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2024 2025+Tema+de+Estudio+ +Camino+de+Emaús 55 66

Este documento explora la incertidumbre en la fe y la relación con Dios, utilizando la historia de los discípulos de Emaús como un marco para reflexionar sobre la comunicación y la apertura a la presencia divina. Se enfatiza la importancia de expresar nuestras preocupaciones y emociones a Dios, lo que puede llevar a una mayor paz y entendimiento en nuestras vidas y relaciones, especialmente en el matrimonio. Además, se aborda la necesidad de esperanza en un mundo lleno de dificultades, invitando a los lectores a ser agentes de cambio y amor en sus comunidades.

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Este documento explora la incertidumbre en la fe y la relación con Dios, utilizando la historia de los discípulos de Emaús como un marco para reflexionar sobre la comunicación y la apertura a la presencia divina. Se enfatiza la importancia de expresar nuestras preocupaciones y emociones a Dios, lo que puede llevar a una mayor paz y entendimiento en nuestras vidas y relaciones, especialmente en el matrimonio. Además, se aborda la necesidad de esperanza en un mundo lleno de dificultades, invitando a los lectores a ser agentes de cambio y amor en sus comunidades.

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Cuarta Reunión

CORAZONES INSEGUROS

CAMINO DE EMAÚS. 53
CUARTA REUNIÓN LO PARTIÓ

Introducción
En este capítulo exploramos la incertidumbre y la confusión en nuestro ca-
mino de fe, en la oración, en nuestra relación con Dios, y descubrimos un
camino de apertura a su misteriosa presencia en el corazón de nuestras vidas.
A la escucha de la Palabra de Dios
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso
en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron
los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo
crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con
todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que
algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido
muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron
diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que
está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encon-
traron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron» (Lc 24,19-24)
Volvamos al camino de Emaús para juntarnos con los dos discípulos. Por
supuesto, nuestro objetivo es vivir una experiencia espiritual que nos ayu-
de a crecer en nuestra fe, como individuos y como matrimonios. Recorre-
mos los caminos de nuestra vida y a veces tenemos la impresión de caminar
en el caos, o al menos de caminar en la incertidumbre. Con todo lo que
llevamos en el corazón, en la familia, en nuestras relaciones... a veces nos
resulta difícil comprender el sentido profundo de lo que teje nuestra vida
y la del mundo.
Fijémonos en la forma como enseña Jesús, que no es en absoluto arbitraria.
Después de tomarse su tiempo para conocer a los discípulos, para compar-
tir los aspectos cotidianos de su vida -el caminar-, ahora le interesa intro-
ducirlos en una historia. Reabre el diálogo y les dirige esta pregunta: “¿Qué
conversación es esa que traéis mientras vais de camino?” Les invita a contar
lo sucedido. Parece que una cosa es vivir los acontecimientos y otra muy
distinta contarlos. Es como si Jesús los animara a ordenar sus pensamien-
tos, a elegir sus palabras, a organizarlas... Y eso es exactamente lo que hicie-

