, cuyos objetivos eran el desarrollo de la industria
liviana de bienes de consumo masivo, la estimulación del mercado interno a partir de la
redistribución de la riqueza a favor de los asalariados y la nacionalización de los
servicios públicos y de las fuentes de energía. El país se transformó en productor de
heladeras, motos, cocinas, radios, máquinas de coser, productos textiles, vestimenta.
Asimismo, la creciente actividad industrial profundizó el proceso de migraciones
internas iniciado en la década anterior. Estas ideas se reflejaron en los gobiernos
peronistas en la concepción de la “alianza de clases” y en una política social que alentó
una legislación laboral a favor de los asalariados, la expansión de la educación gratuita,
la creación de un sistema de salud público, la ampliación del régimen jubilatorio y la
creación del Banco Hipotecario para posibilitar el acceso a la vivienda de los sectores de
menores ingresos. Perón desplegó, con este modelo de intervención, las tres banderas de
la doctrina justicialista: la independencia económica, la justicia social y la soberanía
política.

Perón, los trabajadores y los empresarios


Desde el inicio, el gobierno fomentó la sindicalización: ya hacia la década de 1950, la
mitad de los trabajadores urbanos estaba organizado. Esta tendencia continuó a lo largo
de toda la década en que gobernó el peronismo, La Confederación General del Trabajo
(CGT), organización en la que se agrupaban diferentes sindicatos, pasó a formar parte
del movimiento que encabezaba Perón con un rol protagónico. De manera simultánea,
como parte de un mismo proceso, los sindicatos se consolidaban y las conquistas se
transformaban en legislación. Los sectores conservadores, los terratenientes y grandes
financistas agrupados en la Sociedad Rural, se opusieron al modelo de distribución de la
riqueza, al IAPI y, por sobre todas las cosas, a la fuerte intervención del gobierno en la
economía. El peronismo con sus transformaciones comenzaba a molestar a aquellos
sectores que históricamente habían detentado el poder económico y político en nuestro
país.

Eva duarte de Perón

Evita es una de las figuras políticas más trascendentes de nuestra historia,


principalmente por su preocupación y acción frente a las necesidades de los más
humildes. Si bien nunca ocupó un cargo político, se puso al mando de la fundación Eva
Perón desde donde llevó a cabo obras como la construcción de hospitales, escuelas,
hogares para niños y ancianos, ayuda a madres solteras, comedores escolares, campañas
de vacunación, entre otras. La tarea de la “caridad” había estado siempre en manos de
señoras de clase alta quienes, a través de la iglesia, organizaban distintas acciones
“solidarias”. El efectivo impacto de las acciones de la fundación, que llegó realmente a
miles de personas, les quitó a las “señoras” ese lugar simbólico que ocupaban. Sumado
a las donaciones forzosas que Eva solicitaba a los sectores de altos ingresos para
financiar las acciones de su organización, ese desplazamiento de “las damas de caridad”
generó un fuerte rechazo por parte de los sectores conservadores. Asimismo, la
influencia de Eva fue importante para que se sancionara la ley de voto femenino en
1947. Luego de décadas de lucha, las mujeres de nuestro país dejaron de ser ciudadanas
de segunda categoría y se transformaron en sujetos de derechos políticos. Una vez
promulgada la reforma constitucional que permitió la reelección presidencial, Evita fue
propuesta por los sindicatos para ser candidata a la vicepresidencia, junto con su esposo,
en las elecciones de 1951. La enfermedad que la llevaría a la muerte en 1952, y la
oposición que despertaba en los sectores más reaccionarios, le impidieron aceptar el
cargo.

Segundo gobierno. Crisis y golpe de Estado

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, los países europeos habían quedado devastados.
Es en tal marco que el secretario de Estado de los Estados Unidos, George Marshall,
lanza en 1947 un plan de ayuda económica para los países de Europa más afectados. El
Plan perseguía varios objetivos: por un lado, reconstruir las economías europeas para
que pudieran seguir comprando productos en [Link].y restablecer el funcionamiento
del comercio internacional; Pero hacia 1949, la demanda europea orientada a la
economía estadounidense provocó una caída de las exportaciones argentinas y
consecuentemente una reducción de las divisas que –a través del IAPI– se destinaban a
la compra de maquinarias e insumos necesarios para el desarrollo industrial.

