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Jubileo

El Jubileo Católico 2025, bajo el lema 'Peregrinos de la Esperanza', es un evento que invita a los fieles a un tiempo de renovación espiritual y reconciliación, promoviendo la misericordia y la unidad en un contexto global de crisis. Este Jubileo, que se celebra cada 25 años, incluye la apertura de las Puertas Santas como símbolo de un nuevo comienzo y un llamado a la conversión y el perdón. A través de actos de servicio y participación en sacramentos, se busca transformar la fe en acción y dejar una huella positiva en la comunidad.

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El Jubileo Católico 2025, bajo el lema 'Peregrinos de la Esperanza', es un evento que invita a los fieles a un tiempo de renovación espiritual y reconciliación, promoviendo la misericordia y la unidad en un contexto global de crisis. Este Jubileo, que se celebra cada 25 años, incluye la apertura de las Puertas Santas como símbolo de un nuevo comienzo y un llamado a la conversión y el perdón. A través de actos de servicio y participación en sacramentos, se busca transformar la fe en acción y dejar una huella positiva en la comunidad.

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El Jubileo Católico 2025 es un evento trascendental dentro de la Iglesia Católica que se celebra cada

25 años, invitando a los fieles de todo el mundo a un tiempo de renovación espiritual, reconciliación y
encuentro. Bajo el lema «Peregrinos de la Esperanza», el Jubileo busca inspirar a las personas a
reflexionar sobre la misericordia, la solidaridad y la construcción de un mundo más justo, a través de
peregrinaciones, oraciones y acciones concretas que promuevan la unidad y el servicio a los demás.
Como signo visible del inicio de este tiempo de gracia, se llevó a cabo la apertura de las Puertas Santas,
un gesto simbólico que invita a los creyentes a vivir este tiempo con fe y esperanza.
¿Qué son las Puertas Santas? Las Puertas Santas son entradas especiales en algunas iglesias que
solo se abren en momentos importantes para la Iglesia, como el Jubileo. Cuando una persona cruza una
Puerta Santa, lo hace como símbolo de un nuevo comienzo. Es un gesto que representa dejar atrás lo
malo, pedir perdón y empezar de nuevo con esperanza y fe. Mucha gente viaja desde distintos lugares
para pasar por ellas. No se trata solo de caminar a través de una puerta, sino de un momento especial
para reflexionar, agradecer y sentirse más cerca de Dios. Cada Jubileo comienza con la apertura de estas
puertas, siendo la más conocida la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Al final del
Jubileo, las puertas se cierran y quedan selladas hasta la próxima vez que se vuelvan a abrir, marcando
un nuevo ciclo en la vida de la Iglesia y de los fieles. Otras formas de recibir el perdón en el Año de
Jubileo El Año Jubilar es un tiempo de alegría y renovación, una oportunidad para recordar que el perdón
de Dios siempre está a nuestro alcance. Más que un simple acto simbólico, es un llamado a
la conversión, a orientar la vida hacia lo que realmente tiene sentido. Si bien muchas personas
peregrinan a lugares sagrados, como la Basílica de San Pedro en Roma y otras iglesias designadas en
distintas diócesis del mundo, el perdón no está limitado a un espacio físico. En las cárceles, por ejemplo,
los presos pueden vivir este momento al cruzar la puerta de su celda, entendiendo que lo esencial no es
el lugar, sino el espíritu de quien busca el perdón. Además, el Jubileo invita a realizar actos de
misericordia, como visitar a quienes más lo necesitan, reconciliarse con los demás y participar en
los sacramentos, especialmente la Reconciliación y la Eucaristía, como signo de gratitud y comunión con
Dios. En definitiva, más allá de los templos y peregrinaciones, lo que realmente transforma este año en
un tiempo especial es la actitud del corazón. Significado espiritual y social del Jubileo: Un tiempo de
reflexión y acción El Jubileo Católico es mucho más que una celebración, es un tiempo de profunda
reflexión espiritual y acción concreta. Espiritualmente, invita a los creyentes a reconciliarse con Dios y
con los demás, promoviendo el perdón, la conversión y la renovación del corazón. Socialmente, es un
llamado a la solidaridad y al servicio, recordándonos la importancia de tender una mano a los más
necesitados y de trabajar juntos por un mundo más justo y esperanzador. Es una oportunidad para
transformar la fe en acción, dejando una huella positiva en nuestra comunidad y en el mundo. Unirnos
para transformar el futuro: Scholas Occurrentes es el movimiento liderado por el Papa Francisco que
comparte profundamente los valores del Jubileo 2025: reconciliación, solidaridad y esperanza. A través
de su misión de unir a jóvenes de diferentes culturas, religiones y contextos, en Scholas trabajamos
incansablemente para construir puentes que promuevan el diálogo y la acción colectiva en la búsqueda
de un futuro más inclusivo y compasivo.
