UNIDAD 1.
Las Familias, el Sistema público de Servicios Sociales
y otros sistemas de apoyo
MÓDULO 2. Las familias como entornos de participación. El ecosistema
familiar y de la red de servicios. Ció Barjau
Introducción
Puestos ante una familia, vemos un conjunto de personas, pero sabemos que nos
encontramos ante un conjunto más complejo formado por otros elementos que la
mantienen viva: unas reglas tácitas de funcionamiento, una normas explícitas de
organización, una peculiar distribución de roles distintos para cada miembro, una red de
comunicación entre sus miembros y con el exterior de la familia, una serie de acciones a
través de las cuales se desarrolla, crece, se reproduce y se extingue.
Las personas que pertenecen a la familia son consideradas miembros de ella, la
mantienen al conocer y ceñirse a sus normas y reglas, y la modifican con su
participación dentro y fuera de ella.
La familia aporta a cada uno de sus miembros dos características básicas: una identidad
individual, un proceso de individuación que le permite diferenciarse de los demás, y el
sentimiento de pertenencia. Ambos son básicos para crecer y desarrollarse como
persona, como miembro de un grupo y de una comunidad.
La tensión entre estos dos elementos complementarios, quién soy y de quién soy,
identidad y pertenencia, deviene una aventura personal para todo ser humano y resulta
un proceso tan largo como larga va ser su vida. La resolución de este binomio
fundamenta la funcionalidad de las familias y el desarrollo óptimo de sus miembros, de
la misma forma que está en la base de gran parte de conflictos familiares, si no se
resuelve de forma equilibrada.
El Modelo ecológico del desarrollo humano nos propone diversos parámetros para
analizar la capacidad que cada familia tiene para apoyar el desarrollo adecuado de sus
miembros, así como para prestarles apoyo en caso de que esta capacidad, su potencial
evolutivo, sea pobre o esté pasando por alguna crisis que impida su aprovechamiento o
lo mengüe.
En este módulo, se presentan las claves para la utilización de los parámetros del Modelo
ecológico de desarrollo humano para que puedan servir tanto como herramienta de
valoración y diagnóstico, como para el diseño de estrategias de intervención psicosocial.
Existen innumerables programas de intervención que utilizan el modelo ecológico, tanto
para valorar las necesidades personales de sus usuarios, como para establecer el
programa de apoyo individual que mejor les puede ayudar.
No nos centraremos ahora en realidades individuales, sino que el
sujeto de análisis va a ser el sistema familiar. El paradigma ecológico
permite también reflexionar sobre otros sistemas tales como los
equipos de trabajo, los grupos de un centro residencial, la clase de un
centro escolar y otros muchos, como se verá más adelante.
MÓDULO 2. Las familias como entornos de participación. Ció Barjau
CLAVES DEL MODELO ECOLÓGICO DE DESARROLLO HUMANO
1. EL DESARROLLO HUMANO EN UN AMBIENTE ECOLÓGICO
Para encuadrar este módulo, tomamos literalmente las dos definiciones con las que Urie
Bronfenbrenner (*1) inicia su exposición en el libro que se ha convertido en la clave
para la comprensión del Modelo Ecológico de Desarrollo Humano:
“El desarrollo se concibe como un cambio perdurable en el modo que la
persona percibe su ambiente y se relaciona con él”
De forma complementaria al desarrollo de las personas, verificamos que también todo
ambiente ecológico va experimentando cambios perdurables para acomodarse a las
personas que viven dentro de él, que lo componen.
“El ambiente ecológico se concibe como un conjunto de estructuras
seriadas, cada una de las cuales cabe dentro de la siguiente, como las
muñecas rusas. En el nivel más interno está el entorno que contiene a la
persona en desarrollo”(*2)
Así pues, la familia es uno de los entornos más internos de un ambiente ecológico, es el
nivel más cercano a las personas, el lugar donde éstas se desarrollan a través de la
interacción directa. También son espacios de desarrollo el entorno laboral, el escolar, de
ocio, etc. De entre todos estos entornos, destacamos a las familias como el lugar – el
setting o nicho evolutivo – donde los procesos evolutivos y de socialización se dan por
excelencia, sobre todo en las primeras fases del ciclo vital de cada persona.
Las propuestas de “desarrollo” y “ambiente ecológico” han sido utilizadas para la
investigación de las variables que promueven y las que entorpecen el desarrollo
humano, especialmente en las niñas y los niños, sin embargo queremos puntualizar
desde este punto del módulo que consideramos “persona en desarrollo” a todas las que
configuran los grupos humanos, ya que partimos de la constatación que tanto los
ancianos como los adultos, los jóvenes y los niños experimentan cambios a lo largo de
toda su vida, por lo que los procesos de acomodación a su nueva condición y a su nuevo
ambiente ecológico no cesan hasta que una vida termina.
Como se ha dicho en la introducción, en este texto, tomaremos más como sujetos a las
familias – y a otros grupos de personas - que a cada una de las personas que las
componen.
MÓDULO 2. Las familias como entornos de participación. Ció Barjau
CLAVES DEL MODELO ECOLÓGICO DE DESARROLLO HUMANO
2. LA VIDA ES PARTICIPAR
El desarrollo se hace a través de la participación en un contexto en el que se dan
relaciones entre personas, ya sea una familia, una escuela, un grupo de amigos, ...
Habitualmente, todos los miembros de una familia, menos los bebés muy pequeños,
participan ya activamente en diversos contextos. Así, nuestro desarrollo se produce a
través de la participación múltiple y simultánea en diversos contextos de relaciones
personales.
