DAVID HUME
David Hume (1711-1776), filósofo escocés del empirismo e Ilustración, abogado convertido en crítico. Vivió en Francia, influido por
enciclopedistas, y murió en Edimburgo como escéptico y ateo, sin obtener cátedra universitaria. Inicialmente pretende una ciencia
sobre la naturaleza humana basada en la experiencia, finalmente, como filósofo ilustrado, abandonó sus ideas iniciales para
dedicarse a estudios críticos en diversos temas.
INFLUENCIAS
Aristóteles No hay ideas innatas. Importancia de los sentidos para alcanzar conocimiento. Empirismo de John
Locke Todo conocimiento debe basarse en la experiencia.
Ciencia natural de Newton.
EPISTEMOLOGÍA
Hume, como empirista, afirma que todo nuestro conocimiento nace de la experiencia, rechazando las ideas innatas.
Afirma que lo único que podemos conocer son nuestros contenidos mentales, las imágenes obtenidas por los sentidos,
no la realidad en sí misma.
Los contenidos percibidos se denominan percepciones, pueden ser de dos tipos. Las impresiones son nuestras
percepciones más intensas (oímos, vemos, sentimos), las ideas son menos intensas y son copias de nuestras
impresiones previas. Que las ideas sean copias refuerza la inexistencia de ideas innatas y permite a Hume proponer lo
siguiente: cuando una idea es confusa, se debe buscar la impresión (experiencia) asociada para aclararla.
Las ideas no se encuentran desconectadas en la mente, la imaginación tiene el poder de combinarlas y afirma que
entre ellas hay una atracción que tiende a unirlas según unas leyes:
Semejanza: asociación de ideas, nuestra mente tiende a reproducir ideas semejante
Contigüidad: aquellas ideas que se han vivido juntas tienden a aparecer juntas (dormitorio, el resto de la casa)
Causa-efecto: evocamos la idea del efecto al considerar la causa (dentista, dolor).
Hume sostiene el nominalismo, frente al realismo o el idealismo (racionalismo), niega la existencia objetiva de los
conceptos universales, considerándolos meras convenciones.
Diferencia dos tipos de conocimiento o juicios, inspirándose en Leibniz. Las relaciones de ideas: son toda afirmación
que es intuitiva o se puede demostrar que es cierta (geometría, álgebra). Se alcanzan mediante el pensamiento,
independientemente de lo que pueda existir en el universo. Puedo decir la formula del área de un triángulo aunque
jamás haya habido un triángulo en la naturaleza. Las cuestiones de hecho no son averiguadas de la misma manera.
Sus proposiciones no tienen una evidencia para demostrar su verdad. Y su contrario es posible porque jamás puede
implicar una contradicción. “El sol saldrá mañana” no es una proposición menos válida que “el sol no saldrá mañana”.
Para demostrar que las cuestiones de hecho son verdad me baso en su impresión y el recuerdo de esta. Pero el
problema está en los acontecimientos futuros, aún no podemos tener ninguna impresión suya. Sin embargo algunos
parecen evidentes, que la tierra continue girando. Así reflexiona sobre el principio de causalidad.
Adopta la regla newtoniana de: el futuro será como ha sido el pasado. Pero entonces ¿en qué nos basamos para hacer
estas predicciones? En la creencia de que volverá a repetirse lo mismo. La creencia no es un conocimiento racional,
objetivo y cierto, tiene base psicológica, en la costumbre, el hábito y la constancia. Así decimos que hume adopta un
escepticismo moderado consecuente.
Hume niega el concepto de substancia cartesiana y racionalista, y la define como un conjunto de percepciones
particulares que nos hemos acostumbrado a encontrar juntas. El concepto clave de la Metafísica carece de valor.
Sostiene que no podemos probar que nuestras percepciones provengan de algo transcendente como un Dios. Dios, yo
y mundo son conceptos metafísicos que carecen de realidad empírica. Por tanto la Metafísica es una ilusión.
