Quórum Académico
ISSN: 1690-7582
[email protected]
Universidad del Zulia
Venezuela
Colina, María
La comunicacón, los medios y la democracia en la construcción de una paradigma
participativo
Quórum Académico, vol. 14, núm. 1, enero-junio, 2017, pp. 41-63
Universidad del Zulia
Maracaibo, Venezuela
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QUÓRUM ACADÉMICO
Vol. 14 Nº 1, Enero-Junio 2017. Pp. 41-63
Universidad del Zulia
La o i a ió los e ios la e o a ia e la
o st ió e pa a ig a pa ti ipati o1
M C
es e
La comunicación es tan antigua como la humanidad y siempre
está presente donde hay un ser, es una herramienta para la práctica
democrtica Es primordial ue la gente entienda y se identi ue con
su derecho fundamental a la comunicación y a la información y con la
pertinencia de un paradigma democrático donde la comunicación sea la
clave para lograr la promoción de nuestros valores culturales, nuestra
estética con sentido y responsabilidad ética y el desarrollo integral de
nuestras sociedades, a través del modelo de democracia participativa.
Hay razones para creer en el éxito de un modelo construido desde lo
local, con la gente, por medio de la acción comunicativa practicada por
sus miembros, a través del modelo de medios comunitarios.
ala as la e: Comunicación; medios masivos; medios comunitarios;
paradigma participativo.
1 Este artículo es parte del proyecto de investigación ya culminado: La comunicación como fundamento
de un modelo para la democracia participativa.
Recibido: Junio 2016 - Aceptado: Agosto 2016
* Doctora en Ciencia Política, docente e investigadora de la Universidad del Zulia, adscrita al Centro
de Investigación de la Comunicación y la Información. maricoliscn @hotmail.com
olina, ar a
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o uni a ion, edia and de o ra in uildin a
par i ipa or paradi
st a t
Communication is as old as mankind it is always present where there
is a being, is a tool for democratic practice. It is essential that people
understand and identify with their fundamental right to communication
and information and the relevance of a democratic paradigm where
communication is the key to promote our cultural values, our aesthetic
sense and responsibility ethics and the development of our societies,
through the model of participatory democracy. There are reasons
to believe in the success of a model built from local, with the people,
through communicative action implemented by its members through
community media model.
e o s: Communication; mass media; community media; participatory
paradigm.
So e la o i a ió
La comunicación es tan antigua como la humanidad, desde que el hombre
existe ha buscado la manera de comunicarse con los otros, ya sea por medio
de gr cos guras seales de umo cartas o a viva voz o importa cul
sea el medio, lo importante es que la comunicación siempre ha estado y está
presente donde hay un ser, además nosotros, los humanos, no somos los
únicos con esa capacidad, todo ser vivo la tiene y aplica según su condición.
Ahora bien, los seres humanos somos seres sociales y la comunicación
es la forma de socialización por excelencia, es una condición innata que
tenemos, no nos conformamos con estar cerca del otro, sino que tenemos
la necesidad imperiosa de hablar, de contarle al otro y que nos cuente.
Parafraseando a Pascuali (1985), no accedemos sólo a estar próximos,
sino que queremos ser prójimos. Cuando estamos en la cola de un banco,
o esperando en la consulta médica nos acercamos al otro a través de la
conversación. Relatamos sucesos y nos relatan, nos describimos y nos
describen, hasta podemos llegar a compenetrarnos en ese tiempo y espacio
con personas que vemos por primera vez y que quizás no veamos de nuevo.
Eso es así porque somos seres sociales, seres comunicativos.
a o uni a i n, los edios la de o ra ia en la ons ru i n de un paradi a par i ipa ivo 43
La comunicación es una herramienta para ejercer el liderazgo, para la
organización ciudadana y la práctica democrática en la familia, el sitio de
estudio, el trabajo, la comunidad. En sociedad comunicarnos es esencial
para la vida en comn y para organizarnos a n de meorar colectivamente
no hay posibilidad de comunidad sin comunicación, y no habrá evolución
social sin la presencia del elemento dialógico.
Cuenta la comunicación con distintas dimensiones, construir sociedad
es una, otra, de las dos tratadas aquí, es la que se ubica en el ejercicio del
poder y el control en un sentido negativo, por ser contraria a los intereses
sociales. Allí la comunicación no está al servicio del ser y su entorno,
sino que funciona como herramienta de manipulación y dominio, es una
comunicación alienante que sirve a intereses contrarios a los sociales y que
pierde su condición comunicacional.
No es la característica de poder y control lo que la hace negativa, sino
los usos de los mismos, si son usos para dominar a partir de la enajenación
entonces es negativa; pero si es un uso del poder y control plural, que además
es alternativo, entonces es positivo, porque es democrático.
La primera forma es la que está presente en los medios masivos
tradicionales, bajo un sistema de propiedad mayormente privado y
unido a una estructura de poder planetaria concentrada en unas pocas
transnacionales de la desinformación, que se presentan como empresas de
información y comunicación, las cuáles condicionan sus contenidos a sus
intereses de mercado.
Resulta necesario precisar algunas categorías o conceptos universales
que con relación a los medios masivos se han implantado en el imaginario
colectivo, tales como: los medios son un espejo de la realidad, una ventana
al mundo, por lo tanto una vía a través de la cual se informa la verdad,
permiten la participación ciudadana y el libre uo comunicacional
Claro está, la falacia principal a desmontar permanentemente es la que
declara: los medios son la comunicación. La noción de comunicación no
los de ne ya ue en ellos el proceso est negado por no permitir la esencia
del mismo, es decir la generación de diálogo. Al respecto el investigador
latinoamericano ntonio asuali () seala ue la comunicación es
una función permanente, esencial e inherente a la naturaleza humana y por
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lo tanto el término debe reservarse a la relación mutua y al intercambio
de mensajes entre hombres, sean cuales fuesen los aparatos intermediarios
utilizados para facilitar la interrelación a distancia.