Un nUEvO GOLPE COnSERvadOR y EL fUTURO En ManOS dEL PUEbLO

Los terratenientes ejercían una fuerte presión desde la Sociedad Rural y se oponían, en
particular, al accionar del IAPI. Ante la caída de sus ganancias, a modo de protesta,
redujeron las superficies cultivadas. Esta “huelga” de los productores rurales tuvo un
doble efecto: menos productos exportables, así como menos alimentos para el mercado
interno, lo cual produjo un aumento de sus precios. La reducción de la producción
industrial repercutió a la vez en los precios de los bienes de consumo que aumentaron
junto con los de los alimentos, perjudicando a los sectores bajos y medios. En 1952,
Perón fue reelegido presidente con un masivo apoyo. Pero la oposición se estaba
organizando y contaba entre otros sectores más poderosos. Frente a la crisis económica,
el gobierno se inclinó por realizar un cambio significativo que se tradujo en el Segundo
Plan Quinquenal: era necesario impulsar la actividad agrícola, la industria pesada y las
exportaciones para volver a obtener divisas. Perón ofreció a los terratenientes la compra
de los productos a precios más altos que en el mercado mundial. En cuanto a la
industria, el gobierno estimuló la inversión extranjera posibilitando la radicación de
empresas como las automotrices Fiat y Kaiser. la oposición continuó creciendo. Además
de la Sociedad Rural, formaban parte de la oposición un sector conservador del Ejército
y la Marina. La Iglesia, que había apoyado el primer gobierno de Perón, comenzó a
criticarlo fuertemente dada la sanción de la Ley de Divorcio y la supresión de la
obligatoriedad de la enseñanza religiosa en las escuelas Las fuerzas armadas
demostraron, otra vez, estar al servicio de los sectores conservadores. El 16 de junio se
produjo un brutal bombardeo a la Plaza de Mayo. Aviones de la Marina argentina
atacaron por sorpresa en horas del mediodía a la población civil, dejando cientos de
muertos y heridos. Finalmente, el 16 de septiembre de 1955, las fuerzas armadas
derrocaron al presidente Juan Domingo Perón, quien prefirió abandonar el cargo para
evitar una guerra civil. Perón fue proscripto y obligado al exilio; el Partido Peronista fue
prohibido junto con todos sus símbolos.

Unidad 5: Represión y neoliberalismo: de la dictadura de 1976 a la crisis de 2001

acerca del terrorismo de Estado

Durante el siglo XX, nuestro país atravesó cinco procesos dictatoriales.

Los momentos en que los grupos dominantes tuvieron que dejar el control del Estado, o
de una parte de este, en otras manos, acudieron a la intervención de las fuerzas armadas
en la vida política para, a través de ellas, retomar los lugares o espacios de poder
perdidos. Emplearon a la vez una violencia paraestatal, es decir, una violencia de
carácter ilegal y terrorista. el “terrorismo de Estado "a partir del análisis de:

● su implementación durante la última dictadura cívico-militar (1976-1983),

● sus antecedentes en el período 1955-1976,


● su relación con la aplicación de un plan económico neoliberal entre los

años 1976 y 2001.

Entre dictaduras y gobiernos Civiles tutelados (1955-1973)

Luego del golpe de Estado de 1955, un gobierno de facto, encabezado por el general
Pedro Eugenio Aramburu, sucedió al peronismo. restableció un plan económico liberal
en beneficio de los sectores más ricos de la sociedad. Este plan se basó en la apertura de
la economía, el incentivo a las importaciones, la eliminación del IAPI y de los
mecanismos de protección de la industria nacional

Se abrió así un período de pérdida de derechos para los sectores populares, de represión
y violencia, persecuciones políticas, prohibición del peronismo, de sus símbolos e ideas,
así como de control militar en fábricas, sindicatos y universidades (en estos últimos dos
casos, mediante la designación de interventores militares para dirigirlos). Esta dictadura
se autodenominó “Revolución Libertadora”, al tiempo que desde los sectores populares
comenzaron a llamarla “Revolución Fusiladora”. Los llamados a elecciones
presidenciales que habilitaron los militares en 1958 y en 1963 no significaron un
restablecimiento de la democracia. En las primeras, o sea en las de 1958, triunfó Arturo
Frondizi por la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), y en las de 1963, Arturo
Illia por la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). En ambas ocasiones, el pueblo fue
llamado a elegir a sus representantes, pero aun así es difícil hablar de democracia
cuando estos hombres y sus partidos llegaron al gobierno en elecciones en las que el
partido político con mayor apoyo popular, es decir el peronismo, estaba prohibido,
proscripto. En lugar de estar subordinadas al poder de los civiles elegidos por el pueblo,
se habían constituido “Partido Militar” Como consecuencia de este asedio, de esta tutela
cívico-militar, los gobiernos de Frondizi y de Illia no concluyeron su mandato
constitucional de seis años al ser derrocados por varios golpes de Estado cívico-
militares. Desde 1966, los militares tomaron directamente el poder político. Ya no
creían en la efectividad de sostener gobiernos civiles, como el de Frondizi o el de Illia.
Consideraban que esa democracia, incluso con el peronismo proscripto y tutelada por
los mismos militares, no impedía los conflictos, no aseguraba el crecimiento económico

