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477-GIMENEZ Juan Carlos Jurisprudencia

La Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba emitió la sentencia número 477 en el caso de Juan Carlos Giménez, condenado por abuso sexual con acceso carnal, tras un recurso de casación presentado por su defensa. La defensa argumenta que la condena es arbitraria y se basa en pruebas insuficientes, cuestionando la credibilidad de la víctima y la valoración de los testimonios. Sin embargo, el tribunal sostiene que la sentencia se fundamenta en un análisis completo de las pruebas, confirmando la existencia del delito y la falta de consentimiento por parte de la víctima.

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477-GIMENEZ Juan Carlos Jurisprudencia

La Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba emitió la sentencia número 477 en el caso de Juan Carlos Giménez, condenado por abuso sexual con acceso carnal, tras un recurso de casación presentado por su defensa. La defensa argumenta que la condena es arbitraria y se basa en pruebas insuficientes, cuestionando la credibilidad de la víctima y la valoración de los testimonios. Sin embargo, el tribunal sostiene que la sentencia se fundamenta en un análisis completo de las pruebas, confirmando la existencia del delito y la falta de consentimiento por parte de la víctima.

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SALA PENAL - TRIBUNAL SUPERIOR

15/11/2023 - Protocolo de Sentencias


Nº Resolución: 477
Año: 2023 Tomo: 18 Folio: 5131-5143

EXPEDIENTE SAC: 7936654 - GIMENEZ, JUAN CARLOS - CAUSA CON IMPUTADOS

PROTOCOLO DE SENTENCIAS. NÚMERO: 477 DEL 15/11/2023

En la ciudad de Córdoba, la Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia, presidida por la

señora Vocal doctora Aída Tarditti, con asistencia de los señores Vocales doctores Sebastián
Cruz López Peña y María Marta Cáceres de Bollati, emitirá sentencia en los autos

“GIMENEZ, Juan Carlos p.s.a. abuso sexual con acceso carnal -Recurso de Casación-”
(SAC 7936654), con motivo del recurso de casación interpuesto por el doctor Sebastián

Eduardo Castillo, defensor del imputado Juan Carlos Giménez, en contra de la Sentencia

número ciento veintitrés, dictada el veintiséis de noviembre de dos mil veinte, por la Cámara
en lo Criminal y Correccional de la ciudad de Cruz del Eje, en sala unipersonal.

Se informa que las cuestiones a resolver son las siguientes:


1°) ¿Se ha fundado indebidamente la condena dictada en contra de Juan Carlos Giménez?

2°) ¿Es arbitraria la pena impuesta?

3°) ¿Qué resolución corresponde dictar?

Los señores Vocales emiten sus votos en el siguiente orden: Doctores Aída Tarditti, Sebastián

Cruz López Peña y María Marta Cáceres de Bollati.

A LA PRIMERA CUESTIÓN
La señora Vocal doctora Aída Tarditti dijo:
I. Por Sentencia nº 123, de fecha 26 de noviembre de 2020, la Cámara en lo Criminal y

Correccional de la ciudad de Cruz del Eje, en sala unipersonal, resolvió -en lo que aquí

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concierne-: “I. Declarar a Juan Carlos Giménez, filiado supra, autor penalmente responsable

del delito de abuso sexual con acceso carnal, por el hecho que le atribuye el requerimiento
fiscal de fs. 232/234vta. y aplicarle para su tratamiento la pena de doce años de prisión,

adicionales de ley, decomiso y costas (arts. 12, 23, 29 inc. 3º, 40, 41, 45 y 119 tercer párrafo

CP, y arts. 412, 550 y 551 CPP)…” (f. 303 vta.).


II. El doctor Sebastián Eduardo Castillo, defensor del imputado Juan Carlos Giménez,
interpuso recurso de casación en contra de dicha resolución, denunciando la violación del

principio in dubio pro reo (ff. 306/317).

De modo preliminar, refiere que la posibilidad de que el cumplimiento de dicha garantía sea

revisado en esta sede ha sido expresamente reconocida por la Corte Suprema de Justicia de la

Nación en el fallo “Casal” y deja formulada la reserva de acudir a dicho máximo tribunal de
la nación para el caso de que se sostenga lo contrario.

A continuación, bajo el título “nulidad de la sentencia por violación al principio

constitucional de la defensa en juicio y el in dubio pro reo y manifiesta arbitrariedad en

relación a la acusación sostenida en el proceso y las conclusiones que devienen en la

condena del recurrente” se dedica a la fundamentar su postura (f. 310 vta.).


En dicho orden, afirma que la arbitrariedad del fallo surge evidente ante la contradicción de la

sentencia con las pruebas de la causa. Ello, continúa, pues la totalidad de los elementos de

juicio que para el tribunal tienen la calidad de incontrastables en contra del imputado, en

realidad, no hacen más que sembrar dudas, las que debieran haber operado en favor del

acusado.
Califica de inverosímil la actitud asumida por el Ministerio Público en el debate y por el

juzgador en la sentencia de no solo ignorar, sino además desacreditar, los dichos de la testigo

(amiga de la denunciante) María Cecilia C. (f. 311).

Alega que esta testigo siempre se mantuvo conteste en afirmar idéntica descripción sobre su
amiga en cuanto a su historia de vida, modos de desenvolverse en la vida y gustos en la

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intimidad. A pesar de dicha coherencia -señala- su testimonio no solo fue ignorado, sino que

el a quo refirió que las consideraciones acerca de supuestos gustos sexuales de D. y su


supuesta promiscuidad eran datos absolutamente innecesarios e irrelevantes para determinar

la existencia del hecho (f. 312).

Sostiene que, contrariamente a lo expresado por el tribunal, en este tipo de delitos al no haber

testimonios directos del hecho los testigos cercanos de los involucrados devienen de una

importancia vital, dado que habitualmente es imposible contar con alguno en razón de que las
conductas delictivas suelen desarrollarse en un ámbito de máxima intimidad. Afirma que, por

ello “sorprende y preocupa el criterio adoptado por el magistrado sentenciante, no solo por

lo novedoso, sino porque afecta de manera flagrante al derecho de defensa de esta parte,

impidiendo que las garantías del debido proceso operen en plenitud” (f. 312 y vta.).

Considera que surge nítida la duda sobre la verosimilitud de los dichos de la presunta víctima
cuando ella misma relata que al momento de retirarse del lugar lo hizo sin que su defendido le

dijera nada, no la amenazó ni intimidó, cuando en el tipo delictivo bajo análisis luego del

despliegue de la acción siempre va acompañada de una conminación amenazante o

intimidante para que guarde silencio sobre lo sucedido, algo que no ocurrió en el caso.

Expresa que la desacreditación del testimonio de C. hace recaer los fundamentos de la


condena tan solo en indicios, prueba que permanentemente es cuestionada y analizada en

torno a su eficacia probatoria. Sobre este punto, menciona calificada doctrina según la cual

solo los indicios unívocos pueden producir certeza y fundar una condena, pero no los indicios

anfibológicos que solo tornan meramente verosímil o probable el hecho indicado (ff. 312

vta./313).
Manifiesta que en el caso las versiones contradictorias de la víctima y del acusado se

encuentran en paridad, de modo tal que ninguna de ellas desnivela a la otra, por lo que las

garantías constitucionales determinan la absolución del acusado por duda.

