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Amazonas

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Bloque IV.

América Tema 1 Selvas Sesión 3

La selva amazónica también se conoce como el “pulmón del mundo” ya que, por su tamaño, absorbe millones de toneladas del dióxido de
carbono de la atmósfera, el gas que provoca el efecto invernadero y calienta el planeta. Esta selva abarca el territorio de nueve países:
Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela.

❶ Lee el siguiente texto para conocer más sobre la selva amazónica y la crisis del cambio climático.

La deforestación en el Amazonas
El motor que impulsa la deforestación en la Amazonia es la explotación de su inmensa riqueza. Encabezando la desaparición de masa
forestal encontramos la conversión del terreno en plantaciones agrícolas o en zonas de pastoreo, la construcción de carreteras, la
extracción maderera, las actividades mineras o la especulación agraria, todas ellas, en muchas ocasiones, realizadas de manera ilegal o,
cuando menos, irregular. Desde los años noventa, los protagonistas de la deforestación han sido la expansión de terrenos para la cría de
ganado y para plantaciones de soya y aceite de palma.
El peso de la ganadería como aliciente para la eliminación de selva es particularmente importante en Brasil. Se calcula que 80 % de la
deforestación en la Amazonia brasileña ha tenido como objetivo la expansión de pasturas, hecho que responde tanto a patrones internos
como externos: a pesar de que tan sólo una cuarta parte de la producción de carne de res se destina al mercado internacional, Brasil es,
junto a Estados Unidos, el principal exportador de carne del mundo.

Vinculado a la industria de productos animales encontramos el segundo factor que está alimentando la desaparición de la Amazonia: la
soya. El boom del consumo de carne y de productos derivados de animales en Europa, Estados Unidos y China ha convertido esta selva
tropical, particularmente la zona brasileña, en la plantación de soya de los países desarrollados. Así, la soya se ha convertido en la principal
exportación de Brasil, cuyo principal empleo es como pienso animal. China se ha convertido en el mayor mercado de la soya
latinoamericana —así como de carne de res y cuero—, seguida de Europa: más de la mitad de los 46.8 millones de toneladas de soya y
derivados importados por Europa en 2016 procedían de América Latina, especialmente de Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia.

La explotación económica de la Amazonia está, además, salpicada de irregularidades. Los madereros de Brasil disponen de un sistema para
sortear la ley y conseguir que la madera talada ilegalmente llegue a los mercados internacionales, y en Perú el número de canteras ilegales
ha aumentado más de 400 % en las dos últimas décadas. La implementación de la ley —cuando la hay— se ve obstaculizada por la enorme
extensión de la selva, las limitadas capacidades de control, la debilidad de las instituciones medioambientales, el poder de las mafias
locales y la corrupción política.

Contra la vida y el medio ambiente


El valor de la selva amazónica como ecosistema y como barrera ante el cambio climático es inconmensurable. Hogar de millones de
especies animales y de plantas, se calcula que en la Amazonia habita una de cada diez especies conocidas. Desgraciadamente, la tala y
quema indiscriminada de árboles amenaza la que es la biorreserva más grande y variada de la Tierra. El peligroso cóctel que supone la
combinación del cambio climático con la tala y los incendios provocados podría suponer que el Amazonas esté al borde de alcanzar su
punto de inflexión — un calentamiento de 4 ºC o una deforestación de 40 %—. Sobrepasar esta frontera acarrearía cambios irreversibles
en el ecosistema más rico del planeta, principalmente un proceso de sabanización a gran escala. Hasta el momento, el Amazonas ha
experimentado una deforestación de 20 % de su superficie —casi un millón de kilómetros cuadrados— y un calentamiento de 1 ºC en los
últimos 60 años.

Los cambios en el clima regional derivados de la praderización de la selva amazónica reducirían las precipitaciones y aumentarían la
temperatura. A su vez, estaciones secas más prolongadas e intensas —en 2005, 2010 y 2015 la Amazonia brasileña sufrió las sequías más
intensas del siglo, consecuencia tanto del cambio climático mundial como de la deforestación regional— podrían conllevar no sólo una
mayor vulnerabilidad ante los incendios y las sequías, sino una mayor tasa de mortalidad entre determinadas especies, cambios en la
bioma y perdida de hábitat —todos éstos, factores estrechamente vinculados—.

