El Daño Resarcible
El Daño Resarcible
En primer lugar, es importante aclarar que los presupuestos o elementos constitutivos de la responsabilidad civil pueden ser
identificados como aquellas condiciones de existencia necesarias y suficientes para configurar el nacimiento de la obligación de reparar.
También se ha dicho que los presupuestos de la responsabilidad por daños son “los elementos que integran el supuesto fáctico
condicionante de consecuencias jurídicas con motivo de la producción de perjuicios" (Zavala de González, 1999, p.75).
En efecto, para que se configure la responsabilidad civil, existen ciertos presupuestos que deben estar presentes. Ellos son: el daño, la
relación de causalidad, el factor de atribución (objetivo o subjetivo) y la antijuridicidad. Comenzamos este tema con el estudio del primer
presupuesto o elemento de la responsabilidad civil: el daño.
Situación problemática
El daño
Daño moral
Referencias
LECCIÓN 1 de 5
Situación problemática
Tal como venimos trabajando en las lecturas anteriores, para el análisis de este presupuesto comenzaremos con el planteo de una situación problemática real.
El caso: el Sr. Marcelo Tapia fue damnificado en un accidente de tránsito ocurrido el 2 de abril de 2019 a las 12:50h en la intersección de Av. 9 de Julio y Av. Juan B.
Justo de esta ciudad, mientras realizaba sus tareas laborales como cartero –pues es empleado del Correo Argentino–. Mientras se desplazaba en una bicicleta de
su propiedad, fue embestido en la parte trasera por el vehículo propiedad de y conducido por Gabriel Quevedo. En el caso no ha mediado afectación de ingresos al
Sr. Tapia, quien percibió su salario de manera normal. Tampoco se afectaron posibilidades de ascenso, ni ningún otro rubro que permita concluir respecto a la
afectación de ingresos.
Sin embargo, luego del accidente y como consecuencia de este siniestro, el Sr. Tapia padece una patología que afecta su rodilla izquierda y que, según el médico
legista, implica una incapacidad del 20%. Esto también afectó el espíritu y la forma de sentir de la víctima, quien padece de estrés postraumático.
Ante ello podemos preguntarnos: ¿debe ser resarcido el Sr. Tapia? ¿Por daño material o por daño moral? En el caso del daño material, ¿sería a título de pérdida de
chance –con la consecuente reducción del monto indemnizatorio resultante de la aplicación de la fórmula Marshall y relegando a la esfera extra patrimonial la
repercusión disvaliosa en actividades provechosas no rentadas–; o bien, por el contrario, a título de lucro cesante amplio –comprensivo no sólo de la proyección
patrimonial dañosa en el ámbito laboral, sino también de una multiplicidad de ventajas con significación pecuniaria, no estrictamente productivas–? En caso de
resarcir daño moral, ¿cómo debe valorarse? ¿Cómo debe cuantificarse? El presente caso es una adaptación del precedente dictado por el Tribunal Superior de
Justicia de Córdoba en autos “Ceballos, Lucas Ramón c/ Rubiano Silvana del Valle Ordinario Recurso de Casación”1.
[1] T. S. J. de Córdoba, “Ceballos, Lucas Ramón c/ Rubiano Silvana del Valle – ordinario- recurso de Casación”. Expte. 580842, sentencia n° 154 (27/11/2018).
El estudio de esta lectura nos permitirá responden los diversos interrogantes planteados y comprender
adecuadamente el alcance del presupuesto daño resarcible. Comenzaremos primero por el concepto
de daño resarcible y luego avanzaremos con sus requisitos, clases y demás aspectos.
LECCIÓN 2 de 5
El daño
Definición. La definición del Código Civil y Comercial en el actual contexto del derecho de
daños
La definición de daño es de fundamental importancia en esta materia; de su definición dependerán los límites cualitativos y cuantitativos del derecho del
damnificado y de la obligación de resarcir del sindicado como responsable.
En este sentido, la doctrina señala que uno de los grandes vacíos que presentaba el Código Civil de Vélez era una definición de daño resarcible. Dice Calvo Costa
(2015) que, si bien el Código de Vélez marcaba la necesidad de que se causara un daño para que existiera un acto ilícito punible (artículo 10672), no se lo definía,
limitándose el codificador a señalar cuándo habría un perjuicio reparable y qué comprendería la indemnización (artículos 1068 y 10693).
[2] Art. 1067, Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: https://bit.ly/3ghU5S1
[3] Arts. 1068 y 2069, Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: https://bit.ly/3ghU5S1
El Código Civil y Comercial de la Nación (en adelante CCC) suple tal omisión y brinda, en el artículo 1737, el concepto de daño resarcible: "hay daño cuando se
lesiona un derecho o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico, que tenga por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva"4.
[4] Art. 1737, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
“La claridad del concepto hace que el mismo se transforme en un norte a seguir o piedra angular del sistema, en el eje en derredor del cual gira todo el sistema
resarcitorio” (Calvo Costa, 2015, p. 83).
Esta definición es propia del contexto actual del derecho de daños, ya que en él encontraremos las razones de la misma. En efecto, tal como trabajamos en las
unidades anteriores, la responsabilidad civil busca repartir justa y equitativamente los daños mediante el reconocimiento del alterum non laedere como norma
primaria y cláusula general del sistema con jerarquía constitucional. Este es el camino que fue emprendido por la Corte, plasmado en el nuevo Código Civil y
Comercial y que se puede advertir en la consagración de un concepto material y objetivo de la antijuridicidad (Calvo Costa, 2015), como el que se observa en el
artículo 1717: "Cualquier acción u omisión que causa un daño a otro es antijurídica si no está justificada”5.
[5] Art. 1717, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Todos estos conceptos son los que otorgan el contexto actual de la definición de daño resarcible
receptado por el nuevo Código Civil y Comercial.
Es elogiable que el nuevo ordenamiento jurídico haya destinado una sección entera al tratamiento del daño resarcible (Sección 4ta. del Libro Tercero, Título V,
Capítulo I). Además, en líneas generales, ha logrado plasmar en el concepto de daño todas estas tendencias modernas a las que hemos hecho referencia
precedentemente y que se condicen con la razón de ser del actual derecho de daños (Calvo Costa, 2015).
El significado de daño resarcible –de acuerdo a su evolución en la doctrina y en la jurisprudencia nacional y extranjera–, ha sido correctamente expresado en la
norma. Ha evolucionado para llegar a ser caracterizado –el daño objeto de resarcimiento– como aquel que consiste en la lesión a un derecho o a un interés
merecedor de protección conforme al ordenamiento jurídico, si no está justificado. Esta postura imperaba ya en nuestros doctrinarios –con anterioridad a la
sanción del nuevo código–, en nuestra jurisprudencia y había sido plasmada en el artículo 1588 del Proyecto de Código Civil de 1998.
Es de destacar que, en la definición de daño resarcible, el derecho o el interés lesionados deben tener por objeto a la persona, el patrimonio, o un derecho de
incidencia colectiva. Lamentablemente, el CCC no posee una sección destinada a los daños y a los derechos de incidencia colectiva, puesto que ha sido suprimida
en última instancia por el Poder Ejecutivo Nacional, pese a que había sido introducida en la Sección 5ª del Capítulo 1 del Título V por el Proyecto originario
redactado por la Comisión de Reformas. En ella se hacía mención a la legitimación para obrar en tales supuestos, a los daños a derechos individuales
homogéneos, a los presupuestos de admisibilidad y a los alcances de la sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada en tales casos6.
[6] Sección 5a (2012) Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación. Comisión Reformadora. Recuperado de https://bit.ly/32k5pZ7
A modo de conclusión, podemos decir que de conformidad con la definición de daño que nos brinda el CCC, se contemplan en el nuevo ordenamiento jurídico los
daños individuales tradicionales (patrimonial o moral –ahora denominado "daño que provoca consecuencias no patrimoniales”–), se incorporan los daños
colectivos cuando se lesionan derechos de incidencia colectiva (pese a la supresión mencionada precedentemente) y se elimina la distinción entre daños de
origen contractual o extracontractual, aunque subsisten algunas diferencias entre ambas órbitas de responsabilidad.
Para comenzar con este ítem, debemos recordar la situación problemática inicial, donde el hecho dañoso no ha mediado afectación de ingresos al Sr. Tapia, quien
percibió su salario de manera normal. Tampoco se afectaron sus posibilidades de ascenso, ni ningún otro rubro que permita concluir respecto a una afectación de
ingresos.
