FIDELIDAD EN TIEMPOS CRÍTICOS
1er episodio: lejos de casa
Daniel 1, 1-20
La historia conserva en sus narrativas los acontecimientos trascendentales de un pueblo, la Biblia
conserva los acontecimientos trascendentales de Dios en medio de la humanidad. Aconteció que el
imperio babilónico, bajo el poder de Nabucodonosor, invadió a Jerusalén, la destruyó completamente
con toda la fuerza de su gran ejército; masacró al pueblo judío y a quienes dejó vivos los convirtió en
sus esclavos. La ciudad santa quedó en ruinas, el corazón de los judíos devastado, la fe en miles de
pedazos. Su dios Jehová también quedó en ruinas. No en la realidad, en su manera de creer en Dios.
Se creía, en aquel entonces, que la derrota de un pueblo se debía porque en el mundo espiritual su
dios era derrotado primero. Marduk, dios de los babilonios, tenía la victoria. Imagina conmigo, por
instantes, a los cautivos que llevaron a Babilonia. Estaban encadenados de manos y pies. Los tesoros
del templo sagrado a su dios Jehová en carrozas paganas dispuestas a ser usadas en el templo de
Marduk, dios pagano de Babilonia. Las arengas de los soldados gritaban cuán gloriosa es Babilonia,
cuán glorioso es Marduk y cuán debilucho es Jehová. Al llegar a la gran Babilonia, las puertas
principales se abrieron, la entrada fue una de las maravillas del mundo, Inclusive, hoy existen ruinas
y algo conservado de esa majestuosa entrada en Bagdad. Los judíos aturdidos por la derrota, la
destrucción de su dios y la majestuosidad de la ciudad imperial reconocían en su dolor la tragedia de
su pueblo y de su dios. A los más jóvenes e inteligentes los llevaron al palacio para hacerlos esclavos
de la realeza, eunucos al servicio del rey. Estos esclavos reales tenían que hacer carrera, la
universidad les duraba tres años. Aprendían el idioma del imperio. Se volvían académicos en
ciencias políticas, económicas, estrategias de guerra, literatura, arte, entre otras. Y aquí es donde
queda el escenario para las narrativas de Daniel y sus amigos.
Bajo estas realidades que acabo de describirles, ¿valía la pena seguir creyendo en Dios? Si Dios tiene
el control de todas las cosas y nada escapa de su gobierno, dejó que destruyeran a Jerusalén y a sus
familias, ¿valía la pena serle fiel? Vamos a permitir que Dios hable a nuestro corazón, para lograrlo,
les pido a todos oídos para oír el evangelio y dejémonos sorprender por el corazón tierno del Padre.
Lo primero que debo decir en esta narrativa es que Dios es soberano.
Cuando decimos que Dios es soberano, lo que estamos comunicando con esta palabra es que él
gobierna al mundo, al cosmos, la historia según su buena voluntad, según su sabiduría y su placer. Él
no tiene que darnos explicaciones, sólo hace o permite acontecimientos que van de acuerdo a su
glorioso y global plan. El vv. 2 dice, El Señor entregó en sus manos a Joacim, rey de Judá, así como
algunos de los utensilios de la casa de Dios. Dice la Biblia que fue Dios mismo quien entregó al rey
judío en las manos del emperador babilónico y también afirma que fue Dios mismo quien entregó los
utensilios sagrados al rey pagano. “Sólo Dios detenta la autoridad en Babilonia, como también en
Jerusalén y en todos los demás lugares y tiempos. Es bueno que nos percatemos de esta confortante
verdad” (A. A. Di Lella). La vaina es que se llevaron esas cosas para Sinar. ¿Sabes qué es Sinar? La
ubicación exacta donde habían intentado construir La Torre de Babel. Empecemos a responder estas
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cuestiones. En primer lugar, que Dios los hubiese entregado en manos de los babilonios, no fue más
que el cumplimiento a su Palabra, a sus promesas, a sus juicios. Dios les advirtió por medio de los
profetas: “si fallan al pacto, los castigo con la mano dura de los enemigos”. Y así fue. Ellos lo sabían
bien. Esta derrota política, militar no fue otra cosa que la reprimenda del Señor. Recuerda: el castigo
divino es una expresión de amor. En segundo lugar, los utensilios sagrados en el templo profano fue
para enseñarles que lo sagrado no son las cosas, son las personas. Dios es sagrado. El pueblo judío
era sagrado. La profanación de lo sagrado no se da con las cosas, se da en las personas. Pablo lo
entendió perfectamente cuando dijo: ¿ignoran que ustedes son templo del Espíritu Santo? El recinto
sagrado es la persona, no el edificio. Y en tercer lugar, que ubicaran lo sagrado en Sinar, les hacía
entender que como nación habían retrocedido. La Torre de Babel aconteció mucho antes de Abrahán,
y que allá, en el antiguo Babel quedaran acomuladas las cosas sagradas, era como si se quedaran sin
un punto de origen en su historia. Eso significaba que estaban desapareciendo.
