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Descartes inaugura la Filosofía Moderna en un contexto de crisis del aristotelismo y el surgimiento del antropocentrismo y la Nueva Ciencia. Su proyecto filosófico busca fundamentar la autonomía del ser humano y la ciencia a través de la Razón, estableciendo un método que combina intuición y deducción para alcanzar verdades indudables. La duda metódica es central en su filosofía, llevando a la famosa conclusión 'Pienso, luego existo', que establece el criterio de certeza basado en ideas claras y distintas.

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Descartes inaugura la Filosofía Moderna en un contexto de crisis del aristotelismo y el surgimiento del antropocentrismo y la Nueva Ciencia. Su proyecto filosófico busca fundamentar la autonomía del ser humano y la ciencia a través de la Razón, estableciendo un método que combina intuición y deducción para alcanzar verdades indudables. La duda metódica es central en su filosofía, llevando a la famosa conclusión 'Pienso, luego existo', que establece el criterio de certeza basado en ideas claras y distintas.

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TEMA 4: LA FILOSOFÍA MODERNA: DESCARTES

1. INTRODUCCIÓN:

A) CONTEXTO FILOSÓFICO

Con Descartes se inaugura la Filosofía Moderna. Esta se abre paso con el Renacimiento, amplio
movimiento cultural originado durante el siglo XV y que tiene su culminación a principios del
XVII. En el Renacimiento, época en que está en crisis el pensamiento aristotélico, hay dos
fenómenos culturales que influirán en el proyecto filosófico cartesiano: la revolución científica y
el antropocentrismo humanista:
Copérnico, Kepler y Galileo acaban con la concepción aristotélica del universo.
La sustitución del geocentrismo por el heliocentrismo (Copérnico), la eliminación de las órbitas
circulares por órbitas imaginarias elípticas (Kepler) o los descubrimientos astronómicos de
Galileo, cuestionan los planteamientos científicos de Aristóteles. Por otra parte, Galileo plantea
una Nueva Ciencia que, a diferencia de la ciencia aristotélica, ya no es una ciencia cualitativa y
finalista, sino una ciencia cuantitativa y mecanicista.
Esta Nueva Ciencia está basada en una interpretación matemática del universo —el libro de la
Naturaleza está escrito en lenguaje matemático— y en el método resolutivo compositivo, en el
que la razón juega un papel fundamental.
Frente al teocentrismo medieval, en el Renacimiento surge un nuevo modelo de ser humano y de
sociedad: el Antropocentrismo. El ser humano es concebido ahora como el centro del universo,
dotado de una dignidad basada en la libertad y en el ejercicio de una razón que comienza el
camino para convertirse en autónoma.
En ese contexto surge la filosofía Moderna con Descartes en un momento en el que el
pensamiento aristotélico está en crisis: crisis respecto a la visión científica del universo y en
cuanto a la metodología científica propuesta por Aristóteles; crisis respecto a la filosofía
aristotélica retomada por la Escolástica (cuestionada por Guillermo de Ockham).

B) EL PROYECTO FILOSÓFICO CARTESIANO

La crisis del aristotelismo tradicional, el nacimiento de una Nueva Ciencia, autónoma respecto a
la fe, y el antropocentrismo renacentista, que propugna la autonomía del ser humano, sitúan a
Descartes ante la necesidad de replantear los problemas filosóficos desde un nuevo punto de
partida.
El proyecto cartesiano consistirá en elaborar una filosofía capaz de fundamentar la nueva Ciencia
y la nueva imagen del hombre como ser racional y libre desde un nuevo presupuesto: la Razón.
Se trata de fundamentar filosóficamente la autonomía del ser humano y la autonomía de la
ciencia desde la Razón, única instancia legítima para decidir tanto en el terreno del conocimiento
como en el terreno práctico.
Si la Razón es el instrumento para realizar la tarea, el cómo usarla adecuadamente, el
método, será el tema central de su filosofía. Se hace necesario un método universal y fecundo
que oriente a la razón en la búsqueda de la verdad. A juicio de Descartes, el viejo método de la
filosofía aristotélico-tomista (el silogismo) sólo es útil para aclarar lo que ya se sabe, pero se

