Serra Cap 3
Serra Cap 3
BASES SOCIALES
Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE
Introducción.
=
»
lenguaje.
5.1. Las imitaciones en la conversación niño-adulto.
5.2. El papel de las imitaciones de los adultos: Reformulaciones y extensio-
nes como elementos de corrección.
Características del habla materna (motherese).
6.1. Las modificaciones del habla de los adultos.
6.2. El carácter no universal del habla materna (motherese).
Comentario final.
l. Introducción
Durante el primer año de vida, los niños, con la colaboración de los adultos, al-
canzan una serie de hitos que son fundamentales para comunicar intenciones y con-
tenidos e iniciar el lenguaje. La convivencia les irá pidiendo progresivamente un co-
nocimiento mutuo, que estará presente en la multitud de intercambios que realiza-
rán. Los bebés, con la ayuda del adulto, podrán alcanzar lo deseado, podrán finaliza
r
las acciones que ellos mismos han iniciado y que son incapaces de ejecutar solos, y, a
la vez, realizarán múltiples actividades conjuntas con la madre, o con los demás
adultos, en las que participarán de forma más activa y con mayor iniciativa a medida
que vayan pasando los meses.
En estas actividades se llevará a cabo un aprendizaje cuyas consecuencias se-
rán muy importantes: la negociación de las intenciones (aceptación, modificación
o rechazo) que guiarán las soluciones y los contenidos de los intercambios. Esta ne-
gociación constituirá la base de toda comunicación no verbal, y a partir de ella se
irán incluyendo toda la gama de posibilidades que ofrece la comunicación verbal a
los niños.
El proceso será lento, especialmente durante los primeros meses de vida, pero a
partir de la segunda mitad del primer año, se observarán cambios importantes. En la
descripción de los hechos que se expondrán en este capítulo se hará una referencia
constante a las interacciones que se producen entre el niño y el adulto. El porqué
se ha
escogido esta opción tiene una explicación simple. Si bien es verdad que el bebé es un
ser activo, ya que cuando nace dispone de un repertorio de conductas que le permiten
reaccionar frente a los estimulos externos, y a la vez incidir y modificar su entorno so-
cial, también es cierto que los padres están atentos a las manifestaciones de sus bebés y
danuna respuesta o reaccionan frente a lo que ellos interpretan siempre como una peti-
ción o una necesidad expresada por el bebé. Así se observa, por un lado, que los bebés
están preparados desde un principio para interactuar con los adultos, y por otro, que
los padres están atentos para adaptarse a las capacidades y posibilidades infantiles a
fin de poder así interactuar con ellos eficazmente. En realidad, como se comentará,
más adelante, las actividades que se organizan entre los niños y los padres tienen un
carácter interactivo y se construyen como una especie de diálogo o conversación en
el
que cada uno de los participantes tiene la posibilidad de llevar la iniciativa y tener su
turno de actuación, aunque sea el adulto, especialmente la madre, quien organiza y
guía la actividad compartida en las fases iniciales del desarrollo infantil.
Asimismo, el desarrollo de las destrezas sociales y cognoscitivas en la rela-
ción de los bebés con los adultos desempeñará un papel fundamental en la cons-
trucción de la comunicación y el lenguaje, tanto en lo que se refiere a la compren-
sión como a la producción de intenciones y contenidos. La presencia de esas capa-
134 LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE
cidades, junto con la interacción con el adulto, facilita que los niños adquieran,
progresivamente, un sistema lingúístico convencional.
Como se ha visto en el capítulo anterior, en el mundo animal existen múltiples
formas de com uni cac ión , algu nas de las cual es revi sten cier ta com ple jid ad. Se trata ,
sin emb arg o, de una com uni cac ión limi tada a las nec esi dad es más prim aria s rela cio-
nada s con la supe rviv enci a de la espe cie. Las espe cies supe rior es, en camb io, nece si-
tan algún tipo de aprendizaje para que puedan adaptarse de forma interactiva con el
entorno. Si se comparan las manifestaciones de la comunicación intencional de los
niños al finalizar el primer año de vida (satisfacción de las necesidades más prima-
ham bre , desa zón) con sus cap aci dad es com uni cat iva s a los 3 0 4 años de edad
rias:
(reguerir, fingir, amenazar...), la evolución de la comunicación en los niños manifies-
ta un aprendizaje impresionante. La influencia del entorno social y cultural junto
con los cam bio s cogn osci tivo s en este apre ndiz aje será n los tema s que rev isa rem os a
lo largo de este capítulo. .
Este capítulo se organiza en torno a un conjunto de temas o cuestiones que son
du-
fundamentales para conocer y comprender mejor los cambios que se producen
rante los dos primeros años de vida en relación con la capacidad de comunicarse y
ión del leng uaje . Con este fin, se pre sen tar án los dive rsos punt os de
con la adquisic
vista que se con sid ere n más rele vant es agr upa dos en una seri e de bloq ues temá tico s
que estructuran el capítulo.
Un primer tema de interés y que ha dado lugara cierta polémica es el que se re-
fiere a la emergencia de intencionalidad en las conductas infantiles en su interac-
ción con los adultos. ¿Cuándo se puede hablar de intencionalidad? ¿Qué papel asu-
men los adultos en la atribución de intencionalidad y significado a las conductas in-
fantiles? ¿Cuáles son los indicadores que aparecen en la conducta infantil que nos
permiten afirmar de forma fehaciente que los niños se comunican intencionadamen-
te con sus padr es? ¿Qu é pape l jueg an el desa rrol lo cogn osci tivo y soci al en la apar i-
ción de la conducta intencional?
Otro tema se refiere a la negociación de intenciones que se realiza mediante la
relación diádica entre el bebé y el adulto. Esta relación adopta la estructura de un
diálogo que tiene un marcado carácter de ajuste, habida cuenta de las diferencias en
cuanto a las capacidades que se dan entre los dos interlocutores que intervienen. ¿En
qué medida facilita el diálogo la situación de negociación y la construcción de signifi-
cados? ¿Cuál es el papel del adulto y cuál el del niño?
Aunque se considere que los niños tienen un papel activo en el proceso de ad-
quisición del lenguaje, en los últimos años se vuelve a hablar con mayor insistencia
del papel de la imitación, con la finalidad de integrarla en el proceso general de
aprendizaje o adquisición del lenguaje. ¿Qué funciones tiene la imitación en el habla
del adulto y en el habla del niño?
El lenguaje que utilizan los adultos (motherese o habla materna) cuando inte-
raccionan con niños pequeños se caracteriza por una serie de modificaciones que
afectan tanto a la estructura del lenguaje como a los aspectos más prosódicos o su-
pra seg men tal es ¿Qué func ión tien en las mod ifi cac ion es del leng uaje de los padr es?
¿Tienen dichas modificaciones alguna incidencia en el proceso de adquisición del
lenguaje? Y si efectivamente desempeñan un papel importante, ¿cómo aprenden a
hablar los niños que viven y crecen en otras culturas en las que los adultos no utilizan
esta forma de comunicación adaptada?
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE 135
En las páginas que siguen se intentará dar una respuesta a las preguntas que se
han formulado, aportando la información necesaria,
En concreto, los temas que se estudian son los siguientes:
Como puede observar cualquier persona atenta, desde el nacimiento y con ma-
yor frecuencia a lo largo de las primeras semanas, el bebé llora, grita, agita las pier-
nas, emite sonidos, sonríe de una manera que cada vez es más fácil de ser interpretada
por los padres. La aparición de dichas conductas puede ser debida a causas muy va-
riadas. Si, por ejemplo, nos fijamos en el llanto, los bebés suelen llorar cuando están
sobreexcitados y necesitan que alguien les apacigiie, o cuando experimentan una
sensación de malestar producida por el hambre, el dolor o el cansancio. Sea cual sea
la causa de esas conductas, los adultos suelen movilizarse con prontitud cuando oyen
llorar a los bebés, y se apresuran a cogerlos en sus brazos, a darles de comer, o sim-
plemente a consolarles, es decir, suelen dar una respuesta rápida a lo que ellos inter-
pretan como una petición o un requerimiento del bebé.
Si se toma como ejemplo la sonrisa, se observa que, alrededor de los dos o tres
meses, los bebés ya sonríen a una gran variedad de estímulos, especialmente al rostro
humano. En torno a los tres meses de edad, los bebés empiezan a sonreír con mayor fre-
cuencia cuando perciben la cara de una persona conocida, que cuando perciben la cara
de un desconocido (Messer, 1994). Con respecto al origen de la sonrisa, todo parece indi-
car, sin embargo, que no es imprescindible que los bebés vean sonreír previamente a las
demás personas para que aparezca la sonrisa. En realidad, se ha observado que los niños
ciegos de nacimiento empiezan a sonreír a la misma edad que los bebés que ven. Esta
constatación, sin embargo, no es óbice para suponer que un entorno social estimulante
y sonriente, estimulará y probablemente facilitará, la aparición de la sonrisa en el bebé,
lo cual incidirá, a su vez, en la comunicación entre el niño y su entorno.
Entre los tres y cuatro meses, también se detectan en los bebés expresiones fa-
ciales diferenciadas que se corresponden con los estados de rabia, sorpresa y tristeza
(Izard y Malatesta, 1987).
En cuanto a las producciones vocálicas, durante los tres primeros meses de
vida, predomina el llanto, que es la producción que aparece en primer lugar en el re-
pertorio infantil. Como ya se ha dicho, el llanto manifiesta hambre, malestar o dolor.
Aparecen asimismo las risas y arrullos, o vocalizaciones del tipo «0o, h, h, 00». Es in-
teresante señalar que las madres interpretan las vocalizaciones de sus hijos como el
deseo evidente de que quieren comunicarse. Es fácil observar a una madre hablando
con su bebé de un mes y medio de edad y produciendo los siguientes enunciados
«¿qué me cuentas?», ¿qué quieres?», cuando oye emitir a su bebé alguna vocalización.
Las producciones del adulto no tienen, en realidad, función comunicativa alguna,
puesto que la madre no espera una respuesta oral informativa del bebé, sino que el
habla forma parte de la manera espontánea como el adulto cuida del bebé. Entre
el cuarto y el sexto mes los bebés empiezan a jugar con melodías y silabas cuya pro-
ducción y función se revisarán en el capítulo 4.
