Cacaaaa
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001 “José
Vicente Zapata”
4
Nombre y apellido del estudiante:……………………………………………………..
Curso y división: ………………………
Definición de Literatura
El diccionario dice: ‘’Literatura es la realización de la belleza por medio de la palabra’’. Esta definición
presenta una dificultad. Es demasiado amplia, ya que depende de lo que cada uno considere como ‘’bello’’
y no todos coinciden a la hora de decir qué es bello y qué no. Lo bello es relativo, varía según las épocas,
las culturas, los grupos sociales, los individuos. Por lo tanto, la inclusión de una obra dentro del campo de la
literatura también es relativa.
En la antigüedad, la palabra ‘’literatura’’ se usaba para hacer referencia a toda actividad relacionada
con la escritura. La palabra ‘’literatura’’ proviene del latín ‘’littera’’ (letra), es decir que, en su sentido originario,
la palabra se relaciona con la escritura. A partir del siglo XlX se emplea el término con el sentido que lo
conocemos hoy: como un arte.
Se puede decir que literatura es arte hecho con palabras. Busca crear belleza (intención
estética) a través de un uso especial del lenguaje, mediante diversos recursos estilísticos. También
se caracteriza por tener carácter ficcional (hechos imaginados).
Intención estética
Carácter ficcional
El término ‘’ficción’’ significa
originariamente ‘’mentir’’, ‘’representar’’. Se
caracterizan como ficciones todos aquellos
discursos en los que se simulan acciones o
acontecimientos imaginarios, que son producto
de la invención o recreación de un autor. Entre el
autor y el lector se establece un pacto por el cual
el texto literario no se produce, ni se consume
como ‘’verdad’’. La referencia que se construye
en cada texto se lee en relación con él.
La ficción puede llevarse a cabo de dos
formas:
-realista: se llama ficción ‘’realista’’ a aquella ficción parecida a la realidad, que podría pasar en la
realidad. Esto se logra porque el autor incluye algunos elementos (personajes, hechos, lugar, tiempo) que
remiten a un mundo real, incluso pueden incluirse datos y personajes históricos, fechas, etc. Sin embargo,
el texto no deja de ser literario, es decir, producto de la imaginación. Por ejemplo: la novela histórica ( El
general en su laberinto de García Márquez), los relatos policiales (El sabueso de los Baskerville de Conan
doyle), los relatos psicológicos (El túnel de Sábato) etc
-no realista: se llama ficción ‘’no realista’’ a aquella en la que los elementos (personajes, hechos,
lugar, tiempo) no remiten a un mundo real, sino totalmente imaginario. Por ejemplo: los relatos de ciencia-
ficción (Fahrenheit 451 de Bradbury), los relatos maravillosos (Harry Potter de Rowling), los relatos
fantásticos (‘’La noche boca arriba’’ de Cortázar), etc.
Actividad 1
• Leer los siguientes textos y decir cuáles son literarios y cuáles no literarios. Justifica tus
elecciones teniendo en cuenta y explicando con tus palabras cómo se evidencian, o no, los
conceptos abordados hasta el momento: intención estética y carácter ficticio.
2-
1- “En aquellos días nublados, Robert
Neville no sabía con certeza cuándo se
The Last of Us es un videojuego de pondría el sol, y a veces ellos ya
terror, acción y aventura desarrollado por la ocupaban las calles antes de que él
compañía estadounidense Naughty Dog y regresara. Durante toda su vida, la hora
distribuido por Sony Computer del crepúsculo estaba relacionada con
Entertainment para la consola PlayStation el aspecto del cielo, y por lo general,
3 en 2013. La trama describe las vivencias prefería no alejarse demasiado.
de Joel y Ellie, un par de supervivientes de Paseaba alrededor de la casa, bajo una
una pandemia en Estados Unidos que luz grisácea y débil, con un cigarrillo en
provoca la mutación de los seres humanos la boca y un hilo de humo por encima
en criaturas caníbales. del hombro. Comprobó que las
ventanas no tuvieran alguna madera
[Link] suelta. Los ataques más violentos
dejaban tablones rotos o medio
arrancados, y debía remendarlos.
Odiaba esta tarea. Hoy
afortunadamente, sólo faltaba un
tablón…
Richard Matheson, Soy Leyenda.
3- Piu Avanti
WhatsApp anunció un cambio que fue
recibido con los brazos abiertos por la No te des por vencido, ni aun vencido,
comunidad de usuarios: a partir de una no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
próxima actualización, permitirá el envío trémulo de pavor, piénsate bravo,
de imágenes en alta calidad. De esta y arremete feroz, ya mal herido.
manera, no será necesario optar por sitios Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.
como WeTransfer y Google Drive para Procede como Dios que nunca llora;
acceder a las fotos en la calidad original. o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora…
¡Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
Almafuerte
Géneros Literarios
Los Géneros Literarios son formatos que se le asignan al material discursivo durante su escritura e
implican también una actitud de lectura. No se lee de la misma manera una novela que una poesía. La
pertenencia de una obra literaria a un género está dada por una serie de rasgos que comparte con otros
textos: por ejemplo, la estructura dialógica en los textos teatrales o la voz narradora en los cuentos o novelas.
Según la división clásica, las obras literarias se dividen en tres géneros: narrativo, lírico y dramático.
Dentro de cada género existen a su vez otras clasificaciones.
Género Narrativo
La particularidad esencial de las obras que pertenecen a este género es contar hechos reales o
imaginarios. Toda narración supone la existencia de un narrador que relata los sucesos en los que
intervienen personajes y que transcurren en un espacio y un tiempo. Por lo general el material discursivo
está en prosa.
Dentro del género narrativo, las formas más comunes o subgéneros son: novela, cuento, fábula, mito,
leyenda, apólogo.
El cuento es una narración breve contada sin pausas de lectura que presenta una visión fragmentada del
mundo; trata un único tema; tiene una tensión sostenida; no presenta descripciones específicas de tiempo
y espacio, salvo excepciones; tiene pocos personajes que están caracterizados con los rasgos estrictamente
necesarios.
La novela es una narración más extensa estructurada con pausas, se divide en capítulos. Presenta
la visión de un mundo completo; trata varios temas, tiene variaciones en la intensidad; contiene
descripciones específicas de tiempo y espacio; aparecen una multitud de personajes que están ampliamente
caracterizados.
Género Lírico
Por su diversidad y amplitud, este es el género literario más difícil de definir. Los textos que pertenecen
a él se caracterizan, fundamentalmente, por la expresión de sentimientos y porque en ellos se fusionan la
subjetividad del poeta con la realidad exterior, ya que no se pretende mostrar al mundo objetivamente.
El ritmo, la musicalidad, uso figurativo del lenguaje y la presencia de la composición en verso son las
marcas más importantes de la poesía.
Dentro del género lírico las formas más comunes son: odas, elegía, égloga, sátira, canción, himno,
lira, redondilla, soneto, etc.
Género Dramático
Como su nombre lo indica (del griego drama “acción”) incluye las obras pensadas para
ser representadas. La historia en este caso se reconstruye a través de las palabras (diálogos-parlamentos) y
la presencia (actuación) de los personajes. A diferencia del género narrativo, en que está presente la voz
del narrador, en las obras dramáticas no hay intermediarios entre los receptores (espectadores) y la historia
que se desarrolla en el escenario.
Dentro del género dramático, las formas más comunes o subgéneros son: tragedia, comedia, drama,
entremés, sainete, grotesco, paso.
La tragedia es una obra extensa, de tono solemne, cuya temática está basada en los mitos y en
problemáticas que atañen profundamente al alma humana. Tiene un final desgraciado o funesto. Sus
personajes son elevados (reyes, príncipes, héroes, dioses) y utilizan un lenguaje culto y cuidado. Su finalidad
es educativa.
La comedia es también una obra extensa, pero carece de solemnidad. Su tono es satírico. Su
desenlace feliz. Sus personajes pertenecen a la vida cotidiana y hablan en un lenguaje vulgar y hasta
grosero. Su comicidad se basa en una mezcla de chistes, equívocos, desencuentros y enredos. Su finalidad
es entretener.
El drama es una obra que combina lo desgraciado con lo feliz. Presenta un conflicto doloroso y lo
sitúa en la realidad con personajes menos grandiosos. Emplea desde el tono más humilde al más elevado.
El desenlace puede ser venturoso o funesto.
Actividad 2
a) Elaborar un esquema sobre los géneros literarios. Puedes utilizar un mapa conceptual o un
esquema sinóptico como los que se muestran a continuación:
b) Reescribir los siguientes textos cambiando sus géneros literarios, si pertenece al lírico, conviértelo
en dramático o narrativo y así, con los tres textos.
Texto 1.
Texto 2
Primera escena
– Primer ministro: Están a las puertas del palacio, majestad. Dicen que las prendas que hacen con sus
telas son especiales.
– Emperador: ¿Especiales?
– Primer ministro: Que poseen la virtud de ser invisibles para las personas que no son capaces para su
cargo o que son tontas.
– Emperador: ¡Deben ser vestidos magníficos! Si los tuviera… Pásalos, que se pongan en seguida a
trabajar, y dales una bolsa de oro para que compren lo que necesiten. (Sale el primer ministro y luego
vuelve a entrar.)
