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El Azúcar en Cuba Y Las Fuentes para Su Estudio: José Piqueras Arenas

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EL AZÚCAR EN CUBA Y LAS FUENTES

PARA SU ESTUDIO

José A. Piqueras Arenas*

EL AZÚCAR EN LA ECONOMíA Y LA ECONOMíA DEL AZÚCAR

1 azúcar domina la historia de Cuba de los dos últimos siglos. A él debe su


fulgurante prosperidad entre 1790 y 1880, durante los años de "vacas gor-
das" (1914-1920) o al relanzarse la economía en los años cuarenta. En él se cifró
en 1970 un modelo de desarrollo nacional que hubo de modificarse desde la raíz,
cuando no se cumplieron las expectativas de la zafra. El modo en que se concibió
este mundo del azúcar configuró históricamente la composición étnica y social de
la isla, y sus beneficios actuaron sobre el conjunto de la vida económica y encade-
naron otros procesos productivos, mercantiles y financieros. La edad de oro del
dulce en el ochocientos, gracias a las ventajas comparativas, actuó en contra de la
diversificación de los cultivos y favoreció una especialización apenas rectificada
por las vegas tabaqueras y las producciones que, después de alcanzar alguna rele-
vancia café, banano, henequén ,no llegaron a consolidarse. Las crisis del
azúcar enfermaron el resto de la estructura económica e incidieron de manera
directa en la sociedad y a menudo tuvieron consecuencias políticas.
A las inmensas posibilidades económicas que se derivaban del dulce, sacrifi-
caron los hacendados cualquier veleidad independentista y a aquellas se debió
inicialmente el interés de Estados Unidos por la isla, interés que a lo largo del
siglo XIX alentó en diferentes momentos su anexión y que, después de su interven-
ción en la guerra de 1898, dejó en 1902 una república "soberana", cuya Constitu-

* Universitat Jaume 1, Castellón de la Plana, España, Centro de Investigaciones de América Latina


(CIAL).

35
36 José A. Piqueras Arenas

ción autorizaba a intervenir en los asuntos del país a una potencia extranjera. Con

el Tratado de Reciprocidad entre Cuba y Estados Unidos de 1903, el azúcar se


convertiría en la moneda de cambio que ordenaba las relaciones entre ambas na-
ciones: la isla se aseguraba un mercado cuya amplitud y estabilidad despertaba
el interés inversor norteamericano en la producción de azúcar y a Estados Uni-
dos se les franqueaban las puertas comerciales de la misma. _
Una relación tan estrecha entre la vida de un país y una producción determi-
nada, tiende a confundir ambas historias y a comprender en el azúcar la totalidad
de su historia económica. Ambos efectos, sin embargo, conducen a un defecto de
apreciación, como viene poniendo de relieve la historiografía de los últimos años,
una vez que mejora el conocimiento del pasado social y material de la isla y nos
muestra una realidad más diversa y compleja. La historia del azúcar ha sido y
sigue siendo por mucho el tema nuclear de su historia económica y social.
En las páginas que siguen daremos sucinta cuenta de las aportaciones biblio-
gráficas más destacadas sobre el azúcar en Cuba y las principales líneas de inves-
tigación seguidas. Nos ocuparemos de las fuentes para el estudio del tema e indi-
caremos los problemas que, en nuestra opinión, merecen ser atendidos con mayor
profundidad. Hemos de indicar que nuestras referencias contemplan básicamente
el siglo XIX, en el que hemos situado nuestra investigación, y apenas se introducen
elementos orientadores sobre el siglo XX.

Los CAMINOS RECORRIDOS

El cuadro general de la economía cubana en su evolución histórica lo proporciona


la obra clásica de Julio Le Riverend, Historia económica de Cuba, llena de obs~r­
I

vaciones y sugerencias sobre el azúcar. La más reciente Historia de Cuba, prepa-


rada por el Instituto de Historia de Cuba y de la que han salido los tres primeros
tomos, completa y actualiza la información desde el inicio de la colonia hasta
1940. La Historia económica de Cuba, de H. E. Friedlaender, sigue proporcionan-
do indicios adecuados de los principales problemas económicos y de las fuentes
que pueden dar cuenta de los mismos. La monumental obra de LevÍ Marrero,
Cuba, economía y sociedad comprende abundante información hasta 1868. 2

IJulio Le Riverend, Historia económica de Cuba, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1971
(materiales publicados por vez primera en 1952). Al tema dedicó también un temprano texto, "Sobre la
industria azucarera de Cuba durante el siglo XIX" [1944J en Debate en soliloquio y otros ensayos sobre
Cuba, Instituto Mora, México, 1994, pp. 54-67.
2 Instituto de Historia, Historia de Cuba, Editora Política, La Habana, 1994- l 998; H. E. Friedlaender,
Historra económica de Cuba, Jesús Montero Editor, La Habana, 1944; Leví Marrero, Cuba, economía y
sociedad, Editorial P1ayor, Madrid, 1972-1992, 13 vols. Sobre la industria azucarera en particular los
tomos 4, 7 Y 10.
El azúcar en Cuba y las fuentes para su estudio 37

