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El documento analiza el aumento de la corrupción en Perú y las respuestas del sistema penal, destacando que, a pesar de las políticas represivas implementadas, no ha habido un incremento significativo en las condenas por corrupción. Se señala que la corrupción afecta gravemente la confianza en las instituciones y el desarrollo del país, convirtiéndose en el principal problema social desde 2019. A pesar de las reformas legales, la efectividad en la lucha contra la corrupción sigue siendo cuestionada.

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El documento analiza el aumento de la corrupción en Perú y las respuestas del sistema penal, destacando que, a pesar de las políticas represivas implementadas, no ha habido un incremento significativo en las condenas por corrupción. Se señala que la corrupción afecta gravemente la confianza en las instituciones y el desarrollo del país, convirtiéndose en el principal problema social desde 2019. A pesar de las reformas legales, la efectividad en la lucha contra la corrupción sigue siendo cuestionada.

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La corrupción en el Perú: situación, respuestas y resultados

Raúl Ernesto Martínez Huamán

DOI: 10.35292/ropj.v15i19.719

RESUMEN

El autor, basándose en data estadística, observa el aumento de la tasa de denunciabilidad sobre los
delitos de corrupción. A partir de ello identifica la política criminal represiva para hacerle frente a la
citada criminalidad, como el aumento de penas y la creación de nuevos ilícitos de corrupción; no
obstante ello, se aprecia, a nivel de población penitenciaria, que no se ha dado un aumento de personas
condenadas con penas privativas por casos de corrupción, una de las explicaciones estaría vinculada a la
conversión de penas, a pesar de que el artículo 57 del Código Penal establece su efectividad.

Main Text

1. Introducción

En estos tiempos complicados, social y económicamente, las exigencias sobre la adecuada actuación de
los sujetos públicos (Jareño, 2011, pp. 18-19), en el desarrollo de sus funciones y cualidades a nivel de la
Administración pública son más intensas, más aún sobre la comisión de delitos de corrupción debido a
que genera la pérdida de los valores esenciales de nuestra sociedad, la solidez de las instituciones
públicas y el crecimiento económico (Prieto, 2008, p. 93). Tomamos lo señalado por el maestro Díez,
quien precisa que la corrupción «afecta adversamente el desarrollo sostenible de un país» (Díez et al.,
2004, p. 41). Por ello, la sociedad demanda al sistema penal una actuación más eficaz sobre los posibles
actos de corrupción, lo que ha repercutido en modificaciones y creaciones normativas por parte del
legislador1. En tal sentido, corresponde establecer si estas exigencias se encuentran sustentadas y si la
forma de confrontar la corrupción ha tenido los resultados anhelados.

2. Aproximación al fenómeno de la corrupción

La corrupción [pública], como fenómeno social, afecta gravemente a las instituciones del Estado y
proyecta sus efectos en la percepción ciudadana y los actores del mercado (Díez et al., 2004, p. 41),
debido a que genera desconfianza en las instituciones públicas2, lo cual repercute, como menciona
Caciagli (1996), en la maduración de una conciencia ciudadana participativa e intereses colectivos (pp. 84
y 91), más aún si su actuar se conecta con las actividades de una organización criminal3 . Dicho impacto
también ha sido resaltado por el Tribunal Constitucional del Perú, en el Exp. n.o 000172011-PI/TC-Lima,
al indicar que «la corrupción socava la legitimidad de las instituciones públicas, atenta contra el
desarrollo integral de los pueblos y contra las bases mismas del Estado». De igual forma, se ha señalado,
en el caso Ramírez Escobar y otros vs. Guatemala, las consecuencias negativas de la corrupción, al
precisar que «resquebraja la confianza de la población en el gobierno y, con el tiempo, en el orden
democrático y el Estado de derecho» (Corte Interamericana de Derechos Humanos [Corte IDH], 2018, p.
81). De todos los efectos perjudiciales que ocasiona la corrupción, el más significativo está relacionado
con los principios esenciales de la sociedad. Ello ha desencadenado que se establezca como principio
constitucional (implícito) a la lucha contra la corrupción, de acuerdo con lo establecido por el Tribunal
Constitucional peruano4, que se desprende de los arts. 39 y 41 de la Constitución Política, los cuales
consideramos propiamente de carácter universal, pues, como se ha observado en la historia de la
humanidad, en los distintos países y tipos de sistema social se han dado casos relevantes de corrupción
con efectos muy dañinos (Vásquez, 2011, p. 362); sin embargo, esos actos han sido más incisivos en
aquellos países donde sus instituciones fueron más débiles.