Un acto intencional se realiza, pongamos por caso, cuando un perro ladra porque
quiere salir al exterior. Este acto puede ser una señal, o incluso puede tener la intención de
afectar a los demás, y aun así no ser un signo intencional, puesto que es un acto unidirec-
cional producido por el perro. No se trata del resultado de una negociación de significado
compartida y utilizada en ambas direcciones, el perro y su dueño. Los ladridos del perro
cuando éste quiere salir no llegan a ser un gesto porque no es compartido (de forma pareci-
da a como si el dueño le enseñara la correa para invitarle a salir). Su producción sólo tiene
efecto en una dirección (que el dueño le saque a pasear) y no puede provocar una respuesta
comparable en el perro: si el dueño u otra persona «ladra», el perro no sabe lo que quieren
decir. En ese caso, no se puede decir que el significado es el resultado de una negociación
compartida. No se puede hablar, por consiguiente, de significación intencional. Prosi-
guiendo con el mismo ejemplo, si cuando el perro ladra quiere efectivamente salir no se ha
de considerar que el perro decida o sepa lo que quiere decir (Kaye, 1982).
En el caso de los niños, en cambio, el reconocimiento de lo que el otro quiere decir,
o pretende obtener, se observa ya en una edad temprana. Así, se ha observado que los ni-
ños o niñas de 13 meses intentan consolar a otro niño de la misma edad cuando ven que
está llorando porque ha sido agredido por otro niño (Stambak et al., 1983). Para el niño de
13 meses el llanto actúa como un signo intencional, porque se basa en una experiencia
compartida. El niño que ve a su compañero llorando entiende lo que ocurre, y lo que pre-
tende e intenta es dar una respuesta adecuada a los usos sociales del grupo. Efectivamente,
los niños que ya han actuado de agente o paciente utilizarán en un futuro el llanto si se en-
cuentran en una situación parecida como signo intencional, Este signo, a su vez, será
entendido porque es compartido por las demás personas de su entorno social, que inter-
pretarán el llanto no sólo como una forma refleja de dolor, sino también —o solamente—
como una manera intencional de pedir ayuda o para que alguien les consuele.
Cuanro 3.1. Criterios utilizados para determinar si una conducta no verbal es intencionada.*
1. Elbebé busca el contacto visual con el interlocutor adulto, mientras gesticula o vocaliza; a menudo, alterna
la mirada entre el interlocutor y un objeto.
2. Los gestos y las vocalizaciones de los bebés son más asequibles, consistentes y ritualizados. Algunos be-
bés utilizan el gesto de abrir y cerrar la mano cuando quieren coger un objeto; a menudo el gesto se acom-
paña de vocalizaciones del tipo «jeh, h!».
3. Losniños pueden gesticular y vocalizar y esperar la respuesta de su interlocutor. Los niños persisten en su
intento por comunicarse y si el interlocutor no les hace caso, incluso pueden modificar su conducta con
el fin
de comunicar mejor con éste.
establec e con el inte rloc utor adul to mien tras gest icul a o voca liza . Entr e el octa vo y el
nov eno mes de vida el bebé alte rna la mir ada entr e el inte rloc utor y un obje to: el bebé
ya es capaz de coordinar el esquema de objeto con el esquema de persona (Bruner,
1986). Esta conducta es interpretada por el adulto como una petición.
Se cons ider a que la coin cide ncia entr e la mir ada del bebé y la del adul to es su-
mam ent e imp ort ant e para el esta blec imie nto de la com uni cac ión y de la inte ncio na-
lidad compartida entre ambos. Como señalan algunos estudios (Sacks, 1997), los ni-
es-
ños ciegos de nacimiento permanecen quietos e inexpresivos cuando reciben una
timulación externa, especialmente durante los primeros meses de vida. Esta actitud
no sign ific a que el bebé cieg o sea indi fere nte a la esti mula ción , sino que, en real idad ,
es una man era de espe rar y capt ar mejo r la esti mula ción . Sin emb arg o, ello pue de
iona r desc onci erto y des azó n en los adul tos de su ento rno fami liar y soci al, y
ocas
provocar dificultades en los ciclos de interacción, puesto que, si uno de los partici-
pantes no se comporta como era de esperar, el ciclo interactivo se rompe, o bien no se
mantiene (Pérez Pereira y Castro, 1994).
Con respecto a las vocalizaciones, quisiéramos avanzar (véase cap. 4) que en-
tre el sexto y el octavo mes de vida los bebés empiezan a emitir balbuceos, con las
combinaciones silábicas de vocales y consonantes reduplicadas. Vamos, sin embar-
g0, a detenernos en la revisión del papel que desempeñan las vocalizaciones de los
bebés en el entorno social, así como en el papel que los adultos atribuyen a las expre-
siones vocálicas no convencionales.
Entre los trabajos más conocidos sobre la función de las vocalizaciones in-
fantiles acompañadas de gestos durante la etapa prelingiiistica, cabe destacar el estu-
dio realizado por Halliday con su hijo Nigel, desde los nueve meses de edad hasta los
dos años y med io (Hal lida y, 1982 ). En este trab ajo el auto r anal iza el sign ific ado co-
municativo de las conductas vocálicas y gestuales de su hijo. Según Halliday, antes de
que los bebés dispongan de un sistema lingiifstico comunicativo convencional, ya se
han dado cuenta de que el lenguaje que hablan las personas de su entorno tiene un
valor significativo. Por esta razón, empiezan a utilizar distintos gestos, siendo el más
frecuente el gesto de señalar o indicar, aunque no sea el único, acompañado de voca-
lizaciones. Desde un punto de vista funcional hay lenguaje a partir del momento en
que hay expresiones significativas. Los niños producen expresiones significativas
en
mucho antes de que posean palabras convencionales y estructuras gramaticales
su repertorio, que generalmente realizan ante los mismos objetos. En los comienzos,
cada producción vocal tiene un sola función, o en otras palabras, las producciones
sono ras dep end ien tes de un cont exto son fija das com o seña les ante s de que pue dan
significar de otra manera.
Las conductas comunicativas que aparecen primero entre el noveno y el do-
ceavo mes en el repertorio del niño son las acciones que tienen una finalidad cuyo
contenido se interpreta en términos de funciones comunicativas. El criterio utiliza-
do por Halliday para determinar si una vocalización del niño es una emisión con sig-
nificado se basa en una relación observable y constante entre la expresión y el conte-
nido, por lo menos en cuatro situaciones.
— Regulativa: en este caso los niños pretenden que el adulto ejecute una ac-
ción determinada, por ejemplo que los coja en brazos, o que abra la puerta.
— Interactiva: el niño intenta mantener los contactos con aquello que le inte-
resa. Dentro de la función interactiva se incluye la iniciación de un contacto con el in-
terlocutor, que después se convertirá en un saludo («¡Hola!»), o en una forma de aco-
ger al recién llegado (expresando «¡Por fin has llegado!»), o como una respuesta a los
requerimientos del interlocutor. Rituales de acogida y despedida, inicio y fin.
— Personal: el niño pretende expresar su propia individualidad. Dentro de
esta categoría se incluyen: el rechazo, como respuesta a las propuestas de los demás,
o bien la participación, en cuyo caso indica la satisfacción o el interés respecto de las
propuestas del interlocutor.
ión de inte racc ión socia l: la final idad de estas cond ucta s es mant ener la atenc ión del adulto que
a) Petic
interacciona con el niño o la niña. Equivale a la función interactiva de Halliday.
objeto: Bates
b) Petición de objeto: El niño o la niña realizan un gesto que indica que quieren coger algún
ión de los enun-
et al. (1979) describen estas conductas como protoimperativas, y constituyen el embr
ciados imperativos. Equivalen a la función instrumental de Halliday.
ión de acció n: Los niños prod ucen gesto s o voca liza cion es sólid as cuya final idad es conseguir
c) Petic
s). Es la función
que el interlocutor ejecute una acción determinada (por ejemplo, que lo caja en brazo
regulativa de Halliday.
ión del interlocutor
2. Comentarios: Los gestos o vocalizaciones de los niños tienen por objeto dirigir la atenc
el niño coge un obje-
hacia un objeto o acontecimiento que les produce curiosidad o asombro. En este caso,
vocalizaciones. Se tra-
to, se lo muestra al adulto, se lo da, o simplemente se lo muestra y emite una serie de
son protode-
ta de una situación de atención conjunta. Bates et al. (1979) consideran que estas conductas
informativa de Ha-
clarativas, y constituyen el embrión de los enunciados declarativos. Equivale a la función
lliday.
ar el objeto
3. Rechazo. Es un gesto que producen los niños y mediante el cual expresan su negativa a acept
day.
que le ofrece el adulto o la acción ejecutada por el adulto. Equivale a la función personal de Halli
se han desc rito son pro duc ida s por los niño s ante s de que emp iec en a util izar pala -
bras y estr uctu ras ling iifs tica s Toda s las func ione s y estr uctu ras com uni cat iva s cons -
truidas durante el primer año de vida constituyen la base de la comunicación. Pro-
gresivamente, se producirá su reorganización con otros medios, como las palabras y
las oraciones, es decir, el lenguaje.
En los apa rta dos ante rior es se ha com ent ado que los niño s emp iez an a util izar
det erm ina das seña les, vol unt ari ame nte , para inte ntar cons egui r algo del inte rloc u-
tor adulto, entre el octavo y el noveno mes. Aunque existe un acuerdo bastante gene-
ralizado entre los autores que han estudiado el tema sobre la edad de aparición de la
conducta intencional, se observan discrepancias a la hora de invocar las causas sub-
yacentes que posibilitan la aparición de dicha conducta.
Algunos autores relacionan los orígenes de la comunicación intencional con el
desarrollo cognoscitivo. Este es el punto de vista que defienden Piaget (1936), y Ba-
tes, Camaioni y Volterra (1975), entre otros. Otros insisten en la importancia de la in-
teracción social entre el bebé y el adulto, como hecho determinante en la emergencia
de la comunicación intencional. Vygotsky (1979) y Kaye (1982) son los máximos ex-
ponent es de esta post ura. Fin alm ent e, otra s expl icac ione s se bas an en la exis tenc ia
de una motivación innata en los bebés para comunicarse con su entorno. Este punto
de vista está representado por los trabajos de Trevarthen (1979). En los apartados
que se exponen a continuación, se presenta el inicio de comunicación intencional
desde el punto de vista social, cognoscitivo e interactivo según Trevarthen, Piaget,
Vygotsky y Kaye, complementados con aportaciones afines a los mismos.