Luego de decir que Dios es soberano, debo decir, en segundo lugar, que toda explotación humana
puede transformarse en un servicio a Dios. El emperador dio una orden: “quiero esclavos judíos
dentro de mi palacio, pero los quiero jóvenes, inteligentes, bonitos y sanos”. El encargado de atender
esta orden del emperador fue y escogió algunos chicos de la familia del rey judío, quienes debían
cumplir con estos requerimientos (vv. 4):
no debían tener defecto alguno,
serían de buen parecer,
inteligentes en toda rama del saber,
dotados de entendimiento
y habilidad para discernir
y que tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey;
y le dio órdenes de que les enseñara la escritura y la lengua de los caldeos.
“Nabucodonosor quiere que sólo los mejores sean sus cortesanos. Sólo los israelitas desterrados de
estirpe regia o familia noble han de ser trasladados al palacio para servir en la corte babilonia (1, 3).
El autor de Daniel puede estar aludiendo aquí a la profecía de Isaías al rey Ezequías: «Y tomarán a
tus hijos, salidos de ti, a los que tú engendraste, para que sean eunucos en el palacio del rey de
Babilonia» (Is 39, 7)” [A.A. Di Lella]. Ellos estaban obligados a estudiar profesionalmente en
ciencias propias de gobierno, como bien dice C. Wright: “la civilización mesopotámica era una de
las más importantes del mundo. Había realizado grandes avances en la literatura, las matemáticas, la
astronomía y la ciencia primitiva. Pero también tenía un enorme bagaje de politeísmo, es decir, una
religión con muchos dioses e ídolos. Estaba repleta de magia y de prácticas ocultistas, y era
especialmente «rica» en astrología, con todas aquellas supersticiones que acompañan la
pseudo-ciencia antigua.” A esto explica más A. Di Lella: “El término «caldeo» es con frecuencia la
locución general que se refiere a los magos, encantadores y brujos entendidos como categoría”. Esto
de ser brujo egresado de la mejor universidad del imperio, ponía en conflictos su fe. Pero estos
chicos, Daniel y sus amigos, aprendieron a transformar su esclavitud en un servicio a Dios.
Desempacaré esto un poco más adelante.
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He dicho que Dios es soberano, que toda explotación humana puede transformarse en un servicio a
Dios. En tercer lugar, nuestra identidad está en Dios. Note por favor cómo en el vv. 7 el jefe de
esclavos les cambia al nombre a los hijos de Dios. El libro de Daniel nos narra acontecimientos
protagonizados por Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Como es de costumbre en el pueblo judío, el
nombre, el signficado del nombre y la persona conjugan una identidad que marca al ser humano de
por vida. El nombre era un regalo, una bendición o una maldición; era su destino, en el nombre se
llevaba el propósito de la vida, las glorias de un ser humano. Estos cuatro jóvenes tenían su identidad
en Dios: Daniel significa “Dios me juzga”. Note pues como su identidad se encontraba en Dios, en
nadie más. Ananías significa, “el Señor me favorece”. Su identidad, su destino su existencia estaba
en el Señor. Misael significa “¿quién como Dios?” y Azarías “Dios me ayuda”. La identidad de estos
jóvenes se sostenía en su Dios Jehová, pero llegaron a Babilonia y les quisieron borrar su identidad,
los quisieron convertir, a las malas, en personas que ellos no eran; los nuevos nombres incluían
nombres de otros dioses, aumentando así el insulto y la indignidad. Quisieron convertirlos en otros
seres. Nótelo: a Daniel lo llamaron Beltsasar, que significa “Bel -dios pagano- proteje al rey”. A
Ananías lo llamaron Sadrac, que significa “luz del dios sol”. A Misael, Mesac, que significa “¿Quién
como Aku?”. A Azarías lo llamaron Abed Nego, “siervo del dios Nebo”. Les tocó, obligados,
aceptar que los llamaran diferente; pero en sus mentes, en sus corazones nunca renunciaron a su
verdadero ser, a su identidad en el Señor; se mantuvieron firmes en su fe.