Este clásico de la comunicación nos permite derivar en lo siguiente: no
es posible aceptar una preeminencia del concepto de medio en la de nición
de la comunicación. El medio, como establece este autor, es un aparato que
permite extender una capacidad con la que el hombre cuenta, que es innata,
la capacidad de comunicarse con otros o más bien la necesidad imperiosa de
estar no sólo cerca del otro, sino de interrelacionarse con ese otro.
La esencia del proceso comunicativo es la generación de diálogo,
producto de una acción continua de intercambio de ideas entre individuos
en la misma condición y con igual posibilidad de expresión. Los medios
masivos tradicionales no sólo no permiten el diálogo, sino que ni siquiera lo
consideran como elemento del proceso. En el paradigma de los mismos, es
la producción del efecto en el polo receptor lo fundamental.
No obstante, es importante hacer constar que aunque los medios no son
la comunicación, sí operan en los distintos niveles del proceso comunicativo
que se da en la sociedad. En el nivel organizacional intrapersonal, por
ejemplo, se nota que la atención se centra en el procesamiento, recuerdo e
interpretación de la información, mucha de la cual proviene de los medios,
del intercambio que hacemos con ellos. Formamos diversas lecturas de
los contenidos mediticos los asimilamos interpretamos reeionamos
sobre ellos, o los absorbemos, muchas veces incluso sin desconstruirlos,
crendonos patrones de conducta a nes con los intereses preestablecidos
por los creadores de los mensajes mediáticos.
Los contenidos de los medios tienen un amplio alcance: se insertan en
el discurso de la gente an agendas de discusión uestra conversación
cotidiana versa sobre lo que recibimos de los medios, una parte importante
de lo ue a diario ablamos debatimos discutimos se re ere a sus
contenidos independientemente de su banalidad certeza con abilidad o
no. Las relaciones sociales, los grupos de ciudadanos, los partidos políticos
y diversas instituciones se ven reeados repetidamente en los medios
Realmente es complicado pensar la existencia de instituciones sin la
inuencia meditica sobre ellas
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¿De dónde viene la ecuación medios = comunicación? En las primeras
décadas del siglo XX (1920-1930) las investigaciones en la Universidad de
Chicago bullían. Su departamento de Sociología, dirigido por Albion Small,
producía diversas propuestas teóricas entre las que se cuentan las realizadas
por Lasswell y que dan cuerpo a la Investigación de la Comunicación de
Masas, conocida mundialmente como Mass Comunication Research,
que con sus paradigmas comunicacionales penetra el mundo occidental
convirtiéndose en la propuesta hegemónica.
Estos modelos le sealaron el camino a buena parte del planeta en lo
ue al estudio de la comunicación masiva se re ere egn los mismos
la esencia del proceso comunicacional es la producción del efecto y, por
lo tanto, el uso de todos los mecanismos posibles para que se ejecute. En
la propuesta teórica norteamericana se ignora la intervención de factores
políticos, económicos e ideológicos sobre las relaciones comunicacionales
que se efectúan en la sociedad.
La comunicación se disipa como proceso dialéctico de intercambio
entre iguales, para ser concebida como una comunicación-orden erigida
por el polo emisor, el quién del modelo, poseedor del control total en la
codi cación de contenidos de acuerdo con un paradigma comunicacional y
político que, reiteramos, anula toda posibilidad de participación dialógica al
entender al receptor como masa (concepto entonces utilizado para de nir
al llamado hoy “usuario” del medio).
Se caracteriza este hombre-masa por ser negado al análisis crítico, al
discernimiento, al debate constructivo. Vistas así las cosas, la participación
ciudadana también está imposibilitada, pues el receptor, encerrado en el
concepto de hombre-masa, no la permite; cualquier tipo de intervención
del receptor se limita a la promovida por quien tiene el dominio y poder:
el polo emisor, que en el caso del paradigma de los medios masivos está
representado por los dueos de las empresas comunicacionales aparatos de
poder y control que buscan garantizar la implementación de los valores y
símbolos culturales que representan a la clase que domina.
El diagrama de Lasswell de 1920, criticado y superado, es considerado
el primer modelo esquematizado del proceso comunicacional tal como lo
entiende la Escuela orteamericana (ver gr co ) y su inuencia en toda
la producción teórica de la misma es notable. Otras propuestas surgieron en
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Estados Unidos, Europa y Latinoamérica; estas últimas buscaron alejarse de
la postura norteamericana sobre todo en cuanto a la pasividad del receptor y
a la visión del mensaje.
Entre las escuelas del pensamiento que se fundan y posicionan como
alternativas a la norteamericana se encuentra la Escuela Crítica de Frankfurt,
la cual se convierte en una de las corrientes de pensamiento crítico de mayor
inuencia tanto en Europa como en mrica
Esta escuela de corte neomarxista inicia en el Centro de Estudios Sociales
de la Universidad de Frankfurt, el 23 de febrero de 1923 producto de la
insatisfacción de un grupo de pensadores alemanes con la tendencia hacia el
determinismo económico de la teoría marxista. Entre los bloques de análisis
crítico a través de los cuales Frankfurt desarrolla su propuesta está la crítica
a la sociedad capitalista moderna y a varios de sus componentes, como por
ejemplo la tecnología, y muy especialmente el uso de la tecnología mediática
para la dominación cultural.