Sin embargo, luego del accidente y como consecuencia de este siniestro, el Sr. Tapia padece una patología que afecta su rodilla izquierda que, según el médico
legista, implica una incapacidad del 20%.
Al parecer de los parámetros del caso, el Sr. Tapia padece una incapacidad (lesión) pero ella no tendría repercusiones patrimoniales, ¿o sí?
Para saber cómo interpretar esta situación conviene, en primera medida, establecer que una cosa es el daño-lesión y otra distinta es el daño-consecuencia.
El codificador del CCC distingue entre daño e indemnización, según se advierte en los artículos 1737 y 1738. Dicen las normas citadas:
Artículo 1737.- Concepto de daño. Hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico, que tenga por
objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva.
Artículo 1738.- Indemnización. La indemnización comprende la pérdida o disminución del patrimonio de la víctima, el lucro cesante en el beneficio
económico esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su obtención y la pérdida de chances. Incluye especialmente las consecuencias de
la violación de los derechos personalísimos de la víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas y
[7] Arts. 1737 y 1738, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de
https://bit.ly/3hx1MFe
Esta distinción, según explica la Comisión Redactora en los fundamentos del anteproyecto, se asienta en los siguientes criterios: el daño causa una lesión a un
derecho o a un interés que no sea contrario al ordenamiento. Cuando ese derecho o interés es individual, recae sobre la persona o el patrimonio y esto significa que
los derechos tienen un objeto, como se señala en el título preliminar. También están incluidos los de incidencia colectiva.
Pero además esta lesión puede generar una indemnización patrimonial conforme los rubros señalados en el citado artículo 1738.
Esta caracterización hace que se distinga entre la definición del “daño-lesión” y el “daño consecuencia”, en tanto no todo daño es indemnizable y solo existe la
indemnización que tenga como antecedente un daño resarcible, lo que aporta más claridad en la redacción. La responsabilidad es uno de los instrumentos de
protección de los mencionados derechos. Una de sus funciones es la reposición al estado anterior al hecho generador o la indemnización. Por lo tanto, la
indemnización es una consecuencia de la lesión. En síntesis, hay daño cuando se causa una lesión a un derecho o a un interés que no sea contrario al
ordenamiento, que comprende: a) el interés individual del legitimado sobre su persona o su patrimonio; b) el interés respecto de los derechos de incidencia
colectiva.
La indemnización comprende la pérdida o disminución del patrimonio de la víctima, el lucro cesante en el beneficio económico esperado de acuerdo a la
probabilidad objetiva de su obtención y la pérdida de chances. Incluye especialmente las consecuencias de la violación de los derechos personalísimos de la
víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas, y las que resulten de la interferencia en su proyecto de vida.
Entender esta distinción puede ayudarnos para comprender la adecuada resolución del caso inicial; esto
es, cuál es el verdadero alcance del daño resarcible y sus consecuencias.
En este caso, el Sr. Tapia podrá tener una lesión en su derecho o una incapacidad (daño-lesión), pero para que esa lesión sea indemnizable debe necesariamente
tener consecuencias (daño-consecuencia) patrimoniales o extra patrimoniales.
Para ampliar el tema puede verse el trabajo elaborado por los Dres. Ossola y Azar en la Revista Jurídica La Ley (AR/DOC/1843/2019).
Sign on to Thomson Reuters products and services including Westlaw, Westlaw Edge, Practical Law, CLEAR,
ProView, law books, practice management solutions, and more.
El daño, para que sea susceptible de resarcimiento, debe cumplir con ciertos requisitos que ya se encontraban presentes antes de la reforma.
En efecto, en cuanto a los requisitos del daño, el Código Civil y Comercial, en su artículo 1739, dispone que "Para la procedencia de la indemnización debe existir un
perjuicio directo o indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente"8. La doctrina aclara que, para que el daño sea resarcible, debe ser cierto, personal y subsistente.
Ello también lo refleja el texto del artículo 1739 del Código Civil y Comercial.
[8] Art. 1739, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
La exigencia de que el daño sea cierto se refiere a su existencia y no a su actualidad o a la determinación de su monto: el daño debe existir, es decir, debe ser real,
efectivo, y no meramente conjetural o hipotético. En ello se diferencia del daño eventual que sí es meramente hipotético, conjetural, de incierta realización, y que, a
criterio del juzgador, ofrece escasas posibilidades de ocurrencia, por lo que no corresponde su resarcimiento. Un daño también puede ser futuro sin que por ello
deje de ser cierto, puesto que la realización de muchos perjuicios puede ser razonablemente previsible. La certidumbre, pues, estará dada por las consecuencias
ulteriores del acto ilícito –que pueden ser apreciadas ab initio– o por la inevitable prolongación en el tiempo del daño actual. En tal sentido, pueden mencionarse las
hipótesis de lucro cesante, y, en menor medida, las de pérdidas de chances, siempre que estas últimas sean contingencias razonables y guarden relación de
causalidad con el hecho generador. Es decir, en determinados supuestos, el juez posee la certidumbre de que una lesión ha de suceder en el porvenir como
producto del mismo ilícito.
En la situación problemática inicial del Sr. Tapia, ¿qué pasaría si la incapacidad del 20 % le impide lograr un ascenso o bien conseguir otro puesto de trabajo en el
mercado laboral actual, tan competitivo? Esta posibilidad, si bien es futura, es razonablemente previsible. Como veremos más adelante, implica una pérdida de
chance, pues se frustró la posibilidad de obtener un beneficio, para la obtención del cual la víctima se encontraba en situación fáctica idónea.
Solo la persona que sufre el perjuicio patrimonial o moral de modo directo o indirecto se encuentra en posición de demandar la reparación. El daño personal puede
ser directo o indirecto. Es directo cuando el titular del interés afectado es la víctima del ilícito, mientras que es indirecto cuando el perjuicio propio alegado por el
acto es consecuencia de una afectación a bienes patrimoniales o extrapatrimoniales de otra persona. Un ejemplo de daño directo sería el caso de que una persona
reclame el resarcimiento por una lesión psicofísica que él mismo experimentó; sería, en cambio, daño indirecto el caso de que una persona demandara por el daño
propio a raíz de la muerte de su hija.
Este requisito exige que la lesión recaiga sobre un interés propio (ya sea patrimonial o moral); es decir, solamente podrá reclamar la reparación la persona que ha
sufrido el perjuicio. Ello, sin embargo, no es óbice para destacar que el daño –aun si es personal– puede ser a su vez directo o indirecto, tal como vimos en el
párrafo anterior. Por otro lado, el daño es indirecto cuando el perjuicio propio invocado por la demandante deriva de una lesión a bienes patrimoniales o
extrapatrimoniales de un tercero; aquí, el daño se produce de manera refleja o "de rebote". Esto sucede, por ejemplo, en el supuesto de un homicidio en el cual la
viuda y los hijos del muerto –damnificados indirectos– pueden reclamar iure proprio la reparación del perjuicio material y moral derivado de la muerte de un tercero
(víctima).
Es de hacer notar que, en sus requisitos de reparabilidad del daño, el CCC refiere que "para la procedencia de la indemnización debe existir un perjuicio directo o
indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente"9, aunque omite hacer referencia al recaudo de la personalidad.
[9] Art. 1739, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
La omisión no se justifica dado que, para que exista legitimación, es necesario que se lesione un interés propio del reclamante y dicha exigencia no solo se
encuentra presente en los casos de daño directo (esto es, cuando el titular del interés lesionado es la víctima del acto ilícito), sino también cuando se trata de un
daño indirecto (o sea, cuando el interés lesionado se aposenta en bienes jurídicos ajenos, v. g., supuesto de homicidio). Lo mismo cuando se reclama
indemnización por afectación de bienes de goce colectivo, pues ello supone necesariamente la lesión a un interés personal.
En síntesis, aun cuando la norma omite señalar el requisito personal, el mismo se advierte menester, a
partir de una interpretación razonablemente derivada del sistema vigente.
Lesión a un simple interés no ilegítimo
Para que el daño sea resarcible, este deberá provenir de la afectación a un interés no ilegítimo del damnificado. Antes de la vigencia del CCC y a la luz del Código de
Vélez, este tópico ha generado diversas posturas, como se ve en el siguiente cuadro, que fue extraído del anterior SAM. Al referirse a cuestiones dogmáticas es útil
trabajarlo.
