ELTON FERNNADO MANCILLA MARROQUIN
CARNET: 2126362
Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU)
La Declaración Universal de Derechos Humanos sigue siendo igual de pertinente
hoy día que en 1948, cuando fue proclamada y aprobada por la Asamblea General
de las Naciones Unidas. La extraordinaria visión y determinación de sus autores se
plasmó en un documento en el que por primera vez se expresaron claramente los
derechos y las libertades a los que todo ser humano puede aspirar de manera
inalienable y en condiciones de igualdad.
El compromiso de las Naciones Unidas con los derechos humanos dimana de la
Carta fundacional de la Organización. La comunidad internacional tiene el deber de
apoyar y defender esos derechos. Hagamos que las personas más necesitadas de
protección de esos derechos sepan no sólo de que la Declaración existe, sino
también que exista para ellas. Contribuyamos todos a que estos derechos
universales sean una realidad viva para los hombres, las mujeres y los niños del
mundo entero.
La Declaración Universal promete a todas las personas unos derechos económicos,
sociales, políticos, culturales y cívicos que sustenten una vida sin miseria y sin
temor. No son una recompensa por un buen comportamiento. No son específicos
de un país concreto, ni exclusivos de una determinada era o grupo social. Son los
derechos inalienables de todas las personas, en todo momento y en todo lugar: de
personas de todos los colores, de todas las razas y etnias, discapacitados o no,
ciudadanos o migrantes, sin importar su sexo, clase, casta, creencia religiosa, edad
u orientación Sexual.
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ONU)
El pacto desarrolla los derechos civiles y políticos y las libertades recogidas en la
Declaración Universal de los Derechos Humanos. Bajo el artículo 1 del Pacto, los
estados se comprometen a promover el derecho a la autodeterminación y a respetar
ese derecho.
te pacto fue adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 16 de
diciembre de 1966 y entró en vigor el 23 de marzo de 1976. En mayo de 2012 la
Convención había sido ratificado por 167 estados.
El pacto desarrolla los derechos civiles y políticos y las libertades recogidas en la
Declaración Universal de los Derechos Humanos. Bajo el artículo 1 del Pacto, los
estados se comprometen a promover el derecho a la autodeterminación y a respetar
ese derecho. También reconoce los derechos de los pueblos a disponer, comerciar
y poseer libremente sus recursos y riquezas naturales.
El Pacto es legalmente vinculante; El Comité de los Derechos Humanos,
establecido en el artículo 28, supervisa su ejecución. El primer protocolo opcional
establece un mecanismo individual de denuncia del Pacto. En mayo de 2012 este
primer protocolo había sido ratificado por 114 estados. El segundo protocolo
opcional entró en vigor en 1991 y pretende la abolición de la pena de muerte. En
mayo de 2012 ese segundo protocolo había sido ratificado por 74 estados.
Camilo Castellanos considera que este Pacto (PIDCP) y el Pacto Internacional de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) tienen como características
comunes su “carácter universal, igualitario, independiente, indivisible,
imprescindible, irrenunciable e integral”. Sin embargo, como puede leerse en el
término correspondiente, los derechos económicos, sociales y culturales (DESC) no
han gozado hasta ahora del mismo nivel de protección que los derechos civiles y
políticos.
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (OEA)
La Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre fue aprobada por
la IX Conferencia Internacional Americana realizada en Bogotá en 1948, la misma
que dispuso la creación de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como
están por naturaleza de razón y conciencia, deben conducirse fraternalmente los
unos con los otros. El cumplimiento del deber de cada uno es exigencia del
derecho de todos. Derechos y deberes se integran correlativamente en toda
actividad social y política del hombre. Si los derechos exaltan la libertad individual,
los deberes expresan la dignidad de esa libertad. Los deberes de orden jurídico
presuponen otros, de orden moral, que los apoyan conceptualmente y los
fundamentan. Es deber del hombre servir al espíritu con todas sus potencias y
recursos porque el espíritu es la finalidad suprema de la existencia humana y su
máxima categoría. Es deber del hombre ejercer, mantener y estimular por todos los
medios a su alcance la cultura, porque la cultura es la máxima expresión social e
histórica del espíritu. Y puesto que la moral y buenas maneras constituyen la
floración más noble de la cultura, es deber de todo hombre acatarlas
siempre.
Artículo XII: Toda persona tiene derecho a la educación, la que debe estar inspirada
en los principios de libertad, moralidad y solidaridad humanas. Así mismo tiene el
derecho de que, mediante esa educación, se le capacite para lograr una digna
subsistencia, en mejoramiento del nivel de vida y para ser útil a la sociedad.