Destacan en su análisis que la dominación ejecutada en el escenario
económico no desapareció, tal como ha pretendido hacer ver la ideología
capitalista. Esta dominación está presente usando el espacio simbólico y
el escenario cultural, por ejemplo, a través de los mensajes de los medios,
que son industrias de dominación. La dependencia se sigue ejecutando y
toma fuerza en el escenario de las denominadas industrias culturales. En
el mundo moderno, la dominación está asociada a elementos simbólicos,
primero, y luego a elementos económicos; por medio de los primeros se
busca diluir la esencia represiva de la industria cultural al ser percibida
como entretenimiento.
Es lo anterior lo que precisamente preocupó a los pensadores críticos de
la llamada primera generación franfurktiana (Marcuse, Adorno y Horkeimer,
entre los más destacados), ya que al no notarse este tipo de dominación
la dependencia cultural se gesta fácilmente y logra abonar el terreno para
cualquier otro proceso dominador.
La escuela ve en los medios, y muy especialmente en la televisión,
aparatos tecnológicos de control y dominación. Rechazan la idea de
neutralidad de la tecnología y la entienden como la creadora de la sociedad
unidimensional donde las personas pueden perder toda capacidad reeiva
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crítica y negativa; donde se asume una falsa ideología igualitarista y se
obvia la condición de dominio de una clase sobre otra.
El pensamiento de esta escuela establece que las industrias culturales son
estructuras racionalizadas y burocratizadas que controlan la cultura moderna.
Excelente ejemplo resultan los medios y de ellos muy particularmente las
grandes cadenas televisivas capaces de producir la cultura de masas. Este
tipo de cultura surge, a su vez, cuando la industria cultural comienza a
masi carse en el período -
Los productos de las elites intelectuales comienzan a reproducirse y a
formar parte de la cultura popular, así los bienes simbólicos de la burguesía
se ponen a disposición del pueblo que comienza a adquirirlos y asimilarlos,
incluso por encima de sus valores culturales. La cultura de la clase burguesa
se impone generando, como ya mencionamos, una relación de aparente
igualdad entre dos clases sociales opuestas.
Los medios son empresas y, como tales, es válido que obtengan lucro
por su trabajo, pero esto no anula el deber de cumplir con su razón social;
los dos aspectos no se oponen, pueden ser realizables si se entienden los
medios como posibilitadores de una cultura liberadora, en cuya creación
deben obligatoriamente intervenir los productores culturales; pero tomando
en cuenta los intereses de un colectivo constituido, más que por una masa
moldeable, por sujetos activos, creadores y pensantes (Colina,2010).
Los teóricos críticos de la primera generación no lo vieron así
tampoco, su postura negó al receptor toda posibilidad de actividad y
a los medios la viabilidad de cambios en bene cio de la gente pese
a la mani esta preocupación ue los franfurtianos mostraron por la
libertad y felicidad del hombre.
En 1970, otro teórico alemán introduce innovaciones importantes en
la Escuela Crítica rgen Habermas el ms signi cativo representante
de la segunda generación frankfurtiana, quien hace un abordaje distinto.
Habermas replantea el problema de la comunicación más allá de los medios
de difusión masiva y centra su interés en el sujeto, en la dimensión humana
y lingüística de la comunicación.
Este autor logra trascender la visión negativista de la primera generación
de la escuela. Sus obras Historia y Crítica de la Opinión Pública (1962) y
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La Técnica y la Ciencia como Ideología (1968) le permiten desarrollar su
propia concepción teórica sobre la racionalidad técnica y exponer que frente
a la racionalidad instrumental que invade la ciencia, el arte, la cultura y la
comunicación, es obligatorio devolverle el habla a la gente, restaurando las
formas de comunicación en el espacio público social.
En 1980, concluye su revisión de la teoría de la comunicación y plantea la
Teoría de la Acción Comunicativa, propuesta teórica y paradigma liberador
que rescata el lenguaje como elemento clave del proceso comunicativo a
través del cual las personas pueden expresar sus ideas, confrontarlas con
las del otro, discernir y generar un consenso venido de la argumentación,
de poner sobre la mesa los saberes. Hace énfasis en la enorme capacidad de
dilogo de los individuos bao los parmetros de la tica a n de poner en
duda todas las verdades universales de la sociedad (Vergara, 2005).
La Teoría de la Acción Comunicativa busca colaborar en la construcción
de un modelo que vaya más allá del paradigma clásico de los medios como
prácticas de comunicación dominante en las sociedades industrializadas; sus
planteamientos aspiran rescatar la acción humana de la comunicación por
encima de la razón técnica-instrumental. Devolverle el habla a la gente pasa
por la posibilidad de acción política deliberativa como base para el cambio
social.
sí la concepción de democracia de Habermas () se mani esta
en la racionalidad comunicativa, esa que sin duda le faltó desarrollar a la
racionalidad formal de la modernidad, lo cual necesariamente debe ser
corregido. La legitimidad política es el resultado de procesos activos de
formación de consensos y no de procesos mecanicistas de aceptación pasiva
de una legalidad ejercida por una minoría gobernante.
l respecto seala el teórico cileno orge Vergara Estvez
que para Habermas:
“Si la construcción de la legitimidad política no puede
ser sino el producto constante de procesos comunicativos
racionales en el espacio público, con mayor razón las
principales decisiones políticas deben ser producidas
por dichos procesos participativos comunicativos”
(Vergara, 2005: 83).
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l es e a io Lati oa e i a o
En el caso de mrica atina la tradición cientí ca norteamericana
se impuso, como sabemos, con la fuerza que el centro es capaz de ejercer
sobre lo que considera su periferia. Política, económica y tecnológicamente
ablando la categoría de subdesarrollados y tercermundistas se re ere
también a la producción intelectual y por supuesto al ámbito de la cultura.