Actualmente la norma refiere a un “derecho” o un “interés no reprobado por el ordenamiento jurídico” (conforme el citado artículo 173710), tomando un criterio
sostenido por la Corte Suprema de Justicia de la Nación: “el concepto jurídico de daño, abarca la protección de todo interés no reprobado por el ordenamiento
jurídico” (Picasso 2015, p. 475). Según esta tesis alcanza un interés simple sin necesidad de que se trate de un derecho subjetivo; basta con que el interés sea
lícito. El actual CCC protege el interés en tanto sea afectado. El autor afirma que este argumento permite al conviviente reclamar daño moral, pues si bien no tiene
un interés legítimo (como el de los herederos) tiene un interés licito afectado por el fallecimiento de su compañero (Picasso, 2015).
[10] Art. 1737, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Sobre el concepto de interés no reprobado por el ordenamiento jurídico puede verse el trabajo del Dr. Martin Juárez Ferrer publicado en la Revista Jurídica La Ley
(AR/DOC/3150/2016)
Sign on to Thomson Reuters products and services including Westlaw, Westlaw Edge, Practical Law, CLEAR,
ProView, law books, practice management solutions, and more.
El daño debe subsistir al momento de sentenciar. Por lo tanto, si el daño ha sido indemnizado con anterioridad al dictado de la sentencia (sea por pago o por
cualquiera de los modos extintivos de las obligaciones), la pretensión de reparación no corresponde.
Este requisito exige que el daño debe subsistir al tiempo del resarcimiento; es decir, cuando se menciona la subsistencia del daño, se hace referencia a que el
mismo no debe haber sido aún resarcido, por lo cual –si bien se trata de un perjuicio pasado en los hechos– aún permanece jurídicamente en la víctima del
perjuicio. Sin embargo, para algunos autores, la subsistencia como requisito del daño resarcible se presta a confusiones, puesto que ella no es otra cosa que el
efecto jurídico del daño y no un presupuesto de este último. No debemos soslayar que el requisito de la subsistencia del daño exige que el perjuicio no haya sido
reparado por el obligado a resarcir y que ella está referida al momento de la reclamación.
En la situación problemática que venimos trabajando, en el caso de que la empresa le hubiera pagado,
por ejemplo, el daño emergente por los gastos médicos en que incurrió el señor Tapia, este no podría
demandar pues el daño no subsiste por este rubro.
Prueba
La prueba del daño patrimonial y de su cuantía pesa sobre quien alega su existencia. Rige al respecto la amplitud en los medios probatorios. Se debe probar la
cuantía y la calidad del mismo. Respeto de la prueba del daño moral, remitimos a lo que analizaremos más abajo.
Para que exista responsabilidad civil es necesaria la causación de un daño por regla, ya que el mismo constituye un presupuesto básico para su configuración.
Esta idea está vinculada a la función resarcitoria del derecho de daños. En efecto, la amenaza de daño puede tener consecuencias jurídicas en relación a la
función preventiva establecida por el nuevo Código, especialmente en cuestiones de derecho ambiental, tal como veremos en la unidad 10. Solo diremos aquí que
la idea preventiva engloba tanto la evitación de daños no justificados como la de su agravamiento. Asimismo, implica la toma de medidas necesarias, conforme a
un criterio de razonabilidad y en consonancia con el principio de buena fe, para evitar que el mismo ocurra o para disminuir su magnitud y consecuencias.
[11] Art. 1716, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Esto implica que, cualquiera sea el origen de la infracción, se debe reparar; con lo cual se unifican las responsabilidades aquiliana y obligacional en sus
presupuestos y efectos generales. En este sentido, la obligación de resarcir surge por violación de la palabra empeñada o al violar el deber genérico de no dañar.
Solo debemos tener cuidado de distinguir lo siguiente: al incumplirse una obligación, ello no siempre da lugar a la reparación, sino solo cuando existe daño para el
acreedor. En este caso existen dos obligaciones: la preexistente y la indemnización nacida por el incumplimiento. Este distingo se mantiene aun cuando el régimen
se haya unificado.
De todos modos, es bueno recalcar que la reparación, sea de fuente contractual o aquiliana, debe supeditarse a las consecuencias causales resarcibles a las que
aluden los artículos 1726 y 1727 del CCC, a cuya lectura remitimos.
Por otro lado, subsisten algunas particularidades normativas entre ambos regímenes. Es pertinente citar aquí el artículo 1725: “Valoración de la conducta. Cuanto
mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la previsibilidad de las
consecuencias12”.
[12] Art. 1725, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Cuando existe una confianza especial, se debe tener en cuenta la naturaleza del acto y las condiciones
particulares de las partes.
Para valorar la conducta no se toma en cuenta la condición especial o facultad intelectual de una persona determinada, a no ser en los contratos que suponen una
confianza especial entre las partes. En estos casos, se estima el grado de responsabilidad por la condición especial de la gente.
La norma claramente alude a la “previsibilidad de las consecuencias” consideradas por las partes al contratar, pues luego alude a las “condiciones particulares de
las partes”, o a la “especial confianza entre las partes”. Es evidente que la norma refiere expresamente a la idea de un antecedente contractual.
Otra norma que permite distinguir los ámbitos es el artículo 1728 del CCC de la Nación, en cuanto establece que en los contratos se responde por las
consecuencias que las partes previeron o pudieron haber previsto al momento de su celebración13. Esta primera norma es clara, pues limita su aplicación al ámbito
contractual.
[13] Art. 1728, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Al profundizar la diferencia, la norma alude al dolo del deudor. En este caso, la responsabilidad se fija al tomar en cuenta estas consecuencias también al momento
del incumplimiento.
LECCIÓN 3 de 5
Tal como habíamos visto en la situación problemática inicial, el daño experimentado por una persona puede ser de naturaleza patrimonial o extrapatrimonial,
también llamado moral. El daño resarcible, como estudiamos antes, no es la lesión a un derecho de naturaleza patrimonial o extrapatrimonial ni a un interés de esa
índole, sino el detrimento de valores económicos o patrimoniales (daño patrimonial) o una minoración en la subjetividad de la persona de existencia visible (daño
extrapatrimonial o moral).
Tal como expresábamos supra, un mismo hecho dañoso –como puede ser la mutilación de ambas piernas en un joven con motivo de un accidente laboral– va a
generar daño patrimonial consistente en el daño emergente (gastos hospitalarios, prótesis, atención médica, etcétera), el lucro cesante (el salario que deje de
percibir), y el daño moral, consistente en la minoración subjetiva sufrida, el detrimento en su forma de sentir y pensar.
Respecto de las otras clasificaciones de daño (daño emergente y lucro cesante, compensatorio y moratorio, intrínseco y extrínseco, común y propio, directo e
indirecto, previsible e imprevisible, y actual y futuro) puedes estudiarlas en la bibliografía obligatoria Pizarro y Vallespinos (2014) a partir de la página 99.
Art. 1738. La indemnización comprende la pérdida o disminución del patrimonio de la víctima, el lucro cesante en el beneficio económico
esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su obtención y la pérdida de chances. Incluye especialmente las consecuencias de la violación
de los derechos personalísimos de la víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas y las que
[14] Art. 1738, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Por su parte, el artículo 1741 se refiere a la indemnización de las consecuencias no patrimoniales y expresa:
Está legitimado para reclamar la indemnización de las consecuencias no patrimoniales el damnificado directo. Si del hecho resulta su muerte o
sufre gran discapacidad también tienen legitimación a título personal, según las circunstancias, los ascendientes, los descendientes, el cónyuge
y quienes convivían con aquél recibiendo trato familiar ostensible. La acción solo se transmite a los sucesores universales del legitimado si es
interpuesta por este. El monto de la indemnización debe fijarse ponderando las satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden
[15] Art. 1741, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Analicemos el primer artículo. Cuando el artículo 1738, en su primera parte, se refiere a la indemnización del daño patrimonial, está referido a la pérdida o
disminución del patrimonio de la víctima, al lucro cesante y a la pérdida de chances. Debemos aclarar que la introducción legislativa de la indemnización por la
frustración de chances (perdida de chance) reviste el carácter de novedad en el ordenamiento jurídico, ya que, si bien era admitida por la doctrina y la
jurisprudencia, no había sido objeto de ninguna norma en el Código Civil de Vélez.
