Desarrollo prenatal
¿Qué factores afectan a los niños antes del nacimiento?
Durante el periodo más temprano del desarrollo prenatal (la etapa de desarrollo que
abarca de la concepción al nacimiento) el huevo fertilizado se divide e inicia el proceso
que, apenas en nueve meses, lo transformará de un organismo unicelular en un complejo
ser humano. Las células en división forman una bola hueca que se implanta en la pared del
útero. Dos semanas después de la concepción, las células comienzan a especializarse:
algunas formarán los órganos internos del bebé, otras formarán músculos y huesos, y otras
darán origen a la piel y el sistema nervioso. El organismo en desarrollo ha dejado de ser
una masa indiferenciada de células y ahora se denomina embrión.
La etapa embrionaria termina tres meses después de la concepción, cuando inicia la etapa
fetal. En este punto, aunque sólo mide una pulgada, el feto se asemeja mucho a un ser
humano, con brazos y piernas, una cabeza grande y un corazón que ha empezado a latir.
Aunque ya puede mover varias partes del cuerpo, es probable que pase otro mes antes de
que la madre sienta esos movimientos.
Un órgano llamado placenta nutre al embrión y al feto. Dentro de la placenta, los vasos
sanguíneos de la madre transmiten sustancias nutritivas al embrión o al feto y eliminan los
productos de desecho. Aunque la sangre de la madre nunca se mezcla con la de su hijo
nonato, los agentes tóxicos que ella come, bebe o inhala (conocidos como teratógenos)
pueden cruzar la placenta y comprometer el desarrollo del bebé (Roy, Seidler y Slotkin,
2002; Wass, Simmons, Thomas y Riley, 2002). Las enfermedades también pueden cruzar la
placenta e infectar al feto, a menudo con resultados desastrosos.
Muchas sustancias potencialmente nocivas tienen un periodo crítico en que es más
probable que tengan un efecto importante en el feto. En otros momentos, la misma
sustancia puede no tener efecto alguno. Por ejemplo, si una mujer contrae rubéola en los
primeros tres meses de embarazo, los efectos pueden ir de la muerte del feto a sordera en
el niño. Sin embargo, si la rubéola es contraída durante los últimos tres meses de
embarazo es improbable que cause un daño serio al feto porque ya ha pasado el periodo
crítico para la formación de las principales partes del cuerpo.
Es más probable que el embarazo tenga un resultado favorable cuando la madre recibe
buena nutrición y una atención médica adecuada, y cuando evita la exposición a
sustancias nocivas para su bebé, incluyendo el alcohol y la nicotina. El alcohol es la droga
de la que abusan con más frecuencia las mujeres embarazadas, con consecuencias
devastadoras (Riley et al., 2003). Las mujeres embarazadas que consumen grandes
cantidades de alcohol corren el riesgo de dar a luz a un niño con el síndrome de
alcoholismo fetal (SAF), una condición carac terizada por deformidades faciales, defectos
cardiacos, atrofia del crecimiento y deterioros cognoscitivos (Mattson, Riley, Gramling,
Delis y Jones, 1998; Shaffer, 1999). Incluso cantidades pequeñas de alcohol pueden causar
problemas neurológicos (Hunt, Streissguth, Kerr y Olson, 1995; Shriver y Piersel, 1994).
Ésta es la razón por la que los médicos recomiendan que las mujeres embarazadas y las
que tratan de embarazarse se abstengan por completo de beber alcohol.
También es prudente que las mujeres embarazadas eviten fumar. El tabaquismo reduce el
suministro de oxígeno al feto, hace más lenta su respiración y acelera el latido cardiaco.
Esos cambios están asociados con un riesgo significativamente mayor de aborto
espontáneo (Ness et al., 1999). Sólo en Estados Unidos, el tabaquismo es la causa de más
de 100,000 abortos espontáneos al año. Los bebés de madres fumadoras también son más
proclives a registrar bajo peso al nacer, lo que pone al niño en riesgo de sufrir otros
problemas del desarrollo (DiFranza y Lew, 1995).
El creciente estrés psicológico y la forma de enfrentarlo durante el embarazo también
parece relacionarse con la salud del recién nacido. Por ejemplo, un estudio (Rini, Dunkel-
Schetter, Wadhwa y Sandman, 1999) encontró que los riesgos de dar a luz un bebé
prematuro y de bajo peso eran más altos en madres con baja autoestima que se sentían
pesimistas, estresadas y ansiosas durante el embarazo.
Las diferencias en el acceso a la buena nutrición y la atención de la salud ayudan a explicar
por qué la tasa de mortalidad infantil en Estados Unidos es dos veces mayor para los
afroamericanos que para los blancos (vea la figura 9-1; Singh y Yu, 1995). Un porcentaje
mucho más alto de afroamericanos vive en la pobreza y para los pobres es mucho más
difícil comer una dieta saludable y ver al médico regularmente durante el embarazo
(Roussy, 2000; Aved, Irwin, Cummings y Findeisen, 1993).