Como las familias a las que hemos aludido más arriba, cada uno de estos contextos o
entornos de participación directa, “cara a cara”, es denominado microsistema. Esta es
la estructura más pequeña e interior de la seriación a la que nos referimos en la
segunda definición anterior.
El desarrollo en un microsistema no sólo se nutre de las relaciones y los elementos que
se encuentran en su interior, sino también de lo que aportan todos sus miembros al
participar en otros entornos cara a cara. La participación en el vecindario, en los lugares
de trabajo y de estudio, en las asociaciones, equipos de deportes, grupos de amigos o
en la red de familia extensa de los diferentes miembros de una familia aporta al
microsistema informaciones y conocimientos que incrementan las oportunidades
evolutivas de toda la familia.
Así, la participación de un niño en su familia viene tan determinada por hechos que
suceden en ella, como por otros que se dan en los entornos vecinos en los que también
participan tanto él, como todos los miembros de la familia: su propia escuela, el instituto
al que va el hermano, el lugar de trabajo de la madre, la asociación a la que pertenece
el padre, el centro de servicios sociales que les ayuda, el juzgado que interviene en el
proceso de divorcio de los padres, etc. El conjunto de microsistemas que teje este
entorno más amplio es un mesosistema.
El ámbito preferente de los profesionales de la intervención psicosocial con familias es
el mesosistema de éstas, puesto que su tarea se focaliza en la capacidad de
participación y circulación social de las personas que atienden.
Dentro del mesosistema de una familia, las relaciones personales pueden aún darse
“cara a cara”: una madre puede interaccionar con el grupo de amigos de su hija, unos
hijos pueden establecer relación con los profesionales de la residencia para ancianos
donde vive su padre, etc. Lo que pasa en los entornos de participación de uno de los
miembros, puede verse modificado por informaciones y hechos sucedidos en los
microsistemas en los que participan los otros componentes de esos entornos.
En este sentido, fue interesante el resultado de un análisis que propuse a estudiantes de
Trabajo social: debían reflexionar sobre el impacto que tuvo en su desarrollo la noticia
de que, en la familia de una amiga de su pandilla, el padre hubiera quedado en paro, o a
un hermano se le hubiera diagnosticado una rara enfermedad, o algún otro suceso
similar. No sólo se dieron cuenta de sus propios cambios, sino de los que éstos habían
aportado, a su vez, a sus padres y hermanos, y la cadena de cambios ocasionada, a
modo de onda expansiva en el agua de un lago, podía rastrearse hasta otros
microsistemas aún más remotos, de tal forma que algún estudiante consultó, mientras
hacía el análisis; “pero, ¿cuándo hay que parar?”.
La evolución de las personas que participan en microsistemas semiabiertos - que
permiten el ingreso de nueva información y, a la vez, la emiten - influencia
dinámicamente el mesositema y es influenciada por cosas que pasan en él.
Los equipos de profesionales que intervienen con las familias, son microsistemas que
operan cambios en los que están a su alrededor – familias, escuelas, equipos de otros
servicios - de la misma forma que evolucionan al adaptarse a la realidad cambiante de
sus usuarios y de los demás microistemas con los que se relacionan.
Especialmente en los servicios de atención primaria esta acomodación mutua de los
micrositemas vecinos entretejiendo un mesosistema se hace evidente. Los profesionales
trabajamos con nuestros vecinos y los servicios se convierten en un vecino más.
MESOSISTEMA DE MARÍA Y SUS AMIGOS
Figura 1: Un mesosistema. Con el ejemplo de María, una chica que participa, al menos, en su familia y su
cuadrilla, representamos el funcionamiento del mesosistema en la figura anterior. Para seguir el rastro de los
cambios producidos, se han indicado con 1º, 2º y 3º las fases consecutivas.
Más allá del mesosistema, la estructura de un ambiente ecológico cuenta con entornos
más exteriores que no incluyen a las personas en desarrollo como participantes
directos, pero en esos entornos se producen hechos que afectan profundamente las
posibilidades de evolución de las personas y las familias.
El exosistema es el más cercano de estos ambientes externos. En él situamos
elementos tales como la contaminación medioambiental, el sistema educativo, el
sistema laboral, el sistema de salud, el urbanismo, la programación de la televisión y
otros medios de comunicación social, etc. Son factores de un exosistema (quizás el
nuestro) la red de agua potabilizada o de cloacas que previenen de enfermedades en
una parte del mundo, la legitimidad de los contratos de trabajo precarios, la gratuidad
de la sanidad, los criterios para ingresar a una residencia de ancianos o el derecho para
acceder a una excedencia por maternidad y paternidad, así como el tratamiento que se
da a la violencia familiar en los medios de comunicación, la contaminación acústica de
ciertas ciudades y pueblos, etc.
En otros exosistemas, sin embargo, sabemos que las condiciones de la salud pública son
mucho más precarias, creando condiciones adversas para el desarrollo humano, o la
educación es de difícil acceso, o la contaminación medioambiental perjudica a los niños,
jóvenes y adultos que crecen en ellos hasta el punto que todos estos factores influyen
decisivamente en la esperanza de vida de grandes partes de la población.
El ambiente superior, el más externo en este conjunto de estructuras seriadas de forma
concéntrica, es el macrosistema. Nos referimos a macrosistema para denominar el
espacio en el que situamos las características históricas y culturales que determinan un
amplio entorno humano, así como el sistema de creencias en las que se basan las
grandes categorías mentales (qué es lo bueno y lo malo, qué es ser mujer, niño, qué es
el éxito, que es tabú ...) Las corrientes macroeconómicas que rigen de forma genérica
las estructuras y las relaciones en todos los sistemas menores que contiene, también
pueden situarse en el macrosistema.