La obra fundamental sobre el azúcar en Cuba es la de Manuel Moreno Fraginals,


El ingenio. 3 Es, sin duda, uno de libros más importantes de historia del azúcar,
escrito en cualquier país sobre este tema. Moreno aborda la evolución de la activi-
dad azucarera en sus diferentes vertientes, desde finales del siglo xvm hasta la
década de 1860, combinando el análisis social, la evolución de las prácticas eco-
nómicas y el estudio y la descripción de los aspectos técnicos. Sus conclusiones
han servido de base a buen número de estudios, tanto cuando se comparten como
cuando han querido ser rebatidas. El tercer tomo está dedicado a tablas sobre
producción y comercio; comprende un glosario azucarero y una generosa biblio-
grafía anotada con valoraciones muy útiles sobre obras documentales, fuentes
impresas y estudios especializados. La introducción a las fuentes empleadas es
sencillamente antológica y nos revela los pasos del investigador en pos de su ma-
terial de trabajo. La información estadística comprende las series más completas
disponibles sobre producción de azúcar y sus derivados (mieles y ron) por años y
zonas, la exportación de azúcar y el comercio cubano con Estados Unidos. Las
tablas son el resultado de una laboriosa reconstrucción a partir de fuentes de de-
sigual fiabilidad. El autor toma unos datos, pondera otros y ofrece en ocasiones míni-
mos; así, disponemos de los cálculos, pero no del método concreto de elaboración.
El estudio de Moreno ha tenido continuidad temporal en la reciente obra de Fe
Iglesias, Del ingenio al central. Iglesias se sitúa frente a los problemas de concen-
tración industrial, descentralización agraria y mecanización, en los años 1880-
1895, Y presenta un minucioso cuadro de las principales tendencias y sus diversos
ritmos, los cuales impiden generalizaciones antes de la última década de siglo, un
difícil momento para el comercio del dulce. 4 La obra de Iglesias está llamada a
ocupar un lugar destacado en la bibliografía sobre el tema, pero tenemos la impre-
sión de que las conclusiones expuestas no agotan la información descrita.
Junto a las aportaciones que nos adentran en la caracterización y evolución de
la actividad azucarera de la isla en general durante el siglo XIX, Laird W. Bergad es
5
autor de la mejor monografía regional sobre la mayor zona azucarera. El carácter
de arrastre del azúcar sobre el resto de las actividades y los condicionamientos de
ésta sobre las mismas, queda puesto de relieve en el trabajo de Óscar Zanetti y

3 Manuel Moreno Fraginals, El ingenio. Complejo económico social cubano del azúcar. Editorial
de Ciencias Sociales, La Habana, 1978, 3 vols. Moreno es autor también de un texto con nuevas conclu-
siones y un avance sobre las siguientes décadas: "Plantaciones en el Caribe: el caso Cuba-Puerto Rico-
Santo Domingo (1860-1940)" en La historia como arma y otros estudios sobre ese/avos, ingenios y
plantaciones, Crítica, Barcelona, 1983, pp. 56-117
4 Fe Iglesias, Del ingenio al central, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, San Juan, 1998.
Véase también su estudio ''The development of capitaJism in cuban sugar production, 1860-1900" en M.
Moreno Fraginals, F. Moya Pons y S. L. Engerman, Between slaveryandfree labor:the spanish-speaking
Caribbean in the nineteenth century, The Jobns Hopkins University Press, Baltimore, 1985, pp. 54-75.
5 Laird W. Bergad, Cuban rural society in the nineteenth century. The social and economic history
ofmonoculture in Matanz.as, Princeton University Press, Princeton, 1990.
38 José A. Piqueras Arenas

,
Alejandro García Alvarez sobre el transporte ferroviario, mismo que incluye esti-
mables análisis y sugerencias del núcleo motriz de la vida económica de Cuba. 6
Sobre el siglo xx disponemos de la obra clásica útil todavía pero en bastan-
tes aspectos superada de Ramiro Guerra y la indagación de Cepero Bonilla so-
7
bre los años 1950 como preludio de la revolución de 1959. Disponemos de una
completa visión de las tres primeras décadas en dos investigaciones de las que son
autores Alan D. Dye y Antonio Santamaría. 8
El gran vacío existente sobre el nacimiento del sector azucarero en Cuba en el
siglo XVIII, cada vez es menor gracias a los estudios de Pablo Tornero sobre la
constitución de la industria azucarera vinculada a la esclavitud, y de Mercedes
García Rodríguez, quien ha dirigido su atención a registrar y ofrecer las caracterís-
ticas de los primeros ingenios y de los mecanismos crediticios utilizados para
constituir las explotaciones iniciales. 9

Los YACIMIENTOS DE INFORMACIÓN SOBRE EL AZÚCAR

Una labor previa al trabajo en archivo debe pasar por la "inmersión" en obras
básicas de carácter documental o testimonial sobre la evolución de la isla, siempre
con útiles anotaciones referidas al azúcar. Ya que la industria del azúcar comenzó
a desplegarse en Cuba con rapidez e intensidad desde las tres últimas décadas del
Setecientos, las sagaces observaciones de Humboldt, JO que visitó la isla a comien-

