TEMA 1: CRISIS DE LA MONARQUÍA BORBÓNICA.
LA GUERRA DE LA
INDEPENDENCIA (1808-1814)
1. INTRODUCCIÓN
Se dieron en el contexto internacional tres acontecimientos que cambiarían la Historia
Contemporánea Universal.
En primer lugar, el estallido de la Revolución Francesa en 1789 con el fin de acabar con el
Antiguo Régimen y que obligaría a los países europeos a adoptar una posición de hostilidad
ante Francia. Conocería así Europa, el programa político de Napoleón: la creación de un gran
imperio al que estarían subordinados todos los monarcas europeos. Programa que duraría
hasta 1814 al reunirse en Viena las potencias vencedoras de Napoleón que restituyeron a los
monarcas europeos y configuraron un nuevo mapa de Europa que obligó a Francia a retornar
a sus fronteras de 1792. Se creó también la Santa Alianza (Prusia, Rusia y Austria) que se
guardaban el principio de intervención para reprimir cualquier intento revolucionario.
2. LAS RELACIONES ENTRE ESPAÑA Y FRANCIA
La política exterior de Carlos IV pasó por dos fases: una primera de enfrentamiento con
Francia y otra de alianza con ella y de enemistad con Gran Bretaña.
La primera fase (1789-1795) estuvo marcada por el impacto de la Revolución Francesa que
estallaría pocos meses de ascender al trono Carlos IV.
Hasta 1791 la política de España estuvo dirigida por el Primer Ministro Floridablanca que
impuso una férrea censura contrarrevolucionaria.
A finales de 1792 accede a la secretaría de Estado Manuel de Godoy, que tuvo que afrontar
serios problemas en política exterior: la Guerra de los Pirineos (1793) con Francia debido a la
ejecución de Luis XVI donde la derrota española los llevó a firmar la Paz de Basilea. A pesar
del fracaso, Godoy recibe el título de Príncipe de la Paz, lo que establece el inicio de las
relaciones con Francia.
Comienza así la segunda fase (1796-1808) de relación entre Francia y España, debido a las
agresiones de Gran Bretaña contra nuestras colonias americanas, que los llevará en 1796 a
firmar el Tratado de San Ildefonso, similar a los antiguos pactos de familia. Mediante este
tratado, se convertirá, hasta 1808, a Godoy en un vasallo de Francia, llevando a España al
fracaso por las numerosas derrotas que sufrirá al enfrentarse a Inglaterra y Portugal. Además,
Napoleón que planeaba la adhesión de Portugal por la fuerza debido al bloqueo continental
que había decretado contra Gran Bretaña, logró que España firmara, en 1807, el Tratado de
Fontainebleau, por el que España se comprometía a enviar tropas para la expedición contra
los portugueses, quedando Portugal dividido en tres zonas de las cuales le correspondería a
Godoy la del sur, con soberanía hereditaria y nombramiento de Príncipe de los Algarves.
Conforme a lo estipulado, un cuerpo del ejército francés entraría en España para marchar
sobre Lisboa; pero en realidad las tropas francesas comenzaron a ocupar toda la Península.
Godoy aconsejó a la Corte que se trasladara a Sevilla, por si era necesario embarcar hacia
América. Esto inquietó al pueblo que se amotinó en Aranjuez, en marzo de 1808, asaltando la
casa del valido. Obligado por las circunstancias, Carlos IV destituye a Godoy de todos sus
cargos y abdica de la corona a favor de su hijo Fernando.
3. LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA
Napoleón aprovechó los incidentes de Aranjuez; llamó a Bayona a los dos reyes españoles,
Carlos IV y Fernando VII dando lugar a las Abdicaciones de Bayona por las que Fernando VII
renuncia al trono español, Carlos IV abdica en Napoleón a cambio de una pensión anual
vitalicia y unas posesiones territoriales y Napoleón renuncia a favor de su hermano José,
proclamándolo rey de España como José I Bonaparte.
La ocupación de España por las tropas francesas supuso el levantamiento del pueblo de
Madrid el 2 de Mayo de 1808, acaudillado por Daoíz y Velarde que opusieron una tenaz
resistencia a los invasores, pero al final del día los ejércitos de Murat aplastaron toda
resistencia. De este modo comenzó la Guerra de Independencia.