Este conjunto de estructuras seriadas – micro, meso, exo y macro-sistemas – compone,
como se dijo al principio, un ambiente ecológico del desarrollo, un ecosistema
humano.
El cambio en un ecosistema se da de forma muy lenta, en los niveles superiores
mientras que, en el microsistema y el mesosistema, se promueve más ágilmente a
través de la interacción directa interpersonal. El nacimiento de un hijo con una
disminución sensorial, por ejemplo, hace que los demás miembros de la familia
desarrollen nuevas actitudes y habilidades, así como también puede modificar las ideas
y los sentimientos sobre las necesidades que tienen los padres en esta situación, o la
red de ayuda entre las personas de su mesositema.
Las modificaciones del exosistema y del macrosistema, sin embargo, nos muestran que
los cambios en el ambiente ecológico sólo se producen con eficacia si parten desde uno
de los niveles internos e interaccionan con el inmediatamente superior: sólo un conjunto
de asociaciones de padres y madres, formando una federación de AMPAS y
posiblemente en alianza con un conjunto de centros escolares, puede llegar a ser
escuchado en un proceso de reforma del sistema educativo. No es posible promover
este cambio desde un microsistema, por lo general, sino que hay que emprender
acciones desde el encuentro de diversos mesositemas para tener la posibilidad de ser
eficaz en el cambio del exosistema.
Un ejemplo de ello es la acción que una federación de asociaciones de espectadores de
televisión emprendió para reclamar un cambio en los contenidos violentos de un reality
show, en Estados Unidos. Dicha federación hizo campaña para que no se comprara la
marca de detergente que esponsorizaba el programa televisivo.
En aquella ocasión, la acción implicó una serie de reacciones en los distintos niveles:
1. unas personas que veían el programa en sus casas – microsistema – estaban en
desacuerdo con lo que entraba en sus hogares desde la pantalla de televisión y
2. decidieron participar en una asociación de consumidores para reaccionar a algo
que les ocurría – mesositema -,
3. esto estaba sucediendo en diversos lugares y las asociaciones decidieron
federarse para aumentar así su presencia en un ámbito menos accesible –
exosistema – de tal forma que
4. su acción y su opinión impactó en él y produjo el cambio.
No es infrecuente que el trabajo comunitario esté en la génesis de procesos de este
tipo, buscando no sólo la acomodación de los individuos al medio, sino la acomodación
progresiva del medio a las necesidades de sus miembros.
En la figura siguiente se representa una aproximación a las estructuras seriadas que
constituyen un ecosistema humano. Se ha dibujado lindante con otro, puesto que no
todo ecosistema está en constante relación y acomodación, también, con los otros que
existen simultáneamente fuera de él: Un ecosistema humano.
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CLAVES DEL MODELO ECOLÓGICO DE DESARROLLO HUMANO
3. EL POTENCIAL EVOLUTIVO DE UN MEDIO
El concepto del potencial evolutivo de un medio es una de las claves que convierte
el Modelo ecológico del desarrollo humano en un paradigma útil en la tarea de los
profesionales que trabajamos con familias.
En los ecosistemas humanos, hay elementos nutrientes, reforzantes, que favorecen el
desarrollo de las personas que viven en ellos y factores que los empobrecen, los hacen
hostiles al desarrollo humano o perturban el equilibrio que debe darse entre los
componentes de un sistema para permitir el crecimiento de todos sus miembros de
forma armónica.
Evaluar el potencial evolutivo de los contextos en los que se desarrollan los niños y los
adultos de las familias que atienden, es a menudo, función de los profesionales que dan
apoyo familiar psicosocial, así como programar intervenciones complementarias que
permitan superar las dificultades y carencias cuando se den, sin sustituir aquello que sí
funciona.
Para ello, tres son los parámetros básicos que nos permiten medir el potencial evolutivo
de un ecosistema:
Las estructuras interpersonales que vinculan a las personas participantes en
él
Las actividades molares que se pueden realizar
Los roles que ostentan y se atribuyen a estas personas
Los tres elementos combinados constituyen el patrón que define un microsistema.
Aunque se haga con menos frecuencia, proponemos también el uso de esos parámetros
para valorar el potencial evolutivo de entornos más amplios, desde el mesosistema al
macrosistema.
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3. EL POTENCIAL EVOLUTIVO DE UN MEDIO
Actividades molares
Las actividades en las que una persona es capaz de participar, así como la complejidad
de los objetivos de estas actividades, son un exponente del grado de desarrollo que ha
alcanzado.
Diferenciamos las actividades moleculares, las que suceden de forma casual o no tienen
un objetivo concreto en la participación dentro del sistema, y las actividades molares
que denotan tanto la movilización de mecanismos internos, como se convierten en
manifestaciones externas del desarrollo psicológico.
Llamamos actividad molar a la conducta progresiva que tiene un momento propio y un
significado en la interacción entre el individuo y los demás miembros del microsistema.
Una actividad molar posee sentido tanto para el que la realiza, como para las otras
personas participantes en el sistema, y evidencia un deseo o una intención relacional de
la persona que la realiza.
Las primeras actividades molares y las más simples persiguen al menos un objetivo de
interacción con el entorno. Pueden ser los primeros balbuceos en los bebés, si éstos son
correspondidos por los adultos que están a su alrededor, o su llanto, si es comprendido
como reclamo de ayuda o de consuelo por los demás participantes del sistema. La
persistencia en el tiempo de estas primeras actividades molares deviene en la
utilización del lenguaje para establecer diálogo y transmitir información. De la misma
forma, los primeros pasos de un niño suelen ser correspondidos con alegría por las
personas que le rodean, se notifican a los abuelos y, en general, se responde ante ellos
como una señal de que el niño es saludable y progresa en autonomía, de tal forma que
se le anima a crecer.
