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Historia

El documento aborda la historia de Uruguay y Occidente durante los siglos XIX y XX, centrándose en la evolución política y económica de Europa, la Revolución Industrial, y el impacto del liberalismo y nacionalismo. Se discuten las consecuencias sociales de la industrialización, el imperialismo europeo, y el surgimiento de movimientos obreros y socialismos. Además, se menciona la Conferencia de Berlín y su relevancia en la expansión colonial en África.

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Historia

El documento aborda la historia de Uruguay y Occidente durante los siglos XIX y XX, centrándose en la evolución política y económica de Europa, la Revolución Industrial, y el impacto del liberalismo y nacionalismo. Se discuten las consecuencias sociales de la industrialización, el imperialismo europeo, y el surgimiento de movimientos obreros y socialismos. Además, se menciona la Conferencia de Berlín y su relevancia en la expansión colonial en África.

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LICEO N°1 DE PROGRESO “Dr.

Gilberto Iglesias” 2025


HISTORIA 6º DERECHO 1 Prof. Malena Lisboa Medina
TEMA 1: INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DEL URUGUAY DE LOS
SIGLOS XIX Y XX- ANEXO DE FICHA 1

Ficha N°1 Introducción a la Historia del Uruguay y de Occidente


en el Siglo XIX El “Largo Siglo XIX” De la Era de las
Revoluciones a la Era del Imperialismo 1789-1914 (ANEXO
Ficha 1)

TEMAS A TRATAR EN ESTE ANEXO:


1.1 EVOLUCIÓN POLÍTICA Y ECONÓMICA DE LA EUROPA DEL SIGLO XIX

 Introducción
 Revolución Francesa (1789 – 1799)
 Imperio Napoleónico (1799 - 1815)
 Restauración (1815 – 1848)
 Paz Política y Expansión Capitalista (1848-1873)
 Belle Epoque. Imperialismo (1873 – 1914)

1.2 LA PRIMERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL EN EUROPA OCCIDENTAL: SIGLO


XVIII-XIX. CAUSAS Y CONSECUENCIAS.
 El significado de la revolución industrial
 La primera “Revolución Industrial”: el nacimiento de la industria
moderna
 Los primeros procesos históricos de industrialización
 El proceso de cambio tecnológico
 El Impacto de la Industrialización

1.3 CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: LAS


CIUDADES. BURGUESÍA Y PROLETARIADO. CORRIENTES DE PENSAMIENTO
POLÍTICO Y SOCIAL (S.XIX)

1.4 EL IMPERIALISMO EUROPEO DEL SIGLO XIX: LOS IMPERIOS COLONIALES EN


ÁFRICA Y EL SUDESTE ASIÁTICO

1.5 BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

1
1.1

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3
4
5
1.2 LA PRIMERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL EN EUROPA OCCIDENTAL:
SIGLO XVIII-XIX. CAUSAS Y CONSECUENCIAS.

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15
1.3 CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: LAS
CIUDADES. BURGUESÍA Y PROLETARIADO. CORRIENTES DE
PENSAMIENTO POLÍTICO Y SOCIAL (S.XIX)

16
El liberalismo es una de las corrientes ideológicas típicas de la burguesía del siglo XIX,
especialmente de su primera mitad. Para evitar amenazas, como la monarquía absoluta y el
gobierno democrático, aspiró a desempeñar el poder político basándose en su hegemonía
económica sobre la nación. De tal modo, la burguesía liberal vio como régimen político ideal la
monarquía constitucional basada en el sufragio censitario.

17
Uno de los principales objetivos de los liberales era el de salvaguardar los derechos individuales.
Reclamaban el respeto de la autoridad para la libertad de palabra, la libertad de expresión, la de
prensa, de reunión y asociación, es decir, los derechos políticos del hombre. Para conseguir esto,
no había otro camino que limitar la autoridad del soberano y del Estado. Y para obtener la
vigilancia de los derechos ciudadanos y la limitación del poder estatal era indispensable una
constitución. Según los liberales, ella, sería la garantía de la aplicación de aquellos derechos y de
la limitación de este poder. Todos los movimientos liberales europeos de 1830 y 1848 la reclaman
y centran en su obtención el triunfo de sus luchas.

El otro objetivo fundamental era la participación de la burguesía en el Estado y en la


redacción de las leyes a través de asambleas legislativas. Esto derivaba del convencimiento de
que debía corresponderle a la burguesía un rol principal en la vida política del país, acorde con su
papel predominante en la vida económica.