En cambio, cuando la norma citada se refiere a los daños que tengan por objeto a la persona, es decir, a las consecuencias de la violación de los derechos
personalísimos de la víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas y las que resultan de la interferencia en su
proyecto de vida, estimamos que puede derivarse de la lesión a ellas, tanto el daño patrimonial como el extrapatrimonial (Calvo Costa, 2015). No podemos olvidar
que la integridad psicofísica, la salud, el proyecto de vida, etcétera, son simplemente bienes jurídicos. Nuestro derecho ya no acepta un concepto de daño que
consista en la lesión a bienes jurídicos, puesto que –como vimos– dicha acepción ha sido ampliamente superada. Y la salud, al igual que la estética, el proyecto
de vida, la vida de relación, etcétera, representan bienes de carácter personalísimo que resultan ser asientos de derechos subjetivos, pero que no pueden ni deben
ser resarcidos autónomamente y per se. Un daño será tal –en sentido jurídico– en la medida que, sin estar justificado, afecte algún interés y, además, provoque
consecuencias; caso contrario, nos encontraremos ante menoscabos, pero no frente a un verdadero daño en sentido jurídico (Calvo Costa, 2015). En tal sentido, un
daño será patrimonial o no patrimonial (moral), según sea la índole del interés lesionado. Por ello, cuando nos referimos al daño a la salud, debemos determinar si
este solo afecta un interés extrapatrimonial de quien lo padece o si, por el contrario, también afecta un interés de carácter patrimonial (v. g., gastos de
medicamentos, atención médica, tratamientos de rehabilitación, lucro cesante). Tal catalogación del daño a la salud no implica, en absoluto, dejar fuera de la órbita
de reparación a los perjuicios que se ocasionen contra ella y mucho menos a todas aquellas nuevas manifestaciones del daño a la persona, como ser el daño
sexual, el daño al proyecto de vida, el daño a la intimidad, el daño a la vida de relación, el daño estético, etcétera.
Finalmente, estimamos que, cuando el CCC se refiere al daño con consecuencias no patrimoniales, hace referencia al daño que provoca la lesión a intereses
espirituales de un sujeto. Esto produce en la persona consecuencias espirituales dañosas que se traducen en un modo de estar diferente al que se encontraba con
anterioridad al hecho lesivo, afectándola en sus capacidades de entender, de querer y de sentir. En este cuerpo legal también se ha ampliado la legitimación para
[16] Art. 1741, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Corresponde hacer una referencia a las distintas clases de rubros que componen el daño material o patrimonial resarcible.
Podemos decir que lo que se computa al indemnizarse la disminución sufrida por la víctima es: a) el lesivo desequilibrio espiritual que la invalidez supone (daño
moral), que trataremos en otro apartado; b) las erogaciones que demanda la pérdida o deterioro en la víctima (daño emergente) y c) las ganancias dejadas de
percibir o afectación de las aptitudes productivas de la persona (lucro cesante y pérdida de chance).
El daño emergente consiste en el perjuicio o menoscabo efectivamente sufrido, en el empobrecimiento, disminución o minoración patrimonial que produjo el hecho
dañoso. Así, por ejemplo, en relación a las erogaciones que implica el daño material tenemos los gastos médicos, farmacéuticos y por transporte (daño
emergente). La norma los presume, puesto que resultan razonables en función de la índole de las lesiones o la incapacidad (artículo 174617 del CCC). Es decir que
se admite el pago de los gastos aun cuando su cuantificación no se encuentre específicamente acreditada. Se reconoce aquí que lo fundamental es que la índole e
importancia de los gastos guarden razonable vinculación con la clase de lesiones producidas por el hecho; es decir, que exista la debida relación causal. Esto es
una presunción que admite prueba en contrario.
[17] Art. 1746, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
En cuanto al lucro cesante se configura con la pérdida del enriquecimiento patrimonial razonablemente esperado, entendido como una frustración de ventajas,
utilidades o ganancias. Por ejemplo, en relación al daño a las personas, el Código entiende que corresponde su indemnización cuando se trate de una disminución
en la “aptitud laborativa o productiva”, o bien en casos en que haya “incapacidad vital”. La incapacidad “laborativa” es entendida como aquella en la que se
computan “las potencialidades productivas del sujeto, es decir la dimensión económica o material de su existencia” (Zavala de González, 1999, p. 295), o sea
cuando el sujeto deje de percibir efectivamente una ganancia o la posibilidad de un beneficio económico. Pero, además de esta incapacidad laborativa, el Código
entiende que corresponde resarcimiento, aunque el damnificado mantenga una tarea remunerada. Esto quiere decir que se admite la llamada incapacidad “vital o
amplia”, que se proyecta a las restantes actividades o facetas de la existencia de la persona. Es decir, la incapacidad apreciable patrimonialmente no es solo la
directamente productiva, sino que también debe apreciarse –aunque sea de manera mediata– el valor material de la vida humana y de su plenitud.
En la pérdida de chances lo que se frustra es la probabilidad o expectativas de ganancias futuras. Aquí no
se indemniza todo el beneficio o ganancia esperada por la víctima (pues eso es lucro cesante) sino que el
objeto es indemnizar la oportunidad perdida. Ejemplo de pérdida de chance es el jugador de futbol que no
puede continuar con su carrera profesional.
En la situación problemática inicial, planteábamos la hipótesis de daño a las personas, y si era posible indemnizar aun cuando no existiera merma económica en la
víctima. La respuesta tentativa que viene desplegando la jurisprudencia es afirmativa en ese sentido, pero obedece directamente a las circunstancias particulares
del supuesto sometido a juzgamiento y a las condiciones personales del damnificado que se aleguen y prueben en cada caso, conforme la distinta índole y
gravedad de las lesiones sufridas. Incide aquí el principio de individualización del daño, según el cual la medida de la indemnización debe evaluarse en cada caso
en concreto, de acuerdo con las consecuencias que el hecho ilícito ha significado para el afectado, según su especial situación personal. No es posible establecer
pautas objetivas y abstractas y, menos aún, fijar indemnizaciones tarifadas con arreglo al tipo de lesión irrogada. Por el contrario, es necesario atender a las
especiales consecuencias que la víctima ha experimentado en función de su individualidad
Daño inmediato y daño mediato; daño actual y daño futuro; daño previsto e imprevisto, previsible; daño cierto y
daño eventual
Daño inmediato y daño mediato; daño actual y daño futuro; daño previsto e imprevisto, previsible; daño cierto y daño eventual
Actual y futuro
–
Daño actual o presente es el ya ocurrido al tiempo en que se dicta la sentencia. Son los perjuicios presentes o los que haya sufrido la víctima; por ejemplo, los gastos médicos.
El daño futuro es el que todavía no ha sucedido y puede o no suceder; su futuro es incierto. Más allá de que sea futuro, hay un alto grado de probabilidad de que suceda. Por ejemplo,
la disminución de alguna ganancia derivada de la incapacidad sufrida, como las sesiones de fisioterapia que deberá abonar la víctima para recuperarse de la lesión.
En síntesis, para esta categoría corresponde analizar los requisitos del daño resarcible que vimos con anterioridad: el requisito de ser ciertos, para atribuir al daño la calidad de
indemnizable, aun cuando estos daños ya hayan ocurrido al momento de dictarse la sentencia o no. Lo importante es que no se trate de daños hipotéticos.
Es daño mediato el que resulta solamente de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto.
Dicho de otro modo, el daño inmediato resulta del curso natural y ordinario de las cosas; el daño mediato resulta de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto.
Previsible e imprevisible
–
El daño previsible es aquel que podía preverse al emplear la debida atención y conocimiento de la cosa. Por el contrario, es imprevisible cuando no ha podido ser previsto. Los
daños previstos son los que el autor del acto ha considerado posibles al contraer la obligación o ejecutar el acto. Daños imprevistos son los que no han sido considerados en los
casos expuestos. Se analiza la actuación concreta del sujeto. Esta relación tiene que ver con el análisis previo a la causación del daño.
