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El documento analiza la industrialización en México durante el mandato de Ávila Camacho y Miguel Alemán, destacando la política de sustitución de importaciones y el papel del Estado en la promoción del desarrollo industrial. Se menciona la creación de cámaras empresariales como CANACINTRA y la importancia de la inversión extranjera en la manufactura, así como la consolidación de un sector industrial nacionalista. Finalmente, se aborda cómo las políticas proteccionistas y la intervención estatal moldearon la economía mexicana en la posguerra, aunque también generaron tensiones con el capital extranjero.

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El documento analiza la industrialización en México durante el mandato de Ávila Camacho y Miguel Alemán, destacando la política de sustitución de importaciones y el papel del Estado en la promoción del desarrollo industrial. Se menciona la creación de cámaras empresariales como CANACINTRA y la importancia de la inversión extranjera en la manufactura, así como la consolidación de un sector industrial nacionalista. Finalmente, se aborda cómo las políticas proteccionistas y la intervención estatal moldearon la economía mexicana en la posguerra, aunque también generaron tensiones con el capital extranjero.

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LA INDUSTRIALIZACIÓN Y EL MILAGRO MEXICANO

La sustitución de importaciones

Desde los comienzos del mandato presidencial de Ávila Camacho se


tuvo como propósito crear un ambiente de concordancia con
inversionistas tanto extranjeros como nacionales para hacer
prosperar al desarrollo industrial del país. A las empresas
privadas se les empezó a considerar como parte esencial del
desarrollo y se les prometió una pasividad del movimiento obrero y
de la izquierda en amplios términos. Aunado al desarrollo de
políticas de estimulación a la inversión, mediante financiamientos,
exenciones fiscales, e inversiones directas provenientes del Estado
en renglones industriales básicos, tales como la siderurgia (como
Altos Hornos de México) y de insumos agrícolas (Guanos y
Fertilizantes).

Era un gran momento que hacia factible este proyecto. Con el inicio
de la guerra mundial los países involucrados se vieron obligados a
enfocarse en la producción bélica, cosa que afectó a países como
México por dos razones: la primera, es la necesidad de producir
internamente pues hasta ese momento se importaba del exterior y
por tanto su fabricación se vio suspendida o reducida, y dos, la
demanda externa de bienes de consumos y otros productos se vio
creciente.

Es en este periodo donde se favoreció la creación de empresas


pequeñas y medianas dado el basto mercado para abastecer con sus
productos y además, por la intensión industrializadora del
gobierno.

La inversión extranjera, normalmente de la industria extractiva y


de servicios, se mudó a las manufacturas. A lo anterior se le conoce
como el periodo de “sustitución de importaciones”.

Otro punto importante a mencionar es que dentro del ambiente de


concordancia de inversiones, la participación de Estados Unidos jugó
un papel importante ya que sus intenciones de tener un país aliado
en su frontera sur hizo que ejecutara medidas de apoyo económica
que propiciaban un ambiente adecuado para la negociación con el
Estado mexicano.
En 1942 se dio fin a los problemas consecuentes de la expropiación
petrolera y se renegoció la deuda externa quedando favorecido
México. De igual manera se celebró un tratado comercial que en su
momento se mostró como un fuerte estímulo a las exportaciones que
sin embargo, tiempo después resultaría en retroceso para la
economía mexicana.

El camino hacia la industrialización inicio con la constitución de la


Ley de Industrias de Transformación, expedida en 1941 y que hizo
posible que muchas empresas se vieran beneficiadas con exenciones
de impuestos con periodos de hasta por cinco o diez años con la
condición de demostrar que eran nuevas o necesarias.

El siguiente paso, fue la modernización del Banco de México y el


aumento en sus alcances y capacidades como Nacional Financiera,
fundada en 1934, que estimuló el crédito y la creación de capital
mediante una política oficial y de financiamiento selectivo donde
participaban empresas industriales y agrícolas.

Lo más importante fue el constante aumento de la consolidación de


una tendencia proteccionista para la producción nacional que, en un
principio, dada la situación económica que como consecuencia de la
guerra no apresuró una protección radical, después de 1945 y
durante el mandato de Miguel Alemán, se formaron una serie de
tarifas arancelarias cuyo objetivo era reducir definitivamente la
competencia injusta que los productos manufacturados en el
exterior hacían a los de fabricación nacional. A lo anterior se le
suma la llegada del sistema de los permisos previos de importación.
Estas medidas hicieron posible el crecimiento de la planta
industrial del país en la posguerra, que de otra forma, no hubiera
sido posible ante el golpe de los productos norteamericanos.

La industria manufacturera beneficiada por las medidas fiscales y


proteccionistas, aunado a un crecimiento inflacionario que jugó a su
favor, creció a una velocidad del 7.5%.

