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Central Atucha

El documento explora la introducción de la filosofía en la educación infantil, destacando su viabilidad y beneficios. Se describen métodos de enseñanza que permiten a los niños participar activamente en discusiones filosóficas y experimentar situaciones que fomentan la curiosidad y el pensamiento crítico. Se enfatiza que la filosofía no debe ser vista como un adoctrinamiento, sino como un camino de exploración y reflexión personal.

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El documento explora la introducción de la filosofía en la educación infantil, destacando su viabilidad y beneficios. Se describen métodos de enseñanza que permiten a los niños participar activamente en discusiones filosóficas y experimentar situaciones que fomentan la curiosidad y el pensamiento crítico. Se enfatiza que la filosofía no debe ser vista como un adoctrinamiento, sino como un camino de exploración y reflexión personal.

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Niños Filósofos en el Jardín

Trayectos
, N°8, Diciembre 2006>

Niños filósofos en el Jardín

Suele considerarse a la filosofía como una disciplina laboriosa, lejos del alcance de los niños
pequeños. Sin embargo, desde los comienzos mismos de su historia ha habido filósofos que
promovieron su práctica por parte de los niños. Actualmente algunos establecimientos
públicos y privados han abierto sus puertas a la filosofía desde el Nivel Inicial. Aquí ofrecemos
una somera caracterización de ese trabajo, exploramos sus objetivos y proponemos, a modo
de ejemplo, algunas actividades para realizar en el aula.

El espacio de Filosofía

Ingresamos, imaginariamente, a una sala de niños de cinco años. Vemos que los chicos y la
docente están sentados en ronda, en el piso. Se los nota concentrados, interesados en lo que
se está diciendo. A diferencia de lo que sucede tantas veces en la sala, en este caso quien
habla no es la docente, sino uno de los chicos. Cuando algunos quieren interrumpirlo, para
acotar algo, la maestra les pide que esperen, que dejen que quien está hablando pueda
terminar; les recuerda a todos que cada uno va a tener su posibilidad de decir lo que piensa
sobre el tema.

Quien habla es Martín, y lo que cuenta parece resultarle muy extraño, a juzgar por el énfasis
que pone en su relato. ¿Sobre qué habla? Sobre los sueños. En realidad, sobre algo puntual
que le sucedió algunas noches atrás. “Yo estaba jugando con mi papá y mi hermana, en la
plaza, y me agarraron muchas ganas de hacer pis. Mi hermana se enojó, me dijo que tenía
que haber hecho antes, que ahora nos teníamos que ir de la plaza por mi culpa. Mi papá
también se enojó un poco, pero me dijo que por esta vez podía hacer detrás del árbol.
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Entonces me puse a hacer pis contra el árbol... y ... “. “¡Te hiciste pis en la cama!”, lo
interrumpe Joaquín, riéndose. Martín se queda serio un instante, mete la cabeza entre las
manos y comienza a hacer con la cabeza un gesto afirmativo. Todos se ríen, incluso Martín.
La docente les pregunta a todos: “¿Alguna vez les pasó algo como lo que contó Martín?”.
Instantáneamente, la mayor parte de los chicos y chicas levantan la mano. La señorita les va
dando la palabra y comienzan a contar sus historias. En un momento, la maestra pregunta,
“¿por qué creen que pasa eso?” Más adelante preguntará también: “¿Será posible que ahora,
en lugar de estar acá, despiertos, estemos acostados, en casa, soñando que vinimos al
jardín?”.

A aquellos docentes que hayan leído algo de filosofía (en la escuela, en el Profesorado o por
propia motivación), quizá el tema que se está desarrollando en la sala les resulte conocido. En
efecto, filósofos como Descartes, Leibniz, Bergson, entre tantos otros, se plantearon esta
cuestión de la dificultad -o imposibilidad- de distinguir el sueño de la vigilia. ¿Podemos decir, a
partir de esto, que los chicos de esta sala están “filosofando”?

¿A qué llamamos “filosofía”?