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE 143
Para Trevarthen, los bebés, desde los comienzos, ya tienen una intencionali-
dad y una sociabilidad latentes, y, según él, desempeñan un papel fundamental en la
evolución de la interacción que se establece entre el bebé y su madre, especialmente,
en lo que concierne a cooperación y anticipación de las señales emitidas por el otro
en cualquier interacción, ya sea de tipo instrumental como la que se da en la comida,
abrir la boca cuando la madre acerca la cuchara, o en situaciones de higiene, cam-
biar los pañales, o en otras que no tienen una función inmediata. Sin embargo, el de-
sarrollo social es el resultado de la maduración de capacidades innatas y no de la re-
lación con un adulto más competente.
Se ha comentado anteriormente que Trevarthen afirma que los bebés están
equipados y motivados para relacionarse socialmente con los demás. Es importan-
te subrayar que este autor hace una distinción entre motivación e intención, con-
ceptos que para él se diferencian entre sí por sus objetivos y en sus manifestaciones.
Ya se ha dicho que la motivación primaria de los bebés es la de establecer relaciones
interactivas con los demás. Una acción intencionada, en cambio, es el resultado de
una motivación que se concreta en un tipo especial de interacción. Las intenciones
tienen siempre un objetivo especifico: obtener algo preciso. A lo largo del desarrollo
las motivaciones básicas suelen permanecer relativamente estables, mientras que
las intenciones de los niños sufren una serie de transformaciones a medida que sus
capacidades se van incrementando. Siguiendo con los planteamientos de Trevar-
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE
145
then, el interés que los niños manifiestan casi de forma exclusiva por
las personas,
en una fase inicial, empieza a ser compartido por el interés hacia los
objetos y el en-
torno inanimado. El interés por los objetos se observa a partir de
los cuatro meses
de vida. En esta fase del desarrollo los adultos suelen mostrar un obj
eto o un jugue-
te cuando interaccionan socialmente con un bebé. Entre los cuatro
y los seis meses
abundan este tipo de juegos. Unos meses más tarde, alrededor del
noveno mes de
vida, el niño alcanza una nueva etapa, que Trevarthen denomina
«intersubjeviti-
dad secundaria» en la que se produce una integración de dos
maneras de interac-
tuar que hasta entonces habían permanecido separadas, la intera
cción social diri-
gida a las personas, y la acción, o modo práxico, dirigida a los objeto
s. A partir de
este momento, los objetos se integran y son compartidos en la
actividad conjunta
con los demás. Es interesante señalar que este planteamiento co
incide con el que se
ha expuesto antes sobre la aparición de la comunicación intenc
ional representada
por los trabajos de Bates et al. (1979).
adulto lo cubre con una prenda o con una toalla delante de sus ojos). Hasta el octavo
mes de vida (estadio 4.° del período sensoriomotor) no se inicia la construcción de la
noción del esquema del objeto permanente. A partir de entonces, cuando desaparece
un objeto, por ejemplo, detrás de una pantalla, el niño empieza a buscarlo. Esta no-
ción, sin embargo, no se completa hasta alrededor de los dos años, y se considera un
hito fundamental para el desarrollo de la referencia y para la construcción de signifi-
cados (Piaget, 1936).
Piaget sitúa la aparición de las conductas que se caracterizan por la utilización
de unos medios determinados para alcanzar un objetivo en el estadio cuarto. La pues-
ta en práctica de estas conductas manifiesta que los niños empiezan a tener cierta re-
presentación mental habida cuenta que empiezan a anticipar cuáles son las acciones
que deben ejecutar para alcanzar el resultado deseado (véase cuadro 3.4). De esta
manera, tanto la utilización de unos instrumentos para obtener un objetivo como la
capacidad de anticipar las consecuencias de sus acciones representan un cambio de-
cisivo en la conducta de los niños. En esta fase del desarrollo se dan cuenta, asimis-
mo, de que pueden recurrir al adulto para alcanzar algo que está fuera de sus posibi-
lidades. Este descubrimiento marca, sin lugar a dudas, la conducta de los niños,
puesto que a partir de este momento emiten señales voluntarias (vocalizaciones, gri-
tos, gestos de indicación) dirigidas a otra persona con una finalidad concreta: pedir o
mostrar un objeto, requerir una acción del otro.
En torno a los ocho meses de edad, los niños hacen gala de una serie de capaci-
dades cognoscitivas que indican que han accedido a la comunicación intencional.
Efectivamente, en esta fase del desarrollo se produce, como señalan también otros au-
tores (Harding, 1982), la coordinación de tres aspectos relacionados con la causalidad:
Antes de finalizar este punto se hará una mención rápida del estudio realizado
por Bates, Camaioni y Volterra (1975), estudio clásico y al que se ha aludido en pági-
nas anteriores, y que pone el énfasis en la importancia del desarrollo cognoscitivo en
la emergencia de la comunicación intencional. Los datos que aporta dicho estudio
respaldan el cambio fundamental que se observa en los bebés antes de los ocho me-
ses y después de los ocho meses de edad. Antes de los ocho meses el bebé no recourre
al adulto cuando quiere alcanzar un objeto alejado, sino que intenta hacerlo por sí
mismo, con sus propios medios, mientras que alrededor de los nueve meses, cuando
se observa la capacidad de establecer una relación entre los medios utilizados y la
meta perseguida, se produce un cambio en las pautas comunicativas. Ahora los niños
empiezan a solicitar la cooperación del adulto cuando tienen que resolver un proble-
ma, o miran al adulto cuando quieren coger un objeto, o empiezan a utilizar objetos
para atraer la atención del adulto. Se produce un cambio fundamental, puesto que
son capaces de coordinar los esquemas de objeto con los esquemas de persona, o sea,
pueden involucrar a una persona para obtener un objeto (protoimperativas) o para
atraer su atención sobre un objeto (protodeclarativas).
Antes de finalizar el apartado sobre la emergencia de la comunicación inten-
cional y su relación con el desarrollo cognoscitivo, se va a insistir en la cuestión, ya
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE
147
* Piaget (1969).
del conocimiento y de cómo se organiza éste dentro del sistema cognoscitivo del suje-
to. En este sentido la representación existe desde el nacimiento, y hay que buscar su
origen en la huella que deja la percepción de los objetos. Si se entiende la representa-
ción como codificación del conocimiento, hay que admitir, efectivamente, que hay re-
presentación desde los comienzos, Durante el primer año de vida de los bebés, en efec-
to, ya se observa que reconocen un sonajero, por el tacto o por el sonido que produce,
cosa que se consigue mediante la aplicación de sus esquemas al objeto. El bebé tiene
cierta representación de este objeto, aunque esta representación sólo se produzca en
su presencia, y no se produzca todavía una evocación del mismo en su ausencia.
al len gua je, con sid era que los gri tos y bal buc eos son las raí ces
Con respecto
del hab la, y no tie nen rel aci ón alg una con el des arr oll o del pen -
pre-intelectuales
Son for mas pr ed om in an te me nt e emo cio nal es de la con duc ta. Sin em-
samiento. ció n
pri mer as man ife sta cio nes ya dem ues tra n su fun
bargo, algunas de estas c-
-in tel ect ual del des arr oll o del len gua je, por eje mpl o, las rea
social en la etapa pre de-
voz hum ana . Alr ede dor de los dos año s, las dos cur vas del
ciones del bebé a la mane-
len gua je y la del pen sam ien to, que has ta ent onc es hab ían per
sarrollo, la del
ara das , con ver gen y se une n par a ini cia r una nue va for ma de con ducta. Es
cido sep
nt o en que el niñ o des cub re que cad a cos a tie ne su nom bre . Entonces el
el mome ex-
ser vir a la int eli gen cia , y los pen sam ien tos emp iez an a ser
lenguaje empieza a
te (vé ase cap . 5). De est a man era , el hab la, que , dur ant e el pri-
presados verbalmen en la
a ten ía una fun ció n afe cti va y reg ula tiv a, ini cia su and adu ra
mer año de vid
fase intelectual.
baj o de Nin io y Sno w (19 96) , que se sit úa asi mis mo en una per spe ctiva
Un tra
cti va y soc ial par a ana liz ar la rel aci ón ent re el adu lto y el beb é, sug iere que el
intera con
mot iva ció n hac ia el otr o a raí z de las pri mer as int era cci one s
bebé desarrolla una
cui da de él. Dic ha mot iva ció n es bás ica par a que se est abl ezc a el diá lo-
la persona que
del diá log o org ani zad o en tor no a las exp res ion es afe cti vas , el niño
s0. Además
end e a con str uir sis tem as de sig nif ica dos , y al mis mo tie mpo la int enc ión de co-
apr
nif ica dos . Por otr o lad o, exi ste una rel aci ón muy est rec ha ent re la
municar dichos sig -
cu id ad or y la del niñ o: las señ ale s afe cti vas del adu lto eli cit an y ref uer
conducta del
ali zac ion es del beb é, y, por otr o lad o, las car act erí sti cas pro sód ica s del ha-
zan las voc
lto res ult an atr act iva s y son rel eva nte s, per cep tiv ame nte , par a los niñ os
bla del adu
(véase cap. 4).
re los tra baj os afin es a los pla nte ami ent os def end ido s por Vyg ots ky mer e-
Ent
pen a des tac ar las apo rta cio nes rea liz ada s por Kay e. Est e aut or ha est udiado
ce la
la int era cci ón ent re el beb é y el adu lto , des de una per spe cti va
las características de
iva . No ace pta las exp lic aci one s inn ati sta s, y pon e el ace nto en el
social y construct
end iz del beb é fren te a un adu lto exp ert o, que, en rea lid ad, es qui en
carácter de apr
inic iati va. A pes ar de que ace pte que hay int era cci ón ent re la mad re y el bebé
Jleva la
un bue n pri nci pio , est abl ece una dif ere nci a bie n mar cad a entr e el pap el que
desde
de los par tic ipa nte s. De ent rad a, con sid era que el adu lto tie-
desempeñan cada uno
act iva y org ani zad ora . Par a fun dam ent ar su afi rma ció n pon e un
ne una actitud más
cre to, el de las act uac ion es por tur no, que se pro duc e dur ant e los
ejemplo muy con
cio nar , cua ndo el beb é cog e el pec ho o el bib eró n, y cua ndo , de vez en
ciclos de suc
ndo se det ien e. La mad re apr ove cha las pau sas que hac e el beb é par a mecerlo. A
cua
sucesiva-
su vez, cuando la madre se detiene, el bebé reinicia las succiones, y así,
la sit uac ión ana liz ada pon ga en evi den cia que ent re la mad re y el
mente. Aunque
duc e una act uac ión por tur nos des de una épo ca muy tem pra na, toda -
bebé se pro
se pue de hab lar de un sis tem a soci al, pue sto que las suc cio nes y las pau sas
vía no
é son un fen óme no de tipo refl ejo y no con sti tuy en una mod ifi cac ión inten-
del beb
ad, es la mad re qui en ada pta su int erv enc ión a los pat ron es de ac-
cionada. En realid
Las mad res util izan , así pues , los rit mos de la act ivi dad infa ntil in-
tividad del bebé.
cul car ” en su beb é los pat ron es de la act ivi dad com par tid a, que más
nata para “in
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE 151
adelante evolucionarán hacia el diálogo. Este ejemplo muestra bien a las claras que
son las madres las que aprovechan cualquier oportunidad que les ofrece su bebé, en
este caso, la pausa entre succión y succión, para intervenir y presentar su interven-
ción adaptada (fine tunned) a la actividad del bebé, como si se tratase de un diálogo.