54 ENS/TEMA DE ESTUDIO. CURSO 2024/2025


ron. Comienzan a responderle. ¿Qué dicen? ¿Qué dicen de Jesús? ¿Cómo
se implican en la historia que cuentan? Podemos elegir algunas palabras:
Jesús el Nazareno: Se trata de una persona identificada, conocida y bien
situada en la historia. Alguien con quien probablemente convivieron du-
rante años.
Un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pue-
blo: Por eso no le veían como a un hombre corriente, como los demás.
Fueron testigos de sus enseñanzas, de las obras de sus manos que llevaron
consuelo y curación interior a almas y cuerpos debilitados por dolencias y
enfermedades diversas.
Los sumos sacerdotes y nuestros jefes: Ahí se meten de lleno en la histo-
ria; se trata de los dirigentes de su pueblo... Y cuentan toda la sobria histo-
ria de la Pasión y la muerte, sin detalles, pero transmitiendo todo el horror.
Esperaban que Jesús liberara Israel, rompiendo el yugo de la ocupación,
restaurando su soberanía. Un mesías con una perspectiva plenamente hu-
mana. Su decepción queda a la altura de su antigua esperanza.
Ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió: Tres días es el tiempo
que tarda la muerte en hacer mella. Solo después de tres días se consideraba
que las personas estaban verdaderamente muertas. Esta referencia parece
esencial para comprender que, antes de la alegría de la Pascua, se encuentra
el final que la muerte significa a nuestros ojos.
Los dos discípulos dieron su propio testimonio. Sin darse cuenta, habían
entrado en contacto con aquel desconocido, porque les había hecho una
pregunta y estaba dispuesto a escucharlos. Sus palabras dieron forma a su
experiencia emocional, a su frustración, a su incertidumbre, a su miedo
profundo oculto tras una gran decepción. Y Jesús, el que penetra los secre-
tos del corazón (Salmo 44,21), necesitaba escuchar sus palabras, su propia
percepción de las cosas, su sufrimiento, su amargura... ¿No es extraño? ¡Je-
sús lo sabía todo! Él estaba en el centro de todos esos acontecimientos, por
lo que ¿qué sentido tenía interrogarlos sobre lo ocurrido?

CAMINO DE EMAÚS. 55
CUARTA REUNIÓN LO PARTIÓ

Un Dios que cuestiona


Cuando escrutamos las Escrituras, nos damos cuenta de que Dios mismo a
menudo hace preguntas y más preguntas. En el Jardín del Edén, Dios pre-
gunta a Adán dónde está y qué ha hecho (Gn 3,9-11). En el desierto, Dios
pregunta a Moisés qué tiene en la mano (Ex 4,2). Los Evangelios también
nos muestran a Jesús en diálogo constante con hombres y mujeres como
nosotros: madres, hombres, enfermos, viudas, ciegos... Se interesa por lo que
nos preocupa y nos pide que hablemos. Sus preguntas pueden llevarnos a un
nuevo descubrimiento, tal vez incluso a la realización de nuestros deseos más
profundos, lo que realmente queremos.
Un Dios que se ofrece
Jesús nos hace preguntas para que podamos entrar en una relación amorosa
con él. Su objetivo no es pronunciar discursos moralistas, darnos una ley o
unos principios. Cuando nos habla, dice poco y nunca para decir naderías.
Sabe el precio de las palabras y es parco. No se vale de largos discursos, sino
de palabras significativas y profundas. Al escucharnos atentamente, quiere
sin duda conocernos, pero también desea invitarnos a entrar en una profun-
da comunión con él. Quiere conocernos y darse a conocer. Se trata, en efecto,
de una dinámica relacional recíproca.
Un Dios que libera
Cuando Jesús pregunta a los discípulos de Emaús, les da la libertad de contar
su propia historia, basada en su propia experiencia y realidad. La historia que
cuentan se convierte en la expresión de su hábitat interior, sentimientos, deseos,
miedos, esperanzas y sueños. Esta expresión de su interior les permitirá abrirse
a lo nuevo, al más allá, a los horizontes de la Resurrección. Hablar tiene un efec-
to liberador. Poner palabras a sus experiencias puede calmar la ansiedad, res-
taurar el orden en la mente y crear un nuevo espacio para acoger una nueva luz.
Un Dios que llama
Jesús entabla un diálogo para entrar en comunicación. Reconoce el valor de
su interlocutor como contraparte en la relación, en un clima de respeto a su

