🎭 Título: “Hombres bajo el mismo techo” 🎭
Personajes:
1. Narrador (voz externa, puede estar en escena o leer desde un
atril)
2. Don Ernesto – abuelo, muy tradicional y machista
3. Carlos – padre, trabajador, distante, algo terco
4. Luis – hijo mayor, 17 años, rebelde, muy machista
5. Tomás – hijo menor, 14 años, algo flojo pero gracioso
6. Julián – tío soltero, 30 años, relajado, sarcastico
7. Andrés – primo de 16 años, más reflexivo y crítico
Escena 1: “La rutina del caos”
(La escena inicia con desorden: platos sucios, ropa por todos
lados, gritos a lo lejos)
Narrador:
En una casa donde solo viven hombres, las cosas no siempre marchan
bien.
Hay quien cree que limpiar es perder la hombría…
Y hay quien espera que “alguien más” lo haga todo.
Hoy, esta familia enfrentará su reflejo… en el desastre.
Carlos:
¡¿Quién dejó todo este reguero?! ¡Vengo cansado del trabajo y esto
parece una jungla!
Don Ernesto:
Pues así son las casas sin mujeres. No hay quien ponga orden.
Julián:
(Con sarcasmo) Claro, porque fregar un plato te hace perder
masculinidad, ¿no?
Luis:
¡Yo no pienso barrer! Soy hombre, no ama de casa.
Tomás:
(Y riendo) Yo tampoco, tengo principios.
Andrés:
(Y serio) ¿Y vivir entre basura también es parte de esos principios?
(Todos lo miran, incómodos)
Escena 2: “El reparto imposible”
(Todos discuten sobre quién debería hacer qué. Nadie quiere
ceder)
Narrador:
Convivir no es solo compartir el techo…
Es compartir responsabilidades.
Pero en esta casa, los roles están tan rígidos… que nadie se mueve.
Carlos:
A ver… ¡no somos niños! ¿No podemos organizarnos?
Don Ernesto:
Yo ya hice mi parte en la vida. Que trabajen los jóvenes.
Luis:
Yo trabajo en el colegio… haciendo tareas. Eso ya es suficiente.
Tomás:
Y yo tengo una carrera… ¡la de no hacer nada!
Julián:
¿Y si dejamos que el polvo se acumule y declare independencia?
Andrés:
O… hacemos turnos, nos ayudamos, y dejamos de esperar que alguien
más resuelva.
La casa es de todos, ¿no?
Escena 3: “El cambio empieza con uno”
(Andrés empieza a lavar platos. Tomás lo observa. Carlos se
cruza de brazos, pero observa)
Narrador:
A veces, una sola acción basta para romper viejos patrones.
Porque el ejemplo es más fuerte que las órdenes.
Tomás:
(Con curiosidad) ¿Y si… cocinamos algo juntos? Solo para no morir de
hambre.
Luis:
¿Cocinar? ¿Qué sigue? ¿Té de manzanilla?
Julián:
(Ya cocinando algo) Anda, macho alfa, pásame la sal.
Don Ernesto:
(Mirando a todos) Cuando los hombres se ayudan, no pierden fuerza…
ganan respeto.
Carlos:
(Y suspira) Tal vez… me toca empezar a cambiar yo también.
Escena 4: “Nueva rutina”
(Una semana después. La casa está más ordenada. Todos hacen
algo, incluso con humor)
Narrador:
Nadie dijo que sería fácil.
Pero vivir en armonía es una elección diaria.
Y ser hombre no está reñido con cuidar, limpiar, respetar.
Luis:
¿Quién puso música mientras barría? ¡Me motivó!
Tomás:
Yo… y sí, también lavé el baño. No, no me convertí en unicornio.
Don Ernesto:
(Con orgullo) Esta casa suena diferente. Huele diferente.
No es magia. Es responsabilidad.
Carlos:
Y todo empezó el día que dejamos de decir “eso no me toca”.
Final
(Todos reunidos, compartiendo una comida sencilla que
prepararon juntos)
Narrador:
La convivencia familiar no se trata de roles fijos, ni de tradiciones
inamovibles.
Se trata de respeto, diálogo y corresponsabilidad.
Porque cuando cada uno pone de su parte…
El hogar deja de ser solo un lugar… y se convierte en una familia.
Todos (mirándose, levantando vasos o manos):
¡A convivir como hombres… responsables!