Alega que no basta con afirmar, como se hace en la sentencia, que el testimonio de la presunta

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víctima es creíble, sino que el tribunal debe brindar razones que justifiquen esa afirmación.

Indica que “la sobrejerarquización operada sobre el testimonio de la presunta víctima es


llamativa, toda vez que para el relato de las virtuales agresiones sufridas resulta para el

tribunal verosímil, en tanto que cuando el testimonio de una amiga de la supuesta víctima

contradice, deviene en falaz el testigo”.

En definitiva, considera que no se han respetado las reglas de la sana crítica racional ni las

garantías constitucionales del acusado, por lo que la sentencia resulta “injusta” lo que debe ser
remediado en esta instancia.

III.1. De la lectura del escrito impugnativo se advierte que las críticas de la defensa se

enfocan en la prueba sobre la existencia del hecho atribuido a Juan Carlos Giménez. Más

precisamente, el impugnante cuestiona que el imputado haya abusado sexualmente de C.S.D.

pues aduce que esta última consintió los actos sexuales perpetrados por él.
2. Atento la naturaleza formal del agravio, resulta necesario recordar que esta Sala ha

advertido que si la obligación constitucional y legal de motivar la sentencia impone al tribunal

de mérito -entre otros recaudos- tomar en consideración todas las pruebas fundamentales

legalmente incorporadas en el juicio (De la Rúa, Fernando, La casación penal, Depalma,

1994, p. 140; TSJ, Sala Penal, S. n° 44, 8/6/2000, “Terreno”, entre muchos otros), y efectuar
dicha ponderación conforme la sana crítica racional (art. 193 CPP), resulta claro que el

recurso que invoca la infracción a las reglas que la integran -lógica, psicología, experiencia-

debe también contraponer un análisis de todo el cuadro convictivo meritado, y en función de

este, a su vez, evidenciar la decisividad del vicio que se denuncia (art. 413 inc. 4° CPP). De

allí que resulte inconducente una argumentación impugnativa que se contente solo con
reproches aislados que no atiendan al completo marco probatorio o que esgrima un defecto

carente de trascendencia en una apreciación integrada de aquél. En tales supuestos, al no

efectuar un abordaje que agote las distintas premisas que sostienen la conclusión que causa

agravio, la crítica no alcanza a enervarla y la decisión transita incólume el control casatorio

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(TSJ, Sala Penal, “Martínez”, S. n° 36, 14/3/2008; “Fernández”, S. n° 213, 15/8/2008;

“Crivelli”, S. n° 284, 17/10/2008; “Brizuela”, S. n° 89, 23/4/2009; “Rodini”, S. n° 314,


30/11/2010).

3. Asimismo, en razón de la índole del hecho que se atribuye al acusado, se torna necesario

señalar que el abuso sexual es una manifestación de violencia en contra de la mujer en la

dimensión convencional, cualquiera sea la relación interpersonal (conforme TSJ, Sala Penal,

“Romero”, S. nº 412, 12/10/2012; “Silva”, S. nº 419, 26/8/2019, entre otros). En ese marco, se
ha indicado que el examen del contexto del hecho presenta una utilidad para interpretar el tipo

(abuso sexual) y evitar errores interpretativos o exigencias probatorias incorrectas en relación

a la falta de consentimiento. El tipo básico del abuso sexual (art. 119 CP) en conformación

común para los tipos agravados, pune el abuso “cuando mediare violencia, amenaza, abuso

coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, o de poder, o


aprovechándose de que la víctima por cualquier causa no haya podido consentir libremente

la acción”. El contexto será de utilidad cuando en el abuso no se haya utilizado violencia

física, que no es indispensable, pero aquel revele que autor y víctima presentan una relación

asimétrica, en la que el varón se sitúa como superior que impone el sexo a la mujer a la que

sitúa como inferior y, por ello, implica un contacto sexual sin consentimiento por el empleo
de abuso de poder (TSJ, Sala Penal, “Romero” cit.).

4. En cuanto a las pruebas, como ha señalado la Corte IDH “resulta evidente que la violación

sexual es un tipo particular de agresión que, en general, se caracteriza por producirse en

ausencia de otras personas más allá de la víctima y el agresor o los agresores. Dada la

naturaleza de esta forma de violencia, no se puede esperar la existencia de pruebas gráficas


o documentales y, por ello, la declaración de la víctima constituye una prueba fundamental

sobre el hecho” (Corte IDH, caso Fernández Ortega y otros vs. México, Sentencia de 30 de

agosto de 2010 en Cuadernillo de Jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos

Humanos, n° 4, p. 16). Desde esta perspectiva debe ponderase el testimonio de la víctima,

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partiendo de su credibilidad, y verificar si esta presunción no se encuentra contradicha por la

prueba, bajo un atento criterio de amplitud probatoria en atención a las circunstancias


especiales en las que se desarrolla (TSJ, Sala Penal, “Ferrand”, S. nº 325, 3/11/2011;

“Sánchez”, S. n° 84, 4/5/2012; “Agüero”, S. n° 198, 3/8/2012; “Sosa”, S. n° 28, 11/3/2014;

“Galíndez”, S. n° 474, 21/10/2015; “Funes”, S. n° 398, 12/9/2016).

IV.1. En el caso traído a estudio, la defensa reprocha que se haya otorgado credibilidad a la

víctima en relación a que no consintió la relación sexual que mantuvo con el imputado
Giménez quien, en su postura exculpatoria, sostuvo lo contrario.

A fin de fundar su posición, el recurrente pone énfasis en los dichos de la testigo María

Cecilia Constantini (amiga de la víctima) quien puso en duda lo manifestado por C.S.D. y se

mantuvo conteste en sus declaraciones sobre la descripción que hizo de esta.

Por otro lado, destaca que según dijo la propia víctima, el imputado no la amenazó después
del hecho, ni le impidió irse, lo que, a su entender, torna evidente la duda sobre la existencia

del abuso sexual denunciado.

En definitiva, sostiene que las versiones contradictorias de la víctima y del acusado sobre lo

ocurrido se encuentran en un nivel de paridad, sin que haya podido superarse la duda al

respecto, la que debe beneficiar al imputado.

2. Se adelanta que el planteo recursivo no prosperará.


Ello es así, porque el cotejo de los agravios de la defensa con los fundamentos expuestos en la
sentencia, a la luz de la doctrina y jurisprudencia reseñadas (Ap. III), conduce al rechazo de

los primeros dado que se sustentan en un análisis meramente parcial y fragmentario del

cuadro convictivo, soslayando el sentido unívoco que emerge de su valoración integrada y

conjunta como realizó el tribunal de mérito.

En efecto, el a quo efectuó un examen completo e interrelacionado de las pruebas que


efectivamente autoriza a sostener la existencia del hecho denunciado por C.S.D. sin que se

observe en su razonamiento violación alguna a las reglas de la sana crítica racional ni al

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principio de razón suficiente.

3. Pues bien, para arribar a la conclusión cuestionada -esto es, la falta de consentimiento por

parte de la damnificada para tener relaciones sexuales con el imputado- el tribunal de mérito
ponderó un cúmulo de elementos probatorios.