Con el paso del tiempo, el Estado se volvía cada vez más sólido,
adoptando el carácter de director del proceso económico,
abriéndose como promotor del desarrollo industrial, como parte de
la conciliación de los conflictos obreros-patronales, y como
inversionista aquellos renglones prioritarios en los que las
empresas privadas no querían arriesgarse.

Mediante las medidas proteccionistas, el Estado promovía el


desarrollo de una industria creciente vinculada al Estado.

Surge un joven sector industrial que optó por concentrarse en una


nueva cámara: la “canacintra” que además, sería el principal
protagonista en la sala de la vinculación del Estado con el sector
empresarial durante esta década y su siguiente.

Los empresarios nacionalistas

El gobierno de Ávila Camacho, con la intención de afrontar a la


conservadora burguesía norteña y además de fortalecer a una
fracción industrial moderna y cercana al Estado, incentivando su
propio proyecto industrializador, se publicó una nueva ley de
Cámaras en 1941.

La anterior ley separaba los intereses industriales de los


comerciales y dividía las confederaciones de cámaras de industria y
comercio que estaban unidas en la Concanacomin desde el sexenio
anterior.

Dicha ley permitía la creación de una cámara de industrias variado:


la CANACINTRA, perteneciente a la Concamin, acogería a diversas
empresas, principalmente a aquellas que no tenian cámaras
especializadas en su rama de actividad.

La Concamin se reconstituyó y creció velozmente: el número de


cámaras agrupadas en la confederación aumentó de 6 a 24 en tan
solo tres años. Las ramas manufactureras nacionales tenian un
peso mayor y considerable. La Canacintra, con expansión de la misma
magnitud, en 1945 agrupaba a cerca de cinco mil empresarios,
equivalente a la mitad de todos los asociados a la Concamin.

Con el crecimiento de la Concamin y la formación de la Canacintra,


la oposición y su creciente amenaza de la burguesía norteña se hizo
visible. La Coparmex y Concanaco, amenazadas por las nacientes
organizaciones de los industriales les quitaban dominio y presencia
y minimizaban sus aspiraciones a consolidarse como los
representantes únicos de toda clase empresarial del país.

El mandato de Ávila Camacho involucró a organizaciones


empresariales en asuntos oficiales que fuesen de su competencia y
no descartó ofertas de colaboración con el sector. La burguesía
norteña continuó con sus denuncias a la reforma agraria, el
intervencionismo estatal y la ideología comunista del sindicalismo
oficial; constante en aceptar el dominio de la burocracia política e
influenciando al Partido Acción Nacional y al movimiento
sinarquista.

En 1941 el gobierno presentó la firma de un pacto obrero-patronal


pero la fracción norteña se opuso a aportar. Fue hasta 1945 que
Concamin y Canacintra firmaran con aquellas importantes
centrales obreras el Pacto Obrero-Industrial, acción que Coparmex
llamo “conjura comunista”

Es hasta mitad del mandato de Ávila Camacho que la actividad


política de la burguesía toma importancia con la llegada de José
Domingo Lavín, quien asumió la dirección de Canacintra e influencio a
la Concamin. Los rasgos representativos de este grupo eran sus
posiciones nacionalistas y antiimperialistas, además de su fuerte
solicitud de protección contra los productos importados en contra
el capital extranjero invertido en México.

La Concamin, impulsada por el grupo de Lavín y la Canacintra, dio luz


verde a una política tendiente a asegurar los intereses económicos
de la industria manufacturera en la inevitable posguerra. En
respuesta a este sector industrial, se creó el decreto presidencial
de 1944 que marcaba un límite de 49% de capital extranjero en
cualquier empresa que operara dentro de México.

Luego del fin de la guerra, los Estados Unidos predicaban por el


mundo las tesis librecambistas y exigían el cumplimiento del
disparejo tratado comercial firmado con México en 1942. La
Canacintra asumió el liderazgo de los industriales mostrando
descontento por el libre comercio, el expansionismo del trust
imperialistas y en favor del derecho de los países atrasados a
batallar por su industrialización.
En febrero de 1945, con el apoyo de las delegaciones
latinoamericanas, los industriales mexicanos lamentaron las tesis
librecambistas norteamericanas.

El proyecto de Lavín consistía en la formación de una alianza con el


gobierno y la clase obrera organizada donde se reconocía
implícitamente la dirección de la burocracia política. Exponía los
siguientes puntos.

1) Intervención del Estado para planear, promover y dirigir el


desarrollo económico.

2) Protección a la industria nacional contra los productos


importados y, en consecuencia, anular el tratado comercial firmado
con Estados Unidos en 1942.

3) Limitación al capital extranjero invertido en la industria.

4) Expansión del mercado interno

5) Reconocimiento a la legitimidad del movimiento obrero oficial

6) Continuación del reparto agrario.

