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Pedagogía 4 - 20250529 - 175825 - 0000

El documento explora el concepto de educación desde una perspectiva crítica y multidisciplinaria, enfatizando su papel en la transmisión del conocimiento y su relación con el poder. Se discuten las transformaciones históricas de la educación, la invención de la escuela moderna y el impacto de las expectativas en el rendimiento estudiantil, destacando el efecto Pigmalión. Además, se reflexiona sobre la educación en Argentina, analizando su evolución y la necesidad de políticas que promuevan la justicia social y el conocimiento como bien común.

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Pedagogía 4 - 20250529 - 175825 - 0000

El documento explora el concepto de educación desde una perspectiva crítica y multidisciplinaria, enfatizando su papel en la transmisión del conocimiento y su relación con el poder. Se discuten las transformaciones históricas de la educación, la invención de la escuela moderna y el impacto de las expectativas en el rendimiento estudiantil, destacando el efecto Pigmalión. Además, se reflexiona sobre la educación en Argentina, analizando su evolución y la necesidad de políticas que promuevan la justicia social y el conocimiento como bien común.

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La educación de ayer, hoy y

mañana
¿De qué hablamos cuando hablamos de educación?
El capítulo 1 del libro La educación ayer, hoy y mañana se centra en explorar y problematizar el
concepto de educación desde una perspectiva amplia y crítica. A través de un enfoque
multidisciplinario, se sostiene que la educación es un fenómeno inherente a todas las
sociedades humanas, presente en múltiples espacios y no exclusivamente en la escuela. Desde
los primeros momentos de la vida, los seres humanos son parte de procesos educativos, tanto
en la familia como en otros contextos sociales.

Una de las ideas centrales del capítulo es que la educación es necesaria para la transmisión del
conocimiento acumulado por la humanidad. Sin ella, cada generación debería reconstruir desde
cero los saberes fundamentales para la vida social, como el lenguaje, la escritura, la medicina,
entre otros. Esto se ejemplifica con el caso del "niño salvaje de Aveyron", un niño criado en
aislamiento, cuya experiencia muestra la importancia del entorno social y educativo en el
desarrollo humano.

Además, se explica que la educación cumple funciones de reproducción y producción social. Por
un lado, reproduce el orden establecido, transmitiendo valores, normas y saberes; por otro,
también puede ser transformadora, al permitir la emergencia de nuevas formas de pensar y
actuar. En este punto, se introduce una discusión profunda sobre la relación entre educación y
poder, entendiendo que educar es siempre un acto de influencia y que el poder no es sólo
negativo, sino que puede ejercerse de forma democrática y constructiva.

El capítulo también aborda las limitaciones de una concepción reducida de la educación como
una acción exclusivamente intergeneracional entre adultos y niños. Se muestra que los procesos
educativos pueden ocurrir también entre pares (niños a niños, jóvenes a jóvenes, adultos a
adultos) e incluso de los niños hacia los adultos, especialmente en el uso de tecnologías.

Asimismo, se discute una antigua polémica sobre los alcances de la educación frente a lo innato.
Se presentan dos visiones opuestas: una que ve a la educación como el desarrollo de
potencialidades preexistentes y otra que entiende que el ser humano es una tabla rasa
moldeada por su entorno. Los autores proponen una visión intermedia, que reconoce tanto las
condiciones materiales como las posibilidades que ofrece el ambiente educativo.

Finalmente, el capítulo subraya que la educación debe entenderse en sentido amplio: es una
práctica social, histórica, institucionalizada, que varía entre culturas y épocas, y que implica
relaciones de poder. No se limita a la escolarización, y puede ser tanto sistemática como
asistemática, formal o no formal. La educación es, en definitiva, un fenómeno complejo, en
constante transformación, y esencial para la supervivencia y el desarrollo de la humanidad.
El capítulo 2 del libro La educación ayer, hoy y mañana, titulado “¿Cuándo se inventó la
escuela?”, propone una reflexión profunda sobre el carácter histórico y social de la escuela
como institución. Su objetivo es desnaturalizar lo que muchas veces se acepta como dado: la
idea de que la escuela ha existido siempre tal como la conocemos. El texto invita a pensar que la
forma actual de la escuela —con aulas, horarios, asignaturas, evaluaciones y un maestro al
frente— no es natural ni universal, sino el resultado de un largo proceso de construcción
cultural.