El derecho de educación comprende el de igualdad de oportunidades en todos los
casos, de acuerdo con las dotes naturales, los méritos y el deseo de aprovechar los
recursos que puedan proporcionar la comunidad y el Estado.
Toda persona tiene derecho a recibir gratuitamente la educación primaria, por lo
menos. Reiterando que, con arreglo a la Declaración Universal de los
Derechos Humanos, sólo puede realizarse el ideal del ser humano libre,
exento del temor y de la miseria, si se crean condiciones que permitan a
cada persona gozar de sus derechos económicos, sociales y culturales,
tanto como de sus derechos civiles y políticos
Reconociendo que los derechos esenciales del hombre no nacen del hecho de ser
nacional de determinado Estado, sino que tienen como fundamento los atributos de
la persona humana, razón por la cual justifican una protección internacional, de
naturaleza convencional coadyuvante o complementaria de la que ofrece el derecho
interno de los Estados americanos. Considerando que estos principios han sido
consagrados en la Carta de la Organización de los Estados Americanos, en la
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos que han sido reafirmados y desarrollados en
otros instrumentos internacionales, tanto de ámbito universal como regional;
Reiterando que, con arreglo a la Declaración Universal de los Derechos Humanos,
sólo puede realizarse el ideal del ser humano libre, exento del temor y de la miseria,
si se crean condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos
económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos, y
Considerando que la tercera Conferencia Interamericana Extraordinaria (Buenos
Aires, 1967) aprobó la incorporación a la propia Carta de la Organización de normas
más amplias sobre derechos económicos, sociales y educacionales y resolvió que
una convención interamericana sobre derechos humanos determinara la estructura,
competencia y procedimiento de los órganos encargados de esa materia.
Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las formas de
Discriminación Racial (ONU)
La Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, dispone en el artículo 26
el principio de Pacta Sunt Servanda, el cual establece que todo tratado en vigor
obliga a las partes y debe ser cumplido por ellas de buena fe, el cual fue aceptado
por 103 Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas. En otros
términos, viene a constituir el Principio del respeto que está dado por la voluntad
de que se cumplan con los derechos y libertades reconocidos en los instrumentos
internacionales y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que se
encuentre sometida a su jurisdicción. Por lo tanto, los Estados como Guatemala
tienen la obligación de cumplir los principios, estándares, derechos y posibilidades
planteadas en los tratados internacionales en materia de derechos humanos de los
que se ha aceptado su competencia. En otras palabras, los Estados se someten a
un orden legal común dentro del cual asumen obligaciones para con las y los
individuos sujetos a su jurisdicción independientemente de su nacionalidad, ya que
su objeto y fin es la protección de los derechos fundamentales de la persona y no
precisamente la protección de los derechos de los Estados.
La Constitución Política de la República de Guatemala en su
artículo 46, establece la preeminencia de los tratados internacionales de
derechos humanos en el ordenamiento interno. En este sentido es vital que, en la
aplicación del derecho interno y el derecho establecido en los tratados, no se pueda
invocar las disposiciones de derecho interno como justificación del
incumplimiento, tal y como lo establece el artículo 27 de la Convención de Viena
sobre el Derecho de los Tratados.
Hay dos aspectos (uno interno y otro externo) para entender la “libre
determinación”. El aspecto interno, corresponde al derecho de todos los pueblos a
llevar adelante su desarrollo económico, social y cultural sin injerencias del
exterior; y el aspecto externo de la libre determinación significa que todos los
pueblos tienen derecho a determinar libremente su condición política y el lugar que
deben ocupar en la comunidad internacional sobre la base del principio de igualdad
de derechos y tomando como ejemplo la liberación de los pueblos del colonialismo
y la prohibición de someter a los pueblos a toda sujeción, dominio y explotación del
extranjero. La adhesión y cumplimiento acorde los instrumentos internacionales de
derechos humanos es requerida.
En el caso de Guatemala no se trata de minorías étnicas, pero existen en otros
Estados, sufriendo igualmente discriminación. El derecho a la libre determinación
de los pueblos es un principio fundamental del derecho internacional. Está
consagrado en el Artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas, el artículo 1del
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el artículo 1
del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, así como en otros
instrumentos internacionales de derechos humanos. El Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos estipula los derechos de los pueblos a la libre
determinación, además del derecho de las minorías étnicas, religiosas o
lingüísticas al disfrute de su propia vida cultural, a profesar y practicar su propia
religión y a utilizar su propio idioma. De conformidad con la Declaración sobre los
principios de derecho internacional referentes a las relaciones de amistad y a la
cooperación entre los Estado de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas,
aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 2625
(XXV) de 24 de octubre de 1970, todo Estado tiene el deber de promover el derecho
a la libre determinación de los pueblos. Recomendación General No. 21 del Comité
para la Eliminación de la Discriminación Racial. Periodo de sesiones. 1996.
Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas
(Acuerdos de Paz)
Hoy en día los indígenas representan más de la mitad de la población total de
Guatemala, alrededor de 6 millones de habitantes. El Acuerdo sobre Identidad y
Derechos de los Pueblos Indígenas (AIDPI), firmado en 1995, reconoce que la
nación guatemalteca tiene un carácter multiétnico, pluricultural y multilingüe, y que
los pueblos indígenas incluyen a los pueblos Maya, Garífuna y Xinca constituyen
más del 75% de la población. El reconocimiento de la identidad de los pueblos
indígenas es fundamental para la construcción de la unidad nacional basada
en el respeto y ejercicio de los derechos políticos, culturales, económicos y
espirituales de todos los guatemaltecos.
No existen fronteras rígidas entre estas categorías. En los 21 departamentos del
país, y entre la mitad y las tres cuartas partes de otros 6 departamentos existen
zonas de alta densidad indígena y otras de mayoría ladina. Uno de los temas de
mayor preocupación en la actualidad, es la estrecha relación entre el origen étnico y
la pobreza; los departamentos de mayor densidad indígena son también lo que
muestran mayor incidencia de pobreza y extrema pobreza. Ser pobre e indígena en
Guatemala significa también vivir predominantemente en el medio rural, dedicarse
principalmente a las actividades agrícolas; ser en gran medida analfabeto, tener
índices de escolaridad inferiores a la media nacional, no tener acceso a los
servicios básicos, y sufrir diferentes grados de marginación y exclusión social. Las
mujeres indígenas son las que acusan los índices más bajos de bienestar
económico y social, en gran medida son las que se ven más afectadas por esta
situación. Por qué el acceso la tierra no es más que un Derecho Art. 67 de la
Constitución Política de Guatemala habla sobre la protección especial que el
Estado le brinda a las tierras y las cooperativas agrícolas indígenas, así
como también el patrimonio familiar y la vivienda popular. Art. 68 de la
Constitución Política de Guatemala tierras para comunidades indígenas
estable: mediante programas especiales y legislación adecuada, el Estado
proveerá de tierras estatales a las comunidades indígenas que las necesite
para su desarrollo.
Los pueblos indígenas tienen derecho a promover, desarrollar y mantener sus
estructuras institucionales y sus propias costumbres, espiritualidad, tradiciones,
procedimientos, prácticas y, cuando existan, costumbres o sistemas jurídicos, de
conformidad con las normas internacionales de derechos humanos.
Temas priorizados en el Convenio 169 con recurrencia en la cotidianidad
Guatemalteca, iniciando el proceso con la parte de política general y la protección
jurídica hacia los Pueblos Indígenas. Se continuará el estudio con la premisa
fundamental de lo que se ha denominado “pluralismo jurídico”, que, para el
presente documento, se entenderá como la coexistencia de varios sistemas de
justicia y/o resolución de conflictos en un mismo espacio geográfico del Estado-
Nación. A partir de ello, se estudiará los subsecuentes temas, entre ellos, tierras,
trabajo, sitios sagrados, etc., obviando los artículos del 32 al 44 por no ser temas de
contenido sustantivo. La estructura de la guía se desarrolla primeramente con un
breve resumen doctrinal, luego se desarrollan las normas aplicables en el ámbito
internacional y nacional, para finalizar con el análisis de casos, estadística y/o
situaciones aplicables. Una parte importante del Convenio 169 se refiere a la
aplicación de la justicia y a las obligaciones del Estado de garantizar los derechos
de los pueblos indígenas. Esto llama a los operadores de justicia a conocer estos
derechos y considerarlos en su práctica jurídica. A lo largo del tiempo, también la
justicia internacional (Sistema Interamericano de Protección) ha reunido alguna
jurisprudencia e información sobre el respecto que marca, en conjunto con los
instrumentos de derechos humanos, los estándares internacionales en el tema. Las
Naciones Unidas, a través del Proyecto para Guatemala de la Oficina de la Alta
Comisionada para Derechos Humanos, en un esfuerzo por implementar los
presupuestos indicados anteriormente, en esta ocasión, asiste al Sistema de
Justicia con la guía para la aplicación judicial: Los Derechos de los Pueblos
Indígenas en el Convenio 169 de la OIT, con el objetivo de ofrecer una oportunidad
de discusión de doctrina y prácticas jurídicas para fortalecer la integración de
estándares internacionales de derechos humanos en la realidad del sistema de la
administración de la justicia en Guatemala.