Esta dictadura, nutrida en la Doctrina de la Seguridad Nacional Consideraba que la


sociedad argentina estaba muy enferma y que había que hacer cambios muy profundos,
no importaba a qué costos ni con qué métodos. La fórmula de la transformación
combinaba la modernización de la economía argentina, bajo la dirección de las grandes
empresas transnacionales, con el establecimiento de un orden férreo. Daba la impresión
de que los distintos actores políticos y gremiales se habían llamado a silencio y aceptado
las normas establecidas por la dictadura. Sin embargo, en mayo de 1969, la insurrección
popular que estalló en Córdoba (a la que se llamó “el Cordobazo”), derribó en pocas
horas ese mito de la paz y la armonía social construido por el gobierno y expandido por
los medios de comunicación afines. el Cordobazo constituyó una bisagra en la historia
reciente de la Argentina, ya que, si bien fue expresión de muchas tensiones acumuladas,
se transformó a la vez en el punto de partida de un ciclo de auge de luchas populares.
Meses después del Cordobazo, se produjeron acontecimientos similares en otros lugares
del país. Expresaban un descontento profundo y demandas que el poder autoritario no
podía procesar porque había cerrado todos los canales para poder conocerlas.

El impacto de la Revolución Cubana en América Latina: revolución y


contrarrevolución: A partir de 1959, Fidel Castro y su hermano Raúl, junto con
Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos, entre otros, se pusieron al frente del
primer proyecto americano que intentó crear una sociedad igualitaria, independiente del
dominio estadounidense. Como consecuencia de la Revolución Cubana, la Guerra Fría,
es decir el enfrentamiento entre Capitalismo y Comunismo, se instaló en el continente
americano. La respuesta del gobierno de los Estados Unidos, líder del bloque de los
países capitalistas, fue la Doctrina de la Seguridad Nacional.

La Doctrina de la Seguridad Nacional

La Guerra Fría supuso la creación en América Latina de un dispositivo represivo de los


movimientos sociales. Los oficiales de las Fuerzas Armadas latinoamericanas
comenzaron a recibir instrucción en bases militares estadounidenses para la lucha contra
el comunismo, en una teoría conocida como Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN).
Esta doctrina sirvió de fundamento para el avasallamiento de los derechos de miles y
miles de personas en toda Latinoamérica, al justificar la tortura, las desapariciones y los
fusilamientos, entre otros métodos aberrantes utilizados para detener las ansias de
cambio que la Revolución Cubana sembraba por toda América Latina. durante las
décadas del 60, 70 y parte de la del 80, se instalaron a lo largo y a lo ancho de nuestro
continente, dictaduras cívico-militares que violaron sistemáticamente los derechos
humanos de la población mientras imponían las políticas económicas elaboradas por el
gran capital.

El tERCER PERonismo (1973-1976)

las fuerzas armadas encontraron una forma de evitar que el líder popular se postulara
como candidato en las elecciones que se llevarían a cabo en 1973 . Cámpora fue el
candidato del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) que vencería en las
elecciones nacionales de marzo de 1973 a la Unión Cívica Radical liderada por Ricardo
Balbín. Luego de la “Revolución Libertadora”, el movimiento peronista se había ido
transformando. Con Cámpora en la presidencia, el regreso tan esperado de Perón, luego
de 18 años de exilio, se haría realidad. Cámpora pasaría a la historia como el símbolo de
la lealtad, ya que asumió la presidencia con la promesa de convocar a elecciones para
que se presentase Perón como candidato. Juan Domingo Perón. El 12 de octubre de
1973, Perón inició su tercera presidencia acompañado en la vicepresidencia por su
esposa María Estela Martínez de Perón (popularmente conocida como Isabel o
Isabelita). Pero su presidencia fue breve. El 1° de julio de 1974, quien había sido una de
las figuras más influyentes de la política argentina del siglo XX, falleció. Perón no logró
en tan corto tiempo ni pacificar a su movimiento, ni aplicar con éxito políticas
económico-sociales similares a las de sus primeros gobiernos. durante el gobierno de su
sucesora, María Estela Martínez de Perón. En esos días, los asesinatos de militantes del
peronismo de izquierda y de otras expresiones de la izquierda, se transformaron en
moneda corriente, por parte de una organización paramilitar, la Alianza Anticomunista
Argentina (A.A.A.) triple A. En medio de la violencia creciente y de una situación
económica complicada, el gobierno de María Martínez de Perón se fue debilitando
Presionada por los militares, nombró comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas a
Jorge Rafael Videla y decretó la Ley antisubversiva que habilitaba a las fuerzas armadas
a aniquilar a los elementos ideológicamente “peligrosos” en todo el territorio nacional.