– Primer ministro: Di la orden de que les den una habitación como taller, y están construyendo un telar.
Avanzan rápido. (Se dirige al taller.)
– Narrador: Pero el emperador tenía miedo de saber si era inepto o malo para su cargo y, por si acaso,
prefería enviar al primer ministro para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Los habitantes de la
ciudad sabían de las virtudes de aquellas telas, y estaban impacientes por ver hasta qué punto su
emperador era tonto o incapaz.
Texto 3
LA NARRATIVA
Elementos de la Narración
En cada momento de la estructura hay acciones que pueden ser nucleares o secundarias. Las acciones
nucleares, principales o núcleos narrativos son aquellas que no pueden suprimirse ni modificarse sin
alterar la historia. Las acciones secundarias son acontecimientos no fundamentales que expanden o
amplían las acciones nucleares; se las puede eliminar sin modificar la historia.
Un día, dos amigos se juntaron bien temprano y recorrieron el camino que los llevaba hasta el río. Una
vez ahí prepararon sus cañas y comenzaron a pescar. La mañana era agradable, con un cielo limpio y una
brisa suave. Una bandada de golondrinas pasó volando. Los amigos, esperando el pique, conversaban sobre
la posibilidad de comprar un bote para recorrer el río. De repente la brisa cambió y se levantó un fuerte viento
y, antes de que pudiesen reaccionar, se desató una tormenta. Rápidamente el camino se inundó y los amigos
pensaron que se volvería intransitable. Con mucho pesar, decidieron volver al pueblo con las manos vacías.
El bote debería esperar.
Tema: asunto o idea general, global, que se desarrolla en un texto y que puede resumirse en una o dos
palabras. Es abstracto. Ej.: amor, soledad, el viaje
Motivo: es concreto; es el tema + la acción (representada por un verbo) Ej.: viaje de retorno a Ítaca.
Tópico: es un motivo estable retomado por artistas de distintas épocas; es un “lugar común”, universal, que
resume una actitud vital. Ej.: ubi sunt?, locus amoenus, carpe diem, magister dixit.
• Realistas: representan la realidad unas veces en forma seria y otras en forma trágica. Generalmente
el autor parte de la observación directa de su entorno y lo refleja en sus obras con verosimilitud.
• Fantásticas. presentan elementos reales y extraños e inexplicables que admiten a la vez una
explicación natural y otra sobrenatural y dejan al lector vacilante y sumido en la incertidumbre.
• Ciencia-ficción: presentan elementos científicos unidos con la fantasía. Representan un futuro
posible en el que se denuncian deformaciones de la conducta humana y se pone de relieve que el
uso excesivo de la tecnología sin límites éticos puede llevar a la destrucción del hombre.
• Policial: se trata de relatos en los que por medio de una deducción lógica se identifica al autor de un
delito y se revela sus móviles. El personaje principal es un detective que se destaca por su inteligencia
para resolver enigmas.
• De terror: tienen por objetivo actualizar miedos que inconscientemente tienen todos los seres
humanos: la oscuridad, los muertos, el mal, el más allá, los vampiros, etc.
• Maravillosos: relatos que recurren a la magia y a la hechicería para explicar hechos de la vida. El
espacio es indeterminado (una comarca, una aldea); los hechos están colocados fuera del tiempo
(había una vez…); no hay límites entre lo real y lo irreal; pueden aparecer hadas, brujas, duendes,
gnomos, etc; los objetos mágicos más comunes son talismanes, elixires, plumas, anillos, ungüentos
que son beneficiosos para el personaje noble y perjudiciales para el malvado; predomina el ritmo
ternario: 3 hijos, 3 pruebas, 3 días. Con frecuencia aparece también el número 7: 7 enanos. Contienen
siempre una enseñanza.
Cuento y novela
Es una obra literaria en prosa de cierta extensión que cuenta acontecimientos ficticios.
La extensión y complejidad la distinguen del cuento; el carácter ficcional la diferencia de otros
géneros, como por ejemplo, el ensayo; y por último, su escritura en prosa la opone a relatos rimados como
la poesía.
Una característica formal de las novelas que permite distinguirla de otros géneros emparentados es que
puede estar dividida en capítulos más o menos independientes, que dan lugar a una cronología definida e
inseparable.
Existen diversos tipos de novelas, y las clasificaciones varían de acuerdo con lo que se tenga en cuenta.
Por ejemplo, si se considera la extensión, hablamos de novelas cortas o extensas. Si se tiene en cuenta el
tema, pueden ser humorísticas, autobiográficas, epistolares (que narran una historia a través de
correspondencia), de costumbres, policial, de ciencia ficción, histórica, de terror, etc. Muchas obras son de
difícil catalogación en una u otra categoría.
Actividad 3
• Leer el siguiente texto y resolver las consignas para identificar los elementos de la
narración.
LA CASA DE ASTERIÓN
El Aleph (1949)
SÉ QUE ME acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo
castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad
que sus puertas (cuyo número es infinito)[1] están abiertas día y noche a los hombres y también a los
animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los
palacios, pero si la quietud y la soledad. Asimismo, hallará una casa como no hay otra en la faz de la
tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida). Hasta mis detractores admiten que no
hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré
que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he
pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe,
caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido
llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba,
huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban
piedras. Alguno, creo, se ocultó en el mar. no en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme
con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres;
como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales
minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la
diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer.
A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de
piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y
juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier
hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo
realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el
que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes
reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocaremos en otro
patio o bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya
verás como el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. todas las partes de la
casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un
pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del
mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas
galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo
entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y
los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen
estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. quizá yo he creado las estrellas y el sol la
enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus
pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia
dura pocos minutos. uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan,
y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de
ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me
duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanza
todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y
menos puertas. ¿Como será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un
toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
[1] El original dice catorce, pero sobran motivos para creer inferir que, en boca de Asterión, el número
catorce vale por infinitos.
Jorge Luis Borges
(1899–1986)
Estructura narrativa:
-Situación Inicial (marco: espacio, tiempo y persojanes)
-Conflicto o desarrollo:
-Situación final y resolución:
Narrador:
Heterodiegético/Homodiegético (seleccionar)
Protagonista/testigo/omnisciente/Conocimiento relativo
Focalización: interna/múltiple/externa/cero (seleccionar)
Personajes
Protagonista: …………………………………. Objeto u objetivo: ………………………… Ayudante:
………………………………… Antagonista: …………………………………….
Tema: ……………………………………………………….
Modalidad: ……………………………………………….
c) La intertextualidad es una relación explícita o implícita en el interior de un texto con el cual el autor
dialoga. ¿Con qué texto dialoga La casa de Asterión?
Actividad 3
Literatura precolombina
● Mítica y fantástica
● Oralidad
● Muestra una lucha entre Vida y Muerte pues se mueven en la fatalidad de la vida
● Manifiestan su politeísmo
● Anónima en su mayoría
● Mezcla de magia
● Religión e historia
● Lenguaje simbólico
Literatura maya
Por literatura maya entendemos el conjunto de obras de valor literario escritas en
lengua maya y por indígenas mayas. No obstante, el término es a veces fuente de
conflicto entre los estudiosos, ya que no resulta fácil delimitar con claridad la frontera
entre lo que es maya y lo que no lo es; más aún cuando en la actualidad la literatura
maya sigue viva, al contrario que otras literaturas americanas de origen prehispánico.
La vida de los mayas estaba regida por la religión y sus ciudades eran verdaderos centros ceremoniales.
Adoraban a muchísimos dioses, con oraciones, ayunos y hasta sacrificios de animales y humanos. Sus
dioses encarnaban las fuerzas de la naturaleza, como el rayo o la lluvia, los elementos primordiales, como
el agua, el fuego, el aire y la tierra. Podían tener formas humanas, animales, vegetales y astrales. Una fuente
importante para el conocimiento de los relatos mayas sobre el origen del mundo y el desarrollo de su
civilización son los libros sagrados que se han conservado hasta la actualidad.
a) ¿Cómo actuaron los autores de la creación antes de tomar la decisión de crear el mundo y
el hombre?
b) ¿Qué valor tenía la palabra para los dioses del pueblo quiché? ¿Qué les permitió?
c) Extrae fragmentos que hagan evidente la siguiente afirmación: el Popol Vuh manifiesta una
extraordinaria armonía en el momento de la creación.
d) ¿Qué elemento de la naturaleza se utilizó para formar el cuerpo de los cuatro primeros
hombres? ¿Por qué?
e) ¿Con qué culmina el acto de la creación?
Literatura azteca
El pueblo azteca, conocido también como mexica, fue sin duda el más exitoso de los pueblos precolombinos
de Mesoamérica y logró dominar gran parte de su territorio. Los mexicas o aztecas fueron un pueblo de
filiación nahua y, por lo tanto, hablante del náhuatl. Desarrollaron una escritura jeroglífica (o ideográfica),
aunque en el momento de la conquista española su escritura había alcanzado ya un estadio fonético.