6 Óscar Zanetti y Alejandro García, Caminos para el azúcar, Editorial de Ciencias Sociales. La
H~bana. 1987. Un primer balance de las realizaciones de la historia económica cubana puede seguirse en
Gloria García, "La historia económica de Cuba: 25 años de historiografía". Revista de la Biblioteca
Nacional José Martí, vol. XXVII, núm. 2, 1985, pp. 33-60.
7 Ramiro Guerra, Azúcar y población en las Antillas, Ciencias Sociales, La Habana, 1970; La in-
dustria azucarera de Cuba, Cultura, la Habana, 1940; Raúl Cepero Bonilla, Política azucarera (1952-
1958), en Obras históricas, Instituto de Historia, La Habana, 1963.
8 Alan D. Dye, Cuban sugar in the age of mass produclion: technology and economics of cuban
sugar central, 1899-1929, Stanford Univ. Press, Nueva York, 1998; Antonio Santamaría, "La industria
azucarera y la economía cubana en los años veinte y treinta", tesis doctoral inédita, 1. U. Ortega y Gasset,
Universidad Complutense, Madrid, 1995, y "Caña de azúcar y producción de azúcar en Cuba. Crecimiento
y organización de la industria azucarera cubana, desde mediados del siglo XIX hasta la finalización de la
primera guerra mundial" en C. Naranjo, M. A. Puig-Samper y L. M. García Mora (comps.), La nación
soñada, Cubtt. Puerto Rico y Filipinas ante el 98, Doce Calles, Aranjuez, Madrid, 1996, pp. 225-250.
9 Pablo Tornero Tinajero, Crecimiento económico y transformaciones sociales. Esclavos. hacenda-
dos y comerciantes en la Cuba colonial (1760-1840), Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid,
1996; Mercedes García Rodríguez, "Ingenios habaneros en el siglo XVIII", Arbor, 1991, pp. 547-548:
adelanto de un trabajo inédito Fisonomía azucarera de La Habana. Catálogo de ingenios habaneros del
siglo XVIII, CSIC, La Habana, 1996, pp. 113-138, Y "El crédito hipotecario a los ingenios habaneros:
1700-1792" en José A. Piqueras Arenas (comp.), Diez nuevas miradas de historia de Cuba, Publicacions
de la Universitat Jaume 1, Caste1l6n de la Plana, 1998, pp. 41-66.
10 Alejandro de Humboldt, Ensayo polfrico sobre la isla de ,Cuba, Doce Calles, Aranjuez, Madrid,
1998. Esta reciente edición critica ha sido preparada por Miguel Angel Puig-Samper, Consuelo Naranjo
Orovio y Armando García González.
El azúcar en Cuba y las fuentes para su estudio 39

zos del XIX y siguió reuniendo información sobre el país hasta editar su obra en
1826, resultan inapreciables. También lo es la obra del español Ramón de la Sagra,
que inauguró los estudios de historia material sobre Cuba. La Sagra escribió ade-
más un trabajo que nos desmenuza el estado de la actividad azucarera a la altura
de 1860,11 Y que permite ser contrastado dos décadas después con el debido al
cubano Álvaro Reynoso. 12 A éstos se unen informes como el de Carlos Rebello, 13
las consideraciones de algunos censos incompletos1 4 y otras aportaciones contem-
poráneas a los hechos.1 5
Hasta 1898, el estudio sobre el azúcar en Cuba requiere la consulta tanto de
archivos cubanos como españoles. En el Archivo Nacional de Cuba, los fondos
Consejo de Administración (1861-1898), Gobierno Superior Civil (1854-1874) y
Gobierno General (1874-1898), Intendencia General de Hacienda (1764-1897),
Miscelánea de Expedientes, Real Consulado de Agricultura, Industria y Comer-
cio, continuado en Junta de Fomento (1794-1894) Y Sociedad Económica de Ami-
gos del País de La Habana son los más adecuados para obtener infonnación relativa
a memoriales oficiales, solicitudes particulares, listas cobratorias de tributos, esta-
do de ingenios, producciones, pruebas agronómicas y ensayos técnicos, etc. Los
fondos Anotaduría de Hipotecas (hasta 1871) y Escribanías ambos con un muy
útil índice onomástico contienen infonnación sobre créditos, inventarios y con-
tratos, quiebras y demandas, de gran valor documental para los siglos xvrn y XIX.
El Registro Mercantil ofrece datos fiables para el siglo xx.
La Sociedad Económica publicaba Memorias muy completas (1793-1825) Y
editó también sus Actas hasta 1832; el Instituto de Literatura y Lingüística conser-
va en La Habana la Biblioteca que perteneció a esta institución. En la Biblioteca
Nacional José Martí de La Habana se localiza la Colección Cubana de Manuscri-
tos, con series de correspondencia y documentos pertenecientes o reunidos por
importantes azucareros, como José Luis Alfonso y Julio Lobo, y por destacados

