TEMA 7.
TEXTOS DESCRIPTIVOS
1. Definición de descripción
Según el DRAE, describir es «representar a personas o cosas por medio del
lenguaje, refiriendo o explicando sus distintas partes, cualidades o
circunstancias». Lo que se representa abarca pues un abanico muy amplio, pues
por «cosas» cabe entender objetos, pero también ambientes y acciones. En
realidad, cualquier objeto de la realidad, todo lo que percibimos es susceptible
de ser descrito. Además, los aspectos del mundo psíquico (sentimientos,
sensaciones, emociones y productos de la fantasía) también pueden ser objeto
de descripción. La descripción puede partir de una consideración real o ser fruto
de la imaginación del que describe. Para proporcionar detalles de personas
animales, cosas, lugares o emociones, debe utilizarse un lenguaje con profusión
de sustantivos y adjetivos, complementos del nombre, oraciones subordinadas
adjetivas, aposiciones y adverbios y proposiciones adverbiales de lugar, tiempo
y modo. Además, la forma de describir puede llevarse a cabo de forma muy
diversa: se puede ser sucinto o hacer una descripción exhaustiva.
Schöckel distingue tres fases en el proceso descriptivo: la observación, la
reflexión y la expresión. El autor tiene que observar previamente lo que se
pretende describir. Así pues, observar, entendido como mirar con atención, es el
primer paso para efectuar una buena descripción. Una vez observado el objeto,
se pasa a realizar una reflexión, considerando los datos recibidos y valorándolos,
entresacando lo esencial y obviando los detalles superfluos. Puesto que la
descripción no es una fotografía, debe hacerse una selección evitando ser prolijo.
Lo que se describe queda mediatizado (enfatizado o minimizado) por el punto de
vista del autor. La última fase es la búsqueda de una expresión adecuada, para
lo cual es recomendable elaborar un plan de trabajo en el que se organice el
material recogido en las fases previas, antes de dar una forma definitiva a la
descripción. Por ello, es recomendable elaborar un guion que ayude a crear una
presentación ordenada y coherente.
2. Tipos de descripción
Para empezar, conviene distinguir entre la descripción objetiva y técnica, que es
la que se emplea en los textos científicos, de aquella descripción en la que,
animado por una intención estética, el autor intenta plasmar de forma subjetiva
su visión sobre algo. En este segundo caso, el autor ha de causar en el lector la
emoción y el sentimiento que pretende evocar en él. Así, podemos distinguir
entre textos descriptivos científicos y textos descriptivos literarios.
- Los textos descriptivos científicos son de carácter objetivo, por ello, el narrador
de este tipo de textos no se involucra emocionalmente. La finalidad de la
descripción técnica es informativa, por eso es habitual emplearla en los textos
científicos. En este tipo de textos prima la objetividad, y la función primordial es
la representativa. En esta línea, los recursos formales deben adaptarse a esta
exigencia: el léxico se utiliza en su sentido propio, con exclusión de un empleo
figurado o metafórico, la sintaxis oracional debe ser lo más clara y simple posible,
se observa un mantenimiento riguroso del orden lógico del pensamiento y el
contenido se ordena de manera clara y precisa.
- Los textos descriptivos literarios son de carácter subjetivo. El emisor traza los
rasgos de lo que describe (una persona, un animal, un objeto, etc.) dando su
opinión. Al tratarse de textos subjetivos, es decir, parciales, pueden ser: textos
descriptivos positivos, en los que se muestra una imagen idealizada, mejorada;
o textos descriptivos negativos, en los que el narrador da una descripción
denostada de lo descrito. En este tipo de textos es muy frecuente el empleo de
figuras retóricas (metáforas, símiles, metonimias, etc.).
Dentro de la diversidad que entraña la descripción es necesario esbozar una
clasificación, aunque pueden existir ciertas fluctuaciones. La siguiente
clasificación se basa en dos puntos de vista: una atendiendo al objeto que se
describe y su relación con el sujeto y otra atendiendo a la forma en la que el
contenido se manifiesta.
1) Según el objeto que se describe y su relación con el sujeto.
a) Una persona.