El daño al interés positivo puede traducirse como el interés que el contratante tiene en la ejecución de un contrato; interés que, en el caso de inejecución de este,
debe ser satisfecho indemnizándose el daño emergente y el lucro cesante. El daño al interés negativo está relacionado con el interés que se tiene en la no
conclusión del contrato. Comprende la indemnización de este todo lo que el damnificado tendría si no se hubiera concertado el contrato nulo y que pueda abarcar
también el daño emergente y el lucro cesante. En otras palabras, el daño al interés negativo es aquel que se compone por todos los daños sufridos por el acreedor
a causa de haber confiado en la vigencia de un contrato que no se concretó, que se extinguió o que resultó inválido.
Daños en la responsabilidad contractual: a) daño por mora y por inejecución definitiva. Relaciones entre la
prestación incumplida y la reparación del daño; b) daño intrínseco y extrínseco; c) daño común y daño propio
Para tratar el punto, cabe realizar la distinción entre prestación originaria incumplida y el perjuicio derivado del incumplimiento.
Una posición doctrinaria sostiene que, en caso de incumplimiento de la obligación primitiva (que asumiera el deudor en el contrato), esta se convierte en dinero y es
independiente de los otros daños que forman parte de una acción de responsabilidad. El incumplimiento de la primera obligación da lugar o nacimiento a una nueva
obligación.
Otra postura sostiene que tanto la primera acción (que reclama cumplimiento por equivalente) como la segunda (que reclama los otros daños derivados) obedecen
a una ilicitud única; pero la ejecución de los daños obedece a una nueva obligación que no surge de la modificación del objeto, sino de la conducta del deudor.
El CCC establece como regla la unificación de ambas esferas (como veremos más adelante) en el artículo 1747 y una regla especial para el cumplimiento de la
prestación comprometida mediante un contrato, conforme el artículo 1082:
Reparación del daño. La reparación del daño, cuando procede, queda sujeta a estas disposiciones:
1. el daño debe ser reparado en los casos y con los alcances establecidos en este Capítulo, en el Título V de este Libro, y en las disposiciones
especiales para cada contrato;
2. la reparación incluye el reembolso total o parcial, según corresponda, de los gastos generados por la celebración del contrato y de los tributos
que lo hayan gravado;
3. de haberse pactado la cláusula penal, se aplica con los alcances establecidos en los artículos 790 y siguientes18
[18] Art. 1082, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Acumulabilidad del daño moratorio. Artículo 1747 del Código Civil y Comercial
El texto aclara expresamente que el daño moratorio es acumulable al daño compensatorio y a la cláusula penal compensatoria.
Incluye supuestos de origen contractual o extracontractual, con el distingo entre la prestación originaria incumplida (que se indemniza por equivalente) y los demás
daños causados por el incumplimiento.
La norma esclarece lo atinente a la acumulación y superposición de indemnizaciones y marca como limite la cuantía que configura el aprovechamiento abusivo del
deudor.
El daño directo e indirecto puede ser visto desde dos aserciones. La primera tiene que ver con los daños patrimoniales padecidos directamente en el patrimonio de
la víctima y el indirecto es aquel que afecta bienes jurídicos extra patrimoniales vinculados con el derecho a la personalidad (artículo 174019). Ambos daños
(directo e indirecto) pueden generar daños patrimoniales o extra patrimoniales. En su segunda aserción, los daños directos son los que sufre la víctima del ilícito y
los indirectos, los que reclama una persona distinta de la víctima por derecho propio derivado de aquel (por ejemplo, la viuda que reclama el daño moral causado
por la muerte del esposo o conviviente). El artículo 1739 del CCC de la Nación reconoce la existencia del daño directo y del indirecto.
[19] Art. 1740, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Dice la norma:
Requisitos. Para la procedencia de la indemnización debe existir un perjuicio directo o indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente. La pérdida de
chance es indemnizable en la medida en que su contingencia sea razonable y guarde una adecuada relación de causalidad con el hecho
generador20.
[20] Art. 1739, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
LECCIÓN 4 de 5
Daño moral
Definición
El daño moral es la minoración en la subjetividad de la persona, que la afecta dañosamente en el espíritu, en su desarrollo y en su capacidad de entender, querer o
sentir, con motivo de una lesión a un interés no patrimonial. En consecuencia, podemos decir que la persona padece un modo de estar diferente y “anímicamente
perjudicial” (Pizarro y Vallespinos, 2014). Distintas doctrinas han interpretado el sentido y alcance del daño moral. Puedes leer respecto a esto en Pizarro y
Vallespinos (2014) a partir de la página 105.
Respecto de la reparabilidad del daño moral, encontramos distintas doctrinas que, a la vez, formulan distinciones dentro de la misma teoría. Para que quede claro,
vamos a exponer esto gráficamente.
Postulado Postulado
Niega el resarcimiento del daño moral porque considera que ello Esta tesis parte de la cosmovisión de países comunistas.
sería violatorio de principios jurídicos y éticos. Tuvo cierto
predicamento en el siglo XIX y principios del siglo XX. La mayoría de los ordenamientos jurídicos en aquellos países regularon
de modo mínimo el daño moral. La concepción dominante en aquella
Desde el punto de vista jurídico, se considera que la reparación del cultura era considerar el resarcimiento del daño moral como otra
daño moral implicaría indemnizar un perjuicio inexistente. Sumado manifestación del capitalismo, que a todo le pone precio y lo cuantifica.
a ello, los parámetros para determinarlo serían arbitrarios. En este
sentido, produciría un enriquecimiento indebido de la víctima. Luego del derrumbe del comunismo, algunos códigos comenzaron a
admitir en forma moderada la posibilidad de reclamar el daño moral.
Desde un punto de vista ético, se ha dicho que “es inmoral y
escandaloso” ponerle precio al dolor.
Críticas
Tesis de la pena o sanción ejemplar Tesis del “resarcimiento” del daño moral
Postulado Postulado
Admite el resarcimiento del daño moral. Sin embargo, encuentra Postura dominante del derecho moderno, considera el daño
fundamento en una pena civil que, en última instancia, asume una moral resarcible y con carácter netamente resarcitorio.
finalidad preventiva abstracta, dirigida a la comunidad y al ofensor para
que se abstengan de comportamientos similares en el futuro. Es una solución justa y equitativa, ya que atiende a la situación
de la víctima en razón de su daño. El daño debe medirse de
modo objetivo en razón de su entidad cualitativa y cuantitativa
y no en razón de los móviles del dañador.
Crítica
Regulación del daño moral en el derecho privado argentino. El nuevo Código Civil y Comercial
En el Código Civil derogado el artículo 522 expresa “En los casos de indemnizaciones por responsabilidad contractual el juez podrá condenar al responsable a la
reparación del agravio moral que hubiere causado, de acuerdo con la índole del hecho generador de la responsabilidad y circunstancias del caso”21. Dicho artículo
fue introducido para todos aquellos casos de reparación por incumplimiento contractual –obligacional–. Es decir que, en este supuesto, cabe la preexistencia de
una convención entre partes y de ella deviene el nacimiento de obligación concreta, cualquiera sea su naturaleza.
[21] Art. 552, Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: https://bit.ly/3ghU5S1
Por otra parte, para abarcar la totalidad de los casos no comprendidos en el supuesto anterior y que sean violatorios del deber jurídico preponderante en la materia
de “no dañar a otro”, vemos que existía el artículo 1078 del derogado Código Civil: “La obligación de resarcir el daño causado por los actos ilícitos comprende,
además de la indemnización de perdidas e intereses, la reparación del agravio moral ocasionado a la víctima”22. Este artículo había sido estipulado para los casos
en los que la obligación nueva de indemnizar era proveniente de hechos donde el dolo o la culpa fueran el factor esencial.
[22] Art. 1078, Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: https://bit.ly/3ghU5S1
Independientemente de la causa originaria de la obligación de indemnizar –ya sea que se trate de hechos
ilícitos o que tenga como fuente generadora un incumplimiento contractual– el daño moral era reparable
para el Código Civil derogado.
En el CCC, el daño es no solo la lesión de un derecho individual personalísimo o patrimonial o de un derecho de incidencia colectiva, sino también la lesión a un
[23] Art. 1737, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Por otro lado, la indemnización comprende tanto el menoscabo patrimonial como el extrapatrimonial.
[24] Art. 1738, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Como ya se dijo, para el CCC de la Nación habrá daño extrapatrimonial cuando se afecte un derecho subjetivo de tal naturaleza que tenga "proyección moral", o toda
vez que se lesione un interés extrapatrimonial susceptible de reparación, comprendiendo los derechos individuales e incluso los derechos de incidencia colectiva.