He dicho que Dios es soberano, que toda explotación humana puede transformarse en un servicio a
Dios. En tercer lugar, dije que nuestra identidad está en Dios. En cuarto lugar, la lealtad a Dios debe
ser extrema e inquebrantable. El vv. 8 dice algo fenomenal: “Daniel se propuso en su corazón no
contaminarse”. A uno le parece que Daniel es como extremista. Si Daniel existiera entre nosotros
actualmente, lo calificaríamos de fanático, de legalista, de religioso, de lambón. Muchas personas de
este siglo tienen una característica peculiar para mi gusto: no soporta la fidelidad. Las redes sociales
están saturadas de contenidos que alaban, aplauden, enseñan a ser infieles y les causa gracia, les
parece bien, lo disfrutan. Y todo ese bum de infidelidad lo estamos trasladando a nuestra comunión
con Dios. No nos importa fallarle, no nos importa contaminarnos, no nos importa quebrantar sus
mandamientos, no nos importa pisotear la gracia que nos salvó. Pecamos, le fallamos a Cristo y a
muchos eso nos causa gracia, nos da risa. Cuando me ocultan el pecado de personas que suben al
púlpito y luego los llamo a exigir una explicación, los còmplices se ríen, lo disfrutan como si eso
fuera genial. Daniel no. Daniel no quiso contaminarse con la comida del rey, no porque los alimentos
en sí estuviesen mal, sino porque antes de llegar a la mesa de los esclavos, todas esas comidas fueron
ofrendas, sacrificios al dios Marduk. Para Daniel y sus amigos, comer de estos sacrificios era serle
infiel a su dios Jehová.
Pongamos un ejemplo. Una pretendiente de Aurelio, quien es casado, le regala ropa interior. Y
Aurelio sabe que esa pretendiente va con toda por su alma, y sabiéndolo se pone la ropa interior que
ella le regala. Supongamos que Aurelio y Carmela, su esposa, son cristianos. ¿Cómo crees que va a
reaccionar Carmela cuando se entere que la ropa interior que usa su marido se la regaló una
pretendiente decidida a quedarse con él? ¡Muy mal! ¿No cierto? Y uno podría decir, ¿por unos
calzoncillos? No son los calzoncillos, es el hecho de violentar una intimidad que no le corresponde.
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O piénsalo al revés, que sea Carmela quien reciba ropa interior de un pretendiente y use esa ropa a
escondidas de su marido. Eso es grave, ¿o no? Usar esa ropa es un acto de infidelidad. Comer de lo
sacrificado a Marduk fue para Daniel y sus amigos un acto de infidelidad a su dios Jehová, y ellos
prefirieron no fallarle al Señor así su determinación les costara la vida. Ellos estaban decididos:
¡primero muertos que fallarle a Dios! Se sometieron a una dieta estricta de verduras y agua, no
porque fueran veganos o vegetarianos, no no no. Los judíos comen carne de lo lindo, lo hicieron por
fidelidad. Y Dios recompensó esta fidelidad de estos muchachos.
He dicho que Dios es soberano, que toda explotación humana puede transformarse en un servicio a
Dios. En tercer lugar, dije que nuestra identidad está en Dios. En cuarto lugar, la lealtad a Dios debe
ser extrema e inquebrantable. Quinto, Dios provee lo necesario para salir adelante. Daniel y sus
amigos se resistieron a comer de la mesa del rey babilónico, porque era comida consagrada a
Marduk, y prefirieron ser fieles a Dios absteniéndose de esos alimentos. Entonces Dios les dio lo
inesperado, lo sorprendente: conocimiento e inteligencia en toda clase de literatura y sabiduría.
