3.1.
LINEA CONDUCTUAL DEL TRATAMIENTO PSICOLÓGICO
La modificación de conducta o terapia de conducta (ambos términos se
utilizarán como sinónimos) surge hacia la mitad del presente siglo como una
alternativa revolucionaria a la actuación en el ámbito de la “salud Mental”.
Desde sus comienzos, se configura como una alternativa innovadora, válida
y eficaz, no sólo para explicar los problemas planteados, sino para aportar
soluciones más eficaces.
Las concepciones psicopatológicas y terapéuticas reinantes en esos
momentos, tratan de explicar las conductas anormales de las personas
aduciendo como causas supuestos aspectos internos a las personas,
biológicos o psíquicos según las escuelas.
La terapia de conducta supone un cambio radical. En primer lugar,
abandona el concepto de “salud mental” (residuo del dualismo cartesiano),
por el de “conducta anormal”, entendiendo anormal en función de su
adaptación al medio ambiente. No se considera que las personas sean
“anormales” (o faltas de salud mental), sino que realizan alguna o algunas
conductas anormales (en ese sentido, no adaptativas). En consecuencia, el
objetivo se centrará en promover el cambio de las posibles conductas
desadaptativas, ya sea reduciéndolas o eliminándolas, o bien, desarrollando
otras alternativas.
[Link]. Modelo de Comportamiento anormal en terapia conductual
Las conductas de las personas, lo mismo que las de cualquier otro organismo,
se llevan a cabo siguiendo determinadas leyes o reglas, no por azar. Estas
leyes vienen determinadas por la adaptación de los organismos al medio.
Pero, a pesar de que todas las conductas están regidas por las mismas leyes,
las condiciones del sujeto que las emite o del medio en que se emiten (físico o
social), hacen que ciertas conductas resulten menos adaptativas que otras,
aunque no por ello escapan a las leyes generales que determinan las
conductas. Así, todas las conductas se aprenden, se mantienen y se
modifican según los mismos principios o leyes generales.
Esta concepción supone un cambio radical con respecto a los modelos
alternativos de conducta anormal. Ya no se habla de “enfermo mental”, sino
de un “sujeto normal” (en cuanto que sigue las mismas normas para emitir
sus conductas), que presenta una o varias “conductas desadaptativas”
(incluyendo el término de conducta en un sentido no restrictivo donde
pueden colocarse pensamientos, emociones y respuestas cognitivas en
general). En consecuencia, la intervención debe dirigirse a modificar esas
conductas desadaptativas de las personas.
Características básicas en terapia conductual
Las características básicas de este modelo pueden resumirse en las
siguientes:
Las conductas anormales se adquieren, mantienen y extinguen según
las leyes generales que también rigen las demás conductas
consideradas normales. Por la misma razón, pueden modificarse de
idéntica forma que las conductas normales.
La labor del terapeuta de conducta se centra en el análisis,
evaluación y tratamiento de conductas específicas y sus determinantes,
y no en constructos internos o en hipotéticas causas subyacentes no
objetivables ni operativizables.
Se subraya la trascendencia de la conducta mensurable y se toma ésta
como el objeto de referencia. Algunos de los seguidores de este
modelo se han interesado por constructos internos o respuestas
encubiertas tales por ejemplo la ansiedad o los procesos cognitivos.
Casi cualquier conducta puede ser el objeto de estudio siempre y
cuando exista una manera aceptable de medición.
El proceso de diagnóstico consiste en la evaluación continua de los
repertorios conductuales (alterados y no alterados) del sujeto. Dicha
evaluación implica el estudio de las conductas y las variables
específicas o determinantes que controlan su aparición.
El objetivo de la intervención será instalar conducta(s) que el sujeto no
tiene o sustituir la(s) que tiene por otra(s) más adecuada(s). Se trata
de producir un cambio conductual observable y medible, directa o
indirectamente, en cualquiera de las tres modalidades de respuesta:
motoras, fisiológicas y cognitivas.
La intervención puede dirigirse no sólo a modificar de forma directa las
conductas del sujeto, sino el medio físico o social de éste como forma
de cambiar sus conductas.
Es un enfoque centrado en el aquí y ahora, el énfasis se coloca en los
determinantes actuales del comportamiento.
El terapeuta de conducta debe adaptar su actuación a las
características individuales del paciente y su medio, diseñando y
aplicando en cada caso un programa de intervención concreto para
modificar las conductas específicas o las condiciones del medio objeto
de intervención.
Los procedimientos de intervención deben evaluarse en forma
experimental y comprobar su eficacia. Es necesario establecer tanto la
eficacia de técnicas o programas de intervención, como de cada uno
de los componentes incluidos.
Los conocimientos, métodos y procedimientos de la psicología
experimental se emplean como base fundamental para ampliar el
conocimiento acerca de la etiología de la conducta, su evaluación,
desarrollo y modificación. Se destaca sobre todo el uso del método
experimental tanto para el desarrollo de modelos explicativos como de
procedimientos de intervención.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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histórico. Medellin, colombia.
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Madrid. 2003
Ruíz, Diaz y Villalobos, Manual de Técnicas de Intervención Cognitivas conductuales,
Editorial Desclée de Brouwer, S.A., 2012
Santacruz y Froján, [Link]
DOCUMENTOS/[Link]