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muestra incapaz de ampliar nuestro saber. Descartes propondrá un nuevo método que sea eficaz
para desarrollar los nuevos retos científicos y que abra nuevos horizontes filosóficos.
La filosofía cartesiana, que inaugura la Filosofía Moderna y supone un nuevo comienzo de la
filosofía, se desarrolla en un doble movimiento: a) una primera parte, destructiva, en la que
pretende derribar el viejo edificio del conocimiento recibido, basado en la tradición aristotélica.
Se hace necesario demoler los principios y las convicciones sobre las que se asentaba la cultura
tradicional, con el objeto de liberarse de todos los prejuicios adquiridos y de los conocimientos
contaminados por la duda y b) una segunda parte, constructiva, en la que trata de reconstruir
todo el edificio del conocimiento sobre bases nuevas y sólidamente fundadas. Descartes pretende
llegar a los cimientos del conocimiento humano para que así sea posible garantizar un
conocimiento seguro. La duda metódica y la primera verdad —pienso, luego existo—
constituyen los dos momentos fundamentales en esta reconstrucción del conocimiento que
descansa, en último término, en la “luz natural de la Razón”.

C) LA CORRIENTE FILOSÓFICA: EL RACIONALISMO

Descartes inaugura una corriente filosófica, el Racionalismo que domina la filosofía europea
continental en los siglos XVII y XVIII. Las características básicas de este movimiento filosófico
son:
Confianza plena en la razón humana: la razón es la única fuente válida de conocimiento, la
única que puede orientar al ser humano a la verdad. El poder de la razón proviene de su
capacidad para sacar de sí misma las primeras verdades y, a partir de éstas, obtener por
deducción todas las demás verdades y construir el sistema del mundo (un conjunto ordenado de
conocimientos acerca de la totalidad de la realidad).
La confianza en la razón es tal que se acepta su valor sin previa crítica, es decir, será una razón
dogmática, tal y como señala Kant en el siglo XVIII.
Afirmación de la existencia de ideas innatas: se trata de unas ideas que no se derivan de la
experiencia, sino que son construidas por la razón a partir de sí misma
Desconfianza en los datos de la experiencia sensible. Lo que lo lleva a considerarse la antítesis
del empirismo
La matemática como arquetipo de la sabiduría humana.
Aspiración de construir una ciencia universal.
Con el racionalismo se inaugura la filosofía idealista moderna, frente al realismo clásico. Para el
idealismo no conocemos las cosas directamente. Sólo conocemos las ideas que la mente se forma
sobre las cosas. Es el triunfo del subjetivismo: el hombre conoce su propio pensamiento.

