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Catábasis Lucano Farsalia

Este trabajo presenta la traducción y análisis del episodio de la catábasis en la Pharsalia de Lucano, específicamente los versos 637-830 del libro VI, centrándose en la nigromancia y su representación. Se compara este episodio con otros autores, destacando la originalidad de Lucano al alejarse de la épica tradicional y su enfoque en la historia y la política de su tiempo. La elección de este tema se debe a la abominable descripción de las prácticas nigrománticas, que reflejan un misticismo poco común en la sociedad romana.
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Catábasis Lucano Farsalia

Este trabajo presenta la traducción y análisis del episodio de la catábasis en la Pharsalia de Lucano, específicamente los versos 637-830 del libro VI, centrándose en la nigromancia y su representación. Se compara este episodio con otros autores, destacando la originalidad de Lucano al alejarse de la épica tradicional y su enfoque en la historia y la política de su tiempo. La elección de este tema se debe a la abominable descripción de las prácticas nigrománticas, que reflejan un misticismo poco común en la sociedad romana.
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Viaje a los infiernos en la Pharsalia de Lucano: catábasis en el episodio de Ericto y

comparación con otros autores

Carlos Blasco Ruiz


4º Grado de Estudios Clásicos
Universidad de Zaragoza

1
ÍNDICE
Resumen 3

Introducción 4

1. Lucano y su Pharsalia 5
2. Texto original 7
3. Traducción 13
4. Comentario del episodio 20
5. Catábasis en Lucano y otros autores 23
5.1. Catábasis 24
5.2. Catábasis en Homero 26
5.3. Catábasis en Virgilio 28
5.4. Catábasis en otros géneros de la literatura latina 31
Conclusión 35
Bibliografía 37

2
RESUMEN
El presente trabajo consiste en la traducción de un episodio de la Pharsalia de Lucano,
concretamente de los versos 637-830 del libro VI, además de un análisis posterior
centrado en el tema del «viaje a los infiernos».
Primeramente, se expone el texto original y, a continuación, se presenta la traducción
del alumno. Se procede entonces a un análisis del episodio y, por último, se establece una
comparación con el tratamiento de este mismo tema en las obras de otros autores de
interés, exponiendo los elementos más relevantes.
La razón por la que se ha escogido este episodio ha sido la abominable descripción
que se ofrece de las prácticas nigrománticas, puesto que son rituales marginales que no
se practican abiertamente en la sociedad romana y comportan un misticismo absoluto.

3
INTRODUCCIÓN
Con el fin de elaborar el presente trabajo, he optado por estudiar a Lucano, puesto
que en el proceso de catábasis que incluye en su Pharsalia, no solo se observa uno de los
episodios de nigromancia más detallados de la literatura romana, sino que también se
proyectan en su obra las huellas de los dos autores modelo para la épica, Homero y
Virgilio, cuya tradición se ve invertida en la obra de este autor. He escogido el pasaje que
comprende desde el momento en el que los protagonistas consiguen el cadáver que
emplearán en el ritual hasta el final del libro, entre los versos 637-830, cuando acaban las
prácticas nigrománticas de la bruja Ericto y Sexto marcha junto a su padre. Ericto será un
personaje influyente en la literatura posterior y aparecerá en obras como la Divina
comedia de Dante.
Además, la literatura de Lucano, debido a las circunstancias de su época, se ve
impregnada de una relevancia política notable y, al eliminar todo el aparato mitológico
de su épica, que suponía una novedad, el carácter histórico será fundamental. Lucano
pertenece a una generación de autores que inicia lo que habitualmente se conoce como la
etapa de decadencia de la literatura latina; no obstante, el autor presenta una epopeya
histórica sólida, con innovaciones y que es capaz de darle la vuelta a la Eneida de Virgilio
con gran habilidad literaria, por lo que, lo único decadente en su obra, es la situación en
la que se encuentra la ciudad de Roma en plena guerra civil.
Para la composición de este trabajo, se han empleado especialmente tres manuales
distintos de historia de la literatura para recoger la vida y obra de Lucano; estos son los
de Bickel (1982), Codoñer (1997) y von Albrecht (1999). Además, se han consultado
diversos artículos y monografías que se detallarán a lo largo del texto y en la bibliografía
final. Se ha realizado la traducción sobre el texto de la edición de Oxford (1926) y se han
consultado las traducciones de Holgado Redondo (1984), Roldán (1995) y Mariner
(1996). Para su comparación con otros pasajes que incluyen el argumento de la catábasis,
se han consultado las respectivas traducciones que figuran en la bibliografía. Mediante el
estudio de estos pasajes, se han establecido símiles y diferencias entre los distintos relatos.

4
1. LUCANO Y SU PHARSALIA
Marco Anneo Lucano, hijo de Marco Anneo Mela y sobrino del célebre filósofo
Séneca, nació en Córdoba el 3 de noviembre del 39 a.C. Tras su nacimiento, antes de que
llegase a cumplir su primer año, fue llevado a Roma y, allí, se crió y se educó como
orador.1 Entre sus tratos de juventud, destacan la de uno de sus maestros, el estoico
Cornuto, y Persio, con quien mantenía una relación de amistad 2. Durante su etapa
académica en la escuela de retórica, Lucano compuso declamaciones diversas en griego
y en latín, además de algunos poemas, lo que generó cierto interés por parte del emperador
Nerón3. Por este motivo, en el año 54 a.C.4, cuando Lucano se hallaba en Atenas 5
completando sus estudios, fue invitado por Nerón a entrar a su círculo de artistas.

Se inició plenamente como poeta en el año 60 a.C., con su participación en las


Neronia, unos juegos organizados por el emperador, donde compuso sus Laudes Neronis.
Gracias a su estrecha relación con Nerón, pudo comenzar su cursus honorum antes de la
edad legal y fue nombrado cuestor; poco después, el emperador lo elevó al cargo de augur.
Tras haber participado en las Neronia, publicó los primeros tres libros de su Pharsalia,
cuya composición se suele establecer entre los años 59-65 a.C.

No obstante, la relación del autor con el emperador se vio afectada por la colaboración
de Lucano en la conjuración de los Pisones. Finalmente, cuando esta trama fue
descubierta, después de que Lucano revelase los nombres de las otras personas
involucradas, Nerón ordenó a un médico abrir sus venas y, de este modo, el autor fue
obligado a poner fin a su vida. Murió el 30 de abril del 65 a.C., a los 25 años, pero su
recuerdo pervivió en gran parte gracias a su mujer, Pola Argentaria.

Respecto a sus obras, únicamente se ha conservado la Pharsalia; no obstante, habría


sido autor también de otros poemas, como sus Laudes Neronis ya mencionados, su
Iliacon, sobre la ciudad de Troya, sus Saturnalia, que escribió en relación con las
Saturnales, unos Epigrammata, diez libros de Silvae y una Adlocutio ad Pollam dedicada
a su esposa. Otras obras, como Orpheus y Catachtonion, directamente relacionadas con
el infierno, podrían haber sido de interés para la elaboración de este trabajo de haberse
conservado. En los géneros teatrales, encontramos una tragedia a su nombre con el título

1
Codoñer (1997), p. 435.
2
Von Albrecht (1999) p. 843.
3
Bickel (1982) p. 482.
4
Codoñer (1997), p. 435.
5
Von Albrecht (1999) p. 843.

5
de Medea y catorce libros de Salticae fabulae, para pantomimas. Además, algunas de sus
obras contienen un fuerte carácter invectivo, como el Carmen famosum o De incendio
urbis, contra el emperador y el conocido incendio que éste provocó en la ciudad de Roma.
Por último, también se le atribuyen cartas o Epistolae y una Oratio in Octavium
Sagittam.6

El título de la Pharsalia en la tradición de Lucano es Belli civilis libri X7, aunque


también es comúnmente conocida como Bellum civile8. El nombre de Pharsalia aparece
mencionado por el propio Lucano en el verso 985 del libro IX, en la oración «Pharsalia
nostra vivet»; «Pharsalia» alude al lugar en el que tiene lugar la batalla concluyente del
conflicto entre César y Pompeyo 9.

Se trata de una epopeya cesariana constituida por diez libros, a priori conclusos, cuyo
tema principal es la guerra civil entre César y Pompeyo y que termina con la estancia de
César en Egipto; determinados autores sostienen la idea de que la obra estaría incompleta
y que terminaría con la muerte de César10. Hay una notable presencia política en esta
epopeya y, a pesar de que Lucano parte de una posición imparcial entre los dos bandos
de la contienda, finalmente condena la figura de César y justifica las acciones de
Pompeyo, decantándose, pues, por la facción de este último 11.

La obra de Lucano gozó de bastante popularidad durante la Edad Media y fue


trabajada por autores de renombre, como Prisciano, que tomó para su Gramática una
inmensa cantidad de ejemplos de la Pharsalia, o como Dante, en cuya obra se puede
apreciar la influencia de esta epopeya. Durante el Siglo de Oro, diversos autores de
distintos países fueron influidos por este autor, como Petrarca en Italia o Voltaire en
Francia; en España contamos con numerosos autores en los que pervive la obra de
Lucano, escritores célebres como Juan de Mena, Cervantes, Góngora y Quevedo; sin
embargo, tras el descubrimiento de la Poética de Aristóteles, los autores de esta época se
inclinaron más hacia el modelo épico virgiliano. Posteriormente, en el Barroco, tal vez
por su carácter de ruptura con la tradición, los autores tuvieron un elevado nivel de
comprensión de la obra de Lucano, del mismo modo que los románticos y prerrománticos,

6
Codoñer (1997), pp. 435-436.
7
Von Albrecht (1999) p. 844.
8
Bickel (1982) p. 483.
9
Bickel (1982) p. 483.
10
H. Haffter, según Bickel (1982) p. 483.
11
Bickel (1982) p. 483.