Así, partió de lo declarado por la víctima C.S.D. quien, tanto en la instrucción como en el

debate, brindó un relato detallado, coherente y sostenido a lo largo del proceso en relación a

las circunstancias de tiempo, lugar, modo y personas en las que se produjo el hecho. En prieta

síntesis, C.S.D. dijo que conoció a Giménez en una reunión de fin de año que realizaron en su
casa unos amigos que tenían en común. Señaló que luego de esa oportunidad continuaron el

contacto a través de Whatsapp, aunque negó que mantuvieran una relación afectiva o sexual.

Expresó que, en ese marco, el imputado sabiendo que ella necesitaba trabajo le escribió un día

diciéndole que viajara a la noche a Cosquín (donde él vivía) porque había conseguido un

trabajo para ambos en una fiesta. Dijo que ella confió porque se trataba de una persona
conocida e íntimo amigo de sus amigos. Relató que se bajó en la parada de colectivo indicada

por el imputado quien estaba allí esperándola, pero que, en vez de dirigirse al trabajo,

Giménez le dijo que debían ir primero hasta la casilla donde él vivía porque allí tenía la

remera del uniforme que tenían que usar en la fiesta. C.S.D. dijo que ella estaba asustada y

sentía que había algo que no encajaba, pero que igual confió porque no se trataba de una
persona desconocida. Continuó relatando que, al llegar a la casilla ubicada en un descampado

al lado del río, el imputado la hizo entrar y mientras ella esperaba que él le diera la remera del

uniforme, Giménez se dio vuelta, le quitó la remera y comenzó a tratar de besarla. Dijo que

ella le manifestó que él no le gustaba, que no era su tipo, pero que pese a su manifiesta y

expresa negativa Giménez le quitó la ropa y la obligó a mantener relaciones sexuales,


accediéndola vía vaginal y anal y luego le exigió que le practicara sexo oral. Explicó que ella

se oponía a hacer lo que él quería, pero que tenía mucho miedo de lo que le pudiera pasar si

seguía oponiéndose, porque él le exigía que hiciera lo que le indicara, dijo que ella se dio

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cuenta que tenía que “hacer de su puta” y que él le decía “putita… dale putita”. Señaló que el

acusado ejerció violencia física sobre ella cuando se colocó encima de su cuerpo y no la
dejaba levantar, la sometía, al tiempo que le decía que no gritara. Manifestó C.S.D. que ella

fue lo suficientemente clara cuando le decía que no quería, pero él se enojaba y le preguntaba

“¿te doy asco? dale si te gusta”. Señaló que el acusado le reclamaba “por qué sos tan fría”, a

la vez que le decía que ella lo tenía que ayudar a acabar, le pedía que le dijera palabras que le

gustaban, y refería que si ella no lo ayudaba a terminar iban a estar toda la noche. Además,
narró que mientras la accedía el imputado le sacó fotos, creyendo que también la había

filmado. C.S.D. dijo que una vez que el imputado finalizó, se quedaron allí unos minutos

mientras ella trataba de convencerlo que abriera la puerta, hasta que ella le pidió salir afuera

porque hacía mucho calor y le estaba por dar un ataque, a lo que él accedió. Manifestó que se

sentaron en unas sillas ubicadas afuera de la casilla y que Giménez comenzó a hablarle “como
si nada” de su vida, de sus viajes, de su familia. Señaló que mientras estaban allí sentados ella

no sabía qué hacer, no sabía qué iba a pasar con su vida, tenía miedo que la matara porque

dijo que para él era fácil hacerle daño, además, ella sabía que él practicaba artes marciales.

Refirió que, incluso, antes de salir de la casilla, dejó un anillo de su propiedad en el lugar para

que si ella desaparecía (ya que pensaba que el acusado podía matarla y tirarla al río) quedara
alguna prueba de que ella había estado en ese lugar. Dijo que si bien ella veía que por la ruta

pasaban autos estos no se detenían y ella tenía miedo, hasta que vio pasar a una chica

caminando por lo que se levantó, salió corriendo hacia ella y le pidió que la ayudara. Le dijo

que había sido violada por el hombre que estaba con ella en la casilla y que se quería ir a su

casa, pero no tenía plata, por lo que la mujer la llevó primero a su domicilio donde le contaron
a su familia lo sucedido y luego la acompañaron a la terminal y le prestaron dinero para el

colectivo. Relató que, al llegar a Carlos Paz, llamó a una amiga que la acompañó al hospital

municipal y allí fue entrevistada por la policía a quien le contó todo lo sucedido, realizando

luego la denuncia y los estudios médicos correspondientes.

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Aclaró el tribunal que la prueba era contundente y no se encontraba controvertido que

Giménez y C.S.D. efectivamente se encontraron esa noche en Cosquín por el ofrecimiento


que él le hizo de un trabajo, que luego se dirigieron a la casilla y que allí mantuvieron

relaciones sexuales, siendo la única cuestión debatida si C.S.D. prestó consentimiento para

ello (siendo esta la posición del imputado y su defensa) o si aquella se opuso a tal accionar,

aún sin resistirse activamente.

Sostuvo el tribunal que los elementos de juicio colectados conducían a sostener la veracidad
de los dichos de C.S.D. esto es, que nunca consintió el acto sexual.

Para así concluir, tuvo en cuenta lo declarado por la testigo N.E.C. quien dijo que cuando

regresaba caminando a su casa fue abordada por una chica que le pidió ayuda para llegar a la

terminal. Dijo que esta chica -tratándose de C.S.D.- se encontraba como perdida, estaba

pálida, transpirada y desorientada por lo que ella le dijo que solo podía acompañarla hasta el
puente donde pasaban colectivos. En ese marco, señaló que habiendo caminado dos cuadras,

la chica se frenó, se puso a llorar desconsoladamente y le dijo que había sido abusada.

Contreras dijo que como ella en ese momento no sabía qué hacer, la llevó a su casa donde le

contaron a su mamá lo ocurrido e intentaron llamar a la policía, pero no lograron

comunicarse. Continuó relatando que, entonces, ella y sus familiares acompañaron a


C.S.D. hasta la terminal y que en el camino esta les dijo que había ido a Cosquín engañada

por el hombre que se encontraba con ella en la casilla, quien la hizo ir hasta ahí

supuestamente para darle un uniforme pero que cuando ella entró la abusó. Al igual que lo

hizo en el juicio, les dijo que ella había confiado en él porque se trataba de un amigo de sus

amigos. Indicó la testigo que la víctima estaba muy asustada y pensaba que nadie le iba a
creer.

Señaló el a quo que todo lo que C.S.D. le dijo a Contreras en los momentos posteriores al

hecho, coincide con lo que aquella luego declaró en la instrucción y en el debate, como así

también, con lo que le contó vía Whatsapp a su amiga María Cecilia C., todo lo

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cual, le brindaba mayor credibilidad.

Además, sostuvo que el estado en que C.S.D. abordó a Contreras para pedirle ayuda (como

perdida, transpirada, desorientada) denotaba una clara afectación de su psiquis producto de lo


vivido momentos antes.