56 ENS/TEMA DE ESTUDIO. CURSO 2024/2025


dignidad de persona capaz de recibir el don de la esperanza y de asumir su
papel de coprotagonista. Una llamada a compartir el misterio de la Resurrec-
ción.
Por supuesto, las preguntas de Jesús no pretenden obtener información.
Dios es un Padre que utiliza el lenguaje para enseñar en el contexto de una
relación. Es como un profesor que utiliza las preguntas para implicar a sus
alumnos. Jesús nos hace preguntas para invitarnos a reflexionar y guiarnos
hacia la verdad. Cuando pregunta, no es porque no sepa la respuesta, sino
porque quiere que la sepamos.
Y nosotros, hoy: llamados a comunicar
A veces me siento desorientado, mis pasos parecen inciertos, ya no sé exacta-
mente dónde depositar mi confianza... Tengo la impresión de dar vueltas en
redondo, atascado en un callejón sin salida, sin comprender ya el sentido de
los acontecimientos de mi vida. La indecisión, la incertidumbre, la frustra-
ción y el miedo al futuro son sentimientos desagradables, una tormenta in-
terior que expulsa la paz de mi corazón. ¿Dónde puedo refugiarme? ¿Cómo
redescubrir la alegría de vivir?
Y el Señor conoce mi corazón vacilante. Se acerca a mí y me pregunta qué me
preocupa. Lo mismo que hizo con los discípulos de Emaús. ¿Estoy dispuesto
a escucharle cuando me hace una pregunta? ¿Estoy dispuesto a entrar en
comunicación con él, a expresarle libremente, con mis propias palabras, lo
que me preocupa? Hoy se me dirige una nueva invitación: me pongo al lado
de estos dos discípulos y le cuento mi propia historia. Le entrego mi carga,
confiando en que caminará a mi lado y me escuchará. Que hoy me dirija a
Dios con las palabras de David en el Salmo 139: “Señor, tú me sondeas y
me conoces… de lejos penetras mis pensamientos… Me estrechas detrás y
delante, me cubres con tu palma… ¿Adónde iré lejos de tu aliento, adónde
escaparé de tu mirada?”.
Los que creen en Jesús pueden estar en paz a pesar de las incertidumbres de
la vida, porque tienen la seguridad de que su Padre ama a sus hijos y se ocupa
de sus necesidades (Mt 6,25-34). Podemos confiarle todas nuestras preocu-

CAMINO DE EMAÚS. 57
CUARTA REUNIÓN LO PARTIÓ

paciones con reconocimiento, sabiendo que él satisfará nuestras necesidades


y nos dará la paz (Flp 4,6.7). “Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custo-
diará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”, nos dice
el apóstol Pablo (v. 7). Decir que la paz de Dios sobrepasa todo entendimien-
to revela nuestra incapacidad para explicarla, pero también la posibilidad
de que la experimentemos, ya que esta paz custodia nuestros corazones y
nuestras mentes. Nuestra paz proviene de la certeza de que el Señor nos ama
y tiene en sus manos nuestra vida. Solo él puede darnos el consuelo que ne-
cesitamos para calmar nuestros nervios, llenarnos de esperanza y relajarnos
incluso en medio de cambios y desafíos. ¿Estamos dispuestos a embarcarnos
en esta aventura de amor, a abrirnos al corazón de Aquel que nos espera y
nos ama desde la eternidad? ¿Estamos dispuestos a renovar cada día nuestra
voluntad de dirigirnos a Jesús como a un amigo?
Y nuestra vida matrimonial
Aprender a comunicarnos con Dios nos ayuda a comunicarnos mejor con
nuestro cónyuge y nuestra familia. La comunicación verdadera y sincera es
un fundamento esencial en la vida de una pareja. Es un arte que se adquie-
re con el tiempo. Decir que comunicarse es una tarea fácil y que surge de
forma natural sin ningún esfuerzo nos parece a muchos una utopía, porque
en toda pareja hay tensiones. Comunicarse nunca está exento de desafíos,
pero no es imposible, porque es un proceso de aprendizaje que se basa en
el amor y la convicción. La felicidad común es un trabajo constante, que se
construye con voluntad y diciendo la verdad. Comunicarse en pareja no es
solo hablar de hechos, sino de cómo uno se siente en una situación concre-
ta. Cuando una pareja se hace confidencias, el diálogo les permite descu-
brirse a sí mismos y al otro tal como son. Y esto refuerza el amor conyugal.
Además, confiar tus debilidades, miedos y defectos, y saber que te aceptan
y te quieren a pesar de todo, es una fuente de gran alegría para la vida en
común. La comunicación genera la realización individual de cada uno de
los cónyuges, así como la realización de su matrimonio como entidad que
merece la pena cuidar para avanzar plenamente hacia la santidad. Todos
tenemos una necesidad vital de vivir en armonía y en plena realización,