Tristemente, los españoles destruyeron muchos de los -de por sí escasos- registros literarios que guardaban
los aztecas. Los que se lograron conservar mejor fueron los que grabaron los misioneros, utilizando el
alfabeto occidental.
De estos textos la mayor parte son poemas, que se conocen con el nombre de cuicatl. Los cuicalt incluían
bailes y cantos, hablaban sobre la vida y la muerte y solían utilizarse como parte de celebraciones religiosas
(estos poemas contaban con una importantísima significación religiosa).
La poesía tenía una gran importancia en la sociedad mexica y gozaba de alta estima. Los jóvenes de las
clases sociales con más recursos solían acudir a colegios llamados calmecac para aprender el arte de la
poesía, y a colegios llamados caicalli para aprender el arte del canto. Saber escribir y recitar versos se
consideraban buenos atributos en un joven de alta posición.
Actividad 5
Después de haber leído el poema anterior, que describe la destrucción de Tenochtitlán, la ciudad sagrada
de los aztecas responda:
b) Imagine que otra cultura los invade y les destruye sus casas, mata a sus seres queridos, les
imponen su lengua, su religión y sus costumbres. ¿Cómo se sentirían?
Literatura inca
Los incas se expresaban en lengua quechua, un idioma que por cierto pervive hoy en día y es ampliamente
usado en diversas regiones de América Latina. Sin embargo, no tenían costumbre de poner por escrito sus
leyendas y tradiciones. La única forma de escritura que se les conoce es la de los quipus,
compuesta por unos hilos de diferentes colores que anudándose en formas distintas les servía
como materia escriptoria. Los quipus eran muy útiles, en efecto, para mantener los registros y la
contabilidad del estado, pero no eran desde luego idóneos para escribir literatura.
De este modo, la literatura de los incas (o “literatura incaica”) se componía exclusivamente de testimonios
orales. Sabemos, en cualquier caso, que la literatura de los incas era mayormente poética, y se mantenía
centrada en temas directamente relacionados con la naturaleza, como las plantas, las flores y los animales.
Los investigadores asocian esta tendencia a la naturaleza fundamentalmente agrícola de su civilización.
Los mitos que conforman la cosmovisión incaica llegaron a nuestros días por transmisión oral recogido por
sacerdotes e historiadores.
El Dios del Cielo «Pacha Kamac», esposo de la diosa de la tierra «Pacha Mama», engendró dos hijos
gemelos, varón y mujer, llamados «Willcas». El dios «Pacha Kamac» murió ahogado en el mar de Lurín y
se encantó en una isla; por este hecho quedó viuda la diosa «Pacha Mama» y sufrió con sus dos hijitos
muchas penalidades. Era una noche interminable cuando la viuda salió de Kappur por las fragosidades de
«Gasgachin» de la quebrada de «Arma» y descansó al pie de la roca de «Pumaquihuay». Sobre las altas
cumbres acechaban monstruos horrendos; los felinos hambrientos rugían en el fondo de la quebrada.
Llenos de terror, los «Willcas» lloraban inconsolablemente.
La luz coruscante de una llama muy leve sobre un lejano picacho llenó de esperanza a la atribulada madre
de los mellizos. Después de beber en la laguna de «Rihuacocha», la viuda y sus hijitos, continuaron su
viaje hacia el sitio donde brillaba la luz.
Los «Willcas» no sabían que su padre «Pacha Kamac» había muerto, y dijeron a su madre: «¡Vamos
pronto al sitio donde arde la leña y allí encontraremos a nuestro padre!».
La caverna de «Wakonpahuain» del cerro «Reponge» era el sitio donde ardía una hoguera: allí vivía un
hombre semidesnudo, llamado «Wa-Kón».
--¡Pasad! le dijo, y sentaos sobre este «tuto» mientras yo cocino.
El «tuto» era un tejido de crin vegetal que todavía conservaba las espinitas. Los niños se hallaban
incómodos sobre este asiento.
El «Wa-Kón» sancochaba papas en una olla de piedra; y dirigiéndose a los mellizos les dice. «Id al puquio
y traedme agua en ese cántaro». Los niños obedecieron; pero la vasija que llevaron a la fuente estaba
rajada, y por esta causa los mellizos tardaron mucho en regresar a la caverna.
Mientras los «Willcas» se demoraban en la fuente, el antropófago «Wa-Kón» quiso seducir a la madre de
los mellizos; más, no pudiendo efectuar su intento, devoró a la diosa «Pacha Mama», quien pagó con la
muerte su gran fidelidad al dios de los cielos, «Pacha Kamac». El maligno Wa-kón se nutrió de la carne y
de la sangre codiciadas de la madre de los mellizos y guardó una parte de su cuerpo sacrificado en una
olla muy grande.
Cuando los mellizos llegaron del manantial, se dirigieron a «Wa-Kón» y preguntaron por su madre. Wa-
Kón les contestó: «Muy lejos de este sitio ha ido vuestra madre; pero, llegará muy pronto ella.» Más los
días pasaban interminables y la madre de los «Willcas» no llegaba. Los niños lloraban amargamente la
ausencia de su madre.
El Huay-chau, el ave que anuncia la salida del sol, que canta armoniosamente durante la aurora matutina,
tiene un graznido agorero como las «lechuzas», anuncia la muerte de alguna persona; compadecido de la
desgracia de los «Willcas» les comunicó detalladamente la muerte de su madre y les anunció el peligro
que ellos corrían en la compañía del sanguinario «Wa-Kón». Luego de referir a los niños el episodio de la
muerte de la diosa «Pacha Mama», el pajarillo «Huay-chau» les dio un consejo: «Id, les dice, fuera de la
Caverna de «Yagamachay» y debajo de una huanca (que era una piedra muy larga), se halla el «Wa-Kón»
durmiendo. Atadlo con su abundante cabellera hacia la piedra mientras está dormido y luego huid de este
sitio; porque, si el «Wa-Kón» se da cuenta de lo que vosotros le habéis hecho, os matará». Los niños
obedecieron este mandato, y mientras el «Wa-kón» dormía atado a la piedra con sus propios cabellos,
echáronse a correr vertiginosamente.
En esta desesperada peregrinación encontráronse los «Willcas» con el Añas, la madre de los «zorrillos»,
la cual les dijo: ¿Por qué emprendéis la carrera, quién os persigue?...Los «Willcas» contaron a la madre de
los zorrillos la tragedia de la viuda.
Por fin, se despertó el «Wa-Kón» de su profundo letargo y, después de libertarse con dificultad de su
prisión, buscó a los «Willcas» por todas partes. En su viaje de investigación el genio maligno encontró a
varios animales del campo y conversó con las aves del cielo: preguntó al Puma, al Cóndor y al Amaru
[serpiente] si habían visto a los «Willcas». Pero estos animales no le dieron respuesta satisfactoria.
Por último, encontró a la astuta madre de los Añacos y le preguntó si había visto a los Willcas». El Añas
contestóle: «Sí, los he visto que han seguido por ese camino; si tú quieres encontrarlos con mayor rapidez,
sube sobre esa cumbre y entona una canción, fingiendo la voz de la madre de los «Willcas». Al eco de esa
voz acudirán presurosos lo mellizos...». El «Wa-Kón» subió al cerro sin comprender que allí, la «Zorrillo»
había puesto una trampa: comenzó a entonar la canción convenida con débil y angustiosa voz llamando a
los «Willcas» como madre cariñosa; y, al fin, puso el pie sobre la piedra fatal de la trampa y rodó al
abismo. Su muerte fue seguida de un espantoso terremoto.
Libres los niños de su cruel perseguidor y asesino de su madre, vivían muy felices en compañía de su
abuela adoptiva, el Añas, que les alimentaba con su propia sangre. Pero los «Willcas» hastiados de la
sangre que era su único alimento, suplicaron a su abuelita que les dejara ir al campo a «Shanar», o sea, a
sacar las papas que habían quedado ocultas en la tierra al hacer la cosecha. La abuelita Añas les
concedió permiso para ello; y cuando se entretenían en su labor, encontraron una oca muy dulce que por
su forma de muñeca les llamó la atención. Los «Willcas» se pusieron a jugar con la oca, la que se rompió
en varios pedazos y, no teniendo un juguete semejante, prorrumpieron en llanto. Cansados de llorar se
quedaron dormidos; cuando despertó la niña contó a su hermanito lo siguiente: «Estábamos jugando, dijo,
y yo arrojaba un sombrero al cielo donde se quedaba; aventaba mis vestidos y allí se quedaban. ¿Que
significará todo esto?» ...Los «Willcas» estaban pensativos, cuando, de improviso descendió del Cielo una
soga, «huascar» [sic] y el Añas les aconsejó que por allí treparan...Subieron todo juntos al Empíreo, donde
el gran dios Pacha Kamac les esperaba.
El «Willca» varón se transformó en el Sol, y el «Willca» mujer, en la Luna. Pero, la vida de peregrinación
que llevaron en la Tierra nunca terminó. El Sol seguirá su viaje astral, enviando su luz en el día, y la Luna,
durante la noche, caminará iluminando el sendero que les tocó seguir acompañados de su infortunada
madre viuda...La diosa «Pacha-Mama» se quedó encantada en aquel cerro cubierto de nieves perpetuas,
como un blanco sudario, que hasta ahora recibe el nombre de «La viuda».La divinidad suprema
«Pachacamaq», queriendo premiar la fidelidad de esta diosa que con sus hijitos sufrieron tanto, comunicó
a la diosa «Pacha-Mama» la facultad generadora...