, cultivando la paz y el entendimiento.
‘Jubileo’ es el nombre de un año particular: parece que deriva del instrumento utilizado para indicar su
comienzo; se trata del yobel, el cuerno de carnero, cuyo sonido anuncia el Día de la Expiación (Yom
Kippur). Esta fiesta se celebra cada año, pero adquiere un significado particular cuando coincide con el
inicio del año jubilar. A este respecto, encontramos una primera idea en la Biblia: debía ser convocado
cada 50 años, porque era el año ‘extra’, debía vivirse cada siete semanas de años (cfr. Lv 25,8-13).
Aunque era difícil de realizar, se proponía como la ocasión para restablecer la correcta relación con Dios,
con las personas y con la creación, y conllevaba el perdón de las deudas, la restitución de terrenos
enajenados y el descanso de la tierra. Citando al profeta Isaías, el evangelio según san Lucas describe de
este mismo modo la misión de Jesús: «El Espíritu del Señor está sobre mí; porque él me ha ungido. Me ha
enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner
en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor» (Lc 4,18-19; cfr. Is 61,1-2). Estas
palabras de Jesús se convirtieron también en acciones de liberación y de conversión en sus encuentros y
relaciones cotidianos. Bonifacio VIII, en 1300, convocó el primer Jubileo, llamado también “Año Santo”,
porque es un tiempo en el que se experimenta que la santidad de Dios nos transforma. Con el tiempo, la
frecuencia ha ido cambiando: al principio era cada 100 años; en 1343 se redujo a 50 años por Clemente
VI y en 1470 a 25 años por Pablo II. También hay momentos ‘extraordinarios’: por ejemplo, en 1933, Pío
XI quiso conmemorar el aniversario de la Redención y en 2015 el Papa Francisco convocó el año de la
Misericordia. También ha sido diferente el modo de celebrar este año: en el origen coincidía con la visita
a las Basílicas romanas de san Pedro y san Pablo, por tanto, con la peregrinación, posteriormente se
añadieron otros signos, como el de la Puerta Santa. Al participar del Año Santo se obtiene la indulgencia
plenaria. El Santo Padre ha anunciado que el 2025 será un Año de Jubileo o Año Jubilar, algo que ocurre
cada 25 años. El tema de este Jubileo 2025 es “Peregrinos de esperanza”, pues será un año de
esperanza para todo el mundo, que sufre el flagelo de las guerras, los efectos persistentes de la
pandemia de COVID-19 y la crisis del cambio climático. ¿Qué es un jubileo? “Jubileo” es el nombre que se
da a un año establecido como tiempo especial para renovar una bien fundamentada relación con Dios,
con el prójimo y con toda la creación. Los Jubileos a lo largo de la Historia: En la Iglesia Católica, el
concepto de jubileo, o “año santo”, se ha utilizado para instituir años especiales dedicados al perdón y la
reconciliación. El primer jubileo fue declarado por el Papa Bonifacio VIII el 22 de febrero de 1300 (Fiesta
de la Cátedra de San Pedro), con el fin de marcar el comienzo de ese siglo. Más tarde, recomendó que
cada cien años se celebrara un año santo. Entre los antiguos judíos, el jubileo (llamado año del
yōbēl, “de la cabra” porque la fiesta se anunciaba con el sonido de un cuerno de cabra) era
un año declarado santo. Durante este período, la ley mosaica prescribía que la tierra, de la