6
como Víctor Hugo y Goethe. A causa del carácter criticista y positivista del siglo XIX, la
mayoría de los autores de esta época no tiene interés por Lucano e incluso algunos, como
Nisard, lo consideran como un símbolo de decadencia de la literatura romana. A pesar de
este desprecio general, en esta etapa comenzaron a elaborarse ediciones críticas y se
iniciaron investigaciones sobre la métrica y las fuentes históricas. Por último, en el siglo
XX, comenzó el análisis de la obra de Lucano desde la perspectiva poética. 12

La amplia difusión de este autor durante la Edad Media y la relevancia que se le


concedía en esta época dio lugar a más de 150 manuscritos totales y otros muchos
parciales de su Pharsalia. Los códices más antiguos que se nos han conservado son de
los siglos IX y X y se destacan los siguientes: Z = Parisinus Latinus 10.314; P = Parisinus
Latinus 7502; M = Montepessulanus H 113; V = Vossianus Latinus XIX q. 51; U =
Vossianus Latinus XIX f. 63; G = Gemblacensis-Bruxellensis 5330.13

En esta obra, Lucano se aleja de la épica tradicional, no solo mediante la supresión de


todos los elementos mitológicos, que no tienen lugar en la narración de unos hechos
históricos recientes, sino también en la ausencia de la función celebrativa de la epopeya,
que rompe completamente con la tradición virgiliana, como veremos en el episodio de
Ericto, que se expone a continuación.

2. TEXTO ORIGINAL

electum tandem traiecto gutture corpus


ducit, et inserto laqueis feralibus unco
per scopulos miserum trahitur per saxa cadaver
victurum, montisque cavi, quem tristis Erictho 640
damnarat sacris, alta sub rupe locatur.
haud procul a Ditis caecis depressa cavernis
in praeceps subsedit humus, quam pallida pronis
urguet silva comis et nullo vertice caelum
suspiciens Phoebo non pervia taxus opacat. 645
marcentes intus tenebrae pallensque sub antris

12
Holgado Redondo (1984) pp. 50-54.
13
Holgado Redondo (1984) pp. 50-55.

7
longa nocte situs numquam nisi carmine factum
lumen habet. non Taenariis sic faucibus aer
sedit iners, maestum mundi confine latentis
ac nostri, quo non metuant admittere manes 650
Tartarei reges. nam, quamvis Thessala vates
vim faciat fatis, dubium est, quod traxerit illuc
aspiciat Stygias an quod descenderit umbras.
discolor et vario furialis cultus amictu
induitur, voltusque aperitur crine remoto, 655
et coma vipereis substringitur horrida sertis.
ut pavidos iuvenis comites ipsumque trementem
conspicit exanimi defixum lumina voltu,
'ponite' ait 'trepida conceptos mente timores:
iam nova, iam vera reddetur vita figura, 660
ut quamvis pavidi possint audire loquentem.
si vero Stygiosque lacus ripamque sonantem
ignibus ostendam, si me praebente videri
Eumenides possint villosaque colla colubris
Cerberus excutiens et uincti terga gigantes, 665
quis timor, ignaui, metuentis cernere manes?'
pectora tum primum feruenti sanguine supplet
uolneribus laxata nouis taboque medullas
abluit et uirus large lunare ministrat.
huc quidquid fetu genuit natura sinistro 670
miscetur: non spuma canum quibus unda timori est,
uiscera non lyncis, non durae nodus hyaenae
defuit et cerui pastae serpente medullae,
non puppem retinens Euro tendente rudentis
in mediis echenais aquis oculique draconum 675
quaeque sonant feta tepefacta sub alite saxa,
non Arabum uolucer serpens innataque rubris
aequoribus custos pretiosae uipera conchae

8
aut uiuentis adhuc Libyci membrana cerastae
aut cinis Eoa positi phoenicis in ara. 680
quo postquam uiles et habentis nomina pestis
contulit, infando saturatas carmine frondis
et, quibus os dirum nascentibus inspuit, herbas
addidit et quidquid mundo dedit ipsa ueneni.
tum uox Lethaeos cunctis pollentior herbis 685
excantare deos confundit murmura primum
dissona et humanae multum discordia linguae.
latratus habet illa canum gemitusque luporum,
quod trepidus bubo, quod strix nocturna queruntur,
quod strident ululantque ferae, quod sibilat anguis; 690
exprimit et planctus inlisae cautibus undae
siluarumque sonum fractaeque tonitrua nubis:
tot rerum uox una fuit. mox cetera cantu
explicat Haemonio penetratque in Tartara lingua.
'Eumenides Stygiumque nefas Poenaeque nocentum 695
et Chaos innumeros auidum confundere mundos
et rector terrae, quem longa in saecula torquet
mors dilata deum; Styx et quos nulla meretur
Thessalis Elysios; caelum matremque perosa
Persephone, nostraeque Hecates pars ultima, per quam 700
manibus et mihi sunt tacitae commercia linguae,
ianitor et sedis laxae, qui uiscera saeuo
spargis nostra cani, repetitaque fila sorores
tracturae, tuque o flagrantis portitor undae,
iam lassate senex ad me redeuntibus umbris, 705
exaudite preces. si uos satis ore nefando
pollutoque uoco, si numquam haec carmina fibris
humanis ieiuna cano, si pectora plena
saepe deo laui calido prosecta cerebro,
si quisquis uestris caput extaque lancibus infans 710

9
inposuit uicturus erat, parete precanti.
non in Tartareo latitantem poscimus antro
adsuetamque diu tenebris, modo luce fugata
descendentem animam; primo pallentis hiatu
haeret adhuc Orci, licet has exaudiat herbas, 715
ad manes uentura semel. ducis omnia nato
Pompeiana canat nostri modo militis umbra,
si bene de uobis ciuilia bella merentur.'
haec ubi fata caput spumantiaque ora leuauit,
aspicit astantem proiecti corporis umbram, 720
exanimis artus inuisaque claustra timentem
carceris antiqui. pauet ire in pectus apertum
uisceraque et ruptas letali uolnere fibras.
a miser, extremum cui mortis munus inique
eripitur, non posse mori. miratur Erictho 725
has fatis licuisse moras, irataque morti
uerberat inmotum uiuo serpente cadauer,
perque cauas terrae, quas egit carmine, rimas
manibus inlatrat regnique silentia rumpit.
'Tisiphone uocisque meae secura Megaera, 730
non agitis saeuis Erebi per inane flagellis
infelicem animam? iam uos ego nomine uero
eliciam Stygiasque canes in luce superna
destituam; per busta sequar per funera custos,
expellam tumulis, abigam uos omnibus urnis. 735
teque deis, ad quos alio procedere uoltu
ficta soles, Hecate pallenti tabida forma,
ostendam faciemque Erebi mutare uetabo.
eloquar inmenso terrae sub pondere quae te
contineant, Hennaea, dapes, quo foedere maestum 740
regem noctis ames, quae te contagia passam
noluerit reuocare Ceres. tibi, pessime mundi

10
arbiter, inmittam ruptis Titana cauernis,
et subito feriere die. paretis, an ille
conpellandus erit, quo numquam terra uocato 745
non concussa tremit, qui Gorgona cernit apertam
uerberibusque suis trepidam castigat Erinyn,
indespecta tenet uobis qui Tartara, cuius
uos estis superi, Stygias qui perierat undas?'
protinus astrictus caluit cruor atraque fouit 750
uolnera et in uenas extremaque membra cucurrit.
percussae gelido trepidant sub pectore fibrae,
et noua desuetis subrepens uita medullis
miscetur morti. tunc omnis palpitat artus,
tenduntur nerui; nec se tellure cadauer 755
paulatim per membra leuat, terraque repulsum est
erectumque semel. distento lumina rictu
nudantur. nondum facies uiuentis in illo,
iam morientis erat: remanet pallorque rigorque,
et stupet inlatus mundo. set murmure nullo 760
ora astricta sonant: uox illi linguaque tantum
responsura datur. 'dic' inquit Thessala 'magna,
quod iubeo, mercede mihi; nam uera locutum
inmunem toto mundi praestabimus aeuo
artibus Haemoniis: tali tua membra sepulchro, 765
talibus exuram Stygio cum carmine siluis,
ut nullos cantata magos exaudiat umbra.
sit tanti uixisse iterum: nec uerba nec herbae
audebunt longae somnum tibi soluere Lethes
a me morte data. tripodas uatesque deorum 770
sors obscura decet: certus discedat, ab umbris
quisquis uera petit duraeque oracula mortis
fortis adit. ne parce, precor: da nomina rebus,
da loca; da uocem qua mecum fata loquantur.'

11
addidit et carmen, quo, quidquid consulit, umbram 775
scire dedit. maestum fletu manante cadauer
'tristia non equidem Parcarum stamina' dixit
'aspexi tacitae reuocatus ab aggere ripae;
quod tamen e cunctis mihi noscere contigit umbris
effera Romanos agitat discordia manes 780
inpiaque infernam ruperunt arma quietem;
Elysias Latii sedes ac Tartara maesta
diuersi liquere duces. quid fata pararent
hi fecere palam. tristis felicibus umbris
uoltus erat: uidi Decios natumque patremque, 785
lustrales bellis animas, flentemque Camillum
et Curios, Sullam de te, Fortuna, querentem;
deplorat Libycis perituram Scipio terris
infaustam subolem; maior Carthaginis hostis
non seruituri maeret Cato fata nepotis: 790
solum te, consul depulsis prime tyrannis
Brute, pias inter gaudentem uidimus umbras.
abruptis Catilina minax fractisque catenis
exultat Mariique truces nudique Cethegi;
uidi ego laetantis, popularia nomina, Drusos 795
legibus inmodicos ausosque ingentia Gracchos;
aeternis chalybis nodis et carcere Ditis
constrictae plausere manus, camposque piorum
poscit turba nocens. regni possessor inertis
pallentis aperit sedes, abruptaque saxa 800
asperat et durum uinclis adamanta, paratque
poenam uictori. refer haec solacia tecum,
o iuuenis, placido manes patremque domumque
expectare sinu regnique in parte serena
Pompeis seruare locum. nec gloria paruae 805
sollicitet uitae: ueniet quae misceat omnis