Desde la cumbre del picacho de «la Viuda» la diosa «Pacha-Mama» envía sus favores a todos lo
habitantes de esta región, por ella, el dios del cielo envía las lluvias, fertilizando la tierra hace que broten
las plantas y haya muchas mieses; por ella, los animales nacen y crecen para servir de sustento al
hombre; ella es la madre de los mellizos en las especies del hombre y de los otros animales.
La divinidad suprema «Pacha Kamac», también, premió al Añas haciendo que este animalito pudiera
esconder a sus hijitos en su madriguera, de la misma manera como había protegido a los «Willcas»
durante su estadía sobre la Tierra. Premió al Puma, haciéndole el rey de las quebradas y de los bosques,
al Cóndor, como señor de las alturas, a la Víbora, haciendo que esta serpiente pudiera defenderse de sus
enemigos por medio de su ponzoña y fuera el símbolo de la fecundidad y de la riqueza.
Con el reinado de los «Willcas» transformados en los semidioses el Sol y la Luna, triunfó la Luz y fue
vencido para siempre el dios de la noche, el Wa-Kón, vengándose de esta manera la muerte de la diosa
«Pacha-Mama», llamada por antonomasia, «La Viuda»
Alejandro Ortiz Rescaniere, De Adaneva a Inkarrì, Retablo de Papel, Lima, 1973.
Actividad 6
a) Completar los datos de producción del texto:
-Título
-Autor
-Fuente
-Lugar y fecha de edición
Actividades de prelectura:
Observa dos imágenes para ilustrar este texto. En la primera se ve la ubicación original al tope de uno de
los templos de Chichén-Itzá. En la segunda aparece la imagen de Chac Mool.
CARLOS FUENTES
(Ciudad de Panamá,
1928 - México, 2012)
Narrador y ensayista
mexicano, uno de los
escritores más
importantes de la
historia literaria de su país. Figura
fundamental del llamado boom de la
novela hispanoamericana de los años
60, el núcleo más importante de su
narrativa se situó del lado más
experimentalista de los autores del
grupo y recogió los recursos
vanguardistas inaugurados por James
Joyce y William Faulkner (pluralidad de
puntos de vista, fragmentación
cronológica, elipsis, monólogo interior),
apoyándose a la vez en un estilo audaz
y novedoso que exhibe tanto su perfecto
dominio de la más refinada prosa
literaria como su profundo conocimiento
de los variadísimos registros del habla
común.
En lo temático, la narrativa de Carlos
Fuentes es fundamentalmente una
indagación sobre la historia y la
identidad mexicana. Su examen del
México reciente se centró en las
ruinosas consecuencias sociales y
morales de la traicionada Revolución de
• Investiga sobre Chac Mool en documentales o en algún texto 1910, con especial énfasis en la crítica a
explicativo de la web. Anota los datos más importantes y cita la fuente. la burguesía; su búsqueda de lo
mexicano se sumergió en el
• Teniendo en cuenta las características que anotaste, ¿qué inconsciente personal y colectivo y lo
puede suceder en el cuento que vamos a leer? Elabora una hipótesis: llevaría, retrocediendo aún más en la
historia, al intrincado mundo del
mestizaje cultural iniciado con la
conquista española.
…………………………………………………………………………………..
Chac Mool
[Cuento - Texto completo.]
Carlos Fuentes
Hace poco tiempo, Filiberto murió ahogado en Acapulco. Sucedió en Semana Santa. Aunque había sido
despedido de su empleo en la Secretaría, Filiberto no pudo resistir la tentación burocrática de ir, como todos
los años, a la pensión alemana, comer el choucrout endulzado por los sudores de la cocina tropical, bailar
el Sábado de Gloria en La Quebrada y sentirse “gente conocida” en el oscuro anonimato vespertino de la
Playa de Hornos. Claro, sabíamos que en su juventud había nadado bien; pero ahora, a los cuarenta, y tan
desmejorado como se le veía, ¡intentar salvar, a la medianoche, el largo trecho entre Caleta y la isla de la
Roqueta! Frau Müller no permitió que se le velara, a pesar de ser un cliente tan antiguo, en la pensión; por
el contrario, esa noche organizó un baile en la terracita sofocada, mientras Filiberto esperaba, muy pálido
dentro de su caja, a que saliera el camión matutino de la terminal, y pasó acompañado de huacales y fardos
la primera noche de su nueva vida. Cuando llegué, muy temprano, a vigilar el embarque del féretro, Filiberto
estaba bajo un túmulo de cocos: el chofer dijo que lo acomodáramos rápidamente en el toldo y lo
cubriéramos con lonas, para que no se espantaran los pasajeros, y a ver si no le habíamos echado la sal al
viaje.
Salimos de Acapulco a la hora de la brisa tempranera. Hasta Tierra Colorada nacieron el calor y la luz.
Mientras desayunaba huevos y chorizo abrí el cartapacio de Filiberto, recogido el día anterior, junto con sus
otras pertenencias, en la pensión de los Müller. Doscientos pesos. Un periódico derogado de la ciudad de
México. Cachos de lotería. El pasaje de ida -¿sólo de ida?- y el cuaderno barato, de hojas cuadriculadas y
tapas de papel mármol.
Me aventuré a leerlo, a pesar de las curvas, el hedor a vómitos y cierto sentimiento natural de respeto por la
vida privada de mi difunto amigo. Recordaría -sí, empezaba con eso- nuestra cotidiana labor en la oficina;
quizá sabría, al fin, por qué fue declinado, olvidando sus deberes, por qué dictaba oficios sin sentido, ni
número, ni “Sufragio Efectivo No Reelección”. Por qué, en fin, fue corrido, olvidaba la pensión, sin respetar
los escalafones.
“Hoy fui a arreglar lo de mi pensión. El Licenciado, amabilísimo. Salí tan contento que decidí gastar cinco
pesos en un café. Es el mismo al que íbamos de jóvenes y al que ahora nunca concurro, porque me recuerda
que a los veinte años podía darme más lujos que a los cuarenta. Entonces todos estábamos en un mismo
plano, hubiéramos rechazado con energía cualquier opinión peyorativa hacia los compañeros; de hecho,
librábamos la batalla por aquellos a quienes en la casa discutían por su baja extracción o falta de elegancia.
Yo sabía que muchos de ellos (quizá los más humildes) llegarían muy alto y aquí, en la Escuela, se iban a
forjar las amistades duraderas en cuya compañía cursaríamos el mar bravío. No, no fue así. No hubo reglas.
Muchos de los humildes se quedaron allí, muchos llegaron más arriba de lo que pudimos pronosticar en
aquellas fogosas, amables tertulias. Otros, que parecíamos prometerlo todo, nos quedamos a la mitad del
camino, destripados en un examen extracurricular, aislados por una zanja invisible de los que triunfaron y
de los que nada alcanzaron. En fin, hoy volví a sentarme en las sillas modernizadas -también hay, como
barricada de una invasión, una fuente de sodas- y pretendí leer expedientes. Vi a muchos antiguos
compañeros, cambiados, amnésicos, retocados de luz neón, prósperos. Con el café que casi no reconocía,
con la ciudad misma, habían ido cincelándose a ritmo distinto del mío. No, ya no me reconocían; o no me
querían reconocer. A lo sumo -uno o dos- una mano gorda y rápida sobre el hombro. Adiós viejo, qué tal.
Entre ellos y yo mediaban los dieciocho agujeros del Country Club. Me disfracé detrás de los expedientes.
Desfilaron en mi memoria los años de las grandes ilusiones, de los pronósticos felices y, también todas las
omisiones que impidieron su realización. Sentí la angustia de no poder meter los dedos en el pasado y pegar
los trozos de algún rompecabezas abandonado; pero el arcón de los juguetes se va olvidando y, al cabo,
¿quién sabrá dónde fueron a dar los soldados de plomo, los cascos, las espadas de madera? Los disfraces
tan queridos, no fueron más que eso. Y sin embargo, había habido constancia, disciplina, apego al deber.
¿No era suficiente, o sobraba? En ocasiones me asaltaba el recuerdo de Rilke. La gran recompensa de la
aventura de juventud debe ser la muerte; jóvenes, debemos partir con todos nuestros secretos. Hoy, no
tendría que volver la mirada a las ciudades de sal. ¿Cinco pesos? Dos de propina.”
“Pepe, aparte de su pasión por el derecho mercantil, gusta de teorizar. Me vio salir de Catedral, y juntos nos
encaminamos a Palacio. Él es descreído, pero no le basta; en media cuadra tuvo que fabricar una teoría.
Que si yo no fuera mexicano, no adoraría a Cristo y -No, mira, parece evidente. Llegan los españoles y te
proponen adorar a un Dios muerto hecho un coágulo, con el costado herido, clavado en una cruz.