que Dios era el único propietario, debía volver a su antiguo dueño y los esclavos debían
recuperar su libertad. Solía suceder cada 50 años. En la era cristiana, tras el primer Jubileo
en 1300, los plazos para la celebración del Jubileo fueron fijados por Bonifacio VIII cada 100
años. A raíz de una petición de fieles romanos hecha al Papa Clemente VI (1342), el periodo
se redujo a 50 años. En 1389, en recuerdo del número de años de la vida de Cristo, fue
Urbano VI quien quiso fijar el ciclo jubilar cada 33 años, y convocó un Jubileo en 1390, que,
sin embargo, fue celebrado por Bonifacio IX tras su muerte. No obstante, en 1400, al final del
período de cincuenta años previamente fijado, Bonifacio IX confirió el perdón a los
peregrinos que habían acudido a Roma. Martín V, celebró un nuevo Jubileo en 1425, haciendo
que se abriera por primera vez la puerta santa en San Juan de Letrán. El último en celebrar
un Jubileo de 50 años fue el Papa Nicolás V en 1450, ya que Pablo II redu el periodo
interjubilar a 25 años, y en 1475 se celebró un nuevo Año Santo por Sixto IV. A partir de
entonces, los jubileos ordinarios se celebraron a intervalos regulares. Por desgracia, las
guerras napoleónicas impidieron la celebración de los jubileos de 1800 y 1850. Se
reanudaron en 1875, tras la anexión de Roma al Reino de Italia, que se celebró sin la
solemnidad tradicional.
En primer lugar, el lema, “Peregrinos de la esperanza”, encuentra el mejor eco bíblico en algunas
páginas del profeta Isaías (Isaías 9 e Isaías 60). Los temas de la creación, la fraternidad, la ternura de
Dios y la esperanza en el destino resuenan en un lenguaje que no es "técnicamente" teológico, aunque
lo sea en el fondo y en las alusiones, para hacerlo resonar con elocuencia en los oídos de nuestro tiempo.
Paso a paso, el pueblo de los creyentes en su peregrinación diaria se apoya confiadamente en la fuente
de la Vida. El canto que surja espontáneamente durante el camino (cf. Agustín, Discorsi, 256) está
dirigido a Dios. Es un canto lleno de la esperanza de ser liberados y sostenidos. Es un canto acompañado
del deseo de que llegue a los oídos de Aquel que lo hace brotar. Es Dios quien, como una llama siempre
viva, mantiene encendida la esperanza y da energía a los pasos del pueblo que camina. El profeta Isaías
ve repetidamente a la familia de hombres y mujeres, hijos e hijas, que regresan de la dispersión,
reunidos a la luz de la Palabra de Dios: “El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz”
(Isaías 9, 1). La luz es la del Hijo hecho hombre, Jesús, que con su Palabra reúne a todos los pueblos y
naciones. Es la llama viva de Jesús la que mueve el paso: “Levántate, revístete de luz, porque viene tu
luz, la gloria del Señor resplandece sobre ti” (Isaías, 60,1). La esperanza cristiana es dinámica e ilumina
la peregrinación de la vida, mostrando el rostro de hermanos y hermanas, compañeros de camino. No es
un deambular como lobos solitarios, sino un camino de pueblo, confiado y gozoso, que avanza hacia una
destinación Nueva. El soplo del Espíritu de vida no deja de iluminar la aurora del futuro que está por
surgir. El Padre celestial observa con paciencia y ternura la peregrinación de sus hijos y les abre de par
en par el Camino, señalando a Jesús, su Hijo, que se convierte en espacio de camino para todos.