Por otra parte, refirió que no se advertía ninguna circunstancia que permitiera estimar que la

víctima haya sido falaz en sus dichos, ya que conocía desde un tiempo antes a Giménez a

través de amigos comunes y no surgió que tuviera algún encono hacia él o alguna razón para

perjudicarlo injustamente.
En igual sentido, consideró que los resultados de la pericia psicológica realizada a la víctima

sustentaban su versión. En efecto, del dictamen de la pericia se desprende que al relatar

C.S.D. los hechos “se desencadena en un clima de tensión y angustia intensa que incluye

además repercusión física, presentándose malestar estomacal, dolor de cabeza y náuseas…”.

Menciona, asimismo, que “se detecta como sintomatología concomitante, pérdida de peso,
dificultad para conciliar y mantener el sueño, pesadillas con contenido persecutorio

relacionados con los hechos que se investigan, imágenes intrusivas relacionadas con el

hecho, pérdida de la capacidad de concentración, temor e inseguridad, miedos, depresión

ideación suicida y pérdida de expectativas a futuro el que se torna hostil y amenazador (…)

El establecimiento de vínculos satisfactorios resulta interferido lo que surge tanto de lo


verbalizado como del análisis del material proyectivo. Se detectó incremento de la angustia

de tipo invasora asociada a lo sexual, por lo que puede hipotetizarse registro de vivencias

emocionales negativas reactivas de etiología postraumática, en esta área…”. Se afirmó,

también, que “no se detectaron indicadores de fabulación ni de confabulación” en la víctima

(ff. 221/222).
Desde otro costado, el tribunal ponderó lo declarado por la amiga de la víctima en cuya casa

conoció al imputado, María Cecilia C., tratándose del testimonio en el que hace hincapié la

defensa para censurar la credibilidad de C.S.D. Sin embargo, correctamente el a

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quo consideró que sus dichos carecían de dirimencia pues la testigo se refirió principalmente a

la forma de vida y a los supuestos gustos sexuales de la víctima siendo que dichos datos eran
absolutamente innecesarios e irrelevantes para acreditar la existencia o no del hecho

denunciado. A pesar de ello, el juez destacó que la testigo sí aportó un dato que concurría a

reforzar la credibilidad de C.S.D. pues afirmó que esta sabía a lo que se exponía, que la mujer

tiene que no ir a ese lugar o ir sabiendo que puede pasar algo feo que no quiera, por lo que -

señaló el a quo- es como si la testigo supiera el modo de actuar de Giménez, en cuanto a que
tendría sexo con C.S.D. por las buenas o por las malas.

Conforme al marco probatorio expuesto y no controvertido en algunos aspectos (esto es, sobre

el ofrecimiento de un trabajo por parte de Giménez a la víctima, que al llegar fueron a la

casilla donde él vivía y que allí se produjo un encuentro sexual) sumado a lo dicho por C.S.D.

y la testigo Contreras, el tribunal concluyó que el imputado creó las condiciones necesarias
para que la víctima, por su necesidad de trabajar, accediera a viajar a Cosquín por un supuesto

trabajo que nunca existió, tratándose de un engaño que tuvo por finalidad colocar a C.S.D. en

una situación de indefensión, dejándola a su merced en la noche dentro de su casilla.

4. La valoración de las pruebas realizada por el tribunal de mérito resulta ajustada a las reglas

de la sana crítica racional y al principio de razón suficiente, pues ellas permiten sostener, tal
como hizo el tribunal, que Giménez sometió a C.S.D. a un trato sexual no consentido por ella,

a pesar de que por el temor que el imputado le generaba haya decidido no resistirse

activamente a la agresión, ni huir hasta que estuvo segura de que alguien podía ayudarla, sin

que nada de ello autorice a poner en duda su negativa a mantener relaciones sexuales con el

acusado.
Dicha conclusión se desprende necesariamente de las constancias de la causa, pues la víctima

fue clara y categórica desde el primer momento y a lo largo de todas sus declaraciones en que

no consintió el acto sexual y que así se lo hizo saber al imputado quien, no obstante, continuó

con su accionar obligándola a soportar el acceso carnal y a realizar todos los actos que él le

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exigía, ya que se dio cuenta de que no tenía la fuerza suficiente para resistirse y sabía que él

practicaba artes marciales, por lo que temía que pudiera matarla si no hacía lo que él quería.
Sus dichos en tal sentido, como bien lo señaló el a quo, encontraron sustento en las pruebas:

testimonio de Contreras, el informe médico de la víctima que da cuenta de un desgarro en la

zona del ano, la pericia psicológica en la que se consignan las huellas que el evento le dejó.

Por otra parte, cabe recordar que esta Sala tiene dicho en relación al binomio consentimiento-

resistencia de la víctima que sufre el ataque a su libertad sexual, que su inexistencia o


ausencia no siempre es demostrativa de su asentimiento; es que, una actitud pasiva de parte de

la víctima puede deberse al miedo que se le infunde, debido a la superioridad del autor (TSJ,

S. n° 56, 27/3/2009, “Falcon”; S. n° 248, 18/7/2014¸”Astudillo”; S. n° 334, 24/7/2019,

“Campos”; S. n° 358, 31/7/2019 “Salas”; S. n° 143, 22/4/2022, “Godoy”), tal como expuso la

víctima.
Por lo tanto, no debe confundirse silencio o la ausencia de oposición con asentimiento, pues

no existe el consentimiento tácito o implícito en actos sexuales. Entonces, en aras de dilucidar

si hubo o no violencia resulta necesario examinar todas las circunstancias que pudieron haber

inhibido o paralizado la resistencia física de la víctima (cuando permanece su resistencia

psíquica) con el fin de lograr el ataque sexual. En otras palabras, corresponde verificar si se
trata de un supuesto de violencia bajo intimidación (TSJ, Sala Penal, “Godoy” ya cit.).

Teniendo en cuenta esos parámetros, cabe reparar en las peculiares cualidades del imputado y

del contexto en el que se dio el hecho. Pues bien, surge de autos que Giménez (apodado

“Ninja”) no solo superaba en edad, en fuerza y en contextura física a la víctima, sino que,

además, era instructor de artes marciales, circunstancia que era conocida por esta última. A
ello se añade, que el hecho se produjo en el interior de la casilla donde vivía el imputado,

ubicada en un descampado, sin presencia de vecinos o de personas que pudieran auxiliarla, en

horario nocturno y en una ciudad distinta a la de la víctima quien no sabía cómo salir de ahí.

Las circunstancias referidas evidentemente incrementaron la vulnerabilidad e indefensión de

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C.S.D. quien razonablemente se sintió intimidada por el imputado considerando que lo más

conveniente para ella era hacer lo que el imputado le exigía.


Si bien el cuadro probatorio ya reseñado es de por sí suficiente para arribar a la decisión

incriminatoria, cabe añadir los siguientes elementos de juicio de los que surge sin duda alguna

la falta de consentimiento de C.S.D. para el acto sexual, a fin de brindar una acabada

respuesta al recurrente:

* Las manifestaciones realizadas por la víctima en relación a que le dijo a Giménez, que él no
le gustaba, que no era su tipo, además de que ya le había dicho que ella se encontraba en

pareja. Incluso, cuando el acusado la abordó en la casilla, ella le preguntó si se trataba de una

broma de mal gusto, respondiéndole él que no, que no era una broma, que iban a coger y que

la pasarían bien.