Aun cuando la escuela norteamericana tuvo gran fuerza en la construcción
de modelos ideológicos es usto sealar ue su inuencia no fue la nica ue
recibimos, pues de la escuela europea también nos vinieron empaquetadas
formas de pensamiento.
La investigación en Latinoamérica, sin embargo, da un giro importante
en 1960, época en la cual el contexto norteamericano se movía entre las
protestas de los grupos raciales, los movimientos de paz y la caída de una
de sus protegidas dictaduras: la de Batista en Cuba, con la consiguiente
instauración del movimiento revolucionario en el poder de la isla caribea
Este ltimo acontecimiento inuyó sin duda en mrica atina el aura
revolucionaria se extiende por el territorio y llega a la academia, hasta
entonces dominada por las posturas positivistas. Desde la región, comienzan
a registrarse las primeras contestaciones teóricas a la Investigación de la
Comunicación Norteamericana y a sus modelos hegemónicos.
Moragas (1991) y Pineda (2004) destacan como pioneros de lo que
sería la ciencia de la comunicación en Latinoamérica a los investigadores
Antonio Pasquali, Héctor Mújica, Eduardo Santoro y Eleazar Díaz Rangel
de Venezuela; José Marques de Melo de Brasil; Armand Mattelart (radicado
en Chile), sumándose a ellos el boliviano Luís Ramiro Beltrán, los argentinos
Eliseo Verón y Néstor García Canclini; además del colombiano Jesús Martín
Barbero; entre otros, todos con sus teorías logran establecer pilares de
apoyo para una nueva visión del rol de los medios de difusión social en
las sociedades subdesarrolladas. Cabe destacar el caso del pedagogo Paulo
Freire (rasil) con su inuyente propuesta de una educación para la libertad
en los ltimos aos de los sesenta
Los estudios latinoamericanos comienzan a interpretar los postulados de
la investigación de la comunicación norteamericana como instrumentos de
dominio y sumisión por tanto asistentes eles de los proyectos políticos
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culturales y económicos del centro hegemónico, puestos al servicio de su
racionalidad, y no de nuestras sociedades.
Con respecto a la industria de la comunicación en América Latina (y
sus contenidos), la imposición de los fundamentos y paradigmas de la
comunicación estadounidense, en nuestra realidad comunicativa, resultaron
efectivos para la adhesión al modelo político liberal como supuesta vía
hacia el desarrollo. Falsamente se creó la idea de que el incremento de la
producción y el consumo masivo de bienes y servicios constituía la esencia
del progreso, que como consecuencia traería una sociedad con ingresos y
oportunidades de ascenso para todos.
Ese desarrollo es difícilmente factible en un modelo de democracia donde
las categorías de libertad e igualdad no se encuentran niveladas, donde la
primera tiene más fuerza y se remite sobre todo a la libertad de contrato
y mercado, supeditando así lo social a lo económico y reduciendo todo lo
posible las mediaciones del poder político.
Por el contrario, la brecha entre el desarrollo e industrialización del
llamado centro respecto a la periferia se ha abierto aún más y si algunos
grupos nacionales an recibido bene cios son las elites internas ue como
tales no representan a la sociedad.
Para lograr el desarrollo y la liberación América Latina debe partir de
plantear sus propios paradigmas de investigación a n de crear tambin
nuevos modelos educativos y culturales que permitan transformaciones
políticas, económicas, sociales y comunicacionales. Aquí es fundamental
que la academia y el Estado trabajen mancomunadamente.
En se puso de mani esto en la Conferencia de Costa ica la
voluntad de los investigadores de elaborar modelos de investigación contra la
dependencia y al servicio de la sociedad latinoamericana; a esto se sumaron
los políticos reunidos en la Conferencia Intergubernamental, efectuada en
1976, en ese mismo país. Las universidades latinoamericanas hicieron su
parte iniciando trabajos en políticas de comunicación (Moragas, 1991).
or otro lado plantea uis amiro eltrn () ue frente al empeo
en pro de las políticas nacionales de comunicación que protagonizó
atinoamrica se produo en los aos (siglo ) otro ecepcional y
enérgico emprendimiento liberador encabezado por el Movimiento de los
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Países No Alineados, grupo que en 1973 anunció en Argel su determinación
de forjar un Nuevo Orden Internacional de la Economía (NOIE), divulgando
igualmente en Túnez en 1976 la necesidad de un Nuevo Orden Mundial de
la Información y la Comunicación (NOMIC) para descolonizar la misma.
El debate fue trasladado hasta el seno de las Naciones Unidas,
especí camente a uno de sus organismos ms reconocidos la UEC
donde se desató una polémica confrontación entre los países desarrollados
y los subdesarrollados ue llega a un alto nivel de conicto En busca de
la deliberación para el logro de consenso el mencionado organismo crea
en 1977 la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la
Comunicación bao la presidencia del cientí co irlands ean Macride
a n de ue estudiara la situación mundial con respecto al maneo de la
información y la comunicación.