Sacrificado. Ofrendado. ¿Qué cosa más natural que aceptar un sentimiento tan cercano a todo tu
ceremonial, a toda tu vida?… figúrate, en cambio, que México hubiera sido conquistado por budistas o por
mahometanos. No es concebible que nuestros indios veneraran a un individuo que murió de indigestión.
Pero un Dios al que no le basta que se sacrifiquen por él, sino que incluso va a que le arranquen el corazón,
¡caramba, jaque mate a Huitzilopochtli! El cristianismo, en su sentido cálido, sangriento, de sacrificio y
liturgia, se vuelve una prolongación natural y novedosa de la religión indígena. Los aspectos caridad, amor
y la otra mejilla, en cambio, son rechazados. Y todo en México es eso: hay que matar a los hombres para
poder creer en ellos.
“Pepe conocía mi afición, desde joven, por ciertas formas de arte indígena mexicana. Yo colecciono
estatuillas, ídolos, cacharros. Mis fines de semana los paso en Tlaxcala o en Teotihuacán. Acaso por esto
le guste relacionar todas las teorías que elabora para mi consumo con estos temas. Por cierto que busco
una réplica razonable del Chac Mool desde hace tiempo, y hoy Pepe me informa de un lugar en la Lagunilla
donde venden uno de piedra y parece que barato. Voy a ir el domingo.
“Un guasón pintó de rojo el agua del garrafón en la oficina, con la consiguiente perturbación de las labores.
He debido consignarlo al Director, a quien sólo le dio mucha risa. El culpable se ha valido de esta
circunstancia para hacer sarcasmos a mis costillas el día entero, todos en torno al agua. Ch…”
“Hoy domingo, aproveché para ir a la Lagunilla. Encontré el Chac Mool en la tienducha que me señaló Pepe.
Es una pieza preciosa, de tamaño natural, y aunque el marchante asegura su originalidad, lo dudo. La piedra
es corriente, pero ello no aminora la elegancia de la postura o lo macizo del bloque. El desleal vendedor le
ha embarrado salsa de tomate en la barriga al ídolo para convencer a los turistas de la sangrienta
autenticidad de la escultura.
“El traslado a la casa me costó más que la adquisición. Pero ya está aquí, por el momento en el sótano
mientras reorganizo mi cuarto de trofeos a fin de darle cabida. Estas figuras necesitan sol vertical y fogoso;
ese fue su elemento y condición. Pierde mucho mi Chac Mool en la oscuridad del sótano; allí, es un simple
bulto agónico, y su mueca parece reprocharme que le niegue la luz. El comerciante tenía un foco que
iluminaba verticalmente en la escultura, recortando todas sus aristas y dándole una expresión más amable.
Habrá que seguir su ejemplo.”
“Amanecí con la tubería descompuesta. Incauto, dejé correr el agua de la cocina y se desbordó, corrió por
el piso y llego hasta el sótano, sin que me percatara. El Chac Mool resiste la humedad, pero mis maletas
sufrieron. Todo esto, en día de labores, me obligó a llegar tarde a la oficina.”
“Vinieron, por fin, a arreglar la tubería. Las maletas, torcidas. Y el Chac Mool, con lama en la base.”
“Desperté a la una: había escuchado un quejido terrible. Pensé en ladrones. Pura imaginación.”
“Los lamentos nocturnos han seguido. No sé a qué atribuirlo, pero estoy nervioso. Para colmo de males, la
tubería volvió a descomponerse, y las lluvias se han colado, inundando el sótano.”
“El plomero no viene; estoy desesperado. Del Departamento del Distrito Federal, más vale no hablar. Es la
primera vez que el agua de las lluvias no obedece a las coladeras y viene a dar a mi sótano. Los quejidos
han cesado: vaya una cosa por otra.”
“Secaron el sótano, y el Chac Mool está cubierto de lama. Le da un aspecto grotesco, porque toda la masa
de la escultura parece padecer de una erisipela verde, salvo los ojos, que han permanecido de piedra. Voy
a aprovechar el domingo para raspar el musgo. Pepe me ha recomendado cambiarme a una casa de
apartamentos, y tomar el piso más alto, para evitar estas tragedias acuáticas. Pero yo no puedo dejar este
caserón, ciertamente es muy grande para mí solo, un poco lúgubre en su arquitectura porfiriana. Pero es la
única herencia y recuerdo de mis padres. No sé qué me daría ver una fuente de sodas con sinfonola en el
sótano y una tienda de decoración en la planta baja.”
“Fui a raspar el musgo del Chac Mool con una espátula. Parecía ser ya parte de la piedra; fue labor de más
de una hora, y sólo a las seis de la tarde pude terminar. No se distinguía muy bien la penumbra; al finalizar
el trabajo, seguí con la mano los contornos de la piedra. Cada vez que lo repasaba, el bloque parecía
reblandecerse. No quise creerlo: era ya casi una pasta. Este mercader de la Lagunilla me ha timado. Su
escultura precolombina es puro yeso, y la humedad acabará por arruinarla. Le he echado encima unos
trapos; mañana la pasaré a la pieza de arriba, antes de que sufra un deterioro total.”
“Los trapos han caído al suelo, increíble. Volví a palpar el Chac Mool. Se ha endurecido pero no vuelve a la
consistencia de la piedra. No quiero escribirlo: hay en el torso algo de la textura de la carne, al apretar los
brazos los siento de goma, siento que algo circula por esa figura recostada… Volví a bajar en la noche. No
cabe duda: el Chac Mool tiene vello en los brazos.”
“Esto nunca me había sucedido. Tergiversé los asuntos en la oficina, giré una orden de pago que no estaba
autorizada, y el Director tuvo que llamarme la atención. Quizá me mostré hasta descortés con los
compañeros. Tendré que ver a un médico, saber si es mi imaginación o delirio o qué, y deshacerme de ese
maldito Chac Mool.”
Hasta aquí la escritura de Filiberto era la antigua, la que tantas veces vi en formas y memoranda, ancha y
ovalada. La entrada del 25 de agosto, sin embargo, parecía escrita por otra persona. A veces como niño,
separando trabajosamente cada letra; otras, nerviosa, hasta diluirse en lo ininteligible. Hay tres días vacíos,
y el relato continúa:
“Todo es tan natural; y luego se cree en lo real… pero esto lo es, más que lo creído por mí. Si es real un
garrafón, y más, porque nos damos mejor cuenta de su existencia, o estar, si un bromista pinta el agua de
rojo… Real bocanada de cigarro efímera, real imagen monstruosa en un espejo de circo, reales, ¿no lo son
todos los muertos, presentes y olvidados?… si un hombre atravesara el paraíso en un sueño, y le dieran
una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar encontrara esa flor en su mano… ¿entonces,
qué?… Realidad: cierto día la quebraron en mil pedazos, la cabeza fue a dar allá, la cola aquí y nosotros no
conocemos más que uno de los trozos desprendidos de su gran cuerpo. Océano libre y ficticio, sólo real
cuando se le aprisiona en el rumor de un caracol marino. Hasta hace tres días, mi realidad lo era al grado
de haberse borrado hoy; era movimiento reflejo, rutina, memoria, cartapacio. Y luego, como la tierra que un
día tiembla para que recordemos su poder, o como la muerte que un día llegará, recriminando mi olvido de
toda la vida, se presenta otra realidad: sabíamos que estaba allí, mostrenca; ahora nos sacude para hacerse
viva y presente. Pensé, nuevamente, que era pura imaginación: el Chac Mool, blando y elegante, había
cambiado de color en una noche; amarillo, casi dorado, parecía indicarme que era un dios, por ahora laxo,
con las rodillas menos tensas que antes, con la sonrisa más benévola. Y ayer, por fin, un despertar
sobresaltado, con esa seguridad espantosa de que hay dos respiraciones en la noche, de que en la
oscuridad laten más pulsos que el propio. Sí, se escuchaban pasos en la escalera. Pesadilla. Vuelta a
dormir… No sé cuánto tiempo pretendí dormir. Cuando volvía a abrir los ojos, aún no amanecía. El cuarto
olía a horror, a incienso y sangre. Con la mirada negra, recorrí la recámara, hasta detenerme en dos orificios
de luz parpadeante, en dos flámulas crueles y amarillas.
“Casi sin aliento, encendí la luz.
“Allí estaba Chac Mool, erguido, sonriente, ocre, con su barriga encarnada. Me paralizaron los dos ojillos
casi bizcos, muy pegados al caballete de la nariz triangular. Los dientes inferiores mordían el labio superior,
inmóviles; sólo el brillo del casuelón cuadrado sobre la cabeza anormalmente voluminosa, delataba vida.
Chac Mool avanzó hacia mi cama; entonces empezó a llover.”