Por otro lado, resulta pertinente establecer una definición de corrupción. Al respecto, Transparencia
Internacional (Transparency International, 2019) define la corrupción como «el abuso del poder para
beneficio propio»5. Por su parte, Sabán (1991) comprende por corrupción aquellos actos en los que se
emplea el poder que se otorga para un interés privado, que no corresponde con el fin del titular que lo
otorgó (p. 16). Adicional a dicha perspectiva, se encuentra la posición que exige, como parte
fundamental, la necesidad de un intercambio ilícito de beneficios6 (económico) (Kubiciel, 2020, p. 20),
visión con la que no estamos de acuerdo, debido a que en casos como el delito de colusión (art. 384 del
CP) o patrocinio ilegal (art. 385 del CP) no es exigido. Para nosotros, desde la perspectiva de la
corrupción pública, consideramos que se presenta cuando un sujeto público abusa de sus facultades,
para afectar los intereses institucionales, como puede ser el interés privado (p. e., en el caso del
peculado o el cohecho)7, transformándose así, como lo establece Saliger, en un «servir a dos amos»
(citado por Rotsch, 2018, p. 231).

3. La corrupción como problema principal en Perú

Hoy en día se observan -en los medios comunicación- titulares sobre el aumento de los actos de
corrupción, escasos resultados satisfactorios en el combate contra la corrupción, penas benignas contra
esta; sin embargo, no se presenta información real que respalde las citadas noticias. Por ello, en el
presente apartado analizaremos si efectivamente la corrupción es un problema social real, para a partir
de ahí establecer si se cuenta con resultados positivos en relación con las decisiones que se han tomado
para hacerle frente (Martínez, 2015, pp. 381-382). Una política -pública- penal debe partir de una data
empírica (estado situacional), para desde dicho escenario plantear respuestas idóneas (que a la larga
deben culminar en una política eficaz y eficiente); como apunta el maestro Díez (2007), la política
criminal gira sobre la aplicación de medidas más eficaces (racionalidad pragmática) (p. 120).

Para el año 2017, el principal problema en el Perú era la inseguridad ciudadana (delincuencia), en tanto,
el segundo problema era la corrupción8. Dicha información resulta trascendental si tenemos en cuenta
su evolución con los años hasta la fecha actual. Así, para el 2002 la corrupción, como problema principal
en nuestro país, se encontraba en el cuarto lugar (29 puntos), distante del desempleo (75 puntos), la
pobreza (60) y la delincuencia común (31 puntos). No obstante, con los años fue aumentado y
preocupando más al peruano; por ello, el 2018 llegó a ocupar el segundo puesto como principal
problema del país, escenario que también se apreciaba en los países de la región, como lo ha resaltado
en sus estadísticas el Latinobarómetro (Corporación Latinobarómetro, 2018, p. 61). Desde el 2019 hasta
marzo de 2022 la corrupción es el principal problema en el Perú, muy por encima de la delincuencia, la
pobreza y la falta de empleo, aumento que se ha originado por los actos vinculados al poder político y al
cobro de porcentajes sobre contratos y licitaciones (Instituto Nacional de Estadística e Informática [INEI],
2022, p. 3).

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