Desde esta perspectiva, el capítulo sostiene que la educación ha existido en todas las
sociedades, pero no siempre ha estado organizada en forma escolar. Hubo múltiples formas de
transmisión del saber: en la familia, en la comunidad, a través de rituales, oficios y experiencias.
La escuela, tal como la concebimos hoy, es una invención relativamente reciente, vinculada con
la consolidación de los Estados modernos, especialmente desde el siglo XIX, cuando se
institucionalizaron sistemas educativos nacionales.

La escuela moderna se configura como parte de un conjunto más amplio de instituciones


sociales nacidas en la Modernidad, con funciones específicas: homogeneizar, disciplinar,
ordenar y preparar a los sujetos para ocupar lugares determinados en la sociedad. De ahí que el
aula tradicional —con bancos alineados, un maestro que “sabe” y alumnos que “reciben”, una
secuenciación de contenidos y horarios fijos— no sea una consecuencia inevitable del acto de
educar, sino una forma específica de organizarlo, históricamente situada.

El texto recorre también otras formas de institucionalización de la educación en distintas épocas


y culturas, y destaca que muchas prácticas que hoy nos parecen obvias o naturales (como el uso
del guardapolvo, los recreos o el izamiento de la bandera) tienen un origen histórico preciso.
Además, cuestiona por qué estas formas se han mantenido con tanta fuerza y por qué nos
resulta tan difícil pensar alternativas.

Asimismo, se señalan algunos movimientos contemporáneos —como el homeschooling y la


educación virtual— que desafían los pilares de la escuela tradicional, y se plantea la necesidad
de imaginar nuevas formas escolares que respondan a las realidades actuales. El capítulo cierra
con una invitación a pensar cómo sería una escuela del futuro, partiendo del reconocimiento de
que las formas escolares no son eternas ni inmodificables.

En suma, el capítulo 2 nos lleva a entender que la escuela es una construcción social e histórica,
que puede y debe ser transformada. Solo si comprendemos su origen y su evolución podremos
cuestionarla, imaginar nuevas posibilidades y construir formas educativas más acordes con las
necesidades y desafíos del presente.

Efecto Pigmalión
"El efecto Pigmalión en la educación" trata sobre la influencia determinante que pueden tener las
expectativas que una persona (como un docente o un padre) tiene sobre otra (como un
estudiante), en su comportamiento y desempeño. Esta influencia se conoce como el efecto
Pigmalión o también como "profecía autocumplida". La idea central es que cuando creemos que
algo va a suceder, actuamos —aunque sea de forma inconsciente— de manera tal que
contribuimos a que eso efectivamente ocurra.

En el ámbito educativo, este fenómeno fue demostrado en un experimento clásico realizado por
Rosenthal y Jacobson en 1964. Los investigadores llevaron a cabo un test supuestamente
destinado a medir la inteligencia de los alumnos, aunque en realidad fue aleatorio. Luego,
informaron a los profesores que ciertos estudiantes tenían un alto potencial intelectual, cuando
en realidad no había diferencias reales. Al final del curso, aquellos alumnos señalados como
más prometedores obtuvieron mejores resultados, lo que confirmó que las expectativas de los
docentes habían influido directamente en el desempeño de los estudiantes.