*Los dichos de la víctima en tal sentido encontraron sustento en sus actitudes y declaraciones
posteriores, pues apenas se sintió segura para hacerlo salió corriendo del lugar donde se

encontraba con el imputado y le pidió ayuda a una mujer que pasaba por el lugar para irse de

allí. Además, desde ese primer momento le dijo que había sido violada y se largó a llorar de

modo desconsolado. Si bien C.S.D. refería que quería volverse a su casa, no resulta un dato

menor que intentaron llamar a la policía. A ello se suma, que esa misma madrugada intentó
contarle a María Cecilia C. lo ocurrido manifestándole que sintió mucho asco y ganas de

vomitar con lo que el acusado le hizo.

*Lo referido en tal sentido por C.S.D. se corresponde, también, con su relato acerca de que el

imputado le reclamaba porque ella tenía cara de asco, le decía que era muy fría, que tenía que

ayudarlo a acabar porque si no podían estar toda la noche, sumado al trato humillante que le
brindaba mientras la sometía contra su voluntad refiriéndole “putita… dale putita”,

cosificándola.

*Otro dato que evidencia su temor por todo lo acontecido finca en que decidió dejar un anillo

en el interior de la casilla pensando que algo podría sucederle, como señal o prueba de que

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había estado en ese lugar.

* En los momentos inmediatamente posteriores al abuso, cuando ambos se encontraban en el

exterior de la casilla, C.S.D. salió “como saltando” (según dijo la testigo Contreras) cuando
vio a esta pasar por el lugar y le pidió ayuda.

* Al llegar a Carlos Paz, la víctima llamó a una amiga y se dirigió directamente al hospital

municipal para ser examinada y le relató al personal policial del lugar que había sido violada.

* Del informe médico practicado a la víctima al día siguiente, surge que esta presentaba

“equimosis de 2 cm en cara interna tercio superior de muslo izquierdo en número de dos” y


“desgarro anal”.

* En la pericia psicológica de C.S.D. se destacó la angustia y sintomatología que presentaba la

víctima compatible con la situación que relataba haber vivido.

* A su vez, la estructura de personalidad del acusado y su conflictiva en el área de la

psicosexualidad descriptas en la pericia psicológica realizada sobre su persona guardan


correspondencia con el hecho que se le atribuye. En efecto, el dictamen pericial consigna que

Giménez “dispone de una estructura de personalidad configurada alrededor de rasgos

narcisistas y elementos impulsivos subyacentes. Cuya modalidad conductual en general se

caracteriza por su necesidad constante de valoración y atención, junto a sensibilidad a la

crítica social. De manera subyacente, su inseguridad y escasa autoestima, lo lleva a la


búsqueda constante de valorización externa, a fin de sostener una imagen de sí

sobrevalorada a través de los vínculos que establece. Siendo los mismos establecidos a fin de

obtener la gratificación de sus necesidades de reconocimiento y valoración externa, ya que

internamente aparecen la inseguridad y la escasa autoestima como características

predominantes en su personalidad de manera subyacente”. Se señala, además, que el


imputado “Se sitúa en una perspectiva egocéntrica, centrándose en su propia conflictiva,

todo lo cual lo lleva a tener una visión parcializada de la realidad, ajustando dicha

perspectiva a sus necesidades y deseos sin tener en cuenta a los demás. (…) Construye estos

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vínculos sin dificultad, ya que presenta una gran capacidad para vincularse con el otro,

desplegando una actitud sugerente y manipuladora, lo que facilitaría de esta manera obtener
beneficios personales (…) Con bajo umbral de tolerancia a la frustración tendería a

satisfacer sus deseos y necesidades en la inmediatez, es decir no reconocería la alteridad ni

la diferenciación con el otro, primando sus propias necesidades y la satisfacción inmediata

de las mismas…”. Asimismo, se indica que presenta de manera subyacente una conflictiva en

el área de la psicosexualidad, debido a lo cual “probablemente tiende a reafirmar su


masculinidad tratando de resaltar una imagen masculina activa y dominante (…) Intenta

sobrecompensar estos aspectos de su personalidad mediante conductas de dominio y

desvalorización del género femenino, reduciendo a la mujer a un mero objeto de

satisfacción…”. Concluye el dictamen señalando que las características de personalidad del

imputado descriptas junto a la conflictiva en el área de la psicosexualidad “podrían


predisponerlo a actuaciones de tipo impulsivas, fundamentalmente ante situaciones en las

que no se siente expuesto socialmente y/o en una situación que siente tener bajo su control y

dominio” (ff. 216/219).

* Finalmente, no resulta un dato menor que mientras la abusaba el imputado le sacó fotos a la

víctima las que luego le envió a un amigo (el testigo Fick quien las aportó a la causa), lo que
constituye un indicador más de la cosificación que hizo de aquella y de la falta de relevancia

que le daba a su voluntad de disponer sobre su cuerpo.

En relación a este punto, resulta conveniente recomendar a los operadores de justicia a lo

largo de todas las etapas del proceso que procuren el respeto a las víctimas y el derecho a su

intimidad, sin reproducir circunstancias revictimizantes para ellas. Por ejemplo, cuando se
incorpore prueba que pueda afectar de modo especial su intimidad (como es el caso de las

fotografías o videos en los que se hayan registrado partes íntimas del cuerpo o el acto sexual),

disponiendo la reserva de esas pruebas en secretaría, evaluando la pertinencia y razonabilidad

de la expedición de copias a las partes, etc. sin que ello obstruya la investigación ni afecte el

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derecho de defensa del imputado (cfme. Ley n° 27372 de Derechos y Garantías de las

Personas Víctimas de Delitos, arts. 4 inc. “c” y 5 inc. “c” y ccs.).


5. En virtud de todo lo expuesto, se advierte que lo referido por la testigo María Cecilia

Constantini en relación a que duda de los dichos de C.S.D. no resulta en modo alguno

decisivo para modificar la conclusión condenatoria, pues ello se basa en sus apreciaciones

personales sobre la forma de ser de la víctima y no en datos concretos sobre el hecho, sumado

a su posible subjetividad debido a su amistad también con el imputado.


En efecto, tal como señaló el tribunal de mérito, Constantini efectuó extensas consideraciones

en relación a la forma de vida y a los supuestos gustos en la intimidad de C.S.D. que ella

consideraba reprochables, señalando, además, que ella sabía que era un riesgo ir a Cosquín

porque el “Ninja” iba a querer tener relaciones sexuales, por lo que debía saber que podía

pasar algo que ella no quisiera.


Así las cosas, se advierte que los datos mencionados por la testigo sobre la vida anterior de la

víctima resultan absolutamente irrelevantes en orden a la acreditación del hecho. Tampoco

inciden sobre su credibilidad, la que encuentra –como ya se señaló- sustento suficiente en la

prueba colectada. De lo contrario, llevaría a sostener que algunas víctimas que cumplen con

las expectativas patriarcales acerca de cómo “deben” llevar su vida serían dignas de tutela
judicial mientras que aquellas que no cumplen con esos estereotipos se las excluiría como

merecedoras de protección estatal (en igual sentido, TSJ, Sala Penal, “Godoy” ya cit.).