Kaye no cree que las interacciones entre el bebé y la madre constituyan un
sistema social porque uno de los participantes, el bebé, es un aprendiz incapaz de
anticipar o prever cómo se comportará el otro. Lo conseguirá más adelante, cuando
se dé cuenta, ayudado por el adulto, de que ocupa un lugar relevante y activo en el
intercambio y en el sistema social. Esta situación es el resultado de la experiencia
compartida con el adulto. Entre los ejemplos que aporta Kaye para demostrar que el
interés del bebé por el adulto es fruto del aprendizaje, menciona los cambios que se
observan en la producción de sonrisas y vocalizaciones de los bebés en los «juegos
de cara a cara» con la madre (Kaye y Fogel, 1980). Los resultados de sus estudios in-
dican que durante las primeras semanas de vida los bebés no muestran una prefe-
rencia especial por la expresión de las madres, puesto que tanto las vocalizaciones
como las sonrisas de los bebés se producen fortuitamente, o sea, sonríen o vocali-
zan independientemente de que miren o no miren la cara de la madre. En el período
comprendido entre los tres y los seis meses ya empieza a observarse una relación
entre, por un lado, la mirada atenta dirigida a las madres, y por otro, una mayor
producción de sonrisas y vocalizaciones.
Además de los trabajos de Kaye, hay otros estudios que indican también que el
adulto juega un papel determinante (Collins, 1985), puesto que consigue dar el for-
mato de diálogo a las interacciones que desarrolla con el bebé. La producción de vo-
calizaciones entre el adulto y el bebé constituye un ejemplo muy ilustrativo del papel
predominante del adulto en las situaciones interactivas. Las situaciones de «proto-
conversación» o de protodiálogo basadas en las vocalizaciones del bebé y del adulto,
y acompañadas de fases de alternancia, se observan ya desde edades muy tempranas.
Esta alternancia se apoya en el papel de tutor o guía que desempeña el adulto, puesto
que da una respuesta, vocaliza, cuando lo hace el niño —cuyas vocalizaciones inicial-
mente carecen de intencionalidad— o toma la iniciativa provocando con la melodía y
su silencio posterior una respuesta del bebé.
Se ha observado, de todas formas, que la alternancia no es la pauta dominante
en los inicios, sino que la simultaneidad es más frecuente en las vocalizaciones. Así,
se ha podido observar que es la madre la que va modificando las intervenciones con
tal de conseguir la alternancia en los turnos de intervención. Se considera, además,
que la simultaneidad y la alternancia se producen en circunstancias distintas. La si-
multaneidad suele producirse cuando los bebés muestran una gran activación, y se
organiza una especie de «coro» con la madre. Algunos trabajos sugieren que la simul-
taneidad en la vocalización es más frecuente cuando el significado de la vocalización
no tiene una importancia especial, mientras que la alternancia se produce cuando los
adultos actúan como si diesen un significado a las vocalizaciones del bebé. A partir
de los doce meses, sin embargo, ya se observa un predominio de la alternancia (Co-
llins, 1985). Se constata, así, que la producción de alternancia o simultaneidad en las
vocalizaciones entre el bebé y el adulto depende fundamentalmente de la conducta
de este último, ya que es el quien actúa o se inhibe en función del significado que atri-
buye a las vocalizaciones del bebé. Es interesante señalar que este tipo de interacción
reúne todas las condiciones para que la reproducción de lo que hace el otro sea un
152 LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE
A partir del momento en que el bebé empieza a comprender signos, las relacio-
nes entre padres e hijos empiezan a situarse al nivel de la memoria compartida. El
bebé puede recordar experiencias compartidas por ambos. Por ejemplo dicen
«No-0-0» en un tono de voz especial que se ha utilizado en situaciones anteriores y
que reviste un carácter especial. Los padres suponen queel tono de voz convenciona-
lizado tendrá el mismo significado para los niños, Asi se llega al lenguaje comparti-
do en el que el niño participa en el verdadero discurso social, aunque al principio lo
haga de una forma rudimentaria. Los niños son ahora capaces de anticipar las res-
puestas que provocarán sus gestos, y saben, además, canalizar la ayuda de los demás
hacia sus propios fines.
Como puede suponerse, el aprendizaje que realizan los bebés para compariir es
un elemento clave para poder progresar ajustadamente en su desarrollo social y cog-
noscitivo, y por lo tanto, cualquier enlentecimiento o dificultad en el mismo debe ser
motivo, o debería ser motivo, de un seguimiento especial. Aprender el lenguaje sin
compartir y cooperar es sustentarlo en unas bases ajenas a la comunicación. Si tal fue-
ra el caso, ello repercutiría negativamente en el aprendizaje, que quedaría reducido a
un aprendizaje asociativo o a un conocimiento que resultaría difícil de introducir en la
comunicación, como ocurre en algunas deficiencias, especialmente en el autismo.
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE 153
de in-
1. Ritmos y regulaciones compartidos: los padres construyen un esquema o pauta de diálogo (turno
tervención para participar) que coincide con las regularidades temporales en las conductas infantiles (ciclos
de chupar, aténción y activación). Periodo comprendido desde el nacimiento a los 3 meses de edad.
2. Intenciones compartidas: entre los 2 y los 8 meses de edad los padres reconocen las intenciones en las
conductas del bebé y de esta manera favorecen la aparición de las intenciones compartidas. Los adultos
atribuyena la actividad del bebé una intencionalidad más específica, planes más elaborados, una guía más
exacta de lo que se puede deducir objetivamente. Incluso consideran que los bebés emiten mensajes y los
interpretan. Los padres hablan por los bebés.
3. Memoria compartida: alrededor de los ocho meses, los bebés empiezan a compartir las intenciones del
adulto. El niño empieza a comprender signos. Se habla entonces de memoria compartida. Los padres
re-
muestran un juguete que el niño ha visto en otras ocasiones y que le ha gustado. Confían en que el niño
cuerde algunas experiencias compartidas anteriormente.
-
4. Lenguaje compartido: proporciona la base para que se desarrolle el uso de las palabras. Posibilita asimis
ca-
mo el desarrollo de la autoconciencia, la comprensión de los roles sociales; papeles y convenciones que
racterizan la vida social humana. -
Hasta ahora se ha hablado del carácter social que revisten las interacciones
que se desarrollan entre el bebé y el adulto. Se ha comentado, además, que dichas in-
teracciones siguen el esquema o formato de diálogo, dado que se establecen las con-
diciones en que se producen las iniciativas y los turnos de intervención, así como el
tipo de intervención en contextos bien conocidos por ambos interlocutores. Como se
ha dicho antes, la tarea organizativa recae, básicamente, en el adulto, que es quien
lleva la iniciativa y la reconduce si se produce ruptura. Dentro de la perspectiva de la
interacción, uno de los aspectos que hay que analizar es el de la capacidad del bebé
para introducir en ese marco interactivo con el adulto las formas de significar que ha
aprendido previamente. Esta posibilidad es un elemento clave porque facilita el acce-
so de los niños al lenguaje oral.
Como ya se ha dicho repetidamente, el lenguaje transmite información de la
intencionalidad del hablante y al mismo tiempo transmite contenidos (significados).
Entre el sexto y el doceavo mes de vida de los bebés, se va desarrollando la coopera-
ción y la perspectiva compartida entre el niño y el adulto (véase en el cap. 1 el apar-
tado correspondiente a Pragmática). Ambos aspectos permiten entender los contex-
tos y las intenciones del otro, requisito imprescindible para que emerja la comunica-
ción. Por ejemplo, cuando la madre dice «venga, va», tal vez quiera decir «corre»,
«sube» o «baja», depende del contexto. Y cuando un niño de dos años dice «ya está»,
puede significar «no quiero más» (si está comiendo), o «déjame», o tal vez «se ha
roto», cuando lo aplica a un objeto. De esta manera, la actividad o la acción que un
interlocutor ejecuta en relación con el otro no sólo requiere una atención natural por
parte de éste, sino que exige además, un análisis del contexto y del contenido, puesto
que la respuesta que se espera de él, depende, precisamente, del contexto y del conte-
nido, especialmente cuando se da cierta ambigiiedad. Así se produce el paso de la in-
teracción física y natural a la interacción social y simbólica. Para que los interlocuto-
res consigan comunicarse es imprescindible que la actividad en la que están implica-
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE 155
dos tenga un sistema de significación compartido del mismo tipo, y todavía lo es más
cuando se trata de transmitir significados internos o desconocidos por el otro.