Según Hume eso nos ofrece dos ventajas: nos aleja de la inflexibilidad ideológica de los metafísicos y nos impide
abordar cuestiones abstractas, ya que conocemos las limitaciones de nuestro entendimiento.
TEOLOGÍA
Respecto al tema de Dios, Hume adopta una postura escéptica. Para Hume, el fundamento de la religión no es racional,
ni moral, sino que el hombre recurre a la religión debido al temor y a la angustia que le produce no controlar los
acontecimientos naturales.
Hume realiza una crítica radical de las pruebas de la existencia de Dios. La afirmación “Dios existe” (o su contraria) ni
es una relación de ideas ni una cuestión de hecho. Queda en los márgenes de la ciencia y corresponde al ámbito de la
metafísica. Es decir, ningún dato de experiencia garantiza la existencia de Dios o su no existencia.
Realiza un estudio de la Historia de la religión y afirma que el politeísmo es anterior al monoteísmo y que éste tiene el
peligro de conducir a la intolerancia. Hume reafirma su escepticismo moderado como la constante en su pensamiento.
Propone que para ser un cristiano sincero y creyente se ha de ser un escéptico filosófico, evitando el dogmatismo y la
superstición en el ámbito religioso.
ANTROPOLOGÍA
Ya hemos visto que Hume inicialmente pretende realizar una Ciencia de la Naturaleza Humana. Esta tarea pendiente
se transforma en un profundo análisis sobre cómo se origina el conocimiento en el hombre y qué tipos de
conocimiento puede éste lograr, desde unas bases empiristas.
Cuando habla del ser humano, se refiere a la identidad personal, a la “sustancia pensante” en terminología metafísica
de Descartes. Pero según él, no podemos tener una idea clara de "yo" porque no hay una impresión que la respalde.
Por tanto, para Hume no existe el yo como substancia o identidad personal. La idea del "yo" es solo una creencia basada
en nuestros pensamientos y recuerdos. Recordamos experiencias pasadas como si fueran parte de un "yo", pero en
realidad, solo somos un conjunto cambiante de percepciones que fluyen constantemente.
ÉTICA emotivismo moral
Rechaza los intentos de fundar la Ética en la razón, ya que la razón es incapaz de mover al hombre. Con la moral sucede
como con la religión, no tienen fundamentación racional, sino intuitiva. Son fruto de sentimientos, sosteniendo una
ética emotivista.
La crítica de Hume se conoce como falacia naturalista: no se pueden deducir normas o juicios sobre lo que se debe
hacer, a partir de la observación de hechos. Los juicios morales no se deben basar en la experiencia porque no hay
conexión entre el orden natural y el orden moral, tal conexión constituye una falacia.
Una acción es virtuosa o viciosa según la impresión de agrado o desagrado que nos produce. Por tanto, el bien y el
mal morales no son relaciones de ideas, ni cuestiones de hecho. Deben tener su origen en los sentimientos: la
contemplación de una acción virtuosa nos lleva al sentimiento de aprobación, y la de una acción viciosa al sentimiento
de su rechazo.
Por último, introduciendo su filosofía política, entiende que lo que despierta el sentimiento de aprobación es la
utilidad. Es una ética utilitarista: es bueno aquello que contribuye a la felicidad del mayor número de miembros de
nuestra sociedad.
POLÍTICA
Hume defiende una política utilitaria, es bueno aquello que contribuye a la felicidad del mayor número de miembros
de nuestra sociedad. No apoya las teorías contractualistas de Hobbes y Locke, que afirman que el soberano es el
individuo y no el Estado, que cede su autoridad y libertad por un interés común. Es la utilidad de los hombres lo que
explica la formación de las sociedades, en las que se deben reflejar las virtudes, como la práctica de la justicia.
Defiende un positivismo político: el poder es necesario sea del tipo que sea (por usurpación, transmisión hereditaria,
elección, etc) ya que aumenta la seguridad de los pueblos y controla el orden y la seguridad. Sólo en situaciones muy
excepcionales está justificada la resistencia a la autoridad, y si fuera necesaria siempre debería estar guiada por el
interés general y la utilidad pública.