Tampoco la hipotética existencia de una relación sexual previa entre el imputado y la víctima

–mencionada por la testigo y negada por C.S.D.- llevaría a una conclusión diferente en

relación al hecho atribuido a Giménez pues lo único relevante es que en oportunidad del
hecho la víctima dijo que se opuso, aún de un modo pasivo, al trato sexual siendo ello lo que

también se desprende del resto de la prueba (testimonial de Contreras, informe médico de la

víctima, pericia psicológica de ella y del imputado).

Igualmente, carece de dirimencia que C. haya manifestado que C.S.D. sabía que si

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iba a Cosquín el “Ninja” iba a querer tener relaciones sexuales, pues el mantenimiento de

ellas en contra de la voluntad de la víctima solo le es reprochable a Giménez.


En este punto, referido por la testigo, no constituye un detalle menor el engaño sufrido por la

mujer para viajar a Cosquín. Esto es, el imputado se aprovechó de su necesidad de trabajo y la

engañó con una oportunidad laboral para ambos, y sus dichos merecieron la confianza de

C.S.D. debido a las amistades que tenían en común.


Por otra parte, no luce de recibo el agravio referido a que el imputado no amenazó a la

víctima después del hecho ni intentó detenerla cuando esta se dirigió hacia Contreras, pues

además de que tales conductas posteriores no forman parte del abuso sexual -el que ya se

había configurado- tampoco configuran indicios de la inexistencia de una agresión sexual

como refiere el recurrente. Es que, las propias cualidades del imputado (instructor de artes
marciales) como el contexto de indefensión y vulnerabilidad en el que se encontraba la

víctima (fuera de su ciudad, sin dinero, sin personas conocidas a quien acudir) significaban de

por sí una intimidación suficiente que, incluso, la habían llevado a optar por cumplir con las

exigencias de Giménez a fin de evitar daños mayores, todo lo cual, razonablemente pudo

llevar al imputado a minimizar las posibles consecuencias de su accionar, sin que ello
justifique -se insiste- en tomar el silencio o falta de resistencia activa como una actitud

consentidora de los hechos.

Cabe rechazar, por último, el reproche defensivo contra la condena basada en indicios. Hoy

ya no se discute que la sentencia condenatoria puede válidamente fundarse en elementos de

convicción indirectos, como son los indicios, con la condición de que éstos sean unívocos y
no anfibológicos (TSJ, Sala Penal, “Ramírez”, S. n° 41, 27/12/1984; “Pompas”, A. n° 109,

5/5/2000; “Tabella”, A. n° 397, 18/10/2001; “López”, A. n° 176, 7/6/2002), razón por la cual

para poder cuestionar la fundamentación en tales casos, se hace necesario el análisis en

conjunto de todos los indicios valorados y no en forma separada o fragmentaria (TSJ, S. n°


45, 29/7/1998, “Simoncelli”; A. nº 49, 4/3/1999, “Galeano”; A. n° 109, 5/5/2000, “Pompas”;

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A. n° 95,18/4/2002, “Caballero”; S. n.° 457, 18/10/2017, “Suarez”, entre muchos otros) como

hizo la defensa en el recurso.


6. En definitiva, por las razones expuestas, se concluye que la fundamentación probatoria de

la sentencia es respetuosa de las reglas de la sana crítica racional y del principio de razón

suficiente, por lo que la condena dictada en relación al imputado Juan Carlos Giménez debe

ser confirmada.

Voto pues, negativamente a la cuestión traída a estudio.

El señor Vocal doctor Sebastián Cruz López Peña dijo:


La señora vocal preopinante da, a mi juicio, las razones necesarias que deciden correctamente

la presente cuestión. Por ello adhiero a su voto y me expido en igual sentido.

La señora Vocal doctora María Marta Cáceres de Bollati dijo:


Estimo correcta la solución que da la señora Vocal doctora Aída Tarditti, por lo que adhiero a

la misma. Como consecuencia, voto de igual forma.

A LA SEGUNDA CUESTIÓN
La señora Vocal, doctora Aída Tarditti dijo:
I. En forma subsidiaria, el defensor del imputado Giménez cuestiona la pena que se le impuso
a este último (doce años de prisión) ya que la considera excesiva y arbitraria. Señala que no se

trata de una mera discrepancia con la sanción impuesta, sino que la impugna porque provoca

un gravamen real y efectivo a su asistido en relación a los principios constitucionales de

proporcionalidad de la pena.

En tal sentido, discute que el tribunal haya justificado la pena mencionando que: “…
Constituye agravante la edad, se encuentra en la edad adulta y la educación, puesto que tiene

estudios universitarios, es decir, se trata de una persona formada que le permite conocer

claramente la ilicitud y gravedad de su conducta”. Aduce que de la Constitución nacional

surge que lo único que puede ser objeto de prohibición son las acciones, lo que importa una

garantía para los habitantes de la Nación, esto es, el derecho penal de acto y consiguiente

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claro rechazo al derecho penal de autor.

Con apoyo en citas doctrinarias, señala que carece de toda legitimidad la pena que aparece

como derivación, aunque sea parcial, de personalidad, del carácter o de la peligrosidad del
individuo. Añade que también deben quedar afuera las consideraciones morales acerca de los

motivos del autor, así como sus pautas éticas (f. 315 vta.). Expresa que ello es, precisamente,

lo que se observa en el caso.

Sostiene que las afecciones personales y limitaciones provocadas en la víctima configuran una

consideración ajena al acto y a su reprochabilidad.


Seguidamente expresa: “Por tanto, tales consideraciones de la sentencia recurrida

(moralidad, educación, etc.) no solo aparecen proscriptas en derecho penal sino que además,

por su extrema vaguedad, impiden apreciar de qué modo –según el fallo- podrían llegar a

influir o trascender sobre la precisa determinación judicial de la pena…” (f. 316).

Manifiesta que las consideraciones ajenas a la producción del hecho y a la voluntad del
presunto autor han nutrido el agravamiento del quantum de la sanción, por lo que lejos está de

ser una “pena justa”. La sanción fijada, insiste, encierra una evidente punición ilegítima y

excesiva.

Solicita, en definitiva, se disponga, sin reenvío, la modificación de la pena impuesta a su

defendido por una nueva cuyo monto se adecúe a una legítima valoración de las reales
circunstancias fácticas y personales.

Hace reserva del caso federal.