Además, Daniel entendía toda clase de visiones y sueños. No todos los exiliados en Babilonia
contaron con esta misma suerte que Daniel y sus amigos, muchos otros murieron sosteniéndose en su
fidelidad a Dios. Su rechazo de frente al paganismo babilónico les costó la vida. Y creo firmemente
que Dios les proveyó lo necesario para salir adelante como mártires de Dios. En la experiencia de
Daniel y sus amigos, Dios para glorificarse en el entorno del rey babilónico, dotó a estos jóvenes de
dones espirituales: conocimiento e inteligencia en toda clase de literatura y sabiduría. Además,
Daniel entendía toda clase de visiones y sueños. Dios no lo hizo para que ellos sobresalieran ni para
que ellos se sintieran aludidos o especiales; Dios lo hizo para su gloria. Esto no se puede perder de
vista. Además, fueron hallados diez veces más inteligentes que los demás esclavos en el palacio
imperial. Dios recompensó con creces la lealtad de estos muchachos.
Aplicaciones
Una vez dijo el Dr. Luis Eduardo Ramírez, rector de la FUSBC, “al bobo le muestran la luna y se
queda viendo el dedo”. Muchas personas al leer las narrativas de Daniel, se quedan deslumbrados
con Daniel, sus amigos, sus hazañas y las formas sobrenaturales en que se libraron de la muerte más
de una vez, pero esa mirada está errando en la superficialidad. Las líneas de este maravilloso libro
muestran a Dios, al verdadero Dios. Es un libro que narra el acontecimiento soberano de Dios en
medio de un contexto crítico, en medio de un episodio de esclavitud. Dios siempre procede bien,
aunque a veces eso signifique dolor humano. Mejor dicho, Dios escribe derecho sobre líneas
torcidas.
Esta narrativa nos permite esclarecer el valor de la fidelidad. En una sociedad, como la nuestra,
donde la infidelidad se aplaude, se recomienda, se practica deliberadamente, brilla la narrativa de
unos jóvenes con determinación fiel, inclusive extrema para con Dios. En medio de una iglesia que
ya no le importa serle fiel a Dios, ni en lo más mínimo, el libro de Daniel nos grita: ¡sean fieles! ¡No
se contaminen con las cosas atractivas del mundo! La Biblia dice, “quien se hace amigo del mundo,
se convierte en enemigo de Dios”. Mejor dicho, la infidelidad a Dios nos hace enemigos de él.
Iglesia amada, sé fiel. Seamos fieles. La fidelidad es un valor indispensable para vivir, sobretodo,
para vivir diosmente.
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Nuestra identidad también sufre amenazas. Hoy, a los jóvenes se les dice que son lo que no son.
Nacen hombres y les están diciendo que son mujeres encerradas en cuerpos masculinos. A las niñas
les están diciendo que son hombres. Les están pervirtiendo la sexualidad, y algunos dentro de las
iglesias lo están permitiendo, que sus hijos sean engañados en su identidad. No. No lo permitas: tus
hijos y nuestros niños son lo que Dios dice que son. Y eso queda claro con el sexo que Dios les
concede desde el vientre de sus madres. No permitamos que una ideología de género dañe, corrompa
la identidad que nuestros hijos tienen en Dios. ¡Somos lo que Dios dice que somos! Punto.
Dios manifestó su gloria en estos jóvenes extremadamente fieles. ¿Imaginas lo que puede hacer con
nosotros si somos fieles? Ni se te ocurra menospreciar el valor ni el poder de ser fiel.