11 Ramón de la Sagra, Cuba 1860. Selección de artículos sobre agricultura cubalUl, Comisión
Nacional de la Unesco, La Habana, 1963. La obra básica de La Sagra, Historia física, poUtica y IUltural
de ro isla de Cuba. Librería de Arthus Bertrand, París, 1842.
12 Álvaro Reynoso, "Viajes por diversos ingenios, cafetales y otras fincas de la isla de Cuba (1863-
1864)". "Segunda parte del cuaderno (1883-1886)" en Francisco Díaz Barreiro, "El cuaderno de viajes
de Reynoso", Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, vol. XXII, núm. 1, 1980, pp. S1-92. De Álvaro
Reynoso, de consulta obligada, Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar, Impr. del TIempo, La
Habana, 1862.
13 Carlos Rebello, Estados relativos a la producción azucarera de la isla de Cuba. formados
competentemente y con autorización de la Intendencia de Ejército y Hacienda, s. e., La Habana, 1860.
14 "Noticia de las fincas azucareras en producción que existían en toda la isla de Cuba al comenzar
el presupuesto actual de 1877-78", Revista Económica, núm. 37, 7 de junio de 1878.
15 Merece señalarse la difundida obra de Justo Germán Cantero, Los ingenios. Colección de vistas
de Jos principales ingenios de azúcar de la isla de Cuba. Impr. Lit. Luis Merquiar, La Habana, 1857. Los
estudios de Rebello y La Sagra (Cuba 1860, op. cit.), Noticia de ingenios (1877),- opúsculos, censos
y estadísticas de diferentes épocas pueden consultarse en el CD-Rom preparado por Alejandro García
Álvarez y Luis Miguel García Mora (comps.), Textos clásicos de la historia de Cuba. Fundación Históri-
ca Tavera, Madrid, 1999.
40 José A. Piqueras Arenas

eruditos como Antonio Bachiller Morales. La Biblioteca del Ministerio de la In-


dustria Azucarera guarda las Actas del Círculo de Hacendados, la principal asocia-
ción de azucareros de la isla desde 1878. Cabe pensar, para concluir, en otros
archivos provinciales cuyos fondos están por investigar o en investigaciones que
aguardan ser difundidas.
En España hallamos infoIfnación económica en el Archivo General de Indias
(Sevilla) hasta 1845 en la secci6n Gobierno, Audiencia de Santo Domingo, donde
podemos encontrar infonnes (de especial interés son los del intendente de Hacien-
da), discursos sobre fomento de la isla, consultas, contaduría de diezmos (que
incluye relación de ingenios y cuentas de administraciones). En la sección Estado
existe documentación procedente de la Junta del Consulado de La Habana. El
Archivo Histórico Nacional (Madrid), secci6n de Ultramar, alberga el fondo Cuba
con las series Fomento, Hacienda y Gobierno, de interés para nuestro tema. La
Fundación Antonio Maura conserva la documentación de quien fuera ministro de
Ultramar en 1892-1894, e incluye alguna carpeta sobre la cuestión azucarera.
La vía de los archivos de grandes hacendados y comerciantes cubanos y de
casas comerciales extranjeras que operaban en Cuba ha sido poco atendida. En dos
archivos de estas características trabajó Roland T. Ely: 161a Colección Moses Taylor,
depositada en la Biblioteca Pública de Nueva York, y los papeles de Tomás Terry, de
Cienfuegos, aparte de los archivos de otros centrales consultados en los años 1950
y hoy posiblemente desaparecidos. Esta infonnaci6n econ6mica parece ser ex-
traordinaria p¡¡ra casi todo el siglo XIX y, según los describe Ely, también para los
primeros años del xx. Teniendo en cuenta que Ely detiene su estudio en la década
de 1860 y que, según reconoce, sólo consultó una parte ,
de los 1 200 libros de la
Colección Taylor, bien merecería regresar sobre esa fuente.
Han sido raros los estudios sobre un ingenio o un central como caso y no l7

conocemos ningún trabajo que nos ofrezca la perspectiva de la explotación "desde


dentro" de la empresa sirviéndose de documentación interna. Aunque existen tes-
timonios de la evolución del sector desde el punto de vista empresarial para los
años 1866-1926 18 e histopas externas de alguna familia propietaria, 19 los estudios
de carácter microhistórico serían de gran utilidad para reconstruir la lógica de la
unidad económica, la viabilidad de las explotaciones y los factores que eran teni-
dos en cuenta en la adopción de decisiones, aspectos básicos de lo que debe exigir-

16 Roland T. Ely, Cuando reifUlba su majestad el azúcar; Editorial Sudamericana, Buenos Aires,
1963.
Miguel González Jiménez, "El ingenio San Martín", Revista de la Biblioteca NaciofUll José
I7 José
Maní, enero-marzo de 1967, pp. 71-100; Juan Pérez de la Riva, "Riesgo y ventura del San Martín",
Revista de la Biblioteca NaciofUll José Mart(, abril-junio de 1967, pp. 51-58. Ambos artículos contienen
escasa infolluación económica interna.
18 Edwin F. Atkins, Sixty years in Cuba, Riverside Press, Cambridge, Mass., 1926.
19 Alejandro García Álvarez, "Una saga azucarera en tomo a dos siglos" en Jorge Uría (comp.),
Asturias y Cuba en tomo al 98, Labor, Barcelona, 1994, pp. 43-56.
El azúcar en Cuba y las fuentes para su estudio 41

