Figuras animalistas del Cerro los Santos
POR E. JIMÉNEZ NAVARRO
Entre los abundantes restos que componen la numerosa serie de es-
culturas del Cerro de los Santos del Museo Arqueológico Nacional, encuén-
trance en no pequeño número algunas figuras de animales de reducidas pro-
porciones que no estudiadas ni publicadas por ninguno de los prestigiosos
especialistas que de antiguo se han ocupado del tema, pueden considerarse
como inéditas.
El interés extraordinario despertado por las esculturas de sacerdo-
tisas y oferentes, su depurada técnica, la novedad de los adornos y, sobre
todo, el apasionante problema de autenticidad de muchas de las mejores
figuras, ha hecho que desde las primeras monografías dedicadas a este es-
tudio se pasase muy a la ligera sobre las figuras animales, incluso las de
gran tamaño, que por repetir un tipo y estilo consagrados como votivos
no podían, aparentemente, dar perspectivas nuevas al mejor conocimiento
del conocido santuario.
En cuanto a las figuritas que motivan este artículo; únicamente
aparecen citadas algunas de ellas, y esto de manera general, por don Pau-
lino Savirón y Estevan,a el primer excavador del Cerro de los Santos en-
viado por la Dirección del Museo Arqueológico unos años después de la
noticia de su descubrimiento,a y por la Memoria de los PP. Escolapios del
Colegio de Yecla;' sin embargo, las cortas noticias citadas nos dan la se-
guridad de la autenticidad de las piezas que publicamos, autenticidad a
la que se llega inmediatamente tan pronto se tienen los objetos a la vista.
I . Agradezco vivamente al Director del Museo Arqueológico, don Blas Taracena Aguirre,
las facilidades dadas ara el estudio y publicación de las piezas, así como al señor Fernándcz
Avi16ss. funcionario def mismo Museo, por su ayuda siempre cordial.
2. P. SAVIRÓN Y ESTEVAN, Noticias de varias excavaciones del Cerro de los Santos, en el
tdrmino de Montealegre. Madrid, 1875. Colec. Doc. Hist., public. por R. A. B. M., n . O IV.
3. J . DE DIOSAGUADO, El Cerro de los Santos, en Hev. Hist. Lat., t . 11. Barcelona, 1875.
4. Memoria sobre las notables excavaciones hechas en el Cerro de los Santos, publicada
por los PP. Escolapios de Yecla. Madrid, 1871.
Después del estudio particular y detenido no creemos en la falsificación de
ninguno de ello!;, conclusión a la que llegaron P. París1 y Mélida2 entre otros,
al estudiar alguno de estos exvotos. Además de las autoridades citadas,
refuerza nuestro criterio el conocimiento de lo que pudiéramos llamar téc-
nica de la falsificación del relojero de Yecla, en la que entró por mucho
el desconocimiento del arte griego y la sugestión de lo exótico, especial-
mente egipcio, entonces tan en boga, y que logró desviar lamentablemente
en su estudio de las Antigüedades del Cerro al señor Rada y D e l g a d ~ exce-
,~
sivamente aficionado a lo oriental después del viaje con la Misión Arqueo-
lógica a Oriente.
. Nuestras figuras, por su tamaño pequeño, sus adornos, su forma y su
estilo, están -aun reconociendo las diversas influencias artísticas que en-
tonces juegan e11 España -, dentro de la manera plástica ibérica. Forman
un conjunto de diecinueve piezas, verdaderos exvotos, entre los que cabe
distinguir caballos, toros, corderos y cerdos o jabalíes, animales estos últimos
de gran interés, por ser rarísimos fuera de la zona central de la península.
Tratándose de una región en la que faltan el mármol y las minas,
no es de extrañar que las figuras que se publican estén esculpidas en la
típica arenisca blanda del país, procedente en este caso de las cercanas can-
teras del Monte Arabí, que con su alargada mole parece cerrar el camino
de la costa. Esta circunstancia ha hecho que, sin llegar a faltar los ex-
votos de broncle en el Santuario, aparezcan, sin embargo, en tan pequeña
cantidad, que puede decirse del Cerro de los Santos que su característica
más importante es la talla en piedra, consiguiéndose con ello un estilo más
depurado en las esculturas, ya que las dificultades técnicas de la fundición
contra las que debió debatirse el artista ibérico cedían paso a las facili-
dades de talla de una piedra que permite las mayores filigranas, puestas
de relieve en los adornos y vestidos de las figuras humanas.
Dentro cle nuestros exvotos aparecidos en absoluta mezcolanza en
el derrumbadero que llegaba, en dirección norte a sur, desde el pie de la
escalinata que conducía al templo hasta la base del monte, pueden distin-
guirse perfectamente diversos estilos que en manera alguna pueden llevarnos
a conclusiones cronológicas seguras, pero que por su paralelismo con tipos
ya conocidos, rios permiten reforzar la idea de la existencia de varias es-
cuelas escultóricas en la España prerromana.
Situado el Santuario del Cerro de los Santos en punto crucial de rutas,
I. P . PARIS,Essai sur I'art e6 11indz4striede 1'Espagne $vimitive. París, 1903,t. 1, p4g. 257.
2. T . R. M ~ ~ I , I D. ALas
. esculturas del Cerro de los Santos. Cuestidn de nut~niicidad.R . A.
B . M., t . 211, p6g. 39.
3. T . DE DIOS DE LA RADA Y DE1,GAno. Antipüedades del Cerro de los Srinios. ilircurso
ingreso- ~ . - ~ c a Hist.
d . Madrid, I 875.