La Comisión MacBride logró que la Asamblea General de la UNESCO
aprobara en en elgrado su informe nal tras una serie de controversias
El informe cimentado en una investigación rigurosa sealaba la necesidad
de superar las desigualdades y desequilibrios existentes en los ámbitos de
la comunicación, información y cultura entre el mundo rico y desarrollado
y el pobre y subdesarrollado, con énfasis en el respeto a la multiplicidad
de voces y por lo tanto a la diversidad. Los resultados se publicaron en un
Informe (Informe MacBride o Un solo mundo, voces múltiples, 1981) que
dio cuenta del conteto de desigualdad del uo informativo
Cabe mencionar que el enfrentamiento que provocó entre países
partidarios y adversarios llegó al punto de que los países líderes del grupo
antagonista, Estados Unidos y el Reino Unido, se retiraron del organismo,
el primero en 1984 y el segundo en 1985; medida de fuerza para que se
abandonara la idea o se modi cara la agenda planteada (eón )
Como sealamos en la dcada del se constituyen los fundamentos
teóricos para el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación.
iez aos despus la UEC elimina esta denominación mostrando poca
resistencia a la arremetida de los países y sectores que se manifestaron en
contra del nuevo orden y todo lo que el mismo implicaba como: colegiación,
código de ética internacional, etc. La UNESCO funda otro programa que
designa Comunicación al Servicio de la Humanidad. Sin embargo los intentos
no se detienen y en 1990 la Asociación Mundial para las Comunicaciones
Cristianas retoma el tema del NOMIC.
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Así, en 1990, vuelve la discusión a Latinoamérica, en Lima – Perú, bajo el
auspicio de esta asociación conocida en inglés como la Word Association for
Christian Communication (WACC) se organizó un encuentro denominado:
MIC cara al ao a n de acer un balance de este movimiento ue
planteó en los las desigualdades en el uo de información la carencia
de posibilidades reales en el acceso y uso de las comunicaciones, en general
la ausencia de democratización de las comunicaciones.
Indica la investigadora Migdalia Pineda (2004) que en el encuentro se
reunieron varios de los fundadores del NOMIC quienes valoraron las causas
que originaron la no implementación de lo pautado para la constitución de
un nuevo orden mundial de la información y la comunicación, concluyendo
que las propuestas presentadas por la Comisión MacBride mantienen no
sólo plena vigencia, sino que las mismas se deben extender hacia los nuevos
espacios delineados por la aparición de las tecnologías de la información y
la globalización.
Efectivamente los sealamientos del MIC continan oy ms
actuales que nunca, ya que la visión que el mundo se hace de los países
subdesarrollados se continúa elaborando y difundiendo desde las agencias
de prensa del mundo desarrollado, desde las trasnacionales publicitarias,
desde la egemonía de Hollyood en el mercado cinematogr co mundial
desde el predominio de las eportaciones televisivas y discogr cas
estadounidense, desde el control de las TIC y de la tecnología en general,
sin mostrar respeto por la realidad cultural de nuestras sociedades.
Urge la conformación de un frente sólido que permita poner en práctica
modelos viables y e cientes de democratización de la información y la
comunicación, que devuelvan el habla a la gente. Empezar desde cada nación
es importante, con políticas que impulsen modelos integrales que involucren
a académicos e intelectuales, a las universidades, pero que incluyan también
a la clase política y sobre todo a la ciudadanía.
po e a ie to i a a o a t a s e la o i a ió
Es determinante entender e identi carse con el esencial dereco
ciudadano a la comunicación y a la información; con la conveniencia de
un paradigma democrático donde la comunicación sea la clave para lograr
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el impulso de nuestros valores culturales, nuestra estética e incluso el
desarrollo integral de nuestras sociedades a través del modelo posible de
democracia participativa.
En esta democracia el poder se trans ere a la gente a travs de la
descentralización y la etensión del poder estatal ero eso no es su ciente
se hace imprescindible la intervención activa de la población organizada
capaz de proponer proyectos para solventar sus problemas locales. Participar
es una obligación ciudadana.
La ciudadanía se entiende hoy más que nunca como un colectivo
organizado que ostenta derechos y responsabilidades. En América Latina
esa ciudadanía está dando pasos adelante en lo que a intervención política
se re ere ya no est presente sólo en los procesos eleccionarios sino
que actúa, cual protagonista de su historia, en el proceso de cambios
que se gesta en la región.
En estos tiempos, la comunicación necesariamente debe dejar de
concebirse como propiedad mercantil de los medios masivos y la ciudadanía
como sus receptores-clientes. Hoy la comunicación más que nunca es la
clave para la articulación política de la gente y la construcción de nuevos
modelos ue se conciban desde la sociedad a n de ue realmente sean
capaces de producir respuestas viables y efectivas para el logro más
preciado: la felicidad colectiva, la cual es posible cuando convergen,
como seala Villalobos () lo simbólico cultural-comunicacional y
las condiciones materiales.
Se plantea la comunicación como un concepto que aplica a la democracia,
al Estado, a la ciudadanía y recíprocamente. Hay una relación continua entre
estas categorías que dan forma y contenido a un modelo de democracia
de base comunicativa. Un tipo de democracia participativa que ve en la
comunicación el fundamento de la construcción social, cuando ésta actúa en
correlación con el Estado, los ciudadanos y la propia democracia.
Los medios pueden ser un ariete para el bien o para el mal, para la
información o para la desinformación para incitar el consenso o el conicto
para estimular una audiencia activa o para mantener un auditorio pasivo.
Ellos, como parte importante de la comunicación son necesarios para la
actuación íntegra de la ciudadanía e allí la trascendencia y signi cación
olina, ar a
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de entender la comunicación más allá del escenario mediático, pero a la vez
practicar nuevas formas comunicativas desde los mass media.
La democracia puede seguir siendo el atavío, pero una democracia
igualmente desmontada del paradigma venido de la modernidad, cuya
economía se funda en el mercado y cuya expresión cultural es la secularización
(Touraine, 1998). Necesitamos una democracia que sea capaz de permitir la
actividad de la gente, que esté plena de libertad e igualdad para todos, a
pesar de lo diferente que podamos ser, donde ambas categorías estén en un
mismo nivel y no una por encima de la otra.