Si el objeto descrito es una persona, se pueden distinguir tres tipos de
descripciones físicas: la etopeya, la prosopografía y el retrato. Es en la
presentación de los personajes en las novelas donde encontramos este tipo de
textos descriptivos. No tiene por qué ser una descripción completa, basta con
que se señalen los rasgos más característicos del personaje. En la etopeya se
describe el carácter, las cualidades morales, las costumbres y las acciones de
una persona. En la prosopografía, en cambio, solo se atiende a los aspectos
físicos de la persona. En el retrato se describen tanto los rasgos físicos como los
psíquicos de la persona. Sin embargo, lo más frecuente en literatura es emplear
el retrato, en el que se alude tanto a los rasgos físicos como a los psicológicos
(su forma de pensar, sus preocupaciones, su carácter, etc.). El autor debe ofrecer
una imagen del personaje de forma que el lector sea capaz de visualizarlo
inmediatamente. Además, en ocasiones el escritor manifiesta su punto de vista
sobre el personaje que describe y puede incluso deformar y ridiculizar su visión
de este hasta llegar a la caricatura.
b) Cualquier realidad abstracta, ya se trate de una sensación, un sentimiento,
una emoción, es decir, aspectos del mundo psíquico. En todo momento el autor
ha de recurrir a elementos sensoriales para aproximar al lector a esas
sensaciones difíciles de ilustrar con palabras.
c) Un paisaje. Cuando el objeto descrito es un lugar, el texto descriptivo se llama
topografía. En él el autor describe los innumerables objetos que tiene ante sí,
organizándolos a su voluntad y se detallan las particularidades que presenta un
terreno en su plano físico: su extensión, su apariencia, etc. En las novelas, estos
fragmentos descriptivos sirven para informar sobre el escenario en el que tiene
lugar la acción y para enmarcarla.
d) Un ambiente. A través de este tipo de descripciones, llamadas
cinematográficas, se pretende captar un ambiente variopinto y en movimiento,
(por ejemplo, de una batalla) donde se entremezclan las sensaciones variadas y
la heterogeneidad es el rasgo dominante. El receptor asiste al espectáculo como
si estuviese contemplando una película. El autor, por su parte, como si se tratara
de un cámara y sin seguir un orden riguroso, ofrece imágenes simultáneas que
forman parte de una misma realidad. Todo ello mediante un lenguaje sugestivo.
e) Un espacio temporal. Si el texto descriptivo detalla un determinado espacio
temporal, el orden o fechas de momentos históricos de una época concreta,
dicho texto descriptivo recibe el nombre de cronografía. Se trata de una
modalidad que suele darse en textos de tema histórico.
2) Atendiendo a la forma en la que ese contenido se manifiesta.
a) El autor puede ofrecernos el aspecto de las cosas, es decir, su apariencia, de
manera estática, como si fueran ajenas el tiempo. Azorín constituye un buen
ejemplo de esta técnica. En el siguiente fragmento se puede una descripción en
la que el uso del presente acentúa el carácter intemporal de la descripción:
Cruza la vega un río: sus aguas son rojizas y lentas; ya sesga en suaves
meandros, ya se embarranca en hondas hoces. Crecen los árboles tupidos en el
llano. La arboleda se ensancha y asciende por las alturas inmediatas.
b) La descripción de un paisaje puede realizarse de forma dinámica y variada.
No se trata, como en el caso anterior, de fijar una imagen, sino de ofrecer una
visión viva y animada de los componentes de un paisaje. Ejemplo:
Pasan las primeras aves migratorias y los perros de los pueblos ladran, con las
orejas tiesas y el rabo en péndulo loco, su vuelo pausado y negro en la distancia
(Ignacio Aldecoa, La humilde vida de Sebastián Zafra).
c) El autor puede también reflejar la sensación que le produce el objeto que
describe. De esta forma selecciona los detalles que mejor se adecuan a la
impresión que ha recibido, dotando así a la descripción de unos rasgos
subjetivos.
3. Operaciones
A pesar de que las descripciones pueden ser muy diferentes, suelen incluir las
mismas operaciones. Según Adam, una descripción se basa en cuatro
operaciones fundamentales: anclaje, aspectualización, puesta en relación y
tematización.
1) Anclaje.