12
hora duces. properate mori, magnoque superbi
quamuis e paruis animo descendite bustis
et Romanorum manes calcate deorum.
quem tumulum Nili, quem Thybridis adluat unda 810
quaeritur, et ducibus tantum de funere pugna est.
tu fatum ne quaere tuum: cognoscere Parcae
me reticente dabunt; tibi certior omnia uates
ipse canet Siculis genitor Pompeius in aruis,
ille quoque incertus quo te uocet, unde repellat, 815
quas iubeat uitare plagas, quae sidera mundi.
Europam, miseri, Libyamque Asiamque timete:
distribuit tumulos uestris fortuna triumphis.
o miseranda domus, toto nil orbe uidebis
tutius Emathia.' sic postquam fata peregit, 820
stat uoltu maestus tacito mortemque reposcit.
carminibus magicis opus est herbisque, cadauer
ut cadat, et nequeunt animam sibi reddere fata
consumpto iam iure semel. tunc robore multo
extruit illa rogum; uenit defunctus ad ignes. 825
accensa iuuenem positum strue liquit Erictho
tandem passa mori, Sextoque ad castra parentis
it comes; et caelo lucis ducente colorem,
dum ferrent tutos intra tentoria gressus,
iussa tenere diem densas nox praestitit umbras. 830

3. TRADUCCIÓN

Al fin, lleva el cuerpo elegido por la garganta atravesada, y, con el gancho introducido
por los lazos funerarios, a través de rocas y peñascos es arrastrado el cadáver desgraciado
destinado a vivir 14, [640] y es colocado bajo el alto precipicio del monte hueco, que la

14
Literalmente «que va a vivir».

13
siniestra Ericto15 había condenado con sus ceremonias. Al descender no lejos de las
cavernas oscuras de Dite16, en el abismo se hunde la tierra, a la que un lívido bosque
empuja con los tallos inclinados, y con ninguna copa apuntando hacia el cielo, el tejo
inaccesible cubre a Febo 17 con su sombra. [645] Dentro, las tinieblas que debilitan y la
pálida herrumbre en el interior de las cavernas en la larga noche nunca tienen luz, si no
es con un hechizo. En las gargantas del Ténaro 18 no se asienta así inerte el aire, sombrío
confín entre el mundo oculto y el nuestro, [650] adonde los reyes del Tártaro 19 no temen
enviar a los manes20. Pues, aunque la adivina tesalia ejerza violencia sobre los hados, es
dudoso, si observa las sombras estigias por haberlas llevado allí o por haber descendido.
Viste el manto de la indumentaria de las furias 21 de varios colores y tachonado, [655] y
pone su rostro al descubierto, apartando su cabello, y ata su cabellera erizada con
guirnaldas de víboras. Cuando contempla a los jóvenes compañeros temerosos y a este
estremeciéndose, hundido su ojo en su rostro exánime, dice “deponed los temores que
contraéis en el corazón inquieto: [660] ya nueva vida, ya auténtica forma se le devolverá,
para que aterrorizados puedan escucharle hablar. Pero si yo mostrase las aguas estigias y
la orilla crepitante en llamas, si en mi presencia 22 pudieseis ver a las Euménides23 y a
Cerbero24 sacudiendo el cuello velludo de culebras, [665] y a los gigantes25 atados por
sus espaldas, ¿qué temor, cobardes, sentís por ver a los temerosos manes?” Entonces,
primeramente, llena los pechos con sangre ardiente tras abrirlos con nuevas heridas y lava
las médulas de pus y le suministra veneno lunar abundantemente. [670] Aquí se mezcla

15
Bruja de Tesalia que practica ritos de nigromancia y a la que acude Sexto Pompeyo en este pasaje para
consultar su destino, así como el de su padre, en la guerra civil.
16
Según Grimal (1989) pp. 142, 436, dios romano del mundo subterráneo, considerado padre de las
riquezas, que se asimiló a Plutón, sobrenombre del dios griego Hades que empleaban los romanos en
contextos rituales.
17
Según Grimal (1989) p. 195, nombre con el que identifica en latín a Apolo, el dios del sol; en este verso,
Febo no es más que el nombre que emplea el autor para referirse al sol, que es cubierto por el árbol de tejo.
18
Cabo de la región de Laconia, hoy en día conocido también como Matapán. En la parte occidental de este
cabo hay una zona rocosa en la que se halla la caverna a través de la cual se descendía al mundo subterráneo
según el mito.
19
Según Grimal (1989) p. 493, región situada por debajo del mundo subterráneo del Hades, considerado el
lugar más profundo del subsuelo.
20
Según Grimal (1989) p. 332, nombre con el que identifican los romanos a las almas de los muertos.
21
Según Grimal (1989) p. 208, demonios infernales que se asimilaron a las Erinias griegas.
22
Literalmente «estando yo presente».
23
Según Grimal (1989) p. 169, nombre con el significado de «Benévolas» que reciben como eufemismo
las Erinias, Alecto, Tisífone y Megera. Son divinidades violentas y primitivas que no reconocen la autoridad
de los dioses.
24
Según Grimal (1989) p. 97, monstruo con el aspecto de un cánido de tres cabezas que custodia el reino
de los muertos y asegura sus puertas, determinando así la entrada y la salida de los mortales.
25
Según Grimal (1989) p. 214, hijos de la Tierra que, de acuerdo con el mito, pueden morir, a condición
de que le maten al mismo tiempo un dios y un mortal; de este modo son derrotados por los dioses en la
Gigantomaquia.

14
todo lo que engendra la naturaleza en un parto funesto: no faltaron ni la espuma de los
perros, que temen al agua26, ni las vísceras del lince, ni la vértebra de la temible hiena, ni
la médula del ciervo alimentado de serpiente, ni la rémora que retiene la nave al tensar el
Euro27 las escotas en medio de las aguas, [675] ni los ojos de los dragones, ni las piedras
que suenan calentadas bajo la prole alimentada, ni la serpiente voladora de los árabes, ni
la víbora nacida en el Mar Rojo protectora de la concha preciosa, ni la piel todavía en
vivo de la cerasta líbica, [680] ni la ceniza del fénix colocada en un altar de oriente.
Después de que hubo juntado las pestes vulgares que tienen nombre, añadió las frondas
alimentadas con un hechizo abominable y las hierbas, a las que su boca temible escupió
cuando nacían, y todos los venenos que ella misma dio al mundo. [685] Entonces su voz,
más poderosa que todas las hierbas para invocar a los dioses del río Leteo, primero
confunde murmullos disonantes y muy distintos de la lengua humana. Aquella tiene los
ladridos de los perros y los quejidos de los lobos, los quejidos del búho temeroso y el
murciélago nocturno28, [690] los gritos y aullidos de las fieras29, los silbidos de la
serpiente30; y pronuncia el llanto de la ola que choca contra las rocas y el sonido de los
bosques y los truenos de la nube al romperse: todos estos sonidos se convirtieron en una
sola voz31. Después, expone el resto en su canto hemonio y penetra en el Tártaro con su
lengua. [695] “Euménides, sacrilegio de la Estigia32 y Castigos de los culpables y Caos
ávido de confundir innumerables mundos y gobernador de la tierra, a quien desde hace
largos siglos tortura la muerte aplazada de los dioses33; la Estigia y a los que ninguna
Tesalia merece, los Elíseos34; [700] Perséfone35, que detesta al cielo y a su madre, y la
última parte de nuestra Hécate36, por la que los manes y yo tenemos negocios de lengua

26
Literalmente «a la ola». Se refiere a los perros rabiosos, que pueden sufrir hidrofobia.
27
Según Grimal (1989) p. 188, viento del Sudoeste.
28
Literalmente «lo que se quejan el búho temeroso y el murciélago nocturno».
29
Literalmente «lo que gritan y aúllan las fieras».
30
Literalmente «lo que silba la serpiente».
31
Literalmente «todo de estas cosas fue una sola voz».
32
Según Grimal (1989) p. 178, río del mundo infernal cuyas aguas poseían propiedades mágicas. En este
río, Tetis sumergió a su hijo Aquiles para hacerlo invulnerable. Además, servía a los dioses para pronunciar
un juramento solemne.
33
Se refiere a Plutón (nota 16).
34
Según la Enciclopedia Virgiliana Vol. 2 p. 200, lugar de reposo en el más allá para las almas piadosas.
35
Según Grimal (1989) p. 425, diosa de los infiernos, esposa de Plutón. En el mundo romano se la suele
mencionar con el nombre de Proserpina.
36
Según Grimal (1989) p. 225, diosa afín a Artemisa que no tiene un recorrido mitológico, sino que es
reconocida principalmente por las funciones y los elementos que se le atribuyen. La «pars ultima» a la que
se alude se debe a que Hécate era la tercera parte de una misma diosa; Hécate representaba la parte infernal
de la diosa, mientras Diana la parte terrestre y Luna la parte celestial.

15
silenciosa, y el portero de una amplia residencia 37, que nuestras vísceras arrojas al rabioso
perro, y las hermanas que habéis de tirar del hilo de nuevo 38, y tú, oh, barquero de olas
ardientes39, [705] anciano ya cansado por las sombras que regresan a mí, escuchad
atentamente mis súplicas, si a vosotros os invoco con una boca suficientemente impía e
impura, si nunca os canto estos hechizos hambrienta de entrañas humanas, si lavé a
menudo los abiertos pechos llenos del dios con un cerebro caliente, [710] si cualquier
niño que iba a vivir os colocó a vosotros la cabeza y las vísceras en los platos, obedeced
mi súplica. No exigimos un alma escondida en la gruta del Tártaro y acostumbrada largo
tiempo a las tinieblas, solo el alma que desciende al abandonar la luz; en la primera grieta
del pálido Orco40 permanece todavía, [715] aunque a estas hierbas escuche, llegará a los
manes de una vez. Que al hijo del general todo lo cante la sombra pompeyana de un
soldado nuestro41 solo si las guerras civiles merecen vuestro favor42.” Dicho esto, cuando
levantó la cabeza y la boca espumante, [720] vio en pie a la sombra del cuerpo tendido,
temiendo a los miembros exánimes y a las odiosas cadenas de la antigua prisión. Teme ir
hacia el pecho abierto y las vísceras y las entrañas hechas pedazos por una herida letal.
Ay, desgraciado, a quien le es arrebatado el último favor de la muerte, no poder morir.
[725] Ericto se asombra de que estas demoras les estén permitidas a los destinos, e irritada
con la muerte azota el cadáver inmóvil con una serpiente viva, y por los profundos surcos
de la tierra que hizo con el hechizo, a los manes ladra y rompe los silencios del reino.
[730] “Tisífone y Megera43, indiferente a mi voz, ¿no conducís al alma infeliz por el vacío
del Erebo44 con crueles latigazos? Ahora yo os evocaré a vosotras por vuestro verdadero
nombre y, perras de la Estigia 45, os abandonaré en la luz de lo alto; por sepulcros y por

