0% encontró este documento útil (0 votos)
34 vistas4 páginas

Hora Santa Misión

El documento detalla los pasos para llevar a cabo una Hora Santa, que incluye la preparación, la exposición del Santísimo, lecturas de la Palabra de Dios y reflexiones sobre el amor y servicio de Jesús. Se enfatiza la importancia de la meditación, la oración en comunidad y la unidad entre los creyentes. Además, se presentan reflexiones sobre la Última Cena y el mensaje de despedida de Jesús, instando a los participantes a vivir en amor y servicio hacia los demás.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
34 vistas4 páginas

Hora Santa Misión

El documento detalla los pasos para llevar a cabo una Hora Santa, que incluye la preparación, la exposición del Santísimo, lecturas de la Palabra de Dios y reflexiones sobre el amor y servicio de Jesús. Se enfatiza la importancia de la meditación, la oración en comunidad y la unidad entre los creyentes. Además, se presentan reflexiones sobre la Última Cena y el mensaje de despedida de Jesús, instando a los participantes a vivir en amor y servicio hacia los demás.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

PASOS QUE SE PUEDEN DAR EN ESTE MÉTODO DE HORA SANTA

a) Se inicia invitando a los presentes a guardar silencio y a prepararnos para el encuentro con el Señor Jesús
Eucaristía.
b) Hacemos la señal de la Cruz: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: Amén
c) Si hay santísimo, se anuncia que van a exponer el Santísimo y mientras traen el Santísimo y lo exponen
cantamos un canto apropiado al momento. Si no hay Santísimo en la comunidad, pueden cantar el canto
como inicio.
d) Terminado de exponer y de cantar el canto, el que dirige la
Hora Santa invita a todos a que hagan un acto de fe en la presencia real de Jesús Eucaristía. El que dirige la
hora santa puede hacer ese acto de fe, con sus propias palabras, en voz alta. Los demás en silencio hacen
también su acto de fe y si quieren hacerlo en voz alta y compartirlo con los demás lo pueden hacer también.
e) Después de este acto de fe se puede invitar a que cada uno platique con el Señor en su interior para
contarle cómo le ha ido, para exponerle sus penas y alegrías y lo que su espíritu le inspire. Si alguien quiere
compartirlo en voz alta puede hacerlo. Hay que dejar un rato de silencio para este momento (unos 5-7
minutos). Si tienen música de fondo para estos momentos de meditación pueden poner la música
suavemente, que no moleste y que ayude a orar.
f) Pasado este momento se anuncia el tema de la oración que vamos a tener en este día y les recordamos a
los presentes que es Jesús quien nos va a hablar. El mismo Jesús que habló entonces a aquellas gentes y que
está presente ante nosotros en la hostia consagrada.
g) Primer momento de lectura de la Palabra de Dios: El que anima la hora santa o cualquier otra persona lee
la lectura despacio y con claridad para que todos puedan escuchar.
NOTA: Cuando leemos el evangelio en la Hora Santa no hay que ponerse de pie, ni hay que decir
Palabra del Señor al final. Simplemente se lee.
h) Después de leer la lectura se guarda silencio un momento para interiorizar la lectura. Pueden ser unos 2-3
minutos. A continuación, el que anima la hora santa lee la breve reflexión sobre la lectura y se guarda de
nuevo silencio para que las personas sigan meditando en esa lectura (durante unos 5 minutos). Si alguien
quiere compartir lo que a él (ella) le dice la lectura, puede hacerlo brevemente. No se trata de explicar la
lectura a los demás, sino de compartir lo que uno está sintiendo que le dice a él la palabra de Dios. Durante
el tiempo de meditación se puede poner música suave de fondo que ayude a meditar. Eso se puede hacer en
todos los momentos de meditación.
i) Después de un rato de oración-meditación cantamos un canto.
j) Después de cantar el canto se puede hacer un rato de silencio y meditación para interiorizar el canto que
hemos cantado (unos 2-3 minutos).
k) Segundo momento de lectura de la Palabra de Dios: Se hace lo mismo que se hizo después de la primera
lectura (ver apartados h, i, j)
l)Tercer momento de lectura de la Palabra de Dios: Se hace lo mismo que se hizo después de las otras dos
lecturas: (ver apartados “h”, “i”, “J”)
m) A continuación, si todavía hay tiempo para ello, se da un espacio para que el que lo desee pueda hacer
sus peticiones o acción de gracias.
n) Terminado este momento invitamos a orar todos juntos con el Padre Nuestro.
o) Finalizamos la Hora Santa con la bendición con el santísimo. Si no hay santísimo se pide la bendición de