En torno a la legitimación, la restricción impuesta en el Código de Vélez en el artículo 107825 implicaba una arbitraria discriminación en cuanto a la reparación de los
perjuicios extrapatrimoniales. Se admitía la reparación del denominado "daño moral" solo para el damnificado directo y, en caso de su fallecimiento, se la concedía
solo a los herederos forzosos y se excluía a quienes experimentaban un perjuicio a raíz del hecho y lo padecían por vía refleja.
[25] Art. 1067, Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: https://bit.ly/3ghU5S1
Se ha plasmado en numerosos antecedentes jurisprudenciales la necesidad de un estudio pormenorizado de las circunstancias que rodean al caso. Se registra
también una destacada casuística que ha impugnado el artículo 1078 del Código Civil, reconociéndose legitimación para reclamar el daño moral a otros
damnificados, tales como los concubinos, los padres, los hermanos, etcétera. En algunos casos, la jurisprudencia declaró inconstitucional esta norma, al limitar el
abanico de legitimados activos.
En este sentido, en el artículo 174126 del CCC de la Nación queda claramente establecida una ampliación en la legitimación para reclamar la reparación de las
consecuencias no patrimoniales, lo que marca una clara diferencia con el sistema anterior. Señala, en primer lugar, al damnificado directo (víctima del daño) como
regla en cuanto hace a la legitimación, pero incluye, en caso de muerte o padecimiento de una grave discapacidad (según las circunstancias y a título personal), a
los ascendientes, descendientes, cónyuge y quienes convivían y recibían trato familiar ostensible.
[26] Art. 1741, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Si ampliamos la explicación, respecto de la reforma del CCC y la legitimación para reclamar daño moral,
en primer lugar podemos decir que es solo directa (únicamente la víctima) y excepcionalmente será
indirecta (artículo 1741 del CCC).
Se efectuaron dos modificaciones relevantes en torno a la legitimación indirecta, que puede analizarse en dos aristas.
1 En caso de fallecimiento de la víctima. La norma descarta la referencia a los “herederos forzosos” a los que aludía el artículo 1078 del Código
Civil derogado e incluye ahora –de modo expreso – a los ascendientes, descendientes, cónyuges y a quienes tuvieran un trato familiar
ostensible. El reemplazo de la figura de los herederos forzosos evita la discusión sobre el desplazamiento que, por ejemplo, los descendientes
generan sobre los ascendientes, lo que conducía a situaciones injustas. La expresión “trato familiar ostensible” es vaga27 o de textura
abierta28. De todos modos, el análisis gramatical de la expresión implica establecer como requisito imprescindible la idea de convivencia de
hecho de la víctima, teñida de cierta regularidad con el damnificado. Piénsese por ejemplo en el hermano que vive en otra provincia por motivos
de estudios; ¿tiene trato familiar ostensible con el hermano fallecido? Esto es opinable.
[27] Una palabra es vaga en la medida en que hay casos (reales) en los que su aplicabilidad es dudosa. En términos lógicos, no se puede decidir
sobre la base de los datos preexistentes y solo puede resolverse a partir de una decisión lingüística adicional.
[28] Ocurre cuando podemos delimitar los casos claramente incluidos y excluidos en un caso (núcleo de certeza), pero entre ambas esferas se
mantendrá también una zona de penumbra donde es dudoso si resulta o no predicable. Todas las expresiones lingüísticas, al menos las del lenguaje
natural, presentan algún grado de indeterminación. A esto es a lo que se hace referencia cuando se habla de la “textura abierta” del lenguaje.
2 En caso de que la víctima subsista. Si bien, por regla, en este caso la legitimación está limitada al damnificado directo, la novedad es que se
admite la posibilidad de reclamo no solo ante el deceso de la víctima, sino también ante el sufrimiento de una “gran discapacidad”. Este
término podría resultar problemático por su textura abierta y dependerá de la valoración del caso concreto. Puede concluirse que, básicamente,
lo que deberá ser materia de juicio es la mayor o menor dependencia que la víctima tendrá respecto de los sujetos indemnizables.
Desde hace tiempo, la doctrina, la jurisprudencia y destacados encuentros jurídicos plantean la necesidad de una apertura de la legitimación para ejercer la
pretensión resarcitoria, lo que fue recogido por el nuevo ordenamiento civil y comercial.
En efecto, el artículo 107829 del Código Civil derogado, en materia de legitimación activa del daño no patrimonial, conducía a soluciones inequitativas que el
ordenamiento jurídico no debe convalidar. Así, por ejemplo, en el Código derogado, los convivientes no tenían legitimación para reclamar daño moral en caso de
fallecimiento, lo que conduce a situaciones injustas.
[29] Art. 1078, Ley 340 (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: https://bit.ly/3ghU5S1
El CCC, en su artículo 174130, pone punto final a las diferentes interpretaciones que se formulan en el ámbito doctrinario y jurisprudencial, no solo en cuanto al
término "herederos forzosos", sino también respecto de la posibilidad de aplicar el artículo 1079 del actual código en determinados casos particulares. Se ha
sostenido –y con adecuada razón– que no es justo excluir el resarcimiento del daño no patrimonial a quienes no revisten la calidad de herederos forzosos.
[30] Art. 1741, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
En definitiva, en este aspecto se reconoce a las nuevas familias y se tiende a brindarles un adecuado
marco de protección jurídica. Aunque –reiteramos– el "trato familiar ostensible" y “la gran incapacidad”
deberán ser objeto de prueba y pueden generar disparidad de criterios.
En relación con el monto indemnizatorio, este es claro y concreto; el artículo 174131 afirma que debe establecerse según las satisfacciones sustitutivas y
compensatorias. Esto resulta problemático por la misma razón expuesta más arriba: la textura abierta del lenguaje. El juez debe fundamentar de manera adecuada
y conforme a la ley para el supuesto en que no considere las mencionadas satisfacciones.
El monto no debe guardar una correspondencia o relación de proporción con la entidad del daño patrimonial, pero el magistrado, al tiempo de sentenciar, debe
valuar una acentuada apreciación de las circunstancias del caso que puedan procurar las sumas que se otorguen por este daño.
Se discute en la doctrina la existencia del daño moral colectivo. El mismo tendría aplicación en cuestiones de daño ambiental o de cualquier otra lesión a intereses
supraindividuales o difusos.
En el daño moral colectivo, el afectado no es una persona física o jurídica en su esfera individual, sino un grupo o categoría que colectivamente es dañada.
Asimismo, la causa de dicha afectación es global y ataca derechos o intereses de significancia vital (v. g., paz, tranquilidad anímica, libertad individual, integridad
física, honor, etcétera).
De acuerdo a Galdós (2012), el daño moral colectivo consiste en el atropello de intereses extrapatrimoniales plurales de un estamento o categoría de personas,
cuya vinculación puede ser subjetiva u objetiva. En el primer supuesto, el daño se dispersa entre varios sujetos y recae en un interés común, compartido y
relevante, con aptitud para unir a quienes se encuentren en similar situación fáctica. En el segundo caso, el factor que unifica es de carácter objetivo y de
incidencia colectiva, ya que la lesión es a bienes colectivos o públicos, no susceptibles de apropiación o uso individual y exclusivo.
En un artículo publicado en la revista jurídica La Ley, el profesor Lorenzetti (1996) indica que se trata de la preservación del bien colectivo, no solo como afectación
de la “esfera social del individuo” (p. 1058), sino del “bien colectivo” (p. 1058) como un elemento del mecanismo social y grupal. En tal sentido, ante la afectación
del bien de naturaleza colectiva, el daño moral se constituye por la lesión al bien en sí mismo –más allá de los efectos patrimoniales que pudiera tener– y con
fundamento colectivo. En otras palabras, por daño moral colectivo puede entenderse aquella minoración en la tranquilidad anímica, espiritual o en su integridad que
sufre la comunidad en su totalidad y que es equivalente a una lesión a intereses colectivos no patrimoniales.
Quienes se oponen a esta idea, le imputan la dificultad que implica la estimación cuantitativa del daño
moral colectivo, su dificultad probatoria y la idea de que se lucre con el dolor humano. Argumentos que
también fueron dados para contrarrestar el ya establecido daño moral individual. Otros puntos que
resaltan son la falta de precedentes judiciales y la inseguridad jurídica que esta categoría de daño moral
acarrearía.