II. Al responder a la cuestión destinada a la individualización de la pena, el tribunal señaló:
“Valoro como circunstancias agravantes la naturaleza del hecho, puesto que, entiendo, el

accionar llevado a cabo constituye violencia de género, claramente expuesta en el presente

caso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye en esta definición cualquier acto
dirigido contra la sexualidad de una persona y comprende situaciones como tocamientos,

roces, agresiones, acoso sexual callejero, exhibicionismo o violaciones. Es una de las

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manifestaciones de la violencia de género más extendida e invisible y afecta a las mujeres a

lo largo de todo su ciclo vital, tanto en el espacio público como en sus relaciones íntimas: 1
de cada 3 mujeres ha vivido situaciones de violencia física y sexual en todas las regiones del

mundo, incluida Europa Occidental. Diversos estudios determinan que las manifestaciones

que en la actualidad son reconocidas como violencia sexual son: el acoso sexual, las

agresiones sexuales (incluido el abuso sexual), la mutilación genital femenina, la trata con

fines de explotación sexual, los matrimonios forzados y la vulneración de los derechos


sexuales y reproductivos, junto con aquellos comportamientos vinculados con la cosificación

de los cuerpos de las mujeres. Los estudios sobre la materia permiten afirmar que toda

agresión perpetrada contra una mujer tiene alguna característica que permite identificarla

como violencia de género. Esto significa que está directamente vinculada a la desigual

distribución del poder y a las relaciones asimétricas que se establecen entre varones y
mujeres en nuestra sociedad, que perpetúan la desvalorización de lo femenino y su

subordinación a lo masculino. Lo que diferencia a este tipo de violencia de otras formas de

agresión y coerción es que el factor de riesgo o de vulnerabilidad es el solo hecho de ser

mujer. Adviértase que el imputado sabía del desinterés de Carolina por tener alguna relación

de pareja con él, por lo que ideó y organizó la agresión sexual en su contra. No fue un acto,
irreflexivo, impulsivo, llevado a cabo por la urgente necesidad de un desfogue sexual, sino

que fue debidamente premeditado. Después que mediante engaños lograra que la víctima

ingresara a la casilla que habitaba, inmediatamente comenzó la agresión, sin siquiera haber

intentado previamente alguna seducción que le permitiera tener relaciones sexuales

consentidas y durante el acto demostró la cosificación de la mujer cuando le decía “sos mi


putita”, le pedía que le dijera que le gustara, que nadie la había cogido así, le sacó

fotografías y obtuvo un video del momento. Su perversidad fue tal que incluso con total

impunidad o, tal vez, procurando generar prueba que le permitiera desvirtuar una eventual

denuncia, filmó el momento en que era accedida carnalmente y fotografió partes íntimas de

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la víctima que luego envió a su amigo Flick. Trató a la víctima como un mero objeto sexual a

su disposición, cosificándola, denigrándola como mujer, haciendo uso de ella. Constituye


agravante la edad, se encuentra en la edad adulta, y la educación, puesto que tiene estudios

universitarios, es decir, se trata de una persona formada que le permite conocer claramente

la ilicitud y gravedad de su conducta. La extensión del daño, ya que la huella mnémica que

deja en la víctima resulta imborrable y de muy difícil superación. El vínculo personal con la

víctima en tanto se trataba de una persona conocida, con quien había compartido la fiesta de
año nuevo, había visitado su casa y era amiga íntima de la pareja de su gran amigo Flick.

Finalmente, considero agravante las circunstancias de tiempo, lugar y modo en que ocurrió

el hecho puesto que la llevó a su vivienda temporaria ubicada en un lugar solitario, de noche

y desconocido para la víctima, colocándola en una clara situación de indefensión. Valoro

como circunstancia atenuante la falta de antecedentes penales computables”.


En virtud de lo expuesto, el tribunal de juicio le impuso a Juan Carlos Giménez la pena de

doce años de prisión, decomiso, adicionales de ley y costas (arts. 12, 23 y 29 inc. 3º CP).

III. Es jurisprudencia consolidada de esta Sala Penal que la facultad discrecional de fijar la

pena es exclusiva del tribunal de juicio y revisable en casación en supuestos de arbitrariedad

(TSJ, Sala Penal, “Gutiérrez”, S. nº 14, 7/7/1988; “Bustamante”, S. nº 23, 9/3/2015).


Dentro de ese margen de recurribilidad relativo a las facultades discrecionales del tribunal de

sentencia, se ha fijado el estándar de revisión en los supuestos de falta de motivación de la

sentencia, de motivación ilegítima o de motivación omisiva (TSJ, Sala Penal, “Carnero”, A.

nº 181, 18/5/1999; “Bustamante”, S. nº 23, 9/3/2015). El control alcanza el monto de la pena -

posible entre el mínimo y el máximo de la escala-, cuando éste resulta manifiestamente


desproporcionado o incongruente en relación a las circunstancias de la causa (TSJ, Sala Penal,

“Suárez”, S. n° 31, 10/3/2008; “Duarte”, S. nº 18, 6/3/2015).

Cabe señalar, asimismo, que el tránsito o paso de considerar al acto de individualización de la

pena como entregado a la pura discrecionalidad del tribunal de instancia, a entenderlo como

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un acto de aplicación del derecho, encuentra una íntima relación con el deber de fundamentar

la mensura de pena (art. 41 del CP y 18 CN). Es que la corrección del mentado acto debe ser
comprobable desde el punto de vista jurídico, lo que supone que la decisión esté

fundamentada en criterios racionales explícitos(en este sentido, Ziffer, Patricia,

Lineamientos de la determinación de la pena, Ad Hoc, 2da edición, reimpresión, Buenos

Aires, 2013, p. 96 y ss.).

Por lo demás, resulta claro también que la importancia de satisfacer adecuadamente el


mentado deber depende que cobre virtualidad un ejercicio eficaz del derecho al recurso del

imputado (CADH, 8, 2, h; PIDCyP, 14.5; véase, entre otros, Silva Sánchez, Jesús María, La

teoría de la determinación de la pena como sistema (dogmático): un primer esbozo, Indret,

Barcelona, abril de 2007) -TSJ, “Navarro”, S. n° 377, 5/10/2020-.

IV. Corresponde, entonces, analizar si el tribunal incurrió en fundamentación arbitraria al fijar


la pena de Juan Carlos Giménez -como aduce el impugnante- o si, por el contrario, ejerció

correctamente la potestad discrecional que le compete.

Adelanto mi conclusión negativa a las pretensiones del recurrente, por las siguientes razones:
1. En primer lugar, la pena impuesta a Giménez (12 años de prisión) no aparece como
arbitraria o irrazonable en relación al delito cometido y las circunstancias ponderadas en la

causa. Ello es así, pues el imputado fue condenado por el delito de abuso sexual con acceso

carnal (art. 119, tercer párrafo CP) cuya escala penal en abstracto va desde los 6 años de

prisión hasta los 15 años de prisión y el tribunal de juicio valoró numerosas circunstancias

agravantes y solo una pauta atenuante por lo que no resulta injustificado el alejamiento del
mínimo legal.

2. Por otra parte, tampoco se advierte que las circunstancias justipreciadas por el tribunal en

contra del imputado resulten ilegítimas como aduce el recurrente.

En efecto, las pautas seleccionadas por el a quo no se encuentran reñidas con el derecho penal

de acto ni configuran consideraciones morales o éticas del tribunal como aduce el recurrente.

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Por el contrario, los datos considerados por el juez se refieren a aspectos vinculados con el

hecho cometido (su encuadramiento en la conflictiva de violencia de género, la premeditación


de la agresión; la cosificación a la que sometió a la víctima no solo por el acto sexual en sí,

sino también, por el trato verbal que le proporcionó y porque la filmó y fotografió y luego le

envió dicho material a su amigo; también, la existencia de un vínculo previo con la víctima y

la extensión del daño causado a la misma) y a sus particulares circunstancias de tiempo (de

noche), lugar (en el interior de su vivienda temporaria ubicada en un lugar solitario y


desconocido para la víctima) y modo (llevándola bajo engaños), en tanto colocaron a la

damnificada en una clara situación de indefensión. Estas pautas mencionadas por el tribunal

ponen en evidencia la mayor magnitud del injusto cometido por el imputado lo que

válidamente puede ser considerado en la individualización de la pena sin incurrir en

arbitrariedad.
De igual manera, las condiciones personales del imputado valoradas por el tribunal (esto es,

su edad adulta y su nivel de instrucción universitario) tampoco resultan ilegítimas, ya que no

fueron consideradas en sí mismas, sino en cuanto le permitieron al acusado conocer

claramente la ilicitud y la gravedad del injusto, lo que incide en una mayor reprochabilidad

del hecho y, por ello, puede aumentar el monto de la pena.