EL LIBERALISMO EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX irá evolucionando hacia la


democracia, especialmente en Reino Unido y en Francia. Las acuciantes reclamaciones de los
sectores obreros para mejorar sus condiciones de vida y de trabajo, la necesidad de que la
industria –principal sector de la economía- no detuviera su marcha determinaron una variación del
tradicional enfoque liberal acerca de las funciones del Estado. Los partidos gobernantes debían
enmarcar al Estado en una política intervencionista en el plano social y económico si querían
mantener alejado el peligro de una revolución o al menos de constantes perturbaciones sociales.
La clase gobernante, decidida a defender la estructura social que la beneficiaba, inició una serie
de concesiones en el plano político y jurídico que le permitían mantener el control del Estado y
aplacar las reivindicaciones más urgentes.

Se produce lentamente un abandono de la tradicional concepción liberal del Estado juez y


gendarme. En el último cuarto de siglo el Estado se vio impulsado necesariamente a preocuparse
de la suerte de las clases menos favorecidas; comenzó a practicar lo que llamó sus fines
secundarios. La complejidad creciente de la sociedad lo llevó a embarcarse en actividades
comerciales, industriales hasta configurar la imagen actual del Estado contemporáneo.1 Todo este
desarrollo fue provocado y acompañado por un creciente proceso de democratización política,
entendiendo por esta una constante mayor participación de las masas en las decisiones cruciales
para su propia vida.

1
Aunque desde el último cuarto del siglo XX, especialmente en varios países de América Latina, se ha venido
apostando a la privatización de servicios estatales (luz, agua, teléfono, salud) que constituyen lo que hemos
denominado fines secundarios. Este tipo de medidas son definidas como “neoliberales”, como si fueran un retorno al
liberalismo clásico económico del laissez faire.

18
NACIONALISMO Y ROMANTICISMO
Junto con el liberalismo el nacionalismo constituyó otras de las ideas motoras de la
evolución política del siglo XIX, con fuerte incidencia no sólo en la política interna de los países
europeos, sino también en sus relaciones internacionales.
Los nacionalistas reclamaban el derecho a fundar estados que se identificaran con las
nacionalidades, aquellos pueblos que tenían en común idioma, religión, pasado, costumbres,
tradiciones, formas de pensar y de sentir. Los grupos de población que tenían esas características
comunes formaban una nación y aspiraban a llevar una vida independiente. Esa aspiración se
lograría si cada nacionalidad podría erigir su propio Estado. Se trataba de hacer coincidir nación y
Estado y de reunir bajo la misma égida de este a todos los individuos unidos por aquellos lazos.
Este sentimiento nacionalista renació con fuerza a fines del siglo XVIII con la Revolución
Francesa. En 1793, cuando toda Europa entró en guerra contra Francia, se despertó en los
franceses un fuerte sentimiento nacional patriótico, que los impulsó a formar grandes ejércitos para
defender el suelo nativo. Más tarde, la expansión de Francia fuera de sus fronteras, despertó en
muchos pueblos la conciencia de pertenecer a una nacionalidad distinta, con lengua, cultura,
pasado y tradiciones diferentes y el deseo de afirmarla y defenderla frente al extranjero.
Cuando en 1815 el Congreso de Viena rehízo el mapa de Europa - guiado por los intereses
políticos de las potencias absolutistas y por la filosofía de la Restauración- desconoció
expresamente los antecedentes históricos de los pueblos, sus límites geográficos y sus
aspiraciones nacionalistas. Esto hizo que se reforzara el nacionalismo. En la medida que los
nacionalistas rechazaban ese nuevo mapa europeo, se convirtieron en enemigos – igual que los
liberales- de las fuerzas conservadoras y absolutistas predominantes en la época postnapoleónica.
El surgimiento del romanticismo insufló nuevas fuerzas al nacionalismo. Entre las
características del romanticismo se encuentra la tendencia al retorno al pasado, sobre todo a la
Edad Media, pero un medioevo idealizado. Los románticos (poetas, músicos, artistas) ven en ella el
origen de sus propias lenguas, de sus propias culturas, el amanecer de sus Estados.
Todos estos hechos contribuyeron a la difusión del nacionalismo en Europa. Existió tanto
en los países independientes, que están orgullosos de serlo, como en las naciones sometidas a
otros, conscientes de su propio ser como pueblos diferentes de aquellos que en ese momento los
dominaban. Hay muchos focos de intranquilidad nacionalista en Europa, consecuencia directa de
un mapa trazado desconociendo esta fuerza.2

