7.
Problemas en los resultados
En tal sentido, no se observa un resultado que corresponda en un inicio con el aumento de las
denuncias por corrupción y con el endurecimiento del trato normativo penal para los delitos contra la
Administración pública; todo lo contrario al tratamiento judicial para los casos de criminalidad
vinculada a la seguridad ciudadana (Prado, 2019, p. 107). Ello nos permite establecer distintas
respuestas que expliquen dicha situación, en la primera, conforme se aprecia, la Defensoría del
Pueblo, a través del Informe n.o 168, arribó a que, aproximadamente, del total de denuncias por los
delitos de peculado y colusión (delitos de corrupción más emblemáticos) la fiscalía ha archivado el 50
%, un gran porcentaje de dichos archivos engloban lo que la Defensoría ha denominado como
«archivos inadecuados»14, denuncias que no debieron archivarse, por distintas razones, p. e., omisión
de realizar peritajes necesarios imprescindibles o la desidia del representante del Ministerio Público
para obtener información adecuada, o por efectuar una mala calificación de los hechos, es decir,
problemas técnico-jurídicos: «no juicio de subsunción» (Defensoría del Pueblo, 2014, p. 118), entre
otros. Es decir, a pesar del endurecimiento en el marco normativo por parte del legislador, este no se
ha preocupado en realizar una adecuada capacitación a los operadores jurídicos sobre los nuevos
marcos legales, lo cual conlleva a una falta de conocimiento para resolver actos que propiamente
engloban los supuestos de corrupción.
Asimismo, con relación a condenados por corrupción con penas limitativas de derechos, se aprecia
que para la citada fecha en total eran 717 personas (Instituto Nacional Penitenciario [INPE], 2022, pp.
27-59). De igual modo, se distingue que las penas limitativas sobre casos de corrupción han
aumentado; así, entre el año 2010 al 2013 no aparecía dentro de las estadísticas, debido a que era
mínimo, en el año 2014 eran 110 condenados, en el 2015 eran 149, en el 2016 eran 214, en el 2017
eran 277, para agosto de 2018 eran 354, para el 2019 eran 453, en el 2020 eran 508 personas,
finalmente, en el 2021 eran 57115. Con lo que se aprecia que los jueces, en vez de imponer sanciones
efectivas, pues el art. 57 del CP prohíbe la suspensión, recurren a la conversión de penas, lo cual
genera una óptica de impunidad.
Igualmente, los pocos resultados frente a la lucha contra la corrupción desembocan en una falta de
confianza de la sociedad sobre sus gobernantes, que conlleva a su vez a que seis de cada diez personas
no denuncien casos de corrupción (Defensoría del Pueblo, 2014, p. 27). De la misma forma, dicho
espacio de impunidad para los agentes delictivos de supuestos de corrupción nos manifiesta un
derecho penal benévolo para con los corruptos16, que conforme lo ha precisado la profesora Prieto
(2008), podría denominarse como «derecho penal del amigo», el cual nos presenta «la transformación
-a través de diversas vías- del instrumento punitivo en un tigre de papel frente a sujetos que ocupan
posiciones destacadas social, económica y políticamente» (pp. 106-107) 17.