Ahora bien ¿cómo construir esa democracia imperfecta pero vivible, que
nos otorgue la mayor suma de libertades positivas y sea capaz de responder
a nuestras demandas de una vida mejor? Creemos que la respuesta está en la
comunicación y en el perfeccionamiento de los vínculos de la comunicación
con la democracia.
Ya hemos visto como en la modernidad la democracia liberal se ha
vinculado con los medios para cercenar la comunicación. Las industrias
mediáticas se han puesto al servicio de una ideología que ha practicado
el dominio de un grupo minoritario en cantidad, pero con poder, sobre
otro mayoritario en cantidad, pero sin el mismo poder de control; eso lo
reconocemos. Ahora es necesario activar mecanismos de participación
comunicativa a través de los cuales se pueda generar una actividad política
capaz de construir peueos colectivos grupos sociales comunidades
altamente democráticas, donde el sentido de pertenencia se avive con cada
práctica y la solidaridad sea posible.
a producción de un modelo teórico ue per le un proyecto democrtico
con cualidades propias y particulares a la historia, cultura, ideología y el
modo de vida latinoamericano, a través de un proceso que involucre al
ciudadano desde los distintos espacios en los que actúa e interactúa, es decir
en su cotidianidad familiar, educativa, laboral, vecinal, social, entre otros.
Como bien lo sealara el presidente ecuatoriano afael Correa no
estamos viviendo en tiempos de cambio, sino en cambio de tiempos”. Así se
visualiza la realidad en América Latina. ¿Hacia dónde vamos? no sabemos,
pero si volvemos al hecho de que la democracia está en un proceso de
constante construcción y entendemos que debemos ser actores protagónicos
de dicho proceso, es factible el logro de un modelo mejor para todos.
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Cuando el muro de Berlín cayó y la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas se desintegró, prominentes teóricos, entre ellos Fucuyama (1992),
decretaron el n de la istoria tros como allerstein () sealaron
esos acontecimientos como el n de un modelo y el inicio de la transición a
otro; destaca sobre todo este autor que la transición será dura, y que en los
próimos veinticinco a cincuenta aos viviremos una poca de desorden
sistémico, desintegración y luchas políticas, debido a la incertidumbre con
respecto a qué tipo de nuevo sistema mundial fundaremos. Pero consideramos
que en medio de la incertidumbre hay una certeza movilizadora, que es la
seguridad plena de que debemos participar políticamente en la construcción
de ese modelo.
Respecto a las tecnologías de la información y la comunicación, conocidas
como IC es necesario sealar ue aunue su uso se visualiza como ms
democratizador por la posibilidad de interacción, que conlleva a estimar
que en ellas es posible la participación ciudadana, también es destacable
que tal participación es factible para quien tiene posibilidades de acceso a la
tecnología, tanto en equipo y servicios, como en capacidades.
La situación de desigualdad con respecto al acceso a las TIC en América
Latina es notable y la promesa democratizadora sigue pendiente en este
terreno. La tecnología entra en la dualidad ya planteada, así dependiendo
del uso los medios y las TIC pueden resultar favorables a las prácticas
comunicativas o pueden usufructuarlas, ser cercenadores de las mismas.
Medios y TIC pueden contribuir a ejercer la comunicación y por ende a
la organización y evolución social, o pueden ser factores de poder que
actúan en contra del colectivo social al negar espacios para el debate, el
discernimiento, la sana discusión.
ora bien en los ltimos aos se produo en mrica atina un
importante giro en el contexto político hacia gobierno de izquierda; en buena
medida como consecuencia de los reclamos de la ciudadanía activa ante la
aplicación del paradigma neoliberal, que no buscó satisfacer las demandas
sociales e impulsó aún más la deslegitimación del modelo de democracia
representativa desarrollado en nuestros países, democracia ésta que terminó
por representar sólo a las élites, tanto regionales como foráneas.
Sin embargo pese al auge de la izquierda política en el llamado
subcontinente, en nuestras sociedades se mantienen pendientes cambios y
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mejoras en los métodos para impartir justicia social, pues aún están ancladas
viejas formas de hacer política, cuyas prácticas subsisten en las instituciones
y en la burocracia del Estado, en los recintos universitarios, en la vida y
cultura ciudadana; todos los cuales son factores endógenos que junto con
fuertes obstáculos políticos y económicos, igualmente internos y externos,
buscan trancar las estrategias de los gobiernos para impedir que los proyectos
nancieros tengan un impacto satisfactorio en la sociedad a egemonía
de poder capitalista mundial se impone, con todo su poder imperial, al
ver peligrar sus intereses hegemónicos en la región latinoamericana,
históricamente ha sido así.
Además está el hecho de que algunas instituciones y actores continúan
aferrados al ayer manteniendo prebendas y disfrutes del modelo neoliberal,
aun cuando declaran una postura ideológica contraria. Los cimientos
de la plataforma institucional y el apego a la cultura política tradicional
imposibilitan la práctica política necesaria hoy. Como consecuencia de la
convivencia de distintas estructuras: las tradicionales, con todos sus vicios y
las nacientes, con sus nuevas formas de hacer política, la comunicación y la
relación entre Estado y sociedad aún no está del todo libre de obstrucción,
pese a los esfuerzos hechos en algunos países.
Continúa vigente un fuerte cuestionamiento a las relaciones del Estado
con la sociedad, provocado por un desencuentro de estas dos dimensiones,
cuyo desarreglo se debe, en parte, a la falta de un proyecto de reforma del
Estado que tenga en cuenta el nuevo mapa de la realidad social, el caudal de
identidades y los reclamos de las ciudadanías emergentes; por su parte, la
sociedad debe asumir con mayor responsabilidad el proyecto democratizador
y no esperar que renazca el Estado benefactor y se apropie de la política
orientadora de las acciones colectivas, sino reinventar la política para que
resida en la sociedad una parte de ella y ejercitarla con sentido y contenido
emancipatorio (Salazar y Miller, 2006).