"Peregrinos de Esperanza" es el lema del Año Jubilar 2025, proclamado por el Papa Francisco, que invita
a los fieles a vivir este año como un tiempo de renovación espiritual y esperanza en medio de las
dificultades que enfrenta el mundo. El Jubileo 2025 busca ser un faro de esperanza para la humanidad,
animando a los fieles a caminar juntos hacia un futuro mejor. El lema "Peregrinos de Esperanza" tiene
varios significados clave:
La peregrinación representa un viaje interior y exterior, un camino de búsqueda espiritual y de
crecimiento personal. Es un llamado a salir de la comodidad y avanzar hacia una meta más grande,
buscando la renovación de la fe y el encuentro con Dios. La esperanza cristiana no es una esperanza
pasiva, sino una esperanza activa que nos anima a caminar juntos, a buscar la unidad y la paz. Es una
esperanza que nos permite superar los desafíos y encontrar la alegría en medio de la adversidad. El
Jubileo es un tiempo especial de gracia y perdón, un llamado a la conversión y a la reconciliación. Es un
momento para fortalecer la fe y celebrar la esperanza en medio de un mundo que necesita paz y
reconciliación. En resumen, "Peregrinos de Esperanza" invita a los fieles a: Vivir la fe como un camino de
peregrinación, Avanzar con fe y esperanza hacia la meta final, que es el encuentro con Dios, Ser
portadores de esperanza en el mundo, Compartir la alegría de la fe y animar a otros a buscar la
esperanza en medio de la adversidad. Participar en el Jubileo: Celebrar este año especial con alegría y
esperanza, buscando la renovación espiritual y el encuentro con Dios. El Jubileo 2025, con su lema
"Peregrinos de Esperanza", es una invitación a la esperanza y a la unidad, a caminar juntos hacia un
futuro mejor. El Santo Padre ha anunciado que el 2025 será un Año de Jubileo o Año Jubilar, algo que
ocurre cada 25 años. El tema de este Jubileo 2025 es “Peregrinos de esperanza”, pues será un año de
esperanza para todo el mundo, que sufre el flagelo de las guerras, los efectos persistentes de la
pandemia de COVID-19 y la crisis del cambio climático. --- El jubileo es una tradición muy antigua que se
celebraba como un año sabático de liberación y perdón. Durante ese periodo las deudas se perdonaban,
los esclavos eran liberados y las tierras se restituían a sus propietarios originales. Este concepto de
“renovación” y “liberación” se convirtió en una tradición cristiana, donde cada 25 años la Iglesia ofrece a
sus fieles la oportunidad de recibir indulgencias especiales, y participar en actos litúrgicos de perdón y
penitencia, a través del Jubileo. El lema “Peregrinos de Esperanza” nos indica que este Jubileo debe ser
como un faro de Esperanza para toda la humanidad, ya que se desarrolla en un contexto de
incertidumbre global, en donde nos encontramos con guerras y un gran número de desafíos y crisis de
todo tipo. Encontramos el propósito del Jubileo en las lindas palabras del papa Francisco “Sí, necesitamos
que “sobreabunde la esperanza” para testimoniar de manera creíble y atrayente la fe y el amor que
llevamos en el corazón; para que la fe sea gozosa y la caridad entusiasta; para que cada uno sea capaz
de dar aunque sea una sonrisa, un gesto de amistad, una mirada fraterna, una escucha sincera, un
servicio gratuito, sabiendo que, en el Espíritu de Jesús, esto puede convertirse en una semilla fecunda de
esperanza para quien lo recibe.” Por lo tanto todos debemos ser partícipes de este año jubilar, todos sin
excepción podemos hacer un poco para promover la virtud de la Esperanza que tanto necesitan nuestros
hermanas y hermanos. Recordemos que para participar del Jubileo, se debe hacer una peregrinación
hacia una de las 4 puertas asignadas como las puertas “Santas” de nuestra Diocesis que se encuentran
en las parroquias de 1. Nuestra Señora de la Esperanza en Washington IN, 2. Santa María en Huntingburg
IN, 3. La Basílica de San Francisco Xavier en Vincennes, IN y 4. San Felipe en el condado de Posey, IN.
Puesto que al cruzar el umbral, el peregrino recuerda el texto del capítulo 10 del evangelio de San Juan
“Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvara.” Para obtener las indulgencias plenarias los fieles
debemos cumplir con cuatro condiciones: [Link]ón a través del Sacramento de la Confesión 2. La
Comunión Eucarística, 3. Hacer oración por las intenciones del Santo Papa y 4. Realizar obras de Caridad.
No podemos dejar pasar la oportunidad que se nos da a través de este Jubileo. Así que el Jubileo
“Peregrinos de Esperanza” nos recuerda que somos peregrinos en este mundo fragmentado y polarizado
y nos invita a buscar la paz, la justicia, la solidaridad y la Esperanza. A que todos tengamos una
renovación total en donde podamos experimentar la misericordia divina de una forma profunda que nos
permita vivir una vida nueva, una vida llena de Esperanza.

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