Dios y se puede cantar un canto de despedida.
1. HORA SANTA: “LA ÚLTIMA CENA DE JESÚS” Lectura: JUAN 13, 1-20
REFLEXIÓN PARA AYUDAR A MEDITAR:
Las palabras con las que el evangelista San Juan comienza esta narración son estremecedoras:
“sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que
estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”.
Señor, ya no podías amar más. Lo habías dado todo a tus discípulos y quisiste hacer este gesto de un amor
sin límites. Lavar los pies era oficio de esclavos. Al ponerte a lavar los pies a tus discípulos no querías
enseñarnos nada; simplemente estabas expresando lo que había en tu corazón: un amor sin límites a tus
discípulos y a todos nosotros. Eso no era sino el anuncio de lo que harías después dejando que te clavaran en
la cruz por ayudar a esta humanidad a vivir en amor y en paz.
Al final nos dijiste que nosotros tenemos que amarnos de la misma manera. Que tenemos que
hacernos servidores de los demás. Que tenemos que estar dispuestos a darlo todo por el bien de los otros,
especialmente los más pobres, de los cuales nosotros tenemos que ser como sus servidores.
¡Cómo nos cuesta amar sirviendo, ayudando, rebajándonos! ¡Cómo nos cuesta tener actitudes de
servicio hacia los que no cuentan en esta sociedad! ¡Cómo nos cuesta hasta visitar a los enfermos cuando
son pobrecitos y no nos pueden agradecer! ¡Cómo nos cuesta ponernos a los pies de los demás!
Canto nr.249, “Oración del pobre “
Segundo momento de lectura de la Palabra de Dios: JUAN 13, 21-30
REFLEXIÓN PARA AYUDAR A MEDITAR:
Aquella cena de despedida tuvo que ser ciertamente muy dolorosa. El ambiente era de un amor
profundo entre Tú, Señor, y tus discípulos; pero, precisamente por eso, tuvo que ser doloroso saber que ya
no volverías a poder compartir más la mesa con tus amigos, como lo habías hecho tantas veces a lo largo de
tu vida. Era la despedida. A partir de ahí todo sería muy duro para todos.
A ese dolor había que añadir, además, tu frustración porque Judas, tu amigo, te iba a traicionar. ¿Por
qué tenía que ser así? ¿Qué habías hecho para que Judas te volviera la espalda? Y aunque lo sabías, Tú
respetaste su libertad. Le hablaste con amor, le lavaste los pies, le diste parte en esa cena...pero en el corazón
de Judas ya había oscurecido. Dice el evangelio que cuando Judas salió: “era de noche”. Señor, no somos
mejor que Pedro y que Judas. Ellos te negaron, pero es que todavía no sabían que eras el Hijo de Dios, el
Mesías.
Nosotros lo sabemos y seguimos dándote la espalda. Te negamos cuando no queremos reconocerte
en los hermanos. Te traicionamos cuando lo hacemos con cualquiera de los más pequeños.
Ayúdanos para que podamos arrepentirnos como Pedro y para que no desesperemos y perdamos la
confianza y la fe como Judas.
Canto nr. 85, “Hazme un instrumento de tu paz”
Tercer momento de lectura de la Palabra de Dios: JUAN 13, 31-38
REFLEXIÓN PARA AYUDAR A MEDITAR:
En esa noche santa, Señor, antes de dejarnos y de despedirte nos entregaste el testamento: “Les doy
un mandamiento nuevo, que se amen unos a otros como yo los he amado...en eso conocerán todos que son
mis discípulos”.
Esta es tu última voluntad. Y nosotros vivimos en una cultura en la que la última voluntad de los seres
queridos es sagrada y hay que cumplirla. Pero es que, además, si no nos amamos, el mundo no va a creer en
Jesús y de esa forma nos convertimos en responsables de la falta de fe en el mundo.
Si hay odios y violencias, muertes y atropellos a la dignidad de las personas, en parte es culpa
nuestra, de los que nos llamamos cristianos, porque con nuestra vida no hemos llevado al mundo a creer en
Jesús. Porque los que nos ven desde fuera de nuestra iglesia no ven en nosotros una vida que merezca la
pena vivirse.
Danos tu Espíritu, Señor, para que entendamos de una vez por todas que lo único que
verdaderamente importa es vivir amando a todos, ayudando a que en este mundo se vaya haciendo posible
una vida en la que se respete la vida y los derechos de todas las personas. Cada vez que actuemos en contra
del amor a los demás, podemos estar seguros que estamos traicionando y negando al Señor. Peor que Pedro.
Peor que Judas.
Canto nr. 167, “Un mandamiento nuevo”
Momento para que, el que lo desee, haga su oración de petición o según lo que le inspire el Espíritu. Se
comparte esto en voz alta.
Terminado este momento oramos todos juntos con el
Padre Nuestro
Se finaliza con la bendición con el Santísimo.
Sino hay santísimo se da la bendición siempre y canto final