Durante el proceso de desarrollo, las actividades molares adquieren mayor complejidad
por lo que, ya en niños y niñas muy jóvenes, podemos ver como se organizan las
actividades en serie, respondiendo a una serie de metas cada vez más complejas.
En el ámbito de la Protección Infantil, hemos conocido bebés que han desistido de llorar
cuando precisan ayuda. Cuando el bebé ha percibido que su llanto no cobra sentido a su
alrededor como una demanda de ayuda o de consuelo, deja de emitir esta señal, pues
descubre que no tiene el mismo significado para él que para los demás. Esta situación,
en bebés de 9 ó 10 meses, revela en su entorno un potencial evolutivo muy pobre o con
problemas graves que pueden poner en serio riesgo el desarrollo adecuado del niño.
Observamos un mayor grado de desarrollo alcanzado, al reconocer que las actividades
molares van progresando al aumentar el grado y la complejidad de sus objetivos. Desde
la sonrisa del bebé que propone al adulto que se quede más rato junto a él, hasta la
organización de una excursión para recoger moras, para hacer más tarde una
mermelada, para hacer luego un pastel, para obsequiárselo a una amiga que va a
celebrar su fiesta la semana siguiente, podemos ver como un niño ha ido adquiriendo,
en siete u ocho años, una capacidad de organizar sus actividades molares, con una
secuencia de estrategias que le permiten conseguir su objetivo.
Un contexto será más adecuado, tendrá mayor potencial evolutivo, en la medida que
permite y estimula actividades más positivas para el crecimiento de los que participan
en él y para mejorar su establecimiento de relaciones sociales positivas. Las actividades
molares posibles en este contexto se miden por su calidad, su cantidad, su complejidad
y su adecuación al momento evolutivo de la persona en desarrollo.
Encargar a una niña de seis años que se ocupe de sus tres hermanos menores, o
encargárselo a un anciano impedido, puede resultarles un peso excesivo para avanzar
en su desarrollo, en su adaptación al momento vital en el que se encuentran. Se estaría
ofreciendo la oportunidad de realizar una actividad molar grande y compleja, pero a
todas vistas inadecuada al momento evolutivo tanto de la niña como del anciano.
Otros entornos, sin embargo, pueden valorarse como inadecuados no porque no
estimulen la participación en actividades molares, sino por fomentar actividades
basadas en actitudes hostiles o defensivas, o en el concepto de una sociedad
amenazante (“aprende a defenderte ... todo el mundo quiere quitarte lo que tienes ...
desconfía de los que quieren ser tus amigos ... pega antes de que te peguen ...”)
También es inadecuado el entorno en el que se enseñan habilidades muy complejas
para que los niños, u otras personas vulnerables, se impliquen en actividades delictivas,
cuya práctica les puede mantener en la exclusión social.
Los niños, los adultos disminuidos o los enfermos a los que se entrena para robar,
prostituirse o realizar actividades delictivas, por ejemplo, participan en actividades
molares muy complejas, pero su implicación no está guiada por la cobertura de sus
necesidades, sino por intereses y necesidades de otros que no les tienen en cuenta.
Las actividades molares, siendo un exponente del grado de desarrollo alcanzado por una
persona, pueden verse tanto desde el punto de vista personal de quien las realiza, como
desde el punto de vista relacional de los demás miembros de un microsistema. Urie
Bronfenbrenner (*3) lo muestra a través de dos proposiciones:
“El alcance del desarrollo de un individuo se refleja en la variedad sustantiva y
en la complejidad estructural de las actividades molares que inicia y mantiene
sin que los demás le instiguen o lo dirijan”
“El desarrollo de las personas depende de la variedad sustantiva y la
complejidad estructural de las actividades molares que realizan los que forman
parte de su campo psicológico, ya sea haciéndolas participar en una actividad
conjunta, o atrayendo su atención”
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3. EL POTENCIAL EVOLUTIVO DE UN MEDIO
Estructuras interpersonales
A través de la realización de actividades molares, establecemos relaciones con los
demás y pasamos a formar parte de una estructura interpersonal que es el andamiaje
del grupo humano al que pertenecemos (familia, equipo del centro de trabajo,
asociación ...)
Observando un sistema humano, aún el más sencillo, una díada (sistema de dos
personas), puede apreciarse que, si uno de los dos miembros experimenta un proceso
de desarrollo, lo mismo le ocurrirá al otro.
El proceso de construcción de las estructuras interpersonales sigue unas fases que lo
consolidan y lo convertirán en una relación significativa y estable.
La díada no se puede considerar constituida hasta que no ha pasado por cuatro fases:
Díada nutricional, en la que la persona referente, con un desarrollo superior,
dota de poder - información, recursos, nutrientes, etc. – a la persona en
desarrollo
Díada observacional, en la que la persona en desarrollo aprende, viendo
funcionar a la persona referente en un microsistema, cómo se hacen ahí las
cosas, cuál es la cultura del nuevo medio al que se ha incorporado
Díada de acción conjunta, en la que ambos miembros planean y realizan las
actividades cuando la persona en desarrollo aún sería incapaz de hacerlas sin la
concurrencia de la persona referente
Díada primaria o relación interpersonal ya establecida, en la que la persona en
desarrollo es capaz de sostener su pertenencia a la díada, aun en ausencia de la
persona referente.
Una vez somos capaces de sentirnos pertenecientes a una estructura interpersonal,
incluso en ausencia de los demás miembros del miscrosistema, podemos decir que el
desarrollo de la identidad y la pertenencia a un grupo social, a una familia, por ejemplo,
ha sido realizado. Establecida la díada primaria, somos capaces de mantener las reglas
de este sistema, su cultura de grupo y esto, más tarde, nos permitirá innovarla,
modificándola.