se a la moderna historia empresarial. La destrucción de archivos privados es uno


de los principales obstáculos para reconstruir esa historia.
Los despachos consulares del siglo XIX apenas han sido consultados en rela-
ción con el azúcar, en contraste con el uso frecuente de documentación parlamen-
taria o aduanera. Dos merecen ser objeto de atención, los papeles del Foreing
Office británico (Parliamentary Papers, Public Record Office, Londres) y los del
State Departament Archives, Consular Despatches-Havana, en Archivo Nacional
de Estados Unidos (Washington, D. C.).
Las publicaciones periódicas especializadas en temas económicos son de gran
aprovechamiento. La Revista Económica (La Habana, 1877-1883) ofrece un volu-
men muy destacado de datos y opiniones, y se hace eco de pareceres críticos con la
actitud de los azucareros y de la Administración en una compleja etapa de transi-
ción. La Revista de Agricultura (La Habana, 1879-1895 y 1900-1904) fue publicada
por el Círculo de Hacendados y es un instrumento indispensable para estudiar el
tema. Para la misma época existen publicaciones extranjeras que prestan atención a
la situación de Cuba y que permiten situar sus problemas en una perspectiva más
amplia. Destacan The Louisiana Planter and Sugar Manufacturer (Nueva Orleans,
1889-1901), y la alemana Die Deutsche Zuckerindustrie. Wochenblatt für
Landwirtshaft, Fabrikation und Handel (Magdeburgo, 1880-1900). Ambas han sido
utilizadas por Fe Iglesias con apreciables resultados; la primera fue utilizada en sus
trabajos por Le Riverend. La prensa de noticias solía ofrecer datos y artículos de
opinión sobre la evolución de la actividad azucarera. Por su "longevidad" y
representatividad de los mayores intereses, merece consultarse el Diario de la Mari-
na. La Gaceta de La Habana era el periódico oficial del gobierno hasta 1898.
Para el siglo xx disponemos de fuentes impresas más o menos regulares de
gran valor documental. En primer lugar los Civil report of military govemor, pu-
blicados en La Habana por el gobierno interventor estadunidense en 1899-1903. A
partir de 1900, la Secretaría de Agricultura, Comercio y Trabajo de Cuba publicó
anualmente una Memoria de la zafra azucarera. La publicación Cuba Económica
y Financiera. Anuario azucarero de Cuba ofrece abundante información. Un texto
introductorio a los cambios que se operaron en la etapa de entre siglos, en el que se
destaca la actuación de Estados Unidos para subordinar la estructura azucarera
cubana, lo proporciona Leland H. Jenks. 20

BREVE DESCRIPCIÓN DE UN MUNDO Y PEQUEÑA GUíA DE SUS PROBLEMAS

La economía del azúcar se nos presenta, a causa de la estrecha unión del cultivo
agrícola y su transformación industrial, como una verdadera agroindustria exis-

20 Leland H. Jenks, Nuestra colonia de Cuba, M. Aguilar, Madrid, 1929.


42 José A. Piqueras Arenas

tente mucho antes de que se introdujera esta noción en el lenguaje económico.


Como es sabido, la pérdida de la sacarosa contenida en la caña una vez que ha sido
cortada, obliga a efectuar una manipulación inmediata destinada a extraer el jugo
de la planta, el guarapo, y a someterlo a un procedimiento químico y físico que
permita cristalizar el azúcar y obtener cierto grado de pureza. El azúcar crudo
podrá ser refinado a continuación en la planta transformadora o estará en condi-
ciones de ser exportado para concluir el refino en otro lugar. El cultivo y la fabri-
cación de azúcar estuvieron unidos en Cuba hasta los años 1880, cuando en coin-
cidencia con la abolición de la esclavitud comenzaron a separarse ambas actividades:
la agricultura inició una vía de descentralización y la fabricación entró en una fase
de concentración en grandes unidades, los llamados centrales que molían la caña
directamente administrada y la que le proporcionaban los colonos, los cultivado-
res agrarios. Hasta entonces la imbricación entre cultivo y fabricación, el "com-
plejo económico-social del azúcar" (Moreno Fraginals) o unidad agroindustrial,
tomó el nombre de lo que en un principio denominaba la fase manufacturera: el
• •
mgemo azucarero.
La historia del azúcar en Cuba se ha venido a clasificar en grandes etapas,
bien conforme a la división del trabajo y el nivel de desarrollo técnico alcanzado,
bien de acuerdo con las relaciones mediante las cuales se produce, lo que compor-
21
ta también los anteriores aspectos pero subordinados a consideraciones sociales.
Si nos atenemos al primer criterio, habría dos épocas, la del ingenio y la del cen-
tral, tomando como divisoria la década de 1880 en que se inicia la transición. De
tomar las relaciones sociales de producción, cabe hablar de una etapa esclavista
(hasta 1880-1886), una segunda basada en el trabajo libre asalariados o colo-
nos y una tercera, socialista, que comienza con la revolución de 1959. Si toma-
mos la técnica como elemento diferenciador, podemos señalar una etapa inicial en
la que predomina la fuerza motriz animal; en una segunda época manufacturera
predominan a partir de 1840, los ingenios semimecanizados, pero gracias a su
creciente producción, un corto número de ingenios mecanizados señala el camino
a seguir; se alcanza así entre 1880 y 1898 una tercera fase industrial que parte de la
mecanización, coincide temporalmente con la abolición de la esclavitud y la im-
plantación del central para acabar desarrollándose en el siglo xx, con las aplica-
ciones propias relativas a la energía empleada, tamaño y modernización de las
instalaciones.
Hacer del azúcar materia de estudio supone' atender una suerte de factores
productivos o que inciden en la fabricación y comercialización del dulce. Desde el
punto de vista interno de la elaboración del azúcar en Cuba, los dos factores fun-
damentales que orientan y determinan la evolución de sector son la naturaleza de
la fuerza del trabajo y la organización de la actividad productiva propiciada por el