2. HORA SANTA: “EL MENSAJE DE DESPEDIDA DE JESÚS”


Canto inicial. “Cerca de Ti, Señor”.
Anunciar el tema de la oración de este día: “EL MENSAJE DE DESPEDIDA DE JESÚS”
Primer momento de lectura de la Palabra de Dios: JUAN 16, 1-15
REFLEXIÓN PARA AYUDAR A MEDITAR:
Estas palabras que acabamos de escuchar las pronunciaste, Señor, como mensaje final en la última
cena, antes de marchar de este mundo al Padre. No quisiste marcharte sin dejarnos un último mensaje en el
que nos avisas de las persecuciones que vamos a sufrir por seguirte a Ti. Pero también nos prometiste el
Espíritu, el mismo que te impulsó a Ti a vivir amando hasta dar la vida por todos. Era necesario que te
fueras, para que pudieras enviarnos tu Espíritu y que, de ese modo, nosotros tuviéramos la fuerza de vivir la
misma vida que viviste Tú.
Ese Espíritu que lo dejaste para que lo pudiéramos recibir en nuestro bautismo es el que hará posible
que nosotros vivamos con justicia y hará posible que acabemos con el mal en este mundo. Tu Espíritu es
mucho más poderoso que el espíritu del mal.
Ese Espíritu que nos dejaste es el Espíritu de la verdad. Por eso, cuando le dejamos actuar en nosotros,
andamos en la verdad y somos auténticos cristianos, seguidores tuyos que vivimos haciendo el bien a todos.
Danos, Señor, la fuerza que necesitamos para dejar que tu Espíritu actúe en nosotros.
Canto nr.269, “Envíanos tu Espíritu”
Segundo momento de lectura de la Palabra de Dios: JUAN 16, 16-33
REFLEXIÓN PARA AYUDAR A MEDITAR:
Con estas palabras, Señor, estabas anunciando ya tu resurrección: “ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se
convertirá en gozo”. Los discípulos iban a pasar momentos malos y tristes; pero al final se llenarían de gozo
cuando te vieron resucitado. Ese anuncio vale también para todos nosotros, Señor, que ahora vivimos entre
penas y tristezas por tanta maldad que nos rodea; pero sabemos que el final es un final de triunfo para todos
aquellos que han intentado vivir cumpliendo tu mandato.
Tu Padre y nuestro Padre Dios nos ama, porque nosotros te amamos a Ti y Dios se siente complacido
cuando vivimos como discípulos tuyos. Y vuelves a recordarnos que en este mundo tendremos que sufrir,
pero no debemos perder la confianza porque Tú, con tu muerte y resurrección, has vencido al mal y con tu
ayuda también nosotros le venceremos.
Canto nr. 266, “No queden tristes”
Tercer momento de lectura de la Palabra de Dios: JUAN 17, 1-26
REFLEXIÓN PARA AYUDAR A MEDITAR:
Lo que hemos escuchado en esta lectura es lo que llamamos la oración sacerdotal de Jesús. Y se le
llama así porque la función del sacerdote es interceder ante Dios por la humanidad y eso es lo que hace Jesús
en ese momento de su despedida.
Tú, Señor, estuviste cuidando de tus discípulos durante los tres años que convivieron contigo. Los defendiste
y les diste todo tu amor. Ahora pides al Padre que los siga cuidando cuando Tú ya no estés con ellos. En esa
oración estabas pidiendo también por nosotros, para que el Padre nos cuide y sabemos que así lo hace Dios
con todos nosotros que somos sus hijos. Él nos cuida, él sufre cuando nosotros sufrimos, él camina a nuestro
lado, él se alegra con nuestras alegrías.
Lo que le pides al Padre es que nos dé fuerza para que seamos uno, que vivamos unidos y que de esa
forma el mundo llegue a creer en Ti como el único salvador. Señor, no hemos sabido cumplir con esa
petición tuya. Estamos muy divididos los que decimos que creemos en Ti. Divididos con otros hermanos de
otras iglesias y a veces divididos también entre nosotros que estamos en la misma iglesia.
Necesitamos convencernos que es necesaria la unidad y que debemos dejar a un lado nuestros caprichos,
nuestras soberbias y todo aquello que nos separa y nos enfrenta. Danos, Señor, ese Espíritu de unidad.
Canto nr. 237, “Ante Tí, Señor”
Momento para que, el que lo desee, haga su oración de petición o según lo que le inspire el Espíritu. Se
comparte esto en voz alta.
Terminado este momento oramos todos juntos con el
Padre Nuestro
Oraciones acostumbradas
Bendito sea Dios.
Bendito sea su santo nombre.
Bendito sea Jesucristo, Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el nombre de Jesús.
Bendito sea su sacratísimo Corazón.
Bendita sea su preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su santa e inmaculada concepción.
Bendita sea su gloriosa asunción.
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amen
Oración
Señor, Dios nuestro, enséñanos a vivir en nuestros corazones el misterio de la Pascua de tu Hijo, por el
cual, Tú redimiste al mundo. Cuida amorosamente los regalos de gracia que por tu amor hemos recibido y
llévalos a su culminación en la gloria del cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.
Bendición y canto final

También podría gustarte