La estructura mínima, la díada, es útil como ejemplo de laboratorio, pero raramente la
podremos observar en grupos humanos reales, ya que todos pertenecemos a
estructuras interpersonales donde las relaciones significativas se dan entre tres – tríada
-, cuatro – tétrada -, cinco – péntada – o más personas (N+2).
Si es importante valorar por su aspecto cuantitativo el potencial evolutivo de un una
estructura interpersonal, observando a cuántas personas está alguien vinculado, cómo
es de compleja la estructura a la que pertenece y con la que puede mantener una
relación N+2 primaria, también en este parámetro es relevante el aspecto cualitativo:
¿cómo son las relaciones entre las personas de esta estructura?, ¿en qué medida son
empáticas con las necesidades de los más frágiles?, ¿son cooperativas o
destructivas?, ...
El modelo ecológico propone diversos principios para hacer que las relaciones diádicas,
triádicas, ... resulten favorables al desarrollo de las personas e incrementen, así, el
potencial evolutivo de un medio:
el potencial evolutivo de un medio depende de la medida en que la persona
referente que supervisa a la persona en desarrollo, cree y mantenga
oportunidades de participación en una variedad de actividades molares y
estructuras interpersonales cada vez más complejas, proporcionadas a la
persona en desarrollo, y que le permitan el equilibrio de poderes suficiente para
introducir sus propias innovaciones
este potencial se ve también incrementado si los roles, las actividades y las
estructuras en las que participa estimulan:
o la aparición de la confianza mutua
o una orientación positiva
o el consenso de metas y
o un creciente equilibrio de poderes a favor de la persona en desarrollo
En general, las estructuras interpersonales a las que un niño se vincula resultan, pues,
más adecuadas a su evolución si las personas vinculantes están atentas a sus
necesidades y decantan parte de su poder hacia él.
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3. EL POTENCIAL EVOLUTIVO DE UN MEDIO
Roles y expectativas de rol
El tercer parámetro que nos permite valorar el potencial evolutivo es el rol que se da a
la persona en desarrollo dentro de un microsistema, o bien, como hemos dicho, el rol
que se otorga a un microsistema – una familia, un grupo social, ... – dentro de un
mesosistema.
El rol puede ser designado por un nombre: la princesa de la casa, el manitas, la payasa,
el torpe, el generoso, la lista, ... pero nunca cobra sentido por sí solo.
Un rol es siempre complementario de los que ostentan los demás participantes de un
microsistema: si hay padre, hay hijos, si hay maestro, hay alumnos, ...
Cada rol contiene y desarrolla cierta cantidad de poder y se forma a través de las
expectativas que los otros miembros del sistema ponen en él.
Los roles asociados a mayor cantidad de poder – capacidad de decidir, ser escuchado y
tenido en cuenta, tener información, poder actuar más libre y adecuadamente a la edad,
etc. – son mejores para la evolución, mientras que hay roles que contienen escasas
expectativas de competencias o de poder positivo en términos evolutivos.
En algunas familias, un enfermo puede haber obtenido gran parte del poder de los
demás: hacen lo que él solicita, impide a los demás salir cuando quisieran, obtiene
mayor atención a su estado emocional, etc. Sin embargo, el precio evolutivo para
conservar este rol, tiene un alto coste en la salud – física o mental – del que lo tiene.
Aunque el aspecto cuantitativo de los roles, en el análisis del
potencial evolutivo de un medio, radica en la importancia o el poder
que va asociado a cada uno de ellos, una vez más hay que indicar
que siempre debe complementarse este análisis con el aspecto
cualitativo de cada rol: cómo lo valoran los demás participantes en el
microsistema, cuánto afecto y reconocimiento recibe, qué cualidades
se le atribuyen y se esperan de él, qué grado de competencia implica
tener aquel rol, etc.
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4. LAS TRANSICIONES ECOLÓGICAS
La observación de una familia u otro microsistema en un momento concreto nos puede
ofrecer una foto fija de un equilibrio en el que se den ciertas actividades molares,
estructuras interpersonales y roles, apoyados en un sistema de reglas y normas de
funcionamiento claras para todos los participantes en el microsistema.
Esta familia no fue siempre así, ni permanecerá tal como la vemos si sigue
evolucionando y, con ella, sus miembros.
Se producen en todos los sistemas, desde el más pequeño al más grande, transiciones
ecológicas a medida que las personas se desarrollan y cambian y el entorno se adapta
a sus nuevas condiciones.
La transición ecológica es, por encima de los demás, el término clave del Modelo
ecológico. Se produce cuando la posición de una persona en un ambiente ecológico se
modifica por un cambio de rol o por su entrada en un entorno nuevo.
A lo largo del ciclo vital de las personas, así como del ciclo vital familiar, los miembros
de una pareja, adquirirán el rol de madre o de padre, un hijo único adquirirá el rol de
hermano mayor, una madre pasará a ser abuela, etc. y, con este cambio, no sólo se
verán modificadas las competencias y las expectativas de su rol, sino la de todos los
demás participantes en el sistema.
Los nacimientos y las incorporaciones de miembros a la familia, de la misma forma que
las pérdidas y los fallecimientos, ocasionan transiciones ecológicas en las que todo el
equilibrio preestablecido entra en crisis: las actividades molares que se hacían, serán
substituidas por otras, las estructuras interpersonales se ven modificadas y precisan ser
reajustadas, de la misma forma que se adquieren y se pierden características asociadas
a cada rol.