Las acciones espontáneas que tienen un carácter físico, gracias al conocimien-
to compartido por el niño y el adulto, adquieren un significado nuevo que ha sido
convenido tácitamente por ambos a lo largo del sinnúmero de intercambios que se
han producido entre ellos. Los padres y por las madres saben muy bien que en la inte-
racción con sus hijos se genera una gran cantidad de convenciones. Por ejemplo, po-
nerse debajo de una mesa puede significar que la persona ha desaparecido, y para
dar con ella es preciso llamarla a voces, aunque el padre o la madre vean perfecta-
mente dónde se ha escondido el hijo o la hija. Lógicamente, hay unos principios que
guían el establecimiento de convenciones. Todos implican un cambio de registro: pa-
sar de la interpretación natural a la social o convencional, «ponerla en suspensión»,
como dicen algunos autores. Por ejemplo, soplar es una acción que suele ejecutarse
para apagar una cerilla o un mechero, pero a partir de las convenciones entre el niño
y el adulto suele adquirir a partir del año un nuevo significado: soplar significa que la
sopa quema, o que el padre o la madre están fumando, o que el bebé quiere jugar con
un globo. |
Para Bruner (1986), el desarrollo del lenguaje presupone una negociación en-
tre dos personas en un contexto estable. En realidad, el lenguaje se va forjando para
que las interacciones comunicativas sean efectivas y estén bien sintonizadas. Si se
observa cómo se organizan las interacciones entre los bebés y los adultos, se constata
que, habitualmente, se trata de situaciones rutinarias que permiten que el niño en-
tienda lo que está aconteciendo y atienda progresivamente a las pequeñas novedades
que pueden acontecer. No hay que olvidar, por otro lado, que la capacidad de proce-
sar información por parte del niño es todavía limitada. Las actividades o juegos que
se repiten permiten, así pues, que los niños accedan a la comunicación intencional,
puesto que les permiten anticipar e inferir las consecuencias de las acciones que se
ejecutan. Si no hubiese existido una cooperación previa y unas actividades rutina-
rias, ello no sería posible (Riviére, 1983).
Bruner habla de formatos para referirse a las pautas rutinarias de interac-
ción que regulan muchas de las actividades que se organizan entre el niño y el adul-
to. Los formatos más frecuentes y que se han estudiado más pormenorizadamente
son los formatos de actividad compartida y de atención conjunta. El formato es, en
realidad, la estructura de base de un intercambio que se caracteriza por unas pau-
tas que se basan en la alternancia de papeles (repetición o complementariedad, si-
metria o asimetría de los participantes) y sirven a la actividad conjunta de forma
implícita. Un formato es un ejemplo de relaciones sociales, regidas por unas reglas
que contextualizan las participaciones en forma de diálogo entre el adulto y el niño
(Bernicot, 1992).
Los formatos, al regular de manera estable, por no decir rutinaria, la interac-
ción comunicativa antes de que comience el lenguaje entre el niño y la persona encar-
gada de su cuidado, constituyen unos instrumentos fundamentales en el paso de la
comunicación al lenguaje. Un formato supone un tipo de situación conocida, una
forma de interacción contingente, en el sentido de que las respuestas de cada miem-
bro dependen de las del otro, las cuales, por otro lado, son fácilmente comprensibles
e incluso anticipables. Con el tiempo, los formatos también pueden ser tratados
como subrutinas que pueden incorporarse a rutinas de mayor amplitud. Así, un for-
156 LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE
mato de saludo, por ejemplo, puede incorporarse en una rutina de mayor escala que
implique, por ejemplo, el inicio de una actividad compartida con una persona menos
familiar que los interlocutores usuales (Bruner, 1982).
Dado que los contextos en los que se desarrolla la interacción del niño con el
adulto son familiares y rutinarios, la tarea interpretativa del niño se ve simplificada,
De esta manera no sólo resulta fácil localizar los objetos que se están utilizando o se-
guir el curso de las acciones, sino que, además, se interpretan sin problema alguno
las intenciones del interlocutor y los contenidos que van surgiendo. Entre los forma-
tos mencionados, el formato de atención conjunta desempeña un papel esencial en
la referencia. El niño y el adulto actúan, efectivamente, a « poca distancia», de modo
que las circunstancias que acompañan a lo que se pone en primer plano facilitan la
atención adecuada a los objetos, acciones o cualidades o relaciones a los que se les da
un nombre de forma simultánea. Cuando un objeto, por ejemplo, se pone en primer
plano, la atención de las personas se centra en él, alguien lo manipula y lo nombra.
En esa situación no se producen ambigiiedades, y, en el supuesto que se dieran, sería
fácil darse cuenta y rectificar. Si la interacción, por el contrario, se produjese a dis-
tancia, 0, en un contexto menos familiar, resultaría más difícil garantizar la transmi-
sión de contenidos, intenciones y símbolos.
Según Bruner, las madres suelen utilizar dos modalidades distintas para intro-
ducir y resaltar la presencia de un objeto. En unas ocasiones muestran el objeto mien-
tras mantienen el contacto ocular con su bebé y emiten un comentario verbal: «;Mira
qué muñeca más bonita!», mientras sacuden el objeto. En otras ocasiones, cogen el ob-
jeto que previamente había despertado el interés del bebé, y lo sacuden dentro de los lí-
mites espaciales comprendidos entre ella y el bebé, y al mismo tiempo vocalizan (Bru-
ner, 1986). Más adelante, alrededor del año, las madres cambian de estrategia, e inten-
tan atraer la atención del niño hacia un objeto o acción mediante un enunciado verbal:
«¡Mira la pelota!» «Trae la muñeca». Se constata, por consiguiente, una vez más que las
madres controlan los cambios que se producen en el formato de la atención conjunta
con la finalidad de adaptarla a las nuevas capacidades que el niño va adquiriendo. Con
respecto a los niños se observa que entre el noveno y el treceavo mes de vida se mues-
tran más activos en los formatos de atención conjunta y empiezan a señalar o a indicar
un objeto. Antes de que los niños utilicen el gesto de señalar de una forma productiva,
todo parece indicar que han aprendido el uso y el significado en interacción con el
adulto.
La lectura de imágenes constituye asimismo otra situación interactiva privi-
legiada que ha sido estudiada minuciosamente. Cuando los niños alcanzan los 14
meses de edad, en las familias tradicionales de clase media en las sociedades occi-
dentales, se da con frecuencia la situación que consiste en mirar y comentar las imá-
genes (ilustraciones) de los libros. Las madres, una vez más, tienen la iniciativa y
nombran los objetos y acciones del libro ilustrado, o hacen comentarios adecuados o
ajustados a los conocimientos y a la capacidad de atención de los niños. Se ha obser-
vado, asimismo, que las madres suelen nombrar con mayor frecuencia los dibujos
que los niños señalan en el cuento. Nombrar lo que el niño ha identificado en la ima-
gen es una estrategia más eficaz que la de nombrar un objeto al que el niño no presta
atención (véase cap. 5). Más adelante, cuando los niños ya comprenden los nombres
de las imágenes familiares y de alguna acción en la misma situación, se observa que
las madres les hacen preguntas cuando señalan con el dedo los dibujos del libro. La
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE 157
Cuaoro 3.6. Producciones claves utilizadas por las madres en la lectura de imágenes.*
Vocativo atención:
«¡Mira! ¡Mira!» (intenta atraer la atención del niños hacia un objeto determinado).
Preguntas:
«¿Qué es esto?» «¿Que hace X?» «¿Qué le ha pasado a X?»
Etiqueta:
«Es un...»
Producción de feedback: _
Confirmación (y comentario) «sí, es así», o negación «no, es una X, no una Y» (y corrección).
tiene del mundo real. Esa es la base a partir de la cual el niño realizará los progresos
psicolingiiisticos que se analizarán en los capítulos posteriores, especialmente, en el
dominio de las relaciones entre signos lingiiisticos (palabras) y significados (expre-
sión de referentes). Es ese sentido, es fundamental que los niños negocien repetida-
mente con el interlocutor adulto la relación entre signo y significado en esa fase
inicial, Es importante recordar que las relaciones entre signo y significado varían en
función de los contextos de producción, de las intenciones de los hablantes y de los
niveles de uso. En un principio, las palabras actuarán simplemente como señales o
indicios, y en una etapa posterior se inhibirá este tipo de relación, que dará paso a
una relación simbólica e intencional (véase caps. 2 y 5).
Para resumir lo que se ha dicho hasta ahora, y utilizando las palabras de Bru-
ner y siguiendo la teoría vygotskyana, el adulto es el sistema de apoyo de adquisi-
ción del lenguaje de los niños. Aunque el input que recibe el niño del entorno sea
adecuado a sus necesidades y a sus capacidades, éste le exige constantemente cam-
bios en la perspectiva social y cognoscitiva, y es ahí donde el adulto juega un doble
papel: por un lado, involucra a los niños en una tarea que está por encima de sus posi-
bilidades, y, por otro, les proporciona, simultáneamente, los medios para conseguir-
lo. El adulto proporciona el andamiaje («scaffold»), citando a Bruner, que facilita el
aprendizaje del lenguaje.
rimentación con imitaciones vocálicas, los gestos combinados y las primeras pala-
bras (Bates et al., 1979). Por otro lado, se considera que la imitación es una estrate-
gia útil para practicar elementos o estructuras lingúísticas, como un todo o en algu-
na de sus partes, o combinándola con una producción propia, de tal forma que los
niños utilizan estructuras que no alcanzarían sin este apoyo imitativo realizado a
partir de los interlocutores. De esta manera, la imitación facilita que los niños in-
corporen a sus producciones los elementos lexicales, morfológicos o sintácticos
que no forman parte de su repertorio habitual. Aunque no existe unanimidad en to-
dos los estudios que se han realizado al respecto, muchos investigadores suscriben
que los niños pequeños tienden a imitar las formas fonológicas que están apren-
diendo, o los términos lexicales relativamente nuevos (Masur, 1987). Más complejo
es determinar el papel que la imitación desempeña en el aprendizaje del léxico,
pero especialmente lo es en el caso de la morfosintaxis (véase en los capítulos co-
rrespondientes la cuestión de los «Criterios de productividad» donde se diferencian
las producciones fruto de la imitación de las realmente aprendidas por los sujetos).
Desde una perspectiva interaccionista, algunos autores subrayan que las di-
ferencias observadas entre los niños en cuanto a la tendencia a imitar depende, en
gran medida, de las preferencias que tienen las madres por imitar a sus hijos (Ninio y
Snow, 1996). La imitación es, así pues, el resultado de una capacidad que los niños
adquieren en interacción con el estilo lingiifstico de los adultos más que un rasgo de
la personalidad del niño. La predicción en ese caso sería la de que los niños que imi-
tan a menudo las producciones de los demás son niños cuyas madres suelen imitar
las producciones lingúísticas de sus hijos, En ese caso, serían las madres, en realidad,
quienes crean situaciones interactivas que capacitan a los niños para que aprendan a
utilizar las imitaciones como una técnica para interactuar.