Nuevas escz4ll;aras procedentes del Cerro de los Santos. Museo Esp. Antigiicdndcs, t . vrr. MR-
drid, 1876.
FIGURAS ANIAIAI,ISTAC DEL CERRO DE LOS SANTOS 97
cerca del puerto de Almansa - una de las llaves de la huerta levantina -,
dominando la dirección alicantina y murciana en donde florece espléndida-
mente la cultura del sudeste, y en el paso obligado del camino interior a
Andalucía, a las riquezas mineras de Sierra Morena a través de Albacete,
Balazote, Alcaraz, Villacarrillo y Linares, camino jalonado de tan intere-
santes hallazgos escultóricos, no es de extrañar que este Santuario reúna
en sus obras los más diversos estilos, como prueba de ser centro importan-
tisimo en las épocas ibérica y romana. La misma vía Heraclea, la más
antigua de España, besaba sus muros, y la importancia siempre creciente
de este centro de peregrinación atestiguada por los abundantes restos de
sigillata, mosaicos, armas, estatuas, pedestales, etc., muchos de ellos perdi-
dos definitivamente en las rebuscas de los -primeros momentos del descu-
brimiento, duró hasta que vióse cortada de manera violenta, en el siglo 111
d. de J. C. - a consecuencia del Edicto de Teodosiol contra los templos
paganos -, con la destrucción del templo y el incendio del espesísimo bosque
sagrado, incendio que ha dejado hasta nuestros días huellas materiales
- tierra vegetal y trobos de plomo derretido - y huellas espirituales en
la pura tradición con la que los habitantes de la comarca conservan el
recuerdo del hecho
, En los días de grandeza de la antigua Ello, cuando la ruta interior
era obligada por la inseguridad del camino marítimo, a veces inestable
ante .las pugnas de las potentes thalasocracias rivales, allí debió acudir un
pueblo fervoroso que desde las más apartadas regiones llevaba figuras y
exvotos en agradecimiento a la intercesión solicitada de la divinidad. Desde
muy antiguo debió ser señalado este punto como lugar de culto, pues entre
los exvotos encontrados los hay de concepción rudimentaria y primitiva.
En cuanto a la cantidad, hay que suponerla grandísima en todas las épocas.
nComo patatas)), según feliz expresión, salían los revueltos fragmentos de
cabezas y cuerpos escultóricos, y hasta hace muy pocos años las figuritas
de toros y caballos extraídas de las ruinas servían de juguete y distrac-
ción a los niños del cercano pueblo de M~ntealegre.~
De tan gran riqueza escultórica, aparte la valiosísima serie de figu-
ras humanas del Arqueológico y de algunos animales del Museo del Louvre,
muy poco ha podido salvarse; los exvotos de piedra, interesantes por tantos
conceptos, han quedado reducidos a los que pasamos a describir:
Lám. 1, fig. I. Piedra caliza, tosca, que presenta forma de ladrillo sin
desbaste ni preparación alguna; grabados, o mejor aún, insculpidos se reconocen
dos animales, seguramente toros, por la indicación de sus cuernos conse-
guidos con gran naturalismo y seguro trazo. Aunque la posición de las
r. RADAY DELGADO,Antigüedades ..., pág. 2 4 .
2. P . PARIS, Promenades archkologiques en Esfiagne. París, 1910, pág. 55.
figuras nos trae a la memoria la idea de un friso decorativo del que éstas
sólo fueran ínfimo resto, es lo +más probable que se trate de un exvoto
-los toros so11 muy pequeños y poco resaltados para visios a distancia -
entregado por donante pobre y de lejanas tierras situadas al interior, en
zona a donde las influencias mediterráneas llegan muy apagadas.
Lám. 1, fig. 2. De técnica semejante, pero de mayor naturalismo,
hecha también en un trozo de piedra caliza sin preparar. En ésta se ha
modelado, en bajorrelieve, un caballo en actitud de movimiento, con per-
fecta indicación de la parte trasera más realzada que el resto del cuerpo;
. el lomo y la cola han sido las partes mejor cuidadas por el artista que,
si acusa indecisión en la desproporcionada cabeza, revela mayor destreza
que el de la figura anterior, más cercano a los relieves célticos como el de
Briteiros.
Lám. 11, fig. 3. Trozo de piedra caliza cn forma de estela, a la que una
preparación cuidadosa ha dado gran finura en la superficie dc sus caras; en
ambas se ha esculpido el tema, caballo en actitud de andar, cn la misma
posición, aunque por su mutilación sólo resta la parte delantera. La parte
visible en la fotografía nos coloca ante una obra de tan perfecta ejecución,
que me inclino a creerla producto de la mejor influencia griega en nues-
tras tierras del sudeste, tan cercanas al lugar del hallazgo. Presenta señales
de haber sufrido intensamente la acción del fuego.
Lám. 11, fig. 4. Resto de estela preparada en la misma forma que la
anterior, aunque sin llegar a la superficie tan pulida. En bajorrelieve, y
por una de las caras solamente, figura un caballo o mulo, de ejecución más
torpe pero muy vigorosa, en actitud de movimiento al levantar la pata
izquierda, como en la figura anterior. Su extraña cabeza, más parecida
a la de asno o mulo que a la de caballo, tiene la particularidad del tra-
bajo de la crin, conseguida como en el caso del caballito de bronce del San-
tuario de Nuestra Señora de la Luz,l a base de fuertes incisiones paralelas.