Una de las primeras cuestiones que hay que tener en cuenta al plantear la posibilidad de un
encuentro entre la filosofía y los niños es a qué nos referimos cuando hablamos de filosofía.
Porque, claramente, si pensamos que sólo puede ser filósofo alguien capaz de leer,
interpretar, explicar textos de los filósofos consagrados por la tradición, muy difícilmente los
chicos encontrarán un lugar en ella (del mismo modo que tampoco lo encontrarían muchos
adultos no entrenados para ese tipo de tarea específica). En cambio, si pensamos a la
filosofía como un camino de búsqueda de problemas, planteos y soluciones provisorias a
ellos, realizadas desde la propia situación –como la han entendido numerosos filósofos, entre
ellos Sócrates, Epicuro, Montaigne- no vemos por qué no puede incluirse en ella con total
legitimidad lo realizado por los chicos.

Cuando hablamos de trabajar en Filosofía con Niños no nos referimos, entonces, a una suerte
de adoctrinamiento en una filosofía en particular ni a un recorrido (adaptado para su edad) por

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la Historia de la Filosofía. Pensamos, en cambio, en una práctica filosófica, en que los chicos
tengan la posibilidad de ocupar el lugar de filósofos y de entregarse al placer de la experiencia
de filosofar.

¿Cómo son las clases de filosofía?


Habitualmente las clases de filosofía tienen una duración de 30 o 40 minutos y se desarrollan
una vez por semana. En general se trabaja con dos tipos diferentes de clases. Por un lado
aquellas que llamamos “clases de discusión con novela filosófica” y, por otro, las
denominadas “clases de experimentación filosófica”.

Clases de discusión con novela filosófica

Son clases en las que tiene lugar una discusión entre los chicos que toma como punto de
partida un texto leído al inicio de la clase. En estos casos, los chicos se sientan en ronda y la
docente lee un relato (en general, un episodio de una novela especialmente preparada para
este trabajo). Luego los niños dicen acerca de qué cuestión de las que aparecían en el relato
quieren conversar, y se desata la discusión. Durante ella la labor de la docente consiste
fundamentalmente en ayudar a los chicos a expresarse con claridad, contribuir a que haya un
buen nivel de escucha, facilitar el contacto entre aquello que dice un chico y lo que dice otro y,
finalmente, generar problemas a partir de lo que se va diciendo, de modo que los niños
puedan intentar resolverlos juntos.

Se trata, entonces, de un trabajo muy exigente, porque implica estar muy abiertos a lo que
dicen los niños y a la posibilidad de que desde allí pueda ir construyéndose un conocimiento.
Pero es un trabajo que es diferente de aquel más frecuente en el que es la docente la que
guía la producción de los chicos hacia un objetivo en particular. Aquí su lugar es el de auxiliar
de los chicos. Está allí para colaborar con ellos, no para señalar el camino “correcto” o para
afianzar las posturas que considere más convenientes.

En algunas ocasiones, en las clases de discusión el texto es reemplazado por otro tipo de
material (película, canción, poema, etc.), pero la dinámica continúa siendo semejante a la de
aquellas en las que se emplea una novela filosófica.

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Clases de experimentación filosófica

Son clases en las que se pretende que los chicos puedan entrar en contacto con una situación
que despierte en ellos una suerte de “sensibilidad” filosófica, ligada a la curiosidad, la
incertidumbre, la creación conceptual, la acogida a lo imprevisto, la apertura a lo múltiple.

Los recursos empleados para introducir a los chicos en esa situación pueden ser muy
variados (una película, una exposición de artes plásticas, un juego, etc.). También son
diversas las actividades que se desarrollan (trabajos de producción individual o grupal; gráfica
o verbal; con puesta en común o no, etc.). Como en el caso de las clases de discusión,
también aquí la docente estimula y acompaña la experiencia de los chicos, pero no la realiza
ella misma, ni exhibe modelos de una realización “correcta”.

¿Qué esperamos y qué no de las clases de filosofía?

Entre otras cosas, pretendemos:


 Fortalecer el pensamiento y la acción autónoma de los niños en relación con los
adultos.

 Incrementar los vínculos (afectivos y cognoscitivos) entre los niños que participan de la
experiencia.

 Alimentar actitudes de problematización, cuestionamiento, reflexión, comunicación,


indagación, creación conceptual.