58 ENS/TEMA DE ESTUDIO. CURSO 2024/2025


y esta necesidad es tanto más cierta en el ámbito del matrimonio y de la
familia.
Oración para reavivar el enamoramiento
Era mi amigo, mi amado. Hoy, él/ella es como mi mejor enemigo. No es
exactamente la guerra, pero tampoco la paz. Él/ella siempre está ahí a corta
distancia, en el salón, en la mesa, en la cama. Sus actitudes, sus tics, sus pala-
bras revelan por milésima vez hasta qué punto me exaspera. No entiende que
lo que le parece insignificante me saca de quicio. ¿Cómo puedo decírselo?
Tú puedes, Señor, que habitas en su corazón.
Alivia también el mío, porque no puedo esperar a que cambie la situación.
Muéstrame cuánta responsabilidad tengo en mis dificultades para amar a mi
cónyuge. ¿Y si, al saber cómo superar la amargura de mi corazón, mi amor
por él/ella creciera y se fortaleciera?
Es preciso que conozca las expectativas de mi cónyuge si queremos perma-
necer unidos por el vínculo del matrimonio.
Necesito mirarle con confianza y no con desconfianza, con perdón y no con
recelo, con fe y no con confusión.
Cambia mi corazón y el de mi cónyuge para que podamos saborear la felici-
dad que nos has prometido.
Transforma mi corazón para que pueda acogerle de nuevo. Ven y bendice a
mi cónyuge. Amén. (Fuente: Aleteia)
Y el mundo en el que vivimos
En el momento de escribir estas líneas, las noticias no cesan de hablar del
mal que persiste bajo múltiples formas: violencia, terrorismo, guerras, ase-
sinatos, destrucción, corrupción, violaciones de los derechos humanos y
desprecio de las aspiraciones legítimas: en Ucrania, en Tierra Santa, en Lí-
bano, en Argentina, en Sudán, en Haití, en Myanmar... y en muchos otros
rincones del mundo que experimentan la decepción de los dos discípulos

CAMINO DE EMAÚS. 59
CUARTA REUNIÓN LO PARTIÓ

de Emaús: una decepción al ver la fuerza del mal imperante, la mano de


la muerte que destruye la vida. Podemos fácilmente apartar la mirada, si
estamos lejos, y decirnos que no es asunto nuestro, y dejarnos arrastrar
así por la trampa de la indiferencia. O, si nos vemos afectados por lo que
sucede a nuestro alrededor, podemos dejarnos caer en la trampa del pesi-
mismo y la depresión. Nuestro mundo de hoy grita de dolor por doquier.
¿Cómo podemos reavivar en nuestros corazones ese destello de esperanza
que crece en la fuerza de la Vida y de la Resurrección? ¿Podemos creer
profundamente en la fuerza misteriosa del Amor que puede traer consue-
lo, ternura y empatía? ¿Pueden nuestras manos, nuestros ojos, nuestras
palabras, nuestros gestos... por humildes que sean, ser nuevas semillas de
vida que ayuden a crear un mundo nuevo? ¿Nos atrevemos a abrirnos a la
Esperanza?
Lo que comparte el P. Caffarel sobre la belleza del matrimonio cristiano
Dios dice: “Matrimonio cristiano, eres mi orgullo y mi esperanza”:
Dios dice: “Matrimonio cristiano, eres mi orgullo y mi esperanza.
Cuando creé el cielo y la tierra, y en el cielo las grandes luminarias,
vi en mis criaturas vestigios de mis perfecciones, y pensé que eso era
bueno. Cuando cubrí la tierra con su gran manto de campos y bosques,
vi que era bueno. Cuando creé los incontables animales según su es-
pecie, contemplé en estos seres vivientes y pululantes un reflejo de mi
vida desbordante, y comprobé que esto era bueno. De toda mi creación
surgió un gran himno solemne y jubiloso que celebraba mi gloria y mis
perfecciones. Y, sin embargo, en ninguna parte vi la imagen de lo que es
mi vida más secreta, más ferviente. Así que sentí la necesidad de revelar
lo mejor de mí mismo: y ésa fue mi mayor invención. Así que os creé,
pareja humana, "a mi imagen y semejanza", y vi que eso era muy bue-
no. En medio de este universo, en el que cada criatura exalta mi gloria
y celebra mis perfecciones, había surgido por fin el amor para revelar
mi Amor. Pareja humana, mi criatura amada, mi testigo privilegiado,
¿comprendes por qué me eres cara entre todas las criaturas, compren-
des la inmensa esperanza que pongo en ti? Eres el portador de mi re-