dictadura militar. terrorismo de Estado y neoliberalismo (1976 – 1983)

El 24 de marzo de 1976, las fuerzas armadas tomaron nuevamente el poder del Estado
de manera ilegal. Los comandantes de las tres fuerzas, Jorge Rafael Videla, Emilio
Massera y Orlando Ramón Agosti, reunidos en Junta militar, establecieron una
dictadura a la que llamaron “Proceso de Reorganización Nacional”. Estado ejerció la
violencia contra sus ciudadanos, violando sistemáticamente los derechos humanos
de las personas y produciendo un genocidio. El Estado, en teoría garante de las
leyes y los derechos civiles, dejó a la población desprotegida.
El plan de exterminio recayó sobre la clase obrera, pero también sobre estudiantes
secundarios y universitarios, religiosos, políticos, artistas, intelectuales, docentes,
abogados, científicos, periodistas y miembros de organizaciones sociales y organismos
de derechos humanos. La mayoría de las víctimas tenían entre 15 y 35 años. Pero
también fueron víctimas niños y bebés que, secuestrados o nacidos en cautiverio. Los
familiares de los desaparecidos, también víctimas, comenzaron a buscar a sus parientes
y amigos. En 1977, un grupo de madres tuvo el coraje de enfrentar a los responsables.
Al no tener respuestas, reclamando la aparición de sus hijos. De ese modo, nació uno de
los organismos de derechos humanos más importantes del mundo: la Asociación
Madres de Plaza de Mayo.

La otra cara de la represión. El plan económico

Habiendo prohibido toda acción gremial y extendido el terror en toda la sociedad, la


clase dominante tenía las manos libres para aplicar un plan económico neoliberal que se
proponía eliminar las protecciones a todas las actividades económicas consideradas
ineficientes (como la pequeña y mediana industria de capital nacional) ese era el
mercado el que debía ocuparse de la economía mientras al Estado le tocaba la tarea de
“calmar” la protesta y garantizar el orden. La represión era la herramienta necesaria para
llevar a cabo el modelo económico. La economía debía estar “abierta” al capital
extranjero; el Estado no debía interferir con la regulación de precios, salarios y
protección a la industria nacional. La política económica de Martínez de Hoz favoreció
la entrada de productos importados, lo que generó un masivo cierre de fábricas
nacionales y un aumento significativo de la desocupación. Durante la dictadura militar,
la deuda externa pasó de aproximadamente 6.000 millones de dólares a más de 40.000.
Este crecimiento exorbitante benefició a grandes empresarios que se dedicaron a sacar
beneficios con la especulación financiera. Grupos empresariales del sector privado se
enriquecían al tiempo que el Estado se endeudaba y el país entero se empobrecía y se
desindustrializaba. En 1981, Videla y el ministro Martínez de Hoz abandonaron sus
cargos y asumió la presidencia el general Roberto Viola quien gobernó hasta fines de
ese año. Lo reemplazó el general Leopoldo Fortunato Galtieri.

malvinas y Fin dE la diCtadURa

El 2 de abril de 1982, las fuerzas armadas tomaron las Islas Malvinas, que estaban bajo
dominio británico desde 1833. se trataba de una nueva convocatoria al nacionalismo El
haber comprometido a la sociedad argentina en esta aventura bélica, fue una
demostración más de la cobardía e irresponsabilidad de los militares y civiles que
dirigían al país. El resultado de la aventura bélica de los represores fue la muerte de 649
jóvenes y más de 1.000 heridos, que se sumaban a los 30.000 desaparecidos bajo el
terrorismo de Estado. Luego de la guerra, el general Galtieri presentó su renuncia y
asumió la presidencia el general Reynaldo Bignone. dictó la Ley de Autoamnistía La ley
dictaba que ningún miembro de las fuerzas armadas y de seguridad podría ser acusado
ante tribunales militares o civiles.
El Retorno de la democracia