21 Véase Andrzej Dembiez, Plantaciones cañeras, Ciencias Sociales, La Habana, 1989. pp. 14-16.
El azúcar en Cuba y las fuentes para su estudio 43

nivel técnico. La competencia internacional y las condiciones del mercado actúan


desde el exterior induciendo la adopción de medidas que intensifiquen la produc-
tividad. Los factores que intervienen en el proceso no se reducen a los ya citados y
todos interdependientes en la mayoría de los casos deben ponderarse al expli-
car esta actividad económica y, en consecuencia, al establecer los objetivos del
estudio. A efectos descriptivos, podemos desglosarlos a partir de tres grandes
agrupamientos: el agrario, el industrial y el comercial.
No vamos a extendemos en el tercero de los aspectos citados, el mercantil,
común a tantas producciones. Baste indicar la evolución de la demanda y de los
precios,22 el transporte, la actividad comercial propiamente dicha, el caudal de
información que incide en ésta, las condiciones insulares e internacionales. Hasta
1898 hay que tener en cuenta la condición colonial de Cuba, la cual origina un
marco en el que las decisiones sobre política económica se adoptan en la metrópo-
li. La mejor guía para estas cuestiones la proporciona el tomo tercero de El inge-
nio, de Moreno, páginas a las que hemos hecho antes referencia. 23
En cuanto a la fase agraria, interesan factores como la tierra, el trabajo, la
planta y el cultivo, la refacción y, en su caso, el empleo de medios técnicos.
El estudio de la tierra comprende la estructura de la propiedad, las dimensio-
nes de la explotación (en Cuba se miden por caballerías: 13.36 Has.) y la superfi-
cie del ingenio sembrada de caña (en torno a 50%, con tendencia a aumentar desde
1880 por efecto del agotamiento de los suelos y de la creciente capacidad de mo-
lienda del central) que nos indica el grado de intensificación del cultivo. El apro-
vechamiento del suelo para fines azucareros se ha hecho en detrimento de otros
usos, principalmente forestales y agropecuarios. La historia medioambiental nos
acerca a las consecuencias naturales y económicas de la elección. 24
El trabajo nos remite a la cuestión de la esclavitud, predominante en las plan-
taciones hasta el final de los años 1870, que por sí misma supone un tema específi-
co, aunque en modo alguno independiente. En relación con la evolución de la
industria azucarera, las opiniones se dividen entre quienes consideran que las exi-

22 Una orientación general de la evolución del azucar, la producción mundial y sus precios, así
como la pugna de la caña (y de países como Cuba) con la competencia de la remolacha, puede seguirse
en Noel Deerr, The history 01 sugar, Chapman and Hall, Londres, 1949-1950, 2 vols.
23 Sobre el comercio exterior cubano, con panicular énfasis en el azucar, véanse de Óscar Zanetti
Lecuona, Los cautivos de la reciprocidad, Enpes, La Habana, 1989, y Comercio y poder. Relaciones
cubano-hispana-norteamericanas en tomo a J898, Casa de las Américas, La Habana, 1998. Las cir-
cunstancias del intercambio y el peso de los condicionamientos coloniales en José A. Piqueras; "Compe-
tir en la colonia. Intereses, relaciones de poder y decisiones políticas (Cuba, 1878-1895)" en M. T. Cor-
tés, C. Naranjo y J. A. Uribe (comps.), El Caribe y América Latina. El 98 en la coyuntura imperial.
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo/Instituto Michoacano de Cultura/Consejo Superior
de Investigaciones CientíficasfUniversidad de Puerto Rico, Moreiia, 1998, t. 1, pp. 99-133.
24 Reinaldo Funes Monzote, "Los conflictos por el acceso a la madera en La Habana: hacendados
vs. Marina (1774-1815)" en José A. Piqueras (comp.), Diez nuevas miradas de historia de Cuba, s.p.i.,
pp. 67-90. Una llamada de atención, en Josef Opatrny, "Los cambios socioeconómicos y el medio ambien-
te: Cuba. Primera mitad del siglo XIX", Revista de Indias, CSIC, num. 207, 1996, Madrid, pp. 367-386.
44 José A. Piqueras Arenas