60 ENS/TEMA DE ESTUDIO. CURSO 2024/2025


putación, de mi gloria, eres el gran motivo de esperanza del universo...
porque eres Amor. Que así sea”5.
Extracto del libro de Henri Nouwen
Jesús, al escucharnos:
Cuando los dos viajeros regresan a casa llorando su pérdida, Jesús sale a su
encuentro y camina con ellos, pero sus ojos son incapaces de reconocerle. De
repente, ya no son dos, sino tres las personas que caminan, y todo cambia.
Los dos amigos ya no caminan con la cabeza inclinada, sino que miran fijo
a los ojos al desconocido que acaba de unirse a ellos y les pregunta: “¿Qué
conversación es esa que traéis mientras vais de camino?”. Se sorprenden,
agitados incluso: “¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que
ha pasado allí estos días?” Entonces empiezan a contar esta larga historia; la
de una pérdida, una historia de informaciones misteriosas sobre un sepulcro
vacío. Aquí al menos hay alguien dispuesto a escuchar, alguien dispuesto a
oírlos hablar de su desilusión, de su tristeza y de su confusión más absoluta.
Nada parece tener sentido. Pero es mejor contárselo a un desconocido que
repetirse lo que uno ya se sabe6.
Testimonio
Nuestra relación empezó con una fuerte fe en Dios y el deseo de seguir su
voluntad. Como en cualquier relación nueva, encontramos dificultades y
afrontamos muchos retos, sobre todo cuando nos trasladamos a un nue-
vo país, lejos de nuestra familia y amigos. Intentamos mantener a Dios en
nuestras vidas a través de nuestras oraciones personales diarias y asistien-
do regularmente a misa cada semana, pero sentíamos que Dios estaba lejos
y en silencio. También nos resultaba difícil comunicarnos entre nosotros.

5 Henri Caffarel. Extracto de la conferencia Los Equipos de Nuestra Señora frente al ateísmo. Roma,
5 de mayo de 1970. Accesible online (17/04/2024) en: [Link]
fuentes-de-los-ENS
6 Henri Nouwen; Con el corazón en ascuas: Meditaciones sobre la vida eucarística. ST breve (2012).
Texto tomado de la p. 39 en la traducción francesa.