Las transiciones ecológicas se producen a causa del paso del tiempo – ciclo vital – y a
causa del movimiento espacial de los miembros del microsistema.
Con la entrada de los hijos en la escuela, el padre y la madre deben modificar sus
actividades, establecer nuevas relaciones significativas con otros adultos referentes de
los niños y niñas, al tiempo que éstos establecen nuevas díadas primarias con otros
adultos experimentados y con iguales que no tienen la condición de hermanos o
hermanas.
Cada transición ecológica precisa de una renegociación de las normas familiares: qué
actividades se podrán hacer o cuáles ya no corresponden al nuevo papel que asumen
todos los miembros de la familia.
La superación de las transiciones ecológicas lleva un cierto tiempo, pues provoca una
crisis en el equilibrio anterior y, en ocasiones, requiere de la ayuda de profesionales y
programas destinados a la orientación familiar.
Ante una demanda de ayuda profesional por parte de una familia, podemos siempre
preguntarnos cómo llegó este microsistema hasta el momento presente. Con qué
competencias sustentó el equilibrio anterior y qué transición ecológica se ha producido
que le impide volver a encontrar un equilibrio suficiente para seguir evolucionando
como sistema funcional.
Un sistema es funcional cuando todos sus miembros pueden seguir desarrollándose,
creciendo, a lo largo de todo su ciclo vital. No sería posible que un miembro aumentara
su desarrollo en un microsistema funcional, a costa de que otros pararan su evolución, o
vieran menguado su desarrollo.
En una familia, es fácil observar este crecimiento paralelo: a medida que el hijo pasa de
bebé a edad escolar, el padre y la madre también adquieren nuevas capacidades
educativas e interaccionan con nuevos entornos y personas a causa de su función de
padres de aquel hijo. Esto proporciona nuevas experiencias a todos los miembros de la
familia y les permite disfrutar de nuevas fases de su vida en común y nuevas
características de su identidad personal.
Por el contrario, los padres que no pueden adaptarse a la adolescencia de sus hijos,
dificultan las nuevas adquisiciones que éstos deben ir haciendo, al tiempo que su propia
adaptación a la experiencia que les corresponde. De forma parecida, los abuelos que,
anclados en su propia identidad de padre y madre de niños y jóvenes, no consiguen
aprender su nuevo papel de adultos sin hijos en casa, descubriendo las nuevas
posibilidades que tienen como pareja o individualmente, y se inmiscuyen en la crianza
de los nietos como si fueran hijos propios, dificultan el desarrollo de sus hijos como
padres y madres y, entre todos, entran en dinámicas propias de familias disfuncionales.
Hay que advertir que es importante observar estas situaciones,
tomando en cuenta las marcas de contexto propias del exosistema y
el macrosistema al que las familias pertenecen, puesto que se dan a
los abuelos más funciones de guarda y educación de los nietos en
entornos donde el reparto del trabajo, de las tareas domésticas o la
organización tradicional de las familias requieran de un
funcionamiento más tribal y más basado en la activación de recursos
de la familia extensa que en los entornos occidentales de la Europa
comunitaria , por ejemplo. Hallar una mujer mayor que se ocupe de la
crianza de sus nietos e incluso de niñas y niños que no son de su
descendencia, no es un síntoma disfuncional en muchos países, sino
que viene dado por la cultura y el reparto de las tareas de provisión
de medios para la subsistencia propio de su ecosistema,
posiblemente alejado geográficamente de Europa.
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4. LAS TRANSICIONES ECOLÓGICAS
Transiciones ecológicas en el tiempo
Estas transiciones están enraizadas en el paso del ciclo vital y pueden reflejarse, sobre
todo, en el diagrama de las estructuras interpersonales de una familia: el genograma.
Otros microsistemas, como las organizaciones, llegan a diagramar sus estructuras
interpersonales en un organigrama, pero en él no se suelen recoger datos del paso del
tiempo.
Como se verá en la figura 3, o se podrá suponer, las distintas fases del ciclo vital familiar
comportarán para todos los miembros del grupo negociaciones sobre los nuevos roles
que se adquieren, las competencias que se asocian a cada rol y las actividades molares
que cada uno de ellos podrá realizar. En el módulo siguiente (Módulo 3) y en los
primeros de la Unidad 2 (módulos 1 y 2) se desarrollan más ampliamente estos
conceptos.
Figura 3 – Transiciones en el tiempo a lo largo del ciclo vital
1ª ETAPA
2ª ETAPA
3ª ETAPA
4ª ETAPA , etc.
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4. LAS TRANSICIONES ECOLÓGICAS
Las transiciones ecológicas espaciales, en el mesosistema
Estas transiciones ocurren cuando una persona en desarrollo inicia su participación en
un microsistema distinto a los que estaba participando hasta aquel momento.
Un ejemplo de estas transiciones es la que se da en el momento en la que un niño o una
niña pequeña inicia su etapa escolar. En el parvulario, va a establecer una nueva díada
significativa con la maestra de la clase y pronto adquirirá un lugar en una nueva
estructura interpersonal más compleja con los compañeros de clase, otras maestras,
etc.
Otros ejemplos los encontramos en la incorporación del padre o la madre a un lugar de
trabajo nuevo, de toda la familia a un nuevo vecindario, o a un nuevo país en caso de
migración, en la entrada en una etapa de desempleo, en la incorporación de un hijo a
una familia acogedora, etc.
En esta transición, la persona en desarrollo no suple las condiciones que reúne su
microsistema familiar, sino que las complementa y, con ello, ve aumentado su potencial
evolutivo.