La pérdida del trozo de estela que falta nos impide conocer los arreos
que indudablemente llevaba el animal; en la fotografía aun puede distin-
guirse, a la altura del pecho, un trozo de pretal, en forma ligeramente re-
saltada, que se unía, para sujetarlo, a la montura.
Lám. 111, fig. 5 . Grupo compuesto por dos caballos de trazado muy
geométrico; le falta las cabezas y en realidad vienen a ser, más que verda-
deras esculturas exentas, dos relieves idénticos con medio cuerpo trabajado
solamente.
Sobre la blanda arenisca previamente preparada, se han resaltado
las formas del animal con escasa gracia en las extremidades inferiores. Una
I . C. DE MERGEWNA, El santuario hispánico de la Sierra de Murcia. Madrid, r 926. Mem. n6-
mero 77 de la J . S. E. A. LBni. VIII, n.o 3.
FIGURAS ANIMALISTAS DEL CERRO DE LOS SANTOS 99
línea poco profunda viene a separar los cuerpos, y en la parte trasera, única'
modelada con cuidado, resaltan las colas, de trazo esquemático abultado.
Lám. 111, fig. 6. Cabezas de dos caballos juntos, que por su posición
debieron formar parte de una biga, composición muy rara en el arte ibérico.
En piedra arenisca muy bien pulida constituirían, de estar completos, uno
de los más bellos ejemplares de la escultura ibérica.
En su lado derecho y, por tanto, no visibles en la' fotografía, con-
servan orejas y ojos, estos últimos resueltos mediante un abultamiento
circular encerrado en dos líneas amigdaloides. Aun en medio de su mu-
tilación, cabe señalar su realismo, proporción y feliz manera de resolver la
crin, terminada en la cabeza por un resalte frontal que parece más bien un
adorno. En este aspecto, son idénticos a la cabeza de caballo encontrada
en Redobán,l aunque sin las incisiones que segmentan la crin, y a la cabeza
encontrada en la Alcudia de Elche de la Colección Ramos F o l q u e ~ . ~
Lám. IV, fig. 7. Fragmento de escultura a la que faltan cabeza y
extremidades inferiores casi en sus arranques. Por la esbeltez general de la
figura y la forma del cuello, me inclino a creerla de caballo.
De fino modelado, acentúa las notas de arcaísmo mediante el geomé-
trico resalte de los músculos, muy acentuado en las ancas y paletillas.
Lám. IV,fig. 8. Interesante exvoto, muy mutilado, en caliza, que une
a su valor intrínseco artístico el no menos valioso iconográfico para conocer,
en parte, los arreos y montura del caballo de silla ibérico. La figurita que
describimos es una yegua con clara indicación de órganos genitales, a la
que por un fuerte resalte en el lomo, se le ha señalado la silla de tipo muy
sencillo y primitivo, formada por una especie de manta lisa y cuadrada
sujeta al vientre por la cincha y al pecho por el pretal. Al comienzo del
cuello no deja ver más que el collar de las riendas, y la pérdida de la
cabeza nos impide formarnos idea de lo que serían el bocado y cabezada.
Por la forma de la silla recuerda a alguna de las figuritas del San-
tuario de la Luz, pero sobre todo al fragmento de jinete, también proce-
dente del Cerro de los Santos, del Museo del Louvre.=
Lám. v, fig. g. Resto escultórico de animal, posiblemente caballo,
modelado en una piedra asperón más dura que las anteriores.
Le falta la cabeza, las articulaciones inferiores de las patas traseras
y casi totalmente las delanteras; por su ejecución, especialmente en el pecho,
puede resistir la comparación con las mejores esculturas zoomórficas dc
gran tamaño.
Lám. v, fig. 10. Cabeza de caballo, de reducidas proporciones, con
1. P. PARIS,Essai ..., t. 1, figs. 71 y 72.
2. A. RAMOSPOI,QUES,Nuevos descubrimientos en Illici. Arch. Esp. Art. Arq., 1933. t. JX,
pag. 103.
3. P. PARIS, Essai ..., t. 1, fig. 294.
cabezada de tipo simple, pero que parece por su forma bastante avanzada
cronológicamente. La figura conserva bastante bien la boca, los ojos y la
resaltada crin, en la que una serie de gruesas incisioncis dividen los me-
chones, muy resaltados en la parte frontal.
Es el único ejemplar cn barro cocido, sin que por ello haya que
pensar en la ra,reza de esta técnica en el Cerro de los Santos; por razones
fáciles de comprender, no es fácil que hayan podido llegar a nosotros obras
cerámicas en un yacimiento en donde las esculturas de piedra se encuen-
tran tan mutiladas, pero si pensamos en el desarrollo tan enorme de la coro-
plastia. en la zona valenciana con los abundantes hallazgos de la Serreta
de Alcoyl y los esporádicos de Játiva12 Lirials etc., el santuario que nos
ocupa no podía ser excepción. Aun en zonas más lejanas, como Santiste-
ban4 y la alcazaba dc Málaga, piiedcn scñalarsc cstas tcrracotas de raigam-
bre técnica píinica.
Lám. VI, fig. 11. Resto, muy mutilado, dc cürnvro - falta la parte
posterior de la figura -, en el quc sc distinguen fácilmente los retorcidos
cuernos. Llama la atención la manera singular de tratar los vclloncs de la
lana por medio de salientes circulitos que dan una apariencia granulosa a la
superficie del cuerpo, técnica que tiene un paralelo en la utilizada para
resolver el cabello en alguna de las cabezas del Cerro" sobre todo en
la del negro apresado por un león, procedente de Osuna.6
Entre la:; representaciones animales, la de carnero es muy poco fre-
cuente en la plAstica ibérica, aunque se repite bastante en los adornos pec-
torales de las sacerdotisas del Cerro de los Santos,' sobre los que algunos
autores, quizás con excesiva suspicacia, han puesto en duda la autenticidad.