Tema : El cogito y el criterio de verdad

Para Descartes, la Razón es una capacidad natural innata única para juzgar y distinguir lo
verdadero de lo falso. La Razón es una facultad infalible aunque necesita un método para
dirigirla y encontrar la verdad en la ciencia, que es una sola (sabiduría humana) aunque se
aplique a objetos diferentes. La Razón encuentra la verdad cuando procede únicamente
mediante el uso de dos operaciones básicas: la intuición y la deducción. La intuición es una
visión intelectual tan clara y distinta que no deja lugar a la duda .Una idea es clara cuando es
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captada con nitidez, sin contornos borrosos. Una idea es distinta cuando es captada
diferenciándola de las demás ideas. Así, por ejemplo, captar con claridad la idea de triángulo es
ver con nitidez que tiene 3 lados y 3 ángulos; y captarla con distinción es diferenciarla de, por
ejemplo, un círculo o un cuadrado. La deducción es aquella operación del intelecto que consiste
en extraer las consecuencias necesarias que se siguen de lo ya conocido mediante la intuición.
Descartes tomó como modelo el método matemático. A partir de tales operaciones (intuición y
deducción), Descartes establece el método como unas ciertas reglas y fáciles para descubrir el
conocimiento verdadero. En la primera regla del método o regla de la evidencia señala
Descartes que sólo se ha de aceptar como verdadero aquella que aparece con absoluta evidencia,
esto es, aquello que captamos mediante la intuición con claridad y distinción. La regla del
análisis consiste en dividir un problema complejo en las partes más simples que lo componen,
conocidas por intuición. La regla de la síntesis permite recomponer el todo del que partíamos. Y
la regla de la enumeración indica que se debe revisar el proceso para estar seguros de no haber
olvidado nada.
Si el conocimiento es evidente, resulta cierto e indudable. Para fundar la filosofía hay que
basarse, pues, en evidencias absolutas, en ideas claras y distintas que conllevan certeza. Por eso,
Descartes elige el camino de la duda: dudar de todo para ver si queda algo que resista toda duda,
es decir, encontrar algo que resulte totalmente indudable y cierto. La duda cartesiana tiene las
siguientes características:
- es metódica: es un proceso metodológico provisional para encontrar la verdad indubitable. A
diferencia de los pensadores escépticos que “dudan por dudar”, cuyo objetivo es dudar de la
existencia de la verdad absoluta (como el pirronismo de la época, que sólo admite la
probabilidad en el conocimiento) o de nuestras posibilidades de alcanzarla, Descartes duda
voluntariamente para encontrar una verdad de la que no se pueda dudar.
- es una duda universal: se extiende a la totalidad del conocimiento recibido hasta ahora; de
todos los principios en que se apoya dicho conocimiento, incluso hasta lo más sólido y, en
apariencia, evidente.
- es una duda teorética: que no se extiende al terreno del comportamiento ético, sólo al plano de
la teoría.
Descartes propone re-pensar la filosofía desde sus fundamentos. La duda metódica abarca los
siguientes niveles:
a) duda de los sentidos: si los sentidos nos han engañado algunas veces (como cuando me
confunde al ver un palo torcido dentro de un recipiente con agua, cuando en realidad es recto),
podemos suponer que nos engañan siempre. Por tanto consideraremos provisionalmente falsos
todos los datos que procedan de los sentidos.
b) Duda de la realidad exterior: A veces hemos tenido sueños tan intensos que nos parecen
reales. No podemos, pues, distinguir la vigilia (estar despierto) y el sueño (estar dormido), por lo
que podemos dudar de la existencia de un mundo exterior a mi pensamiento.
c) Duda de la Razón: A veces nos equivocamos en razonamientos muy sencillos —incluso en
geometría— tomándolos como verdaderos. Por otra parte, podemos suponer la existencia de un
genio maligno, un ser astuto y engañador que haga que me engañe incluso en razonamientos
sencillos en los que uso la intuición. La hipótesis del genio maligno es una metáfora para
expresar la duda sobre la propia Razón.
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Llevada hasta el extremo la duda parece conducirnos al escepticismo. Pero, de pronto, en el
interior mismo del acto de dudar Descartes encuentra algo que resiste toda duda: estoy dudando.
Estar dudando equivale a estar pensando y, para poder pensar es necesario que yo, en tanto que
desarrollo el acto de pensar, tenga que existir. Si no existiera, en tanto que pensamiento, no
podría estar dudando. Y de ahí Descartes concluye su famoso “Pienso, luego existo”. Se trata de
una verdad tan firme y segura que los escépticos no pueden rechazarla y constituye el primer
principio de la filosofía (la primera verdad del conjunto de la sabiduría humana, situada en las
raíces del árbol del conocimiento humano). Es una verdad a la que nos han conducido la
aplicación del método. No se trata de una deducción (…luego…) sino de una verdad captada
mediante la intuición, una captación inmediata de una naturaleza simple. Analizando esta
primera verdad obtendrá dos conclusiones:
a) El Yo como sustancia pensante: Descartes parte de los pensamientos que descubre en sí
mismo y a partir de ahí llega a la existencia del Yo como pensamiento que existe. Yo soy una
cosa que piensa. Pensar significa dudar, entender, negar, afirmar, querer, etc. Esos pensamientos
se dan en un yo como una “cosa” que piensa. La actividad de pensar ha de sostenerse un alguna
“cosa”: una sustancia. Recoge así la noción aristotélica de sustancia: lo que existe en sí mismo y
por sí mismo y no necesita de ninguna otra cosa para existir. Es decir, lo que existe de forma
independiente. El Yo es una sustancia cuya esencia o atributo es pensar.
b) El criterio de certeza: en “Pienso, luego existo” no hay más garantía de verdad que el hecho
de que lo captemos de forma clara y distinta. De ahí que Descartes establezca el criterio general:
todas las cosas que percibimos con claridad y distinción son verdaderas, tienen absoluta certeza.
Toda evidencia intelectual es indudable.
Podemos concluir diciendo que la aplicación del método facilita la obtención de una primera
verdad (cogito), y la obtención de la misma permite a Descartes establecer su criterio de certeza
que le facilitará poder distinguir lo verdadero de lo falso o dudoso.