Recuerdo que a fines de agosto, Filiberto fue despedido de la Secretaría, con una recriminación pública del
Director y rumores de locura y hasta de robo. Esto no lo creí. Sí pude ver unos oficios descabellados,
preguntándole al Oficial Mayor si el agua podía olerse, ofreciendo sus servicios al Secretario de Recursos
Hidráulicos para hacer llover en el desierto. No supe qué explicación darme a mí mismo; pensé que las
lluvias excepcionalmente fuertes, de ese verano, habían enervado a mi amigo. O que alguna depresión
moral debía producir la vida en aquel caserón antiguo, con la mitad de los cuartos bajo llave y empolvados,
sin criados ni vida de familia. Los apuntes siguientes son de fines de septiembre:
“Chac Mool puede ser simpático cuando quiere, ‘…un gluglú de agua embelesada’… Sabe historias
fantásticas sobre los monzones, las lluvias ecuatoriales y el castigo de los desiertos; cada planta arranca de
su paternidad mítica: el sauce es su hija descarriada, los lotos, sus niños mimados; su suegra, el cacto. Lo
que no puedo tolerar es el olor, extrahumano, que emana de esa carne que no lo es, de las sandalias
flamantes de vejez. Con risa estridente, Chac Mool revela cómo fue descubierto por Le Plongeon y puesto
físicamente en contacto de hombres de otros símbolos. Su espíritu ha vivido en el cántaro y en la tempestad,
naturalmente; otra cosa es su piedra, y haberla arrancado del escondite maya en el que yacía es artificial y
cruel. Creo que Chac Mool nunca lo perdonará. Él sabe de la inminencia del hecho estético.
“He debido proporcionarle sapolio para que se lave el vientre que el mercader, al creerlo azteca, le untó de
salsa ketchup. No pareció gustarle mi pregunta sobre su parentesco con Tlaloc1, y cuando se enoja, sus
dientes, de por sí repulsivos, se afilan y brillan. Los primeros días, bajó a dormir al sótano; desde ayer, lo
hace en mi cama.”
“Hoy empezó la temporada seca. Ayer, desde la sala donde ahora duermo, comencé a oír los mismos
lamentos roncos del principio, seguidos de ruidos terribles. Subí; entreabrí la puerta de la recámara: Chac
Mool estaba rompiendo las lámparas, los muebles; al verme, saltó hacia la puerta con las manos arañadas,
y apenas pude cerrar e irme a esconder al baño. Luego bajó, jadeante, y pidió agua; todo el día tiene
corriendo los grifos, no queda un centímetro seco en la casa. Tengo que dormir muy abrigado, y le he pedido
que no empape más la sala2.”
“El Chac inundó hoy la sala. Exasperado, le dije que lo iba a devolver al mercado de la Lagunilla. Tan terrible
como su risilla -horrorosamente distinta a cualquier risa de hombre o de animal- fue la bofetada que me dio,
con ese brazo cargado de pesados brazaletes. Debo reconocerlo: soy su prisionero. Mi idea original era bien
distinta: yo dominaría a Chac Mool, como se domina a un juguete; era, acaso, una prolongación de mi
seguridad infantil; pero la niñez -¿quién lo dijo?- es fruto comido por los años, y yo no me he dado cuenta…
Ha tomado mi ropa y se pone la bata cuando empieza a brotarle musgo verde. El Chac Mool está
acostumbrado a que se le obedezca, desde siempre y para siempre; yo, que nunca he debido mandar, sólo
puedo doblegarme ante él. Mientras no llueva -¿y su poder mágico?- vivirá colérico e irritable.”
“Hoy decidí que en las noches Chac Mool sale de la casa. Siempre, al oscurecer, canta una tonada chirriona
y antigua, más vieja que el canto mismo. Luego cesa. Toqué varias veces a su puerta, y como no me
contestó, me atreví a entrar. No había vuelto a ver la recámara desde el día en que la estatua trató de
atacarme: está en ruinas, y allí se concentra ese olor a incienso y sangre que ha permeado la casa. Pero
detrás de la puerta, hay huesos: huesos de perros, de ratones y gatos. Esto es lo que roba en la noche el
Chac Mool para sustentarse. Esto explica los ladridos espantosos de todas las madrugadas.”
“Febrero, seco. Chac Mool vigila cada paso mío; me ha obligado a telefonear a una fonda para que
diariamente me traigan un portaviandas. Pero el dinero sustraído de la oficina ya se va a acabar. Sucedió lo
inevitable: desde el día primero, cortaron el agua y la luz por falta de pago. Pero Chac Mool ha descubierto
una fuente pública a dos cuadras de aquí; todos los días hago diez o doce viajes por agua, y él me observa
desde la azotea. Dice que si intento huir me fulminará: también es Dios del Rayo. Lo que él no sabe es que
estoy al tanto de sus correrías nocturnas… Como no hay luz, debo acostarme a las ocho. Ya debería estar
acostumbrado al Chac Mool, pero hace poco, en la oscuridad, me topé con él en la escalera, sentí sus brazos
helados, las escamas de su piel renovada y quise gritar.”
“Si no llueve pronto, el Chac Mool va a convertirse otra vez en piedra. He notado sus dificultades recientes
para moverse; a veces se reclina durante horas, paralizado, contra la pared y parece ser, de nuevo, un ídolo
inerme, por más dios de la tempestad y el trueno que se le considere. Pero estos reposos sólo le dan nuevas
fuerzas para vejarme, arañarme como si pudiese arrancar algún líquido de mi carne. Ya no tienen lugar
aquellos intermedios amables durante los cuales relataba viejos cuentos; creo notar en él una especie de
resentimiento concentrado. Ha habido otros indicios que me han puesto a pensar: los vinos de mi bodega
se están acabando; Chac Mool acaricia la seda de la bata; quiere que traiga una criada a la casa, me ha
hecho enseñarle a usar jabón y lociones. Incluso hay algo viejo en su cara que antes parecía eterna. Aquí
puede estar mi salvación: si el Chac cae en tentaciones, si se humaniza, posiblemente todos sus siglos de
vida se acumulen en un instante y caiga fulminado por el poder aplazado del tiempo. Pero también me pongo
a pensar en algo terrible: el Chac no querrá que yo asista a su derrumbe, no querrá un testigo…, es posible
que desee matarme.”
“Hoy aprovecharé la excursión nocturna de Chac para huir. Me iré a Acapulco; veremos qué puede hacerse
para conseguir trabajo y esperar la muerte de Chac Mool; sí, se avecina; está canoso, abotagado. Yo
necesito asolearme, nadar y recuperar fuerzas. Me quedan cuatrocientos pesos. Iré a la Pensión Müller, que
es barata y cómoda. Que se adueñe de todo Chac Mool: a ver cuánto dura sin mis baldes de agua.”
Aquí termina el diario de Filiberto. No quise pensar más en su relato; dormí hasta Cuernavaca. De ahí a
México pretendí dar coherencia al escrito, relacionarlo con exceso de trabajo, con algún motivo sicológico.
Cuando, a las nueve de la noche, llegamos a la terminal, aún no podía explicarme la locura de mi amigo.
Contraté una camioneta para llevar el féretro a casa de Filiberto, y después de allí ordenar el entierro.
Antes de que pudiera introducir la llave en la cerradura, la puerta se abrió. Apareció un indio amarillo, en
bata de casa, con bufanda. Su aspecto no podía ser más repulsivo; despedía un olor a loción barata, quería
cubrir las arrugas con la cara polveada; tenía la boca embarrada de lápiz labial mal aplicado, y el pelo daba
la impresión de estar teñido.
-Perdone… no sabía que Filiberto hubiera…
-No importa; lo sé todo. Dígale a los hombres que lleven el cadáver al sótano.
FIN
Actividad 7
b) La convivencia con el Chac Mool le acarrea a Filiberto serias consecuencias ¿Cuáles son las
consecuencias laborales que indican la progresiva decadencia del protagonista?
c) ¿Cuáles son los rasgos físicos más importantes del Chac Mool? ¿Y los vinculados a su carácter?
d) ¿A qué se debe la muerte de Filiberto, es una decisión personal, es un accidente o un crimen?
e) Justifica tu respuesta.
f) ¿Què pistas evidencia lo extraño de la muerte de Filiberto?
g) En la narrativa contemporánea, los hechos narrados no siguen en orden temporal exterior, sino que
son presentados por el narrador con total libertad, según el efecto que desee producir en el lector.
¿Cómo ordenarías cronológicamente los hechos narrados? ¿Qué efecto se busca al presentar los
hechos en un orden que no corresponde a la cronología?
h) El realismo mágico presenta lo extraño, lo raro, como algo cotidiano, natural. Extrae del texto el
fragmento en el que Filiberto afirma la existencia de otra realidad.
i) Chac Mool esta representado en una escultura de un hombre semi acostado boca arriba hallada en
Chichén-Itza. Dicha figura tiene un receptáculo en el centro, motivo por el cual se cree que era una
divinidad asociada con la lluvia y con los sacrificios humanos, ya que presumiblemente en dicho
receptáculo se ofrendaban corazones. ¿En qué partes del texto se manifiestan estos rasgos de la
divinidad?
j) Selecciona el tema del cuento: la muerte- la locura- la venganza de un antiguo dios maya.
¿Qué es la intertextualidad?
Como vimos anteriormente, intertextualidad es un recurso estilístico que permite establecer una relación
entre dos textos de manera implícita o explícita, citando a uno dentro de otro. Se puede plasmar con
referencias a otros textos de la misma época o de otra, literales o parafraseados, del mismo autor o más
comúnmente de otros.