37
Puede tratarse de Hermes o, como se le conoce en el mundo romano, Mercurio, que según Grimal (1989)
pp. 261-262, se encargaba de acompañar al inframundo a las almas de los difuntos, por lo que se le atribuía
el sobrenombre de Psicopompo, «Acompañante de las almas»; sin embargo, también puede tratarse de Éaco
que, como indica González Serrano (1999) p. 16, era uno de los tres jueces del inframundo y en ocasiones
era degradado a la función de portero.
38
Se refiere a las Parcas, que según Grimal (1989) p. 407, eran divinidades del destino, asimiladas a las
Moiras griegas. En esta ocasión, se ven obligadas a hilar por segunda vez la vida del cadáver resucitado por
la magia de Ericto.
39
Se refiere a Caronte, que Según Grimal (1989) p. 89, es un genio del inframundo que se encarga de llevar
a las almas en su barca, a través de del río Aqueronte, hasta la orilla opuesta, a cambio de un óbolo como
recompensa por el servicio.
40
Según Grimal (1989) p. 389, el demonio de la muerte, comúnmente identificado como el propio
inframundo, asimilado a la figura de Plutón; en este caso, Lucano se refiere al mundo de los muertos.
41
Que hace poco pertenecía a los vivos; es decir, que ha fallecido recientemente.
42
Literalmente «favorablemente de vosotros».
43
Dos de las Euménides (nota 23).
44
Según Grimal (1989) p. 165, nombre que reciben las Tinieblas infernales.
45
Este nombre «verdadero» se emplea para acceder al poder de los dioses que son nombrados y solo lo
conocen los iniciados en los ritos. Estas «perras de la Estigia» son las Euménides (nota 23), que, con este
sobrenombre, que significa «Bondadosas», al nombrarlas, según Grimal (1989) p. 169, eran aduladas y se

16
funerales os seguiré vigilante, [735] os expulsaré de los túmulos, os echaré fuera de todas
las urnas. Y a ti, Hécate corrompida con pálida figura, te exhibiré ante los dioses, a los
que con otro aspecto sueles presentarte falsa, e impediré que cambies tu apariencia del
Erebo. Expondré los festines que bajo el inmenso peso de la tierra te retienen, Hennea46,
[740] mediante qué pacto al sombrío rey de la noche amas, por qué contagios que
soportaste Ceres47 no quiso volver a llamarte. Para ti, el peor rey del mundo 48, enviaré a
Titán49 al abrir las cavernas, y serás golpeado por el repentino día. ¿Obedecéis? ¿O habrá
de ser obligado aquel, [745] a quien, invocado, la tierra nunca deja de temblar,
estremecida, quien a la Gorgona 50 ve descubierta y con sus látigos castiga a Erinis 51,
inquieta, quien posee el Tártaro que no veis desde arriba, a quien vosotros sois superiores,
quien perjura por las olas de la Estigia52?” [750] Sin interrupción calentó la sangre
coagulada y templó las negras heridas y corrió en las venas hacia los últimos miembros.
Las entrañas que han sido golpeadas bajo el pecho helado tiemblan, y la nueva vida que
se desliza debajo de las médulas desacostumbradas se mezcla con la muerte. Entonces,
todas las extremidades palpitan, se tensan los nervios; [755] y el cadáver en la tierra no
se levanta poco a poco, desde la tierra fue rechazado y se levantó de una vez. Al estirar la
comisura, se muestran los ojos. Aquel todavía no tiene el aspecto de un vivo 53, ya tiene
el de un moribundo. Permanecen la palidez y la rigidez, y queda atónito al ser llevado al
mundo. [760] Pero ningún murmullo emiten sus bocas cerradas54: voz y lengua le dan a
aquel solamente para responder. “Dime” dijo la tesalia, “por una gran recompensa, lo que
te ordeno; pues al decir la verdad te aseguraremos inmune a las artes hemonias por toda
la eternidad: [765] tus miembros en tal sepulcro quemaré con tales arbustos con un canto
estigio, para que tu sombra no escuche encantada a ningún mago. Que sea tanto por vivir
por segunda vez: ni las palabras ni las hierbas se atreverán a interrumpirte a ti el sueño

soslaya su terrible cólera en caso de emplear un nombre odioso para referirse a ellas, como hace Ericto en
este episodio.
46
Se refiere a Perséfone, que, según Grimal (1989) p. 425, fue raptada mientras cogía flores en las llanuras
del Henna, un río que hoy se conoce con el nombre de Enna, en Sicilia.
47
Nombre romano de la diosa griega Deméter, a la que es asimilada y que, según Grimal (1989) p. 131,
Deméter es la diosa maternal de la tierra y madre de Perséfone (nota 22).
48
Se refiere a Dite (nota 16), el rey del peor de los tres mundos repartidos, el mundo de los muertos.
49
Según Nieto Ibáñez (1991) p. 100, uno de los titanes, hijo de Urano y Gea.
50
Según Grimal (1989) p. 217, aunque existían tres Gorgonas, Esteno, Euríale y Medusa, suele emplearse
el nombre de Gorgona para referir a esta última, que posee una mirada capaz de petrificar a todo aquel que
la mirase a los ojos.
51
Se refiere a Deméter (nota 47), que, según Dietrich (1962) p. 129, tras la violación de Poseidón, cedió
finalmente y se bañó en el río Ladón, por lo que recibió dos nombres, Erinis y Lusia.
52
Resulta difícil determinar quién es esta deidad suprema que se halla por encima de todas las demás.
53
Literalmente «no hay en él el aspecto de un vivo».
54
Literalmente «sus bocas cerradas suenan con ningún murmullo».

17
del largo Leteo55 cuando yo te dé muerte56. [770] A los oráculos57 y a los adivinos de los
dioses les conviene la profecía oscura: que se aleje con certeza, quien pide la verdad de
las sombras y acude valiente a los oráculos de la inflexible muerte. No seas parco, te lo
ruego: da nombres a las cosas, da lugares, da una voz por la que conmigo los hados
hablen.” [775] Añadió también un canto, por el que, cualquier cosa que le preguntase, se
le concediese saberlo a la sombra. Apesadumbrado, llorando58, el cadáver dijo
“Ciertamente no he vuelto a ver los siniestros hilos de las Parcas59 al haber regresado al
hacinamiento de la orilla tácita; sin embargo, por lo que he alcanzado a conocer60 de todas
las sombras, [780] una discordia salvaje agita a los manes romanos y unas armas impías
han roto la tranquilidad infernal; los generales del Lacio, separados, abandonaron las
casas elíseas y el Tártaro afligido. Lo que los destinos preparaban estos lo hicieron
público. Las sombras felices tenían triste rostro: [785] vi a los Decios 61, hijo y padre,
almas expiatorias para las guerras, y a Camilo 62 llorando y a los Curios63, y a Sila64
quejándose de ti, Fortuna; Escipión65 llora por la funesta descendencia que va a morir en
tierras de Libia; un enemigo mayor de Cartago, [790] Catón66, lamenta los destinos de su
nieto que no está destinado a ser esclavo67: solo a ti, el primer cónsul tras ser expulsados

55
Según Grimal (1989) p. 315, el Olvido, o, en este caso, una fuente con su nombre, situada en el
inframundo, de la que bebían los muertos para olvidar su vida en la tierra de los mortales.
56
Literalmente «dada la muerte por mí».
57
Literalmente «trípodes», metonimia por «oráculos», puesto que en el de Delfos había un trípode para
realizar ciertos ritos.
58
Literalmente «manando la lágrima».
59
Las Parcas (nota 38).
60
Literalmente «por lo que ha alcanzado a conocer para mí».
61
Según el Oxford Classical Dictionary (a partir de ahora citado como OCD, 1949) p. 257, ambos, padre e
hijo, sirvieron como sacrificio en sus respectivas guerras. La aposición de «lustrales bellis animas» a los
Decios refiere a que ambos se entregaron sus vidas como expiación durante la guerra, buscando así
conseguir el favor de los dioses para que la ciudad de Roma se alzase con la victoria. Los dos se llamaban
Publio Decio Mus; el primero de ellos se ofreció en la guerra latina, en el 341 a.C., mientras que el segundo
en la guerra samnítica, en el 296 a.C.
62
Según el OCD (1949) p. 161, Marco Furio Camilo fue el salvador y segundo fundador de Roma tras la
invasión de los Galos.
63
Entre los Curios destaca Manio Curio Dentato, que según el OCD (1949) p. 270, conquistó a los Sabinos,
Senones, Pirros y Lucanos tras salir victorioso de la Guerra Samnítica en el 290 a.C. Se destacan
notablemente sus acciones en la guerra mencionada y su victoria sobre los Pirros.
64
Según el OCD (1949) pp. 866-867, Lucio Cornelio Sila fue un político optimate y uno de los dos grandes
protagonistas en la guerra civil de la República romana junto a Mario.
65
Se desconoce si Lucano se refiere a Escipión el Mayor, quien venció a Aníbal en Zama, o Escipión el
Menor, que destruyó Cartago según el OCD (1949) pp. 815-816. Bien sea uno u otro, Escipión llora por su
descendencia, en concreto, por Metelo Escipión, suegro de Pompeyo, que muere en África tras la batalla
de Tapso.
66
Se refiere al nieto de Catón el Viejo, conocido este Catón por ser el «mayor enemigo de Cartago». Este
nieto se suicidó en Útica tras la contienda, como indica el OCD (1949) pp- 173-174.
67
Literalmente «no va a servir».