Noción: Duda y certeza

Duda y certeza son dos estados mentales respecto a la verdad. Se oponen entre sí: en la certeza,
se está seguro de que se posee la verdad, mientras que, en la duda, el sujeto no sabe si es
verdadero o falso su contenido mental. La duda es la aplicación de la primera regla del método
que concluye con la certeza del cogito(una verdad clara y distinta) que se obtiene al superar la
duda.
Para fundar la filosofía Descartes se basa en evidencias absolutas. Elige el camino de la duda:
dudar de todo para ver si queda algo que resista toda duda. La duda cartesiana tiene las
siguientes características:
- es metódica: es un proceso metodológico para encontrar la verdad. A diferencia de los
pensadores escépticos que “dudan por dudar”, cuyo objetivo es dudar de la existencia de la
verdad absoluta (como el pirronismo de la época, que sólo admite la probabilidad en el
conocimiento) o de nuestras posibilidades de alcanzarla, Descartes duda voluntariamente para
encontrar una verdad cierta.
- es una duda universal: se extiende a la totalidad del conocimiento recibido hasta ahora.
- es una duda teorética: que no se extiende al terreno del comportamiento ético, sólo al plano de
la teoría.
La duda metódica abarca los siguientes niveles:
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a) duda de los sentidos: si los sentidos nos han engañado algunas veces (como cuando me
confunde al ver un palo torcido dentro de un recipiente con agua, cuando en realidad es recto),
podemos suponer que nos engañan siempre. Por tanto consideraremos provisionalmente falsos
todos los datos que procedan de los sentidos.
b) Duda de la realidad exterior: A veces hemos tenido sueños tan intensos que nos parecen
reales. No podemos, pues, distinguir la vigilia (estar despierto) y el sueño (estar dormido), por lo
que podemos dudar de la existencia de un mundo exterior a mi
pensamiento.
c) Duda de la Razón: A veces nos equivocamos en razonamientos muy sencillos como
operaciones matemáticas sencillas, tomándolos como verdaderos. Por otra parte, podemos
suponer la existencia de un genio maligno, un ser astuto. La hipótesis del
genio maligno no es sino una metáfora para expresar la duda sobre la propia
Razón.
Llevada hasta el extremo la duda parece conducirnos al escepticismo. Pero, de pronto, en el
interior mismo del acto de dudar Descartes encuentra algo que resiste toda duda: estoy dudando.
Estar dudando equivale a estar pensando y, por tanto, tengo que existir. Si no existiera, en tanto
que pensamiento, no podría estar dudando. Y de ahí Descartes concluye su famoso “Pienso,
luego existo". Este conocimiento es algo que resulta totalmente indudable y cierto. De aquí se
deriva el criterio de certeza: en “Pienso, luego existo” no hay más garantía de verdad que el
hecho de que lo captemos de forma clara y distinta. De ahí que Descartes establezca el criterio
general: todas las cosas que percibimos con claridad y distinción son verdaderas, es decir, son
ciertas, son indudables. Pero dicho criterio de certeza sólo quedará garantizado cuando Descartes
demuestre la existencia de Dios como el ser que no permite que me engañe cuando percibo de
forma clara y distinta (eliminando con ello al genio maligno).