 Acompañar el crecimiento singular de cada niño y el crecimiento de la comunidad de la


que forman parte.

Más allá de esto que pretendemos quizá sea conveniente aclarar algunas cosas que no están
dentro de nuestros objetivos, para evitar malentendidos.

El espacio de filosofía no es un espacio de “terapia grupal” para niños, no está destinado a


que los chicos aborden allí conflictos que puedan surgir entre ellos. Esto no quiere decir que,

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en algunas ocasiones no pueda darse una discusión que, de modo indirecto, contribuya a una
solución de un conflicto. Por otro lado, indudablemente un trabajo a largo plazo como el que
proponemos contribuirá a que los conflictos sean menos usuales y a que, aquellos que
emerjan, puedan ser abordados de un modo más reflexivo.

Tampoco se trata de un lugar para que los chicos “se expresen”, de modo catártico, y sólo
eso. Nosotros trabajamos en favor de que cada niño pueda mejorar su nivel de expresión y
que pueda animarse a expresar sus puntos de vista ante los demás. Pero la expresión de los
niños es el punto de partida de nuestro trabajo y no su conclusión. No nos alcanza con que un
chico dé su parecer, sino que pretendemos que, con ayuda de sus compañeros, pueda
evaluar la solidez de dicha postura (en qué supuestos se apoya, qué consecuencias implica,
qué alternativas a ella conviene considerar, etc.).
Finalmente, queremos apartarnos de dos calificaciones que suelen acompañar a la labor de
los filósofos (y no sólo de los “niños filósofos”). La de que quienes se dedican a la filosofía son
“conflictivos” o “conflictuados”. Pretender que los chicos sean capaces de encontrar o generar
problemas filosóficos no significa que aspiremos a que se conviertan en seres incapaces de
decidir en situaciones cotidianas. Que sean capaces de cuestionar mejor tampoco conlleva
que se conviertan en personajes conflictivos. Justamente, algo que se trabaja en filosofía es
cómo ser capaces de cuestionar lo dado (por otros, pero también por el propio chico que
cuestiona) para ponerlo a prueba, para ver su solidez, y no para molestar a quien lo sostiene.
Por otra parte, se trata de cuestionamientos que se realizan a partir de fundamentos
explícitos.

¿Qué se requiere para hacer filosofía con los chicos?


Ante todo, una gran capacidad para recibir aquello que los chicos producen; una enorme
disposición para hacer lugar a lo imprevisto, a aquello que pueda descolocar nuestra postura
como adultos y docentes. También es importante tener una cierta inclinación por la
problematización más que por las respuestas rápidas y simples.

De un modo más específico, resulta conveniente leer material teórico sobre el tema, intentar
acercarse a alguna institución en la que se desarrolle el proyecto, para poder ver cómo

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funciona en la práctica y, de ser posible, realizar algún tipo de capacitación al respecto (en la
Ciudad de Buenos Aires uno de los lugares en los que hay capacitación permanente en
Filosofía con Niños es el Centro Cultural Rojas).

Ejemplo para una clase de discusión:


Para una clase de discusión, tomemos el siguiente relato:

Cuando llueve, no podemos salir al patio. Bah, en realidad podemos, pero a la señorita no le
gusta, porque dice que nos podemos enfermar. Yo estuve enfermo varios días, y al patio no
había salido. Bueno, salí, pero no llovía. Y cuando llovía no salí. ¿Y todo para qué, si igual me
enfermé?

Los que no se enferman nunca son los sapos, por eso pueden andar todo el día bajo la lluvia
sin que les pase nada. Desde la ventana de nuestra sala se ve un pedacito de jardín y,
algunas veces vemos pasar a los sapos.

A mí no me gustaría ser sapo aunque pudiera jugar bajo la lluvia. Yo prefiero ser persona. O
pájaro. O delfín. Pero sapo, no. ¿Por qué no? Porque me da miedo que algunos chicos no me
quieran y me molesten. A los pájaros no los molesta nadie; y si los molestan, a ellos no les
importa porque salen volando y listo. A los delfines tampoco los molesta nadie, porque están
en el medio del océano y son muy rápidos. A las personas sí las molestan. Pero no importa,
porque le pueden contar a la señorita. Pero los sapos, ¿a quién le cuentan si alguien los
molesta?