2
El nacionalismo se desarrollará durante todo el siglo XIX, siendo la doctrina que conduzca a las unificaciones de
Italia y Alemania (1870 y 1871, respectivamente). Sin embargo, la historia no concluye aquí. el nacionalismo también
será un factor que contribuya con el desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial ya que Austria – Hungría no
veía con buenos ojos las intenciones de Serbia de unificar a todos los eslavos del sur ( la mayoría de los cuales
eran súbditos del emperador austriaco) en un único estado independiente. A principios del siglo XX se formaron
varias organizaciones nacionalistas en pro de la creación de la “gran Serbia”, cuyo objetivo era expulsar a los
austriacos de Bosnia – Herzegovina (que la habían anexado al imperio en 1908) a través de atentados terroristas.

19
En el siglo XIX predominaron dos concepciones diferentes acerca de la nacionalidad y el
nacionalismo. Una de ellas fue expresada por los pensadores alemanes relacionados con el
romanticismo que consideraban a la nación como un “ser vivo” que crece bajo la inspiración de un
“espíritu” o “genio” nacional. Los caracteres exteriores de ese espíritu estarían dados por la
comunidad de lengua y de rasgos físicos. Aquí empieza a introducirse la idea de raza, que
alcanzará desarrollos patológicos en el siglo XX. Según Fichte, los hombres estarían unidos por un
hecho exterior a ellos, que es la lengua en la que se expresan. Por lo tanto, las poblaciones que
presentaran ese rasgo en común debieran formar una nación.
Los latinos tenían una concepción distinta de la nacionalidad. Para Mazzini “una nación es
la asociación de todos los que, agrupados ya sea por la lengua, sea por ciertas condiciones
geográficas, sea por el rol que les ha sido asignado en la historia, reconocen un mismo principio y
marchan, bajo el imperio de un derecho unificado, a la conquista de una sola meta definida. La
patria es, ante todo, la conciencia de la patria.” Coincide con la posición del francés Renan: “La
nación es el plebiscito de todos los días. Es el haber hecho juntos las grandes cosas del pasado y
querer hacerlas aún en el porvenir.” Los hombres que forman la nación, por su trabajo conjunto,
están expresando su voluntad de integrarla. La decisión es de tipo personal o colectivo, de un
grupo de hombres que integran una nación, porque manifiesta su voluntad de hacerlo.

EL NACIONALISMO ECONÓMICO: Al lado del nacionalismo político hay un nacionalismo


económico. Con la voluntad de ser una nación, debe surgir una estructura económica que la
pueda hacer viable. El nacionalismo económico desemboca en un fuerte proteccionismo de la
producción del Estado – nación. En este sentido, la teoría de la economía nacional se opone al
liberalismo económico que incentiva el libre comercio.

Uno de estos atentados, el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria-Hungría, desencadenaría la
“gran guerra” (1914-1918).

20
SOCIALISMOS Y MOVIMIENTOS OBREROS

Surgieron en la primera mitad del siglo XIX como consecuencia de la instalación de fábricas en las
ciudades de Europa Occidental en la primera etapa de la revolución industrial. Los socialistas
utópicos denunciaban la situación socioeconómica de los obreros de estas fábricas, que vivían
hacinados en viviendas pequeñas y vetustas sin garantías sanitarias y proclives a contraer toda
clase de enfermedades infecciosas. Confiaban en que los propios patrones de estos obreros al
conocer este cuadro lamentable se sensibilizarían y contribuirían con el mejoramiento de la calidad
de vida de ellos. Deseaban una sociedad en la que todos los individuos fueran considerados iguales
y que tuvieran dignas condiciones de vida.
21
Los movimientos obreros, en muchas ocasiones, se presentaron bajo la forma de sindicatos.
Reclamaban aumentos salariales y para conseguirlo paralizaban el trabajo (iban a la huelga).
Tanto la policía de las monarquías restauradas como los patrones privados de acumular capitales
en esas instancias llegaban a un acuerdo sobre lo que con esos “anarquistas” debían hacer:
aplicar mecanismos represivos ejemplarizantes para que nadie más tuviera esa clase de osadía
para perturbar el orden.