Noción: Alma y cuerpo (res cogitans y res extensa)

A partir del Yo como pensamiento y de Dios puede recuperar Descartes la existencia del
mundo exterior al pensamiento y, hasta cierto punto, la confianza en los sentidos. Para Descartes,
que recoge ciertas ideas aristotélicas, la sustancia es lo que existe en sí misma y por sí misma y
no necesita de ninguna otra cosa para existir. Es decir, lo que existe de forma independiente. En
sentido literal sólo Dios sería sustancia, pues sólo Él existe de forma independiente. Todo lo
demás es creado por Dios y, en consecuencia, depende de Él.
Descartes establece una concepción de la realidad en la que diferencia entre 3 tipos de
sustancias o realidades, en función del atributo (=esencia) que las define:
-sustancia infinita: sería Dios, cuyo atributo sería la infinitud, el poseer en grado máximo todas
las perfecciones.
- sustancia pensante: el ser humano es una realidad pensante: que juzga, que razona, que quiere,
que siente, etc, esto es, que contiene diferentes ideas.
- sustancia extensa: el mundo material se caracteriza por ocupar una extensión en el espacio,
por tener figura y movimiento.
Descartes entenderá el mundo material distinguiendo entre cualidades primarias (la figura y el
movimiento) que pueden ser cuantificadas y las cualidades secundarias (el sabor, el color, el
olor, etc.) que no son cuantificables y dependen del sujeto que las capta por medio de sus
sentidos. Existe, por tanto, el mundo exterior, las cosas corporales y las características que
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nuestros sentidos captan con claridad y distinción: la extensión, la figura y el movimiento. Las
cualidades secundarias son confusas y se corresponden con algo que hay en los cuerpos
materiales pero que desconocemos. En el fondo Descartes defiende abiertamente el
mecanicismo al concebir el conjunto de la realidad material según el modelo mecánico: lo real
material es materia en movimiento. Incluso el cuerpo humano y los animales son máquinas que
funcionan de acuerdo con los principios de la mecánica, de forma parecida al funcionamiento de
los relojes antiguos.
Esta concepción mecanicista la traslada a la antropología. Defiende el dualismo antropológico:
el ser humano es un ser compuesto por dos realidades heterogéneas: la
sustancia pensante o alma y la sustancia extensa o cuerpo, de forma que entre ambas hay una
separación tajante (aunque se comunican a través de la glándula pineal). Al alma accedemos de
forma inmediata mediante la intuición, siendo más fácil de conocer que el cuerpo. En la
sustancia pensante radica la libertad humana, mientras que en la sustancia extensa o cuerpo nos
sometemos a las leyes mecánicas.

Noción: Pensamiento e ideas

Para Descartes, el pensamiento (cogito) es el acto de pensar, del que nos hacemos conscientes en
el propio acto de pensar. El pensamiento abarca una serie variada de operaciones como afirmar,
negar, soñar, querer, etc.

En el pensamiento lo que tenemos son ideas. Es decir, las ideas son, para Descartes, contenidos
del pensamiento. Una tesis central en Descartes y totalmente novedosa es que lo que conocemos
directamente no son las cosas, sino las ideas que tenemos acerca de las cosas reales y no las
cosas reales mismas.. El yo se encuentra encerrado en sus pensamientos, conociendo sólo sus
ideas. Si tales ideas corresponden o no a cosas exteriores, o sea, si son representaciones suyas es
algo que habrá que demostrar.
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Las ideas tienen, por un lado, realidad subjetiva: son contenidos de la mente que las capta y, en
ese sentido, todas son iguales. Pero, por otro lado, las ideas tienen realidad objetiva: se refieren a
una realidad diferente de mi mente. En este segundo sentido no todas las ideas son iguales. Las
ideas que representan a sustancias (por ejemplo, la mesa) son más reales que las que representan
accidentes (el color verde); y la idea que representa una sustancia infinita tiene más realidad
objetiva que las ideas que representan las sustancias finitas.

Además de esta distinción,en función del origen de las ideas, Descartes diferencia entre:
- ideas adventicias (de adventus: venida): que nos llegan desde fuera, a partir de la información
de los sentidos ( por ejemplo: la idea de pizarra).
- ideas facticias (de factus: hecho).: construidas por la imaginación mediante la combinación de
ideas adventicias (por ejemplo: la idea de centauro).
- ideas innatas: construidas por la razón por sí misma, sin recurrir a la experiencia (como por
ejemplo la idea de Dios como ser infinito, perfección, extensión o de Yo pensante). Son claras y
distintas, a diferencia de las demás ideas, que son confusas. Han sido puestas en nosotros por
Dios y no pueden variar.Son comunes a todos los hombres. Son la base del sistema cartesiano,
pues a partir de ellas se pueden construir todo el conocimiento.

