Podemos identificar tres momentos en los que el gobierno dirigía un avance a otro:
1) La debilidad presenciada durante 1971;
2) La reactivación y el empeoramiento de los años de 1972-75; y
3) La crisis de 1975-77.
Para pasar a una momentánea recesión y su posterior recuperación de 1977-
1978, durante que PEMEX ocupó un lugar esencia aunque no estratégico de
desarrollo que actúa dualmente y que le permitiera adjudicarse una concepción
estable.
Es posible hacernos una pregunta, ¿podría haber sido posible mantener con
eficacia una expansión si la administración de Luis Echeverría no hubiera
abandonado las políticas que la respaldaban o simplemente se habría acabado el
capital social y económico de México de modo que era inevitable su rápida
extinción, sin importar la política que se hubiera ejecutado? Pues de manera
general, se deduce que el veloz camino hacia la extinción de dicho modelo estaba
anunciado dentro de sus términos y que el deterioramiento del contexto
internacional que continuó a finales del punto máximo de la guerra de Vietnam, y
el debilitamiento del sistema de Bretton Woods con base en el dólar apresuró su
desmoronamiento.
En especial, hay dos rasgos principales del modelo que fueron objetivo de
ataques particularmente:
• La razón de estar basado en abastecer los incentivos límites para los
ahorros privados y la inversión, lo que relacionaba la estructuración absoluta del
sistema político y económico para responder por las tasas altas y seguras de
ganancias y de acumulación privada que derivo consecuencias como la
desigualdad social.
• El motivo del descuido a las formas más importantes del gasto e inversión
del Estado, en vista de que los recursos para financiarlos no se podían obtener a
través de imposiciones, que impactaban en la confianza y la inversión, ni de la
recaudación de ahorros internos mínimos solicitados por la iniciativa privada.
El modelo requería que el régimen se limitara a alcanzar diferentes objetivos que
no se relacionaran con el crecimiento fugaz, con excepción a la medida en que
estos caminaban a los éxitos del sector privado.
Resultó por parte del gobierno mexicano, en la aceptación de graves limitantes a
sus alcances de suministrar trabajos para los que carecían de empleo o era
comprometerse en gastos y subsidios sociales de redistribución, aspecto que
sumaba a sostener la legitimidad o contrarrestar las tendencias que apuntaban
hacia la desigualdad, o incluso emprender un sentimiento nacionalista de inversión
y construcción pública.
La administración de Luis Echeverría, en un comienzo, adoptó dos tipos de
objeción para las políticas de desarrollo estable de su predecesor. Es de alta
probabilidad que la ideología de izquierda que albergaba el gobierno estaba
inclinada hacia algún punto, mientras que la Secretaría de Hacienda y el Banco de
México apuntaban hacia otros criterios, claramente más conservadores y
caudalosos.
En la política interna, la administración siempre intentó reducir la dependencia
externa y por ende, suspender el crédito extranjero, reduciendo el déficit de la
balanza de pagos y así evitar la devaluación del peso reduciendo los efectos de la
tasa de inflación de México por debajo de la de Estados Unidos.
Es entonces que estas políticas evidentemente ortodoxas, estaban en oposición
en cuanto las que normalmente se reconocen dentro de la administración de Luis
Echeverría y fueron ejecutadas de manera positiva durante más de un año. Según
a algunos registros, los principales asesores en materia económica confirmaron al
presidente que esto era posible sin bajar de manera considerable la tasa de
crecimiento económico.
La inflación bajó y el déficit de la balanza de pagos también lo hizo, sin embargo,
el ingreso per cápita se detuvo y creció el desempleo. De aquí en adelante Luis
Echeverría tomó la iniciativa sobre que el manejo económico era un tema bastante
importante para ser pues en manos de “técnicos”.
El efecto negativo en sus objetivos reformistas políticos y sociales era enorme. De
modo que se estableció que en la primera etapa las políticas económicas del
mandato de Luis Echeverría fuera absolutamente cuidadosa al relacionarse a la
situación del ciclo económico en los Estados Unidos.
La persuasión sobre el desarrollo compartido no debe hacer que se olvide que en
un comienzo el mandato detuvo los planes de inversión pública, paralizado a
comparación del sector privado para sostener la expansión. Esto dice que no
existió promoción al criterio de que la administración entrante tenie en un principio
responsabilidad y compromiso, de alejar la asesoría económica de tipo ortodoxa o
de atacar el sector privado.
La siguiente etapa fue estimular arriba del límite a la económica, una reacción en
respuesta a la recesión cíclica de 1971 que se manifestó además de en México,
en gran parte de la economía mundial. De manera global, el ciclo fue semejante,
por lo que no hay motivo para adjudicarle rasgos especiales a la administración
mexicana.
La situación internacional da respuesa en gran parte a lo sucedido a la
administración en temas económicos durante 1972 y 1973. Pues se hizo presente
un cambio en la actividad, haciendo rápida la ampliación existente de capacidad
ociosa y el debilitamiento de las disciplinas de tipo cambiario que habían estado
vigentes bajo el sistema de Bretton Woods.
CONCLUSIÓN
Cualquiera que sea el caso, el propósito del gobierno de Echeverría era el romper
con el "desarrollo estabilizador". El gobierno creía con cierta razón que si se
persistía en la estrategia sin importar cuán exitosa fuera a nivel económico, se
llegaría a una situación política muy peligrosa. Su principal objetivo era el de
prevenir el peligro que ya se percibía en conexión con la estabilidad política,
inclusive si el precio a pagar tuviera que ser un revés económico. Analizando con
estas bases los objetivos básicos del gobierno, nuestra argumentación sobre los
diferentes cursos que la política económica pudo haber seguido nos señala la
conclusión de que quizá la estrategia económica del sexenio de Echeverría no fue
después de todo una falla tan drástica. Es cierto que el gobierno termino en
circunstancias humillantes y que el nombre no figurará en la lista de héroes al
lado de Zapata y Cárdenas.
Pero desde que se institucionalizo la Revolución, ha sido el destino de todo
mexicano el ser eclipsado por su sucesor. Un presidente que primero hace una
devaluación y después termina su cargo en un clima intenso de impopularidad
puede haber servicio bien al régimen y creado condiciones favorables para que
continuase su trabajo bajo la autoridad del nuevo, y como tal, no odiado líder.
A pesar de cuán desacreditado se encuentre puede decirse que cada gobierno ha
servido a su propósito, en términos del sistema mexicano, siempre y cuando deje
a sucesor un legado viable. El gobierno de Echeverría se sobrepuso a la crisis de
legitimidad heredada de Díaz Ordaz y legó a López Portillo una crisis que ha
demostrado poder manejar. Los conflictos subyacentes entre las fuerzas sociales
emergentes con el cambio económico y el ajuste político que heredo la Revolución
por supuesto no han encontrado una solución. Por mientras que el régimen
sobreviva a los sucesivos retos lanzados por el conflicto de fondo, tendrá la
oportunidad de reproducirse a sí mismo. Por ejemplo, ahora se puede ver con toda
claridad que el petróleo puede ofrecer al aparato del Estado la fuente de recursos
autónoma antes obtenida a través de préstamos del exterior. Mediante estos
cánones de comportamiento, puede concluirse que el gobierno de Echeverría no
termino como un fracaso