La biodiversidad está siendo la primera víctima de la desaparición de masa forestal; ya ha provocado la pérdida y simplificación de especies.
A largo plazo, el problema no es tanto la desaparición directa de flora y fauna, sino el lento proceso de extinción por la desaparición de su
hábitat y la masificación de animales en parcelas cada vez más pequeñas, lo que reduce su tasa de reproducción e intensifica la lucha por
los alimentos. Se trata de una condena a la desaparición gradual. La “deuda de extinción” de la selva amazónica es enorme; aún está por
llegar entre 80 y 90 % de la extinción de vertebrados por la deforestación en el pasado. Por otro lado, al ritmo actual, más de la mitad de
las especies de árboles de la Amazonia podría acabar en peligro de extinción en los próximos años.

La otra cara de la deforestación es la destrucción de uno de los mayores sumideros de carbono del planeta. La selva amazónica absorbe
dióxido de carbono de la atmósfera y lo almacena; actualmente acumula entre 150 000 y 200 000 millones de toneladas de carbono, que
podrían ser liberadas de vuelta a la atmósfera debido a la tala y quema de árboles. De hecho, se teme que la selva amazónica —que podría
haber alcanzado su límite de absorción de CO2— se transforme de sumidero a emisor de carbono. La tala y quema de árboles podría ser
responsable de hasta 10 % de las emisiones que contribuyen al calentamiento global; tan sólo en el último septiembre se alcanzó la cifra
récord de 106 000 incendios.
Brotes verdes en el horizonte

A pesar del sombrío panorama que parece presentarse, hay numerosos hitos positivos que deben tenerse en cuenta. El espectacular
descenso de la deforestación en Brasil entre los años 2004 y 2012, la expansión de áreas protegidas e iniciativas como la “moratoria de la
soya”, que fortalecen el control sobre la cadena de producción, son prueba de que frenar la deforestación es posible. La promoción de una
gestión sostenible, una mayor titularidad de la tierra para las comunidades indígenas, la lucha contra la especulación con la tierra o la
persecución efectiva de las actividades ilegales son algunas de las muchas medidas que se pueden y deben implementar para frenar la
desaparición de la selva amazónica.

El caso de la moratoria constituye un hito histórico. Un informe publicado por Greenpeace en 2006 denunció la implicación de grandes
empresas occidentales, como McDonald’s, en la deforestación de la selva amazónica, debido a la creciente demanda de soya. El escándalo
condujo a un acuerdo entre la sociedad civil, la industria y el Gobierno para frenar la deforestación. La moratoria, firmada en 2006 y
renovada indefinidamente en 2014, busca evitar que llegue al mercado soya que haya implicado trabajo esclavo o procedente de
territorios indígenas o de terreno deforestado después de la entrada en vigor del acuerdo. Asimismo, en 2009 las tres mayores empresas
brasileñas de la industria cárnica firmaron con Greenpeace el Acuerdo G4 o “Deforestación Cero”, por el que se comprometieron a no
comprar carne de res que haya sido criada en terrenos recientemente deforestados.

La implantación de ambos acuerdos todavía no es perfecta, pero el balance de los resultados es positivo. A pesar de que el cultivo de soya
creció en 3.6 millones de hectáreas en la década siguiente a la moratoria, menos de 1 % tuvo lugar en nuevas zonas deforestadas. Por otro
lado, el Gobierno brasileño anunció recientemente que ha sobrepasado la meta acordada en el Acuerdo de París de reducir en 564
millones de toneladas las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de la deforestación amazónica.

Frenar la deforestación resulta crucial tanto para preservar la vida en la Amazonia y los derechos de sus habitantes como para frenar el
cambio climático. Se va a requerir un esfuerzo hercúleo y grandes cambios estructurales, pero revertir la tendencia actual es posible.
Adaptado de: Teresa Romero, “La deforestación del Amazonas”, El Orden Mundial, en: [Link]/la-deforestacion-amazonica/,
consultado el 26 de abril de 2021.
Nuestras pistas
❶ Después de leer el texto sobre la deforestación en la Amazonia, escribe en tu cuaderno tu punto de vista respecto al tema. Su extensión
debe ser de mínimo una cuartilla.
❷ Investiga los diferentes tipos de ensayos que hay y el propósito de cada uno. Anota la información en tu cuaderno. Recuerda lo que
trabajaste en la primera sesión de este tema.

Una vez, otra vez


❶ Piensa en el tema principal y tres subtemas del texto que consideres interesantes. Elige el que más te guste: agrega un espacio para
añadir la información más relevante y una conclusión al respecto. En tu cuaderno, traza un diagrama como el siguiente y llénalo.

Un paso más
❶ Elige dos temas sobre los cuales te gustaría elaborar un ensayo y después escribe cinco preguntas que responderías para aclarar cada
uno.

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