El documento destaca la necesidad de prestar atención al lenguaje que se utiliza con los
estudiantes, ya que las expresiones cargadas de duda o desconfianza pueden tener un efecto
negativo, mientras que los mensajes positivos y motivadores pueden reforzar la autoestima y
mejorar los resultados. Esto es especialmente importante porque los niños y jóvenes están en
una etapa clave de formación de su identidad y autoconcepto, y las creencias que los adultos
tengan sobre ellos pueden marcar su desarrollo.

Así, el texto llama a reflexionar sobre el impacto de nuestras palabras y actitudes cotidianas en
el entorno educativo, invitando a promover un efecto Pigmalión positivo que impulse el
crecimiento y el éxito de los alumnos.

El artículo “El efecto Pigmalión en la práctica docente”, escrito por Patricia Solís García y Víctor
Borja González, desarrolla en profundidad cómo las expectativas del docente pueden
impactar directamente en el rendimiento, la autoestima y el comportamiento de los
estudiantes. Inspirado en la conocida leyenda mitológica de Pigmalión, el texto toma como
base la teoría de la profecía autocumplida, según la cual las creencias que una persona tiene
sobre otra tienden a volverse reales debido al modo en que influencian la conducta.

En este sentido, el efecto Pigmalión, también llamado "profecía autorrealizada", se entiende


como un proceso por el cual las creencias del maestro —positivas o negativas— sobre las
capacidades de sus estudiantes se reflejan en su comportamiento hacia ellos. Esto, a su vez,
impacta en la autopercepción de los alumnos, en su motivación y en su rendimiento escolar. Si
un docente transmite confianza y altas expectativas, el estudiante tenderá a responder
positivamente. Por el contrario, si percibe desinterés o desconfianza, su desempeño puede
disminuir.

Los autores destacan que este fenómeno tiene una doble dirección: puede generar
crecimiento y autoconfianza, o puede inducir inseguridad y fracaso. Esto convierte al docente en
un agente clave del proceso educativo, no solo por el contenido que enseña, sino por la forma
en que se relaciona emocional y comunicativamente con sus estudiantes. Por ello, el texto
subraya que ser “pigmaliones positivos” implica desarrollar una actitud proactiva y
motivadora, expresando expectativas de éxito, reforzando logros, mostrando interés genuino, y
cultivando una relación respetuosa y cercana.

Además, se menciona que las acciones del profesor (como la atención prestada, el lenguaje no
verbal, la forma de corregir, o el tipo de retroalimentación) moldean no solo el autoconcepto
académico, sino también la actitud de los estudiantes frente a los desafíos. El artículo ofrece
orientaciones prácticas: escuchar activamente, dar tiempo, usar elogios sinceros, involucrar a los
alumnos en las clases y construir sobre sus fortalezas, en lugar de centrarse en sus debilidades.

En resumen, el texto propone que el rol del docente trasciende la enseñanza técnica: es
también un guía emocional y un modelador de expectativas. Al tomar conciencia del impacto de
sus creencias y acciones, el educador puede contribuir activamente al desarrollo de alumnos
más seguros, motivados y preparados para afrontar retos educativos y personales. El llamado
final es claro: esforzarse por ser pigmaliones positivos es un compromiso ético y pedagógico
clave para una educación transformadora.

Adriana Puiggros
La organización del Sistema Educativo Nacional
El texto “Qué pasó en la educación argentina” de Adriana Puiggrós es una reflexión crítica y
profunda sobre los procesos históricos, políticos y sociales que marcaron el devenir del sistema
educativo argentino. En él, la autora examina las transformaciones de la educación en distintos
períodos del país, con especial énfasis en cómo las decisiones políticas y los contextos
económicos han incidido directamente en la estructura, el sentido y la función de la escuela.

Puiggrós aborda el modo en que, desde los orígenes del sistema educativo argentino, la escuela
fue concebida como una herramienta de construcción de ciudadanía y de consolidación del
Estado-nación. Sin embargo, también señala cómo ese mismo instrumento fue moldeado para
imponer determinados valores, costumbres y saberes que respondían a los intereses de las
clases dominantes. En este sentido, la educación no fue un campo neutro, sino un espacio
atravesado por disputas ideológicas, donde se libraron batallas simbólicas por el poder y por el
control del conocimiento.