Visto así, lo que está en juego es la recomposición de las relaciones entre
Estado y sociedad, porque las formas clásicas de acoplarse ya no son capaces
de asegurar una relación estable entre ambos. Un nuevo modelo inscrito en
el paradigma de la democracia participativa, que no sólo busque atender al
ciudadano, en el mejor de los casos, sino que se relacione con él, que sea
capaz de activar procesos de intermediación a través de la comunicación,
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creando nuevos y mejores espacios que permitan continuamente hacer
democracia, entendiendo que esta no es nunca algo realizado, sino siempre
algo por realizar, es la búsqueda de un sistema más justo donde las categorías
de libertad e igualdad puedan ser íntegramente euiparadas como seala
Castro Guillen (2000).
Difícil logro bajo el modelo de democracia liberal que reduce lo más
posible las intervenciones del poder político y subordina lo social a lo
económico. Igualmente, la extensión del mismo, el modelo neoliberal, no
confía en la acción política, porque la considera fuente de distorsiones y
porque invade la esfera privada. A pesar de su aparente apertura y defensa de
una igualdad formal, que se traduce en una defensa a la libertad de contrato,
la democracia liberal ha tenido efectos negativos para la idea de ciudadanía,
ya que es indiferente a la desigualdad real producida por el aumento de
la pobreza y rechaza cualquier forma de regulación, por considerarla
más peligrosa que la desigualdad y la pobreza mismas (Touraine,
1997; en Oliva y Colina, 2005).
La ciudadanía comprometida con el destino de su ciudad, su región, su
país, se convierte en un importante núcleo de poder. Motivar su participación
en las tareas de gobierno local es prioritario para el ejercicio de la democracia
participativa. Hay buenas razones para creer en las posibilidades de éxito de
un modelo construido desde lo local, con la participación de la gente en el
ejercicio de una democracia erigida a través del debate y la deliberación
de los asuntos que les conciernen, actuando políticamente para conquistar
la inclusión social, promoviendo el esfuerzo económico cimentado en la
solidaridad antes que en el provecho lucrativo (Colina, 2010).
Nos referimos a una democracia participativa posible a través de la acción
comunicativa puesta en práctica por sus miembros, ciudadanos y ciudadanas
de los barrios, urbanizaciones y sectores de nuestras urbes latinoamericanas;
de nuestros poblados rurales y comunidades indígenas.
La interrelación del ciudadano con el Estado es fundamental. Boron
(2007) explica que un nuevo orden no se crea tan sólo sobre una base
de correlaciones de fuerzas que se estabilizan, sino que debe igualmente
trasladarse al plano de aquello que Gramsci llamaba las superestructuras
complejas, fundando un orden legal e institucional que reasegure que esas
sociedades puedan seguir conquistando el camino de las trasformaciones
revolucionarias y que minimice las posibilidades de una retracción.
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El modelo neoliberal está en crisis y la expansión de la participación
política de los ciudadanos en las sociedades democráticas es un hecho. En
mrica atina y el Caribe una serie de indicios apuntan a sealar ue se
asiste a un momento de giros importantes que se dirimirán en el plano político
ante el generalizado malestar ciudadano por el d cit de la democratización
En este marco está cobrando fuerza, igualmente, la demanda por la
democratización de la comunicación, esa que pasa por la participación de la
gente y no sólo por la intervención de los medios masivos.
Esto quiere decir que en las sociedades contemporáneas el debate
deliberativo sobre los asuntos públicos no puede seguir desarrollándose
en el marco de los medios de comunicación y ajustándose a los códigos
establecidos por ellos. La política de los medios no es toda la política, no
puede serlo aunue cuenten con recursos de poder su cientes para facilitar
pero también para impedir o perturbar el funcionamiento de las reglas o
procedimientos de toma de decisiones y de solución de conictos colectivos
Esto obliga entonces a la sociedad organizada a crear también sus propios
medios alternos, darle uso a los medios comunitarios; expandir la red de
los mismos es una tarea prioritaria. Las Tecnologías de la Información y la
Comunicación (TIC) también son una fuente de poder comunicativo alterno
que bien puede estar al servicio de las comunidades.
Las ideas del Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación
(NOMIC), al que nos referimos antes, reiteramos, siguen vigentes.
Efectivamente, sin democratización de la comunicación no hay democracia.
En Venezuela, con la llegada de Hugo Chávez al gobierno, el Estado se hizo
propietario de nuevos medios masivos, los cuales igualmente no han logrado
garantizar la pluralidad y la diversidad. Por ello, una salida factible es el
modelo de comunicación alternativa, medios comunitarios promovidos por
los propios actores sociales, con la ayuda impulsora del Estado, otorgando
legalidad nanciamiento y permitindoles un desarrollo autónomo
En América Latina existen importantes experiencias en el área de
la comunicación alternativa, la cual pasó de la teoría investigativa a la
práctica social y política a través de la prensa vecinal, el cine independiente
y la radio y televisión comunitaria. Brasil, México y Venezuela cuentan
con una legislación importante en esta materia (como la Ley Orgánica
de Telecomunicaciones y la Ley de Responsabilidad Social en Radio y
Televisión vigentes en Venezuela).
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En nuestros caso la promoción para la creación de este tipo de medios
a crecido y aunue mucos de ellos son sealados como instrumentos
ideológicos del aparato gubernamental a abido signi cativos avances
en la práctica de la democracia participativa obtenidos gracias a esta
experiencia.