Diferénciase de ellos en la manera más geométrica de los vellones y en la
desproporción un poco acentuada de la figura.
Más semlvjanza tiene con un exvoto de bronce del mismo tipo pro-
cedente de la Colección Vives en el Arqueológico.8 Las diferencias se acen-
túan con el del lobo, u oso, devorando un cordero, de Cartama? y con las
cabezas de Osiina, seguramente metopas de un templo, de época algo pos-
terior, aunque repitan el arcaísmo - posiblemente intencionado - de las
líneas paralelas eri el cuello y encima de los ojos, tan típicas del arte tartesio.
1. C. VISRDO,Excavaciones en el monte La Serreta. Madrid, 1924. Mem. n . o 56 de la J . S. E. A.
. 2. Nuevos ejemplares de plástica ibérica. Rev. Saitabi, n.O I . Valencia, 1940.
J . CHOCOI~EI,I,
pág. 6.
3. J . C H O C O I ~ INuevos
,I, ..., p á ~.7.
.
4. R. LANTIIER, El santuario zberzco de Castellar de Santisteban. Madrid, 1917, láms. XxIx
a XXXII.
5. P. PARIS, Essai .... t. I, figs. 286 y 287.
6. P. PARIS,Promenades ..., P1. xt.
7. P. P A R I ~Essai
, ..., t. 1, Pl. VIII.
s o ~ ~ o , de los exvotosde bvonce ibéricos. Madrid, 1941.1,áni. cxxxrx,
8. F. A ~ . v ~ ~ i % z - O s Catálogo
fig. 1823.
c). P. PARIS, Essai ..., t. 1, fig. 106.
FIGURAS ANIMALISTAS DEL CERRO DE LOS SANTOS 10 1
Lám. VI, fig. 12. Pieza en arenisca ,blanda, difícilmente determinable
por su gran mutilación; aunque el fino cuerpo parece de caballo, me inclino
a creerlo toro por lo robusto del cuello y la forma del rabo; es obra bastante
adelantada cronológicamente, ya que no presenta en su modelado n i n-p n o
de los arcaísmos en uso en el arte ibérico.
Lám. VII, fig. 13. Bellísima esculturita de toro en caliza, con perfecta
indicación de sexo. Es pieza curiosa artísticamente por lo perfecto del mode-
lado y suave resalte de paletillas y ancas tratadas de la mejor manera na-
turalista, y al mismo tiempo por la nota primitiva que quiere conseguir
a base de presentar el resalte - apenas distinguible en la fotografía - que
naciendo al comienzo del lomo en forma de vértice, se extiende por ambos
lados del cuerpo bordeando las partes delanteras de las -paletillas hasta ter-
minar en el punto .de unión de la papada y el vientre por un lado y en-
cima de los ojos del animal por otro, formando en este punto una especie
de manto o túnica que desde la frente baja por delante de las orejas hasta
la [Link] de la boca, enmarcando así en perfecto óvalo su cara
Entre los cuernos forma la túnica un saliente parecido a una cenefa
decorativa, en la que no es posible distinguir adornos especiales, hecha se-
guramente con el fin de aumentar la geometrización de la figura.
Esta particularidad nos recuerda el adorno colocado en el mismo
punto del toro de Osuna,l aunque le separa de él su mayor naturalismo,
lo mismo que en el caso de la cabeza de toro de Rojales.2
Conserva perfectamente los ojos y la boca, tratados los primeros por
medio de tres líneas paralelas, y en cuanto a las patas, presentan la mu-
tilación tan en sus arranques, que no es posible dictaminar si estaría de pie.
Lám. VII, fig. 14. Fragmento de escultura de toro, en caliza muy des-
gastada, con falta de parte de la cabeza y patas, sirviéndonos para su clasifi-
cación la forma del cuello con las típicas estrías que en número de cinco
dan la sensación de fuerza y energía según la ingenua solución de los artistas
ibéricos.
Fué encontrada por el señor Savirón a dos metros de profundidad,
entre cenizas, y aunque la publicó en un minúsculo grabado, aparece tan
retocado, que no es posible formar clara idea.
De proporciones muy exactas corresponde a un tipo muy frecuente
en la plástica de la época y del que por tanto tenemos abundantes restos.
Dentro de las figuras del mismo Cerro es curioso el-paralelismo que pre-
senta con un torito de bronce de la Colección Z u a r ~ o ,así
~ como con los
I. P. P A K I ~Promenades
, ..., P1. xxxv.
2. A. P E R N ~ N D E ZAVILBS,LOStoros hispánicos del Cabezo Lucero. Rojales (Alicante), en
drch. Es*. Arq., n . O 4 5 , figs. 3 y IG.
3 . J . ZUAZOPAL~QCIOS, La villa de Montealegre y su cervo de los Santos. Madrid, 1915, pá-
gina 64, 1Bm. 3 .
toros, en piedra de gran tamaño, de Osuna, de Ecijal y Alcalá del Río,s
más toscos de factura en general, especialmente los dos Últimos.
Lám. VIII, fig. 15. Fragmento calizo, en el que, sin indicación de de-
talles, se ha modelado toscamente una figura de difícil clasificación, que me
inclino a creer sea un caballo a la vista de la forma de la cabeza, boca y cola.