Se dan una serie de condiciones en las transiciones espaciales que potencian y mejoran
el potencial evolutivo del mesosistema. Conocerlas es importante para los profesionales
de la intervención psicosocial con familias ya que pueden apoyarlas, fomentarlas si
encuentran carencias de estas condiciones, o actuar para mejorarlas, si las condiciones
son adversas en el mesosistema de la familia en la que intervienen.
Un mesosistema ofrecerá un mejor potencial evolutivo si se dan las siguientes
condiciones:
tanto el entorno de procedencia como el nuevo deben crear oportunidades de
actividades y estructuras interpersonales complejas
hay que evitar las transiciones ecológicas sin alguien conocido, sobre todo en el
caso de los niños y niñas más jóvenes
los roles que tiene la persona en desarrollo en los diferentes entornos deben ser
compatibles, permitiendo que el rol que tenga en un microsistema – madre, por
ejemplo –no se confunda ni se obstaculice con el que tenga en el otro –
trabajadora – y que se puedan mantener de forma satisfactoria los dos
la participación, en cada uno de los diversos entornos, en díadas que aumenten
la confianza mutua, la orientación positiva, el consenso de metas y el equilibrio
de poder a favor de la persona en desarrollo
cuanto mayor sea el número de estructuras diferentes en el que participe la
persona en desarrollo, más verá incrementado su potencial evolutivo
cuánto mayor sea la diversidad cultural de los grupos en los que participe,
mayores serán las oportunidades evolutivas
los diversos entornos favorecen el desarrollo si permiten la participación
progresiva en actividades responsables y ésta se hace con otros adultos en los
nuevos marcos de participación
La persona que realiza una transición ecológica de un entorno conocido a otro nuevo,
establece una red con su propia participación en múltiples entornos. Hablamos de una
red de vínculos primarios.
En ocasiones, estos vínculos se ven debilitados porque el niño acude a una escuela que
opina desfavorablemente sobre las familias que son como la suya, o por el hecho de que
la familia a la que pertenece, es contraria a las actividades que realiza el centro de
tiempo libre al que los servicios sociales le han inscrito. Cuando el vínculo primario que
se establece es débil, el potencial evolutivo de un medio mengua de tal forma que el
niño no aprovecha ni el del nuevo entorno al que se incorpora, ni el del microsistema al
que ya pertenecía.
Los profesionales pueden tener en cuenta en su intervención que una transición
ecológica en la que acompañen a una familia, resultará más positiva en términos
evolutivos si reúne los siguientes requisitos:
si se realiza con el acompañamiento de alguna persona de la familia con la que
se participe en una díada primaria – padre, hermana mayor, abuelo, amigo ... –.
esta “persona vinculante” representa un vínculo de apoyo en la incorporación en
el nuevo entorno
un mayor número de vínculos de apoyo, mejora el potencial evolutivo
si la persona vinculante de la díada primaria anterior y la de la nueva díada
primaria realizan alguna actividad conjunta
si antes y durante la transición, se dan vínculos directos como haber podido
conocer personalmente el nuevo entorno, conocer a alguien que ya haya
participado en él, haber recibido información directa y en persona sobre el nuevo
microsistema en el que se va a participar
si de todas formas se dan vínculos indirectos de información como el
establecimiento de canales de comunicación abiertos en ambas direcciones, que
faciliten a la persona en desarrollo el alcance a esta comunicación
si antes de la transición, el individuo y los demás miembros de los dos
microsistema reciben información, consejo y experiencia cada uno sobre el otro
si también después de la transición se mantiene este flujo de información
recíproca
si todas las personas implicadas en las díadas primarias y de acción conjunta en
los diversos microsistemas en los que participa la persona en desarrollo, forman
una red de actividad cerrada: si todos hacen algo con todos
MÓDULO 2. Las familias como entornos de participación. Ció Barjau
CLAVES DEL MODELO ECOLÓGICO DE DESARROLLO HUMANO
5. EL ECOMAPA
El diagrama que mejor refleja la posición de una familia en su mesosistema, es el
Ecomapa (*4). Esta representación gráfica ha sido, sobre todo, empleada en el trabajo
con familias. La fuente que se cita aún como precursora es, en efecto, la que fue
utilizada para seleccionar familias que resultaran idóneas para adoptar a niñas y niños.
Ha sido también de gran utilidad tanto para trabajar con familias que se ofrecieran para
ser acogedoras, como para trabajar con las que tienen necesidad de que alguno de sus
miembros sea acogido.
Resulta de gran utilidad en la fase de diagnóstico, ya que se ven claramente reflejadas
las transiciones que refuerzan las competencias de las familias y las que dificultan su
desarrollo social.
El Ecomapa se puede tomar como un instrumento dinámico en el que profesionales y
familias pueden trazar las hipótesis sobre los problemas que éstas presentan y las
estrategias para elaborar un plan de mejora. El Ecomapa refleja a la familia en su
entorno.
En el trabajo en equipo interdisciplinar o en el que una red de servicios debe compartir
su documentación, los diagramas como el Ecomapa permiten que, habiendo sido
realizado por un profesional conjuntamente con la familia a la que atiende, los demás
profesionales se sitúen ante él y puedan dejar fluir aquellas reacciones que su propia
experiencia, disciplina o emocionalidad les aporten. Esta forma de trabajo aporta
mayores ventajas que el trabajo a partir del relato verbal o el informe escrito que
pueden contener mayor subjetividad por parte del profesional que los elabora.
Es conveniente también la utilización del Ecomapa en el análisis institucional de
servicios o instituciones ya que refleja, de igual forma, la posición de la organización en
su ecosistema y detecta los aspectos que puede mejorar en su relación con él.