18
los tiranos, Bruto68, te vimos alegre entre las sombras piadosas. Rotas y quebradas las
cadenas, el amenazador Catilina 69 y los fieros Marios70 y los Cetegos71 desnudos se
regocijan; [795] vi alegrándose a los nombres populares, a los Drusos 72 desmesurados en
las leyes y a los Gracos73 excesivamente osados; las manos sujetas por los eternos nudos
de acero y por la cárcel de Dite aplaudieron, y la turba de criminales reclama los campos
de los piadosos. El poseedor del reino inerte abre pálidas moradas [800] y afila abruptas
rocas y duro acero para las cadenas, y prepara el castigo para el vencedor. Lleva este
alivio contigo, oh joven, los manes esperan al padre y a la casa en una plácida hondonada
y guardan un lugar a los Pompeyos en la parte serena del reino. [805] Y que no te preocupe
la gloria de una vida breve: vendrá la hora que mezcle a todos los generales. Apresuraos
a morir, y soberbios por el gran espíritu, aunque desde pequeñas tumbas, descended y
pisotead a los manes de los dioses romanos. [810] Se pregunta qué túmulo bañará la ola
del Nilo, cuál la del Tíber, y la lucha que mantienen los generales solo es sobre el funeral.
Y no preguntes tu destino: las Parcas te lo darán a conocer cuando yo me calle; tu propio
padre, Pompeyo 74, un adivino más certero, lo profetizará todo en los campos de Sicilia 75,
[815] aquel tampoco sabe76 adónde llevarte, de dónde alejarte, qué regiones ordenarte que
evites, qué estrellas del mundo. Temed a Europa, desgraciados, y a Libia y a Asia: la
fortuna ha distribuido los túmulos por vuestros triunfos. Oh, casa digna de lástima, nada
en toda la tierra verás más protegido que Ematia 77.” [820] Después de que así explicó los

68
Como indica el autor, solo él «solum te», entre todas las «pias umbras» que ha mencionado, se ve alegre
a pesar de la decadencia de Roma. Esto se debe a que uno de sus descendientes, Marco Junio Bruto, será el
asesino de César, según el OCD (1949), p. 148.
69
Según el OCD (1949) p. 173, Catilina fue lugarteniente de Sila (nota 51) en la guerra civil y,
posteriormente, al no acceder al consulado, inició una conspiración que se conoce comúnmente como la
Conjura de Catilina.
70
Según el OCD (1949) p. 538, Gayo Mario fue un político popular y uno de los dos grandes protagonistas
en la guerra civil de la República romana junto a Sila.
71
Según el OCD (1949) p. 182, Gayo Cornelio Cetego fue un senador romano que conspiró junto a Catilina
y le fue encargado el asesinato de los senadores gobernantes. Respecto al término «nudi» que los acompaña,
los Commenta Bernensia afirman: «Cetego consideró distintivo permanente de su familia, como una
especie de sacerdocio, el ir los días de fiesta con el hombro desnudo.», de acuerdo a Holgado Redondo
(1984) p. 131.
72
Según el OCD (1949) pp. 301-302, Marco Livio Druso luchó por la concesión de la ciudadanía romana
a todos los aliados de Italia.
73
Según el OCD (1949) pp. 392-393, Tiberio y Cayo Sempronio Graco propusieron leyes que suponían
profundos cambios sociales destinados a la ayuda de la plebe.
74
Según el OCD (1949) pp. 714-715, Gneo Pompeyo Magno fue un político optimate que se enfrentó a
César durante la guerra civil y que fue asesinado durante la misma. Es el padre de Sexto Pompeyo, uno de
los protagonistas de este episodio.
75
No existe un episodio en la Pharsalia en el que Pompeyo ejerza como adivino en los campos de Sicilia,
por lo que se desconoce a qué se refiere Lucano con este verso
76
Literalmente «también se halla sin certeza».
77
Actual Emacia.

19
hados, permanece de pie, apesadumbrado, con un rostro tácito, y reclama la muerte. Se
necesitan hierbas y cantos mágicos para que el cadáver caiga, y los hados no pueden
restituir su alma al haber agotado ya su derecho una vez. Entonces, aquella levanta una
hoguera con muchos robles; [825] viene el difunto a los fuegos. Ericto deja al joven en el
encendido montón, consintiendo que muera por fin, y con Sexto acude el compañero al
campamento del padre; y al tomar el cielo el color de la luz, mientras llevaban a todos, al
dirigirse dentro de las tiendas, con la orden de retener el día, [830] la noche les aseguró
densas sombras.

4. COMENTARIO DEL EPISODIO

Este episodio se sitúa entre los versos 637-830 del libro VI de la Pharsalia. En los
libros previos, se ha expuesto la situación de Roma, en la que se ha iniciado un conflicto,
como el que tuvieron antaño Mario y Sila, entre César y Pompeyo, cuyas consecuencias
pueden ser devastadoras para la ciudad de Roma. Tras la huida de Pompeyo, tienen lugar
ciertas distensiones, pero ninguna concluyente. Ante esta situación crítica, surge la
incertidumbre respecto al futuro de esta disputa; por este motivo, abundan los presagios
a lo largo de la obra. En este caso, Sexto, el hijo de Pompeyo, acude a Ericto, una maga
tesalia, con el fin de que esta le revele el futuro, tarea que cumple a través de un ritual de
nigromancia. Esta escena se ubica antes de la batalla decisiva que da nombre a la obra y,
por tanto, sirve de preludio antes del clímax del combate; poco después de este episodio,
ocurre la traición de Ptolomeo y el consecuente asesinato de Pompeyo, cuya cabeza
muestran a César cuando este llega al lugar. A continuación, durante la visita de César a
Alejandría, la ciudad se subleva contra él y el libro deja inconclusa esta situación. 78

La posición de este episodio en el libro VI no es casualidad, pues Lucano busca la


coincidencia con el descenso a los infiernos de Eneas que tiene lugar en el libro VI de la
Eneida de Virgilio; no obstante, mientras en la Eneida el héroe descubre la relevancia de
su viaje, en la Pharsalia la revelación del futuro ofrece una visión negativa de la
resolución del conflicto, con la victoria de César y la derrota de Pompeyo. Ericto, por
petición de Sexto, devuelve a la vida a un soldado fallecido recientemente para que este
vaticine la ruina de los optimates. Este episodio se inserta en un contexto de mántica y

78
Codoñer (1997) p. 436.

20
profecía, pero contiene además una importante carga política que está presente a lo largo
de toda la obra.

Comienza el pasaje con una breve introducción en la que se presenta el cadáver y se


procede con el descenso a los infiernos junto a una descripción de los mismos. Después
de que Ericto calme a Sexto y sus compañeros, que están inquietos, se dispone a ejecutar
el ritual necromántico, que constituye uno de los dos grandes ejes del pasaje. En este
ritual, se exponen los ingredientes que emplea la bruja, el proceso que sigue con el cuerpo
y la invocación a los dioses infernales, que se detiene momentáneamente cuando Ericto
se irrita por la demora del destino, y prosigue a continuación. Entonces tiene lugar la
resurrección del cadáver y, después de que Ericto lo consulte y le encante para que tenga
conocimientos sobre el futuro, el cuerpo, ahora con vida, expone su vaticinio, que supone
el segundo eje sobre el que gira este episodio. Entre sus palabras aparecen las diversas
figuras de distinguidos personajes romanos y, finalmente, profetiza la derrota de los
pompeyanos. Concluye en los últimos versos del libro, cuando, recibidas estas noticias,
Ericto concede la muerte de nuevo al cadáver y Sexto regresa junto a sus compañeros al
campamento de su padre.

Este episodio se caracteriza por una gran variedad de localizaciones, tanto en el


mundo infernal, como en la tierra de los mortales, por la abundancia de descripciones
grotescas, especialmente en el proceso del ritual nigromántico, y por el amplio catálogo
de personajes que son aludidos. Aparecen dos repertorios de personajes; por un lado, a lo
largo del ritual se invocan a las diversas deidades infernales; por otro lado, en el final del
pasaje se establece una enumeración de distintas personalidades romanas, claramente
divididas en dos secciones, una primera mitad de personajes que Lucano juzga como
«buenos», desde los Decios hasta Bruto, entristecidos por la situación de Roma, salvo
este último, que se regocija en el futuro asesinato de César a manos de uno de los suyos,
y una segunda mitad que juzga como «malos», desde Catilina hasta los Gracos. No
obstante, esta distinción, más que moralizante, contiene una carga política absoluta;
Lucano, como aristócrata, tiende a favorecer el bando de los optimates y a desprestigiar
el de los populares, tal y como hace con las figuras de Pompeyo y César a lo largo de toda

21
la obra, que se refleja en este episodio, por ejemplo, en el castigo que depara al popular
«paratque poenam uictori»79 y el elogio al optimate como «certior uates»80.

Mediante estas alusiones, Lucano establece unos «exempla virtutis» para los romanos,
un catálogo de modelos que representan las virtudes de los ciudadanos y un listado de
personas cuyas acciones no se deben imitar, pues son inmorales o indignas desde la
perspectiva del autor.

Por otra parte, son tres los personajes que participan directamente en este encuentro,
Sexto, Ericto y el cadáver reanimado.

Del cadáver reanimado apenas tenemos información; Lucano no aporta ninguna


identidad y únicamente se explica que se trata de un soldado pompeyano fallecido
recientemente. Respecto al mito del descenso a los infiernos, este cuerpo resucitado
cumple la función que llevaban a cabo los adivinos en la tradición épica anterior, aunque
sus vaticinios son siniestros y carentes de gloria.

En cuanto a Sexto Pompeyo Magno Pío, uno de los hijos de Pompeyo, quien acude a
la bruja Ericto en busca de un vaticinio, apoya a su padre durante la guerra civil contra
César y, a diferencia de este, consigue sobrevivir al conflicto. Después de la resolución
de esta contienda, se inicia una campaña contra Marco Antonio por parte de Augusto.
Sexto mueve su ejército y su flota a Massilia, donde recibe a una delegación del Senado
que demanda su ayuda contra Antonio en Mutina. Entretanto, Cicerón se ofrece a
nominarlo entre los augures, ocupando el lugar de su padre; no obstante, su oposición al
segundo triunvirato le causa numerosos problemas y, poco después, Octavio lo incluye
en la condena de los asesinos de César y, finalmente, introducen su nombre en la lista de
proscritos. Muere ejecutado en Mileto, después de ser capturado.81

Durante el vaticinio de este episodio, se revela el destino que depara a la estirpe de


Pompeyo:

«Europam, miseri, Libyamque Asiamque timete: distribuit tumulos uestris fortuna


triumphis»82

79
vv. 801-802.
80
v. 813.
81
Shannon Broughton (1952) pp. 348-349.
82
vv. 817-818.