Mediante la operación de anclaje que podemos llamar referencial, la secuencia
descriptiva señala mediante un nombre (el tema o el título) cuál es el elemento
en cuestión objeto de la descripción. La operación de anclaje puede realizarse
mediante el procedimiento denominado afectación que consiste en iniciar la
secuencia con un título en el que no está explícito el objeto de manera que la
operación de anclaje propiamente dicha puede tener lugar en otro lugar del texto.
Por ejemplo, en una reseña sobre un vino de Somontano que tenga como título
“Una fuerza desatada” se lleva a cabo una afectación porque en el título no se
aclara cuál es el objeto descrito (un vino). Otra forma de anclaje es la
reformulación que consiste en nombrar de distintas maneras al objeto descrito a
lo largo del texto con la finalidad de mostrar distintos aspectos, como en el
siguiente ejemplo, en el que el anclaje se produce mediante la reformulación con
la que se alude de distintas maneras (libro, novela, obra) al objeto descrito (la
novela Imposible decir adiós): “El nuevo libro de Han Kang, ‘Imposible decir
adiós‘, se basa en los trágicos hechos ocurridos durante la Insurrección de Jeju
o Masacre de Jeju. Esta novela da voz a las víctimas y reflexiona sobre el olvido
de estas tragedias, explorando la memoria histórica a través de su característica
y perturbadora prosa. Esta obra combina la violencia, las imágenes poderosas y
los espacios oníricos característicos de Han Kang, con una prosa que evoca el
frío, la nieve y una luz crepuscular”.
2) Aspectualización.
Mediante esta operación se señalan las partes y las propiedades del objeto
descrito. La aspectualización está guiada por la operación de selección y por las
características pragmáticas de la descripción; así la enumeración de las partes
será tan exhaustiva o parcial como dicten los planes del emisor y, por su parte,
la asignación de propiedades estará directamente relacionada con las decisiones
subjetivas del hablante.
3) Puesta en relación
El objeto descrito puede caracterizarse no sólo por sus propiedades internas,
sino por su lugar en el mundo y por las relaciones que puede mantener con su
entorno. Situacionalmente, el objeto descrito puede mantener relaciones de tipo
metonímico, es decir, de contigüidad en el espacio-tiempo con otros objetos
nombrados. Esta puesta en relación puede llevarse a cabo por contigüidad o por
analogía. En la relación por contigüidad, el objeto descrito o persona se sitúa en
relación con el tiempo (histórico o individual) o con el espacio (al relacionarse
con otros elementos susceptibles de llegar a ser, a su vez, objetos de
descripción). En la relación por analogía, se lleva a cabo una asimilación
comparativa o metafórica que permite describir el todo de la entidad descrita o
sus partes poniéndolas en relación con otros objetos, individuos o conceptos.
4) Tematización
Esta es la operación que hace posible la expansión descriptiva. Cualquier
elemento de la descripción es susceptible de ser tematizado como ocurre
frecuentemente con las partes. Una parte seleccionada puede convertirse en la
base de un nuevo desarrollo secuencial de manera que el proceso descriptivo
puede expandirse teóricamente hasta el infinito. Además de las partes, también
pueden tematizarse las propiedades o las relaciones situacionales sin que sea
necesario que se desarrolle en cada caso la totalidad del esquema secuencial.
Es muy frecuente que el elemento tematizado sea una parte o una propiedad del
que objeto que el productor textual quiera destacar especialmente.
4. Características lingüísticas de los textos descriptivos
Respecto al verbo, son frecuentes los verbos ser, estar, parecer, tener, haber,
etc. es decir, verbos de estado, no de movimiento.
En lo que respecta a las formas verbales, las más utilizadas en los textos
descriptivos suelen ser el presente y el pretérito imperfecto. Mediante el presente
se comunica el carácter intemporal de la materia descrita; el pasado, sin
embargo, circunscribe la descripción a un determinado periodo, aunque en
ambos casos se destaca la intención de no mencionar el final de la acción. Por
tanto, es constante el empleo de formas de aspecto imperfectivo. También es
frecuente la combinación del presente y del imperfecto.
En cuanto al modo, suele emplearse el modo indicativo por ser el que expresa la
realidad.
Otra característica de los textos descriptivos es el predominio de los sustantivos
y adjetivos, puesto que la referencia a objetos es superior a la de las acciones.
Los sustantivos abundan en las descripciones porque dan nombre a los objetos
de la realidad y clasifican estados y seres que, de otro modo, no podrían ser
objeto de precisiones.