En un Ecomapa familiar se deben consignar, al menos, los elementos siguientes:
1. Relaciones de trabajo y ocupaciones(principal y otros)
2. Relaciones con "otra gente": quiénes son, dónde viven, intensidad de la relación,
dónde se da ...
3. Relaciones con la familia extensa: parentesco, intensidad, dónde suceden...
4. Actividades de ocio: artísticas, deportivas, espectáculos, campo, formativas...
5. Estudios: cuáles, dónde, días, ...
6. Vida asociativa
7. Vida vecinal: compras, barrio, paseos, actividades, ...
8. Relaciones con servicios: colaboración, rechazo, permeabilidad, tipología de los
servicios, finalidad de la relación, ...
En la interpretación de los datos reflejados en el Ecomapa, puede partirse de elementos
como:
Funcionamiento de cada miembro y de la colectividad
Disponibilidad de la familia (funcionamiento centrífugo, centrípeto, ...)
Reunión - conexión – comunicación
Grado de implicación social de la familia
Aprovechamiento de los recursos nutrientes del medio
La diagramación de una situación familiar puede quedar tal y como se ve reflejada en la
Figura 4.
Figura 4 – El Ecomapa
MÓDULO 2. El ecosistema familiar y de la red de servicios. Ció Barjau
¿En qué pueden influir el Exosistema y el Macrosistema en la intervención psicosocial
con familias?
Se han citado diversos factores contenidos en estos espacios, cuando se ha expuesto la
definición de cada una de estas estructuras.
Aunque el principal recurso de ayuda a las familias con el que cuenta el profesional son,
además de la propia familia, su propia disponibilidad personal, su formación y sus
habilidades en el desempeño de su trabajo, los recursos de los servicios proceden de un
exosistema más atento a la conciliación entre los roles laborales y los familiares de los
hombres y mujeres, a las necesidades de las personas mayores y a la dotación de
apoyos para los jóvenes y la infancia.
Aportaremos aquí algunas de las utilizaciones se han hecho tanto en el diseño, la
realización y la evaluación de ciertos programas, como en la investigación del entorno
en el que las familias se desarrollan y cumplen su función de crianza, educación y
mediación entre sus miembros y el medio sociocultural en el que están.
Podríamos hablar de programas que se basan en el modelo ecológico para hacer
orientación familiar y otras intervenciones psicosociales con familias, o de los inspirados
por el mismo paradigma en la programación de centros residenciales para niños, niñas y
jóvenes, ancianos, mujeres, etc., la selección de familias para acogimientos familiares, o
la intervención en toxicomanías.
Sin embargo, proponemos sólo la consulta de las ponencias en las que se expone el
trabajo multidisciplinar en el ámbito de la atención temprana (*5) a familias con hijos
con discapacidad y el trabajo psicológico en el ámbito de la oncología (*6) .
También resulta muy ilustrativo el Informe Pigmalión (*7) , uno de los promovidos por el
Ministerio de Educación y Ciencia, en España, para el estudio de los efectos de la
televisión en la infancia. Todo su contenido es de gran interés, aunque sólo una parte –
el capítulo 9 - se refiera específicamente a la interacción entre la familia y este medio de
comunicación. El conjunto revela como este factor que situamos en el exosistema, toma
un papel importantísimo, tanto por aspectos facilitadores como dificultadores, en el
desarrollo de las personas en su microsistema familiar. Recomendamos la lectura de la
totalidad del informe, por la complementariedad que ofrece al propósito y los contenidos
de este curso
En el primer módulo de esta unidad, se hizo referencia a los condicionantes que afectan
a las familias en Europa y en España, resultado de acontecimientos económicos,
históricos y culturales y se expuso cómo los cambios que se han ido operando en las
familias, han producido también modificaciones en las políticas sociales y familiares. El
Macrosistema anima ciertos cambios en las familias y dificulta otros, así como se adapta
a las necesidades cambiantes de las familias que contiene.
En el Módulo 4 de esta unidad se exponen diversos sistemas que están intrínsecamente
vinculados al desarrollo de las familias y las personas en España: el Sistema de Servicios
Sociales, el de Educación, el de Sanidad, el de Vivienda, Seguridad Social, ... Todos ellos
son factores de un Exosistema en concreto y ofrecen oportunidades a las familias de la
misma forma que tienen unos límites. Estos factores influyen de forma muy directa en la
capacidad de las familias para afrontar sus necesidades de forma autónoma, para tomar
decisiones sobre su propio desarrollo, o para precisar de la intervención de profesionales
y de otros recursos para poderlo conseguir. Se incluye también en el Módulo 1.4 la
respuesta que, en España como en otros países de Europa, se ha hecho necesaria ante
la emergencia de necesidades familiares anteriormente más opacas: la atención de
personas con dependencias por parte de otros miembros de su familia, generalmente
mujeres.
En la Unidad 2, además, el Módulo 2.4 se ocupa de la normativa legal que atañe a las
familias y de los cambios que se han ido introduciendo en la ley, referidos a las formas
de convivencia familiar, las necesidades y los derechos de las familias.
Hallaremos numerosos ejemplos del modo en que el ambiente ecológico se adapta a las
personas de forma similar, aunque con mayor lentitud, a la que las familias cambian
para adaptarse al ambiente. Normalmente, esto ocurre con cierto equilibrio.
Cuando a causa de un desastre ecológico (humano) o a causa de la pérdida de poder
social, u otros recursos que hubieran permitido el reequilibrio de forma autónoma, las
familias precisan de intervenciones sociales, también hallamos algunos programas que
facilitan apoyo social con programas diseñados, desarrollados y evaluados a partir del
modelo ecológico que hemos expuesto.
Durante los siguientes módulos, se tendrán muestras y ejemplos de todo ello.