Desde la misma perspectiva interaccionista, también se han señalado algunas
funciones de la imitación. La más importante es la de facilitar la interacción entre
las personas implicadas en la conversación. En la medida en que uno de los partici-
pantes, el niño, dispone de un repertorio lingiifstico más limitado, invierte más tiem-
po en procesar la información y es más lento a la hora de dar una respuesta, la imita-
ción facilita la continuidad de las interacciones. Las imitaciones permiten, además,
que los niños intervengan cuando es su turno de intervención, y cuando no saben qué
decir o no tienen una información nueva que aportar: Así, repetir lo que ha dicho el
interlocutor que les ha precedido, a veces modificando la entonación para interrogar
o expresar satisfacción, facilita la intervención del niño en la conversación, y posibili-
ta que se mantenga la comunicación, a pesar de que su capacidad comunicativa sea
limitada. La imitación también tiene una función de confirmación y es útil para indi-
car que se ha captado el mensaje del hablante. A diferencia de una imitación idéntica,
0 en eco, como es el caso de los autistas, la imitación tiene una entonación propia
cuando se trata de corroborar o esclarecer. En definitiva, es un recurso para mante-
ner abierto el intercambio comunicativo (Uzgiris et al., 1989) y para avanzar con un
mínimo de conocimientos.
Otra función de la imitación, esta vez más específica, es la de facilitar el léxico.
Esta función se observa durante el segundo año de vida cuando los padres imitan la
articulación de las producciones infantiles y las aceptan en su léxico habitual, de
modo que la forma infantil se convierte en un lexema propiamente dicho (véase caps.
4 y 5).
160 LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE
Una estrategia utilizada muy a menudo por los adultos, y que, a nuestro enten-
der merece ser citada en este apartado acerca de las funciones de las imitaciones, son
es la producción de las demandas de confirmación y de clarificación. Las demandas
de clarificación o de confirmación se caracterizan porque el adulto retoma el enun-
ciado declarativo producido por el niño y lo convierte en una pregunta. No añade in-
formación nueva, pero el adulto aprovecha su turno de intervención para ofrecer al
niño un enunciado lingiiisticamente correcto, o, en caso de duda, si no se ha captado
bien el mensaje del niño, intenta deshacer el malentendido. En el capítulo dedicado a
la pragmática (cap. 8) se hablará de este tipo de producciones, las peticiones de con-
firmación o clarificacién como un instrumento que facilita la comunicación lingiís-
tica, y a la vez, proporciona indirectamente información sobre las normas lingiiisti-
cas que afectan a la gramática, la fonética o la semántica.
Snow (1989) aduce argumentos de tipo individual, social o contextual, según
los cuales la imitación es una capacidad o habilidad que los niños adquieren. Si la
predisposición para imitar fuese un rasgo de personalidad, apostilla Snow, la imita-
ción estaría relacionada probablemente con otras características, como, por ejem-
plo, una preferencia clara por las estrategias holísticas frente a las estrategias analiti-
cas, y estaría, asimismo, relacionada con un estilo social y expresivo del lenguaje, as-
pectos, que no han podido ser constatados. Siguiendo con su argumentación, Snow
añade que, si se tienen en cuenta elementos de tipo contextual o social, es bien sabido
que los adultos no utilizan las mismas estrategias en todas las sociedades cuando ha-
blan o se dirigen a los niños de corta edad. Concretamente, los kaluli que habitan en
Nueva Guinea utilizan el adiestramiento directo basado en la imitación como proce-
dimiento para enseñar a hablar a sus hijos (véase el cuadro 3.7). Los enunciados que
los adultos proponen a los niños son complejos sintáctica y semánticamente, y, aun-
que se considere que los niños no entienden todas las palabras y enunciados que repi-
ten, se observa que las repeticiones son esmeradas. Si la capacidad de imitar fuese
una capacidad fijada (determinada) relativamente desde el nacimiento, comenta
Snow, los niños kaluli que careciesen de esa habilidad, tendrían serias dificultades
para aprender a hablar.
Pérez Pereira en un trabajo más reciente (1994) sugiere que el fenómeno de la
imitación junto con las repeticiones y las rutinas se han de tener en cuenta a la hora
Una situación comunicativa entre un niño kaluli de 27 meses y su madre. La madre dirige la conversa-
ción de su hijo, Wanu, con su hermana de 5 años, Binalia. La niña se ha apropiado indebidamente de la comida
de su hermano.
* Traducido del inglés de un texto de C. Snow (1986), y que corresponde a un trabajo de Schieffelin y Ochs (1983).
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE
161
los referenciales y expresivos se situarían los niños intermedios, cuyo vocabulario ini-
cial no presentaría ninguna tendencia clara (véase en el cap. 5 dedicado al léxico la
caracterización de los estilos referencial y expresivo).
El estudio longitudinal de R. Domingo analiza las producciones de los niños y
de los adultos en tres períodos de edad distintos (véanse cuadros 3.8 y 3.9):
El criterio utilizado en dicho estudio para determinar si uno de los participan-
tes imita al que le ha precedido en el turno de intervención, es el de la repetición de, al
menos, una palabra, cuyo contenido o forma fonética sea el mismo. Si se tiene en
cuenta las imitaciones que producen cada una de las parejas estudiadas se constata,
por un lado, que la proporción de imitaciones no es my elevada en relación con el
total de los enunciados producidos. Se constata, además, que la proporción de imita-
ciones no es homogénea en las tres parejas analizadas.
Con respecto a los niños, se observa que el niño que imita más es el niño ex-
presivo en los tres períodos analizados, siendo el niño intermedio el que imita me-
nos, y a la vez es el más estable en cuanto a las imitaciones del habla adulto. El niño
expresivo, aparte de ser el que imita más, presenta, a su vez, una mayor variabilidad
en la producción de habla imitada. Estos resultados abundarían en la idea de que el
Cuanro 3.8. Total de imitaciones producidas por los tres sujetos, expresivo, referencial y intermedio,
de las muestras en los tres períodos estudiados.
Cuaoro 3.9. Imitaciones producidas por los adultos en interacción con los sujetos
expresivo, referencial e intermedio analizados.
Si se analizan las imitaciones que hacen los adultos del habla infantil, se obse
r-
va que hay dos grandes bloques. Por un lado, están las imitaciones idé
nticas, que se
caracterizan porque las madres se limitan a reproducir textualmente el mensaj
e pro-
ducido por su hijo sin introducir modificación alguna Por otro lado,
están las imita-
ciones modificadas, que se caracterizan porque las madres retoma
n el enunciado
del niño o de la niña e introducen algún cambio. También se ha observ
ado que los
adultos suelen producir imitaciones idénticas cuando las producciones
de los niños
son correctas, e imitaciones modificadas cuando las producciones
contienen algún
error. Parece que los adultos confirmen las producciones de los niños con
las imita-
ciones idénticas, mientras que corrigen los errores con las imitaciones
modificadas.
También se ha constatado que los adultos suelen repetir significativ
amente, y con
mayor frecuencia, los enunciados producidos por sus hijos que contie
nen errores
(Bohannon III, Stanowicz, 1989).
Con respecto a los términos utilizados para referirse a las imitaciones
modifi-
cadas, hemos constatado que se produce una cierta disparidad en los crit
erios que se
utilizan para describir el mismo fenémeno. Tradicionalmente se ha uti
lizado el tér-
mino expansión para referirse a las imitaciones que contienen alg
una modificación
de tipo gramatical (preposición, artículo, verbo auxiliar) y en las que se
respeta el or-
den de las palabras del enunciado infantil, mientras que las extensiones
se refieren a
la imitación del adulto que contiene información nueva (Brown y Hanlon,
1970; Caz-
den, 1965; Rondal, 1980). Finalmente, otros hablan de reformula
ción (recast) para
referirse a los dos fenómenos descritos, las expansiones y extensiones
(Nelson, 1980).
Ante esta diversidad de criterios se ha optado por mantener los términos
de reformu-
lación y extensión con el significado que se señala a continuación.
Se utiliza el término de reformulación para referirse a aquellas imi
taciones
de las madres o los padres en las que se introduce un añadido a la produc
ción del
niño o de la niña para formar una frase gramaticalmente correcta. En
este tipo de in-
tervención no hay información nueva, sino que se introducen, simple
mente, una o
varias palabras de poco contenido semántico (artículos, preposiciones,
pronombres,
verbos copulativos) que faltan en la producción infantil (véanse eje
mplos en páginas
siguientes) y además el adulto corrige los errores fonéticos.
164 LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE
ext ens ión se ref ier e a las imi tac ion es con las que los adu lto s re-
El término
ado del niñ o, int rod uce n las cor rec cio nes gra mat ica les y fon éti -
toman el enunci
ent es y ade más aña den inf orm aci ón nue va. Los adu lto s amp lía n el sig-
cas pertin
do del enu nci ado inf ant il y pro por cio nan así una pre cis ión o un com entario
nifica
adicional.
