GOBIERNO DEL ESTADO DE MICHOACÁN
SECRETARÍA DE EDUCACIÓN EN EL ESTADO
INSTITUTO MICHOACANO DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
JOSÉ MARÍA MORELOS
DIRECCIÓN GENERAL
SUBDIRECCIÓN ACADÉMICA
MAESTRÍA: PSICOLOGÍA EDUCATIVA CON PERSPECTIVA PSICOANALÍTICA
MATERIA: APORTES DE LA ESCUELA LACANIANA
TEMA: REPORTE DE LA MESA DE DISCUSIÓN
[El estadio del Espejo]
ASESOR: MTRO. CARLOS DOMÍNGUEZ ROCHA
PRESENTA: FABIÁN HERNÁNDEZ LÓPEZ
Morelia, Michoacán, a 22 de marzo de 2025
REPORTE DE LA MESAS DE DISCUSIÓN
[El estadio del Espejo]
“El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la
experiencia psicoanalítica”, presentado en Zúrich en 1949 por Lacan, tuvo una larga data
antes de presentarse como tal. Un primer esbozo fue en el congreso de Marienbad en 1936.
En estos dos escritos encontramos a Lacan dando primacía a la visión, es decir, a la mirada,
que más tarde cambiaría, desde el discurso de Roma, por el lenguaje. La importancia del
registro escópico, en Lacan lo podemos ubicar en las elaboraciones sobre la identificación
primaria. La identificación secundaria desarrollara la entrada del sujeto en el registro
simbólico. Por lo tanto, en el “estadio del espejo” se enfocará en el orden imaginario.
Teniendo como influencias a Wallon con la “prueba del espejo”, en donde el infante
se va asimilando a su propia imagen y distinguiendo su cuerpo de la imagen, en Lacan este
“estadio” va ser fundamental para la construcción subjetiva. Además de la influencia de
Wallon, tendrá también como base la dialéctica del “amo y el esclavo” de Hegel, enseñado
por Kojève, donde el otro como doble de sí será fundamental para la identificación.
Por otro lado, lacan con el “estadio del espejo” desarrollara una crítica a la noción
del Yo como una entidad autónoma, independiente, centrada en la conciencia. Para Lacan
el Yo cumplirá una función es la del desconocimiento. Una cuarta, referencia que se
encontrará en el “estadio del espejo” será la noción de narcisismo de Freud. Este para Lacan
supone un Yo y para que se forme debe de ser por medio de la imagen con la que se
reconoce el infante. Es antes de llegar a la noción de narcisismo un “objeto”.
Nos menciona Lacan que con el “estadio del espejo” se registran ciertos fenómenos
que llaman la atención. Uno de ellos es que el niño de entre 6 y 18 meses de edad al verse
reflejado en el espejo encuentra un entusiasmo que no se registra en otros animales por
ejemplo el chimpancé que pronto se desatiende de su imagen. El niño en cambio le causa
una fascinación. Esta fascinación radica en que la imagen que capta le devuelve un ser
completo que lo protege de su ser fragmentado, desvalido, y aun sin el control motriz. En
la imagen lo cubre de la falta que lo contiene, de allí que la imagen sea más constituyente.
El espejo no necesariamente es un instrumento, es en todo caso el reflejo de los actos,
gestos de los otros.
En la imagen reflejada el niño encuentra una victoria a la fragmentación. Encuentra
la unidad. Un estado deseable. Sin embargo, la imagen se encuentra fuera de él. La
identificación que encuentra la aliena. Se va formando en su identificación un yo-ideal, por
lo que lo ubica en el registro de lo imaginario. Es aquí donde Lacan ve en la formación del
yo (je) un carácter irracional, ficticio, más que racional y certero como el cogito cartesiano.
El yo (je) esta escindido, entre lo que es como fragmentado y como unidad reflejada.
Lo constituye una falta que por medio de las identificaciones que realiza se completa. Es
por lo tanto un sujeto de deseo. Busca la completitud, una imagen de sí sin fallas. Por lo que
siempre esta perseguido por la alucinación, delirio, de aniquilación, de desmembramiento,
es decir, de volver a un antes de identificarse con la imagen que le devuelve su unidad. El
yo (je) teme a que vuelva ser fragmentos, así se aferra a una imagen de sí. La imagen es
vista entonces como una ortopedia, un soporte.
En el “estadio del espejo” se despliega la rivalidad y conflicto, con el otro. Si el otro
constituye con la mirada la unidad del sujeto, es también en el otro donde se registra un
peligro. La identificación lograda esta en riesgo por el otro en el hecho de que el otro con la
mirada raba, arrebata la imagen en que se reconocía en infante. Hay una agresividad que
se resolverá con una sensación de dominio. Pero también con la transitividad entre uno y
otro, es decir, no saber si el deseo es propio o ajeno.
La primera identificación que se da en el “estadio del espejo” por lo tanto tiene que
ver con la unidad del propio sujeto. Unidad que está en riesgo por el otro a pesar que es el
otro que nos da la unidad. Lo que esta en juego es el deseo del sujeto. Y al hablar del sujeto,
Lacan lo identifica como un sujeto faltante que siempre este en busca de llenar, de cubrir,
por lo que siempre esta buscando identificaciones que cubran la falta.
Con ello la formación del yo (je) al depender del exterior siempre será un
desconocido de sí. A lo consiente del cogito, Lacan le devuelve lo inconsciente, lo
desconocido, al yo (je). El carácter ficcional, irracional.