Respecto al daño moral ambiental, sabemos que el ambiente es un bien de carácter común y colectivo. La lesión al mismo es susceptible de generar una condena
indemnizatoria por daño moral colectivo, sumado a la recomposición del daño ambiental, tal como lo veremos en la unidad correspondiente. Es importante tomar en
cuenta que existe un interés legítimo general en satisfacer necesidades humanas colectivas, no simplemente en relación a los recursos naturales, sino también en
orden a proteger las sensaciones psicológicas, estéticas y estados de ánimo en función de la belleza del paisaje, la calma del entorno y el equilibrio natural de la
[32] Art. 43, Ley 24430 (1994). Constitución de la Nación Argentina. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado de https://bit.ly/3aQRahW
La cuestión de los daños producidos en el ámbito laboral está regulada por un régimen especial tarifado que, en principio, cubriría todos los daños del trabajador,
sin posibilidad de solicitar un monto mayor. Sin embargo, existen muchas aristas que analizar, dada la producción doctrinal y jurisprudencial que este tema ha
suscitado.
Prueba del daño moral
La prueba del daño moral también origina ciertas controversias doctrinales. Una primera postura considera que la prueba del daño moral difiere en caso de que el
mismo provenga de un ilícito (responsabilidad extracontractual) o de un incumplimiento obligacional (responsabilidad contractual u obligacional). De acuerdo con
esta tesitura, en el primer caso el daño moral se presumiría, mientras que, en el segundo, la presunción no operaría, ya que es la prueba contundente un requisito
ineludible. Con la unificación del régimen, el problema queda superado.
Esto no podría ser de otra manera, pues la etiología del daño no debería tener incidencia en la cuestión probatoria. En ambas órbitas, el daño moral actúa de igual
manera y debe ser valorado y tratado de igual manera.
No puede ser tratado de diferente modo el peatón que se ve lesionado por el ómnibus que lo atropella, que tendría origen ilícito, que el pasajero que sufre el daño
dentro del ómnibus, que tendría basamento en el contrato de transporte. Si ambas víctimas sufren daños que puedan compararse fácticamente, nada indica que el
tratamiento deba ser diferenciado. No parece lógico.
En todos los casos, por la aplicación de los principios de prueba, el daño moral debe probarse, en principio,
por quien lo alega, sin más consideraciones respecto de su origen.
Dada la dificultad de producir una prueba directa sobre el perjuicio padecido (que es interno y que no implica necesariamente lágrimas o una exteriorización
estereotipada) se considera que la prueba es indirecta y que surge de los indicios y las presunciones hominis; y se tiene en cuenta el evento dañoso y las
características del caso. De tal modo puede determinarse la existencia del daño moral, la magnitud o, en su caso, la inexistencia del mismo.
En cuanto a la carga de la prueba del daño moral, en el nuevo Código –conforme al artículo 174433– se impone que todo daño deba ser acreditado por quien lo
invoca, excepto imputación, presunción legal o notoriedad (son ejemplo de esta presunción los gastos médicos del artículo 1746 del CCC).
[33] Art. 1744, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Con base en ello, la carga probatoria del daño moral recae invariablemente sobre el actor, quien deberá acreditarlo mediante demostración activa cuando se afecte
un bien de naturaleza patrimonial. Opuestamente, cuando la afectación recaiga en un bien de entidad extrapatrimonial (artículo 1740, segundo supuesto del CCC de
la Nación), estará asistido por una presunción hominis, que deberá ser desvirtuada por el accionado si pretende contrarrestar la pretensión ejercida.
El daño moral no es susceptible de prueba directa, sino que resulta acreditado a partir de presunciones. Partiendo del hecho conocido y
acreditado el siniestro y sus circunstancias - se deriva el padecimiento de daño moral de la víctima, aunque tal presunción no alcanza al quantum
por lo que corresponde analizar el pretendido por la parte accionante, ponderando las concretas modificaciones disvaliosas de su espíritu en que
[34] C. Apel. Civ. y Com. Córdoba, 7ma nominación, “Zalazar, Marcos c/ Campos, Ramona Elvira y otro - Ordinario - Daños y perj. - Accidentes de
Para graficar lo complejo de la tarea relacionada con la cuantificación del daño moral, se trabajan casos problemáticos citados por la jurisprudencia.
Evaluar el daño moral significa medir el sufrimiento humano. Esto no sólo es imposible de hacer en términos cuantitativamente exactos, sino que
es una operación no susceptible de ser fijada en términos de validez general o explicada racionalmente. Cada juez pone en juego su personal
sensibilidad para cuantificar la reparación, la cantidad de dinero necesaria para servir de compensación al daño. Es la que sugiere caso por caso
su particular apreciación y comprensión del dolor ajeno.
...La estimación del quantum del daño moral no se rige sólo por parámetros objetivos, sino -esencialmente- por razones de equidad y prudencia, y
por lo tanto no es razonable exigir a los juzgadores que viertan motivos objetivos para justificar su personal sensibilidad. No obstante, puede ser
materia de análisis sólo cuando la condena apareciera como notoriamente injustificada [destacado añadido]35.
[35] T. S .J. de Córdoba, Sala Civil y Comercial, “Zarate, Ricardo c/ Alonzo, Jerónimo y otro- Ordinario- Daños y perj.- Accidentes de tránsito- Recurso de
En relación a la cuantificación del daño moral la tarea es ardua, pues la propia jurisprudencia señala lo dificultoso del camino. Así por ejemplo se dijo que:
“En lo concerniente al quantum resarcitorio por daño moral otorgado a la víctima, el Tribunal Superior de Justicia "aconseja como una buena
metodología, en una materia de indiscutida imprevisibilidad, colocar el monto indemnizatorio del daño moral en una valoración de contexto con
otras indemnizaciones más o menos de tenor parecido y que hayan sido dictadas por los tribunales de la misma instancia al interviniente" (Cfr.
TSJ, Sala Civil y Comercial, Sent. 44 del 20/06/06, en autos "López Quirós c/ Citibank). No obstante, sin ánimo de apartamiento a dicha pauta
jurisprudencial, esa orientación, además de resultar incongruente con las facultades discrecionales con las que cuenta el juzgador para
cuantificar el resarcimiento por daño moral, va a contramano con los últimos pronunciamientos de la Corte Suprema de la Nación tendientes a
evitar la fijación de limitaciones que, en definitiva, implican alterar los derechos reconocidos por la Constitución Nacional [Negritas añadidas]36.
[36] C. Apel. Civ. y Com. Córdoba, 7ma. nominación, “Zalazar, Marcos c/ Campos, Ramona Elvira y otro - Ordinario - Daños y perj. - Accidentes de
Con la entrada en vigencia del Código Civil y Comercial nuestra jurisprudencia viene señalando lo siguiente:
A fin de determinar la cuantificación del daño moral y habiendo entrado en vigencia del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, el cual
denomina al daño moral “consecuencias no patrimoniales”, corresponde tomar en cuenta el nuevo parámetro para la cuantificación de la
indemnización fijado en el art. 1741 in fine. Dicha norma resulta de aplicación debido a que la cuantificación del daño debe efectuarse según la
ley vigente en el momento en que la sentencia determina su medida o extensión. La indemnización le implica al actor la posibilidad adquirir bienes
o servicios que le ayude a compensar la desmejoría padecida en el aspecto espiritual, sustentado en la razonabilidad del monto establecido para
[37] C. Apel. Civ. y Com. Córdoba, 8va. nominación, “Cañete, Abel Nicolás c/ Radiodifusora del Centro S.A. - ordinario - daños y perjuicios - otras formas
Tampoco se afectaron posibilidades de ascenso, mejoras de las condiciones, ni ningún otro rubro que permita concluir respecto a la una afectación de ingresos o
posibilidades de mejorar su condición en el mercado laboral.
Sin embargo, luego del accidente y como consecuencia de este siniestro, padece una patología que afecta su rodilla izquierda y, según el médico legista, implica
una incapacidad del 20%. Esto también afectó el espíritu y la forma de sentir de la víctima, quien padece de estrés postraumático.
La primera pregunta que nos hicimos es si debe ser resarcido el Sr. Tapia. La respuesta es afirmativa en tanto y en cuanto se pruebe la existencia del daño y los
demás presupuestos de la responsabilidad civil.