La desproporción de esta figura y su torpe técnica la sitúa muy lejos
de la zona artística en que ha aparecido y trae paralelismos con los toros
y verracos célticos, paralelismos que se acentúan en las tres figuras siguientes.
Lám. vIrI, fig. 16. Escultura completa de verraco más bien que de
toro, por la forma agachada de la cabeza, la falta de cuernos, o señal
de haberlos tenido, y forma de la boca conseguida a basc cle una pcqueña inci-
sión; los ojos están apenas señalados por dos pequeños hoyuelos, y cl rabo,
aunque con gran rcsalte, también resulta poco largo para ser de toro.
Su parecido con la escultura céltica llega hasta el cxtremo técnico
de trazar sobre la blanda caliza el esquema geométrico de la figura, seña-
lando con profunda línea el perfil de las patas y cuerpo que vicnc a quedar
como en relieve, modelando únicamente - y esto con impericia - el lomo,
la espalda y la cabeza del animal.
Al mism.0 sorprendente tipo pertenecen la representada en la lámi-
na IX, fig. 18, la parte posterior de un verraco, y lám. IX, fig. 17, también
en piedra caliza, con carencia absoluta de detalles anatómicos, si exceptua-
mos [Link] líiiea que señala el contorno del animal.
Estas tres piezas, tan típicas como las que aparecen cn la meseta
o en Portugal, y cuyo paralelismo artístico no es posible buscar en Levante
ni en Andalucía, prueban de manera elocuente las intensas relaciones entre
los pueblos hispánicos de la Edad del Hierro, viniendo a confirmar hallaz-
gos t a n interesantes como el de los vasos y urnas hallstátticos de Castellar
de Santisteban:' que, aunque escasos, testimonian la afluencia a los santua-
rios importantes de devotos de todas las regioncs. La técnica de los exvotos
que describimos es muy rudimentaria, aunque idéntica a la seguida con
los verracos del gran tamaño; sobre el pequeño bloque calizo se ha desbas-
tado la cabeza y la parte superior del animal, quedando las patas y el vicn-
tre unidas al pedestal, con lo que se consigue la impresión de solidez; esta
misma solucióri es la dada en el llamado ídolo de Miqueldi' y sobre todo
en la Berroaziilha da Acoreira, d'el Museo Etnológico de Lisboa,' que por
su tamaño difiere muy poco de los nuestros. Con el vientre cxento, pero
I. F. COLL!~NTES, El toro ibérico de Ecija, en Arch. Esp. Arq., n.o 42, pAg. 218.
2. J . HERN~NDEZ D ~ A zA.
, SANCHO y F. COLLANTES, Catálogo Arq. y Art. de la provincia
de Sevilla, t . 1, pAg. 92, fig. go.
3. R. LANTIER,El Santuario ..., lám. x x x ~ v pág., 102.
4. P. PARIF;,Essai ..., t. 1, fig. 43.
5 . J. LEITBDE VASCONCELLOS, Religios da Lusitania. Lisboa, 1913,vol. 111, fig. 1 2 , pág. 29.
Y
FIGURAS ANIMALISTAS DEL CERRO DE LOS SANTOS f 63
conservando unidas las patas delanteras y traseras, existen en mayor nú-
mero tanto en Portugal, donde es casi el tipo exclusivo, como en España.
Uno de los de Guisando1 y el de Torralba de Oropesa' tienen la particu-
laridad de tener como soporte, además de las patas, un cilindro central,
como derivación evidente de la técnica que comentamos.
Incluso los hoyuelos de finalidad desconocida señalados por algunos
autores en el lomo de los verracos aparecen también en los nuestros, pu-
diendo señalarse en número de tres en la fig. 16 y de cuatro en la fig. 18.
Lám. x, fig. 19. Cabeza mutilada de macho cabrío, de tamaño un
poco menor del natural, esculpida en mármol blanco de no muy fina calidad.
. La parte izquierda de la figura, no visible en la fotografía, debió
estar adosada a una pared, ya que presenta alargada oquedad que en
forma tubular sube desde el arranque del cuello para ramificarse al fin
en pequeños canalillos que salen al exterior por agujeros hechos en la boca,
cuernos y ojo izquierdo.
Con seguridad fué esta pieza caño o surtidor de la fuente del templo,
fuente posiblemente sagrada si pensamos en sus semejantes de los santuarios
andaluces y lusitanos y en lo generalizado que estuvo en la época ibérica
y aun en la romana el culto a las fuentes y a sus divinidades.
El mármol, rarísimo en este templo, es de estilo provincial romano,
y prueba, junto con la monumental inscripción latina que remataba el
templo - perdida en los primeros momentos del descubrimiento -, la per-
sistencia del lugar como centro religioso.
Las piezas descritas, tan interesantes para conocer el modelado de
los exvotos ibéricos, nos marcan una serie de sugestivos problemas, a los
que es muy difícil contestar partiendo exclusivamente de las piezas en sí.
La misma cronología es imposible de señalar, ya que en el yacimiento todo
estaba confundido y las esculturas fueron más bien rebuscadas que exca-
vadas, perdiéndose para siempre las indicaciones aprovechables de los hie-
rros y cerámica que, apareciendo junto a ellos, hubieran podido darnos una
base importante para fijar su edad.