A lo expuesto cabe agregar, dado que el defensor sostiene que “las afecciones personales y

limitaciones provocadas en la víctima es una consideración ajena al acto y a su

reprochabilidad” (f. 316) que la extensión del daño causado es una de las pautas

expresamente previstas por el art. 41 del Código Penal para la mensuración de la pena.

Al respecto, se ha sostenido que, para la fijación de la pena, cabe al tribunal ponderar las
consecuencias comprendidas dentro de los límites que impone el injusto culpable. En ese

sentido, es posible considerar la singular concreción del daño típico, computado incluso desde

la afectación de todos los bienes en los delitos pluriofensivos. Por ejemplo, en el robo no sólo

el escaso o valioso valor económico de las cosas sustraídas, sino también la intensidad mayor

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o menor de la violencia utilizada para dominar a la víctima (DE LA RÚA, Jorge; TARDITTI,

Aída, Derecho Penal Parte General, Tomo II, Buenos Aires, Hammurabi, 2014, p. 523, TSJ,
Sala Penal, “Becerra”, S. n° 546, 20/12/2018).

En el caso, el tribunal hizo referencia a las huellas que el hecho dejó en la memoria de la

víctima, lo que no resulta intrascendente pues la pericia psicológica realizada sobre C.S.D. da

cuenta de la angustia y la sintomatología que ella padecía como consecuencia de la situación

vivida (temor, inseguridad, dificultad para conciliar y mantener el sueño, pensamientos


intrusivos, pérdida de peso, entre otras) por lo que en modo alguno se trata de aspectos que

traspasen el límite del injusto culpable.

3. Por último, debe rechazarse también el reproche referido a una supuesta vaguedad de las

pautas agravantes ponderadas por el tribunal, en cuanto impiden saber de qué modo

trascienden en la determinación de la pena. Es que, tal planteo llevaría a la necesidad de


imponer una mayor explicitación de un valor cuantitativo en la imposición de la pena; y una

exigencia como esta implica desconocer completamente que la naturaleza prudencial de esta

determinación no permite ocurrir a parámetros numéricos para fijar en tiempos -única forma

de mensurar las penas temporales- un valor aritmético de estas condiciones personales del

imputado contenidas en el artículo 41 del CP (TSJ, Sala Penal, A. n° 62, 2/7/2001, “Pesci”; A.
n° 302, 21/9/2000, “Montenegro”; A. n° 357, 1/11/2000, “Ramazzotti”; A. n° 3, 11/2/2004,

“Martínez”; S. nº 241, 20/9/2007, “Rodríguez”).

4. En consecuencia, más allá de la disconformidad de la defensa con el monto de sanción

impuesto por el tribunal al imputado Giménez, los reproches esgrimidos no alcanzan para

demostrar la arbitrariedad que justifica la revisión casatoria. Se concluye, entonces, que la


fundamentación de la pena fijada a Juan Carlos Giménez es válida y ajustada a derecho.

En consecuencia, voto negativamente a la presente cuestión.

El señor Vocal doctor Sebastián Cruz López dijo:


La señora vocal preopinante da, a mi juicio, las razones necesarias que deciden correctamente

Expediente SAC 7936654 - Pág. 24 / 26 - Nº Res. 477


la presente cuestión. Por ello adhiero a su voto y me expido en igual sentido.

La señora Vocal doctora María Marta Cáceres de Bollati dijo:


Estimo correcta la solución que da la señora Vocal del primer voto, por lo que adhiero a la

misma. Como consecuencia, voto de igual forma.

A LA TERCERA CUESTIÓN
La señora Vocal, doctora Aída Tarditti dijo:
En función de la votación que antecede, corresponde rechazar el recurso de casación
interpuesto por el doctor Sebastián Eduardo Castillo, en favor del imputado Juan Carlos

Giménez. Con costas (arts. 550/551 CP).


Además, cabe formular una recomendación al tribunal de origen para que, en lo sucesivo,

observe lo dispuesto por la “Regla de Heredia n° 5”, en cuanto a que cuando sea necesario

consignar en los fallos que se dicten datos personales que se refieran a niños, niñas,

adolescentes (menores) o incapaces o bien, cuando se trate de datos relativos a víctimas de

violencia sexual, éstos sean inicializados. Situación que también deberá ser considerada con
los familiares de los mismos, en atención al riesgo que entraña la publicidad de la sentencia

para su privacidad e intimidad.

Así voto.

El señor Vocal doctor Sebastián Cruz López Peña dijo:


La señora Vocal preopinante da, a mi juicio, las razones necesarias que deciden correctamente
la presente cuestión. Por ello adhiero a su voto, expidiéndome en igual sentido.

La señora Vocal doctora María Marta Cáceres de Bollati dijo:


Estimo correcta la solución que da la señora Vocal del primer voto, por lo que adhiero a la

misma en un todo, votando, en consecuencia, de igual forma.

En este estado, el Tribunal Superior de Justicia, por intermedio de la Sala Penal;

RESUELVE:
I. Rechazar el recurso de casación interpuesto por el doctor Sebastián Eduardo Castillo, en

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favor del imputado Juan Carlos Giménez. Con costas (arts. 550/551 CP).

II. Recomendar a los operadores de justicia a lo largo de todas las etapas del proceso que

procuren el respeto de las víctimas y el derecho a su intimidad, evitando reproducir


circunstancias revictimizantes para ellas, de conformidad con lo señalado en la primera

cuestión, punto IV.4.

III. Recomendar al tribunal de origen que, en lo sucesivo, observe lo dispuesto por la “Regla

de Heredia n° 5”, en cuanto a que cuando sea necesario consignar en los fallos que se dicten

datos personales que se refieran a niños, niñas, adolescentes (menores) o incapaces o bien,
cuando se trate de datos relativos a víctimas de violencia sexual, éstos sean inicializados.

Situación que también deberá ser considerada con los familiares de los mismos, en atención al

riesgo que entraña la publicidad de la sentencia para su privacidad e intimidad.

Se deja constancia que la señora Vocal doctora Aida Tarditti ha participado en la elaboración

y deliberación de la presente resolución, emitiendo opinión conforme lo expuesto supra, no


suscribiendo la misma en razón de hallarse ausente por licencia (Acuerdo n° 1007, Serie

Protocolícese, hágase saber y oportunamente bajen.

Texto Firmado digitalmente por:


LOPEZ PEÑA Sebastian Cruz
VOCAL TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA
Fecha: 2023.11.15

CACERES Maria Marta


VOCAL TRIBUNAL SUPERIOR DE JUSTICIA

Fecha: 2023.11.15

PUEYRREDÓN Maria Raquel


SECRETARIO/A T.S.J.
Fecha: 2023.11.15

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