La Concamin y la Canacintra reafirmarían la alianza celebrada y,


entre otras acciones, se respaldó a la candidatura de Miguel
Alemán; se reconoció por parte de sus dirigentes que la industria y
los industriales eran un producto absurdo de la Revolución
Mexicana; y un plan de industrialización que solicitaba la
planeación y la participación creciente del Estado en la economía,
firmado con la CTM y la Confederación de Trabajadores de América
Latina durante agosto de ese año.

El proyecto alemanista

En la presencia de la guerra, Ávila Camacho comenzó con el cambio


de rumbo hacia la industrialización. El presidente Miguel Alemán lo
consolidó y transformó la industrialización como una puerta que da
lugar a un futuro moderno y próspero.

Miguel Alemán, dada su principal característica que se le


adjudicaba como civil, le sirvió para recibir el apoyo de todos los
sectores del partido, incluido el movimiento obrero organizado y de
grupos de izquierda. Comenzó su régimen con un gabinete en el que
figuraban personas destacas como Héctor Pérez Martínez y Jaime
Torres Bodet, reconocidos por su prestigio intelectual. También
brillaba la presencia de dos ex-dirigentes de los empresarios
industriales: Antonio Ruiz Galindo y Agustín García López.

En el transcurso de su mandato, el Estado se volvió motor de la


industrialización del país. Impresiona que la mitad del gasto público
se destine a infraestructura de transporte y carreteras y una
cuarta parte en petróleo, electricidad y en la creación de
empresas de apoyo. Cuyas consecuencias fueron la reducción
proporcional en el gasto destinado a la educación, salud y servicios
urbanos, cosas que se postergaron en beneficio de la llegada de la
modernidad.

En el gobierno de Miguel Alemán se consolidaron empresas clave, se


institucionalizaron mecanismos precisos para el otorgamiento de
amplia protección aduanera a las manufacturas nacionales, se
devaluó el peso para limitar las importaciones extranjeras y se
continuó una política suavemente inflacionaria que reducía el poder
adquisitivo de los sectores populares y ello el mercado interno,
permitiendo una mayor y más rápida acumulación de capital. De
igual manera, apoyaba al capital nacional y es que, Miguel Alemán
cedió lugar al capital extranjero pues lo consideraba parte
esencial del dinamismo de la economía nacional y para acaparar
dividas extranjeras que saldaran la alta presión de los saldos
negativos en la balanza comercial.

México se convirtió así en un lugar ideal para la inversión,


contribuyendo gradualmente al panorama de estabilidad política
obtenido durante los años recientes.

Para continuar demostrando su simpatía hacia el capital


extranjero, Migue Alemán concede uno de los puntos importantes del
nacionalismo revolucionario: el petróleo. Entre 1947 y 1951, según
Lorenzo Meyer, la empresa PEMEX celebró cinco contratos con
diferentes empresas estadounidenses para la exploración,
perforación y rehabilitación de los pozos en el Golfo de México. En
dichos contratos PEMEX daba su palabra al vender a esas empresas
un porcentaje o totalmente la producción de los pozos que
descubrieran.

Al término del mandato de Miguel Alemán, en 1958, una enmienda al


artículo 27 impidió que se volvieran a consolidar contratos de ese
tipo.

El entorno mexicano era aceptable a la inversión y las empresas


extranjeras miraban a México con aprobación: para 1952, según
José Luis Ceceña, las inversiones extranjeras muestran una parte
de las inversiones totales. También se habla de que la agricultura
y minería se mudaron al sector manufacturero. Las relaciones entre
la burguesía y el estado se deterioraron cuando en 1950, el Estado
emitió la Ley de Atribuciones del Ejecutivo, en materia económica.

El objetivo principal para contener la inflación creciente, la ley


delegaba en el presidente amplias facultades para establecer
precios máximos, determinar las formas de distribución, decretar
racionamiento, elegir planes de producción de determinados
artículos en las fábricas. Imponer restricciones a importaciones y
exportaciones, además de ocupar temporalmente las fábricas
necesarias para incrementar la producción. Esta ley solo entraría
en vigor cuando para establecer precios a tope a unos cuantos
productos básicos para el consumo y la industria.

La Concamin y la Asociación de Banqueros hicieron el esfuerzo de


trabajar juntos y con inversionistas extranjeros para la
fundación de un Comité Mexicano-Norteamericano de capitalistas.
Hace su primera aparición en 1951, presentándose completamente
propicio a las inversiones extranjeras que reconocía el derecho de
México a industrializarse y a establecer barreras proteccionistas
para lograrlo.

Tiempo después la oposición nacionalista se desmoronaría ante la


presión de la tendencia a crear empresas asociadas para producir
manufacturas más ocmplejas con destino a los sectores medio y alto
que, dado el aumento de la concentración del ingreso, conformarían
un mercado suficiente para la industria mexicana.

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