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Contextualización de Descartes

1. Época: Filósofo francés del siglo XVII, inaugura la Filosofía Moderna y constituye un nuevo
comienzo de la filosofía. El Renacimiento había supuesto la aparición del sujeto autónomo y
libre que llevará en siglos posteriores al proceso de secularización; la nueva ciencia formulada
matemáticamente (Galileo, Newton) empezaba a permitir el dominio de la naturaleza; la cuestión
de la religión era relevante, produciéndose la división religiosa en Europa entre protestantes y
católicos, con las guerra de religión (Guerra de los treinta años); es la época del arte Barroco,
más recargado, decorativo, y ornamental. Descartes nace en Francia (La Haya) en1596, en el
seno de una familia noble y acomodada. Se educó desde en el colegio de los jesuitas de la
Flèche. En 1616 obtiene la licenciatura en Derecho en Poitiers. La filosofía aprendida, a base de
resúmenes y comentarios de Aristóteles, le deja un mal sabor de boca. Sólo encuentra
satisfacción en las matemáticas. Decide dedicarse a viajar. Cuando comienza la Guerra de los
Treinta Años se enrola en el ejército del duque de Baviera, y, una noche, descubre los
fundamentos de una “ciencia admirable”. De 1628 a 1649 permanece en los Países Bajos, donde
reina la tolerancia. Allí imparte clases a la reina Cristina de Suecia.

2. Obras: sus obras filosóficas decisivas son el Discurso del Método, las Meditaciones
Metafísicas y los Principios de Filosofía. De estas tres, la primera que escribió fue el Discurso
del método, para bien dirigir la razón y buscar la verdad en las ciencias. Está escrita en francés,
rompiendo con la tradición que hacía del latín la única lengua culta y científica.Está dividido en
seis partes siendo la cuarta en la que expone el núcleo de su filosofía (duda metódica, cogito,
criterio de verdad). En el Discurso aparecen de modo sencillo todos los grandes temas de su
época: la crítica a la vieja filosofía, la importancia de la nueva ciencia y el valor del método
matemático, la duda, el criterio de verdad, Dios, el conocimiento del mundo, etc. Las
Meditaciones y los Principios son obras más técnicas, escritas en latín para el mundo académico
y culto
3. Proyecto filosófico: Pretende elaborar una filosofía capaz de fundamentar la nueva Ciencia y
la nueva imagen del hombre como ser racional y libre desde un nuevo presupuesto: la Razón. La
razón y el método para usarla son el tema central de su filosofía. Esta se desarrolla en un doble
movimiento: a) una parte destructiva, en la que pretende derribar el viejo edificio del
conocimiento, basado en la tradición aristotélica, contaminado por la duda y b) una parte
constructiva, en la que trata de reconstruir todo el edificio del conocimiento sobre bases nuevas
y sólidamente fundadas.
4. Corriente filosófica: Descartes inaugura el Racionalismo que domina la filosofía europea
continental en los siglos XVII y XVIII. Sus características básicas son: 1) Confianza plena en la
razón humana, única fuente válida de conocimiento con capacidad para sacar de sí misma las
primeras verdades y obtener deductivamente todas las demás. 2) Afirmación de la existencia
de ideas innatas, que no se derivan de la experiencia, sino que son construidas por la razón a
partir de sí misma.
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5. Influencia recibida e influencia posterior:
Descartes recoge influencias importantes como la idea del sujeto moderno (Renacentismo), el
innatismo (Platón), la importancia del método (Bacon),la matematización de la naturaleza
(Galileo), la dependencia de un Dios como garantía del ser y del conocer (filósofos medievales).
El “cogito” tiene un antecedente en S. Agustín cuando en “La ciudad de Dios” afirma en contra
de los escépticos “si me engaño, existo”. Así como el uso de la introspección para alcanzar la
verdad que ambos autores llevan a cabo. Descartes supo presentar de forma coherente el
conjunto de ideas que constituyen la modernidad.
La revolución científica iniciada por Copérnico, Kepler o Galileo cuestionan los planteamientos
científicos de Aristóteles. Por otra parte, frente al teocentrismo medieval, en el Renacimiento
surge el Antropocentrismo, que concibe al ser como el centro del universo, dotado de una
dignidad basada en la libertad y en el ejercicio de la racionalidad. En ese contexto surge la
filosofía cartesiana.
El pensamiento de Descartes tuvo gran resonancia en Europa. Las universidades, dominadas por
la escolástica le cerraron las puertas. Fuera de ellas fue acogido favorablemente. Los
tradicionalistas le criticaron que negara la vía aristotélica del conocimiento (los sentidos).La
filosofía cartesiana tiene otros continuadores de la mano de los pensadores racionalistas
continentales hasta mediados del siglo XVIII: Malebranche, Espinoza, Leibniz. Por otra parte, El
empirismo inglés del siglo XVIII (Locke, Berkeley, Hume) rechaza que sea la razón la fuente del
conocimiento y niega la existencia de ideas innatas. Por su parte, Kant, filósofo ilustrado alemán
del siglo XVIII, realizará una síntesis entre el racionalismo y el empirismo. Está de acuerdo con
el empirismo en que la experiencia sensible es el límite último del conocimiento. Con el
racionalismo, por el contrario, defenderá que en el entendimiento existen conceptos a priori que
no se derivan de la experiencia pero que se aplican al conocimiento de la misma.