En la descripción, el adjetivo desempeña un papel más importante que el
sustantivo. El adjetivo completa la información que ofrece el sustantivo, puede
matizar el sentido y dota de mayor expresividad al sintagma. Se tienen en cuenta
tanto los adjetivos necesarios para la comprensión del sustantivo como los
adjetivos denominados epítetos, es decir, los adjetivos con fines estéticos. El uso
correcto de la adjetivación exige un gran dominio de la lengua, pues en las
descripciones no es conveniente acumular adjetivos, sino seleccionar aquellos
que mejor se adapten a la totalidad afectiva que el autor pretende comunicar y
que demuestren su capacidad de observación. El uso del adjetivo en la
descripción cumple también la función de poner en relieve los componentes
sensoriales que existen en toda descripción.
En lo que concierne a las estructuras sintácticas, existe un uso predominante de
estructuras yuxtapuestas y coordinadas. La utilización de las primeras
corresponde al deseo de expresar el objeto descrito como un todo, logrando así
la simultaneidad de las impresiones recibidas. El empleo de la coordinación
implica cierto grado de dinamismo, ya que introduce la noción de sucesión de los
distintos componentes de la descripción.
Otra característica es el uso de los recursos literarios. Dado que se trata de
comunicar una visión personal de la realidad que se pretende describir, el autor
a veces recurre a determinadas figuras literarias. Las más frecuentes entre los
textos descriptivos son la comparación y la metáfora, además de la sinestesia,
la prosopopeya, la aliteración o la metonimia. La metáfora uno de los recursos
más utilizados, pues ayuda a la comparación de la materia descrita e intenta
despertar en el receptor sensaciones producto de la imaginación del autor.
La comparación es un procedimiento literario que ayuda a comprender mejor
aquello que se describe, sobre todo cuando se trata de un objeto poco conocido
o abstracto.
Por otra parte, la coherencia de un texto descriptivo se consigue
fundamentalmente a través de la referencia y la cohesión léxica. La referencia
endofórica (es decir, la que se hace en el interior del texto) se obtiene mediante
elementos anafóricos como los pronombres personales y posesivos no deícticos,
los demostrativos, los relativos: todos ellos cumplen una función anafórica
cuando se refieren a otros elementos del texto aparecidos previamente.
Por su parte, la cohesión léxica se consigue mediante la repetición de palabras
o la utilización de serie de palabras relacionadas entre sí por sinonimia, hiponimia
o hiperonimia, contraste o relacionables por conocimiento compartido del mundo
en las operaciones de aspectualización y puesta en relación.
5. Características pragmáticas de los textos descriptivos
La selección de los elementos que conforman el objeto descrito se realiza
teniendo en cuenta el propósito de la descripción y el destinatario. Cuando se
describe algo, hay una finalidad o un propósito determinado: dar una imagen
agradable, desagradable, prestigiosa, etc. hacer un retrato preciso, evocar un
determinado ambiente, provocar una situación o sentimientos o utilizar la
descripción para una narración o una argumentación.
Por otra parte, se describe pensando en un receptor determinado, con unas
preferencias, unos conocimientos previos, unas expectativas y unos valores
concretos.
Así, el propósito y el destinatario guían la elección de las partes propias del
objeto y de sus propiedades. También guían la puesta en relación del objeto,
situándolo y asimilándolo a otros objetos mediante comparaciones y metáforas.
La selección de los diferentes elementos da como resultado dos clases de
descripción: la objetiva y la impresionista, que adoptarán formas muy diversas
según el estilo de cada autor.
a) Con la descripción objetiva se quiere reproducir de forma fiel la apariencia del
objeto o la persona. Suele ser una descripción impersonal, que generalmente
comienza con la percepción global del objeto en su contexto, para continuar
después con el detalle de sus diferentes partes, dispuestas de tal manera (de
arriba abajo, de izquierda a derecha, etc.) que reflejan la situación que tiene
el objeto respecto del espacio en el que se encuentra.
b) Con la descripción impresionista se pretende evocar emociones, más que
reflejar el objeto tal y como es. De hecho, el autor de este tipo de descripciones
quiere suscitar en el receptor sentimientos parecidos a los que él mismo ha
experimentado con la contemplación del objeto.