gencias técnicas hicieron entrar en crisis las relaciones esclavistas hacia 1860 y
quienes estiman que técnica y esclavitud fueron perfectamente compatibles. 25 Al
margen de este problema, la productividad del trabajo en la plantación nos vendría
indicada por los empleados por caballería y las arrobas cosechadas por empleado
esclavo, semiesclavo o asalariado. Emprendida la transición al trabajo libre, la
aparición del colonato explotaciones agrarias pequeñas o grandes, en propiedad
o arrendamiento, pero dedicadas sólo al cultivo como efecto de la división del
trabajo supone un nuevo motivo de interés, tanto por su viabilidad económica,
como por la relación que mantiene con el central y por los efectos sociales que
genera. Ese colectivo de colonos comenzaría a experimentar, a partir de 1902, la
presión de la industria azucarera dirigida a tenerlos bajo control y su declive como
productores independientes que estuvo unida a la crisis de los años veinte a la vez
que a la extensión de los latifundios. La alternativa del trabajo asalariado encontró
la dificultad de provisión de brazos a bajo coste, con carácter estable y empleo sin
embargo temporal. 26
Respecto al cultivo, debemos informamos de la clase de caña plantada, el
método seguido, los diferentes tiempos de siembra (quedada de primavera y plan-
ta de frío), las arrobas sembradas que pertenecen a las distintas anualidades de la
planta (y que ofrecen rendimientos decrecientes de sacarosa), el uso de abonos y el
posible estudio de suelos, la progresiva concentración del tiempo de zafra para
aprovechar el máximo contenido de dulce en la caña (con el consiguiente proble-
ma estacional de demanda de brazos) y los rendimientos obtenidos (arrobas de
caña cosechada por caballería de tierra y por trabajador empleado). El conoci-
miento de los estudios prácticos agronómicos y los planes de enseñanza
, promovi-
dos por corporaciones o instituciones la tarea realizada por Alvaro Reynoso, los
laboratorios y escuelas fomentados por el Círculo de Hacendados y más tarde por la
República nos indica la preocupación por fomentar una agricultura científica. 27
La extensión de la plantación y la organización del trabajo propició la meca-
nización del tiro con la introducción del ferrocarril portátil en 1873, mientras que
el corte y el alza mantendrían su carácter manual, la última actividad hasta muy
avanzado el siglo xx. La mecanización de la agricultura, emprendida en los años
1910, se extiende después de la revolución de 1959.
La financiación de la producción nos remite a los cálculos de costes, a la
rentabilidad económica de la explotación, a los márgenes posibles de capitaliza-


25 Un estudio reciente que introduce nuevos elementos sobre el problema es el de Luis Miguel
Garcfa Mora y Antonio Santamaría, "A propósito de la industria azucarera en Cuba (1860-1877): mano
de obra y tecnología" en Michele Guicharnaud-Tollis, Le sucre dans respace caraibe hispanophone.
XIXe et XXe siedes, L'Harmattan, París, 1998, pp. 71-94.
26 Es el tema de investigación de Imilcy Balboa, "Colonización e inmigración (1878-1898)",
Universitat Jaume l, tesis doctoral en proceso de redacción, CasteJlón de la Plana.
27 La introducción de una agricultura científica y los ensayos agronómicos confollllan los temas de
trabajo de los investigadores cubanos Rolando E. Misas y Leida Femández.
El azúcar en Cuba y las fuentes para su estudio 45

ción y al crédito como fuente de provisión de recursos, a menudo durante el siglo


XIX uno de los problemas más acuciantes. El endeudamiento, extensivo a la fase
de fabricación, creó una situación dependiente respecto al comerciante acreedor y
dio lugar a una de las vías más frecuentes de transferencia de la propiedad.
En lo que atañe a la fase industrial, comprende el procedimiento de fabrica-
ción, el nivel técnico de mecanización, el trabajo especializado, el suministro de
materia, los rendimientos industriales y la organización de la empresa.
El procedimiento tradicional del trapiche basado en la fuerza motriz animal
subsistió durante buena parte del siglo XIX, produciendo azúcar mascabado y ras-
padura, más como una actividad de subsistencia que como una verdadera agricul-
tura comercial. Los ingenios semimecanizados se caracterizaron por emplear el
vapor, lo que multiplicaba la capacidad productiva, pero no introducía cambios
cualitativos en el modo de producir. La tardía introducción del tren jamaiquino de
evaporación abierta, en lugar de los aparatos de presión al vacío, retrasó la trans-
formación azucarera y prolongó la manufactura más tiempo del conveniente. Las
innovaciones incidieron en una u otra fase del proceso de elaboración, pero no en
su conjunto, de modo que el tren de producción hizo compatibles técnicas arcaicas
y modernas con muy desigual aprovechamiento. Los ingenios que empleaban el
tren jamaiquino ofrecían azúcar sólo hasta la clase de purgado y perduraron hasta
1890. ConfoIlne a los cálculos de Rebello, en 1860 los ingenios semimecanizados
eran 67.45% de los existentes en la isla y producían 76.62% del azúcar; los trapi-
ches de tracción animal sumaban 27.24% del total y apenas producían 8.08% del
azúcar; los mecanizados no llegaban a 5% y producían 14.80%.
Los ingenios mecanizados emplearon desde los años 1860 vapor como fuerza
motriz, aparatos de triple efecto, baja presión al vacío para la cochura y para la
concentración, filtros, centrífugas, aparatos de control y, desde 1885, ensayaron el
sistema de difusión; se introdujo también el quemador de bagazo para aprovechar-
lo como fuente de energía. La moderna industria integró estos adelantos en lugar
de asociarlos, y reclamó una mano de obra cualificada que pudiera responder del
uso y mantenimiento de las instalaciones en niveles óptimos gracias al estímulo
económico individual, lo que en opinión de Moreno Fraginals propició la coexis-
tencia de diferentes fonnas de trabajo en el ingenio (libre y esclavo) y aceleró la
abolición de la esclavitud. En 1895 los centrales con moderna maquinaría repre-
sentaban en tomo a 30%, a los que había que añadir los ingenios mecanizados que
subsistían sin dar lugar a los centrales, y que proporcionaban ya la mayoría del
azúcar fabricado. La guerra de independencia destruyó además en mayor propor-
ción los ingenios pequeños y medios, facilitando la posterior concentración, según
nos ha mostrado Fe Iglesias.
El suministro de caña creó la unidad agropecuaria hasta producirse la división
del trabajo y la aparición del colonato. Los centrales retribuían a los colonos con
el arrobaje, una proporción del azúcar extraído por la caña vendida; su cuantía no
dependía tanto del precio del azúcar en ese momento como del rendimiento indus-
46 José A. Piqueras Arenas