TEXTO PARA LA EBAU

DESCARTES, Discurso del método, cuarta parte (trad. E. Bello Reguera, Madrid,
Tecnos, 1994, pp. 44-52)

“No sé si debo entreteneros con las primeras meditaciones que allí he hecho, pues son
tan metafísicas y tan fuera de lo común que tal vez no sean del gusto de todos. Sin
embargo, con el fin de que se pueda apreciar si los fundamentos que he establecido son
bastante firmes, me veo en cierto modo obligado a hablar de ellas. Desde hace mucho
tiempo había observado que, en lo que se refiere a las costumbres, es a veces necesario
seguir opiniones que tenemos por muy inciertas como si fueran indudables, según se ha
dicho anteriormente; pero, dado que en ese momento sólo pensaba dedicarme a la
investigación de la verdad, pensé que era preciso que hiciera lo contrario y rechazara
como absolutamente falso todo aquello en lo que pudiera imaginar la menor duda, con el
fin de comprobar si, hecho esto, quedaba en mi creencia algo que fuera enteramente
indudable. Así, puesto que nuestros sentidos nos engañan algunas veces, quise suponer
que no había cosa alguna que fuera tal como nos la hacen imaginar. Y como existen
hombres que se equivocan al razonar, incluso en las más sencillas cuestiones de
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geometría, y cometen paralogismos, juzgando que estaba expuesto a equivocarme como
cualquier otro, rechacé como falsos todos los razonamientos que había tomado antes por
demostraciones. Y, en fin, considerando que los mismos pensamientos que tenemos
estando despiertos pueden venirnos también cuando dormimos, sin que en tal estado
haya alguno que sea verdadero, decidí fingir que todas las cosas que hasta entonces
habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños.
Pero, inmediatamente después, advertí que, mientras quería pensar de ese modo que todo
es falso, era absolutamente necesario que yo, que lo pensaba, fuera alguna cosa. Y
observando que esta verdad: pienso, luego soy, era tan firme y tan segura que todas las
más extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de socavarla, juzgué
que podía admitirla como el primer principio de la filosofía que buscaba.
Al examinar, después, atentamente lo que yo era, y viendo que podía fingir que no tenía
cuerpo y que no había mundo ni lugar alguno en el que me encontrase, pero que no
podía fingir por ello que yo no existía, sino que, al contrario, del hecho mismo de
pensaren dudar de la verdad de otras cosas se seguían muy evidente y ciertamente que yo
era ;mientras que, con sólo haber dejado de pensar, aunque todo lo demás que alguna
vez había imaginado existiera realmente, no tenía ninguna razón para creer que yo
existiese ,conocí por ello que yo era una sustancia cuya esencia o naturaleza no es sino
pensar, y que, para existir, no necesita de lugar alguno ni depende de cosa alguna
material. De manera que este yo, es decir, el alma por la cual soy lo que soy, es
enteramente distinta del cuerpo e incluso más fácil de conocer que él y, aunque el cuerpo
no existiese, el alma no dejaría de ser todo lo que es.
Después de esto, examiné lo que en general se requiere para que una proposición sea
verdadera y cierta; pues, ya que acababa de descubrir una que sabía que lo era, pensé
que debía saber también en qué consiste esa certeza. Y habiendo observado que no hay
absolutamente nada en pienso, luego soy que me asegure que digo la verdad, a no ser