Conclusión
Jesús, como Daniel y sus amigos, también llegó a estar lejos de casa. A Daniel y a sus amigos se los
llevaron cautivos de Jerusalén a Babilonia, Jesús, por amor a ti, a mí, se fue lejos de la casa celestial
y vino a nuestro mundo, caminó por los senderos polvorientos de Galilea para mostrarnos la ternura
del Padre celestial y trazarnos el camino de regreso al hogar celestial. Daniel y sus amigos lejos de
casa fueron fieles a Dios; Jesús encarnó la fidelidad en su expresión más pura, y en esa fidelidad al
Padre y a sus promesas, dio la vida en la cruz del calvario para abrirnos un camino nuevo y vivo de
regreso a nuestro hogar: el corazón de Dios. Y así hacer posible lo imposible: quedar por siempre
extraviados de nuestro verdadero hogar. Jesús, quien es “el fiel y verdadero”, a pesar de nuestras
infidelidades, nos abrió las puertas del paraíso de par en par y no descansará hasta que estemos
asegurados en la eternidad con él.
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Dios es soberano
En el tercer año del reinado de Joacim, rey de Judá, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a
Jerusalén y la sitió. 2 El Señor entregó en sus manos a Joacim, rey de Judá, así como algunos de los
utensilios de la casa de Dios. Estos se los llevó a la tierra de Sinar, a la casa de su dios, colocando los
utensilios en la casa del tesoro de su dios.
3 Entonces el rey mandó a Aspenaz, jefe de sus oficiales, que trajera de los israelitas a algunos de la
familia real y de los nobles. 4 Estos jóvenes
no debían tener defecto alguno,
serían de buen parecer,
inteligentes en toda rama del saber,
dotados de entendimiento
y habilidad para discernir
y que tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey;
y le dio órdenes de que les enseñara la escritura y la lengua de los caldeos. 5 El rey les asignó una
ración diaria de los manjares del rey y del vino que él bebía, y mandó que los educaran por tres años,
después de los cuales entrarían al servicio del rey. 6 Entre estos estaban
Daniel, Ananías, Misael y Azarías, de los hijos de Judá.
Identidad
7 Entonces el jefe de oficiales les puso nuevos nombres:
a Daniel (dios es mi juez) le puso Beltsasar (Bel proteja al rey);
a Ananías (Jah ha favorecido), Sadrac (iluminado por el dios sol);
a Misael («¿Quién como Dios?»,), Mesac (quién es lo que Aku?);
y a Azarías («JHWH ha ayudado»), Abed Nego (siervo del dios
Nebo).
Lealtad
8 Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con los manjares del rey ni con el vino que
él bebía, y pidió al jefe de oficiales que le permitiera no contaminarse. 9 Dios concedió a Daniel
hallar favor y gracia ante el jefe de oficiales, 10 y el jefe de oficiales dijo a Daniel: «Temo a mi señor
el rey, porque él ha asignado su comida y su bebida. ¿Por qué ha de ver sus rostros más pálidos que
los de los demás jóvenes de su edad? Así pondrían en peligro mi cabeza ante el rey». 11 Pero Daniel
6
dijo al mayordomo a quien el jefe de oficiales había nombrado sobre Daniel, Ananías, Misael y
Azarías: 12 «Te ruego que pongas a prueba a tus siervos por diez días, y que nos den legumbres para
comer y agua para beber. 13 Que se compare después nuestra apariencia en tu presencia con la
apariencia de los jóvenes que comen los manjares del rey, y haz con tus siervos según lo que veas».
14 El mayordomo los escuchó en esto y los puso a prueba por diez días. 15 Después de los diez días
el aspecto de ellos parecía mejor y estaban más rollizos que todos los jóvenes que habían estado
comiendo los manjares del rey. 16 Así que el mayordomo siguió suprimiendo los manjares y el vino
que debían beber, y les daba legumbres.
Provisión
17 A estos cuatro jóvenes Dios les dio conocimiento e inteligencia en toda clase de literatura y
sabiduría. Además, Daniel entendía toda clase de visiones y sueños.
Gracia
18 Después de los días que el rey había fijado para que fueran presentados, el jefe de oficiales los
trajo ante Nabucodonosor. 19 El rey habló con ellos, y de entre todos ellos no se halló ninguno como
Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Entraron, pues, al servicio del rey. 20 Y en todo asunto de
sabiduría y conocimiento que el rey les consultó, los encontró diez veces superiores a todos los
magos y encantadores que había en todo su reino. 21 Daniel estuvo allí hasta el primer año del rey
Ciro.