¿Qué juegos permite este fenómeno en la literatura?
Este recurso no es exclusivo de la literatura. Aparece cada vez que usemos refranes, frases célebres,
proverbios, dichos, citas textuales de otros autores, etc.; así como en los distintos textos que producimos.
La intertextualidad suele usarse en los textos argumentativos y expositivos. En la literatura, por ejemplo, se
muestra en personajes con una clara carga connotativa.
Nuestro programa es intertextual, esto quiere decir que trabajaremos con textos propios de la Época
Precolombina (como el Popol Vuh) que mantienen un “diálogo” con obras escritas con posterioridad
como son Malinche, La noche boca arriba, El Conquistador, La Ciudad de las Bestias, La saga de
los confines (recordemos que el primer libro de la saga es Los días del Venado), etc.
A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y
sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería
de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba.
El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él
-porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina
saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le
chicoteaba los pantalones.
Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas
de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero
paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban
venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos. Quizá algo
distraído, pero corriendo por la derecha como correspondía, se dejó llevar por la tersura, por
la leve crispación de ese día apenas empezado. Tal vez su involuntario relajamiento le
impidió prevenir el accidente. Cuando vio que la mujer parada en la esquina se lanzaba a la
calzada a pesar de las luces verdes, ya era tarde para las soluciones fáciles. Frenó con el
pie y con la mano, desviándose a la izquierda; oyó el grito de la mujer, y junto con el choque
perdió la visión. Fue como dormirse de golpe.
Volvió bruscamente del desmayo. Cuatro o cinco hombres jóvenes lo estaban sacando de
debajo de la moto. Sentía gusto a sal y sangre, le dolía una rodilla y cuando lo alzaron gritó,
porque no podía soportar la presión en el brazo derecho. Voces que no parecían pertenecer
a las caras suspendidas sobre él, lo alentaban con bromas y seguridades. Su único alivio
fue oír la confirmación de que había estado en su derecho al cruzar la esquina. Preguntó
por la mujer, tratando de dominar la náusea que le ganaba la garganta. Mientras lo llevaban
boca arriba hasta una farmacia próxima, supo que la causante del accidente no tenía más
que rasguños en las piernas. "Usté la agarró apenas, pero el golpe le hizo saltar la máquina
de costado..."; Opiniones, recuerdos, despacio, éntrenlo de espaldas, así va bien y alguien
con guardapolvo dándole de beber un trago que lo alivió en la penumbra de una pequeña
farmacia de barrio.
La ambulancia policial llegó a los cinco minutos, y lo subieron a una camilla blanda donde
pudo tenderse a gusto. Con toda lucidez, pero sabiendo que estaba bajo los efectos de un
shock terrible, dio sus señas al policía que lo acompañaba. El brazo casi no le dolía; de una
cortadura en la ceja goteaba sangre por toda la cara. Una o dos veces se lamió los labios
para beberla. Se sentía bien, era un accidente, mala suerte; unas semanas quieto y nada
más. El vigilante le dijo que la motocicleta no parecía muy estropeada. "Natural", dijo él.
"Como que me la ligué encima..." Los dos rieron y el vigilante le dio la mano al llegar al
hospital y le deseó buena suerte. Ya la náusea volvía poco a poco; mientras lo llevaban en
una camilla de ruedas hasta un pabellón del fondo, pasando bajo árboles llenos de pájaros,
cerró los ojos y deseó estar dormido o cloroformado. Pero lo tuvieron largo rato en una pieza
con olor a hospital, llenando una ficha, quitándole la ropa y vistiéndolo con una camisa
grisácea y dura. Le movían cuidadosamente el brazo, sin que le doliera. Las enfermeras
bromeaban todo el tiempo, y si no hubiera sido por las contracciones del estómago se habría
sentido muy bien, casi contento.
Lo llevaron a la sala de radio, y veinte minutos después, con la placa todavía húmeda puesta
sobre el pecho como una lápida negra, pasó a la sala de operaciones. Alguien
incómodo, de espaldas, pero al pasarse la lengua por los labios resecos y calientes sintió el
sabor del caldo, y suspiró de felicidad, abandonándose.
Primero fue una confusión, un atraer hacia sí todas las sensaciones por un instante
embotadas o confundidas. Comprendía que estaba corriendo en plena oscuridad, aunque
arriba el cielo cruzado de copas de árboles era menos negro que el resto. "La calzada",
pensó. "Me salí de la calzada." Sus pies se hundían en un colchón de hojas y barro, y ya no
podía dar un paso sin que las ramas de los arbustos le azotaran el torso y las piernas.
Jadeante, sabiéndose acorralado a pesar de la oscuridad y el silencio, se agachó para
escuchar. Tal vez la calzada estaba cerca, con la primera luz del día iba a verla otra vez.
Nada podía ayudarlo ahora a encontrarla. La mano que sin saberlo él, aferraba el mango
del puñal, subió como un escorpión de los pantanos hasta su cuello, donde colgaba el
amuleto protector. Moviendo apenas los labios musitó la plegaria del maíz que trae las lunas
felices, y la súplica a la Muy Alta, a la dispensadora de los bienes motecas. Pero sentía al
mismo tiempo que los tobillos se le estaban hundiendo despacio en el barro, y al la espera
en la oscuridad del chaparral desconocido se le hacía insoportable. La guerra florida había
empezado con la luna y llevaba ya tres días y tres noches. Si conseguía refugiarse en lo
profundo de la selva, abandonando la calzada mas allá de la región de las ciénagas, quizá
los guerreros no le siguieran el rastro. Pensó en la cantidad de prisioneros que ya habrían
hecho. Pero la cantidad no contaba, sino el tiempo sagrado. La caza continuaría hasta que
los sacerdotes dieran la señal del regreso. Todo tenía su número y su fin, y él estaba dentro
del tiempo sagrado, del otro lado de los cazadores.
Oyó los gritos y se enderezó de un salto, puñal en mano. Como si el cielo se incendiara en
el horizonte, vio antorchas moviéndose entre las ramas, muy cerca. El olor a guerra era
insoportable, y cuando el primer enemigo le saltó al cuello casi sintió placer en hundirle la
hoja de piedra en pleno pecho. Ya lo rodeaban las luces y los gritos alegres. Alcanzó a cortar
el aire una o dos veces, y entonces una soga lo atrapó desde atrás. -Es la fiebre -dijo el de
la cama de al lado-. A mí me pasaba igual cuando me operé del duodeno. Tome agua y va
a ver que duerme bien.
Al lado de la noche de donde volvía la penumbra tibia de la sala le pareció deliciosa. Una
lámpara violeta velaba en lo alto de la pared del fondo como un ojo protector. Se oía toser,
respirar fuerte, a veces un diálogo en voz baja. Todo era grato y seguro, sin acoso, sin...
Pero no quería seguir pensando en la pesadilla. Había tantas cosas en qué entretenerse.
Se puso a mirar el yeso del brazo, las poleas que tan cómodamente se lo sostenían en el
aire. Le habían puesto una botella de agua mineral en la mesa de noche. Bebió del gollete,
golosamente. Distinguía ahora las formas de la sala, las treinta camas, los armarios con
vitrinas. Ya no debía tener tanta fiebre, sentía fresca la cara. La ceja le dolía apenas, como
un recuerdo. Se vio otra vez saliendo del hotel, sacando la moto. ¿Quién hubiera pensado
que la cosa iba a acabar así? Trataba de fijar el momento del accidente, y le dio rabia advertir
que había ahí como un hueco, un vacío que no alcanzaba a rellenar. Entre el choque y el
momento en que lo habían levantado del suelo, un desmayo o lo que fuera no le dejaba ver
nada. Y al mismo tiempo tenía la sensación de que ese hueco, esa nada, había durado una
eternidad. No, ni siquiera tiempo, más bien como si en ese hueco él hubiera pasado a través
de algo o recorrido distancias inmensas. El choque, el golpe brutal contra el pavimento. De
todas maneras al salir del pozo negro había sentido casi un alivio mientras los hombres lo
alzaban del suelo. Con el dolor del brazo roto, la sangre de la ceja partida, la contusión en
la rodilla; con todo eso, un alivio al volver al día y sentirse sostenido y auxiliado. Y era raro.
Le preguntaría alguna vez al médico de la oficina. Ahora volvía a ganarlo el sueño, a tirarlo
despacio hacia abajo. La almohada era tan blanda, y en su garganta afiebrada la frescura
del
agua mineral. Quizá pudiera descansar de veras, sin las malditas pesadillas. La luz violeta
de la lámpara en lo alto se iba apagando poco a poco.
Como dormía de espaldas, no lo sorprendió la posición en que volvía a reconocerse, pero
en cambio el olor a humedad, a piedra rezumante de filtraciones, le cerró la garganta y lo
obligó a comprender. Inútil abrir los ojos y mirar en todas direcciones; lo envolvía una
oscuridad absoluta. Quiso enderezarse y sintió las sogas en las muñecas y los tobillos.