Hoy por hoy, lo único que cabe hacer es indicar influencias y estilos,
lo mismo que se ha hecho con las esculturas humanas, en cuyo estudio llegó
el señor Mélida a fijar, a base del plegado griego de ciertos mantos y del
cambio de la fisonomía rígida arcaica a la libertad realista, el final del
siglo VI antes de Jesucristo, como límite extremo para su comienzo, co-
rrespondiendo el momento de apogeo escultórico al siglo V, con prolonga-
ciones durante gran parte del I V . ~
1. L. PERICO?!,Historia de España. Barcelona, 1934, t. 1, pág. 352.
2. MARQUÉSDE 1 4 0 Z O Y ~ Historza
, de¿ Arte Hispánico, t. 1, fig. I lo.
3. J . K. MB~JDA,Cuestzdn de autentzcidad. K . A. B. M., t. X, 1904. pQps. 43 y yigs.
En nuestras figuras se complica más la cuestión cronológica, ya que
forzosamente no tenemos los detalles de adornos y vesticlos que tanto ayu-
dan, ni tampoco se pueden buscar relaciones e identidades con los exvotos
de bronce de otros santuarios, si no es de manera muy relativa, ya que en
nucstr;ts escultiiras en piedra, al contrario de lo que ocurre en aquéllos,
cada obra es piroducto de un proceso artístico independiente y singular, en
el que de alguna manera podemos encontrar el ardor creacionista inherente
a toda obra bella. Aunque el convencionalismo religioso imponga cierto
límite a la libeirtad interpretativa, 110s encontramos bastante Icjos del pro-
ceso i1idustria1i:aado de la fundición en bronce de los santuarios de Sierra
Morena.
A base, pues, de las influencias reflejadas en su modelado, de lo que
pudiéramos llarnar su escuela artística, podemos intentar una catalogación
cronológica provisional, ya que no existen elementos de comparación de
fecha cierta, teniendo en cuenta, además, quc muchos de los arcaísmos se
repiten por tradición hasta époc:t bien avanzada. El lote nius numeroso
de piezas, desde la descrita con el número 3 hasta la 14, piic>denincluirse
a fines del siglo IV antes de Jesucristo; a la figura 14 podría reparársele
una mayor antigüedad, dado que presenta mayor arcaísmo, pero si observa-
mos sil fino modelado y proporción, hemos de incluirla con las demás; pa-
rece confirmar, junto con la 13, la existencia, en el Cerro de los Santos, de
dos escuelas ec8ciiltóricas,una arcaizante y otra clásica, contemporáneas y
paralelas hasta la época r0mana.l
Las figuras I y 2, sobre todo la primera, presentan rasgos de mayor
antigüedad, aunque por sus relaciones estilísticas con el arte del centro de
España muy bien pudieran pertenecer al período de florecimiento dcl Cerro
y ser, por tanto, coetáneas de las primeramente citadas.
Las rcst;zntes piezas - figuras 15, 16, 17 y 18 -, las más antiguas
para Mélida, que no vió su relación con los llamados genéricamente verra-
cos, son [Link] las más modernas, por pertcnecci- al tipo conscguido
en la escultura céltica, que, como más adelante explicaré, puede tener su
desarrollo a partir del siglo 111 antes de Jesucristo.
El estudio estilístico y comparativo con las figuras animalcs de gran
tamaño que para fijar esta cronología he seguido, si bien está muy lleno de
dificultades - :y no es la menor la que dimana del heclio de manejar obras,
sin fecha clara y concluyente, de tipo oriental interpretado por colonizacio-
nes o pueblos distintos -, nos muestra, en cambio, con bastante claridad,
la existencia de varias escuelas escultóricas muy cmparentadas cntrc sí, la
tartcsia o andaluza, la ibérica o del sudeste y la céltica o de la meseta,
tema este sobre el que he de insistir por extenso en próximo trabajo.
r. Cuestidn dr autcntiridnd. R. A . R .
J R. M~CLIDA, M ,t XI, p!ig 1 4 4 .
FIGURAS ANIMALISTAS DEL CERRO DE LOS SANTOS 1°5
E s cosa bien sabida que nuestra plástica anterior a la época de las
colonizaciones, lo mismo que la del resto de Europa occidental, es pobrí-
sima. De los toscos ídolos dolménicos, o de las inculturas gallegas, no puede
aceptarse que por evolución progresiva se llegase a la floración cscultórica
naturalista del sudeste y Andalucía.
Es, pues, nuestra escultura, en sus comienzos, reflejo oriental de lo
más puro, traído por gentes que en el terreno artístico no eran más que
imitadores fieles, incapaces de variar el modelo, por los fenicios. A ellos
es a los que hay que atribuir la primera influencia en nuestras figuras zoo-
mórficas de Andalucía, lugar de adelantada organización, al que las. fuentes
literarias, sin ser desmentidas por la arqueología, colocan como primera zona
de colonización. Aunque lo púnico está siendo desterrado, como elemento
creador de nuestro desarrollo artístico a favor de lo arcaico griego, no po-
demos olvidar, en manera alguna, su gran persistencia en la escultura, a
través de los motivos decorativo, de adorno y de indumentaria.
Las características . generales del estilo protohist Órico español, tales
como la ruda expresión de la fuerza y vigor físico, la desproporción de la
figura, la riqueza exagerada en el adorno y l a fusión de elementos dis-
pares, proceden más de lo púnico que de lo griego, aunque al fin, viniendo
a encontrarse en obras de indudable influencia griega, prueban una vez más
la continuidad, más o menos asimilada, de lo fenicio.