22
La profecía es correcta, pues el padre muere en África al ser traicionado por Ptolomeo,
pero los dos hijos mueren en otros dos continentes distintos; Gneo Pompeyo muere en
Europa, en la batalla de Munda, y Sexto Pompeyo es ejecutado en Asia. 83

Por último, la gran protagonista de este episodio es la bruja Ericto. Se trata de una
bruja de Tesalia de aspecto repugnante, así como su ritual mágico, que podría calificarse
de grotesco y abominable. A través de la obra de Lucano, observamos una imagen de la
hechicera completamente horrenda, una apariencia que se habría consolidado a partir del
siglo I d.C. No se trata de la única bruja de Tesalia que aparece en la literatura latina, pues
encontramos a la hechicera Pánfila en la novela de Apuleyo, El asno de oro.84 Ya los
autores griegos en época clásica y, más tarde, los romanos veían Tesalia como la cuna de
la hechicería, los rituales mágicos y la brujería. Ericto y Pánfila no son más que unos
diseños previos de hechiceras tesalias que Lucano y Apuleyo remodelaron y reinventaron
para adaptarlas a la literatura de su periodo.

Ericto posee un amplio repertorio de prácticas mágicas y hazañas sobrenaturales que


comparte con las hechiceras tesalias, como la predicción del futuro a través de la
manipulación de elementos tales como la tierra, el aire o el agua; no obstante, los poderes
de estas magas están subordinados al destino. Cuando Sexto acude a ella para vaticinar el
final de la guerra, a la horrenda bruja Ericto, en lugar de buscar el oráculo de algún
adivino, y Ericto se convierte en un personaje fundamental en el episodio. Sexto y Ericto,
ambos, son marginados a los ojos de Roma; por una parte, Sexto es rechazado por la gran
mayoría de las fuerzas romanas por ofrecer su ayuda a su padre en la guerra, mientras que
Ericto es marginada por su abominable aspecto y los grotescos y temibles rituales que
lleva a cabo. La bruja inicia un ritual de nigromancia para vaticinar el futuro, lo que
concluye con la grotesca resurrección de un cadáver a través del cual se transmite el
oráculo. Los autores sabían de estas prácticas y se inspiraban en sus obras literarias para
explicar sus ritos85. La mayor parte de la tradición literaria de este personaje es legada por
su aparición en este episodio.

5. CATÁBASIS EN LUCANO Y OTROS AUTORES

83
Holgado Redondo (1984) p. 281.
84
Clark (2013) pp. 1-4.
85
Enciclopedia Virgiliana Vol. 3 p. 683.

23
5. 1. CATÁBASIS

Entendemos por «Catábasis» el descenso al mundo infernal; por otro lado, su


contraparte es la Anábasis, la posterior huida del mismo 86. Existe un tercer término,
«Nekya»87, que representa el viaje al Hades en la literatura griega.

En la mayoría de las culturas del mundo, se ha tratado de lidiar con el vacío que deja
la muerte de una persona en la propia existencia del ser humano y, con el fin de ofrecer
una respuesta, se han creado rituales funerarios que aseguran la vida eterna del alma. El
propósito de estos ritos es, principalmente, evitar que los cadáveres puedan provocar
problemas de salud a las personas que permanecen vivas, así como presentar honores a
los difuntos y aplacar la furia de los espíritus. A causa de estos motivos tan básicos para
el ser humano, esta tradición se halla en la mayoría de las civilizaciones del mundo. El
mundo de los muertos se relaciona con el onírico, puesto que ambos comparten ese
carácter misterioso y desconocido para los mortales, y las profecías y los sueños se unen,
como se puede apreciar en diversos episodios de determinadas obras literarias de la
tradición grecolatina.

Asegurar la eternidad de las almas implica que estas permanecen en algún lugar y,
por tanto, tienden a crearse lugares de acogida para las almas que viajan al más allá.
Puesto que los cadáveres son enterrados en la cultura grecolatina, se adopta el concepto
de «Infernus»88, un mundo inferior al que viajan las almas, el hemisferio terrestre que se
halla opuesto al hemisferio celeste89. Este mundo inferior se divide, comúnmente, en tres
sectores distintos; en primer lugar, los Campos Elíseos o las Islas de los Afortunados, que
constituyen el paraíso, adonde llegan las almas más dignas y piadosas, situados más allá
del palacio de Dite90; en segundo lugar, el Hades y, en concreto, los Campos Asfódelos,
donde moran las almas olvidadas, un punto intermedio en el que las almas que no son lo
suficientemente dignas viven una vida triste; en tercer y último lugar, el Tártaro, una
prisión infernal para aquellos criminales que merecen un castigo en el más allá. Este
último formaba parte de la concepción cosmológica de Homero y Hesíodo y su
supervivencia en obras como la de Virgilio plantean problemas de topografía infernal91.

86
González Serrano (1999) p. 1.
87
González Serrano (1999) p. 21.
88
González Serrano (1999) p. 2.
89
Enciclopedia Virgiliana Vol. 2 p. 954.
90
Enciclopedia Virgiliana Vol. 2 p. 200.
91
Enciclopedia Virgiliana Vol. V* p. 46.

24
Muchos de los célebres héroes griegos han descendido a los infiernos en sus viajes y
han regresado al mundo de los vivos. Entre ellos, Teseo, que descendió al reino de los
muertos junto a Pirítoo con la meta de secuestrar a Perséfone para que este último pudiese
casarse con ella. También Heracles, en el último de sus doce trabajos, cuando tuvo que
sacar a Cerbero de los infiernos. Otro de estos héroes fue Orfeo, que viajó al Hades para
rescatar a Eurídice, sin éxito. Del mismo modo, Odiseo y Eneas viajaron al subsuelo para
consultar el futuro.

Para acceder al mundo infernal, se debían penetrar profundas grutas, como la del
Trecén o la del Ténaro; este último es mencionado en el episodio de Ericto:

«non Taenariis sic faucibus aer sedit iners»92

Tras fallecer, queda una sombra de la persona, como las «umbrae» que aparecen a lo
largo de la escena nigromántica, y esta es llevada hasta el Hades por Hermes Psicopompo;
este epíteto significa «el que guía a las almas». A continuación, las almas atraviesan la
laguna Estigia, también mencionada en el ritual, o el río Aqueronte, mediante la barca de
Caronte. Estas dos masas de agua, la Estigia y el Aqueronte, son los confines que separan
el mundo de los vivos y el de los muertos. Después se accede a la llanura de los asfódelos,
donde, como se ha mencionado previamente, las almas viven una vida triste.

Existen tres jueces que rigen el inframundo; el primero de ellos es Minos, que se
ocupa de las querellas entre los muertos, aunque después es considerado el juez supremo
que dictamina el destino final de las almas; el segundo de ellos es Radamantis, que se
encarga de los Campos Elíseos, aunque en la obra de Virgilio es juez del Hades; el tercero
y último de ellos es Éaco, aunque en ocasiones es considerado un simple portero.

Otro río del mundo infernal es el Leteo, del que debían beber las almas que iban a
volver a la vida mediante otro cuerpo para olvidar su pasado antes de regresar a la tierra
de los mortales. Este río también es mencionado en el episodio:

«tum uox Lethaeos cunctis pollentior herbis excantare deos»93

La catábasis es un tema recurrente en la épica, que guarda estrecha relación con la


nigromancia; esta no solo forma parte de la tradición épica, sino que también constituía
una práctica ridiculizada en la sociedad romana y se percibía como una actividad marginal

92
vv. 648-649.
93
vv. 685-686.

25
y antisocial. Además, esta tradición funeraria se oscureció y se volvió más siniestra tras
integrarse en las culturas etrusca y romana.

En el texto de Lucano, la catábasis es llevada a cabo por la bruja Ericto para recuperar
el alma del soldado pompeyano fallecido y devolverle a la vida.

5.2. CATÁBASIS EN HOMERO

Homero es la primera fuente literaria de la cultura griega en la que encontramos un


proceso de catábasis; en este caso, Odiseo viaja al inframundo por consejo de la maga
Circe para consultar al adivino Tiresias. En primer lugar, llama la atención que en ambos
casos tiene lugar la intervención de una hechicera, que guía al héroe hacia el vaticinio:

¡Oh Laertíada, retoño de Zeus, Ulises mañero!


A disgusto no habréis de seguir en mi casa, mas fuerza
es primero que hagáis nueva ruta al palacio de Hades
y la horrenda Perséfona a fin de pedir sus augurios
y consejos al alma del ciego adivino Tiresias.94

Como se puede observar, Circe aconseja a Odiseo que acuda a Tiresias y guía su
trayecto hasta el lugar. Una vez Odiseo encuentra a Tiresias en el hades, recibe su oráculo:

Acercóseme el alma por fin de Tiresias tebano


con un cetro de oro. Al notar mi presencia me dijo:
‘¡Oh Laertíada, retoño de Zeus, Ulises mañero!
¿Cómo ha sido, infeliz, que, a la luz renunciando del día,
has venido los muertos a ver y el lugar sin contento?
Mas aparta del hoyo, retira el agudo cuchillo,
que yo pueda la sangre beber y decir mis verdades.’95

A pesar de estas claras similitudes, existen diferencias evidentes entre las figuras que
aparecen en Homero y las que aparecen en Lucano. En primer lugar, Circe y Ericto no
son el mismo tipo de hechicera; mientras Circe es caracterizada como una mujer bella

94
Odisea, X, vv. 487-492.
95
Odisea, XI, vv. 90-96.

26
«de hermosos cabellos»96, de Ericto se dice que «ata su cabellera erizada con guirnaldas
de víboras»97, ofreciendo de este modo una imagen desagradable del personaje. Además,
la magia de Circe no es descrita de una forma tan atroz como la de Ericto. Por otro lado,
frente a Tiresias, un adivino de renombre, hallamos en la Pharsalia a un cadáver
reanimado que carece de identidad. Con estos elementos, Lucano comienza a romper con
la tradición épica para, en lugar de mostrar una escena gloriosa, presentar un episodio
absolutamente grotesco.