22
23
1.4 EL IMPERIALISMO EUROPEO DEL SIGLO XIX: LOS IMPERIOS
COLONIALES EN ÁFRICA Y EL SUDESTE ASIÁTICO

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25
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27
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LA EXPANSIÓN IMPERIALISTA DE LAS POTENCIAS DE OCCIDENTE ENTRE 1876 Y 1914.
RELEVANCIA DE LA CONFERENCIA DE BERLÍN (1885)

La Conferencia de Berlín, celebrada entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de


febrero de 1885 en la ciudad de Berlín fue convocada por Francia y Gran Bretaña y organizada
por el Canciller de Alemania, Otto von Bismarck, con el fin de resolver los problemas que
planteaba la expansión colonial en África y resolver su repartición.

Tras la Conferencia, solo dos países africanos conservaron el derecho a preservar su


independencia: Etiopía y Liberia, esta última bajo la protección de Estados Unidos.

El proceso de colonización se realizó siguiendo las grandes vías fluviales, como los
territorios del Níger, que fueron explorados entre los años 1788 y 1830; la cuenca del Nilo y la
región de los Grandes Lagos Africanos, entre 1854 y 1859; el Zambeze, entre 1841 y 1884.

La exploración del río Congo motivó las rivalidades entre varios países, por lo que el
canciller Bismarck actuó como árbitro en la Conferencia. Uno de los acuerdos fue reconocer la
existencia del Estado Libre del Congo (actual República Democrática del Congo), bajo soberanía
de la Asociación Internacional del Congo y propiedad privada del rey de los belgas Leopoldo II, y
de un Congo francés, ambos con salida al mar por el océano Atlántico.

Así, la costa mediterránea africana quedó en manos de Francia y el Reino Unido; la costa
oriental se dividió entre los alemanes al sur y los británicos al norte. La costa occidental africana
quedó en poder de los belgas, franceses y británicos. Los españoles se hicieron con el Sáhara
Occidental, Guinea Ecuatorial y algunas zonas de Marruecos; los italianos consiguieron Somalia y
los portugueses extendieron o afianzaron su control sobre Angola, Cabo Verde y Guinea-
Bisáu, Santo Tomé y Príncipe y Mozambique, mientras los alemanes obtienen Namibia. Sin
embargo, pronto estallaron conflictos entre los países europeos por la posesión de las zonas más
estratégicas o más ricas, como en el caso de Túnez, Egipto y Marruecos, enfrentando
a Italia con Francia, luego al Reino Unido y Francia (incidente de Fachoda), y luego
a Alemania contra británicos, franceses y españoles.

La conferencia de Berlín está considerada por numerosos historiadores como el momento


culminante que dio impulso al colonialismo exacerbado, iniciado por Francia y Reino Unido en
todo el mundo desde fines del siglo XIX. Mientras tanto los conflictos que se pretendían
solucionar con esta conferencia no hicieron sino agravarse en forma lenta pero continua,
provocando unas tensiones territoriales, políticas y económicas entre las principales potencias
europeas, que desembocarían en el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914.

29
MAPA: REPARTO DE ÁFRICA HACIA 1914

FUENTE
CONSULTADA:
Conferencia de
Berlín. (2017, 23 de
julio). Wikipedia, La
enciclopedia libre.
Fecha de consulta:
11:31, agosto 11,
2017
desde https://es.wiki
pedia.org/w/index.ph
p?title=Conferencia_
de_Berl%C3%ADn&
oldid=100640086

30
31
1.5 BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

ABADIE, S. (y otras) (2005) Siglo XIX en Europa, EE.UU., América Latina y Uruguay.
Historia tercer año, tomo uno, c.b. Montevideo, Editorial Monteverde, Colección Pasado
Presente.

AROSTEGUI, J. (y otros) (2001) El mundo contemporáneo: Historia y problemas. Barcelona,


Editorial Biblos Crítica.

FERNÁNDEZ, Antonio (1996) “Historia del Mundo Contemporáneo”. Barcelona, Vicens Vives.

HOBSBAWM, E. (2012) Trilogía de Hobsbawm: La era de la revolución 1789-1848; La era del


capital 1848-1875; La era del imperio 1875-1914. Buenos Aires. Editorial Paidós-Crítica

NAHUM, B. (1979) El Pensamiento político y social del siglo XIX. Montevideo, Editorial
Kapelusz. Cuadernos de Estudio N°26 Serie Historia Universal.

32

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