3.1. Los inicios del conflicto
Tras el inicio de la rebelión contra los franceses en Madrid, la insurrección se extendió por
toda España. Las autoridades legales, o bien siguieron colaborando con las fuerzas francesas,
o permanecieron impasibles ante la actuación de estas contra el pueblo sublevado. La Junta
de Gobierno y el Consejo de Castilla recibieron al nuevo rey José I Bonaparte, mientras que el
pueblo español, al no admitir la renuncia de Fernando VII, se organizó en Juntas Provinciales
de Defensa, dirigidas por la Junta Suprema Central (presidida por Floridablanca) y declaró la
guerra a Francia. No obstante, además de la lucha por la independencia, se dará también una
reorganización política según los ideales liberales.
Fases de la guerra
La primera fase o de los éxitos iniciales españoles, tiene lugar tras el fracaso del
levantamiento de Madrid. Los soldados franceses, se dedicaron a sofocar los levantamientos
urbanos que se habían extendido por las ciudades más importantes del país. En el mes de
junio tuvo lugar el primer sitio de Zaragoza, cuya posesión era fundamental para controlar la
importante vía de comunicación del valle del Ebro. La ciudad resistió bajo el mando del
general Palafox. Sin embargo, el hecho más destacado de esta primera fase de la guerra fue la
Batalla de Bailén, donde un ejército francés dirigido por el general Dupont fue derrotado el 19
de julio por un ejército español improvisado por algunas juntas provinciales de Andalucía,
comandado por el general Castaños. La derrota de Bailén tuvo una doble repercusión:
estratégica y propagandística. Por primera vez era derrotado un ejército napoleónico.
La segunda fase o el apogeo francés, viene determinada ante la derrota del ejército francés
en Bailén que obligó al emperador francés que había subestimado la capacidad de
resistencia española, a cambiar su concepción negativa de los españoles modificando así sus
ideas. Se vio obligado a concertar una entrevista con el Zar de Rusia, para garantizarse la
seguridad en Centroeuropa pudiendo así concentrar sus esfuerzos en la recuperación de la
Península Ibérica. Esto llevó a la organización de la Grande Armée, un poderoso ejército de
250.000 soldados bien entrenados y dirigidos por el propio Napoleón. De este modo, el día 10
de noviembre cayó la ciudad de Burgos, que fue sometida a un terrible saqueo, seguido de la
derrota del ejército de Blake en Espinosa de los Monteros, y del vencedor de Bailén, Castaños,
en Tudela. El hecho de armas más importante fue, no obstante, la toma de Madrid, tras
arrollar la tenaz resistencia ofrecida por los españoles en Somosierra. En el otro extremo
peninsular, Zaragoza, sufrió el segundo sitio, cayendo en poder de los franceses. Sólo Cádiz
quedó libre de la ocupación, de lo que se derivaron unas consecuencias fundamentales para
la historia de España: la elaboración de la primera constitución española.
La tercera fase o la derrota del invasor, se inició en la primavera de 1812, cuando Napoleón se
vio obligado a retirar de España una parte muy importante de sus tropas para engrosar la
Grande Armée que se preparaba para la invasión de Rusia, donde perecieron de frío la mayor
parte de los soldados. Los ejércitos anglo-españoles aprovecharon esta circunstancia para
intensificar su ofensiva, que culminó con la victoria de los Arapiles (Salamanca) el 22 de julio
de 1812, esto marcó el principio del fin del poderío francés. Las tropas francesas, que temían
quedar encerradas en España, iniciaron el repliegue hacia el norte, sufriendo en las cercanías
de Vitoria otra gran derrota. Con las batallas de Irún y San Marcial se completó el acoso y la
derrota del ejército invasor.
Napoleón no tuvo otro remedio que firmar el Tratado de Valençay por el que se reconocía la
libertad de España y se liberaba a Fernando VII.
Consecuencias de la guerra
España quedó deshecha como consecuencia de la guerra. La mayor carga que supuso la
guerra estuvo relacionada con la enorme mortalidad, las destrucciones generadas por la
misma y las expoliaciones que llevaron a cabo las tropas francesas.
Por otro lado, los criollos americanos aprovecharon para sentar las bases de su propia
independencia, negando así los recursos ultramarinos que habían constituido uno de los
pilares más sólidos de la economía española. Como consecuencia, el comercio se paralizó, la
moneda escaseaba y la Hacienda Pública llegó a una completa bancarrota.
No obstante, la Guerra de la Independencia, acabó de una vez por todas con el Antiguo
Régimen.