Una vez leído el relato, les pedimos a los chicos que digan qué les interesó de él, sobre qué
les gustaría conversar. Recordemos que lo que buscamos no es llevarlos a una postura en
particular (por ejemplo, “enseñarles que no hay que molestar a los sapos”, o que “las
maestras siempre tienen una buena razón para permitirnos o prohibirnos hacer algo”). Lo que
queremos es que sean ellos los que piensen por sí mismos en la cuestión que elijan.

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Luego de seleccionarse el tema a discutir, tratamos de encontrar un problema ligado a él. Es
bastante probable, en realidad, que ya en la intervención de los chicos se haya señalado
algún aspecto problemático. A partir de él vamos formulando preguntas para que los chicos
puedan ahondar en su propia perspectiva. Con este texto quizá surjan algunos de los
siguientes temas:

 ¿Siempre tienen razones las señoritas (o los adultos en general) cuando nos dicen que
no hagamos algo?

 ¿Por qué se enferman las personas?

 Los animales, ¿también se enferman?

 ¿Sería lindo ser algún otro animal?

 ¿Es verdad que a los pájaros y a los delfines no los molesta nadie?

 ¿Por qué algunas personas molestan a otros animales?

 ¿Por qué algunas personas molestan a otras?

 ¿Por qué algunas veces molestamos a otros (personas o animales)?

 ¿Qué podemos hacer si alguien nos molesta?

 ¿Pueden molestar los animales?

Recordemos que al final de la clase puede haber varias posturas sobre cada tema. Lo
importante no es cuántas hay sino de qué modo fueron hallando sustento a lo largo de la
discusión.

Ejemplo para una clase de experiencia filosófica:

Para una clase de “experiencia filosófica” podemos ir a un museo y plantear algún tema de
reflexión a partir de lo que allí vemos. Si se trata de un museo de arte, podemos plantear el
tema en relación con la problemática tomada por las obras (el amor, el dolor, el miedo, la

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alegría, por ejemplo), con el estilo de la corriente a la que pertenecen esas obras (por
ejemplo, tomar el tema de la abstracción o la expresividad) o con las técnicas o materiales
empleados (ver qué hace que un material corriente se transforme en parte de una obra de
arte; trabajar conceptualmente en relación con la luminosidad o las magnitudes de una obra,
etc.). Si, en cambio, se trata de un museo de ciencias naturales las cuestiones a trabajar
podrán tener que ver con la relación entre la vida humana y la de resto de los animales (si en
el museo hay fósiles de dinosaurios se puede tomar el tema del tiempo o de la extinción de
una especie).

Lo importante es generar un espacio de asombro, inquietud, incertidumbre que movilice el


pensamiento propio tanto de modo individual como comunitario.

A modo de cierre

Como viene sucediendo desde hace cerca de treinta siglos, la filosofía apuesta por el
desarrollo de un pensamiento crítico, creativo, sensible. En nuestro caso, esa apuesta
comienza a llevarse a cabo con niños pequeños que están formando hábitos de pensamiento,
valoración y acción. Niños con un pensamiento sólido serán capaces de vivir de un modo más
rico su infancia; adultos con una infancia rica serán capaces de construir una sociedad mejor.

Para leer más

Textos teóricos:
Santiago, Gustavo (2006) Filosofía, niños, escuela. Trabajar por un encuentro intenso.
Paidós. Buenos Aires.
Santiago, Gustavo (2002). Filosofía con los más pequeños. Novedades Educativas. Buenos
Aires.

Textos con relatos para niños:


Santiago, Gustavo (2002). El libro de las tortugas. Novedades Educativas. Buenos Aires.

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Santiago, Gustavo (2001). Filomeno y Sofía. Novedades Educativas. Buenos Aires.
Santiago, Gustavo (2007). Juguemos a pensar. Ediba. Bahía Blanca.
Santiago, Gustavo (2009). Juguemos a pensar 2. Ediba. Madrid.

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