Estaba estaqueado en el piso, en un suelo de lajas helado y húmedo. El frío le ganaba la
espalda desnuda, las piernas. Con el mentón buscó torpemente el contacto con su amuleto,
y supo que se lo habían arrancado. Ahora estaba perdido, ninguna plegaria podía salvarlo
del final. Lejanamente, como filtrándose entre las piedras del calabozo, oyó los atabales de
la fiesta. Lo habían traído al teocalli, estaba en las mazmorras del templo a la espera de su
turno.
Oyó gritar, un grito ronco que rebotaba en las paredes. Otro grito, acabando en un quejido.
Era él que gritaba en las tinieblas, gritaba porque estaba vivo, todo su cuerpo se defendía
con el grito de lo que iba a venir, del final inevitable. Pensó en sus compañeros que llenarían
otras mazmorras, y en los que ascendían ya los peldaños del sacrificio. Gritó de nuevo
sofocadamente, casi no podía abrir la boca, tenía las mandíbulas agarrotadas y a la vez
como si fueran de goma y se abrieran lentamente, con un esfuerzo interminable. El chirriar
de los cerrojos lo sacudió como un látigo. Convulso, retorciéndose, luchó por zafarse de las
cuerdas que se le hundían en la carne. Su brazo derecho, el más fuerte, tiraba hasta que el
dolor se hizo intolerable y hubo que ceder. Vio abrirse la doble puerta, y el olor de las
antorchas le llegó antes que la luz. Apenas ceñidos con el taparrabos de la ceremonia, los
acólitos de los sacerdotes se le acercaron mirándolo con desprecio. Las luces se reflejaban
en los torsos sudados, en el pelo negro lleno de plumas. Cedieron las sogas, y en su lugar
lo aferraron manos calientes, duras como el bronce; se sintió alzado, siempre boca arriba,
tironeado por los cuatro acólitos que lo llevaban por el pasadizo. Los portadores de
antorchas iban adelante, alumbrando vagamente el corredor de paredes mojadas y techo
tan bajo que los acólitos debían agachar la cabeza. Ahora lo llevaban, lo llevaban, era el
final. Boca arriba, a un metro del techo de roca viva que por momentos se iluminaba con un
reflejo de antorcha. Cuando en vez del techo nacieran las estrellas y se alzara ante él la
escalinata incendiada de gritos y danzas, sería el fin. El pasadizo no acababa nunca, pero
ya iba a acabar, de repente olería el aire libre lleno de estrellas, pero todavía no, andaban
llevándolo sin fin en la penumbra roja, tironeándolo brutalmente, y él no quería, pero como
impedirlo si le habían arrancado el amuleto que era su verdadero corazón, el centro de su
vida.
Salió de un brinco a la noche del hospital, al alto cielo raso dulce, a la sombra blanda que lo
rodeaba. Pensó que debía haber gritado, pero sus vecinos dormían callados. En la mesa
de noche, la botella de agua tenía algo de burbuja, de imagen traslúcida contra la sombra
azulada de los ventanales. Jadeó buscando el alivio de los pulmones, el olvido de esas
imágenes que seguían pegados a sus párpados. Cada vez que cerraba los ojos las veía
formarse instantáneamente, y se enderezaba aterrado pero gozando a la vez del saber que
ahora estaba despierto, que la vigilia lo protegía, que pronto iba a amanecer, con el buen
sueño profundo que se tiene a esa hora, sin imágenes, sin nada... Le costaba mantener los
ojos abiertos, la modorra era más fuerte que él. Hizo un último esfuerzo, con la mano sana
esbozó un gesto hacia la botella de agua; no llegó a tomarla, sus dedos se cerraron en un
vacío otra vez negro, y el pasadizo seguía interminable, roca tras roca, con súbitas
fulguraciones rojizas, y él boca arriba gimió apagadamente porque el techo iba a acabarse,
subía, abriéndose como una boca de sombra, y los acólitos se enderezaban y de la altura
una luna menguante le cayó en la cara donde los ojos no querían verla, desesperadamente
se cerraban y abrían buscando pasar al otro lado, descubrir de
nuevo el cielo raso protector de la sala. Y cada vez que se abrían era la noche y la luna
mientras lo subían por la escalinata, ahora con la cabeza colgando hacia abajo, y en lo alto
estaban las hogueras, las rojas columnas de rojo perfumado, y de golpe vio la piedra roja,
brillante de sangre que chorreaba, y el vaivén de los pies del sacrificado, que arrastraban
para tirarlo rodando por las escalinatas del norte. Con una última esperanza apretó los
párpados, gimiendo por despertar. Durante un segundo creyó que lo lograría, porque estaba
otra vez inmóvil en al cama, a salvo del balanceo cabeza abajo. Pero olía a muerte y cuando
abrió los ojos vio la figura ensangrentada del sacrificador que venía hacia él con el cuchillo
de piedra en la mano. Alcanzó a cerrar otra vez los párpados, aunque ahora sabía que no
iba a despertarse, que estaba despierto, que el sueño maravilloso había sido el otro, absurdo
como todos los sueños; un sueño en el que había andado por extrañas avenidas de una
ciudad asombrosa, con luces verdes y rojas que ardían sin llama ni humo, con un enorme
insecto de metal que zumbaba bajo sus piernas. En la mentira infinita de ese sueño también
lo habían alzado del suelo, también alguien se le había acercado con un cuchillo en la mano,
a él tendido boca arriba, a él boca arriba con los ojos cerrados entre las hogueras.
CORTÁZAR, J., "Final del Juego", Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1993.
Actividad 8
a) Lectura Exploratoria
a.1) ¿Quién produjo este texto? Realiza una breve investigación y anota los siguientes
datos acerca de él:
-Nombre:……………………………………………………………………………
-Nacionalidad:……………………………………………………………………
-Editorial:………………………………………………………………………………
-Año de publicación:……………………………………………………………
a.4) Este texto pertenece a un discurso social determinado. Marca con una cruz el que
corresponda y anota al lado dos razones por las que lo reconociste:
• histórico
• literario
• periodístico
• científico
a.5) El cuento de Julio Cortázar lleva un epígrafe (breve texto o fragmento de un texto mayor que nos da
alguna referencia sobre el texto que acompaña)
Si bien no forma parte del texto, su carácter de elemento paratextual puede colaborar en el
camino que iniciamos hacia la comprensión del cuento.
Muchas veces necesitamos buscar información accesoria para que el epígrafe cumpla
esa función ¿Será así en este caso?
¿En qué dominio de esa cultura se podría ubicar la escena? Elige una opción y
justifica tu elección con tres características.
• económico
• literario
• familiar
• religioso
a.5) Hacemos ahora la primera hipótesis del tema. Para eso marca con una cruz la respuesta más
acertada:
El texto trata de:
• Un indio que será sacrificado a los dioses sueña con un hombre del futuro.
• Un motociclista sueña con un indio que va a ser sacrificado en la guerra florida.
• Un motociclista tiene un accidente y sufre visiones oníricas con un indio moteca.
a.6) ¿Cuál es la función del título del texto? Señala una de las siguientes opciones:
• sintetizar el contenido
• establecer alguna relación significativa en el cuento
• plantear un interrogante
• despertar la curiosidad del lector
b) Lectura Analítica
Ayuda a comprender el texto reconocer:
b.1) La modalidad discursiva predominante. ¿Cuál es de las indicadas a continuación?
• argumentación
• descripción
• narración
• explicación
• ¿Cuáles son los vocablos y las frases de los dos primeros párrafos que te
ayudaron a responder la pregunta anterior? A continuación, copia diez:
…………………………………………………………………………………………………………………
……
b.4) Habrás observado que el narrador emplea también algunas palabras y expresiones que
fueron utilizadas en otra época. En el cuadro siguiente transcribimos algunas que remiten a
una actividad humana específica y su escenario (la medicina y un hospital).
• Decir cuál es su significado actual.
Cloroformado
Sala de radio
Tubo que subía a un frasco
Aparato de metal y cuero
b.5) Las palabras marismas, tembladerales, ciénagas y pantano, aluden al dominio geográfico y remiten a
la idea de zona pantanosa. ¿Podrías describir con tus palabras cómo te imaginas este lugar en la selva en
donde el moteca es atrapado?
b.6) Las siguientes palabras pertenecen a diferentes dominios semánticos referidos a espacios del cuento.
Busca su significado y clasifícalas según corresponda:
Selva y mundo
Palabra significado ciudad azteca
s
Zaguán
Setos
Atabales
Teocali
Mazmorras
b.7)¿Cuál es el sentido más preciso de las siguientes palabras según el cotexto? Elige una
opción:
b.8) ¿Cómo es el narrador que relata los acontecimientos, comenta las reacciones de los personajes,
describe los lugares y nos ubica en la época.
➢ Elige una de las opciones:
• externo a la historia
b.10) Observa el siguiente corto animado sobre la lectura y redacta un breve texto en el que des tu opinión
sobre la interpretación del relato.
[Link]
b.11) Observa la siguiente historieta y comenta oralmente tu apreciación sobre la interpretación que se ha
realizado ¿mantiene coherencia con respecto al cuento de Cortázar?
Próxima lectura: La Doncella roja de Sandra Siemens (novela). Archivo disponible en classroom.