Un androide es un robot u organismo sintético antropomorfo que, además de
imitar la apariencia humana, simula algunos aspectos de su conducta de
manera autónoma. Es un término mencionado por primera vez por Alberto
Magno en 1270 y popularizado por el autor francés Auguste Villiers en su
novela de 1886 La Eva futura.
Los androides son producidos o se reproducen o los hace su creador. El cual
es similar a un humano.
Etimológicamente, «androide» se refiere a los robots humanoides de aspecto
masculino. A los robots de apariencia femenina se los llama ocasionalmente
«ginoides», principalmente en las obras de ciencia ficción. En el lenguaje
coloquial, el término «androide» suele usarse para ambos casos, aunque
también se emplean las expresiones genéricas «robot humanoide» y «robot
antropoide».
Los primeros androides
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Desde la Grecia Antigua existen leyendas narrando sobre seres humanoides
fabricados en metal por el artesano y herrero de los dioses, Hefesto. Aunque el
carácter monstruoso del androide parece haberse ganado con la cristianización
del mundo occidental.
Narra Hortensio Flamel en su "El libro Rojo" 1, como Alberto Magno tras
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construir un androide, éste fue finalmente destruido a bastonazos por Santo
Tomás de Aquino harto de su verborrea:
«...Cest a Cologne quil fit son androide, ce famous automate doue du
movement et de la parole, qui Saint Thomas-D'Aquin, son disciple, brisa a
coups de baton a la première vue, dans lidee que cetait un agent du demon.»
«...Fue en Colonia donde hizo su androide, este famoso autómata dotado de
movimiento y palabra, que Santo Tomás De Aquino, su discípulo, rompió con
un palo a primera vista, creyendo que era un agente del diablo.»
Androides en la cultura popular
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Robot ASIMO de Honda.
Un robot humanoide que se limita a imitar los actos y gestos de un controlador
humano, no es visto por el público como un verdadero androide, sino como una
simple marioneta animatrónica. El androide siempre ha sido representado
como una entidad que imita al ser humano tanto en apariencia, como en
capacidad mental e iniciativa. Antes incluso de haber visto un verdadero robot
en acción, la mayoría de las personas asocian la idea de robot con la de
androide, debido a su extrema popularidad como cliché de la ciencia ficción.
La actitud de base entre el público frente a los androides varía en función del
bagaje cultural que posea dicho público. En la cultura occidental la criatura
humanoide, fabricada casi siempre por un sabio, es con bastante frecuencia
un monstruo que se rebela contra su creador y en ocasiones lo destruye como
castigo por su hibris; y el primero de los cuales no es necesariamente el
monstruo de Frankenstein de Mary Shelley. Bien que dicho monstruo sea
fácilmente el más famoso.
De hecho es tan notorio este fenómeno, que el reconocido experto
en inteligencia artificial Marvin Minsky, llegó a narrar como en ocasiones
llegaba a sentirse incómodo frente a una de sus creaciones, el androide Cog,
cuando este presentaba conductas inesperadas.
En otras culturas las reacciones pueden ser bastante diferentes. Un ejemplo
meritorio es la actitud japonesa de cara a los androides, donde el público no
teme la antropomorfización de las máquinas y aceptan la idea que un robot
tenga apariencia humana, entendiendo que este aspecto les permite interactuar
más fácilmente con seres humanos. Además, la apariencia humanoide hace
que sean mejor aceptados por la gente en general.
Androides en la ciencia
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En la robótica la actitud de los expertos hacia los autómatas humanoides ha
vacilado entre el entusiasmo y el escepticismo. Entusiasmo porque un robot
humanoide puede tener enormes ventajas para cierta clase de funciones,
escepticismo debido a que para que una máquina robótica sea útil se ha
demostrado con ejemplos que la forma humana no es necesaria y a veces es
incluso un estorbo (respecto a las capacidades actuales de los androides).
La construcción de un robot que imite convincentemente, aunque sea una parte
ínfima, la libertad de gestos y movimiento humanos, es una tarea de una
enorme complejidad técnica. De hecho, es un problema que en varias
instancias está todavía abierto a la investigación y a la mejora, aunque ya
existen varios ejemplos bastante meritorios en ese sentido, de robots
humanoides que imitan ciertas conductas y capacidades humanas. Un ejemplo
conocido en este sentido es el robot ASIMO de Honda, que es capaz de
marchar en dos pies, de subir y bajar escaleras y de otra serie de proezas
de locomoción bípeda.