Un punto clave del análisis de la autora es el impacto de las políticas neoliberales de las décadas
recientes —especialmente durante los años 90— sobre la educación pública. Puiggrós explica
cómo la descentralización educativa, la transferencia de competencias a las provincias sin los
recursos adecuados, y la mercantilización del saber, deterioraron seriamente la calidad
educativa, agravaron la desigualdad entre regiones y pusieron en jaque la función integradora
de la escuela.

A lo largo del texto, también se destaca la resistencia de distintos actores sociales —docentes,
sindicatos, movimientos populares— que lucharon por una educación más justa, inclusiva y
democrática. Puiggrós no solo realiza una crítica al pasado, sino que propone repensar el
sentido de la educación en el presente y hacia el futuro, resaltando la necesidad de políticas
públicas que recuperen la centralidad del conocimiento como bien común y derecho universal.

En resumen, el escrito de Adriana Puiggrós ofrece una mirada compleja sobre la educación
argentina, donde se entrelazan historia, política, economía y pedagogía, invitando a no
naturalizar el estado actual del sistema educativo y a recuperar una perspectiva transformadora
y comprometida con la justicia social.

La autora resalta que la organización nacional de la educación respondió a la necesidad del


Estado argentino de consolidarse tras la conformación institucional del país. En ese marco, la
Ley 1420 de 1884 tuvo un rol central, ya que estableció la educación común, gratuita, obligatoria
y laica, pero al mismo tiempo consolidó un modelo de fuerte centralismo y homogeneización
cultural. Según Puiggrós, esta organización educativa estuvo fuertemente influida por el
liberalismo positivista, con el objetivo de formar ciudadanos funcionales a un modelo de nación
moderno, blanco y europeizado, en detrimento de las culturas originarias y de las identidades
populares.

También se subraya el papel del sistema educativo como un mecanismo de disciplinamiento


social, cuyo diseño jerárquico y autoritario reflejaba el modelo estatal y económico que se
deseaba construir. La educación era parte de un proyecto político que aspiraba a moldear la
subjetividad de las masas, adaptándolas a los valores de una sociedad liberal, capitalista y
controlada por las elites.

En el capítulo “La fundación del debate pedagógico” (págs. 67 a 81), Puiggrós analiza el
surgimiento de una discusión más amplia sobre los fines, métodos y contenidos de la educación
en la Argentina. Este debate se da en el marco de una sociedad ya atravesada por tensiones
sociales, culturales y políticas crecientes. La autora muestra cómo, a lo largo del siglo XX,
especialmente a partir de la década de 1910, empiezan a abrirse espacios donde distintas
corrientes pedagógicas —desde el reformismo hasta visiones más conservadoras— disputan el
sentido de la educación.

La fundación del debate pedagógico se presenta como una apertura a pensar más allá de los
lineamientos impuestos por la Ley 1420, dando lugar a críticas sobre el autoritarismo escolar,
la rigidez curricular, y la falta de conexión entre la escuela y la realidad social. Se destacan
los aportes de intelectuales, docentes y movimientos que buscaban una escuela más inclusiva,
participativa y transformadora. Puiggrós destaca que el surgimiento de este debate no fue sólo
académico, sino también político: reflejaba la lucha entre diferentes proyectos de país.

En ambos tramos del texto, Puiggrós deja en claro que la educación no es un sistema
autónomo ni neutral, sino un campo estratégico desde el cual se modela la sociedad. Tanto la
organización del sistema como el debate pedagógico reflejan las tensiones entre control y
emancipación, reproducción del orden y transformación social. Por eso, comprender cómo y por
qué se configuró el sistema educativo argentino es, para la autora, clave para pensar
críticamente el presente y proyectar alternativas más justas para el futuro.

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