Las correc cio nes de los adu lto s pue den , asi mis mo, ser exp líc ita s —el adu lto de-
bal men te la pro duc ció n del niñ o o de la niñ a cua ndo es inc orr ect a—, e
saprueba ver
and o el adu lto no des apr ueb a la pro duc ció n infa ntil ver bal men te, per o
implícitas —cu
tur no de int erv enc ión ret oma la pro duc ció n del niñ o e int rod uce la cor rección
en su
tin ent e, en el pla no fon éti co, sem ánt ico o gra mat ica l—. Nor mal men te, tan to las re-
per
las ext ens ion es son cor rec cio nes imp líc ita s por que no sue len ir
formulaciones como
una des apr oba ció n ver bal y no int err ump en el fluj o com uni cat ivo .
acompañadas de
aci ón al tip o de cor rec cio nes que hac en los adu lto s de las pro duc cio -
Con rel
ant ile s, se ha con sta tad o que la sen sib ili dad del adu lto es dis tin ta seg ún los
nes inf
s que com ete n los niñ os. En efec to, los adu lto s sue len cor reg ir exp lic itamente,
errore
nci a, las cor rec cio nes de tipo sem ánt ico (er ror en la eti que ta ver-
y con mayor frecue
que rep res ent an 88 % de cor rec cio nes , seg uid as por las cor rec cio nes
bal producida)
%) y las sin tác tic as (32 %). Par ece que los adu lto s son más sen sib les a
fonéticas (34
s lex ica les que a los err ore s sin tác tic os. Tod o par ece ind ica r que los pad res
los errore
os ate nci ón a las con str ucc ion es sin tác tic as inc orr ect as, y, en cam bio,
prestan men
an o des apr ueb an una emi sió n sob re la bas e del val or de ver dad de la pro pos i-
aprueb
ción que suponen que el niño trata de afirmar (Brown y Hanlon, 1970).
erv an las imi tac ion es que hac en los adu lto s del hab la inf ant il y de la
Si se obs
que tie ne dic ha imi tac ión (vé ase cua dro 3.8) se ded uce que los adu lto s imi-
función
las pro duc cio nes inf ant ile s, esp eci alm ent e, par a hac er cor rec cio nes imp lícitas
tan
el cam-
de las que contienen algún error de tipo fonético, así como imprecisiones en
a y de la sin tax is (re for mul aci one s). Com o ya se ha dic ho, las co-
po de la morfologí
léxico.
rrecciones explícitas se tienden a realizar cuando hay algún error en el
Si bien se considera que los niños son activos en la construcción del lenguaje,
ut com uni cat ivo que rec ibe n de su ent orn o les faci lita su tare a. En la med ida en
el inp
que las madres repiten y modifican las producciones infantiles, aportan pruebas evi-
cio-
dentes de cuál es el modelo lingúístico correcto, y a la vez, al introducir correc
que la pro duc ció n del niñ o es inc orr ect a (pr ueb a o evi den cia neg ati -
nes, indican
s, el arg ume nto rep eti do has ta la sac ied ad, seg ún el cua l, los niñ os ca-
va). Así pue
rec en de pru eba s neg ati vas par a sab er si una pro duc ció n es inc orr ect a, pie rde
o. Esp eci alm ent e si se tie ne en cue nta que los pad res int erv ien en pre sen tando
pes
las producciones correctas sin alterar el flujo de la comunicación, y lo hacen, ade-
tex to ade cua do par a que el niñ o o la niñ a vay an inc orp ora ndo de
más, en un con
líc ita las reg las de su len gua mat ern a. Las mod ifi cac ion es o cor rec cio -
forma imp
del adu lto con sti tuy en dat os o pru eba s obj eti vas de que su pro duc ció n no es
nes
rec ta tan to si se tra ta de una cor rec ció n exp líc ita com o imp líc ita (So lok off y
cor
Snow, 1994).
Aunque los adultos suelen corregir los errores producidos por los niños, es im-
ray ar que no cor rig en de for ma sis tem áti ca tod os los err ore s, sino que
portante sub
una cor rec ció n sel ect iva . Así, se ha obs erv ado que las imi tac ion es con correc-
hacen
ciones se producen con mayor frecuencia después de un error aislado, en un 37 % de
s
ocasiones, mientras que las producciones infantiles que contienen varios errore
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE
165
ADULTOS
6.1. Las MODIFICACIONES DEL HABLA DE LOS
Cuanro 3.10. Ejemplos de los tipos y función de las imitaciones de los adultos
y de los niños.*
Las repeticiones del adulto son una reproducción exacta del enunciado producido por el nifio o la
niña.
La finalidad de la imitación es probablemente, en esta ocasión, confirmar que ha entendido la información de
interl
su
ocutor, o también puede ser un medio para mantener el canal de comunicación abiert
o.
Ejemplo 1
Edad del niño: 1;09
—NiÑo: deixem aquí
dejemos aquí
—ApuLTO: deixem aqui
dejemos aquf
No se produce una desaprobación verbal. El adulto repite las producciones del niño dándoles
la forma
lingúística adecuada. A continuación se presentan varios ejemplos en los que se observa una corrección
fonéti-
ca, una refomulación y una extensión,
Ejemplo 2 Ejemplo 3
Edad del niño: 2;03 Edad del niño: 2;0
—ADU: que es aix0? —NiñÑo: a reloge e mol macu
¿QUé es eso? a reló e muy bonito
—NiÑo: una aca —ApuLto: elrellotge és molt maco
—ADULTO; una vaca el reloj es muy bonito
una vaca
2.2. Reformulación:
El adulto no aporta información nueva al enunciado del niño, sino que sólo se limita a intro
ducir los ele-
mentos gramaticales que faltaban, y además, ofrece una producción fonética correcta,
Ejemplo 4 Ejemplo 5
Edad del niño: 2;2 Edad del niño: 2:0
—NiÑo: pota a nonon a tracto —NiñÑo: donat un camamelo
lleva a nonon a tracto dado un camamelo
—ADULTO: ara el porta a fer nonos al tractor —ApuLto: el senyor li va donar un caramelo
ahora lo lleva a hacer nonos al tractor el señor le dio un caramelo
168 LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE
2.3. Extension:
El adulto introduce información nueva al enunciado producido por el niño.
Ejemplo 6
Edad del niño: 2;3,17
—ADULTO: qué és aixó?
¿qué es esto?
—Niño: a miau
a miati
—ApuLTO: un miau que es diu gat i que fa miau
un miau que se llama gato y que hace miau
ay ud o? ») ; pe ti ci on es de ac ci ón co nj un ta (« ¿J ug a-
ta?»); peticiones de autorización («¿Te ap ar ec en en el re pe rt or io de los
pr od uc ci on es qu e
mos con el coche?»). Otro tipo de de cl ar if ic ac ió n y co nf ir ma -
de de ma nd a
adultos con cierta asiduidad son las peticiones del en un ci ad o pr od uc id o po r el
n a pa rt ir
ción cuyo objeto es obtener más informació ar ta do an te ri or so br e las imi -
yo ?” ) (v éa se ap
niño (—Niño: “Mete”. —Adulto: “¿Lo meto ud in al re al iz ad o po r So lé
En un es tu di o lo ng it
taciones de los adultos del habla infantil). en si tu ac io ne s de ju eg o, co mida,
ta s de los ad ul to s
(1991) sobre la función de las pregun e los 2-3 añ os de ed ad, a partir
rí od o co mp re nd id o en tr
lectura de imágenes, durante el pe de las pe ti ci on es de inf or-
un pr ed om in io
del corpus Serra-Solé, se constata que existe y cl ar if ic ac ió n (22 %, pe ti ci o-
de co nf ir ma ci ón
mación (65 %), seguido de las demandas las pe ti ci on es de ac ci ón , acción
pr op or ci ón se da n
nes sociocomunicativas), y en menor ct er re gu la ti vo .
un ta s qu e ti en en un ca rá
conjunta, autorización (13 %), preg mp ro cimiento
ba r el co no
ac ió n ti en en po r ob je to co
Las peticiones de inform en tr as qu e las pe ti ci o-
ac on te ci mi en to , mi
del niño sobre un objeto, una persona 0 UN fi na li da d da r un as pa ut as
un ta ti en en po r
nes de acción, autorización o acción conj el ni ño . Pa ra le la me nt e, en ese
de sa rr ol la da po r
para tutorizar o facilitar la actividad co nt ie ne n la mi sm a cl ase de
pr eg un ta s de los ni ño s
mismo estudio se observó que las op or ci ón pa re ci da , predomi-
los ad ul to s, y en un a pr
peticiones que las preguntas de ac ci ón , au to ri za ci ón y ac ci ón
, pe ti ci on es de
nan las peticiones de información (47 %) n (27 %) .
on es de co nf ir ma ci ón y cl ar if ic ac ió
conjunta (26 %) y petici fi ca n su s pr od uc ci on es
o qu e los ad ul to s si mp li
Anteriormente, se ha comentad ue st as co or di na das y
co n or ac io ne s si mp le s o co mp
en los niveles morfosintácticos pe rc ut e la si mp li ficación
me no s el em en to s. ¿C óm o re
con oraciones más cortas, de n del le ng ua je ? Ha y va ri os
o de ad qu is ic ió
sintáctica del habla del adulto en el proces es a las qu e ha n ll eg ad o so n
ma y las co nc lu si on
estudios que se han ocupado de este te 7) co ns id er an qu e el ha-
tm an y Gl ei tm an (1 97
prácticamente opuestas. Newport, Glei su de sa rr ol lo po st er io r.
en el ha bl a del ni ño y en
bla de las madres influye muy poco un es tu di o lo ng itudinal,
co nc lu ye n, ba sá nd os e en
En cambio, Furrow et al. (1979) cc io na n co n sus hijos
bl a si mp li fi ca da cu an do in te ra
que si los padres utilizan un ha da a los 27 me se s de ed ad .
es ta rá má s av an za
de 18 meses de edad, el habla de éstos ot he re se ) y las fun -
ns is te el ha bl a ma te rn a (m
Una vez se ha descrito en qué co co nc re ta r má s de lo
ic ió n del le ng ua je , es dif íci l
ciones que desempeña en la adquis to s es el in pu t a pa rt ir
ta qu e el le ng ua je de los ad ul
que se ha hecho. Sin perder de vis ap re nd er lo , es especial-
la in fo rm ac ió n ne ce sa ri a pa ra
del cual los niños extraen toda ii fs ti co qu e los adul-
es so n los as pe ct os del si st em a li ng
mente complejo perfilar cuál r de la gr an ca nt id ad de
el ap re nd iz aj e. A pe sa
tos modifican y cómo éstos inciden en ng ua je ma te rn o, no se
e las ca ra ct er ís ti ca s del le
trabajos que se han elaborado sobr ba se , co mo ha su b-
co nc lu ye nt es . El pr ob le ma de
han podido sacar unos resultados gí a qu e se ha ut ilizado
me nt e, co ns is ta en la me to do lo
rayado Pine (1994), probable
para llevar a cabo dichos estudios. e ni ng un o de los tra -
lt ad me nc io na da es la de qu
Una primera causa de la dificu mo pu ed e inf lui r el
s al te rn at iv as so br e la ma ne ra co
bajos realizados plantean hipótesi je in fa nt il an te s de ini-
en cu an to a si st em a) en el le ng ua
habla materna (no del lenguaje ob se rv ac io ne s no pue-
co gi da de da to s. Po r ot ro la do , las
ciar las observaciones o la re ec ue nc ia , ta mp oc o sus
es ca us al es , y, en co ns
den identificar con claridad los factor n los me ca ni sm os me -
fi ca r pr ev ia me nt e cu ál es so
efectos. Sin haberse llegado a especi bu ye n a ay ud ar al ni ño
on es del ha bl a del ad ul to co nt ri
diante los cuales las modificaci
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE 171
Las modificaciones que se han descrito y que afectan al habla se observan tan-
to en el habla de los padres y de las madres e incluso en aquellos adultos que tienen
poca experiencia con los bebés (Papousek, Papousek y Haekel, 1987). Sin embarg
o,
el habla materna no es utilizada en todas las culturas ni sociedades existentes.