trial, de la capacidad para extraer azúcar de la planta. Los latifundios del siglo xx
acabaron subordinando por completo a los productores independientes, según he-
mos indicado.
Los rendimientos industriales se miden en porcentaje de azúcar extraído por
arroba de caña. A la hora de establecer series comparativas encontramos varias
dificultades. La primera consiste en que hasta las últimas décadas del siglo XIX, no
se extendió la costumbre de pesar la caña y que, por lo tanto, los cálculos efectua-
dos son muy desiguales y, por lo general, se refieren a rentabilidades óptimas y no
a situaciones medias. En segundo lugar, hasta la generalización del azúcar centrí-
fuga de 96° de polarización azúcar estándar medido por polarímetro , la diver-
sidad de métodos empleados y de clases de azúcares (según el proceso seguido:
blanca de aparato y centrífuga, quebrado, purgado, mascabado, concentrado; o
bien según la escala holandesa, basada en el color, numerados del 1 o mascabado
al 21 ti blanco), hace difícil comparar rendimientos, puesto que obliga a sumar
tipos distintos de valor desigual.
La industria cubana del siglo XIX descansó sobre indudables ventajas (mano
de obra esclava, demanda creciente y precios en alza, posición dominante en el
mercado hasta 1870) que se combinaron con un elevado endeudamiento. Los ren-
dimientos industriales fueron bajos debido a la diversidad de técnicas empleadas y
al peso de los ingenios semimecanizados
,
y de los trapiches en el conjunto de la
producción hasta fin de siglo. Unicamente en la década anterior a la guerra, 1885-
1895, la industria mecanizada ganó posiciones significativas a la actividad manu-
facturera, pero aún así, los rendimientos eran inferiores a los de la industria euro-
pea de remolacha. Hemos sostenido que las inversiones en nueva tecnología se
retrasaron en Cuba debido a las mencionadas ventajas comparativas y a la tenden-
cia de los hacendados a situar beneficios o capitales en el extranjero; cuando se
vieron obligados a realizar las inversiones, lo hicieron en un contexto de crisis
internacional del azúcar y prefirieron diversificar riesgos, por lo que la renovación
tecnológica, siendo destacada; sólo arrastró una parte de los capitales. 28
La organización de la empresa comenzaría a considerarse en la transición del
ingenio al central. Hasta entonces estaban delimitadas las funciones de responsa-
bilidad agraria (el mayoral) y las técnicas de la casa de calderas, en la que el
maestro del azúcar desempeñaba un papel destacado, aunque es frecuente encon-
trar un encargado en lugar del propietario. Con el central se impone una visión
empresarial, con directores técnicos y, en ocasiones, ingenieros. Resta añadir el
capítulo de costes y beneficios, lo que nos traslada de nuevo a la evolución del
estado contable y financiero de la empresa, una línea en la que hasta donde
sabemos nada ha avanzado la investigación.

28 José A. Piqueras Arenas, "Capitales en el azúcar. Los hacendados cubanos ante la rentabilidad
económica y la oportunidad de inversión (1878-1895)", Revista de Indias, CS/C, núm. 212, 1998, Ma-
drid, pp. 163-193.
El azúcar en Cuba y las fuentes para su estudio 47

En nuestra exposición hemos evitado desarrollar la problemática específica


de las relaciones sociales; a pesar de la relevancia que le concedemos en la expli-
cación de la industria azucarera, ya que desbordaría las dimensiones de estas pági-
nas. Nos limitaremos a dirigir al lector a un reciente balance sobre la historia
sociaL29
El azúcar, que tanto pudo en Cuba y al que se supeditaron los sueños de liber-
tad individual y colectiva, sobre los que se forjó el más reciente anhelo igualitario,
cede el protagonismo económico indiscutible de que ha gozado en la isla al acabar
el siglo xx. La historia de su producción, sin embargo, sigue atrayendo la atención
del investigador con nuevas preguntas y renovados modos de leer el pasado. Una
gran veta de información aguarda la consulta.

29 Antonio Santamaría García y Consuelo Naranjo Orovio, "La historia social de Cuba, 1868-1914.
Aportaciones recientes y perspectivas", Historia Social, núm. 33, 1999, pp. \33-158.
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