CAMINO DE EMAÚS. 61
CUARTA REUNIÓN LO PARTIÓ

Nuestras conversaciones francas eran escasas, ya que estábamos ocupados


y apresurados por nuestro trabajo y nuestras responsabilidades diarias. Sen-
tíamos que nos estábamos distanciando y perdiendo la conexión que una vez
tuvimos. Sentíamos que Dios no estaba presente en nuestras vidas. Con el
tiempo, nos distanciamos. Intentamos diversos modos de mejorar nuestra
comunicación, pero la cerrazón y la falta de escucha nos lo impidieron. La
incertidumbre y la confusión en nuestro camino de fe hicieron que nuestra
relación con Dios fuera fría y distante.
Nuestro encuentro con los ENS
El Señor, en su misericordia y providencia, ha puesto a los ENS en nuestro
camino. Nos unimos a estos Equipos con la esperanza de encontrar apoyo
y orientación para nuestro matrimonio y nuestra vida espiritual. No esperá-
bamos el cambio positivo que Dios había preparado para nosotros. A través
de estos Equipos, aprendimos a practicar la “sentada”, un momento mensual
en el que compartimos nuestros pensamientos, sentimientos, alegrías, penas
y problemas. También aprendimos a orar juntos, a leer la palabra de Dios y
a buscar su voluntad. Nos costó un tiempo abrirnos y permitir que nuestro
cónyuge entrara en nuestros pensamientos. Al principio dudábamos, pero
en cuanto recordábamos que Jesús estaba con nosotros, estábamos más dis-
puestos a escuchar, a compartir y a entendernos mejor. Al seguir los pasos
de la “sentada”, notamos un cambio positivo en nuestra relación. Nos volvi-
mos más atentos a la hora de escuchar, comprender y apreciar al otro. Nos
dimos cuenta de que el amor no es solo un sentimiento, sino una elección y
un comportamiento. Descubrimos la belleza y el poder del secreto de la re-
conciliación, la gracia y la paz que aporta a nuestra relación. Nos moríamos
de ganas de sentarnos a hablar para saber más. El amor seguía ahí, pero no
era suficiente. La “sentada” era necesaria para transformar el amor de senti-
miento a comportamiento.
Hemos crecido en fe y amor
Sobre todo, sentimos realmente la presencia continua de Dios en nuestras
vidas. Nos dimos cuenta de que seguía llevándonos de la mano durante todo

62 ENS/TEMA DE ESTUDIO. CURSO 2024/2025


el camino, pero estábamos tan preocupados por muchas cosas que no podía-
mos oírle ni reconocerle. Estábamos tan dispersos y sordos que no podíamos
oír su voz entre nosotros ni reconocerle, como los discípulos de Emaús. Dios
nos hablaba siempre de diferentes maneras, pero no le reconocíamos. Era él
quien nos ayudaba y nos guiaba en nuestras decisiones y en nuestro camino
por la vida. El Señor siempre está esperándonos a la puerta, y nosotros tene-
mos que abrirle para que entre y reine en nuestras vidas.
Aprendimos a confiar en Dios y a apoyarnos más en él, a confiarle nuestros
problemas y preocupaciones. Experimentamos su amor y su gracia tangible-
mente, y nos sentimos cerca de él y de los demás. Descubrimos cómo abrir-
nos a su misteriosa presencia en el corazón de nuestras vidas. Ahora estamos
convencidos de que Dios está siempre con nosotros y de que tiene un plan y
un designio para nuestro matrimonio.
Para orar juntos la Oración del abandono con San Carlos de Foucauld
Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.
Lo que hagas de mí te lo agradezco.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas;
no deseo nada más, Dios mío.
Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre.

CAMINO DE EMAÚS. 63
CUARTA REUNIÓN LO PARTIÓ

Para la sentada
¿Cómo cultivamos la comunicación en nuestra vida cotidiana? ¿Somos cons-
cientes y estamos atentos a sus beneficios o a las consecuencias de su ausen-
cia?
Cuando me comunico con mi cónyuge, me revelo y me doy a conocer. ¿Po-
demos compartir experiencias en este ámbito? ¿Qué papel ha desempeñado
la escucha atenta en estas experiencias?
Para la reunión de Equipo
¿Nos comunicamos bien como equipistas? ¿Dejamos suficiente espacio para
la escucha y el respeto mutuo?
Cada uno de nosotros puede pasar por una experiencia de incertidumbre
en su vida (individualmente o como matrimonio). ¿De qué manera estamos
dispuestos a apoyarnos mutuamente? ¿Lo hacemos para vivir en profundi-
dad el espíritu de familia y de fraternidad?
Oraciones finales
• Por la canonización del P. Caffarel.
• Magníficat.

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