El segundo interrogante es en concepto de qué tipo de daño debe ser indemnizado, dado que no existió merma económica derivada del mercado laboral.
En cuanto al daño resarcible, hemos podido estudiar en la lectura que existen en esta clasificación dos tipos de daños: el patrimonial y el extrapatrimonial. El
primero implica una lesión con consecuencias patrimoniales, mientras que el segundo implica una lesión al espíritu con consecuencias no patrimoniales.
En el caso del daño material, puede ser a título de pérdida de chance, con la consecuente reducción del monto indemnizatorio resultante de la aplicación de la
fórmula Marshall, relegando a la esfera extra patrimonial la repercusión disvaliosa en actividades provechosas no rentadas; o bien, por el contrario; a título de lucro
cesante amplio, comprensivo no sólo de la proyección patrimonial dañosa en el ámbito laboral, sino también de una multiplicidad de ventajas con significación
pecuniaria, no estrictamente productivas.
En la lectura hemos aprendido que debe distinguirse entre el daño como lesión de uno o más derechos (daño-lesión) y el daño en tanto consecuencia dañosa en un
patrimonio o una esfera espiritual (daño-consecuencia). Debemos conjugar el artículo 1737 que establece un concepto de daño, expresamente cuando dice “se
lesiona”38; aparece la idea de daño-lesión, en cuanto implica un detrimento del derecho o el interés. Ahora bien, esa lesión será indemnización en cuanto tenga
consecuencias, tal como señala el artículo 173839 del CCC, en cuanto comprende los diferentes supuestos de daño material o moral. De tal modo que el daño-
lesión equivale al conjunto de todos los menoscabos o detrimentos que ha padecido una persona a partir del hecho dañoso. Pero solo una parte de ese daño
material o físico resulta jurídicamente relevante, puesto que el derecho únicamente reconoce carácter resarcible a un segmento de él, que en el nuevo
ordenamiento está demarcado por los artículos 1726, 1727 y 1728 del CCC. El daño resarcible, es decir, el daño enfocado desde el punto de vista jurídico, es
[38] Art. 1737, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
[39] Art. 1738, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
[40] Art. 1737, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
En el caso práctico, el señor Tapia no experimentó pérdida alguna que pueda traducirse en un daño patrimonial, pues su salario no fue disminuido, no perdió
posibilidades de ascenso, y tampoco se alega la imposibilidad de acceder al mercado laboral. De allí que sea complicado conectar el daño-lesión con una
consecuencia patrimonial indemnizable relacionada con una limitación laboral, pues no hay una pérdida efectiva ni una ganancia frustrada.
Sin embargo, hemos estudiado que el artículo 174641 del CCC regula que, en caso de lesiones o incapacidad permanente física o psíquica, total o parcial, la
indemnización debe ser evaluada mediante la determinación de un capital, de tal modo que sus rentas cubran la disminución de la aptitud del damnificado para
realizar actividades productivas o económicamente valorables, y que se agote al término del plazo en que razonablemente pudo continuar realizando tales
actividades. La norma estatuye que se tendrá en cuenta, como elemento para el cálculo de la indemnización aplicando la fórmula, a las actividades productivas o
económicamente valorables. Pero, según el paradigma de la reparación integral, ya no es posible equiparar la situación laboral a la productiva, pues la incapacidad
permanente, en cualquier grado que sea, cercena las posibilidades o aptitudes que una persona tiene para la realización de sus actividades cotidianas, que son
susceptibles de una valoración económica en concepto de chance.
[41] Art. 1746, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
La incapacidad apreciable patrimonialmente no es solo la directamente productiva, sino que también debe ponderarse su incidencia disvaliosa en los diferentes
ámbitos en los cuales la persona se desenvuelve. Si bien el Señor Tapia no sufrió la reducción del sueldo, ni haber perdido las posibilidades de ascenso o de
realizar horas extras en virtud de las lesiones sufridas, existen secuelas incapacitantes que pueden afectar su posibilidad de desarrollar actividades extralaborales
propias de la vida cotidiana. Esto, calificado como “incapacidad vital”, permite indemnizar a la víctima por pérdida de chance derivada de la incapacidad resultante
del accidente en cuestión.
En caso de resarcir daño moral, ¿cómo debe valorarse? ¿Cómo debe cuantificarse? El CCC introduce
como novedad un cambio de denominación del “daño moral” al cual denomina “daño a las afecciones
espirituales legítimas” (artículo 173842 del CCC). Se trata de un “daño espiritual” situado entre el
espíritu y la mente (psique), de allí que sea muy compleja su valoración. Este daño procede cuando se
demuestra el menoscabo que sufre una persona en su bienestar espiritual o psíquico, que puede ser
traducido en tristeza, dolor, amargura, inseguridad, angustia, etcétera, como consecuencia de la
vulneración de un derecho o interés generado por un hecho antijurídico.
[42] Art. 1738, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Lo anteriormente expuesto también permite indicar lo complejo de su cuantificación, e incluso existen diversas teorías al respecto, pero el Código Civil y Comercial
expresa en el artículo 1741 que:
El monto de la indemnización debe fijarse ponderando las satisfacciones sustitutivas y compensatorias que pueden procurar las sumas
reconocidas. Esto quiere decir que para la fijación del quantum ha de tenerse en cuenta su carácter resarcitorio, la índole del hecho generador de
la responsabilidad y la entidad del sufrimiento causado, como así también que no tiene necesariamente que guardar relación con el daño material
[43] Art. 1741, Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Sin olvidar que la cuantificación del daño moral constituye una de las tareas más difíciles, el Código entiende que lo más adecuado es utilizar un modelo donde
aparezca una fuente que permita trocar el sufrimiento por alegría o placer y producir nuevamente la armonización perdida; encontrar un sucedáneo al estado
negativo del sujeto que prevalezca y se vuelva estable en situación de dominación respecto de la estructura en que interactúa; hallar causas externas que
produzcan placeres y alegrías que logren compensar los padecimientos sufridos: remedios para la tristeza y el dolor (el descanso, las distracciones, las
diversiones, los juegos, escuchar buena música, los placeres de la gastronomía, etcétera). Todo ello se ve reflejado en los principios consagrados en el artículo
Referencias
C. Apel. Civ. y Com. Córdoba, 7ma. nominación, “Zalazar, Marcos c/ Campos, Ramona Elvira y otro - Ordinario - Daños y perj. - Accidentes de tránsito”. Expte.
915155/36, sentencia n° 18 (22/3/2016).
C. Apel. Civ. y Com. Córdoba, 8va. nominación, “Cañete, Abel Nicolás c/ Radiodifusora del Centro S.A. - ordinario - daños y perjuicios - otras formas de
responsabilidad extracontractual”. Expte. 2438870/36, sentencia n°3 (23/2/2017).
Calvo Costa, C. (2015). Daño resarcible. Su concepción a la luz del Código Civil y Comercial. En Revista de responsabilidad civil y seguros. Año 17 (4), pp. 81-94.
Comisión Reformadora. (2012). Anteproyecto de Código Civil y Comercial de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/32k5pZ7
Ley 340. (1871). Código Civil de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de: https://bit.ly/3ghU5S1
Ley 24430. (1994). Constitución de la Nación Argentina. Honorable Congreso de la Nación Argentina. Recuperado de https://bit.ly/3aQRahW
Ley 26994. (2014). Código Civil y Comercial de la Nación. Honorable Congreso de la Nación. Recuperado de https://bit.ly/3hx1MFe
Lorenzetti R. L. (1996). Responsabilidad colectiva, grupos y bienes colectivos. En La Ley. 1996 (D) 1058.
Picasso, S. (2015). Código Civil y Comercial de la Nación Comentado. Tomo VIII. Buenos Aires, Argentina: Rubinzal Culzoni.
Pizarro, R. D. y Vallespinos, C. G. (2014). Compendio de derecho de daños. Buenos Aires, Argentina: Hammurabi.
T. S. J. de Córdoba, “Ceballos, Lucas Ramón c/ Rubiano Silvana del Valle – ordinario- recurso de Casación”. Expte. 580842, sentencia n° 154 (27/11/2018).
T. S .J. de Córdoba, Sala Civil y Comercial, “Zarate, Ricardo c/ Alonzo, Jerónimo y otro- Ordinario- Daños y perj.- Accidentes de tránsito- Recurso de casación".
Expte. 866822/36. Sentencia n° 3 (10/2/2015).