La escultura de animales, lo mismo que ocurre con la humana, en
la que la dama sedente de Villaricos1 es modelo para otras ibéricas de época
bien avanzada, vino seguramente por conducto de fenicios echando hondas
raíces en el pueblo tartesio. La misma bicha de Balazote,s cuyo puro orien-
talismo ha llamado la atención de tantos investigadores, más parece imi-
tación servil de un tipo, que interpretación de ese mismo tipo a través de
un pueblo genial como el griego.8
Sobre esta primera fase de pureza orientalizante, en la que habría
que incluir, además, alguna otra obra, como las esfinges de Salobral,' vino
a actuar la griega focea, y la misma fenicia que empezó a imitar s ~ i stipos,
que ha dejado muestras más abundantes en las esfinges de Agost6 de tipo
jónico, en el tipo de toro de pie y en las esculturas de leones, entre los
que el de Bocairentea recuerda extraordinariamente a los aparecidos en las
excavaciones de la metrópoli griega.
1. ~~LARQu B LOZOYA,Historia Arte ..., t. 1, fig. 99.
DII;
2. A. GARC~A BE~LIDO,La Bicha de Ralazote, en Arch. EsP. Art. Arq., rqgr, t . vrr, p6g. 24n.
3. A pesar del magnífico trabajo del señor Garcia Bellido y de la abiilidaiite inforniacií~ii
grhficn qiie aporta, creo que la actitud de reposo en la Riilin le separa clel tipo consngraclo tlc,
Aquelóo, o toro de cabeza liiimana en movimiento.
4. P . P m S , Essai ..., t. 1, figs. 96 y 97.
5. P. AI,MARCHI% VAZQUEZ, La antzgua czvilización ibtrica en el rpino de Valencia. Valencia,
1918, p6g. 78.
6 . F . AWARCHE, La antigua..., p8g. 5 4 .
Este prinner impulso griego traerá como novedad un mayor natu-
ralismo escultósico, que se perpetuará en lo tartesio aun después de la
expulsión de los foceos de Andalucía, ya que sus rivales y sucesores, los
cartagineses, son sus más perfectos imitadores y seguidores.
Estas do:; influencias, la púnica y la griega, actuando conjuntamente,
provocarán el florecimiento de la escultura animalística en Andalucía, como
manifestación ciiltural propia, que tendrá como característica la tendencia
naturalista con ribetes de arcaísmo jónico. Su florecimiento pleno deberá
corresponder al final del siglo V y todo el IV, teniendo que buscar sus co-
mienzos más de un siglo antes y su prolongación evolutiva hasta el siglo 111
antes tie Jesucristo, en que se estanca con formas que perdurarán hasta la
conquista romana.
La expansjón de la escultura tartcsia, como una manifestación más
del único pueblo que había conseguido una organización siipcrior en la Es-
paña primitiva, es bastante grande desde los primeros momentos. En di-
rección nordeste llega hasta las provincias de Murcia, Alicante y Albacetc,
corno lo comprobamos también por la aparición, quizBs un poco más tardía,
dc la cerámica decorada a base cle motivos geométricos y por cl hecho de
la persistencia en estas provincias, del gusto por la escultura animal, ya
que si bien es cierto que después dc la batalla dc Alalia, en la segunda
colonii.,ación griega, la influencia irradiada por Hemeroscopio va a provocar
en esta región la floración escultórica más grande y de más calidad hasta
constituir lo qiie muchos autores llaman con razón la escuela contcstana,
no es mcnos cierto que los magníficos toros y caballos, de tan perfecto mo-
delado en sus cuerpos, del Llano de la Cons~lación,~ de ver do la^,^ Rojales,
E l ~ h e Fuente
,~ la Higuera,4 etc., tienen como precedente la afición de estas
tribus a la escaltura zoomórfica de tipo tartesio.
Sólo así se explica 'que el otro gran centro de la colonización griega
en España, perfectamente conocido y estudiado como es Ampurias, no dé
nacimiento a escuela artística animalística de ninguna clase, al influir sobre
pueblos sin tradición escultórica.
El tercer gran grupo que queda por citar es el del centro de España y
Portugal, que ha dado nacimiento a las torpes figuras de toros y vcrracos
de m5.s valor arqueológico que artístico. Su gran rudeza ha hecho que sc.
las considere generalmente como monumentos funerarios de época más
reciente, en sil inmensa mayoría romanos, a juzgar por las inscripciones
funerarias latinas que acompañan a algunos de ellos, como los clc Guisando,
l
r. Essai ..., t. 1, fig. 108.
P . PARI'S,
2. G. NIETO, Noticia de las excavnciones realizadas e n l a necrópolis hispánica del Cabeciro
del Tesoro. Verdol~ly (Murcia), Bol. A r t . Arq. Unzwerszdad V ~ l l a d o l i d ,1940, t. V I , ])Ag. 1 3 8
3. P. I'ARIS, E s s a i ..., t. 1, fig. 93.
.t. F . ALMARCHE, L a antigua ..., p á 114. ~
con dudas sobre la autenticidad de algunas de ellas, Torralval (Talavera),
. Coca,"alacio de Navas (Avila)? 'etc.
Sin embargo, hoy podemos ver el problema de manera distinta in-
clinAndonos por su antigüedad al relacionarlo con la escultura que venimos
llamando tartesia. No de otra manera puede explicarse la circunstancia
de la aparición de estas figuras en lugar tan poco rico en la Edad del Bronce,
como es la meseta, y realizadas por un pueblo, el celta, que, extendido por
toda la Europa occidental, no tiene fuera de nuestro país manifestacibn es-
cultórica propia ni de tipo semejante.
