¿Quién fue Tutankamón?
El rey Tut fue más relevante por su contribución al conocimiento del antiguo Egipto
ya estando muerto que por sus logros en vida.
De no ser por el impresionante descubrimiento de su tumba, al rey Tutankamón (ca.
1341 - ca. 1323 a.C.) desde luego que no se le conocería en todo el mundo por un
apodo, el rey Tut. Durante el reinado del niño rey no sucedió nada reseñable.
Cuando ascendió al trono a la edad de nueve años, el país seguía sumido en el caos
que desató la decisión tomada por su difunto padre, Akenatón, de sustituir la religión
politeísta de Egipto por una monoteísta. Según se cuenta, un consejero real llamado
Ay manejó al joven rey cual marioneta, concretamente en lo que atañía a su orden de
revertir la política de Akenatón y reinstaurar los queridos dioses antiguos y sus
templos.
A pesar de las innumerables teorías que se han aducido, la repentina muerte del rey
Tut sigue siendo un misterio. ¿Cayó víctima de la malaria? ¿O acaso acabó con él la
gangrena que le provocó la rotura de una pierna? ¿Lo atropelló un carro? ¿Quizás
fue despedazado por un hipopótamo? Fuese cual fuese la causa de su muerte,
parece que el rey fue enterrado a toda prisa y no tardó en caer en el olvido.
Avancemos 3000 años. En 1922, el arqueólogo británico Howard Carter
desenterró la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes. El descubrimiento fue
noticia en todo el mundo. Lo que más impresionó a la gente no fue la momia de Tut,
sino las ofrendas enterradas con él, descritas por Carter como un "extraño y
maravilloso revoltijo de objetos extraordinarios y hermosos".
El mayor tesoro, y quizá el más emblemático en la actualidad, era la máscara
mortuoria del rey, que contenía más de seis kilos de oro. Otros objetos enterrados
con él para garantizar que siguiera siendo fuerte, conservase su riqueza y estuviese
bien alimentado en la otra vida incluían un manto de piel de leopardo, cuatro tableros
de juego, seis carros, 30 jarras de vino y 46 arcos. Carter se pasó casi una década
catalogando los 5398 objetos de la tumba.
Dos exposiciones del tesoro de Tutankamón llevaron muchos de los artefactos de
gira por el mundo entre los años 1960 y 1970 y afianzaron aún más el legado de Tut.
Gracias a su gloriosa sepultura, el rey Tut hizo más por el avance del estudio
moderno y el interés por la historia egipcia que todos los demás faraones juntos.