Por otra parte, en su camino al Hades, Odiseo atraviesa el país de los cimerios, que
viven en una oscuridad similar a la que se expone en el pasaje de Lucano:

Allí está la ciudad y el país de los hombres cimerios,


siempre envueltos en nubes y en bruma, que el sol fulgurante
desde arriba jamás con sus rayos los mira ni cuando
encamina sus pasos al cielo cuajado de estrellas
ni al volver nuevamente a la tierra del cielo: tan sólo
una noche mortal sobre aquellos cuitados se cierne.98

Este «sol fulgurante» que «desde arriba jamás con sus rayos los mira» implica que los
rayos del sol no alcanzan el lugar, como en el episodio de Ericto, en el que «el tejo
inaccesible cubre a Febo con su sombra»; la noche es eterna en ambos lugares, pues al
igual que para los cimerios «tan sólo una noche mortal sobre aquellos cuitados se cierne»,
en las cavernas de Plutón «las tinieblas que debilitan y la pálida herrumbre en el interior
de las cavernas en la larga noche nunca tienen luz, si no es con un hechizo»99.

Por último, tal como en Lucano se muestra un catálogo de personalidades históricas


de la sociedad romana, en Homero también se ofrece una enumeración de personajes
conocidos de la mitología griega. Se debe tener en cuenta que las enumeraciones de las
almas, como recurso de un texto, tiene su origen en los catálogos heroicos de Homero.
En esta ocasión, en la Pharsalia únicamente son aludidos sus nombres, pero no hacen
acto de presencia; no obstante, en la Odisea aparecen en persona ante Odiseo diversas
figuras, como el catálogo de mujeres insignes de la mitología, desde Tiro hasta Erifila:

96
Odisea, X, v. 136.
97
v. 656.
98
Odisea, XI, vv. 14-19.
99
vv. 646-648.

27
«La primera mostróseme Tiro»100

«Luego a Mera y a Clímena vi y a la torva Erifila»101

Se presentan numerosas mujeres y, como dice Odiseo:

«Imposible de todas contar ni nombrar una a una

a las hijas y esposas que vi de famosos varones»102

En este caso, no se trata de un catálogo con una carga política y moralizante como el
que se inserta en el texto de Lucano, sino que posee una relevancia más bien de carácter
mitológico y cultural.

5.3. CATÁBASIS EN VIRGILIO

Se presenta en Virgilio un paralelismo casi absoluto con la obra de Homero y, por


tanto, una ruptura posterior por parte de Lucano. En la Eneida también aparece una mujer
con dones sobrenaturales que guía al héroe por el mundo infernal, así habla la Sibila de
Cumas:

«Troyano, hijo de Anquises, descendiente de sangre de los dioses, la bajada al Averno


es cosa fácil»103

Sin embargo, la Sibila no ejerce ningún tipo de hechicería, sino que se le ha concedido
el don profético, otorgado por Apolo. A diferencia de Circe, la Sibila se adentra en el
Averno junto al héroe, tal como hace Ericto. Además, se puede percibir en la obra de
Virgilio la tenebrosidad que empiezan a adquirir los elementos que se ven relacionados
con el mundo de los muertos; aunque no se presenta tan abominable como Ericto, en la
cueva de la Sibila se puede percibir un aliento ponzoñoso:

«Tan hediondo era el halito, que sus oscuras fauces despedían y alzaban a la bóveda
del cielo»104

100
Odisea, XI, v. 235.
101
Odisea, XI, v. 326.
102
Odisea, XI, vv. 328-329.
103
Eneida, VI, vv. 125-126.
104
Eneida, VI, vv. 240-241.

28
Por otra parte, como la caverna en la que se adentran Ericto y Sexto, volvemos a
encontrar la descripción de un lugar al que se le ha arrebatado la luz:

Iban en sombra envueltos en la noche desierta


entre la oscuridad por la vacía morada de Plutón y los reinos sin vida,
lo mismo que la luz envidiosa de vacilante luna
cuando ha cubierto Júpiter de sombra
el cielo y la negrura de la noche todo lo decolora.105

Una vez más, hay una noche permanente en este lugar, tal como describen también
Homero y Lucano.

Asimismo, también hay diferencias en la figura que vaticina el futuro y en la propia


profecía. Anquises, el padre de Eneas, predice su porvenir y le habla de su futuro linaje:

Ahora ven, te haré ver qué gloria le reserva el porvenir


al linaje de Dárdano, qué traza de herederos itálicos te aguardan
y las almas ilustres que han de llevar un día nuestro nombre.
Te voy a revelar tu destino.106

Lucano invierte la fórmula de Virgilio; en lugar de un oráculo positivo y optimista


respecto a un futuro próspero, el cadáver expone la derrota de Pompeyo, así como su
muerte y la de sus hijos; Anquises y Eneas se regocijan en su futuro linaje, ambos, pues
comparten el lazo familiar del padre y el hijo, mientras que Sexto, sin ningún tipo de
relación directa con el cadáver, recibe las nefastas noticias. Aunque tiene sus grandes
diferencias con estos grandes héroes de la épica, Odiseo y Eneas, Sexto, como ellos, busca
en el mundo infernal revelaciones de utilidad para el futuro, a diferencia de otros héroes
que también descendieron al Hades, como Heracles o Teseo. En otro orden de cosas,
Anquises explica el ciclo de la vida, el proceso por el que las almas buenas, tras haber
fallecido, pierden la memoria después de mil años al beber del Leteo y son devueltas al
mundo terrenal y, como dice Anquises:

«Son las almas a que destina el hado a vivir otra vez en nuevos cuerpos»107

105
Eneida, VI, vv. 268-272.
106
Eneida, VI, vv. 756-759.
107
Eneida, VI, vv. 712-713.

29
El cadáver resucitado, no obstante, no ha seguido este proceso, pues su reanimación
ha sido forzada por la bruja Ericto y, por tanto, no ha procedido con el ciclo tradicional.
Esta ruptura no hace sino reforzar la idea de que estas prácticas que se ejecutan por parte
de la bruja son completamente despreciables, pues atentan contra la naturaleza.

Respecto al catálogo de personajes romanos, Virgilio, sin duda, expone a través de


ellos la gloria del Imperio y, a través del linaje de Eneas, se ofrece una imagen optimista
del futuro de la ciudad de Roma; por el contrario, Lucano, a través de personajes virtuosos
sumidos en una profunda tristeza y otros personajes perniciosos se contentan al
contemplar el decadente estado de su patria. Por supuesto, ambos textos tienen claras
intenciones políticas; por una parte, Virgilio, al ensalzar la figura de Eneas y su linaje,
también eleva la figura de Augusto y hace propaganda de su gobierno y su familia, pues
los Julios eran, según la obra de Virgilio, descendientes del hijo de Eneas, Ascanio, que
posteriormente pasa a llamarse Julo; por otra parte, Lucano expone los bandos de los
optimates y los populares y expresa manifiestamente su apoyo a los primeros.

Con todos estos elementos, Lucano pretende establecer un concepto de anti-Eneida o


anti-Odisea. Las dos obras, tanto la homérica, como la virgiliana, presentan ideales
heroicos, personajes dignos y escenas gloriosas; no obstante, Lucano invierte estas ideas.
En lugar de una mujer bendecida por un dios con el don de la adivinación o una maga de
hermosa apariencia, aparece una bruja de aspecto desagradable que realiza prácticas
oscuras; en lugar de un adivino o un familiar que anticipe una posteridad favorable,
interviene un cadáver reanimado que no guarda parentesco con el supuesto héroe y que
ofrece una visión decadente del futuro; en lugar de un héroe valeroso y astuto, Lucano
muestra a un Sexto imprudente, puesto que ha acudido a una bruja cuyo aspecto no aporta
confianza alguna, y cobarde tal y como lo observa Ericto:

«Cuando contempla a los jóvenes compañeros temerosos y a este estremeciéndose»108

La anábasis de Eneas se ve como un renacer heroico, que le devuelve a la plenitud del


héroe para que pueda afrontar los devenires que le deparan; no obstante, tras la anábasis
del alma del difunto pompeyano, Sexto no muestra ningún comportamiento heroico y no
extrae de este episodio nuevas fuerzas para afrontar los peligros.

108
v. 657.

30
5.4. CATÁBASIS EN OTROS GÉNEROS DE LA LITERATURA LATINA

La catábasis no es exclusiva de la épica, aunque es el género que más difusión le ha


dado a este argumento. Los autores de poesía en la antigua Roma tienden a elaborar
reinvenciones de la Odisea en sus poemas. Aquellos que, como Propercio, buscan un
poema original al que agregar el argumento de la Nekya, puesto que el género que
cultivan no es la épica, suprimen muchos de los elementos que esta aporta, como el
protagonista heroico; sin embargo, todavía encontramos determinadas similitudes, por
ejemplo, en las Elegías de Propercio:

«Allí, en los lugares sombríos, el héroe descendiente de Fílaco no pudo soportar el


recuerdo de su amada esposa»109 I, 19, vv. 7-8

Una vez más, aunque de forma muy breve y sin aportar detalles, se alude a unos
«lugares sombríos», un punto al que no alcanzan los rayos del sol, en el que todo lo cubren
las tinieblas de la noche.

No resulta sorprendente que los autores de elegías traten el tema de la muerte, pues
muchos la relacionan directamente con el amor y pretenden representar en sus textos la
idea de un amor inmortal, que persiste incluso después del fallecimiento de los amantes.
De este modo, Cintia, la amada de Propercio en sus poemas, se aparece ante él después
de muerta, como una sombra cuyo amor todavía no ha muerto:

«Pues he visto inclinarse sobre mi cama a mi Cintia, eco de la enterrada hace poco a
un lado del camino»110

La aparición de este fantasma ante los mortales es comparable a la manifestación del


alma del soldado pompeyano de la Pharsalia en la tierra de los vivos; no obstante,
guardan sus notables diferencias, pues la aparición de Cintia no se debe a un ritual de
nigromancia, sino que puede deberse a la presencia del elemento onírico, pues el poeta se
hallaba en el lecho, a punto de dormirse. Además, Cintia no se aparece para exponer una
profecía, sino que se manifiesta para expresar su amor, todavía vivo.