Esta
modalidad de habla sólo es habitual en los países occidentales, y especialmente en el
seno de las familias de clase media, que constituyen el núcleo básico en que se
han
llevado a cabo la gran mayoría de estudios. -
Los estudios realizados por los antropólogos en otras sociedades y culturas,
como los kaluli de Nueva Guinea, los samoanos, y los trackton, comunidad afr
oame-
ricana que vive en el estado de Carolina en los [Link]., las culturas mayas que hablan
quiché o las madres guatemaltecas ponen de manifiesto que los adultos siguen
unas
pautas distintas. Como subraya Elena Lieven (1994), los adultos tienen una actitud
muy distinta cuando se dirigen a un niño menor de 4 años (Schieffelin y Ochs, 1986
).
En esas comunidades, en efecto, los adultos apenas hablan con los niños pequeños,
o
no les hablan hasta que éstos no empiezan a hablar bien. Cuando hablan con sus
hi-
jos lo hacen mediante repeticiones o imitaciones elicitadas que ellos mismos propo-
nen a sus hijos (véase cuadro 3.10).
Aunque los adultos no utilicen el habla materna descrita anteriormente, todos
los niños hablan en los plazos considerados normales. Si los niños llegan a hablar,
a
pesar de que los adultos no modifiquen su habla, no resulta baladí formularse algu
-
nas preguntas. Lieven (1994) se plantea dos temas cruciales. En primer lugar,
se
plantea si los ajustes del lenguaje materno cumplen alguna función útil en aquellos
casos en que se observan. La segunda cuestión se deriva de la primera formulación.
Si los ajustes del lenguaje materno cumplen una función útil, en las culturas que
no
se producen esos ajustes tiene que haber otro tipo de conductas de los adultos
que
cumplan con la misma función.
Una explicación plausible reside en el proceso de socialización que siguen
los
niños de esas comunidades. A pesar de que los adultos no utilizan el habla matern
a, y
ni siquiera hablan directamente con sus bebés, no hay que olvidar, sin embargo,
que
los bebés desde su nacimiento comparten el mismo espacio social con los adultos de su
entorno familiar. Así, por ejemplo se desplazan sujetos a la espalda de la madre,
o de
otro niño mayor, adonde quiera que vayan, o están sentados en el suelo jugando o des-
cansando, siempre bajo el control de la madre o de otros familiares. Los niño
s partici-
pan, por consiguiente, en todas y cada una de las actividades que se organizan en
su
entorno familiar y social. Además de compartir el espacio y las actividades familiares,
también se ha observado que los adultos a menudo hablan del niño con otras personas
en su presencia. Como sugiere Lieven (1994), los niños son capaces, a la larga,
de dar
un significado a los eventos que acontecen en su entorno, puesto que obtienen una
in-
formación de la pragmática de las situaciones y aprenden a interpretar las rutinas
coti-
dianas. ¿Cómo pueden estas circunstancias retroalimentar el proceso de aprendiza
je
del lenguaje? Dado que la mayoría de las actividades tienen un carácter rutinario,
los
172 LA ADQUISICIÓN DEL LENGUAJE
niños son capaces de extraer regularidades, y al mismo tiempo relacionarlas con el len-
guaje utilizado por los adultos y los niños que hablan la lengua de su entorno. De esta
manera, los niños que todavía no hablan pueden establecer una relación entre el len-
guaje utilizado y las actividades desarrolladas (objetos, personas implicadas en la pro-
ducción de determinados acontecimientos). Los niños aprenden progresivamente a
hacer caso y atender al entorno familiar en el que se desarrolla su vida, y empiezan
también a fijarse en la lengua que utilizan para comunicarse.
Los casos descritos no son comparables con otras situaciones en las que los ni-
ños pequeños no participan directamente en una situación comunicativa lingiiistica
interactiva. Lieven menciona dos ejemplos distintos. Por un lado, se refiere a los estu-
dios realizados con una muestra de niños holandeses expuestos a los programas de la
televisión alemana, que demostraron que el ofr frases o enunciados sin tener apenas
información de su significado no sirve para el aprendizaje de una lengua. Un caso pa-
recido se observó en un trabajo de Sachs y Johnson (1972) sobre la incapacidad de los
niños oyentes de padres sordos para aprender el lenguaje oral mediante la televisión.
Parece evidente que los niños no pueden aprender una lengua si se limitan a oír una se-
rie de frases y enunciados sin que estén relacionados con su significado.
Sin embargo, todavía quedan algunos problemas por resolver. Cuando los adul-
tos no utilizan el habla materna para comunicarse con los niños pequeños ¿cómo lle-
gan los niños a segmentar el habla adulta?
Al principio, los niños repiten de forma ecolálica las producciones lingtiisticas
de su entorno aun sin entender su significado. Producen formas lingúísticas globa-
les, no analizadas, segmentos del habla que han captado de las situaciones rutinarias
que se producen en su entorno. La capacidad de los niños de captar las últimas pala-
bras de las frases y repetirlas a menudo, que se produce con los enunciados rutina-
rios, se ha observado también en los niños de las culturas occidentales, y por lo tanto,
forma parte del repertorio de habilidades con que cuentan los niños para aprender el
enguaje. Cuando los niños son capaces de repetir, se confirma que ya son capaces de
empezar a hablar —ese momento señala un cambio muy importante en las relacio-
nes entre el niño y la persona que cuida de él—.
En resumen, aunque los adultos no hablen directamente ni personalmente, con
los niños en el período prelingiiistico, o en los primeros años de vida, ni introduzcan mo-
dificaciones en su habla, el entorno social adquiere un valor significativo para los nifios
que se desenvuelven en estas circunstancias. En la medida en que los niños son activos y
disponen de habilidades de tipo social y cognoscitivo captan el lenguaje de su entorno
como algo significativo relacionado con el contexto social y personal y lo imitan.
Nos gustaría añadir un comentario final acerca de la manera como los adultos
se relacionan con los niños de corta edad en las diferentes culturas que se han men-
cionado. En realidad, la forma o manera como se habla a los niños refleja los pa-
trones culturales subyacentes sobre el papel que se asigna a los miembros de dicha
comunidad, en general, y a la infancia en particular. Así como en las sociedades occi-
dentales desarrolladas los niños ocupan un lugar central y destacado, y la vida fami-
liar suele organizarse en torno a sus necesidades, en otras culturas más jerarquiza-
das los niños no ocupan el centro de la familia, y por esa misma razón reciben un
trato de subordinación, lo que se refleja en el trato y la manera como los adultos se
comunican con ellos. En otras palabras, lo que se ofrece y exige en la interacción sue-
le adaptarse a los patrones sociales.
BASES SOCIALES Y COGNOSCITIVAS DEL LENGUAJE 173
7. Comentario final
Hemos visto que durante el primer año de vida los niños construyen en colabo-
ración con los adultos las bases de la comunicación —los hitos de la comunicación
interpersonal—, así como la posibilidad de acceder al aprendizaje del sistema de su
lengua materna. Como ya se ha comentado en las páginas anteriores, las actividades
que se organizan entre el niño y el adulto adquieren el carácter de interacciones en
las que intervienen ambos interlocutores, respetando los turnos de intervención de
cada uno de ellos, organizándose así una especie de diálogo. Es evidente que el adul-
to lleva la iniciativa en los primeros meses, y que luego, progresivamente, los niños
asumen un papel más activo conforme van aprendiendo y utilizando, con mayor efi-
cacia las habilidades cognoscitivas, sociales, comunicativas y lingiifsticas. Las situa-
ciones interactivas desempeñan un papel fundamental porque permiten, entre otras
cosas, que el adulto introduzca al niño en el mundo del significado y del conocimien-
to. El niño tiene que aprenderlo todo, y aunque esté bien equipado para ello, tenga
capacidades cognoscitivas propias y el proceso de desarrollo sea muy rápido, tam-
bién es cierto que el aprendizaje se hace mediante una negociación larga, que se ve
facilitada por la presentación de situaciones repetitivas y cotidianas, que permiten
que los significados entre el niño y el adulto sean compartidos. El adulto aprovecha
las interacciones pautadas y repetitivas de los formatos para utilizar y compartir el
significado que tienen los eventos en los que intervienen personas, acciones y objetos
según las reglas implícitas de la sociedad en que viven.
Los adultos utilizan unas estrategias bien definidas desde un comienzo para
conseguir que los niños formen parte y participen pronto en su entorno social. Aun-
que en los comienzos son los adultos quienes atribuyen un significado y una inten-
cionalidad comunicativa a cualquier conducta no verbal del niño. Con su actitud en-
señan a los niños que las emociones y la información de lo que acontece en su entor-
no se pueden transmitir mediante palabras. Antes de que finalice el primer año de
vida, los niños ya han accedido a la comunicación intencional y han empezado a de-
sarrollar conductas verbales con una finalidad determinada.
En relación con el modelo lingiístico que el adulto proporciona al niño 0 a la
niña, se han observado modificaciones a nivel del léxico, la sintaxis, la semántica y
la prosodia, y también la pragmática. Aunque hay diferentes interpretaciones, la
opinión más extendida es que el lenguaje materno sirve para adaptarse a las capaci-
dades comunicativas de los bebés que son limitadas. El lenguaje del adulto intenta
así, sintonizar, o ajustarse (fine-tunning) a las habilidades de su interlocutor infantil
para facilitar el proceso de adquisición del lenguaje (Snow, 1986). Cross (1977) habla
de retroalimentación, y pone el acento en la sensibilidad que tienen los padres para
adaptarse a las destrezas comunicativas de sus hijos, tanto en lo que atañe a la com-
prensión como a la producción. Aunque el lenguaje no se enseñe, en el sentido didác-
tico del término, y los adultos no enseñen el lenguaje a los niños, sí pueden transmitir
el uso que se hace del lenguaje en una actividad conjunta y en diferentes contextos.
Con ello se consigue que los interlocutores cumplan ajustadamente las funciones que
se les han asignado para que la comunicación sea factible (Bernicot ez al., 1998).