Los derechos a la comunicación hoy adquieren especial relevancia,
sobre todo por la importancia creciente que ha ido alcanzando la misma
en la sociedad actual saldo eón () seala la necesidad no sólo
de hacer comunicación alternativa, sino de desarrollar acciones conjuntas
e integrar todas las iniciativas a través de una plataforma común para la
diversidad de respuestas ciudadanas que han ido articulándose en redes
de comunicación comunitaria, observatorios de medios, iniciativas de
alfabetización mediática, defensores del lector, instancias de defensa de
consumidores de medios, luchas por preservar la pluralidad y diversidad de
medios frente a los intentos de monopolización, democratización del uso
de las ondas radiales, democratización del uso de las TIC, propuestas de
perspectiva e igualdad de género, iniciativas de periodistas para defender su
rol de servidor público ante la mercantilización de los medios, espacios de
concertación para gravitar en instancias de decisión y tantas otras iniciativas
que se vienen desarrollando.
La democracia deliberativa y participativa posible creemos que está allí:
en la activación política de la ciudadanía a través de la práctica comunicativa
democrática ejercida en forma plural por el mayor número de ciudadanos.
Al respecto Martha Harnecker plantea:
“El que los vecinos conozcan y decidan sobre las cuestiones
públicas es una forma concreta en la que el pueblo se siente
gobierno y eso hace crecer humanamente a las personas, las
digni ca las politiza en el sentido amplio de la palabra les
permite tener una opinión independiente que ya no puede
ser manipulada por los medios de comunicación controlados
por las fuerzas de derecha; y las convierte cada vez más en
sujetos de su propio destino” (Harnecker, 2004:2).
Sujetos protagonistas, constructores de su destino individual y colectivo.
Pueblo soberano que se aprehende de la comunicación y de la política
como instrumentos imprescindibles para obtener las conquistas capaces de
conducir al modelo democrático idóneo para el logro de la emancipación,
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a través de la igualdad, no sólo jurídica- política; sino también social,
económica y cultural.
Por otro lado, el estudio de las prácticas comunicacionales como ejes de
intermediación de la relación Estado-sociedad conlleva a reeionar sobre
el papel ue desempean los medios comunitarios en la construcción de la
democracia participativa en la región.
Como decíamos, estos medios surgen para cubrir un espacio que ni los
grandes medios privados, ni los medios públicos ocupan: el espacio local,
son cercanos al vecino, que sobre todo es ciudadano de su localidad, la cual
es su entorno inmediato y generalmente no ve reeada en los otros medios
Claro está que el medio comunitario no sólo debe declararse como tal, sino
que debe tener características puntuales e irrenunciables para que cumpla
así su propósito y no se pierda tomando rumbos distintos. Unos medios
comunitarios que cumplan un rol fundamental: ser espacios educativos y
de mediación para la convivencia y la construcción social, que permitan
al ciudadano ser partícipe en la solución de sus problemas, a través de una
lógica abierta de comunicación horizontal.
ara ello es importante ue su nanciamiento pueda ser mito es decir
del Estado, del privado y de la propia comunidad, a través por ejemplo de
publicidad local, evitando depender de un sola entidad y ataduras de algún
tipo. Deben ser medios de y para la ciudadanía, no para grupos políticos,
empresariales, partidos y/o gobiernos de turno, de allí lo primordial de la
supervisión ciudadana ya ue si bien pueden identi carse políticamente
esto no debe limitar la diversidad.
Los medios comunitarios no deben repetir la lógica comercial de los
grandes medios, no deben reproducir ese modelo, sino que deben impulsar
prácticas políticas dialógicas para alcanzar calidad política de la democracia.
Así mismo es importante la existencia de todo un sistema de medios
comunitarios que incluya impresos, audiovisuales y digitales, multimedia
incluso, pero que se distingan siempre de los medios masivos y de los
medios públicos, que sean una alternativa.
El aspecto ético es fundamental en este tipo de medios que deben
lograr que la comunicación sea la base de la relación entre ella, la
ciudadanía, el Estado y la democracia, buscando el constante crecimiento
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y profundización de un modelo de democracia de base comunicativa. Los
medios comunitarios están llamados a ser representativos del ciudadano y a
cumplir un rol participativo.
La auténtica comunicación con su capacidad dialógica desmonta, analiza,
interpreta y eso se puede resolver a través de un sistema de redes o socios
comunitarios, ya que pueden tratar problemas y generar respuestas alternativas
que faciliten y contribuyan a hacer posible democratizar la comunicación.
Los medios comunitarios son una alternativa importante para la
democracia, en ellos el sujeto es actor y protagonista del hecho comunicativo,
el sujeto se sirve del medio y lo legitima al responder a su convocatoria,
deben ser focos de participación a peuea escala ue se pueden untar
hasta crear toda una red sociopolítica. Ser un ejemplo de cómo usar el
poder comunicativo para colectivizar el derecho a participar. Medios para el
conocimiento trasformador.
Sin embargo, hay un interés por deslegitimarlos, minimizarlos y hacer
que se perciban como disminuidos, autodidactas e irrelevantes. Si bien no
en pocos casos sus prácticas son autodidactas, esto no necesariamente es
negativo, ya que el autoaprendizaje implica también intercambio de saber.
Esa reciprocidad nutre la convivencia comunal.
emocratizar los medios desde lo comunal al colectivizar los conictos
es posible, ya que pueden lograr que la ciudadanía discuta dialógicamente
con los poderes y convocar la cogestión y la gobernanza, una práctica que
permite a los ciudadanos tener un papel fundamental en la orientación y
gestión de la sociedad.
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