El número de estos verracos, realmente muy abundante, hállase dis-
tribuído por ambas Castillas y parte central de Portugal, llegando a señalár-
seles como límite oriental el de la ciudad de Segorbe, que figura con un
hallazgo en la relación hecha por don Vicente Paredes,' confirmando dc cstc
modo las referencias de los textos que hablan del comienzo de la Celtiberia
a la otra parte de los montes Idubeda, a espaldas de la ciudad de Sagunto.5
Su exclusiva finalidad como monumentos funerarios de época romana
no puede admitirse, $a que son solamente una exigua minoría los que
tienen inscripciones latinas, y de cllas no todas son de carácter funerario:
habiendo alguno que, como el de Miqueldi, conservó inscripción ibérica. Más
visos de seguridad parece tener la opinión de don Juan Cabré, de conside-
rarlos como representaciones protectoras del ganado, y en este sentido es
interesante comprobar la presencia de exvotos de verraco en santuarios
como el del Cerro de los Santos.
Las posibles relaciones entre este arte céltico y el tartesio son evi-
dentes, y si bien antes siempre hubo que admitir lógicamente ciertos para-
lelismos estilísticos entre algunas esculturas de ambos focos culturales, como
hizo Bosch Gimpera,' hoy en día, gracias a la excavación del Castro de las
Cogotas por el señor Cabré, se ha resuelto la cuestión a mi modo de ver
definitivamente.
Entre las varias esculturas de estos animales aparecidas in situ y
con absoluta garantía en la excavación citada, se encuentra una de toro
en la que faltan la cabeza y patas, que por su fino modelado y manera
de resaltar los músculos de ancas y paletillas, puede compararse con cual-
quiera de las mejores obras t a r t e s i a ~ . ~
1. MARQUQS DE LOZOYA, Historia Arte, t. 1, fig. 1 1 0 .
2. 1'. ROSCHGIMPERA, Las bichas y los vevvacos ibivicos, en Hojas Selectas. Año 1918.
Barcelona, 1919, fig. 6.
3. P. ROSCII GIMPRRA, Las bichas ..., fig. 8.
4. V. PAREDESGUII,I,RM, LOS fvamontanos celtibivicos. ~laseniia,1888:
5. POIJBIO,Hist., lib. 111, n.o 17. - ESTRAB~N, Geogvaph. Edición Muller, pág. 134.
6 . A. PONZ,Viaje de España. Madrid, 1777, t. 11, pAg. 271.
7. P. ROSCHGIMPEKA, Las bichas ..., pág. 4 .
8. J . CA~RW AGUII,~, Excavhciones de las Cogotas. CavdeRosa (Avila). Madrid, 1930. Me-
moria I I O de la J . S. E. A., IAm. X, n . O 2 .
En cuanto a la cerámica exótica aparecida en el poblado, encontra-
mos la dc motivos geométricos pintadds, de bandas y círculos, de proce-
dencia, por tarito, andaluza, viniendo a confirmar las intensas relaciones
entre estas regiones, en donde si las colonizaciones extranjeras dejan hallaz-
gos como los d.e La Aliseda, hay que suponer para las relaciones estables
entre los pueblos peninsulares, una mayor densidad y continuidad.
La fecha de destrucción del poblado, fijada por el señor Cabré hacia
el 220 antes de Jesucristo, viene también a reafirmarnos en la cronología
establecida para la evolución del arte tartesio que, como hemos dicho, va
desde sus orígeiles en busca de un naturalismo cada vez mayor, hasta que
en cl siglo 111 se petrifica con formas cada vez más degeneradas, que se pro-
longan hasta la romanización.
Hasta el siglo 111, por tanto, habría que situar aquellos ejemplares
de esculturas célticas que más recuerdan, dentro de su rudeza, lo andaluz.
Después de est c momento, obligado el arte del centro de España a vivir
de sus propias esencias, luchando contra un .material como el granito, difi-
cilísimo de trabajar, pueden situarse las informes esculturas dc animales
de [Link]óni a veces complicada.
Al primer momento, o sea anteriores al siglo 111, podrían pertenecer
los llamados toros de Guisando, con las características rayas en el cuello
para indicar la fuerza según la solución tartesia; el toro de la calle de López
Núñez,l en la ciudad de Avila; el de la Colegiata de Toro,l los de Cogo-
tas, d.c., todos ellos de gran parecido con los toros de Alcalá dcl Río, Osuna
y Ecija, entre otros.
En el segundo período del arte céltico se opera, además del empo-
brecimiento técnico, un cambio en el tipo elegido como modelo escultórico;
el toro deja su lugar preferente en la representación, pasando esta categoría
al cerdo o jabalí, de grandes proporciones, sin apenas modelado, con las
patas y vientre de torpe labra, sin relieve y con apariencias de bloque, que
extendido por la submeseta norte y Portugal, en donde es casi el tipo
exclusivo, llegará en su degeneración, y sin que recuerde ya para nada su
origen andaluz,, hasta tiempos plenamente históricos.
De las tres escuelas escultóricas de nuestra península en la época
protohistórica, la última citada, la más inferior, opondrá enérgica resistencia,
al coritrario de sus hermanas andaluza y levantina, a las modas y maneras .
romanas; de allí su mayor persistencia, sin que esta actitud influyese para
nada en la evolución general de su arte tan alejado de las brisas vivifi-
cadoras del Mediterráneo.
r. P . Roscír (;IMPERA, Elnologia de la peninsula il~e'vica. Rnrcclonn, 1932, fixs. 478 y 479.
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1;ig. 2. - 3Ieclidas : 16 ~111. largo x 13 alto y 6 nriclio.
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del Cerro 'de los S n ~ z l o s
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