que veo muy claramente que para pensar es preciso ser, juzgué que podía admitir esta
regla general: las cosas que concebimos muy clara y distintamente son todas verdaderas;
si bien sólo hay alguna dificultad en identificar exactamente cuáles son las que
concebimos distintamente.
Reflexionando, a continuación, sobre el hecho de que yo dudaba y que, por lo tanto, mi
ser no era enteramente perfecto, pues veía con claridad que había mayor perfección en
conocer que en dudar, se me ocurrió indagar de qué modo había llegado a pensar en
algo más perfecto que yo; y conocí con evidencia que debía ser a partir de alguna
naturaleza que, efectivamente, fuese más perfecta. Por lo que se refiere a los
pensamientos que tenía de algunas otras cosas exteriores a mí, como el cielo, la tierra, la
luz, el calor, y otras mil, no me preocupaba tanto por saber de dónde procedían, porque
,no observando en tales pensamientos nada que me pareciera hacerlos superiores a mí
,podía pensar que, si eran verdaderos, era por ser dependientes de mi naturaleza en
tanto que dotada de cierta perfección; y si no lo eran, que procedían de la nada, es decir,
que los tenía porque había en mí imperfección. Pero no podía suceder lo mismo con la
idea de un ser más perfecto que el mío; pues, que procediese de la nada era algo
manifiestamente imposible; y puesto que no es menos contradictorio pensar que lo más
perfecto sea consecuencia y esté en dependencia de lo menos perfecto, que pensar quede
la nada provenga algo, tampoco tal idea podía proceder de mí mismo. De manera que
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sólo quedaba la posibilidad de que hubiera sido puesta en mí por una naturaleza que
fuera realmente más perfecta que la mía y que poseyera, incluso, todas las perfecciones
de las que yo pudiera tener alguna idea, esto es, para decirlo en una palabra, que fuera
Dios (...)
Quise buscar, después, otras verdades y, habiéndome propuesto el objeto de los
geómetras, que concebía como un cuerpo continuo o un espacio indefinidamente extenso
en longitud, anchura y altura o profundidad, divisible en diversas partes, que podían
tener diferentes figuras y tamaños, y ser movidas o trasladadas de todas las maneras
posibles, pues los geómetras suponen todo esto en su objeto, repasé algunas de sus más
simples demostraciones. Y habiendo advertido que la gran certeza que todo el mundo les
atribuye sólo está fundada en que se las concibe con evidencia, siguiendo la regla antes
formulada, advertí también que no había en ellas absolutamente nada que me asegurase
la existencia de su objeto. Porque, por ejemplo, veía bien que, si suponemos un triángulo,
sus tres ángulos tienen que ser necesariamente iguales a dos rectos, pero en tal evidencia
no apreciaba nada que me asegurase que haya existido triángulo alguno en el mundo. Al
contrario, volviendo a examinar la idea que tenía de un ser perfecto, encontraba que la
existencia estaba comprendida en ella del mismo modo que en la de un triángulo está
comprendido el que sus tres ángulos son iguales a dos rectos, o en la de una esfera, el
que todas sus partes equidistan de su centro, e incluso con mayor evidencia; y, en
consecuencia, es al menos tan cierto que Dios, que es ese ser perfecto, es o existe, como
puede serlo cualquier demostración de la geometría.”

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