Una curiosa similitud con la obra de Lucano es la creación de una división moralizante
que introduce un repertorio incluido en este mismo poema:

Pues dos son las moradas que pueden tocar en suerte en el infame

109
Elegías, I, 19, vv. 7-8.
110
Elegías, VI, 7, vv. 3-4.

31
río y toda la turba de muertos rema en distintas aguas.
Una corriente arrastra el adulterio de Clitemnestra o transporta
los monstruosos leños de la falsa vaca de Creta.
Y he ahí que el otro grupo es llevado en un barquito coronado,
a donde una brisa dichosa acaricia las rosas del Elíseo, […]111

Aunque carece de la carga política que se presentaba en la obra de Lucano, en estos


versos se presenta una división entre «mujeres buenas» y «mujeres malas» de la cultura
literaria griega, del modo que en la Pharsalia se diferenciaban los «ciudadanos buenos»
y los «ciudadanos malos». Clitemnestra se encuentra entre las «mujeres malas» a causa
de su adulterio y el asesinato de su esposo; por otra parte, algunas de las mujeres buenas
son Andrómeda e Hipermestra:

«Y Andrómeda e Hipermestra, esposas sin tacha»112

Se juzga, pues, si son «buenas esposas o no; es decir, si aman a sus maridos o no. Se
entiende, pues, que Clitemnestra no ama a Agamenón, pero Andrómeda e Hipermestra sí
aman a sus esposos.

Los géneros teatrales también pueden incluir el argumento de la catábasis, como lo


demuestra la tragedia de Séneca, Hercules furens. En el pasaje de esta tragedia dedicado
al descenso al Hades, Teseo narra a Anfitrión las aventuras de Hércules en el reino de los
muertos. Según este, al igual que Ericto en la Pharsalia, también acceden al mundo
infernal a través del Ténaro:

«La tierra espartana levanta una famosa montaña allí donde el Ténaro con sus densos
bosques avanza contra el mar: aquí abre su enorme boca la morada del odioso Dite»113

Además, «aquí abre su enorme boca la morada del odioso Dite» recuerda a la alusión
a la caverna de Plutón en el inicio del episodio de Ericto, «haud procul a Ditis caecis
depressa cauernis»114. Este lugar, a diferencia de los anteriores que hemos observado, no
se encuentra privado completamente de los rayos del sol:

El camino no se inicia desde el principio cegado por las tinieblas: un tenue resplandor de la luz
que se ha dejado a las espaldas y una claridad imprecisa, propia de un sol ya en declive, penetra

111
Elegías, VI, 7, vv. 55-60.
112
Elegías, VI, 7, v. 63.
113
Hércules loco, vv. 662-665.
114
v. 642.

32
hasta allá abajo y engaña a la vista —con esa mezcla de noche suele ofrecer su luz el día al empezar
y al atardecer— .115

Por otro lado, como es propio de la literatura romana, las descripciones de elementos
relacionados con el mundo infernal y los ritos funerarios son más siniestras que en otras
tradiciones y, aquí, Séneca detalla un lugar lúgubre y desolado:

La estéril desolación del suelo de las profundidades lo convierte en un yermo y una repugnante
tierra se muestra inerte en su eterna postración; es el triste final de las cosas y el confín del
mundo.116

Del mismo modo que en la Pharsalia se mencionan los «Poenaeque nocentum», aquí
se exponen precisamente los castigos que reciben algunos personajes de la mitología
griega que son tradicionalmente considerados culpables, en lo que se podría considerar
un catálogo, pero que poca relación tiene con el repertorio de la obra de Lucano:

Retorciéndose Ixión es arrastrado por una veloz rueda; una enorme roca se asienta sobre la cerviz
de Sísifo; en medio de un río, con la garganta seca, un viejo trata de alcanzar las olas; le baña el
mentón el líquido y cuando, después de haberlo engañado ya muchas veces, le da esperanzas, se
desvanece el agua en sus labios; los frutos engañan a su hambre. Ofrece Titio al ave un eterno
banquete y las Danaides tratan en vano de llenar sus vasijas. Andan errantes en su furor las impías
hijas de Cadmo y aterroriza a la mesa de Fineo la voraz ave. 117

En esta enumeración, únicamente hay personajes «malos» que ya sufren su castigo;


en la enumeración de Lucano, ninguno es castigado, salvo César, una vez que termine la
guerra, como lo indica con las palabras «paratque poenam uictori»118, que para el
vencedor de la guerra civil se prepara el castigo. No hay ningún vaticinio en el episodio
de Hércules, puesto que su objetivo al acceder al inframundo no es consultar información
sobre su futuro, sino sacar a Cerbero de los infiernos para completar su último trabajo.

Por último, es de interés observar cómo desarrolla el argumento de la catábasis,


aunque de forma breve, un autor desde la perspectiva opuesta; es decir, desde la invectiva
contra Pompeyo:

El formiano Helvio Mancia, hijo de liberto y de avanzada vejez, acusaba a L. Libón ante los
censores. En el litigio, como Pompeyo el Grande, criticando su origen humilde y su edad, hubiera
dicho que lo habían soltado de los infiernos para acusarle, dijo 'no mientes, Pompeyo. Pues vengo
de los infiernos; vengo como acusador contra L. Libonio. Pero mientras allí habité, vi al
ensangrentado Gn. Domicio Aenobarbo llorando, porque nacido de excelso linaje, de integrísima

115
Hércules loco, vv. 668-672.
116
Hércules loco, vv. 701-703.
117
Hércules loco, vv. 750-759.
118
vv. 801-802.

33
vida, gran amante de la patria, en la misma flor de la juventud fue asesinado por mandato tuyo. Vi,
notable por igual resplandor, a M. Bruto herido a hierro, quejándose de que eso le había sucedido
primero por tu perfidia, después también por tu crueldad. Vi a Cn. Carbón, acérrimo defensor de
tu niñez y de los bienes de tu padre en su tercer consulado, atado con las cadenas que tu habías
mandado ponerle, jurando que en contra de lo divino y lo no divino, aunque ostentara la máxima
autoridad, fue asesinado por ti, un caballero romano. Vi con esa misma condición y queja al ex
pretor Perpenna maldiciendo tu ferocidad, y a todos ellos indignándose con una sola voz porque
sin condena habían sido asesinados por el jovenzuelo verdugo que eras.119

Se trata de uno de los «exempla» que ofrece Valerio Máximo en sus Facta et dicta
memorabilia. No se trata de un texto literario como la Pharsalia, por lo que carece de la
mayoría de los recursos que encontramos en las otras obras; no obstante, incluye un
catálogo que, en este caso, expone a quienes han sido asesinados por Pompeyo, bien sea
por su propia mano, bien por su mando, o bien por las consecuencias de sus actos. Le
acusa del asesinato de Domicio Enobarbo, de Bruto, de Gneo Carbón y del pretor
Perpenna. Todos ellos emplean una sola voz, del mismo modo que Ericto reúne diversos
sonidos de la naturaleza salvaje y, finalmente, «tot rerum uox una fuit»120. Ericto emplea
esta voz para invocar a los dioses infernales, del mismo modo que los asesinados maldicen
a Pompeyo con una sola voz; tanto maldecir, como invocar a los dioses infernales, son
actos verbales de gran relevancia y, por tanto, todas las voces se deben reunir en una sola,
para unir sus fuerzas.

119
Trad. Linares Sánchez (2017) p. 164.
120
v. 693.

34
CONCLUSIÓN

Con la catábasis establecida en la literatura griega como un argumento pleno, cada


autor tiene la libertad literaria de tratarla como crea conveniente, con arreglo a las normas
formales de su género, e incluyendo los elementos que considere necesarios para
transmitir un mensaje o una sensación específica.

Dentro del género de la épica, encontramos las obras de Homero y Virgilio como
modelos fundamentales para la representación de la catábasis en la literatura posterior; de
hecho, muchos autores presentan este argumento incluyendo el mismo pasaje homérico
en sus poemas, con sus distinciones y reinvenciones del relato para adaptarlo a la obra en
la que se inserta. Lucano no es una excepción, pues la influencia de los modelos de la
Odisea y de la Eneida está muy presente en su obra, precisamente en la ruptura con la
tradición que plantea el autor. La literatura romana trata con relativa oscuridad los pasajes
relacionados con los muertos, pero Lucano va más allá y, en su Pharsalia, al incluir
descripciones grotescas y abominables dentro del marco de esta práctica ritual de
nigromancia, un acto que puede ser considerado per se despreciable en la sociedad
romana, invierte completamente el imaginario heroico que habían planteado sus
antecesores literarios. Es evidente que su obra contiene paralelismos con la obra de
Virgilio, reflejado, por ejemplo, en la posición del episodio de la catábasis en el libro VI,
pero estas coincidencias son insertadas en el texto de Lucano para que el lector, que
conoce la obra virgiliana, encuentre estas relaciones con la Eneida y quede impactado
ante esta deformación del concepto de la épica. De este modo, con su Pharsalia, Lucano
consigue crear una obra que podemos considerar un tipo de anti-Eneida o, incluso, anti-
épica, aunque esta última denominación puede suponer una exageración, puesto que hay
diversos elementos de la épica que perviven en la obra de este autor y, formalmente,
cumple con las normas del género.

Podemos afirmar, sin embargo, con seguridad que en la obra de Lucano no hay héroes,
ni proezas, ni destinos gloriosos. Los acontecimientos se desarrollan en un marco de
decadencia de la ciudad de Roma a causa de la guerra civil entre César y Pompeyo. A
través de este conflicto, Lucano se posiciona políticamente a favor de Pompeyo, del bando
de los optimates, de los aristócratas, y critica a César y a todo aquel que opere en favor
de la plebe. Los estudios retóricos del autor le permiten exponer argumentos literarios
que puedan convencer al lector para apoyar a Pompeyo, o a la sombra que queda de él
cuando esta obra es publicada.
35
Además, Lucano introduce un personaje que, si bien su arquetipo estaba plenamente
consolidado en épocas anteriores, Lucano lo expande, le da una identidad propia y le
concede unos dones nigrománticos capaces de traer a un fallecido a la vida; este personaje
es Ericto. Probablemente es, entre las brujas de Tesalia, la hechicera más terrorífica que
ha engendrado la literatura, una mujer marginada por la sociedad romana a causa de sus
ritos, que son completamente condenados por los ciudadanos romanos. Lucano crea, de
este modo, un personaje que legará a la literatura posterior y que autores de renombre,
como Dante, incluirán en sus obras.

36
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