Acorralados por multitudinarias manifestaciones los militares decidieron la reapertura


democrática y el llamado a elecciones para el 30 de octubre de 1983. En ellas se impuso
el candidato de la Unión Cívica Radical, el Dr. Raúl Alfonsín, luego de una intensa
campaña, la UCR se impuso en las elecciones de 1983 con el 51,7% de los votos,
derrotando por primera vez en comicios sin restricciones a una fórmula [Link]
10 de diciembre de ese año, Raúl alfonsín asumió la Presidencia de la República.
Frente a esa pesada herencia, luego de diversos intentos fracasados de alentar la
producción, el empleo y contener la inflación, el gobierno de Alfonsín quedó a merced
de las tensiones y conflictos de intereses de distintos grupos de capitalistas. El país vivía
en medio de la hiperinflación. El proceso hiperinflacionario licuaba, segundo tras
segundo, los ingresos de los asalariados, instalaba el terror del hambre entre todos los
que vivían de un empleo, así como entre pequeños comerciantes y pequeños y medianos
industriales. Raúl Alfonsín. Una vez más, un gobierno elegido democráticamente no
podía concluir su mandato, en este caso acorralado por un golpe de mercado.

Hiperinflaciones y Profundización del neoliberalismo

En julio de 1989, en reemplazo de Alfonsín, llegaron al gobierno nacional Carlos


Menem y Eduardo Duhalde, la fórmula triunfante del Frente Justicialista Popular en las
elecciones presidenciales. el nuevo presidente había prometido la “revolución
productiva” “salariazo” Luego de ser sometido a un nuevo golpe hiperinflacionario, el
gobierno justicialista entendió rápidamente el mensaje de los grandes grupos financieros
y restableció la política neoliberal de la dictadura. puso al frente del ministerio de
economía a Domingo Cavallo. bajo la Ley de Emergencia económica, el gobierno
menemista recortó fuertemente todos los gastos del Estado especialmente en educación,
salud y políticas sociales; se vendieron todas las empresas de servicios públicos del
Estado a empresas multinacionales a precios muy bajos. El sistema jubilatorio pasó a
manos de entidades financieras privadas: las Administradoras de Fondos de Jubilaciones
y Pensiones (AFJP). Mientras el Estado se achicaba, la indigencia y el desempleo
crecían, así como la desindustrialización y el endeudamiento externo. En 1991, se lanzó
el Plan de Convertibilidad; se creó la ficción monetaria de que un peso de moneda
nacional valía un dólar. En 1994, la reforma de la Constitución permitió la reelección
presidencial y en 1995, Menem asumió su segunda presidencia. Eran los desocupados,
pobres e indigentes que no contaban con la tradicional herramienta de protesta, la
huelga, para defender sus derechos. Los docentes, por su parte, plantaron una carpa –la
llamada “carpa blanca”– frente al Congreso de la Nación pidiendo aumento en el
presupuesto educativo y en los salarios; los jubilados, víctimas de la privatización del
sistema previsional y jubilatorio, también protestaron, muchas veces. Durante los
gobiernos de Menem se sucedieron atentados terroristas, primero a la embajada de
Israel, luego a la AMIA. El ex presidente quedó vinculado a una causa por venta ilegal
de armas que costó una explosión de una fábrica de armas en Córdoba. El nivel de
corrupción, la fuga de capitales, el lavado de dinero, la malversación de fondos
públicos, fueron el telón de fondo de una década nefasta de nuestra historia.
El pueblo en movimiento

El estallido popular llegó bajo la presidencia del sucesor de Menem, el radical Fernando
de la Rúa, quien llegó al gobierno en 1999 La continuidad de la política económica de
los gobiernos menemistas, la severa situación de endeudamiento público, el aumento de
la desocupación, la devaluación constante del peso, fueron los elementos característicos
de su breve presidencia.

Ante la crisis social la designación del responsable de la crisis Domingo Felipe Cavallo
Dada la situación de endeudamiento que dejó la dictadura y que profundizaron los
gobiernos democráticos, particularmente los encabezados por Menem y De la Rúa, El
19 y 20 de diciembre de 2001 coincidieron en las calles quienes vivían una larga crisis
iniciada en la dictadura El lema en esos días de rebelión popular fue la unión: “Piquete y
cacerola, la lucha es una sola”, así como: “que se vayan todos”, de la Rúa tuvo que
renunciar empujado por la rebelión popular que estalló en diciembre de 2001. abandonó
la Casa Rosada en el helicóptero presidencial. Tras décadas de neoliberalismo y
represión, se llegaba a un punto, parecido a un abismo, del que parecía no haber retorno.

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